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Llegó el pase, ¿pero llegará el dinero?

Con la llegada del 2019 continúan los eventos clasificatorios y preparatorios con miras a los XVIII Juegos Panamericanos de Lima Perú que comienzan el 26 de julio y concluyen el 11 de agosto de este año. Tan reciente como este pasado fin de semana, el equipo de volibol femenino obtuvo el pase en el Coliseo Roberto Clemente al vencer sin mayores contratiempos a las delegaciones de Nicaragua, Guatemala y Trinidad y Tobago. Sin embargo esa victoria no garantiza que Puerto Rico estará presente en los Juegos Panamericanos pues al día de hoy el gobierno de Puerto Rico, escudándose en la crisis fiscal, no le ha comunicado al Comité Olímpico de Puerto Rico (COPUR) cuanto, si alguna, será la partida que recibirán para la preparación de nuestros atletas de camino a Lima en este 2019. No es secreto para nadie que de ese dinero no depositarse el COPUR podría tener que cesar operaciones tan temprano como en el primer trimestre de este año.
En conversación con Jaime Lamboy, Director del Comité de Alto Rendimiento del COPUR, éste manifestó preocupación pues no vale la pena llevar una delegación que no cuente con la preparación adecuada a los Juegos. Actualmente son diez los equipos de conjunto clasificados; si ese número es demasiado grande y hubiera que hacer una reducción en la delegación creo que vale la pena tener esa discusión, pero lo que no se vale es tener a esos atletas y al propio COPUR en el limbo sin contestaciones claras y con medias verdades.

Si el problema es que la Junta no quiere, que lo digan

Una persona ligada al deporte por mucho tiempo me comentó en estos días que la razón por la que el gobierno no ha actuado es que la Junta de Control Fiscal (que para todos los efectos gobierna el país) le impide que ese dinero sea incluido en ninguna partida económica. Si ese fuera el caso que lo digan, después de todo eso es violar una ley existente de Puerto Rico que exige que se aumente la partida económica gradualmente al COPUR. A la Junta se le puede llevar al tribunal y que se vea el caso y se determine si la soberanía deportiva de Puerto Rico que en el pasado ha prevalecido en casos parecidos (como nuestra participación olímpica de 1980) tiene poderes reales o es de cartón.

Tan importante como Hamilton o los cruceros

Me llama la atención que tan pronto hubo el primer inconveniente para la presentación de Hamilton en el Teatro de la UPR se movió cielo y tierra para mantener la obra en Puerto Rico y llevarla a Bellas Artes por su valor histórico y la exposición que le daba al país, lo mismo hacen con la llegada de cruceros a los que dedican páginas completas en los periódicos diariamente. Pero desgraciadamente para el deporte no se mueven con la misma diligencia pese a que estoy convencido que la medalla de oro olímpica de Mónica Puig o las actuaciones fenomenales de Adriana Díaz a nivel del mundo (que acaba de ser reseñada por la revista ESPNW) son tan importantes para atraer turismo como la obra o los cruceros. No quiero pensar que esto se trate de una treta del partido en el poder para que no se resalte nuestra cultura deportiva y los logros obtenidos mediante ella pero esa es la impresión que dan con sus acciones.

En días recientes el Gobernador utilizó la siguiente frase “Estamos en posición de ejecutar”. Que mejor manera de demostrarlo que dándole el dinero a nuestros atletas que representan con orgullo a nuestro país. Estoy seguro que ellos seguirán dando el todo para que nos destaquemos pero no ayudarlos en el proceso es un acto mezquino así que le pregunto de nuevo y el dinero ¿para cuándo?

Bolsonaro y el fascismo

Se ha vuelto un lugar común caracterizar al nuevo gobierno de Jair Bolsonaro como “fascista”.  Esto, a mi juicio, constituye un grave error. El fascismo no se deriva de las características de un líder político por más que en los tests de personalidad –o en las actitudes de su vida cotidiana, como en el caso de Bolsonaro– se compruebe un aplastante predominio de actitudes reaccionarias, fanáticas, sexistas, xenofóbicas y racistas. Esto era lo que medían los sociólogos y psicólogos sociales estadounidenses a la salida de la Segunda Guerra Mundial con la famosa “Escala F”, donde la efe se refería al fascismo. Se pensaba en esos momentos,  y algunos todavía alimentan esa creencia, que el fascismo era la cristalización en el plano del Estado y la vida política de personalidades desquiciadas, portadoras de graves psicopatologías, que por razones circunstanciales se habían encaramado al poder. La intencionalidad política de esta operación era obvia: para el pensamiento convencional y para las ciencias sociales de la época la catástrofe del fascismo y el nazismo debían  ser atribuidas al papel de algunos individuos: la paranoia de Hitler o los delirios de grandeza de Mussolini. El sistema, es decir, el capitalismo y sus contradicciones, era inocente y no tenía responsabilidad alguna ante el holocausto de la Segunda Guerra Mundial.

Descartada esa visión hay quienes insisten que la presencia de movimientos o inclusive partidos políticos de clara inspiración fascista inevitablemente teñirán de modo indeleble al gobierno de Bolsonaro. Otro error: tampoco son ellas las que definen la naturaleza profunda de una forma estatal como el fascismo. En el primer peronismo de los años cuarenta así como en el varguismo brasileño pululaban en los círculos cercanos al poder varias organizaciones y personajes fascistas o fascistoides. Pero ni el peronismo ni el varguismo construyeron un Estado fascista. El peronismo clásico fue, usando la conceptualización gramsciana, un caso de “Cesarismo progresivo” al cual sólo observadores muy prejuiciados pudieron caracterizar como fascista debido a la presencia en él de grupos y personas tributarios de esa ideología. Esos eran fascistas pero el gobierno de Perón no lo fue. Viniendo a nuestra época: Donald Trump es un fascista, hablando de su personalidad,  pero el gobierno de EEUU no lo es.

Desde la perspectiva del materialismo histórico al fascismo no lo definen personalidades ni grupos. Es una forma excepcional del Estado capitalista, con características absolutamente únicas e irrepetibles. Irrumpió cuando su modo ideal de dominación, la democracia burguesa, se enfrentó a una gravísima crisis en el período transcurrido entre la Primera y la Segunda Guerra mundiales. Por eso decimos que es una “categoría histórica” y que ya no podrá reproducirse porque las condiciones que hicieron posible su surgimiento han desaparecido para siempre.

¿Cuáles fueron las condiciones tan especiales que demarcaron lo que podríamos llamar “la era del fascismo”, ausentes en el momento actual? En primer lugar el fascismo fue la fórmula política con la cual un bloque dominante hegemonizado por una burguesía nacional resolvió por la vía reaccionaria y despótica una crisis de hegemonía causada por la inédita movilización insurreccional de las clases subalternas y la profundización del disenso al interior del bloque dominante a la salida de la Primera Guerra Mundial. Para colmo, esas burguesías en Alemania e Italia bregaban por lograr un lugar en el reparto del mundo colonial y las enfrentaba con las potencias dominantes en el terreno internacional, principalmente el Reino Unido y Francia. El resultado: la Segunda Guerra Mundial. Hoy, en la era de la transnacionalización  y la financiarización del capital y el predominio de mega–corporaciones que operan a escala planetaria la burguesía nacional yace en el cementerio de las viejas clases dominantes.  Su lugar lo ocupa ahora una burguesía imperial y multinacional, que ha subordinado fagocitado a sus congéneres nacionales (incluyendo las de los países del capitalismo desarrollado) y actúa en el tablero mundial con una unidad de mando que periódicamente se reúne en Davos para trazar estrategias globales de acumulación y dominación política. Y sin burguesía nacional no hay régimen fascista por ausencia de su principal protagonista.

Segundo, los regímenes fascistas fueron radicalmente estatistas. No sólo descreían de las políticas liberales sino que eran abiertamente antagónicos a ellas. Su política económica fue intervencionista, expandiendo el rango de las empresas públicas, protegiendo a las del sector privado nacional y estableciendo un férreo proteccionismo en el comercio exterior. Además, la reorganización de los aparatos estatales exigida para enfrentar las amenazas de la insurgencia popular y la discordia entre “los de arriba” proyectó a un lugar de prominencia en el Estado a la policía política, los servicios de inteligencia y las oficinas de propaganda. Imposible que Bolsonaro intente algo de ese tipo dadas la actual estructura y complejidad del Estado brasileño, máxime cuando su política económica reposará en las manos de un Chicago “boy” y ha proclamado a los cuatro vientos su intención de liberalizar la vida económica.

Tercero, los fascismos europeos fueron regímenes de organización y movilización de masas, especialmente de capas medias. A la vez que perseguían y destruían las organizaciones sindicales del proletariado encuadraban vastos movimientos de las amenazadas capas medias y, en el caso italiano, llevando estos esfuerzos al ámbito obrero y dando origen a un sindicalismo vertical y subordinado a los mandatos del gobierno. O sea, la vida social fue “corporativizada” y hecha obediente a las órdenes emanadas “desde arriba”. Bolsonaro, en cambio, acentuará la despolitización –infelizmente iniciada cuando el gobierno de Lula cayó en la trampa tecnocrática y creyó que el “ruido” de la política espantaría a los mercados–  y profundizará la disgregación y atomización de la sociedad brasileña, la privatización de la vida pública, la vuelta de mujeres y hombres a sus casas, sus templos y sus trabajos para cumplir sus roles tradicionales. Todo esto se sitúa  en las antípodas del fascismo.

Cuarto, los fascismos fueron Estados rabiosamente nacionalistas. Pugnaban por redefinir a su favor el “reparto del mundo” lo que los enfrentó comercial y militarmente con las potencias dominantes. El nacionalismo de Bolsonaro, en cambio, es retórica insustancial, pura verborrea sin consecuencias prácticas. Su “proyecto nacional” es convertir a Brasil en el lacayo favorito de Washington en América Latina y el Caribe, desplazando a Colombia del deshonroso lugar de la “Israel sudamericana”. Lejos de ser reafirmación del interés nacional brasileño el bolsonarismo es el nombre del intento, esperamos que infructuoso, de total sometimiento y recolonización del Brasil bajo la égida de Estados Unidos..

Pero, dicho todo esto: ¿significa que el régimen de Bolsonaro se abstendrá de aplicar las brutales políticas represivas que caracterizaron a los fascismos europeos. ¡De ninguna manera! Lo dijimos antes, en la época de las dictaduras genocidas “cívico–militares”: estos regímenes pueden ser –salvando el caso de la Shoa ejecutada por Hitler– aún más atroces que los fascismos europeos. Los treinta mil detenidos–desaparecidos en la Argentina y la generalización de formas execrables de tortura y ejecución de prisioneros ilustran la perversa malignidad que pueden adquirir esos regímenes; la fenomenal tasa de detención por cien mil habitantes que caracterizó a la dictadura uruguaya no tiene parangón a nivel mundial; Gramsci sobrevivió once años en las mazmorras del fascismo italiano y en la Argentina hubiera sido arrojado al mar como tantos otros días después de su detención. Por eso, la renuencia a calificar al gobierno de Bolsonaro como fascista no tiene la menor intención de edulcorar la imagen de un personaje surgido de las cloacas de la política brasileña; o de un gobierno que será fuente de enormes sufrimientos para el pueblo brasileño y para toda América Latina. Será un régimen parecido a las más sanguinarias dictaduras militares conocidas en el pasado, pero no será fascista. Perseguirá, encarcelará y asesinará sin merced a quienes resistan sus atropellos. Las libertades serán coartadas y la cultura sometida a una persecución sin precedentes para erradica “la ideología de género” y cualquier variante de pensamiento crítico. Toda persona u organización que se le oponga será blanco de su odio y su furia. Los Sin Tierra, los Sin Techo, los movimientos de mujeres, los LGTBI, los sindicatos obreros, los movimientos estudiantiles, las organizaciones de las favelas, todo será objeto de su frenesí represivo.

Pero Bolsonaro no las tiene todas consigo y tropezará con muchas resistencias, si bien inorgánicas y desorganizadas al principio. Pero sus contradicciones son muchas y muy graves: el empresariado –o la “burguesía autóctona”, que no nacional, como decía el Che– se opondrá a la apertura económica porque sería despedazado por la competencia china; los militares en actividad no quieren ni oír hablar de una incursión en tierras venezolanas para ofrecer su sangre a una invasión decidida por Donald Trump en función de los intereses nacionales de Estados Unidos; y las fuerzas populares, aún en su dispersión actual no se dejarán avasallar tan fácilmente. Además, comienzan a aparecer graves denuncias de corrupción contra este falso “outsider” de la política que estuvo durante veintiocho años como diputado en el Congreso de Brasil, siendo testigo o partícipe de todas las componendas que se urdieron durante esos años. Por lo tanto, sería bueno que recordara lo ocurrido con otro Torquemada brasileño: Fernando Collor de Melo, que como Bolsonaro llegó en los noventas con el fervor de un cruzado de la restauración moral y terminó sus días como presidente con un fugaz paso por el Palacio del Planalto. Pronto podremos saber qué futuro le espera al nuevo gobierno, pero el pronóstico no es muy favorable y la inestabilidad y las turbulencias estarán a la orden del día en Brasil. Habrá que estar preparados, porque la dinámica política puede adquirir una velocidad relampagueante y el campo popular debe poder reaccionar a tiempo. Por eso el objetivo de esta reflexión no fue entretenerse en una distinción académica en torno a las diversas formas de dominio despótico en el capitalismo sino contribuir a una precisa caracterización del enemigo, sin lo cual jamás se lo podrá combatir exitosamente. Y es importantísimo derrotarlo antes de que haga demasiado daño.

Reproducido de www.cubadebate.cu

Puerto Rico Fast Ferries delimita sus responsabilidades en transportación a Vieques y Culebra

Por Internews Service

La empresa Puerto Rico Fast Ferries delimitó hoy sus responsabilidades en el servicio de transporte a las islas municipio de Vieques y Culebra, por lo que muchos de los problemas surgidos en las terminales corresponden a la Autoridad de Transporte Marítimo (ATM).

La  compañía estableció que ATM es responsable de proveer infraestructura, incluyendo ajustes y arreglos en los puertos de Ceiba, Mosquito y San Ildefonso, además de estacionamiento, servicios sanitarios y la seguridad en todos los puertos, además del itinerario, precios y sistema de boletería, lo que figura entre las principales quejas de los usuarios habituales del sistema de transporte hacia Vieques y Culebra.

“La ATM también cuenta con más de media docena de embarcaciones para dicho servicio, pero en promedio solamente 2 o 3 operan la ruta”, reveló Puerto Rico Fast Ferries, empresa contratada en julio de 2018 por la corporación pública, luego de un proceso de propuesta, por el término de un año única y exclusivamente para proveer el alquiler de cuatro embarcaciones y su tripulación a las islas de Vieques y Culebra desde el puerto de Ceiba.

Las embarcaciones son Big Cat, Schoodic Explorer, Mr. Evan y Mr. Cade, que conllevó una inversión pública de 15 millones de dólares, con el fin de establecer un transporte más rápido y eficiente a las Islas Municipio de Vieques y Culebra, lo que además ha representado para PRFF la creación de 52 empleos directos.

Al momento, Puerto Rico Fast Ferries reveló que participa junto a otras cuatro empresas en el proceso de proveer propuesta (RFP) para la administración y manejo del sistema de transporte marítimo.

PRFF, que cuenta con más de 35 años conjuntos en el manejo y administración de transporte marítimo tanto en Estados Unidos como en Puerto Rico, también aclaró en declaraciones escritas enviada a Inter News Service (INS) que ninguno de sus propietarios es familiar o tiene relación alguna con funcionario público como en días recientes han expresado en las redes sociales o en medios de prensa.

“Desde el comienzo de la temporada navideña, PRFF ha transportado miles de pasajeros a Vieques y Culebra, y estamos confiados que la experiencia en nuestras lanchas ha sido del agrado de los usuarios”, estableció la declaración.

La corporación Puerto Rico Fast Ferries se mostró agradecida por el respaldo que los usuarios han brindado a su empresa y tripulación por el servicio que ofrecen desde el 10 de octubre de 2018, cuando comenzaron su operación en estas rutas.

Velorio de Gallisa

Posted by Periódico Claridad on Monday, December 10, 2018

Mensaje de Oscar López Rivera: En este 2019

Compañeros(as):

Creo es necesario que comenzemos el 2019 trabajando y luchando para fortalecer la lucha por la descolonización de nuestra amada Patria, la “Boriken Bella”. Hagamolos para crear la carpa grande donde quepamos todas y todos los que amamos a nuestra “Tierra Prometida”. Tenemos que organizarnos en la diáspora y en Puerto Rico usando la energía del amor que llevamos en nuestros corazones. También usando nuestras otras energías [la física, la intelectual, la moral y la del valor]. Entremos de lleno a las comunidades pobres, marginadss, disfuncionales, invisibles y sin voz propia para organizarlas y así comienzen a luchar para que trasciendan las barreras que el colonialismo le ha creado principalmente durante los últimos 120 años.

Trabajemos y luchemos creándole el espacio a la juventud y a las mujeres boricuas para que tomen las riendas de la lucha por la descolonización e independencia de Puerto Rico. Llevemos esa lucha a la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para obligarla a que cumpla con su deber de eliminar el colonialismo en nuestra Patria y que rectifique el error que cometio al aceptar la mentira del gobierno de EEUU en 1953 que afirmaba q lxs boricuas habiamos ejercido nuestro derecho de libre determinación. Ya ni el mismo gobierno de EEUU niega que Puerto Rico es su colonia. La Asamblea General tiene que tener conocimiento de lo que el gobierno colonizador de EEUU ha hecho con Puerto Rico por 120 años. No se toma mucho para que nuestro pueblo despierte. Si cumplimos con nuestras tareas podemos no solo forzar a la Asamblea a escucharnos sino tambien a que cumpla con su deber. Pero nos toca a nosotrxs cumplir con las tareas y el deber que como boricuas nos toca cumplir. Podemos y no olvidemos que lo imposible es lo que no se hace. Hagamos el 2019 año de la descolonización de nuestra Boriken Bella.

En resistencia y lucha,

OLR