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Palabra de Mujer

 

Especial para En Rojo

Cada año, el 8 de marzo, la humanidad celebra el Día Internacional de la Mujer  Trabajadora y constata que, en la sociedad, la condición femenina aún no ha cambiado radicalmente. En América Latina y el Caribe, todos los días se producen actos de violencia contra mujeres. En este momento, con decenas de guerras en diversos continentes, mujeres y niños son las principales víctimas.

Lamentablemente, las religiones, que deberían ser instrumentos de humanización y justicia, casi todas siguen siendo injustas con las mujeres. Desarrollan una visión patriarcal de Dios y de la fe. Hacen una lectura fundamentalista de textos sagrados, escritos en antiguas culturas patriarcales. Por eso, muchas religiones sostienen que el hombre debe ser el jefe de familia y discriminan a la mujer en el acceso a ministerios eclesiales. En el judaísmo, solo en corrientes más abiertas, mujeres pueden ser rabinas y pocas lo consiguen. En la Biblia, los primeros textos proféticos procedían de mujeres y estaban redactados en forma de poemas y canciones atribuidas a Miriam(Ex. 15, 20-21); Débora (Jz 5) y Ana, madre de Samuel (1 Sm 2). También en el Nuevo Testamento, según el evangelio, las primeras manifestaciones proféticas tuvieron lugar en el encuentro entre María, madre de Jesús, e Isabel, madre de Juan Bautista (Lc 1, 39-47). Entonces, la profecía bíblica nació femenina.

En el Islam, los imanes son hombres. En el hinduismo no hay mujeres reconocidas como lamas (gurús). En el Cristianismo, las Iglesias Orientales y la Católica no aceptan el sacerdocio femenino. Las iglesias evangélicas lo aceptan, pero en un modelo de ministerio que sigue basándose en el masculino y dentro de una Iglesia aún patriarcal.

A pesar de la marginación injusta que las mujeres sufren por parte de la mayoría de las religiones, en las diversas tradiciones espirituales, ellas constituyen la mayoría de las comunidades y asumen responsabilidades en ellas.

Las religiones de origen africano son casi las únicas en las que las mujeres siempre han tenido un papel importante. Varios templos del Candomblé y Santería están coordinados por Yalorixás, o Madres de Santo, reconocidas como sacerdotisas y guardianas de culturas afrodescendientes.

Entre todos los grandes cambios sociales que caracterizaron el siglo XX, el feminismo fue la mayor revolución pacífica de nuestra historia reciente. Nació fuera de las religiones, transformó la democracia y los derechos humanos individuales y colectivos. Incluyó a las mujeres como protagonistas de la historia y de la liberación de la humanidad y de la Madre Tierra. Surgió en la sociedad civil, pero acabó contagiando el camino de las comunidades de las principales tradiciones espirituales.

Desde 1970, el Ecofeminismo es una corriente del feminismo que vincula la explotación de la naturaleza con las opresiones que sufren las mujeres. Son opresiones, todas ellas, resultantes de la cultura patriarcal y capitalista. La dominación masculina y patriarcal sobre la naturaleza y sobre el cuerpo femenino tiene la misma lógica. Por eso, el ecofeminismo propone la justicia socioambiental, que valora el cuidado de las personas, la sostenibilidad ecosocial y ya no la maximización de las ganancias[1].

En las últimas décadas, en diversas religiones y, especialmente, en las iglesias, se han desarrollado teologías feministas que reescriben la historia de las religiones desde la perspectiva de género y dan voz y protagonismo a las mujeres. La teología ecofeminista vincula la lucha por la liberación de la mujer a la opresión que la tierra y la naturaleza  sufren[2].

En la década de 1960, en varios países de América Latina surgió la Teología de la Liberación, a partir de las experiencias de participación de cristianos y cristianas en movimientos de liberación social y política. Esta corriente teológica nació en iglesias de cultura patriarcal y en un mundo en el que incluso grupos considerados de izquierda eran machistas. Por eso, lamentablemente, los teólogos que han iniciado la Teología de la Liberación plantearon la cuestión de las clases y opresiones sociales, pero solo tomaron conciencia de la iniquidad que es el patriarcado y todas sus consecuencias, a partir del momento en que abrieron el estudio de la teología a las mujeres y estas pasaron a liderar organismos teológicos. Por eso, en nuestro continente, con toda razón, algunas de las primeras teólogas feministas acusaron a la Teología de la Liberación de ser una construcción aún patriarcal y de no prestar suficiente atención a las cuestiones de género.

Las teólogas feministas latinoamericanas han convertido a sus hermanos de la Teología de la Liberación y han revelado que la causa de la igualdad de género y la defensa de la mujer es tarea de mujeres y hombres que, juntos, aprenden la vida y la teología. Los enfoques pueden ser diversos, pero la causa es la misma. Actualmente, las teologías de la liberación se expresan en varias corrientes, como ecoteología, las teologías negras, indígenas, feministas y otras. Si un teólogo (hombre) no asume las causas de la teología feminista como propias, ese teólogo puede investigar sobre teología de la liberación, pero no es un teólogo de la liberación.

Una anécdota judía cuenta que, al principio, Dios había creado a la mujer. Como ella se sentía sola, le pidió a Dios un compañero y este dudó y respondió: – Sabes que, por naturaleza, el hombre (macho) es arrogante. Siempre tiene la sensación de ser el primero. Quiere ser el más importante de todos. No se conformará con ser el segundo.

La mujer insistió:

  • Entonces, que sea un secreto entre nosotros. Y para que yo pueda vivir tranquila, es mejor que él piense que fue el primero en ser creado.

Dios aceptó:

– Está bien. Guardemos entonces ese secreto y dejemos que el hombre piense que fue el primero a ser creado.

La mujer quiso asegurarse:

– Entonces, Dios, ¿prometes mantener este secreto? ¿Me das tu palabra de que lo guardará solo para nosotros?

Dios respondió:

– Lo prometo. ¡Palabra de mujer!

 

El autor es monje brasileño, teólogo feminista de la liberación y asesor de movimientos populares y comunidades eclesiales de base.

 

[1] CF. D’EAUBORNNE, Françoise. Feminismo ou Morte. Editora Bazar do Tempo, 2025.
[2] – Cf. GEBARA, Ivone. Teologia Ecofeminista. São Paulo: Editora Olho d’Água, 2008.

El último poema

Parnia Abassi

 

En Rojo

En el verano del año pasado (2025) un ataque israelí destruyó el complejo residencial Orkideh, en Teherán, capital de Irán.  Para las fuerzas de defensa de Israel se trató de un suceso importante. Según esa fuente, en el ataque murió Abdolhamid Minouchehr, director de la facultad de ingeniería nuclear de la Universidad Shahid Behesti. Se especializaba en reactores nucleares y en diseño para la eficiencia y seguridad de plantas de energía nuclear. Cerca de media docena de científicos como él murieron en el ataque.

Entre lo que el ejército israelí llamó daños colaterales se encontraban decenas de civiles. Entre ellos se encontraba una joven poeta que se había convertido en una figura ascendente en la literatura contemporánea de Irán: Parnia Abassi. Apenas tenía 23 años al morir en su hogar en Orkideh. Su último poema que aquí publicamos es una profecía.

Hoy, luego de que Israel y EEUU realizaran otro ataque contra Irán que nos mantiene en vilo, recordamos. No es con bombas que se alcanza la paz.

Lloré por ambos
por ti
y por mí

soplas a las estrellas, mis lágrimas
en tu mundo
la libertad de la luz
en el mío

la persecución de las sombras
tú y yo llegaremos a su fin
en algún lugar
el poema más hermoso del mundo
se acalla

empiezas
en algún lugar
a llorar el
murmullo de la vida

pero yo terminaré
ardo
seré esa estrella extinguida
en tu cielo
como humo

 tú y yo llegaremos a su fin

 

El bidet

 

Para mami y tía Toti, con amor

 A Bariloche llegaron en guagua. Muchas horas de carretera y caminos de tierra, una rueda pinchada y el atasco en una zona fangosa. Maribel se sentía como en un cuento. Todo le parecía bello: el hotel de madera, las montañas de ese tamaño, los glaciares, los abrigos que por fin se podía poner, la gente con sus idiomas que no entendía… Nada que ver con la ciudad “sucia y ruidosa” que hace unas horas habían dejado atrás.

Eduardo decidió volver a Argentina cuando otros se estaban yendo.

“¿Y si aprovechamos en Navidad?”, le propuso a Maribel. “Había pensado que hiciéramos Buenos Aires-Bariloche-Concepción. Así matamos dos pájaros de un tiro.” Entonces planificaron su luna de miel para que coincidiera con el verano del sur y las vacaciones de la universidad. La idea era aprovechar el viaje para visitar la familia de Eduardo, que no veía hacía ocho años.

Maribel aceptó el plan. Lo importante era tener su luna de miel aunque fuera casi dos años después, “total, algún día tenía que conocer a los suegros.”

En Buenos Aires se quedaron con la hermana de Eduardo. El viaje había sido muy largo, casi un día viajando entre escala y escala desde que salieron de San Juan. Y para colmo a Maribel le había bajado la regla. Lo único que quería era darse una ducha caliente y recostarse un rato.

“¡Eduardo!”, gritó Maribel en voz baja.

“Che, ¿tenés papel de inodoro?”, le preguntó Eduardo a su hermana luego de atender el llamado de Maribel. Ella le confirmó lo que ya sabía y le explicó cómo llegar al supermercado que estaba a “unas cuadras nomás”.

Maribel estaba horrorizada. En el baño del departamento, en un edificio muy parisino del Barrio Norte, lo que había era papel de periódico para limpiarse. Un par de hojas de la sección de deportes. Solo le faltó levantar las losetas por si de la nada aparecía el papel. Derrotada, no le quedó otra que llamar a Eduardo, a quien ella -le recuerda siempre que puede- salvó de relegar la higiene hasta el límite de lo insospechado.

“Usá el bidet”, le recomendó Eduardo desde el otro lado de la puerta.

Maribel y Eduardo tuvieron una discusión discreta. Después de la ducha, Maribel se quedó dormida y Eduardo se fue a buscar el papel.

De camino al supermercado, la ciudad lo fue devolviendo a los días en los que su vida respondía a un plan perfectamente trazado: el seminario, Roma, la ordenación… Hasta que se hizo adulto a palos y todo se fue a la mierda. “Y que no se me olvide el papel”, se dijo, cuando ya llevaba una bolsa llena de frutas y halvah para que Maribel lo probara.

La llave del portal que le había dado su hermana se le perdió en alguno de sus bolsillos. Soltó la bolsa para buscarla y se fijó en el carro estacionado en la acera de al frente. Lo había visto al llegar. Adentro había dos hombres que fumaban atentos.

Eduardo subió al departamento y se lo contó a su hermana. Hablaron un poco, se indignaron y siguieron conversando sobre otros temas, el profesorado, mamá, la neurosis, los bebés que no llegan…hasta que el sueño lo venció y se fue a acostar al lado de Maribel.

Por la mañana salieron al Registro Civil. Eduardo tenía que renovar su cédula de identidad. Frente a la entrada, dos militares empuñaban cada uno un fusil. De dónde vienen, para qué vienen, enséñeme su pasaporte, y el suyo también, venimos de luna de miel, vivimos en Puerto Rico, mi señora es puertorriqueña, oficial… Y los dejaron pasar.

“A mí no me traigas más”, le susurró Maribel a Eduardo. Lo más cerca que había estado ella de un susto así fue cuando la persiguió un hombre volviendo de la escuela por el cañaveral.

Eduardo retrataba todo con su Pentax y Maribel era su modelo.  “Ahí…Quiero que salga el nombre del cerro”. A veces también hacían el amor y comían lo típico de Río Negro. El 1977 los encontró rodeados de parejas desconocidas que eran la estampa viva de la felicidad. La música animaba a Maribel, que indistintamente bailaba con Abba y se desmelenaba con Sandro. Eduardo no; él prefería la música clásica y, además, no sabía bailar. “¡No seas aburrido!”, le reclamó Maribel cuando después de las doce prefirió quedarse sentado.

A los cinco días, Maribel añoraba “unos guanimos con bacalao”.

“Tú nunca estás conforme, ¿eh?”, le dijo Eduardo antes de meterse a la boca un pedazo de entraña.

Al día siguiente volvieron a Buenos Aires, y de allí se fueron en guagua a Concepción.

Maribel no paraba de hablar. Le preocupaba caerle bien a sus suegros y a sus cuñados. Ella no tenía el pedigrí europeo de su familia, ni sabía alemán o tocar el piano. “¿Allí es más tranquilo? ¿Es más limpio que Buenos Aires…?” Eduardo miraba por la ventana y pretendía escucharla. Cuántos años habían pasado desde la última vez que cruzó el Paraná. A esa hora solo deseaba llegar a su casa.

Los acomodaron en el cuarto matrimonial. Allí dormirían bajo la mirada de la abuela María cuyo retrato, sobre el espaldar de la cama, parecía amonestarlos. Maribel, que posaba sentada en la cama, se reía como una niña traviesa señalando a la vieja. La misma vieja que se hizo cargo de Eduardo cuando tocó repartir hijos porque no daba el pan y le pedía que le arreglara las cuentas gastadas de sus rosarios.

Las comidas las presidía el viejo y a él se le servía primero. La madre no se sentaba hasta que todos tuviesen su plato. Eduardo lo escuchaba atento, como si quisiera congelar el momento, o retroceder en el tiempo y poder decidir quedarse en su casa con su madre y con él.

En aquel barullo de voces y recuerdos ajenos, la madre entendió de inmediato los silencios de Maribel. “Vení. Ayudame con el postre.” Por lo menos con su suegra compartía el lenguaje de la cocina y los cuidados a un marido que, al igual que su suegro, demandaba más atención que un niño. A Maribel no le sorprendió que durmieran en cuartos distintos. Después de once hijos, ¿a quién tenían que convencer? Aunque puede que los ronquidos tuviesen algo que ver. Si no, que le pregunten a Maribel, que muchas noches se desveló azorada porque el viejo roncaba como un motor ahogado.

La tarde que volvieron a Buenos Aires para volar a San Juan, su hermana los esperaba. Salieron a dar un paseo para comer un helado cuando vieron bajarse a dos hombres de un carro y llevarse a la fuerza a un muchacho y a una muchacha. Maribel no entendió nada, “si iban tan tranquilos de la mano.” Eduardo y su hermana se indignaron. El carro desapareció y los gritos con él.

Mami y papi se ven felices en las fotos de Bariloche. En las de Concepción, mis tíos fuman y hablan, se ríen y comen. El abuelo siempre sale mostrando algo: un árbol, un edificio, un cuadro. Y la abuela, callada, con la mirada serena, no como mami, que cuando sale con ellos, parece perdida, como cuando uno no sabe qué decir o hacer. Ese mismo año papi instaló en la casa su primer bidet.

 

 

 

Narrando la tortura en It Was Just an Accident

Nota: Este escrito llegó a la redacción la noche antes de los sucesos en Irán

Especial para En Rojo

 

It Was Just an Accident (dir. Jafar Panahi; Irán, Francia y Luxemburgo, entre otros; 2025), que ganó la Palma de Oro en el festival de cine de Cannes y que está nominada como mejor película internacional en los Óscares, tiene una narrativa simple que gradualmente adentra en unos giros emocionales complejos e inesperados. Aunque discuto en detalle la secuencia inicial, esta no revela nada sobre la historia principal. La película comienza con una escena cotidiana. La cámara se enfoca en el interior de un carro una noche. El padre de familia conduce y la esposa ocupa el asiento pasajero. Sonriente, ella le da una nuez a su esposo. Aunque el hombre permanece con una expresión algo fría, se nota el cariño en el gesto y en la sonrisa de la mujer. Segundos después, suena la música de la radio y la hija de 9 años irrumpe llena de energía en la escena desde el asiento trasero. El director, Jafar Panahi, nos permite disfrutar la ternura de la escena familiar cuando la hija insiste juguetona en subir el volumen de la radio y el padre se resiste por el escándalo. La madre posiblemente intuye que el padre le cederá a su hija por el amor que le tiene. Pero la armonía visual del momento se interrumpe cuando el carro brinca y se oyen los aullidos de un perro que el padre acaba de atropellar.

El accidente mancha la escena, aunque Panahi nunca nos permite ver lo ocurrido. El director demuestra que no es necesario presenciar el espectáculo sangriento para denotar cómo altera la paz familiar. La cámara se mantiene en la expresión resignada del padre mientras este se baja del carro, mueve el animal de la carretera y regresa al volante. Los cambios en la iluminación nos llevan desde la oscuridad acogedora del interior de un carro durante un paseo nocturno a la luz roja de los focos del exterior que acentúan la expresión afectada del padre mientras limpia la carretera. Cuando el padre regresa y prende el carro, la niña le pide afectada que apague la música. Ella dice con un tono de juicio sutil que el padre mató al perro. La madre le recuerda que el animal salió de la nada y que es posible que dios así lo quería. Pero la hija insiste que el padre, y no dios, fue el que lo mató. Esta escena familiar representa las complejas discusiones filosóficas de la película que giran en torno a la justificación de la violencia y sus consecuencias en sobrevivientes y victimarios.

La escena termina cuando el carro comienza a fallar y el padre busca un taller para arreglarlo. De aquí en adelante la película sigue a un grupo de sobrevivientes de la tortura del gobierno que creen haber encontrado a su torturador. De hecho, cada sobreviviente cuenta su historia desgarradora. Panahi demuestra la fuerza de la narración oral al reconstruir cada experiencia traumática a través del lenguaje y el performance, evitando así las complicaciones de una representación visual. Cada sobreviviente tiene un rol claro en la sociedad iraní: Vahid (Vahid Mobasseri), el mecánico; Salar (George Hashemzadeh), el librero; Shiva (Mariam Afshari), la fotógrafa; Goli (Hadis Pakbaten), la novia en traje de boda; y Hamid (Mohamad Ali Elyasmehr), el inadaptado a causa de su estrés postraumático. Los diferentes personajes cuentan experiencias basadas en las historias que le hicieron algunos prisioneros políticos al mismo Panahi. Este estuvo preso entre el 2022 y el 2023 en Irán por propaganda en contra del gobierno. Cada personaje expresa su propia y complicada relación con su trauma. La película es una recopilación de anécdotas que documentan los horrores del régimen y que Panahi tuvo que rodar en secreto para escapar de la censura y de la ley. No obstante, la película combina momentos cómicos con elementos de carga emocional dándole diferentes texturas a la narrativa. Los graciosos tropiezos de los personajes a través de la ciudad buscando evidencia sólida de la identidad del torturador se anclan en la realidad cruda de sus sufrimientos en la prisión. La película, que en parte se torna en un road movie, también retrata el bullicio y la diversidad de espacios en Teherán, tornando la ciudad en un personaje principal.

La película tiene ecos de la trama de la obra de teatro de Ariel Dorfman, La muerte y la doncella. En esta, Paulina, una sobreviviente de un régimen basado en la dictadura de Augusto Pinochet en Chile, se topa con su torturador, el Dr. Miranda. Ella lo secuestra para enjuiciarlo y decidir si lo matará mientras su pareja, Gerardo, sirve de abogado defensor. En La muerte y la doncella la historia de Paulina domina la acción, pero Panahi usa una serie de narraciones para considerar como la sociedad iraní lleva sobre sus hombros el trauma y los crímenes de un gobierno que continúa persiguiéndolos. Paulina lucha por justicia cuando la democracia ha vuelto al gobierno, pero los personajes de It Was Just an Accident tienen más que perder porque el gobierno que los torturó sigue en el poder. ¿La esperanza por la justicia será tan inútil como la espera por Godot? El magnífico final de la película no responde a esta pregunta de manera simplista, sino con una humanidad y empatía abarcadoras.

Alquilen It Was Just an Accident en cualquier plataforma de streaming y vean la que considero la mejor película del 2025.

 

Democracia, aborto y derechos reproductivos

Fotos cortesia de Aborto Libre, Yomaira Pimentel

Especial para CLARIDAD

La Conferencia Regional del Consorcio Latinoamericano contra el Aborto Inseguro (CLACAI) celebrada en octubre pasado abordó los desafíos en la defensa del aborto destacándolo como una cuestión de derechos humanos, salud pública y democracia. En una sesión plenaria la defensora de derechos humanos de El Salvador, Morena Herrera, destacó que el control del poder y la erosión de la democracia que se vive en estos tiempos se nutre de la manera en que los gobiernos autoritarios niegan derechos a las mujeres sobre el control de sus cuerpos. Discutió cómo sectores religiosos establecen la agenda moral como parte del ejercicio del poder y de esta forma la moral sexual es utilizada como elemento de control político.

En Puerto Rico también enfrentamos un ataque a nuestras libertades y la imposición de pautas religiosas particulares como criterios de política pública. Esto no es exclusivo del actual gobierno. En los pasados tres cuatrienios hemos experimentado un ascenso de sectores fundamentalistas a espacios de poder. Y, como señala Morera, muchas de sus agresiones son dirigidas hacia las mujeres particularmente sobre derechos sexuales y reproductivos.

En el cuatrienio pasado, se presentaron más de una decena de proyectos dirigido a limitar el derecho al aborto. Muchos de esos proyectos fueron presentados por legisladoras del Proyecto Dignidad. Ninguno de los proyectos fue aprobado, gracias al trabajo constante de resistencia que presentamos diversos grupos de defensa de los derechos de las mujeres y derechos humanos. En este cuatrienio, el Partido Nuevo Progresista, en una evidente estrategia de atraer los votos del sector conservador, tomó la batuta en esta estrategia.

Fotos cortesia de Aborto Libre, Yomaira Pimentel

En la pasada sesión legislativa se aprobaron tres leyes que crean un andamiaje jurídico para la eventual prohibición del aborto. Estas leyes, aunque no impactan directamente el derecho, colocan a las mujeres y personas en edad reproductiva en una especie de suspensión de sus derechos durante el término del embarazo, les sujeta a una situación de vigilancia extrema, limita su autonomía para tomar decisiones sobre su vida y pone en riesgo el acceso a servicios de salud.

La Ley 122 de 2025, “Ley para establecer un protocolo de manejo de casos de terminaciones de embarazos en menores de quince años o menos en Puerto Rico” requiere que los procedimientos de aborto en menores de 15 años o menos cuenten con el consentimiento expreso de uno de sus padres y en todo caso, la clínica deberá hacer un referido al Departamento de la Familia aun cuando medie el consentimiento. La ley usa de justificación la protección de las menores de edad en situaciones de agresión sexual. Sin embargo, no hay disposición legal similar para casos de embarazo o partos de menores de edad. Por lo que resulta clara la intención de comenzar a introducir limitaciones al derecho al aborto de manera gradual. En este caso, las menores de edad tendrán grandes dificultades para acceder a un aborto, lo que implicará que se verán obligadas a una maternidad forzada que limitará su desarrollo personal, acceso a la educación y participación ciudadana.

La Ley 166 de 2025, mejor conocida como Ley Keishla Madlane, enmienda los artículos 92 y 93 del Código Penal para criminalizar el asesinato del concebido no nacido que resulte de una agresión a una mujer embarazada. Públicamente sus proponentes plantearon que la intención era reconocer como doble asesinato cuando la mujer asesinada estuviera embarazada. Sin embargo, un aspecto que no se discutió plenamente es que el inciso h del artículo 93 dispone: “Todo asesinato que se cometa contra el concebido en cualquier etapa de gestación dentro del útero materno…” Esto implica que el delito de asesinato por la muerte a propósito, con conocimiento o temerariamente, no depende del feminicidio. Por lo que el cuerpo de la mujer se distancia del feto en cuanto al establecimiento de la conducta criminal, incluso poniéndole en riesgo de ser procesada criminalmente.

La Ley 183 de 2025, mejor conocida como la ley del nasciturus, enmienda tres artículos del Código Civil para reconocerle personalidad y capacidad jurídica al concebido no nacido. Hay varios aspectos de esta ley que merecen consideración especial, me concentraré aquí solo en las enmiendas al artículo 69 del Código Civil. Primero, la personalidad y capacidad jurídica se establece desde el momento de la concepción. Claramente “la concepción” es un concepto religioso que no es medible y es imposible de precisar. Por lo que establecer este como punto de comienzo de la personalidad resulta en una abstracción que dificulta la implementación e interpretación legal. Se presta a conjeturas y establece una incertidumbre inconstitucional con respecto al comienzo de los derechos. Segundo, solo los derechos hereditarios son subordinados al nacimiento, por lo que podría interpretarse que todos los demás derechos no lo están. Tercero, el artículo permite que el concebido no nacido pueda ser representado por un representante legal o defensor judicial en caso de imposibilidad o incapacidad de la madre. Esto implica que en caso de que una mujer o persona gestante intente terminar su embarazo o por su conducta se interprete que pone en riesgo el desarrollo del embarazo, podrá nombrarse a un tercero que intervenga en sus decisiones.

Esta ley se aprobó al final de la sesión legislativa pasada sin vistas públicas, sin considerar la oposición de sobre 60 profesores y profesoras de derecho y sobre 300 médicos y médicas. Ambos grupos señalamos que la ley creaba una situación de incertidumbre legal que arriesga los derechos, la libertad, la autonomía y el acceso a servicios de salud. La medida se aprobó por descargue al final de la sesión como parte de un pulseo político entre los presidentes de los cuerpos legislativos. Sin participación ciudadana y sin discusión, una práctica legislativa que atenta contra elementos mínimos de democracia.

De la misma manera se consideró el proyecto 923, en un solo día, sin vistas públicas, sin debate, sin análisis. Este proyecto define el asesinato contra un ser humano incluyendo al concebido no nacido en cualquier etapa de gestación. La Cámara de Representantes también bajó el proyecto por descargue. Antes de aprobarlo le introduce una enmienda que establece que la definición de ser humano que incluye al concebido no nacido se extiende solamente a lo dispuesto en la Ley Keishla. Aún con la enmienda no queda claro a qué circunstancias aplica este proyecto o cuáles son sus implicaciones. Lo que provoca es una gran confusión que impacta no solo los derechos sino la práctica de la medicina, según han advertido ya profesionales de la salud.

Aunque tanto la Ley Keishla, la Ley del Nasciturus como el proyecto 923, reconocen el derecho al aborto, estas medidas atentan contra los derechos sexuales y reproductivos. Las leyes que reconocen personalidad fetal colocan los derechos y la libertad de las mujeres y de las personas con capacidad de gestar en suspenso durante el embarazo. Crean conflictos legales sobre distintos aspectos, como la herencia, pensión alimenticia, la custodia, y hasta acceso a tratamientos médicos y reproducción asistida. Estas leyes priorizan el bienestar del feto por sobre el bienestar de la persona embarazada. Exponen a las mujeres a la criminalización y a la vigilancia permanente. Generan una gran confusión legal poniendo en duda si se extiende o no a decisiones válidas, legales y constitucionales. De manera que se erosiona la autonomía para tomar decisiones sobre la salud, el cuerpo y el futuro, lo que impide a su vez la participación plena de las mujeres en la vida pública.

El aborto sigue siendo legal en Puerto Rico y afirmamos que las decisiones que tomamos las mujeres y las personas gestantes sobre nuestros cuerpos están protegidas por un derecho superior al Código Penal. Nuestro derecho constitucional a la intimidad y a la dignidad humana va por encima de cualquier intento de la legislatura de erosionar nuestros derechos y nuestras acciones. Continuaremos en la defensa de nuestros derechos sexuales y reproductivos para garantizar nuestra libertad, nuestra autonomía y nuestro derecho a participar plenamente de las decisiones políticas que nos afectan.

Articulo reproducido de la versión impresa de CLARIDAD, del mes de enero 2026.