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Nuevo récord mundial para Cuba en el 505 aniversario de La Habana

 

Corresponsal de CLARIDAD

 

La Habana, Cuba –El multirecordista mundial de dominio del balón Erick Hernández volvió a alcanzar otra cota universal al recorrer una distancia de 10 kilómetros en un tiempo de  2:29.33 horas y dominando una pelota solo con la cabeza, los pies y los muslos sin dejarla tocar el suelo.

El cubano, conocido popularmente en Cuba como “el Dominador”, logró la hazaña durante la tradicional carrera del Marabana que se celebra todos los años por estas fechas, en coincidencia con el aniversario de la ciudad de La Habana.

“Este récord significa mucho […] es un regalo que le quiero hacer al 505 aniversario de La Habana y es mi cuarto récord del año. Hacer cuatro récords en un año es algo bastante complejo”, expresó Hernández al periódico CLARIDAD tras cruzar la meta el pasado 17 de noviembre.

En octubre de este año el multirecordista había establecido otra marca mundial al tocar en 13,985 veces un balón durante una hora.

Previamente, había roto su propia marca de más tiempo dominando un balón solo con los pies en una posición de sentado y con 1.5 kilogramos de peso atados a cada tobillo durante 3:07.28 horas.

Pero a pesar de su experiencia en estas lides, la recién culminada proeza supuso para el cubano un reto adicional.

“Es un récord que cambia completamente toda la preparación física y toda la preparación metodológica y psíquica con respecto a los récords anteriores, que habían sido desde la posición estática. Este es completamente en movimiento, depende mucho de los factores climatológicos, de la superficie, etc”, detalló el recordista.

Nacido en La Habana en 1966, Hernández se inició en el mundo del dominio del balón en 1996 y desde entonces ha logrado un sinnúmero de palmarés universales, entre ellos, dos récords Guinness.

Posee la marca de más toques al balón solo con la cabeza en un minuto (351 golpes) y el deportista que en singular ha estado más tiempo tocando la esférica solo con los pies de manera ininterrumpida (12 horas 06 minutos 10 segundos). 

Hecho ya su sitial en el ámbito universal, Hernández asegura que para él es un compromiso mantener el nivel que ostenta y por el que se le conoce en el mundo entero.

“Para mí es un compromiso y eso me obliga a prepararme cada vez con más ahínco, con más perfección para los retos y para no defraudar a las personas que me siguen”.

AUMENTA PARTICIPACIÓN EN LA INTERNACIONAL MARABANA

En el contexto del 505 aniversario de la ciudad de La Habana, tuvo lugar el pasado 17 de noviembre la tradicional carrera Marabana a la distancia de 5k, 10k, 21k y Maratón.

El evento contó este año con la participación de más de 2,000 corredores de 46 países, uno de los mejores registros de concurrencia de los últimos años.

Las coronas en la prueba reina de 42k se la llevaron Dairan Suárez con tiempo de 2:37.28 horas, en la rama masculina, y Milena Pérez con 3:03.37 horas, en la rama femenina, ambos cubanos.

En la Media Maratón, también se impusieron corredores locales: Francisco Ronnei Estévez con 1:06.51 horas (masculino) y Anisledis Ochoa con un crono de 1:15.21 (femenino).

 

No pocas interrogantes se abren con esta nueva presidencia de Donald Trump.

 

 

Esta nueva elección de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos es una reafirmación y una muestra de cuan polarizada está esa sociedad y de las fracturas al seno de su elite política.

Por muy extraño y abigarrado que nos resulte el discurso y la actuación impulsiva de Trump, su contundente victoria electoral refleja y resulta un espejo de las contradicciones e inseguridades que afectan a amplios estratos del pueblo estadounidense. A su vez, el respaldo obtenido por el presidente electo y a sus acciones revelan buena parte de la verdadera cara actual de Estados Unidos. Hay que entenderlo así para comprender algo de lo que se cierne sobre el futuro inmediato de ese país y su papel en el concierto de naciones.

El triunfo en las urnas para su reelección fue muy sólido y mucho más allá de lo esperado. Por vez primera obtuvo la mayoría del voto popular y ganó en todos los estados decisivos, habitualmente fluctuantes entre ambos partidos.  Con ello, en el determinante Colegio Electoral, Trump obtuvo una amplia mayoría de 312 votos de los 538 que se emiten en ese peculiar ente electivo.

A la par con ello los republicanos conquistaron la mayoría en el Senado, la retuvieron en la Cámara de Representantes y, con ello, Trump va a contar con el predominio en las tres ramas del gobierno – Ejecutivo, Legislativo y Judicial – dada la posición conservadora de seis de los nueve integrantes del Tribunal Supremo, varios de ellos nombrados por Trump durante su primer mandato. Sobre esa base, y sin descartar la ocurrencia de contradicciones, podría darse un ejercicio más sintonizado políticamente por parte del gobierno federal -al menos, en los próximos dos años. Tal situación sería, sin dudas, algo desventajoso para las fuerzas populares dentro de Estados Unidos, así como para quienes en el exterior enfrentan las presiones del imperio.

El ex presidente manejó con efectividad su retórica antiinmigrante, manipuló las preocupaciones populares acerca de la situación económica, y se benefició con los deseos de cambio del electorado y al enfrentar a una oponente que no logró legitimidad entre los votantes.

El triunfo de Trump se produjo pese a que el Partido Demócrata se ha movido más hacia la derecha – o quizás porque debido a ello ese partido enajenó sus bases. Asimismo, el ex presidente se impuso a pesar de los muchos procesos judiciales que enfrenta, que en buena medida fueron instrumentalizados contra él bajo la presidencia de Biden.

Por otra parte, algún peso tuvo el error de cálculo de los demócratas al basar su campaña en la creencia de que tendría lugar nuevamente – y que les bastaría para imponerse -, la ocurrencia de un rechazo popular mayoritario a la figura de Trump, similar al que sirvió de base para el triunfo electoral de Biden hacia solo cuatro años. De ahí la insistencia del actual mandatario y sus partidarios en demonizar e inyectar temores respecto a Trump, y de que éste, de triunfar, pondría en peligro los cimientos de la democracia estadounidense.

En alguna medida lo ocurrido en los últimos años desdice bastante de la imagen hollywoodense que muchos tienen de Estados Unidos. La idea de un país inspirador, de formas civilizadas, tolerante ante la diversidad. Trump, y todo lo que tiene detrás su triunfo, rompe con esa imagen.

El papel y la irrupción de Donald J. Trump en la política estadounidense en los últimos diez años puede analizarse tomando como centro, bien su figura, su personalidad, o bien considerando el momento que vive el país, sus muy serias fracturas sociales y políticas, así como, en general, el contexto y búsqueda – por parte de la elite dominante – de una salida a los desafíos y la paulatina declinación de la primacía estadounidense.

El Presidente electo es como la personificación de un proyecto de elite alternativa al modelo que está en quiebra hoy en día. Se ha afirmado que viene a ser la representación burda del ocaso del imperio.

Aunque cuenta, por supuesto, con importantes apoyos oligárquicos. Trump vuelve a la presidencia sin haber sido el preferido para una buena parte de la elite del poder. Entre los nuevos factores oligárquicos se encuentran multimillonarios crecientemente activos de manera directa en la política del país, como es el caso de Elon Musk, de 53 años, catalogado el hombre más rico del mundo y a quien Trump ha designado para que dirija el nuevo “Ministerio de Eficiencia Gubernamental” encaminado a encabezar un intento de reducir el gobierno y desmantelar la burocracia.

En varios aspectos importantes, el nuevo mandato de Trump también introduce ruidos en la continuidad de la política exterior y en su sistema de alianzas. Parte de sus dichos han generado temores entre sus llamados aliados transatlánticos y podrían materializarse en políticas que generen una peor y más tensa relación.

No obstante, está claro que esas posiciones medio heréticas de Trump no alteran el consenso esencial de la clase política yanqui en temas de política exterior.

Está aún por verse cuanto de desafío a las fuerzas afines al poderoso Complejo Militar-Industrial lleguen a significar los pasos del gobierno Trump para cumplir sus promesas de terminar con celeridad la guerra en Ucrania y de reducir su apoyo a la OTAN.

Al propio tiempo, no hay que desconocer que varias de las grandes empresas productoras de equipos bélicos cuentan con divisiones o son parte de conglomerados con vertientes de negocio y experiencia que les permiten sacar frutos, también, en proyectos para la reconstrucción de los países destruidos por las guerras, como es y será el caso de Ucrania.  Es decir, sectores del Complejo Militar-Industrial y otros grupos financieros estadounidenses, incluso aquellos menos beneficiados por la proyección bélica en Ucrania, estarán prestos y con la capacidad de lucrar después del conflicto, incluyendo hacerse a bajo costo con importantes activos y recursos de los entes locales que resultan fuertemente endeudadas como resultado del esfuerzo bélico.

Todavía faltan dos meses para la toma de posesión. Un elemento importante en la gestión de Trump en su nuevo mandato estará, sin dudas, en la esfera económica, en la utilización agresiva de sus recursos de poder e influencia económica.

Trump avanzó con facilidad en su campaña sin tener un plan claro para la batalla del año próximo sobre los impuestos, pero pronto tendrá que enfrentarse a la realidad. Los recortes de impuestos por valor de miles de millones de dólares aplicados en su primer mandato expirarán a fines de 2025.  En su campaña el ahora presidente electo se había comprometido a hacer permanentes esos recortes de impuestos, al mismo tiempo que propone nuevos recortes de gran alcance. Esas exenciones afectan principalmente a los contribuyentes individuales, y los impuestos de casi todos aumentarían si se permite que caduquen a fines del año próximo.

En ese campo, como en muchos otros de sus planes de gestión de gobierno, estará guiado por su concepto de priorizar el interés de Estados Unidos por sobre todo lo demás, y en el propósito de Hacer Grandioso de Nuevo a Estados Unidos (MAGA: Make America Great Again), lo que no quiere decir que vaya a adoptar una clásica política aislacionista.

Trump quiere financiar los recortes de impuestos a la renta con fuertes aumentos de aranceles a las importaciones (que serían extremadamente altos para los productos de China). Está por verse como compensarían el gran impacto inflacionario que ello conllevará.

Por otra parte, como sabemos, el presidente electo se ha movido rápido en la selección y anuncio de quienes ocuparán muchos de los más altos cargos en su administración. A primera vista se observan grandes diferencias entre ellos, según su trayectoria y posiciones políticas, lo que hace pensar en la probabilidad de que se acentúen luego las contradicciones internas en el gobierno. Se destacan los casos de Robert F. Kennedy Jr. y de Tulsi Gabbard, ex demócratas que le dieron un muy sonado apoyo a Trump, pero con abiertas posiciones contrarias a los excesos militares del país. Llama la atención que la Gabbard esté siendo nominada como Directora de Inteligencia Nacional.

Por otra parte, entre los nombramientos, uno muy diferente a los antes mencionados, y de los más polémicos, es el del Senador de origen cubano Marco Rubio como Secretario de Estado. Éste, su antiguo contrincante, ha expresado ya su agradecimiento y lealtad a Trump, aunque es claro que Rubio tiene definida una agenda propia de línea dura, y ha expresado que trabajará “por la paz a través de la fuerza”.

No parece que esta designación sea algo que, en general, le aporte mucho al propio Trump, aunque al haberlo escogido denotaría una intención también por parte del presidente electo, de abordar con agresividad la política hacia Cuba, Venezuela y en otros asuntos y países de la región., mientras que generará vaivenes en las siempre complicadas relaciones con China, entre otros.

Estas son nominaciones de Trump que estarán a la espera de obtener aprobación en el Congreso después de su toma de posesión.

Mientras tanto las reacciones favorables a la nominación de Rubio incluyen, entre otros, saludos de connotadas personalidades reaccionarias como Jair Bolsonaro, del presidente paraguayo, y María Corina Machado, mientras que fue catalogado como una pésima noticia y con expresiones de preocupación por voceros chinos, latinoamericanos y otros. Asimismo, algunos consideran que puede conducir a cierta falta de diálogo político con algunas contrapartes, incluso moderadas, como los gobiernos de Brasil y Colombia, que han sido objeto de ataques por parte del Senador Rubio.

Será Otra Cosa-Inadvertidas combatientes

 

Especial para En Rojo

 

Bien se sabe cuán falaz es el carácter solitario que suele atribuírsele al acto y a la práctica de escribir. Se escribe “sola” entre multitudes. La escritura es un arte de asamblea porque debemos su mecánica a la larguísima historia evolutiva del cuerpo de nuestra especie. También lo es porque escribimos acompañadas, sepámoslo o no, por la literatura mundial en su inagotable diversidad; escribimos porque leemos. Por si fuera poco, escribir es, además, un ejercicio de transmutación del lenguaje mismo y de nosotras, que lo atravesamos y a quienes nos atraviesa. En otras palabras, la escritura es edición. Pienso que escribir es saber —e incluso desear— abrirse con inquietud confiada a que, además de nosotras mismas, otras lectoras con criterio nos recorten, peguen, reorganicen, desafíen, amplíen, profundicen. Sin ese acompañamiento, la escritura —sobre todo cuando su voluntad es al arte— no sería tal cosa. Escribir, leer y editar conforman, pues, un continuum de creación que no se agota nunca.

Desde hace muchos años, edito, formal e informalmente. El oficio como editora, me parece, ha sido esencial para mi pasión y disciplina como escritora. Por definición, la editora, quien ha de ser navaja, esparadrapo y agua oxigenada, debe pasar inadvertida. Solo si no se notan sus manos de costurera, de alfarera, de cirujana; si la escritura —tono, ritmo, imágenes, léxico, estructura, sintaxis, ortografía— parece haber emergido exactamente así, como la leemos cuando lo hacemos, la editora habrá hecho bien su trabajo.

En este año 2024, Editora Educación Emergente, el proyecto independiente en el que trabajo como editora junto a Lissette Rolón Collazo, cumple quince años de labor en el Puerto Rico nuestro, con su cordillera de herida y su litoral de cicatriz. Falto a la bienvenida invisibilidad de la editora escribiendo esta nota en reconocimiento y celebración del oficio, que tampoco es solitario. Reconozco y agradezco a todas las editoras que seguimos comprometidas con la palabra certera y la cadencia precisa; con la vital necesidad de la lectura, el estudio y la investigación; con la apuesta por publicar los mejores libros que seamos capaces de producir, véndase lo que se venda; con el enorme sentido de responsabilidad que supone, en un mundo en llamas, asumir una voz en público y decir, tomen este objeto, humanos desconocidos, y léanlo, que será bueno. Celebro también la fantástica compañía de tantas personas que nos asisten día tras día en las muchas tareas, gestiones, diálogos, fatigas y escollos que supone la aparición de un libro, sobre todo en un país como el nuestro y en un presente histórico como el que nos acontece.

Es la tercera semana de noviembre. Han pasado las elecciones de 2024. Seguimos haciendo libros. Seguimos creando arte de incontables maneras. Seguimos laborando en comunidades y colectivos de base. Seguimos organizándonos políticamente y oponiéndonos al expolio. Lo hacemos de Cabo Rojo a Fajardo, de Aguadilla a Vieques. Estamos aquí y de aquí no nos vamos. Sabemos querernos y comprometernos, a la vez, con el mar y con el cielo, como los manglares que somos. Entrelazamos rizomas y protegemos la orilla. Nos sabemos juntas aun cuando no se nos vea. Acá abajo, junto a numerosos proyectos hermanos en los que cada día cultivamos la política de rigurosa ternura que caracteriza a las mejores editoras, continuaremos apalabrando con acciones y accionando con palabras el país anhelado, inadvertidas combatientes.

La construcción de la luz según el artista Rogelio Báez Vega

 

 

Especial para En Rojo

Nos acompañan las paredes. Sus grietas, su superficie imperfecta, sus decenas de capas de pintura aplicada a través de los años. Nos acompañan de manera imperceptible, omnipresente como una textura del tiempo, el rastro de lo que dejaron otros.

“Como es la superficie cuando se satura esto por muchos años,” dice Rogelio Báez Vega mientras toca la pared, “como cubrimos las cosas… El “dejo”, el pintar un receptáculo, los zócalos, todas esas marcas me traían un abandono que viene con la pobreza de espíritu, de perder el orgull. Yo quiero esa saturación y esa superficie.” Subimos por la escalera a su estudio en Villa Palmera, flanqueada por obras de José Rosa, Eli Barreto, José Alicea y tiestos en cerámica de Isla del Sol.

Báez Vega nace en Santurce en 1974, “Entre la Carrión Maduro y la Belaval,” recuerda “Yo vengo de un espacio en Santurce, que del asunto de la mala planificación, cogió un pequeño barrio y lo borró de la faz de la tierra” dice Báez. En su niñez, jugaba en los predios de la que fue la casa de Emilio S. Belaval (escritor y ensayista que da nombre a la calle de la localidad), donde incluso, veían sus libros a través de las ventanas; hasta llegar un día y no encontrar nada en el lugar. Una aplanadora la había arrasado. Solo quedan sombras, recuerdos, como figuras oscuras que se desplazan por el lienzo en 1986, Santurce, Puerto Rico (2022).

Se mostraba una dualidad social: el desarrollo desenfrenado y la enajenación del individuo. “Yo me crío viendo todos estos edificios: de Klumb, de Ferrer, de Rodolfo Fernández, que es mi arquitecto favorito, pero empiezo a ver el problema de la no planificación, la ausencia de la arquitectura.” El espacio con el que no nos asimilamos, el que nos repele, nos enajena, nos hace exteriores; lo plasma con una gasolinera en Investment Opportunity, Guanica, Puerto Rico (2023). El entorno urbano, la arquitectura, se interioriza en el joven que se subía a los tejados y azoteas a mirar la ciudad.

Es en estas calles, donde la luz rebota entre el hormigón y el vidrio, que se topa con el taller de Fran Cervoni, “Me gustaba el arte y lo que veía,” nos dice, “yo veía mucha gente saliendo y entrando en el taller de Cervoni, en la parada 26. Y un día me acerque; deje mi bicicleta en el piso y subí.” El maestro lo incita a que venga los sábados a tomar clases, comenzando por dibujo a base de modelos de yeso, “dibuje un montón de orejas, ojos y narices. (Un proceso) odioso, pero después lo disfrute mucho.”

Para mediados de la década de los noventas, trabaja en el Taller de Ebanistería del Tribunal Supremo de Puerto Rico como modo de sostener a su joven familia; uno de solo dos talleres que había escapado la privatización. Es ahí que presencia la llegada de las “carpetas”, habilitando el espacio para estas en funciones de bibliotecario. Durante esos ocho años, en las noches, estudiaba un bachillerato en Artes Visuales en la Universidad del Sagrado Corazón, el cual no completa por una clase de “un señor que no la daba de noche”.

Para 1999, Elizam Escobar, preso político y artista puertorriqueño, consigue la excarcelación y ejerce docencia en la Escuela de Artes Plásticas de Puerto Rico, e invita a Báez Vega (quien era parte del Comité de Excarcelación de los Presos Políticos) a matricularse en dicha institución.

La referencia a la arquitectura y el entorno en la obra de Rogelio Báez Vega es absoluta, pero no recurre meramente a una mimesis superficial, sino que plasma la historia del abandono de un pueblo, su coloniaje, con la vegetación que consume, que corrompe los elementos que una vez lo edificaron. “La empiezo con la noticia de la Junta de Control Fiscal con los recortes a la UPR, y yo estoy en la (Biblioteca de la UPR) Lázaro, que hay unos cristales rotos en la parte de atrás y hay palomas que se están metiendo,” dice Báez Vega, “y yo quiero hablar de mi país.”

“Yo asistía a una pintora, que para mí, es la mejor pintora puertorriqueña viva: Amanda Carmona Bosch,” recuerda Rogelio Báez, “fue mi mentora.”. Es en este aprendizaje, en, “Esa búsqueda de cambiarlo todo, para crear algo único.” que emplea una técnica que le enseñó la artista: la cera fría. Una mezcla densa, espesa, de resina y cera, que carga pigmentos con alta saturación. La elabora en una pequeña cocina en la parte trasera del estudio, al fondo del pasillo, en el que cuelgan paisajes marinos, urbanos, naturales e innaturales.

En su búsqueda de instrumentos para manejar la cera fría, (inmanejable por su densidad con un pincel) se da cuenta que un objeto cotidiano es ideal, –la tarjeta de crédito- . Le facilita el detalle, el realismo, la precisión. Las mantiene en una pequeña caja plástica, una tras otra, manchadas con decenas de colores.

“Intento emular la realidad pero no a través de la mímica, sino de la textura.”, nos dice, “De cómo se pone el yeso en la pared… con una capa tú no puedes plasmar esto… sobre todo en un edificio viejo donde se han dado muchas manos.” Una búsqueda de plasmar una realidad más cercana, más tangible en la emulación del entorno, tirando de ficciones y recuerdos. Utiliza sellos elaborados en madera, paletas, tarjetas, esténciles, en un juego de evasión con la tradición del pincel,- de construcción de obra. La obra de Báez Vega es, propiamente, el arte como construcción, como elaboración metódica de un ensamblaje, el diseño y la arquitectura del lienzo.

Su taller/estudio refleja esta constante construcción, los envases de pigmentos, la cinta adhesiva, las imágenes de referencia, los esténciles que cuelgan de la pared. Pero el artista está pronto a mudarse a otro espacio cercano. “Todas las veces que he formado un estudio y la vida me lo tumba.” nos dice. Es el reflejo, el efecto en el arte, de un pueblo en condiciones precarias, inestables, donde la impermanencia es la regla. “Es una piedra que entorpece la generación de artistas. Andamos como nómadas.” El no poder quedarse en un solo espacio altera la visión y producción del individuo. Pero lo hemos aceptado, aceptamos la precariedad.

Rogelio Báez Vega toca a su perro, que se acuesta en el suelo frente a nosotros. Alrededor, algunos santos de palo antiguos nos miran desde sus rincones, y la obra de Rogelio nos cubre de color dorado. “El dorado es luz… Entender como rebota la luz en los edificios, los hace más grandes. El pigmento de oro no es color, sino que la luz rebota en el metal. Mientras más luz tiene, mas brilla.” Su uso recuerda los íconos Bizantinos, retratos y escenas que se remontan al siglo VI, en el que el oro invocaba la divinidad, la iluminación misma. Recuerda una vez en que un vecino, desconociendo que trabajaba en una obra de gran formato, con grandes cantidades de pigmento de oro, le preguntó qué era lo que tenía “en esa sala (su estudio), que parece fuego.”

Rogelio Báez Vega se encuentra en un momento crucial: presenta su primera exposición internacional individual, Construct of a No-Country, en la galería Lehmann Maupin, de Londres, Inglaterra, con apertura el 19 de noviembre. La muestra consta de un estudio continuo del patrimonio de la modernidad, la construcción de la ficción veraz, la crítica del abandono, del fracaso del proyecto modernizador y la relevancia que se le adjudica a las instituciones. El mismo Tribunal Supremo se vuelve un teatro, o un techo para el ganado.

“Hay una libertad de construir, imaginar más, ser más incisivo en la imagen que construyo, pero esa libertad la estoy buscando, como que me siento intimidado, pero también es por respeto a los artífices, los arquitectos.” Pero también es una crítica a la tropicalización, al uso del genio para los proyectos políticos.

Le pregunto qué es esa libertad, qué es lo que la afecta: “Siempre tenemos esta carga. ¿Somos los artistas los responsables de meter el dedo en la llaga? ¿Tenemos que tener ese peso? Siento esa responsabilidad.” dice el artista. “Me gustaría poder mirar el paisaje de la costa sin tener que hablar de violencia. Es bello pero es duro vivir en él. Te erosiona, te macera… ¿Por qué estoy en Vieques y tengo que pensar en todo esto? Es la conciencia que te está dando duro ahí, y no te deja contemplar la belleza.” Es la indagación, la misma luz que buscamos, la luz que incendia la construcción de su obra.

 

 

 

Los conflictos teatrales del Vaticano en Conclave

Especial para En Rojo

 

Los historiadores argumentan que las raíces más antiguas del performance radican en antiguos ritos religiosos egipcios representados en el Ikhernofret Stela, un texto grabado en piedra que documenta una ceremonia en honor a Osiris en el 1864 a. C. Así como el teatro se origina en el evento religioso, creo que mi interés por el teatro comenzó en mi aburrimiento con la iglesia católica. Recuerdo tener que ir a misa cada domingo porque serví de monaguillo en la iglesia Fátima de Hato Rey. Esa hora se sentía como una eternidad. Para pasar el rato, me fijaba en toda la belleza visual bizarra que me rodeaba en la iglesia: las representaciones sangrientas y oscuras de la pasión de Cristo; los vestuarios de los sacerdotes; los ritos que me parecían hechizos; la inmensidad del espacio que siempre olía a madera y a velas; y el altar y toda la utilería sacra que incluía campanas, crucifijos de todos los tamaños y el cáliz dorado. Todavía siento que cuando nos congregamos para ver una obra de teatro, hay algo religioso y mágico en la decisión del espectador en creer con cierta fe en una realidad alterna que se abrirá dentro del espacio escénico. Los escenarios y teatros son indiscutiblemente templos. La más reciente película de Edward Berger, Conclave (Reino Unido y EE. UU., 2024), resalta la teatralidad y el poder visual de la iglesia. No quiero decir que la película es como una obra de teatro. El poder del arte escénico está en su fisicalidad y en los mundos tridimensionales que se construyen para el público. Pero Conclave demuestra la fascinación visual que tiene Berger con la iglesia y la capital del catolicismo, el Vaticano. El director acentúa la espectacularidad de la sede de la iglesia católica, que nos recuerda a los teatros de ópera de Amadeus (dir. Milos Forman, EE. UU. y Francia, 1984) y las intrigas míticas en The Lion in Winter (dir. Anthony Harvey, Reino Unido y EE. UU., 1968). Ambas películas que menciono son adaptaciones fílmicas de obras de teatro (la primera escrita por Peter Shaffer y la segunda por James Goldman). Estas películas reflejan cierta teatralidad en los golpes visuales en las actuaciones tanto de Tom Hulce (Mozart) y F. Murray Abraham (Salieri) como de Peter O’Toole (Henry II) y Katharine Hepburn (Eleanor); en los ambientes coloridos y dinámicos de los teatros de ópera vieneses del siglo 18 y los grises castillos medievales; y en los fabulosos vestuarios de ambas películas. Aunque Conclave está basada en la novela homónima de Robert Harris, Berger también explora en su película la monumentalidad teatral del Vaticano y las míticas intrigas de palacio en el marco épico de lo que se siente como una obra de Shakespeare.

En Conclave, el cardenal Lawrence (Ralph Fiennes) es el decano del Colegio Cardenalicio del Vaticano. Cuando muere el papa, Lawrence, junto al comité de cardenales, es responsable de llevar a cabo las elecciones para escoger al próximo sumo pontífice. Los candidatos para la posición incluyen al aparentemente humilde pero ambicioso Bellini (Stanley Tucci), al nervioso y poco confiable Tremblay (John Lithgow), al tradicional y prejuiciado Wozniak (Jacek Koman), al posiblemente virtuoso Adeyemi (Lucian Msamati) y al misterioso arzobispo mexicano de Kabul, Benítez (Carlos Diehz). La trama gira alrededor de los conflictos políticos entre las figuras principales mientras Lawrence trata de llegar al fondo de algunos secretos que tiñen la reputación de varios candidatos. La película es la batalla mas pasiva-agresiva entre religiosos que rara vez pierden la chaveta, pero que son tan venenosos como un nido de serpientes. Dentro de este mundo de hombres pulula la hermana Agnes (Isabella Rossellini) con una cara de constante preocupación que presagia el descubrimiento de algún grave secreto que impactará las elecciones.

En su película previa, All Quiet on the Western Front (Alemania, EE. UU. y Reino Unido; 2022), Berger nos da una poderosa experiencia inmersiva en la Europa de la Primera Guerra Mundial. La película nos sumerge en las trincheras grises, polvorientas y llenas de muerte donde el protagonista, Paul Bäumer (Felix Kammerer), lucha por sobrevivir. James Friend, el director de fotografía de All Quiet on the Western Front, retrata un mundo que estalla en violencia y que devela el colapso interior del protagonista. Paul tanto como Lawrence en Conclave, se enfrentan a sus entornos con una inocencia que se desquebraja a medida que progresa la acción. El director de fotografía de Conclave, Stéphane Fontaine, también sumerge al espectador en un escenario de sotanas negras, puertas selladas con lazos rojos y cuartos escondidos que encierran confesiones oscuras. Fontaine retrata a los personajes resaltando sus proporciones colosales en una lucha que nos aleja progresivamente de la presencia de dios. Es precisamente este contraste entre el grandioso conflicto humano que oscurece ese mítico reino celestial donde la película triunfa. Para Berger, la fe y la divinidad se redefinen en la complejidad de la realidad.

Conclave es una película de suspenso e intriga efectiva. Las actuaciones y la construcción detallada de un universo ordenado por jerarquías eclesiásticas demuestran la genialidad de Berger como director. Aunque me parece que el personaje de Isabella Rossellini pudo ser desarrollado tanto como los hombres que la rodean, Conclave es una experiencia visual que debe verse en la pantalla grande para sentir su potencia. No se la pierdan.