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Otros Betances: intersecciones y fronteras

 

 

Fronteras

En su libro El mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II (1949) Fernand Braudel llamaba la atención sobre la relevancia de la “fronteras culturales”1. Aquel no era un concepto vacío o divorciado de la materialidad. Braudel, un escritor excepcional y un maestro de la interpretación socioeconómica, las figuraba como un lugar con ramificaciones geoambientales, registro sobre el cual apoyó muchas de sus indagaciones, que fijaban los límites entre dos espacios precisos. En su libro evaluaba la función de ciertas “fronteras físicas” en la edificación de las “fronteras culturales”. El proceso era complejo: elementos de la materialidad y la inmaterialidad se combinaban en la arquitectura de esos confines imaginados y ambiguos. Aquellos eran lugares de cruzamiento y mestizaje cuyo resultado siempre era problémico, celebrado por unos y condenado por otros. Ocasionalmente las calificó con el adjetivo de “cicatrices”.

 

En su modelo Braudel marcaba el papel de los ríos Rin y Danubio como linderos entre dos Europas distintas por la voluntad de la discursividad histórica de una de aquellas: Europa Occidental y Oriental. A las distinciones en cuanto al lugar que ocupaban cada una de las Europas en relación con el amanecer y el ocaso, se agregaban otras que diversificaban el contraste y la oposición entre el “yo” y el “otro”. La “mismidad” y la “otredad” son lugares cargados de equívocos, siempre relativos a la situación del que mira y enjuicia. Las “fronteras culturales” precisaban la posición entre “nosotros” y “ellos” a la vez que saciaban ciertas necesidades espirituales y simbólicas a la hora de la definición de una identidad colectiva egoísta.

Las discrepancias de los mundos marcados por el Rin y el Danubio provenían de la Antigüedad, habían sido sugeridas por la retórica de Heródoto mismo, y se reafirmaron a partir de los Descubrimientos Geográficos y la Reforma Evangélica. Después del 1949, cuando Braudel escribía, adoptarían tesituras ideológicas vinculadas a dos modelos económico-sociales opuestos. Lo cierto es que Occidente y Oriente siempre han sido concepto transeúntes, tornadizos y frágiles: si en la Edad Media se distinguían por una peculiar formulación del cristianismo (heterodoxos y ortodoxos), durante la Guerra Fría chocaron a la luz de su organización material (capitalistas y socialistas).

Todo sugiere que aquellas fronteras, lindes o límites nunca fueron impermeables. El historiador cultural Peter Burke ha sido insistente en cuanto al asunto de que el hibridismo horizontal y vertical siempre ha sido ineludible.2 La evitación del impacto del “otro” en el “yo” y la protección de la castidad es una quimera. A pesar de la voluntad puritana y maniquea que ha animado a numerosos observadores en la evaluación de los contrastes que se hacen visibles en las fronteras, la penetración de los valores y prácticas de uno en otro, voluntaria o impuesta, deseada o rechazada, siempre ha sido significativa y, en cierto modo, enriquecedora para los involucrados. La absorción total de una parte por la otra, así como la subsistencia pura y prístina de aquellas es una utopía. La dinámica de las culturas lo impide.

El hecho de que el algún momento ciertos elementos de las partes motejaran el cruzamiento como una patología maligna o un contagio del “yo”, no desmiente la afirmación. Las oposiciones imaginadas, antinómicas para algunos, nunca imposibilitaron el hibridismo. Los historiadores culturales aceptan que las “fronteras culturales” son lugares de encuentro o “zonas de contacto” ideales para la elaboración de prácticas “híbridas” de todo tipo. El hecho de la inevitabilidad del mestizaje no lo hace democrático. Algunos rasgos integrados son resultado de la “libre selección” mientras otros son impuestos de manera jerárquica y adoptados a regañadientes. Con eso en mente quiero mirar brevemente el lugar las fronteras en el imaginario de Ramón E. Betances Alacán (1827-1898).

Otras fronteras: 1898, España, Las Antillas

El 1898 es una de esas “fronteras culturales”, es decir, un punto de “encuentro” entre dos culturas asimétricas materializado a través de una guerra. La confrontación entre el decadente Reino de España y el emergente poder de Estados Unidos no comenzó en el 1898 ni fue una eventualidad inesperada. La historiografía tradicional, geopolítica y socioeconómica del conflicto así lo ha reconocido. El interés hegemónico de Estados Unidos en el Gran Caribe como frontera con el mundo Hispanoamericano, debía mucho a la Doctrina de James Monroe (1823) y a la consolidación de las independencias políticas de las Repúblicas del Sur entre 1829 y 1833. Según he aclarado en un escrito en torno a la figura de Antonio Valero de Bernabé (1790- 1864), los intereses estadounidenses y británicos tuvieron mucho que ver con el olvido del “compromiso bolivariano” con la separación de las Antillas.3 El realismo político de aquellas limitó el respaldo a la soberanía de las Antillas españolas.

Un elemento que pospuso la materialización del control de Estados Unidos fue el reto de la expansión hacia el oeste, un proceso iniciado con la compra de Lousiana en 1803 y que culminó con la cesión mexicana de 1848 y la adquisición de La Mesilla en 1853. Con ello se combinaron las exigencias de una nueva fase de su revolución industrial iniciada tras la Guerra Civil (1861-1865) cuando la urbanización y el crecimiento del sector financiero, así como la inmigración, repuntaron. Curiosamente Estados Unidos recibía numerosos inmigrantes procedente de la otra Europa señalada por Braudel, la que estaba más allá del Rin y el Danubio.

A lo largo de todo el siglo 19, desde 1815 hasta 1868, la relación entre el mercado español y el estadounidense a través de Cuba y Puerto Rico, estimuló a ciertos sectores del capital criollo a especular sobre la posibilidad de separarse de España para ponerse bajo la protección o ser plenamente anexados de aquel país. Abonada por las relaciones materiales, había florecido una afinidad ideológica, llana o profunda, entre las elites que pronto desembocaría en la discursividad separatista anexionista. El republicanismo, uno de los proyectos más significativamente modernos del siglo 19, fue clave para la radicalización del anexionismo puertorriqueño. Pero también limitó mucho su alcance en un Puerto Rico en el cual una parte importante de la clase criolla seguía siendo monarquista de buena fe aún después del 1898.

Las partes involucradas en el 1898 no eran desconocidas la una para la otra. La clase criolla y los sectores de poder hispanos y extranjeros conocían a los estadounidenses a través de sus representantes de negocios y cónsules. La gente común comía harina y carnes saladas estadounidenses e, incluso, construían sus casas con maderas procedentes de aquel país. En Puerto Rico la retórica integrista conservadora española, utilizada en sus escritos por Pedro Tomás de Córdova desde 1831, tenía dos rostros. Por una parte, advertía al gobernador Miguel de la Torre cuánto debía cuidarse de ellos. Por otro lado, insistía en que la permanencia de las Antillas en manos españolas era resultado de los logros administrativos de aquél. Al ensalzar el éxito, la eficacia y la promesa de progreso cumplido que la hispanidad representaba para la isla, reconocía en el gobierno de Estados Unidos y sus aliados locales, los separatistas independentistas y anexionistas, un adversario al cual había que temer.4

Lo que compartían aquellos sectores era un anti españolismo radical que tuvo en la retórica de Betances Alacán el ejemplo más obvio. El intelectual de Cabo Rojo no solo desconfiaba de la capacidad de España para estimular un proyecto modernizador justo para Puerto Rico y Cuba sino que también abogaba por la desespañolización de su cultura y sociedad. Al evaluar su actitud muchos comentaristas se equivocaban. El anti españolismo betanciano no significaba que estuviese dispuesto a tolerar el control estadounidense de su país, postura de la cual lo acusaron durante la década de 1860 los conservadores al interior de Puerto Rico para los cuales la Insurrección de Lares había sido un infundio auspiciado por los “americanos”. Aquella representación fue retomada por un segmento de la intelectualidad unionista y republicana a principios del siglo 20 cuando los restos de Betances Alacán fueron traídos de París y homenajeados en 1920.5

No cabe duda de que su convicción separatista independentista no le impedía reconocer que Estados Unidos era una entidad más “progresista”, en el sentido que ello tenía en el siglo 19, que España. Pero por ello, también era potencialmente más peligrosa para los intereses materiales de los antillanos. La desespañolización que proponía no era un callejón sin salida romántico o una consigna vacía. La lectura de sus textos y la revisión de su praxis política sugiere que el proceso de desespañolización era el preámbulo de una (re)occidentalización de la cultura y la sociedad antillana más allá de lo que el decadente Reino de España podía garantizar. Después de todo, España no podía dar lo que no tenía. Pero también quedaba claro que ello no significaba dejarse seducir por Estados Unidos.

Betances Alacán, esta es una lectura plausible, coincidía con el novelista Alejandro Dumas (1824-1895) para quien, como para tantos intelectuales de la Europa Central, “África comenzaba en los Pirineos”. En términos culturales una “España africana”, en un sentido estricto, era una España morisca, arabizada. Su menosprecio a la hispanidad se sostenía, sin embargo, en un severo juicio político-cultural en torno al autoritarismo monárquico acorde con el espíritu de 1789. En la década de 1870 Betances Alacán, un crítico educado, asumía que si se quería “progresar”, Alfonso XII debía ser el Luis XVI de España. Nada más amenazante a pesar de que el tiempo de las guillotinas había pasado. Tácitamente reconocía la existencia de una Europa verdadera y otra falsa y asumía una “frontera cultural” cuya “frontera física” coincidía con el límite oeste del Imperio Carolingio o la vieja Marca Hispánica: los Pirineos que servían de pretexto a Dumas.

El reino que sojuzgaba a las Antillas no era parte de la Europa moderna y, bajo su control, las puertas del “progreso” estarían cerradas para ellas. Por el contrario, España se ajustaba más a la atmósfera social de dos entidades jurídicas retrógradas que ni siquiera eran europeas: el Imperio Ruso y el Turco.6 El europeísmo u occidentalismo del puertorriqueño se alimentaba por igual de un secularismo radical que desconfiaba del poder que poseían el discurso católico, ortodoxo e islámico en el engranaje de aquellos sistemas de gobierno. Las alianzas entre la clerecía y la aristocracia, frenaban el desarrollo de una conciencia ciudadana moderna.

Entre el proyecto modernizador estadounidense y el de la verdadera Europa el cual, a pesar de sus reservas durante la Era del Imperialismo, identificaba con Francia e Inglaterra, Betances Alacán sentía más simpatías por el segundo. Por lo menos eso sugiere su respaldo a un proyecto de inversión de capital de origen británico y francés para el desarrollo de la península de Samaná en oposición a cualquier plan análogo que dejara aquella estratégica región de la vieja Española en manos de inversores estadounidenses.7 El europeísmo u occidentalismo betanciano, una noción clave para su figuración de la confederación antillana, no era otra cosa que un arma contra la intervención de las fuerzas armadas y el capital estadounidenses en las islas.

La inversión de capital en la península de Samaná y la Mole de San Nicolás, había sido objeto de negociación por dos funcionarios anexionistas: el dominicano Buenaventura “El Jabao” Báez (1812-1884), presidente entre 1868 y 1874; y el haitiano Sylvain Salnave (1827-1870), presidente entre 1867 y 1870. En medio de la inflexión del 1868 y cuando aún no había madurado el confederacionismo antillano como un artefacto de la identidad colectiva y una alianza geoestratégica interinsular, aquellos estaban de acuerdo en ofrecer al capital estadounidense privilegios comerciales tanto en Samaná como la Mole de San Nicolás por consideraciones muy prácticas. La inversión de capital redundaría en el “protectorado” de Estados Unidos a las frágiles soberanías, la “media independencia” si reinvierto la retórica betanciana, de ambos países.

La situación era muy embarazosa. Las tensiones de República Dominicana con España, por cuenta del empeño en restaurar una parte de su imperio perdido durante la era del Romanticismo Isabelino; y las de Haití con Francia por razón de la deuda externa de la república con la vieja metrópoli, así como la emergencia de movimientos antigubernamentales liberales en ambos territorios, forzó a aquellos gobiernos a solicitar el socorro interesado de Estados Unidos. Las decisiones de ambos fueron hijas de la necesidad y no de la irracionalidad o afinidad emocional enfermiza con la cultura sajona. Pero así funcionaban las ideologías: las urgencias de seguridad en un momento dado, se reformulaban alrededor de un discurso que acababa por equiparar una alianza desigual con un pacto entre iguales, y la intervención interesada del otro con una forma de la libertad.

Aquellas negociaciones que al fin y al cabo no condujeron a ninguna parte, afectaron los intentos rebeldes de Yara y Lares en 1868. Al recabar apoyo para su causa en República Dominicana y Haití, Betances Alacán tuvo que negociar con la oposición en cada caso: Gregorio Luperón (1839-1897) y Nissage Saget (1810-1880), los cuáles poco podían hacer en nombre del estado nación que los había proscrito. Cuando aquellos ascendieron temporeramente al poder ya era muy tarde para la revolución en Puerto Rico.

Para Betances Alacán, europeísta y occidentalista convencido, las conexiones con el capital europeo constituían una garantía para la libertad que el capital estadounidense no podía asegurar: desconfiaba de la estrecha relación entre el capital y las fuerzas armadas en aquel país. Bueno, si acepto lo que afirman los materialistas históricos, el capitalismo es egoísta independiente de su vinculación nacional pero, después de todo el médico de Cabo Rojo no era materialista histórico. La postura de Betances Alacán, en cierto sentido cándida, sería insostenible en el presente. El pensador asumía que la independencia de las Antillas debía construirse a pesar de la opinión estadounidense, en contra de su grandes intereses hegemónicos y su intención de “absorberlas” económicamente, una de las puntas de lanza de los separatistas independentistas al criticar el anexionismo.8

Las Antillas debían favorecer las ambiciones de los antillanos, sus legítimos dueños. Ello requeriría alcanzar su soberanía por sí mismas con unión, fuerza y libertad, según el modelo discursivo de la “Joven Italia”. Para ello habrían de elaborar alianzas estratégicas fuera de la esfera del dólar y de los intereses militares estadounidenses. Desde la perspectiva cultural, las Antillas debían dejar de ser españolas y, en lo posible desespañolizarse a fin de redimirse de los rasgos retrógrados heredados de su metrópoli histórica. Pero el proceso tendría que asegurar que siguieran siendo europeas con el fin de evitar caer en las redes de la voracidad del capital estadounidense. El respeto a Estados Unidos como signo de progreso que Betances Alacán nunca ocultó, terminaba cuando ponía en riesgo la soberanía futura de las Antillas. Su lógica al tratar la táctica y estrategia de la cuestión antillana demuestra que para este pensador, si uso el lenguaje de Braudel, las Antillas constituían una “frontera cultural” marcada por una “frontera física”: el Mar de las Antillas y la cadena de islas.

Betances Alacán, vale la pena aclararlo, no era un romántico político. Reconocía el fracaso parcial de las soberanías de aquellos países pero rechazaba como solución la anexión neta o el protectorado de Estados Unidos. Los problemas que traía la “media independencia” haitiana y dominicana, podían solucionarse por medio de una racional y bien articulada confederación antillana, según maduró el concepto en el seno de las vanguardias antillanas posteriores al 1868 en medio del Sexenio Democrático español (1868-1874).

La confederación se refinó como teoría con varios fines. Primero, para mantener a Puerto Rico en la carrera por la separación e independencia dado el hecho de que Lares no había tenido los efectos de Yara. Segundo, para aplacar la injerencia estadounidense en las Antillas y el crecimiento del anexionismo o el proteccionismo neocolonial en las huestes separatistas y en las medias independencias. Y tercero, para devaluar las esperanzas de los liberales reformistas y autonomistas de que la relación de Cuba y Puerto Rico con España, dada la actitud de la Primera República, podía repararse.

Su pragmatismo lo distinguía, pero no lo oponía, a las concepciones el sociólogo krausopositivista Eugenio María de Hostos (1839-1903) y del poeta José Julián Martí Pérez (1853-1895). La Confederación de las Antillas debía constituirse como una “frontera política y cultural” eficaz entre el norte y el sur que excluyera la hispanidad por el bien de las islas y del hemisferio. La visión geopolítica betanciana, ausente de ilusiones, era transparente en ese sentido.

La consistencia de Betances Alacán en cuanto a ello fue notable. Entre los años 1882 y 1884 fungió como 1er. Secretario de la Legación Diplomática Dominicana en París ad honorem bajo la presidencia del dictador haitiano Ulises “Lilís” Hereaux (1845-1899). En medio de encargó visitó la República Dominicana en 1883 donde conservaba una rica relación política e ideológica con Monseñor Fernando Arturo de Meriño (1833-1906) y el General Luperón. En aquel contexto adquirió la ciudadanía dominicana y fue considerado incluso para la presidencia de la nación por los “azules”.

Sus gestiones económicas en Europa en nombre de la República Dominicana fueron consistentes con la evaluación que acabo de comentar. El diplomático y representante de negocios, Betances Alacán favoreció la fundación de un Banco de la República o Nacional. La idea chocaba con los intereses de los comerciantes y refaccionistas dominicanos y la “Juntas de Crédito” que controlaban el mercado prestatario en la “media independencia” con prácticas análogas a las que realizaba esa clase en el Puerto Rico colonial español. Un sistema monetario estable serviría para frenar su voracidad y, probablemente, para abaratar el costo del dinero y acelerar la circulación de capital y la inversión sanando el mercado dominicano. Su meta era asegurar la estabilidad monetaria y la autonomía del capital local ante los financistas extranjeros y los refaccionistas locales.

No solo eso. En una movida arriesgada, sugirió la utilización de la Bahía de Samaná para fundar un “puerto franco” y la ciudad comercial de San Lorenzo, que sirvieran de intermediario entre Europa y América a la luz de la futura apertura de un canal interoceánico por Panamá que entonces interesaba al capital francés. Para poblar la zona, además de la movilización de dominicanos, insistió en que se animara la emigración de extranjeros con capital, la fórmula mágica de la Cédula de Gracias de 1815, y se autorizara la creación de una colonia judía, una minoría perseguida en la Europa de su tiempo, en la región. A esos fines, fundó con Fereol Silvie, residente en el 11 de la Avenida de Villiers en París, una compañía que obtuvo una concesión por 99 años para crear el “puerto franco” y la ciudad de San Lorenzo en Samaná. Betances Alacán estaba claro en que sólo una burguesía estable comprometida con la nación y la antillanidad, aliada en condición de iguales con los adversarios del capital comercial y estadounidense, podrían moderar la presencia de aquel poder en las Antillas.

Aquella empresa era por demás interesante. En 1886 terminó el periodo de gracia para Betances y Silvie y el proyecto se canceló. Pero ese es un asunto al cual dedicaré una reflexión en otro momento.

 

1Fernand Braudel (1981) El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II (México: Fondo de Cultura Económica): 158-159.

2Peter Burke (2016) Hibridismo cultural (Madrid: Akai) : 64.

3Mario R. Cancel (1990) “El proyecto independentista de Antonio Valero de Bernabé” en Héctor R. Feliciano Ramos, ed. Antonio Valero de Bernabé: Soldado de la libertad. (San Germán: Universidad Interamericana): 113-145.

4Mario R. Cancel Sepúlveda (2011) “Historia oficial: Pedro Tomás de Córdova, Miguel de la Torre y el separatismo (1832)” en Puerto Rico entre siglos URL: https://puertoricoentresiglos.wordpress.com/2011/03/20/historia-oficial-pedro-tomas-de-cordova-miguel-de-la-torre-y-el-separatismo-1822/

5Mario R. Cancel Sepúlveda (2021) “Otros Betances: representaciones de un revolucionario en la prensa de principios del siglo 20” en Puerto Rico entre siglos. URL: https://puertoricoentresiglos.wordpress.com/2021/09/24/otros-betances-representaciones-de-un-revolucionario-en-la-prensa-de-principios-del-siglo-20/

6Ramón E. Betances Alacán (1876) “La culta España” en Haroldo Dilla y Emilio Godínez Sosa (1983) Ramón Emeterio Betances (La Habana: Casa de las Américas): 183-185. Versión digital en URL: https://documentaliablog.wordpress.com/documentalia-ramon-e-betances-alacan/

7Félix Ojeda Reyes (2001) “Betances en los documentos de la Colección Giusti” en El desterrado de París. Biografía del doctor Ramón Emeterio Betances (1827-1898) (San Juan: Puerto): 265-290.

8Todo sugiere que el tema de la “absorción” por el otro, fue objeto de debate entre separatistas independentistas y anexionistas a fines de la década de 1860 y principios de la de 1870, asunto que discutiré en otro momento. Véase “Documento N. 214. Gobierno Superior Civil de la Isla de Puerto Rico. Dirección de Administración. Número 224. Reservado. En A. H. N. Ultramar. Leg. 5110, Exp. 26, Doc. 14. (Mic. en C. I. H.).A. H. N. Ultramar. Leg. 5110, Exp. 26, Doc. 14. (Mic. en C. I. H.)” URL: https://documentaliablog.files.wordpress.com/2018/01/pavia_1868.pdf

 

En Reserva-La UPR del aguante

 

Especial para EN Rojo 

La semana pasada tuvimos una reunión de facultad del área de Artes en un recinto hermoso de la UPR, donde nos explicaban la cruda realidad de la baja estudiantil y los programas (como el mío de Estudios Hispánicos) que estaban en peligro de desaparecer. Fue una reunión muy bien intencionada para motivarnos a cambiar estrategias de reclutamiento y así atraer más estudiantes. Nos motivaban a renovar currículos para atender rezagos y buscar maneras de retener al estudiantado en nuestros programas académicos y en nuestro recinto. Hubo diálogo y algunas propuestas, incluso salimos con algunas actividades en mente durante el verano, para atender la crisis de la baja estudiantil en varios recintos del área.

Salimos con un peso gigante sobre los hombros que se mezclaba con la sobrecarga laboral que tenemos: los tantos comités en los que participamos, todo lo que hay que corregir al final de semestre y la continua preocupación de si tendremos trabajo y retiro al final del camino. Mientras hablaba con otras compañeras sobre lo abrumadoramente frustrante que es la situación que vivimos en la UPR, empezamos a explotar. Estamos llenas de trabajo, preocupaciones y deudas. Ahora se nos pide también mayor creatividad académica, se nos pide asumir tareas adicionales de reclutamiento “de gratis” o “por amor”. Definitivamente sentimos amor por la UPR y tenemos vocación, pero este aguante es demasiado. Nos reímos por no llorar. Nos sentimos menos culpables de coincidir en el análisis. El problema es que seguimos en el aguante, manejando la crisis en lugar de ir directamente a la raíz del problema.

Las acciones no pueden ir dirigidas a ver cómo mejor nos adaptamos para soportar la crisis de la UPR, los esfuerzos deben y tienen que dirigirse a resolver el problema principal. De la misma manera que NO solucionamos el problema de violencia doméstica diciéndole a una mujer que endurezca sus abdominales para que soporte mejor los puños que le da su agresor, NO resolvemos la crisis de la UPR siendo creativos con nuestro quehacer académico para atraer más estudiantes y aguantar los recortes de la JCF. Yo no quiero seguir aguantando esos golpes, quiero detenerlos. Quiero salir de esta relación abusiva e injusta. Y sé que todas las personas en esa reunión estaban tan cansadas del aguante como yo.

La crisis de la UPR es presupuestaria, no es académica. La necesidad de renovar currículos y atemperar la oferta académica al momento histórico es importante. Cualquier universidad respetable tiene que evolucionar sus currículos, investigaciones y estrategias de reclutamiento. Pero eso NO resuelve el problema principal. El problema principal de la UPR es la incapacidad de financiar el quehacer académico, la incapacidad de financiar una experiencia académica saludable para el estudiantado, la incapacidad de proveer condiciones laborales justas para quienes trabajamos en el primer centro docente y de salud del país. Los recortes presupuestarios son golpes de un ente colonial regido por banqueros que no creen en la universidad pública ni en el proyecto de país que es la UPR. No importa cuántos diálogos tengamos para discutir estrategias creativas de reforma académica, no importa cuántos diálogos y acciones propongamos para atraer más estudiantes, si no tenemos presupuesto, no hay manera de sustentar la UPR que queremos y merecemos.

 La merma de estudiantes NO es demográfica del todo, es principalmente económica porque el costo por estudiar en la UPR es muy alto y la Beca Pell no da para estudiar y vivir. Si tenemos una baja demográfica, entonces urge hacer de la UPR un lugar más accesible para el estudiantado. Hemos hecho lo opuesto, hemos encarecido la educación universitaria en un 175% desde el 2017. Hemos eliminado 13 de las 16 exenciones de matrícula, hemos cerrado hospedajes accesibles para el estudiantado que ahora depende de hospedajes privados y el alza en el costo de la gasolina. Los aumentos de matrícula han convertido a nuestro estudiantado en parte de la clase trabajadora, a destiempo. Todo esto por imposición de una Junta de Control Fiscal (JCF) que reiteradamente dice que la UPR es un gasto y no una inversión. Si queremos más estudiantes en la UPR tenemos que bajar el costo de estudio y proveer opciones de vivienda digna y accesible, cosas que se logran con la restitución de la fórmula presupuestaria del 9.6%.

Si queremos mayor renovación y emprendimiento en la UPR, necesitamos presupuesto que provea tiempo y recursos, para que quienes trabajamos en la universidad podamos ejercer nuestra creatividad. Hemos sido demasiado resilientes. Nuestra vocación y amor por la UPR ha hecho que sigamos en el aguante, trabajando demás, que sigamos investigando e innovando, que sigamos dando la milla extra porque en el fondo, queremos una UPR para las futuras generaciones. Pero nuestro esfuerzo se queda en aguantar los recortes. Hemos caído en la trampa de hacer más con menos. Y creo que es hora de decir: ¡BASTA YA!

La universidad está llena de gente capaz, creativa y con mucha vocación. Sin embargo, en los foros universitarios oficiales, no estamos hablando de la crisis presupuestaria para accionar. Hablamos del presupuesto para manejar. Son acercamientos bien diferentes. Uno es de aguante y resignación, el segundo es de lucha y defensa. No importa cuanta creatividad, innovación y esfuerzo pongamos en nuestra cátedra y en nuestros programas académicos, sin presupuesto no se puede funcionar. El agotamiento y la ansiedad que se vive en nuestra UPR no es sostenible. No podemos seguir en este aguante.

Entonces mi pregunta es, ¿para cuándo vamos a dejar el diálogo necesario y puntual para organizar acciones concretas en defensa del presupuesto? ¿para cuándo un frente amplio para cabildear en la legislatura y ante la JCF la restitución de la fórmula? No solamente de los gremios sindicales y estudiantiles, pero de todas las esferas de la UPR desde la Junta de Gobierno, Presidencia, Rectorías, Decanatos y del País en general. Es que debemos estar hablando de acciones directas en reuniones departamentales, de claustro, en las aulas, en asambleas estudiantiles y en todos los espacios universitarios.

El 28 de abril los diferentes gremios sindicales de la UPR, Consejos Generales de Estudiantes y otras organizaciones estudiantiles estuvimos en conferencia de prensa, pidiéndole al Presidente Ferrao, a través de una Carta Abierta, un Frente Amplio en Defensa del Presupuesto de la UPR. Hasta ahora no ha respondido a nuestro reclamo, pero seguiremos insistiendo con la esperanza de que allá en Administración Central también se cansen del aguante.

Cuando la UPR se levanta unida, sus enemigos cogen miedo. Es evidente que la JCF es enemiga de la UPR, del país y de la juventud puertorriqueña. La UPR es un lugar diverso, pero si algo nos une dentro es el entendimiento de que Puerto Rico necesita una UPR fortalecida, accesible y de calidad. Nos une el deseo de una UPR con futuro. Abandonemos de una vez esta cultura del aguante, usemos la creatividad para encontrar estrategias reales para devolverle a la UPR lo que le han quitado. Transformemos ese amor en acciones concertadas en defensa de la Universidad de Puerto Rico.

Querida maestra: ¡Luce López Baralt!

 

Especial para En Rojo

Cuando tenía 23 años me matriculé en un curso que ofrecía Luce López Baralt en el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras.  Con aquella hermosa maestra, que parecía Scherezada, aprendí otra versión de lo que era la historia de España y su literatura.  En una semana tuve que leer a Américo Castro, su libro La realidad histórica de España, con el cual pudimos hacer una analogía con la historia de Puerto Rico. Castro transformó la historiografía de su época que privilegiaba los relatos de Castilla que habían imperado en la exégesis literaria, las memorias y las representaciones textuales. Tuvimos que compararlo con las ideas históricas que sostenía el relato conservador de Claudio Sánchez Albornoz. La lectura de Henry Kamen, por otra parte, sobre la inquisición española nos reveló como fueron perseguidos judíos y árabes, lo que ocasionó que se obliterara su obra y se forjara una narración unívoca de la identidad que excluía la diversidad existente y que ignoraba la  fuerte presencia de los judíos y la convivencia con los árabes durante varios siglos. Los rasgos arquitectónicos de Granada son tal vez los más emblemáticos de su presencia en el territorio conocido por los judíos como Sefarad.

El Cid , texto anónimo, y Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes nos revelaron un mundo más complejo y plural que el que habíamos estudiado anteriormente. Es que la España que nos develó el curso sobre “las fuentes semíticas en la literatura española: de las jarchas a Góngora”, era multicultural, ya que demostraba el influjo y la participación que había tenido el mundo oriental desde el mismo nacimiento de la literatura nacional por medio de las jarchas como demuestra García Gómez.  Leer a San Juan de la Cruz y a Santa Teresa bajo la tutela de Luce era remontarnos al misticismo árabe, al sufismo y a textos herméticos  que sin sus estudios y explicaciones no podrían entenderse ni aquilatarse intelectualmente.

La profesora López Baralt se convirtió muy pronto en su carrera magisterial en una reconocida estudiosa  de las letras hispánicas homenajeada en todas partes del mundo. Estableció relaciones con una prestigiosa red de intelectuales de distintas partes del planeta y sin ella la historia de la literatura española no contaría con la misma riqueza. Recibió recientemente el premio Ernesto Cardenal por “defender los valores de la solidaridad, el amor por la libertad, la libertad de palabra y la defensa de los derechos humanos”. Abrió caminos  a la historiografía, a la literatura, a la historia de las ideas, al erotismo, al estudio de la  religiosidad y de la poesía. ¡Celebremos a Luce López Baralt!!!

La autora es catedrática en la Universidad de Puerto Rico en Bayamón

Poemas de Fabricio Estrada

 

Y el sol solo quemaba y no había preguntas sobre su helio

Y el sol

solo

quemaba

Se escondían más fieras entre el pasto

que lunas tras las nubes

Una piedra

tres golpes        algo de fuego

pez en mano

y masticar frente al mar

sólo el mar

y nada de melancolías

mascar

para luego buscar la sombra

de la manada

quizá retozar o soñar el pasto

el sol     la piedra        el pez

la melancolía

En cada palabra encontraba un eslabón perdido

Recuerdo la palabra cromagnon

entre tintas azules que formaban

una orla sinuosa en la página en blanco

Cromagnon me sabía a canela

quizá por lo cercano de su sonido

a la dulce palabra cinnamon

que fue de las primeras palabras en inglés

aprendidas de mi gula insaciable

por el sabor de las palabras

Creía ver al cromagnon

como un recolector de canela

un recién estrenado hombre

que mordisqueaba bosques enteros

hasta quedar boca arriba, adormecido

en la hipnosis de tanta nube hecha de espuma y café

El cromagnon fue el momento clave

de mis primeros estudios sociales y

cosa paradójica, no saqué buenas notas

cuando el examen me urgía esclarecer

sus relaciones evolutivas y la desolación posterior

que la tristeza del saber impuso al cerebro

¿Qué tristezas podía tener

alguien que mascaba canela

como una salamandra feliz en lo más oculto

de una gruta en Moldavia?

El cromagnon era un obseso –el mayor obseso-

de todas las relaciones que la canela despertó en él

 

El mundo era humo como la canela

entonces

la paz era la canela

entonces

el sexo era lamerse mutuamente

en busca de la canela

entonces

¿para qué querrían ellos evolucionar

de ese suave fondo dulce hacia el sabor a hierro

que dejaría luego el sexo entre homo sapiens?

La obsesión del cromagnon

sobrevivió en mí

Yo sigo imaginando bosques

en los que veo tribus completas lamiendo cortezas

para luego adormecerse

lentamente

viendo las nubes pasar

 

E autor es un poeta hondureño residente en Puerto Rico. Los poemas pertenecen a Los juegos fascinantes, ha publicarse próximamente por el sello La Secta de los Perros.

 

 A pesar de las malas opiniones: The Eternal Daughter, Operation Fortune, You People

 

En Rojo

Como mis viajes de Vieques a la isla no siguen un patrón—y por lo tanto, no puedo planificar mis días de ir al cine—escojo lo que esté disponible en la semana y lo añado a lo ya seleccionado en las plataformas de streaming. Así que en esta ocasión, me aseguré de ver el filme “más reciente” en ese momento de Guy Ritchie por ser una seguidora de su cine, Operation Fortune (ahora el nuevo es The Convenant); añadí una comedia en Netflix que no me atraía tanto porque Eddie Murphy “is not my cup of tea”, You People; y terminé con otra propuesta sorprendente de Tilda Swinton, The Eternal Daughter, que en 2022 también estrenó el hermosísimo Three Thousand Years of Longing. Pero según las opiniones aleatorias que aparecen en el internet, las tres son rechazadas enfáticamente. A mi me hicieron reír, reflexionar y disfrutar de un buen tiempo viendo cine.

Operation Fortune: Ruse de Guerre

Director: Guy Ritchie; guionistas: Guy Ritchie, Ivan Atkinson, Marn Davies; cinematógrafo: Alan Stewart; elenco: Jason Statham, Aubriey Plaza,Cary Elwes, Hugh Grant, Josh Hartnett, Bugzy Malone, Eddie Marsan, Peter Ferdinando, Nicholas Facey, Lourdes Faberes.

Como es de esperarse, aquí no hay protagonistas, sino individuos que ven la realidad y sus soluciones desde su limitada perspectiva y no la de los otros muchos involucrados. Eso inmediatamente complica lo que pudo haber sido una actividad sencilla y directa como los Oceans de Steven Soderbergh. En esta comedia de acción y espionaje—donde las alianzas fluctúan, según le convenga a los involucrados—una ganga de matones eucranianos se roban un artefacto vital para venderlo al mejor postor. El intermediario es un millonario traficante de armas, Greg Simmonds (Hugh Grant), inteligente y listo para adelantarse a cualquier trampa que les ocurra tenderle ya sea los vendedores como los compradores. El rescatador es Orson Fortune (Jason Statham), quien accede a esta misión renuentemente ya que no quiere seguir al servicio del gobierno británico y su manejador, Nathan (Cary Elwes). Para complicar las cosas un chispo más, Mike (Peter Ferdinando), ex agente ahora trabajando por su cuenta, también está al asecho del artefacto. Entran también al juego del rescate Sarah (Aubrey Plaza), jaqueadora profesional, y Danny Francesco (Josh Hartnett), popular actor de cine. Simmonds es la carta principal por ser el intermediario y conocer quiénes son los jugadores. Viajamos con ellos a Madrid, Cannes y Antalya, donde se dará el “showdown”.

You People

Director: Kenya Barris; guionistas: Jonah Hill y Kenya Barris; cinematógrafo: Mark Doering-Powell; elenco: Jonah Hill, Lauren London, Eddie Murphy, Julia Louis-Dreyfus, Sam Jay, Nia Long, Travis Bennett, David Duchovny.

Aunque Jonah Hill es un comediante que a veces carga demasiado sus monólogos y cuadros escénicos por su estilo stand-up, eso no impide—como con Robin Williams—que sea brillante en sus exposiciones. Recordemos Funny People (2009), Get Him to the Greek (2010), 21 Jump Street (2012), Hail, Caesar! (2016), Don’t Look Up (2021). También ha probado ser un actor de drama con Moneyball (2011), The Wolf of Wall Street (2013), War Dogs (2016). You People es una serie de standups—cada uno tiene sus monólogos—y su choque de palabras/insultos con otros personajes que utilizan su propia ametralladora para tener la palabra final y ganar el debate de palabras. Al parecer hay un sinnúmero de grupos que se sienten ofendidos por este filme. ¿Y qué hay de los “roasts” de Comedy Central y las múltiples etapas de “Saturday Night Live”? White Men Can’t Jump (Ron Shelton 1992), con Wesley Snipes y Woody Harrelson es un buen ejemplo donde espectadores y críticos coincidieron en catalogarla como muy buena comedia y no como insulto o “disrespect” (su remake está en HULU este mes).  Pero aún episodios de series como “Dear White People” (2017-2021) y el filme original (Justin Simien 2014), y “The Marvelous Mrs. Maisel” (creado por Amy Sherman-Palladino 2017-2023) han resultado ofensivos a algún grupo. Es difícil escribir/filmar y que en este clima de “cancel culture”, alguien no resulte herido. Trato de ser “objetiva” al intentar usar varias miradas, especialmente si lo cambio a “puertorriqueño” y me puedo reír y seguir el juego. Todo esto para decir que You People (título que ya comienza el intercambio verbal) utiliza todo lo que está en la calle y mentes de gente para plantear lo difícil que es encontrar un espacio neutral para poder enamorarse y reír de todo lo que nos separa. Siendo una sátira, por supuesto que su humor va a depender de estereotipos y presunciones de un público que ya tiene sus prejuicios y que puede o no sentirse ofendido por el lenguaje directo y casi sin filtro.

The Eternal Daughter

Directora y guionista: Joanna Hogg; cinematógrafo :Ed Rutherford; elenco: Tilda Swinton, Carly -Sophia Davies, Joseph Mydell, August Joshi.

El título define lo que es una hija: no importa su edad, su situación amorosa, emocional, económica, nunca deja de ser una hija. ¿Cómo dramatizar esa verdad innegable? Una misma actora interpreta a la madre y la hija que llegan a este lugar alejado para pasar tiempo juntas y también apartes. Es un lugar venido a menos, una casona que una vez fue el hogar de Julie y Rosalind Hart. Llegan de noche y, aunque amanecerá cada día, la nubosidad y la oscuridad interior del lugar y de los personajes siempre se mantendrá. Solo dos personas atienden la hospedería y solo Bill, el handyman, comparte la complejidad de la soledad y el vacío que deja la ausencia del ser amado. La realidad y la imaginación se confunden por el deseo de Julie de recobrar la presencia de la madre. Fuera o no una relación difícil—como suelen ser aunque intentemos negarlo—Julie intenta personalizarlo al recordar, imaginar y escribir sobre Rosalind. Lo que presenciamos es su proceso de duelo al quedar sin la presencia de la madre, pero su recuperación a través del recuerdo que transcribe. Como es de esperarse, Tilda Swinton encarna este papel con la serenidad y tristeza que la caracteriza.