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Eran ellos, memorias de un patriota encarcelado*

Tengo el gusto de reseñar aquí hoy, a modo de invitación a su lectura, el libro Eran Ellos, Memorias de un Patriota Encarcelado de don Heriberto Marín Torres. Esta cuarta edición a cargo de la Editorial Patria y editado magistralmente por el compañero Pablo M. Ortiz, integra nuevos escritos y fotos que constituyen complementos referenciales para expandir la comprensión histórica y política que recoge este fundamental libro. Mi reconocimiento y agradecimiento a Pablo por su labor y dedicación a esta edición y sus múltiples aportaciones al quehacer patriótico. Este trabajo recoge una parte de nuestra historia que los gobiernos y sus instituciones coloniales se han empeñado en esconder.

Tuve el privilegio de conocer a don Heriberto hace muchísimos años por medio de su hijo, Heriberto Marín Centeno, para mí, Tito. Era la época en que don Heriberto militaba y dirigía lo que en aquel entonces era el precinto 104 de San Juan, comité que visité en múltiples ocasiones como miembro de la Juventud del PIP. Fue a través de Tito, que tuve en mis manos aquella segunda edición de Eran Ellos y que leí por primera vez en 1984 cuando recién comenzaba mi participación en el Partido. Para un joven independentista, leer y conocer la historia de un patriota, de un nacionalista, sus años en la cárcel, no sólo fue una lección histórica sino también una lección de aprendizaje moral y patriótico. Fue, de igual forma, un preámbulo para, años después, comprender y trabajar intensamente con todo lo relacionado a la persecución política en Puerto Rico.

Ahora, años después, lo releí con el mismo entusiasmo y deseo de aquella época, por lo denunciado en los testimonios, pero sobre todo con admiración por quienes nos han marcado la ruta. Desde la perspectiva que dan mis diversas y nuevas responsabilidades en el Partido Independentista Puertorriqueño, les refiero este libro que demarca una época, pero que es de absoluta relevancia hoy.

Esta edición resulta ser una especie de museo de vida y homenaje a la lucha por la independencia de Puerto Rico. Digo museo porque los buenos museos sirven para presentarle al visitante una historia, una obra, un pasado con vigencia en el presente. Visitar Eran Ellos nos sirve no sólo para comprender la revolución del 50, los procesos judiciales, los años en la cárcel, los personajes de la época y la cruel historia de la represión y la persecución sino que también no sirve de inspiración y hasta de bálsamo en lo intrincado de nuestra condición colonial hoy.

La fotografía de la portada, unos brazos extendidos que sobresalen de las rejas carcelarias -los del autor, de los nacionalistas e independentistas- nos invita y reta a leer las memorias del patriota encarcelado. Eran Ellos es también las memorias del jayuyano, del hijo, del amigo, del hombre enamorado, del escritor, del independentista. El prólogo de Rubén Berríos, con su maestría de siempre, nos lleva por el recorrido de la vida de Don Heriberto en un profundo escrito de datos, historia y homenajes. Las notas del editor Pablo Ortiz citan al primer lector del manuscrito, el escritor Emilio Díaz Valcárcel, describen con certeza literaria y sobre todo humana las características de Don Heriberto al escribir: “Y todo descrito con la limpieza de espíritu, sin amarguras, con fe en nuestro pueblo.”

Se nos presentan, primero, los homenajes al libro y al autor: el reconocimiento en el año 1979 por la fenecida historiadora y patriota Miñi Seijo, el llanto del Lcdo. Ayoroa junto a don Heriberto y la angustia sublime de Aurelio Roque al leer Eran Ellos. Se suma un corto pero enternecedor poema de don Heriberto, preámbulos de esta edición a los treintaiún ensayos que componen el libro.

Son treintaiuna memorias de la historia oficialmente escondida pero patrióticamente rescatada en cada uno de estos relatos. Llanto, dureza, injusticia, terror, tortura y represión que se entrelazan con ejemplos de luchas llenas de constancia, perseverancia y optimismo. De esperanza. Durante la lectura, uno va formando imágenes, retratos de los eventos y de los héroes y heroínas que emanan de las narraciones. Es también lectura desde una nueva perspectiva, la del tiempo que algunos llaman madurez. Cuando leí la memoria sobre la muerte de la hija de Goyito, como lo llama Don Heriberto, mi acercamiento luego de ser padre fue mucho más íntimo, más cercano. También lo es -por mi investigación de tantos años sobre el tema de la persecución política- ver en Eran Ellos los precisos y duros relatos de capítulos de nuestra historia que requieren ser ampliamente reconocidos y divulgados.

En una formidable integración y relación, se incluyen veintinueve fotos históricas de escenas gráficas -previas y posteriores- de la Revolución Nacionalista que dan a conocer a los protagonistas de esta historia. Entre ellas, varias fichas precursoras de las carpetas de la División de Inteligencia de la Policía con fotos de lo que fue la división de seguridad interna creada y promovida por el gobierno del Partido Popular. Incluye esta edición, además, históricas fotos de la tortura al maestro, don Pedro Albizu Campos.

Amplían estas memorias lo que el autor denomina como apuntes. Se trata de diez argumentos para la liberación en que se desnudan la represión del gobierno del Partido Popular, el carácter colonial del ELA, el presidio como tortura y en los que nos recuerdan a los héroes y heroínas de la patria. Señala, entre otras, el régimen de terror, el espionaje federal a través de una misionera espía, el abandono de la responsabilidad rehabilitadora del sistema penitenciario, la servilidad del PPD, la legislatura, la mutilación de los derechos humanos y la solidaridad de los pueblos latinoamericanos.

El libro continúa con Apéndices en que Don Heriberto rinde particulares homenajes. Pero en un acto de “malicia editorial“ algunos apéndices también homenajean al autor de libro. Las palabras de Antonio Rosa a Don Heriberto son una forma sucinta de describir con precisión absoluta esta publicación: “Este libro de recuerdos testimoniales no es un reclamo de misericordia ni odio o venganza. Se trata sencillamente de exponer el espíritu inmancillable del Patriota.” Incorpora el editor también aquí un artículo de la periodista Ana María Cabañas en la revista Puerto Rico Ilustrado en homenaje a lo que ella describe como 12 discípulos de un ideal, siendo don Heriberto uno de ellos.

A manera de epílogo, Rafa Marín, hijo de Don Heriberto y Doña Cándida, escribe un conmovedor e inspirador testimonio familiar de vida, amor y entrega. Cierra el libro un artículo de la Vice Presidenta del PIP, María de Lourdes Santiago, sobre la destrucción del presidio Oso Blanco, precedido por un recorrido gráfico de fotos de don Heriberto visitando la clausurada institución donde sufrió nueve años de cárcel. María de Lourdes nos alerta del significado histórico de su destrucción y para la lucha por la independencia. Al derribarlo intentan esconder parte de la historia de la independencia de nuestro país. Podrán derribarlo, pero no podrán derribar ni esconder que desde el presidio se torturó y se reprimió al independentismo. Que fue centro de tortura experimental del ejército de EUA. Que el preso común fue doblemente castigado. Que entre sus rejas cumplieron condena un grupo de personas con los más altos valores patrióticos y revolucionarios. Pero aquí está este libro y su autor como testimonio.

Los invito a leer Eran Ellos, 4ta. edición, en homenaje a su autor, a aprender de sus memorias y apuntes y a estudiar las fotos y los apéndices que lo acompañan. Pero sobre todo, a leerlo para motivarnos pues aún queda camino por recorrer y triunfar haciendo frente a la Junta y al colonialismo que la crea. Estoy seguro de que, siguiendo la ruta y el ejemplo de Eran Ellos, veremos la Independencia de Puerto Rico, la justicia social y el nuevo amanecer de nuestra patria liberada.

* Fragmento de la presentación de este libro en Ponce, Puerto Rico, el sábado, 3 de noviembre de 2018.

Salud: Planes para enfrentar emergencias, planes que no se siguieron

Desde el 2004 el Departamento de Salud (DS) ha estado recibiendo una cantidad significativa de dinero para preparar planes de emergencia ante posibles desastres. Tan reciente como en el 2014, Salud recibió $7,270,658 del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, siglas en inglés) para preparar todas las instalaciones de salud del país, tanto públicas como privadas, ante posibles emergencias y para desarrollar planes de emergencia y capacitación.

Al cabo de un año de la experiencia del huracán María, las interrogantes sobre el comportamiento de todo el sistema de salud siguen vigentes: qué sucedió, a dónde fueron a parar esos planes, por qué no se siguieron.

Para el doctor Ralph Rivera Gutiérrez, investigador principal y director del Centro de Preparación en Salud Pública (CPSP) de la Escuela Graduada de Salud Pública de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Ciencias Médicas (RCM) la falta de compromiso, la falta de práctica, los cambios en el gobierno tanto como en las instituciones privadas, la falta de seguimiento y hasta el desconocimiento son los responsables de que no se hayan seguido los planes y que en algunos casos las instalaciones no hayan estado preparadas para responder a la emergencia.

El Dr. Rivera Gutiérrez afirmó que el dinero recibido en el 2014 ($7 millones) es solo una fracción de lo otorgado al DS. Aunque los datos los tiene ese departamento, calcula que si el Centro ha tenido 25 proyectos y ha recibido $7 millones de dólares entre los años 2005 a 2014, el DS ha tenido que recibir más que eso: “No me atrevo a inventarme una cifra, pero sí me consta que recibieron mucho más dinero para atender estos asuntos. La inmensa mayoría de esos fondos pasaron por la Oficina de Preparación de Salud Pública del Departamento de Salud”. Rivera Gutiérrez reveló que durante ese tiempo hubo momentos en que se le cuestionó por qué el Centro tenía esos proyectos.

Expuso el Dr. Rivera Gutiérrez que el Centro de Preparación se estableció en el 2004, en un momento en que el gobierno de Estados Unidos decidió que había que saber sobre bioterrorismo, lo cual era su preocupación principal. Por eso creó centros de preparación de salud pública en unas 20 a 30 escuelas de salud pública en EE UU y en la Escuela de Salud Pública del RCM. La primera directora del Centro fue la Dra. Rosa Pérez Perdomo. Rivera Gutiérrez, quien comenzó a dirigir el Centro en el 2005, dijo que hasta el 2014 se recibieron cerca $7 millones para más de 25 o 30 proyectos.

El Centro ha hecho siete investigaciones respecto a la capacidad y preparación de respuesta a emergencias y desastres en hospitales, centros de cuidado de preescolares, centros diurnos y residenciales de envejecientes, instalaciones de personas adultas con retraso mental, organizaciones comunitarias que sirven a personas sin hogar, servicios de salas de emergencia ante desastres y víctimas en masa, los sistemas de salud pública , servicios médicos y de salud mental y sobre la vulnerabilidad estructural y no estructural de los hospitales del Centro Médico. Todos estos estudios se llevaron a cabo entre el 2008 y 2014, el más reciente en el Centro Médico.

Sobre el estudio de evaluación estructural del Centro Médico, señaló que se produjo luego de una gran cantidad de trabajo donde se que analizó la situación del país en términos de nivel de preparación para emergencia y desastre, además de mirar y hacer un análisis exhaustivo y detallado sobre los riesgos y la vulnerabilidad des los sistemas de salud de Puerto Rico. La inmensa mayoría de los proyectos fueron contratos con el DS y de ellos se rindió una gran cantidad de informes a ese departamento.

El Centro ha presentado sus hallazgos en foros científicos en la isla, en Estados Unidos (E.E. U.U.), además de que en algunos países se ha publicado sobre estos trabajos. Pero, por ejemplo, sobre el estudio de la evaluación estructural de los hospitales no puede dar información, sino que le corresponde al DS. Aun así confirmó que en él se menciona que hay cinco hospitales del área de San Juan que no están preparados: “El que sabe, sabe más o menos cuáles son”. Reveló además que solo el director ejecutivo actual del Centro Cardiovascular y otro director de un hospital privado le llamaron para preguntar por el informe. Él confirmó que a todos los hospitales se les entregó una copia.

“Pero el primer problema aquí es los cambios del gobierno y los cambios en las mismas instalaciones hospitalarias. ¿Quién le va a dar seguimiento a eso? Nosotros hemos trabajado con 60 hospitales en Puerto Rico para desarrollar sus planes de emergencia, sus planes de mortalidad en masa, de desalojo, de descontaminación. En teoría, uno diría que esos hospitales están preparados, pero, ¿qué ocurre? Debería aplicarse la metáfora del deporte: se practica, se practica y se juega un juego. No se puede esperar que se haga algo que no se haya practicado, y nosotros esperamos reaccionar como País a algo que no hemos practicado”, declaró.

El investigador estableció que no puede ser un simulacro cada cinco años. “Esto es un asunto de compromiso anual, y aun cuando puede ser para profesionales de los hospitales, hay que hacer refresh, que es el término literal que se usa en el taller sobre preparación de emergencia o desastre, y hay que repetirlo cuando hay cambio de personal. Eso es lo que verdaderamente es el problema”. En cuanto a los cambios en el gobierno en particular, el secretario de Salud acotó que la gente actúa como si los cambios fuesen neutrales, pues no hay un precio a pagar: “Nadie es indispensable, pero tú no puedes sustituirle con cualquiera que no tenga sus competencias. El no tener el entendimiento del plan de acción al que se le da seguimiento es una pérdida”.

En cuanto a las deficiencias, fallas y la vulnerabilidad que han revelado los estudios describió que había de todo: de preparación del personal, fallas estructurales, ubicación de los edificios, falta de mantenimiento, por ejemplo, de las mismas plantas eléctricas, hospitales con morgues con capacidad para mantener de uno a tres cadáveres y hasta no más de ocho bolsas. Reveló que un solo hospital reaccionó al señalamiento de la morgue y amplió su espacio. Estas deficiencias se encontraron tanto en hospitales como otros centros de cuidado e instalaciones turísticas. En este último campo, dijo, fue en donde único se tomaron medidas y el DS les solicitó propuestas para atender las fallas.

El Investigador Principal del Centro reparó además en que en todos sus proyectos se presentaron recomendaciones al DS para las instalaciones hospitalarias y medidas de política pública a la Legislatura. Sin embargo, nunca ha recibido reacción por parte de ninguno de estos entes.

El otro aspecto importante que destacó es que participó en reuniones en las que estuvo con gente que trabaja seguridad y desastres, que estaban enfocados en que el peor escenario posible en Puerto Rico era un terremoto. “Estamos a 100 años hoy día del último terremoto que afectó a Puerto Rico. Cuando se miran los estudios se plantea que hay un terremoto grande cada 75, 80 años, así que estamos pasados. Es por eso que el enfoque de mortalidad en masa era pensando en que iba a haber un terremoto”, reveló el investigador. Reparó en que en caso de un terremoto no se espera que afecte a toda la isla, pero en teoría se establecían grupos de trabajo de socorristas para ser desplazados por regiones. El Dr. Rivera Gutiérrez reconoció que en ninguna reunión se consideró la posibilidad de un huracán categoría 4 o 5 pasando por el medio de la isla. “Posteriormente, me he planteado por qué no habíamos pensado en eso. Porque no había sucedido; pero la posibilidad teórica siempre la hay”, se contestó a sí mismo.

El Dr. Rivera Gutiérrez reconoció que a la luz de la respuesta ante María, sí se tiene que evaluar la respuesta del gobierno y de las instalaciones de salud. Ambos se colgaron, pero no porque no tuvieran la información. Afirmó que el Departamento de Salud, la Agencia Estatal para el Manejo de Emergencias, Ciencias Forences, todas tenían planes de emergencias “bastante desarrollados que nosotros les revisamos y les actualizamos. Esos planes fueron parte del proyecto, vuelvo y repito. Un plan es tan efectivo como usted lo aplique. El problema es que no existe o no ha existido la visión y el compromiso de mirar al pasado”.

El investigador expresó que le resulta “interesante” ver la ausencia de interés en estos estudios, y supuso que es porque no se reconoce el valor de este trabajo, aun cuando estamos en una área activa de El Caribe y se pronostican más huracanes, más fuertes, más frecuentes y lentos: “Ante cualquier análisis que uno pueda hacer, sabemos que como país somos muy vulnerables. No tener los mecanismos para prepararnos es bien peligroso y bien preocupante”, recalcó.

Frente Contra las Antenas “La ley 89 caducó hay que atemperarla a la realidad del País”

Tras siete años de lucha contra la instalación indiscriminada de antenas de comunicaciones, el Frente de Comunidades Contra la Proliferación de Antenas (CFPA) llevó a cabo una manifestación por medio de una vista pública en la plazoleta del Capitolio para exigir que se derogue la Ley 89 del 2000 que regula la instalación de estas torres y se redacte una atemperada a los tiempos.

El portavoz del Frente, Wilson Rivera Ramos –en entrevista con este medio– denunció que las comunidades llevan siete años luchando y han llegado a la conclusión de que la Ley 89 del 2000 ya caducó por lo que hay que atemperarla a estos tiempos especialmente después del huracán María. La celebración de una vista pública citada por el Frente expuso Rivera Ramos respondió, a que desde el 20 de febrero de 2018 radicaron un proyecto de ley PC 1414, en la Cámara de Representantes y el PS 824, en el Senado para derogar la actual ley y redactar una nueva. Los proyectos fueron presentados por petición por los legisladores del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), Dennis Márquez Lebrón, en la Cámara y Juan Dalmau Ramírez, en el Senado.

En ambos cuerpos los proyectos se encuentran engavetados. Rivera Ramos reveló que el proyecto de la Cámara fue referido a la Comisión de Desarrollo y Comunicaciones, que preside el representante Víctor Parés, y luego de una primera reunión en la cual se les dijo que se les “avisaría”, tras visitas cada dos semanas a la oficina del legislador pasó la sesión y el proyecto no se vio.

El portavoz del Frente agregó que la Ley 89 está a favor de los grandes intereses, las empresas y no toma en consideración la necesidad real de las comunidades pobres. Como evidencia detalló que el 88.7% de las torres están ubicadas en comunidades pobres. El hecho –dijo– está fundamentado en el mapa gráfico de la Junta Reglamentadora de Telecomunicaciones (JRT), el cual denunció no esta ni siquiera al día, es un mapa del 2006.

“La ley nos da en la cara porque es difícil por el poco acceso a la justicia que hay para la gente pobre, se necesita un abogado, por otro lado es carísimo buscar un abogado que nos atienda estos casos. Por ejemplo de lo oneroso en el caso de la comunidad Altosano–Sonador, de San Sebastián que llegó al Tribunal Supremo se gastaron alrededor de 50 mil y se pudieron pagar porque el alcalde absolvió 30 mil”, declaró Rivera Ramos. Otro ejemplo dijo, es el de la comunidad Coabey, en Jayuya que ya va por 30 mil y no ha podido llegar al TS porque es la comunidad la que lo está costeando.

“Como vimos eso entendemos que lo mejor que hay que hacer es buscar la manera de enmendar o derogar la ley a una que sirva a los ciudadanos porque la ley de ahora que se redactó en el 2000 con los representantes de las empresas y sin consulta a la gente pobre es obvio que esta sesgada”.

En la vista que efectuó el Frente comunitario, en la plazoleta del Capitolio, hace unos días presentaron ponencias; un miembro del Colegio de Médicos Cirujanos, una geriatra, la sicóloga clínica Alba Nydia Rivera, profesores de la Clínica de Derecho Ambiental (CDA), de la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico (UPR) y una miembra de la Federación de Maestros (FMPR). El activista defendió que las ponencias fueron unas bien trabajadas, profesionales como si se estuviesen presentando ante una comisión legislativa. De pasó también anotó que se les curso invitación a todos los legisladores, pero sólo se presentaron los del PIP. Participaron además representantes de una comunidad de Juan Díaz, Guánica y Gurabo.

El portavoz del Frente señaló, que el paso de María, les ha dado la razón ya que según la directora de la JRT, Sandra Torres, sus propias cifras dice que se cayeron 300 torres con el huracán. “Nosotros veníamos denunciando que esas torres se podían caer muy fácilmente si venía algún fenómeno atmosférico porque en mucho de esos casos no se hacen estudios de suelo, estamos hablando que son torres de 190, 150 pies y al ella decir eso, en muchos lugares el suelo no era el mejor lugar para ponerlas”. Atribuyó que después del huracán las empresas siguen tratando de poner torres cerca de comunidades.

En un ejemplo que expresó demuestra que la ley “no tiene las garras para defender a la gente pobre”, según narró es el caso de una comunidad en Gurabo, a la cual el TS le falló a su favor, la empresa entonces acudió a la Oficina General de Permisos (OGP) y la agencia le aprobó unos planes nuevos sin llevar el proceso que establece la ley. OGP le permitió a la compañía bajar a la torre de 190 pies, a 180.

“Eso es una burla al ciudadano que va por todos los canales va a OGP, va a Primera Instancia va al Apelativo, llega al Supremo buscando una justicia y después que se falla a favor nos dicen que no, como que es una encerrona”, manifestó.

En la ley actual la distancia entre la torre de antenas y la residencia más próxima es la medida de la altura de la torre más el diez por ciento. Pese a lo que dice la ley, denunció el Frente hay empresas que están construyendo torres a menos de cincuenta metros de zonas residenciales. “Nosotros desde las comunidades proponemos que esa distancia sea de por lo menos quinientos metros”, dijo.

Una de las preocupaciones que atiende el proyecto de ley es la de la falta de notificación adecuada a los colindantes de estas construcciones. Rivera Ramos describió que ahora de la noche a la mañana las compañías montan una torre frente a tu casa que deprecia el valor de la propiedad, sin notificación alguna y sin rótulo de presentación para que la persona no sepa la naturaleza de la obra de construcción, sin consulta alguna a los vecinos. “Por eso estamos reclamando una verdadera participación ciudadana en la toma de decisiones a la hora de otorgar los permisos. Proponemos que se apruebe una vista pública compulsoria con participación de las comunidades donde pretendan ubicarse estas torres antes de otorgar cualquier permiso, así como una mayor injerencia de los municipios en los procesos legales y de permisología”.

Otro aspecto del cual dijo no se habla es la contradicción de permitir antenas cerca de gasolineras, eso ocurre en Juana Díaz, en donde hay una torre al lado de una gasolinera sin embargo, en la gasolinera hay un aviso de que no se puede hablar por celular. Rivera Ramos expuso que en Europa este campo esta bastante regulado y en Estados Unidos no se permite una torre a menos de 300 metros de distancia y aquí lo menos que le exigen son 100 metros, por lo que reiteró que hay que atemperar la ley a la realidad que vive el país.

Un dato que se expone en el proyecto de ley radicado es que una de las disposiciones de la Ley 89, sobre el concepto de co–ubicación, es que las torres que se iban a establecer mediante la ley fueran utilizadas por varias compañías de telecomunicaciones para evitar la proliferación de torres con la misma área de cobertura para cada compañía. Pero el hecho en la actualidad es que hay más de 2,000 torres de telecomunicaciones construídas, “esa voluntad expresada por la Asamblea Legislativa en la Ley 89 se ha convertido en académica haciendo necesario un cambio en la legislación vigente.

El proyecto denuncia que OGP en su práctica de aprobar permisos “fast–track”, ha obviado el concepto de “co–ubicación” otorgando permisos a todo lo largo y ancho de nuestra Isla y que ha aprobado permisos violentando el concepto de co–ubicación establecido en la ley y obviando su función ministerial de velar porque se cumpla.

En tanto Rivera Ramos expresó a CLARIDAD que son 12 las comunidades que integran el Frente y las 12 tienen paralizados los proyectos. “Hemos visto que cuando se lucha en las comunidades se triunfa, donde no se ha luchado están funcionando las torres”.

Entrevista a Don Heriberto Marín Torres “Tengo mi conciencia tranquila”

Don Heriberto Marín Torres esperaba conmemorar dos eventos este martes 30 de octubre, –cuál de los dos más significativos en su vida– recorriendo la ruta de la revolución desde Coabey al pueblo de Jayuya: el 68 aniversario de la Revolución Nacionalista del 50 y sus 90 años.

“Me estoy adelantando. Tal vez sea el último que pueda celebrar”, expresa don Heriberto, como se le suele llamar, con un entusiasmo que contrarresta todo el sentido de su expresión. El recorrido desde la casa de Blanca Canales en el barrio Coabey hasta el pueblo de Jayuya fue parte de las actividades de conmemoración de la revolución nacionalista de 1950, reconocido en nuestra historia como el segundo levantamiento armado por la lucha de independencia de Puerto Rico.

A ese recorrido conmemorativo se le une la publicación de una cuarta edición del libro Eran ellos, en el que habla sobre sus compañeros nacionalistas participantes en la revolución: “Yo no pensaba escribir nada y le llevé un escrito a Emilito. Eran unos escritos de memoria, de lo que escribí en la cárcel. Me dijo: ‘Déjamelos por ahí’. Y a la semana, me llamó”.

Don Heriberto habla bajito, pausado, con una serenidad que le he escuchado decir fue lo que le ayudó a sobrellevar casi doce años de prisión por su participación en la revolución. Del Emilito que habla es del reconocido escritor Emilio Díaz Varcárcel, quien le dijo que tenía que publicar el libro porque eso era parte de la historia de nuestra patria contada por una persona que la vivió.

No conforme con lo que le dijo Díaz Varcárcel, le llevó el manuscrito a Margot Arce de Vázquez, quien le reafirmó lo que le dijo Emilio: tenía que publicar el libro y no podía tardar. Así, las primeras ediciones de Eran ellos fueron en el ‘78 y ‘79 del siglo pasado.

Don Heriberto, que nunca ha cogido descanso de la lucha, volvió a reeditar el libro en el 2000, tras estar preso por desobediencia civil en la lucha por la salida de la marina de guerra de Estados Unidos de la isla de Vieques. En esa ocasión sus compañeros de lucha algo más jóvenes le decían: “Ahora tú vas a escribir un libro Eran ellos sobre nosotros, pero tienes que escribirlo en la cárcel federal”. Pues bien, el libro se público agregándole es última experiencia.

Sobre esta cuarta edición, el autor reflexiona que cuando estuvo preso escribía sin pensar que iba a publicar un libro, y que todo lo que está en el libro es realidad. Hay que tener presente que los nacionalistas que fueron encarcelados en la hoy desparecida prisión Oso Blanco estuvieron sometidos a condiciones paupérrimas. Narra don Heriberto que de todos los textos que escribió, logró sacar unos pocos por medio de unas Hermanas de la Caridad de la Milagrosa, quienes visitaban todos los sábados a Don Pedro Albizu Campos y a todos los demás presos nacionalistas. Los textos que sacó por medio de otras personas nunca aparecieron.

Además de Eran ellos, Marín Torres tiene otro libro sobre los hechos de la revolución en Jayuya que se titula Coabey el Valle Heroico. Sobre este libro expresa que tiene más para escribir, pero alude a sus dificultades con la tecnología, y señala hacia la computadora.

Uno de esos episodios –cuenta– es el de un grupo de seis jóvenes estudiantes de la escuela superior. En los momentos en que lo arrestaron junto a otros jóvenes nacionalistas, el 3 de noviembre del 50, cuando se declaró la república. Los llevaron a una farmacia y les quitaron la ropa bajo una intensa lluvia. Las jovencitas se enfrentaron a los oficiales de la guardia nacional e insistieron en que les permitieran ponerse las camisas y que les dieran comida. “Eso es algo que me impresionó y lo escribí hace poco como un recordatorio de este mes (se refiere a octubre), que no he querido pasar por alto. Sentía un compromiso, no de hacer un homenaje, sino de recalcar el valor de la mujer puertorriqueña”.

Viendo a la distancia, ¿qué reflexión hace sobre los acontecimientos del 1950?

“Creo que contrario a como dice un compañero de Ponce en el documental 1950, que ha sido un error, contrario a eso, yo creo que la resurrección o revolución tuvo unos efectos grandísimos en la historia de Puerto Rico. El mundo se dio cuenta que aquí había una colonia”.

El veterano nacionalista, quien desde temprana juventud es una de las personas que más cerca estuvo del líder Pedro Albizu Campos, reflexiona sobre la gesta del ‘50.

“Yo no digo que nosotros somos la conciencia, porque me parece que sería exagerado; pero en un momento dado, una sola persona puede ser la conciencia de la patria, y Don Pedro lo fue. Cuando a nosotros se nos prohibía la bandera a los 16 años, ya yo tenía una carpeta. El que seamos puertorriqueños, el que no nos hayan podido poner de rodillas, el que estemos todavía desafiando al imperio, sin miedo…”

En esa línea expresa su confianza en la juventud: “No me pueden hablar mal de la juventud porque la mayor parte de los compañeros que participamos en la revolución del 50 éramos jóvenes”.

¿Por qué en Jayuya?

“Don Pedro no tuvo oportunidad en su vida de poder compartir mucho con su pueblo. Cuando vino en la década del ‘20 y ‘30 fue cuando más pudo, pero ya le habían desaforado. Él vivía de la caridad de la gente. Y si don Pedro hubiese tenido la oportunidad de haber compartido en otros pueblos como compartió con nosotros en Jayuya, la cosa hubiese sido distinta. Pero no tuvo esa oportunidad”.

Añade que en aquel momento los medios de comunicación se limitaban al teléfono y el telégrafo, si no, a la comunicación personal. Debido a eventos inesperados, la revolución se tuvo que decidir en dos días, por lo que no hubo oportunidad de avisarles a todos los pueblos. Anota que del área oeste no participó nadie porque no se pudo avisar.

La publicación de sus libros ha provocado la agradable consecuencia de que a menudo don Heriberto es invitado a conversar ante diversos públicos, ocasiones que utiliza –dice– para hablar de Albizu Campos. Nos hace la siguiente aclaración:

“Te digo la verdad: cuando voy a un conversatorio, me gusta hablar del ser humano que era don Pedro. Al revolucionario lo tienes por ahí, el hombre que en la tribuna era un tigre; pero cuando tú llegabas a él, hablaba contigo. Era un ser extraordinario te trataba como si tú fueras una hija”.

Declara que Albizu “era un hombre increíble, era un hombre de paz. Por lo regular, la mayor parte de los libertadores de sus pueblos han sido hombres de paz que los han llevado a tener que usar las armas para proteger y defender a su pueblo, pero don Pedro era un gran admirador de Gandhi”.

Don Heriberto señala que en esta nueva edición de Eran ellos se presentan anécdotas relacionados con las mujeres nacionalistas participantes de la revolución, además de desmentir muchos de los mitos que se dicen sobre el maestro Albizu Campos:

“A mí me han preguntado qué es del bastón que usaba don Pedro, que le apretaba un botón y salía una espada. Eso hay gente que se lo cree. Me han preguntado otros que si don Pedro estaba desde Jayuya dirigiendo la revolución, y don Pedro estaba en San Juan… Alguien escribió que en la falda de los Tres Picachos hay una cueva enorme y que cuando don Pedro quería estar fuera de la vista de los policías se iba ahí y pasaba semanas en un catre en la cueva aquella”, expresa rechazando el que todos estos comentarios sean ciertos.

¿Cómo ve la lucha en la actualidad?

“Yo creo que este es un momento cumbre en nuestra lucha, si lo aprovechamos. Lo único que nosotros no hemos podido lograr es la unidad. Para mí cada independentista es un hermano mío y creo en todas las luchas”.

El veterano luchador nacionalista recalca la necesidad de la unión y que se dejen al margen las diferencias personales. Destaca la necesidad de la participación en todos los frentes de lucha.

Yo estuve en la revolución de 50, en la lucha por Vieques, voy a los piquetes contra la incineradora, a favor de los maestros, con los estudiantes. Me han invitado hablar en el MUS, MINH, el PIP, los jóvenes socialistas… Es tú poder decir tengo mi conciencia tranquila”.

Las querencias de Cora

En junio de 2004 se rumoraba que Barry Bonds, el jonronero del momento en las Grandes Ligas, terminaría su carrera como bateador designado en algún equipo de la Liga Americana. En una conferencia de prensa un periodista le preguntó si consideraría a los Medias Rojas de Boston como opción. De inmediato lo descartó. “Boston es demasiado racista para mí”, dijo. El periodista insistió, diciéndole que en Boston idolatraban a las estrellas deportivas. “Si eres negro como yo, no”, sentenció Bonds.

La ciudad de Boston fue escenario de muchas batallas importantes en la lucha de independencia, que se inició proclamando que “todos los nombres nacieron iguales”. Esa igualdad, sin embargo, sólo incluía a los blancos y la ciudad se ganó una muy bien merecida fama como centro racista. Aquel racismo se manifestaba en todas las actividades, entre las que destacaba el deporte.

El Boston Red Sox tiene la deshonrosa distinción de haber sido el último equipo de las Grandes Ligas que contrató un jugador negro. Cuando aquel pionero llegó el 21 de julio de 1959 ya habían pasado más de doce años desde que Jackie Robinson jugó su primer juego con los Dodgers de Brooklyn el 15 de abril de 1947. Tras Robinson, todas las otras franquicias fueron añadiendo peloteros afronorteamericanos o latinos, incluyendo a los Bravos cuando todavía jugaban en Boston, pero en el caso de los Medias Rojas, la incorporación tardaría. Tras muchas protestas y mucho debate en la prensa, finalmente incorporaron a Pumpsie Green quien llevaba tiempo destacándose en las ligas menores. El atraso de lo adjudicaron al dueño histórico del equipo, Tom Yawkey, pero aquella expresión de puro racismo no era muy rara en Boston.

Desde 1977, año en que murió Yawkey, la calle frente al estadio de los Medias Rojas llevaba su nombre. No obstante, en abril de 2018 el Consejo de la ciudad de Boston votó a favor de eliminar dicho reconocimiento, restituyendo el nombre anterior, Jersey Street. Meses antes del cambio, los Medias Rojas habían contratado a su primer dirigente latinoamericano, el puertorriqueño Alex Cora, quien también lleva sangre africana en sus venas. Tal vez no existe relación entre el cambio de nombre decretado por las autoridades municipales y la contratación del boricua, pero no deja de ser interesante la coincidencia de eventos.

Es cierto, sin embargo, que el béisbol, y Boston en particular, han cambiado hacia lo positivo, aun en medio de la nueva ola de racismo con patrocinio oficial que ahora vive Estados Unidos. Antes de Cora muchos afronorteamericanos y latinos sobresalieron jugando para los Medias Rojas. Entre estos últimos se destacan dos dominicanos, David Ortiz y Pedro Martínez, quienes aportaron de forma decisiva para que en 2004 Boston lograra su primer campeonato en casi un siglo.

Boston contrató a su primer jugador negro, más que nada para cumplir con las apariencias, llenando una cuota. Lo que ha ocurrido desde entonces no ha sido así. A principios de la década del ’70  allí jugó nuestro Orlando Cepeda quien, aun cuando estaba al final de su carrera, fue el mejor bateador designado en su primer año con el equipo. Más recientemente, David Ortiz y Pedro Martínez, acabaron con la llamada “maldición del Bambino” llevando a los Medias Rojas a su primer título en 86 años.

La contratación de Alex Cora siguió ese patrón. En sus años de jugador, se destacó por sus habilidades y más aún por sus conocimientos del juego. Luego, el tiempo que pasó como analista en un medio televisivo, proyectó esos conocimientos. Más tarde, su experiencia como dirigente de un equipo en Puerto Rico y como gerente de nuestra selección nacional de béisbol terminaron por abrirle la puerta a la dirección de Boston, donde lo contrataron sólo porque percibieron que era el mejor candidato disponible.

Cuando casi a la media noche del domingo 28 de octubre el equipo de Boston se proclamó campeón del béisbol estadounidense, todo Puerto Rico celebró. Nunca antes esa franquicia había tenido tantos seguidores en este país. Cora lo logró, no sólo por ser de aquí, sino porque en todo momento proclamó su puertorriqueñidad. En las conferencias de prensa que se celebraban antes y después de cada juego, en lugar de aparecer con el uniforme del equipo, exhibía una camiseta con la bandera nacional o con alguna frase dirigida a su país. En cada instante fue consciente de que además de todas sus responsabilidades como dirigente de un equipo que luchaba por el campeonato del béisbol estadounidense, sobre sus hombros estaban los anhelos de un país.

Experiencias como ésta, pequeña o grande, contribuyen a la forja de una conciencia nacional, un sentido de pertenencia a un colectivo social distinto a todos los demás. Se trata, como muchos otros, de un evento ocurrido fuera de nuestras costas, precisamente el seno de la metrópolis que nos domina, donde un hijo del país, proclamando esa pertenencia, logra proclamarse campeón de algún deporte.  Apellidos como Clemente, Cepeda, Alomar y, últimamente, Puig y Díaz, forman parte de nuestro imaginario nacional porque le dieron a nuestro pueblo alguna alegría que le estimuló su orgullo. A la lista ahora se añade Cora.

Triunfar en Boston no es fácil. Cora lo logró sin dejar de advertir en todo momento dónde realmente están sus querencias.