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Tríptico: Rafael Tufiño según Pablo Tufiño

 

Especial para En Rojo

Parte I: El apartamento

Al extremo de la mesa, Pablo toma una taza de café, y la luz entra desde el balcón a sus espaldas. Por un instante, el espacio se llena de oscuridad con el contraste, y la mirada recae afuera, al fondo, sobre la cúpula de la Basílica del Viejo San Juan; el andamiaje de la restauración, el color del paso del tiempo y la mampostería. Hay una similitud entre ellos, el conservar, el edificar sobre lo que quisimos. Los templos se mantienen.

Los ojos vuelven a ajustarse y caen, con la luz, sobre la taza de café. Pablo tiene el cabello oscuro, una sonrisa amplia y frecuente, y la piel cobriza como su padre, Rafael Tufiño, el pintor del pueblo, el Tefo. “Papi tenía una obsesión con el dibujo,” nos dice “Él llegaba, sacaba los Prismacolors, se sentaba y dibujaba. O sea, se lo disfrutaba, pero era disciplinado. Hizo mucho lo que él tenía en su entorno: su niño, el cuarto, los juguetes, la mujer, los desnudos, el gato. “

Ese gato negro, sutil y silencioso, era el Fefo; una extraña coincidencia en la casi que compartían el mismo apodo, pero el Fefo venía de Nueva York; era el gato de Rose, con quien contrajo nupcias en la década de los sesenta.

El apartamento de Pablo es un espacio vivido. Hay una cerámica en la mesa, un arbolito con pequeñas figuras tejidas colgando de sus ramas secas, una talla de los tres reyes magos en una balda de la pared. Al lado de ellos, en la pared posterior al balcón, recibe la luz de un medio día nublado “El Bautismo” (1983). Captura un momento en el tiempo. San Cristobal “que era un gigante” nos dice Pablo, se posiciona en la esquina derecha superior de la xilografía, donde estaría el fortín si miraras desde el balcón del segundo piso de la 415 Norzagaray. Pablo me muestra una foto; su papá con un gorro tejido en patrones de lana, sentado, mirando al mar con los pies trepados en la barandal del balcón. “Ese fue el apartamento favorito de papi. Llegaba hasta el otro lado, hasta la calle Sol. Ahí vivió con el Fefo y todo eso.”

En la parte inferior del grabado hay una pictografía (es decir, el intercambiar las palabras por imágenes para dar un mensaje) que plasma seguido: -Un gato (Fefo) -una rosa (Rose) -un perfil (Tufiño) -un patrón de adoquines (calle) -un sol (Sol) -un mapa de Puerto Rico; era la dirección de su hogar. “El hizo eso en muchas de sus piezas. Él les llamaba anagramas.” comenta Pablo. Al lado de este, la fecha 26 de mayo del 1964, la cita de las mañanitas “El día en que tu naciste nacieron todas las flores.” Y el nombre -Salvatore, fruto de su relación con Rose, que era italiano-americana. “Papi se quejaba de que nunca lo dejaron escoger el nombre de sus hijos. Bueno, que yo me iba a llamar Juan Sebastián y después el hermano mío protestó, y me pusieron Pablo.” dice riendo. Con el tiempo, su matrimonio terminó, y Rose mantuvo a su acompañante de tantos años, su gato. El Fefo nace y muere en Nueva York.

En la pared contigua está “La Botella” (2005), la serigrafia elaborada a base del óleo de 1963 que hoy se encuentra en la colección del Museo de Arte de Ponce.  “Esa barra, en los sesenta, era como su oficina.” dice Pablo “Ahí venían los músicos de todas partes, estaba de moda el jazz. Esta es como la cuna del Jazz en Puerto Rico, donde venía toda esa gente a improvisar. Mira, esta pianista que está aquí,” Pablo apunta al plano del fondo, en la esquina, envuelta en luz tenue azul, “se llama Gladys Johnson. Cuando él entraba, ella siempre le tocaba Easy to love, una canción de Cole Porter, que también la canta Ella Fitzgerald.”

Las notas de las teclas se envuelven en la veladura del humo:

“I’m sure you hate to hear
that I adore you, dear
But grant me just the same

I’m not entirely to blame
For you’d be
So easy to love”

Y el mundo deja de parecer gris por un instante.

Sobre la loza criolla en la sala, Los muebles de pajilla se usan a diario, varios tiestos con pequeñas plantas y, a su lado, sobre una pequeña pila de libros hay tres obras de su madre Ada Lydia Soto Valentín (conocida en la plástica como Sotoada) en las que las imágenes de santos se elaboran en técnica de collage sobre tablas. Su perro pasa por el arco de la sala y se acuesta en el medio del recibidor.

Allí, frente a la puerta de la entrada, se encuentra “El Caldero” (1965). La atmósfera se envuelve en azul. Hay una cualidad tonal serena y melancólica, como si cargaras en la mente las ultimas notas de la canción que escuchabas antes de irte de un lugar. “Es un bodegón, y los bodegones de papi siempre son autorretratos. Siempre tienen el quinqué, el santo, y esto aquí:” nos señala el papel que se encuentra entre las piezas, “que es como un menú del restaurante El Caldero, – eso es un invento suyo. No hay ningún restaurante El Caldero, era su casa. Era el relajo de que vengan a comer al restaurante El Caldero.” El patrón geométrico en la policromía metálica del santo, el corte abanicado y amplio tras el rostro, apuntan a la mano de santero Zoilo Cajigas. Y parece que Tufiño le colgó en su bracito una escuadra triangular de dibujo. Podemos verlo como un exvoto, una ofrenda votiva como la que solía colgarse en los santos de palo como pago de una promesa o el resguardo de un talento, o quizás, como un lugar donde no perderlo.

Mientras miramos la obra, Pablo nos dice “La historia de este cuadro es bien bonita. Papi le había regalado esto a López del Campo (el insigne escultor puertorriqueño) y López lo tuvo en su casa por décadas. Jorge (hijo de López del Campo con el que comparto el nombre) y yo empezamos a tener muchas cosas en común. Él era un poquito mayor que yo; pero imagínate, alguien que tiene los mismos intereses que uno: los dos estábamos preocupados por las obras de nuestros padres, por el arte. Y él me decía -yo tengo una obra de tu papá que quiero que veas-. Entonces, Jorge falleció, y su mamá me dijo -yo quiero que tengan la pintura de nuevo-. Y volvió a nosotros. Es del sesenta y cinco. Oye, ¿Cómo estás de tiempo? ¿Bajamos?”

Parte II: Las calles

“Mira, las estructuras, por lo general, están bien cuidadas.” Dice Pablo Tufiño mientras vamos subiendo por la calle Cristo del Viejo San Juan, esquivado los turistas que van bajando. “Se ve muy bonito. Papi decía que parecía una serigrafía, porque estaba todo limpiecito. Pero el impacto a la comunidad, los locales, ha sido grande. Aquí han sacado mucha gente con los Airbnb. La comunidad se ve cada vez más reducida, y a veces los lugares de encuentro son mínimos.”

Tomamos la esquina hacia la calle San Sebastián, y vemos a través de la entrada de Nono’s la gran lámpara al fondo de la obra: aquí era La Botella. El espacio nos confronta reducido, la mesa de la barra se ha movido hacia el frente, los manteles rojos han desaparecido. Al arco le han removido la cal para revelar los adoquines. Tufiño debe de haberla pintado desde la esquina, donde no impedía el flujo de las personas, y hay pocos locales allí, y la música sale por las bocinas.

Hay cierto misterio que envuelve la calle San Sebastián, un lugar donde el tiempo revuelve, como una espiral, sobre sí mismo.  Paramos, – a una chica le hacen una sesión de fotos en medio de la calle y la acera para las redes sociales. Logramos pasar y el espacio se despeja. Llegamos frente al callejón del Mercado, que conecta al Museo San Juan por su parte trasera. “¿Tú sabes dónde era la DivEdCo?”, me pregunta. “¿Dónde?”, Pablo apunta hacia el fondo, “El Museo San Juan era la DivEdCo.”

La División de Educación de la Comunidad (DivEdCo), fundada en 1949, fue una de las instituciones encargadas de instruir al pueblo, que era, en su mayoría, iliterato. Por ello, comenzaron a utilizar la fuerza de la imagen, carteles y folletos en los que se comunicaba no solo con letras, sino con imágenes. “Allí hacían los carteles, los libros para la comunidad y las películas. En el centro (del edificio) era el soundstage. Había un área en la que estaban los artistas sentados, bajo techo. Había otra área de los escritores: René Marquéz, Valcarcel, y había otra donde se filmaban las películas. Era la parte del centro, pero con un techo. Lo que no tomaban afuera lo hacían allí. El mural de La Plena papi lo pintó ahí, completito, dos años estuvo en eso.” Rafael Tufiño lideró el taller de gráfica del 1951 al 1963, creando un sinnúmero de carteles que hoy conforman la base de tradición gráfica puertorriqueña. “Papi fue uno de los primeros en darse cuenta de que la gente se estaba llevando los carteles para su casa porque les llamaban las imágenes. Entonces, empezó a hacer las letras más chiquitas y a pegarlas a los bordes, porque a la gente no le gustaban las letras. Y el hacía un montón de bocetos para los carteles. ¿para los de Ignacio? chacho… Algunos le decían que no tenía que esforzarse tanto en ellos, que eso no era para un museo, que eso era para la gente. Y él les decía que precisamente porque era para el pueblo es que tenía que hacer lo mejor que pudiera.” dice Pablo.

Alrededor de 1974, el artista Carlos Osorio, quien estaba en Nueva York liderando su taller, exhorta a una joven estilista, Ana Soto, a “ir a la División de Educación para que conociera a estos artistas. Entonces, ella viene a Puerto Rico y conoce a papi en la División. Él ya ni trabajaba allí, pero por cosas de la vida estaba jangueando allí. Y allí empezó todo, gracias a Carlos Osorio. Ella monta un Beauty Parlor en la calle San José, y ahí es que él venía a enamorarla. Entonces, el cogía y dejaba cosas olvidadas a propósito. Dejaba la libreta, llena de dibujos, para buscarlos después.”

Pablo me enseña una foto, que va tomando el leve tinte sepia de las fotografías impresas y guardadas, de ese año. En el que esta Ana, su mamá y, Tufiño, que usa un pañuelo rojo en el cuello, la barba larga y desarreglada. Él había hecho un dibujo en su libreta: un mapa, pequeño, de las calles del Viejo San Juan, coloreando dos bloques, donde vivía cada uno de ellos. “En verdad,” dice Pablo “se equivocó por un bloquecito, pero se entiende.”

Pasamos frente al 152 de la calle San Sebastián. Hay un carrito de golf estacionado al lado de la acera y un hombre, tumbado sobre ambos asientos, toma una cerveza. “El Tefo vivió mucho tiempo ahí.” Nos dice. Le pregunto su nombre “Pabón, de la Perla.” “¿Tú lo conociste?” le pregunto. “Claro, si yo le limpiaba los zapatos. A veces era duro y no quería.” “¿Y a Manuel Hernández Acevedo?” “Claro, uno (cuando salían de la División) cortaba para acá (subiendo la calle, y otro para allá (bajando). Hernández vivía después de la escuela, la abuela vendía limbers.” “Eso era en la 272,” dice Pablo “En ese edificio vivía Tony Maldonado y Manuel Hernández. Y la primera serigrafía de las fiestas de la calle San Sebastián, que lo hizo Tony, es la calle desde allí.”

Miramos por los cristales de la 152, y las escaleras, con cortes angulados y lozas como un tablero de ajedrez, son las de “San Sebastián 152” (1972). Súbitamente, la calle se vacía, y solo ocasionalmente te tropiezas con un adoquín. Atrechamos por el callejón la Tanca hacia la Norzagaray. El pasillo está lleno, diferentes canciones emanan de cada establecimiento, las mesas están llenas, la gente se arrincona en pequeños grupos. “Mira a Luis Alonso ahí.” Lo saludamos de pasada, tenía los ojos largos, un bastón y una cerveza. Cruzamos la calle del Boulevard y los autos casi no nos dan paso.

Nos paramos al otro lado de la 306 Norzagaray. El edificio se erige como un cubo amarillo frente al mar. “Donde ellos tuvieron su segundo apartamento fue ahí. Este edificio se ve bien ahora, pero antes se estaba cayendo en cantos. A papi le encantaba esto aquí. Ahí hizo “La iglesia San José bombardeada” (1979), “Pablito” (1983) lo hizo aquí, las de la Perla él las hizo aquí también. Luego ya él empieza a usar fotografías y a cuadricular los espacios, pero ya en los noventa. O sea, lo que hacía treinta años antes espontáneamente después tuvo que refugiarse en la técnica. La luz le molestaba, andaba con sombrero, tenía unos fondos de botella brutales.”

Parte III: Ana

Subimos al sexto piso por el ascensor. Ana Soto había bajado a recibirnos en la entrada del edificio mientras comía un yogurt.  “Oye, ma’,” le dice Pablo “¿Qué fue lo que te dijo Carlos Osorio allá cuando tu estabas en Nueva York?” “Yo no me acuerdo” dice Ana. “Lo de que vinieras a la DivEdCo.” “Ah, sí, que fuera a la División, eso de la DivEdCo yo no lo entiendo, a conocer a los artistas de allí y a Tufiño. Así nos conocimos.” Abre la puerta del ascensor.

Sotoada es de baja estatura, su pelo blanco, corto, con tonos de gris, y sus ojos son grandes y atentos. Luego de separarse del Tefo, se fue del Viejo San Juan y no volvió, hasta el 2021. “Tenía que tenerla cerca,” nos dice Pablo “a ella se le han olvidado un poco las cosas, pero como todo aquí esta como hace treinta años, se acuerda de todo.”

“Nos tenemos que ir rápido, ma’.” Le dice Pablo mientras entramos en el apartamento.

“Te puedes sentar aquí,” me dice Ana, “aquí los ves todos.” El espacio es pequeño, con el vigor de un taller de producción en plena marcha: las tijeras, los retazos de tela, los pinceles, marcadores, el adhesivo, los lápices de color. Sobre la pared, cuatro lienzos se mueven dentro del surrealismo, lo naif, la espontaneidad del recuerdo y la imaginación. Ella trabaja puramente desde la inspiración y la memoria, y sus mujeres y niños se vuelven ingrávidos dentro de gradientes azules. “Estas son las tablitas que he estado trabajando estos días.” Las tablitas, negras en su base, las utiliza para componer imágenes de santos en técnica de collage con tela, pintura y lápices de colores. “A mí me crio una costurera, mi tía. Entonces, yo estaba debajo de la máquina de coser cortando tiritas mientras ella cosía. Y Después tuve el Beauty Parlor.” La destreza en el corte le permite crear imágenes, substrayéndolas a capas de color para luego componerlas, conectarlas, como si amarrara en ello la esencia de las cosas.

Pablo toma una fotografía que estaba sobre la mesa de trabajo. Es una foto de él vestido de payaso. “Esa la pintó Tufiño. Yo le tire a Pablito esa foto con un traje que le regalaron. Ven por acá.” “Ma’, yo vengo orita. Jorge se tiene que ir pronto.” Le dice Pablo. Pasamos a su cuarto, donde hay algunos santos tallados sobre el estante. Sobre su cama, hay un lienzo de gran formato, una mujer acostada en la cama vista desde arriba, con una paloma blanca que se posa a su lado. Los colores rozados, rojos, azules se mueven despreocupados de líneas correctas, de medidas o proporciones. Quizás es ella misma, en otro tiempo, en otro lugar.

Bajamos por el ascensor y salimos a la calle. Es el de la calle Sol, y hay un terreno tapado completamente por planchas de zinc, “Ahí tengo una hija,” dice Pablo, “una gatita. Ella está ahí desde María, y todos los días vengo a darle una bolsita de comida.” Aquí no hay personas. Caminamos lento por la calle, como si la trazáramos con nuestros pasos.

“Después que papi y mami se separaron, estuve en San Sebastián de los dieciséis a los dieciocho, y después en la universidad vine a ser roommate de papi. Y fue bien chévere porque, muchacho, él y yo nos complementábamos. Nos llevábamos super bien. Papi era escorpio, yo soy tauro, y nos llevábamos súper. Además, yo lo cogí bien maduro. Fue buen papá. Bueno, yo me sentaba a estudiar y él se iba a janguear. Yo le decía: no te excedas. Imagínate, eran como las diez de la noche y él se iba a dar una vuelta.”

“Imagínate, aquí, en el Viejo San Juan, si tu eres pintor, y tu taller es -en tu casa; tu estas todo el día encerrado. Va a llegar el momento en que quieres ver gente y hablar y compartir. Tu puedes hacer eso en un café, o en una barra. Pero en las barras él producía; él se llevaba la libretita, hacía dibujos de la barra, me escribía postales, en los sesenta hacía bocetos de carteles.” Bajamos por la calle Cruz y llegamos al 107. Al “Templo de Chaulin” como lo llamaba el Tefo. El apartamento donde pasó la mayor parte de su vida. “El apartamento era de un cuarto piso. Y papi, de 85 años, subía. Y en diciembre del 2007 yo lo vi que se cogió un descanso en el segundo piso. Y yo dije: oye, eso está medio raro, pero está entrando en edad. Venían las fiestas, mami estaba por acá por cosas de la vida. Yo le tenía que echar unas gotas en los ojos, y le pedí a mami que por favor fuera a cuidarlo, cosa que nunca hacia porque él era bien independiente, pero accedió. Ella se quedó con él desde el nueve de enero, y no volvió a salir más de la casa. Tuve que buscar un lugar en un primer piso porque ya no podía subir. Le alquile el primer piso a Arana, que tenía un edificio aquí, y monte un hospital allí: enfermera, camilla, todo.”

“Allí llegó medio mundo a visitar a papi. Uno de los que apareció fue Domingo García, y yo decía, yo no sé si dejarlo entrar. Papi le había dejado de hablar a Domingo, pero papi lo quería mucho, y Domingo lo quería mucho a papi,” Domingo García, incluso, un día fue a visitar a Tufiño a su apartamento en medio de la ruptura de uno de sus matrimonios. La que había sido su esposa le había pedido llevarse algunos de sus cuadros, y este había accedido. Por casualidad, Domingo se topó con ella según salía del edificio. Bajo su brazo estaba “Goyita” (1953). Y Domingo le dijo “Ese cuadro no puede salir de Puerto Rico.” Un breve instante que cambió la historia de la plástica puertorriqueña.

“pero en un momento se pelearon. Y también, para ser justos, Domingo tenía una personalidad fuerte, pero papi era hipersensible, y veía cosas donde no había nada. Yo decía: lo dejo entrar o no lo dejo entrar. Lo deje entrar y fue una cosa bien bonita. Estaban bien felices.”

“Dejé mi vida en Nueva York, metí mi apartamento en un closet y llegué acá. Pero perdí dos semanas.” Rafael Tufino falleció el 13 de marzo del 2008. En ese instante, llegamos al final de la calle San José. Hoy es La Factoría. En la pared del salón aún se lee “Hijos de Borinquén”; el nombre de la que al final de su vida fue su barra favorita. Cuando él llegaba, se sentaba siempre en la segunda silla de la barra. Antes tenía su nombre escrito; pero hoy, hoy está vacía.

 

 

 

 

 

 

 

Casa Protegida Julia de Burgos llega a Plaza Las Américas

En el marco de la Semana de la Mujer Trabajadora estaremos compartiendo con la comunidad en un espacio de orientación, actividades y encuentro.
Te esperamos del 2 al 8 de marzo.

Mantente pendiente a nuestras redes sociales para conocer los detalles de las actividades, la venta de artículos solidarios y todo lo que estaremos realizando durante la semana.

Gracias por acompañarnos y ser parte de esta misión.

Imperialismo, sionismo y la guerra de nunca acabar

 

Con los ataques aéreos y bombardeos indiscriminados sobre Irán, y el masivo ataque en que fueron asesinados su jefe supremo, el Ayatolla Alí Khamenei y su familia, Estados Unidos e Israel han lanzado su más reciente aventura bélica, una guerra conjunta no provocada ni declarada oficialmente, pero igualmente devastadora, que se ha extendido como un fuego por toda la región del Medio Oriente, especialmente en los estados árabes cercanos al Golfo Pérsico: Bahrain, Kuwait, Iraq, Oman, Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos (UAE, por sus siglas en inglés). En este momento, la situación en la región es altamente volátil y peligrosa, con la posibilidad inminente de que el conflicto se siga extendiendo. El cierre del Estrecho de Hormuz, principal vía de comercio marítimo en la región, y los ataques con misiles teledirigidos hacia Tel Aviv en Israel y contra bases militares de Estados Unidos en las naciones del Golfo, son dos de las principales acciones de represalia empleadas por Irán en este conflicto que, en apenas 6 días, ya ha costado cerca de un millar de vidas, entre ellas las de 150 niñas estudiantes de escuela elemental en Irán.

Por su parte, Israel y Estados Unidos, continúan el bombardeo inmisericorde sobre la capital, Teherán, esperando un doblez de rodillas que les permita una salida airosa. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha reiterado su intención de continuar la guerra contra Irán, aunque no ha podido precisar exactamente el motivo ni cuál es el objetivo final de la campaña. Es una guerra abierta, con fecha de comienzo pero sin fecha de expiración, sin objetivos claros ni expresos, pero sí con un potencial destructivo enorme, y lo que es peor, la más insensible muestra del desprecio y la arrogancia con la que el imperio estadounidense y su socio sionista tratan vidas humanas, cuando no se trata de las de ellos ni las de los suyos.

Por otro lado, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, sí parece tener sus objetivos muy claros. Decapitar el gobierno de Irán, su principal y más poderoso enemigo en la región, y desestabilizar a sus rivales más próximos y prósperos, los estados árabes del Golfo -que juntos representan una fuerza formidable y capaz de frenar al insaciable apetito de poder y dominio de los sionistas sobre la región del Medio Oriente – son motivaciones suficientes para las acciones de un estado forajido como Israel. De paso, Netanyahu quiere  fortalecer su disminuido capital político de cara a una nueva elección en la que, si triunfa, podría librarse del juicio por cargos de corrupción que lo ha perseguido durante mucho tiempo. La propaganda sionista aparenta haber anestesiado también la conciencia colectiva del pueblo de Israel que, en un sondeo de opinión sobre el conflicto se encontró que cerca del 70% de los encuestados apoyan los bombardeos contra Irán.

Pero si el gobierno genocida de Israel y Benjamin Netanyahu aparentan ser los principales beneficiarios de la continuación de las hostilidades en el Medio Oriente y, si como dicen los principales expertos en geopolítica de dicha región, Estados Unidos no dice tener un objetivo claro ni una salida coherente de su rol en esta guerra, ¿qué persiguen, entonces, el gobierno de Estados Unidos y Donald Trump con esta aventura bélica, cuya repercusión final es una incógnita aún?

Trump y su aparato de guerra  apuestan a que la magnitud, alcance y destrucción de los bombardeos aéreos dobleguen a las fuerzas iraníes hasta obligarlas a rendirse sin necesidad de una invasión de fuerzas terrestres. Con eso convencieron al Senado de Estados Unidos,  el cual, a pesar de que un  59 por ciento de la opinión pública estadounidense se opone a los bombardeos de su gobierno contra Irán, determinó, en votación de 53 a 47 que en este momento no ejercerá su poder constitucional de ser el que autorice o no esta guerra no provocada e inconsulta. Esta vez, el Senado dio la espalda a su prerrogativa, confiando en la «victoria» rápida que lleve a la instalación de un gobierno «amistoso» a Estados Unidos en Irán.

Esa apuesta no parece muy segura, a la luz de la experiencia histórica de las intervenciones y guerras de Estados Unidos en el Medio Oriente.

Desde 1948, cuando los gobiernos de Gran Bretaña y Estados Unidos conspiraron y acordaron garantizar por la fuerza la existencia del estado de Israel en tierras de Palestina, se desató el conflicto que hoy, 77 años más tarde, desemboca en esta guerra con Irán que amenaza expandirse a toda la región.

La victoria de Israel en 1948 representó la «nakba» o catástrofe de la población palestina, con el desplazamiento de más de 700 mil personas que perdieron sus vidas, sus hogares y sus tierras  y se convirtieron en refugiados. De ahí en adelante no ha habido tregua. La histórica opresión de la población de Palestina ha devenido en el más brutal y despiadado genocidio de su gente, en pleno siglo 21, por un Israel ladrón y forajido, respaldado por el mollero político y el poderío militar del imperio estadounidense. El establecimiento de la «cabeza de playa» sionista en el mismo corazón del Medio Oriente, y el respaldo incondicional que Estados Unidos le ha dado desde entonces, ha sido el caldo de cultivo de todos los conflictos y guerras en la región, a partir de la segunda mitad del siglo veinte.

Las guerras del Golfo, Iraq y Afganistán, y las intervenciones militares en Siria, Libia, El Líbano y otras áreas, así como el surgimiento de los llamados grupos terroristas, las campañas de descrédito contra el Islam y el ambiente de suspicacia y exclusión hacia el Medio Oriente han sido el resultado de las políticas imperiales y del desenfreno e impunidad con que ha operado Israel durante más de siete décadas.

En Irán pasó lo mismo. El golpe de estado del 1953 de Estados Unidos y Gran Bretaña contra el gobierno democrático y progresista de Mohammed Mossadegh, y la imposición del Sha Reza Pahlavi y su maquinaria de terror contra el pueblo iraní, abrieron el camino a la Revolución Islámica de los Ayatollas Khomeini y Khamenei, y a los nefastos acontecimientos que han desembocado en la guerra actual.

Aprender de la historia es la obligación de los pueblos que quieran sacudirse de sus lastres y caminar hacia adelante. El imperialismo y el sionismo son dos lastres que la humanidad tiene que superar para que cesen las guerras de nunca acabar, y se abra una oportunidad al logro de una paz duradera y sostenible, a través del diálogo y el entendimiento.

 

 

 

Moshayra Vicente hace llamado a la rama judicial: “Que se autoevalúen”

Roberto Viqueira Rios, Foto tomada de FB.

 

CLARIDAD

Para que “no se pierda la fe en nuestro sistema”, la viuda de Robert Viqueira añade que no se le deben asignar más casos al juez Ángel Llavona Folguera hasta revisar su conducta en sala

Nota editorial: Esta es la última entrega de una serie de cuatro artículos a partir de la entrevista que hiciera CLARIDAD a Moshayra Vicente Cruz, viuda de Robert Viqueira Ríos. Apoya el periódico de la Nación Puertorriqueña suscribiéndote a CLARIDAD.

 

Los cánones de ética que rigen a la judicatura en Puerto Rico establecen, en su preámbulo, la necesidad de que los jueces actúen de forma independiente e imparcial, garantizando la igualdad de toda persona. Moshayra Vicente Cruz, la viuda de Robert Viqueira (asesinado en su hogar, el verano del año pasado), piensa que ese garante se incumplió en su caso, así como en otros casos que ha tenido el juez Ángel Llavona Folguera ante si.

En entrevista con CLARIDAD, la mujer de 43 años no sólo denunció las injusticias que entiende se cometieron contra su familia, sino que pidió que las autoridades en la rama judicial evalúen al juez. “No le deben dar más casos hasta que se revise su ejecución”, añadió.

Vicente Cruz reconoce que la tragedia que tocó a su familia no es común. Su vecino Eduardo Meléndez Velázquez usó un símbolo nacional —el sonido del coquí— como alegado instrumento de tortura; utilizó un rifle; y tenía cámaras apuntando a la residencia de la familia cuya contraseña era envidiaViqueira2016. Sin embargo, al contestar qué quisiera que el país aprenda de todo este proceso penal, menciona: “Que esto le puede pasar a cualquiera”. No habla del asesinato en si, sino del abandono de las instituciones y del uso de su dolor para generar audiencia y desinformación por parte de ‘creadores de contenido’.

De hecho, ya otras familias le han validado que no es la primera ni la última a quien le ha pasado: algunas le han contado sobre sus propias experiencias dolorosas y decepcionantes con el juez Llavona Folguera. Pese a ello, Vicente Cruz aclara: “Mi interés no es personal. Yo lo que quisiera es que esto no le vuelva a ocurrir a una familia en Puerto Rico”.

CLARIDAD pidió réplica tanto del juez como de la jefatura de la rama judicial por medio de la Oficina de Prensa de la Oficina de Administración de Tribunales, la cual se limitó a responder: “Conforme a nuestro ordenamiento jurídico, las determinaciones judiciales están sujetas únicamente a los mecanismos de revisión previstos en las leyes, reglamentos y la jurisprudencia interpretativa aplicable”.

Por su parte, el abogado de defensa Adán Rivera decidió no entrar en más comentarios sobre este caso y expresó que quería respetar el duelo de Vicente Cruz.

A continuación la última parte de la entrevista que CLARIDAD hizo a la viuda y madre de tres hijos.

Laura Quintero: Los cánones de ética judicial de Puerto Rico establecen que los jueces “velan por la igualdad de toda persona ante los Tribunales y evidencian, mediante su comportamiento, la importancia de una Judicatura independiente e imparcial para la protección de los derechos humanos”. ¿Crees que el juez Llavona cumplió con esta promesa de imparcialidad e independencia?

Moshayra Vicente: No. Definitivamente, no. Desde el primer momento, observamos que hacía comentarios que no eran propios. Inclusive, durante mi testimonio, cuestionó la definición que yo ofrecí del ruido ensordecedor —que fue la palabra que usé— y prácticamente se burló de mi testimonio. De eso no tengo duda. Insinuó en varios momentos que se alteró y manipuló evidencia, a pesar de que la defensa no desfiló prueba para probar esas alegaciones. Aquí se mancilló la reputación de la familia Viqueira, específicamente del hermano de mi esposo, Miguel Viqueira, para presentar una visión distorsionada de lo que pasó el 15 de julio y los días subsiguientes… El abogado de defensa lo acusó de alterar la evidencia, pero nunca presentó prueba sobre eso. Mancilló reputaciones de forma irresponsable.

En cuanto a esas alegaciones, ¿los casquillos de las balas que disparó Viqueira se recuperaron?

Los casquillos se recuperaron ocho días más tarde. Siempre estuvieron allí. Siempre… Yo estoy tranquila porque yo sé lo que ocurrió…

Durante el juicio hubo unas alegaciones sobre modificaciones a los videos de seguridad. ¿Qué tiene que decir sobre eso?

Aquí se habló de que las cámaras de seguridad de mi residencia; la núm. 37, había un video que pudo haber captado el momento del asesinato cuando el asesino disparó… La verdad es que ese video no existe. No se grabó ese momento, del que la defensa insistió en que se había borrado en preguntas a la agente investigadora… Las cámaras estaban configuradas para grabar en modo de movimiento, no de manera continua. Por razones que no puedo precisar, esa cámara que apuntaba directamente al ángulo de la acera, no captó el momento. Todo el que tiene cámaras en su residencia sabe que si están configuradas para grabar en movimiento, se tienen que dar las condiciones, y el sistema decide cuál de las cámaras activar de acuerdo a las condiciones en el entorno. La única que activó en ese momento fue la que apuntaba a la entrada del portón peatonal donde Robert fue asesinado.

Me quedé en el juicio esperando que la fiscal me preguntara sobre eso, pero ella no lo hizo porque no lo encontró pertinente. Yo no tengo control de las determinaciones que los investigadores o la fiscal hayan entendido pertinente o no en cuanto a la escena. Se acusó —a mi cuñado específicamente— de alterar evidencia. A lo mejor, ellas [las fiscales] entendieron que no era pertinente aclarar porque [esas alegaciones] no alteraban los hechos. Aparte, de que él es el tío de mis hijos; él fue porque mis hijos lo llamaron; mi esposo había muerto; claro que iba a estar allí con nosotros. Fue autorizado a entrar a la casa; no estuvo en el lugar de los hechos.

Si tuvieras una audiencia con la presidenta del Tribunal Supremo o con una conferencia judicial, que vaya a revisar los cánones éticos de la judicatura, ¿qué le pedirías?

Que evalúen, en este caso específicamente, al juez Llavona. Hay que revisar los cánones de ética judiciales porque no pueden olvidar que las víctimas que llegan a testificar llegan hasta allí [al tribunal] esperanzados en que se les va a hacer justicia y no para que sean revictimizados y acusados de victimarios como fue en mi caso. Ademas, me gustaría expresar que el juez Ángel Llavona no está capacitado para permanecer en la judicatura de este país. Estoy recibiendo mensajes de familias que alegan que también han sido objeto de injusticia por parte del juez Llavona. Eso es bien preocupante. No le deben dar más casos hasta que se revise su ejecución.

Cuando dices que has estado auscultando todos los recursos, ¿también una querella ética?

Eso incluye todos los recursos disponibles, pero mi interés no es personal. Yo lo que quisiera es que esto no le vuelva a ocurrir a una familia en Puerto Rico. Ya sabemos que al juez Llavona no le tiembla el pulso a la hora de tirar a un asesino a la calle.

Hablando ahora del Departamento de Justicia, ¿cómo evalúas el trabajo de las fiscales?

Entiendo que el Departamento de Justicia, a través de las fiscales, hizo todo lo que estuvo a su alcance para lograr la justicia. No tengo la menor duda de eso porque ellos siempre creyeron en mi, que fui la única testigo presencial, y siempre estuvieron alentándome a mantenerme firme con mi testimonio porque la evidencia ellos entendían que era contundente para probar asesinato en primer grado. Considero que la total responsabilidad recae en el juez Llavona.

¿Crees que hubo misoginia en este proceso penal y judicial?

Sí fue evidente que el juez era misógino y el abogado de defensa también. Se notó y todos tuvimos la oportunidad de presenciarlo: [estaba] totalmente en contra de las fiscales. El juez no disimulaba.

¿Qué reflexión haces sobre nuestro gobierno y el sistema judicial? ¿Tú crees, como dicen algunos, que el sistema judicial colapsó o, más bien, operó tal cual fue diseñado?

Desde mi humilde opinión —porque no soy conocedora de estos procesos, pero como ciudadana de esta amada patria— los ciudadanos tenemos a los tribunales de este país para atender las dificultades que tengamos. Lo menos que esperamos es que nos escuchen y resuelvan. Me gustaría que, a raíz de lo que ha sucedido, se revisen esos postulados; se autoevalúen como entidades y agencias encargadas de darnos auxilio, para que nos sintamos escuchados; nos sintamos validados y no se pierda la fe en nuestro sistema.

 

La autora es periodista independiente, que colabora con CLARIDAD. También, es editora del medio periodístico 9millones.com, nombrado así por los 9 millones de boricuas en el mundo.

 

 

 

Sindicato de la UPR exige acción para situación con presidenta

DAVID-MUNOZ-PRES-SINDICATO-TRABAJADORES-UPR-SE-EXPRESA-DURAMTE-CONFERENCIA-DE-PRENSA-SOBRE-PRESIDENCIA-EN-LA-UPR. Foto suministrada

 

 

CLARIDAD

 Enfatizando el “crítico ambiente” que permea en la Universidad de Puerto Rico (UPR), el Sindicato de Trabajadores del sistema universitario advirtió, el 25 de febrero, que la Junta de Gobierno (JG) institucional debe responder al “deficiente desempeño” de la Dra. Zayira Jordán Conde.

Con las firmas de más de 500 empleados, el Sindicato publicó, desde la Administración Central en el Jardín Botánico, un informe con criterios formulados por la propia matrícula del gremio, simbolizando cómo los trabajadores también están sometidos a evaluaciones pautadas por la administración. Para David Muñoz, presidente del grupo, el reclamo del Sindicato se une a otras denuncias hechas públicas.

“Estamos en total acuerdo con todo quien manifieste que la doctora Zayira Jordán Conde no cumple con la expectativa de la mayoría de los trabajadores ni de la inmensa mayoría de la comunidad universitaria… La exigencia está respaldada por la presentación de una carta al CPA Ricardo Dalmau, presidente de la Junta de Gobierno, en la que más de 500 empleados miembros del Sindicato piden que el tema sea atendido con prioridad en la próxima reunión del cuerpo rector”, expresó Muñoz.

De esa reunión, pautada para el 26 de febrero, no trascendieron expresiones mayores por parte de los integrantes de la JG. Sin embargo, el Sindicato adelantó su postura en contra de la permanencia de Jordán Conde como cabeza de la UPR. Entre otras razones, Muñoz indicó que la funcionaria:

  1. No conoce el sistema universitario.
  2. No tiene la capacidad administrativa para desarrollar los programas de infraestructura de la institución.
  3. Está subordinada al “capricho político” y no a las necesidades de estudiantes, docentes y no docentes.
  4. Opera con un carácter “prepotente, antiobrero y arrogante” que conduce a la UPR a “un camino de destrucción”.
  5. No ha actuado en defensa de un nuevo Plan de Clasificación y Retribución de los trabajadores.

“Es necesario mencionar que, a lo largo de que la Dra. Jordán ha asumido la presidencia de esta universidad, hemos tenido unos conflictos laborales que nunca se habían visto anteriormente. En Cayey, todavía el asunto no se ha atendido, igual que en Humacao. Hoy también nos acompaña doña Mercedes, una trabajadora nuestra que, luego de 47 años trabajando para nosotros, la universidad ha dicho que la va a cesantear”, explicó el presidente de la unión.

El caso particular del recinto de Cayey trata sobre una reducción de pagos para varios empleados bajo el pretexto de que no trabajaban o estaban manifestándose en esos días. En ese sentido, Muñoz argumentó que los trabajadores del sistema UPR están expuestos a este tipo de despido arbitrario e impredecible. Y aunque el Sindicato se ha caracterizado por “amar el diálogo”, contó, la tensión con la presidenta ha llegado a un punto raya en “no conducir a ninguna parte”.

Con relación al reciente nombramiento de Vanessa Santo Domingo –excomisionada electoral del Partido Nuevo Progresista (PNP)–, el presidente del Sindicato indicó que la administración no debe pensar en nuevas designaciones sino en “sentarse” con la comunidad y entablar un diálogo.

“La presidenta tiene que estar en la disposición de actuar y trabajar mano a mano con toda la comunidad universitaria, lo que realmente no ha hecho. Simplemente ha actuado con la autoridad que tiene”, añadió.

Muñoz recordó la última visita que hiciera, el pasado 24 de febrero, el Comité de Infraestructura de la JG al Recinto de Río Piedras. El recorrido, de acuerdo con el líder sindical, evidenció que el deterioro físico del primer centro docente del país corresponde a una reducción presupuestaria sin precedentes. El presidente del Sindicato coincidió con las 11 firmas del Comité que reprochaban las expresiones de Jordán Conde, quien responsabilizó a las rectorías por las condiciones de sus recintos.

Muñoz también reveló que varios integrantes del Sindicato decidieron asistir al recorrido porque entendían que Ricardo Dalmau confirmó su asistencia. Empero, el presidente de la JG no estuvo durante la evaluación.

“La presidenta ha dicho que se va a autoevaluar, pero nosotros le hemos hecho el favor de evaluarla, de manera que ella no tenga que hacerlo… Nunca había ocurrido una situación como esta en que una persona no cumple. Y cuando alguien no cumple y no tiene las herramientas para hacer la función que le fue delegada, que no fue delegada por nosotros, hay que organizarse”, dijo el presidente.

De no haber una respuesta por parte de la Junta de Gobierno, Muñoz no descarta recurrir a las convocatorias de piquetes y manifestaciones para hacer valer su reclamo. Hasta el momento, no se ha dado una conversación multisectorial, aunque el líder entiende que estas denuncias se dan “en paralelo” y encuentran causa común.

“El día del recorrido, había gente del Consejo General de Estudiantes. Tenemos una muy buena relación con ellos, con la APPU y la Hermandad. Los reclamos básicamente, naturalmente, son los mismos. Porque lo que es injusto es injusto para todos”, respondió Muñoz a CLARIDAD al concluir la conferencia.