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Medalla Nilita Vientos Gastón 2026

La Medalla Nilita Vientós Gastón 2026 recae sobre la licenciada Jenice Vázquez Pagán. Acompáñanos el jueves, 11 de junio, a las 7pm en el merecido reconocimiento a Jenice y para repasar los valores de la vida y obra de la gran Nilita.

El boxeo boricua sigue más allá del Mundial de Fútbol

 

 

Especial para CLARIDAD

No cabe duda de que el Mundial de Fútbol, que empezará el próximo día 11 de junio, acaparará todas las primeras planas del deporte y el mundo en general.  En CLARIDAD  la compañera Elga Castro Ramos los mantendrá al tanto de todo lo que ocurra en el torneo más importante del mundo después de los Juegos Olímpicos.

Sin embargo, pese  a que muchos deportes se detienen para no competir con el Mundial, el boxeo boricua continuará con una serie de eventos de calidad entre los que sobresale la pelea de Xander Zayas y Boots Ennis el próximo 27 de junio en el Barclays Center de Brooklyn.

Amanda empató el récord de nocauts

Esta racha de peleas boricuas comenzó el pasado sábado cuando la boricua Amanda Serrano empató con la estadounidense Christi Martin con 32 nocauts al despachar en dos asaltos a la alemana Cheyenne Hanson.  En mi carácter particular, aunque me pareció que la parada fue prematura, estoy convencido de que Amanda la hubiera noqueado pues desde el asalto inicial se veía el espíritu  demoledor que la ha caracterizado durante la mayoría de su carrera y que habíamos echado de menos en peleas recientes.

Su evento sigue creciendo

Manteniéndonos en el tema de Amanda Serrano:  ésta celebrará aquí, este sábado 6 de junio, su segundo Amanda Serrano Invitational Tournament que busca desarrollar a mujeres boxeadoras desde corta edad.  El año pasado el evento fue un éxito y este año contará con cobertura internacional.

Ojalá la última sea aquí con Meinke

Amanda ha dicho públicamente que este será su último año como boxeadora activa, de esto ser así creo que la pelea debe ser entre ella y la campeona del FIB Nina Meinke en el Coliseo de Puerto Rico.  Amanda se merece pelear en el Choli y la pelea con Meinke es una que la fanaticada se quedó esperando desde 2024 cuando tuvo que ser cancelada a última hora por un problema en el ojo de Serrano.  Sería apoteósico si Amanda trata de ir, por quebrar el récord de nocauts,  al Choliseo.

Por otra parte, otros dos boricuas tienen peleas importantes el próximo 14 de junio:   Jonathan “Bomba” González defenderá su campeonato interino de la AMB frente al mexicoestadounidense  invicto Abraham Pérez.  Bomba demostró que le queda mucho boxeo cuando el pasado diciembre venció de manera convincente al prospecto boricua Yankiel Rivera. Bomba acaba de firmar con Salita Promotions  y esta será la primera vez que será estelar en un evento de este nivel en DAZN. Mientras que el prospecto de raíces boricuas Joshua Pagán enfrentará al mexicano Rodolfo Bustamante en lo que promete una guerra por el campeonato NABO latino.

Collazo peleará, pero no con quien debería

Por otro lado el próximo 20 de junio el boricua Oscar Collazo enfrentará  al filipino Joey Canoy defendiendo sus correas de la AMB y OMB en una transmisión de DAZN.  Collazo sale como un favorito prohibitivo y aunque no se debe menospreciar a Canoy todo el mundo sabe que la pelea que debe darse es una unificación entre él y el también filipino Pedro Taduran campeón de la FIB. Ojalá y una victoria del nuestro nos acerque más a ese peleón.

Zayas y Ennis es de pronóstico reservado

En lo que, para mí, constituye la pelea más significativa en la rama masculina en más de una década, la pelea de Xander Zayas y Boots Ennis está siendo la más hablada aunque de primera intención fue una sorpresa que Xander aceptara voluntariamente exponer sus campeonatos contra alguien tan difícil como Ennis.

Sin embargo  cada día más los expertos coinciden en las grandes posibilidades del nuestro lo que lo podría convertir en una mega estrella al nivel de Miguel Cotto  y Tito Trinidad.

Por lo menos en el papel, esta es sin duda la pelea más significativa de este 2026.  Hay mucho fútbol, pero también hay boxeo y del bueno.   Estaremos pendientes.

Sentida despedida para el Maestro de Vieques, Ismael Guadalupe

CLARIDAD

Cientos de personas acudieron, el 31 de mayo, a la Funeraria de Vieques para despedir al reconocido activista y maestro de la isla-municipio Ismael Guadalupe Ortiz. Desde tempranas horas del domingo, figuras públicas, artistas y compañeros de la lucha por la desmilitarización de Vieques se dieron cita a las exequias.

En el casco urbano de la Isla Nena, alrededor de una glorieta que atalayaba el mar cristalino, varios hombres comían mangoes caídos de un palo copudo. Entre ellos, Marcial Pérez contaba anécdotas a CLARIDAD de los años de lucha contra la Marina estadounidense. Dirigía, contó al amparo del fruto despepitado, manifestantes hacia el búnker y el antiguo campamento de las fuerzas armadas. Cuando este medio le mencionó el funeral de Guadalupe Ortiz a la 1:00 p.m., se limitó a decir «el Maestro, sí. Todos aquí lo conocimos. Nos dio clases a casi todos».

“(Conocí a Ismael) en la lucha, en la lucha por sacar la Marina de Vieques. Ismael es un patriota, un revolucionario que nos mostró lo que es un verdadero luchador. Con su práctica diaria, con su entrega, con su compromiso. Estamos aquí celebrando la vida de Ismael y haciendo un compromiso de honrarlo, continuando la lucha por el pueblo de Puerto Rico, por nuestra independencia, por el socialismo, por que Vieques pueda desarrollarse como lo han planteado los viequenses”, contó Ricardo Santos Ramos, expresidente de la Unión de Trabajadores de la Industria Eléctrica y Riego (UTIER).

Para el doctor José Ché Paralitici, la relación con el líder viequense se remonta a 1979, cuando fue arrestado junto a una veintena de personas por traspasar unos terrenos privados. Aparte de su liderazgo, el historiador lo recuerda como un hombre sencillo y humilde, que sabía extender el brazo a cualquier persona, indistintamente de su ideología.

“Hicimos muchísimo. Me acordaba ahora de la vez que fuimos a una playa, hasta la entrada de la base. Hicimos muchísimas marchas aquí, en Vieques, y también en la isla grande. Yo coordinaba Todo Puerto Rico con Vieques. Fue la organización más amplia que tuvo Puerto Rico en esa época. Después que salió la Marina, la situación bajó”, contaba mientras Juan Dalmau, María de Lourdes Santiago y Adrián González saludaban a los dolientes.

Afuera, al ritmo de las panderetas y coros de esquina, decenas conformaban una demostración en homenaje a la vida y constancia política de Guadalupe. Después de las 2:00 p.m., organizaciones como Todo Puerto Rico con Vieques, la Alianza de Mujeres Viequenses, el Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH), la Federación de Maestros de Puerto Rico, la Legislatura Municipal de Vieques y Agua, Sol y Sereno hicieron, por separado, Guardia de Honor durante 15 minutos.

“Vamos a hacer una demostración como tío siempre nos inculcó a todos. De no callar, de decir las cosas con respeto pero firmes, de no doblegarnos ante nadie y de ser fuertes. Afuera, honrando su memoria y su legado, vamos a hacer una protesta como él quería. Con aquellas situaciones de hoy que nos atañen a Vieques y a toda la patria puertorriqueña. Recordándole a tío que en su legado, en todos su sobrinos, en todos sus nietos y en toda la estirpe de Vieques y de la Nación, vamos a seguir haciendo lo que él quería”, declaró uno de los sobrinos del «tío Mael».

Una bandera de Puerto Rico cubría el féretro de Guadalupe. Encima, proyectadas de un televisor, imágenes de toda su vida aparecían. Con sus nietos al hombro, contrayendo nupcias, con sus hermanos, en cumpleaños y con su icónica cita: «Mi único delito es pisar la tierra donde nací». Cada persona, como un testimonio vivo, rendía su pequeño tributo al patriota y hombre de familia que conocieron. Llegaban Julio Muriente y Juan Camacho, Antonio Prieto Negrón y un sinfín de independentistas.

Ismael, el teatrero

Para Pedro Adorno, director de Agua, Sol y Sereno, Ismael Guadalupe también fue un gran maestro y teatrero. Lo conoció primero de pequeño, en la década de 1970, cuando sus padres Pedro Adorno Marrero y Nuris Irizarry lo trajeron a la isla-municipio para que participara de actividades y se relacionara con la historia de Vieques. Guadalupe era, junto a Carlos Zenón, una figura central en las actividades pesqueras y las cooperativas.

“En 1979, cuando arrestan a Ismael y a Ángel Rodríguez Cristóbal, nosotros estábamos aquí de niños. Conocimos a Ángel Rodríguez y, semanas más tarde, estuvimos en el entierro de él en Ciales. De niños. Te podrás imaginar cómo impacta la visión, la imaginación y las sensaciones de una familia, de unos niños y niñas. Desde esa época tenemos contacto”, nos contó.

Fotos por Christian Medina Rosado Especial para CLARIDAD

Tras la muerte de David Sanes en manos de la Marina, Adorno recuerda haber coordinado con la Alianza de Mujeres Viequenses para traer los Ángeles de Vieques, una comparsa, frente a la base y en el barrio contiguo. Allí conoció a Guadalupe por segunda vez, estableciendo colaboraciones con el Comité Pro Desarrollo y Rescate de Vieques. Por varios años, Agua, Sol y Sereno mantuvo una residencia artística en la Isla Nena.

“Amaba el teatro. Estaba bien pendiente de Agua, Sol y Sereno. Fue padrino y querendón toda la vida de la organización, en Vieques… Cuando sale la Marina y abre los portones, en 2003, continuamos haciendo proyectos e hicimos una película con la Alianza de Mujeres que se llamó El quinceañero y una pieza de teatro que se llamó La lancha. Ismael dirigía el grupo de Cine Cooperativo, porque siempre hacía gestiones en la escuela, con los estudiantes de teatro. Ahí había un diálogo”, agregó.

Tan reciente como el año pasado, Guadalupe y Adorno se comunicaron para más residencias artísticas con la escuela Montessori y la Alianza de Mujeres Viequenses. El próximo julio, las tres organizaciones homenajearán a Guadalupe en el Carnaval de Vieques con actividades de pintura y cabezudos.

“Todavía hay mucho por hacer que Ismael dejó pendiente, como la descontaminación y el retorno de las tierras a Vieques. No a intereses externos, no al mejor postor, sino para el desarrollo económico de los hombres y las mujeres de aquí. Yo sé que él murió pendiente de su pueblo, él luchó desde sus 15 años hasta su último día. Él me decía que quería hacer más teatro y más cine, pero la causa lo llamó en otra dirección. Pero él era un maestro de teatro, un teatrero”, concluyó Adorno.

Del mismo modo, personas cercanas al activista compartieron sus experiencias con él. Manolín Silva contó cómo se reñía en duelo ideológico contra Guadalupe en los años en que «era más conservador que Trump». En tono jocoso, hablaba del hombre afable que discutía con paciencia socrática y oficio pedagógico. No pudo, empero, entrañar todo lo que su compueblano significaba por falta de tiempo y de palabras. Así le siguieron Prieto Ventura, Judith Conde y otras amistades íntimas.

Tras los mensajes, los actos ecuménicos dieron cierre al velorio de Ismael Guadalupe. El 12 de junio, a las 3:00 p.m., en el Colegop de Abogados y Abogadas habrá una actividad en la isla grande para recordar la figura del Maestro de Vieques.

La rebelión de lo cotidiano

 

Daisy Sánchez Collazo

Lo cotidiano es una patria diminuta que no aparece en los mapas, una geografía íntima hecha de repeticiones que nos sostienen sin que lo notemos: el café de la mañana, la ruta conocida que recorremos casi en automático, la voz familiar que nos despierta o nos reclama, el saludo del vecino que ya no necesita palabras. Esa coreografía silenciosa nos da la ilusión de que el mundo es predecible, de que la vida tiene un orden, de que el caos siempre ocurre lejos. Pero esa misma estabilidad que nos calma es la que nos vuelve temerosos. El ser humano, que presume de racional, es en realidad un animal de costumbres, y las costumbres, cuando se vuelven refugio, también se vuelven frontera.

Por eso los cambios —los íntimos, los afectivos, los laborales, los sociales, los políticos— nos descolocan. Nos obligan a mirar de frente lo que evitamos: que nada es permanente, que todo puede quebrarse, que incluso lo que amamos puede transformarse sin pedirnos permiso. El miedo al cambio no es debilidad, es herencia. Lo aprendimos en la mesa familiar, en la escuela, en la iglesia, en la calle. Lo aprendimos viendo a nuestros padres aferrarse a trabajos que los agotaban, a relaciones que los herían, a rutinas que los marchitaban. Lo aprendimos cuando nos dijeron que “mejor malo conocido que bueno por conocer”.

Ese miedo se vuelve estructura, se vuelve la voz que nos dice que no renunciemos, que no protestemos, que no aspiremos a más, que no movamos las piezas porque el tablero podría caerse, que no exijamos cambios porque “así son las cosas”, que no cuestionemos al gobierno porque “todos son iguales”, que no esperemos justicia porque “aquí nada cambia”. Y sin embargo, lo cotidiano es profundamente político. La estabilidad que defendemos en nuestras casas es la misma que buscamos en el país. Por eso un cambio de gobierno provoca ansiedad incluso en quienes desean ese cambio: porque cada transición es una apuesta, un salto entre la posibilidad y el abismo.

En Puerto Rico, un país acostumbrado a crisis encadenadas, esa ansiedad tiene raíces profundas. El huracán María no solo devastó la infraestructura: expuso la incompetencia de una clase gobernante que abandonó al país a su suerte, que manejó la ayuda con negligencia y convirtió al Estado en un agente de negocios en vez de un instrumento de protección pública. La deuda impagable y la imposición de la Junta de Control Fiscal mediante la ley PROMESA confirmaron el colapso del mito de autonomía del Estado Libre Asociado ( ELA) y dejaron al descubierto la fragilidad democrática del país. La larga lista de funcionarios convictos por corrupción terminó de normalizar la idea de que la corrupción es un impuesto cultural que pagamos sin protestar demasiado.

A estas injusticias se suman los estilos autoritarios que se han intentado naturalizar desde el poder. En 2025, organizaciones denunciaron que la administración imitaba políticas violentas y discriminatorias, criminalizando comunidades migrantes y usando la fuerza como herramienta política. En esas protestas, la directora de la Unión de Libertades Civiles de Puerto Rico (ACLU), Annette Martínez Orabona, lanzó una frase que retrata la arrogancia del poder: “El pueblo no será silenciado y nuestros derechos no serán borrados”. No era un gesto de optimismo, sino una advertencia: hay funcionarios que actúan como si el país fuera demasiado dócil para exigir cambios.

Pero la docilidad es un mito que se desmorona cada año. En 2026, miles de personas volvieron a ocupar las calles: desde la marcha del Día Internacional de los Trabajadores, que cerró tramos completos de Hato Rey en reclamo de justicia laboral y mejores condiciones para la clase trabajadora, hasta las protestas estudiantiles en el Viejo San Juan, donde jóvenes de la UPR denunciaron recortes, centralización y el abandono sistemático de la universidad pública. También miles marcharon contra el proyecto turístico-residencial Esencia, denunciando la privatización del litoral y la entrega del país al capital extranjero.

Ese mismo año, cientos de personas protestaron frente a la base aérea Muñiz para rechazar las maniobras militares de Estados Unidos y la posible reactivación de bases en la isla, denunciando el colonialismo militar y el uso de Puerto Rico como plataforma bélica. Y en 2025, la organización Se Acabaron Las Promesas realizó una protesta frente al Centro de Detenciones Metropolitano en Guaynabo contra el recrudecimiento de la presencia militar y las políticas de intimidación regional.

Incluso frente a La Fortaleza, en 2025, se repitió la escena que marcó el verano de 2019: manifestantes exigiendo la renuncia de la gobernadora y denunciando el aumento en el costo de la luz, enfrentándose a la fuerza policiaca y recordando que la Calle de la Resistencia sigue viva.

Estos episodios no son anécdotas aisladas: son la prueba de que el país no está dormido. Son la evidencia de que lo cotidiano también se rebela: en la mujer que denuncia, en el trabajador que se organiza, en la comunidad que defiende su territorio, en el joven que decide que no se irá sin antes intentar transformar el país. Ocurre en cada protesta contra políticas autoritarias, en cada gesto que rompe la inercia, en cada decisión que desafía la resignación, en cada acto que recuerda que la estabilidad no es repetir lo mismo, sino saber que podemos adaptarnos, exigir y transformar.

Lo cotidiano no debe ser una jaula, sino un punto de partida. Quizás la pregunta no es por qué tememos al cambio, sino por qué seguimos llamando estabilidad a lo que apenas nos sostiene. El país —como la vida— no se salva aferrándose a lo conocido, sino atreviéndose a imaginar lo que todavía no existe.

Peajes con fecha de expiración

 

 

Una de mis memorias más vívidas de la infancia en Puerto Rico ocurre siempre en movimiento, al cruzar un peaje. De camino de Caguas a San Juan, o rumbo al sur, mi hermano y yo suplicábamos desde el asiento trasero que nos dejaran lanzar las monedas en la canasta. Era un juego casi ritual: calcular la distancia, apuntar bien y escuchar a la máquina dar su visto aprobador como señal de victoria. A veces era estresante, cuando la canasta no reconocía la moneda o cuando, segundos antes de cruzar, descubrías que no tenías el cambio correcto, pero seguía siendo parte del viaje.

Ese juego infantil no desapareció con la adultez. Se transformó. Hoy, cruzar un peaje en Puerto Rico ya no es un gesto lúdico, sino un ejercicio constante de presupuesto. No hay emoción ni nostalgia. Solo una pregunta repetida: ¿para qué estoy pagando? ¿Para llenarle los bolsillos a Metropistas y a sus intereses? ¿Para pagar deudas creadas por la irresponsabilidad de la clase política?

Porque mientras el sistema de cobro se modernizó, los costos se duplicaron. Aumentaron las tarifas, aumentó la cantidad de peajes, todo esto en un territorio diminuto en comparación con otros países. Lo que no aumentó, de forma proporcional, fue la calidad de las carreteras.

Desde el 1 de enero de 2026 entró en vigor un nuevo ajuste anual de tarifas en varias plazas de peaje en Puerto Rico. Según Metropistas, el aumento promedio es de cinco centavos, calculado en base a la inflación y al costo de vida. Más del 90 por ciento de los conductores paga actualmente entre 35 y 40 dólares mensuales en peajes. Y la lógica oficial insiste: es poco, es necesario, es inevitable.

Pero el problema no es el monto aislado. Es la ausencia total de frenos. Es un sistema que normaliza el aumento perpetuo sin demostrar mejoras visibles, sin rendición de cuentas clara y sin una fecha de caducidad. Los peajes en Puerto Rico han dejado de ser una herramienta financiera para convertirse en una condición permanente, muchas veces para el lucro de unos pocos.

Lo más preocupante es que el Estado y su APP, Metropistas, han perdido el control narrativo y práctico de algo que, en teoría, no debería existir de esta forma. Porque existen otros modelos. Existen otros métodos. Y funcionan.

En Puerto Rico, las carreteras son una metáfora perfecta del modelo económico que arrastramos desde hace décadas: chapucerías sobre chapucerías, contratos millonarios, peajes crecientes y mantenimiento deficiente. Se paga mucho y se recibe poco. Se promete eficiencia y se entrega resignación.

Nueva Zelanda, un país muy lejos de ser perfecto, demuestra que otra relación entre el ciudadano, el Estado y la infraestructura es posible. Aquí existen tres carreteras de peaje, todas ubicadas en la Isla Norte, y las tarifas se utilizan para saldar la deuda contraída para su construcción. Los peajes son electrónicos y los conductores pueden utilizar rutas alternativas gratuitas si prefieren no pagar. Todos los peajes con fecha de expiración.

Durante las pasadas fiestas de fin de año, mi familia y yo viajamos al norte del país, recorriendo la Northern Gateway Toll Road, una de esas tres carreteras de peaje. Es una vía nueva, moderna y bien mantenida. Su costo total de construcción fue de 375.7 millones de dólares neozelandeses. El financiamiento se dividió de manera transparente: cerca del 58 por ciento provino del Fondo Nacional de Transporte Terrestre y el restante 42 por ciento fue cubierto mediante un préstamo del Estado, cuya deuda se paga exclusivamente a través del peaje.

Aquí está la diferencia clave: el peaje no es un concepto eterno que se amplifica con el paso de los años y el cambio de administraciones.

Se espera que el cobro en la Northern Gateway Toll Road termine en 2039, una vez la deuda de construcción haya sido saldada por completo. En Nueva Zelanda, los peajes son temporales. Se utilizan para financiar proyectos específicos. Una vez cumplido su propósito, desaparecen. El mantenimiento pasa entonces a ser responsabilidad del Estado, financiado con fondos públicos generales, en parte por lo que el boricua conoce como la crudita.

Este modelo no es nuevo ni experimental. Nueva Zelanda lo ha aplicado antes. El ejemplo más claro es el Puente del Puerto de Auckland, que fue de peaje entre 1959 y 1984. El Lyttelton Road Tunnel tuvo peaje de 1964 a 1979. Una vez pagada la deuda de construcción, el peaje se eliminó. El puente no colapsó. El sistema no se quebró. La ciudadanía no tuvo que seguir pagando indefinidamente por algo que ya estaba saldado.

En el presente existen tres proyectos con fecha de expiración, como el ya mencionado Northern Gateway Toll Road, así como Tikitimu Drive, con fecha de expiración en 2031, y el Tauranga Eastern Link, cuyo peaje caducará en 2040.

La pregunta es inevitable: ¿por qué Puerto Rico no adopta este modelo? ¿Por qué seguimos atrapados en un sistema donde los peajes no financian el futuro, sino que perpetúan el pasado? Pagas por la construcción y el mantenimiento a perpetuidad. Saldas la casa y sigues pagando la hipoteca.

En la isla, el peaje ya no es una herramienta de desarrollo. Es una carga normalizada. Se paga más cada año por carreteras que no demuestran mantenimiento acorde con lo que se recauda. Pagamos por una infraestructura que envejece mal. Pagamos sin saber cuándo dejaremos de pagar.

La comparación no busca idealizar a Nueva Zelanda ni simplificar sus desafíos. Busca evidenciar que el problema en Puerto Rico no es la falta de dinero, sino la falta de visión y una mala administración. No es la geografía. No es el tamaño. Es el modelo y sus autores.

Mientras no se cuestione por qué los peajes en Puerto Rico no tienen fecha de caducidad, mientras no se exija que el cobro esté vinculado a una deuda concreta y transparente, seguiremos lanzando monedas, ya no en una canasta, sino en un sistema que no devuelve progreso.

Y ese juego, a diferencia del de la infancia, no tiene nada de inocente.