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HOSTOS Y LA NOVELA

La novela, según Eugenio María de Hostos, hace tanto daño a quien la escribe como al que la lee.

Su opinión la expresó en el capítulo XXXIII de su Moral Social (1888); así:

“La novela es necesariamente malsana. Lo es dos veces: una para los que la cultivan; otra para los que la leen. En sus cultivadores vicia funciones intelectuales, o para ser puntualmente exacto, operaciones capitales del funcionar intelectual. En los lectores vicia, a veces de una manera profunda, irremediable, mortal, la percepción de la realidad.”

Hostos, quien nació en Mayagüez, Puerto Rico, en 1839, demostró temprano su dedicación a los libros. Entre 1847 y 1851 estudió la primaria en el Liceo de San Juan. En 1848 recibe el premio de mejor estudiante de aritmética. En 1852 ya se encuentra en España. Comenzó su bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza de Bilbao.

En 1854 regresó a Puerto Rico. Estudió en el Seminario de San Idelfonso en San Juan.

En 1858 ingresó en las facultades de Derecho y Filosofía y Letras de la Universidad Central de Madrid.

Aquel joven estudioso y aplicado tuvo que advertir la situación política de represión e intolerancia en la colonia. Puerto Rico estaba aislado de las corrientes reformistas. Sus gobernantes eran despóticos. Se suprimían los periódicos liberales. Se prohibía el empleo de las palabras “independencia”, “tiranía”, “opresión” y “despotismo”.

Hostos en España

España en la segunda mitad del siglo XIX hervía en constante pugna entre los conservadores monárquicos y los liberales burgueses. Sin embargo, los liberales que protagonizan la Revolución de 1868, que arrojó del trono a Isabel II, eran de tendencia moderada. Dentro del liberalismo español, no hubo proyectos de libertad y autonomía para las Antillas. Por eso, Hostos rompe con España.

Según Gabriela Mora, con el liberalismo político de la época, Hostos comparte la actitud anticlerical y la promoción de la libertad de enseñanza, de asociación y de cultos. Pero también “comparte el fuerte moralismo y la tendencia pedagógica de los Krausistas, quienes creyeron, con fe de misioneros, en la posibilidad de cambiar las estructuras sociales con el mejoramiento de la educación”. En 1869 Hostos se marchó de España desilusionado con el liberalismo español, que le niega libertades y autonomía a Puerto Rico.

La novela en los tiempos de Hostos

Apunta José Luis Méndez, que “cada generación o promoción de nuevos escritores que se inician en las letras tiende a pensar que su función es acabar con unas formas envejecidas e inadecuadas, inventar nuevos recursos de expresión artística e iniciar un proceso de borrón y cuenta nueva que pueda iniciar una nueva época”.

En aquella España la tendencia general de la literatura y los novelistas era de abandono del tono confidencial e intimista de la literatura romántica. Era la “época del realismo” en la novela.

Los novelistas de entonces eluden la pasión y el subjetivismo del Romanticismo. Pretenden una objetividad absoluta. La intención estética se vincula con un propósito docente. El escritor de novelas y cuentos es un moralista, en defensa de una tesis, con las preocupaciones económicas, sociales e ideológicas del momento. “Ya no se habla de ruinas, cementerios, selvas y torrentes, sino de huertos provincianos, playas pueblerinas o montañas familiares al autor”, dice García López. Son los tiempos de Fernán Caballero, Juan Valera, Pedro de Alarcón y Benito Pérez Galdós. Lo curioso es que, a pesar de eso, Hostos reacciona contra la novela. Digo curioso porque en esos mismos tiempos aquellos novelistas experimentaban con el género y pretendían el análisis de la sociedad mediante el discurso de la ciencia.

En América, sin embargo, el novelista más destacado de ese periodo, Jorge Isaacs (1837 – 1895) no abandona el romanticismo. En María (1867) el autor funde las dos corrientes: la romántica y la realista; la romántica en la sicología de los personajes; la realista en las descripciones del paisaje y los regionalismos. América rehúsa abandonar el romanticismo. O, al menos, le inyecta su propio giro americano.

Sin embargo, la visión de Hostos de la novela no parece que surgió de su lectura de las novelas españolas y americanas. Su reacción es contra aquellos a quienes llama “vagabundos de la fantasía”. Se refiere a Goethe, a Víctor Hugo, a Fósculo, entre otros, culpables de corromper la sensibilidad y de filtrar a través de la imprenta peligrosas influencias sociales. Estos “vagabundos de la fantasía” propagan la desilusión, el desencanto y el desengaño.

Su visión de la novela

Las novelas de aquellos “vagabundos de la fantasía” alteran de manera profunda la percepción de la realidad, dijo Hostos. Dijo también que la novela genera corrupción del juicio. El escritor de novelas es, según Hostos, víctima inconsciente de su estado psicológico, que tiende a hacer el mundo a imagen y semejanza de su propio estado de razón y sentimientos.

Hostos no sólo atacó a los novelistas del romanticismo, atacó también el realismo y el naturalismo.

El romanticismo saca a los seres humanos de la realidad, para hundirlos en otra realidad falseada. El realismo también altera la realidad, porque aumenta las causas y los efectos de la realidad social. El naturalismo, por su parte, es una segunda evolución del romanticismo, que trata de romantizar o hacer bellas y amables las groserías y las bestialidades de la naturaleza humana.

Hostos, el moralista, lamentó la influencia negativa de la poesía y la literatura en la imaginación y en el carácter de los latinoamericanos. El cultivo de la razón debe privilegiarse sobre el culto de las formas, propuso Hostos. Repudió el arte por el arte.

Para Hostos el fin de la literatura debe ser concurrir con la ciencia. Como sociólogo, propuso que la literatura debe buscar únicamente a la realidad. Por eso, atacó a todo lo que desordena las relaciones entre el individuo y la sociedad en que vive.

Hostos sólo aplaude la novela moralizadora y al drama pedagógico, con héroes positivos, como literatura necesaria. Todo lo demás es obra de “corruptores de (la) razón”.

Hostos novelista

1. La Peregrinación de Bayoán

A pesar de sus expectativas, su primera novela La peregrinación de Bayoán, publicada en 1863, no se recibió con entusiasmo por el público español. Puede que el aire romántico de la novela, no estuvo a tono con el gusto realista del lector español. Además, Bayoán era un grito libertario ante el despotismo español. La censura oficial prohibió su circulación en las Antillas.

Francisco Manrique Cabrera observa en Bayoán una muestra del novelar romántico en Hispanoamérica, escrita cuatro años antes que la María de Isaacs. La llamó novela poemática, de entraña lírica y símbolos brumosos.

Hostos adoptó en Bayoán la forma de un diario bajo la influencia del Werther de Goethe. En el prólogo a la primera edición, el autor describe la obra como “un diario escrito en la oscuridad de una conciencia”.

En 1863, según José Luis Méndez, Hostos era autonomista, reformista y romántico, con una visión ingenua del mundo. Esa visión ingenua e ilusa se expresa a través del personaje Bayoán.

Bayoán, un hijo de Borinquen, decide, por segunda vez, viajar a España a convence3rla de que América debe ser feliz. En su viaje, se detiene en Cuba, donde vive su amada Marién. Debe decidir entre su amor a Marién y su deber. ¿No es acaso una visión ilusa pretender la libertad de su patria sólo a través del diálogo y la razón? ¿Tienen acaso los imperios conductas razonables con sus colonias?

Hostos descubrió la realidad del imperialismo cuando los liberales españoles no escucharon sus reclamos de libertad y autonomía para Cuba y Puerto Rico. Sólo la revolución armada en sus colonias les abre los ojos y los oídos a los imperios. Con este convencimiento, Hostos se unió en 1875 a una malograda expedición armada para participar en la liberación de Cuba.

Las cavilaciones de Bayoán son las cavilaciones angustiosas de Hostos. La vida verdadera es una peregrinación, a través del sufrimiento, hacia el cumplimiento del deber. Hostos reniega de la inútil felicidad de los felices. La vida es lucha, donde el sufrimiento es el crisol del carácter y de la personalidad.

2. La tela de araña

Su novela La tela de araña, escrita entre 1861 y 1864, trata del amor, del matrimonio y las costumbres madrileñas. Hostos dijo que la escribió en quince (15) días para competir en un concurso de la Academia Española.

Es de fácil lectura. Es un estudio sobre la familia y la situación de la mujer en Madrid a fines del siglo XIX. El autor invita, con su lectura, a la meditación y a la reflexión.

Se trata de una novela de tesis, con fines moralizantes y pedagógicos. La tela de araña fue ignorada por la crítica literaria o permaneció oculta en los archivos de la Academia Española. Pienso que esta novela hubiera sido mejor si el autor ocultara sus propias reflexiones y dejara a los personajes reflexionar por ellos mismos.

Creo que a raíz de su mala suerte con el género de la novela, Hostos se decidió a buscar en el ensayo su vehículo de expresión. El ensayo exige reflexión profunda, lo que lo convierte en el instrumento de expresión más adecuado para la ciencia y la filosofía.

Conclusión

En el prólogo de la edición de 1873 de La peregrinación de Bayoán, Hostos desprecia la literatura. Dice:

“Las letras son el oficio de los ociosos o de los que han terminado ya el trabajo de su vida, y yo tenía mucho que trabajar.”

Hostos se exige más acción y menos palabras. Lo curioso es que lo dice el autor de numerosos ensayos, artículos de periódicos y tratados de derecho, moral y sociología, entre otros.

En 1888, Hostos fustigó a la novela. Ciertamente, se equivocó. Pero hay que apuntar que sus manifestaciones contra la novela surgen en un momento de crisis de la novela española en el siglo XIX y antes de los primeros grandes novelistas de Hispanoamérica: Ricardo Güiraldez, José Eustaquio Rivera y Rómulo Gallegos.

Cuando Hostos fustigó la imaginación de los novelistas y los poetas, perdió de vista que la imaginación creativa es otra forma de reflejar y crear la realidad. Dice Carlos Fuentes: “La novela convierte el pasado, en memorias, y el futuro, en deseo… El novelista, con más puntualidad que el historiador, nos dice siempre que el pasado no ha concluido, que el pasado ha de ser inventado a cada hora para que el presente no se nos muera entre las manos. La novela dice lo que la historia no dijo, olvidó o dejó de imaginar.”

Es a través de la imaginación en sus cuentos y en sus mitos, que los pueblos se unen para construir la nación, la comunidad estructurada y consciente de sí misma.

Es injusto, por supuesto, juzgar a Hostos a la luz de la sociología de la literatura de nuestros tiempos. Es injusto también porque luego del “boom” de la novela hispanoamericana a partir de la década de 1960, la novela asumió el rol indiscutible de intérprete de la realidad.

Mucho tiempo después el novelista mexicano Carlos Fuentes expresó que “la novela está capturada en las redes de la realidad inmediata y sólo puede reflejarla”.

Creo que Hostos descartó la novela porque entendió que no era el vehículo más adecuado de comunicación de novedades y de diálogo social que exigían los tiempos que le tocó vivir. El vehículo de lo real es el ensayo, nos advierte Hostos. Lo que Hostos no podía adivinar, y por eso es injusto criticarlo en estos tiempos, es que de las cenizas de aquellas novelas del siglo XIX surgiría una nueva forma de novelar que encuentra y levanta sobre un nuevo lenguaje mitos y profecías de una nueva realidad de hechos fríos, maravillosos, contradictorios, ineluctables, libertarios y, a la misma vez, enajenantes, a juicio de Carlos Fuentes. El novelista latinoamericano del siglo XX toma la palabra para defender a los hombres del caos circundante. Para el nuevo novelista no hay fronteras entre lo real y lo quimérico, entre lo útil y el ocio, entre la certidumbre y la indecisión, entre lo preciso y lo vago, entre lo relativo y lo absoluto.

En un mundo degradado, orientado hacia valores exclusivamente materiales, sin orden, ni verdadero progreso, la novela es la búsqueda de valores auténticos, según Lucien Goldman. Hoy, ante la nueva novela, Hostos hubiera opinado lo mismo que Goldman.

Las ideas de Hostos sobre la novela surgen de sus abismos, de su impaciencia por transformar el mundo colonial, de su repudio al ocio y a la mera contemplación, de su búsqueda implacable de un mundo donde prevalezca la razón, la lógica, la modernidad y la civilización sobre la barbarie, la opresión, el caudillismo y el colonialismo.

Deporte femenino en su mejor momento Exitosas de todos los rincones y clases sociales

Durante los últimos meses, el deporte femenino puertorriqueño ha escalado niveles sin precedentes y se encuentra en un proceso de ampliación en diferentes aspectos, que permite mirar con justificado optimismo el futuro inmediato.

Obviamente, la hazaña de la tenista Mónica Puig la ubica en un plano aparte y la convierte en un referente dificilísimo de siquiera repetir y mucho más de superar. Haberle regalado al país su primera medalla de oro olímpica sería más que suficiente, pero además la Pica Power fue seleccionada la Atleta Femenina de los Juegos de Río 2016.

Merece reconocimiento que a pesar de las presiones típicas de un evento de ese nivel antes, durante y después de su gesta, siempre reafirmó su orgullo nacional con una sonrisa en sus labios.

Adriana representa la montaña

Mónica es parte de un grupo de féminas boricuas que representan todos los sectores de nuestro pueblo, tanto geográficos como de clase. Ella proviene de una familia con recursos suficientes para haberle brindado entrenamiento especializado en Florida, mientras cursaba sus estudios secundarios.

Por su parte, Adriana Díaz es una jovencita natural de Utuado, pueblo de la montaña, cuna de nuestros mejores fondistas, encabezados por el legendario Jorge “Peco” González y una pasión generalizada por el béisbol.

La simpática adolescente de apenas 16 años y experiencia olímpica en Río, es la segunda de las Américas en el ranking mundial abierto del tenis de mesa, donde ocupa la posición 83. Además, es la primera de esta parte del mundo en U-21 y U-18, en los que aparece 24 y novena, respectivamente.

Jasmine y Amanda son de la diáspora

Dignas representantes del grupo de mujeres nacidas y/o criadas en Estados Unidos, pero puertorriqueñas de corazón son la vallista Jasmine Quinn Camacho y la boxeadora Amanda Serrano.

La primera insiste en que se invierta el orden de sus apellidos al identificarla, en respeto a su madre y a Puerto Rico. Nuestro pueblo lloró con ella cuando se cayó en la parte final de la prueba semifinal de Río, cuando se encaminaba a luchar una medalla en los 100 con vallas.

Serrano, por su parte, durante el 2016 logró títulos mundiales de boxeo profesional en tres divisiones diferentes, elevando a cuatro su cosecha.

Beverly es típica de urbanización

Beverly Ramos es una mujer producto típico de las urbanizaciones del país, quien se enamoró del atletismo en la pista de Cupey y posteriormente pulió su talento en la Universidad de Kansas State. Reconocida como la Reina del Atletismo Puertorriqueño, posee una docena de marcas nacionales en pista abierta y bajo techo, así como en carretera, en todas las distancias desde 1,500 hasta la maratón completa (42 kilómteros).

Desde el pueblo de Aibonito ha salido una jovencita que en uno de los eventos de Beverly, presenta proyección mundialista. Es que con 18 años ya Alondra Negrón tiene un sexto lugar en 2,000 metros con obstáculos en los Juegos Olímpicos Juveniles de 2014 y un cuarto en el Mundial Juvenil, celebrado el pasado año.

En unas cuantas semanas Alondra hará su debut en la LAI y es favorita para darle al Turabo tres medallas, incluyendo dos de oro.

Kiria es de caserío y madre soltera

Aunque en este momento está fuera de combate por una seria lesión que amenaza su futuro, Kiria Tapia es representativa de mujeres de caserío y de las madres solteras. Ella salió de Monte Hatillo a ganar oro en el debut del boxeo para mujeres en Juegos Panamericanos (2011) y repitió en los Centroamericanos (2014).

La boxeadora boricua ha alcanzado esos logros, compartiendo tiempo para criar su hija, que ya tiene diez años y juega voleibol.

Es necesario añadir a este apretado inventario en deportes individuales la gesta alcanzada hace apenas unos días por la joven Aydill Colón, quien logró plata en sable en el Campeonato Panamericano Juvenil de Esgrima en Cuba.

Aury es bandera para el voli y el basket

Una vez más, Aury Cruz encabeza a las puertorriqueñas que juegan voleibol en ligas profesionales en Europa. La Princesa del Voli Boricua se mantiene como figura estelar en la División Uno en Italia.

Por su parte, Daly Santana está azotando el balón con autoridad en su debut internacional en Francia, donde también milita Shirley Ferrer. Stephanie Enright juega en Italia, Linda Morales en Filipinas y Raymariely Santos en Kazajistán, tras haberlo hecho en España.

En baloncesto tenemos más canasteras que nunca antes en ligas internacionales del más alto nivel, encabezadas por Jennifer O’Neill y Carla Cortijo, tras sus incursiones en la WNBA.

Además Damilka Martínez (España), Ashley Prinn (Bulgaria) y Angélica Bermúdez (Rumania) están jugando en Europa.

Por su parte, las chicas del basket de la Escuela del Albergue Olímpico se cansaron de repartir pelas y ganar torneos en Puerto Rico y hace poco lo hicieron en un torneo en Florida, donde arrollaron la oposición.

Destacadas en deportes no olímpicos

En deportes no olímpicos, Luz Marie Grande, mejor concida como Loly, sigue cosechando éxitos en el mar, en la especialidad de “bodyboarding”, mientras Danitza Vázquez obtuvo plata en el Campeonato Panamericano de Ajedrez del pasado año. La jovencita que hoy tiene 16 años, alcanzó el título de Maestra Internacional cuando apenas tenía trece.

Sube como la espuma el liderato de Sara

A todos esos logros en el terreno de competencia, hay que añadirle los alcanzados por la presidenta de nuestro Comité Olímpico Sara Rosario, cuyo liderato y reconocimientos internacionales crecen de forma vertiginosa. Tras haber sido reelecta de forma unánime como presidenta, ya Sara es parte del Comité Ejecutivo de la Asociación de Comités Olímpicos Nacionales, ACNO, así como de importantes comisiones del COI. Además, es candidata a la vicepresidencia de la Organización Deportiva Panamericana, ODEPA.

Celebramos por todo lo alto los logros alcanzados por nuestras mujeres y reconocemos que muchos son producto de mejor organización y planificación. Aun así no podemos obviar las áreas de importancia en las que el deporte femenino se mantiene muy lejos del trato que se brinda a los hombres en el país. Por eso, me comprometo a analizar esos aspectos próximamente.

“Mascarita, Mascarón” ENTREVISTA A DAVID SANTIAGO

La exposición “Mascarita, Mascarón”, organizada por el artista plástico, mascarero, poeta, locutor y activista cultural ponceño, David Santiago, abrió en el Centro Cultural Carmen Solá de Pereira en Ponce el 2 de febrero. Desde su concepción hubo un sentido de inclusión de estilos y tipos de máscaras para borrar la distinción entre el arte y la artesanía, lo experimental y lo tradicional, lo profesional y lo popular. Dieciséis artistas participaron y varios de ellos (incluso este servidor) había participado en otra exposición organizada por Santiago hace dos años en el Museo de Música en Ponce. De variedad, brillo, innovación, reflejo de y nueva creatividad dentro de estilos ya establecidos e históricos, fue el montaje de máscaras más comprensivo y representativo que yo he visto en mucho tiempo.

Lo/as expositores incluyeron (en la orden del programa) Minerva Hernández, Gabriel López, Lowell Fiet, Lilly Giralt, David Santiago Torres, Jacinto Ramírez, Daniel Ruíz, Gloria C. López Estrella, Nelson Pérez, Kenneth Meléndez, Ramón Ávila y (estilo Vejigante de Loíza) Luis Carrasquillo, Wilda Cruz Ortiz, Teddy Vázquez Tapia y Edwin Cotto y (estilo Vejigante de Ponce) Juan González, Freddy Soto, Juan Alindato, Miguel Pérez y Miguel Caraballo. La exposición está dedicada a la memoria del mascarero loiceño Juan Luis Sánchez Parrilla, asesinado hace dos años.

La exposición cerró con la misma temporada de Carnaval para ser reemplazada por una exposición de arte femenino que abrió para la Noche de Galerías en Ponce, el jueves 2 de marzo.

El 29 de enero, durante el montaje de “Mascarita, Mascaron” grabé esta entrevista del organizador de la exposición. David Santiago Torres nace en 1962 en Ponce. Es poeta, declamador, actor, artista plástico y periodista-activista cultural. Obtuvo su Bachillerato en Estudios Hispánicos en la Pontificia Universidad Católica en Ponce. Ha realizado cinco exposiciones individuales y en 2014 recibió el Primer Premio de arte reciclado en la Feria de Artesanías en Plaza Las Américas. Mantiene un programa de lunes a viernes a través de Radio Leo 1170am en Ponce.

Lowell Fiet: ¿Hablamos y grabamos un rato?

David Santiago: Dime, ¿de qué vamos a hablar? Porque yo puedo hablar muchas cosas.

Lowell: Vamos a hablar de David. Principalmente de ti, de Ponce, de máscaras, de esta exposición.

David: Ok, tu pregúntame.

¿Eres natural de Ponce?

David: Sí, yo nací en el hospital Tricoche en el 1962 aquí en Ponce.

¿Cuándo empezaste a crear máscaras?

David: Comencé a crear máscaras hace como unos 20 años. Esas máscaras que yo creaba las creaba como parte de mi arte plástico porque yo comencé pintando.

Siempre mi lenguaje ha sido máscaras y ojos. Los ojos como ventanas del alma y las máscaras más o menos con esa simbología de que son como esas ventanas que son cambiantes, de nuestras emociones. Eventualmente comencé a tener contacto con el artesano tradicional, con el costumbrista; y, me di a la tarea, también, de evolucionar la máscara más teatrera porque también hice teatro como unos 20 años: construyamos máscaras para hacer teatro.

¿Has hecho máscaras tradicionales de Ponce? ¿De Vejigantes?

David: Sí he construido ese tipo de máscaras. De hecho, comencé una pieza para aquí que no la pude terminar. Es una pieza muy especial que tiene tres máscaras de vejigante, pero es una vasija con tres máscaras en cada lado. En la artesanía amo mucho la vasija; la construí de papel y le agregué esas tres máscaras. Por la cuestión de la vista [problema ocular] no pude terminarla. Pero imagino que a mitad de exposición podré agregar ese trabajo.

He logrado hacer máscaras de papel maché, máscaras también de higuera, he construido máscaras de lo que tu no te imaginas: de plástico, de candungo, de todo.

Yo también uso, por ejemplo, galones de agua para hacer máscaras.

David: Donde la gente no se imagina máscaras yo veo máscaras [reimos].

¿También usas cosas de ferretería?

David: Uso muchos objetos de ferretería, desechos. Yo trabajé un año en una ferretería cuando recién llegué de Colombia de un intercambio cultural y vi unas máscaras mortuorias que se me parecían, ¡eran unos lavamanos! Y yo decía: mira estas son las máscaras mortuorias que yo vi allá en Colombia y comencé a hacer esas máscaras que fueron las primeras que expuse en Ballajá en el Museo de las Américas. Allí expuse doce de esas máscaras

Y das talleres también, ¿no?

David: Damos talleres también de papel, con plástico, con lo que sea.

¿Y a los jóvenes les gusta eso, se comprometen bien en el proceso de hacer máscaras?

David: Ahora mismo estamos trabajando un taller que va a ser para ancianos en el pueblo de Villalba, lo está auspiciando el Instituto de Cultura, es un taller de reciclaje. Lo vamos a hacer con papel y con plástico donde ellos pueden hacer ese tipo de máscaras más contemporáneas.

Esta exhibición abre el dos de febrero. ¿Entonces es la misma noche que comienza el Carnaval de Playa de Ponce?

David: Coincide con la apertura del Carnaval de Playa de Ponce que lleva celebrándose 27 años. Pero en realidad el Carnaval de Playa de Ponce es el más antiguo de todo Puerto Rico porque por ahí es que entra la tradición del Carnaval de Ponce. La playa de Ponce es la que tiene la mayor cantidad de artesanos de máscaras. Podríamos mencionar Miguel Pérez, Miguel Caraballo, Freddy Soto, Jaime Zayas, cuantos mascareros que viven allí, Juan Alindato, el hijo y también el padre. Algunos de esos artesanos cuando llegan por primera vez a Ponce se localizan en dos barrios que quedaban en el muelle de Ponce. Un barrio se llamaba Haití y otro barrio quedaba en Santo Domingo. Esos dos barrios para las personas que quieran saber dónde están localizados, hace una semana yo me enteré donde están localizados. Usted puede ir hasta a la fábrica de chatarra” [ríen ambos].

Ahí estaba el barrio y la comunidad de Haití y al lado estaba la de Santo Domingo. Por ahí, en esa comunidad están los mascareros, porque son personas que venían desde Haití y desde Santo Domingo a trabajar en el muelle, son los que introducen la costumbre de celebrar un carnaval en Ponce.

¿Y de veras que no había carnaval con la Iglesia ni nada antes de la llegada de esos trabajadores?

David: Antes de la llegada de esos trabajadores no, pero si había una celebración del carnaval en Santo Domingo. El carnaval donde primero llega es a Santo Domingo hace como 500 años. Con la iglesia católica las costumbres llegan. De Santo Domingo empieza a mudarse ese tipo de festividad a Cuba y a Puerto Rico

¿Tienes idea de la fecha en que llegó la gente para empezar a celebrar carnaval aquí en Ponce. Fue en el siglo XVIII, XIX, pero en qué punto: ¿temprano, mediano, finales de siglo?

David: La población de Ponce se funda en el 1692, podríamos decir que ya hacia el 1598 habían indicios de que esa población estaba creciendo y ya habían personas trabajando en el muelle de la playa de Ponce. Por ahí entraba lo que se llamaba el mostrenco (lo que es el comercio) tanto clandestino como legal, estaba entrando en ese momento.

¿Mostrenco…?

David: Se le llamaba mostrenco a esa gente que estaba desarrollando un comercio tanto legal como ilegal. Más o menos esa fecha es la que comienza a traer indicios de ese carnaval. En un momento primero comienza en las comunidades; por ejemplo, en la comunidad de la playa se celebraba esa fiesta en Cantera aquí en Ponce, también había unos lugares donde la gente iba a bailar con los vejigantes, pero la sociedad de Ponce siempre ha estado bien dividida, siempre ha estado en diferentes niveles. Los Wirshing, los Serrallés, la gente de alta alcurnia celebraba aquí en el casino con lo que se llamaba el antifaz. Ellos eran los que se encargaban de los reinados, las reinas, de esos tipos de carnavales más estilizados porque en la calle se celebraba una cosa, una fiesta desorganizada y ellos en el casino tenían otra cosa organizada. Eso con el tiempo comenzó a unirse, la comunidad con la alta alcurnia, y lograron formar un carnaval que ya lleva 151 años.

Entonces, vamos a regresar a David por un momento. Lo que está pasando con los ojos ¿es una operación que has tenido ya?

David: Yo tengo una condición de los riñones que me ha afectado los ojos, también tuve un accidente de un golpe bien fuerte que me desprendió la retina, me han creado cataratas y he perdido la visión durante dos años.

Oye, quería añadir que nosotros hemos hecho unas investigaciones bien interesantes sobre, por ejemplo, los estribillos. El estribillo es como la música, la canción, el lenguaje que tiene el vejigante: “vejigante a la boya, pan y cebolla”; pero la gente no sabe por qué decía “vejigante a la boya”, pues mira, se utilizaban unas vejigas, esas vejigas en el principio los pescadores las utilizaban para marcar los chinchorros. Ellos las ponían para buscar la carnada, utilizaban esas vejigas porque ellas flotan (eran las boyas). Entonces ese pescador cuando iba a buscar esa carnada se tiraba y tenía que ir a la boya, pero da la casualidad que el pescador era sinónimo de vejigante por eso “vejigante a la boya”. Era un tiempo de mucha hambre y cuando el pescador llegaba a la orilla ya había gente con pan y cebolla esperando las sardinas para freír inmediatamente y comer.

Los lerenes (que se llama [la canción] “vamos muchacho a buscar lerenes palos van y palos vienen”). El lerén es un tubérculo muy parecido a la papa que se daba más en el campo, en el monte. Y los muchachos con su hambre iban a robarse los lerenes y ¿qué recibían? Pues palo de parte de los dueños” [ríen ambos]. Recibían palo “vamos muchachos a buscar lerenes palos van y palos vienen”.

“Vamos muchachos a la marina pa’ buscar pan y sardina” “a comer pan y sardina”. O sea que este tipo de hambre y de arte culinario está bien ligado a lo que es el vejigante de Ponce. El vejigante de Ponce come mangó porque toda el área del residencial Pámpanos y Lirios del Sur, todo eso eran árboles de mangó. Cuando ellos [los vejigantes] venían para el carnaval en el pueblo, cuando regresaban con hambre se trepaban a los árboles, vestidos de vejigantes, y la gente al pasar decía “mira los vejigantes comen mangó, y hasta las uñas se las lambio” [ríen ambos].

Ahora el vejigante de Loiza ¿qué come? Coco. Ó sea el vejigante de Ponce no come coco, come mangó, o sea que todo tiene un porqué y los estribillos tienen su sabiduría, su sabiduría de pueblo. Nosotros nos hemos dado a la tarea de investigar de porqué nosotros mencionamos y cantamos todo eso que también está ligado a unos personajes como “Maximina ‘La loca’, loca es”; “ese brujo es negro, mírale los ojos color café”.

Qué bueno que tú estás haciéndome esta entrevista porque tú también has hecho una gran aportación: el único carnaval ‘carnaval’ [énfasis en la palabra carnaval] por las fechas religiosas es el de Ponce porque La fiesta de Loíza es una fiesta teológica, religiosa; el festival de Hatillo es una fiesta religiosa, teológica, basada en unos textos de la Biblia; el carnaval de Ponce es un carnaval donde todo se vira al revés y termina exactamente con el día de la cuaresma, y ese día de la cuaresma todo entra en la paz y la gente empieza a prepararse ya para asistir a la iglesia, para la semana santa, después de haber hecho todo ese desorden. Eso tiene que ver mucho con esa máscara que nosotros tenemos, con esos sentimientos, que tenemos los ángeles adentro pero también tenemos a los demonios, pero tenemos que saber controlarlos. Tenemos que darle apertura a la luz y controlar también esa oscuridad que nosotros tenemos. Todo tiene una razón, un porqué.

Aparte de que los carnavales en el mundo también están ligados a la política. Fíjate que en Francia el rey podía disfrazarse de hombre en octubre durante uno o dos días y la gente pobre podía disfrazarse de rey durante uno o dos días, ó sea que podían confundirse y por ahí comenzó la revolución de la libertad. Así que ahí hay muchas cosas entretejidas que no podemos perder en la historia.

Pues muy bien. Un millón de gracias.

[Transcripción de la entrevista por Nilo Mahatma Caituiro Monge.]

La marea de los muertos (final)

Preguntando aquí y allá encuentra la fábrica junto al lago pero está cerrada y abandonada. El vecino más cercano vive a dos kilómetros de distancia carretera arriba. Hay una pequeña comunidad cerca de su casa.

Tomando café negro, sentada en el balcón de la casa de un hombre que ronda los cincuenta años, le pregunta si conocía al propietario de la tabaquera.

–Sí, le conocía. Trabajé allí, maestro torcedor, hacía los Perfectos pero de eso hace mucho tiempo.

–Le pagaba diez centavos por cigarro, ¿no es así?

–Nadie sabía eso, excepción hecha del gerente y el patrón. Los cigarros que hacía yo eran extraordinarios, sabor, tiro… Divaga, un dejo de nostalgia cruza por su mirada.

–Sabe usted, El Maharajá de Kapurthala los fumó en París. Ordenó cien cajas para su corte…entonces, usted es familia del señor López.

–Nunca lo he visto.

–Pero conoce de cosas privadas. ¿Espiritista?

–No, dueña de un hotel en Cabo Rojo. Pero cuénteme, qué pasó.

–Todos se murieron: el señor López, su viuda, el gerente. Usted sabe, en la influenza del Dieciocho.

Tras de una pausa delicada, exhala y añade:

–La primera fue la niña. Se llamaba…

–Fabienne.

–Ya. Usted es espiritista. Ojos negros como el carbón. Dígame, ¿alguno tiene necesidad de oración o de luz para adelantar en el otro mundo?

–Todos. ¿Qué edad tenía Fabienne cuando murió?

–Dieciséis años. Hermosa como el lago al amanecer, serena, delgada. Una rosa. Murió el dos de noviembre, durante la marea de los muertos, como le dicen en la costa. Precisamente allí murió mientras estaba de vacaciones con sus padres.

–¿En noviembre, fuera de la temporada de los baños?

–Para baños tenía los ríos de por aquí. Pasa que tanto ella como su mamá cumplían año la última semana de octubre.

–Murió de influenza, dice usted.

–Ella sí, los padres se murieron de la pena y a finales de diciembre la contrajeron, la epidemia.

Francine guarda su secreto. Visita como antaño al doctor en San Juan y permanece en su casa dos o tres días según los deberes ministeriales de él le permitan. Habla con Matilde sobre Leslie. La joven no se ha contaminado pero le ha impresionado la muerte de la niña. Nunca la oye tararear el Intermezzo salvo cuando pasa por su habitación tarde a la noche.

Con el padre no cruza palabra sobre la muerte de Leslie. En cambio, una noche menciona a Fabienne. Ve palidecer a su amigo de la infancia. No es para menos, piensa.

Tose el doctor. Examina la servilleta detenidamente. Cruza los brazos:

–Conocí a Fabienne, la que Leslie mencionaba en su diario. Fue a finales del dieciocho. Poco después cerraron el hotel tras la muerte de tus padres. Tú andabas por Venezuela, si bien recuerdo.

Pausa para encender un cigarro. Le hace señas a Braulio quien le añade jerez a su copa. Prosigue:

Las historias de Leslie y la mía tienen puntos de coincidencia. Pero eso se aproxima más al mundo espiritista y yo, como hombre de ciencia…

–Más que coincidencia, convergencia, Eduardo.

–Fíjate, pasamos juntos una semana con un grupo que pensó que estaría a salvo en un hotel costero, alejado de las miasmas en la ciudad. Creo que Fabienne cumplía diecisiete años ese mes; yo tenía veintiuno. Hubo aciertos, miradas, conciertos. Bailamos una sola vez, el domingo antes de la marea de los muertos. Sus padres eran gente muy formal. Nos observaban con cierto agrado. Recuerdo que en algún rincón Fabienne me dio un beso alborotado… cosas de muchachas que leen Cumbres Borrascosas en las augustas soledades de la imaginación.

Exhala humo de cigarro, paseando la mirada por el salón.

Continúa:

–Cuando murió ya me había marchado a la capital para tomar un vapor a Cuba. Le escribí un par de veces a la Casa López pero las cartas me fueron devueltas sin abrir. Recibí una tercera, de su padre, donde daba cuenta del deceso. Pensé que era un ardid para separarnos. Finalmente la encontré dos días antes de marcharme a La Habana … en una esquela en La Correspondencia, que tampoco era concluyente pero dadas las circunstancias entonces…

Francine calla. Cuando trata de decir algo el padre de Leslie la mira y mueve la cabeza de un lado al otro, dando finiquito al tema.

La epidemia de tifus se controla el 24 de diciembre. Dos marineros de un buque venido de Ceilán, el Paramaribo, han sido los portadores del tifus.

Ambos sobrevivieron; doscientos diez no.

Eduardo ha sido la penúltima víctima de la epidemia.

Lo mejor del 2016

La directora del periódico me pide que haga una lista de lo mejor del 2016. le digo que puedo hablar de libros. Me dice que está bien. Procedo.

Antes que cante el gallo, buena dirección, buen libreto, buenas actuaciones de Cordelia González, José Eugenio Hernández, e Israel Lugo, lo cual no sorprende porque nos tienen acostumbrados. La revelación es Miranda Purcell. Natural, con dominio de los gestos (hablar con el rostro y el cuerpo frente a una cámara no es poca cosa). Sin duda, será una estrella. Y su actuación habla muy bien de la dirección de Ari Maniel Cruz. He escuchado decir que no es una película perfecta. Bien, no es Citizen Kane. Es  Antes que cante el gallo, lo mejor del cine puertorriqueño en décadas. ¿Pero no era de libros que iba a hablar?

Ofel es un trabajo dramático que se realiza como parte de la conmemoración del cuarto centenario de la muerte de William Shakespeare. Sylvia Bofill se inspiró en Hamlet (y en Ofelia, claro) y junto a 25 estudiantes de su Taller de Teatro Experimental surge Ofel, una puesta en escena de una boda de ricos en un país que se cae a pedazos en medio de una crisis. Por tratarse de una amplia reflexión sobre el modo de hacer teatro, un homenaje a la autoreferencialidad teatral de Hamlet y al trabajo colectivo, esta sería una de las obras más importantes del 2016.

Por otro lado, Eduardo Alegría presentó su proyecto musical Alegría Rampante en el Teatro Tapia en el Viejo San Juan. Tratándose de un músico que trabaja el performance hace par de décadas, no es raro que un espectáculo de rock se transforme en eso, un show performático a todo volúmen. Además, contó con la participación de Fofé, Macha Colón y Mima. Eso ya auguraba una reunión musical explosiva. En los coros estaba, entre otras y otros, Nancy Millán, un artista plástico en escena y en la escenografía; músicos de Los Fetiches, público en éxtasis; en fin, un gran concierto para el que no tenemos mucho espacio porque, hey, esto es una lista arbitraria como todas. Tan arbitraria como que el álbum que Eduardo lanzó en el 2015 es de lo mejor del 2016 porque el año pasado no estaba trabajando en este semanario.

Entonces, ¿hacemos una lista de los mejores libros del 2016 o no? Me asaltan varias peguntas (con diferente calibre, con armas blancas y de fuego). ¿Leí todos los libros que se publicaron en este año? Imposible. Ni siquiera los libros publicados en el Area Metropolitana de San Juan. Así que ¿cómo puedo decir que esto es lo mejor del 2016? Reduciendo el asunto a “los mejores libros publicados este año en Puerto Rico que pude leer gracias a que los compré, me los regalaron o aparecieron por magia en mi mochila”. Algunos los leí desde que eran manuscritos.

Aclarado el asunto de que se trata de mi lista, muy particular, muy azarosa, permítanme decirles que no tengo claro lo que es buena literatura según las listas que leo todos los años. ¿La buena literatura tendría la misión de revelar cómo es el mundo? Pues si uno lee o escribe pensando en que es mejor transformar el mundo que meramente describirlo ¿la lista será de aquellos libros panfletarios que tengan la receta de la transformación o los que por experimentales cambian los modos de leer y de percibir la realidad?  La verdad es que a veces me gusta la literatura precisa y elegante y en otras me parece que el caos, la experimentación y la dificultad son hermosas.

“Lo mejor” depende de los lectores y generalmente soy varios lectores a la vez. Hay quuien prefieren aquello que invita a la reflexión, lo intuitivo, lo poético, lo autoreferencial, lo simbólico, los finales abiertos, lo incómodo, la lectura lenta.

Hay también quien lee preferiblemente aquello que no tenga obstáculos. Esos son los best sellers. Y los hay excelentes. Pero no se engañen. Hay best sellers deliciosamente tortuosos. Por ejemplo, Cien años de soledad fue un best seller. Ya es un clásico. El semiota, crítico y sesudo Umberto Eco publicó El nombre de la rosa , una novela difícil y hermosa, que también fue un éxito de ventas. La asigné en mis cursos de español en la UPR hace bastantes años y aún encuentro a aquellos lectores (entonces de 17 o 18 años) ya maduros, agradeciendo aquel texto, llena de obstáculos he inolvidable.

¿Qué libros disfruté? Pues…

Fe de calendario, de Xavier Valcárcel. Y Xavier ha escrito uno de los libros que más me han gustado en lustros, El deber del pan.  Este año publica otro excelente poemario de una intimidad con la que nos sentimos hermanados por la simple belleza. El mar y la isla como un cuerpo deseante y deseado. Además Xavier y Nicole Delgado tienen en Atarraya Cartonera un proyecto importante para nuestra cultura. Se desborda el libro. Eso es importante. Es mejor.

Poemas gulembos, de Lilliana Ramos (Ediciones Aguadulce) es una sorpresa porque Reróticas o Últimos poemas de la rosa son libros eróticos, de fina orfebrería, con ese lenguaje extranjero que es siempre la poesía. Los poemas gulembos traducen esa belleza en un lenguaje más cotidiano aunque con el mismo afán estético.

El poeta Jorge Posada Ortega nos ofrece Desglace (Ediciones Aguadulce), breves poemas para llevar en el bolsillo. Dice Urayoán Noel que el libro hace lo siguiente: “devolverle al lenguaje su temperatura, entre glosario y osario. Digamos: lo cómico-agónico (“el niño sin pestañas”) de nuestros gélidos trópicos y su mal estar”. No digo más.

Dos poetas publicaron sus primeros poemarios, Sabrina Ramos Rubén (Mangle Rojo) y Zaira Pacheco (Ciutat). Sobre el libro de Ramos Rubén ha dicho el bibliófilo y poeta E. S. Ortiz-González que “sus construcciones precisas se desbordan en hermosos y líquidos poemas breves, rojos. Puro exceso. Como lo es la carne que se muestra detrás de los pliegues abiertos”. Y huele a sal. Sobre el libro de Pacheco ha dicho Yván Silén: “La despersonalización, la muerte del sujeto, el fragmento y la crisis nos hacen pensar en Foucault. La voz, el desasosiego, no puede ser sólo un sujeto. Hace falta tu cuerpo, el cuerpo de la voz que gime, o el cuerpo ausente del amante. En este poemario, cuando debe suceder el sujeto, o cuando debe tener nombre, no sucede. La ciudad misma se queda vacía de mujer y sólo hay pestañas de muñecas ausentes. Las palabras de Ciutat (Zaira Pacheco, La secta de los perros, 2016) son para nadie. El “gozo” es lo siniestro mismo”.

También resulta que llegó a mis manos a fin de año Guía de Biodiversidad urbana. Especies en ciudades y bosques urbanos de Puerto Rico, editado por Rafael Joglar y Ana Longo. Las fotos son de Joglar y la mayoría de ellas son alrededor del campus universitario de Río Piedras. Hermosas fotografías con información breve y precisa sobre árboles, plantas, aves, insectos. Cosa de saber nombrar. Cosas como no llamar cotorras a los pericos. El libro es de 2011. Pero lo tengo desde diciembre, qué puedo decirles.

Sobre Los tres golpes (ICP)de Luis Negrón, ¿qué puedo decirles que no haya dicho Efraín Barradas aquí mismo, en la edición del 8 al 14 de diciembre? ¿Qué digo de Shadowplay (ICP) de Juan Luis Ramos que no haya publicado Sylma García o Alexandra Pagán, ambas autoras de libros notables este año? Pues eso. Lo mismo digo.

Hay muchos otros libros que leí que no fueron publicados en 2016 ni de autores puertorriqueños. Les prometo una lista de libros de volar la cabeza para enero del 2017. Libros de siempre y de autores de todo el planeta. Ya verán.

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