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ESTACIÓN A LA DERIVA (XI)

NOS HABITA EL SILENCIO, la antigua certeza de partir a otros lugares, para seguir escapándonos, huyéndonos. Nos puebla el vacío indefinido de apartarnos de estas calles queribles, con sus locos, sus letreros, sus mujeres. Caminamos de noche, como queriendo guardar cada detalle. Por anticipado añoramos el regreso. Nos dejamos llevar, un poco aturdidos,  y de repente nos tropezamos con el arte bajo la mirada vigilante de las gárgolas. No sin cierta reverencia sentimos la aspereza de los muros que el tiempo ha ido gastando. No sin cierto temblor asistimos al misterio de su sombra, y nos preguntamos cuántas manos y cuántos ojos palparon lo mismo antes que nosotros, tardíos hijos de este siglo que agoniza. Nos posee el miedo de no querer marcharnos, de sentir un terrible dolor cuando partamos. Cada esquina es un convite de sorpresas, y nosotros mismos somos otros en su encuentro. Las viejas casa nos llaman. La olvidada arquitectura nos provoca, nos hace saltar a mirarla, como la primera vez, como si nunca la hubiéramos mirado. Los mendigos nos cuentan sus historias, y de pronto nos vemos sentados en un café profesando los arcanos del diálogo en la cena. La ciudad nos recorre. Cada rostro se detiene en nuestra mesa, y todo es un profuso carnaval frente a los ojos. Unos danzan, otros cantan. Algunos sencillamente callan, pasean en silencio, nos convidan a ese abismo y se dejan llevar, apenas sin sentirse. Los autos van, veloces. Los autobuses atestados. Todos fuman. El metro se escurre como un muerto bajo el peso de piernas infinitas. Un drogadicto grita. Un vendedor de dulces nos acecha. En las viejas librerías, un tomo de lomo gastado nos espera. Las aceras hierven con la furia de los amantes. Semáforos en rojo y en verde. Caminantes sin rumbo. Una mujer de piernas hermosísimas nos recuerda a Baudelaire. Sus piernas se esfuman. París es un trapecio donde ríen y mueren millones. París es una amistosa casa de citas en la que puertas y ventanas están abiertas. París es para que nosotros no seamos. En cada tramo de este laberinto somos otros. Asumimos máscaras insospechadas. Encarnamos dioses y demonios. Sin saberlo, repetimos palabras que justificaron la existencia de alguien, quien al decirlas no sabía que también las repetía. Confundimos la vida con las letras. En la vieja rencilla entre la pluma y las armas, inventamos razones, deshacemos argumentos, soñamos motivos, causas y efectos. El habla se nos vuelve un largo inventario de citas desviadas, y la conversación se va hilvanando entre canciones. París es un misterio. La vida transcurre de otro modo. Las sirenas no estorban. La ronca voz de un borracho no se pierde. El olor de las flores nos cautiva, y ahí, justo en la ventana del Hotel Saint Michel, desde donde se distingue una pareja que juega al amor, sentimos la ciudad como el más dichoso de los sueños. Pero el vino poco a poco disminuye, y nuevamente nos habita el silencio y el humo que despide el cigarrillo. Mañana partiremos.

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¿QUÉ DECIR CUANDO EL FIN TOCA A LA PUERTA, y sin querer presentimos que todo va muriendo? ¿Cómo hablar de esta hora perpetua en que vamos soltando las amarras para que el viento nos lleve? ¿Qué palabras usar si justo cuando comenzamos a ver nos cierran los ojos, nos expulsan de la fiesta? ¿Cómo hablar de ti, París, si apenas digo tu nombre te me escapas por la boca? ¿Cómo decir, por ejemplo, que hace un rato te sentí en el rostro deshecho de un mendigo? ¿Cómo expresar esta agonía de andarte e irte dejando en cada calle que recorro? ¿De qué manera nombrarte, París, si apenas llego me marcho? ¿Cómo describir tus pequeños hoteles? ¿Con qué nombres armar cada recinto? ¿Cómo hablarte, París? ¿Cómo decirte que no quiero dejarte? A esta hora, las dos de la mañana, con la botella del tinto a medias, desaparecidos ya los cigarrillos, sólo busco la forma de llamarte. Estoy aquí, París, y ya te extraño.

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¿CÓMO LLAMARTE SI TÚ ESTÁS CONMIGO? / ¿De qué manera oírte entre ti misma? / Estoy lleno de vísperas. / Las llegadas se me escapan en silencio / y me son conocidas de sobra / las despedidas. / Tengo una maleta repleta de adioses, / llena de miradas deshechas / por la pena. / Tengo un sabor amargo en la boca / y una tempestad en los ojos / que pugna por salir. / ¿Cómo llamarte si me habitas, / si oscuramente vives en mí / como en tu sombra? / ¿Cómo pedirte / aún estando cerca / que no me disipes los días / como un reloj de arena? / Tengo tus marcas, tus señas. / Me sé los laberintos de tu carne / y todo ello he de abandonarlo / para vivir entonces allá, / con tu ausencia. / ¿Cómo llamarte en la noche / cuando el alma se acomode / en su cuarto lejano / y sepa que no estás?

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VOLVER ALLÁ, A LA ISLA DEL DESEO, a la isla del fracaso. Echarse a andar como si nada hubiera sucedido. Virar, regresar, retroceder por el tiempo y el espacio para invertir las causas y los efectos. Ir allá, recobrar el vacío y la ausencia, retomar la ruta imposible de noches y palabras, en el cuarto, ese sótano del mundo, abarrotado de los mismos libros. Salir de aquí con mi maleta cargada de ropa sucia y libros, ir descendiendo por las calles, por el Boulevard Saint Germain, acercarme al metro con frío en las manos y los hombros cansados. Atravesar tierras y mares, cruzar océanos y dejar atrás continentes, llegar a la isla. Volver allá, al rincón aislado y sordo, al mero simulacro de ciudad, a la ausencia del diálogo. Regresar a ese bosque, y no querer ya ser un ermitaño. Tener que abandonarse a los rincones, hurgando recuerdos, hasta que el viento de otoño me arrastre. Regresar allá, a la cuesta desierta que se alarga sin pausa, queriendo ser nadie y siendo tantos que ya no están conmigo.

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UN SONETO EN PARÍS, sólo un soneto, / catorce tablas rotas cada día: / cuatro y cuatro a su vez, luego un terceto / que mira otro terceto a sangre fría. / Un soneto en París, un caligrama / tan raro que hasta el mismo Apollinaire / habrá jurado haber visto a Baudelaire / puliéndole los bordes en la cama . / Un soneto de sombras que Nerval / muy bien pudo escribir, o Mallarmé. / Un verso de marfil que ya olvidé / del que Verlaine bebiera la vocal / que lo embriagó en París. Una quimera / que ni el joven Rimbaud reconociera.

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UN SONETO ES UNA LENTA PROFUSIÓN DE VARIACIONES. Las catorce tablas que decía Neruda arden rotas como un rostro cambiante. El soneto, como el agua para Borges, es Proteo. Una coma perdida se convierte en un acento. Los puntos se interponen para engendrar sentidos ocultos, músicas jamás oídas. En un soneto caben los días con sus horas, las oscuridades caudalosas de Lezama, toda la caterva de Pessoa, las cosas que ganamos y perdemos. En un soneto cabe Dios con todas las tablas de la Ley, y cabe Moisés con su barba, rompiéndolas. En un soneto cabe el vino y las tardes en la hierba de los Champs de Mars. En un soneto se acomoda fácilmente la amante y la sonrisa de los niños, los ruidos de la ciudad, la marcha de un tren con todos su vagones, los cafés de París y los de Ámsterdam. En un soneto cabe el archipiélago de Estocolmo, el infinito Louvre, con su victoria de Samotracia. En un soneto podrían fluir el Sena y el Támesis. El soneto es la horma donde va tomando forma mi vida y tal vez la tuya.

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CRUZAR CIELOS Y MARES, estar en cualquier parte, pensar que nos dirigimos a algún lado, desde algún lado, y divagar y divagar hasta el cansancio. Escuchar noticias de otras tierras como si nos incumbieran, como si en cada palabra hubiera un vínculo secreto con nosotros. Soñarnos aturdidos: muertes, desastres, hambre, guerras. Desplazarnos de frontera en frontera, de aduana en aduana, sin imaginar un destino, habiendo olvidado los abismos del origen. Escuchar las noticias y temblar. Fatigar los periódicos en todas partes, en todos los idiomas posibles e imposibles. Refutar, afirmar, disentir, prestar atención, bostezar, aburrirse, volver el rostro. Marcharse. Preferir el sueño, el profuso carnaval de imágenes involuntarias. Preferir hundirse en la butaca incómoda de un avión incómodo. Cerveza tras cerveza tras cerveza no consiguen el sueño. Inclinarse dormido husmeando duermevelas. Despertar asustados y volver a hundirse en la tiniebla, hasta el nuevo temblor del nuevo vacío, cuando todo se estremece. Profesar la curiosidad: detenerme en el bello rostro de la azafata que me convida una café malísimo. Escrutar con todas las ganas del mundo su cara, sus ojos terriblemente bellos, su piel. Ojear el diario de caracteres extraños que ojea el vecino. Notar con alegría o desconsuelo que otros pasajeros pueblan de tinta sus cuadernos de viaje y pensar, justo en ese momento, que somos todos tan pobres que hablamos al papel, que derramamos tanta tinta en vano y compartimos tan poco la voz. Continuar derramándose, en silencio, con todas las horas del mundo y los pies adormecidos. Y aún así, no querer llegar. ¿Adónde?

Ágora de los pueblos latinoamericanos

En estos días (de 14 a 16) en Santiago, protegidos por la bella cordillera, hermanos y hermanas de todo el continente estarán reunidos en un encuentro que quiere establecer una alianza de ciudadanos/as de diversos países latinoamericanos para un nuevo pacto de la humanidad. El seminario internacional “Clamores del Sur” –una nueva humanidad habita la Casa Común– es patrocinado por organismos de la Iglesia Católica y de la sociedad civil. Todos están de acuerdo con la fragilidad de los organismos internacionales de la Organización Naciones Unidas (ONU). Es urgente una nueva integración de los ciudadanos de la Tierra, organizados desde las comunidades más pobres y en función de la vida y de la paz. Ya en 1826, en el congreso de Panamá, Simón Bolívar, inspirado en el sistema de confederación de las antiguas ciudades griegas (anfictionismo), propuso formar en el continente que los indios llaman Abya Yala una grande patria nuestra, una comunidad de naciones hermanas. No era solamente una estrategia de defensa militar o de comercio integrado. Era una alianza de solidaridad entre los pueblos. “La agenda del Congreso Anfictiónico de Panamá proponía el apoyo a la independencia de los países, la abolición de la esclavitud en todo territorio confederado y organizar un cuerpo de normas de derecho internacional” (Tricontinental, 174/ 2012, La Habana).

En la década pasada, ese sueño de integración, que el libertador no pudo ver plenamente organizado, se concretizó a través de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELEAC) y otros organismos de integración continental. El nuevo bolivarianismo, animado por el presidente Hugo Chávez, se propone fortalecer una integración hermana de todos los países latinoamericanos y caribeños. Eso supone la victoria en contra todo tipo de colonialismos y un caminar hacía un nuevo socialismo, radicalmente democrático y con la cara de nuestros pueblos.

Ese camino empezado en el inicio del siglo pudo funcionar hasta hace pocos años. Actualmente, la mayoría de los gobernantes que han conquistado el poder en nuestros países es conservadora y favorable al imperio norteamericano. Hicieron que todo volviera a los niveles de los años 80. Ahora, mismo sin contar con muchos gobiernos favorables, ciudadanos/as de diversos puntos del continente se unen para una ágora, una nueva base de alianza de la humanidad solidaria. Los retos son inmensos y el camino aún es largo. Sin embargo, quien cree en Dios percibe que su proyecto para la humanidad es la unidad y la solidaridad de todos hombres y mujeres, como hermanos y hermanas en una sola familia humana.

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.

Será otra cosa: El retorno del rey

Por Ana Pérez Leroux/Especial para En Rojo

Body cells replace themselves every month.

Most everything you think you know about me

is nothing more than memories.

‘Las células del cuerpo se reemplazan cada mes.

Casi todas las cosas que te crees que sabes de mí,

no son más que recuerdos.’

Haruki Murakami

Mis vecinas se fueron de vacaciones. Antes de irse, la que es abogada me preguntó que si le podía pedir a mi hijo que le mojara el macetero de yerbabuena, albahaca y perejil, que si no era mucha molestia, que si sólo había que apuntar la manguera de balcón a balcón. Yo dije que sí, como no, no es nada. “Ah, muchas gracias, ¿y tal vez puedo pedirte otro favor?” Repetí una afirmativa tan cortés, pero menos firme que la primera, tratando en ocultar con una sonrisa lo primero que me vino a la cabeza que fue “¿Y ahora qué quiere?” ¡Desafortunados los que tenemos el rostro de cristal! Me equivoco con al redactar, porque tecleo más rápido que lo que pienso. Con la cara me sucede lo mismo, se me asoman los amores y los malos pensamientos antes de enterarme que los he pensado. La vecina entró a su casa y salió con un tupper, cubierto de plástico transparente. “La hemos estado alimentando de hojas del algodoncillo del patio tuyo.” “Y eso, ¿Qué es?”, pregunté dudosa, mirando ese paquete que obviamente había venido de una cocina. “Una oruga de mariposa monarca”, contestó alegremente. “Las cuidamos para que los niños vean la metamorfosis. Le das una hoja al día hasta que pase a ser pupa, y después no hay que hacer nada. A los diez días, sale la mariposa. Déjala ahí un par de horas, y luego la sueltas. Así el año que viene, volverán más. Gracias por cuidarla, y que la disfruten.”

“¿Qué pasó?”, me pregunta mi hijo Pablo cuando entro a la casa, misión en la mano. “Quedé de niñera de una oruga. Tengo que darle comida hasta que comience a hilar la seda y pasar a ser crisálida, y después dejarla tranquila hasta que se haga mariposa.” Se echó a reír, y me dijo: “No, niñera no. La adoptaste, ahora es tuya y te toca criarla hasta que sea grande.” En nuestra nueva relación de adultos, el afecto y el respeto mutuo dan pasos tentativos después de una atormentada adolescencia. Cada sonrisa intercambiada es ruido de campanitas y nube de mariposas. En los días siguientes, compartíamos las tareas de cuido. Un día, la oruguita comenzó a pasearse con brío. Hiló la seda desde el plástico hasta el fondo del tupper. Se nos ocurrió que tal vez necesitaba privacidad y le pusimos una hoja grande. Acertamos; abandonó el hilo que había colgado del plástico, y mudó su tejido a la hoja, y se quedó allí, colgadita, encogida como un camaroncito. Yo pensaba que tenía que hilarse una cubierta entera, y que se había quedado tiesa a la mitad del trabajo. “Ayay ay, y si matamos la oruga con algún descuido…” De simple encargo el asunto se había convertido en telenovela de las siete. ¿Cómo se llamaría mi crimen, si lo fueran a contar los periódicos? ¿Regicidio lepidópterico? Dicen que las monarcas no están en la lista de especies en peligro, sino en las de “foco de preocupación”. Se les disminuye su territorio con las especies invasivas y los insecticidas, y la población podría colapsar en un par de décadas. Yo la espiaba cada vez que pasaba cerca de la cocina; el temor me distrajo durante el día, y me desveló durante la noche.

A la hora del desayuno, sucedió el milagro: La oruga no solo no se había muerto, sino que se había inflado como un higo chiquito. Las crisálidas de las monarcas son espectaculares. Tienen un color que yo llamaría verde antillano, que es como el primer verdor de los campos de arroz de La Vega y Bonao. Están rodeadas por un aro que parece estar hecho de hilitos de oro. Mi amiga Jean Collins, ávida observadora de la fauna y flora, dice que la crisálida de la monarca es la cosa más linda que ha encontrado en sus recorridos por el mundo.

La segunda fase duró exactamente diez días, como había vaticinado la vecina. Una mañana miré la caja por segunda vez y vi que el globito verde se había convertido en una estructura cristalina, y que, a su lado, había aparecido una hermosa mariposa joven. Le envié la foto a la vecina, y me dijo que la criatura era macho. No quise preguntar que cómo lo sabía, por temor a que la respuesta fuera pornográfica, o demasiado detallada. Resulta que es fácil saberlo: las mariposas macho tienen un lunar extra en el ala posterior. Esperamos a que se le secaran las alas y soltamos al monarca en el jardín.

Misión cumplida, y sin incidentes. Logramos cuidar una de las doscientas millones de monarcas que quedan en el continente. Una solita. Su vida será breve, unas ocho semanas y cuando sumamos, ya se le pasó la mitad de ese tiempo en la fase preparatoria. Los días de huevito, las cinco mutaciones de su vida de oruga y los diez días en estado de pupa, que es algo así como una especie de retiro espiritual para insectos. La quinta generación de este verano no se reproducirá hasta cruzar el continente de norte a sur, a pasar el invierno en los refugios costeños de Oyamel y Baja California. Esa generación vive más que las previas, y no depositan sus huevos hasta marzo. Esos huevos se convertirán en la primera generación del año siguiente. El mayo próximo volverán a Ontario. Ninguno será el monarca que criamos Pablo y yo. Serán otros, cinco generaciones de mariposas por delante. Será otro, pero volverá.

El mundo es redondo, y da vueltas, me dijo una vez la tía Maggie. Es una gran verdad. Tía Maggie era la más linda y cultivada de las bellas hermanas Leroux. Criada por las tías, tuvo una educación estricta y a la europea. Mientras los otros hermanos crecían jugando en patio, y bajando la calle Antera Mota en patín, Maggie practicaba el piano, pintaba, y se deleitaba con la lectura. Esta última costumbre la ha mantenido siempre. Es fiel lectora de nuestra columna, y es la única persona en mi familia que no sólo se interesó por preguntarme de que se trataba mi tesis doctoral, sino que también tuvo la paciencia de escuchar la respuesta. Esbelta, de lindo pelo largo, y piel oliva, la gente en Puerto Plata decía que era la mujer más linda del mundo. Ignorando la fila de pretendientes que le llevaban serenata, se casó con un puertorriqueño y se fue a la isla de al lado. De etología predecible, ha vivido desde entonces en la misma casa en Rio Piedras, donde aún revolotea alegre, arreglando su colección de miniaturas y de retratos de la familia, y cuidando con amor sus perros pequeños. Recuerdo fielmente mi primera visita a la edad de seis años, mi primer viaje en avión. Muchas cosas eran más modernas en San Juan que en el Santo Domingo de entonces. Las maquinas lavarropas, los juguetes de mis primas. La televisión tanto más moderna y variada que el Canal Rahintel y el Canal Cinco. Me dejaban asombrada los estruendosos anuncios de carros de juguete y los destrozos de Godzilla pisoteando a todo Tokyo. ¿Lograría renacer aquella ciudad aplastada por el desastre? Claro que sí, Tokyo renacerá, Puerto Rico también. Otras cosas eran simplemente diferentes. Las urbanizaciones, cuidadosamente trazadas. El bullicio nocturno del coquí. La prosodia sanjuanera. Eso de llamarle nenas a las niñas. El tener plátanos y no convertirlos en mangú. He vuelto muchas veces a la casa de la tía: en la niñez, en la adolescencia, cuando la boda de la prima, el año en que me divorcié. La vez que se me quedó la maleta. La vez que compré el libro de cuentos de Ana Lydia, que acababa de ser publicado, que fue donde descubrí que ser caribeña es un estado del ser. Volví en el 2008 a un estupendo congreso de lingüística, organizado por colegas de la UP, y las compañeras del quicio me llevaron a comer jueyes en Loiza. Volví hace un par de años, cuando sacamos el volumen de ensayos de Fuera de Quicio. Tía Maggie, todavía esbelta, todavía de hermosa melena larga, pero ahora de plata, vino a la puesta en circulación, y fue el alma de la fiesta. “¡Qué bella es tu tía!” me decían las amigas y las estudiantes que ayudaron con la organización del evento.

El mundo es redondo, y da vueltas. Como las mariposas monarcas, cumplo sin falla mi sentencia de migración. Cada visita cubre un ciclo. Cada espacio entre visitas contiene múltiples metamorfosis. Un día soy larva, y otro, oruga. Un día me visto de verde, con cinturón de hilos de oro. Otros días despliego alas y vuelo. El compás interno nunca deja de apuntar hacia Las Antillas, y el espíritu sigue sin echar mucha raíz en los campos del norte. Soy yo la que he vuelto, y vuelvo, y sigo volviendo a las islas. Soy la que volveré. Pero no la de entonces. Esa, no.

Crucigrama: Lidia Esther Doce

Horizontales

2. Lidia Esther Doce _____; integrante del Ejército Rebelde cubano. Conocida como la capitana Lilí, cumplió con decisión las más difíciles encomiendas del Che y Fidel.

9. Asistir.

10. Sexta nota musical.

12. Errabundo.

17. Prisionero.

18. Escuchar.

19. Capitana _____; nombre con el cual se conoció a Doce en la guerrilla.

22. Nombre de la letra s.

24. Sor Juana _____ de la Cruz; escritora mexicana.

28. Vas de caza, de pesca o de paseo cuando hay luna.

30. Danzan.

31. Soplón, delator.

32. Lidia _____ Doce Sánchez; fue designada por el Che jefa de su campamento auxiliar que contaba con 40 guerrilleros.

34. La _____; ciudad donde Doce fue detenida, torturada y asesinada por la dictadura batistiana. Con ella murió Clodomira Acosta.

36. Adormecimiento, modorra.

42. Antes de Cristo.

44. Época.

45. _____ Americana; colonia de Estados Unidos en el océano Pacífico sur.

46. Lidia Esther _____ Sánchez; los esbirros colocaron a Lidia y Clodomira en sacos llenos de piedras, las hundían en el agua y las sacaban, como no delataron a sus compañeros, las dejaron caer en el mar donde desaparecieron sus cuerpos.

47. Afirmación.

48. Infusión.

49. _____ Benedetti; escritor uruguayo.

51. Clodomira _____ Ferrales; luchadora revolucionaria durante la guerra contra la dictadura de Fulgencio Batista. Miembro del Movimiento 26 de Julio.

52. 27 de _____ de 1916; nacimiento de Doce.

Verticales

1. _____ Esther Doce Sánchez; al producirse el desembarco del Granma decide sumarse al Ejército Rebelde como ya lo había hecho su hijo Efraín Parra.

2. Vasta región geográfica que se encuentra en la parte asiática oriental de la Federación Rusa.

3. Terminación verbal.

4. _____; patria de Doce.

5. Pronombre.

6. Agraviaba, ofendía.

7. Movimiento 26 de _____; Doce perteneció a la organización.

8. Final.

11. Fidel Castro _____; dijo sobre Lidia y Clodomira: Mujeres heroicas. Clodomira era una joven humilde, de una inteligencia y una valentía a toda prueba, junto con Lidia torturada y asesinada, pero sin que revelaran un solo secreto ni dijeran una sola palabra al enemigo.

13. Segunda nota musical.

14. Del verbo roer.

15. Personaje bíblico constructor del arca.

16. Símbolo del titanio.

19. _____ Rafael Sánchez; escritor puertorriqueño.

20. Prefijo.

21. Dativo de pronombre.

23. 17 de _____ de 1958; asesinato de Doce. Su cadáver nunca pudo recobrarse del mar.

25. Conjunción.

26. Artículo gramatical.

27. Grosura de un animal.

29. Existir.

30. Interjección para denotar indiferencia o desdén.

33. Lona o red usada por los taínos para dormir o descansar, pl.

35. Voz del toro y de otros animales salvajes.

36. Polidipsia.

37. Metal precioso.

38. Símbolo del osmio.

39. Artículo gramatical, fem.

40. Negación.

41. Quia, interjección.

43. Ernesto _____ Guevara; dijo sobre Lidia: Dentro del Ejército Rebelde, entre los que pelearon y se sacrificaron en aquellos días angustiosos, vivirá eternamente la memoria de las mujeres que hacían posible con su riesgo cotidiano las comunicaciones por toda la Isla y entre todas ellas, para nosotros, para los que estuvimos en el frente número uno y personalmente para mí, Lidia ocupa un lugar de preferencia.

49. Apócope de mamá.

50. Juego infantil hondureño.

Hora de apoyar el deporte femenino

Tras haber concluido ya hace cerca de dos semanas la celebración de los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Barranquilla, Colombia, el deporte ha seguido su curso normal, pues si algo bueno tiene éste es que nunca para. En días recientes el equipo de los Mets de Guaynabo se coronó por tercera ocasión consecutiva como campeón de la liga de nuestro volibol superior masculino. El torneo del Baloncesto Superior Nacional comenzó su fase de postemporada. Las hermanas Melanie y Adriana Díaz viajaron a Bulgaria a continuar sus compromisos en el tenis de mesa. Y Edwin “Sugar” Díaz se convirtió en el boricua con más juegos salvados de la historia. Sin embargo, para efectos de este escrito, quiero llamar la atención de dos equipos de la rama femenina que pese a sus logros no han recibido en mi opinión la cobertura que merecen: los equipos de baloncesto y softball femenino.

En el caso del baloncesto, a partir del próximo lunes se jugará aquí el torneo Centrobasket femenino en el Coliseo Juan Aubín Cruz de Manatí. Este les servirá de preparación para el Campeonato Mundial de Baloncesto que comenzará en Tenerife, España a partir del 22 de septiembre y donde nuestra selección femenina participa por primera ocasión.

Con una espinita las boricuas.

Pese a haber ganado la medalla de bronce en los recién concluidos Juegos Centroamericanos, el entrenador Jerry Batista manifestó no sentirse del todo satisfecho con el desempeño de la escuadra, “nuestra meta era oro o por lo menos estar en ese juego final pero perdimos un juego que no se debió haber perdido contra Colombia y eso nos costó; aquí en el Centrobásquet tenemos la oportunidad de reivindicarnos”, comentó el técnico nacional.

México el más duro del grupo A

Las boricuas se encuentran en el grupo A junto con las Bahamas, Costa Rica y México, siendo las mexicanas el equipo más complicado de esa primera ronda. Por otro lado el grupo B presenta a Guatemala junto a República Dominicana (que tiene un equipo bien joven y talentoso), Cuba quien históricamente ha dominado la región e Islas Vírgenes, ganadoras de la última edición del Centrobasket femenino.

De regreso Jennifer O’Neill

Entre las jugadoras que se integran al equipo para estos cruciales torneos se encuentra la ex jugadora de la WNBA JenniferO’Neill, quien con 28 años cuenta con experiencia en varios equipos de la mejor liga del mundo y es una jugadora de primer orden. “Ella nos da una versatilidad tremenda ya que puede jugar la uno y las dos y entendemos su impacto va ser inmediato”, nos dijo el técnico Batista en una práctica recientemente.

Compromiso televisivo

En días recientes la cadena Wapa Deportes (WAPA 2) anunció que transmitirían el Centrobaketasí como lo harán con la Copa Mundial en septiembre. Felicitamos a Wapa por esa acertada decisión.

Sin duda nuestra selección femenina se prepara para el compromiso más significativo de su historia en el mundial y no se debe perder la oportunidad de verlas jugar en Puerto Rico.

El softball da de qué hablar

Manteniéndonos en el deporte femenino no puedo terminar este escrito sin mencionar la gran actuación de nuestra delegación femenina de softball quien apenas días después de obtener medalla de oro en Barranquilla, Colombia, se montaron en un avión y dieron una gran demostración en el Mundial de Japón. Las boricuas terminaron en quinta posición con marca de 6-3 y venciendo entre otros equipos a China Taipéi, quinto clasificado del mundo. Esta posición iguala la mejor de una delegación boricua obtenida en 1985 y nos pone en posición de aspirar a una de las dos plazas que estarán en juego para el repechaje de América para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, que se llevará a cabo en agosto del 2019.

Definitivamente el deporte femenino en Puerto Rico pasa por un buen momento y nuestra mejor manera de agradecerles es ir a apoyarlas en sus ejecutorias.