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Consteladas remembranzas: amor profano o amor sagrado

 

 

Especial para En Rojo

La ensayista y poeta Aurea María Sotomayor ha señalado en su texto “ Lienzo para coser y descoser: poetas puertorriqueñas de hoy” que escribir en Puerto Rico  o desde el hecho de haber nacido aquí, y añado, desde sus diásporas, “no es tarea fácil” debido al colonialismo.  Por eso asombra la gran cantidad de mujeres que han logrado una gran producción poética. La poesía contemporánea puertorriqueña escrita por Etnairis Ribera, Liliana Ramos Collado, Angela María Dávila, Vanessa Droz, Magali Quiñones, Aura María Sotomayor, Mayrim Cruz Bernal,  Kattia Chico, Karen Sevilla, Irizelma Robles, Nicole Cecilia Delgado, y Rosa Vanessa Otero, entre otras, a veces es críptica o hermética; en ocasiones coloquial o conversacional, práctica que tomó auge gracias al poeta nicaragüense Ernesto Cardenal y al chileno Oscar Hahn. A veces amalgama ambos estilos o prácticas escriturarias enhebrando el lenguaje como lo hace la arqueóloga e historiadora Nancy Santiago Capetillo, la autora del libro que presentamos, Consteladas remembranzas  publicado por Caballero editores este año. (2024)

Varios son los temas que aborda la autora en este texto: el amor y además sus dolores, la nostalgia, el deseo,  la muerte, y el encuentro con el amado, Dios mismo y la escritura al versar sobre la musa como metáfora de esta. El poeta mexicano Jaime Sabines ha escrito un poema sobre Dios  que lee: Me encanta Dios. Es un viejo magnífico que no se toma en serio. A él le gusta jugar y juega, y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna o nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede porque es un poco cegatón y bastante torpe con las manos.  La poesía de Consteladas remembranzas de la autora alude a Dios al centrarse en el amor como tema que rige la obra y este parece  iluminar estos versos que a veces son eufóricos ante la pasión amorosa y que recuerdan al poema de la poeta nicaragüense Gioconda Belli, “Yo soy tu indómita gacela”, al hablar metáforicamente mediante un velado erotismo del otro cuerpo deseado y  de la nostalgia por él.

Recorrí tu cuerpo con mi pensamiento

Recordando sueños que jamás soñé,

Y vino a mi mente el solo momento

De fiebre absoluta tiritando fríos que no conocí.

Cuántas veces quise compartirte mi alma

En la niebla densa del encuentro aquel

Y recorrer bosques, valles y montañas

Con la brisa fresca de tu boca fiel.

Puede decirse que evocan al Cantar de los cantares (mi amado es como la mirra,  ungüento y leche  son tus pupilas) mediante el recorrido por bosques, valles y montañas como el amado que busca a la amada en el libro de Salomón en el mismo sitio en el que esta lo buscó. También lo evocan Luis Palés Matos en “Mulata Antilla” y Ángel Náter en “El Cantar de los cantares del amor oscuro”.

Algunos poemas de este libro aluden al amor perdido del que nos cantó Pedro Flores.  Tal vez, como dice el mexicano Sabines, Dios lanzó la mano jugando. Recordemos que Dios es lúdico, pero no tonto, y yo afirmo que tampoco es idiota. En el poema titulado “Realmente, no sé” expresa el dolor ante la pérdida del amado: “Extraño tu risa, tu pausado aliento/me faltan tus ojos, me falta tu amor/y un hueco insondable arropa mi vida/rodea mi alma, pero sin rencor”. El hablante lírico desea a su amante.

En los versos de la escritora Dios sigue siendo un sujeto poético como vemos en el fragmento del poema “Aposté a quererte”:

Aposté a quererte y gané la apuesta

Tras muchos desvelos y luchas internas

Enfrentando gentes, redes y quimeras,

Con un Dios que ampara y abre puertas.

“Dicen que Dios a veces se enfurece y hace terremotos, y manda tormentas, caudales de fuego, vientos desatados, aguas alevosas, castigos y desastres. Pero esto es mentira. Es la tierra que cambia -y se agita y crece- cuando Dios se aleja”, lee el poema de Sabines.

Santiago Capetillo presenta el amor en distintas fases: tanto la unión como la separación y por ello la nostalgia y añoranza de algunos poemas como “Ya no siento la tristeza”  (28), “Mi tintero esta repleto”, “Realmente, no sé”. La alegría está igualmente en los poemas de Consteladas remembranzas recogidos en este libro que culmina con un diálogo con la escritura al dedicarle versos a su musa, a veces encontrada y a veces perdida, lo que hacen muchas narradoras  del siglo XXI como Ana María Fuster Lavin, Mayra Santos Febre, Marta Aponte Alsina, tal vez bajo el signo de Jacques Derrida.

La metáfora es uno de los recursos más empleados en este artefacto llamado poemario:

“Soy saeta en el viento, cometa vagamundos,/Cuyos sueños me elevan a lugares profundos,/Mientras tú eres roca inamovible…” que alterna con expresiones claramente denotativas y conversacionales como lo hace en este diálogo con el mismo hablante lírico y con el amado en este texto en que prevalence el amor: “Mi amado es como la mirra. Ungüento y leche son sus pupilas” palabras del rey Salomón. Amor profano y amor sagrado: ¿cuál es la diferencia?

La autora es profesora en la UPR en Bayamón

 

En Reserva-humanidad es

 

 

 

Especial para en Rojo

Desde hace varias décadas las humanidades como disciplinas de enseñanza han sufrido un constante cuestionamiento sobre su pertinencia en el tecnologizado mundo actual. ¿De qué sirve saber de la antigüedad clásica, se preguntan, cuándo toda la información está disponible en la Internet? Como queda claro, más de 30 años de la red, con toda su información disponible no nos ha hecho más conscientes ni mejores ciudadanos. Por ello nos tenemos que seguir preguntando cómo lograr tal objetivo de mejorar como sociedad en el colectivo de homo sapiens.  La historia de la humanidad es, además de la lucha de clases, la historia de nuestra relación con las diversas herramientas que hemos desarrollado a lo largo de nuestra existencia.

Las principales características que distinguen a los humanos de los demás seres vivos del planeta ha sido, por un lado, la consciencia de nuestra finitud, y la consecuente exploración conceptual de una posible trascendencia espiritual, y por el otro, su capacidad racional. Es decir, una inteligencia especial para la construcción de herramientas con las que hemos podido modificar nuestro entorno y sobrevivir en la lucha por la existencia.  Con estas herramientas hemos potenciado los límites de nuestras capacidades físicas: mazos y hachas para romper cascarones o cortar troncos de árboles; lanzas y arcos y flechas para alcanzar presas más rápidas; canoas y barcazas para navegar, palancas y poleas para potenciar la fuerza; catalejos y telescopios para ver de cada vez más lejos, bicicletas, automóviles y hasta cohetes para trasladarnos largas distancias a mayor velocidad. También hemos desarrollado herramientas que potencian nuestra inteligencia y capacidad de entender el medioambiente que habitamos para aprender a modificarlo a nuestra conveniencia (o eso hemos creído). Nuestros antepasados se percataron de la recurrencia del día y la noche, de las épocas de lluvias o sequías, de los periodos fríos seguidos de los más cálidos y así en un largo continuo del que aprendieron a anticipar dichos eventos. Al vincularlos con los movimientos estelares, lograron medir el tiempo (o se lo inventaron de plano). Y, al anticipar estas recurrencias las fueron manipulando a su favor, como hicieron los antiguos pueblos mesopotámicos con las crecidas de los ríos Tigris y Éufrates o los egipcios con el Nilo que lograron desarrollar una agricultura a gran escala, fundamento básico para el surgimiento y progreso de las civilizaciones. De igual forma, encontraron formas de preservar estos conocimientos a través de la escritura y la parafernalia de almacenamiento de estos textos, ya sea en rollos de papiros, relieves en los arcos de triunfo o en las puertas de las catedrales, la acumulación de libros en las bibliotecas, millones de bytes de información en la nube.

En ese devenir de relaciones adjudicaron que tales eventos se debían a la voluntad de seres divinos y para comprenderlos construyeron mitos e historias con las que explicaron la relación entre las fuerzas de la naturaleza y las lecciones que tuvieron que aprender para superar obstáculos y lograr nuevos adelantos. Gracias a estas herramientas discursivas desarrollaron nuevas capacidades, que les permitió sobrevivir y construir sociedades que, con el tiempo se volvieron cada vez más complejas y dinámicas. No sólo había dioses relacionados al Sol o a la Luna, las aguas dulces o el mar, la seducción y la fertilidad y demás atributos de la naturaleza, sino que también otros asociados a las prácticas humanas de la cacería, la agricultura, la herrería, la guerra, la justicia y la misma búsqueda del conocimiento. Es en ese sentido que las religiones fueron las primeras disciplinas del conocimiento humano que, con la búsqueda sistemática de la verdad, encontraron formas de entender el mundo en el que vivían. A través de los ritos, rezos y ofrendas, establecieron formas de comunicación con las divinidades, una suerte de negociación para superar dificultades y progresar en lo material y en lo espiritual.

Sin embargo, estos discursos de verdad derivados de la búsqueda, digamos que, honesta de la verdad, tomaron un giro perverso al convertirse también en discursos de poder, herramientas con las que las personas que se establecieron en el tope de las jerarquías sociales se apropiaron de los recursos productivos que propician la sobrevivencia y el desarrollo de las comunidades humanas. Justificaciones violentas que establecieron castas colmadas de privilegios y vastas mayorías sometidas al deber y el servicio de las noblezas o de los hombres, de los “blancos” o de quienes profesen la “religión verdadera”. No obstante, toda forma de conocimiento siempre llega a sus límites, lo que propicia la exploración y superación de tales confines y, por lo tanto, el surgimiento de nuevas disciplinas de conocimiento, mejores herramientas para encontrar nuevas verdades que permitan una mayor comprensión del entorno, ya no sólo natural, sino el social y la aspiración de justas reivindicaciones sociales. En estas ambivalencias y contradicciones estas sociedades fueron capaces de construir belleza sublime e infringir espanto y terror, producto y justificación de las ideas con las que condujeron los proyectos colectivos constituidos por una infinidad de actos individuales.

En la historia de la humanidad la producción del conocimiento mítico y la superación del mismo, ha estado íntimamente relacionado con las prácticas humanas asociadas a las artes (eso que llamamos Humanidades). En la creación de los mitos religiosos se utilizan formas narrativas que demuestran abstracciones, metáforas y alegorías para caracterizar a las divinidades y los conflictos inherentes entre ellas en representación de los conflictos naturales y sociales que querían explicar y de la cual extraer alguna enseñanza. De igual forma desarrollaron lenguajes plásticos, tallas en piedra, madera o mármol o pinturas que sirvieran para identificarlos y adorarlos. Recordemos que el surgimiento y el desarrollo de las representaciones escénicas surgió del culto al lúdico Dionisio con su caravana de bailarines y amantes del vino y del goce del cuerpo. A través de estas disciplinas los humanos hemos procurado entender nuestro lugar y propósito en el mundo, un orden supuesto con el que le damos sentido a la existencia colectiva y con el que exploramos y expandimos los límites de lo humano. Desde La Épica de Gilgamesh en la que un rey déspota y abusivo con su pueblo encuentra la humildad necesaria para cumplir su deber con su pueblo al reconocer su mortalidad y la decadencia inevitable de su cuerpo. O, los cuestionamientos sobre el destino y el honor en el escenario más humano, la siempre presente guerra, en la que cientos de almas de héroes terminaron de forma violenta en el Hades ante la cólera indómita de Aquiles y la ambición sin medida de Agamenón. O tal vez la búsqueda de un ideal estético en la juventud eterna y perfectamente simétrica de las esculturas del periodo clásico contrastado con la variedad de sentimientos representados en las del periodo helenístico.

Un lugar especial entre las disciplinas humanísticas tiene la filosofía, con la que se buscó entender la realidad del siempre cambiante y eterno mundo natural como si los dioses no existieran y determinaran todos los acontecimientos. Pero que también reflexionó sobre qué es la verdad y cómo llegar a ella, qué es la belleza, o entender el mundo en el que vivimos y cómo podemos sobrevivirlo de la mejor manera posible e, incluso, intentar mejorarlo. De la práctica filosófica, a través del uso de las palabras en una larga conversación oral y escrita, surgieron las demás ramas del conocimiento: las ciencias naturales y las sociales, la medicina, la pedagogía, el derecho, la arquitectura.

Al igual que el conocimiento mítico, las verdades filosóficas produjeron discursos de verdad, que se constituyeron en las ideas con las que conformamos los paradigmas para darle sentido a la realidad que vivimos. Estas ideas determinan en gran medida nuestras prácticas, las formas en que a través del tiempo y el espacio las diversas sociedades han funcionado. Sin embargo, la perenne búsqueda de la verdad trasciende los límites del status quo y siembra las semillas del cambio de paradigmas. Es importante reconocer que el conocimiento es un producto dinámico y que tiene que atemperarse a los tiempos. Es necesario aprovecharnos de las herramientas que hemos creado y potenciar la expansión de los límites de lo que entendemos de nosotros mismos. Si, por un lado, el Big Data, nos permite acumular y considerar una inimaginable cantidad de datos que permiten la creación de patrones a largo plazo, la Inteligencia Artificial nos plantea dilemas en torno a la creación y la autenticidad e, incluso, la manipulación de la realidad. Es necesario que dominemos estas nuevas herramientas para entender más y mejor la complejidad de lo humano desde su creatividad e integrarlo a la producción y difusión del conocimiento de las disciplinas humanísticas. Las plataformas digitales abren la posibilidad de diseminar el conocimiento humanístico desde un amplio registro de perspectivas a un mayor número y diverso número de receptores ampliando aún más la conversación, condición misma para la producción del conocimiento. Lo que nos lleva a uno de los principales retos de nuestra contemporaneidad, la de profundizar en los principios filosóficos de la crítica de las bases teóricas bajo las cuales sostenemos nuestros análisis y el desarrollo de un discurso lógico para exponerlo e integrarlo a la discusión.

 

La dignidad

 

Luis G. Collazo

Especial para En Rojo

“No, el primer deber del hombre no es diferenciarse, es ser hombre pleno, íntegro, capaz de consumir los más de los más diversos elementos que un ámbito diferenciado le ofrece”

Miguel de Unamuno.

 Hay quienes hoy pretenden reducir la dignidad humana a una agenda política enraizada en un discurso religioso mezquino y excluyente. En la medida que se intente reducir la dignidad humana a un proyecto político que pretenda reestablecer una “teocracia” absolutista y dogmático nos arriesgamos a permitir el discrimen y la exclusión social.

El desafío al que nos enfrentamos requiere de una actitud colectiva crítica y suspicaz. Reducir la idea de la dignidad humana a concepciones religiosas y bíblicas caprichosas, arriesga la libertad de conciencia y la auténtica concepción de democracia. El discurso de la “dignidad” así como el del “nacionalismo cristiano” cancelan el fundamento de la empatía y la solidaridad. Es así como se fomenta el racismo, el sionismo, la idolatría del poder y el odio al emigrante. La religiosidad carece de fundamento para la dignidad cuando ésta se convierte en un fanatismo opresivo y dictatorial.

No debemos de ver ambos fenómenos políticos como un evento nuevo pues la historia está plagada de agendas que han pretendido, y hasta han logrado persuadir, a amplios sectores sociales a adoptar supuestos religiosos vinculados a la dignidad. Todos han fracasado en el escenario de la prepotencia y la represión. Precisamente su agenda fundada en ignorar la inclusión plena de todos los actores y constituyentes de la sociedad en el devenir histórico marcó su ruta hacia la derrota de sus proyectos. Es preciso también indicar y recalcar que el retorno actual de estos discursos depredadores de la auténtica dignidad humana es síntoma de la decadencia de esas hegemonías deshumanizantes. Si algo fortalece la sociedad es una política plena de inclusión donde todos los protagonistas sociales son reconocidos con su plena dignidad humana.

Carece de dignidad toda estrategia que menoscabe la libertad humana y pretenda legislar y legalizar la misma a partir de criterios religiosos, bíblicos y teológicos. El “mesianismo” de sectores religiosos que aspiran a conquistar la voluntad política mercadeando la “dignidad”, carecen de la humildad necesaria que ésta implica. El intento de oficializar política y religiosamente un criterio particular de “dignidad” implica un atropello a la libertad y a la justicia social. El futuro de la sociedad no puede reducirse a unos actores que pretenden capturar la buena voluntad social mediante la utilización mercantilista de la figura del Mesías. Precisamente, en la concepción del Mesías está la fundamentación de una sociedad caracterizada por la justicia, la libertad y la apertura al prójimo sin agendas recalcitrantes. El auténtico mesianismo debe aspirar a la plena liberación de toda condición que oprima, ignore y estigmatice a la persona. Quienes pretenden lo contrario están en contradicción con el futuro de la esperanza.

Ningún argumento o cuerpo de ideas religiosas debe pretender ni presentarse como la salvaguarda del bien común. Precisamente, su tarea debe ser contribuir a fomentar el diálogo abierto y colaborativo al interior de la sociedad. Las posiciones religiosas dogmáticas e intransigentes constituyen una peligrosa amenaza para un pueblo a quien le urge una sana convivencia abierta y solidaria. Las condiciones históricas de nuestro pueblo exigen un perfil de liderazgo con una inteligencia emocional cabal y un pensamiento crítico incisivo que no sucumba ante estereotipos superfluos y propuesta demagogas. Las propuestas sociales enclavadas en leyes, normas y promesas populistas carecen de eficacia y viabilidad legítima.

Nunca la religión ni la idea de dignidad debe ser utilizada para justificar un proyecto político particular. El único camino que valida el discurso de la fe y la dignidad es aquel que contribuye a la liberación plena de la persona humana y consolida la libertad solidaria. Sucumbir en la ingenuidad sólo nos asegura una sociedad sumida en la superficialidad y la devaluación de la dignidad humana. La historia nos demuestra la disfuncionalidad de estos proyectos matizados de religiosidad y moralismos deshumanizantes. Abrir el espacio de la historia a la plena reconciliación de los actores sociales y las culturas será el camino que nos permita decir que “un mundo nuevo y mejor es posible”.

 

El autor es escritor

 

Las brillantes colores del apocalipsis en Furiosa: A Mad Max Saga

 

 

Especial para En Rojo

 

La esencia de los Spaghetti Westerns vive en las películas de Mad Max. Sus personajes pueblan mundos caóticos donde el más fuerte se traga al débil, reflejando una versión menos épica de nuestra realidad. En The Good, the Bad, and the Ugly (dir. Sergio Leone; España, Italia y Alemania Occidental; 1967), los Estados Unidos de la Guerra Civil, representados en la árida campiña española, están presentes en los desiertos australianos del Wasteland de la serie de Mad Max. Aunque los Estados Unidos de la segunda mitad del siglo 19 no son un mundo postapocalíptico tal cual, su reinvención en la película de Leone demuestra la misma civilización derrotada de Mad Max. En la primera película de la saga, Mad Max (dir. George Miller, Australia, 1980), Max (Mel Gibson) es un policía vestido de cuero negro, la vestimenta que lo define como personaje a través de la serie, que lucha contra Toecutter (Hugh Keays-Byrne) y su ganga de motociclistas. Aunque todavía se ve cierta estabilidad social en esta primera, The Man With No Name (Clint Eastwood) y Max (Mel Gibson/Tom Hardy) sobreviven en estos territorios inhóspitos donde la humanidad se reduce a su lucha por la gasolina, que mantiene corriendo los vehículos de Mad Max 2: The Road Warrior (dir. George Miller, Australia, 1982); por el control del gas metano que suple energía eléctrica y define las dinámicas de poder en el Bartertown de Mad Max Beyond Thunderdome (dirs. George Miller y George Ogilvie, Australia, 1985); y por el agua que consolida el control de Immortan Joe (Hugh Keays-Byrne) sobre las masas que se arrastran al pie del Citadel en Mad Max: Fury Road (dir. George Miller, EE. UU. y Australia, 2015) y su precuela, Furiosa: A Mad Max Saga (dir. George Miller, Australia y EE. UU., 2024). The Man With No Name y Max son figuras románticas que se rigen por un código sencillo: lucha con uñas y dientes por sobrevivir y no abuses de los débiles. Este código torna a Max en una figura heroica dentro de un mundo donde villanos carismáticos manipulan sus seguidores armados hasta los dientes y conduciendo transportes alucinantes. Es también de este mundo donde surge una nueva héroe, Furiosa. Diferente a Max, cuyo nihilismo es una manifestación de la vida en el Wasteland, Furiosa lucha por su redención y por la esperanza de un respiro de naturaleza en medio de la destrucción.

En Furiosa: A Mad Max Saga, la protagonista es capturada por los hombres de Dementus (Chris Hemsworth) cuando era una niña (Alyla Browne). Dementus es un nómada que junta un sinnúmero de tribus de motociclistas bajo su mando. En su búsqueda por un reino, Dementus establece una alianza tan volátil como su liderazgo con Immortan Joe (papel que actúa Lachy Hulme, después de la muerte del actor original, Hugh Keays-Byrne), el líder religioso del Citadel. Para cerrar su pacto, Immortan Joe le exige la entrega de Furiosa, la niña aparentemente muda que acompaña a Dementus. Esto explica la manera en la que Furiosa, que Charlize Theron encarna en Mad Max: Fury Road, llega a las alturas de la ciudadela. A medida que Furiosa continúa madurando (Anya Taylor-Joy asume el personaje en su juventud), ella encuentra su lugar en el reino de Immortan Joe mientras espera el momento para vengarse de Dementus por haberle robado su infancia. En Mad Max: Fury Road, Furiosa y Max son los protagonistas de una historia de proporciones operáticas con explosiones de colores, músicos que tocan para las tropas de Immortan Joe durante las batallas épicas y los vehículos con mecanismos letales que demuestran las maravillas del uso de efectos prácticos. La película es un espectáculo que demuestra la poderosa narrativa visual de George Miller y el director de fotografía, John Seale. La más reciente precuela, Furiosa: A Mad Max Saga, es otra épica con los bríos visuales de Mad Max: Fury Road, pero enfocada más en el conflicto entre Dementus y Furiosa. Por un lado, Chris Hemsworth actúa un villano que es una explosión de presencia con un lenguaje poético que recuerda al hablar de Alex de Large (Malcolm McDowell) en A Clockwork Orange (dir. Stanley Kubrick, Reino Unido y EE. UU., 1972). Por otro lado, Anya Taylor-Joy destila una fuerte presencia con unos ojos fríos que lo expresan todo en un rol que casi no tiene líneas. Ambos personajes se dirigen a un encontronazo final que desemboca en el principio de Mad Max: Fury Road.

Siempre fui fanático de las dos primeras películas de Mad Max y prefiero olvidar la charrería ochentosa de Beyond Thunderdome porque, en mi opinión, desvirtúa el Wasteland. Sin embargo, tanto Fury Road como Furiosa son dos obras maestras que expanden gloriosamente el universo de Mad Max. No pierdan la oportunidad de ver la grandeza visual de Furiosa: A Mad Max Saga en los cines de la isla que hace evidente la genialidad de Miller y su director de fotografía, Simon Duggan.

El oscuro despertar neonacional “mesiánico” de la Maripily maníaco-manía

 

Especial para En Rojo

 

Durante estos últimos cuatro meses, ha estado generándose y apreciándose toda una conmoción nacional en los medios comunicacionales de masas (radio, televisión, podcast, redes sociales, etc.) acerca del trivial programa “La Casa de Los Famosos”. Gracias a la agresiva propaganda mediática de Telemundo, entre otros esfuerzos, la polémica e incluso sugestiva imagen de Maripily diseñó un efecto psicoemocional muy propio al que defino como la “Maripily maníaco-manía”. Este ha ido favoreciendo el desarrollo de una subcultura basada en la afectividad capitalista pasajera que se caracteriza por el oscuro despertar de sus ídolos1. Es decir, que como bien exponía Carlos Marx & Federico Engels (1841), entre otros autores como Marshall Berman (1981) “todo lo sólido se desvanece en el aire” por el intenso movimiento del hiperconsumo y necesidades del momento. Este particular fenómeno corresponde a los múltiples giros socioculturales que vivimos de manera apresurada y alocada, cosa que evita por completo que asimilemos a cabalidad los procesos de cambio. Tales efectos, donde directamente se nos vuelcan e incluso manifiestan es en el imaginario social, permitiendo perforar por completo nuestro aparato psíquico2.

Si seguimos por esta línea de pensamiento a nivel psicoanalítico, encontramos que, al estar situados bajo un momento histórico muy peculiar, nuevamente surgen alteraciones al discurso nacionalista puertorriqueño, el cual recibe hoy otras connotaciones transfigurativas. Han sido las mismas crisis socioeconómicas e inclusive psicoemocionales como las que enfrentamos hoy día, que ante tanto ataque hacia la estabilidad identitaria nacional logran subvertir la imagen cultural. A dicho procedimiento dentro de la perspectiva psicoanalítica se le conoce como transferencia. Jacques Lacan en su seminario número 6 (1960) nos expone:

«La cuestión de qué es la identificación debe aclararse a partir de las categorías que desde hace años promuevo aquí ante ustedes, a saber, las de lo simbólico, lo imaginario y lo real (…) Atengámonos a los primeros aspectos, los más evidentes, de la experiencia del duelo. El sujeto se abisma en el vértigo del dolor y se encuentra en cierta relación con el objeto desaparecido que de alguna manera nos es ilustrada por lo que ocurre en la escena del cementerio. Laertes se arroja a la tumba y, fuera de sí, abraza al objeto cuya desaparición es causa de ese dolor. Es obvio que el objeto resulta entonces tener una existencia tanto más absoluta cuanto que ya no corresponde a nada que exista». (p.371)

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Evidentemente, es desde este enfoque que nuestra figura del yo va no solo reinventándose al antojo de lo que sea tendencia, sino también reorganizando sus emociones e incluso relaciones interpersonales según nos delinea Eva Illouz (2012). De ahí la necesidad de recurrir en un personaje ambivalente, pero a su vez pueblerino para resignificar no solo el análisis discursivo de los sentimientos patrios, sino también lo que es la representación de la “mujer puertorriqueña”.

Empíricos sociales como García-Toro (2024) reafirman que “Maripily” es un fenómeno que refuerza la noción de pueblo”. Sin embargo, el que haya cierto paralelismo entre lo que la psicología de masas proclama idealizar y fijar a un solo espacio para muchos celebrar, no significa que se esté construyendo un sacrosanto lema, capital cultural o predica nacional. Si no más bien, lo que estamos propulsando a nivel imaginario, simbólico e incluso “real” es la auto- aniquilación del pensamiento crítico- reflexivo ya que el verdadero afecto nacional en sus orígenes no descansa en esta gesta de baile, botella y baraja. Y esto es debido a que lo único que se le está rindiendo homenaje es a lo banal, vacío e inclusive profano, justamente como sucede con la moda. (Lipovestsky, 1987). Tanto es así, que si nos insertamos a los diversos comentarios que se promovieron en el emblemático e icónico recibimiento que históricamente absorbió a sus predecesores (Tito Trinidad, Miss Universo, etc.) el enunciado que repetitivamente corría por todos los medios (Nuevo Día, Vocero, Primera Hora, Canal 2, entre otros) “Maripily es nuestro sex symbol”3, “Maripily es la representación de la mujer puertorriqueña”4, “Maripily es el orgullo de la raza boricua negra y pobre”5, entre otras blasfemas expresiones que solo aplauden insultos y reyertas de Maripily “admirablemente”.

Muchos podrán tildarme de antisocial, anti-empoderamiento femenino, teórico conspirativo, aberrante, anti- Maripily o anti-mujer, etc., pero si algo podemos constatar es que el programa secular de la “Casa de los Famosos” fue diseñado como un idóneo entorno para guiar a los sentimientos ajenos hacia un comportamiento psicosocial de las masas. Al encontrarse no solo el mundo bajo un estado de incertidumbre socioeconómico y político, resulta imprescindible la confección de este tipo de transmisiones, puesto que permiten suprimir, reprimir, sublimar y hasta transferir toda esa angustia social en un sentimiento patriótico fallido. Carlos Pabón (2003) señala que “el discurso neonacionalista reduce nuestra nacionalidad a una esencia étnica (la hispanidad) o lingüística (el español) (p.19). De hecho, este alternativo oleaje neo- nacionalista que constantemente acontece por X o Y situación, sea cuando juega Puerto Rico contra los Estados Unidos, vayamos a otra latitud del mundo a culturizarnos o se realicen ciertos “reality shows” como este (La Casa de los Famosos) el imaginario social puertorriqueño se reconstruye a imagen y semejanza de lo que es tendencia.

Rampantes problemáticas como el desempleo, el proceso de las corrompidas primarias del próximo 2 de junio, ausencia de sentimiento de pertenencia y liderazgo han ahondado esa sensación controversial entre angustia versus ansiedad social. De hecho, esto trae consigo una posible transferencia identitaria de fuga momentánea la cual rellena ese estado de vacío psicoemocional. La desaparición de esa facticidad impulsa la emergencia de encontrar sustitutos o figuras como Maripily para enaltecer ese yo ideal e imaginario social por encima de ese sinnúmero de problemas y hasta frustraciones que se nos suscitan en la vida cotidiana. De esta manera, Eva Illouz nos señala que (2012) “el yo privado se manifiesta más que nunca en la esfera pública, en las esferas económicas y las relaciones íntimas” (p.76). Quiérase decir, que el modo en cómo el capitalismo intensifica sus condiciones materiales es propulsando este tipo de programaciones y personajes míticos/ambiguos, para así forjar una plena coacción de nuestra figura del yo existente. Por lo que es indispensable el repensar: ¿Qué es hacer patria en esta fase histórica donde lo que es tendencia fracasada se ensalza y rinde culto a lo selvático?

Gran parte de toda esta conmoción, tanto nacional como mediática ha desplegado un resultado psicoemocional unificador hipomaníaco pasajero y sobre todo confuso puesto que aún hoy sigue siendo centro de resignificación la figura de Maripily. Cabe agregar, que este efecto resultó a su vez ser uno des-unificador sociológicamente hablando, dado que los fines con los que aunaron dichos esfuerzos no fueron para nada articulados a lo representa ser en esencia Puerto Rico. Aunque la identidad nacional como toda identidad sea étnica, sexual, racial o de clase es un derivado del construccionismo social e imaginario, lo que “realmente” estamos promoviendo es una retransformación ideológica y crisis de identidades acerca de la cuestión nacional-patrio (Pabón, 2003). Por tal motivo, es que Don Pedro Albizu Campos (1938) declaraba en uno de sus múltiples discursos “la ignorancia es el peor manicomio con el que se puede condenar a un pueblo”. Traigo a colación esta cita, para poner en relieve la inexplicable, pero insurgente unidad que fomentó la Maripily maníaco- manía la cual más bien reafirma el estado estupefaciente y de descomposición psicosocial en el que se encuentra el país.

Es en ese sentido, que dentro de nuestra atmósfera distintos maremágnums emocionales hacia lo que aparentemente figure ser el efecto “Maripily maníaco-manía” se resalta, concibe, vislumbra y hasta conceptualiza su hazaña como la idónea manera de reavivar “el valor y sacrificio” de Don Pedro Albizu Campos (1938) o el “patria o muerte” de Ernesto Guevara (1964) con el objetivo de brindar a los senos hogareños de Puerto Rico “felicidad” y “modelo a seguir”. Tales señalamientos, bien son descritos y hasta percibidos por la masa que a diestra y siniestra dan su voto a ciegas a Maripily si en algún momento esta decide lanzarse a legisladora o cantante. Así que, la noción de hacer cultura nacional aparte de estar entrelazado con todo tipo de cosa que este globalizado a su vez integra lo superficial y efímero para dar cuentas que ha mutado totalmente el sentimiento histórico- cultural de hacer patria.

En fin, el que exista una figura tan controversial como ha sido desde sus inicios Maripily, genera en la psicología social puertorriqueña todo un estado maníaco u obsesivo que hace de esta un significado sociocultural neonacional. Lo particular de esto es que siempre como seres sociales moderno- tardíos estamos contemporáneamente inmersos en un plan de consistencia6 siguiendo la línea de Gilles Deleuze & Félix Guattari (1982) conceptos como la identidad, nacionalidad, subjetividad, entre otros tienden a variar de acuerdo a las circunstancias materiales (modos de producción) e inmateriales (modos de subjetivación) de la época.

Es por ello, que toda esta solidificación imaginaria de hacer de la imagen empoderada de la Maripily maníaco-manía como una parte integral de la feminidad puertorriqueña según dictaminan los medios de comunicación de masas es precisamente apostar a un posible “mesianismo”. La representatividad de la mujer puertorriqueña e inclusive caucus de múltiples sectores feministas como la colectiva feminista en construcción7 puntualizan que es plausible como la efigie de Maripily bajo este “reality show” permitió cambiar la percepción de las masas acerca de su persona. No obstante, el que se hayan constituido ciertas modificaciones pro-Maripily y mujer, no significa que esta sea el perfecto estandarte para expresar el sentir de la mujer afrocaribeña y sobre todo puertorriqueña empoderada. Es importante agregar, que tales efectos no fueron con la intención de menospreciar y/o subestimar a esta mujer puertorriqueña.

Nos expresa la feminista Monique Wittig (1969) en su distintivo texto ‘Las Guerrilleras’ “Si me apropio del mundo, que sea para soltarlo inmediatamente o para crear nuevas relaciones entre el mundo y yo” (p.50). Dicha declaración contrapuntea con el mensaje “inspirador” que Maripily Rivera (2024) emitió a todas esas niñas y mujeres que la conceptualizan e incluso identifican como modelo a seguir el cual pivoteaba en estos tres elementos: amor propio, creer en ti y tener fe8.

Todo lo que se ha ido rearticulando dentro del actual arrastre de falsas promesas, incertidumbre social, ausencia de valores, menosprecio hacia la mujer y angustia social es precisamente la reconstrucción narrativa de un personaje histórico contemporáneo. Este aparte de ilustrar un supuesto desarrollo de conciencia social trae consigo la pesada carga mesiánica capaz de reabrir la nociones imaginarias, simbólicas y reales sobre los valores patrios y tornarlos en un verdadero hito del momento. Dentro del constante dinamismo social e histórico que estamos encarando, el fast-track cultural transiciona, tanto política como económicamente figuras míticas como influencers fatulos, artistas urbanos artificiales y personajes como Maripily para eclipsar la necesidad de la repetición en transferencia. Considero, que esto se apoya a lo que Jacques Lacan (1960) definió como transferencia la cual define de la siguiente forma “En la transferencia, el sujeto fábrica, construye algo. Y, en consecuencia, me parece, por fuerza hay que integrar inmediatamente a la función de la transferencia el término de ficción” (p.203).

Nos queda como responsabilidad nacional y social el reflexionar desde otros referentes, cómo podríamos sembrar concienciación en estos tiempos de guerrilla tomando como punto de partida las siguientes premisas: ¿Qué es hacer patria en momentos de búsqueda de falsos ídolos? Y, ¿Cómo esta hoy se redefine bajo la mirada multicultural que no solamente habita en Puerto Rico, sino también en el mundo?

 

 

Referencias
Chul-Han, B. (2022). Infocracia. Digitalización y la crisis de la democracia. Taurus. España.
Chul- Han, B. (2015). Psicopolítica. Herder. España.
Deleuze, G & Guattari, F. (1982). Mil mesetas: Capitalismo y esquizofrenia. (Parte II). Paidos. Argentina.
Illouz, E. (2012). Intimidades congeladas: Las emociones en el capitalismo. Katz- Discusiones. España.
Maldonado Denis, M. (1972). La conciencia nacional puertorriqueña: Pedro Albizu Campos. Siglo XXI- Editores. México.
Lacan, J. (1960). Seminario 8: La transferencia. Paidos. Argentina.
Lipovetsky, G. (1987). El imperio de lo efímero: La moda y su destino en las sociedades modernas. Anagrama. España.
Pabón, C. (2003). Nación Postmortem: Ensayos sobre los tiempos de insoportable ambigüedad. Ediciones Callejón. San Juan.
1Ver: Federico Nietzsche (1889). El ocaso de los ídolos o cómo se filosofa a martillazos. Hago énfasis en el presente texto nietzscheano para exponer cómo en la actualidad eso que definimos como ídolos e idolatría no es más que una práctica sociocultural fallida dado a que cuando tienen que pasar por el cedazo o martillazo se desintegran por no estar a la altura de la transvaloración de valores ético- morales. Tal es el caso de la Maripily-manía hoy.
2Cuando hago alusión al concepto de aparato psíquico me remito más bien a la línea psicoanalítica la cual estructura al mismo bajo las nociones de preconsciente, consciente e inconsciente.
3Comentario tomado de Alexadra Fuentes, Canal 2 de su show el miércoles 22 de mayo del 2024.
4Comentario tomado de una fanática entrevistada por el periódico Vocero. Ver: https://www.elvocero.com/escenario/television/detalles-del-recibimiento-a-maripily-es-un-triunfo-para-celebrarlo-con-mi-gente/article_10338f80-176d-11ef-ba3e-1b801fcb0fa8.html
5Comentario tomado del periódico Primera Hora.
6Según Gilles Deleuze el planomeno o plan de consistencia se opone por completo con el esquema organizativo tradicional ya que este estriba en los ámbitos de forma y sustancia que constantemente varían o cambia de estado dependiendo de las circunstancias contextuales.
7Tomado del show “La Prendía” el día 23 de mayo del 2024. Ver: https://www.facebook.com/Colectiva.Feminista.PR/videos/la-prend%C3%ADa-s2-ep-14-el-estado-no-le-importa-la-vida-de-las-mujeres/684773790440806/
8Ver el periódico el Nuevo Dia (26/05/2024) “Maripily Rivera envía un mensaje a las niñas y mujeres que la ven como una inspiración y ejemplo a seguir”