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Será otra cosa-El porvenir será de las desnudas: Eiko Otake en Puerto Rico[1]

 

Especial para En Rojo

 

Mucho más que una persona, ella es un paisaje.[2] Mucho más que una artista, ella es un encuentro. Mucho más que un ahora, ella es una pulsión atávica que perdura. Mucho más que una biografía, ella es un saber morir lleno de vida.[3]
El pasado 13 de noviembre de 2025, Eiko Otake, artista japonesa del cuerpo con larga experiencia inmigrante en Estados Unidos, apareció en el escenario del Teatro de la UPR cargando en escasas libras el peso milenario del tiempo contenido en las piedras. Verla levantarlas con notable esfuerzo, ponerles el micrófono y luego deslizarlo por su propia piel para preguntarnos, “¿lo escuchas, me escuchas?”, es rozar ese dolor inconmensurable que cargamos en el cuerpo incontables generaciones de mujeres. Si guardáramos silencio, como hicimos aquella noche ante la artista, lo escucharíamos. A la contra de la cultura dominante, de la “industria” y del “éxito”, esta artista del cuerpo no piensa en erguirse, sino en “en caer-se” (“I am thinking of falling down”).

Al público se nos ubicó en el escenario junto a ella –gran acierto de proximidad–, y quedamos de inmediato imantados por ese cuerpo de mujer menuda, vieja, migrante, nacida en 1952, justo en la posguerra fascista y en un archipiélago lamido, a diferencia del nuestro, por el Pacífico y por una ambición imperialista en las entrañas. El evento, titulado La distancia es maleable, nos invitaba a recorrer, de manos de la propia Eiko, las más de cuatro décadas de su trayectoria artística. En una suerte de conferencia bio-biblio-performática con tono sombrío salpicado por humor travieso, la artista nos ofrecía iguales dosis de narración, descripción y acción en vivo, interaccionando con videos de archivo que iban desde los 80 hasta su actual proyecto en curso. Nos asomamos a su trabajo comenzando con el dúo Eiko & Koma en los 80,[4] 90 y 2000; luego transitamos sus solos a partir de 2014; y finalmente, llegamos a su Duet Project, activado a partir de 2018, en el que invita a algune artista a crear y presentar trabajos conjuntos. De paso, como en las mejores biografías, accedimos, por vía del “individuo,” a una sinécdoque de la historia contemporánea de la humanidad.

Según nos dijo al comienzo, la aspiración de Eiko no era que disfrutáramos la presentación, sino que no saliéramos de allí deseando no haber venido. Nos conminó a intentar, a través de nuestras diferencias, encontrar-nos con ella. Con su historia. Con su pavor. Con su “broken English” y su “vivir desnudamente” (“live nakedly”). Con el modo en que la ira y el desasosiego no la llevan al llanto, pero sí al tirón de un movimiento hacia adelante. Aquella noche, sumergida, me atravesó la capacidad mística del arte para transmutar la zozobra, ese rotundo desaliento que los horrores del capital imperialista, hoy reiterados con imposible obscenidad, nos provocan.

Si uso imágenes acuáticas no es arbitrariamente. En su arte, Eiko ha explorado de forma consistente los elementos fundamentales –agua, tierra, aire, fuego. Sin embargo, el agua destaca en su reiteración. De entre múltiples ejemplos, me quedo con la evidencia de que la artista se vio conminada a transicionar al proyecto de duetos mientras acompañaba a su madre a tener “una buena muerte”. El primer dueto fue flotando. En el agua. Practicando a morir mientras acompañaba a morir.

Los momentos en que las piezas registradas audiovisualmente (o concebidas de por sí como piezas de video) cobraban nueva vida por el diálogo refractado que la artista proponía con su cuerpo en el escenario fueron, para mí, las más poderosas fulguraciones de la velada. Destaco, sobre todo, dos de tales secuencias. Primero, las del cuerpo vivo de Eiko con los registros de sus primeras acciones trabajando como artista solista, en Wall Street y otras áreas neoyorquinas paradigmáticas de la ostentosa violencia del capitalismo estadounidense. Segundo, aquellas que forman parte de su proyecto en curso What is War (2025-), especialmente sus piezas desoladoras en Fukushima y en las inmediaciones de una de tantísimas “estaciones de consuelo”, espacios en los que el ejército japonés sometía a la esclavitud sexual a mujeres y niñas de los territorios ocupados durante la Segunda Guerra Mundial.

Durante toda la velada, la artista estuvo desnuda; “naked”, no “nude”. Mas cuando decidió estar desnuda-desnuda, sus coyunturas protuberantes expuestas, su osamenta palpable, sus pliegues de muchos años desprotegidos, su ser carne y huesos y nada más ante nosotrxs, un grupo de perfectos desconocidos –audaz confianza del más profundo feminismo sin pavonear el nombre–, se proyectaban a la vez retratos de los rostros envejecidos, curtidos, tan dolidos, de “mujeres de consuelo”. Por el público recorrió imperceptible la dimensión sin medida de lo que la especie, otra vez en guerra –ahora del todo espectacularizada– nunca acabará de expiar. “We are breakable; why do we do this?”. “Somos rompibles; ¿por qué hacemos esto?” El porvenir será de las desnudas.

 

[1] La residencia educativa de Eiko Otake en Puerto Rico se organizó en el marco de La Escuelita Fenomenal, iniciativa dirigida por las coreógrafas, bailarinas y maestras Viveca Vázquez y Merián Soto, con el apoyo de la Puerto Rican Arts Initiative (PRAI). Además de la conferencia performática en el Teatro de la UPR-RP, la artista facilitó un ciclo de talleres en el Departamento de Drama de la UPR-RP (12 al 25 de noviembre de 2025) y clases magistrales de “delicious movement” (movimiento delicioso), abiertas al público general, en el Museo de Arte Contemporáneo en Santurce (15 de noviembre de 2025) y en Taller Libertá en Mayagüez (20 de noviembre de 2025). La Escuelita Fenomenal es un eco del documental Fenomenal, Rompeforma 1989-1996. La pieza audiovisual, estrenada en 2025 y dirigida por Soto y Vázquez, recoge la historia de Rompeforma, festival experimental de baile y performance celebrado en Puerto Rico a finales de los 80 y principios de los 90, con la participación de artistas del archipiélago y las diásporas. Las maestras referidas también conceptualizaron y dirigieron el festival.

[2] “Los cuerpos son paisaje”.

[3] “Bailo como un modo de practicar morir”.

[4] Específicamente con Event Fission, su profética pieza en el vertedero del Río Hudson en la ciudad de Nueva York, con las Torres Gemelas y los aviones sobrevolando al fondo, mientras los artistas manipulaban una enorme bandera blanca y caían en un hoyo enorme de su propia hechura…

BVS Freestyle: pergeñando voces urbanas

 

En Rojo

 Desde 2022, BVS Freestyle recorre diversos espacios del país para cultivar la improvisación de rap y otros ritmos urbanos. A sus llamados, que suceden en una esquina, una plaza o cualquier espacio tercero, cientos de jóvenes acuden ávidos para encadenar letras y compases que resulten ideas graciosas. Muchos artistas emergentes, como resultado de estas exposiciones, han lanzado sus propias plataformas y bases de contenido musical.

En sus más recientes series de competencias, BVS se ha dado cita el pasado año en la Plaza del Quinto Centenario, en el Viejo San Juan. Allí reúne las energías raperas de quienes responden a la convocatoria, muchas veces incluyendo personas de Maunabo u otros pueblos. El pasado sábado, 20 de febrero, 16 jóvenes se inscribieron para un concurso que deleitaría, más en la noche, a cientos de personas.

Para Edgar García, también conocido Black Rhythm, las actividades organizadas por BVS fomentan el arte improvisado en Puerto Rico y acumulan contenido que generan. También reconoció que, como resultado del foro, existe ahora una red para quienes quieran incursionar en el género.

“También, tenemos una aplicación donde las personas que siguen esta escena pueden interactuar y seguir a sus freestylers favoritos. Allí la gente se inscribe para participar y se publican noticias de beatboxing y freestyle. Ahora mismo estamos en la cuarta temporada de BVS. El evento ha ido en crescendo en estos pasados cuatro años. La cantidad de freestylers que compiten y participan es increíble. Ha habido noches con más de 40 participantes”, compartió con En Rojo.

Del mismo modo, García entiende que las interacciones en las plataformas digitales como Instagram han crecido, asegurando que el espacio recibe el visto bueno y apoyo de figuras conocidas en el género urbano como Jay Wheeler. Crea las condiciones para que más personas puedan dedicarse a este arte y elevar su estándar de excelencia, contó.

“BVS es una liga como cualquier otra. Busca aportar a que crezca. Tenemos representantes en eventos internacionales, en rap improvisado y batallas escritas. Tenemos cuatro competencias de aquí al Festival de Claridad. Va a haber mucho nivel y mucha expectativa. Mucha expectativa para esos cuatro o cinco finalistas que van al Festival”, añadió.

Fotos Christian Rosado Medina/Especial para CLARIDAD

Al filo de las 8:30, numerosos jóvenes ya se batían en duelo verbal, valiéndose de las ropas de sus adversarios, el clima, la audiencia y cualquier artificio disponible. Alrededor, parejas y corrillos llegaban poco a poco al área del tótem, acomodándose en las estatuas de los corderos, las barandas, los muros y los bancos. Los 16 jóvenes participantes progresaban según determinaba un jurado compuesto por exponentes como Jay PR, y debían improvisar de acuerdo con las métricas de barras que pautaba el grupo evaluador.

“Este es el primero de una serie de eventos que va a culminar, con una final, en el Festival de Apoyo a CLARIDAD en la tarima Estrella, el 16 de abril, comenzando más o menos a las 7 de la noche”, explicó Esteban Gómez, colaborador del periódico. Igualmente destacó el rol del Festival como foro para exponer artistas como Ismael Rivera, El Gran Combo y, ahora, la competencia de BVS.

Poco antes de las semifinales, el concurso presentó a El Taíno con una pieza cristiana cuyo coro repetía “Conocí a Jesús y ya no sé cómo callarme”. Justo después, el maestro de la improvisación Wiso G apareció con tres presentaciones distintas. Primero, rimó al aire libre, a un son imaginado; luego se valió de unas pistas. Finalmente, el jurado intentó limitar sus rimas indicándole cuáles palabras usar, pero él las desusaba, se las comía y recomponía en una obra que parecía preparada.

Durante la penúltima ronda, Luis Aleno, Arkane, Xela y Broly figuraban entre algunos de los favoritos. Para probar sus destrezas, el jurado les imponía camisas, desodorantes y relojes del público para que improvisaran imágenes según los objetos. La gente se agolpaba cada vez más, atiborrando las escalinatas y jardineras de la plaza bajo una noche despejada y bonancible.

La última ronda contó con una musicalización beatbox del propio Black Rhythm y una ronda sin micrófono. Todos los oyentes hacían un círculo denso, esperando en silencio para ver si uno de los raperos, Luis Aleno o Xela, fallaba o concedía. Hablaban de perseverancia, de ingenio, de ganas, pero solo uno habló de Ponce, y ese fue el que ganó. Luis Aleno fue proclamado el vencedor de la noche.

 

Hamnet (cine): “. . . Agnes salvó mi vida”

 

 

En Rojo

El soneto #145 (publicado en un cuaderno de 1609) es único en estructura no solamente entre los sonetos de Shakespeare sino dentro de la poesía inglesa en general. Homofónicamente, sus últimas líneas incluyen “And[ne] saved my life” por decir “I hate not you”. Varios críticos piensan que este poema, desigual a los otros de la colección, pudiera haberlo escrito tan temprano como 1582, cuando el escritor tenía 18 años.

Leí la celebrada novela Hamnet (2020) de Maggie O’Farrell hace tres años. Me impresionó.  Anunciaron su anticipada adaptación al cine para finales de 2025 pero la película tardó varias semanas más en llegar a los teatros Fine Arts de San Juan. La vi por “streaming” antes de poder apreciarla mejor en pantalla grande en febrero.

Hamnet es un cuento de tropos conocidos: binarios como el campo contra la ciudad, los márgenes transformando el centro, la esfera doméstica femenina en contraste a la social masculina, la naturaleza versus la ciencia (“nature /culture”); pero también provee vistazos de la modernidad como el padre proveedor distante, la ansiedad de la familia durante su ausencia y la tensión interpersonal causada por la separación y la muerte de un hijo. Es casi un cuento diaspórico, casi un tropo literario puertorriqueño. Pero hablamos de las últimas dos décadas del siglo 16, el país es Inglaterra y el padre es uno de los dos o tres escritores más conocidos de la historia humana.

A la misma vez, casi toda la trama de Hamnet, novela y filme, es apócrifa. Los datos y detalles de la biografía y vida personal, tanto en Stratford-upon-Avon como en Londres, de William Shakespeare son escasos. Su nacimiento en 1564, la caída de prominencia y endeudamiento de su padre, sus estudios formales truncados – ciertamente sabía y leía latín — como resultado y en 1582 su matrimonia a los 18 años a Anne (también conocida como Agnes, como su nombre en Hamnet) Hathaway.

Agnes-Anne también ha dejado huellas oficiales en el registro de Stratford. Vivía con su familia en una granja respetable en Shottery una milla y media del pueblo de Stratford. Ella recibía una pequeña herencia para casarse después de la muerte de su padre, pero la granja como tal quedó en manos de su hermano menor, Bartholomew. Agnes-Anne tenía 26 años cuando se casa con Shakespeare y su primera hija, Susanna, nace seis meses más tarde.

En 1585, nacieron los mellizos Hamnet y Judith, pero ya Shakespeare probablemente había empezado a viajar a Londres para trabajar. Según los historiadores, para 1589 Shakespeare ya estaba escribiendo, montando y actuando en sus propias obras históricas, cómicas y trágicas.

Su hijo Hamnet muere en 1596 y su tragedia mejor conocida, Hamlet, estrenó en 1599-1600 en el recién construido teatro “Globe”. Ya Shakespeare era exitoso como dramaturgo y dueño parcial del teatro y había comprado terreno y construido “la casa más grande de Stratford” como vivienda para su familia.

Así comienza la cronología de Hamnet en 1582 y se extiende a 1599-1600. Fuera del contexto de esa cronología, Shakespeare se retira de Londres y el teatro en 1613, regresa a Stratford y muere allí a los 52 años en 1616. Agnes-Anne lo sobrevive por siete años.

Dentro de esa tela porosa, la trama de Hamnet – tanto la novela como el filme – va entrelazando hilos con detalles, ambientes, texturas, personalidades, sonidos, colores y pedazos de historia para crear un rico y multi-capado tapiz de una vida compleja y creíble de Shakespeare y especialmente de su esposa Agnes.

Nada de lo inventado o imaginado cae fuera de lo posible. Agnes representa la naturaleza como “forest witch”, bruja silvestre, curandera, sabia, y vive fuera de la esfera doméstica de su familia. Shakespeare es más joven, pero tiene una necesidad de descubrirse y romper con el estancado papel de hijo de un padre desgraciado. Su prisa en amar y casarse y ser padres de Susanna se capta en imágenes visuales brillantes dentro del bosque y en los espacios de cosecha de la granja misma.

Son los espacios de Agnes: envuelta en las raíces de árboles ancestrales; echando a volar su halcón; dando a luz a Susanna sola en esas mismas raíces; y aún años más tarde cuando la familia entera –Agnes, William, Susanna, Judith y Hamnet –entierran el halcón y Agnes les enseña cómo soplar con sus manos dobladas para señalar el rito de pasaje de un mundo al otro. Ese rito de pasaje sirve como enlace desde el cuento de Orfeo y Eurídice a Hamnet pasar de la luz a la oscuridad y hasta la muerte del príncipe Hamlet en el Teatro al final de la película.

Las escenas más impresionantes quedan en manos de Jesse Buckley como Agnes: entre otras, ella en el bosque, los tres partos y el intento de salvar, pero finalmente perder su hijo Hamnet. Agnes también se atreve a viajar al mundo desconocido de Londres para descubrir la vida de su marido, el teatro y la obra y personaje Hamlet, Príncipe de Dinamarca, que también es la imagen de su hijo.

El enfoque cinemático alrededor de ella, su cara, sus movimientos, sus vestidos y el sentido de dolor desde el principio en el piso del bosque crea un ambiente visual en que lo del aire libre parece casi interior y los interiores –como la sala donde muere Hamnet y el teatro Globe —  asumen dimensiones exteriores. Todas parecen como estar pintadas por un lente “chiaroscuro” para traer la yuxtaposición de vida y muerte, de luz a través de sombras, de telas de texturas pesadas.

No quiero obviar otras escenas ni los otros actores. Paul Mescal entrega una interpretación reveladora como un Shakespeare joven y oprimido por el endeudamiento de su padre. Agnes provee el rescate de su ser creativo, su poder soñar y escribir y de aventurarse en el mundo teatral de Londres. No obstante, su papel y actuación parecen casi secundarios al lado de Buckley, porque es la vida de Agnes que el filme nos muestra con mayor potencia.

Los mejores momentos de Pascal muestran la soledad: Shakespeare intentando escribir antes de decidir salir para Londres; viendo un halcón en el aire mientras cambia caballos en su intento de llegar a Stratford antes de la muerte de Judith, sin saber que es Hamnet quien ha muerto; él comiendo entre galopines en el fango del río Thames; su ensayo allí de “ser o no ser”; su actuación como el espectro del padre de Hamlet; y su presencia tras bastidores, mirando a Agnes en el público.

Los momentos de ensemble de la familia son impresionantes: Susanna, Judith y Hamnet actuando el coro de las brujas de Macbeth para el público de Agnes y William; el juego de espadas y las conversaciones íntimas entre Hamnet y su padre; y el entierro en el bosque del halcón. Cada uno tiene resonancias no solamente con el resto de la trama, pero con líneas e imágenes en obras y poemas de Shakespeare.

En cada instancia, las actuaciones de los personajes menores son excepcionales, y especialmente la de Jacobi Jupe como el Hamnet de once años, cuya muerte ocasiona la crisis emocional que finalmente fuerza a Agnes viajar a Londres.

Ese viaje refleja la subtrama de la relación amigable y cercana entre Agnes y su hermano. Bartholomew (actuado con gran presencia por Joe Alwyn) es su apoyo constante, abogando para ella a través de la acción en contra de su madrastra y, al principio, la familia de Shakespeare. Él la acompaña a Londres para encontrarse con Shakespeare, y cuando descubren su habitación pequeña y pobremente amueblada, pregunta ¿por qué el dueño de la casa más grande en Stratford vive así?

En esta versión, Shakespeare no sería Shakespeare sin Agnes, pero él no puede vivir en Stratford y ella no puede mudarse a Londres. La separación es tortuosa, si necesaria, y el amor (y finalmente el entendimiento) parece poder sobrevivir la angustia de la muerte de un hijo y la prolongada ausencia del marido de Agnes, quien es también el sufrido escritor de las tragedias dramáticas más importantes de los últimos 500 años.

Habría mucho más que decir. Otros filmes sobre la vida de Shakespeare – la comedia romántica Shakespeare in Love (1998) y All is True (2018) con Kenneth Branagh como Shakespeare cuando se retira a Stratford-upon-Avon en 1613 hasta su muerte en 1616 – no logran las especificidades profundas de la alegría y angustia, la creatividad y pérdida, el amor y casi odio (Hathaway se pronunciaba “Hate away”).

Tal vez el último mensaje de Agnes es, “te entiendo y no te odio”. Ese final en el teatro “Globe” con Agnes, y todas las familias del público que habían perdido hijos e hijas, queda grabado en la memoria de todxs nosotrxs que hemos visto este hermoso filme.

 

 

 

El vino a vivir entre nosotros

 

Especial para En Rojo

En este inicio de Cuaresma, en Brasil, la Iglesia Católica lanza la Campaña de la Fraternidad para dar mayor concreción a la conversión propuesta para este tiempo de preparación intensiva para la fiesta de Pascua. El tema de este año es Fraternidad y Vivienda, con el lema: Él vino a vivir entre nosotros.

El objetivo de la campaña es ayudarnos a comprender que, para gran parte del pueblo brasileño, latinoamericano y caribeño, la vivienda es un reto inmenso. Las cifras son alarmantes: millones de personas no tienen dónde vivir. Otras millones viven en viviendas inadecuadas, en situaciones insalubres y en condiciones de riesgo. Y, cada día, Cada día aumenta la población que vive literalmente en la calle.

Estos datos revelan más que una falla del sistema social y político. El problema de la vivienda forma parte de un proyecto de sociedad que se organiza a partir de la desigualdad social y de injusticias estructurales que provienen de la época de la esclavitud. En el siglo XIX, las personas esclavizadas fueron «liberadas» de su cautiverio, con la ropa que llevaban puesta, sin derecho a nada, y tuvieron que refugiarse bajo puentes, en laderas de los cerros y en casas de cartón o de materiales recogidos en la calle.

Actualmente, en muchas ciudades, la vitalidad del comercio y el ocio ha migrado a los centros comerciales y lo que era el centro de la ciudad yace prácticamente abandonado. En muchas ciudades hay decenas de edificios y inmuebles desocupados, mientras que multitud de familias pobres duermen en las aceras de las calles y plazas.

En 1948, la Carta de Derechos Humanos de la ONU ya reconocía el derecho a una vivienda digna como universal y básico. Nuestra Constitución Federal de 1988, en su artículo 6, define que la vivienda es un derecho social, al igual que la educación, salud, alimentación, trabajo, transporte, ocio, seguridad social, protección de la maternidad y de la infancia, y asistencia a los desamparados. A pesar de ello, desde 1990 la exclusión social no ha hecho más que aumentar, como expresión de una política cruel que permite que, en Brasil, un obrero gana menos de 300 dólares, mientras que en la empresa nacional de petróleo (Petrobras) hay salarios de 28 000 dólares. (Cf. Gazeta do Povo, 23/02/ 2026).

En Brasil, en América Latina y Caribe, la precaria situación de gran parte del puebl en relación con la vivienda es una injusticia estructural de la sociedad, pero también cuestiona directamente la fe y las religiones.

En todos los caminos espirituales de la humanidad, la hospitalidad es considerada como deber sagrado. En la espiritualidad hindú, la expresión védica atithi devo bhava —«el huésped es como un dios»— eleva el acto de acoger a un principio espiritual, integrado en el dharma, el orden moral del mundo.

En la Biblia, la tradición hebrea cuenta que cuando el patriarca Abraham recibió en su casa y preparó comida para tres viajeros que pasaban por su tierra, acogió al propio Dios (Gn 18). La Biblia vincula la lucha por la tierra con el derecho a la vivienda y deja claro que, a través del profeta Natan, Dios dice a David que no quiere templos ni santuarios, sino que promete establecerlo en una casa duradera (2 Sm 7). En este caso, el término casa significaba vivienda, pero también familia y descendencia. Es en este sentido que los profetas prometen que el Cristo nacería de la «casa» de David, es decir, de su descendencia.

Para quién es miembro de alguna Iglesia cristiana, el llamado divino es celebrar la Pascua de Jesús como principio de transformación de nuestras vidas personales y de la realidad del mundo, en todas sus dimensiones. En todo el mundo y, específicamente, en nuestro continente, la falta de vivienda o la vida en viviendas inhóspitas e inseguras es una nueva forma de condenar a poblaciones enteras a una cruz terrible y aún más inhumana, porque es cotidiana y permanente. Para los cristianos y cristianas, celebrar esta Pascua de 2026 de forma profunda y verdadera, contiene el reto de hacer todo lo que esté a nuestro alcance para bajar de la cruz a la multitud de personas sin hogar, sin tierra y sin trabajo.

En la realidad actual del mundo, el cumplimiento del deber sagrado de acoger no puede ser solo recibir momentáneamente en casa a alguien que pasa, sino comprometerse a que todas las personas tengan un hogar y puedan vivir y convivir en un ambiente sano y hospitalario.

Como afirmaba el mártir latinoamericano San Oscar Arnulfo Romero: «Estar a favor de la vida o de la muerte. Cada día veo con más claridad que esa es la opción a seguir. En esto, no hay neutralidad posible. O servimos a la vida, o somos cómplices de la muerte de muchos seres humanos. Aquí se revela cuál es nuestra fe: o creemos en el Dios que es Vida, o usamos el nombre de Dios, sirviendo a los verdugos de la muerte»[1].  

 

[1] – Cf. citado por CASALDÁLIGA, Pedro. A Política morreu. Viva a Política. Agência Latino-americana Mundial, 2008, p. 11.

Editorial-Caso Viqueira, golpe a la justicia y a la confianza pública 

Robert Viquiera y Moshayra

Independientemente de cómo se piense del fallo absolutorio del juez Angel Llavona Folgueras en el caso contra el enfermero Eduardo Meléndez por el asesinato del biólogo Roberto Viqueira Ríos el 15 de julio de 2025, y de la evaluación que pueda hacerse de la prueba presentada en el juicio, resulta muy perturbador para el pueblo de Puerto Rico enfrentar la realidad de que, de ahora en adelante, cualquier «guapetón de barrio» resentido, anti social, peligroso y armado hasta los dientes, pueda segar una vida en solo minutos, y salir por la puerta ancha en un Tribunal de nuestro país, bajo el manto de una supuesta legítima defensa.

Eso fue lo que ocurrió el pasado, 6 de febrero en Puerto Rico, con la declaración de no culpable en todos los cargos emitida por el susodicho juez a favor de Meléndez, fallo que no sólo ha galvanizado la discusión pública en el país, sino que incluso ha revelado profundos desacuerdos entre varios de los más connotados expertos en derecho criminal en Puerto Rico.

Viqueira, un activista ambiental y social de larga trayectoria, y líder de la organización ambiental Protectores de Cuencas, y su vecino contiguo, Eduardo Meléndez Velázquez, enfermero de profesión y aficionado a las armas ( se le ocuparon once armas inscritas legalmente a su nombre la noche de los hechos), llevaban desde el 2020  enfrascados en una disputa vecinal, que incluyó un patrón de provocaciones y actos hostiles de Meléndez hacia su vecino inmediato y su familia. La animosidad y provocaciones del enfermero contra la familia Viqueira eran conocidas y motivos de preocupación para otros vecinos de la misma calle y urbanización en Yauco, según se reflejó en reportajes televisivos con testimonios de vecinos, que fueron al aire con motivo del juicio.

Pero, presentar específicamente el contexto violento y hostil que luego desembocó en tragedia no se permitió en el Tribunal, donde sólo se presentó la prueba de la noche de los hechos, cuando ya Viqueira y su familia habían llegado al límite que podían tolerar de las provocaciones del vecino, desatando el episodio que culminó con el asesinato del biólogo. Viqueira fue asesinado frente a su esposa. Ella y sus hijos también habían sufrido por años las provocaciones y hostilidades del agresor.

La determinación judicial absolutoria, que se basó en que el acusado actuó en legítima defensa, causó la reacción desbordada de la viuda e hijos de Viqueira como un dique contenido que al fin cede a la furia de las aguas. También entre vecinos y un sector grande de la opinión pública en todo Puerto Rico, el veredicto se sintió como un golpe inesperado a la confianza de los ciudadanos en los tribunales como el último reducto de la justicia en nuestro país.

Roberto Viqueira Ríos gozaba de respeto y admiración generalizados  por sus muchos años de trabajo científico en protección de las cuencas hidrográficas y sus ecosistemas asociados, tales como costas y arrecifes de coral alrededor de nuestro archipiélago. El hecho de que fuera asesinado de forma tan cruel y violenta levantó una gran ola de indignación ciudadana. El científico se había querellado de su vecino en varias ocasiones desde el año 2020, por incidentes de música a volumen irritante, ruidos innecesarios y acecho. El hallazgo de una bocina que el enfermero instaló en el techo de su casa, y colocó en dirección de la de sus vecinos, la cual emitía un ruido ensordecedor de coquíes, fue el detonante de la tragedia que culminó en el asesinato de Roberto Viqueira.

A nadie que haya seguido este caso le cabe duda de que las víctimas primaria y secundarias fueron Viqueira y su familia inmediata. Que el juez quisiera justificarse y convertir a las víctimas en victimarios no altera la realidad de este suceso. Con sangre fría, y un arma larga de alto poder en sus manos, Eduardo Meléndez Velázquez mató a Roberto Viqueira frente a su casa del primer tiro de veintidós que le disparó. Hoy, está «libre de polvo y pajas», con su récord limpio y en posesión de las once armas registradas legalmente a su nombre.

¿Qué puede llevar a un enfermero que trabaja en la sanación de sus pacientes a un acto de tanta crueldad? ¿ Qué puede conducir a un profesional que se presupone sensible al dolor ajeno a tener en su casa casi un arsenal de armas letales y estar dispuesto a usarlas con tanta libertad?

Los pormenores del caso Viqueira y el incongruente veredicto absolutorio del juez Llavona Folgueras son el ejemplo de un sistema de justicia criminal que crecientemente le falla a las víctimas en nuestro país. No queremos pensar que el activismo ambiental, social y político de Roberto Viqueira haya sido un factor en la indulgencia extrema  demostrada por el juez hacia el acusado en este caso. De ser así, sería un precedente nefasto en un país cada vez más desconfiado de  sus instituciones que, como los Tribunales, una vez fueron vistos y sentidos como refugio y protección ante las injusticias.

 

 

 

 

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