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El Manifiesto de Pablo Pueblo: Reflexión/Rebulución de Ali Francis García

 

 

 

El viernes, 19 de septiembre, 6:00pm – 10:00pm, se inaugura la exhibición El manifiesto de Pablo Pueblo, una muestra de obras inéditas del artista ponceño Alí Francis García. La exhibición es un concepto visionario que el artista lleva desarrollando durante la pasada década. La legendaria Galería Guatíbiri será el escenario de esta inauguración que promete ser todo un “happening” donde se combinarán la música, el teatro, la poesía y, sobre todo, las artes visuales.

Haciendo acto de presencia, estará nuestro Ramón Emeterio Betances y Don Pedro Albizu Campos, siendo estas figuras personificadas por los actores Javier Pastrana y Carlos Laster, respectivamente. Adicionalmente, se ha confirmado la participación de figuras importantes de nuestra historia, cultura y colegas artísticas. El cantautor de Ponce, Juan Riestra, estará deleitando la noche con algunas de sus canciones a capella. Los poetas Carlos Laster, Solimar Ortiz Jusino, Carlos Quiles, Jesús Delgado Burgos y Charlene Jane González de Jesús estarán cerrando la noche en la terraza de la galería.

La muestra parte desde una reflexión con mira hacia los pasados 20 años que lleva Alí Francis de regreso en Puerto Rico. “Observando el rumbo y el estado actual de la Isla, la debacle de nuestra situación socio-política, la ineptitud y corrupción del aparato gubernamental y la decadencia de valores, la muestra es una representación de las preocupaciones, interrogantes y frustraciones que tantos de la clase trabajadora sufrimos” dice Alí Francis. “Por este motivo me he apropiado del emblemático personaje de Rubén Blades, Pablo Pueblo, siendo su historia aún muy relevante al día de hoy, y una en la cual yo, como tantos miles de puertorriqueños, me identifico”.

El trabajo de García está enriquecido por la investigación, referencias históricas, y anécdotas de nuestra cultura las cuales muchos puertorriqueños desconocen. El colectivo de obras sirve un propósito didáctico, elaborado con una elocuencia gráfica poderosa y dinámica. Cada obra es una tesis visual que lleva al espectador a indagar, analizar y reflexionar. “Mi arte es una herramienta para exaltar, levantar, reconocer, fiscalizar, denunciar, y sobre todo educar”, explica García. “Pienso que la fortaleza de mi obra está en la formulación de ideas, la composición, donde siempre forjó un mensaje elocuente, sorprendente, y a veces estremecedor. Mi obra no es un mero ejercicio de vanidad o de complacencia, si no que tiene un propósito digno para hacer de mi tiempo algo útil para la sociedad”.

La exhibición cuenta con al menos 25 obras de diversas técnicas: instalación, plástica, gráfica digital y fotomontaje. La obra Hora Cero: sin palabras, es una obra extraordinaria donde el artista fiscaliza la ola de violencia rampante que arropa a la Isla, siendo él una víctima y sobreviviente en años recientes. Influencers de mi tierra: 1930’s al presente es un tributo personal hacia aquella generación que con mucho sacrificio construyó y levantó la Isla. Ruleta de la moral es una ingeniosa crítica social a nuestros valores. Rebulución es una obra alusiva a los acontecimientos que vivió Puerto Rico en el verano del 2019. Durante ese fenómeno el movimiento feminista se apoderó de la pugna para crear un cambio de paradigma; la obra Puta pero no corrupta puntualiza ese momento histórico y sin precedente. El Manifiesto de Pablo Pueblo es una sentencia a la politiquería y como el pueblo asume una postura de víctima, derrota y de brazos caídos. Todas las obras mencionadas son un testimonio irrefutable y poderoso como parte de una documentación visual nacional.

La sátira es un elemento importante en las manos de Alí Francis, a veces con una perspectiva profunda y pensada. En otras recurre al humor negro y picardía que tanto caracteriza a los puertorriqueños. En la serie Barroco Criollo, el artista deconstruye obras maestras del pasado e inserta a sus personajes en la escena cotidiana puertorriqueña. Ejemplos lo son: El Ganzo de mamí, Pero…WTF!, Somewhere Over the Rainbow, Mr. Alcapurria Royal, El Gallo Santo y La Mansión Pawn Shop donde el artista le saca punta a escenas de nuestra idiosincrasia de manera jocosa y con repiques de sarcasmo. En estos trabajos de diseño gráfico digital y fotomontaje se puede apreciar la maestría que el artista manipula la imagen para crear un escenario totalmente ficticio, doblegado a la interpretación majestuosa del artista.

La muestra también brilla por su motivo de celebración, honra y orgullo patrio en obras que exaltan a nuestros héroes, vivos y en mejor vida. En particular, hay dos obras importantes por su concepto y contexto histórico. Una es dedicada a Las Hermanas Rodríguez, Alicia y Lucy, y su vínculo poético y directo con Juan Antonio Corretjer. La segunda es una obra insigne, titulada Los doce apóstoles de la puertorriqueñidad, dedicada a su amigo Tony Mapeyé, director de la Orquesta Jíbara Nacional de Puerto Rico.

 

Este “happening” se ha coordinado para coincidir con la semana del Grito de Lares. Por lo antes dicho, como hijo de vecino y de conciencia, esta muestra es mi manera personal de honrar aquellas personas que han luchado por sus convicciones para la libertad de Puerto Rico. A muchos de los que honro en esta exhibición los he conocido personalmente y he compartido con ellos. Otros son figuras de nuestra historia que respeto por su valentía, sacrificio y contribución para el beneficio de nuestro pueblo”.

“Desde una mirada más amplia, podría decir que este junte es un pretexto para celebrarnos, estrecharnos las manos que tanta falta nos hace; celebrar la amistad, la solidaridad entre nuestros hermanos y hermanas puertorriqueños. Es necesario unir lazos y hacer comunidad.”, concluye García.La actividad es totalmente abierta al público en general.

 

Conmemoran el natalicio del Maestro Pedro Albizu Campos.

Este viernes 12 de septiembre a partir de las 6:00 de la tarde se conmemora el natalicio 134 del líder nacionalista Maestro Pedro Albizu Campos. Como todos los años los actos se llevarán a cabo en el Barrio Tenerías en Ponce. Las actividades comenzarán a partir de las seis de la tarde con el orador invitado, el historiador doctor René Arrillaga y la participación musical del grupo Bomba Paraíso. La actividad estará dedicada al cantautor Roy Brown.

Violencia mediática hacia las mujeres

 

Por la Redacción de CLARIDAD

En conferencia de prensa en la sede del partido, este martes, el liderato del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) denunció y reprobó la violencia política mediática que hay en el país contra las mujeres que ocupan posiciones políticas. Encabezados por la representante, licenciada Adriana Gutiérrez, el partido denunció la situación de violencia mediática y burla de la que fue objeto la representante del PIP, Nelly Lebrón Robles.

Según narró Lebrón Robles, el pasado martes mientras esperaba para entrar a su programa en la estación de radio Noti Uno y escuchaba el programa que va antes, el de Luis Dávila Colón, le escuchó decir : “ Y de nuevo, Nelie Lebrón también se une al coro de los imbéciles y los morones que pululan en muchas bancas de la Legislatura… Nelie Lebrón quiere crear un plan nacional contra el calor extremo que debiera incluir también la menopausia y los calentones de la menopausia…”.

Tanto Dávila Colón, como otros dos “caballeros” que le acompañaban se rieron.

La legisladora del PIP expresó que obviamente su reacción inicial fue una de mucha indignación, de mucha molestia y que como mujer, como mujer negra, como adulta mayor y, sobre todo, como legisladora, se indignó “ante la falta tan grave que había de sensibilidad de esos hombres, que eran todos hombres adultos mayores, hijos, esposos, padres, hermanos de mujeres, que hicieron unas expresiones tan desacertadas”.

Lebrón Robles, quien antes de acceder a la política se ha distinguido por su quehacer cultural, dijo estar clara de que cuando decidió hacer una vida pública dentro de la política iba a ser punto de muchas críticas, de muchas opiniones. “Eso es una cosa, otra es caer en el insulto, que solo se da por el hecho de ser mujer. Estamos indignadas ante el insulto a la persona, ante el insulto a la mujer, no a la crítica al proyecto que podríamos estar presentando y que pasa a un segundo plano independiente de que hayamos presentado el proyecto o no”.

La legisladora por acumulación por el distrito de Carolina denunció que ya basta de que no haya consecuencias respecto a la violencia machista. Lebrón Robles puntualizó que estamos viviendo un momento en donde hay una aparente normalización de lo que es la violencia, sobre todo cuando nos escuchamos detrás de los micrófonos. Lebrón Robles, quien estuvo acompañada por los y las miembros del PIP, su esposo, su hija y su nieta, expresó: “Creo que hoy estamos dando una lección contundente, más profunda, al estar aquí este grupo de hombres, este grupo de mujeres indignados e indignadas por las faltas de respeto que se siguen dando a la mujer en la vida pública solo por ser mujer”.

Por su parte, su compañera legisladora, Adriana Gutiérrez, destacó que la violencia política mediática es otra de las violencias que vive el país y representa actitudes que ocurren contra las mujeres, sobre todo cuando ocupan posiciones políticas. Se utilizan esos espacios públicos para atacar e invisibilizar o desacreditar a las mujeres por ser mujeres en espacios de poder.

Resaltó que las expresiones de Dávila Colon “son expresiones que no debemos permitir ni normalizar en nuestro país. En lugar de entrar en el debate de ideas y de las propuestas, son ataques sexistas, insultos y burlas sobre la vida personal y la apariencia con la intención de silenciar las voces de mujeres, en un claro ejemplo de violencia mediática contra la mujer. En un país como Puerto Rico, que vivimos una emergencia de feminicidios, combatir esa violencia mediática es parte de esa lucha de combatir la violencia machista”.

 

Peligroso el junte de bonistas

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

La Comisión Ciudadana por la Auditoría del Crédito Público (CCACP) denunció y advirtió que la alianza táctica de los acreedores de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), destruye la posibilidad de un acuerdo justo en el pago de la deuda de la AEE.

En semanas recientes, se dio a conocer que el grupo de acreedores liderados por Black Rock, la firma de inversores más grande del mundo, se retiró del “acuerdo de cooperación” con la Junta de Control Fiscal (JCF) sobre el plan de ajuste de deuda (PAD). Con el cambio de postura, precisó la Comisión, la mayoría de las aseguradoras se convierten en un solo bloque que representa al 90 % de los acreedores, entre los cuales figuran Golden Tree —que lideraba el grupo opositor en todo el proceso—, Syncora y Asssured, el grupo ad hoc original de los bonistas de la AEE, y, de manera significativa, al bloque institucional asesorado por el bufete Paul Weiss, que incluye a BlackRock, Nuveen, Franklin Advisers, Bay Capital Management, Taconic Capital Advisors y Whitebox Advisors LLC.

Según denunció Jiménez Lizardi, en un “nuevo acuerdo de colaboración” el grupo se comprometió a actuar como un frente único, compartir información legal, mantener confidencialidad, coordinar demandas y no romper filas sin autorización.

A pregunta de CLARIDAD sobre el cambio de postura del grupo liderado por BlackRock, Jiménez Lizardi señaló que el giro responde al desmantelamiento de la Junta por los despidos del presidente Trump, y no dudó en anticipar que el presidente nombre una junta que vaya en línea con el pedido de los bonistas.

Eso implica que ahora solo hay un grupo de bonistas que representa el 90 % de todos los bonos. “En el pasado, estaba dividido casi 50 a 50, lo que provocaba una negociación real. Ahora, el poder que tienen, con la probabilidad de salir con un reclamo enorme, pueden ganar casi la totalidad de lo que están pidiendo, que son $8 mil millones. En el valor de los bonos e intereses sería $12 billones”. Puntualizó que esa ha sido la línea del grupo que lidera Golden Tree.

“Reclaman que tienen derecho a un pago total, cosa que sería nefasto para el pueblo porque implica aumentar la tarifa para pagar y utilizar fondos que son para la reparación de la red”, añadió.

El asesor legal de la Comisión Ciudadana fue enfático en expresar que en términos de hecho, por más que los bonistas quieran, no hay el dinero para pagar lo que están exigiendo, algo que se ha podido documentar, reafirmó.

En entrevista por separado, el economista José Alameda, quien también es miembro de la Comisión, coincidió respecto a la incapacidad de la AEE para pagar la deuda. Explicó que el problema real de la AEE es que desde hace tiempo perdió parte de los ingresos que la mantenía. El primero de ellos, la desindustrialización del país; luego, con la salida de las empresas 936, farmacéuticas y el complejo petroleoquímico en Peñuelas, para el cual se construyeron las plantas en el sur. Ese tipo de empresas tenía un alto consumo de energía. Comentó que contrario a la impresión general, los consumidores domésticos no eran los que mantenían a la AEE. Añadió que otro factor ha sido la emigración; por lo tanto, menos abonados; la nueva tecnología, como la energía solar, y otra serie de factores que comenzaron a minar los ingresos de la AEE.

“La proyección que se hacía con estas empresas que se iban era que cada vez más iba a ser bien difícil para la AEE porque por el tamaño que había adquirido ya no se podía mantener, porque toda la economía de Puerto Rico, como siempre he dicho, se había achicado. De hecho, si se ve el índice del Banco de Desarrollo, tenemos hoy el mismo nivel de economía que lo que se tenía hace 20 años atrás; es decir, nuestra estructura de producción se ha reducido 20 años”.

El profesor Alameda coincidió con la apreciación de que con ese cuadro conocido fue un error la privatización de la empresa pública. No obstante, compartió que con los estudios que se hicieron sobre la privatización, la expectativa era que la empresa privada iba a añadir más eficiencia al servicio público e iba a ser más rentable socialmente producir en el sector privado, pero siempre iba a tener un regulador del Estado que serviría para mirar los desvíos de la empresa privada y los excesos para aumentar su volumen de ganancia.

“Pero en Puerto Rico lo que se hizo no fue que pasamos a una privatización a través de una alianza público privada, sino a un mal contrato. Se supone que la empresa privada la lleve a expelerse y el regulador vele y corrija. Aquí esa no es una alianza público privada, es un contrato leonino, donde la empresa está por encima de lo que era la AEE”, manifestó.

Alameda, quien ha participado como perito en el proceso de la quiebra de la AEE, recalcó que ahora con la alianza de los bonistas, por más que ellos quieren cobrar, por lo que se ve en el panorama, no hay manera de sacar el dinero, por la sencilla razón de que se debilitaron las bases reales de una empresa pública eficiente. Porque cuando se hizo el contrato con LUMA se le pasaron las funciones que tenía de presupuesto, las instalaciones y otras funciones que debieron estar en manos de la AEE, lo que debilitó su base estructural. La gente se está moviendo a otras alternativas, por lo que se está cobrando. Señaló que quienes dejaron la gran deuda fueron los políticos que negociaron los bonos, lo que ha debilitado las bases de una empresa sólida y que ahora no se pueda pagar.

“De imponerse las exigencias de los bonistas, se secuestra el futuro energético y económico del país por décadas. Los aumentos en la factura serían insostenibles en más de un 30 % por 30 a 40 años, provocando aumentos en el costo de vida y el cierre de negocios. A su vez, se perpetúa un servicio inestable y costoso, porque se podría desviar fondos que deberían destinarse a reconstruir y modernizar el sistema eléctrico para asegurar el pago a los bonistas. No hay dinero para pagarle a los bonistas sin poner en jaque la reconstrucción y la vida digna en este país”.

El músculo militar del Pentágono se proyecta en el Caribe y el Atlántico Sur

Con la precisión conceptual que lo caracteriza, el destacado internacionalista argentino Roberto Russell ha descrito que las relaciones entre los Estados Unidos y América Latina —entre el centro y la periferia— se encuentran atravesadas por dos dinámicas: la de las “periferias turbulentas” [1] y la de las “periferias penetradas”.

En su investigación [2], Russell analiza la evolución de los intereses de defensa y seguridad de los Estados Unidos en América Latina desde principios del siglo XXI, enfocándose en dos periferias: la “América Latina del Norte extendida” (compuesta por México, América Central, el Caribe, Colombia y Venezuela) y la “América Latina del Sur reducida” (que comprende a los países de América del Sur, con la excepción de Colombia y Venezuela).

A la primera (la América Latina del Norte extendida), le aplica la caracterización de “periferia turbulenta”, cuya dinámica —inestabilidad interna, expansión del crimen organizado y resistencia a Washington en algunas de las naciones que la componen— es un motor determinante de los intereses de seguridad de los Estados Unidos. Puesto de otro modo, lo que allí sucede es visto por Washington prácticamente como un asunto de homeland security.

Por su parte, la segunda periferia (la América del Sur reducida) es considerada como “penetrada”, dada la incipiente proyección de los intereses estratégicos de la República Popular China, lo que ha llevado a Washington a incluir cada vez más, especialmente desde la década de 2010, a los países del Cono Sur en su radar de defensa y seguridad.

Con este telón de fondo conceptual, podemos pasar revista a lo que hemos presenciado durante las últimas dos semanas, con la Casa Blanca gestionando —a través de su diplomacia coercitiva y su músculo militar— las dinámicas de sendas periferias. En este marco, el Comando Sur se alista para encabezar una nueva acción militar contra la “turbulenta” Venezuela; y profundiza sus políticas “antisépticas” para contrarrestar la “penetración china” en el Cono Sur.

Venezuela en foco

La administración Trump, a partir de una directiva secreta dirigida por el Presidente al Pentágono a principios de agosto, prevé el despliegue hasta el límite del mar territorial venezolano de tres destructores AEGIS [3], un submarino nuclear, aviones de reconocimiento P8 Poseidon y un barco de guerra equipado con misiles. La movilización también incluirá 4.000 marines. Esta acción, según ha trascendido, se llevará a cabo en los próximos días y se extenderá por varios meses, con el objetivo declarado de “enfrentar y derrotar a los carteles latinoamericanos de drogas” [4], a los que la administración estadounidense ha designado como “organizaciones terroristas internacionales”. La orden contempla el empleo del instrumento militar contra esos carteles “en territorio extranjero y en aguas territoriales”.

La Casa Blanca ha confirmado que está preparada para usar “todo su poder” con el fin de detener el tráfico de drogas hacia su territorio, del que ahora responsabiliza al Presidente venezolano Nicolás Maduro. La portavoz de Trump, Karoline Leavitt, sostuvo que su gobierno “no considera a Maduro como el Presidente legítimo de Venezuela”, sino como el “líder fugitivo de la organización terrorista Cartel de los Soles”. Asimismo, denuncia presuntas vinculaciones con la organización criminal “El Tren de Aragua”. Adicionalmente, Washington aumentó a 50 millones de dólares la recompensa por cualquier información que pudiera conducir a la captura de Maduro.

Ante esta situación, el Presidente brasileño Lula da Silva instruyó a sus Fuerzas Armadas a monitorear el rumbo de los buques militares estadounidenses. El objetivo es evaluar si estos movimientos pueden desatar un aumento de la migración a través de Roraima, un estado brasileño fronterizo con Venezuela. Otros países de la región también han reaccionado, con Colombia calificando de “error” una posible invasión; y México apelando a los principios de no intervención y autodeterminación, tan caros a su sólida tradición diplomática.

Un cartel con la recompensa por Maduro en la frontera de Colombia con Venezuela. Foto: Schneyder Mendoza.

El antecedente de 2019

En septiembre de 2019, durante el primer gobierno de Trump (2017-2021), la amenaza de una intervención militar en Venezuela ya había sido barajada, con el entonces asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, como una de las figuras más prominentes de la movida. Legendario halcón de la política exterior norteamericana, Bolton se había pronunciado abiertamente por un “cambio de régimen” en Caracas.

Resultado del injerencismo de Washington, y de su papel tutelar sobre el sistema interamericano, en aquella ocasión se activó el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). El 23 de septiembre de 2019, la Organización de los Estados Americanos (OEA), por medio de la resolución de su Consejo Permanente N° 1.137 (2.245/19) —y a petición del entonces presidente de la Asamblea Nacional venezolana, Juan Guaidó, autoproclamado “Presidente encargado”, una figura inverosímil aceptada por la OEA—, votó por poner en marcha el TIAR. Dicha jugada fue interpretada, en su momento, como un paso decisivo para legitimar una eventual acción militar multilateral contra el gobierno de Maduro.

Aquella estratagema, aunque generó un fraudulento marco legal regional para propiciar una intervención militar del Comando Sur, finalmente no culminó en una acción armada, quedando como un instrumento más de la diplomacia coercitiva de Washington sobre Caracas.

El papel de Caracas en la “primera periferia”

En la mirada de Russell, los Estados Unidos han trazado “fronteras anti-oposición” [5] en la América Latina del Norte extendida, apuntando a contrarrestar la oposición de países como Cuba y Venezuela. La capacidad de resistencia de estas naciones ha llevado a Washington a intervenir en ellas de manera indirecta, pero continua, apelando al financiamiento de fuerzas de oposición interna, operaciones de inteligencia, apoyo a gobiernos o coaliciones de países opuestos a esos proyectos políticos, y diversas sanciones diplomáticas y económicas.

La preocupación central de Washington con respecto a Caracas, como exhiben las declaraciones de la portavoz Leavitt, deriva de la relación que se le atribuye con el crimen transnacional. También inquietan, advierte Russell en su investigación, los vínculos estratégicos establecidos con Beijing y Moscú para sostenerse en el poder, lo que a su vez abriría las puertas a una mayor proyección de estas dos potencias en la primera periferia.

Finalmente, es útil recordar el peso que ha tenido el Caribe sudamericano en el largo historial de intervenciones militares estadounidenses. Como se desarrolla en la citada pesquisa, del centenar de intervenciones realizadas entre fines del siglo XVIII y el presente, solo una decena tuvo lugar en América del Sur, si se exceptúa a Colombia y Venezuela. Por su parte, estos dos países dan cuenta de 11 de las 91 intervenciones restantes de los Estados Unidos en América Latina [6].

El Cono Sur y la Argentina en foco

El Comando Sur de los Estados Unidos desempeña un papel central en la estrategia de seguridad regional de Washington en América del Sur, situación que quedó a las claras durante la reciente visita del almirante Alvin Holsey a la Argentina. Entre el 19 y el 21 de agosto, Holsey participó en la Conferencia Sudamericana de Defensa (SOUTHDEC) en Buenos Aires, su segundo viaje al país en el año, donde su principal mensaje fue una alerta sobre la creciente influencia de China en la región.

Desde la perspectiva de Holsey, China busca “exportar su modelo autoritario”, “extraer recursos” y establecer “infraestructura de doble uso” que podría “proyectar poder, interrumpir el comercio y desafiar la soberanía” de las naciones e incluso la neutralidad de la Antártida. El jefe del Comando Sur, junto con otros funcionarios como Roosevelt Ditlevson, subsecretario de Defensa para Asuntos Hemisféricos, hizo un llamado a la “acción colectiva” y a una mayor cooperación militar para enfrentar estas “amenazas híbridas”. Ditlevson, por su parte, afirmó: “Las empresas chinas capturan tierra, capturan infraestructura crítica y sectores estratégicos como la energía y las comunicaciones. China controla la inteligencia militar y las instalaciones espaciales en todo este hemisferio y amenaza puntos de acceso marítimo críticos”.

Las afirmaciones de los funcionarios estadounidenses no hacen más que ratificar la preocupación por la “penetración” china en la subregión, lo que hemos retratado en una nota previa, en la que reprodujimos fragmentos del testimonio de Holsey ante el Comité de Servicios Armados del Senado de los Estados Unidos el 13 de febrero de 2025. En aquella comparecencia, el aviador naval con asiento en Miami dejó muy en claro, además, que la Argentina viene haciendo los deberes esperados:

  • “La Argentina está trabajando para establecer un centro regional de intercambio de información y cooperación para combatir las drogas”.
  • “El año pasado, nuestra asistencia desempeñó un papel fundamental en la adquisición argentina de 24 aviones F-16 a Dinamarca, con la aprobación de un paquete de mantenimiento de 941 millones de dólares por parte de Estados Unidos. Esta inversión (…) resultó esencial para evitar que China se integrara aún más en el aparato militar de un socio clave”.

En el último caso, se refería al éxito de Holsey, y de su antecesora Laura Richardson, en frustrar la adquisición por parte de la Argentina de los aviones de combate multirrol de origen chino-pakistaní JF-17 Thunder Block, los que constituían la mejor opción a los efectos de eludir el veto británico —apoyado por Washington— para la compra de repuestos y armamento para las Fuerzas Armadas argentinas. Hasta el neoliberalismo de López Murphy, en la voz de su candidato a senador Juan Paleo, ha expresado el error que significó subordinarse a Washington y comprar los Lockheed Martin F-16.

Ante este panorama, la colaboración militar con el Pentágono se intensifica a través de ejercicios como el Atlantic Dagger 2026, programado para febrero del próximo año, que implicará operaciones complejas de fuerzas especiales en el cada vez más estratégico Atlántico Sur, incluyendo ejercitaciones de interceptación marítima en la isla de los Estados (Tierra del Fuego). También se destaca la participación argentina en Fuerzas Comando 2025 en El Salvador, una competencia impulsada por el Comando de Operaciones Especiales Sur (SOCSOUTH) —la unidad de élite del Comando Sur encargada de planificar y ejecutar misiones especiales en la región—; y la firma de un memorando de entendimiento para fortalecer la cooperación bilateral en operaciones especiales.

Frente a la desmesura y la lógica pro-consular del gobierno de Trump —que ha expresado sin ambages su secretario de Defensa, Peter Hegseth, cuando refirió a la región como su “patio trasero”—, Beijing ha respondido con la cordura de una diplomacia profesional: “China expresa su fuerte descontento y categórico rechazo a los ataques maliciosos propagados en las últimas horas por el jefe del Comando Sur de Estados Unidos y otros funcionarios de ese país (…) Ignoran la aspiración de los países de la región por la paz, el desarrollo y la estabilidad; y promueven el juego de suma cero propio de la mentalidad de la Guerra Fría (…) Estados Unidos considera a América Latina y el Caribe su ‘patio trasero’, recurriendo con frecuencia a la imposición arbitraria de aranceles, deportaciones violentas, despliegue de tropas, vigilancia y espionaje. ¿Cuál de estas medidas no constituye una interferencia en el comercio y un desafío directo a la soberanía nacional de los países de la región?”

El Cono Sur en la “segunda periferia”

Los Estados Unidos perciben al Cono Sur de América Latina, que incluye a la Argentina, Brasil y Chile, como una “periferia penetrada”. Este concepto denota, según Russell, la presencia no deseada y creciente de un actor rival extra-regional y el fuerte impacto de esa presencia en un área históricamente subordinada al predominio estadounidense.

A diferencia de la “América Latina del Norte extendida”, donde las “periferias turbulentas” (inestabilidad interna, crimen organizado, oposición a Washington) son el principal motor de interés de seguridad para la Casa Blanca, la inclusión del Cono Sur en el radar de defensa y seguridad estadounidense se debe principalmente a la dinámica de penetración extra-regional de Beijing. Esta preocupación se instaló como factor central para Washington a partir de la segunda mitad del decenio de 2010, coincidiendo con el deslizamiento de la relación sino-norteamericana hacia una rivalidad sistémica [7].

Puesto de otro modo: si bien la presencia de China en la primera década del siglo XXI generaba inquietud, Washington la consideraba mayormente impulsada por intereses económicos y energéticos. A partir de 2017, esta percepción mutó sensiblemente, pasando Washington a calificar a la República Popular como un “Estado competidor que busca erosionar la seguridad y prosperidad de Estados Unidos”.

Al finalizar el primer gobierno de Trump, el general Mark A. Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, al poner en funciones a la ex comandante del Comando Sur, la generala Laura Richardson, puso las cosas negro sobre blanco: “Este hemisferio nos pertenece a nosotros y a nadie más, y estamos hombro contra hombro en esta causa común para proteger a nuestro hemisferio de cualquier amenaza internacional”.

Estas instrucciones del general Milley son una verdad revelada para los “colaboradores periféricos” de la Cancillería y el ministerio de Defensa del gobierno argentino a cargo del otro Milei, el experto argentino en “crecimiento económico con o sin dinero”.

Dos siglos (y un poco más) igual

El intervencionismo de los Estados Unidos en la región desde fines del siglo XVIII –inicialmente desplegado en México, América Central y el Caribe y luego proyectado al resto del continente– no ha dejado nunca de ser un rasgo estructural de la política exterior de Washington, si bien en ciertas etapas (aquellas que coinciden con lo que Paul Kennedy llamó “sobreextensión imperial”) ha perdido preeminencia y centralidad.

Ni siquiera los países más australes se han visto exentos de esta larga tradición injerencista. Así lo prueba el ataque a la Argentina en 1831, cuando el USS Lexington, una goleta de guerra estadounidense, atacó y destruyó las instalaciones argentinas en Puerto Soledad, previo a la usurpación colonial de Gran Bretaña en 1833. Ya en el siglo XX, cabe recordar el papel que los Estados Unidos desempeñaron en el golpe militar que depuso al Presidente brasileño João Goulart en 1964, una operación (Brother Sam) en la que jugaron un papel relevante la CIA y el apoyo logístico del Pentágono. Por su parte, Chile experimentó el intervencionismo norteamericano desde los tiempos de su guerra civil (1891), pero sin dudas la memoria colectiva ha quedado fijada en el rol clave de Washington —tal como lo reflejan los registros desclasificados de las conversaciones entre Nixon y su consejero de Seguridad Nacional, Henry Kissinger— en el derrocamiento del Presidente socialista Salvador Allende en 1973.

La actual proyección simultánea del músculo militar del Pentágono sobre el Caribe sudamericano y sobre el Atlántico Sur, que hemos intentado reflejar en este artículo, se da en un contexto en el que el gobierno de Trump promueve un renovado abordaje geopolítico que, mientras resetea por completo la globalización económico-financiera, combina retracción global [8] con un fuerte intervencionismo regional. Nada nuevo bajo el sol.

Parafraseando al gran León (al de Cañada Cosquín, no al gatito mimoso de la Suizo-Argentina): “Soberbia y mentiras / Medallas de oro y plata / Contra esperanza / [Dos] siglos igual / En esta parte de la tierra”.

El autor es doctor en Ciencias Sociales (UBA) y profesor de Relaciones Internacionales (UBA-UNSAM-UNQ-UTDT).
Notas:
[1] El concepto es una adaptación del término “fronteras turbulentas” de Galbraith, John S. 1960. “The ‘Turbulent Frontier’ as a Factor in British Expansion”. Comparative Studies in Society and History, vol. 2, nº 2: 150-168.
[2] Se trata de una línea de trabajo desarrollada desde los tempranos 2000, que tuvo en el Proyecto MEI-Ford “Crisis del Estado, Gobernabilidad Internacional y Seguridad” (coordinado por Mónica Hirst en la UTDT a partir de 2005) un apoyo fundamental. El autor de esta nota fue becario de investigación en dicho proyecto; y escribió su tesis de maestría bajo la supervisión de Roberto Russell. Los conceptos centrales que recoge esta nota se encuentran desplegados en dos textos de Russell (en coautoría con Fabián Calle): “Estados Unidos y América Latina: fuentes periféricas de la expansión del poder estadounidense” (2009); y “Periferias turbulentas y penetradas: su papel en la expansión de los intereses de seguridad de Estados Unidos en América Latina (2022).
[3] Se trata de un sistema de combate naval integrado desarrollado por la División de Misiles y Radares de la RCA Corporation, actualmente producido por Lockheed Martin.
[4] La Francia de Macron, alineada como nunca a Washington, replica —con lo que le queda de reflejo imperial— las políticas de Trump en el archipiélago de Guadalupe, su territorio de ultramar en el Caribe, desplegando dos brigadas náuticas en la lucha contra el narcotráfico.
[5] Según la descripción de Russell: “La frontera antioposición se erige para hacer frente a la resistencia de un Estado hostil que integra el área de influencia del centro con el propósito de aislarlo o combatirlo y, en última instancia, de producir un cambio de régimen que sea favorable a los intereses de seguridad metropolitanos” (Russell y Calle. 2022. Op. cit., p. 171).
[6] Ibídem, p. 172.
[7] Ibídem, p. 181.
[8] Acciones militares preventivas como las del pasado 21 de junio en las instalaciones nucleares de Fordo, Natanz e Isfahan (Irán) nos obligan a relativizar el más extendido empleo del término “aislacionismo”.