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Providencia «Pupa» Trabal, la eterna y esencial  luchadora de la Libertad

 

Desde CLARIDAD, expresamos nuestro profundo pesar por la pérdida de la incansable, imprescindible y querida compañera Providencia » Pupa» Trabal,  quien ya completó su larga jornada de lucha por la independencia de Puerto Rico. El arco de su vida patriótica se extiende desde su juventud en su pueblo natal de Mayagüez, hasta su reciente fallecimiento a los 96 años de edad.
Generaciones enteras de luchadores, desde sus contemporáneos hasta los más jovencitos, tuvieron en Pupa un ejemplo luminoso de constancia, perseverancia y fe en el futuro grande de una patria puertorriqueña libre y soberana. Pupa fue de las que luchan no solo un día, ni muchos días, sino toda la vida. De las y los que no se rinden, ni ceden un paso en su entrega a la lucha patriótica. A través de toda nuestra trayectoria, Pupa fue una presencia y apoyo constante en todas las iniciativas y  proyectos de CLARIDAD, siempre con una sonrisa y la generosidad que la caracterizaba.
Pupa y Néstor Foto archivo CLARIDADFue en su casa en Mayagüez, junto a su esposo, el querido y siempre recordado, Néstor Nazario Grillo, donde se celebró la reunión que dio inicio al Movimiento Pro Independencia de Puerto Rico (MPI)  el 11 de enero de 1959, fecha del natalicio de Eugenio María de Hostos y en homenaje al Maestro mayagüezano. Sobre ese momento, escribe en sus memorias Juan Mari Brás:
 «Temprano en la tarde ( del 11 de enero) nos reunimos en la cada de los esposos Néstor Nazario y Providencia Trabal, una vieja casona de madera enclavada en un amplio solar, en la Calle San Vicente. Doña Pupa (Providencia) formaba parte del destituido Comité Municipal del PIP y yo tenia amistad con ella como con su marido, ya que habíamos sido condiscípulos en la vieja Escuela Luis Muñoz Rivera en los grados primarios. Al fondo del patio había una pequeña estructura donde Pupa ejercía, para entonces, su ministerio como «medium» espiritista. Pero el local resultó insuficiente para acomodar a las más de ochenta personas que integraron la reunión. Nos tuvimos que mudar a la sala y comedor de la casa, bastante espaciosa, y allí fue donde deliberamos».
Con el MPI dio comienzo una nueva lucha de independencia, en la que Pupa siempre estuvo presente en distintas capacidades. Por su militancia constante, fue blanco propicio de la persecución y represión de las fuerzas de la policía política de Puerto Rico y Estados Unidos. Junto a su esposo, Pupa Trabal fue víctima de la fabricación de un caso que culminó en su arresto, suceso que conmocionó la opinión pública  y décadas más tarde, cuando se destapó la conjura, la convirtió en un símbolo de la persecución política en Puerto Rico. Ese fue el célebre caso de las carpetas, los infames expedientes de la División de Inteligencia de la Policía de Puerto Rico y el FBI sobre los luchadores y luchadoras por la independencia, miles de boricuas de varias generaciones perseguidos, discriminados y carpeteados por seguir sus dictados de conciencia.
Con su muerte, Pupa Trabal cierra un ciclo de más de 70 años de lucha incansable, de solidaridad incondicional, y de respaldo a luchadores y perseguidos. En su casa, muchos de nosotros y nosotras encontramos abrigo y alimento y también la palabra de aliento, y estímulo para continuar adelante. Ya hoy no está entre nosotros físicamente, pero el ejemplo de Pupa Trabal perdurará para siempre en un sitial de honor entre nuestros imprescindibles e incansables Patriotas.
Para su familia, que es también nuestra familia: su hijo Néstor, su hija Leidi, su nuera Judith, nietos, nietas, bisnietos y demás familiares, amigos y compañeros de lucha y afanes, vaya nuestro abrazo firme y solidario, y nuestro agradecimiento eterno por haber compartido el cariño y el ejemplo de su madre, abuela y compañera con nosotros.
Junta Directiva y Colectivo de Trabajo de CLARIDAD, Periódico de la Nación Puertorriqueña

La migración China a la República Dominicana: Visión sociológica e histórica

 

 

Especial para En Rojo

Hace un año se publicó en la República Dominicana el libro La migración china en República Dominicana 1862-1961 (Publicación de la Academia Dominicana de la Historia CLX, 2021), del sociólogo y académico José Chez Checo.  Dicha publicación es el primer volumen de lo que será una serie de dos volúmenes, siendo el segundo, publicado recientemente, sobre el carácter laboral de la inmigración china de acuerdo a “las fichas de migración” del Archivo General de la Nación.  Este segundo volumen es de la autoría de la historiadora y académica Mu-Kien Sang Ben, que aún no ha llegado a Puerto Rico.

El primer volumen pasó desapercibido hasta ahora, hecho lamentable, pero entendible por la crisis del Covid-19 y la casi desaparición de la prensa escrita en Puerto Rico. Por la importancia del tema para los puertorriqueños, siendo Puerto Rico un país eminentemente migratorio y que también ha sido y sigue siendo recipiente de un sector importante de la casi transparente (ilegal) inmigración china, se amerita esta reseña.

Se inicia la publicación con un compacto prólogo de la autoría del Dr. Manuel A. García Arevalo en que resume la trayectoria y motivos de la inmigración china a la República Dominicana y el tratamiento que recibió ese nuevo segmento poblacional hasta la firma del Tratado de Amistad, firmado en 1940, entre la República Dominicana y la República China y que a su decir “contribuyó a que se propiciara un mejor trato a los hijos de otrora Celeste Imperio.”

El libro en cuestión se organizó en cinco capítulos que recogen, el Primero, la llegada de los primeros chinos que ingresaron a la Republica Dominicana en la época de la anexión a España y sus asentamientos en el país, 1862-1900. Periodo en que prevalece en el país hermano el deseo de aumentar la población del territorio con inmigrantes, pero de la raza blanca, en lo que se manifiesta el deseo o afán de “blanquear la raza” por lo que “se pusieron trabas para que cocolos, asiáticos y haitianos no regresaran al país” (p. 22)

Sin embargo, en el decenio del 60 del siglo diecinueve se produce la entrada de los primeros chinos, en calidad de deportados, procedentes de Cuba. El autor cita al historiador J. Marino Inchaustegui quien traza la procedencia de un puñado de inmigrantes chinos que entran al país entre 1861 al 1863 y fundaron pueblos, se convirtieron en comerciantes, se destacaron en la educación y en la política, entre otras (p. 23). De igual forma, se menciona un vínculo con Puerto Rico, toda vez que “trabajadores contractuales chinos que llegaron a Cuba se convirtieron en confinados y de allí pasaron a la Republica Dominicana… y luego pasaron al presidio de Puerto Rico” (p. 24).

El capítulo se divide en tres secciones, que además de enmarcar los Orígenes de esa inmigración, desarrolla las contribuciones a la Sociedad y Cultura en que recoge las características culturales de los chinos que entraban al país.

Es en la sección de Sociedad que Chez Checo lleva a cabo una minuciosa investigación en que presenta fuentes bibliográficas, periodísticas, notariales, genealógicas, entre otras, para presentar al nuevo segmento étnico que llega en el 1868 procedente de Cuba (al estallar la Guerra de los Diez Años) y que se asentaron en Puerto Plata.

Presenta el autor un estudio de caso, que es, el del padre de las hermanas Antera y Mercedes Mota, notables educadoras nacidas en San Francisco de Macorís, discípulas de Demetria Betances (hermana de nuestro Ramón Emeterio Betances) e hijas de “un supuesto asiático, un chino culí, traído mediante contrato desde Cuba para trabajar en las obras emprendidas por Gregorio Riva en la cuenca del Río Yuna, en Moca y la Vega” (p. 31)

Así presentando otros estudios de casos, y citando artículos y reseñas periodísticas de la época, va reconstruyendo el autor la escasa inmigración de “varones”, ya que esta primera fase de la inmigración china es mayormente de hombres solos.  Y en 1893 hay relatos de que estos se dedicaban a las tareas de lavandería y restaurantes, al igual que al cultivo de vegetales.

En cuanto a la subdivisión de Cultura la bibliografía reseñada destaca las características de estos como: “desconfiados, discretos, inofensivos y respetuosos de las leyes.» Se explica también la lentitud de sus patrones de reproducción por el hecho de que inmigraban hombres solos y se les catalogaba de “trabajador, honrado, cauteloso, inteligente y provisor” (p. 62)

Los capítulos II y III presentan a los chinos en República Dominicana a inicios del Siglo XX (1901-1916) y durante la primera ocupación norteamericana (1916-1924).  La organización de los capítulos sigue el mismo ordenamiento por secciones Economía, Sociedad y Cultura en el capítulo II y Sociedad y Cultura en el capítulo III.

Citando a José del Castillo (historiador) se observa que “las autoridades de ocupación norteamericanas fueron más liberales en lo concerniente a la recepción de chinos, aunque la Ley de Inmigración de 1912… los incluía dentro de la relación de inmigrantes restringidos” (p. 81).  No obstante, ingresan 75 chinos “sirvientes y cocineros”. Para 1917, unos 21 chinos residían en Santiago, según las cifras del Censo, 2 en Seybo y en la ciudad capital 64 ciudadanos chinos, y para 1920 se registran otros 255 distribuidos por provincias, siendo Santo Domingo la que más tenía, con 103 chinos.

El grueso de esos chinos ingresó al país en los primeros cuatro años de la ocupación militar norteamericana, patrón que continuó a partir de 1921 en que ingresan otros 14 chinos siguiendo el patrón de la Ley de Inmigración, eso es solicitando el correspondiente permiso y llenando un formulario que requería los datos simples de reclamación por parte de un peticionario que ofrecía información de manutención y la promesa de devolverlo “a mis costas al lugar de donde viene” si no puede valerse por sí mismo. La mayoría de esos nuevos inmigrantes, no obstante, encontraban trabajo fácilmente en lavanderías y restaurantes.

Con el aumento de la nueva inmigración se produce la fricción y el conflicto violento entre grupos étnicos y se presentan en el libro los expedientes judiciales de esos primeros casos donde el patrón tiende a ser de robos y agresiones a los nuevos inmigrantes chinos, en la mayoría de los casos. También se hace notar la indisposición de la prensa hacia los chinos, destacando las noticias negativas sobre estos y se señala al Listín Diario como el periódico que no perdía la oportunidad de tal comportamiento.

El capítulo IV cubre el periodo del gobierno de Horacio Vásquez que se extiende de 1924 a 1930. Bajo el acápite de Economía se hace un detallado recuento de los establecimientos chinos de comida (cafeterías, fondas, colmados y hasta un cabaret) y se hace también una relación estadística de importaciones desde China: 1925 la suma de 3,250 en dólares y para 1926 aumenta a 4,613 dólares (p. 95).

Dato curioso es que el 3 de noviembre de 1927, después de cumplir los requisitos de Ley, el chino Mamo Joa se convierte en el primer chino en nacionalizarse dominicano. Para el censo de la Dirección General de Inmigración cierra la década de 1930 con la cifra de 410 chinos viviendo en República Dominicana.

El capítulo V, el más extenso del libro, cubre la dictadura del Gen. Rafael L. Trujillo, periodo que se extiende desde 1930-1961, época en que creció numéricamente la colonia china. Citando al autor, este expresa que:

“(La colonia china) cambió de fisionomía y su integración y aportes a la sociedad en diferentes campos fueron cada vez mayores, en parte debido al comportamiento del gobierno dominicano muy alineado con la política exterior de China que dependía de las coyunturas políticas y económicas del momento y propiciaba un mejor trato para los nacionales chinos.” (p. 105)

Para 1930, la Dirección General de Inmigración, según censo que realizó, había 410 chinos distribuidos en toda la República. En la década del 1950 fueron aceptados unos 200 refugiados procedentes de Shanghái y para 1960, el Censo estimó unos 600 ciudadanos chinos. Cifras que no concuerdan con informes periodísticos, que tienden a aumentarlas (p. 129). Asunto que se aclarará en el libro antes mencionado de la historiadora Mu-Kien Sang Ben que analizará las fichas de Migración y el carácter laboral de esta población.

Bajo Economía se hace un minucioso análisis de las condiciones de la comunidad china, tipo de negocios que poseían, organización económica, integración social, tipo de negocios que poseían, organización económica, integración social a la comunidad, fuentes de trabajo que generaban para otros grupos étnicos, y casos de integración marital con otros grupos étnico-raciales.

Igualmente, respecto a la sección de Sociedad, además de informar sobre nuevos crímenes interétnicos, se nota un cambio de actitud oficial de proteger los derechos de ese grupo (el chino), al cual definen como “laborioso, modestos… que no constituyen una preocupación para nuestras autoridades como, tal vez ocurriría, con los individuos pertenecientes a otras razas” (p.121).

Será en la sección de Política donde se elabore en detalle los pormenores de las relaciones políticas y diplomáticas de la República Dominicana y la República Nacionalista China que culminan con la firma del Tratado de Amistad entre ambas naciones en 1940 y el artículo adicional en 1946.  Establece este que “los nacionales de cada una de las Altas Partes contratantes podrán entrar libremente al territorio de la otra y salir de este de igual modo… bajo las mismas condiciones que los nacionales de cualquier otro país.” (p.382) Se hace una relación detallada de la visita del embajador Ping Ling a La Habana, Cuba en 1931 y que dan inicio a las conversaciones diplomáticas con República Dominicana que culminarán con el establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países.

Sin embargo, es la sección de Cultura, la que arroja mayor luz sobre la antigua cultura china, su contribución al mundo y ahora al Caribe en las áreas de literatura, religión, artes, deportes, gastronomía y folklor. Mediante la incorporación de artículos y reseñas al texto, de las antes mencionadas áreas, se va creando un mosaico que incorpora desde las contribuciones a la cocina dominicana hasta los éxitos internacionales de los deportistas dominico-chinos en lucha libre.

En conclusión, el Tratado de la Amistad entre China y República Dominicana se firma en marzo de 1940 en ocasión de imponer al generalísimo Trujillo el Gran Cordón con Bordes Blancos de la Orden del Brillante Jade (la más alta condecoración del Gobierno Chino, entonces) “por la labor realizada en el país”. Comenta el autor, sin embargo, que “en el fondo era el fortalecimiento del apoyo del país a favor de China en su lucha contra Japón”. (p.356)

El libro en cuestión es una importante contribución a la bibliografía existente, no solo para Santo Domingo, sino que también para Cuba y Puerto Rico. Felicitamos al amigo José Chez Checo por tan noble esfuerzo.

Un aspecto no tratado en el comprensivo trabajo de Chez Checo, pero que esperemos haya sido tratado en el próximo libro, es la emigración de chinos, que de forma legal o ilegal salen de la Republica Dominicana hacia Puerto Rico y Estados Unidos. Asunto que traté pioneramente en el 2007 (31 de enero) en la Revista En Rojo del periódico Claridad titulado Los chinos en Puerto Rico.

Basado en un censo que llevé a cabo con mis estudiantes de Sociología de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez, se identificaron sobre 150 establecimientos de origen chino (restaurantes, heladerías, salones de belleza, entre otros) en el área suroeste de Puerto Rico. Mediante la observación partícipe y entrevistas a empleados hispanoparlantes de los establecimientos, se pudo determinar procesos de adaptación, condiciones de trabajo inaceptables y explotación a la que eran sometidos los empleados chinos (presumiblemente con estatus de ilegales) que trabajaban en las cocinas o lugares no visibles de los negocios. Población con ningún acceso a servicios públicos básicos, poca protección laboral y la falta de legislación que los proteja.

Años más tarde (2011) el novelista Eduardo Lalo publicó una novela cuya protagonista era china, titulada Simone, y ambientada en el área metropolitana de San Juan. Aunque se trataba de una obra de ficción, parte de la ambientación era china, llegando a validar muchos de los hallazgos del estudio mencionado anteriormente.

En el año 2015 se publicó un libro, basado en una tesis doctoral en historia, titulado también Los chinos en Puerto Rico de José Lee Borges. Este recoge la trayectoria histórica de esa comunidad que ya parcialmente se había estudiado en sus orígenes históricos, en otra tesis de maestría en 1969, por María de los Ángeles Castro.

La prensa local ha estimado a la población china en Puerto Rico en 17,000 personas que en su mayoría trabajan en unos 600 restaurantes y negocios de importación.

Al día de hoy poco se habla de esa población y los estimados de la Guardia Costanera durante el último año (1 de oct. de 2021 a 30 de sept. de 2022) informa que, de la entrada de ilegales a Puerto Rico, 88 intervenciones entre el Pasaje de la Mona y aguas cercanas y 2,273 personas de diferentes nacionalidades detenidas, ninguno de ellos era chino. (El Vocero, 5 de oct. de 2022)

Quizás ahora sea el momento de replicar o actualizar esos estudios, en beneficio de una comunidad invisibilizada, que merece ser integrada a la sociedad con todos los beneficios que amerita.

El autor es profesor emérito y académico de número Academia Puertorriqueña de la Historia

Adrinelle y Sergio: de los Beatles a Debussy, pasando por La Selecta

 

En Rojo

En una de las muchas actividades que se celebran en la librería La Esquina, en Río Piedras tuvimos el privilegio de escuchar un dúo de músicos excelentes. Adrinelle Chiesa Garcíay Sergio Cordero Martínez deleitaron al público asistente con un repertorio variado entre lo clásico y lo popular. Quise conocer más sobre sus trayectorias en el arte.

  1. Me gustaría saber un poco sobre sus formaciones musicales. No solo las académicas, si no aquellas relacionadas con el gusto particular, los círculos familiares, etc.

Adrinelle: Mi primer acercamiento musical fue a través de la voz pues desde muy pequeña me gustaba cantar las canciones de las caricaturas y películas infantiles que veía. Otras experiencias musicales que aportaron a mi formación musical durante mi infancia fueron la música de The Beatles pues mi papá siempre ha sido fanático de ellos y a oído cantaba y tocaba sus canciones junto su guitarra o en el bajo eléctrico, pero sobre todo, el hermoso sonido de la flauta de mi hermano mayor, Ricardo, quien a sus diez años lo escuchaba al practicar y ejecutar un variado repertorio clásico y popular. Sin embargo, mi aproximación a la música de una forma más práctica y metódica fue gracias a mi mamá quien a mis diez años me regaló una flauta dulce y un libro con el que me enseñó a tocarla y a leer un poco de música, pues cuando joven ella tocaba el piano. En la escuela intermedia Benigno Fernández García en Cayey, la cual contaba con un programa de música, escogí aprender a tocar el saxofón alto, pero poco después me cambié al oboe, y comencé a tomar clases de este instrumento en la Escuela Municipal de Bellas Artes de Cayey con el profesor Kenneth Ortiz, quien había sido el maestro de mi hermano y también de Sergio. Luego de muchas experiencias musicales con el oboe, tomé la decisión de estudiarlo en el Conservatorio de Música de Puerto Rico, en donde también comencé a tomar clases de canto clásico.

 

Sergio: Desde pequeño la música siempre fue parte del hogar. Aunque ninguno de mis padres son músicos, siempre la música de La Selecta, Rubén Blades, Ismael Rivera y los hits de los 80 que tanto le gustaba a mi mamá, inundaban los cuartos y pasillos de la casa. Cuando aparecieron juguetes musicales en el cuarto, primero una batería, luego una guitarra y después un tecladito, siempre eran los preferidos. Comencé a tomar clases de música en la Escuela de Bellas Artes de Cayey bajo la tutela de Kenneth Ortiz, donde ya estaba matriculado en los talleres de baile de salsa. Posteriormente estudié piano con Daniel Rivera, Norissa Quiñones en la Escuela Libre de Música de Caguas, y luego María del Carmen Gil, quién me preparó para la audición del Conservatorio de Música de Puerto Rico y la competencia de Jóvenes Pianistas del Conservatorio, la cuál obtuve el primer premio dos veces. Mientras estudiaba el piano de manera individual, también estuve en varios grupos de música popular de jazz, salsa y rock. De manera que el sonido debajo de mis dedos siempre fue muy variado. Mientras tanto, la canción de Silvio Rodríguez, Sylvia Rexach, Mercedes Sosa, Roy Brown y Violeta Parra, me robaban el corazón. Actualmente estoy en mi último año en el Conservatorio, terminando mi bachillerato en ejecución de Piano Clásico.

  1. ¿Cómo surgió el junte entre ustedes? ¿Cuál es la expectativa?

Adrinelle: Nos conocimos cuando éramos estudiantes de música de ambas escuelas en Cayey y ambos también decidimos continuar nuestros estudios musicales en ejecución de nuestros instrumentos en el Conservatorio de Música de Puerto Rico, ocasionalmente coincidiendo en presentaciones junto a conjuntos mayores y conjuntos de cámara de dicha institución, pero fue este año que hemos podido acercarnos musicalmente en forma de dúo. Esperamos que esto siga, si es posible, toda la vida. El entusiasmo que sentimos al juntos crear arte para las personas, se ha convertido en un componente muy importante en nuestras vidas. Queremos ampliar el repertorio y los géneros que interpretamos, además de grabar música original; deseamos exteriorizar nuestras ideas y materializar nuestros proyectos porque queremos seguir haciendo y compartiendo música y arte para todos.

3.¿Componen? ¿Recuerdan la primera composición? ¿Tienen momentos estructurados para sentarse a componer?

Adrinelle: Típicamente, no compongo. Las pocas composiciones que he realizado han sido como trabajos o proyectos que ciertas clases de música durante la escuela y la universidad me han requerido. Por otro lado, Sergio no solo es un ejecutante magistral en el piano, pero sus composiciones que con tanta facilidad y coherencia crea, son de una belleza elevada y muy única. Como dúo estamos comenzando a crear nuestras propias piezas musicales, lo cual me proporciona un espacio para aprender junto a él y ser creativa.

Sergio: Desde siempre he cultivado la improvisación y la composición musical. Así fue el primer encuentro que tuve con la música, pues cuando jugaba con el primer teclado, lo que hacía era improvisar, pero siempre con patrones. Siempre que había un concierto en la Escuela de Bellas Artes, presentaba las piezas que estaba trabajando y una pieza compuesta por mí. Recuerdo especialmente aquella que hice para tocar a cuatro manos con mi hermana mayor, Claudia. Cuando empecé a estudiar la ejecución de una forma más seria, junto a la profesora María del Carmen Gil, dejé por un momento la composición, pero luego junto al profesor Alfonso Fuentes, volví a tomarlo como una forma seria de creación.

  1. ¿Cuál es la lección que entienden perdurará en sus carreras musicales?

Sergio: Pienso que una de las lecciones más importantes es el entender plenamente que en el arte no hay espacio para ser cobarde.

Adrinelle: Haciendo música entiendo que nunca uno para de aprender y crecer. El trabajo y el compromiso que hay de dedicarle a ella es interminable. Por más talento, títulos y conocimiento que un músico pueda poseer, seguirá significando el comienzo de un recorrido artístico infinito en posibilidades musicales.

  1. Interpretan repertorio clásico y popular (bolero, creo que escuché un bossa nova). ¿Hay diferencias, digamos, emocionales, en la interpretación? ¿Perciben diferencias en el contacto con el público?

Sergio: No soy muy bueno estableciendo líneas entre lo clásico y popular. Es por esto que siempre he estado disperso entre los géneros musicales. Me parece que la complejidad del ser humano yace en las contradicciones, que para mí, al hacerse música se vuelven bellas. Pienso que los públicos pueden relacionarse con cualquier música, siempre y que estén dispuestos y se puedan identificar. El escuchar música es una acción, no es algo pasivo. Es como leer; debes hacer un esfuerzo en poner tu atención y pensar para que lo que estés leyendo lo puedas comprender. Es por esto que cuando hay una voz, con una letra, se vuelve más directa la comunicación entre público y la música, pues es más fácil de entender; requiere menos esfuerzo. Cuando el público se entrega y se da la oportunidad de escuchar para sentir, el músico lo percibe y es ese el momento más bello de tocar en vivo; esa energía lo vale todo. Si me preguntas a mí, no pudiera decirte que esto pasa en unas músicas y en otras no. En mi humilde carrera he tenido la oportunidad de interpretar de todo, desde músicas bailables hasta la música de concierto, y aunque siempre es diferente, he logrado sentir esa atención en todos los géneros musicales. La única diferencia que pudiera encontrar sería en los estados anímicos, y el interpretar repertorio variado me permite una cubrir de manera más completa la experiencia humana.

  1. Aparte de la música, ¿hay alguna otra expresión artística que les ayude a inspirarse? (No creo en la inspiración, me refiero a usar otros lenguajes como punto de partida para el ejercicio musical).

Adrinelle: Cuando paso de lo técnico a profundizar sonoramente la obra que esté interpretando, pensar en emociones me ayudan a generar contrastes, colores y ambientes sonoros que la elevan musicalmente. El arte visual es la forma de arte que me proporciona visualmente ese resultado el cual generalmente escucho; opino que la interrelación entre los colores y las emociones los comparten tanto el arte visual como la música.

Sergio: Cualquier cosa que inquiete va a servir como génesis para hacer música. Esto ocurre especialmente a la hora de componer. Por esto, no pudiera decir que una forma de arte en específico me sirve de inspiración, sino que lo es todo; el cuadro que pintó mi hermano, el libro de poesía que dejó mi hermana en la mesa, la noticia del día, un artículo de estética, hasta el pajarito que se asoma en la ventana. Todo sirve, inevitablemente. Ahora bien, si tuviera que señalar una forma de arte en específico cuya relación con la música me parece sumamente interesante, es el arte visual. Creo que por lo lejano que hay entre las dos, se complementan bastante bien. De hecho, dos piezas del programa que interpretamos en la apertura fueron inspiradas por cuadros: L’sle Joyeuse de Claude Debussy, y el Preludio en Si menor Op. 32 No. 10 de S. Rachmaninoff. La diferencia más importante entre el arte visual y la música es la que tiene que ver con tiempo. Cuando miras una pintura, la ves en su totalidad, y aunque te tomas tiempo en observarla y en dejar que te haga sentir algo, la tienes al frente tuyo en su totalidad. Sin embargo, la música es lo contrario, pues solo puedes escuchar segundo por segundo, y luego (pero de manera simultánea) lo conectas con lo que ya escuchaste y lo que esperas por escuchar. Sin embargo, cuando interpretamos, cuando componemos y cuando escuchamos música, existe una concepción de la totalidad de la obra en nuestra mente, y es eso lo que nos hace entender y organizar la música. Así que, pudiera decirse que la música quiere ser pintura en ese sentido. Aún así, pienso que precisamente por su naturaleza temporal, la música habla directamente a las emociones, pues da esa sensación de que está viva.

Mi respeto y admiración para Adrinelle y Sergio. Espero que se abran espacios para que muchos puedan escucharlos. El éxito ya lo tienen. El artístico. Son geniales.

 

 

 

 

Ser vintage

 

Leidi Fernández de Juan

Mi amiga María E. tiene momentos de lucidez admirable y otros, francamente desconcertantes. Posee mucha gracia para afrontar la corrosiva cotidianidad y en general, es alguien a quien Hilda, Fefa, Víctor, Cándida y yo acudimos cuando se nos traba el paraguas de la existencia. Ayer, sin embargo, nos dejó a todos a medio camino entre el asombro y esa ternura que inspiran los seres a quienes se les ha movido una teja del cráneo. Llegó a mi casa, donde pasábamos el rato, y nos soltó, sin preámbulo, su último descubrimiento. “Soy una persona vintage”, dijo.

“Soy alguien que saluda a los vecinos, que lee libros de papel, que por nada del mundo sale a la calle con rolos, chancletas de baño o en short”.

“Tómate un cafecito”, sugirió Cándida, como quien no ha escuchado nada, y se fue a la cocina. Víctor, que tiende a ponerse profundo ante cualquier nimiedad, frunció el ceño y le pidió a María E. de favor que argumentara su inquietante declaración. Fefa se retiró con la excusa de que pronto se iría la luz en el bloque al cual pertenece su cuadra, dejándonos a Hilda, a Víctor y a mí en el suplicio curioso de escuchar a María E.

  • Soy alguien que saluda a los vecinos, que lee libros de papel, que por nada del mundo sale a la calle con rolos, chancletas de baño o en short; una persona que se niega a confesar sus preferencias sexuales, que responde todos los mensajes y dice gracias al cobrador del gas. En resumen, soy  vintage—dijo y procedió a tomarse el café que le extendía Cándida, quien a su vez se ofreció espontáneamente a regresar a la cocina para freír boniatos. (“Hoy no estoy para boberías”, susurró al pasar por mi lado).
  • Bueno… Vamos a ver —intervino Víctor. Hasta este preciso momento lo que has dicho, María E., explica si acaso que eres educada y que tienes la misma edad que nosotros, con lo cual no calificas como vintage, sino como una vieja más.
  • ¡De eso nada, monada! —replicó María E. Estuve documentándome, Víctor, y resulta que tú, por ejemplo, eres una persona retro, y yo, en cambio, soy vintage. Un poco de respeto, por favor.
  • ¿Pero qué dices, muchacha? Retro significa algo actual que imita épocas pasadas, pero vintagees algo realmente antiguo, con 20 o más años de vida.
  • ¿Eso quiere decir que todos nosotros somos antigüedades? —intervino Hilda. Cándida, por favor, alcánzame un café antes de los boniatos.
  • A ver, niñas, a ver —terció Víctor. Noto falta de fundamentos teóricos en ustedes. Para empezar, es difícil personalizar actitudes, modas, esquemas. No somos ni vintageni retro, por favor. Si acaso, coleccionamos objetos de tiempos pasados. Por ejemplo, ese juego de tazas de café que ahora mismo trae Cándida, sí es vintage.
  • Error —dije yo mientras sorbía el néctar nacional. Estas tazas las compré en una venta de garaje, esas que se llevan a cabo en cualquier sitio que no sea garaje, según me explicó Lourdes, la vendedora que dobla el lomo allí, pobrecita, porque no pudo seguir trabajando en la farmacia debido a que le encontraron en su bolso una receta de alprazolam cuando fueron los inspectores de provincia y creyeron que ella comercializaba ansiolíticos por debajo del telón. Debido a esa falsa apreciación la conminaron a jubilarse y ella, pobrecita, tuvo que montar bajo el sol de su portal un chiringuito de cosas usadas, porque, imagínense, con la inflación actual no hay quien viva de una pensión, y entonces Lourdes, la pobre, ahora gana el triple que antes vendiendo objetos viejos, no importa si retros o vintage, a ella le da igual siempre que pueda sacarle a cada cosa 50 pesos para ir tirando. Por ejemplo, si Antonia le da vestidos para que los venda en 100 pesos, Lourdes pide 150, y si Carmen, otro ejemplo, le lleva las sondas vesicales que sobraron de la operación de Feliciano, el señor aquel que vivía encima de la bodega y a quien ella cuidó hasta que el pobre murió, y fue así como ella, Carmen, se quedó con el cuartico, y ahora alquila a quien sea, que a ella le da igual si aparece un turista de Finlandia o un holguinero que tiene que hacer algún trámite aquí y está dispuesto a pagar alquileres porque nunca se sabe cuánto demoran los trámites aquí, y claro, Carmen se quedó no solo con el habitáculo, sino también con lo que dejó el pobre Feliciano, cuyos dos hijos viven afuera y ni medio caso le hacían, y eso explica que cinco sondas y varios pomos de nitrofurantoína Carmen se los haya dado a Lourdes, quien a su vez los vende a la intemperie, siempre por 50 pesos por encima, lógico, cosa que Antonia no aprueba mucho, me contó Lourdes, ya que en ocasiones  los vestidos se van quedando rezagados, porque no es lo mismo 100 que 150, aunque sea una exageración de Antonia, ya que a ella le aprietan todas esas ropas desde que dejó de fumar y ha engordado más que una elefanta, si bien ella dice que es preferible engordar que fumar, no tanto por salud, que sí, es importante la salud, como por los precios de los cigarros. Entonces ella, Antonia, tuvo que escoger entre pagar cajetillas o cajas, ya que los pollos vienen en cajas, como sabemos, y obviamente, es preferible comer aunque luego los vestidos queden apretados y ella parezca un tamal. Ay, qué rico, tamales. ¿Cándida, por cierto, nunca haces tamal en cazuela?

“Ahora gana el triple que antes vendiendo objetos viejos, no importa si retros o vintage”.

  • ¿Terminaste ya tu brillante exposición? —me preguntó Víctor rascándose la panza.
  • No, si tú supieras… Me faltó decir que estas tazas de café no son vintage, mijo. Son retro, porque las hace un artesano que vive en la cuadra de Fefa, un muchacho que antes era carretillero y luego vendía nasobucos (mascarillas), hasta que surgió la vacuna y tuvo que poner manos a la obra, nunca mejor dicho. Ahora trabaja con barro, que le consigue una prima de Lourdes, la que antes era farmacéutica y ahora es vendedora de garaje de portal, no sé si queda claro…
  • Claro como el agua —intervino María E. Queda clarísimo que se ha desviado esta conversación. Sigo diciendo que soy una persona vintage. Tengo el doble del tiempo que se requiere, según la teoría de Víctor, y además, cumplo los otros requisitos, de época pasada, de cuando primaban la educación, los buenos modales y la delicadeza espiritual.
  • ¿El doble de 20 dijo ella? —apuntó Hilda, hasta entonces callada. Tú querrás decir el triple, María E., por favor. Pero estas cosas carecen de importancia, al menos para mí. Yo lo que pregunto es cuándo estarán listos los boniatos que está friendo Cándida.
  • Permiso —dijo la aludida. Aquí les traigo el delicioso manjar. Pueden masticar en lo que definen qué somos: antigüedades, vintage, retro, old fashion o simplemente vejetes, da igual.
  • Bueno… el origen etimológico de vintage precisamente es cosecha —acotó Víctor con la boca llena de boniatos fritos. Y para recoger primero hay que sembrar, y antes de sembrar hay que abonar, para lo cual, previamente debe escogerse el terreno. Un poquito de agua, Cándida, por favor.
  • No, querido, ya yo me senté —respondió Cándida apoltronándose en el sofá. ¿O tú me ves cara de sierva a mí? Ah, ya entiendo. Para ser realmente antiguo, según tú, alguien debe ser tu esclava, ¿verdad? En este caso yo, ¿no es cierto? Pues no, querido. Yo soy una persona solidaria, pero hasta ahí. Si quieres agua, café o abono, te levantas tú y lo buscas tú.
  • ¿A qué viene tanto alboroto? —quiso saber Víctor. Todo empezó por la equivocación de María E. al considerarse vintage, y miren a Cándida por dónde va, por la abolición de la esclavitud, qué barbaridad. Mejor me retiro, compañeras. Mucho gusto y hasta
  • No nos abandones, por favor —pidió Hilda. Ilumínanos, ilústranos. ¿Cuál es la diferencia entre vintage, retro y vejetes? No nos dejes con esa duda existencial, chico.
  • Bueno, pero solo me quedaré un instante más —accedió Víctor. En realidad, es un tema controversial, porque vintage es, a la vez, sustantivo, verbo y adjetivo. ¿Qué les parece?
  • Una reverenda estupidez —dijo María E. evidentemente disgustada. Tú como siempre, enredando la pita. Yo soy vintage y punto. ¿Ustedes me ven cara de verbo a mí?
  • Dejémonos ya de tanta discusión absurda, por favor —dijo Cándida, de repente al mando. Somos, todos, obsoletos en un mundo donde gana terreno la estupidez y la grosería, y precisamente por eso, no podemos dejarnos ganar. Hablando en plata, querida gente, da igual cómo nos llamemos. Lo crucial es… Por cierto, ¿nadie tiene un alprazolam a mano?

Reproducido de www.lajiribilla.cu

 

Editorial: Desde Casa Blanca, más coloniaje para Puerto Rico

 

La reunión sobre Puerto Rico celebrada en la Casa Blanca en Washington la semana pasada, entre varios oficiales de alto y mediano nivel de la administración Biden, y el gobernador de Puerto Rico, Pedro Pierluisi y miembros de su gabinete y ayudantes, fue como “un cohete de lagrimita”. Ningún anuncio ni pronunciamiento importante salió de la misma. Lo fundamental en la relación de subordinación política y económica que existe entre Estados Unidos y Puerto Rico es la discusión sobre el estatus político. Ese asunto no estaba en agenda. Tampoco la reunión fue un diálogo en búsqueda de consenso entre los más amplios sectores de la sociedad puertorriqueña que desembocara en la elaboración de un plan de acción económico que tome en cuenta las realidades y necesidades que tiene Puerto Rico, las cuales se han ido intensificando a partir de la aprobación de la Ley PROMESA y de las medidas de austeridad impuestas por la Junta de Control Fiscal, que han desequilibrado el funcionamiento del gobierno y la prestación de servicios esenciales al pueblo puertorriqueño.  Por eso, a pesar de los repetidos anuncios de millonarias asignaciones del gobierno de Estados Unidos para la llamada “recuperación de Puerto Rico”, de la creciente injerencia federal en los asuntos del gobierno de la Isla, de las repetidas visitas del subsecretario de Comercio, la secretaria de Energía, el secretario de Educación, y el propio presidente, Joe Biden, de los titulares y noticias que anuncian progreso, crecimiento y dinero a manos llenas, la realidad dice otra cosa. El pueblo puertorriqueño que diariamente trabaja y lucha está hoy más empobrecido, recibe peores servicios en todos los órdenes, paga más caro por la canasta básica y los artículos de primera necesidad, y su calidad de vida está afectada por los rigores de la sobrevivencia en circunstancias de estrechez económica y carencias básicas.

Por eso, en ciertos círculos en Puerto Rico la reunión en Casa Blanca fue “un baño de agua fría”: una reunión estrictamente procesal, donde se habló mucho y se decidió poco. Tal pareciera que la idea de hacer la reunión estuvo basada en un estricto cálculo de política electoral.  Es lógico para los altos mandos de la administración Biden querer atribuirse progreso y logros en la “recuperación de Puerto Rico”, que está poco menos que paralizada tras cinco años del paso del huracán María. Dentro de dos años, en el 2024, habrá otro ciclo electoral que culmina con la elección de un presidente o presidenta de Estados Unidos. Los puertorriqueños- solidificados por la emigración robusta de años recientes- son una pujante fuerza electoral en muchos estados y ciudades importantes. Por varias generaciones, la penetración del Partido Demócrata en los barrios y comunidades puertorriqueñas prácticamente les aseguraba la totalidad de dichos votos a los candidatos de dicho partido.  Esa tendencia ha empezado a cambiar en la medida en que el perfil del puertorriqueño que emigra ha ido cambiando. De un tiempo a esta parte el voto puertorriqueño por candidatos del Partido Republicano ha comenzado a dejarse sentir. Así ha sido, especialmente en el estado de Florida, un barómetro neurálgico para predecir el resultado de las elecciones presidenciales.

Por eso, desde su óptica, es probable que la administración de Biden interese proyectar que ha logrado hacer la diferencia para Puerto Rico, sobre todo si se le compara con el gobierno de su antecesor inmediato, Donald Trump, donde no se disimulaba el disgusto y el desprecio por Puerto Rico y el pueblo puertorriqueño. Pero un imperio es un imperio. Y por sobre todas las consideraciones, están los intereses imperiales del complejo sistema industrial, financiero, tecnológico  y militar de Estados Unidos, que es donde reside el verdadero poder a través del cual el imperio estadounidense mantiene el control sobre buena parte de los países y regiones del mundo.

En el orden de los asuntos imperiales, Puerto Rico es prioridad cero. Por eso, no existe, ni nunca ha existido, un programa robusto y viable de desarrollo económico para Puerto Rico- basado en la utilización plena de los recursos naturales, físicos y humanos que posee nuestro país. Cinco años después de la quiebra fiscal del gobierno de Puerto Rico, del paso de los huracanes Irma y María, de los terremotos del suroeste  y de la pandemia del Covid- 19, el plan para la recuperación de Puerto Rico sigue en la etapa de un “laundry list” de iniciativas inconexas, muchas de ellas en etapa conceptual, y las demás espaciadas en las varias capas del largo proceso de aprobación burocrática que antecede al desembolso de fondos por parte de las agencias federales pertinentes.

Esta realidad no debería sorprender a nadie. Esa es nuestra historia, nuestra larga jornada como colonia de dos imperios. Y sobre todo, ha sido aún más destructivo desde que nuestro país fue cedido por España a Estados Unidos como botín de guerra en 1898. El detente a esa ruta de destrucción es la soberanía. Solo en la soberanía plena que se obtiene con la independencia podrá  Puerto Rico poseer los poderes para labrarse un futuro económico y social propio y sin sujeción a intereses extranjeros, sean estos los de la metrópolis insensible y explotadora,  o los de las fuerzas ciegas del capital insaciable.