Inicio Blog Página 1595

Con COFINA todavía estamos a mitad del juego

Aun cuando la juez Laura Taylor Swain dio su aprobación al plan de ajuste de deuda de COFINA (Corporación del Fondo de Interés Apremiante), eso no significa que el pleito queda cerrado, ya que los opositores formales que comparecieron ante el tribunal tienen derecho a apelar. Entre estos están los bonistas juniors, el representante Manuel Natal, y la organización PROSOL UTIER, junto a cerca de otras nueve organizaciones laborales, señaló a Claridad el licenciado Rolando Emmanuelli Jiménez.

CLARIDAD recogió las declaraciones de Emmanuelli respecto a la aprobación del plan por parte de la juez en entrevista del noticiero de Radio Universidad : “Aquí hay unas presiones muy grandes para la aprobación de estos planes. Por un lado están los acreedores y por otro están las expectativas que se tienen sobre la viabilidad de que la Ley Promesa funcione con Puerto Rico para que entonces se aplique a los estados que, igual que Puerto Rico, tienen problemas financieros’”.

Sobre esta decisión, el experto en casos de quiebra y representante de PROSOL UTIER explicó que también el esquema de la ley de quiebra tiene una inclinación a favor del deudor porque lo que se quiere es darle un nuevo comienzo. Los jueces de quiebra miran con buenos ojos las propuestas del deudor porque parten de la premisa de que eso es lo que el deudor entiende es lo mejor para él.

No obstante, lo que ocurre con la confirmación del plan de COFINA es que tiene muchos problemas jurídicos que, de hecho, la jueza no consideró. “Y si los consideró, los despachó muy livianamente. Eso deja mucha insatisfacción porque hay cuatro planes de ajustes de deuda que están pendientes, y uno de ellos que es fundamental es el de los bonos del gobierno de Puerto Rico”.

El licenciado Emmanuelli Jiménez advirtió y censuró el que la jueza vaya a atender desde la perspectiva de la prisa y del mollero los ajustes de planes de deuda pendientes y expuso que el trámite para la confirmación del plan de COFINA fue uno muy acelerado (de noviembre hasta el pasado cuatro de febrero), por lo que muy poca gente pudo oponerse y presentar argumentos desde diferentes perspectivas. “No me gustaría que esto sea un precedente para manejar los casos que quedan, con la misma prisa y con el poco rigor con que se aprobó este plan de ajuste de deuda”, expresó.

En posterior entrevista con CLARIDAD, Emmanuelli indicó que luego de la deuda de COFINA todavía están por discutirse ante la sala de la juez Taylor Swain la deuda de los bonos generales del gobierno de Puerto Rico (conocidos como los GBO), la deuda de la Autoridad de Carreteras (AC), la de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) y la del Sistema de Retiro de Empleados del ELA (SEELA). Comentó que aunque no se sabe en qué orden la JCF pueda someter los casos, hay gente que dice que la Junta quiere someterlos antes del verano, dado a que en ese tiempo se supone que acaben sus términos y hayan alcanzado los “objetivos de Promesa”. La ley PROMESA dice que los casos se tienen que ver con celeridad.

En cuanto a la decisión de la JCF de solicitarle a la juez que declare inconstitucional $6 mil millones de la deuda de los GBO, Emmanuelli advirtió de que esto podría ser una medida de presión de la Junta para llegar a un acuerdo de alguna reducción con estos acreedores, entre unos tres mil, cuatro hasta cinco mil millones, y someterlo al mismo trámite que se hizo con COFINA.

En cuanto a qué reflexión o resumen podría hacer sobre los pleitos planteados ante la juez a la luz de COFINA, Emmanuelli Jiménez, expresó que si se fuese a ver como un juego de béisbol de nueve entradas, “todavía estamos como a mitad del partido”. Explicó que si bien es cierto que ya empezaron los procesos de ajustes de deuda del plan con COFINA (la parte crítica del Título III) todavía hay reclamos de unos pleitos civiles que podrían dar al traste con la decisión de la juez. El primero es que el Tribunal de Apelaciones del Primer Circuito de Boston podría bajar en cualquier momento declarando la ley PROMESA inconstitucional. Segundo, el plan de COFINA se podría apelar y el Circuito revocarlo. Tercero está el caso presentado por las uniones del Fondo Seguro del Estado (FSE) que, aunque está atrasado, también podría dar al traste con la ley PROMESA.“Y el otro punto es que los miembros de la Junta vencen su término en septiembre, así que todavía estamos en una etapa en que cualquier cosa puede ocurrir. Por eso digo que no se tiene claro cuál va a ser el resultado de todo esto”.

Finalmente, Emanuelli planteó que el ambiente de incertidumbre sobre si PROMESA funciona o no tiene un efecto en la economía, además de que las proyecciones económicas de la JCF dependen de la cantidad de fondos federales que lleguen y de la velocidad a que lleguen, lo cual no ha ocurrido como se esperaba. La Junta aún depende de esos fondos para pagar la deuda, los servicios esenciales aún no se han definido y en el plan de deuda de COFINA todavía hay aspectos dudosos.

De Barrio Obrero a Venecia un paso es: Paseo por El orfebre demente de Jaime Córdova*

0. Un poema, una crónica, una ciudad, no son más que lugares. Sitios. A veces podemos decir cosas. Esta cosa reluciente, amarga, brillante gris, que se encuentra al lado del mar o lejos de la costa, según sea el caso. Uno las encuentra o las hace a su manera de vagar. Se toman o se dejan, como todas las cosas que uno encuentra en el camino en el que uno se encuentra a veces a sí mismo. Por una deformación profesional solo voy a hablarles de dos o tres cosas: poesía, crónica y ciudad. Resumo diciendo que son las ciudades de Jaime Córdova. Ponce, Morovis, Brooklyn, Madrid, Islas Canarias, Río Piedras, Luquillo, calle Sol, calle Loíza esquina Calma, y las imaginarias montañas de Madagascar, Estambul, Trieste, Venecia, por mencionar algunas.

Hay una cierta arquitectura en ellas y en todas un solar baldío, a veces tienen una casa con biblioteca y en la biblioteca libros. Como aquellos que quemó Balduino Enrico en San Juan, cuando los holandeses no pudieron tomar la isla, pero hicieron llorar por años al obispo Balbuena. ¿Cuántos poemas se habrán quemado allí? Y con cuantos se ha reconstruido y reconstruido ese islote azul de sal. Jaime Córdova nació en ese Viejo San Juan mucho después y ha visitado ciudades y barrios, como se ha dicho, desde la calle Loíza hasta las Islas Canarias. Alguna vez habrá estado huyendo. Aunque dice Kavafis: “La ciudad te seguirá a donde quiera que vayas”.

1. En el poema “El cisne” de Baudelaire, que sirve de punto partida a sus Cuadros parisinos, nos lleva con ojos sorprendidos a los orígenes de la idea de ciudad. El poema comienza con una imprecación: ¡Andrómaca!…y ahí está Eneas que encuentra a Andrómaca, viuda de Héctor, viviendo el destierro junto a Heleno, que ha construido una pequeñaTroya. Hay hasta un río mentiroso que se parece al que pasaba junto a la ciudad perdida. París es esa ciudad de la memoria y del dinamismo, la ciudad medieval que cambia a ciudad moderna a los ojos del poeta. París es en ese sentido un espacio perdido y un espacio nuevo, un carrusel nuevo y un París viejo. Se resume en dos versos:

El viejo París ya no existe (la forma de una ciudad

cambia más rápido, ay, que el corazón de un mortal.

2. Bolero fundamental que se baila pegado, unión de contrarios, la “forma de la ciudad” y el “corazón de un mortal”, son los ejes de la poesía moderna. Barrio y cambio, esquina y corazón, son por otra parte los tragos inagotables que se toma una figura a lo largo de todo el siglo XX sin que se alance una canción definitiva, un poema definitivo.

La mirada que traza el paisaje de Barrio Obrero al ojo del poeta que es Jaime Córdova elabora en el paisaje unos adornos de preguntas, como en el poema mentado de Baudelaire:

Bannaba nerviosamente sus alas enel polvo,

Y decía, el corazón lleno de su bello lago natal:

“Agua, ¿cuando lloverás¿ ¿Cuándo tronarás, rayo?

Para mí, ese cisne es el objeto, la cosa, lo mismo que la vellonera, apareciendo de repente en un rincón en un cafetín, como en “La vellonera de Santos:, que aparece en el libro Partiré canturreando, donde están esas crónicas de dulce melomanía que Jaime tuvo a bien regalarnos antes.

Y ustedes me van a perdonar pero no importa que género escoja Jaime Córdova, él tiene algunos de los mejores textos que jamás se hayan escrito sobre Santurce, o sobre cualquier barrio no importa donde.

A mi parecer, y estoy dispuesto a probarlo, no esta noche, pero el mes que viene, Jaime es tan buen escritor que escribiendo una crónica ha escrito uno de los cuentos más perfectos de la literatura puertorriqueña.

La crónica literaria generalmente se define como un género narrativo que le debemos al llamado nuevo periodismo inaugurado por figuras escritores como Truman Capote montado a caballo con la literatura. Lo real y lo imaginario contado con herramientas de investigador y poeta. El cronista mexicano Juan Villoro la define como “el ornitorrinco de la prosa”, Y yo no tengo dudas de que en este país no hay criadores de ornitorrincos o cronistas mejores que Córdova.

Por dar un ejemplo, ese Partiré canturreando en el que se puede leer el cuento perfecto: La verdadera muerte de Daniel Santos. Un relato perfectamente literario y genialmente periodístico.

Pero este libro de poemas, El orfebre demente trasciende la crónica por un efecto: la poesía. La poesía como en el cine se dice “efectos especiales”, que eso es el verso y esa densidad tropológica, esa búsqueda sin contemplaciones de la belleza. A mí me gustaría decir que el poemario participa en cierto modo de ese trasfondo de todos los textos de Córdova, no importa el género, el trasfondo sonoro, la música que escuchamos detrás o junto con las palabras.

Qiero decir que leí en este libro muchos tonos, pero quiero detenerme en uno solo. En una sonoridad, que es el bolero. Yo creo que después de leer a Jaime Córdova uno está preparado para hablar de la fenomenología del bolero. Y en la poesía de Jaime hay una macroestructura musical vinculada a la experiencia, dibuja el amor tal como sucede, acudiendo a la memoria y al recuerdo, que no son lo mismo. Como en los boleros.

La poesía de Jaime quiere enunciar la experiencia amorosa pero esta siempre anda por lugares que escapan a la realidad, instaurándose en la fantasía, en la alucinada esperanza del enamorado hasta el despecho y en alguna ciudad o barrio que contiene toda esa enunciación. Casi como si el barrio o la ciudad fuesen o existiesen ahí, en la crónica, en el cuento, en el poema porque uno está enamorado de ese lugar..

El orfebre demente se escribe a partir de preguntas sin respuesta que nos hemos hecho desde que la humanidad es humanidad, como nos dice el siempre lúcido, Guillermo Restrepo H., ¿Qué hago aquí? ¿Por qué tanto misterio? ¿Preguntar está prohibido? ¿La ignorancia es premio o castigo?

Los primeros poemas del libro son eso, un acercamiento lírico, acariciando en un modo de misticismo con luces de alcohol con el aroma de las preguntas:

¿Por qué la caligrafía del rayo

no muestra sus manos?

¿Por qué no ha terminado

la reunión de los silencios?

¿Por qué permanece invisible

el veneno de la adelfa?

¿por qué no me dejé confundir

por el idioma de las nubes?

¿por qué el tránsito violeta no adelanta su visita?

(p.11)

¿Con la cremación se evade el juicio?

¿Cuándo se conocerán las palabras pronunciadas

en las riberas del Ganges?

¿Podemos leer el archivo de las predicciones?

¿El orfebre acepta visitas de peregrinos?

(p.15)

Y entonces el hablante lírico interviene y te contesta o no te contesta.

Hermanos, estos son ejemplos

de incertidumbres turbias,

distracciones innecesarias,

vanidad de querer ser sabio.

(p.15)

Se trata de un testimonio sobre lo que sucede en el amor a través de las palabras y las miradas atravesando lugares/paisajes, unas instancias bolerísticas que involucran al sujeto que ama, al ser amado/la ciudad amada y al mundo isla. Porque hay par de poemas de imaginar esa fulguración que es la patria. Una realidad particular que se universaliza. Narra su propia historia similar a la del otro. Opera de la misma forma que el bolero. La dialéctica de la confesión y la confusión, de la declaración y el ocultamiento, el enamorado necesita la materialización de un significante que remita a una valoración significativa. Y esa ciudad, ese barrio, ese rincón que se revive en el recuerdo:

Barrio Obrero

(…)

hoy he venido a verte,

a saludar los fantasmas de tus esquinas.

Pedirles de regalo dos o tres oraciones.

Casi no te conozco, Barrio Obrero.

Ahora vecindario de balcones apagados.

La pantalla que no calla

te robó las noches,

cerró tus cuatro cines,

desterró de tus calles

la casualidad de un encuentro.

(…)

Barrio Obrero, este es un saludo nublado;

tengo espejuelos de aumento

y guayabera de las guácaras.

Pero todavía yo te quiero

como a un bello bolero casi olvidado.

De aquellos que se bailaban

en tus salas de linóleo.

Y creo que si sigo hablando más lo daño.

*Un versión más larga de esta nota se leyó el 7 de febrero de 2019 en la presentación del libro El orfebre demente en Zayas, placita Roosevelt, ese Aleph. Bibliografía disponible.

Simón Bolívar y Puerto Rico: Acercamiento a una expedición (conclusión)

La oposición al proyecto de Bolívar: los Estados Unidos

El Proyecto de Bolívar y Valero, sin embargo, tuvo sus opositores externos. La expedición no se llevó a cabo porque a ella se opusieron Inglaterra, Rusia y, especialmente Estados Unidos, a quien le preocupaba la futura independencia de Cuba y Puerto Rico, y la liberación de las masas esclavas que esa independencia traería como consecuencia. La política de Bolívar en relación con las Antillas chocaba, de hecho, con los intereses expansionistas norteamericanos.

En 1825, el Secretario de Estado, Henry Clay, señalaba a Joel R. Poinsett, Ministro de Estados Unidos en México, que no era improbable que Bolívar pensara en la conquista de Cuba y Puerto Rico y en ese sentido se concertaría una operación con Colombia y México.

“Los Estados Unidos – le decía en marzo de aquel año – no pueden permanecer indiferentes a tal movimiento. Su comercio, su paz y su seguridad están íntimamente vinculados con la fortuna y la suerte de la Isla de Cuba que no se puede permitir cambios en su condición y relaciones políticas…” 18

Algunos meses más tarde, en mayo del mismo año, Clay decía a su ministro en Rusia, Henry Middleton:

“Debido a la vecindad de Cuba a los Estados Unidos, su valioso comercio y la naturaleza de su población, su gobierno no puede ser indiferente a cualquier cambio político destinado a esa isla. Gran Bretaña y Francia también tienen grandes intereses que deben tenerlas de cualquier cambio.” 19

Estados Unidos desarrolló una serie de gestiones contra el proyecto de Bolívar sobre la independencia de Puerto Rico y Cuba. La correspondencia diplomática de Estados unidos da cuenta de los pasos dados en ese sentido por su representante en México, Colombia y otros países de nuestra América, y de las diligencias de sus agentes en Rusia, España, Inglaterra, Francia y otros países europeos.

El 11 de marzo de 1826 el ministro de Estados Unidos en Rusia envió una nota al Secretaria de Relaciones Exteriores de ese país, Conde de Nesselrode, en la que le informaba que su gobierno había empleado su influencia para perturbar cualquier empresa contra la isla de Cuba y Puerto Rico. El 20 de mayo de ese mismo año, Alexander H. Everett, ministro de Estados Unidos en España, envió una nota al primer secretario de Estado de ese país, en la que exponía lo siguiente:

“Su Excelencia comprenderá que él, propósito de esta comunicación es aconsejar a los gobiernos de Colombia y Méjico no poner en ejecución en estos momentos sus planes de ataque

sobre las islas españolas y de los inconvenientes que podrían resultar de una empresa de esa naturaleza.” 20

Everett, por supuesto, adjuntaba a aquella nota las que el secretario de estado de Estados Unidos había enviado a los gobiernos de Colombia y México.

En efecto, antes de la celebración del Congreso Anfictiónico de Panamá, el gobierno de Washington pedía al de Colombia que suspendiera toda acción libertadora sobre Puerto Rico y Cuba, a lo que este contestó:

“Queremos dar prueba de deferencia en un negocio en que Colombia no puede decidir por si sola, no acelerará , sin grave motivo, operación ninguna de gran magnitud contra las Antillas españolas, hasta que sometida la proposición al juicio del Congreso Americano del istmo (convocado por el Libertador), se resuelva sobre ella por los aliados en la presente guerra.” 21

Más de cuatro meses invirtieron en la discusión los congresistas norteamericanos. Las discrepancias existentes entre los grupos socioeconómicos representados en el senado y la cámara hacían difícil una decisión. Sin embargo, nada golpeaba más a los congresistas que las intenciones de Bolívar de liberar a Cuba y Puerto Rico.

H. Growinshield, quien dirigía el Comité de Relaciones Exteriores, se pronunciará sobre ese punto:

“Si la guerra se continuara, esta isla (se refiere a Cuba) sería invadida por las recién independizadas Repúblicas. Los Estados Unidos tienen comunicación con esas Antillas en conexión con todas las ramificaciones de la industria norteamericana. El morro puede considerarse como una fortaleza en la boca del Misisipi. Si el gobierno norteamericano rehusase concurrir a la Conferencia de Ministros que representan a las Naciones que proyectan dicha invasión, en ese caso él sería el responsable de desastrosas consecuencias, las cuales se hubieran retardando o evitando por medio de nuestra intervención amigable.” 22

En los propios debates se ampliaría la importancia de no permitir cambio alguno en los últimos reductos del Colonialismo español en América. John Holmes, Senador por Maine, preguntaba airado:

“ ¿Podemos permitir que las islas de Cuba y Puerto Rico pasen a manos de esos hombres embriagados con la libertad que acaban de adquirir? ¿Cuál tiene que ser nuestra política? Cuba y Puerto Rico deben quedar como están.” 23

El gobierno de Columbia acordó, finalmente, por medio de su ministro en México, Miguel Santa María, atacar a los españoles en Cuba y Puerto Rico, pero la Cámara Mexicana no aprobó el acuerdo y se desistió del plan. La escuadra colombiana era inferior a la española en las Antillas, que mandaba don Ángel Laborde.

En realidad, Bolívar, después de su vuelta del Perú, nunca tuvo las manos libres para ejecutar cosa alguna a favor de la libertad de las Antillas españolas. Había perdido ya casi todo su prestigio en Colombia, y Colombia demostraba entonces, demasiado evidentemente, su próxima disolución.

El Congreso Anfictiónico de Panamá abrió sus sesiones el 22 de junio de 1826 con la concurrencia de Colombia, Perú, Guatemala y México. No estuvieron presentes por diversas razones Chile, Argentina, Brasil y Estados Unidos. Llama la atención el hecho de que, en las instrucciones dadas a Pedro Gual, ministro plenipotenciario de Colombia, no se incluían los antes dichos propuestos referentes a Puerto Rico y Cuba. Por lo tanto cuando el Congreso terminó sus labores en México, el 9 de octubre de 1828, el importante asunto se había olvidado.24

La historiadora Loida Figueroa se pregunta por qué no se llevaron al seno del Congreso los artículos programados por Bolívar en 1825, cuando ya el presidente James Monroe había proclamado unilateralmente su “Doctrina”, que en uno de sus ítems contrariaba los propósitos enunciados en los antedichos artículos. A renglón seguido se contesta que era conocido que la declaración de Monroe no se hizo por miedo a planes que tuviese la Santa Alianza, sino para congelar la situación de las Antillas hasta tanto pudiese su nación apoderarse de ellas, como Lord Canning, de Inglaterra, que llevaba implícita la prohibición de que Estados Unidos interviniese en Cuba, Monroe se apresuró a proclamar su propia versión en consonancia con sus propios intereses. Monroe no quería, además, que se llevase a cabo la gestión Bolivariana, porque en modo alguno era conveniente que las codiciadas piezas se agregasen a Colombia o a México, ni que fueran tampoco independientes, porque entonces caerían bajo la provisión de no intervención en los asuntos de las naciones libres de América. La doctrina Monroe le dio a España un formidable apoyo a su dominio sobre Cuba y Puerto Rico, que pudo prolongar hasta 1898. 25

Ese mismo año de 1826 había dicho Bolívar, con pesaroso acento, a la comisión de cubanos que le visitó en Caracas, las siguientes palabras:

“No podemos chocar con el Gobierno de los Estados Unidos, quien unido al de Inglaterra, está empeñado en mantener la autoridad de España en las islas de Cuba y Puerto Rico. No obstante, esa determinación nos ha de mantener en constante alarma y nos causará gastos crecidos, a fin de repeler cualquiera tentativa desde esas islas por nuestro tenaz enemigo”. 26

Entendemos nosotros que Bolívar necesariamente se replegó ante el hecho de que la tensión parabélica que existía entonces entre España y Gran Bretaña se desvanecía; y estimó que el empeño era imposible sin apoyo inglés. Así lo relata Mariano Abril basándose en el Dr. Vicente Dávila, Archivero Nacional de Caracas:

“En 1827, ya en Caracas, cuando Bolívar pensó en expedicionar a Puerto Rico, con ánimo de contribuir a su emancipación, se fijó en Valero, que sería uno de los libertadores de su país natal…. ?Por qué fracasó esta segunda intentona de Bolívar? Con fecha de 5 de marzo, escribía al general Urdaneta: ‘No creo, pues, que tenga lugar la guerra, y por lo mismo, tampoco tendrá lugar la expedición de Puerto Rico’ “ 27

Empero, que ese era el plan del Libertador Bolívar, lo comprueban sus manifestaciones a lo largo del periodo de 1824 a 1827 a Izaga, Arango, a los generales Briceño Méndez, Montilla, Padilla, Santander y Sucre. A José Aniceto Iznaga la reitera, a fin de de 1824, lo que le había

dicho en Lima al camaguense José Agustín Arango: “que tenía resuelto echar a los españoles de las Antillas y extinguir para siempre su dominación en América, como se había prometido con su amigo el inolvidable coronel cubano José Rafael Hevas, que heroicamente sucumbió en las filas del ejército colombiano.” 28

En enero de 1827, meses después del Congreso de Panamá, Bolívar desarrolló una febril actividad en sus planes de conquistar la independencia de Cuba y Puerto Rico. Le escribe al general Pedro Briceño Méndez, al general Andrés de Santa Cruz le dice que “parece llegado el momento en que hagamos la deseada expedición a La Habana y Puerto Rico, pues que ninguna ocasión se presenta más favorable”. 29

Ya de regreso en Caracas, Bolívar tuvo noticia de que iba estallar la guerra entre España e Inglaterra, y trato de organizar la expedición a Puerto Rico. El 25 de enero le escribe al general Briceño Méndez:

“La noticia que acabo de recibir de la guerra entre Inglaterra y España, me ha determinado a llevar a efecto la resolución de expedicionar sobre Puerto Rico, y ya comienzo a tomar mis medidas para llevar a cabo esta empresa, útil para el país y gloriosa para nuestras armas. Así usted no debe disponer de Ceres sino ponerla inmediatamente en carrera para que pueda servir en la expedición. El batallón Granaderos debe también ponerse en el mejor pie posible, aumentarse y disciplinarse. Esta expedición nos va a dar la ventaja de hacer más fuerte y duradera la reconciliación en que trabajamos. Aunque no podemos tomar a Cuba, una expedición a Puerto Rico puede y debe hacerse fácilmente”. 30

Dos días después, el 27 de enero escribía a los generales Montilla y Padilla:

“Esta mañana hemos tenido oficialmente la noticia de la guerra entre España y la Inglaterra declarada por ésta a consecuencia de que España no ha querido reconocer la constitución de Portugal. Esta operación de parte de la Gran Bretaña va a tener por fruto el reconocimiento de Nuestra independencia. Es, pues, llegado el momento de que nosotros salgamos al mar y llevemos la guerra a los españoles, arrancándole la isla de Puerto Rico, que no servirá de escala par ir a la Habana, si acaso nos conviene. Pero de todos modos, yo estoy resuelto a hacer una expedición a Puerto Rico que nos dará inmensas ventajas en el interior y en el exterior”. 31

A esas cartas le contestó el general Santander, vicepresidente de la República:

“Magnifico y oportuno proyecto de expedicionar a Puerto Rico. Por la memoria de la guerra se comunica todo lo que pienso ordenar inmediatamente para cooperar a la proyectada expedición. Dispongo de preferencia del batallón Girardot. Aquí está el general Valero, que es puertorriqueño. Cuando lo vea pienso aguijonearlo para que pueda ir”. 32

Ya Valero había recogido en Panamá al batallón Girardot marchando a Cartagena para organizar la expedición (lo cual corrobora lo que Santander dice a Bolívar) y donde debía ser

reforzado con tropas de la guarnición de aquella plaza para seguidamente llevar la guerra a las Antillas españolas.

El 5 de febrero 1827, escribe a Antonio José de Sucre, escribe a Antonio José de Sucre, el Gran Mariscal de Ayacucho, que con él es el más ardiente partidario de una expedición para libertar a Puerto Rico y Cuba, y le dice:

“Después de las primeras noticias que sea recibido aquí sobre la guerra entre Inglaterra y España no hemos tenido ninguna otra…Estos son, pues, los momentos que debemos aprovechar para enviar una expedición a Puerto Rico…Después veremos qué es lo que se puede hacer sobre La Habana”. 33

Lo cierto es que esas proposiciones de Bolívar recibieron la más tenaz oposición de los Estados Unidos. En realidad, las había recibido desde el momento mismo en que Bolívar sometió al Congreso de Panamá la propuesta de expedición a las Antillas. Los enviados de Estados Unidos a ese Congreso llevaron instrucciones terminantes de ponerse a toda acción sobre Cuba, haciendo fracasar el propósito de Bolívar.

Por intereses encontrados, tanto los Estados Unidos como Inglaterra se oponían a toda agresión sobre Cuba. Inglaterra había propuesto a España, que si reconocía la independencia de sus antiguas colonias, se respetaría su dominio en Cuba y Puerto Rico, labor que el ministro inglés Canning venía realizando desde el Congreso de Verona, pues temía que los Estados Unidos, una vez independizados Cuba y Puerto Rico, se apoderaron de esas islas. Los Estados Unidos, a su vez temían que todos esos manejos de Inglaterra no tuvieran otra finalidad que apoderarse de esas colonias o ejercer en ellas su protectorado, siendo preferible para los estadistas norteamericanos que continuasen bajo el dominio de España hasta que el tiempo resolviera el problema.

Resulta claro, pues, que esas naciones se temían las unas a las otras, siendo la base de ese temor la independencia de Cuba y Puerto Rico. Indirectamente todos laboraban para que España conservará su dominio en esas islas. Todas esas causas fueron el motivo poderoso por el que Cuba y Puerto Rico no se independizan al mismo tiempo que las demás provincias de América.

Hay que concluir, forzosamente, que quedó frustrada tan magna empresa de redención libertaria por la acción de Estados Unidos, dirigida por su presidente John Quincy Adams, de oponerse a la expedición y boicotear el Congreso Anfictiónico de las recién liberadas repúblicas convocado por el libertador Simón Bolívar.

Debe ser aceptado también el hecho de que la idea del Congreso de Panamá no fue apoyada por Estados Unidos ya que partía de la necesidad de la federación de repúblicas sudamericanas. No quería verse comprometido ya que era el único país de América que tenía ambiciones territoriales dentro de la misma.

No obstante, aunque parezca que el Congreso de Panamá culminó en un total fracaso, quedaron establecidos dos precedentes en el derecho internacional americano: la reunión de los

Estados, y el concepto de un Liga de Estados entre las naciones libres e independientes del hemisferio. Fue además precursor de las Conferencias de la Haya y de la Liga de las Naciones, fundada después de la primera Guerra Mundial. Los países latinoamericanos se reunieron desde el 1826 hasta el 1889 siete veces, pero sin crear un órgano permanente como había vislumbrado Bolívar.

En 1822, James G. Blaine, de Estados Unidos, se tomó la iniciativa de convocar un congreso con sede en Washington. Debido a conflictos entre algunos estados de América del Sur, la así llamada Primera Conferencia Internacional Americana se vino a celebrar en la capital de Estados Unidos del 2 de octubre de 1889 al 19 de abril de 1890. Antes de dispersarse se había constituido un órgano permanente que se conoce como la Unión Panamericana. Dada la disparidad en el peso específico de las dos Américas, esta liga no correspondía al ideal anfictiónico de Bolívar.

La decisión más importante de esa conferencia fue la proscripción del derecho de conquista del derecho público americano, siempre que estuviese en vigor el tratado de arbitraje suscrito por las naciones allí reunidas. El primer consideración de la resolución declaraba que no existían en América territorios abiertos a conquista. No se dio el paso ulterior de que no debían existir territorios bajo conquista. A esa fecha Cuba había peleado dos veces por su independencia y en Puerto Rico se había levantado en armas en 1868, Grito de Lares, y existía un movimiento separatista. Las naciones latinoamericanas, que ya no tenían que temer represalias de parte España, no hicieron pronunciamiento alguno sobre las dos naciones hermanas que, por su condición colonial, no podían estar presentes en el cónclave. No habiendo dado ese paso a tiempo había que esperar a que, en la Segunda Conferencia Internacional, celebrada en México del 22 de octubre de 1901 a 31 de enero de 1902, no se mencionase en absoluto que Estados Unidos había usado el derecho de conquista al obligar a España a cederle a Puerto Rico, ni que todavía Cuba no había podido proclamar su independencia porque estaba ocupada por fuerzas militares de ese país. No cabe duda de que ese silencio era elocuente manifestación del temor existente hacia Estados Unidos en las dos naciones latinoamericanas. Por no poner las barbas en remojo, dos años más tardes, una de las naciones independientes, Colombia, perdió parte de su territorio, aunque convertido en nación independiente, fue sometido a un tratado injusto que violaba la recién adquirida soberanía. 34

Lo cierto es que la independencia de las Antillas no era realmente una prioridad para el Libertador Simón Bolívar y su gente durante los años de convivencia y colaboración con el General Valero. La prioridad en aquel momento era la Independencia de Perú, no la de Puerto Rico. Puerto Rico y Cuba pasaron a ser simples fichas en el juego de ese dominio político, meras piezas en el ajedrez político de aquellos años.

No obstante, si algo resulta claro, es que Simón Bolívar tuvo en su agenda libertadora la realidad colonial de nuestra Isla y abrigó proyectos para emancipar las Antillas. Las ideas que

acarició el Libertador de liberar a Puerto Rico deben verse como una prolongación de su gloriosa gesta emancipadora de América.

*El autor es profesor universitario

NOTAS Y REFERENCIAS:

1. “Carta de Jamaica”, Kingston, Septiembre 6 de 1815, en Tres Documentos de Nuestra América. Colección Pensamiento de Nuestra América. Ediciones Casa de la Américas, Cuba 1979, 13.

2. Archivo Histórico Nacional, Ultramar, Estado Legajo 5637; y Guerra Sánchez, Pérez Cabrera, Ramos y Santovenia, Historia de la Nación Cubana. La Habana: Editorial Historia de la nación cubana, La Habana, 1952; 41-42, citado en Loida Figueroa: El Caso de Puerto Rico a Nivel Internacional. Rio Piedras: Edit. Edit., 1979, 7.

3. Aurelio Tío, “Simón Bolívar y las islas de Puerto Rico”, en El Mundo, 29 de julio de 1970, 15-B. Véase, además: Juan Augusto y Salvador Perea: Bolívar en Vieques. Sociedad Bolivariana de Puerto Rico, 1970, 3-7. Loida Figueroa, “Puerto Rico y el sueño bolivariano respecto a la América Latina”, Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, Año XXIV, 87, enero-marzo, 1985:40.

4. Aurelio Tío, Op.cit.

5. Demetrio Ramos Pérez, Bolívar en las Antillas: una etapa decisiva para su línea política. Madrid: Real Academia de la Historia. Madrid, 1986, 47. El documento en cuestión se encuentra en el Fondo de Gobernador Españoles, caja 232. Archivo General de Puerto Rico.

6. Antonio del Castillo, Antecedentes del Panamericano. Bogotá, Colombia Editorial Iqueima, 1956, 15.

7. Véase Jorge Quintana, “El Plan para la independencia de Puerto Rico del General Antonio Valero de Bernabé”. Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, Año VI, No. 18, San Juan, Puerto Rico, enero-marzo, 1963, 6-11.

8. José Enrique Ayoroa Santaliz, Disertación leída el 25 de octubre del 1998, en el Paseo de los Próceres, en la ciudad de Fajardo, en ocasión de la conmemoración del natalicio del General Antonio Valero.

9. Mariano Abril, Antonio Valero: un Héroe de la Independencia de España y América. San Juan, Puerto Rico: Instituto de Cultural Puertorriqueña, 1971, 146.

10. Ibid. Véase además “Bolívar y la Emancipación de Cuba y Puerto Rico”. El Águila de Puerto Rico, Vol. XXVII, 3, 6, 7. No. 8, 066, 4 de enero de 1930.

11. Véase en Mariano Abril, Op.cit., el capítulo “Valero y la Independencia de Puerto Rico”, 141-152.

12. La circular convocando a los Gobiernos de la Repúblicas de Américas, la firmaba Bolívar en Lima, Dic 7/24 -, y la dirige a Guatemala, Buenos Aires, Chile y el Brasil. “Proyectos Panamericanos” (1894). Véase: Emilio Roig de Leuchsenring,

13. Bolívar el Congreso Interamericano de Panamá y la Independencia de Cuba y Puerto Rico. La Habana, 1956.

14. Conferencias Internacionales Americanas. Washington, D.C. Dotación Carnegie para la paz internacional, 1938, XXVII citado en Loida Figueroa. Op.Cit.

15. Bolívar, “A los señores ministros y Plenipotenciarios de Colombia en el Congreso de Panamá”, en Hispanoamérica en Luchas por su Independencia México, 1950,

67. Véase, además: Daniel Florencio O’Leary, El Congreso Internacional de Panamá en 1826. Madrid: Editorial América, 1920; y Edgardo Pratts Rivera, “El Congreso de Panamá, 1826: Estados Unidos contra la libertad”, Suplemento En Rojo, Claridad, 1976, 8-9.

16. Emeterio S. Santovenia y Echaide, Bolívar y las Antillas Hispanas. Madrid: Espasa-Calpe, S.A., 1935-36.

17. Carta de Bolívar al general Santander, vicepresidente de Colombia, fechada en Lima, a 20 de diciembre de 1824, en la que da la noticia de Ayacucho. En, Cartas del Libertador, No. 1.142, IV, 220-224.

18. Manuel Pérez Vila, ed., Bolívar y su época, cartas y testimonios de extranjeros notables. Caracas, 1953, Vol. 2, 153-156.

19. Isidro Fabela, Los Estados Unidos contra la libertad. Barcelona, España: Estudios de Historia Diplomática Americana, 1950, I: 26.

20. Ibid.

21. Ibid., 27-28.

22. Ibid., 32. Véase, además: Ezequiel Ramírez, Monroísmo y Bolivianismo en América Latina. Buenos Aires: Ediciones Atahualpa, 1957, 106.

23. Isidro Fabela, Op.cit., 33

24. Ibid., 34.

25. Ibid., XXVII-XXXIII.

26. Loida Figueroa, OpCit.

27. Emilio Roig de Leuchsnring,Op.Cit., 196.

28. Mariano Abril, Op.cit., 149.

29. Ibid.

30. Ibid., 148

31. Ibid.

32. Ibid., 149.

33. Ibid.

34. Emeterio S. Santovenia y Echaide, Op.cit., 39.

35. Loida Figueroa. Op.Cit. 11-12.

“In passion we trust”

Hace falta que más personas en el mundo hagan lo que les apasiona. Quizás, la situación fuera distinta y la realidad no tan dura si ése fuera el caso. Hace falta más música, pintura, poesía, colores, palabras… hace falta más humanidad.

Algunas semanas atrás pude conversar con Andrés Melendez Carbonell, luego de haber llegado hasta su colorido perfil de Instagram (@andrusno) y escribirle a través de esa red social para realizar una entrevista y conocer sus trabajos tanto como diseñador gráfico, ilustrador y pintor.

Desplazándome por su perfil, los mensajes que acompañan sus trabajos me llamaron la atención, además de que me gusta la combinación de texto y pintura, lo que es parte de su estilo y marca.

“In passion we trust”, “Good decisions”, “Expectation Kills”, “Burning desire 2 win”, son algunas de las expresiones que, acompañadas de colores brillantes, transmiten insistentemente una inquietud en el joven y cuyo origen coincide con el momento en que aceptó que el arte era todo lo que le apasionaba y a lo que quería dedicarse.

“Mi trabajo se empezó a basar en lo que yo estaba pasando, las cosas que quería hacer, mis dudas, miedos, mi historia como estudiante”, relató.

Melendez, entró a la universidad y comenzó a tomar clases de biología con la expectativa de estudiar medicina según le habían recomendado, así cuando terminara podría conseguir un trabajo estable. Pero se sentía descarrilado, no le llamaba la atención y pensaba que no era justo estar en un salón de química pasando las de Caín.

En ese momento quiso crear su marca de ropa por lo que decidió irse a estudiar diseño gráfico en la Universidad de Puerto Rico (UPR), en Carolina, donde aprendió sobre ilustración digital, creación de marcas (branding), logos.

“Mi punto de vista sobre del diseño era cómo lo puedo aplicar en el arte y no viceversa”. De esta manera, Melendez, comenzó a experimentar con los programas de ilustración y a mezclar lo aprendido en diseño gráfico con el arte pictórico. El resultado fue la caricatura de un billete de $100 y la cara de Benjamin Franklin rodeada por la frase mencionada antes: “In passion we trust”.

El significado del billete, según explicó Meléndez, era su modo de pensar en medio de aquella crisis existencial que atravesaba mientras estudiaba biología en la UPR de Arecibo. “Quizás no me va a ir mal haciendo lo que me gusta. Voy a creer en esto que quiero hacer y el dinero llegará”, pensaba.

“Tampoco quiero que mi narrativa parezca como que todo es bello, no, el mundo puede ser cruel y la vida difícil, pero el ser humano tiene la capacidad de levantarse, de ser resiliente y hacer lo que quiere”, dijo el joven de 22 años.

Resumió su idea en la preocupación de que las personas tomen decisiones importantes en la vida basándose solamente en el dinero y no en las cosas que aman.

En cambio, le comenté que de primera intención había interpretado su trabajo como una crítica directa a ese afán de la sociedad actual por el dinero y el consumo desesperado. Sin embargo, luego de la explicación pienso que esa es la otra cara de la moneda por así decirlo. Mientras yo tomé el significado como una crítica literal entiendo que Melendez se refiere mas bien a la forma en que se consumen los espíritus en la modernidad tardía.

La nada que contamos

… “los acontecimientos nunca son la historia.

Ni siquiera los hechos son la historia.

La historia es la corriente invisible que mueve todo en el fondo.”

No contar todo

Emiliano Monje

Por Reinaldo Pérez Ramírez

Especial para CLARIDAD

rei_perez_ramirez@yahoo.com

Somos animales de historias. Sobrevivimos en la carrera evolucionaria de las especies porque aprendimos a contarlas con ruidos guturales y ademanes primero, con signos pictóricos después, al regresar a la cueva donde nos esperaban las madres de nuestros hijos luego de haber sobrevivido al ataque del tigre diente de sable que acechaba cuando cazábamos el mamut que nos habría de alimentar durante el invierno. Nuestra genética hipotalámica aún conserva esos genes. Esa capacidad para contar y escuchar historias nos salvó y nos define aún como especie “victoriosa” frente a otras. Nos trajo hasta hoy, cuando hemos puesto en peligro esa misma sobrevivencia al hablar demasiado, demasiado rápido, demasiado mucho de nada importante –demasiados demasiados– mayormente a través de imágenes seleccionadas rigurosamente: aquellas que queremos que vean quienes sabemos las verán y nos enviarán las que ellos quieren que veamos, seleccionadas por ellos con el mismo afán.

El problema es que en algún momento se fracturó el proceso de contar historias que nos permitió la sobrevivencia. Porque la pulsión genético-evolucionaria que nos predispone a contarlas ha sido usurpada por un mundo que nos impone la imagen sobre la palabra, excrecencia tenebrosa, daño colateral del neoliberalismo. Es una paradoja: nos creemos nuestra propia narrativa, aún cuando sabemos que –al no ser hablada y mucho menos escrita– es falsa y arbitraria .

En una colonia como Puerto Rico, el problema es tanto peor. Las distorsiones entre las narrativas que adoptamos y compartimos son –por razones evidentes– espejismos fantasmagóricos. Practicamos una sobrevivencia diaria sin ilación alguna con el tiempo histórico. En este país que ya casi no lo es, contemplamos inmóviles cómo se implosiona nuestra institucionalidad. Para salvarnos, inventamos/creemos la historia falsa y truculenta de las imágenes que se nos venden. Se destrozan las instituciones que consideramos herencia lapidaria, irrelevante. Aunque la verdad nos duele como un absceso purulento en la encía de una boca que ya no habla ni cuenta historias, no nos damos cuenta de que los dedos solo textean, wassapean, twitean, feisbukean e instagramean, sobre todo esto último. Nuestra realidad inmediata se ha convertido en escatología fenomenológica.

Nos creemos la historia mirada desde el poder más inepto, cual “happy colonials”. Ocultamos la angustia desde la realidad falsa que “observamos” al mismo tiempo que nos narra. Esa pseudoconsciencia colectiva que pensamos nos permitirá sobrevivir esta asentada, por diseño desde principios de siglo, en anhelos de cotidianidad sustentada, como el ayuno de la papa y la zanahoria. La herencia colonial la negamos a sabiendas porque nos duele, aunque todavía no nos convoca. Es el fantasma ominoso que recorre la nada que contamos, oculta, como está en la corriente invisible que mueve todo en el fondo.