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Dylcia Pagán: No olvidemos los que quedan en prisión

Dylcia a su llegada a Puerto Rico. Foto

 

 

 

Especial para CLARIDAD

A los cinco años debutó en la televisión norteamericana. Desde entonces su vida ha tenido giros interesantes aunque subyace un hilo conductor. Su lucha contra la injusticia y a favor de su comunidad puertorriqueña siempre determinó sus acciones, en lo profesional y en lo político.

Dylcia Pagán nunca pasa desapercibida. Comunicadora por excelencia, con personalidad cautivante y extraordinario sentido del humor, tiene la capacidad, la inteligencia y la información para seguir aunque la norma es que dirija cualquier conversación. A aquellos tiernos cinco años no sólo se iba forjando la futura productora de televisión, también emergía la incipiente organizadora que habitaba en ella.

“Llamaba por teléfono a toda mi familia, dispersa por todo el estado de Nueva York, y le exigía que el domingo a las diez y media de la mañana, en punto, dejaran a un lado lo que estaban haciendo y se sentaran a verme bailar y cantar. Y así lo hacían. Yo era un éxito”, dice con la más sonora carcajada. Este programa, Childrens’ Hour, se trasmitía por la cadena NBC y Dylcia se mantuvo en él desde los cinco hasta los doce años de edad.

Su paso por el mundo de las comunicaciones, aunque breve, fue tan intenso que dejó huellas permanentes en los espacios de televisión que logró abrir para que la comunidad puertorriqueña tuviese su propia voz.

Un 15 de octubre de 1946 nació Dylcia en el Hospital Lincoln, en el Bronx, “pero me crié en El Barrio”, asentamiento puertorriqueño en Nueva York que se convirtió en un pedazo de Puerto Rico. De padre yaucano, que militó en el Partido Nacionalista, y madre de Guánica, integrada a la lucha de los trabajadores en Nueva York, nació puertorriqueña. Su padre murió cuando ella tenía 15 años de edad. Al cumplir los 20, falleció su madre.

“Cuando me criaba había en El Barrio un sentimiento nacionalista bien fuerte. Se celebraban los Reyes y los bautismos y nos vestían como si estuviésemos en Puerto Rico”, dice esta extrovertida mujer que da cátedra de cómo levantarse de los golpes que propina la vida y disfrutar cada minuto sin abstraerse de la realidad, “porque cuando se me aprieta el pecho, lloro”.

Hija única, con un solo hermano de padre, tuvo acceso a una educación privilegiada. Estudió desde escuela elemental “en el Colegio Católico Santa Cecilia, en El Barrio, y me gradué de la Cathedral High School”, de la Arquidiócesis de Nueva York.

Durante varios años alternó su trabajo comunal con los estudios universitarios en Brooklyn College, donde se integró totalmente a la lucha de los estudiantes negros y puertorriqueños. Aquí se destacó en la organización Unión Estudiantil Boricua que, entre otros aciertos, logró fundar el Departamento de Estudios Puertorriqueños de ese colegio.

Dylcia recuerda, con admirable precisión de fechas y hechos, haber participado “en cuanta demostración había en Nueva York” organizada por el Movimiento Pro Independencia (MPI); los Young Lords -organización de jóvenes nacidos en Estados Unidos de padres puertorriqueños- y en actividades de la comunidad.

Este compromiso y su incursión en el mundo de la producción televisiva la llevó a organizar el Puerto Rican Media and Education Council, para exigir programas de televisión que reflejaran la realidad de la comunidad puertorriqueña. El resultado fue Realidades, a través del Public Broadcasting System (PBS), Canal 13, primer programa de televisión que reflejaba la vida de los puertorriqueños en Nueva York. Al año, ese programa pasó a ser nacional, proyectándose de costa a costa en EE UU.

En su vida profesional fue pionera, abriendo camino donde no lo había. Así, produce para Manhattan Cable el programa bilingüe La Voz de la Comunidad, cuya promoción graba en su propio Barrio puertorriqueño. De Nueva York se traslada a Boston donde produce el programa Infinity Factor, dirigido a estudiantes negros, puertorriqueños y mexicanos, asesorada por matemáticos del prestigioso Massachussetts Institute of Technology (MIT).

Regresa a Nueva York con una oferta como editora del diario El Tiempo, primer periódico diario bilingüe. Aquí su columna “Bochinche”, que se convierte en la más comentada de la prensa en español, la mantiene en contacto con la música y los artistas puertorriqueños. Luego se desempeña como maestra y junto al director musical (entonces en sus comienzos), Willie Colón, revolucionan la escuela. Durante ese verano Dylcia aprende del maestro que ofrecía clases de swahili, el cheche cole, música del folklore africano. Le insiste a Willie que le cante un cheche cole y logra así que naciera el famoso y sabroso ritmo que Willie creó utilizando ese mismo nombre: cheche cole.

En 1973 participaba en la organización de la gran marcha a Wáshington a favor de la liberación de los presos nacionalistas. “Como tenía mi columna Bochinche”, insinúa con picardía, “logré que 19 orquestas tocaran gratis en el Manhattan Center para recaudar fondos para la transportación. La actividad fue tan exitosa que se llevaron 63 guaguas desde Nueva York para la demostración en Wáshington”.

En el 1977 Dylcia se encuentra como productora en el Canal 2 de Nueva York (cadena CBS). Pero grandes acontecimientos la obligan a cancelar sus proyectos. Acaba de confirmar que está embarazada cuando, inesperadamente, en julio de 1978, arrestan a su esposo, William Morales, quien queda gravemente herido.

“Fueron nueve meses entre citas al Gran Jurado, visitas al hospital, persecución feroz y las obligadas lecturas de libros sobre el proceso de parto”, rememora sin el más mínimo resentimiento porque, a pesar de las complicaciones, “la solidaridad de los amigos y de los compañeros se intensificó. No quiero dejar fuera a la organización Mayo 19, compuesta por norteamericanas blancas que me brindaron todo su apoyo”.

Rememorando esos años, Dylcia cambia el semblante. En tono de voz bajo, raro en ella, narra cómo en los momentos de paz le hablaba al bebé que llevaba en sus entrañas. “Como si hubiese sido grande le decía y le repetía, ‘tienes que ser fuerte… tienes que ser fuerte porque tienes que sobrevivir’. Estoy segura que me escuchó”.

Guillermo Morales, hijo, nació el 16 de marzo del 1979. Un mes después las autoridades permitieron que lo llevara al hospital para que su padre lo viera… “pero no le permitieron que lo tocara, lo pudo ver a través de un cristal únicamente”.

Dylcia se ríe de las cosas que le ocurren, como el día que la dieron de alta del New York Hospital tras haber parido. “Cuando voy hacia la calle veo un contingente de periodistas; pienso ‘me van a interrogar’ y camino en dirección opuesta y de pronto descubro que la prensa estaba allí cubriendo la salida del hospital de la hija del ex-presidente Nixon, Tricia, que también acababa de tener un bebé. No paré de reírme y decía, ‘a mí nada más me pasa esto’”.

El 4 de abril de 1980, “a las 2:20 de la tarde en punto”, Dylcia es arrestada en Evanston, Illinois. “Los federales, estatales y municipales se pelearon los arrestados”, dice consciente de lo que significaban políticamente esos arrestos. “Ya se habían tomado las medidas para proteger a los niños. Había unos acuerdos. Por varios años no supe dónde se encontraba Guillermo. Tenía 13 meses en ese momento”.

El piso 24 del Tribunal se convirtió en su prisión, pero las terribles condiciones los obligaron a una huelga de hambre para exigir su traslado al Metropolitan Correction Center (MCC) de Chicago. Cuatro días tomó lograrlo. En este grupo se encontraban Lucy Rodríguez, Carmen Valentín, Luis Rosa, Alicia Rodríguez, Adolfo Matos, Carlos Alberto Torres, Elizam Escobar, Dylcia y el único del grupo que se convirtió, más tarde, en testigo de los fiscales, Alfredo Méndez.

“Durante el juicio nos mantenían encadenados totalmente”. Dylcia sonríe mientras lo cuenta porque su más grato recuerdo fue “ver siempre allí a la comunidad, sentir su apoyo, nunca nos dejaron solos. Al declararnos prisioneros de guerra, solamente hicimos dos intervenciones, al comienzo y al final del juicio. Aprovechamos el tiempo en denunciar la situación colonial de Puerto Rico, a favor de la independencia”.

Sentenciada a ocho años por delitos estatales y a 55 años por delitos federales, durante el primer año y medio de estar cumpliendo la enviaron a ocho prisiones localizadas en distintos estados. “Tal vez estaban haciendo estudios sobre conducta humana, o nos querían destruir psicológicamente o tal vez buscaban que nos convirtiéramos en sus informantes… pero nada les funcionó”, aunque las ofertas no cesaban.

Cuando lo consideró apropiado, Dylcia pidió ver a su hijo. “Fue el momento más maravilloso de mi vida, no hizo nada más que entrar a la prisión y sabía que era mi hijo. Tenía 10 años y a los 15 se mudó a California para visitarme semanalmente”. La solidaridad por parte de otros compañeros no tuvo límites y en este caso una compañera de Nueva York, Ana María, dejó todo atrás y se mudó a California para atender a Guillermo.  “Mi hijo es lo que siempre soñé. Todavía queda un vacío bien grande que espero podamos llenar ahora. Lo que ha vivido no ha sido fácil para él”, casi murmura sin que medien preguntas, que serían imprudentes.

Fotos por Alina Luciano

Dylcia llevó a prisión la fortaleza que la caracteriza. Algunos guardias penales no podían entender esa fuerza y en ocasiones intentaron desarmarla psicológicamente. Utilizaba entonces el lenguaje más correcto, la dicción más perfecta y con la cabeza en alto, ripostaba: “Recuerde que estoy aquí porque soy una prisionera política puertorriqueña, no tengo problemas en hacer las tareas que usted me asigne porque eso no afectará mi dignidad”. Quedaba así desarmado el imbécil de turno, incapaz de entender el poder de las convicciones y los compromisos políticos.

Contrario a estas experiencias negativas, Dylcia nunca olvidará aquella supervisora negra que “al principio se negó a dar permiso para que el grupo (Carmen Valentín, Dylcia y las hermanas Rodríguez, que compartían la misma prisión) se reuniera con Lolita Lebrón. Solamente permitiría a dos y serían seleccionadas por sorteo. Nos habíamos resignado”. Sin embargo, el día de la visita la supervisora les dice: “‘Prepárense, todas se van a reunir con Lolita, no puedo privarlas de compartir con una heroína puertorriqueña’. Y nos reunimos con Lolita… ¡por cuatro horas!”

“Lo más terrible de la prisión era no poder estar con mi hijo y estar controlada por gente que uno sabía que tenía menos dignidad que uno”. Ante esa realidad, el espíritu creativo de Dylcia creció durante esas dos décadas para desarrollar proyectos educativos de gran impacto para una población penal con 70 por ciento de mujeres hispanas. Organizaba grupos de teatro, conmemoraba cuanto día le era permitido, como el “día de los niños” que celebraba disfrutándose los hijos de otras reclusas y con Antonio, el hijo de Carmen Valentín, porque el suyo estaba lejos. Las olimpiadas especiales para niños con retardación fue otra de sus actividades favoritas.

Los administradores no salían de su asombro cada vez que Dylcia les presentaba una propuesta. Esta vez logró organizar una exposición de arte en la que incluyó 19 categorías, seleccionó un jurado de la comunidad circundante y montó todas las obras creadas por las reclusas. “Estas actividades eran muy importantes por muchas razones: te permitían relacionarte con otras personas, eran momentos de recreación y entretenimiento y además las reclusas recaudaban dinero, que es muy necesario en la cárcel. Mucha gente pensará que si estás en prisión no necesitas dinero y no es así. Allí todo se vende, si tomas un curso de cerámica tienes que pagar por los materiales; para poder comer, tienes que comprar comida porque la que te dan no sirve y para  mantener contacto con el exterior por medio del teléfono tienes que pagar por las llamadas, no te permiten llamar con cargos”, explica.

Dylcia nunca pensó que moriría en la cárcel. Siempre se mantuvo en contacto con Puerto Rico y con compañeros de otros estados que le informaban sobre las campañas a favor de su excarcelación. Asegura que a principios del 1999 presintió que se acercaba la hora de su salida. “Noté que el apoyo trascendía, que había más unidad entre los diferentes sectores del pueblo. Esto me llevó a preguntarme -¿cuándo el Presidente irá a firmar, cuándo se va a dar esto? Inmediatamente recapacité. Me tuve que desprender de esos pensamientos porque de lo contrario la ansiedad me hubiese matado. Sencillamente continué inventando y organizando actividades, las pocas que ahora permiten”.

Un buen día, al llegar a la comisaría encontró “que las mujeres estaban revueltas”. Seguidamente le dieron la noticia: el Presidente había firmado la excarcelación. “Corrí, aunque estaba prohibido correr en prisión, hasta donde se encontraban mis demás compañeras. De pronto nos llaman por los altoparlantes. Cuando caminamos hacia la oficina, las confinadas, que se habían congregado a ambos lados del pasillo, gritaban ‘libertad, libertad’. Fue sumamente emocionante”.

El 7 de septiembre, a la 1:30 de la tarde, el mismo día que el ex-presidente Jimmy Carter le conmutó la sentencia a los patriotas nacionalistas, el presidente Clinton firmó la excarcelación de once de los 16 prisioneros políticos.

“Si existía alguna duda de si éramos o no prisioneros políticos, ese día el Departamento de Justicia lo confirmó. ¿Desde cuándo ese Departamento permite a unos presos, que se encuentran en prisiones a lo largo del país, discutir entre sí la aceptación o el rechazo de una clemencia ejecutiva? Estuvimos negociando por varios días y el Departamento de Justicia sabía que era una negociación política y proveyó los medios para que se hiciera”, explica Dylcia.

“El momento más emocionante fue al escuchar voces que hacía 20 años no escuchábamos. Esa primera conversación provocó llanto, mucho llanto… pero luego se hizo un análisis político muy cuidadoso. Los compañeros que se quedaron fueron los que nos convencieron de que lo más correcto era aceptar las condiciones.  El respeto que le teníamos se creció ante el análisis político que hicieron,  la valentía de sus palabras y el apoyo que nos ofrecieron”. La petición del congresista Luis Gutiérrez para que aceptaran las condiciones fue determinante en el análisis que siguió a la oferta del Presidente.

Escoger a Puerto Rico como el lugar donde pasaría los años de su probatoria, que suman nueve, no fue difícil para Dylcia. “Siempre quise venir a vivir aquí y llegó el momento oportuno. Las muestras de cariño no tienen límites… en apenas dos meses me adapté a vivir aquí. Sólo me falta organizarme a nivel personal, tener mi casa, el lugar donde mi hijo Guillermo pueda llegar cuando quiera, y comenzar a trabajar en producción de televisión, que es lo que me gusta y sé hacer”.

Las muestras de cariño no cesan. Diariamente, alguien se le acerca para manifestarle respeto y admiración. No empece, siempre existe una instancia en que, por alguna razón inexplicable, esa manifestación de amor se te graba. Dylcia comparte su momento: “Me encontraba desayunando en un restaurante pequeño en Dorado junto a María y Luis Alberto. Decido comprar pan y cuando camino hasta la panadería me encuentro con esta jovencita como de 18 años que se detiene, me mira fijamente y balbucea temblorosa… usted es… usted …es -sí, yo soy- La joven suelta el pan y me abraza, y abrazadas lloramos juntas un rato. No nos dijimos nada. Me parecía tener a mi hija en mis brazos, fue un momento de gran emoción; lo que hubo fue un intercambio de corazones, jamás olvidaré a esa jovencita”.

Un taco en la garganta me obliga a reprimirme para no repetir la escena. Dylcia aprovecha la pausa para  una petición muy especial:

“Le pido a mi gente que no se olviden de los compañeros y las compañeras que quedan en prisión. Hay dos compañeras norteamericanas blancas encarceladas por razones políticas que no quiero olvidar porque son parte de nuestra lucha: Linda Evans y Marilyn Buck. Se debe recoger dinero y enviárselo porque la vida allí es costosa. Me alegra sobremanera la forma en que hemos celebrado nuestra llegada, pero tenemos que unir fuerzas e intensificar la lucha. Hay mucho trabajo que hacer. Sí, espero poder ver la independencia; si no yo, mi hijo la verá. Pero me siento feliz porque, como dijo Juan Antonio Corretjer, al luchar por la independencia de Puerto Rico ya somos libres”.

 

Publicada en CLARIDAD del 2-8 de noviembre de 1999

Mensaje del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos ante el deceso de la luchadora Dylcia Pagán

 

  

Con profundo pesar, conocimos del deceso de la amiga Dylcia Noemí Pagán, revolucionria e incansable luchadora puertorriqueña, ex presa política y de guerra e integrante de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional.

Militante activa de todas las luchas de la diáspora puertorriqueña por la independencia, fue también una destacada educadora, poetisa y artista, que puso su obra al servicio de la Patria.

En 1981 fue sentenciada a 55 años de prisión en una cárcel federal de Estados Unidos, junto a otros luchadores, por el simple hecho de luchar por la independencia de su Puerto Rico. En prisión sufrió las más horribles violaciones de los derechos humanos y hasta ia negativa de atención médica. Una vez en libertad, en 1999, se estableció en suelo borincano, para dar visibilidad al legado político y cultural de figuras femeninas independentistas.

Ante tan lamentable pérdida, el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, desea extender sus más sentidas condolencias a su hijo, allegados y a todos aquellos que compartieron sus combates y sus  luchas por !a independencia de la hermana nación puertorriqueña.

 

 

 

 

 

 

 

Falleció la exprisionera política Dylcia Pagán

 

La artista, productora, poeta, activista y expresa política dedicó su vida a Puerto Rico, falleció anoche y diversas personalidades de distintas ideologías reaccionan

La nacionalista y expresa política puertorriqueña Dylcia Pagán, de 78 años, falleció anoche, lo que ha consternado a una gran diversidad de amistades que cultivó en sus múltiples facetas a través de la vida. Tuvo una gran vida, dedicada a la libertad nacional de Puerto Rico y a resaltar la cultura, desafiando la injusticia.

Al momento de esa publicación sus allegados todavía desconocen los detalles de las exequias. La información será dada a conocer más adelante.

Pagán estuvo presa por sus ideales independentistas por más de 11 años, cuando recibió una clemencia junto a otros independentistas por parte del expresidente de los Estados Unidos Bill Clinton, tras años de campaña en Puerto Rico y Estados Unidos por su liberación.

Fue sentenciada a más de 55 años de prisión, al ser miembro de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), que buscaba la independencia de Puerto Rico. Fue acusada de conspiración sediciosa para derrocar el gobierno de los Estados Unidos y encarcelada en una prisión federal en los Estados Unidos, donde sufrió innumerables vejámenes.

Ella, como otros presos de la FALN, sufrieron en la cárcel las más infames violaciones de derechos humanos. Fueron puestos en cárceles alejadas de sus familias, algunos fueron agredidos sexualmente por personal penitenciario, a algunos se les negó atención médica adecuada, y otros permanecieron en celdas subterráneas aisladas sin ninguna razón. Amnesty International y la Cámara de Representantes en el Subcomité de Tribunales, Propiedad Intelectual y Administración de Justicia, criticaron las condiciones de prisión. Se encontró que sus condiciones carcelarias estaban en violación de las Reglas mínimas de la ONU para el tratamiento de los reclusos.

Pero todas esos vejámenes los enfrentó sin odio, ayudando a los demás presos y en la cárcel se convirtió en un símbolo de dignidad. Los años de esa dura prisión no tocaron su sensibilidad y amor por Puerto Rico, que expresó a lo largo de toda su vida, que fue mucho más que la lucha política.

Nacida en Nueva York en el 1946, fue también una polifacética, artista, poeta, productora y directora de televisión y teatro, escritora, activista y amiga de diversidad de personas. Fue también una loíceña por adopción, porque al regresar a Puerto Rico, se mudó a Loíza donde vivió hasta su muerte.

Oscar López Rivera, el compañero de luchas independentistas y quien pasó más de 37 años en prisión, se afectó emocionalmente al conocer la partida de Pagán. “El se afectó mucho porque Dylcia fue una compañera de lucha”, dijo, desde la ciudad de Chicago, Clarisa López, hija del líder nacionalista.

“Es un gran pérdida porque ella era una loíceña de corazón, porque lo eligió y desde el primer día siempre se sintió orgullosa de Loíza. Ella era mi amiga bien querida, defensora de nuestra patria, de nuestro Loíza, de la cultura. Para mí es una gran pérdida,” manifestó, apesadumbrada, la alcaldesa de Loíza, Julia Nazario, del Partido Popular Democrático.

El cineasta Tito Román estaba profundamente conmovido porque no logró coordinar la reunión que tenía pendiente para que Pagán pudiera ver su más reciente documental, Psiquis. “Yo tenía una reunión pendiente con ella, porque ella quería ver Pisquis. La bandera de nuestro país tiene que estar a media asta por Dylcia”, dijo, en entrevista telefónica.

El dramaturgo Roberto Ramos Perea narró que uno de los momentos más intensos en su larga carrera sobre las tablas que lo vivió junto a Dylcia Pagán, cuando ella y otros expresos políticos asistieron a la obra “Espíritus rebeldes”, que trataba sobre sus vidas. Fue en el 1999. En una escena de la obra se representa el diálogo que Dylcia tuvo que vivir con su hijo al explicarle su lucha por amor a la Patria. Cuando la primerísima actriz Roxana Badillo interpretó su papel junto a Esteban Fonseca en el papel de su hijo.

“Dylcia escuchaba atenta y a su hijo junto a ella, grande como ya era, le vi con sus ojos aguados…, al paso de las líneas, Dylcia ya no aguantó su emoción y se abrazó a su hijo con tal ternura, que el ojo del público pudo ver a un tiempo el drama teatral y el drama humano desplegándose uno frente al otro con una cadena inquebrantable del más profundo amor”, narró Ramos Perea.

Por su parte, el expresidente del Colegio de Abogados y miembro del comité de apoyo a la excarcelación de los presos políticos, Eduardo Villanueva, publicó una emotiva y personal carta abierta que culminaba diciendo: “Dylcia amorosamente irreverente y amante de la patria, su hijo y sus amigos y amigas. No se muere, no filmó “La Insoportable levedad del ser”, porque fue como quiso, era y fue, ovaricamente auténtica y mujeres así nunca mueren; sólo trascienden a joder a otro lado, a no dejar que las jodan, a seguir pariendo frutos de justicia y libertad. Así de viva la recordaré siempre…

La poeta y cuentista Alexandra Pagán publicó en las redes sociales fotos familiares, junto a su hermana y a Dylicia diciendo: “Mi cuadro ancestral está de fiesta, mientras acá estamos respirando”.

“Ayer nos abrazamos por texto en la salud. Hoy no estás aquí. No puedo creerlo. Me duelo muy duro. Te amo, guerrera. Hasta la próxima. Viva Dylcia Pagan. Viva Puerto Rico Libre. Ashé”, manifestó la reconocida coreógrafa, profesora y bailaria Petra Bravo.

La escritora Yolanda Arroyo Pizzarro escribió “Nuestra Dylcia Pagán ya es Ancestra. Hasta pronto. Descansa en poder”. Mientras que el escritor y comediante, Silverio Pérez, lamentó su partida.

Oriunda del Bronx, Pagán trabajó como productora de televisión escribiendo y haciendo documentales y programas de niños  en las cadenas NBC, ABC, CBS y PBS. Trabajó con el Consejo de Educación de Medios de Comunicación (de Puerto Rico), que presentó una serie de demandas en contra de las principales estaciones de televisión que facilitaron la programación local de asuntos públicos que todavía existe hoy en día. También trabajó como editora en inglés del diario bilingüe El Tiempo.

Pagán y otros once miembros de la FALN fueron detenidos el 4 de abril de 1980, en Illinois, y se les vinculó a más de cien atentados o intentos de atentados, desde 1974, en su intento de lograr la independencia de Puerto Rico. En los procedimientos judiciales, todos los detenidos declararon su condición de prisioneros de guerra, y se negaron a participar en el proceso judicial.

Ninguno de los atentados por los que fueron condenados causó muertos o heridos.

Además de Pagán, los otros presos políticos que fueron indultados por Clinton incluían a Alberto Rodríguez, Alejandrina Torres, Alicia Rodríguez, Elizam Escobar, Adolfo Matos, Ida Luz Rodríguez. Luis Rosa, Ricardo Jiménez y Carmen Valentín. Carlos Alberto Torres salió de prisión enel 2010. Oscar López Rivera terminó su condena a los 74 años, en el 2017, habiendo permanecido 35 años de prisión.

En la prisión, Pagán desarrolló programas educativos y culturales para los otros internos, enseñando aeróbicos, dirigiendo obras de teatro, y carnavales organizados para el Día del Niño.

Desde 1999, Dylcia ha estado residiendo en Puerto Rico, donde fue recibida por miles de partidarios como una heroína nacional. Trabajó para la compañía de cine Paradiso Films, en la Feria Internacional del Libro, fue productora y codirectora del estudio del reconocido fotógrafo Farrique Pesquera, que implica sesiones fotográficas de los productos comerciales y el trabajo de impresión comercial.

Reproducido de sandrarodriguezcotto.sustack.com

 

Dylcia Pagán, ex prisionera política (1946-2024) 

 

En recuerdo de Dylcia Pagán, la querida y admirada compañera y ex prisionera política recién fallecida, publicamos la entrevista que le hizo nuestra reportera Cándida Cotto en el 2019, al cumplirse 20 años desde su regreso a Puerto Rico tras su excarcelación. En CLARIDAD estamos trabajando una edición especial dedicada a su memoria.

A veinte años de su regreso: Dylcia Pagán, mujer revolucionaria

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

Yo no soy independentista, yo soy una mujer revolucionaria. Nunca voy a cambiar”.

A 20 años de su excarcelación y de su regreso a la patria, Dylcia Pagán se reafirma en su ser revolucionario y en que es un honor decir que fue miembro de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN). En esta ocasión, CLARIDAD entrevista a Dylcia, quien nos comparte sus reflexiones desde ese momento de su llegada en septiembre de 1999. Con sus expresivos ojos nos cuenta:

“De ese día nunca me olvido porque regresé con mi hijo, con los compañeros que hicieron el documental, La doble vida de Ernesto Gómez Gómez. Entonces, cuando el avión aterriza en Puerto Rico, el capitán dice: ‘Por favor quédense todos sentados’. Y yo me dije: ¿Que irá a pasar? Yo pensé salir del avión , me tiro por ahí y alguien estará ahí, y escucho que dicen: ‘Dylcia Pagán y su grupo, por favor, vengan adelante’. Y me dije: ¡Oh, shit!… y cuando abrieron la puerta, está mi mejor amiga y otros amigos, y cuando salgo había flores”.

Dylcia nos recibe en su hogar en Loíza . Fotos Alina Luciano/ CLARIDAD

Describió el momento como uno increíble, ya que además de encontrarse con amigos y familiares que hacía años no veía, también se topó con algunos de los compañeros de lucha, con los cuales se supone no podía tener contacto en esos momentos por condiciones de la excarcelación, así que el saludo tuvo que ser a la distancia y con la mirada.

Pero una de las escenas que más atesora fue cuando en un momento que estaban esperando para salir al público, “Miro hacia adelante y está Clarisa (hija de Oscar López) abrazándose con mi hijo y el hijo de Papo Segarra, Ramoncito. A mí se me fue el mundo, ellos abrazándose, dándole felicidad a mi hijo, pero sus padres no estaban ahí. Luego, cuando abrieron esas puertas y salimos allá afuera, fue un momento tan increíble de mirar todo ese pueblo que estaba ahí!”

Sobre los primeros años, expresa que los primeros cinco fueron momentos de celebración, de llorar con alegría, de encontrar una patria que hacía 20 años que no veía. Aunque nacida y criada en Nueva York, específicamente, en El Barrio, dice que de joven cineasta, venía dos o tres veces al año a Puerto Rico a hacer algún trabajo de televisión o de investigación. Recuerda que al tercer día fue a visitar a su familia a Guánica, en donde encontró una mesa llena de serenata de bacalao con viandas que le preparó una de sus primas.

Dylcia en su primer Festival 1999. Foto Archivo CLARIDAD

“Llegamos en septiembre. Yo cumplo el 15 de octubre, y tener mi cumpleaños en la tarima del Festival de CLARIDAD, eso fue algo espantoso (quiere decir fantástico) me acuerdo de cómo Elliott y Carlos (se refiere a Elliott Castro y a Carlos Gallisá) hicieron para separarnos en la tarima. Luisito (se refiere a Luis Rosa, otro ex prisionero,me tocó la conga), pero Andy Montañez me sacó a bailar. Cuando me tocó hablar, ¡hubo un silencio..! Fue un momento tan increíble, con ese pueblo allí cantándome feliz cumpleaños. Eso nunca se me olvida”.

Después de ese primer Festival, Dylcia acompañó por tres años a Elliott como animadora en el Festival de CLARIDAD.

¿Cómo te integras al país, al trabajo?

Entre sus múltiples habilidades está el hacer artesanías.
Foto: Alina Luciano CLARIDAD

“Pues yo me integré. Estaba lista, yo sabía. Yo entré libre y salí más libre. Estaba lista para llegar a la sociedad. Lo más que me encantaba era que aquí en las tiendas tocaban música de aquí”.

Dylcia Pagán reconoce y agradece el apoyo y la solidaridad que recibió de un nutrido grupo de personas comprometidas que le apoyaron tanto en términos afectivos como económicos. “Lo más importante para mí fue encontrar una gente, una familia que me adoptaron, que me hicieron parte de sus familias. Yo me sentí que vine de un sitio pa’ otro, pero con familia”.

Añade que se adaptó porque quería adaptarse y que estaba lista, ya que no sentía que ella fuese diferente. Lo más difícil fue no poder ver a su comadre, la también exprisionera política Carmen Valentín. No fue hasta pasado el primer año que el oficial probatorio les dio permiso para pasar las Navidades juntas.

El periodo de seis años de probatoria le afectó su estabilidad para trabajar. Considerada la primera mujer realizadora del cine puertorriqueño, al salir de prisión, aunque recibía invitaciones de trabajo, estas había que someterlas a aprobación a Washington: “Si les daba la gana, me cambiaban el horario; estaba como desbalanceada. Fui a Nueva York después de un año y medio, por veintidós días”. Al integrarse a la Iisla trabajó por un tiempo con Paradisso Films, fue productora y asistente de fotografía de Farrique Pesquera y directora de desarrollo de páginas en la Web, para lo cual aprendió en dos semanas a usar computadoras.

Hace unos meses, la patriota cineasta recibió en su casa en Loíza la visita del director de cine Spike Lee, por medio del artista Tuper Gourth, a quien ya conocía desde su trabajo en Nueva York. Estando en la sala de su casa —narra Dylcia—, Spike se sienta a mirarla, atento, tratando de recordar dónde la había visto antes. Cuando Tuper le dice que ella es Dylcia Pagán, quien hizo el documental de Gómez Gómez, a Spike se le abrieron los ojos y le dijo que si ella no hubiese ido a la cárcel hubiese sido la Oprah Winfrey de Puerto Rico.

Dylcia comenzó su carrera como directora de cine en 1969en el 1969, trabajo que tiene limitado en estos momentos: “Para mí, trabajar en los medios aquí es bien difícil. Voy a ser bien honesta, no es la calidad que yo estoy acostumbrada. Además, la gente se cree que porque estuve en la cárcel a mí se me olvidó lo que yo sé hacer”.

De ahí que se haya esforzado durante todos estos años en hacer trabajo independiente. Entre ellos, hace 14 años, trabaja en un documental sobre la vida de las patriotas nacionalistas Blanca Canales, Lolita Lebrón, Carmín Pérez, Isabel Rosado y Doris Torresola. El segmento que está pendiente de realizar es el de Blanca Canales en Jayuya. Filmó un documental sobre mujeres pintoras y uno sobre los Macheteros y el documental Dos héroes, sobre Carlos Alberto Torres y Oscar López. Este documental lo logró realizar antes de que los compañeros fueran excarcelados.

“Te quiero decir algo bien importante. Dondequiera que yo he hablado en Estados Unidos, parte de lo que yo hablo es del asesinato de Filiberto Ojeda Ríos y de la campaña de excarcelación de Carlos y Oscar”.

Volviendo al tema del cine en Puerto Rico, Dylcia expresó que el campo es difícil, pero reafirmó su confianza en los jóvenes: “Yo creo que ahora mismo tenemos los jóvenes que se están estableciendo; pero es difícil. Cuando se está enfocado en lo que se quiere, es difícil establecer una compañía de cine, como por ejemplo Sandino Films, como teníamos en Puerto Rico, porque la comercialización es mucha. A la gente se le olvida la importancia de que su producto tenga esencia, enfocarse en lo que es importante. Cada vez que les hablo, y casi todos tienen estudios universitarios, les digo que cuando yo empecé mi carrera en el sesentinueve, no había cámaras. Costaban $80 mil. Hoy día ustedes tienen todo ese equipo. Empiecen a filmar la realidad de ustedes, eso es documentación, porque la vida ha cambiado. El ojo de los jóvenes es lo visual”.

 

«Tenemos que mirarnos nosotros y mirar la realidad. A esos jóvenes hay que dejarles espacio, hay que pasar la batuta.»

Por su confianza en los jóvenes trajo a la atención el movimiento de protestas de este verano del 2019, y la participación destacada de estos: “Tenemos que mirarnos nosotros y mirar la realidad. A esos jóvenes hay que dejarles espacio, hay que pasar la batuta. Este es el momento en que podemos sentarnos y dejar a esta juventud, que es brillante porque tiene principios. La realidad de Puerto Rico es diferente y los jóvenes están dispuestos (as), si no estuvieran dispuestos, no hubieran hecho lo que hicieron este verano”.

La mujer revolucionaria no dejó pasar por alto el tema de la violencia y las manifestaciones:

“Yo creo que el pueblo tiene que entender que para mí es un honor decir que fui miembro de la FALN. Las acciones políticas militares se hicieron en su momento histórico, y eso no es violencia. Eso es una respuesta a la violencia que el imperio yanqui ha cometido contra nuestro pueblo. Y aquí estos jóvenes se portaron increíble; no hubo malas palabras, uno que otro carajo, y uno habla del espíritu, que le sale a uno. Y en estas circunstancias hay que enseñar esa furia que nosotros aguantamos adentro. Y lo vimos en esa marcha”.

Dylcia exhortó a todos los dirigentes de las organizaciones independentistas a unirse y pasar la batuta a los jóvenes:

“Yo no creo en las elecciones. Aquí, nunca van a cambiar esta patria; pero sí podemos unirnos y permitir, y darles nuestras experiencias. Pero dejemos que ellos creen un paso nuevo para la independencia de Puerto Rico. Y lo podemos hacer. Definitivamente, yo no tengo duda de eso”.

La también artesana dedicada a tallar rostros de reinas y cacicas en higueras —las excepciones han sido los rostros de Hugo Chávez y Fidel Castro—, aspira a filmar un documental de la historia oral del pueblo de Loíza, donde reside hace ya 19 años:

“Loíza celebra 300 años de su historia, y este es el momento. Loíza no es solamente bomba y plena. Tiene una trayectoria de ocho generaciones. Loíza es los terrenos de los compañeros negros después de la supuesta abolición de la esclavitud, porque el racismo todavía existe en Puerto Rico”.

Para este trabajo tiene ya algún pietaje del asesinato de Adolfina Villanueva, un documento de la primera niña esclava, que se vendió cuando solo tenía ocho años. Además tiene el sueño de poder hacer la vida de don Pedro Albizu Campos.

“Hay muchas cosas que quisiera hacer. Trabajo en mi primer libro, Guiada por el amor, cuentos de gente en mi vida antes y después de la excarcelación. Creo que es importante que la gente entienda que nosotros hicimos lo que hicimos por amor a la patria. Y como decía el Che, el revolucionario verdadero, la base es el amor”.

Entrevista publicada en septiembre 2019

Sentida expresión de condolencia

Foto tomada del FB de Wilma Reverón

Desde CLARIDAD, Periódico de la Nación Puertorriqueña, nos unimos en un abrazo solidario a la querida compañera Wilma Reverón Collazo, destacada dirigente independentista y consecuente colaboradora de CLARIDAD, ante el fallecimiento de su esposo y compañero de vida, Hamlet Castrodad Rivera.

Que el ejemplo de su vida como abogado, padre, esposo y buen hijo de la patria puertorriqueña les acompañe siempre y les traiga la paz y el consuelo.

Junto a Wilma, reciban nuestro sentido pésame Patricia, Gustavo, Alejandra y Sebastián Castrodad.

 

Junta Directiva y Colectivo de Trabajo de CLARIDAD, Periódico de la Nación Puertorriqueña