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“Si gana Bolsonaro sería una punta de lanza para el fascismo en el continente”

 

Corresponsal de CLARIDAD 

 La Habana, Cuba “Sería una punta de lanza para el fascismo en nuestro continente”.

Así, con total seguridad y sin pensarlo dos veces, responde el analista político y miembro del Instituto Tricontinental de Investigación Social en Brasil, Miguel Stedile, a la pregunta sobre qué pasaría si Jair Bolsonaro ganara la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil el próximo 30 de octubre.

La respuesta podría sonar un tanto exagerada para quien no esté en contexto con las formas de hacer y las posturas del (todavía) hoy presidente ultraderechista, quien ha cimentado la base de sus cuatro años de mandato sobre un discurso de violencia, intolerancia a la oposición, fundamentalismo religioso, racismo y pare usted de contar. No por nada el semanario británico The Economist lo comparó hace unas semanas con una especie de Donald Trump brasileño.

Pero con todo el resquemor que puedan despertar sus posturas, Bolsonaro ha logrado hacerse de un amplio apoyo dentro de una población dispuesta a respaldarle a costa de todo. Los más de 51.000.000 de brasileños que votaron por él en primera vuelta son la prueba más clara de ello. Con ese número de votantes, el líder del Partido Liberal de Brasil sorprendió en primera ronda al sumar votos –que las encuestas no habían previsto– y evitar que su contrincante Lula da Silva cumpliera con todos los pronósticos de proclamarse en primera ronda.

El líder del Partido de los Trabajadores (PT), Lula da Silva, lideró la primera vuelta con el 48,43% frente al 43,2% de su contrincante y actual mandatario, Jair Bolsonaro. Como dato curioso, es la primera vez en la historia de ese país que el incumbente obtiene menos votos que su adversario en primera vuelta.

Brasil, país de unas 212.000.000 de personas, se ha vuelto en las últimas décadas nicho del fundamentalismo religioso y de creencias ortodoxas, gracias en gran medida al aumento del número de iglesias evangélicas, cuyo mensaje ha calado con fuerza en una parte considerable de la población. A ese sector de la sociedad –cada vez mayor– dirigen con frecuencia sus discursos figuras como Bolsonaro. El propio Lula, de hecho, no ha podido escapar tampoco a esa tendencia, buscando sumar adeptos y evitando cerrar la puerta a cualquier sector que pueda abrirle el camino hasta el Palacio de Planalto.

Por esa razón y porque existe entre los brasileños una cultura de “dejar para decidir su voto en los últimos días”, a Stedile no le sorprende el resultado del pasado 2 de octubre.

“Las encuestas estaban correctas sobre los números de Lula, estaban dentro de lo que se prevía […] pero el elector de Bolsonaro tiene una postura antipesquisa (antiencuestas) y que por tanto tienden a no colaborar, no responder las encuestas ni revelar su verdadero voto”, explica a CLARIDAD el experto, quien también forma parte de la dirección nacional del Movimiento Sin Tierras (MST).

Aunque reconoce que la mayoría de las encuestas vaticinaban una holgada victoria de Lula, sostiene que “las encuestas no son la elección” y que “no podemos hacer la política basándonos solamente en las encuestas”.

Desde su punto de vista, lejos de haber sido una derrota para el PT –como han enfocado su línea algunos medios– los números de la primera vuelta tienen otra valoración aún más importante: “es la mayor votación de Lula desde que llegó como presidente, no es una votación ruin, no es una derrota, y está próximo a vencer”.

Para la segunda vuelta que se avecina, Lula ya ha conseguido sumar el apoyo de los excandidatos Simone Tebet y Ciro Gomes, segundo y tercero, respectivamente, en la primera vuelta. El líder Petista también se ha hecho con gran parte de la base de los partidos que formaron alianza con Tebet y Gomes. Cálculos mediante, este patrocinio de fuerzas debería bastar a Lula –que solo necesitaba un 30% de esos electores– para proclamarse presidente de Brasil antes de que acabe el mes corriente.

Según la más reciente encuesta del Instituto Datafolha, Lula lidera la intención de voto en segunda vuelta con un 53% versus un 47% de Bolsonaro.

Ante una maquinaria mediática controlada por la derecha y un fenómeno como Bolsonaro, sin embargo, el apoyo que haya podido recibir hasta ahora Lula no es razón para confiarse. Poco más de dos semanas separan a los brasileños de regresar a los colegios electorales y para un segmento importante de la población es fundamental sentir que el mensaje de sus candidatos les convence.

“Lo principal que necesita Lula es hablar más sobre el futuro porque ha construido toda su campaña sobre el tema del Covid-19 y la manera como Bolsonaro ha tratado la pandemia”, asevera Stedile al explicar que la campaña de Lula ha estado “trabajando mucho con la nostalgia”, una estrategia que pudiera no funcionar con aquellos “jóvenes que tenían cuatro años cuando Lula dejó el gobierno y que no recuerdan [su gestión]”.

Sostiene el experto que es necesario además que haya “una percepción de que la economía brasileña está mejorando” y entiende que “es posible vencer si [Lula] dice que no irá a privatizar a Petrobras, los bancos estatales o las pocas empresas estatales que quedan del neoliberalismo”.

“Si habla de una intervención fuerte del estado para proteger la economía tiene más posibilidad que el discurso neoliberal”, puntualiza

UNA VICTORIA TAMBIÉN DE AMÉRICA LATINA

Si hay una región del mundo particularmente interesada en una victoria de Lula da Silva es, por supuesto, América Latina. Tras varios años de atrasos económicos, golpes de estado y proyectos neoliberales, la región ve hoy con renovada esperanza el surgimiento de una nueva ola progresista. La llegada de gobiernos como los de México, Colombia, Bolivia, Honduras y Argentina –sumados a la resistencia de Venezuela y Cuba– han venido a ser las voces de un nuevo orden hemisférico. Y en esa ecuación, un regreso del Gigante del Sur al camino del progresismo inclinaría todavía más la balanza.

“Internacionalmente, influenciará a Argentina, que tiene muchos problemas internos y es nuestro país hermano [y] será una influencia importante para que Paraguay también pueda reorganizar la oposición y derrotar la extrema derecha que hoy gobierna”, piensa Stedile.

Durante sus primeros mandatos, Lula da Silva fue una pieza clave en el tablero regional para consolidar espacios de integración latinoamericana y caribeña como la UNASUR la CELAC y el Foro de Sao Paulo; la primera de estas destruida por los presidentes Mauricio Macri, Jair Bolsonaro y Lenin Moreno. De ganar Lula, bien podríamos esperar que ayude a reforzar estas instituciones.

En términos geopolíticos, una presidencia de Lula representaría además un freno importante a los nuevos intentos de desestabilización en América Latina que soplan desde el Norte y sería un apoyo de relevancia para países como Cuba y Venezuela, brutalmente golpeados por sanciones ilegales y políticas unilaterales impuestas desde Estados Unidos.

“Creo que sí, abrirá una nueva posibilidad de recolocar a Cuba y Venezuela en el escenario internacional”, refiere el líder del MST, quien explica que “paralela a las relaciones personales de Lula, están las relaciones con los pueblos y es una marca de la trayectoria de Lula el sentimiento internacionalista, sentimiento latinoamericano”

En el caso particular de Cuba, país con el que el exmandatario brasileño mantiene una especial relación –es conocida su admiración por la Revolución cubana y por su líder Fidel Castro– Steide opina que habrá un restablecimiento de las relaciones bilaterales, presumiblemente al nivel en que estaban antes del primero de enero de 2019.

A su llegada al poder, Bolsonaro se dedicó en cuerpo y alma a torpedear las buenas relaciones entre Brasil y Cuba, algo que se materializó con su expulsión del programa “Mais Médicos”, mecanismo de cooperación de salud firmado durante el gobierno de Dilma Rousseff y cuyo objetivo era llevar médicos a las áreas más remotas del país suramericano. Con el convenio, más de 20.000 especialistas de la mayor de las Antillas brindaban atención médica gratuita en las comunidades más pobres y aisladas del territorio brasileño.

“Hay un gran sentimiento de la población más pobre por estos médicos, por su contribución, [hay esperanza] de que se pueda regresar”, subraya Stedile, quien “con absoluta certeza” entiende que este proyecto volvería a estar vigente en una presidencia de Lula da Silva.

¿Pero qué pasaría si, en lugar de Lula, es Bolsonaro quien se alza con la victoria el 30 de octubre? El escenario, aunque las encuestas digan lo contrario, sigue siendo posible. Ante esto, Steide responde.

“En términos económicos, nos convertiríamos como fue el Perú con [Alberto] Fujimori: una mafia familiar que se apropió del Estado […] Bolsonaro va a empezar a atacar las otras instituciones, como la Suprema Corte”, dice a modo de sentencia.

Un panorama incierto no solo dentro de las fronteras brasileñas. “Sería pésimo para toda América Latina. La derecha latinoamericana sería fortalecida, teniendo un apoyo como Bolsonaro, que ha apoyado el golpe contra Evo, ha apoyado al gobierno de Paraguay…”

“Tendremos una dictadura civil-militar, pero democráticamente electa”, concluye.

 

 

 

 

Mirada al País-Rodríguez Veve y Meloni: dime con quién andas…

 

 Especial para CLARIDAD

 

El bipartidismo PPD-PNP, que ha dominado nuestra política durante cinco décadas y media, se está descomponiendo: los escándalos de corrupción, las pugnas internas, la debilidad del liderato, la caída del apoyo electoral, son algunos de los síntomas. Pero ¿qué reemplazará a ese bipartidismo? Esto no está determinado de antemano. ¿Qué representa, por ejemplo, una fuerza política como Proyecto Dignidad? Recientes declaraciones de Joanne Rodríguez Veve, su portavoz en el Senado, aportan nuevos datos para contestar esta pregunta. No debemos pasarlos por alto.

“Dime con quién andas y te diré quién eres” reza un conocido refrán. En un turno legislativo, la senadora ha recibido con entusiasmo la victoria de Giorgia Meloni en las elecciones italianas y ha formulado un llamado a salir “en defensa … de lo que Meloni ha querido defender en Italia”. Entonces hay que preguntarse: ¿quién es Meloni y qué defiende?

Meloni es líder del partido Hermanos de Italia, que se fundó en 2012 por antiguos integrantes del partido Alianza Nacional. Alianza Nacional fue el nombre adoptado en 1995 por el Movimiento Social Italiano, creado en 1946 por militantes del disuelto Partido Nacional Fascista de Benito Mussolini. En pocas palabras: Meloni y su partido son herederos del fascismo italiano.

El fascismo fue producto de las crisis del capitalismo en las décadas de 1920 y 1930. Esas crisis, entonces y en el presente, golpean duramente a los pueblos: provocan desempleo, caída de ingresos, pérdida de ahorros, pensiones, quiebra de pequeños negocios, en fin, empobrecimiento, inseguridad y angustia. El fascismo es uno de los escudos al servicio de los responsables de este desorden y descalabro. Sus ejes en Italia, Alemania y España fueron el antisemitismo, la xenofobia, el racismo y el anticomunismo. Para el fascismo, los culpables de aquellos males no eran ni la concentración de la riqueza, ni la falta de desarrollo planificado. No, los culpables eran los judíos, los masones, comunistas, extranjeros y otras “razas”, inferiores pero amenazantes. El fascismo habla en nombre de la nación, pero en realidad es fiel a una parte de la nación: a sus clases dominantes. Contra el “desorden”, el fascismo afirma un orden patronal y patriarcal: el patrono debe mandar en la empresa y el padre en la familia. Se presenta, como hacía Francisco Franco en España, como “centinela de la civilización occidental” y del cristianismo. Ese no era el cristianismo de la solidaridad o el amor al prójimo, sino el de las Cruzadas, de la Reconquista, de la Inquisición, de la conquista de América y la esclavización de África. Es la tradición que hoy defiende el partido Vox en el estado español, con quien Meloni tiene buenas relaciones.

En décadas recientes hemos avanzado en cuanto a los derechos de las mujeres y de las personas LGBTTQ y en el reconocimiento de la diversidad sexual, de género y de familias. También se ha intensificado la desigualdad entre países y la emigración de quienes intentan escapar al empobrecimiento. Así, en la actualidad los herederos y herederas del fascismo ponen mayor énfasis en el antifeminismo, la homofobia y el rechazo de las personas inmigrantes. De paso remplazan el antisemitismo con la islamofobia (sin que el primero desaparezca). Describen a sus enemigos como la “izquierda secular” y el “islam radical”. Denuncian al fundamentalismo islámico, pero contra la izquierda abrazan el fundamentalismo cristiano. Se manejan consignas agradables: la autoridad del padre no se defiende a nombre del machismo, sino de la familia. El rechazo de otras naciones, culturas o “razas” no se justifica a nombre del privilegio o la dominación, sino a nombre de la patria.

Así, Meloni afirma que los inmigrantes provocan desempleo, crimen y prostitución. Italia está amenazada por la inmigración y la baja natalidad. De ahí se deriva una solución xenofóbica-patriarcal: regreso de la mujer al hogar, la recuperación de su rol primario como madre y el empeño en traer al mundo bebés italianos blancos para la nación. Esta perspectiva natalista ya era parte del fascismo de Mussolini y Franco, con su “batalla de los nacimientos” y premios por natalidad. Además, encaja perfectamente con las restricciones del derecho al aborto.

Desde hace tiempo se percibían las coincidencias de Proyecto Dignidad con la extrema derecha internacional: la misma obsesión con las “conspiraciones” del feminismo y la izquierda, la misma homofobia y transfobia, la misma guerra contra el derecho de la mujer a decidir, en fin, el mismo rechazo como caos de todo lo que no sea el orden patriarcal heredado. Pero ya no hay que especular: la senadora nos hace el favor de identificarse sin reparos con la extrema derecha europea. El triunfo de Meloni, según ella, es un triunfo de quienes defienden los “cimientos de la civilización occidental”.

Se trata, claro está, de una versión recortada y empobrecida de la “civilización occidental”, luego de amputarle algunas de sus corrientes más importantes: civilización occidental sin feminismo, sin reconocimiento de la diversidad, sin socialismo. Este no es el occidente de la revolución francesa y de las revoluciones que siguieron, sino de las contrarrevoluciones que intentaron revocarlas.

De paso, la senadora abraza las orientaciones del neoliberalismo, siempre bajo banderas de apariencia inocente. Según ella, con Meloni triunfó la idea de que “el éxito no se logra mendigando sino trabajando”—entiéndase: el que no tiene empleo es porque no quiere, no merece ayudas, lo que tiene es envidia del que tuvo éxito. Afirma que con Meloni triunfó la “libertad de empresa, libertad del trabajo”—entiéndase: basta con “liberar” a las empresas y el mercado, para que haya empleo. Triunfó, añade, la idea de que “la democracia se fortalece cuando los individuos son hacedores y no siervos del estado”—entiéndase: dejemos que el capital y el mercado “hagan” libremente, pues que el estado nos proteja de sus abusos es el camino de la servidumbre, como dice Hayek, sacerdote supremo del neoliberalismo. (La hipocresía es evidente: no quieren que seamos siervos del estado, pero promueven que el estado se entremeta en algo tan personal como la decisión de cada mujer sobre completar o interrumpir un embarazo no deseado.) Con Meloni, se nos dice, triunfó la idea de la patria, contra instituciones como las Naciones Unidas. Pero lo que realmente triunfó fue la idea de “Italia primero”: y si todos adoptan esa perspectiva (Alemania primero, Francia primero, Rusia primero, Estados Unidos primero, etc.), ¿acaso no estamos en la lógica que condujo a la primera y la segunda guerra mundial y tantas otras?

Rodríguez Veve describe a Meloni como “madre, cristiana y patriota”. Suena simpático, pero se pasa de contrabando la consigna “Dios, Patria y Familia” adoptada por los fascistas italianos en 1931. No se trata de dios, patria y familia en general, sino el dios de la Inquisición, la patria excluyente y la familia patriarcal.

La amenaza de las sucursales criollas de la extrema derecha internacional hay que tomarla en serio. El partido de Meloni pasó de menos de 5% a 26% de los votos en cuatro años. No dudamos que Proyecto Dignidad quiere replicar eso. Nuestra tarea no es analizar si esto es o no es posible. Nuestra tarea es evitarlo, organizando una amplia respuesta liberadora a los problemas del país. Las raíces de los problemas de Puerto Rico no son ni los inmigrantes, ni los derechos de la mujer, ni las personas trans, ni las feministas, sino un sistema económico y social que tiene la desigualdad como fundamento y a la competencia como motor. Aspiramos a una sociedad más libre e igualitaria. Para alcanzarla es necesaria la organización, movilización y convergencia de la clase trabajadora y todos los sectores oprimidos, marginados y discriminados. Expliquemos a nuestro pueblo que no hay que temer a la diversidad, sino abrazarla; que no hay un solo tipo de familia, sino muchas; que no hay una sola manera de expresar el amor, el afecto y la sexualidad, sino muchas. Que no queremos ni caos ni desorden, pero sí queremos un orden distinto al de las opresiones heredadas. Un orden de libertad. No le hacemos guerra a la religión, pero sí al fundamentalismo que pretenda imponerse. Nos oponemos al colonialismo, pero no defendemos una cultura contra otra, sino lo que hay de democrático y liberador en todas las culturas (incluso culturas distintas a la nuestra), a la vez que rechazamos lo que hay de represivo y opresivo en todas las culturas (incluyendo la nuestra). Queremos romper con el bipartidismo para avanzar hacia la equidad y la igualdad, no para retroceder. Si no organizamos una alternativa política que represente lo primero, le dejamos el camino abierto a lo segundo.

Hagamos caso a las palabras de Umberto Eco: el fascismo, decía en 1995, “está aún a nuestro alrededor, a veces con traje de civil. Sería muy cómodo … que alguien … dijera: ‘¡Quiero … que las camisas negras vuelvan a desfilar … por las plazas italianas!’. Por desgracia, la vida no es tan fácil… [el fascismo] puede volver todavía con las apariencias más inocentes. Nuestro deber es desenmascararlo y apuntar con el índice sobre cada una de sus formas nuevas, cada día, en cada parte del mundo”.

 

A 20 años del adiós: Pedro Juan Soto, inmortal

 

 

Especial para En Rojo

En los próximos días se cumplirán 20 años de la despedida física del respetado escritor Pedro Juan Soto, uno de los pilares de la llamada Generación del 50 en Puerto Rico.

Entre otros géneros, Soto escribió cuentos, novelas y teatro con temas sobre el colonialismo, el retorno a la isla amada, el viaje, las fronteras, el lenguaje. Se le reconoce, principalmente, por ser un aguerrido defensor de la identidad nacional y porque, desde sus letras, fue un férreo crítico del coloniaje en el país.  Nos dejó el 7 de noviembre de 2002, pero su espíritu y su estilo particular, sin embargo, están presentes.

No tuve la dicha de hablar con él cuando estaba entre los mortales. En cambio, tuve la fuerte impresión y la gracia de que mientras hacía mi tesis doctoral sobre la novela Usmaíl el espíritu de Soto se sentaba a mi lado para estar en el proceso, quizás para asegurarse de que yo escribiera lo que él quería.  Quizás fue mi imaginación o estrés estudiantil, pero Pedro Juan Soto en su autobiografía confesó que en su temprana juventud consultaba a un espiritista, acompañado de su padre.  Eso no prueba nada, cierto es.

No obstante, en mi tesis demostré que en Usmaíl, su primera novela publicada en 1959, Soto hace referencias al espiritismo, a la teosofía, a la religión yoruba, a la masonería. En fin, que conocía muy bien el espectro espiritual, el tema de la reencarnación y la inmortalidad, la constitución septenaria, de las doctrinas secretas milenarias, de la Naturaleza como fuente espiritual del Ser.  Para mí es suficiente evidencia de que todo este conocimiento no se perdió con su partida.  A Soto le ha sido útil toda esta sabiduría para continuar vivo y, como un verdadero combatiente, transgredir la imposición de la muerte.

Y si algo le agrada a Soto es jugar con números y hacer referencias a la llamada geometría sagrada.  Por ejemplo, son seis las novelas publicadas de Soto y he estudiado tres de ellas: La sombra lejana y Ardiente suelo, fría estación, además de Usmaíl. Hasta ahora, me parecen un conjunto de un gran rompecabezas en exactamente 40 años de producción literaria.

No me canso de hablar de lo que escribió Soto o del autor mismo: ese es mi tema favorito y, confieso más.  Todavía no lo domino por completo porque el Viejo, como le llamo de cariño como si fuera mi papá, presenta temas sublimes.  Siempre tengo algo nuevo que decir, siempre hay un suceso que me recuerda una escena en una de sus novelas y siempre hay algo que releer en él. Es un autor culto que hay que leer con detalle porque, aunque utiliza un lenguaje sencillo, sus referencias son complejas, universales. Allí radica su genialidad inmortal e infinita.

Confieso que, aunque estudio a un ritmo menor de lo deseado, también reconozco que la obra del doctor Soto me lleva a un alto nivel de concentración por lo que debo hacer pausas para entender los simbolismos, para buscar algunas referencias que estaban adelantadas a su tiempo y para entender la humanidad del mismo Soto.

Puede creerlo o no, pero le aseguro que Soto sigue vivo. Si veo una película, las transiciones de escena me lo recuerdan porque Soto amaba el cine y así lo plasmó en sus novelas.  Lo llevo en las camisas que mandé a imprimir para honrarlo; una taza que me obsequiaron lleva su rostro.  Está vivo cuando lo leo y trabajo en mi sanación espiritual para entenderme a mí, al mundo y al universo, gracias a sus letras.

Y para reafirmar lo anterior puedo casi asegurar que La sombra lejana, su última novela publicada en 1999 a sus 71 años, es una catarsis y enfrentamiento consigo mismo, a su yo.  Soto se enfrenta a sus penas, a sus luces y sombras, y al perdón.  Como investigadora en la diáspora, en esta etapa no puedo determinar si en su plano físico Soto expresó verbalmente su dolor o su perdón, pero esta novela me parece que fue un gran paso espiritual que dio con toda su lucidez y consciencia para vivir en paz más allá del sol.

La autora tiene un doctorado en Literatura Puertorriqueña del CEAPRC. Reside en NJ y trabaja en una serie de ensayos sobre las novelas de Pedro Juan Soto.

Será otra Cosa-Las noches y los días del dios fontanero

 

Especial para En Rojo

A Neftalí Luna Alvarado

(con un agradecimiento especial a mi amiga, la escritora Vanessa Vilches Norat, por regalarme la imagen del “dios fontanero”)

 

Una vez juntas, las aguas no se sueltan. Esto se sabe. Es, incluso, una lindísima idea; excepto cuando a quienes tienen los recursos y el poder para prevenir, mitigar y reducir la magnitud de los daños que las aguas pueden ocasionar, tales acciones no les parecen prioritarias. Excepto cuando se trata de las aguas crisisclimáticas. Excepto cuando los cercos de cemento –o de cualquier materia sólida– las acorralan, obligándolas a subir. Vertiginosamente. Rebasándolo todo. Aun si sus torrentes no se mueven con la incontenible fuerza de un ciclón, de la marejada o de la gravedad, ellas, que caen desde cielos apocalípticos y se abalanzan en escorrentías por cerros y cauces y campos y costas que hemos arrasado, convirtiéndolos en vidrio, se juntan y suben. Como un colosal magma de fróstin, las aguas entran por las orillas y recovecos más insospechados, y se elevan, se elevan, se elevan, quedándose con todo, voluptuosas, victoriosas, invencibles.

Incluso en los casos en los que la circunstancia, el azar o una saludable adrenalina, le permite preservar su vida, un cuerpo humano enfrentado a tamaña evidencia no puede por más que advertir su propia nimiedad. Le recorre un temblor invisible, desesperado. Le sobreviene la certeza de la derrota, de una caída sin escapatoria, de una entrega de todo, de un hasta aquí llegué. Con las aguas se va la vida, todas, las que sean, manifestadas en cada objeto, en el color de la pintura de una casa, en la disposición de un mueble, en el esfuerzo irremisiblemente humano de construirnos algún refugio, de darnos algo de belleza. Es una suerte de muerte. Y es, muchas, demasiadas veces, la muerte-muerte, también.

Algo así es una inundación.

Por eso ahondamos el maltrato de este país al declarar que un temporal que no azota con vientos monstruosos “no es tan malo,” y al actuar en función de tal desatino. Por eso el resorte inmediato que levantamos cuando decimos a quien ha atravesado semejante experiencia y sigue con vida, “eso es material, lo importante es estar vivo,” es cierto, claro, y también trágicamente falso. Porque la vida misma, su carne y su emoción, su miedo y su pasión, es material. Y es posible, si se tienen los recursos, reponer un techo, un libro, una silla, un florero, por supuesto, pero no aquellos que, por tantas razones, insondables para cualquiera que no sea quien así lo siente, hemos amado.

*

La primera noche del dios fontanero habíamos cumplido tres días y dos noches empujando, recogiendo, baldeando, barriendo, las aguas. Sabíamos que la línea principal de desagüe de la casa tenía que estar obstruida porque las aguas subían en la marquesina, no ya después de un rato de lluvia, sino casi de inmediato. Estábamos rotas. Quebradas. Partidas. Habíamos estado a media pulgada de que el agua enlodada entrara al interior de la casa. No sabremos nunca cómo fuimos capaces de evitarlo, cómo fue que así se nos protegió.

Cuando Neftalí se bajó de su picocita llena de herramientas de la vida entera, habilitada con un escaparate hecho acá para enganchar de todo, que tarda en arrancar, tacatacatacarrrúnnnn, caía la tarde del tercer día. No habíamos visto casi nada que era bueno, y ciertamente no habíamos descansado. De más está decir que carecíamos de electricidad y de agua potable. Más temprano ese día había venido una compañía que cobró por diagnosticar sin resolver nada, y por advertir la posibilidad de hacerlo –sustituyendo el tubo por otro de dos pulgadas menos de diámetro, cosa que nos levantó sospechas de inmediato– dentro de una semana. Neftalí, a cuyo nombre arribamos por referencia de nuestra querida Jocelyn, quien a su vez recibió la referencia de la querida Aury, nos dijo que, teniendo como tenía clientes en turno hasta enero, había venido sólo porque le mencionamos el nombre de Aury, que es como familia suya, de tanto que la quiere. Cuando me contestó el teléfono unas horas antes, su voz fue un porvenir. “Buenas tardes. ¿Hablo con Neftalí?” “Con lo que queda de él.” “Ay, ¡qué bueno que queda algo! Mire, usté por favor disculpe que lo moleste en medio de todo esto, pero lo que pasa es que…” “Bueno, mija, ya yo estoy bañao y comío y acostao, pero voy pallá.” Y así lo hizo.

Preguntó por los que habían venido antes. Sentenció que “a los trabajos hay que ir con voluntá, y esos no vinieron con voluntá ninguna.” “Ustedes no se preocupen, que esto se resuelve porque se resuelve, ¡y no se les inunda más!” Con un generador que trajo en la caja de su picó, operó la máquina de destapar tuberías, que no hizo más que rebotar, encontrando colapsos del tubo aquí y allá. Empezamos a desenterrar un área y luego otra y otra, bajo la luz de las linternas. Hasta que, sin aire, Neftalí, de quien recién descubríamos que tiene más de setenta años y que ha sobrevivido una caída que lo dejó con trece fracturas y un reemplazo total de cadera, así como el cáncer, el asma y una larga vida de trabajo físico duro, inclemente, dijo que era mejor volver al otro día porque aquello iba a ser grande. Lo dijo con la convencida mirada de sus minúsculos ojos fulgurantes tras los espejuelos, con la exhalación cierta de su cuerpo pequeño, enjuto, discreto.

Fue entonces que comenzó la reparación de semana y media que, francamente, sólo pudimos emprender porque teníamos el dinero para hacerlo. Bien sabemos que ese no es el escenario en el que buena parte del país enfrenta sus dolores y sus pérdidas. Comenzó también una larga conversación, salpicada de risas y chispa, con Neftalí, que se apellida Luna, que maldice a LUMA y al penepé, que participó en activas militancias independentistas, que se ha desengañado del PIP, que ha sido forman no sé de cuántas urbanizaciones en todo el país, que ha trabajado aquí, allá y más allá, como electricista, plomero, contratista, hacedor y solucionador, que se ha recuperado de afecciones que acaban con cualquiera, que se crio en un junte de “casas de cartón” donde ahora está el Hospital de Veteranos en San Juan, que ha visto este país volcarse al cemento, que se ríe hondo, sonoro, con jejejés continuos, que espepita códigos de grosor del PVC y cálculos de puntos de agrimensura como si tal cosa, que tiene tantos cuentos como talentos, que dice “esta muchacha es la changa,” que desde el primer momento supo también (y lo dijo) que es terca (y tiene razón), que escuchó a la muchacha explicarle por teléfono a alguien que le estaba dando fatiga en las noches por el polvorín, las emanaciones de los generadores a vuelta redonda y el cansancio y al día siguiente apareció con una caja de ampolletas de albuterol y una mascarilla nueva para usar la máquina de terapia para el asma, que siembra plátanos en Adjuntas, que contesta los mensajes de la muchacha por WhatsApp con emoticones de monitos tapándose los ojos, que toma muchos refrescos, que el café, sin embargo, sólo lo puede tomar bien aguaito, que aún confía, que es un monumento al dar-se.

No detallaré las chapucerías de hace veinte años que ahora pagamos. Sólo diré que hace escasamente unos días –y aún sin electricidad en varias zonas de Cabo Rojo, incluyendo en casa de Neftalí– el proceso acabó con un tubo PVC de seis pulgadas, hecho en Trinidad y Tobago, instalado bajo tierra, junto a un registro a medio camino y una poceta –palabra que aprendí con Neftalí– de cemento al inicio de la tubería, cuya función es recoger todas las corrientes que “mueren” en ese desagüe que da a la calle, ralentizándolas y canalizándolas correctamente. Ahora tenemos también un nuevo gran amigo, Neftalí, el dios fontanero, quien aquel atardecer de otra catástrofe apareció proveniente de un Puerto Rico hondo, aún vivo bajo la erosión y el asedio, materia y espíritu, a la luz de la luna, en medio de las inundaciones. Quiero encontrar descanso en la certeza de que, como las aguas cuando se juntan, Neftalí y nosotras no nos soltaremos.

Uno ocho cinco a San Juan por el uno

 

Ese era el estribillo preferido de mi papá poco antes de irse a buscar lo que no sé si encontró en Orlando. Acaso lo último de aquel año de 1975, poco antes del intercambio de prisioneros chinos y vietnamitas. Recitaba el llamado corito arriba mencionado por el auricular del pesado radioteléfono que iba empotrado como un 8-track, por debajo de la guantera. El carro anodino recuerdo que llevaba unos shock absorbers hidraúlicos, ya que la casa iba para Gil Boneta, y había que preparar el vehículo para el peso insoportable del remolque por el que mi nuevo papá nos iba a llevar por toda la isla. Periplo utuadeño: Campamento de Los Cuerpos de Paz. Luego una de las pocas estaciones de Fuentes Fluviales, custodiada por los soldados de la Guardia Nacional.

Ya entonces Gil estaba pensando seriamente en hablarme de los aviones del anterior enfrentamiento con Europa y eso por eso que me ocupé de leer un poco sobre el asunto como cuarenta años más tarde. Que los armara con la pega Testors con la que los tecatos se curaban a falta de pan era más que elocuente aserto de mi querido tutor.