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“Bienvenido” sea el gatopardismo

 

 

Especial para En Rojo

A menos de 60 días, para las elecciones generales, le damos la cordial bienvenida a los gatopardistas. Son poco conocidos por este gatuno apelativo, pero con gran bagaje de mete miedos. Siempre han existido en la política y otras disciplinas humanas. Cautelosos al extremo, rayando en cobardía, detestan el cambio porque medran en la inmovilidad. Son conservadores con ribetes de reaccionarios. Se presentan como objetivos, pero son artistas del discurso sesgado. Malabaristas de las dos aguas, fieles maestros de las zonas grises. Practicantes del no atreverse, de ”mejor es pájaro en mano que cien volando”. Les presentamos a los equilibristas del punto medio. Estamos seguros que ustedes conocen a un(a) honorable de ese pelaje.

En este año atípico, medio amorfo, asimétrico y lleno de incertidumbres políticas; es el escenario donde han comenzado a desfilar los profesionales del inmovilismo. Muchos de ellos llevan agendas personales, hachas que amolar con no sé qué ente del inframundo y otros y otras que son meros instrumentos del sistema colonial. En este catálogo encontraremos los políticos de oficio, los gatilleros ideológicos (léase Rivera Schatz) que se encargan de destruir y manchar reputaciones, los analistas bien pagados, los opinólogos de radio y televisión, los seudoperiodistas sin un átomo de ética profesional, los expertos en encuestas a la carta, los académicos oscuros y una matrícula amplia de vividores del bipartidismo rojiazul. Estos hermanastros coyunturales tienen la custodia absoluta de la teta gubernamental y el maná de los contratos con la administración de turno.

Son muchas las décadas en que este país caribeño y latinoamericano ha estado en continuo deterioro. No hay ámbito sociocultural y económico que no esté golpeado por la corrupción, la desidia y la mediocridad institucional. Países de nuestro entorno geopolítico que envidiaban nuestros logros en la economía y el desarrollo de nuestras instituciones hoy nos han rebasado en productividad y competitividad. El descaro con que la clase política ha usufructuado el erario nos llevó a esta bancarrota nuestra de cada día. El desaliento y el desánimo de nuestra gente ha llegado a cuotas insoportables. La precariedad existencial (para usar un término mediático) se a hecho viral.

Jamás imaginó el escritor siciliano, Giuseppe Tomasi que su novela, El gatopardo, cobraría vida en este archipiélago caribeño. La filosofía, planteada en la novela, de ejecutar cambios superficiales para que en esencia todo se quede igual es la doctrina que ha sustentado el Estado Libre Asociado y que el binomio PPD-PNP se ha encargado de perfeccionar hasta niveles de inmoralidad sociológica.

Una nueva organización política con el nombre de Alianza Patriótica ha tomado el escenario electoral en este 2024. Un grupo de buenas y buenos puertorriqueños han dicho basta y han hecho suya la encomienda de crear patria construyendo el país que merecemos. Son compatriotas que se han comprometido con hacer lo dignamente posible, por este pueblo castigado por los usurpadores. Preparémonos para dar el salto, no al vacío de la desintegración nacional, sino a la utopía del camino por recorrer, al verdadero propósito que es el de construir, de hacer haciendo nuestro futuro con decencia y eficiencia. Hagámoslo.

El autor es poeta.

 

 

El sector religioso entre cruces políticos

 

Frederick X. Rodríguez-Castro

Especial para En Rojo

El sector religioso en Puerto Rico, igual que gran parte de la sociedad manifiesta profundas tiesuras políticas y sociales. Este sector, no es inmune a los embates de la política. Históricamente ha tenido una fuerte influencia en la vida publica (fundación de partidos, movimientos e intervenciones vinculadas en política). No obstante, se encuentra dividido entre dos posturas que se cruzan con visiones ideológicas y valores que, aunque nacen del cristianismo, conducen a caminos cismáticos.

En cada ciclo electoral, una parte llama abiertamente a votar por candidatos que defienden los valores “cristianos”. Estos lideres, mayormente vinculados a iglesias de corte conservador y dominados por sectores pentecostales, hacen énfasis en temas como el rechazo al aborto y en la cláusula separación de Iglesia-Estado en temas de diversidad. La política para este sector debe testificar una moral “cristiana” estricta, y los candidatos que no compartan tales principios son excomulgados políticamente, independiente de su capacidad para dirigir un gobierno.

El sector religioso más liberal mira hacia las necesidades sociales y económicas de la comunidad. Defiende una postura inclusiva, reconoce la diversidad religiosa y cultural de Puerto Rico, y promueve políticas públicas que atienden las necesidades de los más vulnerables (pobreza, salud, educación). Para ellos, los valores cristianos se traducen en una preocupación por la justicia social. A menudo apoyan candidatos que, aunque no comparten una visión conservadora de la moral, convergen en los valores al servicio al prójimo y la defensa de los derechos humanos.

El cisma en el sector religioso revela una batalla no solo ideológica, sino también teológica que representa un desafío para la sociedad puertorriqueña, que debe enfrentar las consecuencias de crecientes divisiones. Al estar “entre cruces”, el sector religioso se encuentra en una encrucijada; seguir aferrándose a una moral conservadora o abrirse a una visión inclusiva. Resta esperar si el telón político que divide al sector, como velo religioso puede ser rasgado por un ecumenismo que abarque las complejidades sociales y económicas de nuestra Isla.

El autor es teólogo y miembro Mesa de Diálogo Martin Luther King Jr.

 

“Entre el grito y la celda: Una historia sobre Lolita Lebrón”, una película puertorriqueña

 

Tras once años y más de sesenta funciones teatrales en cinco países, la historia contada en la pieza “Lolita: un monólogo sobre la vida de Lolita Lebrón” hace un salto a la pantalla grande con la película “Entre el grito y la celda”. Se presentará en las salas selectas desde el 10 de octubre 2024.

Este filme, dirigido por Efraín Rosa y producido por Viviana Torres-Mestey para Enfocarte, Inc., explora el pensamiento de la destacada líder nacionalista puertorriqueña Lolita Lebrón, quien fue encarcelada en 1954, tras liderar el atentado histórico en el Congreso de los Estados Unidos.

Según Torres-Mestey, quien también protagoniza el filme, la película es una propuesta de cine experimental que hace una fusión artística entre el teatro, el cine y la poesía para entrelazar los aspectos más significativos de la vida de Lolita Lebrón, específicamente antes y después de los actos de 1954.

La película explora su fervor religioso, su lucha por la justicia desde la perspectiva de una joven madre, y su valentía al arriesgar su libertad por las causas en las que creía firmemente. “Aunque es una historia basada en hechos reales, no pretendemos hacer un recorrido documental, sino que exploramos a un nivel más íntimo lo que pudo haber sido el pensamiento de Lolita. Para acercarnos a ello desdoblamos la historia entre su cuerpo encerrado en una celda, que era su realidad en los 50’ y su mente libre siempre pensando, gritando y luchando por la libertad de su Patria. Por eso llamamos la película, ‘Entre el grito y la celda’”, abundó Torres-Mestey.

Este relato ha resonado durante más de una década en escenarios de Puerto Rico, Estados Unidos y América Latina, y ahora, a través de esta adaptación cinematográfica, que fue posible gracias a un incentivo del Instituto de Cultura Puertorriqueña, se busca seguir impactando a nuevas generaciones con nuestras figuras históricas, como lo fue Lolita. “La película no solo resalta la importancia histórica de Lolita Lebrón como figura política, sino que también invita a reflexionar sobre la identidad nacional y el papel de la mujer en la lucha por la justicia y la libertad”, añadió Efraín Rosa, director del filme.

El largometraje cuenta con un talentoso equipo de trabajo que incluye a los actores puertorriqueños Giomar Cruz, Oné Colón, Alberto Mateo, Jianna Pagán, Orlando Rodríguez, Jorge Alexander, Gian Lucas Rivera, Irmaris Rodríguez, Efraín Rosa, Héctor Sánchez, Berna Torres, Géigel Torres y Viviana Torres-Mestey. La cinematografía está a cargo de Reynaldo Torres-Casas y la adaptación está basada en un libreto original del Dr. Waldo Torres-Vázquez. Completan el equipo Luis Daniel Cartagena y Vivian Mestey en el Departamento de Arte; Nathanael Morales, Darline Lozada y Harrison Haley en el Departamento Técnico, junto a otros artistas y cineastas del país.

 

 

Breves de septiembre: In the Summers, A Bend in the River, El comensal

 

 

En Rojo

 

Hoy en día las fechas que adjudicamos a los filmes son muy movibles. Su rodaje puede ser dos o tres años antes, su presentación en festivales poco después de terminada y su exhibición varía de acuerdo a las redes de distribución. Incluyo un filme independiente estrenado en el Festival Internacional de Cine de Puerto Rico a principios de mes y exhibiéndose ahora en Fine Arts, In the Summers, una introspección muy irlandesa, A Bend in the River, que nos recuerda las novelas de Sally Rooney y El comensal, una historia de tragedias personales y externas de una familia en el país Vasco. Pude ver dos en salas de cine y otro en streaming.

In the Summers

Directora y guionista: Alessandra Lacorazza Samudio; cinematógrafo:Alejandro Mejía; música: Eduardo Cabra; elenco René Pérez Joglar (Residente), Sasha Calle, Lio Mehiel, Dreya Castillo, Luciana Elisa Quiñonez, Kimaya Thais, Allison Salinas, Emma Ramos, Leslie Grace, Sharlene Cruz, Gabriella Surodjawan, Indigo Montez

Lo sorprendente de este filme independiente, ganador de la sección de drama del Festival de Sundance 2024, es ante todo su cinematografía. A través de los cuatro episodios que avanzan el tiempo pero que mantiene estático el lugar, la cámara sirve tanto de conocer lugar y personajes como de reflexión de los años pasados. Construye una escenografía que enmarca el drama personal de un padre y sus dos hijas a quien miran al principio como a un extraño y luego como alguien que reconocen, aunque el acercamiento afectivo es casi imposible. Sabemos desde el principio que Violeta y Eva tienen lazos afectivos con su padre por la manera en que confían en él a pesar de que nosotrxs como espectadorxs percibimos la inestabilidad y peligro de la estadía de verano fuera de su localidad familiar, esa en la que una vez participó la familia. Se ve desde que conocemos a Vicente, que ha preparado la bienvenida de sus hijas con lujo de detalles para que se sientan cómodas en este nuevo lugar, aunque su estadía será algunas semanas de verano hasta el próximo año. En ese 1er encuentro, Vicente es el centro de la historia y sus hijas se van adaptando al nuevo ambiente mientras el encuentra maneras de divertirlas. Según pasan los veranos, las visitas parecen ser + cortas y el centro es una u otra de las hijas, mientras Vicente ya no sabe cómo divertirlas y parece + interesado en su grupo de amistades y sus propios intereses. Es el proceso de crecer y forjar su propia personalidad mientras el padre queda rezagado en la ilusión de lo que una vez fueron de niñas.

Y aunque es la cámara la que sustituye los diálogos y avanza el tiempo, hay unos vacíos importantes que se necesitan llenar para que las historias fluyan. Entendemos que el resultado del divorcio/separación de Vicente con la madre de sus hijas es la razón por la que los veranos le pertenecen al padre, pero ¿cómo es posible que con veranos tan seriamente accidentados, la madre todavía confíe en Vicente para enviarle sus hijas a pasar tiempo con él? Vicente tiene casa bien cuidada y piscina que va decayendo con el desuso, tiene auto y no le falta dinero, pero no tenemos ni idea de dónde provienen sus ingresos. Aún en la 1era escena cuando se prepara a recibir a sus hijas se le nota nervioso y tembloroso, algo que mantiene a través de todas sus intervenciones.

Aparte de la acertada cinematografía de Alejandro Mejía bajo la dirección de la cineasta colombiana/americana, Alessandra Lacorazza Samudio y de la música de Eduardo Cabra, las actuaciones de las jóvenes actoras sobresalen. Destaco (como lo hace también la reseña del NYTimes y de Rogerebert.com) el papel del padre, Vicente, René Pérez Joglar/Residente que puede revolucionar el espacio con su sola presencia, movimientos y voz. Y así lo hace.

A Bend in the River

Director y guionista: Colin Broderick; cinematógrafo: Shane F. Kelly; elenco: John Duddy, Kathy Kiera Clarke, John McConnell, Brendan Broderick, John Connors

La trama es sencilla e íntimamente profunda a la vez. Matt Donnelly ha sido un afamado escritor en Estados Unidos, con sede en Nueva York, pero según ha pasado el tiempo desde que “escapó” del encerramiento de su pueblo Tyrone en Irlanda del Norte, menos productivo y creativo. Con un matrimonio algo tumultuoso (no hay detalles ni son necesarios), decide que es hora de reconectar con ese pueblo y comunidad del que fue parte hace + de 25 años. Como su empeño es escribir, se establece en una casa apartada y medio abandonada que le consigue el Padre Donnelly, su hermano, muy respetado por la comunidad, pero con un estilo imponente y riesgoso (le encanta correr a velocidad extrema en las carreteritas del pueblo, por ej). En el momento en que Matt sale de su enclaustramiento, se topa con personas que lo conocieron bien, pero que solamente saben ventilar su resentimiento. Lsx + jóvenes han formado su opinión del “autor ausente que lxs abandonó”, pueden recurrir a las bromas pesadas para participar del rechazo de la comunidad.

Escribiendo de los recuerdos de su niñez y adolescencia aquí, Matt despierta fantasmas de su pasado. No solamente los recuerdos de su madre y los bosques que tanto significaron para su imaginación, pero además la vivencia y relato de los que vivieron los años llamados “The Troubles” (1968-1998) con una violencia y enemistad que nunca han curado esas heridas. En el plano personal, otros fantasmas traerán los recuerdos ya distorsionados de un colegio con maestro disciplinario, compañeros de clase que sirvieron o no de amigos y ese 1er amor que quedó atrás.

El comensal

Directora: Angeles González Sinde; guionistas: Angeles González Sinde y Gabriela Ybarra; autora: Gabriela Ybarra; cinematógrafo: Juan Carlos Gómez; elenco: Susana Abaitua, Ginés García Millán, Adriana Azores, Fernando Oyagüez, Iñaki Miramón, Ane Gabarain, Estrella Alonso, Tasio Bilbao, Peio Bilbao, Ramiro Alonso, Ala Kruse.

Dos tiempos, dos historias, un lugar y situación política compartida de experiencias dolorosas que nunca se borran. Todo esto contenido en una mesa con el comensal ausente, pero nunca olvidado. El presente es 2011 y lo protagoniza Icíar, joven universitaria y maestra que vive en Navarra y tiene una relación muy cercana con su madre, Amalia, y una algo distante con su padre, Fernando. Lo que notamos es la nerviosidad del padre cada vez que confronta algo fuera de su rutina: lo rehúye y no explica. Por eso pasa muchas veces como insensible y poco afectuoso con su esposa e hija. El pasado es 1977 en Bilbao cuando una mañana ETA (Euskadi Ta Askatasuna/País Vasco y Libertad) invade la casa del empresario Javier Arraiga y frente a sus hijxs y ama de llaves es secuestrado sin saber que ocurrirá después. Fernando es el hijo mayor que recibirá las llamadas que establecen el rescate del padre, gestionará un préstamo para poderlo pagar y quedará a la merced de ETA cuando no pueda entregar esa cantidad de dinero.

En el presente, la rutina familiar se verá alterada cuando Amalia, la madre, se le diagnostica un cáncer tan agresivo que apenas tienen tiempo de prepararse para la pérdida de esta vida. Poco a poco, Icíar y su padre indagarán en el pasado para descubrir lo los une y el miedo a la pérdida que comparten. Es un filme muy hermoso y doloroso donde la violencia política se iguala a la destrucción del cuerpo por una enfermedad.

 

 

 

Cuerpa, Cuerpe, Cuerpo: Sobre la impronta de la afrodescendencia

Foto suministrada por la autora
Imna

Especial para En Rojo

La organización sin fines de lucro Jornadas de Grabado Puertorriqueño presentó, a lo largo del mes de agosto, hasta el pasado 6 de septiembre, una exposición sobre figuras afrodescendientes ilustres de Puerto Rico. La acogió el Espacio Betsy Padín en la Liga de Arte de San Juan y allí se exhibieron un total de trece obras gráficas que resaltaron no solo la corporalidad e impronta física de cada uno de los personajes, como sugiere el título de la exposición, pero también que homenajearon los talentos creativos e intelectuales de cada uno. La propuesta principal de esta muestra era destacar la importancia histórica de figuras afrodescendientes de la Isla. Cada uno de los artistas participantes escogió, de manera individual o en pares, a quien hacerle oda. El espacio Betsy Padín, que habita entre paredes y arcos completamente blancos, no fue improvisto de color este pasado agosto; Cuerpa, cuerpe, cuerpo contó con grabados tanto tradicionales como experimentales que dotaron el lugar de una dominante presencia cromática a través de una valiosa interpretación sobre lo que compone el grabado en la contemporaneidad isleña. Lo que se sigue en las próximas líneas es un recuerdo descriptivo y crítico de las cuatro obras que citaron mis ojos por más tiempo; cuatro de aquellas que trabajaron el grabado de manera más experimental.

“Imna” por Marta María Rivera era una de las dos obras que daba la bienvenida en la pared introductoria de esta exposición y uno de los únicos dos grabados en esta muestra que le rendía tributo a una figura aun viva. Se trataba de Imna Arroyo, una artista plástica que se desempeña en el grabado, la pintura y la instalación trabajando, sobre todo, aspectos de la herencia afrodescendiente y las conexiones entre África y el Caribe con especial énfasis conceptual en la cultura yoruba. Arroyo suele hacer extensas referencias al mar y al relato que este narra sobre la historia colonial y esclavista, por lo que la presencia protagonista del azul y la iconografía marítima en esta pieza no fue una casualidad. El pedazo de mar que se escapaba de la pared al suelo provocaba la sensación de estar a la orilla de la playa mientras, físicamente, nos encontrábamos a la orilla de esta pieza. Aquí Rivera emuló el concepto práctico y temático de Arroyo, pero le arrojó su lente único al retratarla. Flotando al centro de un marco que parecía hacer referencia a las corrientes oceánicas, la artista retrató a la homenajeada en el núcleo metafórico de una fuerza marítima que viene y va con cultura, historia, dolor y sanación.

 

Una pieza más adelante convocó una especial pausa y mi detenida observación. Hablo de “Nilita Vientos Gastón: intelectual de muchos sombreros” por Ana Emmanuelli y Poli Marichal. Al tratarse tanto de un grabado como de un collage, la heterogeneidad de texturas, relieves y colores me casusó la sensación de estar frente a un rompecabezas poético que presentaba cada una de sus piezas como símbolo de la plétora actividad intelectual de esta homenajeada. Nilita Vientos Gastón fue abogada, profesora, crítica literaria, promotora de la cultura… una pieza a su nombre requería, sin duda, el efecto de pluralidad que las artistas supieron emplear. Las distintas Nilita Vientos que desplazaban por la obra, partían de la reinterpretación de fotografías reales, pero Emanuelli y Marichal se tomaron justas licencias creativas para proveerle al grabado un sentido simbólico y original. Para la Nilita en primer plano, por ejemplo, efectuaron un cambio de la estructura en la que esta descansa su codo izquierdo; en la foto original Vientos Gastón se recuesta de una enigmática pieza curvada, mientras que en el grabado se apoya sobre unos libros, reconocidos íconos del conocimiento, que a su vez le sirven de remate a una columna jónica, asociada en ocasiones a la fuerza y la sofisticación. Elementos como la ceiba, el viento, las olas y los tonos anaranjados de la composición, en una interpretación libre, podían recordarnos a los cuatro elementos de la naturaleza y a la entereza intelectual de esta ilustre figura de la historia puertorriqueña.

La pieza de Rubildo López y Víctor Oliver, “Gramófono gráfico de Rafael Hernández” fue una de las dos instalaciones presentes. Hernández, insigne compositor puertorriqueño conocido como “El Jibarito” es aquí celebrado por medio de una simulación del instrumento más utilizado para la reproducción de sonido hasta mediados del siglo XX, dando la impresión de que se había viajado a la temporalidad del propio homenajeado. La parte interior de la corneta fue grabada con algunos títulos de las más famosas composiciones de Hernández junto a una serie de gandules en vaina como una posible referencia a la labor agricultora de la que se origina su apodo. El gramófono podía interpretarse, en el contexto de esta exposición, como un retrato escultórico de Rafael Hernández; como el cuerpo simbólico del propio compositor puertorriqueño. Por ello, su fotografía en la cartela informativa pudo haber sido suficiente para hacer memoria de su apariencia física, pero los artistas decidieron incluir un grabado de su rostro en el disco simulado logrando metaforizar aun más la fisicalidad de su tiempo en vida y la materialidad de su legado. Otro aspecto peculiar de esta pieza, y quizá el que más me conmovió, fue el enchufe colgante junto a una toma de corriente. Ya hubiese sido sugerido por los artistas o el curador, me pareció un efecto jocoso que me generó la sensación (como quizá a muchos otros espectadores) de que lo único que se necesitaba para escuchar las históricas melodías de el Jibarito era perder la suficiente vergüenza para conectar el enchufe.

“Siempre subversiva Anjelamaría” por Lizzete Lugo y Sergio Arocho también ameritó una contemplación concentrada y calmada, y merece una especial mención. La homenajeada aquí fue la influyente poeta Anjelamaría Dávila, que dedicó buena parte de su arte literario a temas de la experiencia femenina en intersección con la experiencia afrodescendiente. Lugo expresó para los medios sociales de las Jornadas de Grabado Puertorriqueño como en su proceso investigativo para esta pieza, se enteró de que la poeta había padecido de Alzheimer y como esto impactó orgánicamente el proceso artístico ya que Sergio Arocho, la otra dotada mitad creativa de esta producción, padece la misma enfermedad. Se percibía una señalada importancia en el plano superior de este experimental grabado; un aparente llamado a prestarle atención a lo que liberaba su mente a modo de invitación para entrar en ella. De su cabeza se escapaban muchos de los versos que llegó a publicar, un torso (¿quizá el propio?), algunas figuras antropomorfas y un corazón que bombeaba sangre a lo largo de todo su cabello, presentándolo así como potencial símbolo de vida. Su rostro, construido por medio de un meticuloso collage, podía leerse como una representación tanto de las distintas capas creativas de la poeta como del complejo deterioro físico que causa el Alzheimer. Un leve e inconsciente acercamiento al dilema filosófico sobre la relación entre la mente y el cuerpo podía entreverse en esta exposición, y esta obra me resultó el reflejo máximo de ello. El talento intelectual de Anjelamaría, representado en sus versos, quedaba grabado como huésped de la mente y del cuerpo simultáneamente; como producto que surgía de su cabeza/mente, pero que a la vez quedaba manifestado en el torso/cuerpo. Aunque ello no se presentaba como un posicionamiento consciente sobre la discusión filosófica, pero quizá como una muestra triunfal del legado material sobre el olvido; de la memoria histórica sobre la muerte.

Al final quedé con una duda: ¿Por qué se llamó Cuerpa, cuerpe, cuerpo si todo apuntaba a la celebración del intelecto, la creatividad y el talento de estas figuras? Resolví que se trataba de una exposición reinvindicativa y que no se buscó únicamente conmemorar su ingenio, sino que se propuso, sobre todo, recuperar la dignidad sobre sus cuerpos. Todos estos líderes fueron recibidos en un injusto encuadre temporal que afectó tanto la experiencia vivencial de sus cuerpos como la evidencia de sus pasos por el mundo. La escacez de reconocimiento de estos líderes no es sino un síntoma del racismo institucional que rige aun (se admita o no) la construcción de nuestro archivo histórico. En atención a lo cual, el curador de la exposición expresó: “Comprendiendo que el arte ha jugado un papel importante en la invisibilización de las aportaciones africanas a nuestra cultura, este grupo de artistas busca crear una contraofensiva desde la gráfica”1. Y de la contraofensiva, una valeorsa inclusión al archivo de estos trece líderes, al de la afrodescendencia y al de nuestra Isla.

Las páginas de instagram y facebook de las Jornadas de Grabado Puertorriqueño continúan reseñando las piezas de esta exposición y compartiendo citas de sus autores. Quien no haya tenido la oportunidad de visitar Cuerpa, cuerpe, cuerpo puede seguir las páginas de la organización2 para conocer más de las obras que no tuve la dicha de reseñar en esta ocasión y para estar al tanto de los espacios que acogen y acogerán la jornada de estos talentosos artistas. En definitiva, aunque solo dos de las 15 figuras homenajeadas permanecen vivas en cuerpo, todas dejaron una impronta física, inmortal y corpórea, como la hiciera el mismo grabado y los artistas de esta exposición.

1Carlos Ortiz Burgos (curador), “Interseccionalidades al relieve”, Cuerpa, cuerpe, cuerpo (catálogo).

2@jornadas_del_grabado_pr en Instagram y @Las Jornadas del Grabado Puertorriqueño, Inc. en Facebook