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De ciudades flotantes y carros de fuego: Biblia y ciencia ficción

 

Especial para En Rojo

Dicen que uno debe escribir de lo que sabe, o aquello que le seduce, que le provoca. Que escoger un tema es el resultado de una pulsión, como una criatura de la que urge desprenderse.  Y tal vez por ello escribo relatos frecuentemente ambientados en espacios y tiempos apocalípticos. A los nueve años podía disertar frente a algún teólogo acerca de las bestias del Apocalipsis, o el orden de las plagas postreras.  La Biblia fue el primer libro en llegar a mis manos como texto de estudio e investigación.  Resulta inevitable, que en la actualidad, encuentre relaciones entre la literatura de ciencia ficción y otras formas de literatura especulativa en la narrativa bíblica.

Para poder leer algunos relatos bíblicos desde la ciencia ficción, es necesario salvar ciertas distancias. En primer lugar, asumir una definición adecuada del género. La propuesta de Darko Suvins en «The Poetics of the Science Fiction Genre» establece que la ciencia ficción se enfoca en posibles futuros y equivalentes espaciales, pero también puede abordar el presente y el pasado como casos especiales de una posible secuencia histórica vista desde un punto de vista extraño. Esto permite que la ciencia ficción utilice las potencialidades creativas de un enfoque que no está limitado solo por preocupaciones empíricas. Así, algunos textos bíblicos pueden ser considerados ciencia ficción, como el Apocalipsis que presenta la salvación de la raza humana a través de la llegada de una ciudad flotante.

Otra definición útil es la de Brian Aldiss en «Billion Year Spree«, donde la ciencia ficción se propone como la búsqueda de una definición del hombre y su lugar en el universo que se mantenga en nuestro estado avanzado pero confuso de conocimiento científico. Esta definición se ajusta a la de Suvins en la medida en que la ciencia ficción busca interpretar al hombre y su lugar en el universo desde nuestro conocimiento científico y lo proyecta imaginativamente hacia el futuro, utilizando elementos oscuros y sombríos para explorar temas complejos y abstractos. En consecuencia, construcciones como el Arca de Noé y la Torre de Babel, la ciudad Santa descrita por Juan,  pueden ser considerados ciencia ficción debido a que se alejan de toda posibilidad empírica y su diseño o la consecuencia del mismo son el producto de un ser no humano.

El carácter ficcional de los relatos bíblicos es un tema de debate y análisis hermenéutico. Los lectores deben asumir un pacto con la ficción al alejarse de los fundamentos religiosos y espirituales. La capacidad hermenéutica de la Biblia radica en su multiplicidad de lecturas, aunque esto también es uno de los puntos más controversiales al explorar su interpretación. A pesar de las evidencias científicas que cuestionan los relatos bíblicos especulativos, 2.38 billones de personas se consideran cristianas en el 2023. Sin embargo, según una encuesta de Gallup, el 29% de los encuestados considera que la Biblia es una colección de fábulas, leyendas, historia y preceptos morales registrados por el hombre, lo que indica que cada vez más personas se alejan de su interpretación literal como un libro sagrado e indebatible.  Esto ha llevado a una aproximación a sus narraciones desde el espectro de lo especulativo.

Aunque el pacto con la ficción bíblica no es relevante en el contexto de la ciencia ficción como objeto de estudio, puede justificarse cierta relación ya que algunos relatos bíblicos abordan temáticas, tecnologías, seres y espacios no empíricos.

La tercera distancia y sin duda la de mayor complejidad resulta el establecer los límites del conocimiento científico en los periodos en que los textos fueron concebidos.  Esto por varias razones que incluyen las diferencias temporales de los mismos, los conocimientos del autor, así como el debate que supone el decidir si instalar un relato en lo mitológico o en lo relativo a la ciencia ficción.  Si la balanza se inclina por lo primero, la narración es aceptable, puesto que permean otras justificaciones como la naturaleza providencial y divina de sus personajes. Todo este conjunto de razones parecen venir sostenidas una sobre la otra: será necesario observar cada caso propuesto de manera independiente en cuanto a su contexto histórico, el autor y los elementos narrativos que conforman el relato.

Cabe señalar, sin embargo, en este punto, que entre el Antiguo y el Nuevo Testamento existe una distancia temporal de más de cuatrocientos años. Mientras que los textos que recoge el Antiguo Testamento fueron escritos durante la formación, desarrollo y caída del imperio de Israel, los que conforman el Nuevo Testamento vieron la luz durante la hegemonía romana sobre el pueblo judío, lo que supone una diferencia fundamental en cuanto a conocimientos, por ejemplo, de carácter astrológico, arquitectónico y tecnológico.

Salvadas estas distancias, suelo leer algunos relatos bíblicos como referentes de la ciencia ficción y otros géneros especulativos, abordando cuatro temáticas frecuentes en estas literaturas:  La relación entre creador y criatura, las dimensiones posibles de la ciencia y la tecnología, la interacción entre lo terrestre y lo alienígena y el imaginario distópico y utópico.

En el caso de la relación Creador/criatura podemos hacer una referencia inmediata al mito fundacional del Génesis.  En esta narración, Yahweh,  el creador, forma del polvo de la tierra un ser a su imagen y semejanza.  Esta característica ha sido eje de debate teológico: qué significa imagen y semejanza.  Aunque no logran en ese contexto ponerse de acuerdo, se desprende del relato una constante en otros textos que abordan esta relación:  el creador teme de su criatura al percibir la eventualidad de ser superado por esta, razón por la cual decide destruirla. Criatura se vuelve de pronto en la némesis del creador, transformando la relación en una de amor-odio. Hay ahí una forma de repulsión; lo familiar es lo siniestro.    Esto se ha repetido en textos como el Frankenstein de Shelly  o el AI del ya citado Aldiss.  En el caso del Adán del Génesis, finalmente el creador, opta por concederle la vida dentro de ciertos límites que terminan en la mortalidad. La idea de Dios como creador arrepentido de su criatura, estará presente desde el inicio de la antología bíblica hasta su final apocalíptico.

Más adelante, el Génesis de Moisés vuelve a presentarnos a este Dios arrepentido a través del relato del diluvio.  Una vez más, el creador se siente decepcionado de su obra y decide destruirla con agua.  Encuentra sin embargo, bondad en un hombre, de entre todos, y preserva su vida dándole las instrucciones precisas para la elaboración de una nave que asegure su supervivencia, lo que nos lleva al segundo tema: las tecnologías imaginadas.

El pasaje bíblico de Génesis 6: 14-17 describe cómo Dios instruyó a Noé para construir un arca de madera de gofer sellada con alquitrán o brea,  por dentro y por fuera. La descripción detallada sugiere cierto conocimiento de la ingeniería y la construcción naval para la época. Sin embargo, posterior al relato, no se registran hallazgos arqueológicos que sugieran la influencia de la construcción propuesta en el relato. En el caso previo a este, solo son comparables algunas construcciones de la ingeniería civil egipcia, en cuanto a complejidad; pero estas no fueron el resultado de un ejercicio inmediato sino de un proceso prolongado de evolución. Siendo que el relato del Arca aparece en el libro del Génesis, cuya autoría se le atribuye a Moises, habría que considerar que a nivel histórico, este autor  fue educado en Egipto y tenía acceso a una serie de conocimientos que evidentemente trasladó al texto, no solo de carácter tecnológico pero también literario.  Esto puede ser atado al hecho de que el relato de un diluvio universal tiene origen en la antigua Mesopotamia, de donde surgieron nueve versiones, siendo la Épica de Gilgamesh,  la más similar al de Moisés y sobre 100 años anterior a este. No obstante, el relato del arca de Noé es un ejemplo temprano del uso de la tecnología y la ciencia en la narrativa  y comparte temas comunes con la ciencia ficción moderna en cuanto al diseño y construcción de espacios propuestos como una solución ante el temor a la enfermedad y la aniquilación.

Génesis 11 describe cómo todos los habitantes de la Tierra hablaban un solo idioma y se establecieron en Sinar, donde construyeron una ciudad y una torre para alcanzar el cielo y salvarse de otro diluvio. Sin embargo, Dios confundió sus lenguas y los dispersó por toda la Tierra. Cronológicamente posterior al Arca, este relato destaca la búsqueda de la humanidad por superar los límites de la tecnología y la construcción. Además representa una secuela del Arca: una vez más el creador se arrepiente de su creación porque esta intenta superarle. Teóricos coinciden en que su referente arquitectónico es el templo babilónico conocido como Etemenanki de siete pisos de altura, 300 años anterior al relato de Moisés. Y se dijeron unos a otros: Vamos, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego. Y les sirvió el ladrillo en lugar de piedra, y el asfalto en lugar de mezcla. A  partir de las ruinas de Babilonia del siglo VI a.C. que fueron excavadas durante los siglos XIX y XX, se conoce que en la construcción de la ciudad utilizaron ladrillos cocidos, junto con asfalto o alquitrán como mezcla,  compuesto también presente en el proceso de construcción del arca de Noé. El relato, por tanto, parte de unas posibilidades empíricas en los métodos de construcción como base para proponer la solución a la aniquilación de la raza mediante una construcción especulabe:  una torre que llegue al cielo.

2 Reyes 2:11 lee:  Mientras iban caminando y conversando, de pronto apareció un carro de fuego, tirado por caballos de fuego. Pasó entre los dos hombres y los separó, y Elías fue llevado al cielo por un torbellino. En este pasaje, el profeta es transportado al cielo por un medio con características que parten de lo probable para  extrapolar lo improbable. El imaginario tecnológico se nutre de la mecánica existente para sugerir la recompensa del humano trascendental, seleccionado por seres de naturaleza no humana. En otro caso, el profeta Ezequiel, aunque no fue abducido, tuvo la visión de “una gran nube, con resplandor alrededor de ella y fuego centelleando continuamente, y en medio del fuego, algo como bronce reluciente”(Parafraseando Ezequiel 1: 1-4). Lo puede observarse como un objeto con características tecnológicas  sobrevolando el cielo. Y estas tecnología bíblicas, como el arca, el carro de Elías y la visión de Ezequiel están conectadas a la figura de seres no humanos.

Otras desapariciones terrestres de personajes bíblicos son interpretadas como abducciones. Un caso es el de Enoc, quien según Génesis 5:22-24 desapareció porque Dios se lo llevó y en Hebreos 11:5 se dice que fue trasladado al cielo. El cuerpo de Moisés fue resucitado y  transportado al cielo luego de su muerte e incluso la ascensión de Jesús ha sido interpretada como una forma de abducción por parte de ufólogos, pero eso es un tema de la pseudociencia. Lo que es cónsono en esos relatos es la integración de un ser extraterrestre que reconociendo las virtudes del hombre/profeta, le ofrece la recompensa de ser trasladado a una dimensión desconocida.

Estas abducciones plantean una relación entre seres humanos y extraterrestres, personajes que aparecen en el folclore humano debido a los rasgos y características que secretamente deseamos, como la inmortalidad.  Los eventos históricos que nos ponen ante la posibilidad de la aniquilación son detonantes para construir en el colectivo social  un imaginario de fuentes potenciales.  En ese sentido también solemos mirar fuera de nuestros límites antropológicos y físicos:  buscamos hacia arriba.  Sin embargo, no siempre vemos   la figura alienígena como la redentora de la especie humana, también es, en ese mismo imaginario, precursora de la destrucción.

En Génesis 6 y Números 13 se relata el encuentro con seres no humanos que el folclore judío llama Nephilim o gigantes. El relato menciona que los hijos de Dios se unieron con las hijas de los hombres y tuvieron hijos, quienes eran gigantes y valientes. En Números, los israelitas describen a estos gigantes como hijos de Anac y se comparan a sí mismos con langostas en su presencia. En la discusión teológica existen cuatro teorías sobre el origen de los Nephilim: producto de la unión entre ángeles caídos y humanas, descendientes directos de Seth, tercer hijo de Adán y Eva y  humanos poseídos por ángeles/demonios o simplemente humanos pecadores. Una quinta se discute en contextos no  teológicos: algunos consideran la posibilidad de que los Nephilim sean seres alienígenas, pero una vez más aquí interviene la pseudociencia o la interferencia con las características del mito y sus personajes.  No obstante, esta idea ha sido ampliamente explorada en la ciencia ficción y literatura especulativa.

Finalmente, la construcción de lo utópico y distópico como escenario tiene una presencia innegable en algunos relatos bíblicos.   Lo apocalíptico, en el contexto de la ciencia ficción, detona de inmediato una relación con la destrucción y lo escatológico. La lectura del texto bíblico alude desde el inicio a la aniquilación de la raza humana y la destrucción final de la tierra.  Mirado desde la ciencia ficción, el Apocalípsis es el libro de esa antología que más recoge el conjunto de temáticas que la narrativa especulativa y sobre todo, la de ciencia ficción aborda  y que se han tocado someramente en estas líneas: la destrucción de la criatura por parte de su creador, los seres no humanos y su interacción con el hombre, la abducción como una solución a la raza humana.  Puede proponerse que existe un consenso en el hecho de que el Apocalípsis es, en fin, un referente de la ciencia ficción.  Pero llama mi atención un dato que suele pasar desapercibido. Al leer la descripción minuciosa de la Ciudad Santa de Juan en Apocalipsis 21, resulta inmediata una referencia pictórica a aquellas naves madre representadas en la ciencia ficción. Sus medidas perfectas, su construcción impecable así como la protección que ofrece han sido paradigma de modelos de ciudades flotantes en el inventario de la literatura futurista y alienígena.

Descrita por Juan, la llamada Nueva Jerusalén, inmediatamente alude a un evento histórico: la ciudad de su visión es una respuesta a la Jerusalén  física derribada en el 167 por Antioco IV. por otro lado, la también llamada Madre Celestial (término que se me antoja muy de la ciencia ficción)es  una propuesta revolucionaria ante las amenazas de aniquilación del pueblo judío en el pasado y el presente de su autor. De hecho en el  griego se utiliza el término kainos para Nueva, que significa renovada.

En el contexto de su descripción física  resalta la combinación de elementos cónsonos con la arquitectura de la  ciudad destruida, las descripciones previas de los libros de Ezequiel y Zacarías  y elementos de naturaleza onírica integrados por el autor, tomados en parte de la extrapolación de Isaías sobre la Jerusalén derribada. En la descripción de Juan, la Nueva Jerusalén está construida de cimientos de piedras preciosas y oro, sus dimensiones son similares a las de la Jerusalén antigua, aunque propone numerologías simbólicas como el 12 que es sinónimo de perfección en el contexto apocalíptico. Pero su propuesta de ciudad posee la particularidad de la traslación.  Esta desciende desde el Segundo Edén, establecido en el Cielo para acoger a los salvados, para instalarse e instalarlos permanentemente sobre la Tierra.  La ciudad de Juan en el Apocalipsis puede leerse como una especie de nave nodriza que combina las características de ciudades conocidas para el autor con sus ensoñaciones de una ciudad ideal en la que por ejemplo, no hay necesidad de cerrar las puertas, que son perlas gigantes,  porque la misma carece del peligro de ser reinvadida,  ni de sol o luna ya que no existen los acechos de la noche.

Mi lectura de estos y otros relatos bíblicos, así como algunas interpretaciones de estos que he dejado en el tintero por falta de tiempo, me sugieren una relación con elementos propios de la ciencia ficción y una evidente referencia en el género. Pero eso es desde mi lectura, que reconozco parte de esa pulsión, de la que hablé al inicio.  Mi lectura de la Biblia con el  caleidoscopio de las incontables temáticas narrativias, incluidas la ciencia ficción, es una criatura de la que aun no me desprendo.  Para esto me resguardo, tanto ante la comunidad teológica como la literaria de la naturaleza hermenéutica de esta controversial antología.

Pero lo que es aceptado por el colectivo es la evidente influencia de algunos pasajes bíblicos en la literatura especulativa, incluida la ciencia ficción.

En el terreno de lo teológico, algunos relatos bíblicos han sido el andamio del que se sostienen teorías, filosofías y doctrinas cuyas posturas fácilmente pueden interpretarse desde las dimensiones de la ciencia ficción.  Como las ideas de Elena White, escritora y fundadora de la Iglesia Adventista del Séptimo   Día y su teoría de la amalgamación que proponía que los antediluvianos poseían tecnologías tan avanzadas que eran capaces de manipular la genética de hombres y animales con el fin de crear nuevas especies, incluidos los dinosaurios y algunas razas humanas,  acción que provocó la ira del creador sobre su criatura al sentirse en riesgo de ser superado. O su visión de Orión como una  especie de vasija gigante a la vez que un pasillo astral por la cual la Santa Ciudad descrita por Juan sería expulsada en un parto luminoso.  Pero la discusión de las controversiales  ideas de la sra White  requerirían unas cuantas horas adicionales y son otra pulsión, otra criatura de la que todavía no logro desprenderme.

 

 

En Reserva-Una ruina llamada teatro

 

Especial para En Rojo

 

No recuerdo la fecha exacta…

La primera ruina de esta escena es mi memoria, pero entre el periodo del 2003 al 2008, años en los que viví en NY y que regresaba a Puerto Rico en los veranos y en las Navidades, solía caminar por la Norzagaray en el Viejo San Juan y mientras subía la cuesta recordaba que ese mismo trayecto lo daba todas las mañanas cuando caminaba para llegar al teatro a ensayar en el 2001.

Ahora, años después, muchas veces miraba el famoso portón que daba a la zona de carga del Teatro… y por el cual entrábamos los actores… Así pasaron años sin yo atreverme a detenerme ante ese portón.

Creo que entre 2008-2010, ya de regreso a mi Isla, no recuerdo exactamente cuándo fue, reitero que la memoria es una ruina que a veces, con pedazos de conversaciones o mientras escribo empieza a reconstruirse…

Un día mientras subía la cuesta de la Norzagaray, decido pararme…

Me acerco al portón, no veo a nadie, en el 2001 cuando ensayábamos siempre había un guardia en una silla.

Ahora… nadie.

Empiezo a vociferar:

YO: Hola.

Silencio.

Buenos días. Hola.

Se acerca alguien, no recuerdo si es un guardia o personal administrativo del edificio, no recuerdo si es mujer o  hombre, creo que hombre.  Vamos a llamarlo, por ahora, guardia.

 

YO: Hola… Mire… Le voy a pedir un favor… ¿Puedo pasar a ver el teatro?

GUARDIA: ¿Teatro? Aquí no hay ningún teatro.

YO: Sí…(hago un gesto con la mano)…allí a tu izquierda hay un teatro.

GUARDIA:No, aquí no hay un teatro. Aquí nunca entra nadie para ningún teatro.

YO: Mis compañeros y yo…cuando ensayábamos para la obra…entrábamos por aquí…siempre había un guardia aquí sentado que nos dejaba entrar por aquí…

Guardia sigue mirándome en silencio.

GUARDIA: (Con firmeza y un poco molesto) Aquí no hay un teatro.

Me siento como en una obra de Beckett o en una escena de Cien años de soledad (el famoso Macondo). El guardia y yo seguimos repitiendo las mismas frases sin llegar a ningún lado. A menudo digo que escribo obras absurdas porque la realidad es absurda; la naturaleza, el fluir de mis  pensamientos y las imágenes en mi mente son desordenadas, caóticas y bizarras. Además lxs que hemos vivido en el Caribe entendemos este ‘surrealismo tropical’ diario, en fin, un puertorriqueñx lo tiene muy claro. Después de este pensamiento autorreferencial, vuelvo a la escena beckettiana…

 YO: Yo le aseguro que aquí hay un teatro, yo ensayé allí más de tres a seis meses…esto fue en el 2001… Allí monté mi primera obra… Hágame un favor, plis… Se lo ruego, no se lo digo a nadie, Pero déjame pasar…Quiero ver el teatro de nuevo…solamente por un segundo…

Guardia: Desde que estoy aquí, nadie nunca pasa a ningún teatro…Allí lo que hay son cajas y archivos…

YO: No entiendo.

GUARDIA:Hay un montón de cajas y archivos…

Miro por las rejas.

Yo: ¿Puedo entrar a ver?

Guardia: Es que no puedes caminar, está lleno de cajas y archivos…

YO: ¿Dé qué? ¿Todo el escenario está lleno de cajas y archivos? ¿De qué?

GUARDIA: No sé.

Mientras protesto, el guardia se queda mirándome con ‘poker face’

YO: Ese el Teatro Lucy Boscana.Antes se llamaba el Teatro del patio del antiguo Convento de los Dominicos, Pero en el 2000 justo antes de estrenar mi obra le cambiaron el nombre…en honor a Lucy Boscana…

Guardia se queda mirándome con su “poker face”, el nombre no le mueve ni un pelo…

 YO:Se entraba por la San Sebastian, pero cuando ensayábamos, el guardia nos dejaba entrar por aquí, por la zona de carga, porque el acceso era más directo…

Mire… por esa rampa… Por la rampa entras al backstage y luego al escenario…

Por poco se me zafa un “créeme”.

Ambos miramos la rampa y hay varios carros estacionados tampándola… a primera vista jamás uno se imaginaría que allí detrás hay uno de los teatro más mágicos del mundo, un teatro proscenio de dos pisos, íntimo y en el que se presentaron tantas obras…Me empieza a dar furia y frustración…

 YO: Déjame pasar un minuto.

Guardia: Allí lo que hay es un almacén.

YO: Pero de qué.

GUARDIA: No sé. Con documentos del gobierno. No sé bien.

Me doy cuenta que no tiene idea de qué es lo que hay en el teatro.

GUARDIA: No la puedo dejar pasar… No va a poder ni caminar por el espacio…

El Guardia sigue mirándome en silencio con su “poker face”.

Me doy cuenta que de que no importa lo que le diga, no me va dejar pasar.

Miro la rampa, me siento bien cerca de la rampa…Si no hubiera montado mi primera obra allí, lo dudaría, no hay nada, ni un signo que delate que detrás de esa puerta hay un teatro.

Nos miramos.

Él está detrás del portón, el portón está cerrado.

Yo estoy al otro lado.

No puedo entrar.

Me rindo por un segundo.

YO: Ok. Vengo después.

Silencio.

Gracias.

Decido irme.

Triste.

Trago duro, en el surrealismo tropical nuestro de todos los días, los teatros con historia cultural son almacenes de archivos del “Gobierno”.

De repente esta escena con el guardia me lleva a un relámpago de imágenes…

De sopetón me viene sorpresivamente un paisaje de Cien años de soledad­–seguramente han pasado como quince años desde su lectura–, la narración comenta cómo matan un montón de personas en la plaza, los meten en unos camiones y llega una lluvia torrencial que dura años; cuando escampa…un personaje cuyo nombre no recuerdo pregunta por los muertos…Nadie en el pueblo los recuerda. ¿Qué muertos?

De un centellazo, mi mente me lleva a la sala de mi casa, mami tiene prendida en la tele las vistas del Cerro Maravilla, recuerdo la respuesta de Barceló y los policías:

“No recuerdo”.

“No recuerdo”.

Brinco de nuevo al guardia diciéndome:

“Allí no hay ningún teatro”

“Allí no hay ningún teatro”

“Aquí yo nunca veo a nadie entrando a ningún teatro”.

Muchos años después, en el 2014, el Municipio de San Juan, auspicia mi obra Oh Natura en el Teatro Tapia. Estoy en una reunión de producción con la asesora de planta física del Municipio, cuando terminamos la reunión de producción, le pregunto:

YO: ¿Cómo se encuentra el Teatro Lucy Boscana?

Asesora: ¿Cuál? ¿Quieres decir… El corralón?

YO: No, el antiguo Teatro del patio del Convento de los Dominicos.

ASESORA: Ah. ¿Cuál es ese?

YO: Al que se entra por la Calle San Sebastián…entras por la Galería Nacional…

ASESORA: No sé. Pero…te puedo averiguar.

YO: ¿Me puedes llevar allí?  Yo quisiera visitarlo.

Ella me responde que sí, que tiene que coordinar una cita.

Varias semanas después, me lleva.

Esta vez entramos por la entrada de la Galería Nacional del ICP. Pasamos por el patio interior hasta que llegamos a la puerta del teatro. Antes de entrar me informa que está completamente en ruina, que tuvieron que arrancar todas las alfombras y las butacas porque se habían podrido…

Me dice que piensan restaurarlo…

De un centellazo recuerdo que en el 2001 por poco no podemos estrenar allí porque estaba en “vías de remodelación”… Pienso en la contradicción de que en el 2000 lo renombran Teatro Lucy Boscana, pero que como lleva cerrado por más de veinte años nadie lo reconoce y pasa más al olvido.

… había un piano de cola tapado en la esquina que ocupaba la mayoría del escenario.

¿Dónde estará el piano ahora?

Subimos al segundo piso, las escaleras están sin la alfombra roja, ahora en hueso, piedra blanca-gris (cemento); cuando miro el espacio sin butacas recuerdo  la primera obra que vi allí fue La nostalgia del quinqué de Teresa Hernández, creo recordarla con un micrófono paseándose entre las butacas hasta el escenario…ahora no hay ni una butaca, un piso vacío…

Subimos a la cabina- lo que queda es un esqueleto, un hueco enorme, como si una bomba hubiera explotado la cabina por la cual el técnico de luces miraba el escenario para tirar los cues…

Me remonto al día de estreno de mi obra Tres puntos… en un limite como parte del Festival de Teatro Puertorriqueño del ICP, desde la cabina miraba hacia abajo con nervios a los actores…veo a Eyerí Cruz, Lidy Paoli y Yaraní del Valle moverse por un cuadrado blanco en el piso del escenario, ahora vacío… completamente vacío…

Por un momento me percato de la belleza del espacio, una escenografía horriblemente preciosa…Las ruinas siempre poseen una belleza; nos sobrecoge su olor a muerte, la nostalgia de lo que ya sucedió, pero cuando te conviertes en la ruina es otra cosa… para los personajes que lo encarnan…la realidad es otra…lo que les espera es un final de picada,una caída.

Voy decendiendo las escaleras del Teatro Lucy Boscana…

Cojo un break del escrito y del recuerdo de la ruina del Boscana.

Decido bajar a la perra para respirar un poco,

Paseo por el patio y a lo lejos veo un semáforo virado e intermitente que nunca ha vuelto a funcionar desde María,La acera por la cual paseo a Olivia está agrietada y levantada del suelo, trato de no tropezarme mientras me lleva Olivia a un trote perruno sin freno,

Pienso en los salones de la Universidad donde enseño con techos de paflones con moho y rotos,

Hace un mes, mientras ensayábamos en el Teatro de la Universidad de repente se cae la tramoya del telón, menos mal que la pesa no le cae a ningún actor en la cabeza….

Trato de abrir la puerta del lobby en mi edificio para regresar a escribir…

Leo: “La cerradura de la puerta no funciona, usa la otra”,

Aprieto el botón del ascensor de mi piso y no prende,

El ascensor no marca los pisos que sube… ¿estaré subiendo, no se sabe, de repente se abre la puerta:

YO:¿Cuándo fue que salí del teatro en ruina?

 

 

 

 

 

 

 

La literatura puertorriqueña en la Era Espacial

 

Prólogo

Creo que fue el profesor Rubén Ríos Avila quien me señaló la necesidad de estudiar la Literatura en general con el mismo Amor con el que se estudian las Ciencias Naturales en Puerto Rico. Porque soy de natural cariñoso me llevaron un poco a regañadientes a la escuela del Desamor por autonomasia, la de Literatura Comparada, que fue fundada no obstante por el primer defensor del Escutismo entre los independentistas puertorriqueños. Incomprendido o no, Don Paco llevó a cabo otras travesuras que me tocaron de cerca , como bautizar a su sobrina negra con el patronímico que debiera corresponderle a una mujer blanca y espiritual. A parte de sentenciar que una Literatura que no tenía apenas cien años de comenzada mereciera de su andaluz coquetería la contundente Historia de la Literatura Puertorriqueña.

El entonces director del entonces poco frecuentado Departamento de Literatura Comparada me sugirió en principio emplear conceptos de Quimica para hacer el primer acercamiento razonable a la nueva galaxia descubierta a poco del fallecimiento del andaluz que se fijó en esa luminosidad, aunque el propio profesor Ríos consignara con reserva más que comprensible la vicaria sino tardía aparición de esa Luz en un ensayo más bien sobre el catalejo que se empleó para hacer el Descubrimiento y menos, como si fuera poco, la verificación de que no era de origen terrestre como la Aurora.

Se hicieron varias sondas en el terreno con el repertorio de la Química en la partitura, para verificar una vez más la existencia de los escritores de Puerto Rico. El Dr. Aravind Adyanthaya empastó un extenso protocolo de ideas más bien químicas que astronómicas.

El silencio elocuente de tantas personas nos reveló que es más bien la Astronomía y no la Química la que los hace aparecer con órbita y frecuencia estable, y con una visibilidad más que indudable aunque sin drama de nota. No es luz de narradores, si no de poetas, así que no hay agón en esa amanecida, como lo suele decir el profesor Alberto Martínez. Quiero por eso dar a conocer el Comienzo y el Fin de eso que parece una emisión radial aunque es más bien una galaxia por explorar. Estos son los escritores detectados por mi modesto Dopler Hanger.

Primera Aparición de Kattia Chico, día de la Candelaria de 1976

Astrónomo Ciego

Axel Carrillo y Oscar Flores me acompañaron a quemar los árboles de Navidad, bien que furioso Axel más que nada por la intempestiva llegada del Cometa llamado Michelle a una casa en donde Mayra nos bañaba en su piscina. No decir que aguar la fiesta si al ocupar la residencia de doña Mayra, acompañada por su perro, tuvo a bien solicitarme que la cojiera al hombro y la tirara a lo hondo como a Salcedo para que mis dos amigos comprendieran que era mortal y por ello digna de ser ahogada sino ahorcada como Joey en el soto del Campamento Guajataca. Lo que hice a solicitud suya y me costó, como se sabe, alguna dificultad para olvidarla.

Omisión de fecha en la primera edición de la Cadáver Exquisito da idea de tamaño y poder destructivo de la Unidad Anfibia ese año, que por desgracia he olvidado. Es la primera consignación marítima de un evento sideral. Explica mi pasión por los submarinos.

Aparte de que me he ocupado más de una vez de la primera novela de ciencia ficción del colega Acevedo, solicito atención para el evento de la presentación. No quiero pedirles por ello que lo pongan en oración, ya que no es nada malo que haya hecho nadie. Simplemente ejemplifica la tesis principal de la novela, más que el incidental recurso que requiere un buen maestro para hacerse comprender. En este caso, el carro en el que montó su tesis es lo de menos, Blade Runner y no la novela de Dick, que realmente no me dice más que el guión de Burroughs, que tiene salero bien de nuestro gusto latino.

Presténle atención más bien a lo que hizo mi amigo la noche de la presentación. Mi bien plantada párvula Thais, que a poco me hizo un cumplido que me dio qué pensar. Que me llamo Liboy por Levi-Strauss, antropólogo más bien que bouncer, eso es que no me quiere tanto como Ana María, que me dio una fama que le corresponde más bien a Batman. No obstante, cuando Batman se les escurre, no me queda más que hacer el dudoso papel que para mí soñara la hija de mi primer terapista no del habla. Thais no me quiere hacer pasar por otra borrasca y después de ese piropo más bien intelectual, me propuso hacer de Don Ramón como si mi hijo fuera el de Girafales, Ňoño, y no mi hijo como se sabe. Sólo que José no creo estaba de ánimo para llevar a escena algún entremés de la serie si me tocaba ser el proletario y no el burgués que la invita a tomar café. Thais da el casting para hacer ese papel bien convincentemente aunque en la presentación es que noté que faltaba la fecha de esa primera edición en donde suele ir impresa. El imponente cuerpazo de la hasta entonces sólamente mi frugal párvula avecilla me avisó que nos caía un cometa que iba a destruir hasta el gusto que me dio regalarle gomitas de borrar y libros de segunda mano. Así que ya desde esa fatídica noche me ví obligado a dejar de ser su maestro. Como se sabe, una segunda edición fechada del texto por el pariente Eiric que vino en auxilio de nosotros, primero publicando algún cuento en La Secta con apropiado autónimo al lado de un requiebro que me encargaron hacerle a la Yarita, que nos sacó a los dos por la puerta de servicio de la odiada Facultad. Rafa, como El Camaleón, le disparó con la de azúcar negra Waltzen y la remató en la Ponce de León con Mundo Cruel. Le puse una bala de goma a la última pistola porque o erró o la dejó escapar, ya que nos avisó la llegada del Bólido que nos ocupa en la actualidad.

Reciente Aparición de Daniel Hilerio, Estrella de Frecuencia Justa

Daniel me llevó a expresarme con franqueza sobre lo que es reseñar una publicación. No obstante, la que le dediqué fue menester publicarla en una grabación de mi voz en Spotify. Es la primera que escribo como Ser Humano y no como Estudioso de la Literatura. Algo en la frecuencia de su decir como en lo que me toca de cerca me obligó a dejar a un lado el almacen de avejentadas armas retóricas que le dan permiso a cualquiera para decir lo que siente. Les refiero al Camposanto de mi Infancia en Spotify que se titula Anturios y Crotones.

Kattia Chico reaparece en 1991. Sin embargo, no es hasta la muerte de mi tutor el 5 de enero de 2005 que el día de la Candelaria del 2023 se reprogramó de celebrarse el tradicional 2 de febrero para trasladarse en este año de 2023 al 10 de febrero, el día en que el recientemente desaparecido narrador oral Gil Boneta vino a la Vida. Entre otras cosas, se le debe a Kattia la reprogramación de esa fiesta religiosa en ocasión de conmemorar el restablecimiento de un Convenio Colectivo con el pueblo de Caguas. El sueño de la escritora es una realidad que advierten hasta los noruegos de dan Fé de la Verde Aurora. La modesta Detención de la escritora en la Avenida Cheo Feliciano tuvo como consecuencia la concesión que se le hace hoy al pueblo de Oscar Flores. La quema de los árboles de Navidad coincide con la Moderada siembra del Garbanzo a finales de diciembre y principios de enero.

Evento Kattia Chico, cambio de nombre del Cometa y de fecha conmemorativa

Mi profesora Nadya Alsina se matriculó en la escuela para cursar el Noveno cuando me gradué de Cuarto Año en la misma escuela. Ella recien llega cuando yo me ausenté del plantel y de la Iglesia. Dejé de ir a los Servicios porque asistía ya como Novelero igual que a las procesiones de Utuado. Y quizá eso no era bueno que lo supiera mi mamá.

Lili me invitó a ver un video de John Waite en la sala de su casa, pero más bien quería que fuera con ella y su Compañero Bajito a novelear los domingos, sin verdadera seguridad de que la Vida era Eterna. Era hermana de Nayda, que tenía en proyecto enderezar la corva de un aparente gay, enamorado de la Maestra de Español más bien que abanderado de la Causa.

La sangre no llegó al río gracias a la juiciosa prima materna de Lili, que con diligencia me invitó a una velada en su casa de Venus Gardens en la que Lili me pudo preguntar si me iba bien en los estudios. Eso era peor que preguntarme si la encontraba bonita. Más serio si quieres, más duro.

Decidí dejar de estudiar aunque me iba bien y no tardé en recibir un reproche de la persona que me quería mejor, mi baby sitter. Como no quise explicarle por qué evitaba a Lili y no a Nayda, que me despreciaba sin disimulos, me casé con mi baby sitter y creí que con eso le ponía punto final al áspero desacuerdo que tenía yo con las dos hermanas.

El novio de Nayda era bajito y rubio, jíbaro que alegaba ser guajiro, una rareza igual que el de Lili, que era como su vivo retrato aunque más hispano. Casado con Angelita para siempre, no empero, siguen frecuentándome de cuando en vez con sus rubios compañeros porque mi esposa no les dejaba ver a José, que estaba en camino de ser hijo de María, mi prima hermana, que es como tu vivo retrato.

La negativa de Angelita a dejarles ver a nuestro hijo en vida- yo iba a ser religioso y ella como yo- obligó a María Noemí a hacerse a un lado cuando Lili pasó sola en un carro americano inmenso como el del Padrino, frente a la casa de la prima que me agasajó como ella, con una fiesta no del todo alegre como las que daba Schoppenhauer.

Como la ví desde tan lejos, no sé de qué talante, si ofendida o confusa, María me buscó a la casa de mi madre y me presentó a una joven citada con Otra persona a un Blind Date. Al parecer la persona esperada no llegó a tiempo o declinó el appointment. Yo no la esperaba ver conmigo, si no a María para que terminara de liquidar el Contrato con mi niñera. Pero al ver que era una persona seria en una situación tan equívoca, llamé a una Informante y a su Novio, que era Guardia, para ver si la podían ayudar a aclarar su incómoda impostura. Se llamaba Nayda, como la novia del rubio que aparentaba ser Gay. Dos guardias que venían con la Informante y su novio la detuvieron y revisaron la cajuela del carro, que estaba a nombre de Nayda, para ver si estaba armada. No sé lo que pasó después. Si, que mi hijo nació.

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Más o menos cuándo comenzó mi Amor por esa, la detenida en la Avenida Cheo Feliciano, para ver si andaba armada, llegué a un acuerdo con María para que a la madre de mi hijo no le salpicara algo de ese afecto que me despertaba la Detenida. Noté que Angelita la escojió por su agria imparcialidad, por ese algo turbio que noté en su mirada cuando pasó alguna noche a mi lado con el que debía ser mi hijo en el momento más álgido de su celoso periodo de gestación. Mi prima se casó con su amado Roldán y pareó el Nacimiento de los dos para la misma noche de un templado 15 de diciembre de 1993, que es la fecha en que se siembra la Moderación o el Garbanzo en España.

Fiel aristotélico, porque era la guía de pensamiento que me aconsejaba el profesor que me apreciaba, sabía que mi hijo era asunto de Angelita más bien que el de mi prima, que por quedarme lejos iba a ser un Amor más bien Platónico adoptarlo como propio. La mirada turbia de la Madre, como la de una borrachera vengativa con Otro que no la amó, fue cuestión de unas horas pasadas en la resolana de un amanecer sin promesas. No era bueno saber que lo cargaba para librar una Gesta ajena y quizá es por eso que el hecho de que diera a luz el de mi herencia ni mejoraba ni empeoraba el conflicto todavía espinoso que causó mi desconfianza en Nayda y Lili.

Se me ocurrió querer a la Detenida porque me quedaba más lejos, si yo sin Fe Religiosa, prefería disimular que ya no creía mucho tampoco en el Amor. Mi escéptica afinidad por esa mujer a la que no le cumplieron el Blind Date empezó cuando no fue posible convivir con el niño que adopté como propio. Todo empezó como si una profesora me estuviera pasando una serie de diapositivas.

Primer Slide

Alberto descubre el responso que le dedicó al poema que publiqué en la Revista Página Robada de Río Piedras. Evidencia de que le ha pasado algo a la muchacha que por accidente casi besas si no te hubiera advertido que el Blind Date no era contigo. Creo que evoca el del semitismo de Góngora en un epigrama hiriente de Quevedo. Son los consabidos barritos que son mi herencia que me señala en un verso brillante, que aunque me gustó, no me decía nada de ella: Alfiletero de Neptuno, pues mi rostro tiene muchas mataduras de barritos que ya no son. Pero si es utuadeña, como lo advierten mis deudos de Islas Canarias, un responso jíbaro puede ser un velado lamento.

Segundo Slide

Un verso del novio más bien, describiendo el Manual Operativo del robot que le hace publicidad a la Detenida. Para tener a John interesado más bien en la Poeta, que aunque talentosa no quiere o no viene al caso, le enviaba mil cuartillas encuadernadas completamente en blanco, a través del Correo Regular. Personas que la han visto a una milla holandesa con binoculares inflarrojos no sabrían decir si el brillo de su mirada que ven encendido en la cámara digital tiene una explicación razonable. Lo mismo han notado los astrónomos que investigan la composición de una Aurora Verde que se deja ver como todas en Noruega, aunque se cree que la energía que la produjo procede de la cremación de varios esqueletos de guerreros taínos insepultos hasta el Año del Armisticio con Vietnam. Un evento igualmente enervante es el que ha observado el satélite que le toma fotos todas las semanas a la que fue detenida en la Avenida Cheo Feliciano. Los noruegos que han verificado la existencia de esa Aurora Verde sin brillo tampoco dicen nada sobre el aumento en la precipitación que registra el satélite de clima, que aportó La Unión Soviética, aunque no está el moderado Sr. Mac Dowell para dar cuenta de un evento similar durante la nivelación del mogote de Doña Juana Mundos en Río Piedras, en ese mismo año de 1975, cuando se firmó El Armisticio con la recien liberada nación de Vietnam.

Tercer Slide

La publicación de un treno que lleva por título Pájaro Negro, que es un poema funerario de mi inspiración a la memoria de un pariente del primer y acaso el último Gobernador Puertorriqueño nombrado por decreto militar. No indizado el poema satírico, como un Non Intended Pun del Impresor, lleva a la Detenida a asesorar a la Junta Editorial de la Revista El Sótano. Un rasgo notable del número de la publicación por ella asesorada lleva en la portada un Slogan alusivo a mi problemática herencia: la vida es un defecto.

Si la evidencia presentada por el profesor Martínez no bastara para convencerme de que a la Poeta le ha pasado algo fuera de lo corriente. Que alguien no le cumpliera el agasajo del blind date, que estuvieras Tú en lugar del que no quiso conocerla. Y que fueras todo lo que eres Tú.

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Eso no me ocurre con mi Primer Amor, a la que quería sin olfatear la sombra. Aunque la sombra no faltó, sabía a quien le debía gratitud y a quién amor sin término. Esta era la primera vez que Eso no estaba claro. Ya no se trataba de Ser Padre. De Ser Poeta, algo que yo no quería Ser. Sin embargo, mi cariño por ella creció, desde que supe lo que hacía la autómata para alzarle la cola al sicólogo que la tenía por Loca, si a la Autómata por Víctima de Ocasión. ¿Por qué no te puedo ubicar?

Si apenas comienza…

Otras veces fueron Luces, eso fijaba algo parecido a un justo proceder. Ahora no se ve lo que Otrora, o no dónde debiera, como al principio. La misma Luz en el rostro de mi niñera es Amor, en la de mi hermana es hacerme de la vista larga. Entonces la Luz no viene al caso tampoco. Eso explica por qué a los que pueden ver les llamen Cornetas en Utuado y Colleras a las aficionadas que se les amarran. Alguna coqueta sicóloga mal pagada hasta se pone un collar en la Oficina de Enlace.

El Maestro Eckhart, ante de la decepción que puede convocar la Visiòn en el corazón de un Visionario, aconseja fijarse en cosas al parecer irrisorias: agujas de tejer, agujas de tocadiscos, mechas de encendedor, ahora la tarjeta SIM y el clip que se emplea para enganchársela al celular. Es para que te entusiasme la idea de que Dios es un Becado que te dejó atrás. Como ves no del todo Deista y más bien cordial que mediocre estadía en el pasillo trasbastidores. El que se presentó ante Pilato le dio un Cover.

Reposo Inesperado, aparición de Ana Marina Rúa

Juan Carlos Quiñones tiene la fortuna de no ser hipertenso, aunque si no me equivoco es el autor más tenso que he visto en años. Mi esposa y yo llegamos a la conclusión de que era como nosotros dos, hijo descarriado de la escuela del profesor Gómez. Su bondad se equipara sólo a la de mi querida humacaeña y si mi compañera y yo no estamos seguros de que lo vimos sufrir tanto como sufrimos mi esposa y luego mi compañera, diez años ha le establecimos la milla de Holanda de tanto que nos conmovió su apacible y como resignado Breviario, con el motivo de Valéry…

C´est toit tranquille, où marchent des colombes

Como sucede con alguien que me queda a la vuelta de la esquina, la serena aparición de una joven autora desconocida que tuvo a bien fabular un desencuentro postcoital con la cautela de un fablieux, aunque desprovista su prosa de amargos consejos, me llevó si no a ella para consultar la similaridad de su experiencia con la que yo viví, a una lejana entrevista que se le atribuye entre ella y yo, a una edad en que ya no puedo verificar quién habla conmigo. Saber que Aristóteles ya no me guía como en el caso de alguien que como ella se llamaba Ana María y se enganchaba unos espejuelos que no necesitaba, si yo lentes de contacto para disimular mi resuelta miopía. También recuerdo que mi Amor parecía timonear con el aplomo que siempre le conocí, el viejo barco a explorar que era yo. Aunque la modesta observación clínica de la escritora me conmovió ya tanto, que me ví obligado a buscar a Juan Carlos de nuevo.

Leo por hábito y confieso que ya conocía la imaginativa apreciación que este autor tiene de lo que sería la vida de Adelaida Márese en esta ya tan disuelta Edad de las Discotecas. Si Adelaida volviera por sus pasos, ¿reiteraría su Amor por Baudelaire con un Segundo Primer Palco para sentar a sus amistades en la primicia de una obra teatral que prometió escribir? Eso ya lo ha narrado el surrealista que menos le importó al Obispo Breton. ¿Enviaría piadosamente a su compañero ya vacunado a buscar unos profilácticos para ese recien llegado que pretendió estrenar su ruidosa y juvenil aparición? El misterio empieza a ahondarse ahora que lo pude volver a ver al lado de su madre con una nueva y más retadora publicación: Bar Schoppenhauer

La aparición de Ana Marina como la de Daniel Hilerio Villanueva me helaron la sangre. Daniel en su cuento sobre el tórrido desenlace de un Blind Date, pues pese a lo se nos pueda decir de la promesa que fue la novela de capa y espada, ya no hay matrimonios secretos ni misas negras sino interesados pasmarotes y predicadoras. El pesimismo de Daniel me recuerda la sentencia de una escritora de mi generación que tituló su libro con un incómodo slogan de escuela pública: Pública Intimidad. Entiéndase ello como el del tristón Snowden: Vigilancia Permanente. Daniel entre otras cosas ni siquiera se molesta en los pormenores de la narración de un amor. Narra el final de una redada sin sus antecedentes. Si son primas o no las que lo hacen catear…

Freeze!

Es admirable el escudo de armas del que se han armado los dos: El fablieux. Un enigma para quien se tome la molestia de desempolvar su francés de monarquía. La Saga, bueno… Tú dirás.

 

 

 

 

 

 

 

La Cuesta de Venus en Bici

 

Especial para En Rojo

Cuando tenía ocho años, mi vecino me juró que había visto al Chupacabra. Yo no le creí, más por una cuestión de autopreservación que por otra cosa. Yo era de los que corría de la sala cuando daban los reportajes por televisión. La asociaba con diferentes canciones que ya no podía escuchar, por más desconectadas que estuvieran al espectro. “El vena’o”, “The Scatman”, el tema de X-Files: ya no podía escuchar ninguna. También pensaba en él en los frecuentes viajes en carro mirando los pastizales inmensos de las áreas limítrofes de Park Gardens, donde vivía mi abuela. “Por ahí andará metido”, pensaba, mientras miraba entremedio de los dedos que tapaban mis ojos.

Tito me dijo que lo había visto por la puerta de screen de su cocina, en su casa vecina a la mía en Venus Gardens. Imposible, pensé sin decir. Yo lo había visto mil veces. En mis sueños, en cada historia que mi hermana mayor me contaba de sus viajes al ovnipuerto, en los dibujos de las noticias, pero nunca tangible. Además, yo sabía que Tito era un embustero. Lo hacía por la atención. ¿Por qué se le aparecería a él y no a mí, que lo llevaba preñado en mi subconsciente?

Tito y yo solíamos chocar mucho. Compartíamos por necesidad. Esto no es decir que no teníamos cosas en común: A ambos nos gustaba la lucha libre, jugábamos Nintendo 64, y nos esmerábamos por ser el último que quedara en el juego de Rescate. Pero todo era eso: una competencia. Competimos por quién recibía el mejor regalo de Navidad, o quién corría más rápido, o quién podía tumbarse la revista pornográfica de la mesa de noche de su mamá. Nunca celebrábamos juntos, siempre uno estaba por encima del otro . Y entonces estaba Alberto.

Alberto era un amor, completamente diferente a su contraparte. Llevaba la chispa de un hermano menor que se benefició del cariño y el cuidado que su madre aprendió a dar tarde, muy tarde para el otro. Era como yo en ese sentido.

Alberto, siendo menor que yo, me enseñó a correr bicicleta con la paciencia que nadie me había tenido. Jugábamos al Pokédex, buscando Pidgeottos por los pastizales de Venus Gardens. “Por ahí andará metido”, nos decíamos. Los mismos dos palos eran las espadas, los arcos y los bastones de toda la saga de Lord of the Rings. Éramos un equipo.

Tito, por su parte, no me quiso enseñar el fili prendido que tenía en la mano el día que probó la marihuana. Yo le tenía miedo al arrebato. A la vez, hubiese querido que me ofrecieran. Salí corriendo a casa, llorando. Nunca volví.

Alberto se dio la vuelta por mi casa unas cuantas veces más. Me gritaba al balcón, nos saludábamos y hablábamos de cuando correríamos bici juntos otra vez. Nunca coincidimos.

Un día, mucho más tarde, cuando ya había olvidado el miedo al chupacabra, a la bicicleta  y a la marihuana, me contaron que Alberto había muerto en un accidente automovilístico. Guiaba un Yaris, igual que el mío. Le habían fallado los frenos. Me pudo haber pasado a mí.

No quise ir al funeral. No quería encontrarme a Tito. Quería volver a ver a Alberto. No así.

Hace poco, una amiga mexicana me invitó a participar de su ritual del día de los muertos. No tengo fotos de Alberto, sólo una visión borrosa de sus carcajadas. Llevé este escrito, inédito, sin terminar, como único reconocimiento de su vida, a su altar. Me encantaría que lo leyera, que me dijera qué cosas recordé mal, que supiera que todavía lo recuerdo.

Poco después, me encontré con la esposa de Tito, mientras ella me atendía en un laboratorio clínico. Nunca la había conocido, pero reconoció mi dirección. “Calle A Oeste? ¿Cuánto tiempo llevas viviendo allí? ¿Conoces a Tito?”,  me indagó. Actué como si nunca hubiese habido malos ratos entre nosotros, total, ya fue hace tanto tiempo. También hablamos de Alberto, con otro tono. Le envié saludos a su esposo, no sé si los recibió, ni si reciprocaría.Ambos eventos reavivaron los recuerdos de nuestra niñez compartida y nuestra relación con el Chupacabra. Le teníamos el terror y la curiosidad que se le tiene a saber qué pasa después de la muerte. El terror y la curiosidad que se tiene cuando observas la noche estrellada y te preguntas si hay algo devolviéndote la mirada. Era otro juego, diseñado para nunca ser resuelto. Hasta que me visitó.

Vino esta noche. Lo vi sentado en la hamaca que tengo en mi balcón. No dije nada, no quise abrumarlo con preguntas. Ni siquiera sé si me vio. Me bastó con verlo mirar las estrellas y compartir la misma brisa que él, la misma brisa que se siente cuando uno baja la cuesta de Venus en bici. No se olvidó de mí. Saber eso me es suficiente. Al rato, se paró, bajó las escaleras y se escurrió por los arbustos del vecino. Por ahí andará metido.

 

Desatar: El distanciamiento del ser humano de su esencia ontológica

 

Gloryfé Santiago Molina

 

Des(atar)- Mayra R. Encarnación Meléndez

Editorial Areté Boricua, 2022

Desde la portada, se presenta el símbolo que se despliega a lo largo de todo el texto: la cerradura de una puerta antigua, la que separa el prefijo Des y el verbo atar. Esto tiene diversos significados que se vivifican en cada uno de los relatos. En primer lugar, se alude a una puerta cerrada, cuyo interior no vemos, está oculto, y el exterior está enajenado de la vida, las energías, los pensamientos, las ideas, las acciones, los sentimientos y las emociones que ahí se experimentan. Desde afuera, todo puede parecer perfecto, un simulacro de vida, pero adentro permea la verdad. Cada uno de los personajes de estos cuentos son puertas cerradas por ideologías atávicas, como el cerrojo antiguo de la portada. Sin embargo, algunos están desesperados por abrirlas y surcar las veredas filosas de los prejuicios sociales sin dejar que estos los devuelvan al encierro. Es decir, desean expresar su genuino ser y no dejarse manipular por las convenciones sociales, culturales, religiosas, morales e ideológicas ni por los prejuicios. No obstante, hay otros personajes que prefieren mantenerse detrás de la puerta, viviendo de las apariencias, para que el exterior nunca se entere de su verdadera identidad. Así observamos cuentos como El rastro del animal, cuya vida del personaje, una mujer, había transcurrido tras la puerta, sin que el exterior supiera lo que realmente estaba sintiendo o deseando. Ella había envejecido al dedicar toda su vida al cuidado y los reclamos constantes de su madre, quien estaba postrada en una cama hacía más de diez años. Esta atadura la había hecho perder su juventud, su vida y sus sueños. Vive en un mundo que no es el de ella y su verdadero ser está encerrado en un cuarto o prisión de la que siente no puede salir. Quería vivir su propia vida, pero la atadura no se lo permitió. Esta puerta cerrada la estaba consumiendo poco a poco, mientras que el mundo que transcurría fuera no se enteraba de su más íntimo dolor. Este cuento invita a dejar de vivir la vida de otros y a que nos dispongamos a vivir la que soñamos. Otro cuento que se encuadra en esta categoría simbólica es El padre. En este cuento, la puerta cerrada oculta el verdadero ser que hay debajo de las apariencias: se refiere a esos padres que están presentes solo mediante un cheque, causándoles traumas a los hijos; sin embargo, ante la sociedad, muestran un ser familiar, amoroso, la de un padre digno. Este relato insta a desvelar la hipocresía paternal. Nuevamente aparece el tema de las apariencias en cuento Ese hombre, pues en el exterior de la puerta, el personaje es pulcro, elegante, pacífico y solitario. En el interior, estaba su verdadero yo: un pedófilo.

Otro simbolismo sobre la puerta cerrada que se desprende de este libro apela a los pensamientos que recorren el cerebro de los personajes sin dejarles un minuto de descanso a las neuronas, ya hastiadas de tanto repetir el susurro del pasado o del presente, debilitando su espíritu hasta inundarlo de bruma mental. O simplemente la puerta cerrada es refiere al temor a desnudar los anhelos y las pasiones más recónditas por temor al rechazo, al desprecio o la crítica. Todo esto se demuestra en el cuento El debut, donde el personaje no se atreve poner límites a su familia, expresándoles que no desea los sueños impuestos por ellos. Teme manifestar lo que verdaderamente desea para su vida, pues a él no le interesa participar en actividades eclesiásticas y mucho menos asistir a ellas. Debido a este temor, todo transcurre en su pensamiento, sin decir una sola palabra, es por esto que lloraba en solitario, fingía múltiples condiciones, prefería perder la voz para no cantar, rogaba por el disloque de sus cuerdas vocales, colapsaba su sistema nervioso… Este relato insta a atreverse a enfrentar a los demás (padres, familiares, amistades, cónyuges…), a abrir el cerrojo para expresar y defender los sueños, metas, intereses, personalidad, gustos, preferencias, en fin, el verdadero ser.

Asimismo, abrir la puerta también significa, en algunos de los relatos, esa situación que provoca una reacción fuerte que remece a los personajes, como también a los lectores, para que despierten a una nueva conciencia, trasciendan su estado y pensamiento actual a uno más espiritual o coherente, donde el ser genuino gobierne sus sinos y se desprenda de todo aquello que obnubila sus sentidos y los ojos de su alma. Es un llamado al conocimiento interior del ser humano y a una vida en concordancia con esa esencia humana. Por ejemplo, el cuento Magdalena expresa el poder que tienen las palabras, una buena crianza y la inculcación de amor propio en los hijos, pues fomenta, a largo plazo, una buena autoestima y aceptación de nuestro verdadero ser, abriendo el cerrojo para mostrar, sin temor y con orgullo, quiénes somos verdaderamente. Esto permite que se viva con las puertas abiertas. Razón por la cual Magdalena se sentía muy orgullosa de ser negra, porque su familia siempre le habló sobre su origen con orgullo y la llamaban Majestad negra, lo que la protegió de los improperios de sus compañeros. El relato insiste en la importancia que tiene el hogar en la promoción de hijos seguros de sí mismos, capaces de enfrentar el mundo y defender su esencia sin temores.

Además de lo expuesto, la puerta cerrada igualmente representa una búsqueda de respuestas a situaciones que constantemente perjudican al propio ser humano, a la naturaleza, a las relaciones y al planeta en general. Es una invitación a evolucionar en conciencia. Como representante de este apartado está el cuento Olfatear, en el que el olfato representa la conciencia del ser humano de que somos un todo cuántico, en el que todos estamos conectados, no existimos solos en el universo y nuestras acciones son como una pieza de ajedrez, que según se mueva la pieza, cambia la situación del juego. Igual ocurre en nuestra vida diaria, ya que nuestras acciones afectan a los demás. Ella no olfateaba, porque no veía más allá de las paredes de su casa, de su vida, de sus vecinos, olvidándose del dolor, el sufrimiento y la miseria que había a su alrededor. Por eso no olfateaba, porque para hacerlo, tenía que sensibilizarse. Cuando por fin, decide salir de su casa, abrir la puerta y sentir al prójimo, es cuando puede olfatear, pues le da entrada a los sentidos y a las emociones. En otras palabras, despertó su conciencia. Esto sucede cuando en el cuento se dice: “[…] abraza al transeúnte que escudriñaba algo para comer. El hombre sorprendido no paraba de llorar; Odisea gritaba de alegría, porque descubrió la sensación de oler”.

Igualmente, la apertura de la puerta, en este libro, simboliza la finalización de una etapa y el inicio de otra. Esto se observa mediante el umbral, pues este separa dos lugares o dos niveles: el lugar donde está el personaje y su próximo destino. Nuevamente, es una invitación a evolucionar en conciencia. Este proceso se observa en el cuento Rostro de mujer, ya que el personaje principal (una mujer) ha sido maltratada, durante mucho tiempo, por su esposo. Ella estuvo dormida, metafóricamente hablando, por mucho tiempo, ya que no reconocía que el poder de terminar con su agonía estaba solo en ella. Sin embargo, un día, despertó; es decir, se concienció de su poder, de que solo ella podía romper las cadenas del maltrato. El cuento relata que ella asesinó a su compañero, pero opino que es un homicidio metafórico que significa que acaba con esa relación y toma el poder que tiene como mujer. Este es el poder que tenemos todos de acabar con aquello que no nos conviene y transitar a una nueva etapa, a otro nivel o a una nueva vida.

Por otra parte, la puerta cerrada también se puede corresponder a un obstáculo o restricción en el sendero de la vida como ocurre en los cuentos Salto cuántico y Desatar. En ambos, las convenciones culturales, sociales y religiosas han obstaculizado o restringido la vida de los personajes. Han construido puertas cerradas alrededor de ellos, cerrojos que los distancian de su verdadero ser e identidad. Sin embargo, el mayor obstáculo, en el sendero hacia su esencia, son ellos mismos, ya que permiten que estos los mantengan prisioneros en la personalidad que han dictaminado para ellos. En Salto cuántico, el personaje principal (una mujer) huye de su propia identidad, porque en vez de ser quien quiere ser, decide ser como la sociedad insiste que sea. En Desatar, los personajes (una mujer y un hombre, amigos) deciden aparentar ser novios desde la escuela intermedia para acallar las sospechas de su homosexualidad y de su lesbianismo. Todos llevan una vida de mentiras, de apariencias, ya sea por el temor al rechazo, a la crítica, al prejuicio o al bullying. Sin embargo, ellos son su peor obstáculo, porque permiten que la sociedad los recluya al encierro, al olvido de su ser, omitiendo que el poder está en ellos, solo ellos pueden cambiar sus circunstancias. Es una decisión que hay que tomar con valentía, asumiendo las consecuencias.

No obstante, la puerta cerrada que contiene a todas las anteriores es nuestro pensamiento; es decir, nuestros pensamientos limitantes y nuestras interpretaciones de los acontecimientos de la vida. Esta es la que nos mantiene prisioneros en el interior de un recinto, sin experimentar los encantos y beneficios de la apertura al exterior. Así que todos los cuentos de este libro invitan a un cambio de mentalidad, de manera de pensar: si cambiamos nuestra manera de pensar y de interpretar, cambiará nuestra vida y estaremos ayudando a transformar el mundo.

En fin, en este libro de cuentos, la puerta con la cerradura antigua es homóloga a la caja de Pandora de la mitología griega, de la que, al abrirla, salieron todos los males y desgracias que podían afectar al hombre. En este libro, no se abre una caja, sino todas las puertas que encierran, en sus recintos, lo que hoy día afecta a la humanidad, cuyos males se pueden circunscribir al que los origina a todos: el distanciamiento del ser humano de su esencia ontológica o conciencia. Nuestra esencia ontológica nos permite observar nuestro mundo, indagando en nuestra manera de verlo para descubrir cómo solemos relacionarnos con los demás y con nosotros mismos, lo que nos permitirá transformar y elevar nuestra conciencia.

Referencia: El significado espiritual de las puertas.

Recuperado de: https://elsignificadoespiritual.com/de-las-puertas/