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Daniel Bonilla Un duende boricua y el regreso a la Patria

Por Giancarlo Vázquez López / En Rojo

“Pasaron 45 años y después de eso no encontré el aeropuerto para regresar. “–dijo Daniel Bonilla soltando una carcajada. 

En 1976, Daniel Bonilla Torres, se mudó a Europa luego de obtener un contrato con la ópera de Zürich en Suiza seguido por otro contrato con la Opera de Stuttgart en Alemania. A partir de ese momento comenzó a participar en distintos teatros en Alemania y el resto de Europa.

De inmediato se dio a conocer entre los críticos y a ganar reconocimiento. Le decían “der Feuerwehrmann” (el bombero) pues aprendía las obras con rapidez, sacando de apuros sacando de apuros a los teatros cuando algún cantante se enfermaba. Agilidad que según concluyó en entrevista especial para En Rojo se debe a una memoria fotográfica que pudo desarrollar en su niñez cuando trabajaba en la lavandería de su familia.

Daniel Bonilla Foto: Alina Luciano

Bonilla, nació en Ponce en 1944. Comenzó a cantar de pequeño en el coro de la iglesia y a los 15 años se convirtió en asistente del director del coro. A los 18, luego de años de alternar entre el drama y la música, se matriculó en el Conservatorio de Música. 

Trabajó en el negocio de la familia hasta ese momento en el que se mudó para San Juan a estudiar. En aquellos días no tenía la intención de estudiar música, quería estudiar humanidades y filosofía. En cambio, su familia tenía la intención de enviarlo a Mayagüez al Colegio de Ingeniería, pero en sus últimos años de escuela superior conoció el trabajo del actor José Ferrer cuando fue a ofrecer unas demostraciones de cómo un artista prepara una obra teatral.

“Dejó una profunda impresión en mí y pensé ‘yo creo que eso es lo que yo voy a hacer’. —recordó.

Dicha experiencia coincidió con el momento en que conoció a su primer amor, acontecimiento que a su vez lo lleva a meterse de lleno en la música. Aunque Bonilla ya tenía experiencia cantando con el coro de la iglesia no se había metido de lleno en el estudio teórico de la música. Pero comenzó a ver la música desde otro ángulo, expresó. Aprendió a tocar el trombón y por primera vez tuvo la experiencia de tocar con la orquesta de la Escuela Libre de Música en Ponce.

Desistió por completo de estudiar ingeniería en Mayagüez. En 1962, llegó al Conservatorio de Música –ubicado entonces en la Ave. Roosevelt– luego de que dos amigos de la escuela de música que ya estudiaban allí comenzaran a hablarle sobre el Conservatorio y de grandes figuras en la música como Pablo Casals y otros artistas que solo conocía de nombre. 

Su familia no estaba muy satisfecha con tal decisión, razón por la que también se matriculó en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras. Bonilla, continuó desarrollándose en la música hasta que en 1972 debutó en el Teatro de la Ópera en Nueva Jersey en Attila por Giuseppe Verdi. Pero llegar a dicha ópera no fue tan sencillo. Antes tuvo que enfrentar un tedioso proceso militar por negarse a participar –sin consecuencias– del servicio selectivo. 

Cuatro años más tarde llegó a Europa. Durante su carrera ha acumulado cerca de 105 roles entre grandes y pequeños, además de los roles de apoyo en teatros de repertorio. Roles más pequeños pero que todo el mundo en algún momento tiene que hacerlos, explicó.

¿Qué distingue tu momento actual? 

“En 1999, me invitaron a hacer la ópera María de Buenos Aires del compositor y bandoneonista argentino, Astor Piazzolla. En la ópera de Kiel, en Alemania, no encontraban quién hiciera el papel del duende, necesitaban un actor y cantante pues la obra siempre se había presentado como concierto, pero esa vez se quería presentar como una ópera, completamente escénica”. 

Bonilla sabía de Piazzolla, pero, hasta entonces, desconocía el trabajo del compositor argentino y cuenta que se sintió cautivado desde que se sentó a escucharla por primera vez. Descubrió dos cosas, que el duende no cantaba, sin embargo, había una línea musical en el papel. 

“Recibí la música, me fui al cuarto de ensayo y comencé a escucharla. La tuve que escuchar tres veces. En eso me percaté de que en la obra el duende no canta; él lo que está haciendo es recitar, me dije. Pero analizando la pieza encontré una línea musical. Instintivamente ya había creado el rol del duende”. 

Al siguiente día el jefe y dramaturgo del teatro se comunicó con Bonilla para conocer su opinión sobre la obra. Bonilla no tardó en preguntarle “¿Cuándo es el primer ensayo?”. El jefe de la Opera de Kiel soltó un aire de alivio. Ese mismo día en la tarde Bonilla salió hacia Kiel. 

Desde entonces su relación con este rol ha crecido, ya lo ha interpretado en 17 producciones alrededor del mundo. 

 “De buena a primeras, tuvo éxito fantástico, desde que se presentó por primera vez en 1999, tanto en Kiel como internacionalmente”. 

Bonilla, estuvo recientemente en Puerto Rico y en ese ínterin pudo visitar su alma mater el Conservatorio de Música y conversar con algunos estudiantes. Estando allí sintió inquietud respecto a las oportunidades que tienen los estudiantes de dicha institución una vez terminan de estudiar. 

Aunque ha estado viviendo por muchos años fuera de la isla “siempre tuve la inquietud de qué está sucediendo en Puerto Rico musicalmente y el Conservatorio. Cuando yo salí de aquí todavía estaba cogiendo forma, ahora tienen un nuevo Conservatorio, pero me percato y me entero de que hay una serie de cuestiones estructurales que no benefician al estudiante, ni el desarrollo máximo del talento puertorriqueño de ópera”. 

–“La tendencia aquí, legado de la colonia, es decir ‘tengo que salir de Puerto Rico, porque después que yo tenga el diploma del conservatorio no hay nada qué hacer’. La primera opción de muchos estudiantes es EE.UU. como si fuese lo único que existe y no consideran que hay un mundo. América no lo es todo y menos en estos días. 

El estudiante llega al mundo laboral sin la preparación adecuada para enfrentarse a esa vida profesional y esos retos que no son fáciles. Hay un proceso de aprendizaje, el estudiante tiene que ir del punto 0 al diez, y yo veo que ese proceso no existe y si existe está mal confeccionado”.

Lamentó el hecho de que muchos estudiantes tengan que abandonar la isla para desarrollarse, algo que para sí fue un golpe no solo sicológico, también espiritual. 

Como solución a su preocupación y aspiración con la que partió a Alemania luego de esta entrevista, sugirió un sistema de orientación para estudiantes de ópera y de otras formas de canto que quieran extender su experiencia profesional en Europa. 

“Ese sistema de orientación tiene que estar coordinado con el Conservatorio para que los estudiantes puedan viajar por al menos una o dos semanas y participen de un seminario ofrecido por algún teatro. Me interesaría saber si yo puedo organizar algo parecido en Europa o Alemania y me voy con esa idea”. 


POEMAS DE CARLOS ALBERTY

Mis ojos creen

que han visto el paraíso,

No les creo,

desconfío,

(aunque es conmigo la cosa y ahí queda).

Prefiero pensar

o creerme pedido

(en un sueño, una selva,

un bosque de fuero).

(No dejo de preguntarme:

¿A qué viene esta negación? ¿Por qué?)

Parpadeo para ellos.

Que se alivien. Que lo vean todo de nuevo.

Pero no les importa.

Ellos saben lo que han visto.

Yo acá

me quedo (siempre)

algo más lento,

conmigo.

______________

Acabas de ver

lo que dejó de existir.

Y allí está el espacio,

como si nada hubiera ocurrido,

como si los actos,

los vuelos,

los juegos,

no hubieran trepado

(con frágiles extremidades todavía)

por ese gran cuerpo,

ahora perdido,

plantado sólo en tu memoria,

erguido como gran espejo invisible

que te recuerda a ti

mirando aquellas criaturas

que subían cuidadosas,

en aquel delicado equilibrio,

ahora parecido al sueño.

______________

Una vez habité en una región

¿cómo decirlo?

¿más fría que el olvido?

Aprendí.

Vi cómo el espacio era puente y victimario.

Así,

la distancia recorrida

quería hacerme ciudadano

de otro tiempo, en otra tierra,

donde sólo mi pasado era real.

Pero pasó.

Hace tiempo habita en el recuerdo.

Ahora conviven

una parte del pasado con la otra.

Sin embargo, a veces,

todo me parece

doble

mente

irreal.

¿Por qué la ilusión,

el truco del tiempo?

______________

Llueve.

Las gotas corren

cristal abajo

por el parabrisas.

Las sombras de las gotas se deslizan

dentro del carro,

sobre el asiento del pasajero,

sobre el conductor

solo 

que observa, oye detenido

y acoge jubiloso el progreso

a su alrededor

de un pequeño diluvio

interior,

en seco.

______________

Abrazados,

en su propio jardín,

se reconocen.

Recuperan la memoria:

cada uno es 

fruto del otro,

cada uno

come del otro.

______________

Reconocer la verdad

como una lanza fiel,

relámpago enterrado en el pecho.

Sentir la herida sapiencial

y descubrir

dónde guarda la luz

su voz secreta,

¿cómo un tesoro puro de cendra?

Es tan cierto como la tierra.

Es duro abrir los ojos

al linaje

de este dolor de paraíso. 

Tomados de su poemario Topografía, como llamaba su columna en En Rojo,  estos textos son la voz íntima, sosegada de un poeta.  Durante los próximos días seguiremos rindiendo homenaje a la vida y a la creación de este compañero.

Crucigrama: Antero Tarquinio Quental

Por Vilma Soto Bermúdez/Especial para En Rojo

Horizontales

5. Quinientos en romanos.

6. Río de Galicia.

7. Afirmación.

8. Nota musical.

10. Tejido.

13. Trocar.

19. Airease.

21. Nauta.

22. Apócope de nada.

23. _______ Delgada; ciudad de las Azores donde nació Quental el 18 de abril de 1842.

24. Sílaba sacrosanta.

25. Nombre de consonante.

26. Letra griega.

27. Símbolo del titanio.

28. Antero _______ de Quental; escritor y poeta portugués de inspiración romántica y revolucionaria.

32. Preposición.

33. Ciudad de Estados Unidos en Nevada.

34. Caja de caudales.

36. _______ Miguel; isla de las Azores donde nació Quental.

37. Ponto.

38. Pasé la vista por lo escrito.

40. Ente.

42. Utiliza.

44. Antes de Cristo.

46. Costosa.

47. A nivel.

48. Negación castiza.

49. Ciudad de España.

50. Labre.

51. Pronombre.

52. Artículo, fem.

53. Diez en romanos.

Verticales

1. Antero Tarquinio de _______; se suicidó en Ponta Delgada el 11 de septiembre de 1891. Autor de Do bom senso e bom gosto; Sonetos completos; y, Primaveras románticas.

2. Raios de extinta _______; poemario de Quental.

3. _______ modernas; (1865) poemario de Quental.

4. Universidad de _______; Quental fue uno de los dirigentes de su generación comprometida con revivir la literatura portuguesa.

6. Existe.

8. _______ completos; (1886) poemario de Quental.

9. De Irán.

11. Símbolo del einstenio.

12. De la ciudad de Lepe.

14. Disminuye.

15. Apócope de mamá.

16. Dos en romanos.

17. Apunte.

18. Primaveras _______; (1871) poemario de Quental.

20. Isla.

28. Infusión.

29. _______ de Quental; autor de Odas modernas; Sonetos completos; y, Raios de extinta luz.

30. Colorear.

31. Lengua provenzal.

33. Voz de arrullo.

35. Contracción.

39. Juez de los Infiernos.

40. Salón.

41. Espacio de tiempo.

42. Río de Rusia.

43. Dioses guerreros de la mitología escandinava.

45. Do _______ senso e bom gosto; (1866) ensayo de Quental.

46. Repollo.

Un último regalo

Por Crystal Lee Negrón Alicea

“Juliana, hermana querida, hoy soy esa brisa que golpea tu cabello cuando sales al patio. Soy el pájaro que te canta desde la ventana y la sombra que desea poder compartir una medalla fría mientras celebramos nuestro encuentro. Sin embargo, lo celebro yo desde este espacio tan inaccesible a ser rodeada por tus brazos, asfixiada por tus besos, abrumada por nuestro amor. Vengo a contarte lo que agobia mi alma y que no la permite partir. 

“Sueles ser inquieta, pero hoy andas serena y nuestro cuarto el refugio perfecto. Te quiero así, quieta y sorda, para que esto sea fácil y yo me pueda ir en paz. Cuando llegué a través del palo ‘e mango, te escuché hablar con mami sobre la preocupación que te causaba que estuviera tan lejos. Era entendible, aún existían factores que me dificultaban vivir tranquila. Entonces, recordé una publicación que decía: ‘En la vida hay que evitar tres figuras geométricas: los círculos viciosos, los triángulos amorosos y las mentes cuadradas’. Fallé en lo básico y ninguna evité. Corría peligro y tú intentabas mantenerme alejada de lo que me iba a llevar hacia un sueño permanente. Y ahora, de ese mismo sueño que temías, no volví».

“Siempre estuvimos de acuerdo en todo. Sin embargo, la presencia de Armando destruyó esa unión de pensamiento. Según tu sabiduría, él era una influencia negativa. Ahora, desde este ángulo, puedo comprender lo que te referías. Confieso que nunca quise mudarme con él a San Juan, pensé que dejar el oeste era ridículo. Intenté crear escenarios en donde me veía decidida a decir que no, pero en realidad no pude desistir. Era imposible no sentirme culpable por no poner como prioridad nuestra relación. ¿Cómo es que no me di cuenta? Esa culpabilidad era parte de su violencia”. 

“Me parecía normal que, donde yo capturaba la atención de otros, me agarrara fuerte de la cintura y me recordara que era suya. Pelear por mis salidas con amistades, pero yo tener que limitarme en reclamarle por lo mismo porque ‘no le tenía confianza y así esto no funcionaba’. Verme atrapada entre mis propios sentimientos porque expresar amor era imposible. Había pensamientos, sobre nosotros, que deseaba compartir, pero me aterraba conocer su reacción. La incapacidad de poder decidir sobre cómo y cuándo expresar afectividad, también influyó decidir por mí. No era hasta que me encontraba cansada que él, con su labia monga, me hacía volver a caer. Porque al final, todo giraba en su entorno. Todo esto no era normal. Tú siempre quisiste que lo entendiera, pero me convenció que tus palabras eran causadas por envidia. Por eso, mis oídos se volvieron sordos a tu preocupación y me fui con él».

“La felicidad no duró. Constantemente repetía que podía mantenerme, pero yo nunca accedí a su deseo y conseguí un trabajo. Por ende, me botó y estuve varios días durmiendo en el carro, hasta que una compañera me ofreció su casa mientras conseguía un hogar. Debí regresar al oeste, pero mi masoquismo no quería dejar el único lugar que nos unía. Ante la obligación de vivir sola, con todas las fuerzas que encontré, me dispuse a reconstruirme. Por más trillado que suene, entre tanto dolor, encontré felicidad, seguridad, y motivos para continuar. Y así, disfruté de mi compañía, del amor tan grande que me podía ofrecer. Intensidad y libertad. Hasta este momento, todo fue hermoso y tormentosos porque, aunque quisiera decirte que Armando no estaba presente, no puedo”.

Juliana se levantó de la cama para atender a quien tocaba la puerta. Lo único con lo que se encontró fue con una caja para ella. Alina, mientras se acercaban a la mesa, gritó: “Mírame”. Y así fue como las miradas entre ellas se encontraron. Con una fuerza sobrenatural, Alina mantuvo en control las emociones de Juliana. Pero no que Juliana abriera la caja y encontrara el cuerpo decapitado de su hermana. No era posible el abrazo que se deseaban dar, ni muchos menos el llanto que Juliana quería soltar. Solo cabía la posibilidad de amarse a través de las miradas. Era un momento de intimidad, confusión y mucho dolor, que Alina debía explicar. 

“No sé qué cosa me concedió la oportunidad de explicarte, pero aquí estoy. Yo nunca imaginé que yo podría terminar así, ni que mi cuerpo fuera el último regalo que recibieras de mí. Al parecer, mi manera de continuar y olvidar hizo que Armando reapareciera. Estaba inconforme con la idea de que ya no existía para mí. Sus acciones e insistencia por regresar me alarmaron y le pedí que se alejara, pero no lo hizo. Muchas veces quiso tumbar la puerta de mi casa, llamaba a la policía y llegaban dos horas después para no hacer nada. Me perseguía en diferentes lugares y hacía papelones, pero lo único que recibía de las autoridades era justificación. Hasta recomendaron que me mudara, ¿Pero por qué no hacían nada con él? Sin ver opción, decidí hacerlo. Pero lo evitó torturándome, violándome, insultándome; eso mismo que hizo durante nuestra relación, hasta asesinarme”.

“No me culpo por haber escogido la pareja equivocada, ni ignorar los consejos mientras estaba siendo manipulada. Culpo a las autoridades que no hicieron su trabajo en protegerme. Culpo a una sociedad que le hizo creer que tenía autoridad sobre mi, por no comprender la gravedad de la cultura machista que habita en las comunidades, en el lenguaje e incluso en la educación. Esa misma que me quitó la posibilidad, los sueños y la vida. Que arrebató mi autonomía, pues seré recordada como una mártir culpable de lo que sucedió. Pido justicia por todas, y la acción sobre educar, luchar para que la sociedad deje de victimizar al asesino, sienta compasión por la víctima y contribuya hacia un futuro donde dejemos de decir “ni una menos”. Que tu propósito sea que todas puedan vivir en paz. Lamento que sea esta nuestra manera de despedirnos, pero lo agradezco porque todo, por más feo que haya sido, lo compartí contigo. Te amo”.

Este relato de Negrón Alicea recibió mención de honor en el 70 Certamen Literario (2019) , que celebró la Facultad de Estudios Generales, Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. 

Un discurso feminista para la ocasión

Por Mari Mari Narváez

Especial para En Rojo

No es la primera vez que me pasa. Otras veces he visto a niñas (digo niñas porque el otro día les estaba literalmente cambiando el pañal) de repente posando con muy poca ropa y aire de mujer fatal. Mi niña me mira desde allá en Instagram muy fijamente. Baja la barbilla y levanta la mirada, como todas las aspirantes a modelos del mundo. Se esfuerza algo por lucir relajada, como si realmente ignorara el peso del diminuto bikini que lleva sobre un cuerpo todavía en desarrollo, privilegiadamente libre de grasa. 

Antes, estas cosas me hacían hervir la cabeza, desempacar mis discursos feministas más rampantes. Y me hacían sentir fracasada también, como feminista, como tía, como hermana, como todo. Era terrible. 

Esta vez ha sido distinto. Hay algo en la estampa que me da ternura. La joven aspira; procesa ese extraño cautiverio adolescente tal y como el mundo va proponiendoselo. No es un signo de la rebeldía que una como aspirante a rebelde quisiera pero es un signo de vulnerabilidad. 

Sin embargo, hay más aquí, y es que no sé qué discurso feminista se supone que enarbolemos ante las adolescentes de nuestras vidas en un momento así. ¿No es su cuerpo su decisión? Si realmente creo en la autonomía del cuerpo de las mujeres, juzgarla y darle un sermoncito por unas fotos (públicas) en bikini se puede tornar contraproducente en un futuro cercano cuando nos sentemos a hablar sobre el aborto u otros temas. Sé que en la exposición de estas fotos hay un elemento importante en torno a la intimidad pero no puedo pedirle a una joven de 16 años que entienda mi concepto de intimidad. Yo crecí en los años 80 y 90, sin Internet ni esta obsesión por las fotos ni nada de eso. Lo más público que hacíamos era enviar mensajes de amor por el intercom de la escuela el día de los corazones. No niego que temo al ridículo de hablarle a una niña criada con redes sociales sobre aquella línea muy marcada que existía entre lo público y lo privado; de una intimidad cuyos contornos se han ido borrando en la contemporaneidad. Hoy día la intimidad parece existir, precisamente, en función de su exposición. Se le reconoce y se alimenta de toda una serie de rituales, poses y escenarios que ayudan a recrear una versión de ‘intimidad’ para estos tiempos de exposición rápida y masiva. Su ideario, por tanto, existe pero es casi siempre para exponerla, lo que por supuesto cancela la esencia de lo que nosotros conocemos por intimidad, ese lugar propio, hondo, que se guarda y se comparte muy selectiva y estratégicamente. 

Algunos de los temas más controvertidos dentro del feminismo siempre han sido el cuerpo y la sexualidad. Y mi contrariedad con revisar en esta ocasión la diversidad de discursos feministas tiene que ver con estos juicios históricos. 

Un día no hace demasiados años, en un curso graduado de Teoría feminista, tomé consciencia, casi por primera vez, de lo que implicaba la diversidad de feminismos existentes. Hablábamos de las feministas radicales y su propuesta compulsiva de que las mujeres viviéramos segregadas de los hombres. Recuerdo mi impresión extrema, filtrada por el silencio de fondo del Humanidades nocturno. En medio de mi estupor, vi que la Profesora se disponía a hacer una explicación que anticipé de moderación. “Pongamos esto en el contexto histórico de los años sesenta y setenta”, la imaginé decir, aderezado de un “siempre hacen falta posturas en extremo radicales para lograr cambios paulatinos”. 

Pero no. En la vida real, mi Profesora –a quien yo idolatraba y sigo idolatrando– no solo explicó lo que promovían (o más bien exigían) las feministas radicales sino que añadió creer que tenían razón, que las mujeres debíamos, en efecto, vivir entre nosotras, que las revoluciones femeninas serían prácticamente imposibles viviendo junto a los hombres. Por poco me desmayo. No sé si era mi ingenuidad o mi ignorancia pero no podía ni creer que alguien planteara algo así, y con aquella seriedad. ¿Cómo que con los hombres no se podría? ¿No era el feminismo, precisamente, una reivindicación de justicia para que el amor fuera posible? ¿Cómo que no viviéramos con los hombres? ¡Yo sí quería vivir con ellos! ¿No era para eso, entre otros asuntos, que éramos feministas? ¿Para poder ser felices viviendo con los hombres (o con quien usted quiera pero, en mi caso, es con un hombre) solo que, entonces, en equidad? Bueno, por suerte aquella filosofía ya no estaba muy en boga que digamos, así que no debía sulfurarme. Pero de todos modos me estaba raro que la Profesora hubiese dicho aquello. Yo no la conocía tanto como llegué a hacerlo más adelante pero ya sabía que estaba felizmente casada desde hacía décadas. ¡Con un hombre! 

Claro, había ingenuidad de mi parte pues una, que es escritora, tiene que saber que la mayoría de las veces no hablamos desde el Yo. Aún si parece que sí. De hecho, yo escribo esto partiendo de una supuesta experiencia reciente con mi niña pero lo escribo porque esas niñas están en todas partes y la conversación sobre qué discurso feminista asumimos en nuestras situaciones de vida, es una conversación política universal. 

No puedo decir mucho perennemente en contra de feministas radicales como Catharine MacKinnon, Andrea Dworkin, Susan Brownmiller, entre otras porque todas, en su momento, sentaron las bases para que hoy día nosotras podamos denunciar el hostigamiento sexual, las agresiones sexuales como asuntos de género, de poder y desigualdad. Esto aunque luego se convirtieran en policías morales y algunas terminaran aliadas en ciertas causas con el fundamentalismo religioso. Así que, por más absurdas que me parezcan muchas de las posturas de este feminismo pro-censura, anti-pornografía (que incluye el arte nudista), anti-sexo y anti-hombres de las feministas más extremas de la segunda ola, y aunque rompa radicalmente con su moralismo, reconozco sus aportaciones al movimiento. Hay que estudiar más a las feministas también radicales que pusieron el deseo y el placer al centro de la conversación feminista. Por eso, en estos días, me estoy proponiendo leer a Ellen Willis, a Alix Kates Shulman y otras feministas, también consideradas radicales, que sin embargo abordaron el sexo desde la alegría, el placer y la posibilidad de equidad (acepto sugerencias de lectura). 

No puedo decirle a mi niña que se tape el cuerpo, ni que el sexo nos distrae de la Revolución, que es un argumento que se está utilizando hoy nuevamente en círculos feministas. Esos discursos no reconocen el deseo como el elemento central de nuestras vidas que es, así esté pasado por el filtro último de la cultura. Que lo está. La vida entera está pasada por el filtro de la cultura y hay que aprender a diferenciar entre lo “natural” o “instintivo” y lo “cultural”. Pero eso no la hace menos vida para nosotras. Y en esa vida –buena, mala, regular, venida a menos o a más– el deseo y la ilusión de vivir en equidad junto a los hombres (con la relación que sea de por medio) es un fundamento.

Y esto –creo– es el meollo de mi preocupación. Que todas estas jóvenes adolescentes que veo llenando sus redes sociales con poses en poca ropa y gestos de femme fatales (sin ganarse un chavo como modelos), expresan un deseo de querer ser deseadas. Como muchas de nosotras y como muchos hombres. Y eso también me enternece. Pero demasiadas veces tengo también la sensación de que ellas no parecen desear a nadie. Tal vez pienso que la energía dedicada a encontrar la pose perfecta (las madres me cuentan que pasan horas en eso) es un síntoma de la falta de deseo. Y eso me rompe el corazón. Tal vez me equivoco. 

El buen sexo es una de las mejores cosas (si no lo mejor) que tiene esta vida tan compleja e injusta. Y para llegar al buen sexo, hay que pasar por una sexualidad poderosa, saludable, creciente. Mi hermana me pide intervención. Balbuceo unas ideas sobre la intimidad y la personalidad pública que me vienen a la mente de primera instancia. Ella a su vez las repite por allá como mejor entiende. Prometo volver más tarde con mejores argumentos. Lo pienso, lo discuto en mi círculo con alguna gente, lo pienso un poco más. Y no encuentro un discursito para la ocasión.