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Una deuda inconstitucional

Por Cándida Cotto/ CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

La portavoz del Frente Ciudadano por la Auditoría de la Deuda (FCAD) licenciada Eva Prados Rodríguez señaló como “un solo paso positivo” la decisión de la jueza Laura Taylor Swain de escuchar los planteamientos presentados por la Junta de Control Fiscal (JCF) y el Comité de Acreedores No Asegurados (CANA) de que declare inconstitucional $6 mil millones de deuda de los bonos de obligación general (GOB, siglas en inglés) del gobierno de Puerto Rico.

La vista ante la juez del gobierno de Estados Unidos, que atiende los casos de quiebra del gobierno de Puerto Rico, bajo el Título III de la Ley Promesa, se dio en la ciudad de Nueva York, el miércoles 30 de enero. La petición de declarar nula esa parte de la deuda fue presentada el pasado 14 de enero por la JCF y el CANA.

En reacción a los resultados de la vista, a preguntas de CLARIDAD, Prados Rodríguez aceptó que era un paso positivo el que la juez haya dado oportunidad a que se discutan los planteamientos constitucionales sobre la deuda. Agregó que lo importante es que la juez no los descartó, ni obligó a las partes a sentarse a negociar sin permitir que se presentaran argumentos sobre la ilegalidad de esta deuda, que era algo que se temía fuese a hacer Taylor Swain.

Violaciones a la Constitución

El día de la vista en Nueva York, grupos de la diáspora puertorriqueña llevaron a cabo una manifestación frente a la sede del tribunal en reclamo de que declare nula la deuda. Al mismo tiempo, aquí en la isla, miembros de la Comisión Ciudadana para la Auditoría Integral del Crédito Público (CCAICP) ofrecieron una conferencia de prensa frente al Tribunal Federal, para hacer el mismo reclamo.

El profesor de Derecho Constitucional e integrante de la Comisión Luis José Torres Asencio indicó que la deuda que se está objetando son las últimas tres emisiones de GBO: dos hechas bajo la administración de Luis Fortuño en el 2012 y la última emisión de marzo de 2014, bajo la administración de Alejandro García Padilla. En total, se solicita que se declaren nulos sobre $6, 233 millones en GBO de la deuda del gobierno de Puerto Rico, la que para agosto del 2018 ascendía a un total de poco más de $13 mil millones.

“Así que estamos hablando de una tajada significativa”, expresó Torres Asencio. Los argumentos principales que han empleado la JCF y el CANA para solicitar la anulación de esa deuda son de rango constitucional. El primero es que la deuda viola el límite constitucional establecido. La Constitución de Puerto Rico establece que las emisiones de bonos para un año, sumados al pago de la deuda y sus intereses para ese año, no pueden exceder el 15% del promedio de los recaudos del gobierno durante los dos años previos. Esta es una fórmula que se incorporó a la Constitución el 1961. A su vez, se aumentó el límite constitucional de 10 al 15%.

El planteamiento de la JCF y del CANA —añadió Torres Asencio— es que el gobierno burló ese límite constitucional en esas emisiones de bonos al omitir la deuda de la Autoridad de Edificios Públicos (AEP), deuda cuyo pago también estaba garantizada en la Constitución con los recaudos de los impuestos del gobierno; por ende, tenía que utilizarse acorde con ese cómputo. Al incorporar a ese análisis la cantidad de sobre $4 mil millones de la deuda de la AEP, la JCF y el CANA determinaron que la violación al límite constitucional de la deuda comenzó en el 2012.

Torres Asencio también trajo a la atención que la comisión anterior para la auditoría integral (se refiere a la comisión que fue eliminada por el gobernador Rosselló Nevares), había publicado un informe en junio de 2016 donde recogía estos argumentos y planteaba que la violación al límite constitucional de la deuda no solo se estaba dando en esas emisiones, sino que posiblemente comenzó mucho antes. Agregó que, de hecho, en el informe que publicó la

El segundo argumento que utiliza la JCF para reclamar la anulación de esas emisiones de bonos es que estos fueron utilizados para pagar el déficit estructural presupuestario del gobierno. Según Torres Asencio, ese es un argumento muy importante que también la Comisión original planteó en su informe de junio de 2016 y que la Comisión Ciudadana también ha acogido, ya que desde el 1974, cuando el entonces secretario de Justicia de Puerto Rico (Francisco De Jesús Schuck) emitió una opinión concluyendo que las emisiones de bonos sí podían ser utilizadas para cuadrar el presupuesto, el gobierno ha estado incurriendo en esa práctica.

A juicio de la Comisión Ciudadana, si la JCF está reconociendo que esa práctica violenta la Constitución de Puerto Rico, se tiene que exigir que se anulen todas las emisiones de bonos que han sido utilizadas para financiar el déficit estructural que viene arrastrando el país.

No obstante, al reconocer que la petición de la JCF y el CANA es un primer paso muy importante, el portavoz de la Comisión Ciudadana hizo hincapié en que todavía es necesaria una auditoría ciudadana de la deuda, integral e independiente, para seguir dándole fuerza a estos argumentos. Reiteró que hay que exigir a la juez Taylor Swain que comience por la anulación de esas tres emisiones.

A preguntas de CLARIDAD respecto a qué otros argumentos podrían presentarse ante la juez, señaló que, por ejemplo, en el informe de junio de 2016 de la Comisión se hablaba de que otra práctica que podría violar otra disposición constitucional es que la Constitución exige que el repago de una deuda no exceda los 30 años, salvo en el caso de deuda de vivienda. Esta puede ser a 40 años, pero ahora mismo Puerto Rico no está pagando deuda relacionada con vivienda. Señaló que, por décadas, el gobierno de Puerto Rico incurrió en la práctica de que cada vez que vencía una cantidad razonable de un pago de una deuda, esta se refinanciaba, con lo cual se extendía la vida de esos préstamos.

Aunque dijo que este es un argumento que todavía no se ha empleado ante la juez Taylor Swain, le parece que podría considerarse. Aun cuando la constitución dispone que el repago máximo de una deuda sea por 30 años, en los acuerdos que está negociando el gobierno de Puerto Rico y JCF todos parten de la premisa de que el repago va a ser a 40 años.

Otro planteamiento alternativo que dijo se recoge en la moción es sobre unos descuentos que se estaban dando en las mismas emisiones de bonos, por los que se reclamaban unos intereses futuros. Sobre esta práctica el Código Federal de Quiebras ha resuelto que esos intereses no son asegurados, no se pueden reclamar de la deuda. Mientras, la Junta y el CANA están reclamando que se les exima del pago de sobre $230 mil millones. Hizo la observación de que este es un argumento a presentarse ante la eventualidad de que el tribunal rechace los otros argumentos. Aun así, los argumentos más importantes son los constitucionales, recalcó.

A la interrogante de cómo es que la objeción a la deuda de estas últimas tres emisiones de bonos sale del informe encomendado por la JCF a la firma de Kobre & King, y no sale ninguna otra, Torres Asencio afirmó que “así es”. Comentó que el informe de esa firma cita a su vez el informe de la Comisión para la Auditoría Integral del Crédito Público de manera bastante cínica. Deja en manos de organizaciones como esa comisión el litigio sobre la constitucionalidad de la deuda. Añadió que aun cuando el informe de Kobre & King se abstiene de pronunciarse sobre los aspectos constitucionales de la legalidad de la deuda y evade el tema, sí contiene un capítulo sobre la deuda de la AEP con argumentos a favor de incluir los $4 millones dentro de los límites constitucionales. A eso es que quiere la JCF incorporar su argumento.

Torres reparó en que el CANA llevaba tiempo presentando este argumento al tribunal y que tanto el CANA como la Comisión Ciudadana sostienen que el cómputo que está haciendo la JCF es insuficiente: “Es mucho más la deuda que se le imputa al gobierno de Puerto Rico, que violó ambas cláusulas constitucionales; por ende, se debe reclamar su anulación al tribunal”.

Portada En Rojo

Una nota para un 11 de enero

¨Hay momentos en el reloj que son siglos en el alma¨

Eugenio María de Hostos

El pasado 11 de enero, viernes, con motivo del 180 aniversario del más universal de los puertorriqueños, Don Eugenio María de Hostos, Rafín Baerga Vaquer, Francisco Hernández Ortega y quien suscribe salimos a las seis de la mañana hacia Mayagüez. Hicimos la parada obligada en El Buen Café.

A eso de las nueve de la mañana arribamos a la ciudad cuna de Hostos y de Juan Mari Brás. Pocos minutos después comenzó la actividad protocolar frente al Monumento de Eugenio María de Hostos, en la Plaza de la Fuente, frente a la entrada del Colegio de Elliott Castro.

Pensábamos que ese día la única actividad en el mundo sobre Hostos sería la auspiciada por el Gobierno Municipal de Mayagüez. Como diría Rafín, escuchamos una Conferencia Magistral de verdad. Estuvo a cargo de la eminente historiadora dominicana, Dra. Luisa Navarro. Una conferencia profunda, divertidísima y breve. ¿Qué más se puede pedir? Pues hubo más. Un desfile de hombres y mujeres intelectuales dominicanos dejándonos saber cuán grande ha sido y es Hostos para ellos y para el mundo. El actor Ariel Cuevas nos sorprendió a todos cuando inició su también magistral interpretación del monólogo: Hostos regresa a Mayagüez, de la autoría del Licenciado Alberto Medina Carrero.

No es mi intención abrumarlos con detalles, pero se trató de un acto protocolar sencillamente hermoso, conmovedor. En un momento pensé: “qué pena que no haya participación y representación de jóvenes en una actividad tan educativa como ésta”. Pero, a renglón seguido, un grupo de jóvenes nos dio la respuesta. Estaban allí, con sus uniformes escolares, como alumnos del Instituto de Estudios Hostosianos que también auspicia el Municipio de Mayagüez.

Las sorpresas no cesaron. Reconocieron la presencia del periódico CLARIDAD. El Alcalde, Hon. José Guillermo Rodríguez, reconoció de manera muy especial y personal la presencia de Marta Brás, viuda de Juan.

Lo que organizó el Municipio fue toda una Jornada sobre la vida y obra del Ciudadano de América. El jueves, 10 de enero tuvo lugar el Congreso Eugenio María de Hostos, en la Pontificia Universidad Católica, Recinto de Mayagüez. Este evento transcurrió desde las ocho de la mañana hasta pasadas las cinco de la tarde y participaron más de 15 académicos boricuas y dominicanos.

No podíamos quedarnos para las actividades y fiestas populares de la tarde y noche del 11 en la Plaza Pública. No podíamos ni queríamos. Lo que queríamos era estar de vuelta y a tiempo en la Placita de Roosevelt en Hato Rey.

Llegó la inevitable hora de almorzar y sobrevino el sacrificio que conllevan estas travesías. Fuimos a González Sea Food, frente al mar. Y allí estaba Poy, el feliz propietario, como si hubiese estado esperándonos para seguir conversando sobre Hostos, Juan y Raulito Mari. Los haría sufrir de envidia si entro en los detalles del banquete y las atenciones de Poy. No hace falta.

De regreso conversamos sobre la justeza de reconocer la iniciativa del Alcalde y la labor de su equipo de trabajo. Gracias a Germaine Valentín y a María Matos por su colaboración para esta nota. Para más y buena información sobre esta jornada visite el portal Mayagüez sabe a mangó de la periodista Millie Gil.

Estuvimos ante una jornada de proyección nacional e internacional. Con esta nota en CLARIDAD, periódico de circulación nacional e internacional, se aporta un granito de arena para su divulgación. También ese 11 de enero, una representación de CLARIDAD, encabezada por la Presidenta de su Junta de Directores, Carmen Ortiz Abréu, depositó una ofrenda floral en el busto de Eugenio María de Hostos en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

Una última parada en Ricomini de Isabela para tomar café y comprar el brazo gitano mayagüezano. Llegamos a tiempo para el Belén al Galli del alma. La próxima vez invitamos a FOR –Félix Ojeda Reyes– y aprendemos más.

Politologueadores

Los designios de ciertos sectores mediáticos y gubernamentales impulsan a que concibamos a Puerto Rico como un espacio vacío. Como es lógico, no me refiero a un desierto de gentes y cosas, sino a uno de ideas y concepciones. Poderosos intereses conspiran para que sea difícil o imposible concebir más de una alternativa. La privatización de corporaciones públicas, el cierre de escuelas, recintos y programas académicos de la Universidad, la emigración a Estados Unidos, el voto por los dos partidos del último medio siglo, se nos presentan como asuntos inevitables.

Desde que abrimos los ojos y encendemos la radio, la televisión o las pantallas de computadoras o celulares, tenemos un menú muy restringido y uniforme de visiones. La información noticiosa profesional y seria ha prácticamente desaparecido, y el campo ha sido ocupado por las peroratas de “figuras de los medios”, que deshonran a los periodistas al hacerse pasar por ellos, y “talentos” que representan el bipartidismo de siempre con lazos activos con las esferas tradicionales de poder político y económico. A estos se les unen los agentes de un nuevo oficio, los hombres (casi todos) y mujeres que “politologuean” ensartando arengas y preguntas de sainete a sus invitados políticos y empresariales pretendiendo hablar en nombre del pueblo. Es importante señalar, pues forman multitud los engañados, que muchos de los invitados pagan directa o indirectamente por el tiempo en el aire.

La tónica de los que “politologuean” ha invadido la mayoría de la oferta mediática y, en mayor o menor medida, desde el locutor de noticias hasta los abogados, profesores y reporteros que participan de las muchas horas de programación diaria, comparten esta práctica. Todo o casi todo se ha convertido en un espectáculo, pero también en un negocio, y se concibe como un entretenimiento y, simultáneamente, como publicidad.

Los protagonistas del empresarismo mediático justifican militantemente estas formas de gestión. Dentro de sus filas hay fanáticos (con frecuencia comprados de diversas maneras) de las únicas alternativas. Es común ver y escuchar al abogado o al profesor “politoguear” ridiculizando las posiciones divergentes, que apenas tienen representación en sus programas, a grito pelado, con voces alteradas que frecuentemente imitan una mujer, el llanto de un niño, la conducta de un loco o de un desesperado.

El espectáculo creador de opinión pública se realiza en los estudios de la emisora, pero cada día más en concesionarios de automóviles y plantas eléctricas, hospitales, oficinas centrales de planes médicos, megatiendas, hoteles y casinos y distribuidoras de licores. Muchas veces el servicio informativo va de la mano con el vacilón y la fiesta. Por ello hay “escándalos” en lugar de graves noticias, “noticias positivas” seguidas por información del tránsito hermanadas con invocaciones religiosas, recuentos de la comilona y la bebelata de la noche anterior apareados con cínicos clamores al cielo, que serían de mal ver hasta en una asociación de pundonorosas damas cívicas.

Otra cosa caracteriza a esta plaga de la información: la catástrofe que representa su manera de hablar. La falta de elocuencia y rigor viene acompañada por una enorme carencia de sofisticación. Un español casi primitivo cojea sostenido por las muletillas de un inglés exhibicionista y acomplejado, que hace encallar el torrente de palabras cada pocos segundos. A ninguno de estos personajes parece importarle esto y seguramente lo justificarían en nombre de la naturalidad, o de una caricaturesca pertenencia, por herencia o aspiración, a un sector político y, sobre todo, social.

A los medios masivos de comunicación apenas llega la diversidad del país. La casi totalidad de los comentarios y análisis políticos se hacen a dúo. Se representa así exclusivamente el bipartidismo, que de un tiempo a esta parte constituye también una alternativa única. Poquísimos son los programas en los que participan especialistas en algún asunto con un criterio diferenciado de las ortodoxias ideológicas de los partidos colonialistas.

La gran justificación de estas prácticas de manipulación de la opinión pública es la pretendida naturaleza del público. Debido a ella es que muchos habladores a los micrófonos pretenden hacerlo en “arroz y habichuelas”. La expresión siempre me ha parecido atroz: un insulto al pueblo y, también, a uno de sus platos predilectos que, de estar bien hecho, dista de ser simplista o una comida de brutos. La realidad del asunto es que a ciencia cierta no se sabe qué viene primero, si los bueyes o la carreta, si se habla en “arroz y habichuelas” por elección paternalista o porque no se tiene la capacidad de hacerlo de otra manera. En otras palabras, muchos politogueadores padecen, en sus cuerpos y mentes, del mal de la única alternativa. De aquí su pobreza conceptual.

Siempre estuve convencido de ello, pero en los últimos años que he escrito regularmente en la prensa y participado en la radio, me lo han hecho comprobar muchos lectores y oyentes: existe una masa enorme de puertorriqueños sedientos de alternativas de comunicación, cansados de la mediocridad y vulgaridad, del primitivismo cultural que apenas oculta el título de abogado o el historial de puestos políticos de los politogueadores.

A esta altura de la ruina del país, me resulta imposible concebir que alguien esté dispuesto a votar por alguno de los dos partidos principales en las próximas elecciones. Ya sabemos lo que ofrecen: corrupción, incapacidad, medro y colonialismo. Algo similar pienso de los principales medios radiales e informativos, habida cuenta de sus pocas y a veces muy honrosas excepciones.

La tecnología de nuestro tiempo ofrece vías alternas. Es hora de que la rica diversidad del país ocupe estos espacios y contrarrestre la complacencia mercantilista de los propagandistas y falsos profetas de la única alternativa, que nunca es la sola, sino la que prefieren los que nos han traído hasta este punto con la ayuda inestimable y mercenaria de los politologueadores.

Venezuela y la decencia

Por Matías Bosch

Especial para CLARIDAD

Puede ser que en 2003 eras muy pequeño/a y no lo recuerdes. También puede ser que algunos lo hayamos olvidado. Pero en esos días, hace 16 años, nadie sacó un carnet de seguidor o admirador de Saddam Hussein cuando, en muchas partes del mundo, en muchas capitales y ciudades pequeñas, los ciudadanas y ciudadanos repletamos plazas para decirle NO a la invasión en Irak. Por algo muy sencillo: sentido de la decencia y la legalidad.

Porque nadie puede vivir tranquilo en una casa, en un barrio, en un país o en un planeta donde la mentira y la fuerza decidan el destino de la gente. Aquella vez, cuando el Secretario de Estado de Estados Unidos mostró al mundo fotos falsas de falsas armas de destrucción masiva, que hasta hoy nadie encuentra, y se llevó la votación al Consejo de Seguridad de la ONU, el gobierno de Chile, bajo Ricardo Lagos (que de enemigo de EEUU no tiene ni un mililitro en su sangre) votó en contra de la invasión, por una sencilla razón: si los países pequeños no preservan el derecho internacional, ¿entonces a quién le va a interesar hacerlo? Al final masacraron Irak, como siempre ha ocurrido, porque “el poder es para usarlo” ¿no?

Eso no terminó allí. Volvió a ocurrir con Libia y con Siria. Se armaron escenografías. Se pagaron actores. Se financiaron falsas milicias y falsas guerras civiles. Todo para imponer al margen del derecho internacional los bombardeos y el derrocamiento de gobiernos, sólo porque a un poder -que se cree mundial- no le gustan. Hoy, ese mismo poder es el que dice que no tenemos que ponernos de acuerdo en nada: ni en cambio climático, ni en comercio, ni en migraciones, en nada. Lo que es igual: acatar lo que ellos digan, guste o no guste, porque aquí manda el jefe. Eso es lo que está en juego para el mundo hoy, enero de 2019, más allá del problema local (y serio) de si en Venezuela hay desabastecimiento o no.

Por eso creo que no hay que ser chavista, ni madurista, ni rojo-rojito, ni socialista del siglo XXI, para ser decente y repudiar que hoy impongan un presidente falso en Venezuela. ¿Con qué argumentos podrían hacerlo?

En la OEA hicieron lo mismo que con Irak en 2003: decir que un gobierno no es legítimo sin mostrar ninguna prueba válida suficiente, ni ningún argumento jurídico que lo sostenga, para terminar declarando que toda medida es válida, la que sea.

¿Se basan en la verdad? ¿Se basan en el derecho? El poder mundial que bombardeó y mató millones en Irak, Siria y Libia, declara por Twitter cuál es el presidente de Venezuela que ellos quieren y que “todas las opciones están en la mesa”, incluyendo la militar. Unos pequeños países corren a hacer el coro, lo que Lagos no hizo en 2003, con todo y ser profesor de Duke University. Piñera, Bolsonaro, Macri, incluso el nuevo “progresista” de Costa Rica…el mismo país ejemplo de democracia, la nación que no tiene ejército y lugar clave para las negociaciones de paz en América Latina.

Hasta Haití y República Dominicana, países invadidos, masacrados y saqueados, víctimas de golpes de Estado y tiranías armadas por ese poder mundial, y que hasta hace solo meses apoyaban públicamente al gobierno legal de Venezuela y consumían su petróleo a precio solidario, se plegaron a la coreografía. ¿Tanto valían las ofertas que les hicieron llegar en inglés? ¿Cómo recogerán ahora toda la locura de echar por tierra la verdad, la decencia y la legalidad? ¿Las relaciones internacionales se pueden prostituir sin costo alguno?

No hay ningún argumento válido para el plan en marcha, ni en la legalidad venezolana ni en la internacional. ¿Cómo Maduro va a ser presidente “ilegítimo”, si ganó en elecciones abiertas con participación efectiva de la oposición, y en cambio va a ser “presidente interino” y “legítimo” un desconocido diputado que un buen día se presenta en una tribuna, seleccionado por aclamación de aplausos y twitts en inglés?

La Constitución venezolana sólo permite la sustitución del presidente cuando hay ausencia permanente, cuando hay una sentencia penal definitiva en su contra o cuando se hace un Referendo Revocatorio…figura jurídica que no existe en NINGUNO de los países tan democráticos que condenan la “ilegitimidad” venezolana.

En Venezuela hoy no hay ausencia permanente del presidente, tampoco sentencia penal. Y la oposición venezolana ya ni siquiera se esfuerza en tratar de realizar un Referendo Revocatorio, y menos intentar ganarlo. Es que su guion fue declarado hace tiempo: no reconocieron a Maduro en 2013, menos lo van a reconocer ahora. Desde 2015 decidieron que la Asamblea Nacional tiene como objetivo público y razón de ser la destitución del presidente.

La consumación de este objetivo hoy no se va a lograr con votos en el salón de la OEA o con discursos encendidos del diputado autoeregido como “presidente”, ni tampoco con fuerza democrática: el factor clave sería la insubordinación de las Fuerzas Armadas, el desconocimiento de su deber constitucional, es decir el golpe de Estado, a la que llaman descarada y abiertamente, acompañados sin pudor por la batuta injerencista cuyas masacres ya conocemos de sobra. ¿Qué lucha “libertaria” de este tipo podría mercernos aprecio, o pondremos apoyo para alimentar el viejo relato de que esto es lo que siempre “nos buscamos nosotros mismos”? ¿Nos prestaremos a ver otra invasión -aun de aparente “producción local”- como videojuego en las noticias y luego reclamar respeto?

Repito: usted puede ser madurista, chavista, o todo lo contrario, de derechas o de izquierdas. No le digo caprilista porque de Capriles ya nadie sabe nada. Ni siquiera de Leopoldo López (esa especie de “Mandela venezolano”) y su rubia esposa Lilian Tintori, pasados a la historia en esa notoria tendencia al canibalismo y la vaporización que posee la oposición de derechas venezolana. Usted puede considerar a Maduro lo peor de lo peor, porque no se parece a Chávez o por todo lo contrario. Pero eso no puede hacerle a uno perder la decencia, porque entonces ¿Qué nos queda? Que nos quede lo que nos hizo salir a calle en 2003, que si no los quitan también, lo habremos perdido todo

El autor es director de la Fundación Juan Bosch en República Dominicana