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Hace falta un nuevo renacimiento nacional

 

No es la primera vez que Puerto Rico se enfrenta a una grave crisis política, económica y social. Las hemos pasado peores que ésta, argumentarán algunos, quizás con cierta razón. Pero esto no remedia nuestra situación actual. Cada generación tiene que enfrentar sus problemas de manera particular y hasta diferente. Pero hay siempre una continuidad histórica que, bien comprendida, nos ayuda a dar contenido certero a las particularidades del momento. Eso quisiera ayudar a lograr. Es una urgencia, más allá de un mero sentimiento, que me conmueve hasta las fibras más hondas del ser.

Cuando escucho a locutores, analistas, candidatos a cargos electivos y empleados del amplio sector burocrático que sirve de base material a partidos, sindicatos, cooperativas y una cantidad indeterminada de grupos y micro-grupos, me luce que el debate cotidiano es tan trivial e irrelevante, en la gran mayoría de los temas, que no puedo evitar pensar que estamos perdiendo la sensibilidad y todo sentido de proporción para enfocar nuestras realidades. Los periodistas que están en la calle buscando la noticia, el reportaje y las entrevistas casi siempre realizan su trabajo con esfuerzo y habilidad profesional. Pero, en muchas ocasiones dan la impresión que les preocupa más competir exitosamente en el oficio que cumplir las normas esenciales del sacerdocio que debe ser el periodismo. 

Lo peor del caso es que sucumben a encerrar sus trabajos dentro de los parámetros temáticos que priorizan en sus portadas y sus titulares más destacados en asuntos que tienen poca relación, si alguna, con los asuntos cruciales que afectan el devenir de nuestra vida cotidiana. En gran medida, los que manejan un par de diarios comerciales que circulan en el país, son los que pautan la opinión pública.

Los temas que se discuten con mayor impacto son, por lo general, referentes a asuntos de poca monta.

Dentro de ese cuadro, la atención mayor que capta el público es el insulto entre los políticos de oficio, la diatriba recíproca que trae como secuela el ataque personal subido de tono de los que acuden a la radio mediante llamadas telefónicas o entrevistas personales. Los partidos y otros grupos de intereses particulares organizan esas llamadas muchas veces por claques de telefonistas pagados.

Lo peor de todo esto es que se queda escondido, al márgen de la opinión pública, el principal asunto de cada día que va acumulando unos problemas que ni se discuten ni se le buscan soluciones viables. Al fin de cuentas, el país se va hundiendo en un entramado funesto de viejos y nuevos problemas sociales y económicos que afectan adversamente la vida de las comunidades de las familias de prácticamente todos sus componentes. 

Mientras tanto, los debates políticos se reducen a pugnas electorales entre partidos, facciones y candidatos. Y en ninguno de esos debates se va al fondo de los problemas y mucho menos a presentar soluciones reales. Los mas lúcidos en la exposición de las condiciones de desventaja y sumisión en que nos mantiene la subordinación colonial que sufrimos, incesante, por más de quinientos años, aplazan las medidas radicales que deben tomarse para cuando ganen las elecciones. “¡Cuan largo me lo fiaís!”. Los otros —los que en realidad compiten por ganar la administración del menguado poder que permite el dominio colonial— sólo interesan ocupar cargos privilegiados en el engranaje burocrático del régimen. Ofrecen villas y castillas para cuando alcancen el poder, pero como tal poder no existe mas que en la imaginación calumturienta de unos y otros, todo se reduce a juego a la política sin resultados sociales beneficiosos para el país y sus ciudadanos.

¿Hasta cuándo vamos a mantenernos en esta jugarreta letal?

Recordemos que cuando nos hemos propuesto reivindicar derechos, hemos podido avanzar hacia ellos. Así ocurrió en Vieques. Pero ya la fuerza aérea de E.U. anda tramando establecer una unidad de combate en parte de Roosevelt Road, incluyendo terrenos al oeste de Vieques. Son tan únicos que admiten que el objetivo es atacar a Venezuela cuando lo estimen necesario para defender los intereses de E.U.; no los de Puerto Rico, porque nosotros no tenemos ningún conflicto con la hermana República Bolivariana de Venezuela, ni con su pueblo ni con su gobierno.

En los primeros años del Siglo XIX, el imperio Español mandó un general a Puerto Rico para organizar un ataque a la primera república proclamada por los venezolanos en Caracas. El general pernoctó en La Fortaleza y cuando caminó hacia la Catedral temprano en la mañana, alcanzó a ver varios pasquines fijados en lugares públicos por patriotas boricuas que decían: “los puertorriqueños no iremos a pelear contra nuestros hermanos venezolanos”. La historia recoge ese hecho como una de las primeras manifestaciones del nacimiento de un movimiento independentista en nuestra Patria. 

Hoy podemos hacer valer aquella advertencia de hace dos siglos, proponiéndonos, por encima de divisiones partidistas y sectoriales, impedir que el imperio yanqui utilice nuestra tierra, y mucho menos a nuestro pueblo, para cualquier plan de ataque al bravo pueblo venezolano, al que nos unen siglos de convivencia y solidaridad en nuestras luchas. Ahí tenemos un asunto real e inminente, en el que podemos usar nuestras energías y voluntad de lucha más allá de la cháchara politiquera que nos inmoviliza y divide en falsas metas electorales. Por ahí podríamos comenzar un nuevo renacimiento nacional que tanta falta nos hace. 

A buscar un salto en la conciencia colectiva

JUAN MARI BRAS

 

Al independentismo puertorriqueño se le ofrece una rara oportunidad de ayudar a producir un salto en la conciencia colectiva del pueblo puertorriqueño. La acción tomada por el gobierno federal de George Bush contra el gobernador de Puerto Rico, Aníbal Acevedo Vilá, constituye un abuso de poder por la administración en Wáshington en inequívoca señal de la arrogancia y prepotencia que sólo puede darse en una relación de tipo colonial. Y que delata, además, el marcado declive histórico en que ha entrado el imperio norteamericano. Esto es lo más importante del momento actual en la política puertorriqueña.

Corresponde al independentismo alcanzar la cabal comprensión de la presente coyuntura. Recordemos la enseñanza del viejo Marx cuando nos dijo a los revolucionarios del mundo que el crecimiento de los pueblos en la historia se da por saltos y no linealmente.

El pueblo puertorriqueño está indignado con lo que han hecho los fiscales de la administración Bush con el gobernador de Puerto Rico. Y es que una de las mayores virtudes de este pueblo es su capacidad para rechazar abusos de poder contra sus compatriotas. Y sabe también que Aníbal Acevedo Vilá es una persona decente. Ese hecho, percibido claramente por la gran mayoría del país, es la realidad de la que tenemos que partir.

No es momento para seguir dándo vueltas a las norias de la política electoral, que aquí se ha ido reduciendo, en calidad, tanto como se reduce cada vez más el ámbito de la limitada autonomía que Wáshington le reconoce a Puerto Rico.

El gobernador es el primero que tendrá que asimilar la lección que su caso ofrece a todo el país. Acevedo Vilá es un hombre inteligente y ha demostrado capacidad para la estrategia política, todo ello dentro de los límites de su condición de colonizado. Todos los puertorriqueños —incluyendo a los independentistas del amplio espectro patriótico— cargamos alguna cuota de la tara de colonización por más de quinientos años consecutivos que sofoca constantemente la aplicación certera de la inteligencia natural y la extraordinaria creatividad que este pueblo ha podido demostrar en su historia.

Lo que le falta al pueblo es alcanzar la conciencia de que en el fondo de sus grandes, medianos y pequeños problemas está inmutable la subordinación colonial que padecemos. Ésta se agrava ante una realidad como la presente, cuando a Estados Unidos lo preside una persona que representa los peores vicios de conciencia que ha acumulado el pueblo norteamericano. Por eso ha precipitado la llegada del imperio de Estados Unidos a un punto de declive histórico que ya es irreversible.

No debemos olvidar, ni subestimar, algunos hechos descolonizadores producidos, aunque casi siempre a medias, por el gobierno semi-autonómico de Acevedo Vilá en el breve tiempo que lleva y aún ante el conflicto que le ha mantenido una legislatura fundamentalmente politiquera y pitiyanqui. Sobre todo, ha sido intolerable para la arrogancia imperial de Wáshington, el reclamo que el Secretario de Justicia, Roberto Sánchez Ramos, con la aprobación del gobernador, le hizo al FBI para que le informe al gobierno del ELA todo lo relativo a sus acciones que culminaron en el vil asesinato de Filiberto Ojeda Ríos. Las acciones tomadas por el gobierno del ELA bajo la dirección de Acevedo Vilá, en la autorización de la opinión del Secretario de Justicia sobre la titularidad de las tierras de Paseo Caribe, y la expedición por el Secretario de Estado de una certificación de ciudadanía puertorriqueña a los que así lo soliciten y cualifiquen para ampararse en nuestra ciudadanía natural, así como la protesta ante los federales por el atropello cometido contra periodistas y otros compatriotas por parte del FBI en los incidentes ocurridos frente a un edificio en la Calle De Diego de Río Piedras; todos ellos —aunque de menor alcance que lo relativo al asesinato del patriota Filiberto Ojeda Ríos— formaron el caldo de cultivo en que se ha fundado la torpe decisión de autorizar la formulación de cargos criminales contra el gobernador por unos supuestos delitos que, aún cuando se probaran algunos de ellos —lo cuál está por verse— constituirían una persecución selectiva, que hace inválida la misma a la luz de la jurisprudencia vigente en Estados Unidos.

Todo esto se hace con un propósito claro, que es someter a un chantaje al gobernador de Puerto Rico para que cancele el diapasón de sus esporádicos reclamos de poder para el estado libre asociado. No es la primera vez que se somete a un gobernante incumbente de Puerto Rico a un chantaje por el gobierno de Estados Unidos. Pero no está dentro de los límites razonables de espacio de este escrito entrar a discutir esos hechos históricos.

Lo importante ahora es que el independentismo no pierda su ruta orientadora dirigida al país entero. Aníbal tiene ante sí la alternativa que se presenta en todas las víctimas de chantaje en la vida: o se somete a los chantajistas, accediendo a sus reclamos, o lo combate de frente. En gran medida, su decisión al respecto dependerá del respaldo que sienta, por parte del pueblo, para actuar con la plena dignidad de la resistencia frente al chantaje.

Es lastimoso que, hasta ahora, sean muy pocas las voces que se han alzado a analizar la situación creada por la formulación de cargos contra el gobernador ante un tribunal de jurisdicción extra-territorial, proscrito en el mundo desde hace más de un siglo, y éstas se limiten a la disputa mezquina de la politiquería partidista. Sepa el goberandor y sus abogados que hay abiertos ya, en el mundo, unos foros para dilucidar y adjudicar querellas contra los estados que violen derechos humanos fundamentales. Lo que se está cometiendo por Wáshington constituye una violación flagrante a los derechos humanos del pueblo puertorriqueño en general, no sólo del gobernador. Y los foros no son únicamente los de carácter judicial o semi-judicial. Más importante son, en esta etapa del desarrollo de las relaciones internacionales, los foros sociales, económicos y políticos que, juntos o contradictoriamente, van cambiando las relaciones de fuerzas en el mundo. La América Nuestra, la caribeña y latinoamericana de la que formamos parte indispensable, es una de las zonas de mayor aceleración en esos cambios de orientación que apuntan a que se organice un mundo mejor para todos y todas.

Pensemos en todo lo alto y actuemos, al mismo tiempo, con los pies bien firmemente incados en la tierra, para enfrentar la realidad y hacer que esta produzca, con nuestra acción certera —ni mayor ni menor a la que la coyuntura permita— el salto cualitativo que requiere Puerto Rico para terminar con el coloniaje que nos humilla y nos inmoviliza. Para eso, el primer salto es el de la descolonización de la conciencia colectiva. Esa es la prioridad.

Vieques: ¿Qué va a pasar con el Rompeolas?

Como si las inconsistencias a partir de los cambios realizados en el servicio de transportación marítima hacia las islas municipios de Vieques y Culebra fueran poco, la incertidumbre ha crecido entre viequenses por lo que presumen será un portón que limitará el acceso al Rompeolas.

Por muchos años –incluso, antes de que la Marina fuera expulsada de la Isla Nena– el rompeolas ha sido una zona en la cual los residentes de la isla han realizado comúnmente actividades recreativas, ya sea pescar, hacer ejercicios o simplemente ir de picnic, por ejemplo.

Jorge Fernández Porto, director de la Comisión Iniciativas Comunitarias del Senado, dijo a este medio que las decisiones sobre restringir el acceso al rompeolas son de la Autoridad de Transporte Marítimo (ATM) y comenzaron bajo el director anterior.

“Ponen de excusa que es bajo orden de la Guardia Costanera [GC]. El director actual de la ATM [Juan M. Maldonado de Jesús] nos dijo en vistas del Senado que solo restringirá el área que la GC indique, por razones de seguridad, pero no desde el inicio del rompeolas donde habían comenzado”, añadió.

En 2001, el Rompeolas fue transferido con todas sus estructuras al Municipio por la Marina de Guerra de los EE.UU. en el “Quitclaim Deed” (instrumento legal que se utiliza para transferir intereses en bienes inmuebles). Luego, bajo la administración del exgobernador Aníbal Acevedo Vila (2005-09) se comenzó a construir el terminal con fondos federales aunque el proyecto no fue completado.

La sección que tienen que ver con el rompeolas en el “Quitclaim Deed”, dice:

“The Government covenants and agrees to coordinate use of the Mosquito Pier with the Commonwealth, Municipality or its designee. Grantee covenants and agrees that it will not hinder, bar, or otherwise impede the access of the Government to the pier for any public purpose.

This easement is at all times and places for the purposes of exercising the rights set forth herein; reserving; however, to the Grantee, any and all rights and privileges as may be used and enjoyed without interfering with or abridging the Government’s rights herein retained.”

“El Municipio se opone al cierre de acceso mas allá del requerido por razones de seguridad, pero básicamente ha cedido a ATM el poder de decisión”, dijo Fernández.

El 29 de agosto de 2018 el Municipio y la ATM formalizaron el acuerdo preliminar que permite a la corporación pública adelantar los trabajos necesarios para establecer la ruta corta desde Ceiba hasta Mosquitos (Rompeolas), según dice una carta enviada por el alcalde al director de la ATM, Juan M. Maldonado de Jesus, referente a asuntos pendiente en el plan de trabajo de dicha ruta.

Entre otros, el primer asunto a ser atendido según escrito dice: “Se deberá ratificar cualquier acuerdo a través de la Legislatura Municipal de Vieques…”.

CLARIDAD se comunicó con Elda Guadalupe Carrasquillo, miembro de la Legislatura Municipal, que a preguntas sobre el futuro del rompeolas respondió que no disponía de mucha información “por que aquí la información es como hermética, llega a cuenta gotas como dicen…”

“Lo que tenemos entendido es que el terminal sería fuera del Rompeolas, un terminal que se empezó a construir y había quedado abandonado (luego de la administración de Acevedo Vilá). Parece que invirtieron algo en esa estructura la arreglaron y creo que la van a poner a funcionar ahora mismo”, dijo Guadalupe.

El puerto al final del rompeolas recibió unas mejoras para el mismo tiempo que se construyó el terminal pero nunca se le dio uso a las facilidades, además de que no se pudo llevar el servicio de agua hasta allí. Recientemente –comentó Guadalupe– le dieron un poco de cariño pero no está apto para recibir personas.

Aunque esta pequeña historia se enfoca en la Isla Nena, no descarta que las condiciones son igualmente terribles y deplorables tanto para viequenses como para culebrenses que se ahogan en un mar de incertidumbre. Por otra parte, el pueblo de Vieques exige saber de inmediato ¡¿QUÉ VA A PASAR CON EL ROMPEOLAS?!

ROMA, mucho mejor en pantalla grande que en NetFlix

Alfonso Cuarón, que no hacía una película en México desde su estupenda Y tu mamá también en el 2001, ha hecho su película más personal tras las producciones de gran presupuesto que realizó en los últimos años: Harry Potter and the Prisoner of Azkaban, Children of Men y Gravity.

El título de Roma se debe a que la mayor parte de la película se desarrolla en la colonia de ese nombre en el centro de la ciudad de México.

Roma nos traslada al México de 1970 y 71, época de la niñez del director. De ahí la decisión de que la película fuera en blanco y negro. Cuarón se remontó a los recuerdos de su niñez en México para crear esta maravillosa película con ecos autobiográficos sobre una familia de clase media alta y las dos empleadas domésticas que dan servicio a la familia. Una de ellas es Cleo, de origen mixteco, personaje que está inspirado en Liboria Rodríguez, Libo, la nana que cuidó al director desde que éste tenía nueve meses de edad a la que Cuarón dedica el film. La debutante Yaritza Aparicio, con una mirada muy expresiva, que fue la escogida en los castings realizados antes del film, sorprende con una magnífica caracterización del personaje central de la historia.

A mi juicio, lo más importante de Roma es la excelente recreación de la época en que se desarrolla la trama y la magistral puesta en escena de Cuarón, que además de dirigir, escribió el guión, fue director de fotografía, la editó y fue uno de los productores. Los que sólo vean Roma en Netflix se perderán gran parte de la belleza de la película pues para poder apreciarla plenamente se necesita una pantalla grande ya que cada fotograma de Cuarón está impecablemente realizado, usando con maestría la profundidad de campo que nos permite ver diversos asuntos en cada secuencia.

En la casona ocurre buena parte de la trama: la problemática del embarazo no deseado de Cleo, a quien tratan como una más de la familia, el abandono de Sofía la señora de la casa por un esposo médico que la engaña diciendo que va a Canadá por razones profesionales, las travesuras e inquietudes de los hijos del matrimonio, una nena y tres varones, el menor de los cuales es el Cuarón de aquellos años, la abuela protectora y la otra sirvienta, solidaria con Cleo aunque no tan querida por la familia.

A menudo la película sale de los confines de la colonia Roma en escenas que captan estupendamente el ambiente en las calles, la protesta estudiantil que deriva en lo que se llamó el Halconazo en 1971 en que paramilitares asesinaron a estudiantes que recorrían las calles protestando, el cine Metropolitan de la infancia del director, ya desaparecido, donde la familia acude a ver la película Marooned con Gregory Peck que Cuarón citó como su influencia en Gravity, la despedida de año en una finca junto a otras familias donde los vecinos tratan de apagar un fuego en el bosque con cubos de agua, los ejercicios grupales de los que practican las artes marciales entre los que figura Fermín, el sujeto que embarazó a Cleo y que al saber de su embarazo la rechaza y después lo vemos entre los asesinos de los estudiantes, el parto de Cleo en el hospital recreado con abundancia de detalles y otros eventos son plasmados con gran realismo y mucha poesía.

Los temas políticos y sociales permean toda la trama, en particular la división de clases sociales y el machismo de los personajes masculinos. La historia alcanza su clímax en una espectacular secuencia en una playa de Veracruz en la que Cleo, sin saber nadar, desafía las olas para salvar a dos de los niños, posiblemente la misma playa de Tuxcan en Veracruz en que termina Y tu mamá también. Una secuencia impresionante que le da un final impactante a Roma antes del regreso de la familia a la colonia Roma.

Habiendo ganado el Festival de Cine de Venecia, habiendo sido escogida la mejor película del año en la encuesta internacional de Sight and Sound, así como en la selección de las asociaciones de críticos de cine de Los Angeles y de Nueva York, y habiendo recibido tres importantes nominaciones en los Golden Globes, Roma evidencia que Alfonso Cuarón sigue siendo, al igual que sus cuates Alejandro González Iñárritu y Guillermo del Toro, uno de los grandes realizadores del cine actual.

JUNTOS

Miren la parejita de la foto, proyecten esa pareja al futuro y sobreimprímanle estas frases: “Acabas de cumplir ochenta y dos años. Has encogido seis centímetros, sólo pesas cuarenta y cinco kilos, pero sigues siendo bella, elegante, deseable. Hace cincuenta y nueve años que vivimos juntos y te escribo para comprender lo que he vivido, lo que hemos vivido juntos, porque te amo más que nunca”.

Ahora imaginen que esas frases son el comienzo de una carta de un hombre a una mujer, una carta de cien páginas que él va ir escribiendo noche a noche, en el curso del año siguiente, mientras ella duerme en el cuarto de arriba de una casita rodeada de árboles, en las afueras de un pueblito del norte francés llamado Vosnon. Doce meses después, la policía local hará el trayecto desde el pueblo hasta allí, alertada por una nota pegada en la puerta de la casa: “Prévenir à la Gendarmerie”. La puerta estará abierta. En la cama matrimonial del cuarto de arriba yacerán en paz André Gorz y su esposa Dorine. A un costado, unas líneas escritas a mano, dirigidas a la alcaldesa del pueblo: “Querida amiga, siempre supimos que queríamos terminar nuestras vidas juntos. Perdona la ingrata tarea que te hemos dejado”.

Poco antes, Gorz había terminado de escribir aquella larga carta a su esposa Dorine y se la había enviado a su editor de siempre, quien la publicó en forma de libro con el título Carta a D (Historia de un amor). En la última página de esa larga carta dice Gorz: “Por las noches veo la silueta de un hombre que camina detrás de una carroza fúnebre en una carretera vacía, por un paisaje desierto. No quiero asistir a tu incineración, no quiero recibir un frasco con tus cenizas. Espío tu respiración, mi mano te acaricia. En el caso de tener una segunda vida, ojalá la pasemos juntos”.

Dorine era inglesa. Estaba de visita en Suiza con un grupo de teatro vocacional, en el año 1947, cuando le presentaron en una fiesta a André Gorz. Es austríaco, le dijeron, es judío, le dijeron, no tiene un céntimo y escribe, carece por completo de interés. Así se lo describieron formulariamente, cuando ella preguntó quién era. Dorine tenía un pretendiente en Inglaterra, que esperaba su regreso para casarse con ella. Pero después de aquella fiesta, Dorine cambió drásticamente de planes: en lugar de volver obedientemente a su patria se subió en un tren rumbo a París con Gorz. Porque a su lado sintió por primera vez en su vida que pensaba, que sabía pensar, que su cabecita funcionaba a la perfección junto a la de aquel judío austríaco sin trabajo y sin dinero.

No era una ciudad fácil París en 1947: Dorine trabajó de modelo vivo, recogió papel usado para vender por kilo y fue lazarilla de una británica que se estaba quedando ciega, mientras Gorz escribía en una buhardilla. Gorz hacía un relevamiento semanal de toda la prensa europea para una agencia. Dejaba la vida en esos informes, no los veía como trabajo sino como excusa perfecta para desarrollar su misión, es decir entender su época. Por esos informes precisos, potentes, brillantes, atentos a todo, Sartre le ofreció a Gorz la jefatura de redacción de la revista Temps Modernes. Intoxicado de ambición y anfetaminas, Gorz desdobló sus horas en el escritorio: además de hacer la revista se puso a escribir una novela que pretendía ser un magno retrato y reflexión sobre sutiempo. El traidor se llamaba, y llevaba al paroxismo ese mirarse el ombligo sin pausa de los existencialistas franceses (“En tanto individuo particular, él no veía relevancia alguna en que alguien se le uniera como individuo particular. No hay relevancia filosófica alguna en la pregunta Por Qué Se Ama”).

En todos sus libros posteriores, Gorz es el exacto opuesto de esa voz: nunca impostó, nunca se puso en primer plano, nunca se miró el ombligo al teorizar. Nunca escribió otra novela tampoco. Alguna gente lo considera el padre de la ecología política. Vaya a saberse qué significará eso dentro de unos años más de posverdad. Pero aun si la obra de Gorz termina siendo con el tiempo apenas una nota al pie de su época, será porque fue de los poquísimos intelectuales franceses de su tiempo (el que va de la guerra fría a la caída del Muro de Berlín) que no cayó en ninguna de las trampas de la inteligencia, según su propia definición. Ésa fue su virtud, y con los años descubrió que se la debía a Dorine.

En aquella carta postrera, Gorz le dice: “Nuestra relación se convirtió en el filtro por el que pasaba mi relación con la realidad. Por momentos necesité más de tu juicio que del mío”. No fue el único en valorarla de esa manera. Sartre, Marcuse e Iván Illich se enamoraron de ella en distintas épocas. Pero ella prefería a Gorz. Lucky bastard, dirían en inglés.

Cuando ambos acababan de cumplir los cuarenta, Dorine descubrió que había contraído una enfermedad incurable por culpa de una sustancia que le habían inyectado para hacerle radiografías. El pronóstico era negro y la medicina se lavó las manos del caso, así que Dorine encaró por las suyas una cadena de correspondencia con otros aquejados del mismo mal. La información recopilada así no sólo le dio décadas de sobrevida a ella sino que inspiró a Gorz los rudimentos esenciales de aquello que llamaría “ecología política”: ese lugar donde se tocan el pensamiento de Sartre con el de Marcuse y el de Iván Illich y el de Foucault.

Casi veinte años más tarde, Gorz decidió abandonar su puesto al timón en Temps Modernes para dedicarse jornada completa a Dorine. En lugar de ir y venir de París se instaló en aquella casa de las afueras de Vosnon y  se dedicó a hacer la misma vida que su esposa. O, mejor dicho, a hacer para ella las cosas que Dorine ya no podía hacer: “Labro tu huerto. Tú me señalas desde la ventana del cuarto de arriba en qué dirección seguir, dónde hace falta más trabajo”.

El suicide-à-deux de Gorz y Dorine tiene dos antecedentes sobre los cuales han corrido ríos de tinta: el de Stefan Zweig y el de Arthur Koestler. Zweig bebió y dio de beber a su joven segunda esposa un frasco de barbitúricos diluido en limonada en un hotel de Petrópolis, cuando llegó a la conclusión de que ni siquiera en Brasil estarían a salvo de los nazis. Koestler hizo lo propio junto a su esposa de siempre (y su perro de siempre también), en su casa de Londres, huyendo del Parkinson que lo estaba devorando. En ambos casos hubo nota suicida. En ambos casos el rol de la mujer es tristemente pasivo. En ambos casos hay una atmósfera opresiva y amarga que la última escena de Gorz y Dorine logra evitar casi por completo.

En aquella carta postrera, Gorz le hacía una tremenda confesión a su esposa: “Durante años, consideré una debilidad el apego que me manifestabas. Como dice Kafka en sus diarios, mi amor por ti no se amaba. Me diste todo para ayudarme a ser yo mismo y así te pagué”. Gorz había visto una vez a Dorine rematar con toda naturalidad una discusión que estaba teniendo con Simone de Beauvoir con la frase: “Amar a un escritor es amar lo que escribe”. Y sintió vergüenza. Aunque él mismo le había prometido a Dorine, al final de aquella fiesta, la noche en que se conocieron, en Suiza: “Seremos lo que haremos juntos”.

La bravata se hizo cabal realidad la noche en que Gorz terminó de escribir aquella carta y subió por última vez aquellas escaleras y se acostó para siempre en aquella cama, junto a la mujer con la que había compartido, día tras día, sesenta años seguidos. “Afuera es de noche. Estoy tan atento a tu presencia como en nuestros comienzos. Espío tu respiración, mi mano te acaricia. En el caso de tener una segunda vida, ojalá la pasemos juntos”.

Publicado en Página 12, 23 de diciembre de 2018