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Noticia importante que llega desde Bélgica

Bruselas, 7 de agosto de 1904. El Tribunal Supremo de Bélgica, sesionando esta tarde en Bruselas, decidió por unanimidad que la cláusula 22 de la Constitución del Reino, conocida como “Cláusula Territorial”, le da plena autoridad al monarca Leopoldo II para emitir cualquier decreto relacionado con los habitantes del Estado Libre del Congo, más conocido en Europa como el Estado Libre de Leopoldo. Mediante esta sentencia, el más alto tribunal belga adjudicó una demanda presentada por ciudadanos congoleses, impugnando la validez constitucional de un decreto que condena con la amputación de una mano, en primer lugar, y de un pie en segundo lugar, a cualquier persona que desobedezca una orden para trabajar en alguna de las minas de diamantes de propiedad real.

“Congo fue adquirido por la monarquía belga mediante una acción militar legítima”, reza el dictamen judicial que, además, puntualiza lo dispuesto por la Conferencia de Berlín de 1885, también conocida como “la del reparto de África”, organizada por los estados europeos. Allí quedó consignado el derecho del  sobre el territorio que él mismo llamó “Estado Libre del Congo”. El tratado suscrito en el cónclave de Berlín reconoce y ratifica los derechos de la monarquía belga, previamente establecidos en la Constitución real, para disponer de “cualquier territorio o propiedad” del Reino. Por virtud de la mencionada cláusula, las autoridades de Bruselas tienen poder para emitir cualquier ley o decreto de aplicación en el Congo y en cualquier otro territorio sobre el que Bélgica tenga derechos propietarios.

Refiriéndose a un principio jurídico muchas veces citado por el propio tribunal –“el que puede lo más, puede lo menos”– el alto foro belga señaló que si la autoridad que nace de la Constitución y del Tratado de Berlín permite la venta a otro país de todo o parte del territorio del Congo, también autoriza al estado a aprobar cualquier legislación relacionada con los habitantes de esta posesión africana.

El decreto real objeto de controversia fija los niveles de producción que debe alcanzar cada una de las explotaciones mineras repartidas por el amplio territorio congolés. Estas cuotas deben ser suficientes para cubrir los créditos adelantados al territorio, garantizando una ganancia considerada “razonable y justa”. Dispone, además, cuántos trabajadores deben emplearse en cada lugar, los horarios, así como las medidas disciplinarias a imponerse en caso de incumplimiento. Entre estas se encuentra la pena de amputación en situaciones de violación reiterada o de desobediencia. La aplicación de esta pena la decide una junta de siete comisionados reales que sesiona intermitentemente tanto en Leopoldville, capital congolesa, como en Bruselas. Los ciudadanos demandantes alegaron que los poderes amplios conferidos al grupo de comisionados, usurpa los previamente reconocidos al gobernador designado para el Estado Libre del Congo.

“Tanto el gobernador como la Junta de comisionados son resultado de decretos reales”, dice la sentencia del tribunal de Bruselas, y añade: “Quien emite esos decretos, obviamente retiene la autoridad para alterarlos.” En cuanto al reclamo de los demandantes de que el decreto relacionado con las minas de diamantes y la creación de la junta, usurpan las funciones del gobernador del territorio, la sentencia señala que este conserva el poder de hacer sugerencias. Ese poder, apunta, permite que no sea un gobernador “sin dientes” o “mellado” (“édenté” en francés).

Nota del autor

Esta parodia, que se inspira en la última decisión de la juez estadounidense Laura Taylor Swain sobre Puerto Rico (ratificando el poder de la Junta de Control Fiscal impuesta) tiene muchos elementos históricos. Lo de “Estado Libre del Congo” no es parodia. Ese fue el nombre que, efectivamente, la monarquía belga le puso a su posesión africana tratando de encubrir, de forma cínica y cruel, la brutal realidad colonial. En el caso puertorriqueño, el nombre “Estado Libre Asociado” tuvo el mismo propósito y, para más vergüenza, no se lo inventaron los colonizadores, sino los propios colonizados.

Tampoco es parodia la Conferencia de Berlín, que “legalizó” el poder de la monarquía belga sobre el Congo. Allí, los imperios europeos se reconocieron unos a otros sus posesiones africanas para facilitar la explotación pacífica. Es decir, se repartieron el continente como si fuera un bizcocho y, en el caso congolés, aceptaron que era propiedad privada del monarca belga Leopoldo II.

Con respecto a Puerto Rico hubo una secuencia algo parecida. Estados Unidos invadió y tomó posesión de la isla el 25 de julio de 1898 y luego, mediante el Tratado de París del 10 de diciembre del mismo año, la adquirió formalmente. Es gracias a esa trasferencia “legal” que la llamada “cláusula territorial” de la Constitución de Estados Unidos se le aplica a los puertorriqueños. Igual que los congoleses nunca aprobaron el dominio belga ni mucho menos la supuesta “legalización”, los puertorriqueños no autorizaron la trasferencia formalizada en París. La “cláusula territorial” es tan colonial como los decretos del rey Leopoldo.

Sobre la brutalidad del colonialismo belga en el Congo, y las amputaciones como castigo, hay basta documentación histórica aunque, tal vez, donde mejor podemos sentirla es en la novela de Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas.

Finalmente, la frase “gobierno mellado” (toothless) está en la sentencia de la juez Taylor Swain.

Hechas estas aclaraciones invitamos al lector a repasar el último dictamen de la juez estadounidense y a volver a leer mi parodia, que tiene muy poco de ficción.

ADVERTENCIA FINAL: Si los seres humanos no se disponen a cambiar la Historia, ésta seguirá repitiéndose.

Maduro, Duque y el Plan Maestro

Por Carlos Fazio

El 4 de agosto, durante una parada militar en Caracas, un grupo terrorista atentó con drones DJI M600 cargados de explosivos contra el presidente constitucional y legítimo de Venezuela, Nicolás Maduro, para intentar conseguir por la vía del magnicidio lo que la oposición de ultraderecha proestadunidense no ha podido conseguir en una veintena de elecciones ni tampoco a través del golpe de Estado de 2002; el sabotaje petrolero de 2002-2003 de la gerontocracia de PdVSA, Fedecámaras, la Confederación de Trabajadores de Venezuela, la Coordinadora Democrática, la jerarquía conservadora de la Iglesia católica y los medios hegemónicos cartelizados; las sanciones y la guerra económica, y la guerra no convencional del Comando Sur del Pentágono, desplegada en su última fase de 2015 a la fecha mediante campañas de intoxicación mediática, sabotajes y actos violentos, con apoyo de la Organización de Estados Americanos y los gobiernos cipayos del Grupo de Lima.

Uno de los drones usó como explosivo pólvora y pentrita (sustancia como la que causó la explosión del Boeing 747 de PanAm sobre Lockerbie, Escocia, en 1988, con saldo de 270 muertos) y el otro pólvora y C-4 (explosivo plástico de uso militar utilizado por agentes de la CIA para derribar la nave de Cubana de Aviación sobre Barbados, en 1976, donde murieron 73 personas, y en el asesinato de Orlando Letelier, el excanciller de Salvador Allende en Washington, ese mismo año; el favorito para las operaciones de bandera falsa de la red Gladio de la OTAN, y el que derribó la torre II de Pemex, en México, en 2013). Ambos drones fueron dirigidos a la avenida Bolívar con el fin de que uno explotara en la parte superior de la tarima presidencial y el otro en la zona frontal, para asegurar la muerte de Nicolás Maduro, su esposa Cilia Flores, miembros de su gabinete y los mandos de los institutos armados. Los equipos inhibidores de señales del anillo de seguridad presidencial hicieron que los drones se desorientaran y los explosivos detonaron fuera del perímetro planificado por los terroristas.

Los dos grupos operativos fueron detenidos el mismo día. Uno, integrado por el sargento retirado de la Guardia Nacional, Juan Carlos Monasterios, y Argenis Valero Ruiz, en flagrancia; el otro mientras huía hacia Colombia. Los frustrados magnicidas confesaron que recibieron entrenamiento en la finca Atalanta en el municipio de Chinácota, Norte de Santander, en Colombia; allí aprendieron a manejar drones. Se les ofreció pagar 50 millones de dólares y estadía en Estados Unidos.

De los audios de las conversaciones que los autores materiales mantuvieron entre sí mientras ejecutaban el atentado y posteriores declaraciones ministeriales de Juan Carlos Monasterios, jefe operativo del acto terrorista, se estableció que dos de los autores intelectuales fueron Rayder A. Russo, quien reside en Colombia y entrenó a los sicarios en la finca Atalanta, y Osmán Delgado Tabosky, financista venezolano que vive en Miami, Florida, quien advertido por sus cómplices que los drones habían perdido el control, detonó uno de manera remota a miles de kilómetros del lugar de los hechos. Monasterios, Russo y Delgado habían participado en el ataque al fuerte Paramacay en 2017, y eran buscados por la justicia venezolana.

El exjefe de la Asamblea Nacional, Julio Borges, refugiado en Colombia desde febrero último, y su correligionario de Primero Justicia, Juan Requesens, detenido en Caracas, también participaron en la trama fallida. El gobierno de Venezuela giró el viernes una orden internacional de captura (“código rojo” de la Interpol) contra Delgado, Russo y Borges, implicado en el caso por Requesens y Monasterios. Maduro también acusó al coronel retirado Oswaldo Valentín García Palomo de ser el “jefe de los asesinos” y de intentar captar militares para derrocarlo.

Asimismo, el 6 de agosto, el presidente de Venezuela dijo tener “pruebas suficientes” de la complicidad en ese acto de barbarie del mandatario saliente de Colombia, Juan Manuel Santos, quien ha mantenido múltiples reuniones con Julio Borges. En vísperas de culminar su mandato Santos declaró “veo cerca la caída de Nicolás Maduro (…) ojalá mañana” (mismo terminara su gobierno de) “forma pacífica”.

El 9 de agosto, durante un encuentro a puerta cerrada en la Secretaría de Relaciones Exteriores de Bogotá, el nuevo canciller de Colombia, Carlos Holmes Trujillo, le expresó a Borges el “apoyo incondicional” del gobierno de Iván Duque para “rescatar la democracia y la legalidad en Venezuela”.

Señalado por sus adversarios como un “títere” del expresidente Álvaro Uribe −sindicado por sus vínculos con el paramilitarismo, el narcotráfico y acusado de genocidio−, Iván Duque ya tiene una estrategia para negociar con la administración Trump una dispensa para Colombia con los aranceles de importación del acero y el aluminio: tomar las riendas de la guerra encubierta del Pentágono contra Venezuela, desde la frontera colombiana.

A principios de julio, ya designado presidente electo, Duque corrió a recibir instrucciones en Washington del aparato de seguridad de la administración Trump. Allí se reunió con el vicepresidente Mike Pence, el secretario de Estado, Mike Pompeo, la directora de la Agencia Central de Inteligencia, Gina Haspel, el zar antidrogas James Carrol, y con el asesor de Seguridad Nacional, el superhalcón John Bolton.

Del encuentro con Pence, Duque sacó particular ventaja al aprovechar la preocupación del vicepresidente de EU sobre la “amenaza” que supone para Colombia la “dictadura” de Maduro, y solicitó apoyo estadunidense en materia militar, de inteligencia y seguridad. Y como dijo entonces el presidente colombiano entrante, el lenguaje común con EU “es el de los resultados” –verbigracia, el fin justifica los medios, lo que no lo exime de que en cualquier momento Trump le dé una patada en el trasero−, por lo que se puso a trabajar para que lleguen rápido: el 10 de agosto, tres días después de asumir el cargo con el alborozo de las estructuras paramilitares, anunció el retiro “irreversible” de Colombia de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) y abogó por la aplicación de la Carta Democrática de la OEA contra Venezuela. Ya antes, había prometido llevar a Nicolás Maduro ante la Corte Penal Internacional, donde su patrón, Uribe, está acusado por crímenes de lesa humanidad, y esperan turno los mexicanos Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

Creada en 2008, la Unasur auspició el Consejo de Defensa Sudamericano, integrado por 12 países, que entre sus propósitos principales tuvo consolidar a Sudamérica como zona de paz y servir de contrapeso a los afanes intervencionistas del Pentágono en los ejércitos locales, con fines de alineamiento y adoctrinamiento. En ese contexto, en mayo de 2018, el “pacifista” Santos introdujo a Colombia como “socio global” de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, máximo exponente de las intervenciones militares, abiertas y encubiertas, después de la guerra fría. Con lo que Colombia, con siete bases militares de EU en su territorio, se convirtió en un peón del Comando Sur del Pentágono y la OTAN en el hemisferio.

Ahora, monitoreado por el embajador de EU en Bogotá, Kevin Whitaker −quien en 2014 patrocinó los intentos de golpes blandos guarimberos y magnicidas liderados por María Corina Machado−, Duque, continuador del “fascismo social” de Álvaro Uribe, aspira cumplir un papel relevante en el llamado “Golpe Maestro” diseñado por el jefe del Comando Sur, almirante Kurt Tidd, quien dijo que el gobierno bolivariano solo puede ser derrocado a través de una “operación militar bajo bandera internacional, patrocinada por la Conferencia de los Ejércitos Latinoamericanos, bajo la protección de la OEA y la supervisión, en el contexto legal y mediático del secretario general, Luis Almagro”. La fachada para imponer un bloqueo marítimo a Venezuela podría ser el eufemísticamente llamado ejercicio naval multinacional Unitas Lix – 2018, del que Colombia será anfitriona en septiembre próximo.

Es en ese contexto que desde junio pasado llegaron misiones de los “Cascos Blancos” de la Cancillería argentina a las poblaciones colombianas de Cúcuta y Maicao, fronterizas con Venezuela. No llegaron a atender a niños colombianos −en una región abandonada por el gobierno desde el punto de vista sanitario y donde cada año fallece un número considerable de menores de 5 años por hambre−, sino a asistir a migrantes venezolanos.

¿Tendrá eso que ver con el agradecimiento del Departamento de Estado por el trabajo que esa organización hizo bajo el patrocinio de EU en Siria en el sonado caso de las “armas químicas”, utilizado para justificar los bombardeos del Pentágono en ese país?

La respuesta a esa interrogante la dio el extitular de los Cascos Blancos argentinos, Gabriel Fucks, cuando dijo que la misión en la frontera colombiana, más que una acción de asistencia sanitaria, forma parte de una política de presión contra Venezuela, en sintonía con la posición subordinada del gobierno de Mauricio Macri en la OEA, quien sigue la ruta de Uribe y Santos, y ha aceptado desplegar en el territorio argentino una nueva red de bases militares estadunidenses: una en Neuquén, en el estratégico sur patagónico, cerca de la reserva gasífera de Vaca Muerta, financiada por el Comando Sur con “ayuda humanitaria” (sic), y dos en Tierra de Fuego, la de Tolhuin y la de Ushuaia.

La patota de Lima

Tras la escaramuza fallida con drones, dirigida a provocar un asesinato en masa de líderes civiles y militares en Venezuela que hubiera generado un caos social y desembocado en una guerra civil, el Comando Sur seguirá buscando generar divisiones al interior de las instituciones armadas bolivarianas, y el eventual levantamiento de alguna guarnición castrense, como la ocurrida hace unos meses en el Fuerte Paramacay, a fin de asegurar que el poder sea transferido sin demora a las “autoridades civiles legítimas, miembros de la Asamblea Nacional” presidida por Julio Borges, para lo que se estaría evaluando “liberar” una zona del país en donde instalar un “gobierno paralelo” que pueda ejercer funciones de hecho, con el respaldo de Washington, sus socios de la OTAN y la patota del Grupo de Lima.

Como señaló el 6 de agosto el editorial principal del diario La Jornada, el presidente de México, Enrique Peña Nieto y el secretario general de la OEA, Luis Almagro, guardaron inicialmente un “silencio inexplicable” ante el atentado terrorista, lo que “denota un doble rasero basado en la animadversión ideológica contra Maduro”.

Ese silencio fue roto el sábado 11 por el canciller mexicano Luis Videgaray, quien con otros ministros de Relaciones Exteriores del Grupo de Lima, exhibiendo una doble moral, en un comunicado conjunto, consideraron el hecho criminal como un simple “evento” o “incidente”, que estaría siendo utilizado por Nicolás Maduro para “manipular” a la opinión pública y “perseguir y reprimir a la disidencia política” venezolana. Desde sus redes sociales, Videgaray envió un “abrazo” a Borges y todos los miembros de la Asamblea Nacional de Venezuela, con lo que ratificó su papel de “yes-man” al servicio de la administración Trump.

Igual papel asumieron los medios hegemónicos cartelizados, reproductores de lo que Umberto Eco denominó “Ur Fascismo” −el fascismo latente en la sociedad moderna−, quienes minimizaron (incidente con drones), relativizaron (supuesto atentado) o silenciaron (censuraron) la tentativa de magnicidio y el acto de terrorismo, y cuando no, recuperando las nociones oscurantistas de siempre, lo calificaron como un “montaje”, “autoatentado” o “maniobra” para ocultar la represión, con lo cual en los hechos están validando el asesinato como práctica política tan cara a la CIA.

Por toda respuesta, durante un acto con la cúpula militar el sábado 11, el presidente Maduro abrió la posibilidad de que el FBI (Buró Federal de Investigaciones de EU) coopere en las indagaciones del caso en Caracas, si Washington acepta que también investigue los vínculos de las células terroristas con sus patrocinadores en Miami, Florida, en particular con Osmán Delgado Tabosky, quien activó a distancia la carga explosiva del dron frente a la tarima presidencial.

A diferencia de los “pájaros metálicos” Predator y Reaper fabricados por General Atomics en California y armados con misiles Hellfire producidos por Lockheed Martin, que han sido utilizados por Barack Obama y Donald Trump en operaciones de muertes selectivas en Yemen, Somalia, Pakistán, Libia y Siria, los drones DJI M600 de última generación, con un rendimiento de vuelo mejorando y una mayor capacidad de carga, son utilizados con fines industriales y profesionales de diversos rubros, incluidos, como en el caso de Caracas, militares.

El Pentágono y la CIA, instrumentos punitivos y letales del “gobierno en las sombras” de Estados Unidos −país donde cuatro presidentes fueron asesinados: Abraham Lincoln, James Garfield, William McKinley y John F. Kennedy, y ocho más sobrevivieron a intentos de magnicidios, el último Ronald Reagan en 198−, han hecho del magnicidio uno de los recursos de agresión planificada, en sus intentos por imponer a sangre y fuego una nueva fase de restauración neoconservadora en Nuestra América.

Reproducido de www.rebelion.org

Nota:

1 Cabe recordar que durante una conferencia dictada el 8 de octubre de 2014 en el Centro para la Innovación en Gobernanza Internacional (CIGI), Universidad de Waterloo, Ontario, Canadá , Lawrence (“Larry”) Wilkerson (jefe de gabinete del secretario de Estado, general Colin Powell), dijo: “¿Creen ustedes que nosotros no tuvimos nada que ver con el intento de golpe de Estado para derrocar a Hugo Chávez? Claro que tuvimos que ver; yo estuve allí.”

Servilismo energético, futuro que nos condena al pasado

Nuestro país carece de una visión colectiva de futuro mientras nos naufragan con agendas que representan los intereses de otros. Por eso, cuando desde el congreso federal nos quieren imponer la gasificación de la Isla, más que un paso de avance, esta medida representa una nueva imposición colonial de dependencia energética y sumisión a combustibles fósiles. Da lástima ver el papel de servilismo de quienes se hacen hasta supuestos autores de esa clara agenda salvaje que es canalizada a través del congresista Rob Bishop.

El chantaje ya empezó y las falacias de ahorros de un 40% que no existen se comienzan a repetir creando falsas expectativas. Estas inversiones requieren mucha más infraestructura que la que se discute inicialmente, ‘peajes’ y otros costos ocultos que incluyen fluctuaciones de precios que no controlamos. Si a alguien le beneficiará la gasificación, no será Puerto Rico. Se beneficia el cartel del gas con la visión anti-histórica de Trump de negar el cambio climático e impulsar más quema de combustibles fósiles con el destructivo proceso de extracción de ‘fracking’ en Estados Unidos.

Ponernos de acuerdo sobre asuntos críticos ha sido el gran desafío. Estas divisiones nuestras se utilizan por quienes controlan el poder político en Wáshington para no actuar o para dictar a su manera. Pero si algo queda claro como nuevo consenso nacional es el rechazo mayoritario a nuestra condición colonial y que el sistema energético es una configuración obsoleta que necesita reingeniería. Pero esa reingeniería no puede consistir de la sustitución de una adicción por otra.

El dilema interno es claro, o producimos nuestra propia energía en el lugar donde hace falta, de forma limpia y renovable, o seguiremos dependiendo de importar combustibles fósiles que, aparte de desangrar nuestra capacidad económica, contaminan y necesitan de postes y cables para llevar la energía hasta su casa. Perpetuar la dependencia energética es también perpetuar la colonia manteniendo a la Isla presa como consumidor de un renglón fundamental de la sociedad mientras se limita nuestra capacidad de producir energía y riqueza propia. Por lo tanto, si descolonizar a Puerto Rico es un consenso que rebasa ideologías políticas, impulsar autosuficiencia energética con recursos endógenos como el sol, viento, agua y biomasa debe ser el camino. Tan así, que hasta el propio Departamento Federal de Energía entiende la importancia de adoptarlas como el estado de Hawái, que se trazó la meta de lograr 100% autosuficiencia energética para el 2045. Si prefiere la república, también puede mirarse en el espejo de Costa Rica, Uruguay o Irlanda, donde se vive al cien con energía renovable.

Cuando recibimos recientemente la visita en Adjuntas de un grupo de congresistas incluyendo a Nancy Pelosi, Nydia Velázquez y la comisionada residente Jennifer González, además de compartir nuestras experiencias de autogestión comunitaria, allí se reclamó a favor de comenzar a descolonizar a Puerto Rico con hechos, construyendo un sistema energético de autosuficiencia. Sostuvimos que, atender la pobreza generalizada de la zona, podría también incluir ver a nuestra gente, no como consumidores de energía sino también como sus productores.

Tras el huracán María, fue evidente que la crisis energética con todas sus consecuencias no se debió a la ausencia de capacidad instalada de centrales generatrices que operan con petróleo, gas y carbón. Esas generatrices estaban y tenemos un excedente de ellas. De hecho, suplen 98% de nuestra demanda energética cuando tenemos tanto sol. Según estudios de ingeniería, bastaría con colocar paneles fotovoltaicos en el 65% de los techos en estructuras existentes para generar el 100% de la demanda energética en horas pico en el lugar donde se necesita. Hoy no lo aprovechamos ni para producir el 1%. De hecho, con la despoblación, mejoras en eficiencia energética como luces ahorradoras o mejores enseres, y desindustrialización de la Isla, la demanda energética total ha disminuido sustancialmente en los últimos años. Entonces: ¿Cómo la solución de futuro para atender la crisis energética es construir nuevas generatrices (nueva deuda) para que quemen gas? Esta propuesta no representa nada nuevo ni añade capacidad de resiliencia, un término de moda que tantos políticos cotorrean.

Lo que falta en nuestra cartera energética son inversiones en fuentes de energía renovable, con recursos locales, en alianza con la gente misma. Esa sería una agenda nuestra, de futuro, democrática y participativa donde la riqueza que se genere sea para atender nuestra realidad y no para enriquecer más a los mogules y asociados del gas natural ni del petróleo ni del carbón sucio. Si damos un paso, que sea para darle frente al futuro.

Publicado por acuerdo editorial en conjunto en 80 Grados y el periódico La Perla de Ponce.

TOPOGRAFÍA: Susana sonríe (1943-2018)

“Y, viéndose perdido, ¿por qué no se hizo el muerto?

Gregorio contesta rápidamente:

‘Porque la misión nuestra no era esa.’

Luego, bajando la voz, dice muy quedo:

‘La misión de un nacionalista no es rendirse.

Se llama hombre suicida . . .’”

Quien pregunta es Miñi Seijo Bruno, y el que contesta, Gregorio Hernández Rivera, el único sobreviviente del ataque a Fortaleza el 30 de octubre. El diálogo forma parte del libro La insurrección nacionalista en Puerto Rico 1950. En ese momento histórico, si bien la familia de Matos Paoli y Freire Meléndez compartía el punto de partida de Gregorio, el camino de su respuesta fue distinto. Ellos crearon otra vía. Tal vez, como en aquel Utuado utópico al que los insurrectos –según el plan original– debían llegar para resistir, la pareja de Francisco e Isabel, sus hijas Susana y Marisol, y luego los nietos, pudieron crear otra vía de la insurrección: se unieron en la resistencia de la trinchera familiar. Con su amor, convirtieron la derrota político–militar, en una victoria personal, familiar, ética y poética. En una especie de posguerra, supieron vivir y conocer la alegría, a través de la transformación y la perseverancia. Mientras otros, en la década del cincuenta, vivían en la normal anormalidad colonial, la familia de Matos Paoli y Freire Meléndez sobrevivía al presidio, la soledad y la incomprensión de la mayoría engañada que celebraba la política oficial. Pero la familia salió adelante, y sonriendo. Quizá, de ahí nació la sonrisa de Susana.

Por razones evidentes, la biografía de los padres de esta familia es más notoria que las de las hijas. Reconocemos, por lo tanto, que es poco lo que sabemos de Susana. (Pero es que también ella parecía que obraba en el clandestinaje, y razones no le faltaban.)

Entre otras cosas, sabemos que estudió en la UPR en la década del sesenta, que estuvo cerca del grupo de poetas de la revista Guajana, que estuvo casada con el poeta Marcos Rodríguez Frese con quien tuvo dos hijos, Ernesto e Isabel; que estuvo en el Colegio de México, que hizo la tesis de maestría sobre Matos Paoli en 1984 y la doctoral sobre Octavio Paz en 1991, que publicó dos libros sobre la obra de Matos Paoli: Intelecto en Éxtasis (2014) y Po/ética (2011), que fue profesora universitaria.

Algo nos sugieren estos datos. La poesía es una presencia constante en la vida de Susana. Su tesis de maestría y los dos libros publicados demuestran su deseo de entender, profundizar y explicarles a otros algunas de las claves de la obra de Matos Paoli. Tampoco es casualidad que el tema de su tesis doctoral sea Octavio Paz. Hay correspondencias. Ambos poetas, coetáneos, buscaban en la poesía la unión de lo terrestre y lo trascendente o divino. Paz buscó en otros dioses, Matos Paoli reinterpretó su cristianismo. La lectura de uno ilumina la del otro.

Hay otro algo que nos sugieren los datos. Digamos que por contigüidad histórica y generacional, Susana coincide con el auge del marxismo en su versión leninista no solo en el ímpetu de las luchas universitarias de la década del sesenta sino también en el movimiento político de izquierda en el país. Debe haber sido problemático para Susana (y para Marisol) formar parte de un espacio familiar signado por el nacionalismo, el catolicismo, el espiritismo y la masonería, cercado además por la persecución, y a la vez participar o atravesar por los incendiarios círculos universitarios independentistas alimentados por el marxismo leninismo. No hay duda que las consignas y voces provenientes del marxismo universitario afectaron a Matos Paoli. La evidencia está en sus diarios y en su poesía. ¿Pero cómo les afectó a Susana y a Marisol? No lo sabemos. Susana, según la recuerdo, era discreta y reservada. Pero el haber estado tan cerca de los poetas marxistas de Guajana y a la vez estar dentro de una familia de hondas raíces nacionalistas y cristianas creo que tiene que haberle dejado huella.

En 1988 conocí a Susana en la Universidad Interamericana donde fuimos colegas. Luego, en 1989, iniciamos labores en la UPR en Río Piedras. Nos unían convicciones políticas y el compromiso poético con la obra de su padre. Pero, ¿de verdad, la conocí, supe de verdad quién era ella? Susana reía mucho al hablar, y ahora se me ocurre que detrás de su hablar riendo estaba la sabiduría de la persona que está de vuelta de mucho sufrimiento y puede navegar sobre el mismo. Por ejemplo, nuestro último encuentro, en la actividad de recordación de la vida de Elizardo Martínez.

Allí, en el patio central del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe me dijo riéndose y muy divertida, que iba a ser bisabuela y luego añadió una frase, algo así como “si llego allá” o “si estoy viva para entonces”. Yo no supe o no quise interpretar las palabras. Sabía de su enfermedad pero no creía que su final fuera inminente. Pero ella estaba, a la vez, dentro de la trama de la vida y por encima de todo. La muerte estaba ahí, sí, pero también, a la vez, la vida. Era como si poseyera una conciencia superior de los acontecimientos o que su estado de ánimo estuviera alimentado por un gozo secreto. No tengo dudas sobre eso. Pongo un ejemplo más de su forma de ser, aunque en este no hay risas. Una vez, como reacción a un malentendido intradepartamental, le oí exclamar, en privado, refiriéndose al poder colonial que: “le habían quitado a su padre”. La frase no se olvida fácilmente pues ella encierra todo el dolor de la cárcel, la persecución, la soledad, la incomprensión del país, así como los vaivenes de salud de don Paco.

Se han quedado muchas conversaciones y asuntos sin abordar con Susana, uno de ellos la publicación del tercer diario –inédito– de Matos Paoli. (Una pena: cierta editorial que no contestó no tuvo la deferencia de devolver la copia sometida a su consideración.) Pero ahora que ella ha traspasado la frontera del rocío, esa metáfora de metáforas del Canto de la locura, yo aprovecharía para preguntarle algunas cosas como, por ejemplo, y entre otras, si ha constatado que la Virgen curó a su padre o si fue un desvarío de él haber pensado eso; también, si ha recuperado la parte perdida de su familia, esta vez con toda la alegría de la presencia plena. Le preguntaría si ya ha conocido a Susana Paoli Gayá, la abuela de quien heredó su nombre; también, si ya le han sido reveladas las últimas claves de la poesía de su padre, y si ya, por eso, y por fin, se siente liberada de todo. Pero me imagino que Susana, siempre discreta, reservada, como clandestina, no me contestaría, ni a mí ni a nadie. Con su sonrisa insinuaría que tendríamos que traspasar la frontera del rocío para buscar las respuestas. Sí. Así será tarde o temprano. Pero no hay que tener prisa ni temor. Gracias a esta familia, ya sabemos reinterpretar a Gregorio, el sobreviviente: la misión no es rendirse, es crear una vía propia de resistencia y de alegría secreta, o lo que es lo mismo, hablar riéndose, con una sabiduría que navega sobre el dolor, como Susana.

Aquella ¿masacre? de puertorriqueños en Ciales , agosto 1898

Probablemente usted haya leído El levantamiento de Ciales, de Juan Manuel Delgado (Guasábara, 1981). El autor publicó algunas notas en Claridad en los años ‘80. Delgado estipula en su libro que “El 13 de agosto de 1898 más de seiscientos campesinos cialeños se levantaron en armas y proclamaron la independencia y República de Puerto Rico. Posteriormente llegaron a Ciales grupos de insurrectos de otros pueblos para respaldar la gesta”.

Estas proclamaciones se han puesto en duda por otros historiadores debido, entre otras cosas, a que no existe una prueba documental. Delgado, sin embargo, sostiene su libro sobre otros documentos que lee, obviamente, en el contexto: se trata de escritos desde posiciones oficiales y de poder. Además, recurre a la tradición oral.

“La tradición oral, como ya indicamos anteriormente, señala que cincuenta y una personas (51) murieron en el levantamiento. Esta cifra justifica la tradición oral al señalar que después del combate hubo un fusilamiento en la plaza y otro en el barrio Frontón. Posteriormente los españoles montaron los cadáveres en carretones de bueyes y los transportaron hasta el sector “Mata de Plátano” y allí los lanzaron al Río Grande de Manatí.

Aunque no hemos localizado documento alguno que respalde lo dicho por la tradición oral sobre este aspecto —y de haber ocurrido la matanza no lo iban a reconocer por escrito— la presentamos para que quede como un testimonio del propio pueblo que fue testigo de los hechos”.

Aparte de que el libro citado es celebratorio, alejándose del prurito de objetividad académica, el recurrir a la historia oral y a la tradición se ha utilizado también como elemento que demostraría debilidades de la investigación de marras.

Por otro lado, en 1898: La guerra después de la guerra (Huracán, 1987) Fernando Picó escribe:

Las autoridades españolas habían abandonado el pueblo de Ciales.

Al otro día del armisticio, 13 de agosto, dos partidas de criollos ocuparon el pueblo e izaron la bandera norteamericana en el ayuntamiento. Una partida de voluntarios auxiliares de las fuerzas españolas vino de Manatí en la tarde del 13 de agosto para reocupar a Ciales. De la confrontación armada de ambos bandos los cialeños salieron mal parados. Del tiroteo y de la actividad de ocupación del pueblo resultaron ocho muertos. (pp. 90-91)

Aparte de la documentación a la que recurren Maldonado y Picó, ¿qué otra fuente podemos usar?

Leyendo las noticias de la época (agosto de 1898) en el New York Times, me topo con dos partes sobre el tema.

Una nota está fechada el 15 de agosto de 1898 y el titular es sorprendente: MASACRE DE PUERTORRIQUENOS:

Ponce, Puerto Rico. Aug. 15. -Las banderas blancas revolotean en los puestos avanzados españoles y estadounidenses y todo está tranquilo. El primer informe de ultrajes de los españoles dentro de sus líneas fue llevado a la sede del general Wilson por un sacerdote que encabezaba una delegación de Ciales, veinte millas al noreste de Utuado.

Los habitantes de la ciudad izaron una bandera de los EEUU cuando se marcharon las tropas españolas. Las tropas regresaron, rasgaron la bandera y machetearon a noventa de los habitantes. Esto ocurrió el sábado. El sacerdote hizo un llamamiento a los estadounidenses para que los protegieran, pero estos últimos son incapaces de interferir en las circunstancias actuales, aunque se inaugure un reino de terror. (traducción mía)

La otra nota “confirma” la primera. El titular es dramático:”ESPAÑOLES MATAN OCHENTA. Se confirma rumor de masacre de puertorriqueños en Ciales a mano de las tropas de Macías. Otras atrocidades reportadas”.

Ponce, Puerto Rico. Aug. 17. – Llegan informes de todas direcciones sobre atropellos cometidos dentro de las líneas españolas. Sin duda muchos son exageraciones, pero los rumores de una masacre en Ciales han sido confirmados.

Algunos de los nativos se refugiaron en el campanario de la catedral y dispararon contra las tropas españolas, pero fueron dominados y macheteados en número de ochenta.

La Batería N del Séptimo Regimiento, bajo el Capitán. McComb, no pudo continuar a lo largo del camino de la montaña con el general Henry y al haber perdido un arma y seis caballos en un precipicio regresaron aquí. (traducción mía)

El parte noticioso señala la disposición de los puertorriqueños a perseguir a los residentes peninsulares y que algunos pequeños motines se han registrado. El día 19 de agosto el propio general Miles dirá al New York Times que ellos, el ejército norteamericano, no podrían intervenir para impedir que los españoles sofocaran a sangre y fuego estos pequeños motines.

Los periódicos de la época son otras fuentes. Sin embargo, debe estar claro que el periodismo durante la Guerra Hispano-Americana estaba en función de la máquina de guerra. Es bastante conocido el esfuerzo de los dueños de la prensa en crear el clima bélico y patriótico necesario para los intereses industriales y sus propias empresas. Tanto Delgado, como Picó se refieren a lo sucedido en Ciales. Difieren en la interpretación. Para el primero se trata de un “levantamiento” que proclama la independencia; y para Picó son unos “sucesos” lamentables que no poseen una inspiración política o libertadora.

A mí no me interesa probar cual interpretación es correcta. Lo que me interesa es destacar que mientras investigaba incidencias cotidianas de esas fechas en periódicos norteamericanos me topé con esas notas que hacen referencia a ese día. No las conocía y me parecieron particularmente curiosas.

No puedo leer documentos oficiales como si fueran verdades absolutas. Es poco probable que la cifra de ocho muertos que cita Picó a partir de un documento oficial sea correcta. Algunos heridos huyeron por los montes. Es probable que muriera alguno más. La cifra que da Delgado es difícil de probar (51) pero es menos a la que da el New York Times por voz de un cura cialeño. Al cura no le creería mucho y menos a los periodistas. Richard Harding Davis y Stephen Cran, por dar dos ejemplos ilustres, eran grandes fabuladores. Sin embargo, ese conteo de cuerpos no es más importante que el análisis de las razones por las que ocurrieron durante ese período varios motines, levantamientos y represalias sobre todo en el área montañosa de la isla. El libro de Fernando Picó y el de Juan Manuel Delgado son excelentes para aquellos interesados en conocer nuestra historia.