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La clase obrera en la encrucijada de 1898 (primera parte)

 

Especial para En Rojo

 

Antecedentes generales

En 1873 se abolieron en Puerto Rico formas (relaciones sociales) de producción pre-capitalistas y semi-capitalistas. Nos referimos a la esclavitud y al trabajo asalariado coaccionado por el régimen de la Libreta de Jornaleros. Desde antes también se venía dando un proceso para extirpar el trabajo semi-feudal de los campesinos agregados. Para entonces la marcha del desarrollo del capitalismo en el país, anunciaba en ese año emblematico una nueva era industrial. El capitalismo con máquinas y motores industriales se imponía en Europa y Estados Unidos, con repercusiones mundiales. Eric J. Hobsbawm, historiador, analiza de manera abarcadora este contexto histórico en su obra La Era del Capital, 1848-1875 (Barcelona: Editorial Crítitca, 2011).

En Puerto Rico el capitalismo industrial imponía las condiciones fabriles de su operación mediante el establecimiento, especialmente, de las grandes centrales azucareras. La primera instalación de este tipo fue, preciamente en 1873, la Central San Vicente, en Vega Baja, en la costa norte de Puerto Rico. De esa experiencia contamos con la obra de la historiadora Teresita Martínez Vergne, Capitalism in Colonial Puerto Rico: Central San Vicente in Late Nineteenth Century (The University of Florida Press, 1992).

De ahí en adelante, los dueños del capital requerían su contraparte funcional de trabajadores asalariados de libre contratación. La economía de mercado capitalista depende de, y solo funciona, con trabajadores asalariados compradores de mercancías, no de siervos y esclavos. En realidad, históricamente, en la economía de mercado capitalista la libertad ha estado fundamentalmente en manos de los empresarios y comerciantes empleadores y no en la de sus trabajadores libremente empleados, pero siempre subordinados y manipulados. La relación de capital-trabajo asalariado, en cualquier caso, instrumenta otra forma de explotación del trabajo.

Así pues, entre la década de 1870 y la de 1890 de final de la dominación imperialista de España sobre Puerto Rico (hasta octubre de 1898), surgieron las primeras asociaciones de ayuda mutua y solidaridad, cooperativas, organizaciones sindicales, periódicos y actividades culturales de la naciente clase obrera. Durante ese período, así mismo, se registran numerosas huelgas por mejores salarios y condiciones laborales, y la represión empresarial y estatal por medio del empleo de rompe-huelgas y la violencia policíaca. Estos hechos han sido reconstruídos en obras e investigaciones de líderes obreros, historiadores y sociólogos: por ejemplo, Rafael Alonso Torres, Cuarenta años de lucha proletaria (Imprenta Baldrich, 1939); Gervasio L. García y Ángel G. Quintero Rivera, Desafío y Solidaridad: breve historia del movimiento obrero puertorriqueño (Ediciones Huracán, 1982); Rubén Dávila Santiago, El derribo de las murallas. Los orígenes intelectuales del socialismo en Puerto Rico (Editorial Cultural, 1988); y de quien escribe, “¡Abajo! ¡Aquí no se trabaja!: Las huelgas obreras en Puerto Rico, 1895” (Claridad, en seis números, del 30 de abril a 4 de junio de 1993).

Ensayo Obrero 

La historia se hace todos los días, en diversas instancias cotidianas, por la gente en todas las naciones. En cada país algunos acontecimientos sobresalen, mientras que muchos otros pasan desapercibidos. Por lo general, lo que pasa por historia es lo que logra registrarse de una manera u otra, y/o lo que forma parte de la memoria colectiva o de algunos sectores sociales.

En la coyuntura de 1897-1898, en Puerto Rico hicieron noticia principal el intento de insurrección independentista en Yauco y Sabana Grande, del 24 de marzo, reprimido y por lo que fueron encarcelados decenas de participantes; y, la concesión de la Carta Autonómica del 25 de noviembre, ambos de 1897, por un lado. Y, el establecimiento del Gabinete Autonómico provisional (febrero); las elecciones del gobierno autonómico (marzo); la declaración de guerra de Estados Unidos a España dando lugar a la Guerra Hispano-Americana (abril); el bombardeo de San Juan por la marina de Estados Unidos y el llamado del Dr. Ramón Emeterio Betances al levatamiento general contra España (mayo); las diligencias de un sector independentista encabezado por el Dr. José Julio Henna (NY) con las autoridades de Washington, D.C., y las contradciciones políticas independentistas-anexionistas al interior de esta agrupación (junio); la invasión y proclama de redención colonial por parte de Estados Unidos (julio); el armisticio entre España y Estado Unidos y el levantamiento popular en Ciales proclamando la república, y el reclamo del derecho soberano de Puerto Rico de Eugenio María de Hostos y la Liga de Patriotas (agosto); la rendición definitiva y evacuación de España (septiembre y octubre); y la cesión de Puerto Rico y toma del país a la fuerza por Estados Unidos, sin participación y decisión democrática alguna de los puertorriqueños (noviembre y diciembre), de 1898, por otro gran lado.

En todos los procesos y eventos conducentes al gobierno autonómico hubo dos sectores sociales y políticos prohibidos de toda participación: el movimiento independentista y el movimiento obrero. Aquí abordamos algunos aspectos del segundo.

El sector artesanal de los trabajadores se organizó con el nombre de Ensayo Obrero en 1897; fue el nombre que dieron también a su periódico cuyo primer número se publicó el 1ro de Mayo de ese año, en conmemoración del Día Internacional de los Trabajadores. En donde quiera que el capitalismo se fue implantando los artesanos, por sus oficios diestros y nivel cultural alfabetizado, formaron vanguardias de los trabajadores en general. Extraño no es que en todas partes los tipógrafos estuvieran en las más tempranas luchas de asalariados frente al capital. También hay un antecedente más lejano en Puerto Rico: “La primera huelga de tipógrafos habida en el país fue en el año 1840 y ocurrió en los talleres del Boletín Mercantil, siendo director propietario de dicha publicación el señor Guimbernat, Secretario de la junta de Fomento. Hubieron de componer el periódico el mismo propietario y miembros de su familia” (La Democracia 13 diciembre 1898, p. 3). Aquí figura una instancia inusitada de la propia familia propietaria en función rompe-huelga. Al grupo dirigente artesanal de finales del siglo 19 pertenecieron, entre otros, José Ferrer y Ferrer, Ramón Romero Rosa, Eduardo Conde, Fernando Gómez Acosta, Eugenio Sánchez López y Santiago Iglesias, joven español radical llegado a Puerto Rico a finales de 1896. Al defender a la clase obrera y denunciar la explotación en general de los trabajadores, hombres y mujeres, Ensayo Obrero fue recibido con hostilidad y burla por parte de las clases contrincantes y dominantes. Para los obreros fue motivo de celebración cultural. En la noche del 3 de agosto: “pasó una comisión de artesanos y braceros acompañados de la orquesta que dirigen los señores Muriel y Nieves, a la redacción de Ensayo Obrero, donde se estrenó una preciosa danza titutala «El Ensayo Obrero» y dedicada por su autor don Cecilio Andino Galés a los redactores de aquel periódico, los cuales obsequiaron cumplidamente a la concurrencia” (La Correspondendia de Puerto Rico, 4 agosto 1898, p. 3). De la iniciativa de Ensayo Obrero brotó, ¡una danza obrera! 

En el grupo de Ensayo Obrero se manifestaron perspectivas diversas y ocurrieron divergencias sobre las acciones y relaciones que debían observarse respecto al gobierno, las clases dominantes (hacendados y comerciantes, y elementos profesionales), y sus partidos políticos. En 1897, uno de los asuntos que provocaron distanciamientos temporeros entre el liderato fue la determinación oficial de llevar a cabo el derribo de las murallas de San Juan, en la parte que daba hacia la Marina y a la Puerta de Santiago y lo que ahora es la Plaza Colón. Iglesias señala que para ello las autoridades y políticos de la elite, con expresiones retóricas e hipócritas, mobilizaron brigadas (a que dieron nombres de generales españoles) de centenaries de trabajadores. Aunque se planteaba como conveniente para el desarrollo de la zona portuaria y mejores condiciones de higiene y vivienda en Puerta de Tierra, él advertía que los grandes beneficiados serían los grandes propietarios y las casas de comercio. 

En la lucha por la autonomía sus proponentes principales se dividieron en dos partidos politicos. El Partido Liberal Puertorriqueño (PLP), acaudillado por Luis Muñoz Rivera, representaba intereses de los hacendados capitalistas (azucareros y cafetaleros), y de segmentos de comerciantes y profesionales puertorriqueños. Estos favorecieron el pacto autonomista con un partido monárquico liberal de España, presidido por Práxedes Mateo Sagasta, y la fusión del PLP con este ente político español. Mientras que el Partido Autonomista Ortodoxo, encabezado por el Dr. José Celso Barbosa, representaba otro sector de propietarios y de profesionales, a la vez que se hacía portavoz de los trabajadores, de sectores sociales marginados y se decía ser el defensor de la “soberanía popular”. Los autonomistas ortodoxos rechazaban integrarse a cualquier partido de España pero, en definitiva, se allanaron a la autonomía lograda. 

Para las elecciones del nuevo gobierno pautadas para el 27 de marzo de 1898 el grupo principal de Ensayo Obrero (Ferrer, Romero Rosa, Gómez Acosta, etc.) favoreció a los autonomistas de Barbosa. Un grupo encabezado por Cecilio Andino Galés – el de la danza… – publicó “El Obrero Liberal”, abanderizados con Muñoz Rivera. Otros junto a Santiago Iglesias formaron el Centro de Estudios Económicos-Sociales exhortando a los trabajadores a organizarse y seguir un curso político propio. Recordando aquél momento, Iglesias escribió: “Esta lucha gubernamental interna fue muy aguda, y llegó a hacerse tan pasional, que muy pronto trascendió al pueblo por todo el país; dividiéndolo políticamente en dos bandos. Los problemas económicos de la época no recibían estudio, ni se les daba la importancia que tenían y mucho menos el estado calamitoso en que se hallaba las muchedumbres del trabajo. La preocupación se dirigía exclusivamente a la conquista del poder politico y de los empleos públicos. Se luchaba ardorosamente por conquistar el absoluto predominio personal, mientras el problema económico era mencionado académicamante…Los directores que influenciaban la opinión pública entusiasmaban fácilmente a los campesinos y obreros, quienes eran utilizados electoralmente. No tenían una conciencia obrera colectiva formaba” (Luchas emancipadoras, 1929; 2da ed. 1958, p. 57). Ese era el Santiago Iglesias anarquista-socialista hablando. 

Salió triunfante el Partido Liberal y le tocó a Muñoz Rivera formar el gobierno. No obstante las posturas sobre los autonomistas, tanto el gobierno de España como el Autonómico ejercieron represión contra los líderes obreros. En septiembre de 1897, por no entregar dos ejemplares a los censores del gobierno previo a la publicación, el periódico Ensayo Obrero fue multado en 72 pesos y su director, José Ferrer y Ferrer fue encarcelado por unos días (La Democracia, 17 septiembre y 2 octubre 1897); en marzo del 1898 el periódico fue multado en 62 pesos por el artículo “Socialismo”, que la censura consideró “atentatorio contra la religión del Estado” (La Correspondencia de PR, 5 marzo 1898). Por considerarlos peligrosos para la “integridad nacional” (hoy se diría “seguridad nacional”), el día de las elecciones del 27 de marzo se ordenó el arresto de José Mauleón y Emiliano Ramos (presos) y Santiago Iglesias (escapó). Detenido en Río Grande, Iglesias fue remitido a la capital y condenado a 7 meses de cárcel.

Estando encarcelado durante el bombardeo de San Juan e invasión estadounidense, Iglesias fue excarcelado el 5 de octubre de 1898. En los últimos aleteos del gobierno autonómico se volvió a ordenar su arresto pero Iglesias volvió a escapar. Cuando llegó a Carolina, en narración suya, encontró a un amigo intérprete quien lo presentó al comandante Scott del ejército invasor que tomaba posesión del pueblo. Opinamos que los sucesos inmediatamente posteriores, junto a otros más adelante, influyeron en la metamorfosis de Santiago Iglesias de anarquista y socialista radical a socialista reformista y sindicalista pro-americano. En el contexto histórico de Puerto Rico colonial, “Americano” generalmente es sinónimo de estadounidense.

Iglesias no solamente estuvo bajo la protección del comandante Scott, sino que fue invitado por éste para hablar al pueblo en la toma de Carolina, Canóvanas, Loíza, hasta llegar a Río Piedras, donde el general y gobernador militar John Brooke tenía su cuartel.invasor. Durante esos días se desataron huelgas en diversas haciendas y Scott informó de las condiciones miserables de los trabajadores y el maltrato que recibían de los hacendados. A pesar de tener noticias de Santiago Iglesias como “anarquista” (con todo el estigma negativo del término), continuó bajo la protección del ejército americano y fue ordenado a permanecer allí hasta el 18 de octubre. La noche anterior en Río Piedras fue objeto de un atentado de un disparo, que se sospechó fue acto de los hacendados y mayorales que Iglesias había alterado con sus arengas a los trabajadores. El día 18 el general John Brooke sustituyó al general Nelson Miles (a cargo de la invasión) en la gobernación militar. Iglesias regresó a San Juan cobijado por las tropas estadounidenses y ese día se oficializó la rendición de España. Indistintamente de las expectativas que tuvieran de participación política con Estados Unidos, y de la debilidad material de la burguesía criolla (con todo el peso indiscutible que tiene), el hecho es que el gobierno autonómico acabó entregándose y sus altos oficiales se pusieron al servicio de los generales invasores. El historiador Carmelo Rosario Natal documenta que, ¡fue Muñoz Rivera quien llevó de brazo al general Brooke a izar la bandera de Estados Unidos en la Fortaleza! (Puerto Rico y la crisis de la guerra hispanoamericana, 1895-1898; Edil, 1989). 

La Federación Regional de los Trabajadores 

Luego de reagruparse el liderato obrero, aunque heterogéneo en conciencia de clase y en opciones políticas, se constituyó la Federación Regional de Trabajadores (FRT), el 20 de octubre de 1898. Tres días después circuló su periódico “El Porvenir Social”. La unidad sindical y/o política, usualmente, no significa que todos piensan igual; y no tiene que ser así. La unidad se logra acordando una base común, y se mantiene mientras eso tenga más peso y sea la línea rectora de la acción. Por encima de consideraciones secundarias y hasta personales, lograr el acuerdo básico y la voluntad de actuar es la clave de la unidad. Entonces todos los partidos políticos y movimientos sociales se movían en las aguas picadas y en el proceso siempre contradictorio de la historia, en este caso del contexto del cambio de mando imperial de 1898.

Ante el fin de la dominación de España y en de un levantamiento general armado por la independencia previo a la invasión (como abogó por ello Betances hasta su último aliento de vida en septiembre del 98), todos los partidos tradicionales y el movimiento obrero que se inauguraba en organización sindical a nivel nacional, dirigieron sus ojos y peticiones de mejoría a la gran potencia de Estados Unidos. El coloso del Norte ya sabía aprovechar las divisiones o instigarlas para imperar en el país conquistado. En la edición del 21 de octubre de la Gaceta de Puerto Rico se publicó la traducción de la Constitución de los Estados Unidos de América. Aun no había sido disuelto el Gobierno Autonómico, pero esto sirvió para dejarle saber a todo el mundo a qué constitución se debían remitir de ahí en adelante. Acompañando el paso del estampido de las botas del ejército invasor, el gobierno de Estados Unidos comenzaba a poner en práctica sus resortes ideológicos y politicos. Se desplegaba la “americanización”. Esto es parte del retrato del colonizador. Casi todos tenían la idea de Estados Unidos como el país más democrático y campeón defensor de los derechos individuales del planeta. Esa creencia, sin conocer a fondo la historia del país invasor, es parte del retrato del colonizado; evocando el análisis que el sociólogo Albert Memmi ha hecho del colonialismo. En la fundación de la FRT se aprobó enviar una comisión (Iglesias y Eduardo Conde) a Washington DC, a hacer contactos e informar sobre el Socialist Labor Party (SLP) y la American Federation of Labor (AFL) y la situación industrial de Estados Unidos. Sin apoyo y protección en la colonia lo buscaron en el imperio.

Por otro lado, la FRT fue invitada a participar en una Asamblea “de delegados representativos de todos los intereses y clases sociales y de todas las orientaciones” (Iglesias) en el Teatro Municipal de San Juan, el 30 de octubre. En nombre de la FRT Santiago Iglesias expuso que se declaraban partidarios de la anexión si no perjudicaba al país, y favorecían implantar las instituciones y sistema educativo de Estados Unidos; así mismo exigían la jornada de 8 horas y diversas mejoras en las condiciones de trabajo, incluyendo para las mujeres embarazadas Por un lado, cuando todavía no conocían el aparato económico de las Corporaciones de Estados Unidos, especialmente el azucarero, y frente a las exclusiones y atropellos cotidianos a que estuvieron sometidos los trabajadores y sus familias bajo España, en las filas de la FRT creían que con las “instituciones americanas” se beneficiarían y defenderían. Ramón Romero Rosa también participó en lo que llamó aquella “asamblea de los políticos liberales del país”. En ese contexto preciso, en El Porvenir Social hizo una advertencia a los trabajadores reservando el lenguaje de lucha de clases para los propietarios y partidos que conocían. Todavía tenían la dominación española y al efímero gobierno autonómico de referente concreto e inmediato. Al mismo tiempo, este líder obrero forceajeaba con el problema del disinterés en educarse políticamente y organizarse, y en consecuencia la falta de acción de la mayoría de la clase trabajadora por defender sus propios intereses. Romero Rosa manifestó:

“Una de las grandes calamidades que nos asisten y que nos habrá de llevar a la ruina por completo (si no se cambia de carácter), es esa fría indiferencia o apatía que domina a la mayor parte de nuestros compañeros. En la creencia de estos desposeídos del patrimonio ha existido siempre la idea de que los politicos han de ser los que mejorarán la tristísima situación nuestra; y ajustados a ese principio, no han hecho otra cosa que sino formar cola con ellos y seguirles a todas partes. No teniendo en consideración, por ley de experiencia, que tanto un partido como los demás, vienen todos a dar un mismo resultado; puesto que los burgueses los son igual republicanos que monárquicos, reaccionarios que liberales. Todos, (admitimos excepciones) unos más y otros menos, no tienen otra misión que la de explotar al pueblo trabajador, procurando crear empleos que repartir a sus compinches, sin que por eso les duela el que los obreros se desangren o mueran de asco. Esto quiere decir también, que la mayoría de nuestros compañeros (como ya he manifestado anteriormente), no se mueven para nada, que no tratan de agremiarse, de formar su organización, etc., sino que esperan que el maná les venga de la mano de los don Fulano o don Zutano, hombres honrados, por supuesto, pero que no han de llenar el interés que perseguimos” (El Porvenir Social, Época II, Núm. 4, Noviembre 6 de 1898).

Sin embargo, el empuje de la FRT se fue haciendo sentir. Se dieron pasos organizativos en Ponce, Dorado, y Lares. En Arecibo, Iglesias apunta, se constituyó la FRT en una asamblea el 13 de noviembre del 98; allí fue electa una directiva representando “diez uniones incipientes de oficios”. Comisiones obreras de otros pueblos llegaron a San Juan buscando orientación organizativa y afiliarse a la Federación.

La puesta en marcha de la FRT, a su vez, se dio en el contexto de huelgas de trabajadores agrícolas en distintos puntos del país y de los tabaqueros de la fábrica “La Ultramarina”. El 20 de noviembre los tipógrafos se reunieron en el “Círculo Obrero” (Calle Sol, 62) a discutir su situación laboral (La Correspondencia de PR, 19 noviembre 1898). Tres días después los “diarios ricos” La Correspondencia de Puerto Rico y el Boletín Mencantil, así como los demás rotativos de la capital fueron paralizados por una huelga de tipógrafos comenzada el 23 de noviembre (La Democracia, 26 noviembre 1898). Luchaban por aumento de 50% en el salario y mejores condiciones higiénicas. La clase patronal comenzó a usar rompe-huelgas pero no pudo con el empuje obrero. Después de tres semanas de huelga, los tipógrafos lograron aumentos salariales de hasta 25%, “y una mejor consideración de sus patronos”, los impresores (Luchas emancipadoras, p. 97).

En estas circunstancias, la conciencia y combatividad obrera fue incrementando y una de las últimas fanfarronadas del moribundo gobierno autonómico se descargó contra Santiago Iglesias. Según narra éste, primero a finales de noviembre fue llamado por el Sub-Secretario de Gobernación, licenciado José de Diego para dejarle saber “del disgusto que causaba aquella campaña que el gobierno consideraba hostil e injusta”. De Diego le dijo que “las actitudes socialistas y revolucionarias” como las que se manifestaban en Barceola y que “él conocía y con las cuales él simpatizaba…” (sí, Pepe…), en Puerto Rico resultaban “ideas subversivas”. Ofreció “amistosamente” ayudar a “levantar la clase obrera” si deponían la actitud radical. Iglesias no lo tomó en serio y replicó que en Barcelona, en Puerto Rico, y cualquier parte del mundo estaba en la legalidad defender la causa de los trabajadores. Unos días después, el “Ministro de Gobernación”, Luis Muñoz Rivera, con un ejemplar de El Porvenir Social en sus manos lo fustigó enfurecido diciendo que contenía escritos “disociadores” y que “tenía órdenes superiores” (mentira, era su deseo) de aconsejarle que se fuera de Puerto Rico (Luchas emancipadoras, pp. 98-99). Otra orden de arresto no se materializó.

Quienes tenían los días “autonómicos” contados eran Muñoz Rivera y sus Secretarios. El 6 de diciembre de 1898 asumió el mando el tercer gobernador militar, general Guy V. Henry. Todos habrían de tomar giros distintos en una siguiente madeja de contradicciones de lucha obrera, política partidista electoralista y de diversas vertienes de americanización.

De ello tratamos en un próximo artículo de continuación.

Esos tristes ratones tan humanos

Por Carlos R. Alberty Fragoso/Especial para En Rojo

En Novosibirsk, Rusia, hay una escultura en honor al ratón de laboratorio: la figura de un gran ratón con espejuelos redondos y dos grandes agujas tejiendo una cadena de ADN. Es el homenaje del Instituto de Citología y Genética a este animalito. ¿Sentido reconocimiento o profunda culpa? Es curiosa la imagen porque en realidad es el ser humano el que investiga y son los ratones los que sufren las investigaciones. La estatua da una imagen distinta de lo real, como si el ratón –humanizado–, y como una “doñita”, fuera el sujeto de la acción y no su objeto. 

A simple vista, los ratones parecen tan distintos a los seres humanos y, sin embargo, qué sorpresa, el genoma ratonil tiene más del 95% de coincidencia con el del ser humano. Son nuestros hermanos en más de un 95 por ciento.

Ahora imagínese que usted es tan pequeño que mide 5 centímetros y su casita es una jaula o cuadrilátero transparente. Mira a su alrededor y ve largos pasillos con cientos de estantes con muchas casitas igual que la suya, así como en una gran almacén de zapatos. Parece que no está solo, tiene una gran familia de cientos, miles de hermanos. Resulta que un buen día, a los tres de nacido, llegan unos señores con las cabezas tapadas con redecillas o algo parecido como los empleados de cafetería y todo el cuerpo cubierto de ropas especiales desde la cara hasta los zapatos. Llegan, lo cogen a usted y le inyectan algo que usted no conoce. Después esperan las consecuencias. Pero estas varían dependiendo de lo que le inyectaron, puede ser fiebre, dolor, escalofríos, vómitos, temblores, parálisis, pérdida de memoria, de sueño, entre otras opciones. En otros casos, usted ni se entera de cúando llegan los señores de las ropas especiales. Antes de su nacimiento, en el estado embrionario, ya le habían incluido en su cuerpo la extraña sustancia. Su destino ya estaba escrito. Un día, poco después, usted está tan débil que no puede caminar, las patitas no le responden, los ojos no atinan a enfocar. Finalmente usted muere. También hay otras historias de “éxito” relativo pues resulta que no le han inyectado nada y son otros de sus hermanos los que enfrentarán los dolores que le hayan asignado. El problema entonces es qué harán con usted cuando se haya cumplido su destino. En muchos casos, una breve torcedura de cuello le pone punto final a su pequeña historia. Claro, esto es una versión libre y simple de lo que sucede en la realidad. Solo en el Reino Unido, en el Mary Lyon Centre hay 56,000 ratones. Pueden ustedes sacar un cálculo aproximado de las bajas.

Según el diccionario, el origen griego del significado de la palabra “mártir” es “testigo”. Si bien los ratones de laboratorio no mueren por ninguna fe ni creencias suyas, sí son testigos del sufrimiento al que los someten por el progreso de investigaciones científicas. (Alguien podría decir, como lo hizo Ernesto Sábato en su día, que en cierto modo la ciencia sí es un tipo de creencia o genera el culto de sí misma, pero eso es otro asunto.) No obstante el tema es complejo porque sabemos que sin el sufrimiento de millones de ratones no se hubieran hecho grandes avances en busca de terapias, vacunas y medicinas. Aquí la gran pregunta es si nuestra especie, si el ser humano, tiene derecho a someter a otras especies al sufrimiento para adelantar sus propósitos médico-científicos. Claro está, la pregunta va al centro de la creencia en nuestra superioridad bajo la cual todo el planeta debe estar sometido.

Desde el comienzo de los tiempos el ser humano ha entendido que puede disponer de los otros animales a su antojo. Salvo, tal vez, en ciertos contextos culturales o religiosos como el hinduismo, los animales han estado sometidos a las necesidades, deseos y hasta extravagancias del ser humano. Pero tal vez ha llegado el tiempo de repensar a herencia.

El concepto de “animal sintiente” se abre paso en nuestros días. Nos dice Miguel Ibáñez, profesor de la Universidad Complutende de Madrid: “Ser sintiente” significa ser consciente y sentir emociones como placer y dolor, gracias a las cuales los animales podemos sobrevivir en un mundo lleno de sensaciones” (“Informe: Fundamentos científicos de las nuevas políticas de bienestar animal”, 29 de noviembre de 2015). En dicho Informe, el profesor Ibáñez concluye: “Existen datos científicos suficientes para admitir que el dolor y el sufrimiento en los otros animales son experiencias conscientes, a nivel perceptivo y emocional, tan aversivas como para importarnos prevenirlas y aliviarlas”. Ya en varios países se ha aprobado y se discute legislación para la protección de los animales y minimizar el sufrimiento que les causamos (España, México, Argentina, Colombia). En Nueva Zelanda, por ejemplo, se ha aprobado legislación para prohibir los experimentos con fines de la industria de cosméticos. 

Ahora vean este dato los que piensen que los otros animales no piensan ni sienten.                

Hace poco encontré en la Internet los hallazgos de un experimento con ratas de laboratorio en los que se constataba su sentido de altruismo y solidaridad. Resulta que colocan a un grupo de ratas en un caja, pero hay una que está atrapada en otro compartimento. Las compañeras pueden verla y oír sus quejidos. Hay una puertecita que las separa. Las ratas, inteligentes como son, encuentran el modo de abrir la puertecita y liberar a la prisionera. Pero la cosa no acaba ahí. Los investigadores quisieron ir más allá y colocaron un distractor o una diabólica tentación: chocolate. La situación ahora posee una disyuntiva: o liberar a la compañera o comerse el chocolate. La mayoría de las ratas opta por liberar la compañera y luego compartir con ella la golosina. No sé si tales resultados también se puedan ver en la población de ratones, pero los chiquitines no tienen por qué ser menos altruistas ni más chocolatistas que las ratas. Sabemos que en el transcurso de nuestra Historia ha habido especímenes que han preferido el “chocolate”. (Aunque también es cierto que otros han preferido liberar al compañero.)

En vista del historial humano, demasiado humano de nuestra especie, ante el tratamiento que por mucho tiempo les hemos dado a los otros animales, no basta disculparnos y mostrar nuestro agradecimiento con estatuas. (Además, ¿cómo uno se disculpa con los ratones?) Es preciso tomar medidas para acabar o minimizar su sufrimiento. Después de todo ellos, los otros animales, no tienen la culpa de que nosotros los humanos hayamos surgido en esta Tierra para fastidiarles la vida. 

Cuando una palabra suya bastaría para sanarme

Por Zahira Mabel Cruz/ Especial para En Rojo

Aspirar siempre a la verdad es aspirar a más. Así funciona la ley del deseo. Y yo diría que dependemos del deseo para preservar nuestras vidas. Para poder decir que vivimos no solo porque existimos, sino porque ejercemos la vida. El deseo es un motor. La verdad es un anhelo digno y un asunto gnoseológico. Hay que creer aunque sea creyendo en que se cree.

Dice Fígaro, heterónimo de Mariano José de Larra, en su artículo periodístico “La Noche Buena de 1836”, que “el corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer”. Es cierto que hablar de verdades es hablar de agua entre los dedos. Pero también es cierto que las necesitamos para soportar la vida. Verdades o mentiras, da igual, siempre serán la misma cosa en algún momento dado y, en algo hay que creer. De todas formas la verdad es el deseo y la tentación insatisfechos. Somos seres concupiscentes y la concupiscencia es nuestro castigo. Somos Tántalo con el agua hasta el cuello, sedientos y sin poder tomar, hambrientos con la fruta prendida a una rama, a la altura de nuestras bocas y sin poder comer. Podríamos decir que estamos condenados al “tan cerca y tan lejos”; al “mira y no toques”; condenados a los espejismos y por ello al pendejismo —que en este caso siempre debemos asumir con dignidad—. Aspirar siempre a la verdad es aspirar a más. Así funciona la ley del deseo. Y yo diría que dependemos del deseo para preservar nuestras vidas. Para poder decir que vivimos no solo porque existimos, sino porque ejercemos la vida. El deseo es un motor. La verdad es un anhelo digno y un asunto gnoseológico. Hay que creer aunque sea creyendo en que se cree. Y aunque yo, y muchos otros, nos burlemos de los que creen —porque hay creencias que sobrepasan mi capacidad de comprensión— nadie debería tomarse la libertad de quitarte las esperanzas. Esa, a veces, podría ser la última —y por eso la mayor— crueldad. El camino del desengaño se recorre solo, se aprende solo aunque muchos vayan a tu lado. Pero también, a veces llevamos cosas tan adentro, tan metidas en la médula de los huesos, tan enterradas en lo profundo de la conciencia y la inconsciencia, que son como verdades que te salvan o te pierden, aun en el último aliento de tu vida. Que te salvan o te pierden para la muerte pero que una sola palabra bastaría para la resolución. A decir verdad —pactemos en que podemos decir algunas—, todos aspiramos y necesitamos redención. Y la redención se trabaja para uno y por uno mismo. Tal vez consiste en aferrarse a verdades o en liberarse de ellas, no olvidemos que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. Creo tanto en la enmienda de los errores como en el arrepentimiento, aunque a fin de cuentas el segundo no sea un sacwrificio ni un resarcir, sino lo único que tenemos cuando ya no hay nada que hacer. Sin embargo, el deber nuestro es enmendar, o al menos intentarlo. Y los errores no se enmiendan con un “Padre Nuestro” y Tres Ave María”, sino que se pagan con creces. ¿Cuáles serán estas? Solo uno sabe. 

El padre Rentería, el de la región de Comala, el de la novela Pedro Páramo (1955) de Juan Rulfo, le quitó las esperanzas de redención a muchos de los pecadores de su pueblo y al hacerlo, descubrió que perdía las suyas. Llegó a sentirse un hombre malo. Le faltó el sueño, se sintió culpable. El padre Rentería, entre otras cosas, fue inmisericorde, no intercedió por los pecadores para con Dios. Les negó la calma, el perdón, la paz; él, quien se supone era el más cercano a Dios de entre todos los demás habitantes de ese pueblo fantasma. Él, que debía ser la única certeza, la llave para la liberación sosegada de ese mundo tan arruinado, tan consumido, le aseguró a Dorotea que por sus pecados jamás conocería la Gloria. “Que ni siquiera de lejos la vería…”. Ella sabía que había sido cosa de sus pecados, pero él no debió habérselo dicho, porque “Ya de por sí la vida se lleva con trabajos. Lo único que la hace a una mover los pies es la esperanza de que al morir la lleven a una de un lugar a otro; pero cuando a uno le cierran una puerta y la que queda abierta es nomás la del Infierno, más vale no haber nacido…”. La salvación y la condena al final, tal vez, solo dependan de una palabra. Por eso, el día cercano a nuestra muerte, ojalá tengamos cerca a un Amigo, sólo él nos abriría las puertas del cielo.

Volé a Aruba y aterricé, casi, en Puerto Rico

Por Beatriz Llenín Figueroa/Especial para En Rojo

Hay papiamento y un multilingüismo cohabitado que corre al ritmo del torrente de vida, traspasando los palacios y los saiclonfen y los alambres de púa y los turistas english-monolingües y las murallas y el abandono y la traición. Hay una alegría de carnaval y la persistencia de lugar pequeño, manoseado, saqueado, violentado, pero, por lo mismo, siempre incomprensible para la gramática del poder, secreto, escondido, en pie.

En Aruba hay una ristra de hoteles como palacios en el litoral.

Hay otra hilera de hoteles, de más baja escala, un poco más allá y aun otra un poco más acá.

Hay minas de oro abandonadas.

Hay plantaciones de sábila derruidas.

Hay refinerías de petróleo vueltas monstruos venenosos del huido capital.

Hay campos militares con altísimos saiclonfen y rollos de alambre de púa.

Hay campos de golf con altísimos saiclonfen y rollos de alambre de púa.

Hay un par de cuadras como set de película, frente al muelle donde aparcan los cruceros, con frontones de brillantes colores, tiendas de diseñador y un colosal embuste por bienvenida.

Hay letreros de propiedad privada frente al mar.

Hay un imperio holandés al que atención crítica debemos.

Hay un vaivén diario de moles de turistas con su pinta de turista y su actitud de turista y su violencia de turista y su inconciencia de turista y su estupidez de turista.

Y hay una línea, negra por un lado y blanca por el otro, que al pretenderse invisible se vuelve más real. 

La máscara blanca de los hoteles, las minas, las plantaciones, las refinerías, los campos militares, los campos de golf, el puerto de los cruceros, el imperio holandés, los moles de turistas, toca sin tocar la piel negra de una honda pobreza hecha de zinc, varillas y jirones. 

La vulgar opulencia blanca, que siempre se va, reclama el mar como propio. A su lado, la economía negra remonta a diario la traición de la antigua promesa de bienestar. 

Con cada boom de negocios en Aruba, cuyo bust está previamente asegurado, hay también poblaciones que van y vienen, que llevan décadas viniendo y yéndose, no por la movilidad del dueño, sino por la del peón. Me cuentan que hay mucha gente colombiana y mucha gente venezolana y mucha gente de otros países caribeños. Conocí a una mujer dominicana con quien compartí largos ratos de plática. Los cuentos de su vida trashumante son mitad espeluznantes, mitad las historias más dignas que jamás se hayan contado. 

También me cuentan que hay muchos accidentes fatales, sobre todo, al cobijo de las noches profundas, porque no caben los carros ni las adicciones ante tanto dolor sin perspectiva de futuro. Una enfermera de ambulancia a quien conocí me lo confirma.

En Aruba, por otra parte, hay cabras libres en los redondeles de las calles. Hay una exuberancia desértica en una región mercadeada como tropical paraíso. Hay papiamento y un multilingüismo cohabitado que corre al ritmo del torrente de vida, traspasando los palacios y los saiclonfen y los alambres de púa y los turistas english-monolingües y las murallas y el abandono y la traición. Hay una alegría de carnaval y la persistencia de lugar pequeño, manoseado, saqueado, violentado, pero, por lo mismo, siempre incomprensible para la gramática del poder, secreto, escondido, en pie.

Ya no quiero que me insistan –derechas o izquierdas– que mire a otra parte, más arriba o más abajo del Ecuador. Volé a Aruba y aterricé, casi, en Puerto Rico. Es esto lo que quiero –y debo– mirar.

“Ataque de Nostalgia”

Anécdota del hijo menor de Roque Dalton, Jorge Dalton, 

sobre uno de los viajes de su padre

Por Jorge Dalton

En 1971 mi padre hizo un viaje espectacular a China y Corea del Norte. Kim Il Sung, el primer ministro norcoreano había extendido una invitación para que participara en los festejos por el aniversario de la fundación de la República Democrática de Corea. Para esto, tuvo que hacer un largo recorrido en avión desde La Habana a Alemania y de ahí a Moscú. Más tarde atravesar durante más de una semana gran parte de la Unión Soviética por medio del Expreso Transiberiano.

Recuerdo que regresó muy sorprendido por diversas razones. A pesar de su admiración por la Revolución China y Coreana le pareció sumamente exagerado y absurdo la manera en que los dirigentes de estos países conducían a sus pueblos. Principalmente en Corea del Norte en que la racionalización era de tal manera que hasta el cine estaba racionado. Los núcleos familiares tenían derecho de asistir a una sala de cine una vez por mes y ver sólo películas realizadas en los países socialistas.

El teatro por su parte, se centraba en las historias de la lucha del pueblo coreano en contra de la invasión japonesa o durante la guerra contra Estados Unidos en que los actores que hacían de japoneses o norteamericanos eran artistas sancionados por supuesta mala conducta o que en algún momento tuvieron una “actitud burguesa”. Hacer de “malo” o de “enemigo” en una obra teatral o en el cine, era una deshonra y un castigo. La literatura sólo reflejaba los temas de la construcción del socialismo, la historia de los grandes dirigentes comunistas y extensos manuales de filosofía marxista.

No había periódico, libro o revista en que apareciera el Primer Ministro Norcoreano al que se nombraba en el pie de foto como: “Sabio y glorioso Camarada Kim Il Sung, Lider Paternal, Sol de la Nación, Comandante de Acero, Primer Ministro del Gabinete de la República Popular de Corea, Fundador del Partido Comunista, Fundador de la República Democrática de Corea y Líder indiscutible de los 40 millones de coreanos, estrecha la mano de una anciana a la entrada de una fábrica”, idem “Inaugura hospital”, idem “saluda a los trabajadores”.

Nunca olvidaré una de las tantas películas coreanas que vi en Cuba y que mi padre me llevó a ver al Cine Riviera y creo que se llamaba: “Mar de fuego”. En una escena en que él ejército norteamericano (por supuesto, los actores eran coreanos) habían masacrado una aldea de campesinos. Los principales oficiales tomaban whisky y casi toda la tropa aparecía borracha, otros en primeros planos mascaban chicle y fumaban cigarros Malboro en actitud prepotente y triunfalista. Mientras uno de ellos miraba a través de unos prismáticos. Un corte y del otro lado, las tropas de Kim Il Sung, entonando himnos, avanzaban a todo dar con banderas rojas, bayonetas caladas y fusiles AK-47. El oficial norteamericano lleno de pavor tiró los prismáticos y comenzó a gritar a los demás gringos: “¡Huyamos como ratas! ahí vienen las hordas del invencible ejército rojo, al mando del mariscal Kim Il Sung, “Sabio y Glorioso Camarada, Líder Paternal, Sol de la Nación, Comandante de Acero, Primer Ministro del Gabinete de la República Popular de Corea, Fundador del Partido Comunista y líder de los 40 millones de coreanos.¡¡¡Sálvense quien pueda!!!

La capital de Corea del Norte, Pyongyang se diseñó, de una forma, que una vez construida la estatua del máximo líder sus proporciones eran descomunales y se podía divisar desde cualquier sitio de la ciudad. Si uno encontraba un lugar en el que no se lograra ver el monumento, ponía en duda el trabajo realizado por los arquitectos y escultores.

A mi padre se le ocurrió contar a varios miembros de la delegación latinoamericana que había descubierto una calle en que no se veía la estatua de Kim Il Sung. Esto llegó a oídos del oficial coreano responsable de la atención a los delegados e inmediatamente se lo llevaron para tratar de localizar el lugar. Dieron vueltas de un lado para otro durante más de tres horas, mi padre cagado de la risa, dando pistas falsas y repitiendo constantemente que no recordaba con exactitud a una comitiva de más de 20 coreanos idénticos que terminó por extenuar.

El culto a la personalidad fue lo que más le impactó. Nos contaba de cómo todas las delegaciones invitadas a los festejos, caminaron 11 kilómetros para ver una piedra donde Kim Il Sung jugaba “de barco” cuando el “Sabio y Glorioso Camarada”, tenía 6 años de edad. 

Mi padre regresó al “Socialismo caribeño”, bastante distante del asiático y el europeo, cargado de regalos en su mayoría libros y posters gigantescos, en los que un soldado, un marino, un obrero y un maestro portaban un fusil AKM, una clásica estética del llamado “realismo socialista”. Pegó uno de los poster en la terraza de nuestra casa, diciendo a todo el mundo que el marino se parecía a Regis Debray y el campesino a Roberto Fernández Retamar.

Pero el regalo más preciado fue una réplica del uniforme que “El Comandante de Acero” utilizó en sus campañas militares en contra de los norteamericanos, obsequiado a los participantes. Muchas veces algunos amigos visitaban nuestra casa y mi padre los recibía disfrazado de Kim Il Sung.

Una tarde regresé de mi escuela que casualmente se llamaba “Nguyen Van Troi”, el héroe vietnamita fusilado por el ejército norteamericano a principios de los años 60s; Toqué el timbre de la puerta y me abrió mi papá parado firmemente con aquél traje, ordenándome con un saludo militar: “¡Camarada Jorge! El pueblo de la República Popular de Corea por medio de su máximo dirigente, el indiscutible líder de los 40 millones de coreanos, el glorioso Camarada Kim Il Sung, le asignan una misión especial por la cual será condecorado con la orden máxima de Héroe de la República Popular de Corea”. 

Entré sin hacerle mucho caso pues en la sala se notaban las huellas de que algunos de sus amigos habían pasado con dos botellas de ron “Matusalén”. Pero con tal de que no me jodiera como siempre hacía, decidí cumplir la misión encomendada por el “Sabio y Glorioso Camarada Kim Il Sung, Líder Paternal, Sol de la Nación y Comandante de Acero.

La misión consistía en desarmar una puerta y luego utilizarla de puente desde una ventana de nuestro apartamento hasta un techo vecino con el objetivo de llegar hasta un frondoso árbol en el que hacía poco, habían comenzado a brotar los “mangos tiernos”. Ya del otro lado -y que de milagro no se fue de cabeza tres pisos para abajo- me ordenaba en voz baja, susurrando: ¡Compañero Jorge! Quédese vigilando, que el máximo líder regresará cargado de mangos verdes para comer con sal, limón y chile, el pueblo de Corea y su partido, le estarán agradecidos por haber cumplido esta difícil tarea.

Yo sin embargo, estaba loco por que todo terminara. A mis 10 años confieso que yo era un niño con cierto malhumor y por eso mi padre vivía jodiéndome cada vez que podía para ver si yo cambiaba. A esa hora sólo pensaba en que los amigos del barrio me esperaban para jugar “a los pistoleros”. Por fin la misión se cumplió y mi padre se sentó a pelar aquellos mangos verdes cual si se tratase de una comida tan apetitosa como una langosta o un faisán. 

Ya me dirigía hacia donde mis amigos cuando de pronto tocaron a la puerta. Era nada más y nada menos que la Policía Nacional Revolucionaria que acudía al lugar después que varios vecinos habían denunciado que un individuo saltó de techo en techo vestido de un raro uniforme militar. Automáticamente pensaron que se trataba de un ladrón o un “infiltrado imperialista”. Y yo me dije: “Ahora si se jodió la cosa, mira que yo paso trabajo para jugar carajo, seguro ahora hay que ir para la estación”

Aun vestido de Kim Il Sug y mordiendo un mango con sal y limón, mi padre se disculpó con el oficial de policía, un negro alto, buena gente que no dejaba de tragar en seco y con el rostro encogido, sin salir del asombro viendo como el poeta devoraba aquella fruta verde que los cubanos acostumbran a comerla solo cuando está madura. 

Mi padre le decía: “Mire compañero, lo que pasa es que yo soy salvadoreño y en El Salvador se comen los mangos verdes así. Hoy tuve un “ataque de nostalgia” pero le juro que esto no volverá a ocurrir”. El oficial moviendo la cabeza le dijo: “Oye chico pero que locura más grande!!!. Te voy a decir una cosa muchacho, si tu sigues comiendo mango así vas a coger tremenda tifus y te puedes morir, coño!”. Y mi padre le contestó: “Nooo hombre, ya se hubieran muerto de tifus, los cinco millones de salvadoreños!”.

La cosa no terminó ahí, luego que se fue el policía, mi padre sacó su cámara de fotografía soviética y me dijo: “Camarada Jorge, la última misión”: ¿podrías hacerle una foto al camarada Kim? Y con tremendo encabronamiento, esta fue la foto que tomé ese agitado día de Grandes Misiones Revolucionarias, en el balcón de nuestra casa en la calle J No 162 en el Vedado, La Habana, Cuba.

Tomado de Roque Dalton. Archivo digital. rdarchivo.com