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¿Por qué hay 100 millones de desplazados en el mundo?

 

Por Gustavo Veiga

Siglos de colonialismo, explotación de recursos, corrupción endémica y guerras de destrucción masiva – con la licencia de George W. Bush y su frase sobre las armas atribuidas a Irak -, provocaron que hoy se viva una tragedia humanitaria multiplicada por 100 millones de desplazados en todo el planeta. La cifra es del ACNUR, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados. No se trata de un tema migratorio estrictamente. Un concepto más amplio que a menudo se confunde con la situación de los perseguidos que buscan asilo en países diferentes a los de su lugar de nacimiento. Un dato dentro de un mundo de datos, basta para constatar de qué se habla. Hay 37 millones de niños entre los afectados según UNICEF y la cifra no contiene a los que padecen la guerra entre Rusia y Ucrania desde este año. Son el último torrente de menores que intentan llegar a un lugar seguro habida cuenta de otros padecimientos. El 28 por ciento de la población infantil es víctima de las redes de trata.

La crisis en ascenso se percibe camino a 2023. La OIM (Organización Internacional de Migración) publica estadísticas que explican una parte del problema. El año próximo, según sus estimaciones, deberían ser reasentadas más de 2 millones de personas para no agravar la situación global. El desafío resulta imposible de cumplir si se considera que en 2021 más de 1,4 millones de seres humanos necesitaron reubicarse y solo 39.266 refugiados lo lograron. El contexto migratorio, desmesurado en sus cifras, tampoco ayuda. A 2020 había 281 millones de inmigrantes, el 3,6 % de la población mundial. Una cantidad superior en 128 millones a la cifra de 1990 y que triplica a la de 1970. Se disparó en las últimas cinco décadas.

Otro elemento que acentúa la debacle humanitaria es la desigual aceptación de refugiados según los países de acogida. Para Filippo Grandi, el alto comisionado de ACNUR, la mayoría de los desplazados son recibidos por naciones de renta baja o media con muchos menos recursos que los países más desarrollados de Europa y Estados Unidos.

Esta asimetría combinada con una noticia que difundió Naciones Unidas el 20 de junio pasado, empeoraría más la realidad de millones de personas. La información corrió por cuenta de David Beasley, el director ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos (PMA). Dijo que “mientras el hambre en el mundo se dispara muy por encima de los recursos disponibles para alimentar a todas las familias que necesitan desesperadamente la ayuda del PMA, nos vemos obligados a tomar la desgarradora decisión de recortar las raciones de alimentos para los refugiados que dependen de nosotros para su supervivencia”. Si la palabra hambruna comenzó a escucharse más en estos días, ya se sabe de donde proviene el alerta.

En ese contexto de calamidades, ni la guerra en Ucrania consiguió desalojar todavía a los refugiados sirios del primer lugar entre los desplazados. Según ACNUR son casi 5,7 millones y en 2023 deberían ser reasentados 777.800. A ellos les siguen los afganos, lo que llevó al Alto Comisionado “a publicar un aviso para detener los retornos forzosos, incluso para los afganos que previamente se consideraban no elegibles para la protección internacional”, según Naciones Unidas. La lista de países con mayor cantidad de desplazados la completan Congo, Sudán del Sur y Myanmar en ese orden.

Ahora, si se toman en cuenta las cifras de refugiados ucranianos desde el comienzo del conflicto con Rusia, se llega a 5,4 millones de personas, que en su mayoría escaparon hacia naciones vecinas. La OIM estima que además habría 7,5 millones de desplazados internos. Las estadísticas de esta guerra en Europa seguramente pondrán al tope el número de refugiados ucranianos cuando finalice 2022. Pero la gran diferencia con otras regiones del mundo está en cómo fueron recibidos esos ciudadanos en países como Polonia y Alemania y cómo los que en su misma condición debieron huir de guerras en África y Asia hacia el viejo continente.

A los primeros les abrieron las puertas de par en par basándose en una polémica mirada etnocéntrica sobre los pueblos. A los segundos los rechazaron o hacinaron en campamentos de refugiados en condiciones deplorables.

Las postales de la xenofobia y el racismo también se ven con nitidez en Latinoamérica. Aunque no entran en la dimensión cuantitativa de otros continentes. Según ACNUR, Venezuela continúa al frente en la cantidad de emigrados. Su alto comisionado Grandi declaró a principios de este mes que la situación “no tiene precedentes en la región” que recibió cerca de 5 millones de venezolanos en los últimos años. El funcionario elogió que “los estados continúan facilitando el acceso a sus territorios, asegurando derechos y también la atención en salud, incluyendo la vacunación contra la COVID-19”.

En Brasilia acaba de finalizar un encuentro del llamado Proceso de Quito, una plataforma de especialistas creada por trece países de América Latina para seguir la evolución del tema. El ACNUR valoró que el grupo integrado por México, Brasil, Argentina, Colombia, Chile, Costa Rica, Ecuador, Guyana, Paraguay, Panamá, Perú, República Dominicana y Uruguay, facilitó “el acceso al asilo y a la protección temporal” de los venezolanos desplazados. El 84 % de ellos ha sido recibido en la región, alrededor de 5,1 millones de personas. Argentina es el país más receptivo si se consideran a todos los migrantes, por delante de Colombia y Chile, según datos de 2020.

Estas cifras oficiales, básicamente obtenidas de organismos internacionales, suelen pasar inadvertidas hasta que las pantallas de TV o las redes sociales reproducen alguna tragedia con migrantes. Siempre hay una. En la última semana impactaron dos, una ocurrida en Texas, Estados Unidos y la otra en la frontera de Marruecos con los enclaves españoles de Ceuta y Melilla.

El hallazgo de un camión cerca de la ciudad de San Antonio con 53 migrantes muertos en su interior, la mayoría mexicanos, pero también de Guatemala, Honduras y El Salvador, le arrancó al presidente de EE.UU, Joe Biden, algunas palabras sobre los traficantes de personas: “una industria criminal que genera varios miles de millones de dólares”. Todos fallecieron por asfixia, deshidratación y hacinamiento en un camión cuyo aire acondicionado no funcionaba. En lo que va de 2022 la OIM ya contabilizó unos 500 migrantes muertos camino a Estados Unidos.

A miles de kilómetros de ahí, en otra frontera conflictiva, murieron – según datos oficiales – 23 refugiados del África Subsahariana que intentaban cruzar por Melilla hacia España. Otros 76 recibieron heridas y muchos más terminaron apilados en el suelo mientras los guardias marroquíes los apaleaban. Las imágenes recorrieron el mundo para la indignación de los espíritus políticamente correctos. La Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMHD), en la provincia de Nador, calificó como “inhumana” la represión contra unos 2 mil desplazados que se lanzaron a saltar la valla de seguridad. Unos 133 lograron su objetivo y festejaban en territorio español. En la primavera del 2021 otros 8 mil habían conseguido cruzar por Ceuta.

La clase dirigente no puede entenderlo y sigue levantando muros alrededor del mundo. En ninguna frontera, nada detendrá a un desesperado. En la Edad Media “los ricos tuvieron miedo a los pobres”, dijo una vez el historiador francés Georges Duby. “Eran demasiado numerosos, inquietantes. Se sobrepasó el umbral de tolerancia de la miseria. En ese momento se produce el fenómeno del rechazo”, explicaba. Pasaron más de mil años.

Reproducido de www.pagina12.com.ar

 

Claro de poesía:Formas del viaje

Especial para En Rojo

Dentro del amplio panorama de la poesía puertorriqueña actual, la obra de J. P. Emmanuel (San Juan, 1971) se encuentra entre las más singulares. Su lugar en ese ámbito no está exento de mitologización. Parte del aura de secreto que gravita en torno a su poesía se debe a lo poco que este autor ha dado a la imprenta. En 1997 Julio Ortega recogió algunos de sus poemas en la Antología de la poesía latinoamericana del siglo XXI. En 2005, una selección de su poesía integró el último número de la revista El Mono Adivino. A partir de ahí, J. P. Emmanuel guardó un inexplicable silencio editorial que no vino a romper hasta 2018 con la aparición de seis de sus textos en Isla escrita: antología de la poesía de Cuba, Puerto Rico y República Dominicana. El sujeto de la poesía de J. P. Emmanuel celebra los hallazgos que emanan de su tránsito por accidentados territorios íntimos. Pero la mirada de ese sujeto errante va mucho más allá del registro de sus derivas. Indaga en los paisajes de la mente humana y sus arquetipos, un gesto que conecta esta poesía con preocupaciones similares en la obra de Pessoa, Juarroz, Szymborska y, en particular, Lezama Lima. La huella de este último en J. P. Emmanuel es marcada. Se advierte en la ampulosidad del lenguaje y en la visión del viaje como garantía de conocimiento.

 

Nuestro río

Nuestro río se ensancha
en una parte de su cauce y forma una charca.
La charca es perfectamente redonda y azul.
Redonda por un perímetro de piedras chinas
y azul por una formidable colonia de microorganismos.
Ese río es nuestro.
Nos vestimos igual,
caminamos en la ciudad con la misma aceleración.
No sembramos nuestros alimentos
(pero los sembraremos pronto).
Escribimos en la noche bajo luz de lámpara
(pero ya escribiremos a candelabro,
como Tomás, como Agustín)
y algunos de nosotros, iconoclastas,
lo somos más.
Nada existe codificado en nosotros,
que con las mismas barajas
de día jugamos al póquer
y de noche pedimos discernimiento y oráculos.
Debe estar sintiendo cada uno de los nuestros,
cuando asaltamos los bares juntos o por separado,
cuando sembramos el espanto de la sequía
en los litros de vidrio
y de las botellas solo sobrevive la estampa y el hedor,
la vida de Stephen Dedalus.
Como en todas las tribus,
en la nuestra jamás falta pan y cerveza,
y la cortesía necesaria para nuestros visitantes,
aunque no la merezcan.
Nosotros somos una tribu
fascinada por la mitología celta.
Anhelamos sin confesarlo poder leer todos los libros,
visitar todos los países, amar todas las religiones
compadeciendo su sociología,
ser felices ahora y no tener que esperar para ello.
La asistencia al río es ley.
La devoción a sus microorganismos es voluntaria.
La casualidad nos congrega varias noches a la semana,
sepa nuestro dios cómo.
Ninguno de los nuestros ha llegado jamás al ojo del río
donde un poco después se abre una charca.
¿Por qué esas cositas azules están allí?
Es probable que produzcan alimentos
por fotosíntesis y que circunvalen el agua
como cualquier protozoario.
Es probable que entre animal y vegetal sean ambas cosas.
Somos iconoclastas, y podemos extender
nuestras conjeturas hasta el infinito
y responder con una modesta aseveración a todo:
nuestro río se ensancha
en una parte de su cauce y forma una charca.

El alfabeto es la tabla periódica

 

El alfabeto es la tabla periódica

de letras que son átomos.

La palabra es la tabla periódica

de letras que son moléculas.

La oración es la tabla periódica

de letras que son células.

La página es la tabla periódica

de letras que son órganos.

El libro es la tabla periódica

de letras que son vida.

¿Cómo las mismas letras son materia

de materias tan diversas?

Cada creador de alfabetos

es un creado de átomos.

Cada creador de palabras

es un creado de células.

Cada creador de libros

es un creado de vida.

Cada creador de libros

es un creado de todo lo demás.

¿Y de qué es creado el creador, si alguno,

de todo cuanto miramos?

Crear es estar siendo creados por la creación que creamos,

como una alfombra mágica que se desenrolla

sobre los hilos que la forman,

como la pregunta que nunca se explica.

Todo libro podrá desandamiarse

escaleras abajo hasta la letra, pero no más.

Toda vida podrá desandamiarse

escaleras abajo hasta letra, pero no más.

Toda vida podrá desandamiarse

escaleras abajo hasta el átomo, pero no más.

Todo detenerse se detendrá

en un punto que no avanzará más.

Viviremos sin saber de qué está hecha una letra,

pero sabiendo que de ella se hace, en un lenguaje, todo lo demás.

Viviremos sin saber de qué está hecho un átomo

pero sabiendo que de él se hace, en la vida, todo lo demás.

Y jamás sabremos qué secreta forma viva

del movimiento de formas hila tantas vidas y lenguajes,

infinitas en infinitas combinaciones,

y por qué su esfuerzo, y para qué sus razones.

 

(Inéditos)

 

La humanidad de los mundos animados: Reseña de Lightyear y Marcel the Shell with Shoes On

 

Especial para En Rojo

 

El cine nos enfrenta a realidades inventadas por una gran comunidad de artistas y técnicos. Este grupo de creadores siempre me recordará a la sociedad secreta de artistas, científicos y escritores que Adrian Veidt, alias Ozymandias, reúne en una isla remota para planificar el final del mundo en la novela gráfica Watchmen (texto de Alan Moore, arte de Dave Gibbons, 1986-87). No descarto esta posibilidad en otras artes. Sin embargo, el cine nos deja ver esas realidades alternas en movimiento a través de una ventana. A pesar de que observar desde afuera algún evento implica cierta desconexión, el cine nos provoca empatía llevándonos a sentir y hasta a experimentar la acción proyectada en la pantalla. Inclusive, la animación nos aleja mucho más todavía de nuestra realidad sin restarle al impacto emocional de sus historias y personajes.

En la serie animada de HBO Max, Primal (dir. Genndy Tartakovsky, EEUU, 2019- ), que se lleva a cabo en una prehistoria llena de elementos de fantasía, el protagonista neandertal lucha por sobrevivir junto a un tiranosaurio. Su alianza es una basada en necesidad y en la urgencia por compañía. En el tercer episodio, el protagonista y el tiranosaurio pelean contra un mamut. Este es el más viejo y débil de la manada. Su lento caminar lo separa del grupo y lo lleva a la emboscada. Guiados por el hambre, el neandertal y el tiranosaurio comienzan su ataque. El viejo mamut no puede contra ellos y cae con las fauces del tiranosaurio apretándole el cuello. Justo cuando el neandertal levanta una roca para darle el golpe de muerte al mamut, el cazador titubea. En el ojo de la criatura, el rudo neandertal visualiza el final de una vida, la muerte de su propia familia y el inevitable ciclo que lo llevará a matar otra vez. Todo esto ocurre sin una línea de diálogo. Sentimos la tragedia de los cazadores y su presa gracias a una gramática visual que vincula la emoción de un mundo salvaje a un espectador que la experimenta desde las comodidades del no menos brutal siglo veintiuno. Esta serie de emociones complejas es precisamente lo que esperaba en la más reciente película animada de Pixar, Lightyear (dir. Angus MacLane, EEUU, 2022). Tal como a Juan Comodoro en la canción de Facundo Cabral, “buscando agua [encontré] petróleo, pero [me morí] de sed.”

Lightyear sale de la serie de películas de Toy Story, donde los juguetes pasan por una serie de aventuras mientras conviven en el cuarto de Andy, el niño que juega con ellos. En la sólida Toy Story 3 (dir. Lee Unkrich, EEUU, 2010), los juguetes se dan cuenta que Andy ya los ha dejado atrás porque se ha convertido en un adulto. La película es un glorioso viaje emocional que culmina con el final de la infancia de Andy. Buzz Lightyear, el hombre del espacio, está entre los juguetes favoritos del niño. Es inevitable esperar que Lightyear tenga una sensibilidad fantástica, especialmente cuando el tráiler usa la canción “Starman” de David Bowie prometiendo un viaje galáctico nostálgico con algo de profundidad. Sin embargo, Lightyear nunca alcanza los logros de las películas previas. La animación es maravillosa y triunfa en representar un mundo que combina la tecnología de ciencia ficción con la cualidad manual de los mecanismos de juguetes. No obstante, con todas las posibilidades que tenían con una historia donde Lightyear se encuentra varado en un planeta desconocido con un grupo de exploradores, la película se enfoca en una acción simplista y vacua. En Primal, la acción devela las complejidades de un mundo inhóspito y desarrolla sus personajes sin diálogo alguno. En Lightyear, el protagonista atiborra la escena de su constante narración para su bitácora imaginada mientras este se resiste a interactuar con un mundo bello que permanece inexplorado. Por otro lado, Marcel the Shell with Shoes On (Dir. Dean Fleischer-Camp, EEUU, 2022) retrata nuestra realidad como una llena de fantasías y problemas en la que el pequeño Marcel valientemente se aventura para encontrar a su familia.

En Marcel the Shell with Shoes On, un caracol con un solo ojo y tenis anaranjados vive en nuestra propia realidad, retratada sin efectos de animación. La película altera nuestra cotidianeidad de discusiones de pareja y programas noticiosos con el viaje de un caracol animado en busca de su comunidad. ¿Pero cómo encontrar a los suyos en un mundo tan amplio? Este es el mayor desafío del pequeño Marcel, que con la ayuda de Dean (actuado por el mismo director) usa las redes sociales y el Internet para dar a conocer su misión. El uso de las voces en la película trasciende el diálogo y nos adentra en la poesía de cada personaje. Así como la voz de Jenny Slate, reconocida por su trabajo en Saturday Night Live, llena a Marcel de una vulnerabilidad contagiosa y una valentía que lo enfrentará a un mundo sin límites; la voz de Isabella Rosellini en el rol de Connie, la abuela de Marcel, manifiesta el calor de un abrazo y un timbre que evoca el apacible fluir del agua entre las piedras. Marcel carece del salvaje instinto de supervivencia del neandertal y el tiranosaurio de Primal. A pesar de estas diferencias, ambos textos nos llevan a considerar nuestra compleja realidad desde diferentes puntos de vista y nos recuerdan que la vida es un constante correr hacia los nuestros.

Lightyear es un entretenido viaje por una de las atracciones azucaradas de Disney World. Esta la pueden encontrar en su sala de cine comercial más cercana. Aunque es probable que Marcel the Shell with Shoes On nunca se exhiba en las pantallas grandes de la isla, no dejen de buscarla. La inocencia y la dignidad de Marcel los llenará de esperanza. De esta manera, el caracolito animado nos enseña a ser humanos.

La vocación humana para caminar

En varias regiones de Brasil, el mes de julio es época de peregrinaciones y marchas. En el centro del país, es época de sequía y entre cosechas. Así, campesinos e indios pueden aprovechar este tiempo para las costumbres ancestrales de caminar juntos, sea para algún lugar considerado sagrado, sea para reuniones organizadas por movimientos populares.

Caminar es importante para la salud, pero es más que una necesidad física. Según muchos libros sagrados, el ser humano es, por naturaleza, caminante. A principios del siglo XX en Francia, León Bloy dijo: «todo ser humano es un peregrino del absoluto». En China, desde siglos antes de nuestra era, el Taoísmo enseña que el término Tao significa «camino». Tai-Chi-Cuan son ejercicios físicos y espirituales para «una vida larga y saludable». En la espiritualidad islámica, la peregrinación a Meca es uno de los pilares de la fe. Desde hace siglos, en India existen santuarios a los que los fieles gustan de acudir.

En sus inicios, el movimiento cristiano se llamaba «El Camino». Todavía hoy, en Brasil, se llama caminada al cristianismo insertado en medio de la vida y de la lucha pacífica de la gente empobrecida. Entre nosotros, hasta nuestros días, el pueblo guaraní vive su permanente peregrinación en busca de la Tierra sin Males.

En la Biblia, la peregrinación al templo de Jerusalén estaba vinculada a la celebración de las grandes fiestas del año. Los Evangelios cuentan que Jesús solía peregrinar a Jerusalén y en una de estas peregrinaciones de Pascua, fue detenido y crucificado.

Aunque el Cristianismo originario no tenía templos y consideraba sagrado todo el universo, desde el siglo IV, cristianos peregrinan a las tumbas de los apóstoles y mártires. Hasta hoy, millones de fieles peregrinan a lugares como la Tierra Santa, Santiago de Compostela o santuarios marianos como Lourdes y Fátima, o Guadalupe.

En muchas tradiciones espirituales, caminar es una forma de orar no sólo con la mente, sino también con los pies. Sin embargo, en la Edad Media, San Bernardo de Claraval enseñaba que, de nada sirve caminar con los pies si el corazón no marcha primero. El acto de caminar revela la disposición a cambiar interiormente. Hay que avanzar siempre en la búsqueda de Dios, que no se encuentra en los santuarios de piedra, sino en lo más profundo de cada ser humano, sobre todo de aquellos que aceptan peregrinar a lo más profundo de su propio corazón y reconocer en el otro hermano esta morada de lo divino. Todos somos peregrinos del Amor.

En la peregrinación de la vida, el itinerario supone una profundización en el viaje interior que es como aventura en el desierto, en la soledad de uno mismo, donde el Espíritu nos espera.

Un antiguo mito cuenta que las peregrinaciones surgieron porque el ser humano quiere recuperar la dimensión divina que perdió por no saber utilizarla con amor. Por eso lo busca en santuarios. Pero el Espíritu lo esconde en el lugar que menos sospecha: en lo más profundo del corazón humano. Es bueno hacer peregrinaciones y viajes, pero al mismo tiempo, es importante profundizar la peregrinación a nuestro corazón, al corazón de la comunidad y al corazón del mundo.

El autor es monje benedictino y escritor.

Crucigrama: Oswaldo Guayasamín

Por Vilma Soto Bermúdez

Horizontales

3. _____ Guayasamín Calero; pintor ecuatoriano, uno de los mayores exponentes del expresionismo indigenista. En 1976 creó la Fundación Guayasamín, en Quito, a la cual donó su obra y sus colecciones de arte. Concibió el arte como patrimonio de los Pueblos.

7. Cordillera suramericana.

9. 6 de _____ de 1919; nacimiento de Guayasamín en Quito.

11. Cocinó a la brasa.

12. Altar.

13. _____ cabezas; obra de Guayasamín de 1987.

14. _____ niños muertos; pintura histórica de 1941 de Guayasamín.

15. Divinidad egipcia.

17. Símbolo del erbio.

18. Asueto, descanso.

21. Niño _____; óleo de Guayasamín de 1969.

25. Premio Internacional _____ Martí de la Unesco; fue otorgado a Guayasamín en 1999 de forma póstuma y reconocido como «Pintor de Iberoamérica».

27. El descubrimiento del _____ Amazonas; mural de Guayasamín ubicado en el Palacio de Gobierno de Quito.

29. Ciudad de Venezuela en el estado Miranda. Conocida como «La Perla del Tuy».

30. Átomo con carga eléctrica.

31. Aquí.

33. _____; patria de Guayasamín.

34. Otorgan.

37. Las _____ de la protesta #13; obra de Guayasamín de 1968, reflejo de la injusticia social.

38. Cuidadora de infantes.

39. Obedeció.

40. Pueblo en el Condado de Limerick, Irlanda.

41. Quito niebla _____; cuadro de Guayasamín de 1948 sobre su ciudad natal.

43. Me atreví.

44. Celebración en Puerto Rico al terminar la recolección del café.

45. Planta americana de la familia de las malváceas, pl.

48. Limpiar o escardar la tierra, quitando la hierba inútil o perjudicial.

50. _____; óleo de Guayasamín de 1976.

52. Homenaje al hombre _____; mural de Guayasamín de 1954 ubicado en el Centro Simón Bolívar de Caracas.

53. 10 de _____ de 1999; fallecimiento de Guayasamín en Baltimore.

54. Real Academia de Bellas _____ de San Fernando, España; Guayasamín fue nombrado miembro de la entidad en 1978. En 1979 se le nombró miembro de honor de la Academia de Artes de Italia.

Verticales

1. Oswaldo Guayasamín _____; autor de «Quito niebla verde», «Las manos de la protesta», «Niño negro», «Los niños muertos», «Ecuador», «Historia del Hombre y la Cultura», «La Edad de la Ira» y «Cabeza de montaña».

2. La _____ de la Ternura; serie de 103 cuadros de Guayasamín dedicados a su madre y a las madres del mundo.

3. Óseo.

4. Interjección que denota vivo deseo de que suceda algo.

5. Parte del ave, pl.

6. Historia del _____ y la Cultura; mural creado por Guayasamín para la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Central del Ecuador.

8. Adjetivo demostrativo neutro.

10. Bóvido salvaje muy parecido al toro, se extinguió en 1627.

16. Antes de Cristo.

17. Existe.

19. Persia.

20. Escuché.

22. _____; mural de 1980 de Guayasamín ubicado en el Consejo Provincial de Pichincha.

23. Oswaldo _____ Calero; autor de «La Edad de la Ternura», «Homenaje al hombre americano» y «Ecuador», entre cientos de obras. En 1993 inauguró su casa-museo en La Habana.

24. Sistema que utiliza radiaciones electromagnéticas reflejadas por un objeto para determinar la localización o velocidad de este, pl.

25. Interjección para detener las caballerías.

26, Ola.

28. Plural de la letra o.

30. La Edad de la _____; serie de 260 obras de Guayasamín presentadas en 1968 en México y considerada una de las últimas grandes realizaciones del cartel político en pintura del Siglo XX.

31. Antes del mediodía.

32. _____ de montaña; óleo sobre tela de Guayasamín de 1974.

35. Tambor pequeño.

36. Negación.

42. Raíz o vocablo del que procede otro.

44. En ciertos tipos de yoga, postura corporal.

46. Labré la tierra.

47. _____ Lydia Vega; escritora puertorriqueña.

49. Octavio _____; escritor mexicano.

51. Preposición para la multiplicación de números.