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Será Otra Cosa- Carta al Dr. Alonso

 

Especial para En Rojo

Dr. Alonso, Psiquiatra.

Hola, Doctor:

Supongo que le parecerá raro, o quizás no, recibir por correo tradicional y no por email, la carta de una completa desconocida. No sé cuál de las dos cosas le parezca más extraña. De todas formas, lo que quiero decir, es que por más conveniente que resulte la tecnología para la comunicación y la preservación del medio ambiente, yo no confío en el ciberespacio. Pero fíjese: al menos el papel y el sobre que he usado son ecológicos, o más bien reciclados, que no es lo mismo. En fin, ya se habrá percatado de que me refiero a que, para su carta, usé la otra cara del folio en que esta mañana practiqué unos trazos y garabateé algunas imágenes antes de decidirme a escribirle. Practico mi caligrafía porque todavía, después de tanto tiempo, algunas letras no me salen bien. Por ejemplo, a veces la ‘a’ parece una ‘u’, y la ‘s’ me queda muy rígida, más que una serpiente parece el rayo que lleva Ziggy Stardust (la andrógina alienígena estrella de rock personificada en los años setenta por David Bowie) pintado en la cara. El sobre lo hice yo, me gustan las manualidades, y el bolígrafo con que escribo, lleva la tinta de mis lágrimas. Bromeo, es tinta dizque normal, química. Bueno, el caso es que, recalco, no nos conocemos de nada, pero ante la situación de incomodidad en la que me encuentro, consideré saludable comunicarme por si pudiera darme usted algún consejo, el que sea, que me ayude a sobrellevar lo que me está pasando. Verá, soy una persona que bien pudiera usted decir que piensa tonterías, cosas sin importancia. Pero no me adelanto, ya me dirá, ahora cuando le cuente, si soy yo o no una de esas personas que pierden el tiempo pensando en pajaritos preñaos. Aunque, no se lo negaré, la verdad es que pienso a menudo en esos pájaros y me enternecen. La cosa es que me la paso dándole a la máquina del pensamiento sin conseguir apagarla nunca y, obviamente, eso tiene unas consecuencias que no siempre son las mejores, ¿sabe? Bueno, no sé ni por qué le pregunto; supongo que sabrá usted mejor que yo, porque lo único que sé bien, es que no soy la única en el mundo con estos padecimientos (en esto me considero del montón, como en casi todo lo demás) y que, cuando se harta de ellos, en el mejor de los casos, termina yendo a donde usted.

Aprovecho para decirle que yo no fui a verlo porque no tengo plan médico, y cuando intenté sacar cita, y su secretaria me dijo lo que cobraba por una consulta, desistí. En mi situación, ir sería cosa de locos; sería o pagarle a usted por media hora de monólogo o asegurar la mitad de la renta del cuarto en el que vivo. Entonces, aquí la carta. Le decía que por andar dale que dale a la cabeza a veces no duermo, no como o como poco, quizá algunas galletas de jengibre, mis favoritas, durante el día, o un vaso de leche de almendras por la noche a la hora de irme a la cama a mirar el techo. Antes bebía vodka con agua, pero lo he dejado porque me da acidez, y con ello aumentan mis pesares y pienso el triple de lo que comúnmente pienso en el tema de la muerte, que, por cierto, ya me tiene bastante aburrida. Es que ese asunto sí que ya viene resuelto desde nuestro nacimiento: cuando la muerte es, nosotros no somos y cuando nosotros somos, la muerte no es. ¿Estará usted de acuerdo en esto con Epicuro? ¿Será usted también un cerdo de la piara de Epicuro, doctor? Ojalá que sí, me caería mejor. Aunque a juzgar por lo que cobra, lo dudo; ya me parece usted más un cerdo capitalista que uno epicúreo. Pero a estas alturas tendré que hacer una concesión para poder contarle lo que me pasa sin sentir que se burlará de mí. Intentaré pensar en usted con simpatía. Claro que no con tanta como la que por ejemplo siento por Nemesio Canales, a quien sus enemigos, algunos próceres macharranes del país, le llamaban «la cerdita de Jayuya», más que porque reconocía y defendía los placeres sencillos de la vida, por ser un hombre sensible, o digamos de una masculinidad no tradicional, distinta de la masculinidad «tóxica» del patriarcado. La suya, le permitía derivar placer de las cosas en apariencia simples, disfrutar de las tardes de retreta, de los paseos por el campo, de las flores y las aves y hablar de ello sin vergüenza; le permitía abogar por los derechos de las mujeres y verlas como iguales. De ser usted así, sensible, moderno, capaz de valorar y hallar felicidad en las pequeñas grandes cosas, de seguro comprenderá fácilmente lo que me pasa y podrá darme el consejo que necesito para aceptar de una vez que los otros no me acepten como soy. Resulta que soy tan pequeña que aún casi ni andar puedo. De todas formas, me dicen, como animándome, que pa’ pichón mucho he volao’. Que me digan eso, casi siempre me da risa, pero a veces, me hace sentir mucho, muchísimo más pequeña y no en el sentido en que realmente lo soy.

Por eso, un día decidí comprar una libreta, también pequeña, y comenzar a contar la historia de mi pequeñez. Nací en un sueño en el que pasaba frente a la vitrina en la que por primera vez me vi pequeña. Después de un momento contemplando incrédula la imagen que reflejaban los cristales, decidí volver a emprender la marcha. Reparé en mi andar de hormiga, que no tenía nada que ver con la velocidad acelerada de mis pasos sino con mi obstinación por, a pesar de todo, seguir andando rumbo a ser la más pequeña. Entonces, no lo dudé: supe que era yo un ser imaginario, de esos que existen y viven mejor dentro de su propio pensamiento, y acepté mi condición sin lamentos. Desde entonces, casi involuntariamente, reduzco cada vez más mi ámbito y procuro comprobar una y otra vez que no me encuentro escondida en algún lugar fuera de él. ¿Se imagina, doctor, la angustia con la que vivo en este mundo de gente que sólo quiere ser grande?

¿Me responde, sí?

Yo, la más pequeña.

 

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¿Personajes o personas?

 

 

Especial para En Rojo

 

En la literatura puertorriqueña hay personajes icónicos  que se han convertido en inolvidables. Algunos han sido llevados al cine como los que presenta Abelardo Díaz Alfaro en sus cuentos de Terrazo que fueran filmados magistralmente por Luis Molina Casanova. En “El despedidor de duelos” se destacan los actores José Miguel Agrelot (Don Cholito) y Chavito Marrero.  Jacobo Morales  es el actor que encarna al popular maestro Peyo Mercé.  Algunos son personas reales ficcionalizadas como el doctor Francisco Rufino de Goenaga que sale en el cuento de Vanessa Vilches titulado “La casa de la memoria”. En él se representa al alienista director del Asilo de Beneficiencia y Manicomio de Puerto Rico quien comenta los problemas de la institución durante las dos primeras décadas  del siglo XX y las formas de trabajar médicamente a “los locos”, exponiendo de esta  manera parte de las creencias médicas de su tiempo.

Otro extraordinario ente ficticio es el de Isabelo Andújar, detective afrodescendiente que es el personaje principal de las novelas de Wilfredo Mattos Cintrón, quien transita por las calles de Río Piedras cercanas a la Plaza de Mercado, lugar por donde recorren por igual los deambulantes que habitan en la zona periférica de Capetillo en la que vemos el rostro alterno de la ciudad. El detective del novelista Edgardo Rodríguez Juliá ha sido llevado al cine con su obra Sol de medianoche dirigida por Douglas Sánchez, ambientada en concordancia con la criminalidad y crueldad que vivimos en el capitalismo caníbal. Otro  fascinante  detective, esta vez el sicópata Gabriel Marte, es el de Marta Aponte Alsina en su libro Fúgate.

La obra de María Zamparelli nos sorprende con un personaje femenino que llega al llamado nuevo mundo en el primer viaje de Cristóbal Colón: su hija que zarpa con él disfrazada, dándole una mirada femenina a la travesía que llevaría al mundo europeo al encuentro con los que serían llamados caníbales del Caribe.  La colonización comenzó por el archipiélago antillano nos recuerda la autora.

En los últimos tiempos  han surgido nuevos sujetos en la literatura puertorriqueña como el joven emigrante de la narración Barrachina de Manolo Núñez.  Tal vez los  libros de Rafael Acevedo y el de José Lee Borges titulado  Los chinos en Puerto Rico han contribuido a develar nuestros lazos con el mundo oriental influyendo en el quehacer literario. Junito de Luis Negrón tiene un personaje que se debate entre su homosexualidad y su identidad puertorriqueña porque la falta de aceptación le llevó a considerar emigrar del país.

Violeta Cruz, patóloga forense, embalsamadora, fervorosa del Internet, escritora y apasionada del bolero fue creada por Marta Aponte Alsina y “reside” en la novela Sexto sueño. Amante también del saber, conocía a los muertos desde pequeña en sesiones de espiritismo en las que aparecía Ramón Emeterio Betances , emblema de las luchas por la liberación de las Antillas, con sangre negra en sus venas, muerto que aparece entre los vivos de esta ínsula.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gilberto Santa Rosa encanta al público con una noche “auténtica”

"Un montaje pintoresco, 15 músicos y el ánimo del oyente dieron vida a las piezas de Santa Rosa". Fotos José Rodriguez/ Especial para CLARIDAD

 

El salsero, que interpreta el género tropical hace más de 45 años, cantó decenas de temas clásicos y nuevos

 En Rojo

 Con un timbre de voz que pareciera no caducar con los años y acompañado por el estruendo de una banda compuesta de “una mezcla entre veteranitos con juventud”, Gilberto Santa Rosa embelesó al “público bailador” boricua, en su reciente concierto “Auténtico”. El evento, que forma parte de la nueva gira del “Caballero de la Salsa”, no escatimó en deleitar a la audiencia entre palos noveles y clásicos preciados.

Un montaje pintoresco, 15 músicos y el ánimo del oyente dieron vida a las piezas de Santa Rosa, que variaron desde “La agarro bajando” (2001) hasta “Déjame sentirte” (1988). Para entonar el concierto, un breve estrépito orquestal musicalizó un vídeo inicial, que destacó datos de la vida y carrera del cantante, nacido un “21 de agosto de 1962” (Yo soy, 1991).

Coliseo Jose Miguel Aglerot Concierto Gilberto Santa Rosa “Autentico”. Fotos José Rodríguez

“Venir a la casa y estar en la casa es una satisfacción muy grande”, expresó el salsero de 61 años. Además, confesó que, hace un tiempo atrás, no imaginaba presentarse en el centro multitudinario más grande del país, cosa que cumplió por segunda vez.

En junio de 2021, Santa Rosa fue el primer artista en presentar un concierto en el País tras la pandemia.

Durante la noche, las risas, que son sinónimas de la buena rumba, no se ausentaron. “Horita canté “Un montón de estrellas”. Yo recuerdo con cariño y simpatía que, cuando grabé esa canción, los ejecutivos de las disqueras armaron un lío y me llamaron la atención porque decir ‘idiota’ en una canción era muy fuerte”, narró el artista. Entre el público, las carcajadas y los cuchicheos de ironía contagiaron al bullicio, que solo cesó cuando la banda tocaba.

Los temas de una vida en el soneo

Bailando con la fluidez de un cocolo cualquiera, “Gilbertito” presentó, engabana’o como acostumbra, una plétora de temas de toda su carrera.

“Quiéreme” (2018), “Desayuno” (1988), “No me dejes solo” (1990) y “For Sale” (2022), entre otros temas afinaron el tono caballeresco de Santa Rosa. Desde la arena hasta las graderías, no hubo suelo que no quedara transformado en una pista de baile.

Mayormente, las canciones se organizaron en melodías mezcladas, que fluctuaron de tres a cinco canciones por partitura. Entremedio, el salsero amenizaba el ambiente antes de su próxima canción, como hizo previo a cantar los boleros “Amor para la historia” (2012), “Mentira” (2001) y “Si te dijeron” (2002).

Las muestras de aclamación, que no parecían poder sonar más fuertes, reventaron entre aplausos, silbidos y gritos cuando el notorio soprano de “Conciencia” (1991) se escurrió entre los oídos del público. Por igual, el interludio de la trompeta en “Perdóname” (1990) animó hasta al que menos bailaba.

Para sorpresa de la audiencia, Santa Rosa cantó su nuevo tema “Vamos a ver”, un bugaloo que incluyó la interpretación de bailarines profesionales.

Los metales, vientos, percusión y cuerdas se encargaron de melodizar los éxitos  del sonero.

Los corista Michael Pérez, Michelle Brava, Dino Ramirez y Gilberto. Foto: José Rodríguez

.Los músicos que forman parte de la banda de Santa Rosa son: Michelle Brava (corista), Rebeca Zambrana (trompeta), Georgie Torres (trombón), Saviel Cartagena (flauta y saxofón), Pedro Marcano (trompeta), Anthony Rosado (trombón), Francisco “Paquito” Cruz (bongó), Rafael “Tito” Echevarría (timbales)- exmiembro de la orquesta de Willie Rosario-, Pete Perignon (percusión, nominado a un latino grammy), Gerardo Rivas (congas), Luis Marín, Johnny Torres, Juan Carlos Vega, Michael Pérez y Ginno Ramírez.

Saludó a sus amigos entre coros

Con su tradicional”mira quién llegó, quién está ahí; qué bueno que me vino a ver”. Con esa rima, Gilberto Santa Rosa le dedicó soneos a sus amistades y colegas invitados.

A Ismael Miranda- quien sufrió complicaciones del cerebelo- le regaló las rimas “Desde que llegué, me dijo la banda ‘Gilbertito, ponte duro’, que por ahí está Ismael Miranda”. Aparte del “Niño bonito”, improvisó para Chucho Avellanet, Cuco Peña, Otilio Warrington “Bizcocho”, Luis Vigoreaux, Alexandra Fuentes y otras figuras públicas que asistieron al espectáculo.

Homenaje al Gallo salsero Tito Rojas. Foto: José Rodríguez

Hubo un amigo que no estuvo presente, pero que recibió su debido saludo. Los vídeos musicales del tema “Por la calle del medio”, pieza que fue grabada meses antes de la muerte de Tito Rojas en 2020, encarnaron un tipo de dúo dedicatorio para el “gallo salsero”, quien falleció de un ataque al corazón. Al final, un retrato de la picardía de Rojas recibió la ovación de una audiencia solidaria y enternecida por el homenaje.

Tras 24 canciones interpretadas, los mensajes de agradecimiento y las súplicas por otra canción, Gilberto Santa Rosa despidió la noche con “Qué manera de quererte” (1993), con la discreción de un caballero y el timbre indiscutible que lo identifican como un baluarte de la salsa romántica.

 

Hostos decolonial

 

Francisco J. Concepción Márquez

 

La obra que nos convoca esta noche es la oportunidad para confrontar la voz del pasado en la personalidad de Eugenio María de Hostos. Lo interesante de esta reflexión es que se trata de un Hostos inédito para nosotros. A Hostos lo hemos encasillado en la voz de un educador, de un político, y tal vez, en menos ocasiones, en la voz de un activista, pero normalmente no vemos a Hostos relacionado con el ámbito del derecho. Esa voz, la voz del derecho en Hostos, ha sido silenciada por la apatía, el miedo o simplemente la desidia.

Hostos abogado constitucionalista tal vez es una referencia a la que podemos estar abiertos, pero Hostos abogado penalista es más difícil imaginárselo. Es cierto que no se trata, el dominio del derecho penal de Hostos, de una forma de articular su práctica jurídica, ya que no la tuvo, sino de la oportunidad de un pensamiento profundo acerca de la legalidad que se construye sobre la experiencia del expatriado, del colonizado y del luchador por la igualdad y la moral.

Esa incitación a la moralidad es otra forma de articular el recuerdo de Hostos en la memoria colectiva. La moralidad que el mismo texto menciona en su sección III donde Hostos articula el análisis del derecho penal desde la perspectiva de la moralidad que se entiende como la materia que se ocupa de que “los hombres individuales y colectivos realicen su naturaleza o, en otros términos, que sean real y efectivamente hombres”. (343)

Una moral que permite al ser humano ser lo que es, supone una conformación con el ideal de la libertad que se articula en función del pleno desarrollo humano. Esta es una concepción humana abierta y flexible, que permite pensar a la sociedad en función del objetivo de la existencia dirigida a la plenificación de la naturaleza humana. En Hostos, entonces, esta naturaleza sería el ámbito en el que el derecho penal incide para comprender cómo es que la sociedad piensa lo que es el crimen, cuales son las razones del crimen y cómo confrontar el crimen en nuestras sociedades.

Este libro, en palabras del Dr. Julio Fontanet, autor del prólogo, es un acto de rescate. Afirma Fontanet que el Lcdo. Carmelo Campos, “ha rescatado reflexiones, pensamientos y escritos de gran envergadura” de Hostos. Este rescate es el arte fundamental de la historia. La historia es el ejercicio del recuerdo, la memoria, ejercido en función de la construcción de la identidad que se percibe difuminada por la condición colonial y que, por lo tanto, se ejerce en función de la liberación de una tierra que ha sido subyugada por el poder metropolitano. Esta memoria rescatada es la forma de hablar de un pasado que pudo haber sido pero que fue interferido, o de un pasado que ya fue pero que quiso, intentó, ser otro diferente. Rescatar la memoria de Hostos, rescatar sus reflexiones sobre el derecho penal, es una oportunidad para pensarnos, pensar lo que hemos llegado a ser, desde el ámbito de las víctimas del delito, de las voces que ha sido apagadas por la violencia. No es casualidad que sea el Lcdo. Carmelo Campos, activista de derechos humanos, ardiente opositor de la pena de muerte y quien se ha destacado en la defensa de las víctimas del crimen quien se haya dado a la tarea de rescatar esta memoria de Eugenio María de Hostos.

El libro consta de un prólogo escrito por el Decano de la Escuela de Derecho de la Universidad Interamericana de Puerto Rico, quien fuera presidente del Colegio de Abogados y Abogadas de Puerto Rico, Julio Fontanet. La introducción del libro, que en si mismo es un libro, escrita por el Lcdo. Carmelo Campos nos coloca en posición de comprender la aportación trascendental de Hostos en el ámbito del Derecho Penal, pero también de la evolución de la reflexión acerca de esa área del pensamiento hostosiano. Las tres partes del libro constan de las reflexiones realizadas en el ámbito de las lecciones de derecho penal de Hostos, sus escritos periodísticos, una de las partes más sorpresivas del libro, y una sección acerca de las reflexiones interdisciplinarias de Hostos.

La primera pregunta que le he hecho a este texto, pensándolo como una forma de guiar mis propias preocupaciones luego de los asesinatos de Nahia Paola Ramos López y de Tanaisha Michelle De Jesús Curet, de 13 y 15 años respectivamente, es la pregunta sobre la naturaleza del delito.  ¿Qué es el crimen? ¿Cómo delimitamos las conductas que clasificamos como delitos? ¿Cuáles son los criterios que una sociedad debe utilizar a la hora de pensar el delito? Hostos, sabio como es, me respondió con una afirmación que es simple y abarcadora. “Si el crimen es una enfermedad, debe ser el fin primordial de la ley el remediarlo”. (288)

Entonces Hostos nos invita a pensar el delito como algo diferente a un acto de maldad. No hay una ontología religiosa subyacente a la reflexión hostosiana. El crimen es una enfermedad, una forma de manifestar una anomalía, un mal que es fruto de una imperfección. El crimen como enfermedad es un reto para la sociedad que no tiene más función que la de encargarse de remediar, de curar, de sanar. Es el deber de volver a la salud lo que se vislumbra en la definición del crimen como enfermedad. No es una responsabilidad única del delincuente, es una responsabilidad social. Es una sociedad la que está llamada a darle vida, es el colectivo el que es responsable, y la preservación de la vida, la de estas niñas que he mencionado, es responsabilidad del colectivo, de la sociedad.

Hostos anuncia un derecho penal que no está montado cobre el castigo. Si es responsabilidad de la ley remediar la enfermedad del crimen entonces se pregunta, “¿se cura castigando?”, a lo que responde, “pocas veces”. No es el castigo el centro del derecho penal. No es la pena el fin en si mismo de un sistema que debe servir como instrumento para que la sociedad, el colectivo, sane la enfermedad del crimen.

Como si vislumbrara la pesadilla de los sistemas de represión penal privados Hostos afirma que el “poder de penar es tan formidable que de ninguna manera debe consentir la sociedad en delegarlo sin previamente definirlo, limitarlo y precisarlo de tal modo que sea absolutamente imposible trasponerlo o usurparlo sin incurrir en delito de lesa soberanía”. (169) Es el estado el llamado a definir el delito en función de lograr un sistema que sea justo y que, de tal manera responda a las necesidades colectivas, que violarlo sea un crimen contra la soberanía, que es el fundamento del sistema del que hablamos. Hostos, desde esta perspectiva, piensa en un sistema que responda a las visiones de la sociedad que no abusa, no impone y no reprime sin causa real. Por eso definir el delito como parte de la función del estado es tan importante.

Ya que el delito, el delinquir, es un acto social y que la sociedad tiene una responsabilidad en cuanto a la posibilidad de la comisión del delito, Hostos afirma que la pena debe cumplir con un fin colectivo. “El fin de la pena no es la expiación del crimen”. (330) Es la rehabilitación del delincuente el objetivo del sistema penitenciario. Se pena para que el criminal pase de un estado de inconciencia al de conciencia. Este pasar a la conciencia del crimen sólo es posible con la condición de que “viva el malhechor”. (330) Siendo las sociedades latinoamericanas, asediadas por el pasado colonial, una civilización incompleta, la abolición de la pena de muerte es un imperativo ya que no cumple con el fin social de la pena, de que haya un proceso de rehabilitación del criminal, del malhechor como le llama Hostos, ya que “el ser humano se civiliza, porque adquiere el conocimiento de sus derechos y de sus deberes, y porque adquiere el convencimiento, ya por experiencia, ya por razonamiento, de que fuera del derecho respetado y del deber cumplido no hay posibilidad de vida civil”. (330)

Es la ley la que posibilita la existencia de un orden civil, de una sociedad, de un colectivo que se experimenta y entiende como responsable o corresponsable de la seguridad del ser humano. Es por esto por lo que Hostos afirma que “no existiendo ni código civil, ni código penal en vano se buscará la seguridad del ciudadano ante la ley”. Es la ley codificada, establecida, delimitada, la que posibilita que el ciudadano tenga seguridad y libertad. Es por ello por lo que definir el delito es una responsabilidad tan importante en una sociedad que pretende ser civilizada. El juez, en una sociedad sin ley, donde es su discreción la que articula la aplicación de la norma, deben ser “hombres sin tacha, jurisconsultos sabios, corazones rectos y almas justiciera.” (305)

El sistema de justicia manipulado por la discreción individual de un juez es un sistema abocado a la injusticia. Es por ello por lo que Hostos dice que un juez “es en Puerto Rico jerárquicamente una potencia: dispone de la tranquilidad, de la hacienda y de la vida de las familias”. (305) Hablando sobre los jueces afirma que, considerando el poder que tienen en una sociedad colonial “si es un hombre inteligente y bueno, es el Dios de sus administrados; si es ignorante, perverso, interesado y venal, es un demonio”. (305)

Es el estado, la colectividad, desde la visión hostosiana, el llamado a asegurar que los ciudadanos vivan en un sistema donde el crimen no sea posible. La criminalidad es prevenida por medio de la existencia de un sistema de justicia justo, donde los ciudadanos estén seguros, donde la vida, la hacienda y la tranquilidad de todos esté asegurada. Hostos así lo afirma cuando escribe que el “buen gobierno contribuye a prevenir la criminalidad haciendo efectiva la administración de la justicia”. (185)

Mientras que el buen gobierno contribuye a prevenir el crimen con la administración de un sistema de justicia efectivo por otro lado el colectivo tiene otra importante tarea a la hora de asegurar la vida de los ciudadanos y de prevenir la criminalidad. Hostos afirma que la “instrucción contribuye a prevenir la criminalidad en cuanto contribuye a aumentar la racionalidad y a corregir los errores que la pasión y el interés espolean y que concluyen por manifestarse en delitos más o menos graves”. (185)

Así que la prevención de la criminalidad tiene dos elementos, dice Hostos. Educar y administrar un sistema de justicia efectivo. Esas dos vertientes son el fundamento de un acercamiento salubrista, como se le llama hoy, al problema del crimen. El crimen entendido como un reflejo de un mal mayor, que sólo es prevenido con una administración de justicia adecuada y un sistema educativo efectivo. Hostos es relevante, como afirma el Dr. Julio Fontanet.

La pregunta que queda es si un sistema de justicia como el nuestro, anquilosado en judicaturas hereditarias, apellidos de alcurnia y la pleitesía colonial del “su señoría”, “vuestro honor”, o el casi apropiado “your majesty”, estaría abierto a implementar las ideas de un Hostos decolonial que nos libera de la atadura con el pasado monárquico y nos impulsa a pensar el problema criminal desde perspectivas democráticas y liberadoras.

Agradecemos al licenciado Carmelo Campos por este trabajo de rescate y por bridarnos la oportunidad de ser interpelados por un Hostos desconocido y radical.

 

Presentación del libro Antología Jurídica de Eugenio María de Hostos, Vol. I, Derecho Penal, Carmelo Campos Cruz, editor el 11 de agosto de 202, en el Anfiteatro del Archivo General de Puerto Rico