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Un mar de jornadas literarias para Ana Lydia Vega

 

 

En Rojo

 

En una sala llena de estudiantes, profesores y aficionados de la literatura, la reconocida autora Ana Lydia Vega recibió, los pasados 20 y 21 de noviembre, un homenaje durante las Jornadas de Literatura Puertorriqueña que la Universidad de Puerto Rico (UPR) organiza anualmente.

“La verdad es que tengo un superávit de felicidad porque esto ha sido una cosa hermosa, entrañable, cariñosa. Ver a mis antiguos alumnos hacer unos trabajos tan buenos, tan serios, ver ese aprecio que la gente ha demostrado hacia mi trabajo, pues, tiene que ser una cosa que me… ¡es un antidepresivo contra los resultados electorales!”, compartió Vega en un aparte con CLARIDAD.

La actividad contó con 15 ponencias de varios docentes en Literatura Hispanoamericana y dio lugar en la Sala Jorge Enjuto, del edificio Luis Palés Matos. El encuentro fue auspiciado por el Instituto Cervantes, el Departamento de Estudios Hispánicos, la Asociación de Estudiantes de Estudios Hispánicos (AEEH), la Facultad de Humanidades y el Recinto de Río Piedras.

Además del homenaje, un foro sirvió para discutir a fondo las distintas temáticas, particularidades y los estilos que inciden en la escritura de Vega, quien obtuvo su maestría y doctorado de Literatura en la Universidad de París. Por ejemplo, la doctora Sylma María González exploró el misticismo en la obra y, también, en la relación de Luce López-Baralt y Ernesto Cardenal.

“Recuerdo una mañana en el salón de clases, en este mismo edificio […] en la que nos sorprendió a sus alumnos con un regalo. Nos dijo que nos había traído un souvenir y procedió, entonces, a derramar el contenido de sus zapatos, que eran suecos, en el piso del salón. Se trataba de arena, sable, que nos había traído de regalo de su visita a la playa el día anterior”, narró, por su parte, la doctora Carmen Pérez Marín. La anécdota ejemplarizó la importancia del mar en la vida y obra de Vega, elaboró.

Durante la exposición anterior, el doctor Emilio Báez Rivera abordó los simbolismos que, más allá de Vega, el mar ocupa en la literatura caribeña-hispánica. El catedrático citó a escritores del continente que, por siglos, han descrito al mar como ominoso, insondable, infinito y, como explicó Pérez Marín de la autora de Encancaranublado y otros cuentos de naufragio, como “un punto de encuentro entre personas que habitan un mismo espacio geográfico”.

“La fascinación que ejerce el mar y que seduce a nuestra autora desde sus inicios es evidente en sus textos: el mar, el mar Caribe y los seres humanos que lo habitan […] El texto Mi país es el mar recoge el surgimiento de la isla de Puerto Rico del fondo del mar, en una descripción que destaca por su belleza plástica y su musicalidad”, agregó Pérez Marín y procedió a citar del texto:

Hace millones de años, emergió, de las olas, la masa de la corteza terrestre que hoy llamamos Puerto Rico. Volcanes clandestinos hincharon sus montañas, marejadas rebeldes esculpieron sus litorales. Así, a golpes de viento y agua, se forjó esta pequeña cordillera flotante que es nuestra casa. Playa y acantilados, dunas y mogotes, lagunas y sumideros, caños y arrecifes, manglares, bahías, ensenadas, islotes y cayos le dibujan un perfil de casi seiscientos kilómetros, recordatorio permanente de su hechura oceánica (Ana Lydia Vega, Mi país es el mar).

Refiriéndose a la admiración confesa de Vega por otros escritores como José Gautier Benítez, Virgilio Dávila, Antonio Cabán Vale y René Marqués, Pérez Marín concluyó su ponencia con el Caribe y el mar como influencia en la literatura local. Asimismo, anunció que la Dra. Vega adelantó al recinto una primicia de una nueva épica humorística que trabaja. Al cerrar las exposiciones, el Departamento agasajó a Vega con un ramo de rosas.

“Estoy profundamente conmovida por tu lucidez, tu talento y tu pasión, que se comunica en tu manera de leer el texto. Es dramática, la lectura. Además que me conmueve doblemente porque lo dices tú, que fuiste mi alumna querida y destacada”, reaccionó la autora homenajeada.

Del plebimito y otras actualidades

A pesar del chiste sobre el resultado electoral, la Dra Ana Lydia Vega considera que los pasados comicios generales son históricos y que, por primera vez, un candidato del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) llegó en segundo lugar. “Paso a paso”, la autora considera que hay un avance en la política partidista local.

“¿Quién hubiera dicho que, en un plebiscito de embuste —yo le digo el plebimito—, saldría la independencia con 30 %? Algo está pasando en este país, que está cambiando las cosas, y eso me hace muy feliz”, manifestó.

En la misma línea, Vega recordó que ha habido un cambio de época y, con él, el desarrollo de nuevas tecnologías que sirven tanto para convocar y movilizar como para “encerrar a uno en un mundo virtual”.

“Yo encuentro que esos resultado electorales aunque, por un lado, bromeamos que es una depresión y qué sé yo, son realmente alentadores. Eso es lo que hay que mirar, y Juan Dalmau es una estrella política. Con la campaña de miedo que hubo, que tanta gente hubiera votado por él, que sobrepasaron esa cuestión del miedo para votar por él. Por sus cualidades, por su talento, su personalidad, me parece extraordinario”, apreció la doctora.

En otros temas, la doctora agradeció la presencia de CLARIDAD y de “En Rojo” durante la conferencia y su vida, porque “CLARIDAD ha sido una parte muy importante de mi vida”. El próximo 12 de diciembre, en la celebración de los 50 años del “En Rojo”, Vega participará para hablar sobre su otrora sección ‘El relevo’, publicada luego como libro en El tramo ancla.

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Crear y curar

 

 

La memoria acude en mi ayuda, ahora como en tantas otras ocasiones, pero más aún aquí y hoy, en este recinto universitario. Sobre todo, cuando hace tan solo unos meses, en el pueblo de San Germán, Puerto Rico, me deslumbró el encuentro con una fotografía sepia colgada en la verde pared de la casa de madera y mampostería que albergó a nuestra compatriota Lola Rodríguez de Tió, tan puertorriqueña como cubana, pues en Borinken nació, aquí falleció y su tumba es motivo de peregrinaje ansiando retornarla a Puerto Rico cuando la patria sea libre.

Fue en la Casa Museo dedicada a su memoria donde vi a Lola, como la llamamos por la familiaridad de la veneración, luciendo toga y birrete de la Universidad de La Habana donde se doctoró. No sospechaba entonces que poco tiempo después seguiría sus pasos sin toga ni birrete, pero con sombrero nuevo a recibir un reconocimiento que honra a nuestro pueblo en mi persona.

No han sido pocas las veces que he debatido fraternalmente con mis amigos cubanos la autoría de los inmortales versos de Lola adjudicados al prócer José Martí. El mítico pájaro libertario lo hemos desplumado sin misericordia disputándose las dos alas, las flores y las balas. La autora de nuestro himno nacional La Borinqueña sonreiría agradecida del reclamo poético con el apóstol.

En el año 1999 en estrecha colaboración con la Facultad de Artes y Letras de esta Universidad, la Academia San Alejandro, el Instituto Superior del Arte, Casa de las Américas, el Cementerio Colón, y gracias al entusiasta apoyo y coordinación de la amiga Yolanda Wood, infatigable gestora de la conciencia antillana, invadimos uno de los cementerios más bellos del mundo, frotamos con deleite bajo un sol inclemente herrajes y ornamentos de tumbas con y sin nombre, inscripciones en afán de revivir en la memoria del arte nuestros conocidos y desconocidos difuntos caribeños.

El resultado del taller fue la instalación “El Memorial del Silencio” que fue expuesto en la Casa Bolívar en La Habana y años después en el Museo de Las Américas en San Juan. Celebrar la vida evidenciando la muerte es una práctica tan estética como política, tan ética como curativa.

Fue este uno de los muchos talleres, exposiciones, representaciones teatrales, conferencias, conversatorios y, ante todo, experiencias vitales al compartir con otros pueblos de América en la gran casa cubana a la que siempre regresamos.

Palabras e imágenes regalan mi memoria. Para mencionar solo algunas: el taller de gráficas, máscaras, vestuarios, música y teatro titulado “Donde estoy parado”, en el Instituto Superior de Arte; “Ascensor al paraíso I y II, gráfica colectiva y dibujo” en Casa de Las Américas; “La casa letrada”, en la Facultad de Artes y Letras en la Universidad de La Habana; en colaboración con Rosa Luisa Márquez, la primera sesión de la Escuela Internacional de Teatro de América Latina y El Caribe, en Machurrucuto; varias bienales de La Habana; “La plena inmortal”, en el Taller de Gráfica Experimental; “Imalabra”, en el Museo Nacional de Bellas Artes; el homenaje a nuestra querida Belkis Ayón y Cubadisco, entre otras.

En casi todas estas aventuradas exploraciones del arte de la instalación y la instalación del arte hemos contado con la generosa colaboración del maestro Humberto Figueroa, su atinada transformación del espacio, la luz y el color al servicio de la comunicación mediante el placer estético.

Y aquí me asalta otro recuerdo que requiere ser compartido. Después de recibir un grado doctoral honorífico en mi país y siendo Artista Residente de nuestra universidad, dado que mi grado académico era tan solo de bachiller, pedí un aumento salarial que correspondiera a mi nuevo título. Debido a la jungla administrativa, el Departamento Legal universitario se negó a mi petición. Acudí entonces al presidente de la universidad, un jíbaro con mucho juego de pie que me atendió al instante y concedió el alza salarial no sin antes decirme: “Maestro Martorell, ya usted es doctor, pero, por favor, no recete”.

He seguido su recomendación y no he impartido receta médica alguna. Sin embargo, he descubierto sin proponérmelo, las dotes curativas de las artes, su enorme poder de transformar la realidad, el hacer de una cosa otra: lograr que el color cante y la palabra pinte, la desgracia devenga gracia, la oscuridad luz.

“Las artes caribeñas alumbran el planeta y no acatan fronteras. Palabra e imagen, color y ritmo marcan la clave”. Imágenes: Tomadas de la página web del artista

Esta capacidad alquímica en la creación del arte, en el proceso mismo y en su recepción no sería posible sin el principio del placer. Y aquí debo señalar que al igual que en otras actividades y oficios, el placer puede darse en la tarea solitaria, pero se multiplica y potencia en la colectiva. Y dada la naturaleza del gozo y de su práctica, se convierte en saludable e irrenunciable adicción.

Le debo este hábito gozador a mi temprano adiestramiento de taller gremial de mis maestros Lorenzo Homar y Rafael Tufiño en el Instituto de Cultura Puertorriqueña y a subsiguientes aprendizajes en el campo de las artes performáticas con Rosa Luisa Márquez donde el concierto de muchos garantiza el éxito de uno y de todos. El teatro, la radio, la televisión y el cine me han seducido con su enorme potencial comunicativo. Las artes son para mí inmejorables vehículos para dialogar con el otro desde cerca y desde lejos.

He aprendido en el ejercicio de las artes el valor de la disciplina colectiva para lograr la realización del individuo y su afirmación al yo tornarse nosotros. Nosotros, ese mágico pronombre que comienza con una negación, el temible no y al pluralizarse se convierte en abrazo del otro multiplicándolo. Nosotros. Esto no es dogma sino el resultado del placer compartido en el aprendizaje continuado, la grata sensación del nuevo conocimiento, el deslumbramiento de las verdades recién reveladas para no desmerecer al arribo de nuevas y contradictorias experiencias que las modifican y hasta sustituyen. Estos ensayos democráticos poseen la virtud de jamás cristalizar, de permanecer en constante fluir felizmente insatisfecho.

En el mundo que hemos heredado, amenazados como estamos por cataclismos naturales, y los más, por fallas de naturaleza humana, plagados de conflictos que nos afectan a todos, las artes son cada vez más necesarias. La dominación es la guerra, la libertad es la paz, escribió el clérigo francés Lammenais en los albores de la revolución francesa, memorable máxima que caligrafié en una serigrafía de los años 70.

Alguien dijo que el arte no puede cambiar el mundo, pero sí contribuir a la transformación de un ser humano y ese ser puede comenzar un proceso de cambio. A lo que se le puede añadir que, cuando menos, ha de servir de consuelo, y no lo es poco en nuestro adolorido planeta, dolor que estamos exportando al espacio sideral y a los astros que hasta ahora han sido propiedad compartida de poetas y enamorados y ahora son disputadas bases militares en su eterno afán de colonizar, de subyugar en nombre del progreso.

El hambre y la enfermedad son fieles aliados de la guerra. El arte, en su mejor estado, es un ejercicio en libertad, una prueba de fortaleza en la creación frente a los agentes de la destrucción. En nuestro Caribe, que nunca ha sido nuestro, sabemos lo que es luchar en desigualdad de armas contra poderosos adversarios. Las metrópolis dominantes, que han pretendido regir nuestros destinos, inadvertidamente han fortalecido nuestras defensas. El mar, que aparenta aislarnos unos de los otros, nos revierte a nuestro origen cuando éramos uno: la sumergida Atlántida.

Las migraciones diezman nuestras islas, pero empoderan las diásporas solidarias que jamás dejan de ser caribeñas extendiendo nuestros límites más allá de las costas archipiélagas. La solidaridad llega más allá de los rayos del sol antillano y alienta esperanzas de reunión sin claudicación a nuestro afán libertario.

Las artes caribeñas alumbran el planeta y no acatan fronteras. Palabra e imagen, color y ritmo marcan la clave; resuena el son porque somos y seguiremos siendo, con embargo y sin embargo. Regreso feliz a mi isla nación, que todavía no es país soberano, pero lucha por serlo. Estamos madrugando una patria con la cual Cuba siempre ha sido solidaria.

Llevo este doctorado conmigo y prometo recetar el poderoso remedio de la libertad, la práctica de una soberanía en diálogo con nuestros hermanos antillanos cumpliendo el sueño de Bolívar y Martí, gozando nuestras similaridades y diferencias en el respeto mutuo y el abrazo fraterno.

¿Quién dijo que el arte no cura?

Muchas gracias.

Palabras pronunciadas en el otorgamiento del Doctorado Honoris Causa de la Universidad de La Habana. Reproducido de www.lajiribilla.cu

 

Boricua en Gaza

 

 

 Sankara

 

¡Mi gente! Estoy escribiendo con mucho amor desde Gaza. Soy de la diáspora pero orgullosamente 100% Boricua. Quiero contar un poco sobre cómo he llegado a este punto en mi vida, con nuestra bandera a Gaza durante un genocidio.

Desafortunadamente, nací en Milwaukee, WI. Muchos de nosotres no tuvimos la opción de nacer fuera de nuestra nación querida. Fue chocante crecer y vivir dentro del imperio yanqui. Muchas veces los gringos me decían: «no eres Americano, vete a tu país!». En la high, después de vivir el racismo salvaje y reaprender español decidí regresar a mi matria por primera vez durante las navidades.

En 2008, aterricé en Aguadilla y vi a mi Abuelo por primera vez en años. No puedo poner en palabras el sentimiento de regresar a mi nación por primera vez y sentir algo que nunca he sentido en eeuu, pertenencia. Abracé a mi viejo y luego pedí un pan tostado. En unos minutos estábamos en casa tomando un chin chin de café antes de irnos a dormir. Pero las gallinas no me dejaron dormir mucho al principio.

Mi querido Abuelo, bien jíbaro que era, fue mi vínculo principal con Borikén. Esa primera visita empecé a conocer mi familia, país y cultura fuera de un libro. Con mi spanglish, empecé a discutir con mi familia las razones por las que la independencia es la  única solución, mientras que unos de ellos me llamaban «americaniza’o.» Hablé sobre nuestra historia y resistencia, tanto dentro del país como en la diáspora para apoyar mi caso. Al fin, terminamos las navidades jugando domino como familia. Me di cuenta de que quería mejorar mi español, estudiar más de nuestra historia y empezar el vaivén. Empecé a pasar las navidades con Abuelo aprendiendo más sobre mi nación. Después del huracán María en 2017, regresé al país para averiguar de mi familia. Lloré y me di cuenta de que cada vez que regreso a mi matria busco otra razón para luchar por mi matria. En 2019, conocí a las camaradas de  Jornada se Acabaron las Promesas y organicé manifestaciones contra Ricky en Miami con la diáspora.  En 2020, durante covid, decidí mudarme a Aguadilla para cuidar mi viejito que estaba mal de salud pero sin ganas de ir a eeuu. Me quedé 8 meses antes de tener que salir pa’ trabajar.

Vivir en la diáspora sin conocer nuestra historia es intencional. No me interesaba la historia hasta que empecé a leer sobre Haití, Cuba y Borikén. Me pregunté, «y porque todavía no hemos logrado soberanía en Borikén?» Empecé a enfocarme en nuestra resistencia contra el imperialismo yanqui. Empecé a entender el nivel de opresión contra lxs ancestrxs que han luchado. Me inspiran los Macheteros, Albizu Campos, Corretjer, Blanca Canales, Lolita Lebrón, Ana Livia Cordero, FALN, MST, los Young Lords y el movimiento independentista. Hasta hoy sigo aprendiendo y organizando tanto en la diáspora como en Borikén. En 2021, salió mi mentor, Oscar Lopez Rivera después de casi 36 años preso. ¡Vengo de la gente más resistente al imperialismo!

Todos estamos de acuerdo en que somos la colonia más antigua del mundo. Nuestra narrativa debe ser que somos de lxs que más tiempo llevamos resistiendo a la colonización. Soy un Boricua del futuro distópico donde los eeuu manda, quitan nuestres derechos y ya han quitado la mayoría de la población diciendo que lo nuestro es suyo. Yanquis tratando de convencer al mundo de que Borikén como país no existe, que no existimos. Para los que quieren estadidad: yo he vivido bajo la bota del imperio yanqui y prefiero levantar el machete. No he podido vivir, sino sobrevivir como pobre bajo condiciones inhumanas. Por ejemplo, durante los inviernos cortaban el gas. Mi familia tuvo que dormir en un cuarto en el piso alrededor de un calentador. No es fuera de lo normal, los estándares de vivir son tan bajos. Somos ciudadanos de segunda clase porque desde su principio eeuu nunca nos han visto como seres humanos, sólo sujetos coloniales pa’ explotar. Por eso nos tratan mal a casi todes nosotres tanto en Borikén como en la diáspora. Mi Abuelo fallecio triste en tierra ajena: lucho pa’ que nuestres ancianos quedan, lxs jóvenes regresan y para que juntos  construimos nuestra nación. ¡No somos estadounidenses, somos Boricuas y ya!

Prefiero luchar para ser un Boricua de un futuro soberano y libre de imperialismo. Es posible, veo Burkina Faso sacando a los gringos y formando la Asociación de Estados del Sahel (AES) junto con Níger  y Mali. Tengo un sueño de una Federación Antillana  antiimperialista. Desde 1493 hemos tenido solo dos opciones: ser colonia o ser país. Es lo que veo aquí en Palestina, un país que tiene derecho a resistir para existir y florecer.

Después de viajar a muchos países, mayormente en América Latina y África, observé que cuando la gente me escucha hablar sobre mi país se sorprenden de nuestra situación y quedan bien confundidos de que todavía somos colonia. Mi gente, la solidaridad internacional es clave para lograr soberanía en todos los movimientos de liberación.

En 2022, estaba en Palestina por la  cosecha de aceitunas. Vi un nivel de opresión militar y racismo muy fuerte. Una noche caminando en Jerusalem siete soldados sionistas me pararon con sus armas y me preguntaron: «¿eres Palestino? ¡Enséñame tu pasaporte! ¿Cómo se llama tu padre y abuelo?» Cada día observé paralelos entre Palestina y Borikén. Por ejemplo, la mayoría de Palestinos viven en la diáspora, los sionistas imponen sus leyes sin consideración por lxs palestinos, roban sus playas, y los oprimen sin rendir cuenta.

Entonces, este año tomé la decisión de venir a Gaza para hacer logística para un equipo médico de emergencia con Glia; una compañía de equipo médico.

Entré el 1ero de mayo y sigo aquí un par de meses más si no nos matan. Estoy aquí también cocinando en una cocina comunitaria llamada Shabab Gaza y distribuyendo agua potable con Ele Elna

Enak mientras hay un bloqueo total  de Gaza. Mi pueblo, estoy viendo masacres, desplazamientos forzados, Palestinos muriendo (incluso niños), bombardeos de escuelas y hospitales. Vi una niña con la mitad de su cara sin poder ayudarla y oí a los médicos amputar la pierna de un hombre sin anestesia porque literalmente no están permitiendo medicamentos entrar. Hay gente muriendo por falta de electricidad. Cada día escucho bombas y drones como si fuera normal. Nos sentimos olvidados, es decir que el mundo está mirando pero mirar no cambia nada, hay que organizarnos. Luchar contra genocidio e imperialismo requiere acción, cambios tangibles, porque lo que estamos viviendo es real y hay repercussiones tangibles si deciden no hacer nada.

Por supuesto, sé que nos hemos sentido aislados, ignorados y abandonados por la  mayoría de América Latina y el Caribe porque seguimos como colonia. Así se sienten lxs Palestinos en el Medio Oriente. Palestina es un reflejo de Puerto Rico, nuestro enemigo es igual, el imperialismo y sionismo. Deben escuchar a Ghassan Kanafani hablando sobre la causa  Palestina, bien parecida a Comandante Ojeda Ríos defendiendo nuestros derechos bajo ley internacional resistir la ocupación. Es decir, responder a violencia colonial no es violencia, se llama autodefensa. La causa Palestina es la causa Boricua y la causa de todes que luchan contra imperialismo hacia soberanía. Soy un Boricua en Gaza y rechazó estar en el lado equivocado de la historia. Extraño mucho a Borikén y hay una posibilidad que los sionistas me maten, como ya han matado miles de palestinos. No quiero morir o ser perseguido pero, como mis ancestros, hay que luchar contra el imperialismo tanto por mi país como por otros. Tenemos que parar este genocidio y el estado sionista financiado por los yanquis. Y para que sepan, he hablado sobre nuestra nación con Bisan Owda y otres Palestinos, tienen mucha empatía por nuestra lucha aunque ellos están viviendo estos crímenes contra la humanidad. Por eso estoy y ustedes deberían estar en solidaridad internacional con Palestina.

Un pitirre no puede proteger mucho pero muchos pitirres pueden organizarse para proteger un país, hasta matar un águila. Separa’o o como individuos no podemos hacer mucho, pero juntxs somos nueve millones y podemos lograr nuestro deber: independencia bajo nuestras condiciones, autodeterminación y soberanía alimentaria desde Borikén a Palestina. Una Borikén pa’ Boricuas y un mundo donde les que trabajan la tierra estén en poder. Solidaridad con Congo, Sudán, Haití, Sahara Occidental, Guam, Hawai’i, y  todes les oprimides del mundo Pa’lante, siempre pa’lante!

Poemas:

La Verdad

Mi gente

Lxs que se sienten

Impotentes

Son lxs que estan

En la lucha

Quienes nos critican

Y hacen comentarios

Son parte del problema

E impotentes

Somos de la colonia

Más vieja

del mundo

Significa que

Ser Boricua

Es nacer de

Lxs más rebeldes

del mundo

Por eso luchamos pa’

La independencia de

Borikén

Palestina

Ayití

Sudán

Congo

Y todes lxs oprimidxs

Luchamos contra

El imperio yanqui

La junta

Capitalismo

Machismo

«No tenemos miedo /

Porque somos más!»

Juntxs todo es posible

Pa’lante, siempre pa’lante!

Waqf

Querida Gaza

aunque el mundo entero gire

te miraré

escribiré sobre tu belleza

Lloraré contigo

Si los poemas fueran pan

Te llenaría la barriga

Te consolaría desde

Tu primer aliento hasta el último

Recuerdo eterno

Aunque caigan bombas

El sol aún abraza tu piel

Establece intenciones para liberarte

Al amanecer

Galbi, estoy aquí

Los imperialistas pueden

tomar muchas cosas.

¡Pero nunca nuestras razones

para resistir!

Jamás ganarán.

Desaparecidos Sin nombres

Uno.

Tanta muerte

Nos rodea

Incluso las cenizas

Desaparecen bajo

Escombros

Jadeando

Por aire

II.

Ninguna cantidad de

«Lo siento»s

Los traerá

Volver

No se puede revertir

Genocidio

Silencio

Me dijo

Ella no se consuela

Por ti

Habla

O si no…

IV.

Gaza

He venido

A asegurarme

De que no

No mueras

Solo

Seba.

 

Ellos quieren quemar

Nuestrxs libros

Erase us/borrarnos

《Otra vez》

Re-escribir una

Historia omitida

《Otra vez》

Ellos quieren que

Nos olvidemos/

They want us

to forget

Pero no

somos ellos

Jed ume/Bisabuelo

Semillas plantadas

Antes de que reclamaran

Nuestra tierra era suya

Jedat ume/Bisabuela

Me aseguré de esconderte

a plena vista

Dándote vida

Los antepasados se aseguraron

de nuestra resistencia

En el amor a la patria

Dondequiera que sembramos

Estamos aquí y volveremos

XIII.

Vi a un hombre

Atendiendo

Una herida

Abriéndose entera

En el segundo piso

40 años de trabajo

Barridos

Con su escoba

Aquí no

No hay funerales

Para las casas

Quad Copter

Miramos hacia arriba

Al cielo cósmico

Esperando ver

Una estrella fugaz

Pero aquí

La estrella te disparará

Se mueve rápido con

Luces parpadeantes

Cuidado

Imitan

Bebés, personas

Y a los animales

Incluso ponen música

Para atraerte

Hasta tu

Último aliento

A drop in the ocean

Estudié a Ayití

Me quedé pensando

En mi gente

Escuché lo que

Está sucediendo en

Congo, Western Sahara

Y Sudán

Grito

«Fuck el man» y

El capitalismo salvaje

Estoy en Palestina

Viviendo un genocidio

Apoyando al pueblo

Solo/soy una gota

En el bahjar

Juntxs/somos

El mar

Periódico de Ayer | Países de Ayer

Aquí hablamos de querides

Que no nos van a ver mañana

40 años trabajando pa’

Construir tu beit/casa

Destruído por el jurakán

Gringo

O

Destruído usando

Impuestos de la clase trabajadora

Trabajando pa’ los yanquis que

No nos ayudan

Roban tierras

Matan a lxs palestinos

Mientras seguimos trabajando

a muerte

Ambos, boricuas y palestinos

Nos convertimos

en noticias de ayer

 

We Live in Time y Small Things Like These: las emociones escondidas

 

 

En Rojo

 

Al ver la maravillosa (por su despliegue de color, brillantez y movimiento) Conclave, reflexioné que el Vaticano siempre ha sido un tema que nutre la imaginación de escritorxs y artistas de todas las épocas. Su historia verdadera o alterada, al convertirse en un reino con ejércitos que conquistaban tierras infinitas y definían el poder, cubre una inmensidad de temas. Sus monumentos, edificios, capillas, iglesias, plazas, sus ritos y vestimenta y la seguridad de que el Papa es el delegado de Dios en la tierra crea, y lo seguirá haciendo, una mística única. Así escribió en detalle Juan Ramón Recondo la semana pasada. Por otro lado, tenemos la vida mundana y siempre esperanzadora (por eso vivimos y no nos damos por vencidxs) de una pareja que intenta balancear la intensidad del momento y la enfermedad y el cáncer que corroe toda visión de futuro en la emotiva y sentimental We Live in Time. Mientras Small Things Like These nos remite nuevamente a la iglesia Católica que tanto bien y mal hace, tanto revela y esconde. Tanto Conclave como We Live in Time y Small Things Like These se exhiben en Fine Arts Cinema.

We Live in Time

Director: John Crowley; guionista y autor: Nick Payne; cinematógrafo: Stuart Bentley; elenco: Florence Pugh, Andrew Garfield, Grace Delaney, Lee Brathwaite, Aoife Hinds, Adam James, Douglas Hodge, Amy Morgan, Niamh Cusack.

Porque fue un filme que me impresionó sin saber por qué en un momento de mi vida, We Live in Time fue como un flashback a Sliding Doors (Peter Howitt 1998) donde el tiempo corre paralelo y se narran dos posibles historias. En este filme, el tiempo se mide por entradas cortas en varias etapas de las vidas de Almut (Florence Pugh) y Tobias (Andrew Garfield), tanto aparte como juntos, tanto marcadxs por situaciones difíciles como momentos tan llenos de felicidad que parece que nada puede dañarlos. Es un romance como los que disfrutamos ver y participar entre carcajadas, lagrimas y muchas sonrisas. Es precisamente la combinación de estos y muchos otros elementos lo que hace tan hermoso y diferente a este filme. Como ya casi resolvimos el flujo del tiempo—nunca se está segurx porque los episodios en nuestras vidas tienden a repetirse—mis comentarios le dan un orden particular que puede o no coincidir con la de otrxs espectadorxs.

Empezar con un accidente casual que pone a dos desconocidxs en un mismo punto de encuentro; disfrutar de una relación intensa, pero sin ataduras; enamorarse a destiempo; decidir revisar lo que parecía convicciones sólidas; aprender a vivir en pareja y luego expandir para incluir un ser que, sin pedirlo, exige toda la atención de los mayores; enfrentar que las prioridades individuales cambian de valor; poder decidir si nos embarcamos en una vida corta e intensa o una larga desconocida. Estos son los desafíos que enfrentan Almut y Tobias en esta vida tan desafiante, llena de locuras, seriedad, alegría que a veces no sabemos definir o escoger. Conocemos a Almut, desde el principio, como una mujer apasionada que lo entrega todo cuando se traza una meta. Así fue cuando joven como patinadora sobre hielo y ahora de adulta como chef de 1era categoría. Todo lo demás—familia, relaciones, amistades—pasa a un 2ndo nivel ya que esto es lo que ella considera la celebración de la vida, esa única que tenemos. Mientras que Tobias busca la estabilidad y está dispuesto a hacer todo tipo de concesiones para poder unir la pasión y las transacciones diarias que podrán hacer posibles la convivencia por largo tiempo. Esto lo vemos en su relación con su padre y su 1er matrimonio. Mientras tanto, Almut vive la intensidad del momento, deja en la distancia contacto con la familia, ve su pasado como algo superable que no hay que repensar y está dispuesta a tener una vida corta e intensa.

We Live in Time es un filme hermoso y, como un espejo, que ve + que nada nuestra intimidad, nos hace reflexionar sobre lo que nos rodea y lo que llevamos muy escondido como mecanismo de defensa. Ver este filme es como leer las intimidades de los personajes de la escritora irlandesa Sally Rooney (Normal People, Conversations with Friends, Beautiful World, Where Are You, Intermezzo) donde entramos a ese mundo interior donde las barreras se disuelven, pero donde expresar nuestro sentir no es tarea fácil ni deseada.

Small Things Like These

Director: Tim Mielants; guionista: Enda Walsh; autora: Claire Keegan; cinematógrafo: Frank van den Eeden; elenco: Cillian Murphy, Louis Kirwan, Eileen Walsh, Zara Devlin, Liadan Dunlea, Michelle Fairley, Agnes O’Casey, Mark McKenna, Emily Watson, Helen Behan.

Este intenso filme—que pudo hacerse por el respaldo de la casa productora de Matt Damon y Ben Affleck (Artists Equity)—carece, a propósito, de la luz que prevalece en We Live in Time. La historia se desarrolla en 1985, semanas antes de la Navidad, en el pueblito irlandés de New Ross en el condado de Wexford. Estos detalles son importantes porque su pequeñez hace que todos se conozcan, se ayuden, no se olviden de rencillas entre familias, sepan a quiénes no ofender para no recibir su venganza y callar los secretos de la comunidad. Todas las escenas son oscuras, es un invierno muy frío, se trabaja rápidamente antes de que salga el sol grisáceo y se llega a la casa sin casi haber visto la claridad. Bill Furlong (Cillian Murphy) es un distribuidor de carbón y esencial para proveerle a la comunidad, casas y negocios donde puedan resguardarse del frío. Todxs lo respetan por ser un trabajador responsable y un padre de familia proveedor de su esposa Eileen y sus cinco hijas. Es callado, observa, pero no critica, y parece estar satisfecho con seguir la costumbre de la comunidad de no meterse en los asuntos de otros. Todo esto cambia en su mente, pero no en su comportamiento, cuando ve a una mujer obligando a su hija adolescente a entrar en el convento de monjas al que él le provee carbón. Por supuesto, nuestra pregunta y la de Bill, sería por qué esta resistencia de la joven a un lugar conocido por ayudar a la comunidad, proveer educación y ser un bastión de la iglesia Católica. Pero, para Bill este incidente es familiar y por eso su pasado como niño es tan doloroso.

Una vez que nos adentramos al convento—ese donde Bill lleva carbón regularmente—lo que vemos, a través de sus ojos, es un lugar sombrío en vez de acogedor, con monjas que no saben sonreír ni ser compasivas, aunque juren que lo que hacen es por el bien de las almas de las jóvenes encerradas en este y otros lugares conocidos como “Magdalene Asylums/Laundries”. Si recuerdan la hermosa y muy triste historia de la protagonista de Philomena (Stephen Frears 2013), interpretada por Judi Dench, ella fue “acogida” en uno de estos centros por estar embarazada y ser una menor. Y aunque en un principio en el siglo 19, estos “asilos” se crearon para rehabilitar a jóvenes sin hogar y viviendo en las calles y luego se extendieron a jóvenes embarazadas o de comportamiento inmoral (definido por la iglesia Católica), verdaderamente sirvieron para castigar y encarcelar a cualquier joven que los padres creyeran que podía avergonzar a la familia. Además, estos lugares se volvieron un negocio lucrativo al servir de lavanderías en pueblos y ciudades de Irlanda. La práctica no cesó hasta 1996 y la iglesia nunca admitió culpa, aunque el gobierno sí pagó compensaciones a las mujeres sobrevivientes.

En Small Things Like These, el pueblo sabe muy bien lo que ocurre en el convento, pero también saben el poder que ejercen las monjas y la iglesia. Conviven con esa injusticia por miedo de perder lo poco que tienen. Esta tensión y convivencia es ilustrada magistralmente en la conversación que sostiene Bill con la madre superiora Mary (la fascinante Emily Watson) que nos deja en suspenso por la fuerza de las palabras y convicciones que prevalecen en este pequeño pueblo.

 

 

 

 

Intempestiva con espectáculo y box

 

 

  1. En 1909, y en el mes de noviembre, un periódico publica un cuento de Jack London titulado A piece of steak. La trama gira en torno a un boxeador de pasada gloria llamado Tom King y su última pelea contra Sandel. Esta es una pelea en el que la juventud de Sandel se enfrenta como ventaja contra la esperanza en la experiencia de King. Para esta pelea King cena el último pan con salsa que queda en la casa, y envía a mujer e hijos a la cama con el estómago vacío, y la promesa de regreso con la victoria y la bolsa.
  2. Luego de una posposición, conferencias de prensa, y un guión con el cariz de una telenovela, Michael Gerard Tyson se enfrenta a Jake Paul en una pelea de exhibición a ocho asaltos, de una duración de dos minutos cada uno, para un total de 16 minutos de combate. Mike Tyson, discípulo privilegiado de la escuela de Cus D’Amato promete una humillante victoria sobre Jake Paul, un prankster youtuber con fantasías de box que ejercita sus victorias sobre peleadores que una vez fueron huéspedes en la Casa de la Gloria.

No tengo Netflix, pero de haber querido verla, lo habría logrado por otros medios. No quise verla, por más que tuve la sincera esperanza de que Tyson iba a poner en su lugar a Jake Paul. En Mike Tyson muchos vimos el boxeador que detendría a Jake Paul de una manera certera, y que con esta victoria, un pequeño honor quedaría restituído en medio de la gran mancha que deslumbra al box. Tyson sería el «¡No pasarán!» Rojo ante el avance franquista en la Guerra Civil Española. Pero no fue así.

  1. En el cuento de Jack London, la pelea entre King y Sandel representa el eterno dilema del box, la juventud vs. la experiencia, en uno más presente que en el otro. Tom King representa al boxeador que los promotores lanzan como carne ante el avance leonino del prospecto joven y promisorio. Sandel es la juventud carente de la versátil experiencia, pero salvaje y elástica en sus movimientos. Le falta la maña que sólo se adquiere en el trajín del combate que sólo se adquiere en la experiencia del dolor en estricto singular, en primera persona. Porque el boxeo no sólo es la dulce ciencia de golpear sin ser golpeado, es además la disciplina propia ante el dolor. Un boxeador camina hacia el dolor cuando el resto lo rehúye. La bella gloria de un boxeador es cónsona con su disciplina ante el revés del dolor. Cuando todo falla, la esperanza reside en su experiencia.
  2. Sin embargo, la experiencia no sirve de mucho cuando el estómago está vacío. En el box, es necesaria la pobreza para salir de ella. Esa es la historia común en el box, from rags to riches. En la pobreza, la voluntad de salir impulsa al boxeador a afinar su puño. En la riqueza, el despilfarro en el entourage y la vida lujosa deaemboca, no pocas veces, en una segunda visita de la pobreza. Le pasó a Tom King, le pasó a Tyson y a tantos otros.

Es en esa segunda visita del hambre que el «dive» se convierte en una dulce tentación. La pobreza en Tom King se manifiesta en la falta de un buen bisté para sostener sus brazos y piernas. Con cada golpe, con cada finta, Tom King sólo piensa en el pedazo de bisté, en ganar la pelea y así proveer sustento a la familia. La Experiencia es su empuje. Sandel, la juventud que se interpone.

  1. En el caso de Tyson, es difícil hablar de una actual pobreza económica. Así como Tom King, Mike Tyson sale de la pobreza vía el box, y si bien es cierto que el exceso lo devastó a una quiebra personal y económica, también lo es que ha logrado recuperarse gracias a inversiones y actividades que le han logrado una suficiente solvencia económica. En la mesa de Tyson el pan con salsa brilla por su ausencia, no es el plato insuficiente que debe ingerir previo a una pelea, y por esta razón enviar a mujer e hijos a la cama con el estómago vacío.

Tampoco Jake Paul es Sandel. Lo único común en ambos es que enfrentan a un boxeador ya pasado de su gloria y que prometió una victoria para perder por decisión unánime. El prankster youtuber que pasó de llamarse The Problem Child a El Gallo de Dorado, a El Gallo, quisiera ser un boxeador. Tiene los movimientos de boxeador, golpea como un boxeador, pero no lo es. Las cualidades del traje no hacen al traje, de igual manera que la túnica no hace invisible al rey. Sandel, un personaje de ficción en un cuento de box, tiene más de boxeador real que lo que puede tener Jake Paul, esto al menos para los que pensamos que todavía en el boxeo se puede pensar con cierta honestidad. Una pelea de exhibición –con un guión– en la que las probabilidades de manera absoluta están a favor de una de las partes, es peor que una pelea desigual en términos de los contricantes. De un modo u otro la desigualdad está presente en el box, estatura, peso y alcance, juventud, experiencia. Algunas, como el peso, tienen ajuste y penalidad. El resto, lo decide el baile, la finta y el golpe.

  1. Un día antes de la pelea, por los medios se coló un guión en el que Tyson perdía ante Jake Paul en el quinto round vía knockout. Momentos antes de enterarme de este guión — una cosa llevó a la otra, casi al instante –, vi la escena de la última conferencia, donde Tyson abofetea a Jake Paul por este pisarle un pie en el momento del careo. El resultado de la pelea asegura una bolsa de 40 millones a Jake Paul, y una de 20 millones a Mike Tyson, eso sin contar las apuestas y otros beneficios al margen del evento.
  2. En el cuento de London, Tom King no hizo «dive». Perdió por hambre, y con hambre y manos vacías regresa a la casa. No puede pagar un taxi. El dinero que le correspondía por perder la pelea, ya lo había gastado en prèstamos contra esa bolsa para así poder poner comida en la mesa. El pan con salsa era lo último que sobró de ese dinero. Con un llanto en silencio, Tom King emprende el regreso. Muchos años después, Anthony Quinn hace un regreso similar en Requiem for a Heavyweigh, sólo que en el papel de Mountain Rivera, Quinn no vierte lágrimas. Camina hacia el pequeño apartamento en que vive haciendo fintas. Momentos antes recibe un knockout de parte de un boxeador joven de nombre Cassius Clay, que luego se convertiría en Muhammad Alí, y a quien Tyson vengaría en su pelea contra Holmes en 1988. Jack London tardó medio mes en escribir A piece of steak, y le pagaron quinientos dólares para publicar este cuento por primera vez en el Saturday Evening Post.

Acá, al otro lado de la pantalla, pierde el fanático del box. Yo no puedo asegurar que Tyson haya hecho un «dive». Pero tampoco puedo dejar de pensar en ello. Cuando miraba los videos de su preparación para esta pelea, podía ver en medio de todo, que algo faltaba en Iron Mike. Lo notaba en su mirada. El espectáculo no ocultaba la verdad que transmitían sus ojos. No había miedo, ni la agresión, sí estaba su espectáculo. Lo fundamental estaba ausente, y aún con todo y eso, guardaba esperanza de que lo dejara salir a ùltimo minuto, de que iba a mandar el guión a la mierda, y se dispusiera a arrancar la cabeza de Jake Paul. Según lo que he visto en los clips que han salido de esta pelea, ese no fue el caso.

  1. En el caso de Puerto Rico, nosotros somos los grandes perdedores, y nada tiene que ver conque Tyson haya perdido. Es enfrentarse una vez más a la humillación, mientras los fotutos de turno ya preparan la caravana de recibimiento de Jake Paul emulando las que hicieran con glorias pasadas del box puertorriqueño, como las de Tito Trinidad. Un país de baile, botella y baraja, de pensamiento mágico, y de boba gratitud hacia uno de los invasores que saquean esta isla en nombre de la Ley 22.
  2. Mientras, acá el plato de pan con salsa que cenamos a diario, y así, macilentos, nos agarramos de la experiencia del dolor para enfrentar con fintas y esquivos los golpes que provienen de cada día nuestro.