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La guerra es contagiosa y la paz solo puede venir desde abajo

 

 

Especial para En Rojo

 

Nadie podría imaginar que, en pleno siglo XXI, tras la triste experiencia de las guerras del siglo pasado, la humanidad aún tuviera que sufrir un escenario con tantos conflictos armados. Actualmente, el mundo registra 64 guerras que involucran a gobiernos y, en algunos casos, a regiones fronterizas de varios países.

Aunque la prensa internacional se centra en lo que ocurre en Ucrania, es importante que el mundo sea consciente de la guerra en el sur de la India contra Pakistán, que involucra a personas de Sri Lanka y afecta a países vecinos. En África, países como Somalia, Nigeria y Argelia se enfrentan a guerras civiles que adquieren carácter internacional. En Sudán, dividido por la guerra entre Sudán y Sudán del Sur, el conflicto armado adquiere el carácter de exterminio de un pueblo pobre. En Yemen, la guerra que se prolonga desde hace décadas no parece tener fin.

Al mismo tiempo, en el sur de la República Democrática del Congo, continúa inexorable el genocidio promovido por Paul Kagame, presidente de Ruanda, que pretende llevar a cabo una limpieza étnica y anexionar parte del Congo a su país. Como esto ocurre en África, aunque provoca diariamente muchas víctimas inocentes, no merece los titulares de los periódicos. Estos se contentan con informar sobre el genocidio que el gobierno de Israel comete contra el pueblo palestino. El mundo ve por televisión escenas como la de soldados israelíes abriendo fuego contra niños en fila para recibir comida, en puesto de ayuda en Gaza. (cf. Internazionale, 11 de julio de 2025, p. 53).

Desde la primera década de este siglo, el Consejo de Seguridad de la ONU ha perdido su poder. Los dueños del mundo ya no necesitan fingir que respetan convenciones éticas y normas internacionales que, en otros tiempos, sus países firmaron. Ya no hay ley. Y las armas ni siquiera necesitan manos humanas para matar. Este año, en Ucrania, los drones fueron responsables del 70 % de las muertes, tanto de militares involucrados en el conflicto, como de civiles, mujeres y niños que, por casualidad, se encontraban en el lugar de los asesinatos programados.

Lamentablemente, cada vez más, la comunidad de naciones se hunde en un abismo de cinismo. Con algunas excepciones, los gobernantes de los países se convierten en meros administradores de los conglomerados financieros que dominan el mundo. Hasta hoy, resuenan falsas propagandas que ven lo que llaman comunismo como amenaza para el futuro de la paz. Sin embargo, ahora que los monstruos se han quitado la máscara, es difícil asociar a Trump, Netanyahu y otros señores de la guerra con la izquierda. En todo el mundo, quienes hacen la guerra son hombres de la extrema derecha.

En septiembre de 2025, en la ONU, en su discurso de apertura de la Asamblea General, Lula, el presidente brasileño, afirmó: «Este debería ser un momento de celebración para las Naciones Unidas. Creada al final de la Guerra, la ONU simboliza la máxima expresión de la aspiración por la paz y la prosperidad. Hoy, sin embargo, los ideales que inspiraron a sus fundadores se ven amenazados como nunca antes en toda su historia.

El multilateralismo se encuentra ante una nueva encrucijada. La autoridad de esta Organización está en jaque. Asistimos a la consolidación de un desorden internacional marcado por sucesivas concesiones a la política del poder. (…) Existe un paralelismo evidente entre la crisis del multilateralismo y el debilitamiento de la democracia. (…) Cuando la sociedad internacional vacila en la defensa de la paz, la soberanía y el derecho, las consecuencias son trágicas. En todo el mundo, fuerzas antidemocráticas intentan someter a las instituciones y sofocar las libertades. Cultivan la violencia, exaltan la ignorancia, actúan como milicias físicas y digitales, y restringen la prensa. (…)

Las democracias sólidas van más allá del ritual electoral. Su vigor presupone la reducción de las desigualdades y la garantía de los derechos más elementales: alimentación, seguridad, trabajo, vivienda, educación y salud. La democracia fracasa cuando las mujeres ganan menos que los hombres o mueren a manos de sus parejas y familiares. Pierde cuando cierra sus puertas y culpa a los migrantes de los males del mundo. La pobreza es tan enemiga de la democracia como el extremismo. (…) La única guerra en la que todos pueden salir ganando es la que libramos contra el hambre y la pobreza. Ese es el objetivo de la Alianza Global que lanzamos en el G20, que ya cuenta con el apoyo de 103 países». (https://agenciabrasil.ebc.com.br/internacional/noticia/2025-09/

Desde la sociedad civil se alzan voces. La gente común comienza a organizarse en manifestaciones por la paz y la justicia. En Europa, ya en la última década del siglo XX, organizaciones de la sociedad civil organizaron una ONU de los Pueblos, no para sustituir a la actual de los gobiernos, sino para complementarla y darle fuerza desde la base. Desde principios de este siglo, en diversas sesiones, en diferentes continentes, el Foro Social Mundial reunió a miles de miles de personas y dio visibilidad a la sociedad civil internacional. En varios países, un grupo representativo se constituyó como Ágora de los Habitantes de la Tierra y llegó a organizar un documento de identidad de ciudadanía del planeta. Aunque ningún país ha reconocido la validez de dicho documento, es una señal de que, por mucho que la locura parezca imponerse a la inteligencia amorosa, la humanidad tiene como vocación la convivencia amistosa y no el odio. Lo que constituye al ser humano es la búsqueda de la comunión y la vocación de cuidar.

Entre los pueblos indígenas, hoy organizados a nivel nacional e internacional, se fortalece la propuesta del Buen Vivir, que se construye desde abajo y de manera artesanal. El Buen Vivir se da cuando damos prioridad al bien común sobre el bien individual, incluso el necesario y justo. Supone que nos relacionemos con la Madre Tierra y con la naturaleza como seres vivos, miembros de la comunidad de la vida y no como mercancía. Evidentemente, el cambio individual no basta para cambiar las estructuras de la sociedad, pero sin duda puede ocurrir lo que, en su época, afirmaba el obispo Helder Camara: «Una sola golondrina no hace verano, pero lo anuncia». Esta propuesta supone nuestra participación en toda movilización social justa contra la iniquidad que impera hoy en el mundo. Al mismo tiempo, nos recuerda el consejo que, hace más de 70 años, daba Mahatma Gandhi: «Empieza por ti mismo el cambio que quieres ver en el mundo».

El autor vive en Brazil, es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.

 

 

En Reserva – Sobre el libro «Plan Chardón y Plan de la Coalición Republicana Socialista, 1934-1935: proyectos divergentes para Puerto Rico durante la Gran Depresión (documentos y análisis)»

Las siguientes palabras sirvieron de base para la presentación efectuada en la Universidad de Puerto Rico en Cayey, el martes, 7 de octubre de 2025.

Rara vez me demoro más tiempo leyendo el libro que voy a presentar que preparando la presentación como tal. Esta es una de esas ocasiones. El libro Plan Chardón y Plan de la Coalición Republicana Socialista, 1934-1935: proyectos divergentes para Puerto Rico durante la Gran Depresión (documentos y análisis), de Iyari Ríos González y Juan Giusti Cordedo, es uno enjundioso, de más de 650 páginas. En otros contextos, me sería difícil aceptar el presentar un tomo voluminoso como este en medio del semestre académico. Sin embargo, tan pronto se me dio la oportunidad, accedí, porque reconocí en él, apriorísticamente, un libro importante, para el cual valía la pena detener otras lecturas, otras tareas, y adentrarse de inmediato en él con toda la concentración posible.

Desde hace varios años conozco de este proyecto, que buscaba publicar en conjunto el llamado Plan Chardón y el llamado Plan de la Coalición Republicana Socialista. Esta empresa nada más haría de este libro una contribución considerable, pero para nuestros tiempos pudiera cobrar todavía mayor significado. Nos encontramos, como en la década del 1930, en una profunda multicrisis, social, económica, política, colonial. En tiempos recientes, por parte de las esferas en el poder, más que propuestas, hay simulacros de planes. El estudio de una coyuntura histórica que produjo un caudal de proyectos económicos, de debates intensos, pudiera ayudarnos, no a repetir, pero sí repensar nuestro presente accionar desde la sombra del pasado. Como afirmó Rubén Dávila Santiago, en la introducción a su antología Teatro obrero en Puerto Rico (1900-1920), “el pasado siempre es un hoy”.

El llamado Plan Chardón, que realmente lleva por nombre “Report of the Puerto Rico Policy Commission”, está en boca de todxs. En términos generales, cuando se habla de él, se hace referencia a un proyecto económico y social, redactado por un comité liderado por Carlos Chardón, en respuesta a la aguda crisis que vivía Puerto Rico para finales de la década del 1920 y principios del 1930, caracterizada por un alto desempleo, salarios bajos y creciente desigualdad, exacerbada, además, por dos fenómenos atmosféricos (San Felipe en el 1928, San Ciprián en el 1932). No era este el único de los proyectos en esta época de “planofilia”, en palabras de Giusti, pero sí uno que buscó dar una respuesta original a la coyuntura. El mismo tenía como base una reforma agraria que consistía, principalmente, en que el gobierno (sea el local o el federal) comprase centrales azucareras para luego intercambiar las mejores tierras de las centrales por tierras menos productivas que pertenecían a colonos también productores de azúcar. Esto era posible, en parte, por una legislación federal, la Ley Costigan-Jones, que pondría un tope en la producción azucarera (es decir, crearía “cuotas azucareras” para regiones y centrales particulares), pero daría una compensación o subvención por esta reducción forzada, compensación que pudiera también llegar a las arcas del gobierno. Se parte, por tanto, de la premisa de que ocurriría una disminución en la producción azucarera, que afectaría principalmente a los colonos (que producirían menos azúcar) y a los obreros agrícolas (que terminarían en el desempleo); pero también de un enclave histórico que podía resultar en una oportunidad singular de redirigir fondos hacia un proyecto económico coherente distinto.

La propuesta de compra de centrales azucares, en este contexto, cumpliría varios propósitos. Esto permitiría mejorar las condiciones económicas de los colonos, al estos recibir tierras más productivas, y de los trabajadores agrícolas, cuyo salario seguiría una fórmula para ser proporcional  al precio del azúcar y las ganancias. A la vez, las tierras menos productivas que recibiría el gobierno se redistribuirían a agricultores despoesídos, con el propósito de que estas se usaran para cultivar otros frutos más allá de la caña. La idea base respondía, por tanto, a dos problemas principales en Puerto Rico: la concentración de tierras por parte de capitalistas ausentistas para el monocultivo azucarero y la desposesión de tierras de un número siginificativo de la población. El llamado Plan Chardón correspondía a una adaptación puertorriqueña de las políticas que se abrían paso con el Nuevo Trato estadounidense, en la que el gobierno intervendría activamente en la economía, con estructuras públicas o semipúblicas para, en este caso, redistribuir tierras, diversificar la producción agrícola y reducir la desposesión y el desempleo. Por eso, el llamado Plan Chardón sirvió de inspiración para la transformación de esta política en Puerto Rico, la creación del Puerto Rico Reconstruction Act, el PRRA, y, hasta cierto punto, para algunos de los proyectos económicos posteriores que vendrían a caracterizar el Puerto Rico moderno – con todas sus contradicciones – creado a mediados del siglo XX.

El llamado Plan Chardón, previo a esta publicación, solo podía consultarse en fotocopia en algunas bibliotecas en Puerto Rico y Estados Unidos. Este, además, se había escrito en inglés. Traducido al español, solo se publicó parcialmente en el periódico El Mundo en el 1934. Uno de los textos fundamentales de la historia moderna de Puerto Rico, mencionado por todxs, era, por tanto, leído y conocido por muy pocos. Ahora, no solo es accesible en formato de libro, sino que se encuentra traducido al español en su totalidad, incluyendo sus apéndices.

El llamado Plan de la Coalición Republicana Socialista fue la respuesta al llamado Plan Chardón. Conviene recordar el contexto político para entender lo significativo de que se haya redactado esta contrapopouesta. En las elecciones del 1932, el partido que más votos obtuvo fue el Partido Liberal, pero la suma de los votos del Partido Unión Republicana y el Partido Socialista de Puerto Rico, unidos como Coalición Republicana Socialista, llevaron a esta última a copar la legislatura y ocupar el puesto considerado el más importante de la época, el del Comisionado Residente, escaño que obtuvo el líder socialista Santiago Iglesias Pantín.

Una Coalición logró superar al partido más grande. Pero la trama política era todavía más compleja. Ese mismo año en los Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt, del Partido Demócrata, triunfó sobre el incumbente Herbert Hoover, del Partido Republicano, e inició el proyecto del Nuevo Trato que vendría a reconfigurar la estructura social y económica de los Estados Unidos. Este, por supuesto, recibió la resistencia del Partido Republicano en los Estados Unidos… y del Partido Unión Repúblicana en Puerto Rico.

En la estructura política colonial de entonces, el poder ejecutivo de Puerto Rico estaba en manos de Roosevelt. Por la cercanía ideológica de Roosevelt con miembros del Partido Liberal, lo que ocurrió en Puerto Rico no puede ser descrita de otra manera que no sea un gobierno dual. Si bien la Coalición ocupaba la mayoría de los escaños, será a través del esfuerzo conjunto del gobierno de Roosevelt y de cuadros del Partido Liberal que se articularía el Nuevo Trato en Puerto Rico, en parte usando como base el llamado Plan Chardón del 1934. Esta alianza federal-liberal se dio a tal nivel de que se institucionalizaron ciertas políticas del llamado Plan Chardón sin que tan siquiera se haya consultado o se hayan aprobado a nivel de la legislatura.

Ante este escenario es que responde la legislatura dominada por la Coalición Republicana Socialista con plan económico como alternativa en el 1935, que mantuviera la misma estructura azucarera pero incorporando una serie de reformas agrarias e infraestructurales para atender los graves problemas de la coyuntura. Hay que recordar que el Partido Unión Republicana había sido quien con mayor consistencia defendía los intereses de la industria azucarera, que se sentían amenazados por el proyecto novotratista. A esto se añade el que el National Industrial Recovery Act, parte del Nuevo Trato, paralizó la industria de la aguja, lo que habrá provocado reacciones adversas adicionales a la política novotratista.

Si el llamado Plan Chardón buscaba retar el monocultivo azucarero, distribuyendo tierras y diversificando la producción agrícola, el llamado Plan de la Coalición sostenía su proyecto económico en la defensa de la industria azucarera. Por eso, el plan le pedía al gobierno de Estados Unidos elevar la cuota sugerida de azúcar, producto de la Ley Costigan-Jones, y asegurar que los productores de caña fueran reembolsados por la limitación en la producción. Por otro lado, ponía una preocupación particular en el problema de la deuda, y no solo la deuda del gobierno, sino también de las deudas hipotecarias de pequeños propietarios. Siendo cierto que el proyecto económico no buscaba limitar el acaparamiento de tierras por parte del gran capital, también hay un reconocimiento implícito en que el monocultivo azucarero requiere de colonos y agricultores, cuyas tierras se encontraban amenazadas por sus deudas y cuyas consecuencias pudieran agravar la crisis. Otras cosechas o nuevas industrias serían actividades económicas complementarias; no era necesario priorizarlas, pues se entendía que el país podía suplirse de las mercancías que no producía a través de la importación, razón en parte por la que propone un proyecto de «zonas francas» y de «puertos libres» en Puerto Rico. Si bien es un proyecto tímido en los cambios que propone, tampoco deja de ser cierto que el programa detalla industrias pequeñas o caseras que pudieran promoverse, al igual que cooperativas de tierras y sistemas de granjas. Además, le presta atención a todo un proyecto de desarrollo de infraestructura importante (viviendas, escuelas, hospitales, dispensarios, puertos), razón quizás por la que implementar el llamado Plan de la Coalición podría costar dos veces lo que se pronosticaba del llamado Plan Chardón.

Este plan circuló únicamente como parte de la Resolución Concurrente Núm. 1 de la Legislatura de Puerto Rico, sometido el 12 de febrero de 1935. Para efectos prácticos, se desconocía de esta propuesta económica hasta que fue redescubierta por Ríos González. La contrapropuesta al llamado Plan Chardón, por tanto, resultaba todavía más inaccesible que este.

Añado, también, que ambos proyectos se encontraban inmersos en una transformación en la conceptualización de la política económica; términos antes equiparables, como “socorro” y “reconstrucción”, vendrían a significar ahora políticas distintas: la primera para referirse al auxilio económico a una situación de emergencia; la segunda para implicar una transformación más profunda en una estructura económica. Tristemente, esta diferenciación no ha sido internalizada por los partidos neoliberales que nos gobiernan, quienes reciben fondos federales como solución cuando, utilizados como se ha hecho, no son más que alivios pasajeros, que no conllevan mayores cambios estructurales. Como en los 1930, una posibilidad de redirección política, económica y social se aprecia, y se está a riesgos de perderse. El neoliberalismo, por su fe ciega y acéfala en el “mercado” como fuerza estabilizadora, ha vuelto a confundir y a equiparar los conceptos “socorro” y “reconstrucción”. El modelo económico que sirve de base igual para el imperio que para los partidos tradicionales está condenado a una bancarrota creativa en materia económica.

No exagero, por todo lo dicho, cuando afirmo que este libro, como muy pocos, sirve de puerta de entrada para entender una de las décadas de mayor complejidad en la historia de Puerto Rico. Y esto se debe a que el libro no trata solo sobre dos proyectos económicos encontrados, o “divergentes”, como indica el subtítulo, sino que el debate en torno a estas dos visiones ocurre en un marco más amplio, esclarecido por ambos autores en sus respectivos textos: la introducción de Giusti para el llamado Plan Chardón y la introducción de Ríos González para el llamado Plan de la Coalición. Estos proyectos divergentes vendrían a ser el punto concéntrico, la célula atómica (utilizando la conocida metáfora de Marx), de un antagonismo político mucho más amplio, razón por la cual la publicación de este libro no puede resultar indiferente para quienes estudien la historia económica y política de Puerto Rico, para quienes se interesen en el movimiento obrero y sindical, y una multiplicidad de temas más, algunos de los cuales mencionaré a lo largo de las páginas restante.

Debo diferir en algo de mi amigo Iyari. Desde hace varios años, e incluso hasta hace unas semanas, en conversaciones con él sobre este proyecto, este ponía el énfasis de la importancia de esta publicación en sus documentos históricos. Pero al hacer esta afirmación, me parece que le restaba mérito a las significativas investigaciones que él y Giusti llevaron a cabo y que se encuentran contenidas en este proyecto que, definitivamente, es más que la suma de sus dos textos históricos.

Giusti, por ejemplo, en su introducción al llamado Plan Chardón, hace una arqueología conceptual del plan, rastreando minuciosamente los proyectos económicos previos (el Informe Brookings, los Planes Bourne, el Plan Muñoz Marín) para entender la génesis y el desarrollo de las ideas que terminaron por conformar el texto. Era, realmente, una época repleta de discusiones. Sobre esto, conviene por lo menos destacar una contribución del autor que, si bien ha adelantado en otros escritos suyos, queda mejor desarrollado en este.

El “Puerto Rico Policy Commission” creado por el gobierno de Roosevelt y que redactó el plan, originalmente para el Secretario de Agricultura de los Estados Unidos, estaba compuesto por Carlos Chardón Palacios, Rafael Menéndez Ramos y Rafael Fernández García. Chardón fue previamente director de la Estación Experimental Agrícola, el primer puertorriqueño en ser Comisionado de Agricultura de Puerto Rico y el primer puertorriqueño en ocupar la cancillería de la Universidad de Puerto Rico. Rafael Menéndez Ramos, asociado a la Coalición Republicana Socialista, fue también director de la Estación Experimental Agrícola y el Comisionado de Agricultura a la hora de redacción del Plan. Gracias a la investigación de Giusti, sabemos, también, que participaron en la redacción del texto Luis Muñoz Marín, T. Martin Stevenon, H.C. Henricksen y Miguel Guerra-Mondragón, además de contar con la asesoría destacada de José Enrique Soltero. Pero quien verdaderamente sobresale en la ideación y en la redacción del llamado Plan Chardón – y aquí es que viene la contribución arqueológica de Giusti – es Fernández García, químico agrícola y pasado director de la Estación Experimental Agrícola en Río Piedras. Si bien desde el Plan Muñoz Marín se venía hablando de la compra por parte del gobierno de centrales azucareras, el proyecto de canjeo de tierras buenas para colonos por sus tierras menos productivas, y para destinar estas últimas a agricultores desposeídos para el cultivo de otros frutos, fue una propuesta de Fernández García. Desde la década del 1920, además, Fernández García publicaba estudios promoviendo un proyecto de industrialización vinculado al sector agrícola, que incluía la diversificación de los cultivos e industrias suplementaria como las del bagazo, cemento, botellas, zapatos… en fin, lo que vendría a caracterizar una parte del proceso industrial puertorriqueño años más tarde, bajo la gobernación de Rexford G. Tugwell y los primeros años del Partido Popular Democrático en el poder. El aspecto de desarrollo industrial a partir de una base agrícola, hasta donde pude entender por el recuento de Giusti, es una contribución fundamental y única de Fernández García en este panorama. Interesa también notar que sus propuestas no se asemejan a lo que será lo común de la política desarrollista latinoamericana, de sustitución de importaciones, con un resultado limitado y que no dio mayores oportunidades de eslabonamiento con otros sectores económicos en los respectivos países.

Por lo dicho, en algo difiero de los estudiosos, y es que cuestiono que continuemos llamando a este proyecto “Plan Chardón”. De la misma manera que el rigor histórico nos lleva a (por lo menos) señalar que lo que se conoce como Operación Manos a la Obra nunca ostentó tal nombre, deberíamos hacer un gesto similar en este caso. Solo que lo que está en juego no es mera nomenclatura, sino toda una contribución intelectual importante. Aunque sea fastidioso, me parece que deberíamos darle otro nombre a este texto para no repetir los silencios que el archivo histórico posibilitó hasta recientemente. Hasta ahora me he referido al documento en cuestión como el llamado Plan Chardón, para evitar confusión y hacer alusión al título del libro, pero intentaré abordarlo a continuación, como el Plan Económico Puertorriqueño, un nombre también usado en la época.

Por otro lado, Giusti permite reconocer que, si el Plan Económico Puertorriqueño tuvo éxito en altos círculos del gobierno federal, no se debe ni únicamente ni tan siquiera principalmente a la solidez de las ideas desarrolladas en él, sino más bien a la crisis social de estos años, a los continuos estallidos sociales, desde las grandes huelgas en la industria de la aguja y de la caña, que arropaban a una parte importante de la isla, pasando por la huelga universitaria del 1933, por los boicots a la gasolina y al pago de la electricidad (en manos monopólicas), hasta los discursos incendiarios y las acciones cada vez más radicales del Partido Nacionalista. El Puerto Rico Emergency Relief Administration, o PRERA, del Nuevo Trato, demasiado limitado en alcance y ambición (pensado más como programa de socorro que de reconstrucción), no lograba apaciguar las tensiones sociales en el país. Para el gobierno federal, en este caso, el de Roosevelt, estabilizar la colonia era una necesidad. Los viajes oficiales, igual que los “semi-secretos” de agentes federales, son detallados en la introducción, incluyendo la visita simultánea de Eleanor Roosevelt y de Rexford G. Tugwell en el 1934. Me parece que la introducción de Giusti hace un buen balance entre ambos hechos, es decir, entre la innovación en las ideas desarrolladas en Plan Económico Puertorriqueño y, por llamarlo de alguna forma, el realpolitik imperial.

El llamado Plan de la Coalición Republicana Socialista, como se dijo anteriormente, no es en esencia un plan económico divergente que se desarrolló de manera paralela al Plan Económico Puertorriqueño, sino más bien una respuesta directa a este y a la amenaza que representaba para sectores de la burguesía que representaba el Partido Unión Republicana. Dicho de otra manera, la presión política que ejerció el Plan Económico Puertorriqueño obligó a que sus detractores desarrollaran una propuesta que, por un lado, continuara con la lógica económica del momento, pero que a la vez, y desde adentro de la estructura económica, se enfrentara a los problemas que aquejaban al país. La investigación de Ríos González señala, además, semejanzas con las premisas y postulados del Informe del Instituto Brookings.

El proceso que se llevó a cabo para su redacción es detallado en la introducción de Ríos González. Esta se hizo desde la Legislatura de Puerto Rico y, en particular, a través de la Comisión Económica, o, mejor dicho, por una parte de ella. La Comisión estaba compuesta por cinco republicanos, cuatro socialistas y dos liberales. Sin embargo, se creó un “grupo de trabajo” compuesto por cuatro miembros para hacer el análisis, la crítica y la contrapropuesta al Plan Económico Puertorriqueño: tres republicanos  (Leopoldo Figueroa, Celestino Iriarte, Ettienne Totti) y un socialista (Rafael Alonso Torres). Contó además con la colaboración estrecha de Edmundo Colón y Francisco López Domínguez, ambos, en distintos momentos, Comisionados de Agricultura y directores de la Estación Experimenta Insular.

En la investigación llevada a cabo por Jaime Bagué, previamente, y, ahora, por Ríos González, se reconoce la ausencia prueba de la participación de Rafael Alonso Torres en este proyecto. Por tanto, el supuesto Plan de la Coalición fue redactado únicamente por miembros del Partido Unión Republicana, razón por la que este no incorporase promesas programáticas del Partido Socialista tan significativas como la implementación de la Ley de 500 acres. Hay, además, una notable ausencia de la fuerza laboral en el proyecto, mientras se privilegia los grandes y pequeños terratenientes.

El llamado Plan de la Coalición era tan poco representativo de la Coalición Republicana Socialista que ni tan siquiera contó, verdaderamente, con el apoyo de una parte de la Coalición, es decir, del Partido Socialista, aunque haya endosado la Resolución Conjunta al presentar el plan en la legislatura. Para tener una idea de la gravedad del asunto, Ríos González destaca la resistencia de cabildear a favor de este plan por parte del Presidente del Partido Socialista y también Comisionado Residente, Santiago Iglesias Pantín, quien abiertamente dijo que se dedicaría a promover la extensión del Nuevo Trato a Puerto Rico en Wáshington. Es de notar que Ríos González, en su introducción, probablemente por lo antes dicho, evita llamar este proyecto el Plan de la Coalición, sino que usa su nombre oficial, el Plan para la Rehabilitación Económico-Social de Puerto Rico.

El autor cierra su ensayo con dos hechos históricos que tendrán una resonancia política posterior: la Asamblea General del Partido Socialista del 15 de agosto, en la que expresa su endoso al Nuevo Trato y su rechazo a la política republicana de enriquecer bolsillos privados con fondos públicos, y a la renovación del pacto entre este y el Partido Unión Republicana tres días después, contradicción política y económica que el Partido Socialista llevaba arrastrando ya por demasiado tiempo y que vendría a sellar su colapso en los años posteriores.

El Plan Económico Puertorriqueño vendría a limitarse, finalmente, por la declaración de inconstitucionalidad de la Ley Costigan-Jones por parte del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, lo que restringiría la inyección de fondos federales que se esperaban para hacer el proyecto una realidad. Aunque se produjera de manera distinta a lo vaticinado, tenía razón Pedro Albizu Campos cuando criticaba el «plan azucarero» del Plan Económico Puertorriqueño por depender demasiado de los intereses de los Estados Unidos, que no son los intereses de Puerto Rico (ver, en Obras completas, tomo II, «Pedro Albizu Campos opina sobre el Plan Azucarero»). El impacto del PRRA, bajo la influencia del Plan Económico Puertorriqueño y, en parte, la dirección de Chardón, no fue el esperado. El Plan para la Rehabilitación Económico-Social de Puerto Rico, por otro lado, no tuvo éxito en promoverse a nivel federal, pero tampoco contó con fondos suficientes para aprobar sus propuestas en la propia legislatura de Puerto Rico. La década cerrará, pues, con nuevos rumbos para la historia económica de Puerto rico.

Aquí apenas esbozo los temas que abordan los planes, material para investigadores de toda disciplina. Incluso, si no para “analizar” propiamente los proyectos, la cantidad de material empírico resulta útil para una variedad de temáticas, además del trasfondo histórico que incluyen algunas de sus secciones. En materia de política agrícola o industrial es más que evidente que hay información de sobra, al igual que la invitación a acercarse a la historia económica de esta época bajo la óptica del “Nuevo trato agrícola”. Temas como la deuda pública o las deudas sobre propiedad, particularmente tierras, encuentran un caudal de material en estos documentos. La “ausencia de ciudades” en el Plan Económico Puertorriqueño señalada por Giusti, en posible contraste a los proyectos de desarrollo de infraestructura y vivienda en el Plan para la Rehabilitación Económico-Social de Puerto Rico, es una invitación adicional a seguir escudriñando en estos textos. Pero hay focos de análisis aun en temas menos esperados inicialmente. Interesa, por ejemplo, el contraste en las políticas de ambos proyectos sobre la densidad poblacional: el Plan Económico Puertorriqueño promovía el mito de la sobrepoblación mientras el Plan de para la Rehabilitación Económico-Social de Puerto Rico discrepaba en verlo como un problema grave. Además, la emigración que promovía el Plan Económico Puertorriqueño se pensaba, no para los Estados Unidos, sino explícitamente para la América Latina y el Caribe, distinto a lo que vendría a ser luego la política oficial del gobierno.

El libro que presentamos es importante, pues, por hacer accesible importantes documentos históricos, por las introducciones esclarecedoras, por los nuevos caminos de investigación a los que abre paso, pero también porque permite releer desde otras persepectivas lecturas ya conocidas. En mi caso, por ejemplo, tan pronto finalicé el libro, tuve dos “regresos”: la obra de Pedro Albizu Campos y la de Rexford G. Tugwell. Sobre Albizu Campos, me hizo regresar a sus textos económicos, particularmente al ensayo en algunas antologías conocido como “En torno al Informe Brookings”, y ver que la política de reforma agraria, de redistribución de tierras y de promoción de pequeños agricultores no se vincula (o no solo se vincula) a las limitaciones ideológicas de la clase pequeñoburguesa predominante en el Partido Nacionalista, sino a todo un marco de reformas agrarias en América Latina y a los problemas principales, no del pasado, sino del presente de Puerto Rico. De hecho, la relación entre las propuestas económicas del Partido Nacionalista y los respectivos planes que incluye el libro apenas se examina, más allá de la afirmación correcta de los autores de que el Partido Nacionalista y sus ideas era una fuerza e influenca implícita, nunca nombrada, en las discusiones sobre la situación social del país.

Sobre Tugwell, regreso a sus textos y a lo que sobre su gobernación se ha escrito para reconocer que mucho de lo que se le adjudica como innovador, incluso en obras recientes, no es más que la apropiación intelectual de proyectos ideados por puertorriqueños.

Cierro, por último, con señalamientos importantes que ambos autores han hecho en sus respectivas introducciones, pero también en trabajos de divulgación con circulación más amplia. Como deberán haber notado, los tres integrantes de la Comisión que produjo el Plan Económico Puertorriqueño, al igual que los asesores principales del Plan para la Rehabilitación Económico-Social de Puerto Rico, se relacionaban con las Estaciones Experimentales Agrícolas y con la Universidad de Puerto Rico. En momentos en que la situación económica terrible de Puerto Rico requería de un proyecto abarcador de transformación social, la universidad cumplió un rol fundamental. Incluso el imperio, en su desesperación, reconoció el talento que albergaban estas instituciones de investigación y educación y recurrió a ellas. Tamaño contraste con la realidad en que vivimos hoy, en que la Universidad de Puerto Rico es desmantelada, al punto del colapso, por las instituciones federales como la Junta de Control Fiscal y por los propios partidos locales que han gobernado el país. Para reproducir la situación actual, para amplificar la crisis, no se requiere de creatividad, ni de investigación, ni de debate colectivo. Pero, a punto de cumplir dos décadas del estallido de la larga depresión económica puertorriqueña, si hubiese ambición de transformar las bases productivas y sociales de este país, enmarcados en un proyecto social (o incluso, proyecto de clase) coherente, y si fuésemos a aprender de la historia, esta nos diría que el cometido se pudiera lograr con el auxilio de las mentes críticas que el ambiente universitario fomenta continuamente.

El proyecto de publicación del libro cuenta también con una página web, en la que se puede encontrar todo el material que el volumen contiene, además de documentos suplementarios y fuentes primarias. El enlace es el siguiente: https://pgt.uprrp.edu/planes1930.

Instrucciones para convertir un párrafo de 6 líneas en las cuerdas de una guitarra 

 

 

0.0: Si quisiera salir del paso con gracia y chispa, respondería que escribo porque no sé pintar poemas de forma y color como Rafi Trelles o Cecilio Colón ni golpear las blancas y negras como Eddie Palmieri. Si quisiera devolver la bola a su cancha con el más raudo disparo, echaría mano del santoral de sabiduría popular china y repetiría: “El pájaro no canta porque tenga una respuesta; canta porque tiene una canción”. Entonces, yo escribo por lo mismo que Ud. fuma o juega Pega 3: porque es mi vicio, mi dulce e incurable pasión.

0.1: Escribo porque en la juguetería no me permiten oficiar de arúspice y abrir los juguetes para ver que guardan en su interior. Por puro goce y por conciencia. Para plantarme ante el universo y ser fiel testigo de mi tiempo. Para escuchar y comprender a ese otro que a solas siempre conmigo cabalga. Para respirar mi trozo de libertad. Para devolverle la magia al mundo. Para trascender y alejar mi alma del cieno y el muladar. Para eternizar lo efímero. Para denunciar tanta azúcar y sal mal repartidos. Para celebrar el regreso de las golondrinas, el canto de los ruiseñores y el vestido de novia del roble en flor.

0.0: Aunque no simpatizo con el castizo e insuficiente concepto “generación”, la distancia y madurez ganadas me llevan a aseverar que cada generación tiene que cargar con sus deberes y, al hacerlo, asume que a su vez la anterior cargó con los suyos y que lo que hagamos nosotros por los que vienen es justo balance por lo que hicieron por nosotros los que estuvieron antes.

0.1: Emprendo el viaje, no a la semilla, pero sí a tempranos años escolares en los que vinculé mis afectos con 2 educadoras de quienes aprendería a amar el sonido de las palabras: Monserrate Rivera y Rosalina García. Ya luego, una combinación de sobresalir académicamente, ser tímido y, en consecuencia de ambas cosas, marginado por los compañeros más atléticos, me llevó a refugiarme en la biblioteca. De este modo, “viajé al centro de la Tierra” y “3 mosqueteros” me abrieron los sentidos al maravilloso mundo alterno de la literatura. Así, fui inoculado con el benigno germen. Ya a punto de hacer la transición a estudiante universitario, vino a reforzar el vicio lector el que a mis manos llegara un álbum de Serrat. (La voz del autor de “Lucía” y “Mediterráneo” me dibuja en el oído un patio escolar alfombrado de cohitre y moriviví a la hora del recreo.)

1.0: A mediados de los 70, cuando corrían los días más silvestres, menos inciertos y contaminados, tocó ingresar a la Universidad del Estado. Descubrí que mis aptitudes y gustos no concordaban con los planes para mí trazados por la familia. El loco del clan dejaría atrás la pecera de aire climatizado, el bejuco estetoscópico y la cota blanca que conducen a la práctica de la medicina y con toda probabilidad a una vida vacía y llena de lujos y veleidades. Entonces, orienté mis mejores ganas hacia el estudio de las Humanidades.

1.2: Mi vida universitaria correría paralela a hechos que propiciaron el nacimiento de mi conciencia política. Tomé talleres de creación y me vinculé a otros que padecían idéntica calentura. De esa época me nacieron hermosos lazos fraternos que aún conservo y el cariñoso maestrazgo de Manuel de la Puebla. También me animé a participar en certámenes y revistas.

2.1: Uno de mis cursos me llevó a trabar amistad con José Luis Vega, a quien le compartí los textos mostrencos que por aquel entonces escribía. De esa relación podría repetir las palabras de Cesáreo Rosa Nieves acerca de su mentor Antonio S. Pedreira: “Me inició en la cultura moderna y orientó mis preocupaciones literarias hacia amplios y correctos derroteros”. Ello redundó en ampliar el estrecho mundo de signo modernista en el cual por entonces chapoteaba muy a gusto. Una reprimenda suya vino a resultar mi caída de Damasco, pues ya era tiempo de que zambullera mi espíritu en aguas más profundas. Advine en conocimiento de los grandes Maestros: Vallejo, el mejor Neruda, Miguel Hernández, Lorca, Rimbaud, Cavafis, Pessoa, Whitman. Éstos, a su vez, me llevarían al descubrimiento de Molina, Orozco, Parra, Cardenal, Sabines, Dalton, Hahn, Montejo y Juan Luis Panero, entre otros.

2.2: Paralelamente a mi quehacer literario, por entonces me destacaba como beisbolista. Una lastimadura troncharía mi prometedora carrera de lanzador y aunque allí saboreé glorias, apagado ya mi sueño y huérfano de ese mundo, torné a volcar mis ganas y energías en la creación literaria de un modo más intenso y comprometido.

2.3: Fui asiduo visitante de la sala Zenobia y Juan R. Jiménez. Allí recibí un invaluable tesoro de manos de la bibliotecaria Aida Bravo: la Nueva poesía cubana, antología compilada por José Agustín Goytisolo. Ello vendría a desplegar ante mis ávidos ojos todo un atlas de posibilidades por mí insospechadas. Entre sus páginas vibraban las espléndidas voces de poetas que habrían de resultar medulares en mi formación: Jamís, Padilla, Suardíaz, Fernández Retamar y Nogueras. Leer su refrescante poesía fue para mí el equivalente a lo experimentado por el coronel Aureliano Buendía cuando de niño su padre le llevó a conocer el hielo.

2.4: En fin, aconsejado por Cavafis, me embarqué en ese viaje de ida sin regreso en pos de mis personales ítacas y, al hacerlo, partí con la mochila repleta de entusiasmo y hambre de saberes.

3.0: Por esa época, la música de la fiebre de los sábados en la noche me formateaba el disco duro y yo me llevaba el mundo por delante. (“A los 20 uno escribe poesía como si fuera un reactor nuclear. / A los 30 uno escribe poesía como si fuera el operario del reactor nuclear.”) Todavía no se aventaban muchas de las execrables plagas que habrían de acompañarnos en la posmodernidad. Aun así, soplaban tiempos difíciles. La recién estrenada década siguiente trajo consigo en 1981 un agrio conflicto huelgario provocado por un alza en costo de matrícula.

3.1: Un curso de redacción y estilo con Luz Minerva Betancourt resultó ser una experiencia trascendental en el riguroso aprendizaje del oficio escritural y en el refinamiento de mis aptitudes. Más adelante, la estrecha y transparente amistad de Salvador Villanueva, el diálogo permanente y enriquecedor con él, vendrían a redondear el bagaje básico para asumir de cuerpo entero la búsqueda de mi voz, sus posibles alcances y enfilar el rumbo de la embarcación.

4.0: Debo deudas que mal se pagan con palabras: Ilka Esteva, Félix Franco Oppenheimer, Gustavo Agrait, Lili Urrutia, Ana Lydia Vega, Magali García Ramis, Roger Martínez Lockwood, Arsenio Suárez, Ramón Luis Acevedo. (Por respeto a la larga y entrañable hermandad que me une a Daniel Torres aún conservo la compacta y rudimentaria Brother Deluxe 800T, que tuvo a bien regalarme cuando se dañó mi primera maquinilla, quedándose él sin instrumento de trabajo.)

Y puestos a escoger, por sintonía y afinidad de carácter, me sigo sintiendo a mis anchas junto a los colegas que velaron sus primeras armas literarias en torno a las revistas Filo de Juego y Tríptico: Israel Ruiz Cumba, Mario Rosado, Rafael Acevedo, Zoé Jiménez Corretjer, Michele Dávila y Alberto Martínez Márquez.

5.0: Escribo, además, porque es una manera genial de divertirse. Para entenderme con la fealdad del mundo y transformarla. Para denunciar las injusticias y celebrar el pan, la amistad y la alegría. Para no perder la capacidad de maravillarme ante lo en apariencia más insignificante. Para reírme de mí mismo e iluminar el lado oscuro de mi corazón. Para sobrellevar el siniestro callejón salpicado de incertidumbre, vergüenza y espanto en que nos han metido los políticos que gobiernan el país. Para enriquecer mi espíritu, porque en primera y última instancia la escritura es un camino espiritual.

5.1: La poesía es el viaje; el poeta únicamente quien carga las maletas. Y como el texto cobra vida cuando sobre él desgasta sus ojos el lector, sólo aspiro a honrar la sentencia de Camus: “todo logro significa una servidumbre; obliga a otro más alto”, y que los exigentes visitantes de sus páginas puedan hallar en ellas eco de las palabras de Borges: “no ha envejecido; pudo haber sido escrito esta mañana”.

Después de todo, las artes son testimonio vivo de la imaginación y capacidad de sobrevivencia del ser humano ante la adversidad. Sólo así nuestras huellas podrían perdurar en la conciencia viva de la posteridad.

 

[13-21 marzo 2025]

Vida disca:Sueña con volver

Crónicas de la vida disca

 

Especial para En Rojo

Aquí mataron gente por sacar la bandera
Por eso es que ahora yo la llevo donde quiera

-Bad Bunny/Benito Antonio Martínez Ocasio,
“La mudanza”, Debí tirar más fotos-DtMF (2025)

 

5:00P.M. Río Piedras, Puerto Rico

No nos criamos juntas. Ella creció por California. Yo, en Puerto Rico. Rondando el medio siglo de vida, hemos hecho hogar en la diáspora, en dos puntas del continente americano. De allí hemos venido. Henos aquí, como dos adolescentes risueñas preparándonos para nuestra primera gran noche de concierto en la isla de nuestro padre. ¡Wepa!

Vestirse. Ropa fresca colorida para el calor de fin de verano, abrigos para proteger del aire acondicionado intenso. ¿Maquillarse? ¡Sí, como niñas culecas! Tapar con pintura color arena las ojeras de años de sobrevivencia de calamidades pandémicas. Pintarse los labios como si el sol los hubiera acompañado todos estos días en plena época de huracanes. Peinarse. Flor de maga en el pelo, Thespesia grandiflora, la flor nacional (¿una copia hecha en China?).

Hay juguetones tatuajes de agua con la bandera de azul celeste, que no es el azul turquí de la hermana bandera cubana ni el azul marino de la dominadora bandera estadounidense. Entre risas, nos los vamos poniendo una a otra frente al espejo del baño. Una bandera sol taíno sonríe en mi pecho como si colgara de mi collar de cuentas turquesas. Una bandera mariposa abre alas de franjas coloradas bajo la cadenita dorada de mi hermana mayor. Más banderas en los hombros como alas: un coquí bandera quiere saltar al mundo, una bandera de puños alzados en lucha, el mapa de una isla bandera en el mar Caribe, un corazón bandera con alba estrella al centro, soñando libertad. (Quienes crecen en países con fiestas patrias y días de independencia no comprenderán acaso el júbilo de forrarse con una bandera en resistencia, prohibida y perseguida por la Ley de la Mordaza de 1948 a 1957, cuando era ilegal desplegarla incluso en tu propia casa.)

Sesión de fotos mientras esperamos el transporte frente a la casa de nuestro hermano en Río Piedras, detrás de la Universidad de Puerto Rico, donde tuve la dicha de estudiar antes de que le quitaran los fondos. El hermanito menor ha salido a la competencia de natación del sobrino, así que desgraciadamente no hay fotos juntos. (Debimos tirar más fotos.) En la más bella foto de nosotras, una para enmarcar, brillamos dos floridas hermanas reencontradas frente a un jardín de flores cosmos anaranjadas en la luz dorada del atardecer. Grandes sonrisas de anticipación. Algunas arrugas incipientes y canas sin teñir. Cabezas y hombros unidos. Facciones que se reflejan. Gozo en las miradas.

Pasan tres vecinos haciendo caminata y la doña nos señala jocosa,

—¡Yo sé a dónde van, jaja!

Estábamos listas para el concierto de La Residencia de Bad Bunny.

Aquí nadie quiso irse
Quien se fue, sueña con volver

-Bad Bunny, “Lo que le pasó a Hawaii”, DtMF (2025)

 

6:00P.M. Hato Rey, Puerto Rico

Érase un tiempo inter-eclíptico. Decía una sabia que entre el eclipse lunar del 7 de septiembre y el eclipse solar del 21 de septiembre se abriría un portal desde el cual los ancestros nos llamarían a casa. ¡Quién lo diría! Nos habían llamado. A nosotras y a miles de boricuas de la diáspora que llegábamos en aviones cargados de una emoción palpable en los aplausos del aterrizaje. Había sido una serie de circunstancias inauditas la que se acumuló para que hubiéramos viajado de repente a Borinquen, isla de nuestros ancestros taínos, andaluces, mandingas, lucumíes, congos y canarios.

Se acercaba el octavo aniversario del huracán María. Entre apagones y un sistema tropical que trataba de convertirse en huracán, el sol brillaba con empeño hasta darle paso cortés a la luna. Llegamos en un taxi extragrande, un gasto adicional por la silla de ruedas (el impuesto disca o crip tax, como le dicen). Compartiendo nuestro alborozo, el chofer nos contaba con chispitas en los ojos lo grandioso que sería el concierto mientras subía el volumen a una contagiosa mezcla musical de Bad Bunny: “Dime si te va’ a montar / Pa’ la isla tengo el portal”. Había ambiente de festival y encontramos la rampa para cruzar al Choliseo.

Como soy cineasta de vocación, iba filmando con el celular una larga toma desde mi perspectiva rodante. Nalgas visibles tras un traslúcido encaje negro, nalgas de pantalón blanco apretado, nalgas de vibrantes faldas rojas de jibarita, nalgas azules de parejas andando al unísono, nalgas de todos los colores bailando al son de los jubilosos instrumentos de los estudiantes del Conservatorio de Música en la plaza afuera del coliseo. Cambié el enfoque hacia atrás para capturar a mi hermana empujando contenta mi silla de ruedas y, más arriba, flameaban multitud de flores de un encendido flamboyán ante el alunado cielo azul.

Mi hermana es pequeña y poderosa como nuestra abuela. La rampa de subida es larga y extenuante. Quien va por la rampa tiene que hacer en zigzag cinco veces el recorrido de quien sube por las escaleras. ¡Aquí hace falta un funicular! Quisiera hacerme más liviana pero después de tres años en cama con una terrible aflicción pandémica, no soy más que piel y huesos. Sólo exhalando me puedo hacer más ligera. Por si las dudas, exhalo. Llegamos a la cima.

Prestamente, nos escoltan al ascensor. Me preocupa si podremos llegar a nuestros asientos en lo más alto de las gradas. No hay problema porque nos invitan a un mostrador de taquillas para la sección de impedidos. Una rápida firma y, sin más, se nos otorgan los nuevos asientos 6 y 7 del balcón 222 que los arquitectos de SCF diseñaron para ofrecer completa visibilidad, ¡inclusive a personas discapacitadas! Estamos frente a la gran montaña con sus platanales, flamboyanes y hasta gallinitas vivas picando maíz, primer escenario del concierto; y sobre La Casita de campo rosada cuyo balcón y techo serán el segundo y el tercer escenario del concierto. Ninguno de los 18,000 danzantes de pie me tapa la vista, puedo ver el teatro completo desde mi asiento en la sección disca. Quiero llorar porque mi patria se siente accesible. ¡El espectáculo está por comenzar!

Y ahí soñamos con un futuro
Que estemos bien, no hace falta mucho

-Bad Bunny y Chuwi, “Weltita”, DtMF (2025)

11:00P.M. El Choliseo, Puerto Rico

Cuando quedas discapacitada a mediana edad, el mundo conocido se evapora como gota de agua en sartén caliente. Tu mejor amiga (la que te contagió) te ghostea. Tu colega deja de textearte. La escuela de tus hijos olvida tu existencia. Tus comunidades siguen adelante sin ti. Tu trabajo te recomienda que renuncies. Tus familiares formulan hipótesis sobre tu condición: “piensa demasiado” o “necesita fe” y “prueba este té”. Si estás en la diáspora, te ves completamente sola en un país que no te quiere y que, con su política de salud pública, te quiere matar. Atraviesas en soledad mil jornadas en el espacio cama. Tu vida social renace en comunidades virtuales, a partir de corazones conectados a la distancia, donde no se ven ni se tocan los cuerpos.

Por eso es una experiencia inefable estar en este coliseo con 18,000 seres vivientes que trinan y palpitan en carne y hueso. Cantar y salpicar mi mascarilla con saladas lágrimas de emoción al sentirme parte de un pueblo que ríe y que canta con tanto amor, con tanta hermandad, con tanto gozo en esta noche. “¡Puerto Rico está bien cabrón, ey, está bien cabrón!” Quisiera pararme a bailar, dejo que mi hermana lo haga por mí. Nos miramos y nos abrazamos sintiendo, acaso por primera vez, que ambas somos en esencia de aquí. Que nuestras raíces son hondas y nuestras ancestras nos bendicen y protegen. “Esta es mi playa/ Este es mi sol/ Esta es mi tierra/ Esta soy yo”. Aquí vibran el amor por la patria, por la vida, por el prójimo.

Es una noche utópica. Miles de personas saltando, pero no me siento en riesgo de ser arrasada por la multitud. Por el contrario, me siento cuidada. Por todas partes, miradas de ternura, nada de lástima, sólo gozo compartido. Y si en el mundo capacitista está prohibido que una mujer disca goce —porque una sola sonrisa en redes sociales puede descalificarte, como si el carnet de discapacidad requiriera vivir llorando y sufriendo 24 horas al día—, aquí no. Aquí toda la sección disca goza plenamente, nuestro corazón latiendo a ritmos que nacieron en las costas de África y en siglos de lucha y duelo han llegado hasta esta maravilla de Antilla musical: bomba, plena, reggaetón, trap latino, salsa, bolero, seis jíbaro, bachata.

Aquí no hay vigilancia. No hay que cuidarse de expresar emociones que puedan ser usadas en tu contra. Tampoco hay que cuidarse de expresar demasiado amor por tu tierra. No hay que esconder quién eres. Aquí, con Pedro Pietri, sintonizamos nuestra imaginación al poder de nuestra gente hermosa. Aquí, con Juan Antonio Corretjer, somos boricuas de la tierra a la luna. Aquí, con Lolita Lebrón, no pedimos perdón por ser nuestro mejor ser. Aquí, con Pedro Albizu Campos, no hay esclavitud personal ni nacional; se encausa la mentalidad de la isla por senderos de libertad y responsabilidad, sorprendiendo a la humanidad entera. Aquí, con Ramón Emeterio Betances, empezamos a ser libres, dueñes de nosotres mismes con felicidad suprema. Aquí, con Mariana Bracetti, bordamos banderas de libertad.

Una última foto al terminar el concierto. Millares de hermanes salimos transmutades por el mágico areyto. Nos miramos con ojos de mar. Nos amamos.

 

La autora es  escritora, cineasta, artista y educadora puertorriqueña graduada de la Universidad de Puerto Rico-Río Piedras con bachillerato en Estudios Latinoamericanos y de Harvard University con maestría y doctorado en Lenguas y Literaturas Romances. Imparte clases de cine y estudios culturales latinoamericanos en la Universidad West Chester de Pensilvania. Su libro Violencia invisible: Narrativas de la exclusión en América Latina (2025) aborda cómo la cultura latinoamericana responde ante sistemas de exclusión violentos. Iliana dirigió el cortometraje “Mulberry Tree” (Árbol de moras, 2025), sobre justicia disca y ambiental, que ganó Mejor Cortometraje Experimental Dirigido por una Mujer en Brasil.

 

 

Los fragmentos compartidos de un boricua

 

Especial para En Rojo

 

Exposición colectiva en Río Piedras transmite la esencia de comunidad puertorriqueña inspirándose en El Boricua

El pasado jueves 4 de septiembre, La Lineal Art Gallery en Río Piedras abrió sus puertas para presentar la exposición colectiva Fragmentos del aquí, un proyecto que toma como punto de partida un espacio de la vida del riopiedrense, la barra, El Boricua.

La colección, curada por la directora de la galería, Keira Hernández Ramos, estaba compuesta de 21 piezas de diferentes artistas que utilizaron diversas técnicas para crear representaciones del mismo espacio: la barra y el espacio de comunidad El Boricua, localizado en la Calle Saldaña de Río Piedras.

El espectador se topa primeramente con La Triada, instalación de tres piezas, cosidas con algodón y compuestas de papel rescatado, fotografías y alambre. La obra de Marsi Caraballo fue inspirada en tres generaciones de estudiantes de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, y dividida por distancias iguales, pareciendo sincrónicas a la distancia, pero asincrónicas a la cercanía. Estas distinciones recalcan la diversidad generacional.

Casi replicando un proyecto arquitectónico, El Boricua de Rafosho se desconecta de las demás piezas que optan por la resistencia de un ambiente con pasado aculturado. Esta pieza, una impresión digital, parece alimentada del modernismo ajeno y plano que lleva intentando invadir y suavizar la cultura.

 

La obra Connections pinned, de la artista Christine Schröder, resalta por su forma de cabeza de maniquí. Esta cabeza humana estaba cubierta con césped falso con líneas arregladas como las de un “zen garden”. Con alfileres rojos que están enterrados en la cara forman la estrella de la República riopiedrense.

 

El espectador pasa de ver el semblante verde del riopiedrense que carga la estrella en la piel a ocho dibujos en monocromo. Dibujos en vivo en El Boricua de William Bass Morales capturan momentos innatos de personas interactuando entre el sondeo y la comunidad que ofrece El Boricua. Utilizando grafito sobre papel, Bass captura momentos naturales y compartidos. Ir al Bori y luego ver estos dibujos hace sentir como si cada captura de momento fuera tanto del artista como tuya.

Según Omar Cruz Colón, codueño de El Boricua desde 2004, la noche de la exposición fue “como estar en familia”, recalcando el ambiente cotidiano del evento.  Colón confirma que el ambiente actual de su barra es vivo y lleno de diversidad demográfica. Su trayectoria, marcada por su desarrollo en la industria del cine, le permitió, junto a su hermano, levantar el capital inicial para comprar el espacio que ahora es un epicentro para los boricuas.

Actualmente, entre Colón y otros negocios, como La Lineal Art Gallery, impulsan el proyecto El Boricua por las artes y la cultura, que “da más herramientas para poder seguir desarrollando el sector privado y poder seguir con proyectos de desarrollo cultural aquí en PR y también exportarlos fuera de PR, llevar nuestra cultura fuera de la isla”.

“Desde nuestra trinchera seguimos haciendo el mismo trabajo de siempre: sostener y compartir la cultura puertorriqueña”, afirmó Colón.

La exposición Fragmentos del aquí logra abrazar tanto los tonos, sondeos y movimientos de un espacio, como la carga simbólica de la diversidad puertorriqueña en comunidad. El Bori no se representó como una simple barra, sino como encarnación de generaciones de cultura. La exposición se ve nutrida por las mismas ondas de calor y ritmos pleneros, enfrascando memorias de habladurías y bailoteos en comunidad.

El copropietario de El Boricua terminó la entrevista agradeciendo a todas las personas involucradas en el desarrollo de la exposición, a los artistas y a los que ayudan a mantener el Bori en funcionamiento. Declarando al final: “De aquí no nos vamos”.