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Rendirse ante los electrónicos, pensamientos sobre filosofía de la tecnología

 

Especial para En Rojo

Estoy en Madrid en Café del Art en Plaza de Cascorro, al lado de mi casa, trabajando con un café en mi computadora. Acá no hay tanta cultura de trabajar en computadoras en los cafés. Hay que buscar sitios que lo permitan con sus mesas designadas para eso.

Al lado mío está mi hija, por un rato jugando en su Nintendo Switch (portátil).

Escribo estos pensamientos porque veo la tendencia de padres y madres de rendirse ante los electrónicos con sus hijos e hijas. Me imagino que esto lleva muchos años, pero ahora lo veo bien de cerca. Y veo como las tendencias sobre las cuales vengo leyendo hace años se hacen poco a poco realidad.

En filosofía de la tecnología, al igual que en ciencia ficción, hace muchos años que se discute el asunto de las nuevas vidas dentro del mundo virtual, y de nuestra nueva vida afuera junto al mundo virtual. Maternar en tiempos de electrónicos es fuerte. Mi hija me pregunta si en mis tiempos existían los celulares. En realidad lo que me está preguntando es si existían las computadoras con el internet y el mundo virtual “para llevar”. El electrónico ahora es una TV portátil, un teléfono portátil, un sistema de juego de video portátil, un mundo virtual de encontrar lo que sea, portátil. El propósito del mundo virtual es acaparar la atención de las personas. A los que no lo han visto, les recomiendo el documental The Social Dilemma (2020). El negocio de acaparar la atención de las personas es tal vez el negocio más lucrativo actualmente. El negocio logra su propósito tanto en adultos como en peques. Ya hay montones de libros y estudios sobre los efectos del uso prologando de electrónicos. Que si reduce la memoria. Que si reduce destrezas. Sobre todo en niños y niñas en crecimiento o criados con uso significativo de electrónicos. La tendencia predecible es a volverse anti-social, a-social, o como le quieran llamar a querer estar más en los electrónicos que interactuando con otros seres humanos. Los niños y niñas que se pasan mucho tiempo en electrónicos desarrollan menos destrezas para interactuar con seres humanos; tal vez lo más difícil que existe. Destrezas como empezar una conversación, seguir una conversación, encontrar temas de conversación, tomar la iniciativa de hablar con otra persona, mirar a otra persona a los ojos, poder tener paciencia, poder manejar conflictos, discusiones, temas difíciles, y conversaciones en las cuales no están de acuerdo con los demás. Me parece que los adultos también están perdiendo esas destrezas. Supongo que por eso ahora tenemos bodas con hologramas, relaciones con chatbots, y personas que deciden interactuar lo mínimo posible con otros humanos y vivir lo más posible en el mundo virtual. La novia virtual no les discute. El novio virtual siempre les apoya. Se especula que eventualmente los seres humanos ni podrán, ni querrán, relacionarse unos con otros. He visto anuncios del futuro que se vislumbra; un futuro en el cual los humanos van a escoger comprar robots (con apariencia humana) para tener de pareja. ¿Quién no quiere la pareja perfecta?

Veo madres y padres alrededor mío rindiéndose ante los electrónicos. Lo veo con peques de seis años, de nueve años, de once años, de trece años. En algún punto las mamás y papás “deciden” dejar de supervisar o de limitar los electrónicos. Papás y mamás con vidas ocupadas (ocupadísimas, ¿y quién no?) que se rinden ante el ímpetu y la insistencia de les peques a usarlos. Que se rinden antes sus vidas ocupadas. Es muy difícil limitarles el uso a 30 minutos, a 1 hora, a 2 horas al día. Si les quitan el electrónico de su preferencia lloran, se quejan, se enfogonan, forman un tantrum y una pataleta. Hay que darles otra cosa que hacer. Y ya la vida de les progenitores está llena de cosas que ocupan su tiempo.

La guerra contra los electrónicos es eso, una guerra. No es cuestión de separar una hora como adres (madres o padres) para entretener a los peques. Es algo serio. Es cuestión de tener que dejar una investigación académica. Dejar un proyecto que ha estado años gestándose. Dejar hobbies que uno ama. Es cuestión, a veces, de tener que cambiar los propios hábitos de uno. Lograr que los peques no usen los electrónicos, o los usen menos si ya los usan, es algo grande. Grande como un océano. Es tan y tan fácil dejar que los usen. Sobre todo cuando uno los está usando. Sobre todo cuando todo el mundo los está usando. (“¿Con qué cara se los quito si yo los uso?”). Sobre todo cuando piensan que “no son tan malos”. («Mis peques interactúan con otros peques en la virtualidad de los juegos.»). Sobre todo si piensan que ahora son indispensables (“mi hijo tendrá desventaja si no usa chatgpt” o el nuevo equivalente). Entiendo perfectamente por qué los progenitores se rinden ante los electrónicos.

Pero es bueno pensar (ese es el propósito de la filosofía, al fin y al cabo) y darse cuenta que los efectos a largo plazo de los electrónicos no se ven (como bien dice Sócrates, los efectos a largo plazo no se ven claramente en ningún ámbito). Se puede pensar simplemente que “mi hijo es a-social o anti-social o tímido” y que no es un efecto del uso de un electrónico. Y tal vez es así. Pero hay que pensar que estos efectos no son aislados ni individuales, las tendencias de peques que se criaron con, o viven en, el mundo virtual, a ser menos sociales se están documentando en muchos sitios.

Hay muchas fuerzas que se interrelacionan para promover un mundo de seres humanos más aislados a largo plazo. Hoy leí una noticia de que Francia están cerrando discotecas porque los jóvenes ya no salen a bailar y prefieren quedarse en las casas con sus amistades o en sus mundos virtuales. En Puerto Rico me dicen que muchos chicos y chicas de escuela superior ya no bailan. Este nuevo mundo se viene gestando hace tiempo. La medicina ha triunfado, poco a poco, como método de control social, remplazando la religión. Antes la religión se utilizaba para reducir el uso de alcohol y el baile, pero ahora hasta los jóvenes no religiosos dicen que no beben y no bailan porque prefieren cosas más “tranquilas y seguras”. Estoy leyendo sobre la nueva religión de la medicina hace años. Ahora que el cannabis se ha medicalizado, el alcohol se ha vuelto el nuevo enemigo para la medicina. (La medicina quiere el monopolio sobre el control y la distribución de las drogas/medicinas/sustancias en la sociedad.) También, como se viene diciendo hace más de 30 años en filosofía de la tecnología, a las personas que manejan el mundo (el 5%) les conviene tener humanos aislados que no se juntan y luchan por su florecimiento (ahora se diría por sus derechos) y sus localidades. Lo que quiero decir con todo esto es que estos asuntos no son temas nuevos. Ahora veo los frutos de las cosas que llevo leyendo y discutiendo hace años.

Creo que queremos un futuro en el que existan destrezas de interacción con otros seres humanos. (Y ahora parece que, como dice la canción, “You gotta fight for your right to party!”) Yo sigo en mi guerra con los electrónicos con mi cría, y me cuesta (no tanto porque he criado a mi hija con electrónicos bien limitados). Pero igual me cuesta criarla feminista en el mundo sexista en el cual vivimos. El esfuerzo me vale la pena. (Mi hija notó una instancia de sexismo en la película infantil IF –-Imaginary Friends— que me voló la cabeza.) Mi hija es súper social, una líder, y tiene unas destrezas maravillosas de conversación hasta con adultos. No necesariamente una cosa tiene que ver con la otra. Pero quizás hay conexiones.

La autora es profesora de filosofía en la UPR, Mayagüez, y autora de libros infantiles

 

 

Juan Segarra Palmer: historia de un machetero

 

 

 

Buenas noches. Doy la bienvenida y las gracias por estar aquí a las personas presentes. Reciban un saludo cariñoso por honrarnos con su presencia esta noche. Un saludo especial para la compañera Lucy Rodríguez, ex prisionera política; al Profesor y decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Interamericana, Julio Fontanet Maldonado y su familia y al protagonista de la entrevista, el compañero Juan Segarra Palmer y su familia.

Comienzo por agradecerle al Lcdo. Fontanet Maldonado la invitación para compartir la presentación de su más reciente libro, junto a el Dr. Carlos Severino, lo que constituye un privilegio para mí. Julito, como le decía nuestra amiga Tati Fernós, es una persona a quien respeto y quiero mucho. Acostumbrada a sus obras jurídicas, me sorprendió su incursión en la vertiente literaria de las entrevistas. Especialmente, cuando el entrevistado es un exprisionero político que perteneció al Partido Revolucionario de los Trabajadores Puertorriqueños- Ejército Popular Boricua-Macheteros (PRTO-EPB- Macheteros). Me enteré de su próxima publicación cuando fue él el entrevistado en ocasión del Radio Maratón a beneficio de Claridad, celebrado el pasado 30 de agosto, para hablar del cuarenta aniversario de los arrestos ocurridos en aquella fecha y de la obra relacionada con esos hechos que acababa de escribir. Poco tiempo después recibí su llamada para compartir con ustedes esta noche.

Les hablo a continuación de mis impresiones sobre la obra y  la conversación entre dos de la que trata. De una primera y ávida lectura una se percata de que no solo se trata de una entrevista, sino que hay una tesis planteada, con mayor énfasis en la primera y en la última parte  del libro. El entrevistador y el entrevistado coinciden en que existe la necesidad urgente de la descolonización de Puerto Rico y de que para lograrlo es imperativa la reconciliación nacional entre las diversas fuerzas y sectores que, con una gran variedad de opiniones, como dice la canción, conviven en nuestra Patria. En las reflexiones que intercambian, encontramos que, para propiciar la descolonización, el diálogo y la búsqueda de consensos tienen que darse para encontrar el mecanismo propicio  para que el proceso marche, a pesar de las diferencias ideológicas.

Probablemente, de inmediato se preguntará quien lee, como fue mi experiencia, ¿podrá superarse el partidismo fanático, el oportunismo de los políticos de turno, la indiferencia de quienes viven para mantener su comodidad, la prioridad de lograr sobrevivir que enfrentan las personas empobrecidas que buscan atender sus necesidades urgentes, entes que pensar en el estatus político de Puerto Rico? Estas interrogantes, en lo absoluto restan validez a la afirmación del autor de que conocer la historia de Juan Segarra Palmer sobre su proceso de concienciación, su formación como luchador por la independencia de Puerto Rico, las acciones políticas con las cuales hizo su aportación patriótica para alcanzarla y reflexionar sobre su postura de que pensar distinto no es un impedimento para buscar puntos de entendimiento, puede contribuir al necesario diálogo para la reconciliación.  Sin duda, este es uno de los objetivos de la obra que hoy se presenta.

La coincidencia entre autor y entrevistado en cuanto a la necesidad de la reconciliación nacional como requisito para la descolonización, deja también sobre la mesa cómo, una vez alcanzada esa reconciliación, se podría vencer la resistencia de Estados Unidos a atender el requerimiento consensuado de los sectores del archipiélago puertorriqueño. El derecho internacional a la libre determinación y soberanía de los pueblos nos protegería, pero de sobra conocemos el abuso de poder de aquella nación acostumbrada al imperialismo descarado. Habría que apostar a la resistencia nacional, demostrada durante siglos de coloniaje y en instancias concretas como Vieques, como el factor determinante.

La segunda lectura del libro la hice de manea más pausada para poder presentar mi apreciación y algunas reflexiones ante ustedes. Sobre el prólogo escrito por el profesor Rafael Cox Alomar debo decir que me gustó mucho porque nos ubica en el contexto histórico y geo político en el cual se desarrollo Juan Segarra Palmer como militante independentista de una organización clandestina cuya plataforma incluía la lucha armada. Datos muy relevantes sobre lo que ocurría en El Caribe, en América Latina. Estados Unidos y Europa nos colocan en el escenario que existía cuando defensores de la independencia patria blandieron el machete para instituir el Partido Revolucionario de los Trabajadores Puertorriqueños, el 26 de julio de 1976, fecha escogida para rendir homenaje a la gesta del Asalto al Cuartel Moncada en el 1953, importante antecedente al triunfo de la Revolución Cubana siete años después. En las páginas 10 y 11 se pormenorizan las actividades de represión instigados por la derecha en Puerto Rico, ejecutados por policías corruptos y el exilio cubano, entre otros grupos. La fundación del PRTP-Macheteros fue una respuesta a lo que acontecía. Se destacan tres sucesos trágicos en nuestra historia de lucha por la independencia: el asesinato de Santiago Mari Pesquera el 24 de marzo de 1976, el de Arnaldo Darío Rosado y Carlos Soto Arriví en el Cerro Maravilla el 25 de julio de 1978 y el de Carlos Muñiz Varela el 28 de abril de 1979. La referencia de eventos y su análisis en el prólogo nos sirven de marco de referencia para adentrarnos en la entrevista que desarrollan Fontanet y Segarra.

Sobre la Dedicatoria me agradó el justo reconocimiento que el autor  le hace a las organizaciones y comités que trabajaron sin descanso en la búsqueda de apoyo y solidaridad hacia las prisioneras y prisioneros políticos y de guerra, cuyo proceso de excarcelación es objeto  de la conversación. El Comité Unitario Contra la Represión (CUCRE), el Comité Pro Libertad de los Presos Nacionalistas, el Comité Pro Derechos Humanos de Puerto Rico, el Comité Especial en Defensa de los Prisioneros de Guerra Puertorriqueños y el Comité de Amigos y Familiares de los Arrestados el 30 de agosto, llevaron a cabo una encomiable labor en distintos momentos históricos para que las personas que lucharon por la libertad patria regresaran a casa. Comités de apoyo, como los mencionados por el Lcdo. Fontanet hacen trabajo de educación a la comunidad sobre quiénes son las personas que luchan por la independencia de su Nación, recaban apoyo para su excarcelación, buscan respaldo económico para los gastos legales y también atienden las necesidades de la familia, así como las de la prisionera o prisionero mientras está tras las rejas.

En cuanto a la estructura de la entrevista, el Lcdo. Fontanet tuvo cinco conversaciones con Juan Segarra. La presentación de la entrevista se divide en siete partes, además del prólogo y de la Dedicatoria. La primera parte es titulada “Juan, Papo o Junior y la Reconciliación Nacional: A Modo de Introducción”. Es muy importante y bien lograda pues plantea la tesis del autor sobre la reconciliación nacional como paso indispensable para la descolonización y nos presenta el trasfondo que lo motiva a escribir el libro. Sobre el particular, señala que es su propósito, y cito, “lograr que nuevas generaciones conocieran lo acontecido en ese periodo histórico: las actividades políticas desde el clandestinaje como parte de la historia de Puerto Rico y sus motivaciones”.   Además, a través de sus preguntas y las contestaciones del entrevistado logra que conozcamos a Juan, Papo o Junior como persona. En la conversación Fontanet se ubica a sí mismo en el momento histórico de 1985, cuando se efectuaron los múltiples arrestos y allanamientos del 30 de agosto, momento crucial en la vida de Segarra Palmer. El autor era entonces un joven estudiante que, posteriormente se hizo abogado. Nos cuenta una anécdota cuando su clase de escuela superior recibió la asignación de investigar y escribir sobre la postura de los partidos políticos de Puerto Rico en cuanto a la excarcelación de los prisioneros políticos nacionalistas. ¿Por qué sería que le asignaron a Fontanet la del PIP?  Además, como parece ser su costumbre, se alejó de lo tradicional y le escribió una carta, a modo de entrevista, al entonces encarcelado Don Rafael Cancel Miranda que, para su sorpresa, éste le contestó, de la forma tan suya que Don Rafa solía hablarles a las juventudes. Sin duda alguna, merecen especial reconocimiento las maestras y maestros que se salen de la cajita curricular para que sus estudiantes conozcan la historia que el sistema no enseña.

En esta parte de la entrevista también nos damos cuenta de la admiración que siente el autor por la personalidad de Segarra Palmer. Sobre el particular les invito a leer las páginas 24 y 25.  En “Del Condado a los Albores del Clandestinaje”, en la conversación entre Fontanet y Segarra obtenemos información sobre la familia del entrevistado, la escuela a la cual asistió, el área de El Condado en la cual pasó su niñez y adolescencia, sus amistades, sobre las cuales guarda memorias precisas. Nos enteramos de que fue un buen estudiante, un jugador de baloncesto bastante discreto, porteador de periódicos, hijo de un abogado independentista y cuya madre provenía de Nueva York. Juan es el mayor de tres hermanos varones y una hermana. Del tono de las contestaciones en ésta y otras partes de la entrevista, se desprende el gran amor y respeto de Juan por su mamá, Doña Noemí y por su padre, Don Juan (Quique), quienes siempre lo apoyaron.

A esta altura de la entrevista apreciamos también la formación académica e intelectual de Segarra que comenzó en  el Colegio St. John en El Condado y se fortaleció en la prestigiosa escuela preparatoria Andover, en Massachusetts. Hay inicios de su toma de conciencia a través de lecturas e investigaciones sobre el imperialismo norteamericano. Su aceptación en la Universidad de Harvard estaba, prácticamente, garantizada. Aunque el plan era hacerse abogado, no llegó a concretarse. Eran tiempos revueltos en los que el estudiantado luchaba por sacar las estructuras militares de los campus universitarios y se protestaba contra la guerra en Vietnam. “El Abuso que Cambió una Vida”, la suya, es narrado y presentado por el entrevistado como el punto de inflexión en el cual Harvard dejó de ser la meta para él. Se convenció de que su vida tiene otro propósito. La golpiza de la Policía al estudiantado y particularmente a su amigo en silla de ruedas, fue la clave.

La entrevista es detallada en cuanto a la búsqueda de Juan del espacio desde el cual participar en la lucha por la independencia de Puerto Rico. Habla sobre su estadía en Cuernavaca, México durante algunos meses, su intento de terminar los estudios universitarios en la Universidad de Puerto Rico, para, finalmente, regresar a Harvard a terminar el bachillerato, más como una muestra de respeto y agradecimiento a Doña Noemi y a Don Quique. Su interés por integrarse a una organización política clandestina, que utilizara la lucha armada, ya estaba definido. En “Comenzó el Clandestinaje” la entrevista nos conduce al accionar de Segarra en esa dirección. Se estableció la conexión con Filiberto Ojeda Ríos.

Encontramos abundante y minuciosa información sobre las estructuras organizativas. Asumo que se debe a que se trata de eventos que ya estaban accesibles en los expedientes judiciales del caso de la Wells Fargo, en Hartford. Pueden ser detalles atractivos para las personas interesadas en la acción militar o en la formación y eficiencia de las organizaciones. Yo hubiera preferido algunas preguntas sobre las posibilidades de la lucha clandestina en las circunstancias actuales, en las que la tecnología avanzada penetra todos los resquicios, así como su pertinencia en el actual Puerto Rico.

De la lucha armada y el Derecho Internacional destaco la información que ofrecen tanto el entrevistado como el entrevistador sobre las disposiciones que protegen a los pueblos colonizados y a las personas que luchan por su liberación. En las contestaciones de Segarra encontramos cómo los operativos del Ejército Popular Boricua-Macheteros, se ajustaban a los criterios internacionales para poder ser invocadas como defensa o actividades protegidas por el Derecho Internacional. Por su parte, el profesor Fontanet domina la materia como penalista que, además, enseña un curso sobre la interacción de ambas materias.

La parte de la entrevista relacionada con el operativo de Hartford, coloca en el escenario a Víctor Gerena, el conductor del camión cuya carga de siete millones, fue expropiada por Los Macheteros. Él representa a la diáspora boricua comprometida con la independencia de Puerto Rico. Para ello sacrificó su vida familiar para garantizar el éxito de la acción que él mismo propuso. Me conmovieron el cariño y el respeto con los que Segarra se refiere a Gerena y el sentido de culpa con el cual ha permanecido a través de los años porque aquel nunca podrá retornar a lo que hubiera sido su vida normal. También por la feroz persecución y acoso que sufrieron sus familiares. Víctor Gerena, su madre Doña Gloria y demás personas de su entorno, deben tener un lugar especial en la historia del independentismo puertorriqueño.

La posterior reivindicación del operativo de la Wells Fargo por los Macheteros y su vinculación con la lucha de liberación nacional, limpió la imagen de Víctor en cuanto a que se tratara de una acción para su lucro personal. Esa adjudicación cuya decisión no fue del todo consensuada, causó desacuerdos dentro de la organización que, eventualmente, fueron divisorios. La entrevista no abunda en detalles sobre el particular.

Además del operativo de Hartford y la posterior distribución de juguetes por los Reyes Magos en aquella ciudad y en Puerto Rico con parte del dinero expropiado, en la conversación provocada por Fontanet, se abordan las principales acciones militares del Ejército Popular Boricua con detalles sobre la planificación, el desarrollo de su ejecución, pero más importante aún, se destacan las razones específicas que las motivaron. En términos históricos es información valiosa pues demuestra que la organización política actuaba de forma justificada para responder atropellos cometidos en contra del movimiento independentista puertorriqueño. Por ejemplo, la acción de la base aérea Muñiz, fue en respuesta al robo de las elecciones de 1980 por Romero Barceló y en apoyo a la lucha del pueblo salvadoreño, mientras que el operativo de Sabana Seca, ocurrió en desagravio al asesinato de Ángel Rodríguez Cristóbal en la prisión federal donde cumplía sentencia por su activismo a favor de Vieques.

Otro dato histórico de relevancia es la fecha de la fundación del  Partido Revolucionario de los Trabajadores-EPB- Macheteros, el 26 de julio de 1976. Cuenta Segarra que fue en respuesta a la violencia ejercida contra el movimiento independentista. El prólogo del profesor Cox Alomar recuerda en detalle los desmanes cometidos por la derecha y las respuestas de la organización clandestina.

La parte de la entrevista titulada “Un Preso de Alto Perfil” me transportó al amanecer del 30 de agosto de 1985 hace 40 años, cuando el FBI, allanó múltiples hogares y otros espacios y efectuó arrestos en San Juan, Caguas, Vega Baja, Luquillo, pero también en Estados Unidos y en Cuernavaca, México. En este último la Interpol fue brazo utilizado para arrestar y torturar a Lucy Berríos, militante de la organización y compañera de Segarra Palmer. La actuación de los agentes federales fue brutal, especialmente por el impacto que tuvo en las crías sorprendidas en su sueño para enfrentarse con armas largas antes sus infantiles ojos y con la imagen de sus padres y madres con cadenas y bajo arresto.

El golpe emocional para las familias, la reacción solidaria de los vecindarios afectados, el teatro militar que montó el gobierno de Estados Unidos, el combate de Filiberto Ojeda Ríos en Luquillo, son historias para ser contadas por sí solas.

La narración de Segarra en torno a su vida encarcelado, es una de las que más disfruté porque sin alardes, con sencillez y mucha franqueza nos expone como sobrevivió 17 años de prisión sin amargarse, con una gran fortaleza espiritual que era parte de su personalidad, pero que enriqueció más aun utilizando los recursos existentes en el sistema carcelario que no fueran incompatibles con sus principios. Cuidó su salud física y combatió el ocio de todas las formas posibles, incluso haciendo deportes, al tiempo que continuó cultivando su intelecto mediante la lectura y alimentando su ser interior con la meditación y la oración. Tenía la esperanza puesta en que el movimiento independentista y el pueblo puertorriqueño, solidario por demás con la defensa de los derechos humanos, lo traería de vuelta a la Patria, como hizo con Lolita Lebrón, Irvin Flores, Andrés Figueroa Cordero, Oscar Collazo y Don Rafael Cancel Miranda. Y no se equivocó. Es conmovedora su fe en que la gente lucharía por la excarcelación de las prisioneras y prisioneros políticos, incluso después que tuvo que esperar tiempo adicional, luego de la salida de la mayoría. Su fortaleza se resume en la reflexión que hace y encontramos en la página 215: “El ánimo es lo más importante para todo en la vida”.

El entrevistador le hace preguntas sobre la apreciación que tiene de su vida, al mirar hacia atrás. Por ejemplo, si se arrepiente de algo. La respuesta es categórica y muy personal. Me pareció genuina y difícil para ser expuesta públicamente. En esta parte de la conversación también hay intercambio en cuanto a la apreciación que ambos tienen sobre la familia, así como  en el apego y amor por su gente.

Casi para finalizar la entrevista el autor conduce el diálogo hacia la opinión de Segarra sobre la situación política de Puerto Rico en ese momento. De nuevo, encontramos una visión llena de positivismo y de esperanza de que el pueblo puertorriqueño enfrentará los retos del coloniaje-entre los que menciona el éxodo de profesionales, el desplazamiento, el partidismo, la corrupción-mediante la lucha y las alianzas. Coloca una carga muy positiva en la enorme participación de las mujeres en el activismo. En lo que es música para mis oídos de feminista, destaca la prominencia de las mujeres en posiciones de liderato como el cambio más grande observado por él desde que entró en prisión hasta el momento en que es entrevistado por Fontanet. Entiendo que se refiere al liderato en las organizaciones y frentes de lucha no gubernamentales. Ciertamente nosotras no nos quitamos ni dejaremos que nos arrebaten las reivindicaciones alcanzadas. Las que afirmamos el derecho patrio a la libre determinación e independencia, tampoco dejaremos de luchar por ella.

Segarra menciona también como un cambio significativo e impacto de las redes sociales. Reitera la importancia de la descolonización al señalar que: Para mí, la descolonización es imprescindible para que mis hijos y nietos puedan vivir en un Puerto Rico mejor.”

En las reflexiones finales el autor escribe con posterioridad a las elecciones de 2024, que los resultados son cónsonos con el análisis de Segarra en la entrevista. Opino que también con el suyo, pues coinciden. Señala que los números obtenidos por la Alianza, por la gobernadora y por el Partido Popular apuntan a que el sector de mayor juventud en la población se inclina hacia el cambio y se aleja del voto por tradición familiar.

Fontanet aprovecha también para resumir el recorrido por la vida de El Machetero a través de la entrevista y destaca el impacto favorable que tuvo en él para reflexionar sobre la realidad puertorriqueña y sobre nuestro Pueblo, matizado todo ello por la realidad política del país.

Para finalizar quiero recomendar la lectura de “Juan Segarra Palmer, la Historia de un Machetero”. Conocerán al entrevistado por el autor a través de una conversación en la que también podrán acercarse a sus opiniones sobre los diversos temas que plantea Fontanet en las preguntas. También tendrán su visión sobre la organización política que durante un intenso periodo de tiempo defendió la dignidad nacional y el derecho del Pueblo puertorriqueño a la libre determinación e independencia.

Luego de finalizar el libro, hay algunos puntos sobre los que me gustaría conocer más. Por ejemplo, cuál fue el eslabón que condujo a los arrestos del 30 de agosto de 1985; cuál es la visión de las compañeras que fueron arrestadas y encarceladas: Ivonne Meléndez y Lucy Berríos; qué impidió la  reconciliación entre los sectores en pugna dentro de la organización clandestina, luego del operativo de la Wells Fargo; cómo las familias enfrentaron los procesos; cuál es el sentir después de 40 años de las hijas e hijos; que nos pueden contar sobre el impacto que tuvo en las vidas de sus abuelas y abuelos, como Doña Noemí Palmer, Doña Cristina Claudio, Don Quique Segarra. Tal vez otras entrevistas y más investigaciones contribuyan a encontrar las respuestas.

   

Presentación en el   Colegio de Abogadas y Abogados de Puerto Rico 3 de diciembre  de 2025. El libro esta a la venta en la CLARITIENDA

 

 

 

 

Investigar bajo sospecha: periodismo investigativo e independiente ante la nueva mordaza administrativa

 

Eliseo R. Colón Zayas

 

Las enmiendas contenidas en el Proyecto del Senado 63 del 2 de enero del 2025 a la Ley 141-2019, convertidas en ley por la gobernadora Jenniffer González hoy domingo 14 de diciembre, no prohíben el periodismo de investigación. Hacen algo más eficaz: lo encarecen, lo ralentizan y lo desgastan. No se trata de censura directa, sino de una reconfiguración administrativa del silencio. La transparencia no se elimina; se convierte en trámite. El derecho a saber no se niega; se posterga hasta la fatiga.

Para el periodismo de investigación e independiente, esta ley enmendada funciona como advertencia pedagógica: investigar tomará más tiempo, exigirá más notificaciones, más requisitos, más paciencia. Y ese mensaje no va dirigido a los grandes consorcios mediáticos de la prensa tradicional que cuentan con departamentos legales, acceso privilegiado y relaciones estructurales con el poder—, sino al periodismo independiente y al periodismo de investigación, a los proyectos pequeños, a los periodistas que operan desde márgenes financieros y políticos.

LA MORDAZA QUE NO SE LLAMA MORDAZA

El error sería leer esta ley como un obstáculo meramente técnico. En realidad, es una intervención política sobre las condiciones materiales de la investigación periodística. Al extender términos, redefinir solicitudes “defectuosas” y desplazar el acceso hacia jerarquías administrativas más altas, el Estado produce un efecto claro: investigar se vuelve un acto de resistencia sostenida, no una práctica institucionalizada.

Esta es la mordaza del siglo XXI: no silencia la voz, agota al sujeto que pregunta.

PERIODISMO CORPORATIVO Y COLONIALIDAD INFORMATIVA

El periodismo corporativo en Puerto Rico de los periódicos tradicionales, los canales de televisión y estaciones de radio y portales de internet no es simplemente un problema de línea editorial; es un problema de posición estructural. Responde a intereses comerciales, a anunciantes, a alianzas políticas y a una lógica de estabilidad del sistema. Su dependencia del acceso privilegiado —entrevistas exclusivas, filtraciones selectivas, “off the record”— lo coloca siempre en una relación de cooperación tácita con el poder.

En ese ecosistema, la Ley de Transparencia enmendada no es una amenaza. Para los consorcios mediáticos corporativos de periódicos, canales de televisión, estaciones de radio, portales de internet, la Ley de Transparencia enmendada es una herramienta negociable. El periodismo corporativo no depende del acceso ciudadano a documentos; depende de relaciones. Por eso, rara vez confronta el procedimiento como problema político. La burocracia no lo asfixia: lo protege.

EL PERIODISTA COMO COMUNICÓLOGO

Ante este escenario, el periodismo independiente y de investigación no puede limitarse a “seguir investigando como siempre”. Eso sería ingenuo. Lo que se requiere es un desplazamiento epistemológico: del periodista como comunicador al periodista como comunicólogo.

El comunicador transmite información. El comunicólogo analiza sistemas de producción de sentido, poder y silencio.

Ejercer el periodismo de investigación hoy implica investigar no solo qué oculta el Estado, sino cómo, mediante qué procedimientos, con qué lenguajes y bajo qué regímenes de legitimidad. La ley misma se convierte en objeto de investigación. El trámite es noticia. El retraso es dato. La negativa técnica es evidencia de diseño institucional.

ESTRATEGIAS DE INVESTIGACIÓN BAJO LA LEY ENMENDADA

Frente a esta mordaza solapada, el periodismo independiente debe responder con inteligencia estratégica, no sólo indignación:

  1. Documentar el procedimiento como historia

Cada solicitud, cada prórroga, cada silencio administrativo debe registrarse y publicarse. El proceso mismo revela la arquitectura del poder. Investigar cómo se investiga es parte del reportaje.

  1. Trabajo colaborativo y en red

La investigación aislada es vulnerable. Las alianzas entre medios independientes, periodistas, académicos y organizaciones civiles diluyen el desgaste individual y fortalecen la presión pública.

  1. Archivo paralelo

Ante un Estado que dilata, el periodismo debe construir sus propios archivos: bases de datos ciudadanas, repositorios de documentos previos, memoria histórica de decisiones públicas. La transparencia no depende sólo del Estado; también se produce socialmente.

  1. Narrar la ley como tecnología de poder

No basta con decir que la ley “dificulta” el acceso. Hay que explicar a quién beneficia, a quién desalienta y qué modelo de ciudadanía presupone. La pedagogía pública es parte del trabajo investigativo.

  1. Internacionalizar la mirada

El colonialismo administrativo se incomoda cuando se expone fuera del perímetro local. Vincular investigaciones a redes internacionales de periodismo y derechos humanos reconfigura el balance de poder.

INVESTIGAR CUANDO LA LEY INVESTIGA AL PERIODISTA

Las enmiendas a la Ley 141-2019 obligan al periodismo de investigación y al periodismo independiente a asumir una verdad incómoda: la ley ya no es sólo un marco; es un actor dentro de la investigación. Ignorarla no es valentía, es desventaja estratégica. Investigar bajo restricción legal exige aprender a leer la ley no sólo como norma, sino como dispositivo narrativo del poder.

  1. Convertir la restricción en objeto de investigación

Cuando una solicitud se declara “defectuosa”, cuando un término se extiende, cuando la respuesta llega mutilada o tardía, eso no es un obstáculo externo: es información. El periodista debe documentar el itinerario completo del acceso fallido como parte del reportaje.

El expediente administrativo —fechas, correos, silencios, prórrogas— se convierte en evidencia empírica de cómo el Estado regula el saber. Bajo este régimen, la opacidad se prueba procesualmente, no sólo discursivamente.

  1. Investigación por capas (layered investigation)

Ante la dilación institucional, el periodismo independiente debe trabajar por capas simultáneas:

  • Capa documental: solicitudes formales, reglamentos, contratos, informes previos.
  • Capa relacional: entrevistas, fuentes internas, exempleados, testigos indirectos.
  • Capa histórica: archivos pasados, informes legislativos, patrones de conducta institucional.
  • Capa comparativa: cómo se manejan casos similares en otras jurisdicciones.

Este enfoque reduce la dependencia exclusiva del acceso oficial y desarma la ley como único punto de entrada a la verdad.

  1. Escritura preventiva

Bajo restricción legal, el periodista investiga escribiendo desde el inicio. No se espera a tener “todo” para publicar. Se publica el proceso, se explica la dificultad, se narra el camino. Esto cumple una doble función: protege al periodista —al hacer público el intento— y educa a la audiencia sobre cómo opera el poder administrativo.

La ley apuesta al silencio prolongado. La escritura fragmentada, estratégica y continua rompe esa temporalidad.

INVESTIGAR DESDE LA HERIDA ADMINISTRATIVA

La teoría decolonial nos permite nombrar lo que la técnica jurídica pretende naturalizar. Aníbal Quijano en sus ensayos sobre la colonialidad, modernidad y racionalidad del poder, lo formuló con precisión: la colonialidad no es sólo dominación política, sino control del conocimiento, de su producción y de su circulación. En Puerto Rico, ese control no siempre se ejerce mediante censura directa; se ejerce mediante procedimientos que jerarquizan quién puede saber, cuándo y cómo.

Las enmiendas a la Ley 141-2019 operan dentro una matriz colonial del poder. Son enmiendas que maniobran una red de normas, saberes y prácticas que presenta la restricción como racionalidad administrativa. El Estado no dice “no preguntes”; dice “pregunta correctamente”. Y en esa corrección se esconde la exclusión.

EL TIEMPO COMO TECNOLOGÍA COLONIAL

La dilación no es neutral. El tiempo es una tecnología de poder. Hacer esperar al periodista, al ciudadano, al investigador es una forma de subordinar el ritmo del saber al ritmo del Estado. Fanon ya había advertido que el colonialismo no sólo controla territorios, sino que controla la energía vital del sujeto colonizado, su capacidad de insistir, de sostener la confrontación.

En ese sentido, la ley no busca impedir la investigación, sino regular el umbral de cansancio aceptable.

EL PERIODISTA COMO SUJETO DECOLONIAL

El periodismo de investigación, entendido como ejercicio decolonial, no se limita a revelar escándalos. Su función es desnaturalizar el orden que produce el silencio. El periodista-comunicólogo no pregunta sólo “¿qué pasó?”, sino:

  • ¿Por qué esta información se considera sensible?
  • ¿Quién decide cuándo deja de serlo?
  • ¿Qué tipo de ciudadano presupone esta ley?
  • ¿Qué saberes quedan fuera del archivo oficial?

Ejercer este tipo de periodismo es rechazar la ficción de neutralidad del procedimiento y afirmar que toda regulación del acceso al saber es una decisión política.

EPÍLOGO: PERIODISMO COMO EJERCICIO DECOLONIAL

Investigar bajo esta ley enmendada no será fácil. Y no debe romantizarse la precariedad ni el desgaste. Pero tampoco debe aceptarse la pedagogía del miedo administrativo. La historia del periodismo de investigación —en Puerto Rico y fuera de él— demuestra que las mejores investigaciones nacen cuando el acceso se vuelve problemático, porque ahí el poder se delata.

El periodismo independiente no compite con el periodismo corporativo en acceso privilegiado; compite en lucidez estructural. Su fuerza no está en la inmediatez, sino en la lectura profunda del sistema que produce la noticia y de la ley que intenta administrarla.

Cuando la transparencia se convierte en trámite, investigar se convierte en una forma de desobediencia informada. Y esa, hoy, es una de las prácticas más urgentes del periodismo decolonial.

Ejercer el periodismo de investigación hoy, bajo esta ley enmendada, es un acto decolonial no porque use ese nombre, sino porque rechaza la lógica del consentimiento administrativo. Es decolonial porque no acepta que el acceso al saber sea una concesión del poder; lo entiende como un derecho que se ejerce incluso cuando se dificulta.

La pregunta no es si la ley intimidará al periodismo independiente. La pregunta es si el periodismo aceptará la pedagogía del cansancio o responderá con una pedagogía de la persistencia.

Porque investigar, hoy más que nunca, no es sólo revelar datos. Es desmontar los dispositivos que intentan impedir que esos datos lleguen a existir.

Y en un país donde el silencio se administra por ley, seguir investigando es, en sí mismo, una forma de decir la verdad.

 

El autor es Presidente de la Fundación Periodismo Siglo XXI

 

La historia de un machetero: la reconciliación nacional como instrumento descolonizador

 

 

 

 

Permítanme antes de cualquier cosa agradecer a los organizadores y organizadoras de esta actividad el haberme invitado a presentar esta noche una reflexión sobre esta obra que recién ve la luz pública. Es para mí un verdadero privilegio porque la obra es producto de dos puertorriqueños que desde diferentes vertientes han contribuido a la cultura política de nuestro país. Julio Fontanet muy al principio del libro nos cuenta de la incuestionable realidad de que todo libro tiene siempre -cuando menos- un contexto, pero a menudo todo libro tiene muchos contextos. Hay contextos propios relacionados con la tarea de cómo concebir y escribir un libro en Puerto Rico, lo cual es siempre algo cuesta arriba y que requiere del mayor de los compromisos y empeño para finalizarlo.

Están también los contextos que, a decir del gran filósofo Immanuel Kant, provienen de la cronología y de la corología, es decir, del tiempo y la localidad misma de lo que se escribe o se narra, cómo lo es en este caso particular al tratarse de un libro de entrevistas. En este libro la dimensión cronológica del contexto nos obliga a situarnos en las postrimerías de la Guerra Fría y la localidad nos ubica necesariamente en la región caribeña y latinoamericana, en la que los avatares del devenir político mundial tuvieron unas incidencias muy particulares que se concretaron en formas de luchas de resistencias, de liberación nacional como también en luchas de carácter revolucionarias. Se me antoja pensar que no podemos entender cabalmente este libro sino lo imbricamos en ciertos procesos mundiales que arrojan mucha claridad y precisión sobre la trama de los diálogos que contiene. Así que permítanme explicar un tanto la relación de este libro con importantes conexiones políticas e históricas. Aunque no lo parezca a primera vista, este libro está históricamente relacionado con las repercusiones de lo que la entonces recién creada Organización de las Naciones Unidas (ONU) estableciera como parte de sus objetivos fundamentales en el año 1945.

La aspiración de eliminar las causas más profundas de las guerras europeas y sus repercusiones mundiales se concretó finalmente en la decisión de la ONU de impulsar un abarcador proceso de descolonización mundial. Por supuesto que eso solo era posible a través del desmantelamiento de los imperios colonialistas. Esa decisión fue nutrida e impulsada en gran medida por el ambiente de frustración generalizada que prevaleció debido al desastroso final que tuvo la Segunda Guerra Mundial. ¿Cómo fue posible una tan arrojada decisión? Llegar a un tal convencimiento no fue fácil y guarda además un vínculo muy estrecho con este libro que presentamos hoy. La imagen fresca en la memoria colectiva mundial por la pérdida irremplazable de millones de vidas en dos guerras mundiales y una destrucción general sin paralelos -incluyendo la detonación fatal de dos bombas de destrucción masiva en 1945- crearon las condiciones que justificaron tratar de ir a la raíz misma de las causas responsables de la situación de guerras intestinas europeas de implicaciones mundiales.

Era ineludible concluir que para finalmente aspirar a acabar con las guerras intestinas europeas había que apuntar a la responsabilidad histórica en esta trama de un sistema-mundo dominado por un grupo de potencias industriales (a decir de Wallerstein) en una competencia continua, rapaz y agresiva por materias primas que no tenían. Así se produjo el reparto del mundo y se consolidó el sistema imperial-colonialista. Así surge el colonialismo contemporáneo que es en alguna medida uno de los elementos protagónicos de este libro de diálogos entre Julio Fontanet y Juan Segarra Palmer.

Las materias primas fueron las que a última instancia impulsaron maquinarias de guerra y destrucción, pero también de miserias humanas inventadas como el racismo, la xenofobia, la ausencia de justicia social, las desigualdades y por su puesto el propio colonialismo. El desmantelamiento del sistema imperialista-colonialista era una decisión esencial para lograr un mundo diferente donde la idea de la paz tuviera una oportunidad real. Ese sistema imperialista-colonialista comenzó a derrumbarse en la Primera Guerra Mundial con la derrota y disolución del imperio Otomano. En la posguerra de 1945 fue relativamente fácil desmantelar el imperialismo-colonialista en Italia, Japón, Alemania, Portugal y España porque precisamente no figuraban entre las potencias vencedoras. Lo más difícil ha sido la ruptura imperial-colonial del Reino Unido, de Francia y de los propios Estados Unidos que se ha negado, por razones de haber sido una colonia, a reconocerse a sí mismo como un Estado poseedor de colonias. De ahí que los Estados Unidos hayan eufemísticamente llamado “territorios” a sus colonias.

Realmente durante los últimos ochenta años se logró avanzar mucho en ese objetivo de la descolonización y para muestra un botón basta. En el 1945 a penas 51 Estados fueron los miembros fundadores de la ONU y hoy día la membresía de la sucesora de la Sociedad de las Naciones tiene 193 miembros de pleno derecho. La inmensa mayoría de esos Estados que se fueron integrando a la comunidad de naciones soberanas en los últimos 80 años fueron precisamente antiguas colonias que se independizaron bajo el llamado mundial de la ONU para la descolonización. Por su puesto que estos procesos de descolonización no estuvieron siempre exentos de conflictos y guerras por las multiformes resistencias de los imperios-colonialistas, pero eso es harina de otro costal.

En general, las luchas políticas de la segunda mitad del siglo XX llevaron al continente latinoamericano y caribeño a una situación muy sui generis. Las terribles dictaduras represivas y antidemocráticas que florecieron por todos lados en nuestra región jugaron un rol fundamental en preservar el ordenamiento colonial y neocolonial y cancelaron además cualquier posibilidad de lograr que se consolidaran procesos políticos para garantizar los más básicos derechos civiles y humanos en sociedades democráticas.

El Caribe y la América Latina vivieron en un espectro político de extremos polarizados representado por las dictaduras, por un lado, y la proliferación de movimientos armados y clandestinos que luchaban en contra de la represión y por la democracia, por el otro. No fueron pocos los movimientos y partidos políticos de la región que se radicalizaron, ante la cruda realidad política prevaleciente. Así, nuestra región se caracterizó por un clima de conflictos armados y guerras civiles que sin duda se amplificaron con el triunfo de la Revolución Cubana en 1959 y su poderosa resonancia por todo el continente. Puerto Rico no fue una excepción. En la isla se vivía un deterioro acelerado de la democracia (el fraude electoral colosal de 1980 fue clave como dice Segarra Palmer en durante una de las entrevistas) y una represión política brutal incluyendo el vil asesinato político. Muchos de los cuales desgraciadamente hoy permanecen sin resolverse ni adjudicación de responsables. Es ese uno de múltiples aspectos por los cuales este libro resulta ser muy importante al recoger valiosos contenidos de esa época de la que lamentablemente se ha investigado rigurosamente muy poco.

En Puerto Rico desgraciadamente, vivimos mayormente en una realidad descontextualizada y desconectada de lo que ocurre en nuestra región y en otras partes del mundo en una suerte de jaula geopolítica.

El movimiento clandestino y armado del Ejército Popular Boricua “Los Macheteros” fue parte de esa realidad latinoamericana y caribeña que hemos descrito anteriormente.

Pero más allá de eso, trabajos de investigación y reflexión como las entrevistas que se recogen en este libro son los espacios que nos ayudan a intelectualmente convencernos, por ejemplo, de la falsedad del mito del colonialismo de excepción que impera en Puerto Rico ejemplificado en su máxima expresión mitológica: el mal llamado “problema del estatus”. Me disculpan, pero en Puerto Rico no existe ningún problema de estatus, en Puerto Rico existe un problema de colonial. El mal llamado problema del estatus es una ficción que debe ser superada. La visión intelectual sobre el tema de la descolonización que expone Juan Segarra Palmer en este libro derrota tal concepción reiteradamente en diferentes momentos de sus diálogos con Julio Fontanet. A propósito debo destacar que el jurista Fontanet se devela a lo largo del libro como un gran entrevistador, sagaz y con sólidos conocimientos históricos sobre su entrevistado y su razonar político. De hecho, es también pertinente hacer referencia al calificativo de “Los Macheteros” que fue una aportación muy pertinente que Juan Segarra Palmer legó a la organización en conexión histórica con luchas que se produjeron a principios de siglo XX en contra de la ocupación estadounidense y de las cuales se sabe también muy poco.

El fenómeno político de Los Macheteros no surge como una realidad criolla producto de circunstancias sui generis. Los Macheteros fueron parte integral de una dimensión política latinoamericana y caribeña de luchas armadas y clandestinas que en un momento dado arroparon prácticamente todo el continente desde México, Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador, hasta Chile, Uruguay y Argentina. Por supuesto que Los Macheteros fueron también herederos de la agenda descolonizadora inconclusa de las Naciones Unidas al Puerto Rico haber quedado atrapado en esa situación que hoy nos golpea con más claridad y contundencia que nunca. Cuando uno lee las páginas de este libro y escucha la conversación entre el entrevistado y el entrevistador no nos queda duda de esa realidad.

De hecho, es indudable el peso que tuvo la dimensión latinoamericana en el desarrollo de la personalidad y conciencia política de Juan Segarra Palmer mediante la decisiva y trasformadora experiencia que vivió en Cuernavaca, México, desde su primera visita. Allí no solo conoció la efervescencia del palpitar político latinoamericano, sino que también pudo conocer la opulencia de la oligarquía mexicana y cómo esos sectores oligárquicos allí -y en la mayoría de los países de la región- han oprimido y discriminado al campesinado y a los pueblos originarios a través de un servilismo abyecto y racista. México fue para el entrevistado una suerte de gran choque cultural de múltiples  significados que nos brindan pistas importantes de su proceder político posterior.

Este libro está muy bien estructurado. La lógica secuencial es muy sencilla pero inevitable para poder entender a cabalidad el desarrollo de la personalidad de Juan Segarra Palmer y qué circunstancias obraron en su desarrollo intelectual que le permitieron ir creando un nivel de conciencia social que era ciertamente muy atípico considerando su extracción de clase social. Esta parte de la biografía temprana de Juan es muy reveladora, no porque no la conociéramos, sino porque es narrada por el propio entrevistado con una extraordinaria claridad y contundencia. Esos párrafos nos llevan a recordar aquel famoso “dictum” de Carlos Marx (quizás uno de los más lúcidos de la historia de la ciencias sociales) en el Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte donde dice y citamos libremente: “los seres humanos hacen su propia historia, pero no en condiciones elegidas por ellos mismos, sino bajo circunstancias con las que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado”[1]. La personalidad de Juan Segarra Palmer se desarrolla así en diferentes circunstancias que lo fueron exponiendo a diversas realidades que en ocasiones chocaban con su profunda sensibilidad humana de la que nunca en su devenir como militante se pudo deshacer del todo y que lo llevó incluso a grandes dilemas en su accionar político.

El proceso educativo de Juan fue muy relevante pasando desde muy niño por instituciones elites en el Condado hasta llegar a la prestigiosa Universidad de Harvard, luego de haber tenido una formación académica preuniversitaria impecable en una de las más antiguas y prestigiosas escuelas de varones de los Estados Unidos conocidos como “Prep Schools”. Vale la pena destacar que él mismo seleccionó esa institución y convenció a sus padres que lo enviaran allí a la “Phillips Academy” en el poblado de Andover, Massachusetts.

Ya al llegar a Harvard su cabeza estaba inquieta y repleta de preguntas y cuestionamientos sin respuestas que lo llevaron a razonar sobre la manera más efectiva en la que él podría hacer una contribución a la lucha por la descolonización e independencia de su país atrapado en el colonialismo. Entre luchas estudiantiles y protestas emerge la radical idea de la lucha clandestina, la cual comenzó a dominar en su evolución política.

Este libro aborda momentos clave de la lucha política en la que participó Juan y es él quien nos habla con gran honestidad y capacidad de análisis sobre todo eso acompañado de un profundo sentido autocrítico que es muy aleccionador. Y digo aleccionador, ante todo, porque en gran medida vivimos en una cultura política que usualmente rehúsa reconocer el valor que tiene en la política -y en otros ámbitos también- una cultura autocrítica de honestidad intelectual que nos permita convertir los errores en excelentes maestros a futuro. En este libro el entrevistado nos narra con mucha humildad sobre sus visiones acertadas, pero se expresa con mucha comodidad sobre lo que él considera fueron errores cometidos. Juan Segarra Palmer vivió la vida que a conciencia plena escogió, pero en las circunstancias que el destino directa o indirectamente le legó. Pero nunca nos habla de arrepentimientos, todo lo contrario, es notable un sentido de haber enfrentado lo incierto del destino con entereza y convencido del deber cumplido en una acertada valoración histórica y dialéctica de su propio pasado.

En las entrevistas del libro se abunda en particular sobre dos operativos que marcaron profundamente el devenir y el legado histórico de Los Macheteros en múltiples sentidos: el ataque a la Base Aérea Muñiz, en Carolina, y el robo a la Wells Fargo en Hartford, Connecticut.

Sobre el ataque a la Base Aérea Muñiz, Segarra Palmer narra con lujo de detalles importantes aspectos sobre cómo se logró ese operativo que ayudó a consolidar una mirada cuasi mitológica de Los Macheteros entre diversos sectores. Aquel acto de infiltrarse sigilosamente –luego de una planificación minuciosa y prácticamente perfecta- en la más importante base aérea de la Guardia Nacional de Puerto Rico y destruir diez aviones operativos de combate procedentes de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, valorados en cuando menos en 45 millones de dólares, es a menudo tildado por diversas fuentes como el golpe más grande contra una instalación militar dentro de los Estados Unidos. A provecho el momento para hacer un llamado a nuestros jóvenes talentos cinematográficos de que esa historia, así como otras de Los Macheteros, son un material excelente que debería ser llevado a la pantalla grande.

En aquel momento del operativo en la base Múñiz la lucha de Los Macheteros llega a un nivel de apogeo sin precedentes dentro de los que admiraban su capacidad táctico-estratégica como incluso para sus detractores. La capacidad impecable de ejecución, así como sus sofisticados y desconcertantes niveles de operación clandestina, llevaron la noticia de aquella acción militar de gran envergadura a darle la vuelta al mundo sin dilación llamando la atención sobre el problema colonial puertorriqueño. Uno de los aspectos más sobresalientes de aquel osado operativo es que a pesar de la envergadura del atentado no hubo ni tan siquiera una persona herida.  Eso fue algo de mucho significado que en aquel momento separó estratégicamente a Los Macheteros de otras luchas de liberación nacional armadas que fueron extremadamente sangrientas como el Ejército de Liberación de Irlanda (IRA), la ETA (Euskadi Ta Asktasuna) en España o las Brigadas Rojas, en Italia, organizaciones armadas que no les temblaba el pulso por tener que incurrir en daños colaterales y víctimas mortales como parte de sus operativos.

De alguna manera esa operación en la Base Aérea Muñiz dejó meridianamente claro que había una preocupación grande para que Los Macheteros no se fueran a ser vistos simplemente como un grupo armado sin fronteras ético-morales en su proceder militar. De los propios comentarios de Segarra Palmer se desprende con claridad la idea de que Los Macheteros se consideraban un ejército en guerra pero con mucha conciencia y respeto hacia los estatutos de los acuerdos de Ginebra sobre la guerra que disponen no incurrir en daños ni en muertes a civiles. Pero también es evidente que esa dimensión ideológica tan particular llegó a convertirse en una tensión política significativa en la organización clandestina. En una operación previa a la destrucción masiva de los aviones de guerra, la emboscada a un bus que transportaba marinos estadounidenses en Sabana Seca, y donde murieron dos militares, Segarra Palmer deja entrever cierto grado de inconformidad con esa acción, aunque haya sido exclusivamente entre militares sin civiles involucrados.

Esa visión de ser una suerte de guerrillero que valora y respeta la vida de los otros se va consolidando en Juan Segarra Palmer a través de su historia en la organización. La búsqueda y la evolución de una paz mental y una espiritualidad muy especial nos delata que estamos ante un actor político muy especial. Un ser humano de un compromiso inquebrantable con la liberación de su patria, pero que al mismo tiempo persiste en su razonamiento una contradictoria nobleza.  Parece que en Juan existió el dilema de una aspiración estratégica que consistiera tan solo en hacer daño a las infraestructuras militares de los enemigos. Esa parte tan interesante de su personalidad tiene su propio aparte en el libro, que por cierto lo consideramos muy bien logrado y acertado por parte de Julio Fontanet.

En el proceder bondadoso de Segarra Palmer no solo se manifiesta el no querer privar a nadie de la vida como parte de los operativos. Esa bondad, que quizás no sea muy representativa de un militar curtido, llega tan lejos como su lamento -que aún perdura- por el enorme sacrificio que tuvo que hacer Víctor Gerena de vivir por el resto de su vida en el clandestinaje dejando atrás para siempre a su madre, hijos, hermanos, compañera y amigos. Al presente Víctor Gerena lleva 42 años que desapareció de la vida pública y Juan narra con tristeza y pesar, como si hubiera sido ayer, aquel último abrazo que se dieron en la frontera entre los Estados Unidos y México en la ciudad de Laredo. Nos resulta indudable que la acción posterior de Los Macheteros de llevar a los Santos Reyes a repartir regalos a los niños pobres en Hartford y Puerto Rico el día 6 de enero de 1985, utilizando parte del dinero de apropiado de la Wells Fargo, es una prueba más de lo que hemos querido enunciar. No me cabe duda de que Juan tuvo un rol relevante en la concepción y diseño de esa acción de mitigación política y mediática evocando la famosa figura e historia de Robin Hood.

El otro operativo de Los Macheteros que ocupa un rol relevante en este libro fue el asalto al camión de la Wells Fargo en Connecticut sobre el que ya hemos descrito algo. En aquel operativo la organización clandestina logró apropiarse de sobre 7 millones de dólares con la colaboración esencial de Víctor Gerena, conductor de la icónica empresa de movimiento y custodia de valores, y quien no pertenecía a la organización por lo menos inicialmente. De la propia narración de Segarra Palmer se desprende de que ya durante este momento hubo discusiones en las que afloraban diferencias políticas que tenían implicaciones en la propia toma de decisiones prácticas en la organización y con su futuro en la misma.

Esta presentación estaría incompleta si dejamos de comentar nuestras impresiones sobre uno de los segmentos más importantes del libro. El tema de los procesos judiciales brilla mucho por diferentes aspectos. Primero porque se desarrolla como una conversación profunda entre dos jurisconsultos. Sobre el entrevistador no tenemos que abundar mucho porque es un jurista de gran relieve. El entrevistado fue una vida que literalmente se escapó al derecho porque durante su juventud temprana veía en las leyes la posibilidad de emular a su padre abogado de profesión y además de complacer a su madre. Sin embargo, posteriormente los avatares de la vida acercan irremediablemente a Juan Segarra Palmer al derecho. La experiencia en sus procesos judiciales se convirtió en una escuela de derecho informal y más tarde, al quedar en libertad, ha trabajado como intérprete contratista en la Corte Federal lo que ha expandido aún más sus conocimientos jurídicos.

Los acusados por el operativo contra la Wells Fargo decidieron establecer una estrategia legal diferente a la de otros casos como el de los miembros de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) quienes optaron por desconocer la autoridad del tribunal federal sobre ellos como prisioneros de guerra. Los acusados del Ejercito Popular Boricua entendían, sin embargo, luego de importantes reflexiones internas y consultas legales, que en su caso (y dada la naturaleza particular de las acusaciones plagadas de errores y fabricaciones por parte del FBI) la mejor estrategia era enfrentar juicio y defenderse sin menos cabo de exponer la situación colonial de la isla durante el proceso. El juicio era una oportunidad de denunciar las contradicciones que adolece la propia superestructura jurídica de los Estados Unidos en lo referente al colonialismo. En toda la narración de los múltiples procesos legales a los que Juan Segarra Palmer fue sometido se puede evidenciar todo el aprendizaje que el acusado fue adquiriendo para comandar su propia defensa legal más allá de un gran equipo de abogados que lo acompañó. Juan enfrentó con serenidad lo que él mismo sabía que ocurriría a base de sus conocimientos jurídicos que fue aprendiendo. El resultado fue una condena de 65 años para lo cual él estaba preparado a pesar del inevitable costo emocional que algo así implica.

Sin embargo, también figuraba en los cálculos de Segarra Palmer que, a pesar de la condena, no estaría solo y que todo un pueblo, incluso más allá de líneas ideológicas, finalmente se involucraría solidariamente para exigir su liberación y la de sus compañeros/as.

En Juan Segarra Palmer hay un gran sentido de gratitud por la solidaridad de su pueblo que llevó al presidente Clinton a dar los pasos necesarios hacia la liberación de los prisioneros políticos puertorriqueños. Valora con especial respeto, cariño y agradecimiento a todo su equipo legal. De igual manera habla con especial cariño, añoranza y respeto de los gestores de las nobles campañas para la liberación de los prisioneros políticos puertorriqueños en la década de los ochenta y noventa. Juan nos narra cómo conoció y en qué circunstancias al doctor Luis Nieves Falcón, digno representante de la estirpe, hoy en peligro de extinción, del profesor y académico de gran vuelo intelectual y rigor que a la vez nunca claudicó en su afán por estar del lado correcto de la historia. Igual debo hacer mención en esa gesta para la liberación de los prisioneros políticos a la figura de del buen amigo isabelino y ex presidente de esta ilustre institución, Eduardo “Tuto” Villanueva. Para ambos extraordinarios puertorriqueños, y con el permiso de esta distinguida audiencia, solicito en agradecimiento, y de todas y todos los que con ellos colaboraron, un gran aplauso por favor.

En general, sobre el libro debo decir que este ha sido muy bien realizado. Su diagramación es muy buena y está concebida de manera que favorece una lectura ágil y amena. Las entrevistas tienen un hilo conductor que las hilvana creando una atmósfera narrativa interesante con una tensión creciente tal cual un filme de suspenso. El libro, además, tiene una redacción, edición y corrección verdaderamente impecable que hoy día es muy importante destacar. No me extrañaría verlo pronto asignado a cursos universitarios particulares para que las nuevas generaciones se puedan beneficiar de sus contenidos interdisciplinarios. Mis felicitaciones a la casa editorial Laberinto y todas las personas que trabajaron para la publicación de este importante texto.

Finalmente reitero que para mí ha sido un verdadero privilegio hacer esta presentación que me ha dado la oportunidad de adentrarme en un proceso que explica la génesis y el desarrollo de una organización esencial en la historia política puertorriqueña contemporánea.  A través de su lectura he podido conocer mejor al amigo Julio Fontanet en un excelente y comprometido trabajo académico como entrevistador y conceptualizador de la obra y además me honra haber podido entrar en conocimiento de todos estos procesos mediante uno de sus propios protagonistas. Juan Segarra Palmer es un patriota que merece nuestro respeto, reconocimiento y admiración por ser un ejemplo de gran valentía y humildad. Valentía doble, no solo por lo arrojado de su proceder sino valiente en reconocer aciertos y desaciertos políticos con toda honestidad. Las virtudes de Juan Segarra Palmer y su sabiduría política son elementos esenciales del capital político necesario para la construcción de una necesaria reconciliación nacional en el país que es un llamado que se hace en este libro por ambos autores.

¡Enhorabuena y gracias a todas y todos por su amable atención!

Palabras en la presentaciónn del libreo el 3 de diciembre de 2025 en elColegio de Abogados/as de Puerto Rico

[1] En el texto de las traducciones originales se escribió “los hombres”. Tomando en cuenta que ese texto se escribió en el siglo 19 aquí lo hemos citado libremente cambiando la alocución “los hombres” por “los seres humanos”.

Crónica de una derrota anunciada

 

Progresismo tibio, poder entregado y el retorno disciplinado de la derecha en América Latina.

Otto Taracena

  1. Cuando se gobierna pidiendo permiso El problema no fue la derecha.

Nunca lo es.

El problema fue un progresismo que llegó al poder sin vocación de poder, que confundió gobierno con buenas intenciones y liderazgo con tono amable. Un progresismo que creyó que bastaba con no ser el enemigo para ser alternativa. Error infantil. Error histórico.

Boric en Chile, Fernández en Argentina, Arévalo en Guatemala: tres contextos distintos, un mismo patrón. Presidentes que ganaron elecciones, pero nunca ocuparon el centro del tablero. Administraron expectativas, moderaron conflictos, explicaron derrotas antes de dar batallas.

La derecha no tuvo que arrebatar nada.

El poder le fue entregado prolijamente, con acta, excusa y relato.

  1. Boric: la épica generacional que se disolvió en gestión tímida

Gabriel Boric llegó como símbolo. Joven, ruptura, promesa de futuro.

Se fue convirtiendo —demasiado rápido— en administrador de límites.

El error fundacional fue creer que el problema de Chile era solo institucional y no estructural. El proceso constituyente, dejado a la deriva de una convención sin conducción política real, fue el laboratorio perfecto del fracaso: maximalismo sin pedagogía, identidad sin pueblo, moral sin estrategia.

Cuando el texto fue rechazado por una mayoría contundente, el gobierno no entendió el mensaje:

no era un “rechazo al cambio”,

era un rechazo al desorden, a la soberbia y a la falta de sentido común político.

Boric eligió entonces el repliegue, el tono bajo, el giro al centro sin épica. Resultado:

agenda perdida,

relato capturado por la derecha,

y un país que asoció transformación con caos.

La derecha no convenció: esperó.

El progresismo hizo el resto.

III. Fernández: un presidente sin mando en un país sin paciencia

Alberto Fernández gobernó Argentina como quien administra una herencia en disputa permanente. Nunca fue el centro del poder. Fue su portavoz confuso.

Su presidencia estuvo marcada por: indecisión,contradicción interna, economía sin rumbo,y un discurso progresista divorciado de la vida cotidiana.

Mientras la inflación destruía salarios y futuro, el gobierno ofrecía explicaciones técnicas, batallas simbólicas y nostalgia. Mucha palabra, poca autoridad. Mucho pasado, ningún mañana tangible.

El resultado fue devastador: el progresismo dejó de ser esperanza y pasó a ser sinónimo de desgaste. Así apareció Milei, no como genio político, sino como síntoma brutal de una sociedad harta de gobiernos que hablan bien y gobiernan mal.

No fue la ultraderecha la que ganó primero.

Fue el progresismo el que perdió credibilidad.

  1. Arévalo: decencia sin ruptura en un Estado capturado

Bernardo Arévalo llegó a la presidencia de Guatemala como milagro democrático. Y gobierna como si el milagro fuera suficiente.

Su mayor virtud —»la decencia»— es también su límite. Porque Guatemala no es una democracia imperfecta: es un Estado cooptado por redes mafiosas, judiciales, empresariales y criminales. Allí no alcanza con respetar reglas: hay que romper equilibrios.

Arévalo eligió el institucionalismo defensivo, el tono correcto, el gradualismo. Cree ingenuamente que el sistema puede reformarse desde dentro. El sistema solo espera.

Hoy el escenario es claro: la decepción social prepara el terreno para un nuevo gobierno de derecha, que no será novedad sino restauración. Orden sin justicia, legalidad sin democracia, eficiencia para pocos.

No porque Arévalo fuera corrupto, sino porque fue insuficientemente político.

  1. La derecha no duerme (y no necesita hacerlo)

Mientras el progresismo duda, la derecha actúa. No por ideología, sino por estructura. El mercado no descansa.

Las multinacionales no esperan elecciones.

El capital financiero no tiene moral, pero sí memoria.

La derecha política es solo la punta visible de una maquinaria que opera:

en tiempo real, con disciplina, con recursos, y sin culpa.

La izquierda, en cambio, sigue creyendo que la legitimidad moral compensa la falta de poder. No lo hace. Nunca lo hizo.

  1. Los tres bastiones: Petro, Lula, Sheinbaum

Hoy la izquierda latinoamericana resiste en tres frentes. No es poco. Pero tampoco es suficiente.

Petro.

Tiene diagnóstico y voluntad de conflicto, pero gobierna con un Estado débil y un Congreso hostil. Resiste a puro pulso, siempre al borde.

Lula.

Tiene experiencia y capacidad, pero gobierna con la derecha adentro. Su proyecto es evitar el desastre, no transformar el sistema. Administra tensiones para que no vuelva Bolsonaro.

Sheinbaum.

Es la más estable. Hereda un proyecto con base social y control territorial. Pero está atada a EE. UU., a la militarización y al riesgo tecnocrático. Estabilidad no es sinónimo de avance.

Son bastiones, sí. Pero bastiones a la defensiva.

VII. Resistir no alcanza

La pregunta no es si la izquierda puede resistir.

Puede.

La pregunta es si puede avanzar en un contexto de: crisis económica global, transición energética conflictiva, desigualdad creciente, y derechas cada vez menos democráticas.

Si la izquierda se limita a:no molestar a los mercados, gestionar el miedo,

y explicar por qué no puede, entonces perderá igual. Solo que más lento y con mejores modales.

VIII. La lección que no se quiere aprender

El progresismo latinoamericano no cae por radical.

Cae por tibio.

Cae por: confundir moderación con neutralidad, diálogo con desarme, ética con estrategia.

Cuando una fuerza política no cree en su propio derecho a ejercer poder, alguien más lo hará por ella.

Y la derecha siempre está lista.

Epílogo: la historia no espera a los indecisos

La historia no castiga a quien pierde luchando.

Castiga a quien pudo pelear y eligió administrar.

Boric, Fernández y Arévalo no fueron traidores.

Fueron algo peor para la historia:

símbolos de una oportunidad desperdiciada.

La próxima vez, si la hay, la izquierda tendrá que decidir si quiere gobernar… o solo volver a ganar elecciones para perder después.

 

«No escribo para exponer certezas, sino para incomodar inercias. Si algo de esto te hace dudar, entonces ya empezamos a pensar

— Chepe Fellini

 

El autor  es escritor guatemalteco.