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Lares: luces y sombras

 

Voy a comenzar esta reflexión con un planteamiento obvio. Los puertorriqueños que se alzaron durante la Insurrección de Lares del 23 de septiembre de 1868, tenían un programa concreto y complejo para confrontar el régimen español. La percepción, propia de sus adversarios liberales reformistas y autonomistas, de que el levantamiento había sido resultado de la desesperación y la irracionalidad, es insostenible.  Si bien es cierto que ciertos trastornos ambientales y naturales, un terremoto y un huracán, pudieron predisponer emocionalmente a una parte de los involucrados para tomar las armas, ello no significa que aquella fuese una propuesta ilegítima o sin sentido. Los procesos históricos, como sugiere un conocido clisé entre los aficionados de la historia, siempre son “más complejos” y no pueden se reducidos a un monocausalismo simplificador.

Discursos

En un sentido más general, el de la teoría política de vanguardia o modernos, Lares protestó contra una forma del estado, la monarquía autoritaria colonial, a fin de favorecer un orden republicano.  Reformar o demoler un régimen monárquico considerado retrógrado y enemigo del progreso, estaba detrás de la discursividad de numerosos activistas. El hecho de que en los documentos del caso se indicara que los “vivas a (Juan) Prim” se mezclaban con los “vivas” a la libertad y la independencia, sugiere que los objetivos no eran los mismo para todos los involucrados. Esas disonancias son comunes en procesos en los cuales la racionalidad y la intuición, las posturas de las elites dirigentes y las de la base militante, se combinan a la hora de la articulación del acto rebelde.

El uso de aquel lenguaje estaba ligado al sentido que la Revolución Francesa  había dado a aquellos conceptos durante el complejo periodo anterior al Imperio de Napoleón Bonaparte (1789-1804).  Traducía la retórica de 1792 que condujo a la constitución de la Primera República. Pero del mismo modo proyectaba, por su apelación al “abajo social” con ciertas particularidades, la retórica del 1848 considerada  la “Primavera de las Revoluciones” o que atestiguó el despertar del cuarto estado o la clase obrera. Aquellas experiencias estaban presentes en algunos de sus ideólogos en el exilio más significados como Ramón E. Betances y, probablemente, en  una parte de su liderato dentro de la isla. La lectura de las proclamas revolucionarias del 23 de septiembre no deja lugar a dudas al respecto. La aludidas  “vivas” a Prim, estaban más bien vinculadas al imaginario de la Asamblea Nacional Constituyente de 1791, a los girondinos y la derecha revolucionaria francesa y, con toda probabilidad, al recuerdo del 1812 español. Con todo no parecen haber sido lo suficientemente influyentes como para determinar la ruta del proceso revolucionario: el septiembre puertorriqueño y el español acabaron en lugares opuestos del espectro político.

La Francia de 1791, la monarquía constitucional que reconocía los derechos civiles y naturales, otra parte importante de la herencia del 1789, seguiría siendo el sueño de los reformistas y los autonomistas mimetizado en el mito del “doceañismo” y el “especialismo”. Aquellos  sectores siempre resintieron (y temieron) los efectos políticos del brote separatista de 1868 no por su discurso jurídico liberal y modernizante sino por la definición política que daban a la libertad la cual asociaban con la separación y la independencia. El disgusto de los liberales reformistas y los autonomistas respecto a la insurrección de 1868 superó incluso al de los conservadores e incondicionales. El miedo a la modernidad política, que para el español medio era representada por Francia, se impuso.

La fidelidad y la hispanidad de bien de los sectores pro-españoles y los peninsulares (conservadores e incondicionales), nunca iba a ser cuestionada por cuenta de Lares. Pero la fidelidad de los liberales y los autonomistas siempre estuvo en entredicho por cuenta del levantamiento y, de acuerdo con figuras como Francisco Mariano Quiñones y Salvador Brau Asencio, minó las posibilidades de que la Monarquía Española estuviese dispuesta a gobernar la colonia a través de ellos. Para los liberales y los autonomistas, demostrar que eran españoles bona fide requería una expresión abierta y constante de su antiseparatismo, tarea en la cual fueron muy eficaces.

Motivaciones

Las motivaciones de la Insurrección de Lares fueron numerosas. En la explicación de cualquier evento complejo, la legitimación racional siempre está abierta a nuevas explicaciones producto del presente que las invoca. Los historiadores sabemos que es así por lo que ningún juicio revisionista nos sorprende ni nos atribula por mucho tiempo. En lo político, el golpe infructuoso expresó el disgusto de ciertos sectores educados y politizados con la monarquía autoritaria y el gobierno militar español. El poco respeto que mostraban los Gobernadores y Capitanes Generales hacia las autoridades locales y ante  cualquiera que los retara pública o privadamente era innegable. Que el gobernador de turno citara a Betances Alacán o a Segundo Ruiz Belvis directamente por actos “inconvenientes” cometidos durante sus gestiones respectivas como Médico Titular o Síndico Procurador de la Ciudad de Mayagüez, era una nota común. La conexión de las autoridades municipales con las estatales dibujaba un peculiar y eficaz panoptikon.

Detrás de los reclamos liberales de figuras como aquellas había una protesta precisa  contra la centralización administrativa. Aquella queja expresaba la necesidad de un segmento de la clase criolla adinerada de ratificar los “fueros” (si uso el lenguaje del derecho feudal)  o las autonomías locales ante los gobernadores como representantes de la monarquía.  Por eso uno de los escenarios ideales para la práctica del reto al centralismo autoritario fueron los ayuntamientos municipales y la estructuras de poder local. La vida civil y la disposición para conspirar que desplegaron, en el marco de la burocracia del Ayuntamiento de Mayagüez, profesionales como Betances Alacán, Ruiz Belvis y José Francisco Basora, no deja lugar a duda al respecto.

Al autoritarismo de los gobernadores se unían los prejuicios etnoculturales del régimen que no veía a los criollos como iguales a los españoles,  y sospechaba que todos su reclamos encubrían alguna conjura separatista (con fines independentistas o anexionistas) contra España y la hispanidad. Que una porción significativa de los líderes que promovieron la conjura de 1868 eran antiespañoles y despreciaban la hispanidad como un entre retrógrado era innegable. Betances Alacán habló varias veces de la necesidad de “desespañolizar” a Puerto Rico, Ruiz Belvis utilizaba el modelo abolicionista estadounidense para atizar al abolicionismo hispano en 1867, y Basora defendía la separación de España y la futura integración a Estados Unidos. Ni Ruiz Belvis ni Basora fueron parte de la insurrección, pero aquellas posturas hablan de la complejidad de las motivaciones de un proceso revolucionario concreto.

Aquella diversidad y riqueza ideológica, olvidada hoy por muchos de los que miran, por lo regular de soslayo, a la Insurrección de Lares de 1868 amparados en una peculiar “memoria rota”, dificultaba a las autoridades españolas distinguir entre el liberalismo revolucionario de los separatistas, un proyecto radical, y el de los liberales reformistas y los autonomistas, un proyecto conservador e integrista poco amenazante en realidad. La actitud aplanadora del discurso del estado colonial,  propendía a representar a los liberales reformistas y los autonomistas como aliados potenciales y prospectivos de la subversión cuando en realidad eran enemigos de aquella. Aquella actitud  propensa a igualar el carácter “amenazante” de Betances Alacán y el de Luis Muñoz Rivera, por ejemplo, no correspondía con la realidad de su tiempo. También es frágil cuando se le mira desde el presente.

Aquellos  procesos de homogeneización estimulado por el oficialismo español, dificultaron la apropiación de una parte de la complejidad de aquellos procesos históricos. La censura del pensamiento liberal y autonomista sobre la base de que eran parte del activismo separatista justificó la persecución consistente de sus proponentes mediante el recurso a las multas, la cárcel o el destierro casual. Pero las posibilidades de que aquellos se reintegraran a la vida política y económica local eran siempre mejores. Betances Alacán nunca regresó. El exilio perpetuo era un castigo apropiado para separatistas que difícilmente se aplicó a los perseguidos vinculados al liberalismo reformista o al autonomismo quienes pudieron medrar en el interior del régimen a pesar del encono que sentían contra sus injusticias.

La historiografía política tradicional ha explicado la situación que se vivió en 1868 como una llena de tensiones. Para los sectores liberales reformistas y autonomistas, España había incumplido una promesa hecha en 1837: la de reformar su relación política con la colonia en el marco de unas “leyes especiales”. Esa fue la tesis que alimentó, por ejemplo, una concepción moderna de la historia de Puerto Rico escrita desde el independentismo que tuvo en Loida Figueroa Mercado y Germán Delgado Pasapera sus principales voces en las décadas de 1970 y 1980. Pero lo cierto había sido que para los cabecillas de Lares las “leyes especiales” habían dejado de significar algo hacía tiempo.

Poder material

En lo económico la situación era igual de complicada. Los rebeldes protestaban contra el poder excesivo de los comerciantes españoles y su control del crédito agrario, comercial e industrial sobre la base de altos intereses. Las deudas (privadas o públicas) siempre han sido un dolor de cabeza para sus víctimas. El mecanismo de la refacción, usual en Puerto Rico, no era “moderno”  por lo que la creación de fuentes crediticias de vanguardia como los bancos, era considerado un progreso legítimo. Nadie pensaría hoy, y esto es una ironía, que el desarrollo de la  banca sea un objetivo de cambio revolucionario bueno para el abajo social.

Pero también protestaban por el hecho de que el autoritarismo del gobierno militar y los altos costos de su mantenimiento, validaran un régimen contributivo criminal que metía la manos en sus bolsillos de los contribuyentes de manera  viciosa. Las tasas contributivas (sobre la propiedad y la ganancia) y arancelarias (sobre el comercio interior y exterior), tenían que ser  muy altas a fin de pagar los gastos del  Estado. Conflictos tributarios de aquella naturaleza habían justificado el levantamiento de las 13 Colonias Británicas y la declaración de independencia de 1776. Aquella era una protesta que no tenía nada de romántico por cierto, pero era capaz de movilizar al capital local contra las autoridades hispanas.

Otra queja económica fundamental era por el subdesarrollo material de Puerto Rico y la precariedad y poca competitividad de los sectores criollos. En vista de ello, a nadie debería sorprender el espíritu empresarial de Betances Alacán con la industria médica para lo cual se asoció con Bonocio Tió Segarra, entre otros;  o sus entusiasmo con producir bebidas nitrogenadas energizantes. Tampoco debería escandalizar la premura del liberal reformista José Julián Acosta  Calbo, asociado con el conservador Marqués de la Esperanza, por fundar un banco moderno garantizado con  los bonos emitidos por España en compensación por la abolición de la esclavitud. A Betances Alacán la gestión de Acosta y Calbo le parecía un acto nebuloso, pero casi nadie habla de esos asuntos cuando se trata de la historia sociopolítica del siglo 19.

En lo social lo que más preocupaba a los rebeldes era el régimen de la esclavitud negra y la libreta de jornaleros. Criticaban su carácter deshumanizador y la forma en que esos sistemas devaluaban, desde la perspectiva del libre mercado, el trabajo libre al convertirlo en una actividad obligatoria: aquella era un situación antinatural. La abolición de ambos regímenes y la institucionalización del trabajo libre era parte de la revolución soñada. La panacea del trabajo libre era un emblema de modernidad incuestionable: los trabajadores debería, estos es otra ironía, tener el derecho a escoger a sus explotadores. A la  ausencia del trabajo libre achacaban la  pobreza de los obreros rurales y urbanos, así como la incómoda situación de los pequeños propietarios, campesinos o jíbaros.

Otra queja esencial giraba alrededor de la poca inversión que hacía el gobierno español en la educación de los puertorriqueños y en las obras públicas, renglones de los cuales dependía el progreso de la economía del país y el crecimiento del capital criollo. La gestión pública concreta de Ruiz Belvis como Síndico Procurador de la Ciudad de Mayagüez no deja dudas al respecto. El mismo Ruiz Belvis, asociado con Betances Alacán intentaron sin éxito en 1866, crear una empresa educativa lucrativa, un Colegio de Segunda Enseñanza en la ciudad de Mayagüez, para enfrentar el problema de la educación de la mano del capital privado en ausencia de un interés genuino del capital público en ese renglón.

Signos

En lo cultural los ideólogos más articulados de la insurrección, resentían el desprecio que expresaban  los españoles hacia  los puertorriqueños a quienes veían como personas inferiores por su origen insular. El racismo institucional español era un componente de la incomodidad, sin duda, aunque ello no autoriza a interpretar que el abolicionismo era una propuesta antirracista.  En el plano cultural, la Insurrección ayudó a crear un rico lenguaje simbólico. El componente de que una bandera de combate, hecho que un libro de Joseph Harrison Flores ha revisitado recientemente, coexistiera con  una bandera roja y una bandera blanca, otra tradición francesa en la retórica revolucionaria y sus representaciones,  es parte de esa herencia.

Recordar y olvidar selectivamente los detalles ha sido crucial para la figuración de una Insurrección de Lares que nunca ha sido un valor compartido por “todos” los puertorriqueños. El sueño de la identidad homogénea siempre ha sido una pesadilla. Además, el hecho de que la revuelta se asociara a un himno adjudicado a Lola Rodríguez de Tió, y a numerosas canciones populares que celebraban la insurrección también. Se trataba de los signos de una nación-estado que se movía entre la tradición y la modernidad que no se gestó por completo.

El levantamiento había sido señalado para el 29 de septiembre. En el Santoral Católico, ese era el día de Gabriel, Miguel, Rafael y, arcángeles que anuncian a Jesús, apartan la roca de su tumba y  destierran a Lucifer, el arcángel de los caídos,  al infierno. La selección de la fecha debió estar relacionada con esa tradición católica, sin duda.  Sin embargo, una vez descubierta la conjura, la misma fue adelantada para el 23 de septiembre, día del Equinoccio de Otoño que, en todo calendario mágico, sugiere la voluntad igualadora de la naturaleza. El hecho de que buena parte del liderato rebelde estuviese ligado a la masonería, podría explicar la elección de la nueva fecha así como la existencia de un conflicto ideológico no indagado entre los rebeldes.

Combates

La jefatura militar de la revuelta quedó en manos del hacendado cafetalero venezolano-puertorriqueño Manuel Rojas Luzardo, quien tuvo a su disposición un ejército compuesto por civiles armados. La tropa se organizó en su hacienda “La Esperanza”, avanzó hasta la zona urbana de Lares y, tras tomarla sin mucha resistencia, proclamó la república por medio de un decreto sencillo. En esto consiste el “Grito” o declaración formal de la república. La elección de Francisco Ramírez como Presidente, y la sacralización del acto mediante un Te Deum, voluntaria o no es en este caso indistinto, completó el ritual. Los rebeldes querían la aprobación de Dios por medio de la Iglesia, cosa que Betances Alacán no habría visto con buenos ojos. Los rituales del Grito y la misa de acción de gracias servirían para dar legitimidad política y moral a la acción y asegurar el compromiso de la gente común.

La primera decisión militar de Rojas fue dirigirse a San Sebastián del Pepino. La meta era la toma de la plaza pública, el escenario del pueblo y, a la vez, el centro en donde convergían el poder civil y el religioso. La comunidad y los cuerpos de milicianos de El Pepino los estaban esperando. El hecho de que fracasaran dos veces en tomar el objetivo, unido al temor de que llegaran los refuerzos de la Tropa Veterana de Aguadilla, un cuerpo profesional del ejército español, hizo que se retiraran. En cierto modo, la línea de mando fue rota por un acto de indisciplina. Rojas recomendó la ejecución de una tercera avanzadilla, pero su gente insistió en la negativa y, en cierto modo, se insubordinó. La actitud parece propia de un ejército de civiles con poco entrenamiento militar.

A su regreso a Lares, la tropas se reunieron en la hacienda de Rojas a esperar noticias de otros actos rebeldes, o del desembarco de Betances  Alacán con el mítico barco “El Telégrafo” que había sido armado en las Antillas Menores y esperaban arribara desde Santo Domingo. El barco había sido ocupado por las autoridades dominicanas encabezadas por el presidente Buenaventura Rodríguez Méndez, alias “El Jabao” quien, casualmente, murió en Hormigueros en 1884, lugar desde el cual redacto esta reflexión.  En ausencia de los mismos, se dispersaron por los montes de las Lomas de Lares en guerrillas o bandas pequeñas. Todo parece indicar que su capacidad de resistencia fue poca.

Una ola de arrestos de sospechosos caracterizó los meses de septiembre a diciembre de 1868. De acuerdo con el historiador Delgado Pasapera, 545 personas de todas las clases, profesiones y razas fueron puestas bajo arresto. Los convictos eran liberales, autonomistas, independentistas y anexionistas. La razia fue eminentemente igualadora en ese sentido. Todo parece indicar que las autoridades utilizaron la insurrección como una excusa para “limpiar la casa” y someter a la disciplina o “componer” a las mentes aviesas e inconformes que alentaron el levantamiento. Lo mismo sucedió con la ola de arrestos de 1887, conocido como los “Compontes”; y con la confección de “Listas de subversivos” a la manera macartysta auspiciada por el populismo desde 1948.

A Lares se le conmemora reconociendo su diversidad, disfrutando sus esguinces, sus luces y sus sombras, sus fisuras, sus contradicciones. Como todo episodio histórico, la representación de la Insurrección de Lares es la suma de los que se recuerda y se olvida, de lo que se destaca y se suprime. Pero la humanidad de aquel esfuerzo, así lo afirmo en esta tarde lluviosa de Hormigueros, no puede ser cuestionada: le pertenece a todos los que lo miren desde cualquier presente.

De cómo la Colmenita de Cuba nos permitió soñar

La Colmenita en Bellas Artes de San Juan. Fotos Johanna Emmanuelli/Especial para CLARIDAD

 

Especial para En Rojo

 

La historia se recrea a partir de la visión de cuatro ratoncitos —John, Paul, George y Ringo—  que viven en un sótano y que se proponen organizar un grupo musical. Fotos Johanna Emmanuelli/Especial para CLARIDAD

El teatro en pleno de pie, bailando, tocando palmas, cantando, riendo… y, no me cabe duda alguna, soñando con reescribir historias, como lo hizo La Colmenita de Cuba el domingo en el René Marqués del CBA.  Los asistentes participaron del sueño de ser parte de una comunidad solidaria y libre en la que ambos pueblos, Cuba y Puerto Rico, se abrazaron sin miedos ni impedimentos. Dos horas de magia. Dos horas de cuentos de hadas, adobados por la beatlemanía. El espectáculo fue tan complejo que me resulta difícil producir una reseña coherente y comprensible para quienes no estuvieron presentes. La Colmenita presentó la pieza bilingüe infantil “La Cenicienta según los Beatles”, cuyos parlamentos provienen de canciones de Los Beatles que culminan en canciones harto conocidas que la audiencia coreó. Como las canciones son en inglés, unas abejitas van presentando, desde el foso, unas pancartas con las letras en español. La historia se recrea a partir de la visión de cuatro ratoncitos —John, Paul, George y Ringo—  que viven en un sótano y que se proponen organizar un grupo musical. Pero los ratoncitos son, realmente, narradores dentro de la trama, porque la pieza tiene una narradora/regidora de escena que presenta, organiza, dirige y corrige a todos en escena, incluyendo a la banda de ratones. Su participación no solo va atando los hilos de la trama, pero pareciera necesaria para dirigir a los más pequeñines del grupo y, a su vez, para enfatizar que estamos frente a un espacio de juego, en el cual las abejitas de la colmena, curiosas y algo anárquicas, necesitan una voz que les asiente de vez en cuando.

Tin Cremata, director de la Colmenita

La creatividad de los componentes de la Colmenita, así como su talento, es infinita. El grupo que nos visitó, dirigido por su fundador Carlos Alberto(TIN) Cremata, estuvo compuesto de unas treinta personas, entre adultos y niñes de 5 a 16 años. En escena participaron tres adultos: la narradora/regidora, un personaje carnavalesco que hace voces y sonidos, y el lobo que rapta a Caperucita. Sí, Caperucita apareció en el cuento de Cenicienta y trató de que el príncipe la escogiera, cuando sigilosamente cambió el zapato de Cenicienta por su zapatito, uno de los momentos más jocosos de la obra.  Los más pequeñines hicieron papeles breves y, algunos, sin parlamento. ¡Pero qué árboles tan impecables! Según aumentaba la edad, también la complejidad de su papel escénico. Se apreciaron sus talentos, tanto actorales como musicales. Todes, especialmente las chiquitinas, cantaron, bailaron y dirigieron la algarabía durante los números musicales posteriores a la obra. Cantaron, tocaron instrumentos musicales y actuaron con gran aplomo, lo que no debe sorprender  porque La Colmenita tiene treinta años de trayectoria mundial, y ha sido designada Embajadora de Buena Voluntad por la UNICEF.

El Niño de Trastalleres dijo presente en la visita de la Colmenita a nuestro País.

El bloqueo que pretende borrar a Cuba del mapa caribeño ha sido el responsable de que La Colmenita no se hubiera presentado antes en Puerto Rico. Como dijo su fundador Cremata al final de la presentación, por fin habían logrado el sueño de actuar frente a sus hermanos, presentarse ante el pueblo de Hostos, Betances y Albizu.  Los números musicales postobra —Son de la Loma, El Cuarto de Tula, dedicado a Ana Belén Montes y durante el cual bajaron a bailar con la audiencia, y Reyes del Son, dedicado al Comité de solidaridad de Puerto Rico con Cuba, demostraron la versatilidad de estes jóvenes que cantaron y tocaron los instrumentos de acompañamiento. Y aquí, hasta las chiquitinas, fueron protagonistas.

La Colmenita de Cuba es un proyecto cultural comunitario ejemplar que esperamos de vuelta con ansias para que anime a nuestres niñes a involucrarse en las artes, como vehículo de transformación social. Y, claro que sí, para cantar y bailar con elles.

 

Ecos de viaje

Ilustraciones suministradas por la autora

 

 

Especial para En Rojo

Trópico-Sub-Trópico: ¡Que viva la palma! Es una selección de obra reciente del artista/grafitista, Pseudo Mero que documenta las correspondencias naturales entre el estado de Florida y Puerto Rico a través del estudio de la flora palmera que se desarrolla en ambos lugares. Alejándose un poco del estilo de dibujo que le caracteriza, el artista se adentra a estudiar la luz del sol en las Palmas de Coco (Cocos nucifera) y Saw Palmetto en sus entornos. En la búsqueda de explorar la naturaleza, Pseudo Mero responde a diferentes ideas de representación a partir de la deconstrucción intencional de sus procesos de creación de imagen. Es por eso que, esta serie navega lo que el neoexpresionismo alemán tomó como distintivo, la proficiencia técnica, colores aparentemente tenues y el abandono de los sujetos para dialogar sobre las nuevas maneras de relacionarnos con el paisaje. Por medio de la integración del material industrial descartado por espacios culturales como medios principales para crear esta obra, el artista discute el impacto de los seres humanos, las instituciones y las prácticas culturales al medio ambiente.

Acercando su técnica a la del paisaje de Armando Reverón, Mero, con la obra [Pseudomero, 2023, Coco The Quarter, acrílico y látex sobre telas rescatadas, 19 ¾” x 13 ¼”], comparte el agotamiento de la figuración/la figuración agotada, la desaparición del medio hacia el soporte y el campo pictórico como experimentación asertiva y gestual[1] que Reverón también incluye en sus piezas. Además, entrelaza el rechazo de lo formal y material y lo convierte en el lenguaje visual para esta serie, resaltando la bidimensionalidad de las imágenes construidas por medio del abandono de las técnicas de dibujo y confiando en la integración de los materiales en sí mismos. (Re)tomando retazos de tela irregulares, el artista los cose para conseguir el tamaño y la forma deseada para el soporte. También, (re)utiliza pintura industrial como medio principal, atada a su práctica en espacios públicos, con los colores dados en los materiales descartados. Logrando así, paisajes ruidosos, espesos, ligeros y rugosos como se puede apreciar en la pieza [Pseudomero, 2023, Palmetto Lauderdale, Death, acrílico y látex sobre telas rescatadas, 101” x 75 ½”].El crítico Luis Pérez-Oramas describe que el verdadero despojo [matérico y corpóreo de la obra] es “la consecuencia de haber acometido todas las posibilidades que la pintura posee como arte corporal, como materialidad y como objeto.”[2] O sea, se debe sintetizar todas las posibles realidades del objeto y a su vez, poder reconocer el camino recorrido por el artista para construir la imagen. Tanto Reverón como Nicolás Poussin coinciden que esto es: “una imitación de todo lo que se ve bajo el sol, hecha con líneas y colores sobre cualquier superficie y que tiene por finalidad la delectación”[3].

Sin embargo, aunque conceptualmente Pseudo Mero se acerca a lo enunciado anteriormente, el artista otorga el espacio para acomodar el contexto caribeño y la viabilidad de acercarnos a la flora palmera para cuestionar nuestros propios territorios. Para el estado de la Florida, la Saw Palmetto (Serenoa repens) es una flor endémica y el centro de la supervivencia de la fauna del estado. Aunque puede trasplantarse y adaptarse a cualquier suelo, ésta puede convertirse en una especie invasora. En cambio, en Puerto Rico la palma se convierte en insigne de una reivindicación de un sistema político y económico. Una imposibilidad de futuro, una reducción del entorno como capital y destino turístico.

Ilustraciones suministradas por la autora

Por medio de la desagregación[4], tanto de colores y formas representadas, Pseudo Mero reflexiona acerca de nuestra relación con el entorno, las ambigüedades que lo construyen, su materialidad, sus coyunturas políticas y sus repercusiones (eco)sistémicas. Mediante la representación de estos paisajes, un tanto más land-escapes, Mero reconstruye una geografía estética entre Puerto Rico y Florida que se acerque a la emoción cromática de presenciar palmeras como ejercicio autorreflexivo sobre la austeridad, el desplazamiento, el impacto al medio ambiente dentro de nuestros sistemas sociopolíticos.

La autora es Historiadora del arte independiente

Referencias:
Balza, José. «Análogo simultáneo (sobre los objetos de Armando Reverón). » In Análogo simultáneo, 11- 53. Caracas, Venezuela: Galería de Arte Nacional, 1983. https://icaa.mfah.org/s/es/item/1157190#?c=&m=&s=&cv=&xywh=59%2C-34%2C1527%2C1275
Emilio Canek Fernández H. “Artscapes: El Arte Como Aproximación Al Paisaje Contemporáneo.” Anales Del Instituto De Investigaciones Estéticas 26, no. 85 (2004): 217–19. https://uprrp.on.worldcat.org/oclc/8521887630.
Pérez Oramas, Luis. «Armando Reverón y el arte moderno.» In Armando Reverón, 1889- 1954, 55-68. Caracas, Venezuela: Fundación Galería de Arte Nacional, 1992. https://icaa.mfah.org/s/es/item/1157190#?c=&m=&s=&cv=&xywh=299%2C-121%2C1833%2C1530
Tilley, Christopher, and Kate Cameron-Daum. “Art in and from the Landscape.” In Anthropology of Landscape: The Extraordinary in the Ordinary, 234–61. UCL Press, 2017. http://www.jstor.org/stable/j.ctt1mtz542.15
[1] Pérez Oramas, Luis. «Armando Reverón y el arte moderno.» In Armando Reverón, 1889- 1954, p.58-59.
[2]Pérez Oramas, Luis. «Armando Reverón y el arte moderno.» In Armando Reverón, 1889- 1954, p.58.
[3] Ibid.
[4] Separación de cosas en unidades más pequeñas.

Equalizer 3: fin de una gran secuela

En Rojo

 

Director: Antoine Faqua; guionista: Richard Wenk; autores: Michael Sloan y Richard Lindheim; cinematógrafo: Robert Richardson; elenco: Denzel Washington, Dakota Fanning, Eugenio Mastrandrea, David Denman, Sonia Ben Ammar, Remo Girone, Andrea Scarduzio, Andrea Dodero.

Al igual que Mission Impossible, el origen de The Equalizer es una serie de TV protagonizada por el actor británico, Edward Woodward como Robert McCall, de 1985 a 1989. Interesantemente, se utiliza este mismo título para la serie de TV en CBS de 2021, protagonizada por Queen Latifah como Robyn McCall. La premisa para los McCalls es la misma: después de haber trabajado para agencias gubernamentales de espionaje y de resultar en ser los mejores agentes de la agencia, deciden retirarse o desaparecer y así desasociarse y volverse ciudadanos privados que ofrecen sus servicios a los que no tienen acceso s una justa defensa. Pero mientras los Mission Impossibles siguen superándose en sus secuelas, este no es el caso de The Equalizer a pesar de los tres haber sido dirigidos por Antoine Fuqua.

El primer Equalizer de 2014, nos presenta a su personaje central único, Robert McCall, un Denzel Washington quien siempre, no importa el papel, le da una intensidad a su personaje que no podemos evitar ponernos a su lado. Aunque el filme se mercadea por su violencia es precisamente sus momentos de silencio lo que deslumbra ya que la violencia es excesiva sin tener razón de ser. Las escenas de McCall en su apartamento, excesivamente limpio y carente de personalidad, practicando su cotidianidad para alejar los fantasmas del pasado y luego su rutina en su trabajo en un almacén, crean la tensión que inmediatamente sentimos. Este hombre del que no sabemos nada es una olla de presión, pero no sabemos por qué, ni cuándo ni cómo va a explotar. Un encuentro casual de madrugada, en un diner en donde McCall va al no poder dormir y donde se encuentra con la vida nocturna, en este caso, de Teri, una jovencita prostituta atada a un círculo controlado por la mafia rusa, será el desestabilizador de su aparente normalidad. Cuando es brutalmente golpeada para que sirva de lección a las otras chicas, McCall decide “comprarla” de su manejador. De aquí en adelante se dará su transformación y su enfrentamiento con Teddy, el mensajero del dueño de la red mundial. Todo este segmento es lo usual del cine de acción de un solo hombre acabando con medio mundo.

El segundo Equalizer de 2018 es superior al filme original tanto por su historia, secuencia narrativa y desarrollo de personajes. Aquí se hilan varias historias y cada una contiene su propia trama con su exposición, desarrollo, clímax y denouement, desde la niña secuestrada por un padre que lo único que le importa es hacerle daño a su ex; el grupo de blanquitos ejecutivos que endrogan y abusan de una joven; hasta su confrontación con sus ex compañeros de inteligencia que ahora trabajan por su cuenta como asesinos a sueldo. McCall vive en una vivienda de población diversa (Fatima, del Medio Oriente, se encarga de crear un gran huerto casero y jardín para los vecinos) y trabaja como chofer de LYFT. Sus secuencias en el auto que maneja para recoger a pasajeros asignados, inmediatamente nos remite a Robert de Niro en Taxi Driver (1976), excepto que McCall está en todos sus cabales. Sus lazos de amistad con Susan Plummer (Melissa Leo), que era su único enlace desde Equalizer 1 con la agencia a la que había renunciado, es el punto más dramático y violento de la nueva historia. McCall investigará, llegará a sus conclusiones y descubrirá quiénes de sus conocidos del ayer tienen su propia agenda y le entorpece su camino. Al igual que en la historia original, el pasatiempo principal de McCall es la lectura de libros (nada de tablets o iBooks). The Old Man and the Sea de Ernest Hemingway fue su guía en el primero y ahora le sigue el autor preferido de su esposa, Marcel Proust, con sus siete libros/episodios de En busca del tiempo perdido es su viaje a la paz interior que siempre busca.

Cuando llegamos a Equalizer 3, Robert McCall ya está inmerso en una “misión” de la que no tenemos detalles hasta mucho después de reubicarse en el pueblo de Altamonte en Sicilia. Cómo llegó a esta región de Italia, quién lo empleó y quiénes son sus contactos, si es que existen, nos mantiene adivinando hasta que vuelve a hacer su enlace con un departamento escondido de la C.I.A. Escoge a Emma Collins (Dakota Fanning) como su enlace, a quien poco a poco va enviando información que le permita establecer el vínculo del tráfico de drogas con el peligroso grupo de Camorra. Quizá porque esta secuela comienza con una matanza múltiple que no tiene relación directa con McCall, es más difícil adentrarse en la parte humana de este ex agente que prefiere una vida de solitario con experiencias y recuerdos que le dan sentido a su presente.

Aunque sabemos que la paz y tranquilidad de las que disfruta McCall son pasajeras—ha ajusticiado a demasiadas personas para ser ignorado—es un placer poder disfrutar de los paisajes de ensueño de Altamonte y de su gente dispuesta a ayudar hasta a un extraño como McCall, que no solamente no es de este lugar, sino que saben que es estadounidense negro con poco conocimiento de su idioma, aunque fuerte, conocedor de armas, amable con lxs residentes, pero sin revelar alguna historia personal. Somos nosotrxs el público lxs que percibimos el peligro inminente y la reacción violenta de parte de McCall. Como siempre, los lugares escogidos para escondites y confrontaciones y los ángulos, rapidez o lentitud de la cámara, son espectaculares y hermosísimos dentro de su sangrienta coreografía. La apertura del filme en un viñedo, con cuerpos sangrientos a cada paso, da paso a una imagen de la silueta de un hombre en un espacio oscuro y vacío que nos recuerda al Denzel Washington de The Tragedy of Macbeth de Joel Coen en 2021.

Termino recordando tres filmes de acción donde Denzel Washington sencillamente resplandece, al igual que lo ha hecho en las tres secuelas de The Equalizer. Primero, Man on Fire, dirigido por Tony Scott en 2004, filmado en México, con una Dakota Fanning interpretando una niña de 9 años que John Creasy tiene que proteger; segundo, Deja vu, también dirigido por Tony Scott en 2006, donde el agente Doug Carlin acepta dar marcha atrás al tiempo para poder evitar un terrible acto terrorista. El tercero es Safe House, dirigido por Daniel Espinosa en 2012, donde Denzel como Tobin Frost, le da espacio casi protagónico a Ryan Reynolds, pero a fin de cuentas se mantiene como el centro del filme.

 

Encuentro del Pueblo de Dios – juntos en camino

 

Especial para En Rojo

La comunidad ecuménica de Taizé, en Francia, y otras 60 organizaciones ecuménicas, así como diversas federaciones de iglesias evangélicas, invitan a jóvenes de todo el mundo a unirse en oración y vigilia en un proyecto llamado Togheter (juntos). Se trata de un proceso de diálogo y un camino común que jóvenes de entre 18 y 35 años están llamados a emprender. Mientras se abre en Roma, el 4 de octubre, la primera sesión mundial del Sínodo de los Obispos sobre el camino de sinodalidad que debe seguir la Iglesia, grupos de jóvenes de los más diversos tipos, sea miembros de la Iglesia, sea de la sociedad civil, están invitados a reunirse para ensayar caminos de unidad y de paz de la humanidad, en el cuidado de la Madre Tierra, nuestra casa común.

El inicio de este proceso tendrá lugar el sábado 30 de septiembre y ha sido convocado por el Papa Francisco. El domingo 15 de enero de este año en Roma, al final del rezo del Ángelus, el Papa Francisco anunció que los trabajos de la próxima asamblea del Sínodo de la Iglesia católica estarán precedidos por una vigilia ecuménica de oración, que se celebrará el sábado 30 de septiembre en la Plaza de San Pedro. Afirmó: «El camino de la unidad de los cristianos y el camino de la conversión sinodal de la Iglesia están unidos. Aprovecho la ocasión para anunciar que el sábado 30 de septiembre se celebrará una vigilia ecuménica de oración en la Plaza de San Pedro, en la que confiaremos a Dios los trabajos de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos. Para los jóvenes que acudan à la vigilia, habrá un programa especial durante todo el fin de semana, animado por la Comunidad de Taizé. Invito a los hermanos y hermanas, jóvenes de todas las confesiones cristianas, a participar en este «Encuentro del Pueblo de Dios»».

Esta vigilia ha sido preparada durante varios meses por representantes de unas 50 organizaciones y entidades de diversas Iglesias y de carácter ecuménico. Mientras que jóvenes de entre 18 y 35 años de toda Europa se reunirán la noche del sábado 30 de septiembre en la Plaza de San Pedro de Roma, las organizaciones implicadas en este proyecto Together proponen que jóvenes y adultos se reúnan en las más distintas regiones del mundo de Dios, en vigilias de oración y de marcha para formar una red de energía de amor y de paz que inunde el mundo.

En la oscuridad de nuestras noches, encendamos velas que simbolicen la luz para los caminos que tenemos por delante. Así podremos asumir la profecía del proyecto divino de Paz y Justicia de forma no violenta, empezando por la organización de pequeñas comunidades de Pastoral Juvenil, redes ecuménicas de jóvenes o grupos independientes que puedan ser células y laboratorios que ensayen un mundo nuevo posible.

Quien desea seguir la información sobre la vigilia en Roma, consulte: https://together2023.net/pt/info-page/genese-do-projecto/

Si desea inscribirse, aquí tiene el sitio para hacerlo:https://together2023.net/pt/info-page/carta-de-inclusao/

En este momento del mundo, para enfrentar los desafíos actuales, guerras, conflictos y divisiones que hieren a la familia humana, necesitamos escuchar los gritos de los pueblos crucificados por el Capitalismo y por la inhumanidad de las élites que se apoderan de los bienes de toda la tierra.

Es el Espíritu de Dios, la Ruah Divina, quien nos llama y nos abre un camino para avanzar con Cristo, como compañeros de viaje, junto a la multitud de excluidos que viven en los márgenes de nuestras sociedades. En este camino, en un diálogo que reconcilia, queremos recordar que nos necesitamos unos a otros, no para, juntos, ser más fuertes, sino como contribución a la paz en la familia humana. Juntos, queremos escuchar los gritos y gemidos de la Madre Tierra. Así, podremos caminar juntos como pueblo de Dios, profecía de una humanidad reconciliada y unida. Y entonces experimentaremos la verdad de lo que escribió el Apóstol Pablo: «Donde está el Espíritu de Dios, allí hay libertad» (2 Cor 3,6).