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Palestina e Israel

 

 

 

 

Cuando era adolescente mi visión de Israel estaba moldeada por la novela de Leon Uris “Éxodo” y su versión de Hollywood encabezada por Paul Newman y Eva Marie Saint. Los árabes o eran aliados de los judíos   – los menos – o violadores y asesinos de milicianas israelitas, como Karen.

Los judíos iban a construir un oasis en el desierto frente a los árabes atrasados. Descubrí las implicaciones fascistas de esta visión cuando en una conversación con un vecino de ascendencia judía – laica – me recalcó que los judíos tenían la capacidad de construir una sociedad moderna y los árabes no y por eso tenían derecho a un territorio en Palestina. Esa versión de pueblo escogido es un elemento importante en la ideología fascista, la que supone que el derecho a gobernar debe ser exclusivo de una elite nacional o religiosa o racial o económica o intelectual o combinación de algunas de ellas o todas.

El movimiento sionista, que surge en el siglo XIX como una versión de nacionalismo hebreo dentro de las comunidades judías dispersas a través de Europa, comenzó por hacer un reclamo de un “Hogar Nacional Judío” en Palestina fundamentado en la bíblica tierra prometida por Yavé a Moisés. Con este reclamo el movimiento sionista inicia una campaña para que los judíos emigren a Palestina a partir de 1880.

Pero debemos recordar que esa tierra, según la biblia, estaba habitada por los Cananeos y Filisteos vecinos de los Fenicios, que contribuyeron también al desarrollo del alfabeto y de la escritura. Todas eran tribus semitas, y este dato es importante recordar porque cuando se acusa a alguien que defiende la independencia de Palestina como antisemita lo mismo se puede decir del que apoya a Israel frente a Palestina.

Es importante recordar también que luego del fracasado levantamiento contra Roma dirigido por Simón Bar Kojba  del 132-135(A.D.), la mayoría de los judíos emigraron al norte de Africa, España y lo que hoy son Siria y Turquía, donde desde mucho antes existían -en estos últimos – colonias judías. En el siglo VII(A.D.) Palestina fue ocupada por los árabes y salvo por un breve periodo durante Las Cruzadas estuvo primero bajo el Califato de Bagdad y finalmente – por más de 500 años – bajo el Imperio Otomano. Es bajo las décadas finales del dominio otomano que se inicia la inmigración de colonos judíos; colonos que a medida que se agudizaron los conflictos con los locales venían militarizados – tanto hombres como mujeres -. Es de esos colonos que se forma el Haganah o Ejercito de Defensa de Israel, ya cuando terminada la Primera Guerra Mundial, Palestina cae bajo el dominio del Reino Unido de Gran Bretaña. Poco antes de la derrota del Imperio Otomano, el entonces Ministro de Relaciones Exteriores del Reino Unido, el Conde de Balfour, emite una declaración donde promete a los dirigentes sionistas un hogar nacional en Palestina sin menoscabar los derechos políticos de las comunidades no judías en la zona.

Con el tiempo, el gobierno británico promueve entre sus aliados, incluyendo a Francia y Estados Unidos, la idea del estado judío a partir de la deseabilidad de tener un enclave “europeo” en el Asia Menor que pudiera proteger los crecientes intereses económicos de estas potencias en esa zona. Es entonces que la noción bíblica de pueblo escogido se casa con la idea discutida arriba de “civilización superior” y los judíos pasan de ser pueblo escogido si no por Yavé, por las potencias imperialistas de Occidente. Ese apoyo se materializa después de la segunda guerra mundial alentado por el problema de los refugiados judíos sobrevivientes del holocausto nazi.

El estado de Israel se crea por la ONU en 1948, con el apoyo también de la U.R.S.S. – apoyo de esta última posiblemente fundamentado en el temor de recibir muchos de los refugiados, quiénes, aunque muchos eran socialistas podrían ser hostiles al totalitarismo de Stalin y representaban una carga económica inmediata a un país devastado por la guerra. Se dividió Palestina en dos: Israel y Jordania y los árabes al oeste del Jordán – los palestinos de verdad – y los residentes en Jordania no fueron consultados. Los palestinos quedan encerrados en el territorio de Cisjordania y en la zona de Gaza.

En la década de 1960 se funda la Organización para la Liberación de Palestina que junto a otras facciones palestinas van a conducir una lucha de resistencia contra el interior del estado de Israel y en el extranjero. También lanzan una ofensiva diplomática que en el transcurso de los años iría acompañada de una reducción en las acciones armadas y que culminaría en los acuerdos de Oslo de 1992 entre la OLP (encabezada por Yasir Arafat) y el gobierno de Israel encabezado por Isaac Rabin, su primer ministro, y por Shimon Peres, su ministro de relaciones exteriores. Estos acuerdos reconocían la existencia del estado de Israel y la eventual creación de un estado palestino al tiempo que se reconocía a la Autoridad Nacional Palestina como interlocutor del pueblo palestino. Se dejaba para una reunión posterior la delimitación de las fronteras de Palestina en Cisjordania y otros asuntos relacionados al estado de la ciudad de Jerusalén y los refugiados.

En el 2001 se retomaron las negociaciones y se llegaron a unos acuerdos tentativos sobre Palestina donde prácticamente Palestina recuperaba todo el territorio de Cisjordania y la franja de Gaza. Estas reuniones se suspendieron cuando las elecciones de Israel en el 2001 dieron el triunfo a la derecha israelí encabezada entonces por el exministro de defensa Ariel Sharon, quién ordenó el cese de las conversaciones. Mientras esto sucedía el grupo Hamas aumentaba su influencia en la Autoridad Nacional Palestina, proceso que culminó con su triunfo electoral en el 2007, las últimas elecciones que se han podido celebrar en Palestina. Como resultado de los procesos que se han dado posteriormente, protestas palestinas e intervenciones militares de Israel, Hamas terminó controlando la franja de Gaza y la OLP a través de la Autoridad Nacional Palestina ha controlado a Cisjordania.

Hay quienes sugieren que los servicios de inteligencia de Israel estimularon el crecimiento de Hamas para justificar su negativa a continuar las negociaciones. Al darle la espalda a las negociaciones en el 2001, la derecha israelí, con su promoción de las colonias judías en Cisjordania, con su negativa a negociar con los representantes reconocidos del pueblo palestino, al matar periódicamente a palestinos que protestaban los distintos abusos y que solo atacaban con piedras, al reaccionar indiscriminadamente a los ataques a su territorio con la muerte de civiles inocentes, contribuyeron a crear el ambiente para la reciente ofensiva de Hamas.

Israel tiene dos alternativas o negocia con la Autoridad Nacional Palestina la creación de un estado nacional independiente de Palestina siguiendo los lineamientos de los acuerdos de Oslo de 1991 y los que se estaban negociando en la ciudad de Taba en el 2001; o comete genocidio contra el pueblo palestino. Aparentemente los actuales dirigentes de Israel están siguiendo la opción del genocidio. Vale la pena recordar que la venganza apoyada en el Viejo Testamento establecía “ojo por ojo y diente por diente” no mil ojos (o dientes) por cada ojo o diente.

¿Qué hicimos con el amor?

Foto por: Adriana Mangones Cervantes

 

 

Con el más sentido respeto, a todos los cuerpos que, desde el 7 de octubre, desnudos y desarmados, han caído.

A nuestra formidable Aurora Levins Morales, puertorriqueña judía de acá y de allá, artista de agua y tierra, palabrera de fuego y aire, con el más indecible agradecimiento.

Lo que quiero preguntar es qué hicimos con la visión una vez la realidad resultó ser sórdida. Lo que quiero saber es cómo fue que la abandonamos. Quiero saber qué hicimos con el amor.  –Aurora Levins Morales, “If I Forget Thee, Oh Jerusalem” (1986)[1]

La base militar se llama Ramey –originalmente, Borinquen Field– y la playa de costa elevada se llama “Survivor’s” (¿sabemos nuestro nombre para ese litoral?). A la gente boricua empobrecida que, hasta finales de los años 30, vivía en esa esquina sublime donde el carácter de retoño volcánico de nuestras islas es tan palmario como en el acantilado del Faro Los Morrillos en Cabo Rojo, el imperio gringo la sacó para construir otro largo ensayo de destrucción.[2] Alrededor, en el llano antes entrecortado por casas de madera y sembradíos de tubérculos y matas de plátano, derramaron un cuadriculado “pueblito” que aún pervive, con cajas –no es un typo– de techos bajos y vocación de embuste cuidadosamente empaquetado. Las calles tienen nombres tan descarados como “Gun Club Road.” Para llegar a la playa de la sobrevivencia, en la que encuentro más surfers extranjeros que boricuas, es preciso pasar junto al campo de golf de Punta Borinquen, el aeropuerto Rafael Hernández y la tan celebrada Lufthansa Technik, una escuela privada todo en inglés, el recinto de Aguadilla de la Universidad de Puerto Rico, el barrio del Truman Show, un museo del “espíritu de Ramey” y el BQN Village de hoteles y casinos. Cruzándose entre tales platillos Petri de persistente colonialismo, hay innumerables células de pasados presentes invisibles, arrasados por el cemento y la desmemoria.

A juzgar por currículos educativos, gestión museológica, atención archivista, producción artística, reconocimiento público y discusión política en el Puerto Rico contemporáneo, nos falta mucho por confrontar del altísimo grado de ocupación bélica y militarización de nuestras islas, su memoria histórica y actual, sus multifactoriales, crueles, efectos. Por ejemplo:

  1. los fortines, murallas y cañones del imperio español, ahora celebrados y vueltos instagramables y “pintorescos”;
  2. las, al menos, 25 instalaciones principales del ARMY, el NAVY y el AIR FORCE y múltiples “menores” a lo largo del siglo XX, construidas a partir de la toma y el despojo con el propósito de practicar, aquí tanto como en el resto de la región y más allá, la matanza a mansalva;[3]
  3. la recurrente –antes forzosa, ahora “voluntaria”– militarización de la población;
  4. el abierto reclutamiento de nuestras juventudes en campus universitarios y campañas publicitarias echando mano, además, del empobrecimiento por diseño del país como arma de seducción a la muerte;
  5. los letales efectos lentos y silenciosos de la condición de veteranía;
  6. el intrínseco vínculo –manifestado en entrenamientos, armas, prácticas y el ethos general de disposición a abusar y matar– entre la policía de Puerto Rico y la militarización;
  7. la trayectoria y la vigencia de la “mano dura”, la política carcelaria estatal y el encierro de comunidades empobrecidas y racializadas;
  8. los efectos intangibles y materiales que ser ensayo de exterminio tiene en un paisaje, en sus especies, en su geología, en su gente.

¡Y ni siquiera he mencionado el peligro exterminador de los armamentos nucleares! Uno de los más dedicados estudiosos puertorriqueños de esta historia, Humberto García Muñiz, ya concluía un ensayo de 1991 con estas palabras:

[…] Puerto Rico [es] el centro de la presencia militar estadounidense en el Caribe. […] es la principal base naval y de escala para llevar a cabo entrenamientos, despliegues regionales de flotas y pruebas de alcance de armamentos. También provee instalaciones portuarias, aéreas y logísticas en apoyo a operaciones navales durante contingencias. La base Roosevelt Roads es un campo de entrenamiento para fuerzas de seguridad suplentes de Centroamérica y el Caribe, y también sirve como base para intervenciones militares en dichas regiones. Puerto Rico, huésped de infraestructura relacionada con armas nucleares a ser activada en tiempos de crisis, incluyendo múltiples instalaciones en diferentes partes de las islas, enfrenta el siempre inminente peligro de accidentes nucleares, o de un ataque nuclear en caso de guerra, como resultado de la infraestructura nuclear localizada aquí, lo que afectará las vecinas islas caribeñas. (mi traducción del inglés)

Es imposible hablar del actual “desplazamiento” –vocablo demasiado liviano para el saqueo que nombra– junto a los cuerpos de agua de nuestro país y, sobre todo, en las costas, sin advertir que se trata de una continuación del carácter militarista de todo imperio, en nuestro caso, el español vetusto o el gringo high tech. Las edificaciones e instalaciones militares son abrumadoramente costeras, pero lo son también los descomunales accesos controlados –militarizados, sin duda– de petro-agro-farmacorporaciones establecidas en nuestras costas “por invitación” del ELA y chuleo cómplice, reiterado, de élites criollas.

Y estos caminos me conducen a nuestra conexión con el horror apocalíptico del ahora. El aparato militar del estado sionista de Israel ha sido –y sigue siendo– en gran parte provisto y financiado por el imperio estadounidense. Como denuncia un cartel del colectivo Se Acabaron Las Promesas que en estos días circula en redes: “Las bombas de Vieques caen hoy en Palestina.” Los “ensayos” y las “prácticas” en las bases militares aquí, en el Caribe, reverberan en acciones exterminadoras contra ese otro territorio sitiado, enjaulado, acorralado por tierra, mar y aire, en el Mediterráneo.

Siempre, y donde sea, cualquier inocente caído es nuestro; la especie ha de reclamarlo. Los miles de hoy en Palestina –y los civiles de a pie en Israel– lo son tantísimo más. Les reclamamos. Y ofrecemos en su memoria, en su honor, todo y cualquier minúsculo gesto de creación, de afirmación, de convicción por la potencia ulterior de la vida. Ofrecemos en su memoria, en su honor, todo y cualquier minúsculo gesto de amor. Así sabremos qué hicimos con él.

[1] Mi respetuosa traducción del original: “What I want to ask now is what we did with the vision when the reality proved sordid. What I want to know is how we gave it up. I want to know what we did with the love.”
[2] Pero no pudo nunca, aquí ni en ninguna parte, derrotar sus espíritus, que siguen haciendo nación inventada y real, como se aprecia con bellísima nitidez en Borinquen Field, la más reciente novela de Marta Aponte Alsina.
[3] Se ofrecen estas cifras en el importante ensayo analítico de Héctor R. Feliciano Ramos, “Las bases e instalaciones militares de Estados Unidos en Puerto Rico y su impacto en la sociedad puertorriqueña”, disponible aquí: https://centroinvestigacionhumanidades.up.ac.pa/sites/fachumanidades/files/revista10_11/Hector%20Feliciano.pdf

Breves de verano-3

 

En Rojo

 

Sigo con mis columnas de “Breves de verano” para poder comentar lo que puedo ver en las salas de cine cuando estoy en Puerto Rico y lo que escojo para ver y escribir en streaming. No cambio la estación del año porque hasta mediados de noviembre, cuando oscurece demasiado temprano para mi, no pasamos a nuestra 2nda estación: invierno lluvioso y friiito.

Netflix, valientemente (otros dirán convenientemente), ha rescatado de su archivo el documental Nacido en Gaza de 2014, del director, autor, cinematógrafo y fotógrafo de guerra argentino radicado en España, Hernán Zin. Recoge la destrucción causada por el ejército israelí al comenzar a bombardear ciudades de Gaza el 8 de julio, seguido de una invasión terrestre el 17 de julio y un alto al fuego el 26 de agosto. Escoge la mirada y los testimonios de diez niñxs de 6 a 11 años, tres meses después de los bombardeos. Caminan con el crew a los lugares donde vivían, trabajaban sus padres, jugaban con sus hermanos y amigos, iban a la escuela, los centros donde recibían las ayudas humanitarias de las Naciones Unidas y otras entidades que Israel haya autorizado. Sus viviendas en edificios multipisos o casas han sido reducidas a escombros. Tratan de salvar lo poco que queda: ollas, platos, cubiertos, pedazos de mesas, almohadones, mantas, cojines, ropa, juguetes. Y siempre existe el miedo que los bombardeos reanudarán y otros miembros de la familia perderán sus vidas ya que ni las ambulancias ni los centros de cuido están exentos de destrucción.

Los lugares donde transitan los niños pueden parecer abiertos, pero la realidad es que esa sensación de espacio existe por la destrucción de edificios, calles, sembrados, carpas, parques y miles y miles de viviendas. El mar parece ser la única salida para pescar, transitar, transportar materiales y tener otra vía para expandir. Pero no es así, el mar, como todo el acceso por tierra, está limitado por la marina israelí que no permite la entrada de ningún cargamento que ellos no aprueben y que no permiten el acceso de los botes de pesca palestinos más allá de los buques que tienen sitiados a esta población.

Los seis niños (Mohamed, Udai, Mahmud, Rajaf, Montasem, Hamada) nos hablan de lo que existía antes del bombardeo, de sus familiares y amigos muertos o heridos y de cómo sobreviven. Las cuatro niñas (Sondos, Malak, Bisan, Haia) nos hablan de cómo ayudan a sus madres, hacen filas para obtener las ayudas de la ONU, la destrucción de su escuela y la más pequeña de sus heridas y visitas al hospital. Ningunx es tímidx; todxs tienen un espíritu combativo que lxs hace pensar en un futuro. Yo, hoy, desde este presente, me pregunto ¿cuántos de estos niñxs, ahora adultos, siguen vivos y cuántos otrxs morirán mientras las tropas de Israel marchan en su empeño de exterminar a la población palestina?

Golda, dirigida por Guy Nattiv—quien también dirigió el corto Skin que comenté en los “Breves” anteriores—es un largometraje de 2023, filmado con la apariencia de ser blanco y negro para dar la impresión de ser un documental de la época ya que una parte sustancial es pietaje de la guerra de 1973. Tiene como guionista a Nicholas Martin, cinematógrafo a Jasper Wolf y, al centro, el conflicto bélico de Yom Kippur y cómo lo manejó su Primera Ministra, Golda Meir. Helen Mirren interpreta a esta mujer de hierro, que intentó mantener a Israel como un país unido y fuerte que podía derrotar a sus enemigos y nunca negociar el territorio usurpado en la guerra de los 6 días de 1967 (Gaza, Sinaí, West Bank, Golan Heights). El director escoge montar su historia en el presente y dramatizar así las negociaciones entre sus asesores militares, mientras ella se encargaba de la vía diplomática. La diplomacia se reduce a convencer a los EEUU de proveerle más armas y dinero. Nunca se contempla “hablar” con el enemigo ya que Egipto y Siria se consideran los agresores y enemigos mortales.

El otro escenario que incluye el filme, meses después de la retirada de Egipto y Siria, es la comparecencia de la Primer Ministra ante la comisión que investiga los errores de esa guerra donde murieron más de 2,600 soldados israelíes. La cámara descansa totalmente en Golda Meir con su vestido uniforme, su cartera y su perenne cigarrillo. El escenario personal e íntimo es Meir en su tratamiento para linfoma que se hace en secreto y con los mejores médicos de su época. Nada ni nadie puede intervenir con sus responsabilidades de dirigente de Israel. Estos tres escenarios de encerramiento, terminan con pietaje de la visita de Anwar Sadat al Knesset en Israel en 1977 y parte del discurso de Meir en esa ocasión.

Bella, de la directora Bridget Murnane (guionistas Alex Bushe y Pat Verducci; cinematógrafo Morgan Sandler) es un hermoso documental de 2022, que le rinde homenaje a una coreógrafa experimental de la danza moderna, Bella Rebecca Lewitzky (1916-2004), que se desarrolla en California desde la década de 1930 y que no es tan conocida por no residir en el centro del desarrollo del baile: Nueva York. Basado en sus recuerdos, Bella es la narradora de su propia historia como bailarina con pietaje de sus performances, ensayos, entrevistas y vida pública. Nosotrxs, el público, vemos su trayectoria desde una joven de 18 años que se integra al grupo del diseñador de modas, Lester Horton, y fundan el Dance Gallery, único lugar dedicado totalmente a la danza. Se separa para formar su propia exitosa compañía de danza independiente, Lewitzky Dance Company con lugar propio, diseñado por su marido Newell Taylor Reynolds, arquitecto y diseñador de decorados que crea el lugar perfecto para el concepto de danza de Bella. Como espectadorxs, vemos ensayos y parte de las piezas coreografiadas por ella, además de escenas de su larga carrera como bailarina.

En 1951, Bella fue citada por el House of Unamerican Activities del Congreso de los EEUU en su persecución de artistas críticos de las políticas del gobierno que ese grupo de políticos insistían que eran comunistas, la peor descripción para cualquier ciudadano normal. Cuando le pidieron que nombrara los subversivos/comunistas que eran parte de su círculo cultural, Bella les contesta: “I am not a singer, I’m a dancer”. Estuvo “blacklisted” por esta acción de la cual siempre se sintió muy orgullosa. En 1990, renunció a fondos otogados por el National Endowment of the Arts (NEA) cuando el gobierno obligaba a los recipientes a firmar un juramento de no crear nada obsceno de acuerdo a su definición. Bella demandó al gobierno por esta imposición que luego fue declarada inconstitucional. Sorpresivamente para aquellos que intentaron censurar a los artistas, la NEA la escoge para recibir la Medalla Presidencial de las Artes de 1996 de manos del presidente Clinton. Bella acepta este reconocimiento como su despedida de esta carrera tan fructífera y la última presentación de su compañía de 30 años que cierra con “Four Women in Time” inspirado en la obra de la artista feminista, Judy Chicago. Y, gracias al documental, nosotrxs podemos disfrutar de esta excelente coreografía de Bella.

¿Quién no quiere estar en un filme de Wes Anderson? Pues en Asteroid City, el director reclutó a toda su tropa (Bryan Cranston, Edward Norton, Jason Schwartzman, Jake Ryan, Scarlett Johansson, Grace Edwards, Maya Hawke, Rupert Friend, Jeffrey Wright, Hope Davis, Steve Park, Liev Schreiber, Tom Hanks, Aristou Meehan, Matt Dillon, Bob Balaban, Tilda Swinton, Jeff Goldblum, Adrien Brody, Rita Wilson, Willem Dafoe, Margot Robbie)—la que aparece en sus inventos cinematográficos—para una narración de un ensayo de una obra escrita por alguien real o uno de los personajes de la historia más abarcadora que incluye de todo un poco para su ubicación. El lugar es el desierto (Arizona/New Mexico/Nevada), donde comparte el espacio con el campo de tiro de un proyecto secreto que tiene múltiples explosiones. Se dan varias actividades simultáneas que atraen a una diversidad de grupos: la pérdida de un ser querido y el acercamiento con el abuelo extraño; concurso de proyectos científicos; excursiones de estudiantes para ver los cambios cósmicos; ensayo de una película; la llegada y salida de un extraterrestre; la militarización de la zona; el espacio reservado para la científica de renombre; las competencias entre jóvenes para medir su inteligencia, entre muchos más. Ya el análisis—o uno de los posibles—lo hizo el crítico de cine, Juan Ramón Recondo en una columna anterior, pero quería incluirlo en mis breves ya que ahora está disponible en streaming, como también su cortometraje, The Wonderful World of Henry Sugar, con Ben Kingsley y, de nuevo, con su gran elenco de colaboradores.

 

 

Crucigrama Mario E. Velázquez Rivera

Especial para En Rojo

Horizontales

2. Natural de Viena, capital de Austria, fem.
8. Paz _____ la Tierra: composición de Velázquez.
9. Cuando se nos muera _____ verde: composición de Velázquez en honor al escritor Enrique Laguerre.
11. Alga verde.
13. Mario _____ Velázquez Rivera: poeta y cantautor puertorriqueño y defensor de nuestra cultura. Autor de la canción «Ponle por nombre Jesús».
15. Excavas.
17. Unidad monetaria oficial de Rumania.
18. Llevan a remolque una nave.
20. Este planeta _____ de todos: composición de Velázquez.
21. Cedazo muy tupido.
22. Asistid.
23. Actuar, trabajar.
25. _____: libro de décimas de Velázquez. El título del libro es la primera décima escrita por él a los 13 años.
27. A nivel.
28. _____ Enrique Velázquez Rivera: autor de «La Candelaria», «Cuentos para despertar», «Emmanuel, el de Loíza Aldea» y «Todavía hay Navidad».
32. De esta manera.
33. Del verbo enacerar.
36. _____ niños Jesús del mundo: composición de Velázquez37. Ponle _____ nombre Jesús: composición de Velázquez.
38. Mario E. _____ Rivera: Doctor Honoris Causa, distinción honorifica otorgada al compositor en 1998 por el Senado Académico de la UPR-Humacao.
42. _____ Luna: novela de Isabel Allende.
43. Raspa.
45. _____ a la niña Mariana: himno escrito por Velázquez a uno de los barrios de Humacao.
47. Hijo de Adán y Eva.
49. Agarraderas.
50. _____: municipio de la provincia de Huesca‎, España.
51. Todavía _____ Navidad: composición de Velázquez.
52. Mi canción es _____: composición de Velázquez.

Verticales

1. _____: ciudad natal de Velázquez.
2. ¡Tantas _____ Pedro!: composición de Velázquez en honor al patriota Pedro Albizu Campos.
3. Símbolo del indio, elemento químico metálico.
4. 4 de _____ de 1947: nacimiento de Velázquez.
5. Conozco.
6. Emmanuel, el de Loíza _____: composición de Velázquez.
7. Carta cantada a don Juan _____: composición de Velázquez en honor al poeta y patriota Corretjer.
10. Mario E. Velázquez _____: ha destacado como autor de música tradicional navideña. Autor de «Ícaro». Sus composiciones han sido grabadas por Danny Rivera, Andrés Jiménez, Mapeyé y Flora Santiago, entre otros.
11. Adorno que se dibuja en torno de lo escrito o impreso.
12. En este lugar.
14. Con _____ las flores vengo: composición de Velázquez.
16. Cocinase a la brasa.
19. Costarricense, fem. pl.
24. Pujanza, ímpetu.
26. Puerto _____; patria de Velázquez.
28. Apócope de madre.
29. Antes de Cristo.
30. Símbolo del iridio.
31. Juego infantil hondureño.
34. Noticias.
35. Inventáis.
38. Conducto de la sangre.
39. Perteneciente o relativo a la lana.
40. Séptimo planeta del sistema solar.
41. Décima a _____ Gandía: composición de Velázquez en honor al escritor y político arecibeño.
44. De mi voz nació _____ luz: composición de Velázquez.
46. Carta de la baraja.
47. Símbolo del calcio.
48. _____ Candelaria; poema de Velázquez.

Para no conformarnos con el nuevo libro de Nelson Rivera

 

Una reseña de Inconformes & disidentes arte puertorriqueño del siglo XXI

Hace rato la historiografía del arte puertorriqueño necesita una revisión y actualización y el nuevo libro de Nelson Rivera, Inconformes & Disidentes: arte puertorriqueño del siglo XXI (Isla Negra 2023) viene a ser un abrebocas con el propósito de abrirnos el apetito. En este sentido, es un libro absolutamente necesario en el que el autor le toma la temperatura a la producción artística contemporánea; pero lo que no escribe quizás habla más del panorama actual del ecosistema del arte en Puerto Rico. En general, el proyecto se siente como una publicación impresa con mayor urgencia que aquella que Rivera publicara en 2009. Sin embargo, este nuevo libro –que viene a conformar una especie de trilogía de publicaciones sobre las artes puertorriqueñas junto a Con urgencia (2009) e Hinca por ahí (2016)– es mucho más corto que sus proyectos anteriores, tanto como una tercera parte de la extensión de sus publicaciones anteriores. Aunque no menos importante, definitivamente Inconformes & Disidentes deja a los lectores de Rivera con las ganas de leer más, lo cual personalmente, he tomado como una invitación, una llamada a la acción, más que como agotamiento.

A diferencia de sus libros anteriores, la nueva publicación no recoge textos previamente publicados, lo cual hace gravitar inmediatamente hacia la situación actual de los espacios de publicación disponibles para las artes. Diálogo fue uno de los portales en los que Rivera publicó varios textos que luego fueron impresos en sus libros y esa plataforma ya no existe. Claridad, otro de los rotativos que publican su trabajo –aunque continúa dando la buena batalla–, actualmente confronta problemas económicos que le han dificultado muchísimo el imprimir nuevos números, por lo que se ha visto obligado a permanecer en línea y modificar su periodicidad (algo que no es nuevo para este periódico, pero que definitivamente se ha empeorado con la inflación y el desastre económico-político de Puerto Rico). Otro portal cibernético en el que Rivera ha publicado bastante en el pasado es 80 Grados y también ha sufrido bajas en sus filas que le dificulta publicar artículos con la premura que requieren, por ejemplo, las críticas de exposiciones. Ni hablar de los diarios que solían publicar columnas sobre arte con regularidad. De modo que Inconformes & Disidentes parece nacer de la propia inconformidad del autor y como respuesta a la situación actual.

El propósito del libro es demostrar que la escena artística puertorriqueña continúa firme, contra viento y marea, en este nuevo siglo, lo cual ciertamente demuestra sin problema alguno. Irónicamente, aunque recoge un listado bastante completo de publicaciones sobre arte que han nacido durante las últimas dos décadas, este mismo ejercicio acusa la escasez de publicaciones impresas en Puerto Rico. Por esta razón, aunque acaba de salir, esta lectura se siente vieja, ya que Rivera habla en tiempo presente sobre espacios digitales y físicos que existían a finales de 2020, pero que ya en los últimos tres años han desaparecido. La introducción confirma que el texto está listo desde 2021 y el rigor académico le convidó a limitarse a esas primeras dos décadas del nuevo milenio; el atraso en la impresión es comprensible con la crisis general que ocasionó el COVID 19 y los altos costos del papel. Sin embargo, este detalle pone de relieve el hecho de que en Puerto Rico no se ha publicado un libro de historia del arte por lo menos desde el año 1998.

Es cierto que se han publicado gran cantidad de catálogos de exposiciones, libros monográficos y textos temáticos. Los libros anteriores de Rivera son compilaciones de ensayos, conferencias y críticas de arte (Hinca por ahí, se expande a otros temas, pero incluye varios textos sobre artes visuales). Pero hace más de veinte años que no se imprime una historia del arte que revise el trabajo anterior a la luz de los nuevos hallazgos y que actualice el trabajo de la Hermandad de Artistas Gráficos de Puerto Rico cuando publicaron Puerto Rico: arte e identidad (1998). La situación empeora al tomar en consideración el argumentado que hemos hecho algunos sobre este último libro: que no constituye propiamente una historia del arte, puesto que omite casi toda la producción artística previa a la pintura de Campeche y tampoco incluye arquitectura, fotografía, ni los nuevos medios que ya a finales de los 80s comenzaban a desarrollarse en el archipiélago borinqueño. Para hacerle justicia, hay que aclarar que este libro nunca afirma ser una historia del arte; si lo tomamos como una publicación temática, cuyo fin es el demostrar que el gran tema de nuestro arte a la altura de finales del siglo XX es la afirmación de la identidad nacional, hay que aceptar que, con sus luces y sombras, ha sido exitoso. No obstante, esto implica que no se ha publicado una historia del arte de Puerto Rico desde 1994: la Historia General de Artes Plásticas en Puerto Rico, Tomo 1 de Osiris Delgado. Pero “a falta de pan cazabe”, así que hemos hecho de Puerto Rico: arte e identidad la biblia de la historia del arte puertorriqueño, y esto convierte a quienes ha desmontado los argumentos que ahí se esgrimen, entre los que se encuentra Nelson Rivera, en herejes. Un título que, al autor en su disidencia, no parece molestarle en absoluto y que reafirma en Inconformes & disidentes al crear una especie de glosario del arte contemporáneo puertorriqueño en el que consolida los argumentos que había estipulado anteriormente.

 

Luego de la reflexión sobre la situación de la historiografía del arte en Puerto Rico, y la utilidad de este texto, los estándares del autor de “Picarse las patas, esto es, hacer crítica de arte en Puerto Rico” (2009) me convidan a hacer algunas críticas de Inconformes & disidentes. La metodología, por ejemplo, resulta curiosa por su hibridez; se entiende que Rivera se formó en la academia del siglo pasado, aunque su enfoque sea el arte contemporáneo. Me refiero, por ejemplo, a su insistencia en marcar cada siglo con un genio artístico que sobresale de entre sus contemporáneos. Yo creo en las palabras de Max Ernst cuando afirmó que “El arte no lo no produce un artista, sino varios. Es, en gran medida, producto del intercambio de ideas entre ellos”. Por otro lado, las categorías en las que divide a los artistas cada vez funcionan menos y el propio autor lo reconoce al mencionar que a algunos lectores les sorprenderá encontrar a una artista particular dentro de una sección en la que no parece encajar, pero inmediatamente defiende su decisión de catalogarla en bajo esa etiqueta. Con algo de ironía, al final del libro se ve obligado a incluir una sección titulada “Medios interdisciplinarios”, por lo que impera la pregunta: ¿existe algún artista vivo que no sea interdisciplinario? Amén a que usualmente hay uno o dos medios que cada artista maneja mejor que los otros y que suelen marcar su carrera. Empero, incluso quienes practican la pintura, cual devotos de una antigua fe, también practican el dibujo, por lo que no le veo la utilidad al pasar juicio sobre si es mejor pintor o dibujante, pues estas dos disciplinas son complementarias. Las categorías contempladas en el libro son: Pintura, Dibujo, Escultura, Grabado, Fotografía, Cerámica, Video, Performance y Medios Interdisciplinarios, por lo que me pregunto en cuál de estas deberíamos clasificar la pieza sonora del propio Nelson Rivera que consiste en una guagua “tumba cocos” que repite “este es un ruido innecesario”. Claro está, este sistema de clasificación no es una invención de Rivera y si algo nos demuestra este disloque es la necesidad de que las metodologías de la historia del arte se adapten a los tiempos. (Un tema de moda en la academia, la cual actualmente cuestiona desde las etiquetas que arrastramos desde los escritos de Johann Joachim Winkelmann, hasta si es necesario o no el ofrecer cursos introductorios de “arte occidental”, entre otras cosas.) Se entiende que el resolver estos asuntos es una tarea para la que no hay espacio en Inconformes & disidentes, sin embargo, Rivera sí podría haber consolidado la cerámica con la escultura, ya que menciona que ha sido aceptado el barro como un medio más dentro de las artes visuales.

La introducción del nuevo libro de Rivera da la impresión de que basó su investigación en un trabajo de archivo, realizado principalmente en el Centro de Documentación de Arte Puertorriqueño del Museo de Historia, Antropología y Arte de la Universidad de Puerto Rico, por lo que supongo que los artistas que omite son aquellos que no han sido bien documentados. Se sabe también que Puerto Rico cuenta con una gran cantidad de artistas y que este trabajo no pretendía ser una publicación tipo Las vidas de Giorgio Vasari, aunque Rivera lo cite en su epígrafe. No obstante, sorprende no encontrar nombres como los de Enoc Pérez y Brenda Torres, así como los de artistas más jóvenes con carreras bien definidas que nos han representado en foros internacionales como lo son Tari Beroszi y Natalia Lasalle. Se excusarían las omisiones de no ser por el estilo de glosario que se le imprimió al texto al colocar en negritas los nombres de los artistas que se discuten y porque se incluye, con justicia, a artistas jóvenes que tienen carreras más cortas.

Con todo, como historiador del arte, no puedo tomar esta publicación de otra manera que no sea como una provocación hacia mi gremio, en especial a los historiadores de las últimas generaciones. Supongo que toda crítica puede ser contestada con un simple: hazlo tú, es tu turno. Por lo cual tomo Inconformes & disidentes: arte puertorriqueño en el siglo XXI como un pase de batón; y como tarea pendiente: el incluir a los que Rivera ha dejado fuera de su dramática lista de cuatro páginas de extensión en la que recoge a la mayoría de nuestros artistas y el rescatar a los que han sido olvidados por el discurso oficial del “arte en Puerto Rico”. El proyecto que nos propone Rivera es claro: una historia del arte puertorriqueño. Huelgan las preguntas, ¿qué estamos esperando? ¿Acaso a que una fundación estadounidense nos ofrezca una beca para desmontar su propio colonialismo?