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Cuba y Colombia por la paz

 

Redacción Digital | internet@granma.cu

 

«Nunca renunciaremos a los compromisos adquiridos», dijo Díaz-Canel en la clausura del tercer ciclo de la Mesa de Diálogos de Paz entre el Gobierno de Colombia y el Ejército de Liberación Nacional.

El 10 de julio se instaló en La Habana, Cuba, la sesión plenaria y presencial de la Mesa de Diálogos de Paz entre el Gobierno Nacional de Colombia y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), que concluyó el 15 de julio.

Esta Mesa fue un Acuerdo y su sede una petición expresa a Cuba por parte del Gobierno de Colombia y del ELN, apoyada por los países garantes, los acompañantes permanentes y el grupo de países de acompañamiento, apoyo y cooperación.

Cuba sirvió de sede y facilitó las condiciones para que se reuniera en La Habana desde el 20 de junio, una Comisión de la Mesa de Diálogos de Paz con participación técnica de ambas partes para poner a punto los protocolos que se firmaron el 13 de julio al concluir los trabajos de la Mesa.

En ese sentido, Cuba se mantuvo activa como sede alternativa y garante, para dar seguimiento a los Acuerdos de Cuba firmados el 9 de junio como una confirmación de su firme posición a favor de la paz en Colombia.

Mediante el Acuerdo número 11 de la Mesa de Diálogos firmado el 9 de junio de 2023 en La Habana al clausurar el Tercer Ciclo de Diálogos de Paz, las partes establecieron que la sesión de la Mesa instalada el 10 de julio aprobará los Protocolos que conforman el Acuerdo de Cese al Fuego Bilateral, Nacional y Temporal y la composición del Comité Nacional de la Participación (CNP), organismo encargado de dinamizar el diseño de la participación en la sociedad en el Proceso de Paz, primer punto de la agenda ya acordado.

Como resultado de las sesiones de la Mesa se firmaron 9 protocolos:

1. Rol de la Mesa de Diálogos de Paz en el cumplimiento del Cese al Fuego Bilateral, Nacional y Temporal.
2. Protocolo Complementario del Mandato del Mecanismo  Monitoreo y Verificación.
3. Rol del Iglesia Católica en el Mecanismo  Monitoreo y Verificación.
4. Veeduría Social y los Mecanismos de Protección Humanitaria en el marco del Acuerdo del Cese al Fuego Bilateral, Nacional y Temporal.
5. Evaluación, Prorroga o Suspensión del Acuerdo de Cese al Fuego Bilateral, Nacional y Temporal.
6. Seguridad y Protección para los integrantes del Mecanismo  Monitoreo y Verificación.
7. Seguridad para el ELN y lugar donde hacen presencia en el Marco del Acuerdo del Cese al Fuego Bilateral, Nacional y Temporal.
8. Comunicación del Acuerdo del Cese al Fuego Bilateral, Nacional y Temporal
9. Pedagogía del Acuerdo del Cese al Fuego Bilateral, Nacional y Temporal y sus protocolos.

También se acordó el glosario de los términos del Acuerdo de Cese al Fuego Bilateral, Nacional y Temporal.

Se adoptó el Reglamento Operativo y el Plan de Trabajo del Comité Nacional de la Participación y se acordó instalar dicho Comité en Bogotá, Colombia el 3 de agosto de 2023.

Reproducido de www.granma.cu

Reseñas de The Book Geek

Emergencia de la luz,
Yolanda Rivera Castillo

Según Heidegger, es en la custodia y riesgo de la luz cuando el poeta da con las huellas de los dioses ya idos. En ese sentido, el poema es testimonio de ese hallazgo, se trata de volver a traer al presente (en la escritura y lectura, y en los sentidos de tiempo y obsequio) lo que una vez fue y ya no es, excepto por el momento en el verso. Traer al presente es el lugar del recuerdo, y por recuerdo, volver a pasar por el corazón.

Los poemas en Emergencia de la luz, de Yolanda Rivera Castillo, parten de ese momento de hallazgo en medio de lo oscuro. El espacio doméstico, la memoria familiar, lo íntimo, van imbricados de una calma exenta de sosiego, y esto es importante. Porque en estos versos se lee la calma, pero no el sosiego. No hay redención, sino un andar en medio del desamparo absoluto, sin otro aditamento que un jacho de luz. Los poemas aquí son testimonio de la custodia y riesgo de esa breve luz, y del sendero que apenas ilumina. El temblor en lo que ilumina.

Un gran libro es aquel que con luz tenue signa nuestra gran desnudez del ser en medio de la tiniebla. Pero además está la ceguera de la luz por la luz. Es la ceguera del meridiano, nos recuerda Celan. El punto más alto de la luz, que con su esparcimiento absoluto nos enceguece y suma en lo oscuro. Este es uno de esos libros.

Hierba buena: El arte y la ciencia de cocinar con cannabis,
de Alexandra M. Rodríguez Espinosa

Aunque es una vía idónea para el consumo medicado de cannabis, el desconocimiento y la apatía por parte del consumidor a explorar otros medios allende la combustión han hecho del comestible uno de los medios menos considerados en el momento de su administración.

Pero también está la historia de pacientes en los que sólo a través del comestible han podido disfrutar de los beneficios que el consumo dosificado de cannabis puede procurar en su salud. Un limber de coco y María Consuelo, paciente de Alzheimer de 90 años, son el trasfondo para Hierba buena. María Consuelo no sólo nunca había consumido cannabis, su estigma sobre la flor más su padecimiento de Alzheimer hacía difícil poder incluir cannabis en su terapéutica. Es a través de un limber de coco que la autora de Hierba buena comienza un periplo por el cual experimenta la adición de cannabis a todo tipo de recetas con los que puede administrar cannabis a María Consuelo y lograr una mejoría significativa en su salud.

En Hierba buena el lector encontrará y entenderá procesos como la decarboxilación e infusión de la flor. Las recetas en este libro son accesibles y sabrosas. Aunque el libro está pensado en la administración de cannabis en términos medicinales, las recetas en este libro no excluyen un posible uso recreacional.

Si usted es amante de la buena cocina así como consumidor de cannabis, Hierba buena es una excelente adición a sus libros de cocina.

El astronauta,
de Emanuel Bravo

“Ground control to Major Tom”, dice la canción de Bowie. “Mayor Tom to Ground Control”, responde el astronauta. Se inaugura el puente. Maravillado, el astronauta surca el espacio en una lata frágil. De repente el astronauta se despide. La torre de control pierde comunicación con el astronauta. Insiste. El Mayor Tom flota para siempre en la vaciedad infinita del espacio.

El astronauta de Emanuel Bravo es un libro hermoso e inusual, y no creo que se le ha prestado la atención que definitivo merece. A través de la figura del astronauta, Bravo sostiene un diálogo íntimo con su propia masculinidad, con su manera de estar en la vastedad espacial de este país. Todo diálogo sobre lo masculino es un diálogo con la figura paterna, con la figura que estructura nuestra relación con la presencia, aún cuando esta figura haya sido problemática y ausente. Así como en la presencia, hay ausencias que son un presente, y esto es en términos de tiempo y obsequio.

La belleza de este libro radica en la crudeza y vulnerabilidad de sus versos. Lean El astronauta. Escuchen la canción de Bowie, y van a descubrir otro registro afín con este libro, con el que no pocos van a sentirse identificados.

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La inmaculada

Antes de darle a José la noticia de que estaba embarazada, María se fumó un cigarrillo. No pensaba gestar la criatura, así que haber tomado las precauciones acostumbradas sería un esfuerzo innecesario. Terminó el cigarillo mientras contemplaba el futuro del fruto de su vientre. No demoró en encender un segundo. Inhaló, esta vez, de prisa, cubriendo la boquilla con su mano, pues el anterior lo compartió con el viento y le parecía que ya compartía suficiente. Con cada respiro, aguantaba el humo en sus pulmones, imaginando que traspasaba los tejidos hasta su útero y que la nube negra sofocaba el saco amniótico que llevaba dentro. 

No vas a resolver nada fumando —escuchó a Gabriel.

Lo puedo resolver todo fumando —respondió María. Posó el cigarrillo entre sus labios e inhaló fuerte, su mirada esfumada entre el humo que dejaba escapar.

Dame uno, entonces.

María asintió, pero no le cedió su mirada. Fumaron en silencio, cada cual en el abismo de su consciencia. Además del humo, respiraban la angustia de una vida perdida. María nunca sería la misma. Ambos lo sabían. 

¿Cuándo le vas a decir? —preguntó Gabriel, dejando la colilla caer al piso antes de aplastarla con la bola del pie. 

Más tarde —respondió María. Apagó el cigarrillo con la suela del zapato y guardó la colilla en el bolsillo de su traje. 

¿Hoy? — insistió Gabriel. 

Después insistió María, y encendió otro.

¿Me regalarías un segundo? —preguntó Gabriel con cuidado.

Esta vez, María sí lo miró, pero con poca gracia. Aún así, le dió el cigarrillo y regresó a mirar hacia la nada. El mensajero inclinó su cabeza en agradecimiento y lo guardó detrás de su oreja con miras a fumárselo de regreso a donde vino. Llegó hacía apenas unos días con la noticia y esperaba ansioso por una respuesta. María no quería tener que compartirla con nadie, ni responderle a nadie; no le apetecía la intervención de un extraño y le daba miedo compartirla con su marido. Debía ser suya y solo suya.

¿Y si te lo quedas?

Sin apagar la colilla, María la guardó en su bolsillo, le dio la espalda y se marchó. Gabriel comenzó tras de ella. No reconocía su error. No sabía cómo disculparse. Entonces, clamó con desespero:

¡Por favor, no me dejes! ¡Tengo que regresar con un mensaje! ¡Ten piedad!

La joven paró en seco:

¿No lo sabrá todo?

Debo regresar con un mensaje.

Lo miró de arriba abajo y dijo:

¿Por qué me lo debo quedar? ¿Será un gran rey? 

¿Quién sabe? Líder de un reino eterno, poder y gloria infinita

No te engañes, Gabriel. Este niño no es Dios para que venga a salvarme.

Bendita tú eres, María. Dios te está dando una oportunidad. 

La joven alcanzó a reírse unos segundos antes de ahogarse en llanto. 

No temas, María. Eres compasión y cordura delante de Dios, pese a quien pese.

Solo Él puede juzgar —suspiró María. Apagó su penúltimo cigarrillo con la suela del zapato y lo guardó en su bolsillo.

Lo siento mucho —dijo Gabriel, despidiéndose con un apretón de hombro. 

Hágase conmigo conforme a su palabra —respondió sin mirarlo, buscando en el horizonte una revelación que no vendría pronto

Años después, murió María con el último cigarrillo en mano apenas acabado de encender y un gran hombre entre sus brazos. 

Los niveles dentro del complejo pastel que es Asteroid City

Especial para EN ROJO

El arte es una manera de darle estructura al mundo que nos rodea. Esta estructura no necesariamente significa que el mundo retratado en una obra de arte escape al caos. Una pieza también puede reflejar la falta de orden y de significado que el artista nota en su existencia. Por ejemplo, la maravillosa Underground (dir. Emir Kusturica; Yugoslavia, Francia, Alemania, et al.; 1997) cuenta la historia de la violencia en Yugoslavia entre la Segunda Guerra Mundial y su guerra civil a través de los 90. Los protagonistas, Blacky (Lazar Ristovski) y Marko (Predrag Manojlovic), se mueven dentro de una vorágine de explosiones, disparos, traiciones, comedias astracán y una banda de músicos que los sigue constantemente. Los giros absurdos en Underground reflejan el inexplicable descenso a un infierno sangriento de una región donde tan solo existe la armonía después de la destrucción final.

En un acercamiento totalmente opuesto al de Kusturica, Wes Anderson crea mundos cuidadosamente confeccionados donde el caos no se refleja en el exterior, sino dentro de los complejos personajes que los habitan. En su fantástica The Grand Budapest Hotel (EEUU y Alemania, 2014), el hotel es un hermoso bizcocho dividido en capas que giran en torno al peculiar concierge, M. Gustave (Ralph Fiennes), y su botones, Zero (Tony Revolori). La espectacular actuación de Fiennes en el rol de Gustave le da un misterio al personaje y a cada una de sus enigmáticas acciones. Parado como una línea recta, M. Gustave lleva un peinado y un bigote siempre arreglados, un impecable frac púrpura con pantalones y chaleco grises y ademanes de lord. Sin embargo, su desapego de nobleza europea se viene abajo cuando es acusado de asesinato. Su caos emocional se refleja en el momento en que las autoridades vienen a arrestar al concierge del hotel. El caballero al que nunca le falta una respuesta apropiada, huye despavorido al no saber cómo responder a los cargos.

En su película más reciente, Asteroid City (EEUU, 2023), Anderson nos vuelve a ofrecer un mundo simétrico. Esta vez, la mayoría de la acción se lleva a cabo en un pequeño pueblo desértico de los Estados Unidos durante la década de los 50. Su nombre, Asteroid City, no refleja la realidad de la pequeña localidad que cuenta tan solo con un diner, un taller de mecánica, un motel, máquinas dispensadoras que venden desde cajetillas de cigarrillos hasta bienes raíces y la rampa hacia una carretera a mitad de construcción. Los residentes incluyen al agradable gerente del motel (Steve Carrell), al mecánico (Matt Dillon) y a un grupo de vaqueros (que cuenta con el cantante brasileño, Seu Jorge) que cantan y bailan junto a su líder, Montana (Rupert Friend). La atracción más popular del pueblo es una convención de jóvenes inventores. Por esta actividad, Asteroid City se vuelve el punto donde coinciden Midge Campbell (Scarlett Johansson), una actriz de cine inspirada en Marilyn Monroe, que llega con su hija Dinah (Grace Edwards); un grupo de estudiantes guiados por su maestra, June (Maya Hawke); y Augee Steenbeck (Jason Schwartzman), que llega con su hijo, Woodrow (Jake Ryan) y las trillizas, Andromeda (Ella Faris), Pandora (Gracie Faris) y Cassiopea (Willan Faris).

La normalidad que viven los personajes se ve trastocada por la momentánea visita de una presencia extraterrestre. Por esto, los personajes son condenados a permanecer en Asteroid City por orden del gobierno de los Estados Unidos. El pequeño mundo de cada personaje se resquebraja ante la idea de que hay vida más allá de la tierra. Los personajes no solo buscan entender lo que ha ocurrido, sino que se sienten observados por una presencia alienígena. Esta epifanía lleva a Augee a cuestionar su vida y a considerar la gran pregunta existencial: ¿qué significa todo? Anderson utiliza la pregunta y la metáfora del alienígena para escudriñar la historia de la nación a través de temas como la fe, la tragedia personal, el contacto con la diversidad cultural, las posibilidades de la tecnología y el movimiento armamentista, entre muchos otros.

Inclusive, esta interrogante trasciende la realidad de Asteroid City y define otros niveles narrativos dentro de la película. Vemos en la película una obra de teatro ficticia que se llama Asteroid City escrita por Conrad Earp (Edward Norton). Junto a la obra, el actor que hace de Augie Steenbeck le cuestiona al director teatral (Adrien Brody) cuál es el significado de la obra. Al mismo tiempo, la realidad escenificada y las interacciones entre los artistas más allá de la obra son parte de un programa cultural de televisión, cuyo anfitrión (Bryan Cranston) comenta sobre lo que ocurre.

Además, como Bill Murray, que ha participado en todas las películas de Anderson, no pudo ser parte de Asteroid City porque contrajo COVID, el director colaboró con el actor para hacer un corto que añade otro nivel a la película. Este corto, que pueden ver en YouTube, es un comercial para una película ficticia basada en la obra de teatro. Cada nivel narrativo añade otra dimensión de complejidad que desafía al más experimentado espectador.

Asteroid City no es una experiencia fácil. La vi más de una vez para poder escribir sobre ella y así encontrar un significado que le diera cohesión a la película. La primera vez me asombraron los elementos que usualmente espero de una película de Wes Anderson: una paleta de colores única, un diseño de producción que enfatiza la teatralidad de sus mundos y una banda sonora que le da un toque fantástico a la trama. También me fascinó el estilo de actuación tan singular de los actores de Anderson. Estos encarnan personajes emocionalmente despegados y expresan sus líneas con ritmos y cadencias característicos del director. Sin embargo, esa primera vez salí del cine sin entender lo que había visto. Varios críticos han reaccionado negativamente a lo que consideran una película innecesariamente complicada. Estos argumentan que Anderson se perdió dentro de su misma historia. Si esta es su posición, les exhorto a ver la película por segunda vez. Déjese llevar por la experiencia y mantenga presente la frase que guía a Augee Steenbeck: ante la confusión y el miedo, sigamos contando historias.

Hay directores cuyo cine trasciende una crítica simplona. Directores como Federico Fellini, Luis Buñuel y Orson Welles, entre muchos otros, no hacen cine malo. Sus obras experimentan con las posibilidades del medio y la historia del cine evoluciona gracias a sus visiones como cineastas. Cuento a Wes Anderson entre estos. Asteroid City es una experiencia única que funciona precisamente porque no se asemeja a nada de lo que se ha visto este año. A quién le importa si es mala o buena.

 

Demonios: un relato de horror, religión y deseo queer en el Caribe colonial

Especial para EN ROJO

Los juegos del demonio no están restringidos a los que habitan en el infierno. En su última publicación, el periodista y escritor Huáscar Robles se estrena como novelista colocándolos al interior de una congregación cristiana en “el nuevo país” de Caguas. 

Ubicada en los años 80, el autor nos adentra al mundo de Eyerí, un joven de 13 años que crece en el seno de una familia determinada a una mejor vida y, para conseguirlo, anda “mudando pieles” en el Puerto Rico del consumo y las posibilidades.

El patriotismo y la reflexividad familiar pronto pierden su lustre ante el entronizamiento de una importada teología de prosperidad que les reviste de una coraza de fanatismo. Sin embargo, la escalada socio-fiscal acotada a su conversión acabará trastornando la juventud de Eyerí, quien se reconocerá como varón atormentado por un “demonio de homosexualidad”. Este “empichonamiento” le llevará a luchar con inteligencia y humor para mantenerse fuera de esa categoría plagada de pánico y represión. 

En búsqueda de redención, Eyerí termina entregándose a Dios. También a la anorexia. La suya fue una decisión firme de quemar el pecado y la grasa “de la carne”. Así, una retahíla compulsiva de cultos, exorcismos, tormentos, sesiones de terapias reparativas y ejercicios corporales se amontonan intentando marronear el devenir del protagonista.  

El nuevo entorno eclesial de Eyerí y su familia se nos presenta en la novela como un curado bestiario de las calamidades religiosas del Puerto Rico de la época: predicadores adentrándose al boomtele-evangelístico, el fetiche con “all things Israel”, negocios piramidales, el endiosamiento de una tal Bárbara, batallas espirituales ataviadas de fatiga y camuflaje, el trasiego de las emociones congregacionales, la sobrevaloración del insuficiente colegio cristiano y una prédica que atosiga vergüenza y vende indulgencias contra el pecado que ella misma ha manufacturado. ¡Negocio redondo!

En concordancia, la neo-cristiandad en esta novela supone un espacio de desarrollo económico en un Caribe colonial sazonado por la Guerra Fría, la epidemia del VIH/Sida, el cable tv, el carpeteo federal, el bilingüismo de colegio privado, el consumismo desmedido y el culto a la fisicultura. Todo ello sirve como poderoso entramado desde el cual se gesta la biopolítica de los cuerpos cagüeños del texto.

El cuerpo en Demonios se posiciona central y visceral. La experiencia corpórea de los personajes grita, danza, se contorsiona, se descubre, se entrega, nace, renace, se burla, muere y se deja morir, incluso de hambre. No puede ser de otra manera. Eludir el cuerpo es perderle el rumbo a lo concreto como fuente de poder en el texto. El demonio en esta novela no anda suelto. Su condenada porquería habita y atormenta los cuerpos. Por eso se le reprende frente a frente, con dolor, gritería y hambre. Pero también, en un giro problematizante, se alebresta con el desenfreno que da paso a la obscenidad teológica y la obesidad espiritual. El cuerpo en Demonios es el campo de batalla en disputa; y en ella, quien no mata, se sacrifica.

Lo sacrificial al servicio del dominio cristiano en el Caribe colonial no es nuevo. Pero en esta novela se representa con la ansiada frescura de una tragicomedia del siglo veintiuno.

Hace más de sesenta años, Hubert y Mauss plantearon el sacrificio como un acto religioso que, mediante la consagración de una víctima, modifica la condición de la persona moral que lo realiza o la de ciertos objetos de los que se ocupa. Desde un punto de vista antropológico, el sacrificio de seres vivos se ha entendido en sí mismo como metáfora de una transformación internauna anábasisque ocurre en virtud de motivaciones humanas rechazadas por una sociedad. Es decir, el sacrificio debe entenderse no sólo en términos de función social, sino desde un carácter de fe para trascender el tiempo y negar o rechazar la muerte y la nada. Es por esto que, desde tiempos líticos, el sacrificio ha devenido una forma de ordenar el mundo, expresar esperanza y dar sentido a la vida, ocurriendo a menudo en momentos de crisis o ruptura con la “normalidad” de una comunidad.

En el cristianismo, la reinterpretación del sacrificio y su transformación en una categoría ética es una expresión más de la forma en que las personas expresan significado y ordenan las relaciones humanas con el mundo, el tiempo y la muerte.

Sin embargo, el cristianismo no existe en burbujas carentes de historia y poder. El cristianismo también fue, y continúa siendo, parte de procesos civilizatorios que han pretendido domesticar poblaciones enteras a través del coloniaje. Ese proceso que algunos teólogos y teólogas han afirmado ser antitético al contenido transgresor de los Evangelios ha terminado planteándole a los pueblos del mundo la figura de Jesucristo como un semidios que llama al sufrimiento y sacrificio de los inocentes, para así concederles la purificación del mal y la violencia que tanto anhelan. 

El Puerto Rico ochentoso presentado en Demonios forma parte de ese proceso de domesticación de la población para imponer una fuerte americanización colonial de consumo, una que desde la perspectiva de los personajes del Norte es equivalente al mismo Evangelio que propone una “mayordomía” de los dones, el cuerpo y el tiempo. En este contexto, el modelo de un Cristo que se lee como bello varón asexuado se traduce a un camino de sacrificio como virtud fundamental, un sacrificio vinculado a los “placeres de la carne”. En la sociedad heteronormativa de la novela ese sacrificio es el demoniaco gravamen que la categoría ‘homosexual’ debe pagar para ser aceptada.

El sobre-enfoque en el cordero como chivo que expía todos los pecados del mundo es lo que el teólogo mexicano Carlos Mendoza Álvarez ha llamado ‘religión sacrificial’. Esa religión sacrificial es impuesta con gran fuerza en los cuerpos abyectos que contradicen o tuercen el sistema. Por eso en la novela son maldecidos, rechazados y excluidos como “endemoniados”. No será hasta que la reprensión y el exorcismo les legitime in English” que entonces serán reintegrados como cuerpos aptos.

El sacrificio humano siempre es selectivo. En esa lotería socioreligiosa juega Eyerí, el joven puertorriqueño al que una teología importada condenará al demonio, convirtiéndolo en el gordo pato” al que sacrificar. Su saneamiento sexual apostará a limpiar el pecado de Puerto Rico y restituir el orden divino/colonial que traerá bendición/desarrollo a Caguas. Después de todo, el capitalismo colonial sería inviable sin hombres heterosexuales en plena forma. No obstante, la suerte no está echada.

El “demonio” en esta novela surge como aviso, reproche y sentencia. Como tal, su uso apalabra el umbral desde el cual el adjetivo transmuta a la categoría. El “demonio” se corresponde con un sistema de clasificación taxonómica, una expectativa incrustada en la economía biopolítica que sirve como fuerza de giro para mover la carga. El ordenamiento de cuerpos que implica su “encuerpamiento”, sin embargo, nunca funciona en la novela como acto definitorio ni conclusivo. De ahí que el término “endemoniado” también sea la identificación en disputa; el ordenamiento bajo sospecha. Y es por ello que el “demonio” es el tanteo de los contornos del orden cristiano construido a fuerza de coloniaje. Al final, en esta novela quien vende santos también compra diablos, y quien demonios parece tener realmente posee conciencia y plenitud.

A pesar de que han transcurrido cuarenta años entre el tiempo capturado en Demonios y nuestros días, el meollo del cristianismo sacrificial perdura renovado como tecnología teológica en el Caribe colonial. Hoy día el tele-evangelismo ha dado paso a influencers cristianos que venden y consumen de todo en redes sociales, los colegios cristianos ahora se alternan con escuelas “charter” administradas por iglesias, las comunidades de fe son receptoras de fondos federales sin pagar impuestos, los predicadores itinerantes ahora se titulan “apóstoles” aunque no sepan diferenciar entre al antiguo pueblo de Israel y el Estado moderno que aniquila a Palestina y el agonizante bipartidismo puertorriqueño ha dado paso al surgimiento de un nuevo “Proyecto” que potencia viejas calamidades en un partido político de carapacho secular que se organiza con fuerza y rapidez desde las iglesias del país.

En tiempos en que nuestras democracias viven su erosión y la libertad se nos resignifica postpolíticamente, la obra de Huáscar Robles retumba potente. Su acertado humor, propio de la sabiduría que solo otorga la restrospectiva, hurga en la llaga de la fe y el deseo queer en el Caribe colonial. Con indudable maestría, Robles consigue inscribir la catástrofe metafísica de Puerto Rico anclándose en el caos que erupciona de la ritualidad como espectáculo, el apego capitalista a los evangelios como mercado, el bilingüismo como umbral de salvación y el sacrificio del cuerpo homosexual como precondición de humanidad.

Hace dos décadas, la teóloga argentina Marcella Althaus-Reid alertó sobre el peligro de hacer teología fuera de los cuerpos y las sexualidades, particularmente, aquellas más socavadas por el patriarcado. Según Althaus-Reid, esta grave omisión reproduce la matriz colonial desde la cual se instala la religión sacrificial. Por el contrario, su propuesta radicó en utilizar nuevas herramientas para mirar nuestras relaciones y explorar cómo, desde ahí, respiramos la divinidad. En palabras de Althaus-Reid, hay que “pasarse la teología por el cuerpo”. Partir desde el acuerpamiento de la fe implicará, según la teóloga, romper con la idea de que el destino de algunos, algunas y algunes radica en vivir como sujetos de una religión patriarcal que censura desde el coloniaje la belleza de sus corporeidades sexuales.

El emplazamiento teológico de esta insigne teóloga latinoamericana ha reverberado con potencia. Hoy día, movimientos sociales, pueblos indígenas, culturas juveniles y diversas comunidades de fe han desarrollado prácticas de resistencia que buscan la superación del cristianismo sacrificial. De ahí que la teología posmoderna latinoamericana y caribeña exhiba matices contraculturales de prácticas sexuales, políticas y religiosas que encuben experiencias de gratuidad como poderoso signo de cambio de mundo. Demonios, como relato de horror, religión y deseo queer en el Caribe colonial, le estruja la ajustada teología sacrificial a los rebosantes cuerpos puertorriqueños y, mediante el poderoso recurso que es la literatura, también adviene a este amanecer.