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Giannina Braschi Gana El Premio Nacional de la Academia Norteamericana de la Lengua Española

NUEVA YORK, 29 de abril de 2022 /PRNewswire-HISPANIC PR WIRE/– La Academia Norteamericana de la Lengua Española otorgó su Premio Nacional «Enrique Anderson Imbert 2022″ a la destacada escritora puertorriqueña Giannina Braschi.

Este galardón anual tiene por finalidad reconocer la trayectoria de vida profesional de quienes han contribuido, durante varias décadas, con sus estudios, trabajos y obras al conocimiento y difusión de la lengua, las letras y las culturas hispánicas en los Estados Unidos.

«El jurado premió, por unanimidad, a Giannina Braschi, cuya trayectoria exhibe una riqueza de facetas que excede cualquier denominación simplificadora», comentó Carlos E. Paldao, director de la ANLE, quien resaltó «su fértil trayectoria académica que, desde una destacada investigación profesional de clásicos del mundo hispánico, arriba a un espectacular trabajo como reconocida y galardonada creadora que la sitúa entre las voces más innovadoras e influyentes de las letras hispánicas en Estados Unidos, contribuyendo a la difusión de la cultura y literaturas hispánicas desde la perspectiva más vanguardista y renovadora, impactando la impronta no solo hispánica sino angloparlante dada la proyección que en destacadas traducciones han tenido algunas de sus obras que representan la riqueza del idioma llevada a nuevos retos tanto lingüísticos como narrativos al enlazar géneros literarios y peripecias del idioma en una hábil intersección en consonancia con nuevas formas de expresión de las que es pionera».

Al ser informada del resultado del certamen, Braschi declaró su felicidad y orgullo de ganar este importante premio. «Es muy significativo para mí recibir esta buena noticia en el aniversario de la vida de Cervantes. Empecé mi proyecto literario con Cervantes. Cuando tenía 22 años escribí el ensayo ‘Cinco personajes fugaces en el camino de Don Quijote’ sobre los ideales quijotescos: el amor, la poesía, las armas, la libertad y la justicia», explicó Braschi. «El ensayo comienza así: ‘Don Quijote-Alonso Quijano el viejo: criatura doble, cascabel, con una coraza externa que aprisiona un núcleo íntimo, siempre agitado y vivaz’. Considero este ensayo el comienzo de mi obra. Ahora estoy acabando mi libro titulado ‘Putinoika’, un término acuñado por mí para definir la era de Putin y de Trump. Antes teníamos Perestroika. Ahora tenemos Putinoika. Antes teníamos Ángeles en América como decía Tony Kushner. Ahora tenemos Putinas en América. Ya sea que escriba en español, espánglish, o inglés o ya sea que escriba en diferentes géneros literarios, siempre tengo en mi cabeza y en mi corazón los ideales quijotescos».

Tras obtener su doctorado en Literaturas Hispánicas por la Universidad Estatal de Nueva York en Stony Brook impartió clases de literatura en Rutgers University, City University of New York y Colgate University.

Su obra es un aporte imprescindible para el avance, consolidación y expansión de la lengua y cultura hispánicas en los Estados Unidos, siendo además innovadora y de un valor intelectual extraordinario. Ocupa un lugar destacado en el terreno intelectual latino-estadounidense, por su compromiso crítico al colonialismo estadounidense y por alternar el uso del español, espánglish e inglés en su obra.

Es autora de obras como «El imperio de los sueños» (1988), en la que se mezcla poesía, prosa y teatro sobre su relación socio-política, cultural y lingüística con la ciudad de Nueva York; «Yo-Yo Boing!» (1998), escrita en espánglish sobre temas como el racismo, el colonialismo, la independencia de Puerto Rico o la violencia doméstica; y «United States of Banana /Estados Unidos de Banana» (2011), una tragicomedia posmoderna en la que se mezcla novela, drama y poesía sobre la caída del imperio americano.

Su obra tiene una gran proyección nacional y panhispánica, y está siendo parte de investigaciones y estudios en programas doctorales nacionales e internacionales. De hecho, existe ya una extensa bibliografía crítica, siendo el libro más reciente el editado por Frederick Luis Aldama y Tess O’Dwyer, «Poets, Philosophers, Lovers. On the Writings of Giannina Braschi».

Su obra ha inspirado otras adaptaciones culturales, desde las composiciones musicales del compositor puertorriqueño Gabriel Bouche Caro hasta la versión en cómic de su novela «United States of Banana» por el dibujante sueco Joakim Lindengren.

Recientemente se le ha otorgado el Premio Cambiemos por parte de la revista española Cambio 16.

«La decisión de la Academia Norteamericana de la Lengua Española de otorgar el Premio Enrique Anderson Imbert 2022 a Giannina Braschi, no solo acrecienta el reconocimiento internacional de esta destacada escritora puertorriqueña, sino que marca un hito de apertura panhispánica hacia una obra que cuestiona, con calculada precisión y sin clichés ideológicos, las fronteras de los géneros y las lenguas para articular una visión polifónica, filosófica y poética de la comedia trágica de la globalidad postmoderna», comentó José Luis Vega, director de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española. «Cervantes, cuya memoria se reverencia esta semana, habría mirado con simpatía la decisión del jurado.

El metalurgista

1.

Conocer a un metalurgista

en una página de citas

no me salva de la crisis energética,

aunque haya aparecido

como rayo de minerales metálicos

por aleaciones sin privatizar.

Control de calidad sus besos.

2.

En La Fragua de Vulcano,

Velázquez pinta a Apolo

trayéndole

una noticia inesperada

al dios del fuego.

Venus lo engaña

con ese al que le hace el escudo.

Leí que el sudor

en la ingle de los trabajadores

en esa pintura es tema de estudio.

El metalurgista no conoce a Velázquez

pero sabe de la materia seca

que arde con facilidad

cuando el fuego atraviesa los cuerpos.

3.

En la generatriz

el metalurgista cuida gatos,

cuenta los aguacates de un árbol

y, en la noche,

se los roban

cuando los obreros sueñan

con lanchas a toda velocidad

por los islotes de Salinas.

4.

El metalurgista se va al norte,

a la central de Palo Seco.

Aguacero inadvertido,

sargazo gigante,

chanchullo que no se ve.

Dice adiós, hasta nunca.

Te quiero comer, dice,

pero el paraíso,

como el mantenimiento de las calderas,

requiere de un tiempo

que no transita por el cableado

debajo del Atlántico.

5.

Le regalé un cactus al metalurgista,

algo que pintara de verde

lo que lograba no ser calor

a la hora que cantaba la salamandra.

Cómo puede ser un anfibio lo que croa.

Cómo puede ser un cactus

lo que quede de dos cuerpos.

6.

Hay una capa ferrosa

de hierros indóciles

que no entiendo del todo

como los apagones,

la perfección de la vena aorta

fijada en la caja torácica

de un metalurgista

o el amor.

7.

Esta vez fue el primer generador,

dice un coro de unionados.

8.

Cuando se va la luz,

pienso que lo hace a propósito

para que lo recuerde.

9.

La sala de control

está muy lejos

del alero de aceros

donde el metalurgista

se autorretrata.

No fueron las algas

ni la mano del celador.

10.

Los poemas tampoco

saben qué hacer con la luz.

A dónde va algo

que no se despide.

Me acostumbro

un rato a la oscuridad.

Tan solo el brillo lejano

de la menguante

penetra la habitación húmeda

en la que alguna vez el metalurgista

mordía tres veces mi espalda

haciendo una línea de dientes

a la altura del trapecio,

de donde saldrían alas

si no fuéramos

estos animales.

 

Poema inédito del libro Para pintar una casa (La impresora, 2022).
Mara Pastor es poeta, editora y académica. Nació en San Juan, Puerto Rico, el 26 de marzo de 1980. Es autora de seis libros de poesía completos en español, entre ellos: Poemas para fomentar el turismo (Neutrinos, 2015), Arcadian Boutique (UNAM, 2014), Falsa heladería (Aguadulce Ediciones, 2018), así como de los poemarios bilingües Children of Another Hour (Argos Books, 2014), traducido por Noel Black, As Though the Wound Heard (Cardboard House Press, 2017), traducido por María José Giménez. Más recientemente, Deuda Natal (AZ Press, 2021), traducido por Giménez en colaboración con Anna Rosenwong, fue merecedor del Premio Ambroggio 2020 otorgado The Academy of American Poets. Además de al inglés, su poesía ha sido traducida parcialmente al portugués, árabe y polaco.

En Reserva: Contraportadas, despedidas y comienzos

0.

Desde la escuela superior, leo el periódico de atrás hacia adelante, de contraportada a portada. La idea, en su inicio, era leer la sección de deportes, y nada más.

Con el tiempo, el interés en la vida social me hacía rebasar aquella sección. Primero, de manera escatológica: de los deportes a las esquelas. A algún amigo de la familia le recuerdo haber escuchado decir que una señal de la vejez era el leer esquelas para enterarse del fallecimiento de antiguos conocidos. (Lo dijo hasta de buen humor, como si fuera un estoico enfrentándose al irremediable paso del tiempo.) Sin tener la edad y sin los conocidos, transgredí el límite deportivo, que exalta a aquellas personas de alto rendimiento físico, para hacer honor a quienes ya habían dejado de habitar el plano material para pasar a otras dimensiones de la existencia.

De las esquelas, y brincando los edictos, se llega a las cartas de los lectores y la columna de opinión (división que siempre consideré algo extraña y arbitraria). Quizás esto marcó, también, una iniciación con respecto al periodismo literario y creativo (era la época del Buscapié diario en El Nuevo Día), dentro de los límites de lo posible en la prensa patronal de Puerto Rico.

El recorrido hacia el origen continuaba. Fue un proceso que se dio de manera dialéctica: primero poco a poco y luego de repente. El último momento del proceso, al que casi llegué sin darme cuenta, fue el de la noticia de portada. Por fin, llegué a habitar el inicio y el presente, fenómenos simultáneos en el mundo del periódico. En el presente creo que sigo, aunque las dimensiones temporales a veces sean difíciles de compaginar y distinguir.

1.

A Juan Forn, el escritor argentino, le llegaron a preguntar, en un momento dado, si se encontraba “escribiendo algo”. Ya habían pasado varios años desde la publicación de su última novela, María Domecq (2007), y muchos más desde su última colección de cuentos. Parece que nunca lo hizo, según cuenta Andrés di Tella, pero siempre pensó contestar: “¿No te das cuenta de lo que estoy haciendo? Esto es lo que estoy escribiendo: ¡mis contratapas!”

Por un periodo de 15 años, Juan Forn mantenía una columna semanal en la contraportada de la revista Página 12. Todos los viernes, el reverso de la revista contaba con una columna literaria que contenía trazos de vida cultural, de muchas vidas y escenas que el autor nunca conoció de primera mano, pero vivió por vía de su intensa práctica de lectura.

La escritura de las contraportadas coincidió, también, con el sumergirse en géneros literarios fronterizos y de difícil catalogación, como aquellos textos de Truman Capote, como Una excursión a los indios ranqueles, como cualquiera de los textos profundamente híbridos que abundan en la América Latina, y que él también terminó por producir.

La contraportada se convirtió en una manera de llevar a cabo una práctica estética que, a su vez, no le condicionaba, pero sí le estimulaba, lecturas particulares. Y el estímulo fue recíproco. Llegó un momento en que un número nutrido de personas compraba la revista únicamente los viernes por la columna de Juan Forn, de la misma manera que un número nutrido de personas – décadas antes y en Puerto Rico – compraba El Imparcial por la columna diaria de César Andreu Iglesias. Archivo y ejercicio creativo a la vez, fuimos muchos los fieles a esa práctica rutinaria y semanal que ejerció Juan Forn hasta el momento en que él mismo pasó de la contraportada a las esquelas.

A Juan Forn, maestro de la contraportada, le dediqué, hasta cierto punto, una nota de duelo. Apareció en este mismo periódico, en el número que corresponde a la semana del 24 al 30 de junio de 2021. En su edición “física” –nunca impresa por motivo de la pandemia, pero sí diagramada y digitalizada–, ocupó un lugar intermedio entre la apertura y el cierre de En Rojo. Pero los puntos medios me hacen esquivo, y tiendo a moverme hacia los lados.

2.

Ahora, me embarco en un proyecto que me hala, de nuevo, a los orígenes circulares de mi relación con el periódico físico: el reverso. Es, en un sentido estricto, el final de algo contenido en una totalidad mayor: la contraportada de En Rojo, suplemento cultural del semanario Claridad.

El propósito de iniciar por la contracubierta ya no es deportivo, como en mis primeros acercamientos hacia el periódico, sino literario. Pero las metáforas deportivas siempre tienen la capacidad de expresar lo que se lleva a cabo en el Caribe. Por lo tanto, podemos aprovechar algunas.

Empecemos por el hecho de que no regreso al reverso practicando un deporte individual, sino colectivo. Y, como todo deporte en equipo, hay una tradición que le precede.

Ya antes, un grupo de escritores había iniciado un Relevo en las páginas de En Rojo, con su pase de batón semanal por un periodo de un año. La grabación de aquella carrera, titulada El tramo ancla, sigue siendo referente de la crónica moderna en Puerto Rico.

Un ejercicio de relevo similar, sin la imagen atlética de la carrera, sino más bien como una caminata continua, íntima e indeterminada, han llevado a cabo las escritoras de Fuera del Quicio y su segunda vida, Será Otra Cosa. La página 11 de Claridad constata, semana tras semana, esta escritura insistente.

En fin, que es imposible hablar de la crónica en Puerto Rico sin hablar de En Rojo. A diferencia de otras prácticas cronísticas en la isla, las que se encuentran en En Rojo son siempre, además, prácticas colectivas.

A esta tradición me sumo, en una columna rotativa compartida por un grupo heterogéneo que ocupará la contraportada de En Rojo. Aunque siempre simpatizo con el relevista de cierre, hoy me tocó jugar el rol del primer turno al bate. Y la reflexión sobre mi entrada en un proyecto como este terminó por devorar la primera columna, pensada originalmente para tratar otros “inicios” en mi memoria cultural.

El “oro blanco” en la historia de Puerto Rico: un libro de Soraya Serra Collazo

El libro de la Dra. Soraya Serra Collazo que me ocupa recoge una meticulosa investigación en torno a uno de los muchos aspectos desatendidos del pasado decimonónico nacional: la industria del algodón. El volumen representa una oportunidad única para enfrentar un problema historiográfico inédito. Debo recordar que una de las quejas más comunes de aquellos que nos interesamos en la historia económica y social de Puerto Rico ha sido el énfasis, en ocasiones excesivo, de la bibliografía al uso en la elucidación de las complejidades del orden azucarero y cafetalero y sus actores sociales en detrimento de otros tales como los frutos menores, las frutas tropicales, el tabaco y, claro está, el algodón. Aunque la marginación de esos asuntos es comprensible, no deja ser una carencia significativa. Para una historia económica y social abarcadora esas ausencias resultan problemáticas en la medida en que impiden una concepción abarcadora del pasado por lo que afirmar que este trabajo comienza a llenar ese vacío resulta forzoso.

El valor de la obra no se limita al hecho de que mire hacia un ámbito pasado por alto. A ello debo añadir que, para producir la misma la autora debió recurrir a los instrumentos de una tradición metodológica e interpretativa que, desde mediados de la década de 1990, buena parte de los observadores de la historiografía puertorriqueña consideran en proceso de revisión o incluso en franco retroceso: me refiero a la historia económica y social. Las implicaciones metodológicas y discursivas de esa decisión son obvias pero, desde mi punto de vista, no podía ser de otro modo.

La producción de algodón en Puerto Rico, el caso de la hacienda La Esmeralda (1840-1880), se ha propuesto despejar o desbrozar el campo en torno a un tema marginal en la historiografía puertorriqueña para con ello sentar las bases para su elucidación posterior. El alcance del problema y el modelo central de su análisis, la Hacienda Esmeralda, hizo necesario reducir la óptica y recurrir a procedimientos propios de la microhistoria social que ya se habían aplicado con eficacia al estudio de dos de los iconos temáticos de la llamada Nueva Historia de las décadas del 1970 y el 1980: la economía de la hacienda azucarera y cafetalera.  De más está decir que aquellos proyectos, en la medida en que aspiraban representar de modo confiable el problema planteado, se vieron precisados a recurrir a un constante contrapunteo entre las eventualidades del plano micro que estudiaba el detalle de un centro concreto de producción; y el plano macro que miraba hacia las condiciones del mercado colonial e internacional que le servía de contexto, a fin de precisar la dialéctica entre ambos extremos. Es importante tomar en cuenta que el adelanto o retroceso de la producción de azúcar y de café así como la del algodón, fueron parte de un engranaje que involucraba las economías de dos hemisferios, por lo que la práctica de vacilar metodológicamente entre la microhistoria y la macrohistoria era imperativo si se pretendía culminar este estudio. Las condiciones materiales vinculadas a los precios de las materias primas, los costos de producción y las fuerzas sociales involucradas en el proceso productivo, tenían que evaluarse además al socaire de un universo geopolítico lleno de fragilidades en la medida en que involucraba adversarios potenciales como España, Estados Unidos, Inglaterra o Cataluña, entre otros.

No creo que sea necesario aclarar que los procesos de producción de aquellos tres bienes dependieron de las mismas fuentes de mano de obra, esclavos y jornaleros, por lo que padecieron contrariedades comunes que valdría la pena calibrar con más profundidad. Por otro lado, las fronteras entre uno y otro escenario de producción fueron siempre porosas: los hacendados que cultivaban caña o café también podían aventurarse con el algodón como bien demuestra la investigación de Serra Collazo. Vista desde esa perspectiva, la lectura de este libro profundiza y rectifica la imagen de la burguesía hispano-criolla agraria del siglo 19 que habíamos heredado de la historia económica social, reconociendo en aquella clase un nuevo nivel de complejidad. Con esto lo que afirmo es que la obra de Serra Collazo demuestra lo mucho que falta por hacer en aquellos territorios investigativos. La historia económico social bien elaborada todavía está en condiciones de aportar saberes frescos al acervo historiográfico puertorriqueño.

Las virtudes de esta obra son varias. En primer lugar, si pienso en su contenido, visita una época y un actor de la historia social y económica de Puerto Rico en un momento, el periodo que va desde 1840 hasta el 1880, en la cual las condiciones del orden emanado de las reformas de 1815 se desmoronaban. La introducción de aquel personaje colectivo, el “oro blanco”, adelanta una concepción menos reduccionista del siglo 19 puertorriqueño tan habituado a la exaltación de la “dulce gramínea” de la costa y el “oro negro” de la montaña. La industria algodonera, como el azúcar, fue un ramo que estimuló la profundización de las relaciones económicas entre Puerto Rico y Estados Unidos en aquel periodo. Esta investigación ratifica la presunción de que Puerto Rico tenía, en efecto, dos metrópolis en el siglo 19: una política, España, y una económica, Estados Unidos. El interés estadounidense en el territorio español que condujo al 1898 no se circunscribió al dulce: la fibra también jugó un papel crucial en ello. La forma en que las relaciones materiales o de mercado animaron afinidades inmateriales o ideológicas, es un asunto que habrá que elucidar con recursos distintos a los de la historia social y económica, tal y como informé a la autora durante el proceso de formulación de este proyecto.

En segundo lugar, el discurso de la Serra Collazo consigue un excelente balance que permite que la microhistoria y la macrohistoria social económica y política dialoguen en paridad de condiciones. El balance neto de ese esfuerzo no es otro que el bloqueo de cualquier tentación sobredeterminista propio de la macrohistoria a la hora de producir sus conclusiones.

En tercer lugar, la historiadora ofrece un panorama de la presencia histórica, social y cultural del algodón durante la dominación española hasta fines del siglo 19. El texto elabora el tema de los circuitos internacionales de cultivo, producción y comercio del producto a la vez que ubica con precisión a la Hacienda “La Esmeralda”, que le servirá de modelo para el estudio del fenómeno en Puerto Rico. A lo largo de su estudio aclara el lenguaje propio de la cultura algodonera desde los tipos de semillas y las preferencias del mercado receptor, los criterios de rendimiento de cada una de aquellas, las políticas de fomento aplicadas por el Estado que recuerdan el proteccionismo mercantilista que se aplicó a la caña de azúcar antes y, claro está, el papel que en ese proceso cumplió la intensificación de las relaciones materiales con Estados Unidos.  El algodón, que siempre había estado allí, maduró como opción lucrativa de exportación en una coyuntura particular: la Guerra Civil o de Secesión (1861-1865) y las necesidades de materia prima en un mercado que involucraba también otros socios y adversarios del Reino de España incluyendo a Inglaterra y Cataluña. Al cabo, Serra Collazo penetra el asunto de las circunstancias que condujeron al abandono de la opción algodonera y elabora una revisión parcial de la presencia de la referida experiencia en otros lugares del país. Las dificultades de profundizar en ese aspecto están vinculadas a carencias archivísticas que no estoy en posición de imaginar si podrán ser superadas alguna vez. De esa manera la presencia del “oro blanco” en la historia social y económica de Puerto Rico hasta fines del siglo 19 está completa.

¿A qué nos conmina este libro de Serra Collazo? Desde la perspectiva de un historiador cultural de lo político como es mi caso, se trata de un trabajo sugerente por demás. Es un convite para revisitar y reformular la historia cultural de la economía del siglo 19 puertorriqueño en especial la representación de las formas uso de mano de obra y la percepción de la explotación laboral libre, servil o esclava que algunos intelectuales del poder, en acuerdo tácito con la clase criolla, impusieron. Estimula la indagación de la relación entre la experiencia material desarrollada en los circuitos de producción e intercambio comercial y el desarrollo de las ideologías políticas en el Puerto Rico de mediados del siglo 19, momento en el cual integristas y separatistas de perspectivas diversas consolidaron sus posturas. Invita a reflexionar sobre las probables relaciones entre Ciclo Revolucionario Antillano (1867-1875) y el algodón para balancear el peso excesivo que se le ha dado al universo azucarero en el proceso de marras. Abre la posibilidad de reevaluar el papel de esos renglones, incluido el asunto de la esclavitud, en la diversificación de la resistencia antiespañola que en esa época miraba hacia Estados Unidos como un agente activo ya fuese en la forma de un modelo, un adversario o un aliado potencial. Me refiero, claro está, a los separatistas anexionistas, independentistas y confederacionistas que protagonizaron una parte de las luchas ideológicas en la Década Inquieta (1860-1869) que desembocó en el Sexenio Democrático o Revolucionario (1868-1874). Por último, conmina a insistir en la mirada del “oro blanco” hasta principios del siglo 20 cuando el producto fue evaluado y devaluado por muchos de los observadores estadounidenses que entre 1898 y 1926 visitaron el país como parte del proceso de desarrollo de una relación que sirviera a los propósitos estadounidenses en lo geoestratégico, lo económico y lo político.

El libro de la Dra. Soraya Serra Collazo, La producción de algodón en Puerto Rico, el caso de la hacienda La Esmeralda (1840-1880) representa una aproximación refrescante que vale la pena paladear. Invito a todos a su lectura reflexiva.

Nota: El texto es el prólogo del libro, Soraya Serra Collazo (2021) La producción de algodón en Puerto Rico. El caso de la Hacienda Esmeralda (1840-1880). San Juan: Los Libros de la Iguana. 337 págs.
Agradezco a la autora la oportunidad de asesorar su investigación doctoral en CEAPRC y el privilegio de presentar su trabajo investigativo en este libro. Para más información sobre el mismo visite URL: https://www.facebook.com/marga.maldonadocolon  y https://librosdelaiguana.tripod.com/ .
  1. Serra Collazo (2021) La producción de algodón en Puerto Rico, el caso de la hacienda La Esmeralda (1840-1880) San Juan: Libros de la Iguana).

Josefa Camejo

Horizontales

  1. Miembro de grupo étnico maya de Guatemala.
  2. 18 de _____ de 1791; nacimiento de Camejo, líder en la guerra de independencia de Venezuela.
  3. Anno Dómini. Abrev.
  4. Acapararé.
  5. Sosegares.
  6. _____; estado venezolano donde nació Camejo.
  7. Josefa Venancia de la Encarnación _____ Talavera; «El sexo femenino no teme los horrores de la guerra (…) su fuego encenderá el deseo de libertad, que sostendrá a toda costa en obsequio del suelo patrio», escribió Camejo en 1811, en una carta enviada al gobernador de Barinas, para ponerse a la orden y defender la nación y que fue firmada por otras mujeres.
  8. Doce más uno.
  9. 5 de _____ de 1862; fallecimiento de Camejo.
  10. _____ Bolívar; dirigente de la independencia venezolana a quien Camejo respaldó en su lucha.
  11. Perteneciente o relativo a la luna.
  12. Pero.
  13. Terco y porfiado en lo que hace o dice.
  14. Símbolo del aluminio.
  15. Escuché.
  16. Satélite del planeta Júpiter.
  17. Existe.
  18. _____ Bolívar; allí falleció Camejo.
  19. _____; ciudad colombiana donde Camejo vivió exiliada.
  20. Río de Suiza.
  21. _____; ciudad venezolana donde estudió Camejo al amparo de su tío Mariano de Talavera y Garcés, sacerdote seguidor de Bolívar. Allí Camejo participó en las sesiones de la Sociedad Patriótica.
  22. Denota multiplicación de números.
  23. Aquí.
  24. Símbolo del oro.
  25. Conozco.
  26. Se dirige.
  27. Preposición.

Verticales

  1. _____ Camejo Talavera; en el estado de Barinas, se alzó con cientos de mujeres contra los realistas. Además, ganó para la independencia la provincia de Coro.
  2. Juan José _____; escritor dominicano. Autor de «Bienaventurados los cimarrones».
  3. Del verbo comentar.
  4. Josefa Camejo _____; la Revolución Bolivariana reivindicó a Camejo por su heroísmo y por su legado de mujer aguerrida y patriota, dedicada a luchar por la causa independentista y a combatir en el campo de batalla.
  5. Tienes falta o privación de algo.
  6. _____; ciudad ucraniana donde el 2 de mayo de 2014, la derecha nazi atacó la Casa de los Sindicatos. Muchas personas fueron quemadas vivas.
  7. Pedro Albizu _____; Héroe de la Patria puertorriqueña.
  8. Apócope de mamá.
  9. Antes de Cristo.
  10. Usted, abrev.
  11. Símbolo del argón.
  12. Infusión.
  13. Rabo.
  14. Especie de mosquito.
  15. _____ de Burgos; escritora y patriota puertorriqueña. Autora de «Río Grande de Loíza» y «Casi alba».
  16. Algún.
  17. Asistir.
  18. Prefijo latino.
  19. Occitano, lengua romance.
  20. Manuel Orestes _____; escritor panameño. En 1975 obtuvo el Premio Literario Casa de las Américas.
  21. Sustancia líquida para fijar el peinado.
  22. Tercera nota musical.
  23. Afirmación.
  24. Atreverse.
  25. Poema lírico.
  26. Máximo gobernante en las culturas yoruba y bini.
  27. Antigua ciudad del sur de Mesopotamia.
  28. Símbolo del actinio.
  29. Monseñor Mariano de Talavera y _____; tío de Camejo. Secretario de la Junta Patriótica de Mérida y de gran influencia en la educación de su sobrina.
  30. Forma de pronombre.
  31. Opus, abrev.
  32. _____; provincia venezolana que estaba al mando de los realistas. El general Rafael Urdaneta envió a Camejo a dirigir el levantamiento.
  33. _____ Nepomuceno Briceño Méndez; prócer de la independencia Venezolana y esposo de Camejo.
  34. Carta de la baraja.
  35. Pájaro.
  36. Divisé.
  37. Virtud teologal.