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De Paula de Eguiluz

Especial para en Rojo

 

En el siglo XVII, el Caribe español estaba lleno de mujeres que sabían curar. Algunas mezclaban hierbas; otras recitaban oraciones aprendidas de sus ancestros africanos; y muchas hacían ambas cosas. Entre ellas se destacó Paula de Eguiluz, una mujer negra nacida bajo el sistema de esclavización español, que terminó registrada en los archivos de la Inquisición. Allí su historia quedó documentada en un expediente judicial que hoy permite reconstruir una vida marcada por el desplazamiento y la sospecha.

En Puerto Rico, marzo conmemora el Mes de la Mujer Trabajadora. Este tipo de celebración siempre corre el riesgo de nombrar sin profundizar y de conmemorar sin incomodar. El caso de Paula es una invitación a rastrear una historia larga, discontinua y sin fecha de cierre, que empieza en el momento mismo de la conquista y colonización del Caribe y que no ha terminado.

Paula nació en Santo Domingo, fue trasladada a Puerto Rico, donde pasó parte de su juventud antes de ser vendida y enviada a Cuba para servir a Juan de Eguiluz, quien le impuso su apellido. En Cuba surgieron las primeras acusaciones. En los testimonios recopilados por los inquisidores se le acusa de realizar hechizos de amor, vender conjuros para amantes perdidos y de pactar con el diablo la muerte de un niño. Algunos incluso afirmaban que podía transformarse en cabra.

En 1624 fue trasladada a Cartagena de Indias para enfrentar el tribunal del Santo Oficio. Durante ocho meses permaneció recluida en las celdas de la Inquisición. Allí fue interrogada para que confesara sus crímenes. Fue declarada culpable de brujería. La sentenciaron a doscientos azotes, dos años de penitencia trabajando en el hospital de San Sebastián y al destierro perpetuo de Cuba. Obtuvo su libertad en 1630, pero volvió a ser denunciada y enfrentó nuevos procesos de fe. Los expedientes registran el peligro de sus “hechizos”: mezclas de naranjas, frijoles, agua bendita y hierbas recolectadas a las afueras de las murallas de Cartagena. La Inquisición catalogaba como brujería lo que era, en muchos casos, la supervivencia de saberes africanos que habían cruzado el Atlántico en los barcos de la trata.

Aun así, Paula nunca dejó de ejercer como curandera. Mientras cumplía su condena en prisión seguía atendiendo a personas que acudían a buscar remedios para enfermedades físicas y males del corazón. Para mediados del siglo XVII se decía que había curado a cientos de cartageneros, incluyendo a miembros de la elite. En una escena que parece sacada de una novela barroca, Paula fue llamada para tratar al obispo de la ciudad, Cristóbal Pérez Lazarraga. Así, la mujer negra acusada de brujería y encarcelada por el Santo Oficio, terminó ejerciendo poder simbólico sobre las mismas autoridades que la habían condenado.

La historiadora Silvia Federici sostiene que las persecuciones de brujas en Europa no fueron episodios aislados de superstición, sino parte de un proceso vinculado al surgimiento del capitalismo y al control de los cuerpos femeninos. En ese proceso, las mujeres que poseían conocimientos sobre medicina, reproducción o sexualidad se convirtieron en objetos de persecución. El caso de Paula encaja perfectamente en este marco. En Cartagena, la mayoría de los acusados de brujería eran negros. Paula no era una anomalía en este entramado, más bien era el centro de una red de prácticas y saberes criminalizados.

Los expedientes inquisitoriales mencionan la figura de las madrinas, curanderas experimentadas que enseñaban sus prácticas a otras mujeres. La misma Paula fue señalada como madrina de otras acusadas. Estas redes funcionaban como espacios de aprendizaje y solidaridad, pero también se convertían en trampas cuando los inquisidores obligaban a los acusados a denunciar a otros participantes. Por ejemplo, Paula fue acusada por el curandero Diego López, quien la describió como la líder de todas las “brujas” de Cartagena. Ella respondió llamándolo enemigo mendaz. Los documentos dejan entrever una ciudad llena de alianzas, celos, amistades y disputas donde la línea entre curación y hechicería dependía más de la política colonial que de la práctica médica.

Cuatro siglos después, la historia de Paula sigue resonando porque revela algo fundamental sobre el Caribe, que su pasado está hecho de entrelazamientos. Personas esclavizadas, plantas medicinales, creencias religiosas, ciudades amuralladas y tribunales inquisitoriales formaban parte de un mismo tejido social. Paula fue a la vez esclava, sanadora, prisionera, consejera espiritual y mujer temida. Su identidad se articula a partir de esas tensiones y es esa densidad la que vuelve su caso incómodo para cualquier celebración que requiera símbolos sencillos.

Su historia no encaja con la efeméride. No es un relato del triunfo limpio ni de la victimización pasiva. Es el registro, conservado paradójicamente por la institución que quería silenciarla, de una mujer negra que curó, negoció, resistió y sobrevivió. Su figura no es un gesto conmemorativo, más bien un recordatorio de que las luchas no tienen calendario.

 

 

 

Danos hoy el agua de cada día

 

Especial para En Rojo

 

La ONU celebra el 22 de marzo como el Día Internacional del Agua. El objetivo es concienciar a la gente sobre la importancia fundamental del agua dulce para la supervivencia de la humanidad y de la vida en el planeta Tierra. A través de esta iniciativa, la ONU promueve el uso sostenible y la necesidad de medidas concretas para el cuidado del agua, la preservación de los ríos, lagos y océanos, así como para alertar contra la contaminación y el desperdicio.

Actualmente, existe una crisis mundial del agua. Brasil cuenta con el 12 % del agua dulce del mundo, lo que equivale al 53 % de las reservas de agua de América del Sur. A pesar de ello, gran parte de la población brasileña no tiene acceso a agua potable de calidad y carece de un sistema de saneamiento que evite enfermedades y la contaminación de los ríos y la naturaleza. En América Latina y el Caribe, la situación hídrica es delicada y requiere atención urgente.

Varios pueblos viven en condiciones de estrés hídrico y decenas de conflictos internacionales tienen al agua como elemento desencadenante. La falta de acceso a la posesión democrática de la tierra, así como el uso que se hace del agua, revela el carácter injusto y depredador del sistema económico capitalista neoliberal, que convierte el agua en mercancía y la privatiza. En el continente, la mayoría de los ríos y lagos están contaminados y sus caudales han disminuido, debido a la acción depredadora de la sociedad dominante.

En este año 2026, la ONU ha elegido como tema del Día Mundial del Agua la cuestión de género. Según el documento de la ONU sobre Agua y género: «el objetivo es debatir sobre la conexión entre el agua y la equidad de género, ya que, en los hogares, la falta de acceso a fuentes de agua dulce, saneamiento e higiene adecuada afecta mucho más a las mujeres que a los hombres. Este año, la ONU quiere llamar la atención sobre el papel de las mujeres y las niñas que recogen y gestionan el agua, a menudo en condiciones de gran vulnerabilidad, como al cuidar de personas enfermas, debido al consumo de agua de manantiales contaminados, lo que les ocasiona pérdidas de tiempo, salud, seguridad y oportunidades. Además, con frecuencia se las excluye de los procesos de toma de decisiones».

Aquí vemos nuevamente cómo la ecología ambiental no puede separarse de la ecología social y humana.

Más allá de los motivos políticos y económicos por los que es urgente cuidar el agua, la mayoría de los pueblos latinoamericanos está vinculada a espiritualidades para las que el agua es sagrada. Las Teologías de la Liberación y la verdadera espiritualidad van más allá de lo religioso. Ella se manifiesta en una actitud de amor hacia todas las criaturas. El universo entero es un inmenso altar en el que podemos contemplar la presencia divina. Los pueblos originarios y las comunidades de cultos afrodescendientes ven en las aguas la morada divina. En las más diversas tradiciones culturales y religiosas, el agua es el primer signo del Amor Divino.

Para las Iglesias cristianas históricas, este año, el Día Mundial del Agua ocurre en la semana anterior al Triduo Pascual. Este tiene como centro la Vigilia Pascual, el sábado por la noche o en la madrugada del Domingo de Resurrección. En esta celebración, las comunidades suelen oficiar el bautismo de adultos. Al alabar a Dios por el agua, la comunidad renueva sus compromisos bautismales. Aún hoy, en la piedad católica y de las Iglesias orientales, el celebrante bendice el agua y la gente suele llevarse a casa recipientes con agua bendita.

En 1971, en una de sus Circulares, monseñor Hélder Camara, entonces arzobispo de Olinda y Recife, escribe: «En la Vigilia Pascual, me quedé pensando: ¿Bendecir el fuego? ¿Bendecir el agua? ¿Por qué? El fuego y el agua tienen vida y santidad recibidas del Padre. (…) Casi pedía perdón por estar bendiciendo lo que ya es bendito y santo» (221ª Circ. – Recife, 11/12/1971).

Cada vez más, debemos insistir en que toda el agua es sacramento del amor divino. En cada manantial, pozo, río o lago,  se manifiesta el Espíritu mismo y, allí, revela su ternura por el universo. Podemos releer lo que dice la Biblia en su primera página y, nuevamente, proclamar hoy:  «Desde el principio, sobre la faz de las aguas, se mueve el soplo divino».

Notas de duelo y de celebración

 

 

En Rojo

 

DUELO: Edgardo Osorio Osorio (1964 – 2026)

Cuando publiqué “CABALLEROS, VEJIGANTES, LOCAS Y VIEJOS: Santiago Apóstol y los performeros afropuertorriqueños” en 2007 (San Juan: Terranova) incluí una foto (de 2005) de “El Carretón Alegre” y una breve descripción de este “sistema de sonido” en ruedas que tocaba música caribeña popular grabada: de reggae a reggaetón, de salsa, son y bachata a “zouk”, beguine, “calypso” y soca y de casi cada otro género caribeño.  Además, como vagoncito con paredes y techo impulsado por bicicleta, el Carretón también llevaba una exposición llamada “Vivencias y Costumbres de Nuestro Pueblo” con artículos de periódico laminados y muñecos de los personajes de las fiestas como un museo-tributo ambulante para correr entre los personajes tradicionales — Caballeros, Vejigantes, Locas y Viejos – en la ruta 187 durante las procesiones de las Fiestas de Santiago Apóstol en Loíza. Fue el invento de DJ Edgar (Edgardo Osorio), quien falleció la semana pasada después de una prolongada lucha. Por eso, es  importante recordar su legado dentro de las fiestas y la cultura popular isleña.

Las fiestas de Santiago Apóstol de Loíza usualmente datan del principio del siglo 19 con cambios paulatinos, pero también otros medios radicales – la incorporación de los santos (de yeso) “de los hombres” y “de las mujeres” a la celebración del santo original (ya Santiago de los Niños) sería entre los más notables. No obstante, las fiestas llegan al presente bastante intactas desde que surgió evidencia visual en fotografía y filme de sus procesiones y personajes desde hace más de 75 años.

La evolución de las fiestas de las últimas tres décadas ha experimentado la casi eliminación de máscaras comerciales de goma, el florecimiento en la talla y pintura de las máscaras de coco del Vejigante, mejoras en los vestuarios de los Caballeros, fluctuaciones en el número y función de Locas y Viejos y los intentos de revivir el personaje de la Mula y re-introducir el uso de vejigas de palo, la reducción de caballos en las procesiones y de igual si no de más peso, la introducción de “El Carretón Alegre”.

También hay muchas bicicletas, especialmente restauradas “Cruisers” Schwinn, y entre ellas, algunas equipadas de radios y tocacintas. Parece que DJ Edgar empezó así en 1995, pero con una batería de carro y una grabadora dentro de un carrito de compra. Pero según cuenta Edgar, el carrito no duró hasta la tercera procesión. Entonces, con la ayuda de su abuelo Lolín, para julio de 1996, adaptó un triciclo antiguo para crear el “Carretón Alegre” en bastante en su forma actual.

El impacto fue inmediato y para finales de los 1990 ese nuevo carretón se había instalado como parte integral en las fiestas. Era la música necesaria para ese momento —  contrastaba sin tapar o anular las danzas que la banda municipal toca más atrás en las procesiones — y sirve como punto de agrupar los personajes “profanos” que antes seguían las literas de los santos. Su éxito era tal que en 2007 participó en el desfile puertorriqueño de Nueva York y quedó estancado allá y no pudo llegar a Puerto Rico para las fiestas en julio de ese año.

El museo del Carretón de Edgar se renovaba cada año. Una máscara de madera tallada por el artesano-Vejigante -mayor Carlos “la Maquina” Ayala Calcaño y su obituario aparecieron después de su asesinato en 2011. Un artículo constante es sobre el viejo árbol de corcho (con foto) en Las Carreras dónde encontraron Santiago de los Niños hace 200 o más años y  donde las procesiones viran para regresar a la ruta 187. Aparecen otros sobre artistas locales y artesanos de máscaras. Hay tambores y especialmente muñecos de Santiago Apóstol, de reinas de bellezas y hasta de Edgar mismo con su sombrero.

Tal vez el impacto mayor del Carretón ha sido casi imperceptible: el cambio estructural que ubica el Carretón y los Caballeros, Vejigantes, Locas y Viejos frente – a veces demasiado distante — a los santos  y permite más autonomía  y libertad de expresión a los elementos performativos, pero no sagrados de las fiestas. Batallando su enfermedad progresiva, fue más difícil para Edgar acompañar el Carretón por la ruta 187 en los años recientes, pero aún en julio de 2025, él decía presente durante las procesiones.  En paz descanse.

(Gracias a Wilda Cruz y Teddy “Delfo” Vázquez por suplir información sobre Edgardo.)

 

CELEBRACIÓN: “Cortado o Capuchino” 2026

Fotos reproducidas de la pagina de FB de Rosa Luisa Márquez

Quedan funciones el miércoles 18 y el miércoles 25 de marzo para la versión de 2026 de “Cortado o Capuchino” en el (nuevo) Counter-café Abracadabra en la Avenida Fernández Juncos en Santurce. También proyectan una funciona especial para el Día de las Madres.

En el 2010, esta sorpresiva adaptación de la obra “Los de la Mesa 10” del querido y ya fallecido dramaturgo argentino Osvaldo Dragún estrenó en el Abracadabra original (Ponce de León) como un experimento de teatro-cena-cabaret que duró cada miércoles por más de un año. Ese perfil se ha adaptado desde entonces a varios otros espectáculos y celebraciones de teatro y performance, pero tal vez nunca con el éxito de su versión innovadora original.

El nuevo montaje de “Cortador o Capuchino” está puesto dentro del espacio más amplio y lujoso del nuevo café. La adaptación y dirección de la obra queda en las manos diestras y acertadas de Rosa Luisa Márquez, mientras el productor sigue siendo el extraordinario actor-comediante-director y “restauranteur” (de Abracadabra), Israel Lugo. La música en vivo es de Rafael Martínez y cuenta con la participación de Héctor Pietri.

El conjunto cuenta una historia, a veces amarga pero siempre con humor, de un amor que enfrenta las tensiones de clase, familia y presiones sociales que caracterizan nuestras vidas actuales. La trama es el hilo (“thread”) que une los otros elementos de lo que no es tanto “una obra” como una experiencia o noche de deleite social dentro del ambiente teatral, musical, y hasta culinario en que experimentamos esa historia de amor.

Lxs excelentes actorxs Jessica Rodríguez, Adriana Ramírez, Fátima Ortega, Yan Collazo y Jorge Alexander de la obra y el “entreacto” enmascarado, también sirven de meserxs; Israel Lugo es anfitrión, narrador, actor, músico y cantante; Rafael Martínez, con acordeón, piano y voz, nos lleva por un viaje musical de Tras Talleres a “pop”, a Broadway y a casa de nuevo; y el menú especial de comidas ligeras (la sopa de calabaza es una maravilla) y bebidas se adapta perfectamente a la totalidad de la experiencia. En estos tiempos de cólera y peor, vale la pena tomar una noche para relajarse y gozar en un ambiente tan placentero de intercambio y sentido humano.

Aunque que el calendario ha sido limitado, este montaje ha tenido una cogida similar a su original y quedan muy pocas funciones. Gracias a Rosa Luisa e Israel por recibirme tan amablemente.

 

 

 

 

 

 

Las diversidades políticas de los documentales nominados para el Óscar

Especial para En Rojo

Los documentales nominados para el Óscar este año demuestran el poder de las voces narrativas que desafían al estado y su propaganda patriótica, la invisibilización de sectores marginados, el silencio de la enfermedad terminal y la manipulación privilegiada de la ley en contra de las comunidades de color. A pesar de que nunca pude ver el documental Cutting Through Rocks (dirs. Mohammadreza Eyni y Sara Khaki, EE.UU. y Alemania, 2025), que no está disponible en la pantalla grande ni para streaming, me consta que su tema central se alínea a los diversos y urgentes mensajes políticos de cada película nominada. Decidir cuál merece el premio es siempre un ejercicio absurdo porque cada documental es una maravilla que brilla por su propia potencia. Mas allá de la publicidad adquirida por la nominación y un triunfo, la competencia le resta poder a estos textos en una ceremonia donde todavía se critican las celebridades que usan el espacio para hablar sobre temas políticos. En una ceremonia donde todos los documentales nominados poseen una relevancia política, los documentalistas triunfan por sobrevivir, dar a conocer su trabajo y continuar la lucha. Los invito a trascender el brillo de la estatuilla y a abrir sus horizontes con historias con las que se identificarán por su humanidad.

The Alabama Solution (dirs. Andrew Jarecki y Charlotte Kaufman, EE.UU., 2025), que pueden ver en HBO Max, examina las condiciones infrahumanas de los confinados en el sistema penal de Alabama. El documental sigue las historias de varias personas privadas de su libertad: Robert Earl Council, también conocido como Kinetik Justice, un activista por los derechos de los confinados que lleva décadas en la prisión; Steven Davis, un confinado asesinado por los guardias; y James Sales, el compañero de celda de Davis que presenció su asesinato; entre otros. El documental revela la corrupción del gobierno estatal de Alabama, que invierte en construir más prisiones para lucrarse de los contratos ignorando la necesidad de rehabilitación que requieren las personas explotadas por el sistema. El documental le devuelve la voz a los confinados y sus familias para develar las violaciones a los derechos humanos que constantemente ocurren dentro del sistema. Hablar honestamente de las injusticias desde el interior de la prisión conlleva unos peligros que los confinados evaden con el uso de celulares de contrabando. Cada vez que uno de los entrevistados le pide al entrevistador que mantenga silencio porque piensa que hay un guardia penal cerca nos recuerda que toda petición de ayuda al exterior es un riesgo para la población interna. La película reta las actitudes prevalentes de que los horrores del sistema carcelario son la consecuencia lógica para una persona encontrada culpable. Los directores, Andrew Jarecki y Charlotte Kaufman, afirman que el sufrimiento y la esclavitud a la que someten a los confinados bajo la vigilancia del sistema en Alabama nos debe preocupar a todos. Vean esta película acompañada de Sing Sing (dir. Greg Kwedar, EE.UU., 2024), donde los confinados luchan por su humanidad a través del arte.
Un documental que también profundiza en el racismo sistémico es The Perfect Neighbor (dir. Geeta Gandbhir, EE.UU., 2025), que pueden encontrar en Netflix. La película sigue el caso de Susan Lorincz, una mujer blanca que mató de un disparo a su vecina negra, Ajike Owens. Lorincz se acogió a la ley Stand Your Ground ya que Owens fue a su casa a pedirle cuentas por haberle robado el tablet a su hijo. Lorincz había creado tensión en la comunidad ya que constantemente llamaba a la policía porque los niños de la urbanización jugaban en un terreno al lado de su casa. Como toda una Karen, Lorincz usaba su privilegio como mujer mayor blanca para tratar de crear problemas para sus vecinos y sus niños, que ella constantemente humillaba. Desgraciadamente es un caso más entre tantos de esta índole que definen la experiencia de identidades marginadas en los Estados Unidos. Sin embargo, Geeta Gandbhir, la directora, construye la narrativa usando únicamente el pietaje de cámaras de seguridad en el cuartel, en las casas de la comunidad, y de los body cameras que llevan los policías, entre otras. A través de estos fragmentos, Gandbhir nos obliga a observar con objetividad un caso el cual muchos podrían ver como el de una angustiada señora blanca que tuvo que defenderse de la mujer negra que amenazaba su seguridad. Gandbhir es una historiadora magistral que utiliza el pietaje para reconstruir una narrativa que confronta el racismo y nuestros propios prejuicios. Otro documental poderoso sobre la intersección entre identidad racial, su representación problemática en los medios y la ley es O.J.: Made in America (dir. Ezra Edelman, EE.UU., 2016). Mientras que en The Perfect Neighbor el enfoque es una comunidad de clase trabajadora en Florida, O.J.: Made in America explora los problemas sociales alrededor de un caso con más exposición mediática y que sacudió a toda la nación.

Mr. Nobody Against Putin (dirs. David Borenstein y Pavel Talankin; Dinamarca, Reino Unido y Alemania, entre otros; 2025), ganador del Oscar y que pueden ver en Prime, sigue a Pasha, un coordinador de eventos y videógrafo en la escuela primaria de Karabash. Este pequeño pueblo en Rusia tiene el extraño honor de ser uno de los más contaminados de la región. Sin embargo, Pasha encuentra la felicidad de vivir en Karabash a través de su pasión por el trabajo con jóvenes. Su vida de pueblo pequeño comienza a afectarse cuando estalla la guerra en contra de Ucrania y Vladimir Putin ordena oficialmente que todas las escuelas sigan un currículo que resalte el patriotismo y el apoyo a la guerra. Mientras algunos adoptan las directrices tornándose en rinocerontes de Putin, Pasha se aferra cada vez más a su resistencia solitaria. Usando pietaje grabado por el mismo Pasha, que capta momentos compartidos con estudiantes, compañeros y hasta sus propias confesiones, la película documenta la transformación del maestro y su decisión final. Esta película puede ser acompañada con una de mis favoritas de este año, The Voice of Hind Rajab (dir. Kaouther Ben Hania; Tunez, Francia y Palestina, entre otros; 2025), donde los empleados de un centro de llamadas de emergencias en Palestina entran en comunicación con una niña atrapada en un carro en medio de un ataque del ejército israelí. Aunque la película usa actores para representar los empleados del centro, el audio de la niña es real. El maestro de Karabash y los empleados del centro en Palestina nunca serán los mismos ante la violencia real que, como espectadores, también podemos ver y escuchar.

Por último, Come See Me in the Good Light (dir. Ryan White, EE.UU., 2025), que pueden ver en Apple TV, sigue a Andrea Gibson, le poeta laureade de Colorado y su lucha con el cáncer cervical. El documental no es tan solo sobre su enfermedad, sino también sobre su obra y carrera; su relación con su esposa, Meg; su identidad sexual y de género; y su necesidad de volver a leer poesía en vivo. El director, Ryan White, no intenta manipular emocionalmente al espectador, sino que permite que cada momento vivido por Gibson tenga un elemento de esperanza. Tanto como en el clásico, Harold and Maude (dir. Hal Ashby, EE.UU., 1971), donde Harold de 20 se enamora de una mujer de 79 años para encontrar su pasión por la vida, Andrea Gibson afirma su hambre por la vida en cada beso dado y en cada poema leído.

Marzo en la década del 70

Policia el 11 de marzo Fotos Archivo CLARIDAD

 

En Rojo

En 1970, en todo el territorio de los Estados Unidos y en Puerto Rico se protestaba contra la guerra de Estados Unidos contra Vietnam y el Servicio Militar Obligatorio (SMO). Temprano en la noche del 4 de marzo de aquel año, la Fuerza de Choque de la Policía de Puerto Rico entra a la Universidad de Puerto Rico para detener una pelea entre estudiantes que derivó en un motín. Los esbirros peinaron las calles aledañas aporreando a estudiantes y cualquiera que se colocara a la distancia de una macana. En el balcón de un hospedaje en la Avenida Ponce de León (hoy es la librería Norberto González) un grupo de estudiantes se refugiaba de la violencia indiscriminada.

Desde allí, viendo la agresión a un estudiante, se gritó “abusadores”, “asesinos”. Uno de los agentes respondió a los gritos. Desenfundó su arma. Apuntó al balcón. Un solo disparo. Cambió la historia de las luchas universitarias.

La bala hirió en el cuello a Celestino Santiago, un veterano de la guerra de Vietnam que se había convertido en opositor a la misma. El proyectil terminó alojándose en la sien izquierda de Antonia Martínez Lagares.

La muerte de Antonia conmocionó al país. Nunca se logró encausar al responsable a pesar de que existían varios testigos. Una canción de Antonio Cabán Vale ayudó a cimentar el recuerdo de Antonia. “Antonia los pueblos no perdonan. Un día esa ley se ha de cumplir”.

Un año y una semana después, la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras y sus alrededores se convirtieron en un campo de batalla. Era el 11 de marzo de 1971 . La lucha contra el SMO  continuaba. Muchos sectores de la sociedad se hallaban inmersos en esa lucha. El obispo titular de Ucres, Antulio Parrilla Bonilla, fue uno de los líderes de aquel movimiento. Por supuesto, las organizaciones estudiantiles y políticas progresistas mantenían viva aquellas movilizaciones. Pero aquel día estaba alimentado por el fragor del recuerdo de aquel marzo del año anterior.

Enfrentamientos del 11 marzo 1971

El 11 de marzo de 1971 la violencia en la UPR dejó a tres personas muertas: un cadete del Reserve Officers Training Corps- ROTC – Jacinto Gutiérrez, y a dos policías de la Fuerza de Choque, el comandante Juan B. Mercado y el sargento Miguel Rosario Rondón.

Las versiones sobre lo que desató la violencia son varias. Sin embargo, la más repetida es la siguiente. En el Centro de Estudiantes, que se encontraba justo al lado del “castillo” en el que estaban ubicadas las oficinas del ROTC, se discutía la pelea entre Muhammad Ali vs. Joe Frazier. Alí era un símbolo de la lucha contra la Guerra de Vietnam y del Black Power. Opositor, había sido despojado de su título y se le había retirado la licencia para boxear. Luego de tres años imposibilitado de realizar su oficio, había recuperado su licencia y tras algunas peleas, ahora enfrentaba a Frazier, el campeón que si bien vapuleaba a sus rivales, no se relacionaba ni con los movimientos de derechos civiles para los afro-americanos, ni se oponía a la guerra. Aquel 8 de marzo, Ali sufría su primera derrota.

Tres días después, aquel combate de boxeo se había convertido en una batalla ideológica que trascendía el deporte. El 11 de marzo, se alega, un grupo de cadetes con banderas norteamericanas llevando banderas de EEUU, celebraban la derrota del hombre que había hecho famosa la frase “Black is Beautiful” y se oponía a la guerra. Aquello derivó en varias peleas. Al calor del mediodía, ya el ROTC ardía. La Fuerza de Choque, que había causado la muerte de Antonia un año antes, entró al recinto. Aparte de los cientos de heridos a macanazos, murieron los policías y el cadete mencionados.

En aquellos meses siguientes fueron acusados los estudiantes Humberto Pagán Hernández y Huddo Ricci por la muerte del comandante y el sargento. Ninguna de esas acusaciones prosperó en los tribunales. Hay una foto icónica de aquel día. En ella se ve disparando al comandante Juan B. Mercado. En otra, se ve al policía caído. La versión más repetida es que ambos, Mercado y Rosario, murieron en el fuego cruzado de la propia policía.

Una versión menos citada es la de que un auto llegó al área del Centro de Estudiantes con dos personas. El pasajero se bajó del carro y desde donde ahora está ubicada una solitaria estatua que recuerda a Unamuno, se realizaron los disparos que hirieron a los policías. El atacante regresó al auto sin aspavientos y huyeron en dirección a Hato Rey. No tengo manera de corroborar esa versión.

 

Excelente recurso es el libro  Puerto Rico: Grito y Mordaza de Luis Nieves Falcón, Pablo García y Félix Ojeda.