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Editorial-Otro golpe de la Junta de Control Fiscal a nuestra Universidad

 

Mediante un malabar matemático, la Junta de Control Fiscal (JCF) acaba de decretar un nuevo recorte de $100 millones a la asignación del Gobierno de Puerto Rico para el próximo presupuesto anual de la Universidad de Puerto Rico (UPR), según fue denunciado la semana pasada por la Junta de Gobierno de la UPR.

Decimos «malabar matemático», porque aunque la cantidad asignada suma los mismos $500 millones que en el presupuesto del año anterior, en la práctica reduce en $100 millones el próximo presupuesto, porque se le añaden obligaciones adicionales a la institución que deberán cubrirse con el mismo dinero. Algo así como que deben «desvestir un santo para vestir otro».

Consistentemente esa ha sido la conducta arbitraria de la JCF hacia nuestra Universidad, desde que dicho organismo se instaló en Puerto Rico, revestido del poder delegado por el Congreso de Estados Unidos, para reestructurar la multimillonaria deuda pública incurrida por los gobiernos coloniales que se han turnado el poder en nuestro País.

Desde entonces, y bajo la excusa de la quiebra del gobierno de Puerto Rico y de la ausencia de disciplina fiscal entre gobernantes y políticos, nuestra Universidad ha pasado a ser una de sus principales víctimas,  comprometiéndose su estabilidad financiera y su viabilidad futura hasta un extremo altamente peligroso. A lo largo de estos pasados años, la JCF ha recortado varias veces la asignación de fondos a la UPR, ha.ordenado otros recortes y medidas de austeridad, como congelación de plazas docentes regulares, aumentos en los costos de matrícula y servicios a los estudiantes, intervenciones con el plan de retiro de los empleados y con otros beneficios adquiridos, entre otros.

A nuestro juicio, errores garrafales y una agenda repudiable, motivada por razones ideológicas más que fiscales. La JCF es un ente colonial, impuesto a Puerto Rico por el poder metropolitano del Congreso y la odiosa y antidemocrática  Ley PROMESA. Es un organismo, compuesto principalmente por estadounidenses, cuya trayectoria ha sido de corte conservador, y portador y transmisor de la ideología neoliberal que suscribe el «establishment» político y económico en Estados Unidos. Por eso, miran hacia la educación universitaria como un mero producto mercantil, y hacia la Universidad como un negocio. No parecen entender, ni querer entender, la función vital de la UPR como la forjadora de generaciones de profesionales puertorriqueños, y el efecto que eso ha tenido en las transformaciones sociales y económicas en Puerto Rico durante el último siglo, y las que ocurrirán hacia el futuro. No parecen saber ni interesarles saber que detrás de las y los mejores profesionales en todas las disciplinas del saber más importantes para nuestra sociedad-  medicina, educación, ingeniería, artes, letras y cultura, ciencias, arquitectura, computación, matemáticas,  odontologia, salud pública, derecho, trabajo social, ciencias agrícolas, en fin, en todas-  ha estado la  UPR en la avanzada entre las instituciones de educación superior en Puerto Rico.

La JCF se instaló en Puerto Rico en el año 2016, coincidiendo con el inicio de la primera de las últimas tres administraciones de gobierno, todas del Partido Nuevo Progresista (PNP). Los gobiernos del PNP se han caracterizado por su fanatismo anexionista. Por eso, nunca han querido bien a  la UPR. Esto, porque tanto para el profesorado, como para sus estudiantes, empleados y nuestro pueblo, la UPR ha sido el  equivalente a nuestra Universidad Nacional. Desde esa óptica, no ha sido meramente una universidad estatal más, como lo son las de los 50 estados de Estados Unidos. Allá, las universidades existen para reproducir a través de las generaciones los valores de los sectores y élites dominantes en Estados Unidos. Aquí, la UPR ha sido un centro de pensamiento y acción que ha contribuido a la transmisión del conocimiento, cultura y valores que sirven de pilares a nuestra  identidad puertorriqueña. Dos miradas distintas y opuestas que han dejado a la UPR vulnerable ante la embestida de la incomprensión e indiferencia de los que detentan el poder en nuestro País, e identifican a nuestra Universidad como un obstáculo para su agenda político partidista.

Nuestro pueblo debe tener claro que la misma JCF que hoy le recorta $100 millones más del presupuesto a la UPR, hace apenas unas semanas aceptó la recomendación del gobierno  PNP de Pedro Pierluisi y del Negociado de Energía y autorizó extenderle un vergonzoso rescate financiero por $187 millones  a la compañía privada de energía de carbón, AES, para solventar sus operaciones. ¿Acaso las operaciones de una empresa privada, y las ganancias de sus accionistas, deben ser privilegiados sobre el servicio esencial que le presta a Puerto Rico su Universidad?

Este nuevo golpe de la JCF contra  nuestra Universidad merece el repudio de todo nuestro pueblo. La UPR necesita que se le trate con justicia , y no puede citarse una trayectoria clara de las autoridades universitarias actuales-Junta de Gobierno y Presidente- en la defensa valiente de la institución. Como siempre, le tocará esa tarea a la verdadera comunidad universitaria- profesores, estudiantes y empleados no docentes- que podrán contar con el apoyo de todas y todos los puertorriqueños orgullosos y agradecidos de la extraordinaria gestión de la UPR en beneficio de Puerto Rico.

 

Luchan contra el desplazamiento y la gentrificación

Rio Piedras, Foto por Axel Torres

 

 

Especial para CLARIDAD

En el último año, 13 residentes del casco urbano de Río Piedras han necesitado de asistencia legal ante la amenaza de desahucios y desalojos. Esta cifra representa solo la cantidad de personas que recibieron los servicios de la Clínica de Asistencia Legal de la Facultad de Derecho de la Universidad Interamericana mediante referidos de la Junta Comunitaria del Casco Urbano de Río Piedras.

Desde marzo de 2023 a marzo pasado, esta clínica atendió 113 casos por desahucio, principalmente, en San Juan, con algunas excepciones en Carolina, Bayamón, Trujillo Alto, Luquillo y Lajas.  “El año pasado, hubo una tendencia a aumentar con respecto a otros años. Esta tendencia se ha mantenido”, observó el trabajador social comunitario en el Proyecto DeCiudad de esta clínica, Víctor Pagán Rivera. La cantidad de personas desahuciadas defendidas por esta oficina incrementó en 30 % con respecto a hace un año, cuando se atendieron 87 casos, indicó Pagán Rivera en entrevista con CLARIDAD.

Este aumento es consistente con los datos de desahucios por falta de pago de renta en Puerto Rico: en 2023, hubo 2,528 intentos de desalojo, es decir, casi 500 casos adicionales que el año anterior, según el análisis de Ayuda Legal Puerto Rico.

Estas cifras solo reflejan un síntoma de una enfermedad que se ha propagado por distintos sitios del archipiélago, y que grupos comunitarios y organizaciones que trabajan por la justicia social están combatiendo.  Las iniciativas por las cuales se están movilizando incluyen poner un tope de renta en áreas con zonificación especial, regular los alojamientos a corto plazo (ACP), hacer inventario de propiedades abandonadas para transferir aquellas declaradas como estorbos públicos a los fideicomisos o bancos de tierra comunitaria y derogar los incentivos a inversionistas extranjeros bajo la Ley 60 de 2019 (antes, Ley 22 de 2012).

“La gente vive con mucha inseguridad”, comentó Odalys Rivera Vázquez, representante de la comunidad García Ubarri en la Junta Comunitaria del Casco Urbano de Río Piedras, al recordar el caos que experimentó un grupo de residentes al conocer que sus caseros habían recibido ofertas de inversionistas para comprar los edificios donde viven.

El enfoque de la comunidad riopedrense ha consistido en cuestionar los aumentos de renta, que adjudican a la llegada de dueños nuevos que interesan especular con la vivienda. La renta de una unidad de dos cuartos en las calles Peregrina y Humacao de Santa Rita se ha duplicado, según un estudio encomendado por el Centro para la Reconstrucción del Hábitat (CRH), el Fideicomiso para el Desarrollo de Río Piedras, la Junta Comunitaria y el Centro de Acción Urbana Comunitaria y Empresarial (CAUCE) en mayo de 2023. Mientras, en la Avenida Ponce de León, la renta para unidades de dos cuartos había aumentado en 55 % para ese mismo período.

Plan comunitario para los estorbos públicos

Foto Axel Torres para CLARIDAD

Para combatir esta causa de desplazamiento, el cuarteto se ha estado enfocando en las propiedades abandonadas. Hicieron las visitas oculares y levantaron los informes que detallan las condiciones de estorbo público de 90 propiedades en el casco urbano. El proceso de expropiación espera por el Municipio de San Juan, que debe enviar cartas, publicar avisos públicos y celebrar vistas administrativas. El memorando de entendimiento firmado entre las partes concede al municipio el derecho de paralizar o no iniciar el procedimiento sin necesidad de justificación.

El CRH, el Fideicomiso, la Junta Comunitaria y CAUCE trabajarán en un plan comunitario para esas propiedades. “La idea es que en vez de estar subastando propiedades a lo loco, se haga como parte de un plan de área con la participación de los mismos residentes y comercios”, explicó a CLARIDAD el director del CRH, Luis Gallardo.

Sin embargo, el acuerdo colaborativo con el municipio venció en diciembre pasado.

Tan reciente como el 29 de abril, las tres entidades le enviaron una carta al alcalde de San Juan, Miguel Romero Lugo, para solicitar una reunión. Se trata de la tercera carta que le envían, sin obtener respuesta. El deterioro en la comunicación coincide con el tiempo desde que las organizaciones sometieron un borrador de proyecto de reglamentación para establecer un tope de renta.

CLARIDAD solicitó la reacción del alcalde sin obtener respuesta.

Regulación de alojamientos a corto plazo

En el sector de la calle Loíza y Machuchal, en Santurce, la comunidad se ha organizado en torno a la preocupación latente que representan las 749 unidades listadas en Airbnb, de las cuales 652 son alojamientos enteros, según datos de Inside Airbnb al 31 de marzo de 2024. Estos datos demuestran que el 16.8 % de las unidades de vivienda que se estiman en el sector están siendo utilizadas como ACP.

“Es una proporción alta… He visto comentarios de ejecutivos de Airbnb diciendo que los ACP disponibles en su plataforma representan solo el 1 % de las unidades de vivienda en Puerto Rico; pero esa es una cifra muy generalizada y no toma en cuenta los sectores con una concentración elevada”, puntualizó Anna Andresian, parte del grupo de trabajo de datos de Somos calle Loíza.

Otro de los mitos que rebate la organización comunitaria es que los ACP son utilizados principalmente por residentes para derivar ingresos adicionales. Los datos que maneja Somos la calle Loíza establecen que el 67 % de las unidades están controladas por anfitriones con más de dos unidades. En el sector hay compañías con un inventario de hasta 32 unidades. “La gran mayoría de los anfitriones están administrando un negocio”, observó Andresian.

El Enjambre realizó, en julio pasado, el informe Propuestas para reducir el impacto de los arrendamientos de corto plazo en el desplazamiento de comunidades, comisionado por la Hispanic Federation. Algunas de las comunidades entrevistadas se unieron para redactar y respaldar un manifiesto comunitario, en el que respaldan medidas que cataloguen a los ACP como un negocio en lugar de como residencias.

“Nos hemos unido a todos los reclamos que van en la misma dirección de evitar que sigamos en este desplazamiento. En La Goyco tenemos como misión principal defender el derecho a la ciudad”, comunicó Mariana Reyes Angleró, directora ejecutiva de La Goyco, una escuela rescatada que ofrece alternativas para la vida en comunidad, con actividades culturales y educativas.

Precisamente, algunos de estos grupos se manifestaron el pasado 29 de abril frente al Capitolio porque no les concedieron un turno en las vistas públicas sobre el Proyecto de la Cámara 1557, que propone la Ley para Regular el Arrendamiento a Corto Plazo en Puerto Rico. La medida sufrió cambios en la Cámara de Representantes que limitan la regulación solo a fines contributivos, pero no les requiere un permiso de uso comercial.

La directora de Hispanic Federation Puerto Rico, Charlotte Gossett Navarro, recordó que el ingreso de renta de un ACP turístico puede ser mucho mayor que un arrendamiento a largo plazo, lo que hace que los dueños quieran convertir las viviendas en negocios de ACP. Señaló, además, que hay casos en que edificios enteros se han convertido en ACP, operando de forma muy similar a una hospedería.

La presidenta de la Asociación de Titulares de Condominios, Marimar Pérez Riera, también pidió que estas unidades se reconozcan como una actividad comercial si el dueño no vive en el alojamiento. “No podemos permitir que los beneficios económicos potenciales de esta industria eclipsen la necesidad de mantener la integridad y el bienestar de nuestras zonas residenciales”, dijo a la comisión senatorial que trata temas de turismo, y preside la senadora Ada García Montes.

En su ponencia escrita, el presidente de ¡Planifiquemos!, David Carrasquillo, esbozó que se necesita “una discusión urgente que establezca un balance entre la presencia de los arrendamientos a corto plazo y el respeto por la cultura, identidad, acceso a la vivienda y permanencia de las comunidades”.

Urgen fiscalizar a los inversionistas extranjeros

Por su parte, la Coalición Puerto Rico No Se Vende —gestada por el Centro para la Democracia Popular, con una veintena de organizaciones locales y con base en Estados Unidos— envió, una carta a los congresistas estadounidenses en la que les piden fiscalizar a los inversionistas extranjeros y presionar al Servicio de Rentas Internas a investigar el esquema de evasión contributiva.  “El gobierno federal también ha fracasado en su responsabilidad de proporcionar una supervisión y control adecuado contra las personas que puedan estar utilizando la Ley 22/60 para evadir impuestos federales y/o cometer fraude”, reza la misiva firmada por 40 organizaciones.

La campaña Not your Tax Haven —lanzada oficialmente en mayo del año pasado— ha sumado así alrededor de 18 organizaciones locales aliadas y a la Unión Internacional de Empleados de Servicios (SEIU, en inglés), al menos, en los esfuerzos dirigidos al Congreso.  El grupo había iniciado una solicitud de información al IRS, bajo la Ley federal FOIA, pero la entidad contestó, el mes pasado, que “aunque tiene más de 3,000 páginas de información relevante, ha decidido no revelar ninguna de ellas”, hicieron saber en la carta.

Las entidades firmantes hicieron la salvedad de que la presión ante el Congreso se limitaba a un interés de que evalúen la autoridad del IRS sobre los contribuyentes individuales estadounidenses y no a que intervengan en los asuntos legislativos de Puerto Rico.

“Tenemos un llamado a ser parte de iniciativas comprometidas con el derecho a permanecer desde una visión no colonial. Es una obligación que compartimos”, puntualizó la directora de Ayuda Legal Puerto Rico, Ariadna Godreau, a preguntas de CLARIDAD.

Este reportaje salió publicado en la edición impresa de CLARIDAD del mes de abril 2024.

Las agencias no responden a las necesidades de la gente que cultiva la tierra

 

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

 

Aun cuando la Autoridad de Tierras (AT), adscrita al Departamento de Agricultura de Puerto Rico, y la Administración de Terrenos, adscrita al Departamento de Desarrollo Económico  en sus leyes y reglamentos regentes tienen amplia potestad para  actuar en beneficio de los pequeños y medianos agricultores, acoplándose a sus necesidades particulares, las agencias no responden a sus necesidades, según lo reveló una investigación del Fideicomiso de Tierras Comunitarias para la Agricultura Sostenible (FiTICAS) en colaboración con Espacios Abiertos.

La investigación sociojurídica Acceso a tierras agrícolas: política pública actual y experiencias fue dada a conocer en días recientes, en un cinefórum organizado por el FiTiCAS en el Edificio de Medicina Tropical del Distrito Capitolino, para presentar el documental Serán las dueñas de la tierra. La investigación también incluyó los programas de financiamiento de Farm Service Agency del Departamento de Agricultura de los EE.UU., Puerto Rico Farm Credit y el Banco de Desarrollo Económico para Puerto Rico.

En  entrevista con CLARIDAD, la directora ejecutiva de FiTICAS, Mariolga Reyes Cruz, indicó que una de las motivaciones para la  investigación responde a que el Fideicomiso se fundó a finales del 2019 para proteger tierras a perpetuidad y pasar su uso a agricultores agroecológicos, que siembran cuidando la naturaleza y que no tienen tierras ni capital.

“Desde el FiTICAS reconocemos, por un lado, que de las 600 mil cuerdas que identificó el Plan de Uso de Terrenos del 2015, la mayoría, está en manos privadas, y muchos de los retos que enfrentan los agricultores que siembran a pequeña y mediana escala, arrendando o financiando la compra de tierra, son problemas que están enfrentando tanto con el sector privado como con el Estado”.

Al respecto, el informe destaca la dificultad de los agricultores sin capital para acceder a tierras públicas cultivables, en particular, debido a la preferencia por la agricultura industrial a gran escala y el monocultivo por parte de las agencias gubernamentales.

Reyes Cruz indicó que a pesar de que las agencias tienen la potestad de decidir, los agricultores que siembran a pequeña escala, 5, 10 o 20 cuerdas, se han enfrentado con que tienen que alquilar fincas más grandes de las que utilizan. En el caso de la AT, se encontró  que las fincas que están disponibles son de 50 cuerdas o más. La investigación revela que esto representa un problema innecesario para los pequeños agricultores porque que las leyes y reglamentos que rigen a la AT le permite suficiente discreción como para decidir si segregar la finca en unas más pequeñas o si arrendar fincas a grupos de agricultores y que esos agricultores decidan cómo se van a distribuir la tierra. Pero estas son cosas que la agencia no ha estado dispuesta a hacer, denunció.

“Eso refleja más un asunto de mentalidad que un asunto de reglamentación”.  Defendió que la posibilidad de que se puedan dividir las fincas daría más oportunidad a que haya más agricultores  y también implicaría que los agricultores comiencen donde pueden. “Estamos hablando de agricultores que lo que quieren es sembrar, no son agrocomerciantes con líneas de crédito con financiamiento privado,  es gente que quiere producir”.

Por ejemplo, es posible que se reconozca que la persona que está arrendando una finca de 50 cuerdas solo va a trabajar 10, y se le cobre por esas 10 y no por las 50 cuerdas. En ocasiones, la agencia reconoce que en una finca de 50 cuerdas hay zonas que no son cultivables porque son humedales, mogotes; pero les cobra el arrendamiento por las 50 cuerdas. Estas son acciones que están dentro de la discreción de la agencia.

Destacó que el apoyo a este tipo de proyecto de fincas pequeñas agroecológicas está más alineado con lo que se está planteando a nivel internacional de que es necesario producir alimento mitigando y adaptándonos al cambio climático. “Reconocer las particularidades de este tipo de agricultura es algo que también está a su discreción”, sostuvo la directora ejecutiva del Fideicomiso de la Tierra.

En este tipo de agricultura se trabaja en más de un cultivo en una cuerda. Eso quiere decir que una cuerda no va a tener el mismo rendimiento económico que una cuerda de cultivos que toma tres, nueve, meses o tres años en producir, a una que es de ciclos cortos. Los cánones de arrendamiento tienen que poder ver eso; si no lo ven, van a tratar a todo el mundo como si fuese un agronegocio de monocultivo para exportación.

Reyes Cruz y la investigación citan que el Censo Agrícola de 2018 del Departamento de Agricultura de EE. UU. Reflejó que la mayoría de las fincas en Puerto Rico hacen menos de $10 mil al año. Con esos ingresos el agricultor tiene que enfrentar los gastos de la finca y su subsistencia, razón por la cual la mayoría tiene más de un trabajo.

“Si el Estado tiene en sus manos asumir parte de los riesgos que están asumiendo estas personas a nivel individual, debe ver que enfrentamos una alta vulnerabilidad alimentaria. Lo que queremos es que la gente que está en las agencias sepan, si no lo saben ya, qué es lo que les impide hacerlo; que se puede, que está en sus manos”.

Falta de información sobre las tierras

 El estudio recoge que entre  el 1940 al 2018 ha habido una reducción del 85 % del número total de fincas agrícolas y el 74 % del terreno destinado a la agricultura. La investigación revela, además, que las agencias no cuentan con la información necesaria para establecer la cantidad de cuerdas de tierras agrícolas públicas en Puerto Rico.

Según el último Censo Agrícola, en Puerto Rico hay unas 487,775 cuerdas, equivalentes al 21.6 % de las tierras disponibles, en uso agrícola. Estas se dividen en 8,230 fincas de un tamaño promedio de 59.3 cuerdas. De las 487,775 cuerdas en uso, aproximadamente 52,870 cuerdas pertenecen a la Autoridad de Tierras, lo que representa un 10.8 % del total de fincas agrícolas productivas del país. Por parte de la  Administración de Terrenos, que también arrienda tierras para uso agrícola, los datos sobre estas tierras  no están disponibles.

Reyes Cruz, expresó que entre los llamados a la acción deben considerar la importancia de tener los datos actualizados de las tierras en dominio de las agencias, incluyendo información detallada sobre el número de tierras arrendadas , las que están en usufructo, y el uso que se les está dando a las mismas.  Contó que a los agricultores les cuesta mucho trabajo y años obtener un contrato porque cuando van a la agencia no les dan un mapa de dónde esta las fincas ni cuáles son sus condiciones, información que se supone es sobre tierras públicas.

También es importante el que haya informes de gastos repagados, para conocer la inversión que está haciendo la Autoridad de Tierras o la Administración de Terrenos en la adquisición de terrenos, en mejoras permanentes, en servicio para el mejoramiento de los equipos adquiridos para los agricultores y servicios profesionales y otra asistencia dirigida a los agricultores. Es decir, que las agencias públicas, cuya misión es apoyar el desarrollo agrícola, rindan informes de cómo están invirtiendo en ese desarrollo agrícola, tanto en las tierras públicas como en servicio directo a agricultores, agregó.

El acceso al financiamiento

En cuanto al acceso al financiamiento, la investigación presenta que los agricultores entrevistados se quejan de que el proceso para cualificar para programas de financiamiento puede ser largo y complicado. Esto puede incluir extensa documentación, comunicación con varias agencias y pasar inspecciones y visitas a la finca de interés. El proceso puede demorarse tanto tiempo que el agricultor puede enfrentar el riesgo de perder el acceso a la finca.

 

 

Recinto de Río Piedras reacciona a estado de la biblioteca Lázaro

biblioteca LAzaro

 

 

Especial para CLARIDAD

 

La misiva de la institución, que integra cifras y proyecciones, responde a la pasada entrevista con Sylvia Solá Fernández que publicó este medio.

 El pasado 15 de mayo, el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico (UPRRP) envió una carta en que detalla algunas gestiones hechas por la administración para las mejoras de la biblioteca José M. Lázaro, que sufre de un evidente deterioro físico. El mensaje, dirigido a CLARIDAD tras la publicación de la nota “En deterioro acelerado la biblioteca Lázaro del recinto de Río Piedras, esbozó las prioridades infraestructurales de la institución.

De acuerdo con la información compartida, el campus riopedrense “enfrenta enormes retos operacionales vinculados directamente al recorte de $66.7 millones de su presupuesto, impuestos por la Junta de Supervisión Fiscal por los pasados siete años”. No obstante, la decadencia del centro informático, que está catalogado como “edificio enfermo”, data desde antes de 2013, cuando la Junta de Control Fiscal (JCF) aún no había arribado al archipiélago.

“Ya se puso en vigor un plan de recuperación de los espacios. La meta de la administración es completar la mayor parte de estos proyectos a mediados de 2029, contando con fondos asignados por la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, en inglés) para atender el impacto y daños producto de los desastres naturales recientes”, reza el comunicado. Además, la misiva destaca que, de un presupuesto total de $1,140 millones, el recinto riopedrense tiene derecho al 22.5 % de los fondos de recuperación.

Según el documento, enviado por Daniel Rodríguez León —ayudante especial de la rectora de la UPRRP, Angélica Varela Llavona— el pasado 16 de mayo se efectuó una presubasta y visita a las instalaciones para quienes interesen trabajar el proyecto. La duración de los arreglos, dice la carta, tardará 18 meses, a partir de la subasta, en completarse.

Por otro lado, un aviso de subasta, divulgado por la Junta de Subastas de Mejoras Permanentes (JSMP), evidencia que el proyecto en cuestión trata de impermeabilización del techo de la biblioteca Lázaro. Las obras serán sufragadas por los rebosantes fondos del CBDG-DR, la Autoridad Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, en inglés) y el Departamento de la Vivienda y Desarrollo de los Estados Unidos (HUD, en inglés). Sin embargo, el anuncio de la JSMP no contempla las mejoras a “los sistemas mecánicos, los controles ambientales y de temperatura de los espacios interiores del edificio” que destacan la carta de la UPRRP.

“El alcance de los trabajos incluye, pero no se limita a la remoción del material impermeabilizante existente, la reubicación de las líneas de agua helada, el reemplazo de puertas en los cuartos mecánicos y mejoras en el sistema de drenaje pluvial del techo. Además, el proyecto contempla la fabricación de un sistema de cubierta en el área del tragaluz”, lee el documento oficial de la JSMP. En 2021, los tres edificios que comprenden la biblioteca fueron impermeabilizados, en un proceso parecido.

En entrevistas por separado a Solá Fernández y a Rodríguez León, CLARIDAD corroboró que, tras el apagón del pasado 12 de mayo, no se rociaron los químicos para la eliminación de hongos, tarea necesaria después de un apagón, porque “la avería no duró más de 48 horas”.

“La Oficina de Planificación y Desarrollo Físico (OPDF) trabaja, también, con el cumplimiento de la Sección 504 de la Ley de Rehabilitación de 1973 para garantizar la misma oportunidad de beneficios y servicios a las personas con diversidad funcional, tanto en la Lázaro, como en las otras bibliotecas que forman parte del Sistema de Bibliotecas del recinto”, proyecta la carta sobre la sala para personas con diversidad funcional, que lleva más de siete años pendiendo entre metales y desusos.

Los servicios en línea de la biblioteca, según el mensaje, han aumentado en consultas durante los pasados cuatro años. En el año académico 2021-2022 se registraron 566,388 consultas; en el año académico siguiente, 685,354 y 1,221,742 en el año actual. Nuevamente, las cifras coinciden con la denuncia de Solá Fernández: el estudiantado accede al material desde sus propios medios.

“A pesar de las situaciones que enfrenta la Biblioteca Lázaro relacionadas al deterioro de su planta física es importante reconocer que el Sistema de Bibliotecas de la UPR ha logrado posicionarse como uno de avanzada en términos de la disponibilidad de sus servicios en línea. Contamos con servicios de consulta a distancia mediante chat, referencia virtual, correos electrónicos y a través de las redes sociales a cerca de 200 colecciones”, concluye la respuesta del recinto de Río Piedras.

 

 

 

Enjambre de contratos

 

 

Especial para CLARIDAD

 

Puerto Rico, desde hace bastante tiempo, ha devenido en atractiva plaza de cacería de rentas: beneficios excesivos en función de contratos leoninos, exenciones tributarias, residencias oficiales fatulas, acceso a trato privilegiado, facilidad para utilizar artificios contables para evadir la responsabilidad contributiva, como son los precios de transferencia, irresponsabilidad ambiental, en fin, irregularidades y delitos de toda índole. De la fragua de la cacería de rentas no nace ni una buena gestión gubernamental ni una buena gestión privada. Abunda la extorsión y el soborno, es decir, por cada Cano siempre hay varios Santamaría…

En tal fragua el gobierno se ha convertido en un complejo e ineficiente enjambre de contratos con empresas privadas en el que cada día que pasa luce más enredado. Luego del huracán María y el consecuente flujo de fondos federales el enredo ha aumentado. Participan empresas de allá y de acá. Luma y Genera no son las únicas beneficiarias. Sirve de inspiración la dominante doctrina neoliberal con su clara preferencia por la privatización y la desregulación del mercado. De esta doctrina es entusiasta predicadora la imperial Junta de Control Fiscal.

Cada agencia y corporación pública está enredada – unas más, otras menos, depende de cuánto dinero circule por sus arcas – en el enjambre de contratos. Hay contratos necesarios y buenos; los hay innecesarios y malos. Hay contratos bien ganados; los hay como consecuencia del juego de la inversión y pago político-partidista. Hay contratos inspirados en el buen servicio; hay otros encajados en la cacería de rentas. Por lo tanto, el desempeño de cada  agencia depende de qué tipo de contrato prevalece en su particular enjambre. “Hay de todo, como en botica”.

Durante décadas se ha acusado el extraordinario enjambre de contratos del Departamento de Educación. Huelga recalcar que por sus arcas siempre han circulado jugosos presupuestos. El notorio caso de Víctor Fajardo, quien fuera Secretario de Educación y principal recaudador de fondos para el Partido Nuevo Progresista (PNP), no se ha olvidado. No debe olvidarse. Naturalmente, la politización, la cacería de rentas y el enjambre de contratos van de la mano.

Siempre hay culpables individuales y, claro está, se deben juzgar. Pero en el empeño de singularizar culpas se olvidan las culpas sistémicas. Parte evidente de estas culpas radica en la virtual inexistencia del mérito como criterio de nombramiento, sustituido entonces por el criterio político-partidista. A esto se suma la propensión a contratar a individuos o empresas que han contribuido con sumas considerables a las campañas políticas.  Por cierto, ambos fenómenos se advierten, aunque no con la notoria escala del Departamento de Educación, en el Departamento de Corrección y Rehabilitación, ahora objeto de varias investigaciones. En el fondo, tal parece que el que necesita corrección y rehabilitación es el propio Departamento.

Desafortunadamente, mientras no se instituya un verdadero sistema de mérito y mientras prevalezca la inversión privada en las campañas políticas – ahora avalada por decisiones del Tribunal Supremo de Estados Unidos relacionadas con los comités de acción política (PAC) – será muy difícil lograr la corrección y rehabilitación que necesita todo el aparato público así como la sanidad que requieren sus vínculos con el sector privado. Pero difícil no quiere decir imposible.