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Con-textos: La paradoja del barbero

… “las paradojas y las contradicciones pueden significar la diferencia entre la vida y la muerte …

parecen ser parte integral de la vida misma …”

(traducción libre)

Fall of Man in Wilmslow

(novela biográfica sobre Alan Touring)

David Lagerkrantz

La mayoría de los pueblos cargan en su mochila histórica una genética confusa y convulsa, las más de las veces contradictoria y en muchos casos paradójica. En nuestro caso, el equívoco nos define desde siempre. Sin remontarnos a la época pre–“descubrimiento” durante la cual podríamos identificar muchos personajes como ancestros de una Comala caribeña que también podría ser paradójica, el evento puntual del segundo viaje de Colón y su amalgama de aventureros –busca fortunas y destitutos sociales oriundos de la España de Castilla-León– arrastraba desesperadas agendas personales y no menos desesperadas agendas imperiales. Pero la verdad sea dicha: cuando habían arribado a la isla que Colón llamó “San Salvador” –los ingleses llamaban “Watling”, pero los verdaderos descubridores nativos denominaban “Guanahaní”– los españoles estaban convencidos de que habían llegado a la India.

Cuando durante el segundo viaje llegaron a Puerto Rico e “hicieron aguada” en el Oeste, todavía buscaban la ruta a Cipango, como se conocía a Japón durante la Edad Media. También pretendían llegar a la China, a donde Marco Polo había llegado más de un siglo antes, solo que en dirección opuesta mediante la legendaria “ruta de la seda” por la vía terrestre que mediante trenes de alta velocidad resucita hoy la misma China que buscaban entonces los españoles.

Miren las paradojas que subyacen en los nombres: Watling era la avenida/ruta del ejército imperial romano cuando avasalló las Islas Británicas. Guanahaní en vernáculo indígena significaba “dulce y gentil”. El “salvador” que sabemos Colón no fue, ahora pretende ser su conquistador, descendiente a su vez de los británicos antes conquistados por los romanos vía Watling. Lagerkrantz tiene razón: las paradojas suelen definir la vida y la muerte.

Más de quinientos años después del contacto europeo/caribeño continúan los equívocos. En 1898 nos convertimos en “territorio” conquistado; botín de guerra. Pero al no ser territorio continental contiguo al de los estados y al tener sus habitantes diferente idioma y cultura, se articuló una norma de derecho positivo imperial, también claramente equívoca: somos propiedad de, pero no formamos parte de. Por eso, tendríamos menos derechos que los originales habitantes de Norteamérica en los estados unidos continentales a cuyas tribus sí se les reconoce soberanía. La nuestra –antes regenteada/usurpada/tal vez reconocida por los españoles– la perdimos mediante la “cesión” de España a Estados Unidos mediante el Tratado de Paris. Es decir; según los norteamericanos, los españoles nos cedieron sin soberanía. El Congreso con sus barcos de guerra, se la apropió. Estamos en un limbo jurídico. La Corte Suprema de los Estados Unidos así lo resolvió en Pueblo v Sánchez Valle –como de carambola a tres bandas en una mesa de billar– mediante un dictum (significa cuando un tribunal resuelve algo que quiere resolver sin que sea visible) ya que no forma parte del razonamiento medular de la enjundia togada imperial sin peluca.

En el tercer estadio del equívoco en que se ha convertido nuestra condición política y jurídica, se nos ha impuesto unan tiranía anacrónica, tanto a la luz del derecho internacional como a la luz del propio derecho constitucional norteamericano mediante la aprobación de la Ley PROMESA y la imposición de una Junta de Supervisión Fiscal con poderes extraconstitucionales y omnímodos. Ésta nos exprime la savia vital del país mediante austeridades impuestas a su gente trabajadora y envejecida, confundida en el afán –después de la devastación de los fondos buitre y del huracán María– de sobrevivir un día a la vez, esperando resolver en la inmediatez repetida los afanes individuales y colectivos de los puertorriqueños. ¡Todos somos WIC!

Como ha ocurrido en Grecia, la austeridad impuesta desde hace casi una década no ha resuelto problemas que son estructurales y no financieros, como los de la economía de Puerto Rico. Allá, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional están dominados por el póker no productivo de la alta finanza. Son los mismos buitres. El balloon payment lo tendrán que pagar nuestros nietos y tataraidems, tanto allá como acá.

Frente a ese escenario ominoso, es imperativo cuestionar el estado de derecho positivo vigente porque –impuesto que fuere como acto de guerra– es el único que nos aplica y gobierna nuestra vida diaria. Como los troyanos que se insertaron con su caballo en las vísceras de Atenas, tenemos que cuestionar las paradojas y contradicciones evidentes de la justificación de la colonia desde dentro de su mismo cuerpo de normas. Luego veremos qué pasa.

Es como la paradoja del barbero: si decimos que el barbero afeita a todos los que residen en su pueblo –salvo a quienes se afeitan ellos mismos– entonces, quién afeita al barbero, sino él mismo, lo que derrotaría la veracidad del aserto. Del mismo modo, si decimos que la Junta de Supervisión Fiscal “afeitará” la corrupción y la ineficiencia de los funcionarios electos por los puertorriqueños, con lavaza de austeridad dirigida a los trabajadores, ¿quién afeitará a la Junta –incluyendo a Carrión III, Carlos García, la Jaresko y sus secuaces– personeros de los fondos buitre?

Dos veces “nacimos” como Isla/País/Nación de manera equívoca. Hoy tenemos otra paradoja urgente, compuesta de tiranía y al igual que Colón, vestida de “salvador”. Hay que implosionarla desde adentro, a riesgo de que muy pronto no tengamos País.

Comentarios a: rei_perez_ramirez@yahoo.com

El payaso del salón

Tiempo atrás escuché el relato de una amiga sobre su paso por una escuela superior pública en un pueblo del sur. Daba cuenta de lo que todos conocemos, de lo que con toda probabilidad fuimos partícipes en ocasiones: un maestro o una maestra luchando por hacerse escuchar, por hilvanar la clase que ha preparado, por llegar al final de otro día de labor, en un salón de clase en que un grupo demasiado grande de adolescentes desordena y vicia el ambiente, hace muecas, tira cosas, se dirige al maestro con comentarios sarcásticos rayanos en la falta de respeto. La mujer que hacía la historia contaba cómo, en plena algarabía, cuando los maestros hartos y agotados se hundían en un silencio breve que el grupo seguramente interpretaba como una victoria, interpelaba a sus compañeros repitiendo una admonición: “¡Cállense, que quiero aprender!”

El Estado, los padres, la sociedad le piden a los maestros y a las escuelas que hagan de todo: que cuiden y protejan a los niños cinco días a la semana durante un número sustancial de horas, que les enseñen desde las primeras letras y números hasta trigonometría y los clásicos de varias literaturas, que les infundan moral y buen comportamiento, que los aparten de vicios, peligros y malas compañías. Esto y tanto más a cambio de un sueldo menor, de condiciones de trabajo por lo general deplorables, sin cotizar par el Seguro Social, sin dirigirles apenas aprecio ni respeto, llevándolos tantas veces a que tengan la impresión de que han sido abandonados por todos, por el Estado y por la sociedad en su conjunto, y que sus 30 años de servicio se conviertan en el equivalente de una sentencia. Aun así, innumerables maestros creen en lo que hacen, luchan cada día, pagan de su salario libros y materiales que no llegarían a la escuela de otra forma. Aun así, además, éste y otros gobiernos limitan su acercamiento a la educación a la contabilidad y la gerencia o a la manipulación ideológica de la enseñanza, declarándose a favor del cierre de escuelas o la superstición del bilinguismo.

El problema es complejo y grave porque el presente es el resultado de diversas y reiteradas catástrofes, entre la que se destaca protagónicamente la renuencia que se ha extendido por décadas a brindarle a los jóvenes posibilidades reales de una educación. Más importante, para muchos de sus padres, ha sido que la escuela los sustituya por unas horas, que el aprovechamiento académico de sus hijos. Los gobiernos utilizan el Departamento de Educación como semillero de contratos para los incondicionales de los partidos, como lugar para satisfacer con un empleo a sus partidarios, como burocracia en metástasis. Habría que preguntarse si, desde hace décadas, a las escuelas les han posibilitado ser escuelas, si a los maestros los han dejado (y permitido) ser maestros. Entre la intención pretendida y la realidad operativa de la educación, se interponen toda suerte de filtros, cortinas de humo y esquemas.

En estos días en que ha estado en la palestra pública la petición a Bad Bunny de parte del gobernador y los comentarios del artista a una maestra y al primer mandatario, la cuestión educativa vuelve a estar a la vista de todos, pero la turbidez que la rodea se ha mantenido intacta. Pienso que una vez más, como sociedad, este asunto se deja a un lado, se difiere indefinamente, se decide dar a pérdida lo que pueda pasar con una o más generaciones presentes y futuras que se encadenarán con las que ya sufrieron otras versiones de esta indiferencia.

En su contestación a una maestra Bad Bunny escribió lo siguiente: “Yo era un estudiante al que el maestro siempre tenía que regañar, mandar a callar y volver a su asiento, el payaso del salón. Al que la maestra catalogaba de charlatán pero si quería hacerla quedar mal, le sacaba 100 en cualquier examen y si me sobraba tiempo podía darle una demostración de mi conocimiento, capacidad y dejarla boquiabierta.” El artista crea una historia ejemplar en esta réplica: él es la demostración viva del éxito de un salón con estudiantes fuera de control, en el que la maestra apenas puede dejarse oir. Añadirá: “Mi objetivo era ser todo lo que soy hoy, yo debería ser ejemplo para usted para cumplir el suyo”. Bad Bunny se representa como el ideal de un sistema educativo que muchos se han enfrascado en que sea el peor posible. Se describe como un estudiante que hacía lo que quisiera en el salón de clase y que no tenía nada que aprender. Su “conocimiento” y su “capacidad” se lograron por generación espontánea, por la universidad de la calle o por sencillamente ser quien es. Por ello, cuando quería, podía impresionar a la maestra con un 100 o, superarla (ella no tenía nada que enseñarle y Bad Bunny había agotado lo que se pudiera aprender y dominar) al punto de dejarla derrotada y “boquiabierta”. Las cuotas de arrogancia, prepotencia y fantasía de esta declaración son un testimonio cruel de la situación educativa del país.

Más allá de Bad Bunny, hay un ciudadano y ex estudiante llamado Benito Antonio Martínez Ocasio. El éxito comercial del primero, los millones de espectadores en las redes sociales, los billetes de cien incontables de los que habla en sus canciones, intentan invisibilizar la situación del segundo. Al menos por un tiempo, Bad Bunny posee el poder de la fama y el capital. En los salones de clase que él mismo describió, éste es el horizonte del éxito y la realización personal y profesional. Como se intenta a golpe de billete y notoriedad intentar que brille Bad Bunny y se olvide a Benito Antonio Martínez Ocasio, el procedimiento es violento y recurre a la fanfarronería y la grandilocuencia: su obra es “la Nueva Religión” y los que no crean en ella estamos avisados: “Refuta mi tesis, cabrón que te vamos a dar catequesis.”

Las estrategias del artista no son novedosas. Han sido y son comunes y corrientes, pero tradicionalmente se han asociado más con la política que con las artes. En su respuesta a la maestra, Bad Bunny afirmó que “no es el secretario de educación”. Esto es cierto, pero además en esta declaración apunta a su irresponsabilidad social. En otra etapa de su vida, continúa estando en el aula en que era el irrespetuoso y soberbio “payaso del salón”. Pero el aserto del cantante contiene otra verdad: si bien él no es responsable de la situación escolar del país, funcionarios que han sido secretarios de educación han sido Bad Bunnys. Gente que no han hecho nada por mejorar las condiciones que padecen estudiantes y maestros; que no han adecentado las tendencias a la corrupción en esa secretaría; que no han reformado un currículo para proveerle cultura a la población y que, en cambio, como en el caso de la secretaria Keheler, han quedado satisfechos con su gestión de recortadora de recursos y la notoriedad y los muchos billetes de cien que le llegan todos los meses. Funcionarios, que como Bad Bunny, privilegian el éxito exclusivamente personal, permitido por el puesto y el salario, a la obra social que deben dirigir.

Bad Bunny las canta crudamente. Quizá habría que enviarle a la actual secretaria de educación y a muchos de sus predecesores, así como a los gobernadores, políticos y partidos que les otorgaron sus cargos, lo que el cantante le escribió a la maestra que cuestionó sus posturas, actitudes y contenidos: “Sepa que el artista que usted critica es producto del sistema de educación de mi país. Usted y sus compañeros también han contribuido a ese exitoso plan de crear una generación de imbéciles.”

Confío en que algún día hagamos que algunos se callen para poder aprender.

Derechos humanos y la defensa de la soberanía

La defensa de los derechos humanos es tema que compele a cerrar filas cuando se invoca como valor a defender sin cuestionamiento. Son muy pocas las personas que se atreverían a ni siquiera insinuar que no simpatiza con una causa que se defina como una lucha en defensa de los derechos humanos, ya sea de un individuo o un colectivo.

Suena más sencillo de lo que es. La mayor parte de las personas no conocen la dimensión abarcadora de lo que son derechos humanos. Si se le pregunta a cualquiera con probabilidad podrán mencionar o identificar uno o dos derechos humanos que se conocen mas bien en su modalidad de derechos civiles, o sea, en su contraposición ante el estado del cual es ciudadano. Los más conocidos son la libertad de expresión, de prensa, de asociación, religión o la protección de no ser privado de vida o propiedad sin un debido proceso de ley. Ante violaciones de estos derechos la mayoría de las personas cerrarán fila con los ofendidos.

Pero los derechos humanos no se limitan a estos que atañen al individuo en su acepción libertaria. Existen otros derechos humanos que, aunque no reconocidos comúnmente resultan ser indispensables para el ejercicio pleno de los anteriores derechos. Tales son los derechos a la educación, la salud, a la vivienda, al trabajo, en fin, a una vida digna.

En total son 30 los derechos humanos reconocidos por la Declaración Universal de Derechos Humanos proclamada por la Organización de Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948. Estos se dividen entre derechos individuales y colectivos, sociales, económicos y culturales.

La ideología que prevalece en el mundo capitalista occidental enfatiza y prioriza los derechos individuales, de primera generación, sobre los derechos colectivos, sociales y económicos. En los países comunistas o socialistas se prioriza en los derechos sociales y económicos, a veces en detrimento de los derechos individuales. Es aquí donde se traban las grandes batallas de la humanidad.

El asunto se complica aun más cuando se contrapone la soberanía de un estado o país a establecer el sistema económico y político que atienda las necesidades particulares de su pueblo. La intervención de un poder extranjero que pretenda imponer su particular visión económica y política se entiende como injerencista. Esto puede chocar con la pretensión de invocar los derechos humanos como universales. Ejemplo dramático de ello, fue el genocidio ocurrido en Ruanda entre abril y julio de 1994 en el cual la etnia hutu asesinó alrededor de 500,000 a 1,000,000 de tutsis. Muchos en la comunidad internacional observaron impávidos como se desarrollaba el genocidio mientras en los organismos internacionales no fue hasta ya muy avanzado el proceso que se movieron tropas de los cascos azules de la ONU para tratar de infructuosamente detener el sangriento episodio ante los reclamos de soberanía del estado de Ruanda. Asimismo, los reclamos de la comunidad internacional para detener la práctica de la mutilación genital en países africanos han encontrado resistencia ante reclamos de que es parte de su cultura y tradiciones. Se enfrentan pues por un lado la soberanía de un estado y los derechos a la preservación de tradiciones y culturas que chocan con valores de derechos humanos que aspiramos que se apliquen universalmente.

No conozco de ningún estado en el mundo que tenga un récord perfecto de cumplimiento con el respeto y garantía de los derechos humanos en sus 30 artículos. En todos los estados se dan hechos de abuso de poder policíaco, represión, discrimen y trato desigual. Lo que distingue a unos de otros es cuan efectivo y comprometido es el estado en atender las violaciones y proteger los derechos de sus ciudadanos. En EEUU, por ejemplo, el movimiento de Black Lives Matter se organizó ante la frecuencia conque se priva de la vida a los afrodescendientes sin que el estado procese al ofensor, o si lo procesa son demasiadas las veces en que los ofensores blancos salen airosos y queda el crimen impune. Las estadísticas de personas sin hogar (554,000), personas que pasan hambre (20.6% de los hogares con niños), sobre 40,000,000 sin plan médico, resultan en violaciones flagrantes a los derechos humanos de una vida digna, a vivienda, a salud, a alimentación. Sin embargo, a nadie se le ocurriría pedir que se intervenga en el país más rico del mundo que teniendo los recursos y los medios permite que millones de sus ciudadanos mal vivan en condiciones de marginalidad. Un país, que mediante el ejercicio de su poder económico y militar, impone sanciones y bloqueos a otros países y con su injerencia provoca o agrava problemas de acceso a recursos alimentarios y de salud.

En América Latina diariamente se asesinan, desaparecen y reprimen a dirigentes comunitarios, indígenas, periodistas y activistas políticos. Esto ocurre con mayor o menor grado en casi todos los países de la región. Quién no conoce los feminicidios de Ciudad Juárez, la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, el asesinato de la dirigente Berta Cáceres en Honduras, la represión en Chile contra el pueblo Mapuche, los falsos positivos y desparecidos y asesinato de dirigentes de la FARC en Colombia, luego de los Acuerdos de Paz. Sin embargo EEUU prima a estos países como sus aliados incondicionales y los utiliza de megáfonos contra Cuba, Venezuela y Nicaragua.

La doble vara de EEUU es demasiado obvia. Si hubiera en Cuba, Venezuela y Nicaragua las mismas violaciones de derechos humanos que ocurren en México, Colombia, Honduras y Chile, entonces ¿por qué atacar a unos y hacerse de la vista gorda con los otros? Hay una sola respuesta: el ejercicio de la soberanía que defienden con firmeza Cuba, Venezuela y Nicaragua, la negativa al sometimiento a los designios de EEUU en la región.

Contra bloqueos, sanciones e intentos de aislamiento internacional, Cuba y Venezuela han defendido su derecho a la soberanía, a establecer el sistema político y económico que mejor atienda las necesidades de su pueblo. ¿Errores cometidos?, muchos, admitidos por ellos mismos. Deseos de rectificación, siempre, contra viento y marea. ¿violaciones de derechos humanos? De seguro los habrá habido, como los hay en todos los países del mundo. En Venezuela, tras enfrentar las llamadas guarimbas, el gobierno identificó hechos aislados de uso de exceso de fuerza y procedió a detener a los miembros de las fuerzas policiacas implicados y a someterlos a proceso. Desconozco el desenlace de los mismos, pero de que ha habido voluntad política de detener esos excesos, la ha habido.

Las dificultades económicas que enfrenta Venezuela responden a muchos factores. La baja en el precio del barril de petróleo que cayó de mas de $100.00 a menos de $30.00 en los últimos años estremeció la economía venezolana. El acaparamiento de artículos de primera necesidad, alimentos y gasolina por enemigos de la revolución para su venta en el mercado negro colombiano, el tráfico con bolívares que desencadenó una inflación sin precedentes, sin ignorar actos de corrupción e ineficiencia administrativa en el gobierno, ha creado un estado de necesidad que dificulta la vida diaria de los venezolanos. Sin embargo, en contra de todos los pronósticos, el Gobierno Bolivariano continúa cumpliendo con las metas de garantizar vivienda digna, proveer servicios de salud gratuitos con los recursos que se tienen y garantizar la educación gratuita de sus niños y jóvenes.

¿El que Venezuela esté atravesando por dificultades económicas amerita la intervención e invasión de este país? ¿Solucionaría algo meter tropas de EEUU en Venezuela? ¿Cuántos muertos están dispuestos a poner EEUU y cuántas vidas venezolanas están dispuestas a tomar en nombre de una falsa idea de democracia? ¿Cuál ha sido el resultado de las intervenciones de EEUU en el mediano oriente? ¿Reinan las libertades, la democracia capitalista y los derechos humanos en esa región, o acaso no está sumida en una espiral de muerte, destrucción y terrorismo? ¿Es ese el futuro de América Latina?

La verdadera protección de los derechos humanos comienza por el respeto a la vida digna de sus pueblos y al ejercicio pleno de su soberanía.

La autora es co presidenta del Movimiento Nacional Hostosiano (MINH)

“Y si vuelve nacer yo la vuelvo a matar”

Los maté, sí señor

Y si vuelven a nacer

Yo los vuelvo a matar…

Voy a seguir sus pasos, voy a buscarla hasta el más allá.

El preso número 9.

Qué inmenso, qué inmenso, ser el dueño de la finca y la mujer.

El Jaragual

Pero como ella al fin era mujer

solo supo responder con la traición…

Vale más cualquier amigo

sea un borracho, sea un perdido

que la más linda mujer.

Entre copas y amigos

Las citas que anteceden provienen de canciones famosas, que la gente tarareaba en la calle, pero no las escribió el rapero (o trapero) Bad Bunny. Son composiciones antiquísimas que fueron muy populares en su época. El preso número 9, del mexicano Roberto Cantoral, fue grabado hasta por la estadounidense Joan Báez. El Jaragual, de don Felo, adquirió fama en la voz de Ismael Rivera y, más tarde, con Lucecita Benítez, entre muchos otros. Copas y amigos estuvo en las velloneras de todos los cafetines de Puerto Rico en la voz de Felipe Rodríguez.

Desde la aparición de esas canciones ha trascurrido, cuando menos, tres cuartos de siglo. Don Felo (Felipe Rosario Goyco, quien también compuso la exquisita Estando Contigo, más conocida como Madrigal) nació en 1890 y murió en 1954. Las otras canciones citadas, aunque de menor edad que El Jaragual, también son antiguas. En todas ellas encontramos, como enfoque central, una visión altamente peyorativa de la mujer y, peor aún, la justificación del abuso y la violencia desatados contra ella. Más que compañera es presentada como un mero objeto, desleal por naturaleza, frente a la cual debemos estar siempre en guardia.

¿Y que encontramos en la música popular de ahora, casi un siglo después? Para no enlodarnos mucho las manos citemos sólo una estrofa del rapero de moda llamado Bad Bunny:

Ponte de rodilla

y no es pa que rece

y dile a tu novio que evite

si no quiere que el AK lo enderece.

Utilizando como muestra esas líneas es fácil concluir que las canciones de ahora son, en extremo, más vulgares y agresivas. (¡Y cité una de las menos explícitas!) Pero en el fondo se trata de lo mismo, de la mujer como objeto y de la glorificación de la violencia. Estos dos temas estuvieron muy presentes en la música popular latinoamericana hace casi un siglo y lo están con igual o más fuerza ahora.

La música popular es tal vez el medio de expresión artística que con más nitidez expresa lo que bulle en el grupo social que la produce. Tal vez porque es de más fácil elaboración, las composiciones nacen casi diariamente expresando lo que la gente siente o lo que sucede en el barrio. Los temas de nuestra plena y nuestra salsa, o de la ranchera mexicana, el vallenato colombiano o la samba brasileña nacen, como nació el tango argentino, del arrabal, de la barriada o, en leguaje puertorriqueño, del caserío o de la urbanización.

Esa realidad –que la música popular sea expresión de las vivencias y los sentimientos que se manifiestan en nuestras comunidades– nadie la puede cambiar. Así es, así ha sido y seguirá siendo. Lo que sí podemos cambiar o, al menos, tratar de cambiar, son las vivencias y sentimientos que luego se traducen en expresiones musicales. Está muy bien que los jóvenes de nuestros barrios trasplanten sus experiencias hacia creaciones artísticas de cualquier tipo. Lo que la sociedad debiera aspirar es que esas vivencias superen prejuicios y visiones ancestrales donde casi siempre la mujer lleva la peor parte. Al comparar expresiones de música popular del pasado con las que se producen en la actualidad, como hemos visto antes, encontramos que el cambio ha sido mínimo o, peor, que hemos caminado hacia atrás. Antes Felipe Rodríguez, en una melodía contagiosa, nos decía que la mujer, por mandato genético, traicionaba, mientras Roberto Cantoral convertía en símbolo al marido que mataba a la “traidora”. Ahora los exponentes del rap y el trap hacen lo mismo, solo que con menos lirismo y más vulgaridad. Es la misma historia, sólo cambia la gráfica y el ritmo.

Seguimos nadando en las mismas aguas turbias y, al menos en cuanto al tema que aquí comentamos, debemos reconocer que persiste una evidente inmovilidad social. Sobre esto se ha escrito bastante, pero no suficiente. En el centro de todos los análisis está el fracaso evidente de nuestro sistema educativo, particularmente aquel dirigido a los jóvenes de las comunidades económicamente marginadas.

Recientemente, en una entrevista en el diario El Nuevo Día, la profesora y experta criminóloga Dora Nevares señalaba que aun cuando la Constitución plantea como objetivo central el desarrollo integral del ser humano, la escuela no ha logrado eso. Añadía: “Es violencia política. El Censo de Comunidad 2007-2011, que es el más reciente, dice que el 17% de los jóvenes, entre 18 y 24 años, no completaron escuela superior. Y el Censo del 2000, dos de cada cinco, de 15 años o más, tampoco está subiendo. Una población casi analfabeta.”

Ese analfabetismo funcional que señala Dora Nevares, producto de un sistema educativo que todos los años malgasta miles de millones de dólares, es una de las causas del problema que antes señalamos. Hay otras. Pero, independientemente de las explicaciones, lo cierto es que, a juzgar por la letra de las canciones de ayer y de hoy, seguimos chapoteando en el mismo charco y la mujer sigue llevando la peor parte.

A mi buena gente de Claridad, que son todos y todas.

Sí, el viernes,19 de octubre, como a las 8:30 de la noche hubo un acto de vandalismo contra mi casa.  Rompieron tres cristales de una ventana en la fachada de la casa.  Estos cristales son fabricados para resistir vientos huracanados fuertes por lo que no rompen con impactos de menor intensidad.  Me pregunto qué usaron para lograr tal impacto y ruido.

Las motivaciones detrás de este acto pueden ser varias, incluso políticas.  El ruido ocasionado  fue tan fuerte que parecía una explosión.  Tanto así que un vecino que vive a cierta distancia de la casa, lo escuchó y salió corriendo hacia nuestra casa.  Mi esposa llamó al cuartel de la policía estatal de Río Piedras y nadie contestó.  La policía municipal de San Juan sí llegó rápidamente y tomó los datos pertinentes.

Queremos dar las gracias a todos los compañeros y compañeras, y en particular a los compañeros del Comité Pro Derecho Humanos de Puerto Rico, que tan pronto  se enteraron del incidente, se pusieron a nuestra disposición.

Al siguiente día estuvimos en la demostración en solidaridad con la Revolución Bolivariana de Venezuela.  No permitamos que nos usen contra nuestros hermanos venezolanos.  Un ataque a Venezuela es un ataque contra toda Latinoamérica, de la cual somos parte.  ¡Viva Venezuela libre y soberana!  ¡Abajo el imperialismo!

¡Pa´lante siempre, mi gente!

Rafael Cancel Miranda