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Derecho a tener derechos

Marcelo Barros/Especial para En Rojo

Esta es el aniversario de los 70 años de la Declaración de los Derechos Humanos, proclamada por la Organización de Naciones Unidas. Hoy, el problema no es que ése o aquel derecho no sea respetado. Es que la sociedad dominante y los gobiernos niegan a la mayoría de las personas, como expresaba la filósofa Hannah Arendt, hasta el derecho a tener derechos. 

Cada día, en el mundo, más de 4000 niños mueren por enfermedades debidas a la falta de acceso al agua potable. Millones de labradores sin tierra pasan hambre. Un millón 300 de personas no tienen trabajo. 60 millones de refugiados atraviesan mares y desiertos en busca de un lugar para vivir. En ese modo de organizar el mundo, no hay lugar para derechos humanos, ni derechos de la naturaleza y de la Tierra. Los seres vivos, las personas y la propia vida se convierten en mercancía. En la naturaleza, cada año, más de 15 mil especies vivas desaparecen, debido a nuestros modos de producción y de consumo predadores.

Para reaccionar a eso, movimientos sociales de todo el mundo se han unido para proponer otras formas de organización. Además de los foros sociales, encuentros continentales y de organizaciones de trabajadores, como también de pueblos indígenas y otros segmentos, esta semana, en Verona, Italia, se ensaya una propuesta nueva de diálogo y acción común que busca fortalecer una Alianza de la humanidad por la Vida. En diversos continentes, intelectuales y militantes sociales se organizan en lo que ha sido llamado “Ágora de los Habitantes de la Tierra”. (En el mundo antiguo, en las ciudades griegas, Ágora era el lugar de encuentro y decisiones democráticas).

El bien vivir juntos y la seguridad de la existencia son cuestiones colectivas, comunes y planetarias. A partir de las bases, se intenta garantizarlo. La fe en un plan divino para el mundo debería llevar a religiones e Iglesias a ser las primeras a interesarse por ese tipo de iniciativa. Para quien es cristiano, el término griego “católico” significa ser llamado a la universalidad, eso es, abierto a todo lo que es humano. Es un escándalo que Iglesias y religiones estén tan poco insertadas en ese camino.

En los evangelios, Jesús proclamó benditas de Dios (bienaventuradas) a las personas que, en cualquier religión, o fuera de ellas, vivan la simplicidad (pobreza de corazón), se consagren a la construcción de la paz, sean solidarios (misericordiosos) y vivan el hambre y sed de justicia (Mt 5, 1-12). Es lo que se busca en ese encuentro de la Ágora para crear bases nuevas y revolucionarias para una alianza de la humanidad por la Vida.

El autor es monge benedictino y ha escrito más de 40 libros

Vuela alto

Leo siempre estaba pendiente de lo que yo escribía y solía darme instrucciones e ideas para las historias que publicaba entonces en el semanario para el que trabajaba. Las ruedas de las camillas de funeraria, me decía, como quien no quiere la cosa, son como las de los hospitales. El ruido es el mismo que hace la cunita con ruedas de los recién nacidos –añadía, después de un corto silencio, con la misma expresión de no pasa nada que solía poner cuando decía cosas tremendas. También se parece a los carros con las bandejas de las comidas, rodando por los pasillos lustrosos de los hospitales, añadía, con tono siniestro, disfrutando mi estupor.

Sofía I. Cardona  /Especial para En Rojo

Al sentir su presencia, los pájaros se espantaban. Minutos antes de aparecer en el patio, sentíamos el aletear alocado de las palomas. Al poco tiempo, ella llegaba y nosotras lo celebrábamos: “Leo, has vuelto a sembrar terror en la plumífera población”, y lo cogíamos a relajo, “vamos a contratarte para que desalojes los balcones”. 

–Volvieron a escoger el sitio de los pájaros– nos reclamaba en tono acusatorio, porque siempre le dejábamos vacío el asiento más peligroso, el más cercano a los nidos.

–No nos dimos cuenta, te lo juro.

Y era verdad que no nos dábamos cuenta, aunque todas las vecinas conocíamos su horror cuando presentía a alguno de aquellos animales. Alguna vez le pregunté sobre el origen de esa fobia, pero me respondía que no tenía memoria de ningún incidente en particular, que siempre les había tenido manía. Al pasar los años esto fue cada vez menos importante, pero ahora que me dispongo a contar la historia de las cenizas, estoy segura de que debo comenzar por su aversión a los pájaros. 

Leo me contaba que era la menor de tres hermanos, uno de esos casos en que los padres, sin proponérselo, seleccionan una hija para que los cuide en la vejez. La súbita muerte de la madre, que gozaba de buena salud, pudo haberle asegurado su salida al mundo, pero aquello no pudo ser. El padre le sobrevivió varios años y no sólo agonizó dolorosamente, sino que además hizo todo lo posible por amargarle la existencia.

El señor había sido en su juventud un hombre dominante y enérgico. Hizo lo que le dio la gana y procuró controlar a quienes le rodeaban, pero por eso mismo era admirado. Es todo un hombre, un hombre decente, decía Leo que decían –y al decir eso hacía una mueca que me inquietaba. En algún momento decidió que no respondería nunca a la autoridad de nadie, así que abandonó su familia y se mudó lo más distante posible de todos ellos. Nunca tuvo trabajo estable, ni fue propietario de absolutamente nada. No puede reprochársele su escasa herencia, porque tampoco legó ninguna deuda. Jamás tomó prestado. Nunca hizo nada importante, ni bueno ni malo, nadie lo recordaba ni él recordaba a nadie, pero cuando se enfermó, regresó a la casa familiar meses antes de la muerte de la esposa abandonada y se instaló con todo su infortunio y su tristeza, a tiempo para derrumbarle a Leo sus planes de libertad. Los hermanos mayores ya se habían ido, y le tocó a ella cuidar al viejo patriarca. Y eso hizo hasta el día en que murió. Yo lo hubiera abandonado, pero nunca se lo dije a Leo, así que no viene al caso.

Uno de esos días raros, Leo llegó a casa exigiéndome que inventara un cuento sobre las ruedas de las camillas. Leo siempre estaba pendiente de lo que yo escribía y solía darme instrucciones e ideas para las historias que publicaba entonces en el semanario para el que trabajaba. Las ruedas de las camillas de funeraria, me decía, como quien no quiere la cosa, son como las de los hospitales. El ruido es el mismo que hace la cunita con ruedas de los recién nacidos –añadía, después de un corto silencio, con la misma expresión de no pasa nada que solía poner cuando decía cosas tremendas. También se parece a los carros con las bandejas de las comidas, rodando por los pasillos lustrosos de los hospitales, añadía, con tono siniestro, disfrutando mi estupor. Es el mismo ruido de los carritos de postres de los restaurantes. Qué raro, –me decía sin mirarme, y yo sentía un escalofrío al verla tan ensimismada– sobre esas ruedas puede venir la pena o la alegría. ¿Verdad que los carritos de postres son alegres? Haz algo con esto –insistía, sin cambiar su mirada entre malévola y traviesa, y yo le prometía usarlo en algún relato, a sabiendas de que ya la historia estaba hacía rato en su cabeza.

A su madre, después de incinerarla, se la devolvieron en una cajita 8 x 11. Leo, por supuesto, fue a casa a comunicarme su desconcierto. Cómo es posible, me preguntaba fríamente ante la taza de café, que mi madre esté tan compacta como este libro, me decía, blandiendo el volumen de la Historia de la literatura que tomaba de la mesa como si fuera una bandera, como este libro, repetía, y yo temía que Leo estuviera entrando en alguno de esos trances que ya le conocíamos, o que fuera a aparecer una paloma en la ventana.

Cuando llegó el momento, después de la muerte del padre, no quiso quedarse con las cenizas y se las entregó a uno de sus hermanos para que de una vez se llevara las dos cajitas en el equipaje de regreso. Quedaron en verse en Thanksgiving y hacer un viaje para disponer de los padres en un lago de New Hampshire.

Ella se mudó, nos dejamos de ver, y poco a poco fui olvidando toda esa historia, lo de las cenizas, sus frecuentes intervenciones en mi trabajo, pero no su fobia a los pájaros. Meses después me encontré a Leo en el supermercado. Había regresado a bregar con el apartamento de sus padres, que por fin ponían a la venta. Allí mismo, frente a una alta estiba de turrones y palitos de menta me contó el final de la historia, para que “hiciera algo con ella”, por supuesto. 

Con el mismo tono neutro de todos sus informes, Leo me relató lo que soy ahora mismo incapaz de reproducir con la misma gracia. Los tres hermanos llegaron a aquel paisaje idílico con las dos cajas de cenizas, como dos tomos de unas obras incompletas, tomaron sin permiso el bote de uno de los vecinos, porque confiaban que con el frío ninguna de las casitas del vecindario estaría ocupada. Llegaron hasta el medio del lago y allí, lejos de su país y de sus vidas, como si estuvieran dentro de una película gringa, abrieron las cajitas del padre y la madre de Leo para depositarlas en las calmadas aguas. Fue entonces que ella, al otro lado de la barca y de espaldas a sus hermanos, vio acercarse amenazadoramente los dos pájaros –patos, gansos, cisnes, ella no pudo distinguir– y pensó en huir. Ella jura que no se movió, de tan aterrada que estaba, pero algo se habrá movido en el bote para que los hermanos cayeran con todo y cenizas a las heladas aguas. Antes de que los hermanos lograran montarse de nuevo, pudo ver de cerca aquellas extrañas criaturas retozando felices entre las cenizas del padre y la madre, y para su sorpresa –me dijo con alegría demencial– esta vez no sintió miedo. 

Cuando concluyó su historia, Leo se fue sin despedirse, pero antes me volvió a echar una de aquellas miradas de reproche que solía darme cuando me quejaba de no encontrar historias para contar. Ahí tienes, me decían sus ojos, haz algo con eso. Y según se iba, sonaban las rueditas de su carrito de compras como las de las camillas de la morgue, las de las bandejas de postres y las cunas de los recién nacidos.

No me volví a encontrar a Leo y pasé mucho tiempo debatiéndome con esta historia de las cenizas y los pájaros, pero esta tarde me he enterado de que ha muerto –“vuela alto” han dicho, y a mí me ha dado gracia. Luego me ha dado pena, mucha. He sabido que ella también será dispersa en las aguas tranquilas de New Hampshire, y he escrito esto, en lo que se me ocurre una mejor historia que contar.

2018 Pasando revista al año que nos deja

Por Cándida Cotto/claridad

ccotto@claridadpuertorico.com

Aunque en este año que está próximo a concluir la isla no recibió la visita violenta de ningún evento atmosférico, eso no hizo falta para que el país continuara experimentando catástrofes. La administración del Partido Nuevo Progresista (PNP), bajo la batuta del gobernador Ricardo Rosselló Nevares, se ha encargado de continuar llevando a las y los puertorriqueños hacia la emigración, a la falta de educación, a la decadencia de servicios de salud, a la inseguridad pública; en fin, a la pobreza.

Fueron muchos los acontecimientos y asuntos relevantes ocurridos durante este año 2018. A continuación, los asuntos que a juicio de CLARIDAD resultan los más sobresalientes para este año. No están precisamente en orden cronológico, sino por su relevancia e impacto en el país.

La Reforma Educativa

Con la oposición de los diversos grupos magisteriales, comunidades escolares y otros sectores de la sociedad civil, bajo la misma prédica de que “no sirven”, la Legislatura aprobó en el mes de marzo la ley de una supuesta Reforma Educativa que permite el establecimiento del modelo de escuelas charter y los vales educativos. Con la reforma continuó el cierre de escuelas, 254 escuelas más (casi mil escuelas cerradas) y el despido de cuatro mil maestros transitorios. Mientras, la secretaria del Departamento de Educación (DE) Julia Keleher contrató por la cantidad de $16.9 millones a la empresa Cámara Mundi, para el programa Tus valores cuentan. Le presión pública logró que se suspendiera el contrato. No obstante, para cerrar con broche de oro, hace unos días se dio a conocer la contratación como asesor del DE a un tal Paul Pastorek, a razón de $250.00 la hora. Su remuneración ascenderá a $155 mil dólares, del 16 de octubre de 2018 al 30 de junio de 2019. Además se le reembolsarán gastos de viaje, alojamiento, comidas y otros.

La Federación de Maestros, denunció que Pastorek, fue superintendente de escuelas en el estado de Luisiana y propició la privatización del 95% de las escuelas tras el huracán Katrina. Bajo su dirección se despidieron a unos 7,000 maestros y maestras y se redujo el servicio a los estudiantes, mientras se elevó la nómina de los altos ejecutivos, asesores y contratistas.

La crisis de Ciencias Forenses

Desde inicios del año se denunciaba la acumulación de cadáveres en vagones en las instalaciones del Negociado de Ciencias Forenses (NCF), como consecuencia del huracán María. Entre junio y julio, las Comisiones de Salud y de Seguridad Pública de la Cámara de Representantes llevaron a cabo unas vistas públicas que dejaron al descubierto, además de la acumulación de cadáveres, el rechazo por parte del comisionado de seguridad pública Héctor Pesquera a aceptar ayuda de especialistas en asuntos mortuorios de la Reserva del Ejército, el almacenamiento de sobre dos mil pruebas de violación o rape kits sin analizar y el uso de fondos públicos para contratistas de medios de comunicación en contra de algunos legisladores y para entorpecer la labor legislativa. La Comisión refirió al Departamento de Justicia, su informe final para que examinara las acciones de varios de los directores del NCF, entre ellas, las de su directora interina y su directora de personal.

Primero de mayo

El 1ro. de mayo, Día Internacional de las y los Trabajadores, la Policía de Puerto Rico volvió a lanzar un violento operativo contra la masa de manifestantes que marchó desde el frente de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras hasta la zona bancaria, en la llamada Milla de Oro. La Policía contrató el uso de fuerzas paramilitares privadas y atacó a la población de manera indiscriminada —hasta periodistas fueron agredidos— con macanazos, gases lacrimógenos, agresiones físicas y persiguió manifestantes hasta la comunidad de Río Piedras. Fuentes de entero crédito revelaron a CLARIDAD que el operativo fue dirigido personalmente por el secretario de seguridad Héctor Pesquera y el director del Buró Federal de Investigaciones en Puerto Rico (FBI, siglas en inglés) Douglas A. Leff desde el piso 20 del edificio del Banco Popular.

La Ley 80 y el Presupuesto

Los meses de mayo a julio se fueron en otra representación teatral entre la Junta de Control Fiscal, el Gobernador y la Legislatura por la eliminación o no de la Ley 80, que protege al trabajador de despido injustificado. Desde el Centro para la Nueva Economía (CNE), economistas en su carácter profesional individual, abogados laborales y, por supuesto, sindicatos, todos coinciden en denunciar que el empeño de la Junta en la eliminación de esta ley responde solo a razones ideológicas. Aunque la Legislatura no cedió a su derogación, sí dio paso a una “reforma laboral” que resta protección y beneficios a los trabajadores. La disputa por la Ley 80 se trasladó al presupuesto y, aunque el Ejecutivo y la Legislatura sacaron pecho aprobando el suyo, la Junta certificó su propio presupuesto —que es el que impera— con recortes por $345 millones.

El robo de furgones

Nadie supo decir nunca por quién, cómo ni cuándo fueron a parar a los predios de la Comisión Estatal de Elecciones (CEE) varios furgones con suministros, como comida, catres, baterías y otros artículo,s que se supone fuesen distribuidos a damnificados por el huracán María. Se encontró otro furgón en una finca de Toa Alta, que pertenece al ayudante del director de la Autoridad de Transporte Marítimo (ATM) Luis Abreu Noble, y otros tres furgones en una finca en el pueblo de Adjuntas. Los descubrimientos simultáneos se dieron durante el mes de agosto. En el caso de los hallados en las facilidades de la CEE, trajo cola entre la comisionada electoral del PNP y el Presidente del Senado.

La condena de Cofina

En lo que representa otro golpe al pueblo de Puerto Rico, la Junta de Control Fiscal anunció en agosto que llegó a un acuerdo con los bonistas de COFINA (Fondo de Interés Apremiante). El acuerdo compromete los recaudos del Impuesto de Venta y Uso (IVU) y condena al pueblo de Puerto Rico a pagar por los próximos 40 años y más la cantidad de $33 billones de una deuda, que el principal es de $17 billones. Al momento de escribir este relato el acuerdo se encontraba bajo la consideración de la juez Laura Taylor Swain.

Si el acuerdo ya de por sí es un saqueo de los recursos del pueblo de Puerto Rico, la conducta de los Legisladores, al aprobar las enmiendas a la ley de Cofina para viabilizar el acuerdo, fue una irresponsable, bochornosa e indignante. La medida fue aprobada tal y como llegó de La Fortaleza, sin discusión, ni vista pública, en una algarabía de celebración por parte de los legisladores de mayoría. Por su parte, el representante independiente Manuel Natal Albelo se enfrentó a la burla e indiferencia de los representantes del PNP ante sus reclamos en pleno hemiciclo de que la medida fuese discutida.

Cenizas por todas partes

Con la firme y consistente oposición de grupos comunitarios aliados en la Resistencia Contra la Quema de Carbón y sus Cenizas Tóxicas, el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) a finales de noviembre, aprobó un reglamento bajo el nombre de Estándares para el uso beneficioso de los residuos de combustión de carbón. Como lo evidencia su nombre, y tal como denunciado los grupos comunitarios, el propósito del reglamento es permitir el depósito de cenizas en vertederos por todo Puerto Rico, su uso como relleno para la construcción y para estabilizar el terreno, lo que va en contra de toda la evidencia científica.

Aun cuando el reglamento fue presentado en vista pública el 29 de noviembre, a mediados de diciembre todavía el DRNA no había remitido al Departamento de Estado copia del documento, según refleja en la página Web del Departamento de Estado. Se supone que el reglamento no entre en efecto hasta tanto se someta al DE.

No a la violencia machista

Ante una petición al gobernador de Puerto Rico por parte de grupos feministas para que declarase un estado de emergencia por violencia de género en el país, el Gobierno atendió la petición lanzando la fuerza de choque contra grupos de mujeres que se manifestaban frente a La Fortaleza, el mismo 25 de noviembre, fecha en que se conmemora el Día de No Más Violencia contra la Mujer. Hasta inicios de diciembre, 23 mujeres habían sido asesinadas por sus parejas o exparejas. El 13 % de estos asesinatos fueron cometidos por miembros de la Policía.

La novela de Justicia

Como toda novela donde en cada capítulo los perversos se tornan cada vez más malvados, siguen apareciendo personajes peores y los “buenos” triunfan al final, así sucedió con la novela del Departamento de Justicia.

El lío del chat

En febrero se comienza a destapar que el presidente de la Comisión Estatal de Elecciones (CEE), el hoy exjuez Rafael Ramos Suárez, consultó decisiones judiciales en un chat con el equipo de trabajo de campaña del entonces candidato a la gobernación Ricardo Rosselló. La trama incluyó a la subsecretaria de la gobernación Itza García y al secretario William Villafañe. Entre denuncias públicas de presiones indebidas de parte y parte —la subsecretaria de la gobernación y la secretaria del Departamento de Justicia (DJ) Wanda Vázquez—, Justicia lleva a cabo una investigación. Entra en escena el presidente del Senado, Thomas Rivera Shatz, quien le exige a Vázquez a que termine la investigación en un mes. En abril, el DJ refiere el caso a la Oficina del Fiscal Especial Independiente (FEI). En mayo, García y Villafañe renuncian a sus cargos en medio del escándalo.

En octubre, el FEI radicó 19 cargos contra el exjuez Ramos Sáez.

Mientras, se desata la guerra contra la Secretaria de Justicia desde la presidencia del Senado. Al lío del chat se le añaden la controversia por la investigación de los furgones en la CEE, las investigaciones por parte del DJ contra varios legisladores y dependencias de la Legislatura y las denuncias de intromisión indebida de la Secretaria en una investigación relacionada con un robo en la casa de su hija.

Cargos contra la Secretaria de Justicia

El drama llegó a su clímax a finales de noviembre cuando el FEI le radicó tres cargos por violaciones de la Ley de Etica y uno por el Código Penal a la secretaria Vázquez. El siete de diciembre, la juez Yazdel Ramos Colón no halló causa contra la Secretaria, por lo que el Gobernador la reinstaló en su puesto de inmediato.

Por su parte, el Presidente del Senado continúa pidiendo la cabeza de la Secretaria.

Pícalo Gallo

Como sorprendidos en una mala jugada o el despertar a una pesadilla que te arrebata algo de tu naturaleza, cierra el año con la acción del poder de la Metrópolis de prohibir el deporte de las peleas de gallo en sus territorios.

Desastroso el 2018 para la UPR

CLARIDAD

Voto de Huelga: HEEND

El 2018 terminó para la Universidad de Puerto Rico (UPR) el viernes 7 de diciembre con un voto de huelga aprobado por la Hermandad de Empleados Exentos No Docentes (HEEND).

Los portavoces de la organización advirtieron que, de la administración universitaria continuar con su intención de eliminar el sindicato que representa tanto a trabajadores y trabajadoras de la UPR como de la Universidad Central de Bayamón, la huelga podría activarse en cualquier momento.

Jannelle Santana, presidenta de la HEEND, aseguró que el convenio colectivo que se está negociando no conlleva aumentos salariales. Por su parte, José Torres, vicepresidente del sindicato, dijo que la ficha de tranque del convenio colectivo es la cláusula sobre las exenciones de matrícula, que siguen vigentes en el convenio, pero que la Junta de Gobierno de la UPR (JG-UPR) eliminó unilateralmente.

El cuerpo sindical alega que la dirección universitaria solo está dilatando el proceso para aprobar el acuerdo entre ambas entidades, por lo que exige que dichas exenciones permanezcan hasta diciembre de 2018 y que luego se negocien los términos adicionales.

Recorte a las exenciones de matrícula y aumento en el costo de los créditos

A finales del pasado mes de julio, la administración universitaria hizo un recorte de 50% a las exenciones de los atletas, a miembros de grupos de bellas artes y a hijos de empleados, entre otras categorías. En cambio, el “tijerazo” no aplicó a exenciones por aprovechamiento académico, a ayudantes de cátedra e investigación ni a representantes estudiantiles de la Junta Universitaria y de la Junta de Gobierno.

En un comunicado de prensa, la JG-UPR defendió que con esa medida lograba un balance justo que resultaba en beneficio para la institución y para la comunidad universitaria, que aseguraba la estabilidad de las finanzas de la universidad y un costo de matrícula razonable para sus estudiantes.

Ese costo “razonable”, según lo determinó la Junta de Control Fiscal (JCF) en el plan fiscal para la UPR, entró en vigor a partir de agosto de 2018 con un aumento de $56 a $115 en cada crédito subgraduado, de $143 a $175 por crédito de maestría y de $285 de doctorado.

Según este plan, en el 2023 los estudiantes de nivel subgraduado pagarían a $157 el crédito (si no aumenta nuevamente de aquí allá). Por otra parte, el documento no detalla los costos por crédito para estudios de maestría y de doctorado en los próximos cinco años.

Plan Fiscal UPR

El viernes 13 de abril, la JCF aprobó el plan fiscal para la UPR que, entre otras medidas, incluye un aumento en la matrícula del nivel subgraduado y graduado, recortes en las exenciones, reducción de personal, eliminación de programas académicos, consolidación de recintos, reducción de empleados de confianza y cambios drásticos al sistema de retiro.

Con estos y otros cambios, la JCF proyecta que para el 2023 la UPR “genere” $308 millones.

Sistema de retiro

Ocho meses después de que se aprobara el plan fiscal UPR —el 30 de noviembre—, la JG-UPR aprobó la Certificación Número 47 (2018-19). Según escribió en un medio el presidente de la Junta de Directores de Retiro UPR Eduardo Berríos Torres, esta certificación elimina toda facultad de la Junta de Retiro, excluye su participación en el manejo y la administración del Fideicomiso de Retiro de la UPR e inhabilita su capacidad representativa con los fideicomisarios (trabajadores universitarios activos y pensionados).

Los cambios al sistema de retiro reducen los años de servicio de los miembros de la Junta de Retiro; les elimina responsabilidades, tales como aprobar las premisas actuariales necesarias para establecer la aportación patronal de la UPR al Fideicomiso de Retiro UPR y la determinación de beneficios, aprobar un reglamento interno, cualificar y recomendar a los candidatos a dirigir el Fideicomiso –de los cuales la Junta de Gobierno tendría que escoger uno–, y aprobar las solicitudes de acreditación de años de servicio.

En el escrito, Berrios Torres, describe las nuevas reformas que  la  JG-UPR introduce al Reglamento del Fideicomiso UPR, como la incorporación de un proceso para imponer acciones disciplinarias a los representantes de la Junta de Retiro,  en el cual otorga tal poder al director ejecutivo del Retiro UPR. También, la prohibición a los miembros de la Junta de Retiro (fideicomisarios) de contravenir u obstaculizar cualquier directriz que imparta la Junta de Gobierno sobre el manejo o la administración del Fideicomiso de Retiro UPR, so pena de sanciones.

Diálogo: reducción del presupuesto

Los ajustes en el plan fiscal aprobado por la JCF en abril también afectaron a Diálogo UPR, con una reducción de 60% en su presupuesto a partir de agosto (2018-1019). La cantidad asignada ($282,248) a ese periódico cubriría solamente la nómina de las dos plazas con las que cuenta el proyecto, dejando fuera los empleados por contrato que conforman la plantilla.

Periodistas, editores, fotógrafos y estudiantes que formaban parte del equipo de trabajo de esa publicación universitaria rechazaron estas propuestas y las intenciones de la administración de la UPR de promover un modelo que reproduzca el proyecto en los recintos y unidades con programas de comunicación. Finalmente, se dio el cambio de modelo y las periodistas Eva Llorens y Nora Soto quedaron a cargo del medio.

Nombramiento de Jorge Haddock

El pasado 3 de julio, Jorge Haddock Acevedo fue confirmado como nuevo presidente de la UPR. Acto seguido, se informó que su salario anual sería de $240 mil, lo que fue cuestionado debido a la situación de la UPR.

El sector estudiantil puntualizó en que era una inconsistencia aspirar a otorgar un sueldo de esa magnitud ante los recortes que se estaban haciendo debido a la situación fiscal de la universidad y que, por ende, se debía mantener el mismo sueldo de $105 mil tal y como se había mantenido con los demás presidentes.

Aunque Haddock reconoció que se trataba de una cantidad alta teniendo en cuenta los “estándares de la Isla”, agradeció a la comunidad universitaria y al pueblo puertorriqueño el que se le asignara ese salario.

A pesar de los señalamientos, el martes, 4 de septiembre, Haddock asumió en propiedad la presidencia de la UPR.

Contrato de Alomar

Durante el pasado mes de octubre la firma DBPR Legal LLC –cuyo director es Walter Alomar– obtuvo un contrato con la Junta de Planificación (JP), por la cantidad de $5 millones. Anteriormente –2 de julio–, la compañía legal también firmó un contrato de $35,000 con la Compañía de Turismo para brindar servicios de juez administrativo/oficial examinador.

Este último contrato, en particular, levantó cuestionamientos entre la comunidad universitaria porque Alomar es el presidente de la JG-UPR y ahora puede intervenir en casos relacionados con el Reglamento de Juegos de Azar, por el cual la UPR recibe una porción de los recaudos generados, que se tramitan a través de Turismo.

Aunque lo anterior no representa conflictos legales por parte de presidente de la JG-UPR, Alejandro Torres Rivera, abogado y profesor de derecho laboral, describió la situación como “un ejercicio de mala administración pública y un flaco servicio al país”.

Aunque la Ley de Ética Gubernamental no prohíbe que los funcionarios tengan contratos en su carácter personal, el artículo 4.3 aclara que no debe hacerlo si tiene el efecto de “menoscabar su independencia de criterio en el desempeño de sus funciones oficiales”, dijo Gabriel Negrón, presidente del Consejo de Estudiantes de la UPR.

Acreditación

El viernes 7 de septiembre, la HEEND emplazó a la Junta de Gobierno de la UPR y a Jorge Haddock a que no acataran las nuevas exigencias de la JCF porque con ello provocarían la desacreditación de la Middle States. Esto, luego de que días antes la JCF emitiera una carta al gobernador Ricardo Rosselló exponiendo que el plan fiscal revisado y reaprobado en junio 30 (posterior a que en abril fuera aprobada la versión inicial del plan) “requiere ciertas revisiones antes de que la Junta pueda certificar que cumple con los requisitos de la ley PROMESA”.

En la carta, la JCF sostenía que el plan aprobado durante el verano no “se compromete con un aumento suficiente en la matrícula de los estudios graduados” como se establecía, y promete entregar solo $52.4 millones entre los años fiscales 2019-2023, en comparación con los $93.9 millones delineados inicialmente.

La Junta dispone que el plan propuesto debe adecuar aún más los niveles de matrícula de los graduados para reflejar mejor el costo de programas comparables en universidades privadas en la Isla y el territorio continental de EEUU. Siguiendo esa lógica, una universidad no acreditada sería más fácil de privatizar. A eso se le suman los aumentos en la matrícula y las reducciones al presupuesto.

En mayo del 2019 se cumplen los 2 años en probatoria, límite que da la Middle States. Si la probatoria no se remueve en ese periodo, la UPR perderá la acreditación.

Los gallos de Ciales pelean por uno

Por Fabricio Estrada

Al sol se le ponen espuelas. Las necesita para plantarse al borde de la noche y romper en cantos. Cantar en Ciales-Puerto Rico, cantar en Talanga-Honduras, en Guanajuato-México, en Caaucupé-Paraguay, pero cantar con las armas puestas para enfrentar a los otros soles que se le vienen encima, sortear las pruebas del peso del corazón, el griterío previo al combate (¡Voy de a seis, voy de a seis!), el encierro y la furia dentro de la urna cósmica.

Nunca había asistido a una pelea de gallos y vine a verla aquí a Puerto Rico, a Ciales, un pueblo de montaña de larga tradición en este tipo de justas. Acompaño a don José Maldonado, mi suegro, gallero irredento que este día le apuesta a dos guerreros. Van con nosotros Juan y Víctor, este último, un extemporáneo pirata de corazón noble, todo investido de autoridad gallera y con los atavíos de cada sábado: su camisa roja y las argollas bucaneras colgando de sus orejas. Más tarde lo veré cortando espuelas y negociando, gritando y alentando, socarrón y alma indefinible del Coliseo de Gallos. Nos tomamos las Medallas, hago las debidas libaciones y observo, ya metido al plan de documentalista. Don José me va presentando y es la confianza y el respeto que le tienen el que me permite poner mi cámara casi en el pálpito nerviosos de los duelistas.

Los veo ahí, con su corte de guerra, con sus músculos tensos y sin crestas (a la muerte no le enamoran las crestas ni nada que pretenda impresionarla). El corte y puesta de espuelas artificiales es rápido y tiene características industriales, casi automáticas: se toma al gallo con cierto amor descuidado, se toma la pata y sin aviso se corta; de inmediato se le aplica un cauterizador y se le venda con una cinta de meticulosas vueltas. Veo a un gallo que tiembla incontrolable y me trae al gladiador inexperto que se orina en la primera pelea que Russel Crowe acomete en Gladiator. Aquí no hay palabras de aliento pues hay unos sesenta gallos en proceso de armado, así que no creo que existan tantas citas épicas para repetírselas al oído y que tiemblen de otra cosa que no sea pánico, que tiemblen de excitación, por ejemplo, que tiemblen porque saben que los otros vienen dispuestos a que el día los ilumine.

Don José me ha conseguido una locación justo al borde de la arena de combate, al lado del juez, lo que me permite descifrar su monótona narración de los duelos, algo que para muchos viene resultando imposible de entender desde el principio de los tiempos y que han aprendido a identificar como un tantra tibetano de pase a la otra vida. La verdad es que apenas le entiendo, apenas percibo la frase que más repite al micrófono, el sigue perdiendo sigue perdiendo sigue perdiendo que es lo último que escucha el gallo más desesperado.

Desde esa distancia, me impresiona sobremanera el porte de estas bellas aves ¿pero qué estoy diciendo? ¿aves?, ¡mejor decir archaeopteryx reencarnados e implacables! Las plumas del cuello se despliegan, las alas se extienden en una curva tensa y alarmante, la danza prevista en los genes con toda y su solemnidad… el arquetipo de todos los trajes guerreros y la más pura furia delicadamente desencadenada. Cada parte del cuerpo es escudo, lanza, espada y puñal, cada giro una finta desconcertante que antecede al casi invisible tajo de las espuelas. Una fascinación culpable recorre mi espina dorsal, esa sangre que salta hacia mi rostro en gotas terribles, esa decisiva promesa de no dejar en pie al oponente… y las tribunas gritando, y el dueño del gallo que va perdiendo casi sobre la pista, en el borde acolchado, eufórico de tristeza, cantándole las palabras más melodiosas del caribe, las más boricuas e intraducibles, esa cantao que es de niños y de grumetes a la vez.

Me he detenido por segundos para limpiarme el rostro y continuar fotografiando y, también, para hacerle caso al juez que me pide no meter la cámara a pelear. Quiero la foto más cercana quizá, la que le haga sacar espuelas a la cámara pero ese otro ojo distrae, esa otra coraza japonesa no es permitida a menos que ayude en algo, que devuelva la vista al gallo que ha quedado cegado por el pico contrario.  Disgrego por segundos y me dejo llevar por los rostros de la tribuna. El primer combate duró apenas 40 segundos y creo que al final se llevó el premio, pero hay otros que no comprendo por su extensa duración y escarnio. Luchas ciegas, estocadas ciegas, adiós lirismo en el coágulo que un guerrero expulsa por su pico, resurrecciones impensables, huidas auténticas, fragor, asfixia… creía que todas podían durar cuarenta segundos, pero no es así. Registro combates de hasta cinco minutos en los que se declara empate tan solo para que ambos vayan al sacrificio de otra forma, más privada y silente. Prefiero no ir a ese teocalli mexica, me quedo hecho un mar de contradicciones al ser testigo del carácter de especie que vuelve al gallo implacable una vez que comprendió que su oponente está a su merced. Sigue picoteando los ojos, sigue aplastando cabezas con arrogancia, danza de lado, arremete, canta. No hay piedad en ese canto, es como gritarles a todos que triunfó sobre el inframundo y que ha salvado a la humanidad de su pusilánime destino en las sombras.

Salgo del Coliseo aturdido. Algo perdí ahí adentro y a la vez, alguien ganó por mí. Al sol se le quitan las espuelas y se le cuentan las heridas. Es posible que pueda seguir peleando y que se cure luego de un largo tiempo en recuperación. Pienso en quiénes somos cuando otros luchan por uno y la voz del juez se eleva más clara que nunca, traducido a todos los idiomas y dialectos, cantados o murmurados, escritos u orales; la misma frase que el gallo al morir escucha por última vez es la que escucho yo una vez que veo la noche cerrarse sobre los campos, la misma frase y el mismo sino. La verdad es que en lo humano algo sigue perdiendo sigue perdiendo sigue perdiendo.

Fabricio Estrada es un poeta hondureño residente en Puerto Rico. El texto que reproducimos es de su blog, Bitácora del párvulo, a raíz de la polémica causada por la prohibición federal a las peleas de gallo. Las fotos también son de Estrada.