Cuando yo era un niño escuchaba que Carlos Gallisá se comía a los niños crudos y que odiaba a los americanos. Lo de odiar a los americanos no me resultaba tan absurdo porque siempre fui curioso y me sabía dos o tres razones para que, por lo menos, no resultaran extremadamente confiables. Odio nunca hubo. Pero la verdad es que vi que defendía a los presos y era abogado y amigo de Carlos La Sombra, un pilluelo que tomo conciencia política y organizó por vez primera a los presos. Para mí era un héroe y el abogado me caía bien.
Ya un universitario encontré a Gallisá escuchando música y dándose un palo en una barra cerca de Suiza Dairy en la que ponían la mejor música posible. Había mesas de billar y algunos instrumentos de percusión. Con el bongó alcancé mis mayores logros. Verdaderos músicos me hacían señas para sustituir al que los tocaba malamente. Una vez vi llegar a Carlos y pensé que era la primera vez que veía a un líder independentista haciendo vida normal, pasándola bien.
Andando el tiempo Graciela Rodríguez Martinó confió en mí y me permitió colaborar en Claridad, en el suplemento cultural En Rojo Ahí pude conocer a un montón de gente valiosa. Gallisá era miembro de la Junta del periódico, lo dirigió, colaboró siempre, y ahí conocí a un tipo con una seriedad y compromiso inquebrantable y que, de manera simultánea era capaz de conservar el sentido del humor y las ganas de vivir. Los cuentos de terror de mi niñez no tenían ninguna base que no fuera la ideología dominante y la prensa comercial al servicio de la oligarquía.
Gracias a mis “malas amistades” tuve el honor de conocer muy joven a gente de otra liga. Los héroes nacionalistas, Lolita, Irving, Collazo, Rafael, Carmín, y Claridad me permitió entrevistar y conocer, hasta el día de hoy, mujeres y hombres de gran valor humano. Sin embargo, a mí me gustaría destacar que aparte de esa fulguración abstracta de la Patria, la vida concreta, la vida diaria, el abrazo, las ganas de vivir, la trinchera de la alegría, el error y la certeza, la calidad humana de tantos y tantas que he conocido es lo que me convence de que la libertad y la defensa del agua, el aire y la tierra, son los modos de ser feliz. Entre esos que vi mostrar compromiso, seriedad, tristeza, felicidad, ganas de vivir y respeto a los que dieron la vida por lo que creían, está Carlos Gallisá. Mi recuerdo es el de un hombre dispuesto a luchar y a reír.
Era uno de los líderes que tenía esas cinco energías que son importantes si queremos ser personas que impactemos en este Puerto Rico de hoy. La primera de esas energías es la física, la segunda es la intelectual, la tercera es la moral, la cuarta es el valor y la quinta el amor y yo creo que Carlos era uno de los poquitos que encarnaba esas cinco energías.
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Conocí a Carlos en 1973 en la oficina que tenía el Partido Independentista Puertorriqueño en la avenida Muñoz Rivera al lado de la Lotería. Comenzó hablando de lo que estaba haciendo él como representante del PIP, lo que se había logrado con Culebra y habló bastante claro sobre su amor por Puerto Rico, él tenía una idea de la independencia bastante clara, no quería una independencia sujeta a nada.
También habló un poquito de su relación con los presos y lo estaba haciendo de una forma tan afable, con tanto cariño y de momento se le salía una sonrisa y sus ojos se abrían y me conmovió mucho porque es algo que para mí es importante la cuestión de los presos. Teníamos a los cinco nacionalistas presos. Para ese tiempo yo había dado clases en una penitenciaria en el estado de Illinois y había unos poquitos presos que él conocía que por casualidad yo conocía algunos. Después de yo estar en la prisión conocí por ejemplo a Ángel Díaz que siempre me hablaba de Carlos. Ángel Díaz es el preso que reta a la muerte por 45 minutos cuando fue asesinado y pudo combatir ese veneno que le inyectaron al cuerpo para demostrarle al mundo que él era inocente de su crimen. Estas cosas que son importantes para mí, se hicieron más importantes más luego.
Desde el 1973 en adelante yo no lo volví a ver. Cuatro décadas más tarde me encuentro con Carlos, el me visitó en la casa de mi hija y vino con su hija, Sofía y de nuevo lo que me impactó fue la sonrisa y sus ojos abiertos, estábamos hablando en la casa y veo un cambio positivo. Muchos de los líderes independentistas cambian pero no para lo positivo, llegamos hablar de lo que estaba pasando en Puerto Rico, me trajo algunas de las cosas con las que él no estaba de acuerdo y algunas con las que estaba de acuerdo. De nuevo, uno podía sentir el amor de Carlos por esta Patria y también su capacidad para trascender límites y barreras. Cuando él explicaba y uno escuchaba se daba cuenta de que era un líder especial, que tenía un potencial que muchos quisieran, ese que no está en esa campaña de protagonismo, sino en la campaña de lucha, la praxis exigente.
Era uno de los líderes que tenía esas cinco energías que son importantes si queremos ser personas que impactemos en este Puerto Rico de hoy. La primera de esas energías es la física, la segunda es la intelectual, la tercera es la moral, la cuarta es el valor y la quinta el amor y yo creo que Carlos era uno de los poquitos que encarnaba esas cinco energías. Uno veía en Carlos esas cinco energías que son bien fundamentales yo creo que la capacidad de amor por la Patria nadie se la puede cuestionar, ese hombre intelectual era grande.
El Semanario Claridad siempre ha sido para mí, como periodista y como ciudadana, un referente imprescindible de la información fidedigna y de las opiniones respetables y eruditas de lo que ocurre en nuestro país. Por eso nunca me atreví a pensar en colaborar en El Periódico de la Nación Puertorriqueña. Pero la muerte, solo física, del licenciado Carlos Gallisá Bisbal me ha movido a hacer esta colaboración en agradecimiento como una puertorriqueña que disfrutó y atesoró sus opiniones sobre el pasado, presente y deseos de futuro de nuestra nación.
Muchos tienen el privilegio de guardar recuerdos de luchas y batallas compartidas por la Independencia de Puerto Rico y en contra de la corrupción y otros males que siempre atentan contra nuestra sociedad. Mi recuerdo de Carlos Gallisá será precisamente, cómo dejó de ser el recuerdo del miedo al cuco, para ser el recuerdo de una persona altamente respetable por su inteligencia, su sentido de la ética, la justicia y sobretodo su valor para defender el principio de que Puerto Rico tiene el derecho y la capacidad para tener un sitial Libre y Soberano en el mundo.
Tengo que ser justa y mencionar que en mi formación como Ser pensante, sí tuve el privilegio de tratar y compartir con otras dos figuras como don Juan Mari Bras y David Noriega, con quienes corté el cordón umbilical del prejuicio por “miedo al cuco independentista” con que fuimos criados, digamos por ignorancia y no por maldad, gran parte de mi generación y anteriores. Enseñarle a la gente a pensar ha sido considerado históricamente como una acción imperdonable por quienes han querido controlar y someter a la masa desde que el mundo es mundo. Así que cuando tienes el valor y el temple para atreverte a ser una voz de conciencia, se paga el precio de convertirse en “el cuco” de la batalla que se libre. Sin embargo, siempre se obtiene como ganancia, que esa voz que encendiste como una antorcha en la conciencia de las personas a las que llegues dentro de esa masa, nunca se apagará aunque tu materia deje de existir.
Mi abuelo que era sastre, utilizaba la analogía de la ropa para explicarnos la relación entre el espíritu y la materia. Nos decía que cuando el muriera, no lo fuéramos a buscar al cementerio ya que no estaría allí porque, “esto que tenemos (la materia) es un trajecito que nos prestan para cumplir nuestra misión y cuando hemos cumplido lo entregamos y lo que realmente somos, nuestra alma, no muere y va a otra dimensión”. Por eso estoy convencida que El Comandante Galli, como aprendí a decirle cariñosamente, siempre estará vivo en la mente y en los corazones de quienes tuvimos en mayor o menor grado la oportunidad de beneficiarnos de su conocimiento, su sabiduría y su ejemplo. Independientemente del ideal político que se defienda, todas las personas que se precien de ser buenos puertorriqueños y puertorriqueñas, deben reconocer con respeto a una figura como Carlos Gallisá, que inculcó valor para defender los principios dignos, asi como disciplina y tesón para moldear la inteligencia en pro de una causa tan justa y requerida como lo es la Libertad y la Soberanía de nuestra Patria.
Parafraseando a Violeta Parra, gracias a la vida por haberme dado la oportunidad de aprender de figuras como él, a quien hoy le decimos hasta luego. ¿Que lo vamos a extrañar? Sí, ¿que hubiéramos querido seguir escuchando sus opiniones y consejos por radio, por sus escritos o en persona? Por supuesto, pero una de los mayores aprendizajes es que somos almas encarnadas y debemos aceptar el para qué de aquello que en principio, ni entendemos, ni aceptamos. Lo que nos ocupa y acciona es el hecho de que por su obra y su palabra el Comandante Galli estará siempre vivo como referente en nuestra conciencia colectiva. Y como prueba de ello termino con la consigna con la que nos enseñó a despedirnos… Venceremos.
Este filme enfoca en una década del trabajo investigativo y de campo de Marie Colvin, periodista nacida y educada en Estados Unidos y corresponsal de guerra para el periódico británico The Sunday Times de 1985 hasta su muerte en uno de los bombardeos perpetrados por el ejército sirio en la ciudad de Homs en febrero de 2012.
Como suele suceder para los meses de noviembre y diciembre, muchos productores y distribuidores interesados no tanto en la venta de taquilla—eso se lo dejan a las megaproducciones que calendarizan sus películas para Navidad, verano y Halloween—prefieren poner en cartelera los filmes que tienen buenas posibilidades de ser nominados y eventualmente premiados por los Golden Globes del Circuito de periodistas Extranjeros asignados a Hollywood, que siempre están muy pendientes a los Festivales de Telluride en Colorado y Toronto en Canadá. A estas primeras nominaciones le siguen los de los gremios de Hollywood y por supuesto, los Oscares. Aquí ya van llegando estos filmes y la época navideña se pronostica como una de muy buen cine.
A Private War
(director Mathew Heineman; guionista Marie Brenner; autor Arash Amel; cinematógrafo Robert Richardson; elenco Rosamund Pike, Jamie Dornan, Tom Hollander, Stanley Tucci, Faye Marsay, Greg Wise, Nikki Amuka-Bird, Alexandra Moen, Corey Johnson, Fady Elsayed)
Este filme enfoca en una década del trabajo investigativo y de campo de Marie Colvin, periodista nacida y educada en Estados Unidos y corresponsal de guerra para el periódico británico The Sunday Times de 1985 hasta su muerte en uno de los bombardeos perpetrados por el ejército sirio en la ciudad de Homs en febrero de 2012. Para resaltar aún más la realidad que esta periodista vivió intensamente, la filmación de los lugares de batallas se filmaron en Jordania, precisamente donde se ubica Zaatari, el campamento de refugiados sirios más grande de la región. Jon Stewart fue productor ejecutivo del excelente documental After Spring/Después de la primavera de 2016 que recoge las historias de muchos de estos refugiados.
La historia comienza precisamente con la voz narrativa de Colvin/Rosamund Pike en una entrevista donde intenta definir lo que hace, por qué lo hace y lo que considera la misión de su vida: ser testigo de los horrores de la guerra y dar testimonio de los sufrimientos de la población civil. De ahí, acompañamos a Colvin en una de sus asignaciones—algunos dirían casi suicidas—en Sri Lanka en 2001 en medio de la guerra civil que ya llevaba casi dos décadas y con innombrables atrocidades que la prensa apenas cubría. Es ahí precisamente donde pierde la visión de su ojo izquierdo mientras intentaba llegar a una zona neutral que al parecer ningún grupo quería respetar. Puede que este incidente redujera sus asignaciones extranjeras pero en ningún momento la detuvo para seguir siendo la misma periodista a pesar de poder asegurar su carrera como redactora en The Sunday Times.
Su cobertura de Irak nunca siguió la reglamentación impuesta por las fuerzas militares estadounidenses. El interés de Colvin no era en los conflictos bélicos sino en cómo la población había sobrevivido o no el régimen de Saddam Hussein y luego la ocupación y bombardeos de los Estados Unidos y su mal llamada coalición. Junto a Paul Conroy, fotógrafo de frentes de guerra y quien la acompañará hasta Homs, recoge imágenes e historias de mayormente mujeres—abuelas, madres, hijas, hermanas—que pierden a sus seres queridos sin poder rescatar sus cuerpos o pedir justicia por miedo a morir ellas también. ¿Y entonces quién quedará para cuidar y alimentar a los vivos? Con Colvin y Conroy llegaremos a Afganistán, Libia y Homs. Aunque Colvin nunca pierde una oportunidad de cubrir estos conflictos—continuamente presiona a su editor, Sean Ryan, a asignarle estos lugares—sí vemos cómo esa presencia y participación en estos lugares le crean un estado mental que, en su caso, solo apacigua con el alcohol y aumento en trabajo. Ese Síntoma de estrés postraumático (PTSD) y su empeño en no tratarlo para no estar alejada de los lugares de conflicto la mantendrán alejada de amistades y amantes que quieren lo mejor para ella y la harán más agresiva en buscar más y más testimonios para que los gobiernos no puedan negar la verdad. También en sus propias palabras habladas y escritas no hay duda de que cubrir zonas de guerra, estar en el medio de donde pasa todo, es una adrenalina que nubla la razón y la empuja a poner en peligro su propia vida y, a veces, la de los demás.
A Private War me recordó un hermoso filme —a pesar de la experiencia traumática de su protagonista interpretada por la increíble Juliette Binoche y por la cobertura de frentes en guerra— que recibió el Premio Especial del Jurado y Mención Especial del jurado del Premio Ecuménico en el Festival de Montreal de 2013: 1,000 Times Good Night del realizador noruego, Erik Poppe. Usando la experiencia de Poppe como fotógrafo de las zonas de guerra, al igual que Heineman lo hace con A Private War, narra la historia de Rebecca quien sobresale en esta profesión hasta el punto de no poder distinguir entre su trabajo profesional y lo que parece haberse convertido en obsesión. Aunque espera que sus fotos tengan un impacto en los que legislan y hacen política, la mayoría de las veces parece ser una fascinación con la imagen que no se traduce a un enjuiciamiento. Comienza y termina con el ritual de una mujer virgen que ha sido escogida para detonarse como una bomba humana en una aldea o ciudad de Afganistán. Entre esos dos actos está la vida familiar de Rebecca con marido, dos hijas, casa, amigos y un espacio llamado hogar aunque haga viajes distantes y prolongados para cubrir un conflicto donde la muerte impera.
se puede verificar que este libro que nació de una tesis de doctorado permite a quien lo lea observar cómo la relación del autor del libro con el objeto estudiado se establece de dos formas: César Pérez estudia el evento que fue la huelga de 2010 como académico, en el proceso de escritura de una tesis de doctorado, y por fin se identifica con el sujeto colectivo que es el actor protagonista en las distintas huelgas.
Ruy Costa
Las palabras finales de César –‘Aún no ganamos y la huelga no ha terminado’– me parecen las palabras justas para comenzar mi comentario y presentación de Rebelión – No-Derecho y Poder Estudiantil, la huelga de 2010 en la Universidad de Puerto Rico.
Justas porque este sujeto colectivo del ‘no ganamos’ incluye al autor de este libro, César Pérez Lizasuain, que se identifica con el sujeto colectivo que es el estudiantado que hizo la huelga de 2010, la del 2011 y la del 2017. De esta forma, y para quien no conozca al autor, se puede verificar que este libro que nació de una tesis de doctorado permite a quien lo lea observar cómo la relación del autor del libro con el objeto estudiado se establece de dos formas: César Pérez estudia el evento que fue la huelga de 2010 como académico, en el proceso de escritura de una tesis de doctorado, y por fin se identifica con el sujeto colectivo que es el actor protagonista en las distintas huelgas.
Para este proceso de identificación que se da entre César y el sujeto colectivo protagonista de la huelga de 2010 será importante señalar que César fue docente sin plaza en la Universidad de Puerto Rico durante varios años, que en 2017, como lo dice en el prefacio ‘en contraste con la huelga de 2010, me tocó ver y participar del evento como profesor universitario’, y que además de esto, César es ciudadano, asalariado, miembro de la clase trabajadora de un país en que la precariedad es junto con el desempleo el futuro expectable para la gran mayoría de los que ahora estudian y trabajan en este país.
El proceso de construcción del estudiantado en movimiento estudiantil, del estudiantado como agregado de individuos atomizados que ocupan un lugar en la estructura que es la universidad, y que como dice en una entrevista un ex-miembro de la Junta de Síndicos – ‘aquí los maestros vienen a enseñar, los estudiantes a aprender y los administradores a administrar y si hacen cualquier cosa distinta a eso is not okay’ (125), y que se convirtió en un sujeto colectivo conocido como el movimiento estudiantil, y el modo de organización de esta comunidad creada a través de un proceso largo y complejo en el cual la huelga refleja parte de este proceso de subjetivación, digo, este proceso de construcción de una identidad colectiva es lo que faltó hasta ahora en gran medida en los empleados (docentes y no docentes) de la Universidad de Puerto Rico y lo que está faltando hace mucho tiempo en el país, de acuerdo con lo que César dice a propósito del 15 de octubre de 2009:
‘El 0-15 marcaba así un declive, al menos, en la lucha de los gremios sindicales, e instauraba un nuevo ciclo (2009-2011) en el que la resistencia no solamente en el contexto universitario, sino a nivel nacional, no se enfocó en los dos grupos tradicionales que servían de vanguardia a la protesta social en Puerto Rico: por un lado, las y los trabajadores organizados en sindicatos y, por otro, el independentismo.’ (66).
Como añade un de los entrevistados, miembro de la UJS en el RUM: ‘La verdad, en el momento en que le tocaba al movimiento obrero, ese sector se quedó callado’.
Ya empecé la presentación del libro pero me permito interrumpirla para ahora hacer una introducción a la presentación: conocí a mi amigo César, y en este contexto pudiera llamarlo también compañero o camarada de lucha, durante la última huelga universitaria en 2017. Esta huelga que ambos vivimos como docentes sin plaza en la UPR, creó las condiciones para que un grupo de docentes se constituyera en comités de acción autoconvocados en distintos recintos de la UPR, y esto es uno de los aspectos novedosos de esta última huelga, en comparación con la huelga de 2010, y fue a través de uno de estos grupos, PARES, que conocí a César.
El paro que empezó en los últimos días de marzo de 2017 y del cual surgirá la huelga aprobada el 5 de abril en la asamblea de estudiantes, comienza por la noche del día 27 de marzo, luego de una reunión de claustro convocada de emergencia y que sirvió por lo menos para demostrar, a quienes tenían todavía alguna duda, la inutilidad de realizar reuniones de claustro cuando estas son burocráticas, verticales, anti-democráticas (al excluir todos los docentes sin plaza y sin carga académica completa de cualquier posibilidad de la participar en las decisiones del claustro). Los comités de acción autoconvocados están para la reuniones de claustro como los comités de acción estudiantil están para la representación institucional de los estudiantes, docentes y empleados en la estructura de la Universidad. Lo que falta es que estos comités de acción autoconvocados no surjan cuando hay una huelga de estudiantes y se disuelvan o desaparezcan cuando la huelga termina. Lo que falta es todo el trabajo político de construcción de una identidad colectiva descrito en el libro de César y que articula la experiencia de la huelga de 2005, de CUCA, a las huelgas de 2010 y de 2011 y de 2017. Porque estas huelgas no surgieron de la nada y tampoco se desvanecieron en el aire. Lo que falta es que los trabajadores de la UPR pasen por un proceso idéntico de construcción de una identidad colectiva de forma análoga a la que resultó en el surgimiento del movimiento estudiantil y por ahora falta crear los mecanismos para que estos grupos autoconvocados puedan conducir a una lucha por la hegemonía. Como veremos a continuación, los comités de acción y, durante la huelga, las bases por portón y el Pleno son estructuras creadas con el propósito de que una comunidad estudiantil en la huelga pueda organizar, deliberar, vivir, bajo principios de la democracia participativa y de una forma horizontal una vez que se verifican los límites de los espacios institucionales definidos por la ley universitaria. Si las reuniones de departamento, de facultad, de claustro, si el senado no son estructuras en que la democracia participativa se pueda ejercer, entonces habrá que crear otras estructuras que lo posibiliten.
La huelga de 2017 tiene características singulares que la distinguen de la huelga de 2010, descrita en este libro: además de los comités autoconvocados, cambió en gran medida el perfil de los rostros más visibles: de los porta voces al mismo consejo de estudiantes, fueron mujeres muchas de las personas más destacadas del movimiento estudiantil; también, y como me dijo una amiga y antigua participante de la huelga de 2010, Teresa Córdova Rodríguez, ahora el antagonista no era solamente la Junta de Síndicos y el gobierno de Ricardo Rosselló, era también la Junta de Control Fiscal que de forma similar a las Troikas que llegaron a Grecia y a Portugal, llegaban para imponer un programa de políticas neoliberales en un contexto de una crisis financiera del Estado. Por eso, en las demandas de la huelga, además de cero recortes y de cero aumento de matrícula, se exigía una auditoría sobre la deuda de Puerto Rico.
Hay sin embargo una continuidad entre los procesos de huelga que van desde 2005 hasta 2017, y eso lo reconoce César al inicio de su libro, que es el desarrollo de la doctrina neoliberal en las políticas públicas de Puerto Rico y a partir de la cual se pretende cambiar por completo la Universidad de Puerto Rico. Por esa razón, César utiliza inicia su reflexión utilizando el término subsunción real que proviene del sexto capítulo inédito del Libro 1 del Capital de Karl Marx, y que en las palabras de Antonio Negri que el mismo César cita se lee:
‘… Negri (en La Fábrica de Porcelana) sugiere que la subsunción real ‘significa que todos los aspectos que la sociedad presenta de modo más o menos distinto se resumen en un solo proceso de producción. Todas las formas son subordinadas a la construcción de la ganancia, no existen más fases o espacios intermedios de la sociedad en los cuales las formas de producción independientes puedan subsistir autónomamente.’
Si, como dice Boaventura Sousa Santos, ‘el desarrollo de la educación universitaria en los países centrales, durante los 30 o 40 años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, se apoyó por un lado en las conquistas de la lucha social por el derecho a la educación, manifiestas en la democratización del acceso a la universidad, y, por otro lado, en los imperativos de la economía que exigía una mayor calificación de la mano de obra en los sectores clave de la industria. La situación se alteró significativamente a partir de mediados de la década de 70 con la crisis económica que se instaló. A partir de entonces se generó una contradicción entre la reducción de la inversión pública en la educación superior y la intensificación de la competencia entre empresas, presente en la búsqueda de innovación tecnológica, y, por lo tanto, en el conocimiento técnico-científico que la hacía posible, y en la necesidad de formación de una mano de obra altamente calificada’.
Como lo sintetiza César, a través de esta lógica neoliberal aplicada a la universidad pública:
“… desde el estado neoliberal se fomenta que la universidad estatal vaya asumiendo lógicas propias de lo privado. La descapitalización, el aumento en el costo de matrícula, la privatización de servicios dentro de la propia universidad (comunicaciones, seguridad, tecnología, patentes, entre otros), la imposición de que se busquen fuentes de financiación en los mercados (préstamos, participación en los mercados de bonos, etc.) y la precarización del trabajo docente tienen el efecto de una privatización de facto del aparato universitario, mientras que jurídicamente conserva su estructura pública. (30-31)
Ante este ataque conducido por los poderes económicos que determinan la lógica neoliberal de las políticas públicas, y siendo el Estado un instrumento de poder de esta clase (se lo puede decir? Burguesa), César encuentra en autores como Alain Badiou y Enrique Dussel la teoría del evento del primer y el concepto de estado-de-rebelión de segundo como teorías que le permiten pensar las revueltas organizadas por el movimiento estudiantil como forma de revuelta en contra esta lógica neoliberal.
En el análisis que César hace de la Ley 7 de 2009 del gobierno de Luis Fortuño que declaró un ‘’estado de emergencia fiscal’’ y de la reacción del movimiento estudiantil que conduzco a la huelga de 2010 se adecua a la distinción que Enrique Dussel presenta entre estado de rebelión y estado de excepción:
“…el ‘estado de rebelión … es algo más que un ‘estado de excepción. El segundo es correlativo al orden jurídico establecido (potestas), y lo decreta una función del poder constituido (al menos un poder legitimado carismáticamente); el primero, en cambio, es la acción misma originaria de la voluntad consensual de la comunidad política (potentia).” (38)
Así, si el estado de emergencia fiscal en 2009 (a lo que se sumará en 2016/17) la crisis financiera y la Junta de Control Fiscal, pretendió ser la forma de conseguir el contexto de legitimación del programa neoliberal en toda su extensión, el estado de rebelión es la respuesta por parte de la revuelta estudiantil. Como dice César, esta respuesta no es solamente negativa, o en sus palabras ‘’el evento rebelde transciende la negatividad propia de la protesta y se desenvuelve en un terreno positivo en el que se produce subjetividad.’’ (39). Como se puede ver el terreno positivo?
En la página 42 dice César: a través, del “…uso de los medios sociales de comunicación en red, expresiones artísticas o cultural jamming, asambleas para la toma de decisiones, nuevas formas organizativas para la participación, nuevos esquemas de mando-obediencia, la renuncia y puesta en marcha de un nuevo entendido sobre la representación, el acto de desobediencia civil, enfrentamientos pacíficos y no pacíficos con las autoridades estatales, entre otros) que producen significados, tanto de ruptura respecto a la hegemonía neoliberal como de creación de un nuevo campo subjetivo mediante la afirmación de una nueva verdad política más allá del Estado-parlamentario y del Estado de Derecho.
A través de todos estos mecanismos, se puede constatar que es posible inventar normas, formas de organización y de participación y de deliberación, que no están reguladas por la forma jurídica moderna. A estas formas de ordenación social no jurídica, César, de acuerdo con Carbonnier designa como el no-derecho y va a ser a través de este concepto como César analiza la contradicción entre la forma de actuar del Estado, de la Junta de Síndicos, del Tribunal Supremo, hasta del Colegio de Abogados en dado momento de la huelga, y la forma de actuar del movimiento estudiantil.
Los cambios en la composición del Tribunal Supremo en 2010 son, para César, la expresión de la validación jurídica del estado de excepción económico en Puerto Rico. La aprobación en el 24 de febrero de 2010, en la Junta de Síndicos de la UPR de la Certificación 98 que limitaba el acceso de las exenciones y ayudas económicas a estudiantes universitarios fue la causa inmediata de la huelga que comenzó en abril y que se extendió hasta junio de 2010 ocupando diez de los once recintos universitarios.
Sobre el proceso de negociación entre la Junta de Síndicos y el Comité Negociador Nacional, dice uno de los entrevistados por César lo siguiente:
“… la Junta de Síndicos estaba en un cuarto y los estudiantes estaban en otro y el árbitro (un ex juez) iba de cuarto a cuarto y se llegó a un acuerdo así…” (74)
Finalmente, los acuerdos recogidos en el documento titulado Entendidos entre la administración universitaria y el Comité Negociador Nacional fueron certificados por la Junta de Síndicos con fecha del 16 de junio de 2010 y por una asamblea nacional de estudiantes el día 21 de junio de 2010.
Como dice otro de los entrevistados quien fuera parte del Comité Negociador Nacional “… una de las razones de la huelga fue que los que estábamos en el Consejo fracasamos en nuestra labor de poder parar esas acciones de la administración: fracasamos por completo. Fracasamos porque no teníamos el poder para hacerlo…’’ (80)
El poder estudiantil es analizado de la siguiente forma: (1) de carácter cíclico y diverso, (2) en la huelga de 2010 (y en la huelga de 2017 de otra forma – por ejemplo, en abril de 2017, durante el proceso de la huelga docentes entraron en un de los comités de base y de esa forma pudimos participar en los plenos llevados a cabo durante la huelga) se abrió la puerta para una participación amplia y diversa de actores no tradicionales en las luchas estudiantiles, (3) hubo una promoción de la participación amplia, diversa y directa de todas y todos estudiantes interesados en hacerlo, (4) la identidad flexible, no fija, del movimiento estudiantil que obligó a adoptar posturas y formas organizativas no tradicionales. (5) Finalmente, y vuelvo a citar el texto “el movimiento estudiantil se concibe como la propia Universidad (…). No se produjo pues, dentro de este discurso una línea que deslindara al estudiantado, como sujeto participante de unos derechos y obligaciones, de la Universidad como institucionalidad separada que se encuentra obligada a cumplir determinadas obligaciones contractuales. El protagonista se concibió como centro vivo de la propia universidad, contrario a lo que pensaba la administración universitaria.” (83)
En oposición a esta última idea, se puede oponer lo que en la página 129 es la ideología plasmada por el juez asociado Rafael Martínez Torres en el caso Universidad de Puerto Rico v. Gabriel Laborde:
“Cada estudiante firma un acuerdo con la UPR en la que la segunda se compromete a enseñar y el primero a cumplir con sus deberes académicos.”
Es en una lógica de contrato de prestación de servicios, y en una lógica individualista y liberal, en donde no existe el estudiantado como entidad colectiva sino cada estudiante singularmente, que se articula este texto, por oposición a una lógica colectiva en el cual el estudiantado, a pesar de diverso, de plural en sus características no pierde aquello que los une como un sujeto colectivo.
En la lógica de construcción de este proceso de resistencia se analizan las estrategias para contactar con las audiencias, sea los otros estudiantes sea el resto de la ciudadanía. Entre estas estrategias se encuentra por ejemplo la Carta al País hecha pública el 21 de abril de 2010, la Declaración desde la Universidad tomada publicada el 1 de mayo de 2010 y la Radio Huelga, una estación de radio por internet creada en medio de la Huelga de 2010 para comunicar sobre lo que acontecía diariamente en la revuelta estudiantil.
En cuanto a la estructura organizativa que conduzco a los Comités de Acción Estudiantil se dice que estos fueron creados por lo menos dos años antes del inicio de la Huelga de 2010 y que se remite a la huelga de 2005 y a las manifestaciones de solidaridad con la huelga en 2008 por la Federación de Maestros de Puerto Rico.
Los CAE se solidificaron como espacios informales por oposición a la estructura formal del Consejo General de Estudiantes y al déficit democrático de la UPR. Ya en el contexto de la Huelga el Pleno era el foro de participación amplia en donde se llevaban cuestiones centrales y en donde se tomaban decisiones. A propósito de la relación entre los Comités de Portones y el Pleno se dice que “… La superioridad del Pleno se daba en la medida en que la participación en la toma de decisiones era plenaria, amplia, participativa y deliberativa. Pero no tenía jurisdicción directa sobre las decisiones locales en los CAE, que se transformaron en los Comités de Portones a partir de la ocupación de los campos universitarios”. El Comité de Seguridad y el Comité en Contra de la Homofobia y Discrimen son otros de los comités descritos. En la huelga de 2017, existía también el Centro de Comunicación Estudiantil y el Comité Central de Comidas y que junto con el desarrollo del huerto dan cada vez más la apariencia de una ciudad, de una ciudad-Estado, de una Comuna.
En el capítulo 3, se analiza como tanto el CAFI en 2006 que recomienda “un aumento de matrícula y la consiguiente reforma universitaria acomodada a las variantes impuestas por el mercado” (105) durante el gobierno de Aníbal Acevedo Vilá como el CAGFES creado en 2010 por Luis Fortuño siguen un modelo similar de lo que debe de ser la universidad. Eso se puede ver también en la composición del CAGFES que era compuesto por ‘’altos miembros de la industria farmacéutica; por representantes de la empresa privada como fue el Sistema Universitario Ana G. Méndez; por la presidenta en aquel momento de la Junta de Síndicos, Ygrí Rivera y por afiliados al PNP’’ (110)
Además de la utilización del Tribunal Supremo como instrumento para implementar la agenda neoliberal, también la represión de la protesta se está dando a través de una progresiva militarización de la policía, por tácticas de detención y encierro en vehículos en movimiento, o más recientemente por otras leyes.
Concluidas las huelgas estudiantiles de 2010 y 2011, nos dice César, “inició un nuevo intervalo de despolitización de la protesta social’’ que terminó con la huelga con la huelga estudiantil de 2017 y con las manifestaciones del 1 de mayo de 2017 y de 2018.
Para empezar a cerrar esta presentación quisiera distinguir distintos niveles del análisis: por un lado, como el movimiento estudiantil evoluciona en relación con la audiencia, con la percepción por la ciudadanía en general en una lucha por la hegemonía –y la formación por ejemplo del Comité de Seguridad o la definición de una regla como de no fumar frente a los portones y de definir áreas específicas para hacerlo son medidas tomadas en ese sentido así como las Cartas abiertas o la Radio Huelga– cuando del otro lado tiene no solamente todo el aparato del Estado y de los principales medios de comunicación privados que transmiten un discurso generalmente contrario al movimiento de estudiantes. Por otro, el movimiento estudiantil evoluciona dentro del mismo recinto –por ejemplo la creación de un Comité de Acción de Mujeres y del Pleno de Mujeres son parte de ese trabajo interno del movimiento estudiantil de autorreflexión. Existe también otra evolución que se relaciona con las formas de represión y con la ocupación de la universidad por la policía obligó igualmente a inventar nuevas formas de lucha.
Finalmente, en el capítulo 3.5.1. titulado Zapatistas en la UPR: el mandar-obedeciendo del poder estudiantil, César analiza la Declaración de la Universidad Tomada, redactada por el Comité de Acción Estudiantil de la Facultad de Humanidades de la UPRRP y su similitud y inspiración en la Cuarta Declaración de la Selva Lacandona. Cito, por última vez a César que comparando ambos documentos dice:
“A partir de este comunicado (…) y con el característico estilo poético y la carga filosófica de los comunicados zapatistas, se intenta traducir lo siguiente: (1) el rechazo a la situación imperante en la UPR, análogo al ¡Basta! de la Primera Declaración de la Selva Lacandona; (2) la consolidación de la auto-identificación como el protagonista del conflicto en contraposición al poder antagónico contra el que luchan: ‘hemos cambiado la historia, la hemos hecho nuestra’; (3) los objetivos y metas del movimiento estudiantil: ‘Diálogo, negociación, conocimiento, educación, libertad, transparencia, democracia y participación. Éstas fueron nuestras banderas en la madrugada del 21 de abril de 2010; éstas son hoy nuestras exigencias”; (4) la identificación de uno de los agentes antagonistas, la ‘mala administración’, haciendo uso de la referencia zapatista al ‘mal gobierno’; y (5) el criterio de validación mediante la producción de una esfera ética.” (150)
Quisiera terminar agradeciendo mucho a César la invitación a presentar este su libro, que agradezco a todos aquellos y aquellas que luchan por un mundo más justo y que en los años que aquí he vivido los días en que la universidad fue ocupada por el movimiento estudiantil fueron los días en que sentí el olor de la democracia y de la libertad.