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Series que no deben perderse 2

En esta 2nda parte de las series que veo y recomiendo como binges para mantener la continuidad escojo dos producciones de la televisión británica (gubernamentales como BBC y comerciales como ITV), una que lleva años (“Midsomer Murders”) y otra que tuvo cinco temporadas tan exitosas que tuvieron que reunir al equipo nuevamente para hacer tres adicionales (“Foyle’s War”). Uno de los elementos sobresalientes de estas series es la actuación de todos los intérpretes, ya sea los protagonistas investigadores o los integrantes de la historia, sean sospechosos, testigos o meros ciudadanos. En el caso de “Foyle’s War” actores de la talla de John Mahoney, James McAvoy y Rosamund Pike fueron protagonistas de algunos de los episodios.

“Foyle’s War” (2002-2015)

Creada por Anthony Horowitz y situada en 1940 en el pueblo costero de Hastings, se dan dos tensiones muy específicas: 1) la guerra entre Gran Bretaña y Alemania (declarada por los países aliados de ese momento en septiembre 1939 cuando el ejército Nazi invade a Polonia) donde el agresor bombardea a Londres y circula su fuerza marítima alrededor de las costas, y 2) los actos criminales que ocurren en el pueblo tanto entre sus habitantes (que reflejan la histórica división de clases de Inglaterra) como los recién llegados por razones de la guerra. Las investigaciones están a cargo de Christopher Foyle (Michael Kitchen), Detective Chief Superintendent (DCS), su asistente, Paul Milner (Anthony Howell) y su conductora (Foyle no guía), opinante e investigadora aunque ése no sea su trabajo, Samantha Stewart (Honeysuckle Weeks).

Los crímenes bajo investigación siempre tienen conexiones distantes y personajes ocultos que revelan otras historias tanto de celos y envidia como de tonos políticos. Los ricos del pueblo se creen exentos de la aplicación de la ley y su actitud arrogante hacia Foyle hace a éste más agresivo en la búsqueda de la verdad. También se desenmascaran viejos resentimientos y secretos. Pero el chisme, contrario al pueblo de Midsomer (“Midsomer Murders”), no es un factor determinante en descubrir a los criminales. Esto tiene mucho que ver con la geografía del lugar y el momento en que se vive, ya que esa apertura del puerto cambia la dinámica, la vivienda y el poblado como tal. Por eso mismo, las investigaciones son más formales y Foyle mantiene su distancia, aun con personas conocidas. Por esta misma razón sabemos poco de Foyle: viudo con un hijo que está en el Royal Air Force (RAF) y que, sin expresar sus sentimientos abiertamente, le preocupa si sobrevivirá la guerra. Su asistente, Milner, tiene una vida más complicada que se va enlazando en cada episodio. Stewart (Sam) fue conductora de ambulancias pero por ser mujer nunca pudo ir al frente de batalla. Tiene el entrenamiento, la astucia y la inteligencia de seguir aprendiendo de Foyle para luego—en las dos últimas temporadas—ser su mano derecha. Uno de los episodios más evocativos de lo que significa la guerra para la población civil de Hastings es el rescate de los 226,000 soldados británicos varados en Dunkirk en mayo de 1940 al que se unen los pescadores del pueblo.

Las temporadas 7 y 8 fueron impuestas por un público que exigía el retorno de la serie. Ya la guerra ha finalizado y la reconstrucción de Londres ha comenzado (1945). Por eso Foyle se traslada aquí y lo asignan al MI5 (equivalente al F.B.I. pero más atado a la inteligencia militar) por su historial investigativo. Sam, ahora casada con un representante del Parlamento, y desde su trabajo clerical en la misma agencia (nuevamente porque a ese nivel es lo que puede aspirar) investigará junto a Foyle casos de infiltración de los nuevos enemigos, tanto del bloque soviético como los supuestos colaboradores alemanes, actos de traición y casos de corrupción y venganza internas. Seguimos lamentando que “Foyle’s War” no siguiera pero entendemos que también hay que darle un break a los actores para explorar otros proyectos.

“Midsomer Murders” (1997-2011)

Basada en una serie de novelas de Caroline Graham, cada episodio tiene a Tom Barnaby (John Nettles), Detective Chief Inspector (DCI) y Gavin Troy (Daniel Casey), su sargento investigador, resolviendo algún crimen menor o mayor en el condado de Causton, específicamente en Midsomer. Este lugar se presenta como idílico, tranquilo, precioso en primavera y verano; todos los casos ocurren en esta época para poder tener la mayoría de la acción en exteriores. Las casitas son hermosas y sus habitantes tienden a vivir aquí por mucho tiempo. Desde la primera escena nos damos cuenta de que aunque cada personaje tiene su propia vida, todos están metidos en la vida ajena. Por eso la intimidad es casi inexistente: los rumores recogen desde las enfermedades que aquejan a cada uno, las obsesiones que los conducen a cierto comportamiento, su situación financiera, familiar y tropiezos diurnos y nocturnos. Los asesinatos son la investigación principal y cada episodio siempre tiene de tres en adelante. Y aunque el diario vivir parezca muy llevadero, los crímenes cometidos son muy sangrientos ya que se utilizan predominantemente armas blancas como cuchillos de todos los tamaños, espadas, sables y hasta hachas.

La población —muy parecidos en su expresión y vestimenta a seres normales y corrientes— tiende a ser mayorcita pero los jóvenes logran encontrar su espacio a pesar de la supervisión directa del vecindario. Lo interesante es que los autores de los crímenes pueden ser de 80 o de 20 años ya que todos son muy activos. Aparte del atractivo de resolver los crímenes está el estilo de ese humor controlado y cínico tan inglés que nos hace reír a pesar de la seriedad del asunto. Barnaby no es un policía atribulado sino todo lo contrario: casado por 30 años con Joyce, quien soporta sus tardanzas y cambios de planes cada vez que surge un caso, con una hija, Cully, que es aspirante a actora. En otras palabras, Barnaby y su familia son muy parecidos a las personas que debe investigar. Además, los personajes que quedan vivos tienden a continuar sus historias en otros episodios. Todo lo que comento aplica a la serie de 1997 a 2011 porque no he visto ninguno de las temporadas desde que John Nettles dejó de interpretar a DCI Barnaby.

Ricardo, Marx y Google

En 1817, hace justo doscientos años, David Ricardo publicó Principios de Economía Política y Tributación, uno de los libros más citados por Karl Marx en El Capital, cuyo primer volumen se publicó cincuenta años después, en 1867.

En la disciplina de la Economía continúan teniendo vigencia varios aportes teóricos de Ricardo, entre otros la teoría de la renta y la teoría de la ventaja comparativa. Por ello, los economistas neoclásicos se consideran sus herederos. No obstante, no heredaron ni la teoría del valor-trabajo ni la centralidad de las clases sociales en su análisis. Esta herencia le correspondería a Marx. Así lo reconoce éste.

Dice Marx refiriéndose a la economía clásica de Inglaterra: “Su economía política clásica aparece en un período en que aún no se ha desarrollado la lucha de clases. Es su último gran representante, Ricardo, quien por fin toma conscientemente como eje de sus investigaciones la contradicción de los intereses de clase, la contradicción entre el salario y la ganancia y entre la ganancia y la renta del suelo…”

Al elaborar su teoría del valor-trabajo y su tesis de explotación, Marx cita a Ricardo en varias instancias. Baste una: “En el valor de las mercancías no influye solamente el trabajo directamente aplicado en ellas, sino también el que se invierte en las herramientas, instrumentos y edificios de que se vale ese trabajo”.

De vivir hoy día, ¿a qué le estarían dando particular importancia tanto Ricardo como Marx? ¿Qué destacarían en su objeto de estudio? Las contestaciones categóricas a tal tipo de interrogante no son prudentes. Lucen pretenciosas. Sin embargo, no sería muy aventurado apostar a que en sus investigaciones sobresaldría la inteligencia artificial y todo el fenómeno de la revolución cibernética en que los seres humanos del siglo 21 están inscritos. Después de todo, fueron temas análogos los que les interesaron en el siglo 19.

Ricardo dedica un capítulo de su obra al tema de la mecanización y al riesgo de que la misma, al convertir en superflua a parte de la fuerza obrera, deteriore la condición del trabajador. De esto no debe inferirse que se opusiera al uso de las máquinas, sino que estaba consciente de los nuevos retos que el adelanto tecnológico conlleva.

Marx, que le dedica más tiempo y más páginas al tema, parte de su conocida premisa de que “la burguesía no puede existir sin revolucionar permanentemente los instrumentos de producción”. Dice, de manera sencilla pero elocuente, en el primer volumen de El Capital: “La moderna industria no considera ni trata jamás como definitiva la forma existente de un proceso de producción. Su base técnica es, por tanto, revolucionaria…”

Las relaciones sociales del siglo 20 cuajaron en la fragua de la innovación tecnológica: luz eléctrica, producción en masa, automóviles, aviones… Imagine el lector, para apercibirse del contenido revolucionario, el impacto del automóvil en la vida cotidiana, en la organización del trabajo, en el uso del espacio, en el proceso de urbanización y en el diseño de edificios y viviendas. Ahora, la internet ha enredado a todo el mundo en una red informática descentralizada y los robots se están convirtiendo en protagonistas de los procesos manufactureros. Son las nuevas generaciones de las máquinas de Ricardo.

No es por casualidad que recientemente se informó que la lista de las empresas mejor cotizadas la encabezan: Alphabet (compañía matriz de Google), Amazon, Apple, Facebook y Microsoft. Durante los primeros tres meses de este año (2017) la ganancia neta colectiva de estas cinco empresas superó los $25,000 millones.

La información es poder. No es poco el que tienen éstas y otras empresas que dominan la red. Como acertadamente resumiera la revista The Economist: “Google puede ver lo que la gente busca, Facebook lo que comparten y Amazon lo que compran”.

Se trata de un mundo extraordinariamente complejo y dinámico. La empresa Uber, por ejemplo, se conoce por su servicio de taxi a buenos precios. Pero su valor estimado en $68,000 millones responde eminentemente a que cuenta con el mayor fondo de información sobre oferta (conductores) y demanda (pasajeros) de transportación personal.

Por cierto, hace un año Uber compró la empresa Otto, perteneciente al campo de las camionetas autónomas (sin chofer), lo que ha provocado un confrontamiento legal con Waymo, la unidad de carros autónomos de Alphabet (compañía matriz de Google). El conflicto tiene que ver con alegados robos de secretos tecnológicos. Para complicar más el asunto se informa que Alphabet es una de las principales accionistas de Uber.

Los flujos de información crean nuevos procesos productivos, nuevas maneras de organizar el trabajo, nuevas infraestructuras, nuevos instrumentos financieros, nuevos negocios, nuevos monopolios, nuevas maneras de hacer política, nuevas formas económicas, nuevos patrones de explotación y nuevas normas de interacción social. ¿No creen que todo esto estaría bajo el radar de Ricardo y Marx?

No se debe pasar por alto que el avance tecnológico no necesariamente se acompaña de progreso social. La política laboral de muchas de las empresas de punta no es aleccionadora. De hecho, Google ha estado enredada en alegaciones de discrimen y hostigamiento sexual, lo que ha provocado que sea investigada por el Departamento del Trabajo de Estados Unidos.

El bicentenario de los Principios de Ricardo y el sesquicentenario del primer volumen de El Capital de Marx deberían servir para estimular el análisis sobre el reto que supone el cambio tecnológico y la importancia que tiene orientarlo hacia la solución de problemas en lugar de convertirlo en fuente de problemas. A la altura del siglo 21, en la llamada era digital, sigue siendo un tema central el vínculo de las máquinas con las formas que asumirá la actividad económica, la estructura de propiedad, la distribución de riqueza e ingresos y todo el andamiaje de relaciones sociales. Preocupa, sobre todo, su influencia sobre el trabajo. En el fondo, de lo que se trata es, parafraseando un viejo refrán, de reconocer que el capitalismo, aunque se vista de seda, capitalismo se queda.

Carlos Delgado: La alegría de ayudar al prójimo en equipo

La puntualidad lo distingue. Eso me dijeron. Y así es. Luego de que concertáramos la entrevista para este semanario por correo electrónico, su llamada entró a mi teléfono justo cuando me había advertido: 10:30 de la mañana del miércoles pasado. La conversación giró en torno a los 16 años de labor social ininterrumpida que ha ofrecido desde su fundación sin fines de lucro Extra Bases. Eso también lo distingue: el servicio al prójimo, en especial a los(as) niños(as) y jóvenes de Puerto Rico.

Carlos Delgado, jugador puertorriqueño de béisbol destacado en las grandes ligas, emprendió en 2001 la misión de ayudar a individuos y entidades que prestan servicios a personas, tanto en Puerto Rico como en el extranjero, que necesitan recursos para mejorar su calidad de vida.

“Es difícil, pero gratificante. Y digo difícil no de una manera mala, sino porque es sacrificado, hay que darle seguimiento a muchas tareas, hay que ir a un sinnúmero de reuniones, pero te llana de alegría el resultado de poder ayudar al más necesitado brindándole una mejor calidad de vida, y poder tener la oportunidad de compartir y conocer gente extraordinaria de nuestro País que trabaja día a día con estos jóvenes que tengan necesidades especiales, que sean de escasos recursos, que están participando de un programa after school o de una liga deportiva”, expresó de entrada quien fuera jugador de los Azulejos de Toronto.

Los principios de Extra Bases están fundamentados en complementar los esfuerzos que hacen otras organizaciones y entidades para mejorar la calidad de vida de las personas. En ese sentido, aunque Delgado aseguró sentirse “súper bien y contento” con el esfuerzo que hace el equipo de trabajo de Extra Bases, también confesó: “yo siempre digo que ojalá que el trabajo fuera mermando porque eso significaría que hay menos necesidad. O sea, la idea es que Extra Bases y organizaciones como la de nosotros eventualmente no existan porque se atendió la necesidad. Pero lamentablemente no es así y, mientras existamos, continuaremos trabajando y ofreciendo ayuda al que podamos”.

Cabe mencionar que, en Puerto Rico, la labor de las fundaciones sin fines de lucro es tan grande que sobrepasa los servicios que el Estado ofrece. Por eso, quien ha representado al País internacionalmente, exhortó al Gobierno de Puerto Rico “a que ayude y que no estrangule a las organizaciones sin fines de lucro”.

Aunque son muchas las causas nobles que se pueden atender, Carlos Delgado desde un inicio decidió que ayudaría a la población de niños y jóvenes –mayormente de las edades que oscilan entre los 6 y 14 años– que son parte de diferentes entidades. A través de los 16 años de fundada, Extra Bases ha colaborado con organizaciones como Centro Ayani, Casa Juan Bosco, Hogar Infantil Jesús El Nazareno, Hogar Cuna San Cristóbal, Estancia Corazón, Casa de Niños Manuel Fernández Juncos, Casa Laura Vicuña, Hospital del Niño, Hogar Santa María Eufrasia, Asociación para la Superación del Niño Síndrome Down, Fundación de Niños San Jorge, Centro Pediátrico de Diabetes, Boys & Girls Club, entre otras.

Como la intención de Extra bases es complementar el esfuerzo que hacen estas otras entidades, “el procedimiento para que sean beneficiarias de los fondos de esta fundación es que envíen la propuesta, se atienda, se visite el lugar y, si se les puede ayudar con lo que están pidiendo, se hace. Hay organizaciones que aunque son muy loables, no se le puede dar lo que están pidiendo en ese momento porque hay que atender otras prioridades”, reconoció el jugador de primera base.

Para ser partícipes de Extra Bases, las organizaciones tienen que tener dos o más años de establecidas, deben ser sin fines de lucro, y tienen que atender a mujeres que hayan sido maltratadas o a jóvenes de escasos recursos, con necesidades especiales, o que estén en un programa deportivo o after school.

“Que los muchachos te agradezcan y te quieran devolver trabajando en la Fundación, ¡no existe nada más bonito que eso!”, expresó el pelotero ante la pregunta de cuáles son las recompensas que atesora luego de 16 años de trabajo ininterrumpido. “Yo digo que la recompensa más grande es ir por la calle y que alguien te diga: ‘gracias porque tu Fundación me ayudó en algún momento’, agregó.

“Yo siempre cuento una anécdota de un casito que atendimos en Aguadilla de un niño que necesitaba un implante coclear (aditamento que se pone en el oído para poder escuchar). Cuando me llegó la propuesta, el nene necesitaba el implante para aprender a hablar porque no había aprendido por falta de audición. Luego de que se le instaló y fue a las terapias, el niño habló y me dio las gracias. Todavía hoy me emociona recordarlo. Así es el impacto de ese agradecimiento que viene de la gente que tú puedes ayudar”, rememoró el natural de Aguadilla.

Según dice la página electrónica de Extra Bases, el propósito de esta organización es utilizar los recursos económicos y las relaciones que se han desarrollado a través de los años con la banca, el comercio y la industria, entre otros, para recaudar fondos y ponerlos a trabajar en pro de una mejor calidad de vida para los más necesitados.

En esa dirección, anualmente la Fundación realiza dos o tres actividades de recaudación: torneos de béisbol, de softball, fashion show, cenas, entre muchas otras ideas. Delgado, de paso, anunció que el 1ero de octubre Extra Bases celebrará la cuarta edición de la bicicleta Rodando la milla extra por Puerto Rico, un evento de recaudación de fondos a través del ciclismo. “Además, yo tengo el compromiso personal desde el primer día y lo he cumplido al pie de la letra de donar por lo menos $100 mil todos los años”, reconoció.

Tal como explicó Carlos, el nombre de su organización alude directamente al argot del béisbol, pero también se relaciona con el dicho de “dar la milla extra”, algo más allá de simplemente jugar pelota. Cómo has unido esas dos facetas de tu vida: tus éxitos en la pelota con el éxito de servir desde la Fundación, le preguntó este medio.

“Las he unido de varias formas. Primero, uso la imagen –la que desarrolló a través de su trayectoria en el béisbol– para tatar de llevar un mensaje positivo, para ser un poco más visible cuando tenemos un proyecto o una actividad de recaudación. Segundo, trato de utilizar la conexión que tengo en el deporte para conseguir invitados especiales para las cenas y los eventos de recaudación. Tercero, mi relación con el equipo de los Azulejos de Toronto me permite tener acceso a ciertas cosas que otras personas no pueden tener”, enumeró el pelotero.

Y el concepto de unidad, tan necesario en un equipo de béisbol y en una organización de servicio social, cómo lo defines, se le volvió a preguntar. “Es vital. El trabajo en equipo y que haya empatía entre el grupo de trabajo es importante. Por ejemplo, en la Fundación no somos muchos pero nos compartimos las ideas. Tenemos que trabajar en equipo y armonía para que el proyecto que tengamos en la mente pueda ser viable desde el punto de vista económico y legal”, respondió el hijo de Carlos “Cao” Delgado.

Una familia orgullosa

“Siempre ha estado ahí apoyándome de varias formas”, dijo rápidamente sobre su familia. “Mi papá es trabajador social de profesión y siempre me da ideas. También, apoya las actividades que hacemos. Mis hermanos me dan la mano y, si entienden que algo se puede hacer mejor, me lo sugieren. Más que nada, me han expresado el orgullo que sienten de que uno pueda hacer esa labor comunitaria”, comentó quien creció desarrollando su consciencia colectiva.

“Todos los hermanos tenemos algo de eso, pero más que nada es una cuestión de cómo nos criaron: teniendo en cuenta la justicia social, la equidad, el trato a los demás con respeto”, enfatizó quien entiende que heredó de su padre el gusto por el servicio a los demás.

“He sido bendecido. He tenido salud, una familia hermosa, la oportunidad de hacer por mucho tiempo lo que me encantaba – jugar pelota profesionalmente –. Eso me ha permitido estar en una posición en la que puedo ayudar al prójimo”, reconoció y agradeció Delgado.

Siempre has representado a Puerto Rico desde un aspecto positivo, primero desde el béisbol, luego desde el trabajo en la Fundación, ¿qué se siente? “Yo soy un optimista realista. Parte de las cosas que he aprendido en este trabajo, de lo más positivo, es aprender a decir que no. Uno quiere hacer lo mejor posible y representar a su País, pero en el caso de la Fundación hay propuestas que hay que decirles que no”

“Se siente bien hacer cosas positivas por uno y por el País. No estoy esperando que nadie me lo reconozca, yo ya salí en el periódico a través del deporte. Lo que quiero es que el País eche para adelante y que sea un País de bien”, finalizó quien aconsejó a la juventud puertorriqueña que tratara de mantenerse “lo más educada posible”.

Llegó la quiebra para la AEE

La Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) parece encontrarse en un callejón sin salida, luego de acogerse a la quiebra y que la Comisión de Energía de Puerto Rico (CEPR), rechazara el proyecto de la planta de gas en el puerto de Aguirre, en Salinas conocido como el Aguirre Offshore Gasport (AOGP).

La radicación de quiebra mediante el capítulo III de la ley “Promesa”, se dio a conocer este pasado viernes en la reunión de la Junta de Control Fiscal (JCF). Según la Junta la petición se hizo a solicitud del gobernador Ricardo Rosselló. Pero la petición se dio después de que la JCF rechazara el acuerdo de la reestructuración de la deuda que elaboró la exsindica, Liza Donahoue.

No obstante para el exrepresentante de los consumidores en la Junta de Gobierno de la AEE, Carlos Gallisá, el rechazo del acuerdo de reestructuración negociado por Donahoue, resulta en un paso positivo debido a que el acuerdo era uno malo tanto para Puerto Rico como para la AEE. Expuso que en primer lugar el acuerdo lo que hacía era llevar a la AEE a un endeudamiento por décadas y segundo, generaba más riqueza para los bonistas, a quienes se les intercambiarían unos bonos de 50 dólares por unos nuevos de 85.00. Y tercero el acuerdo era con el 70% de los acreedores y no el 100. Agregó que el tal acuerdo en el que sólo se reducía un 15% de la deuda no era una reestructuración, sino una prórroga de cinco años y después habia que seguir pagando. El llamado “ahorro” de esos cinco años era con lo que la AEE esperaba desarrollar el proyecto de Aguirre.

Gallisá comentó que el gobierno de Rosselló sabía que el “acuerdo” era uno muy oneroso pero que quería dar la impresión de un arreglo consensuado, acción que no se dio. Observó que para que la AEE pueda llevar a cabo una reestructuración la deuda tendría que rebajarse en un 40 a 50 por ciento. Ante ambos eventos y la falta de acceso a los mercados de la AEE el puerto de Aguirre queda suspendido.

Por otra parte el Instituto de Economía de Energía y Análisis Financiero (IEEFA por sus siglas en inglés), consistente con sus denuncias sobre los resultados perjudiciales para los consumidores y la misma AEE del ya rechazado plan de reestructuración, también advirtió que la AEE no tiene un plan viable para costear el proyecto de Aguirre, el cual costaría $380 millones.

Según las consultoras de energía de IEEFA, Anna Sumers y Cathy Kundel, en teoría la AEE tiene cuatro opciones de financiamiento. La primera sería un préstamo del Departamento de Energía de Estados Unidos (EE UU): Segundo una emisión de bonos de una reestructuración de la deuda que incluya el capital para el proyecto: La tercera sería ceder el proyecto a terceros, que no es otra que la privatización: y cuarto pasar el gasto a los contribuyentes.

En declaraciones suministradas a CLARIDAD las consultoras de IEEFA denunciaron que era difícil saber cuál es la opción que la AEE estaba buscando “porque la agencia ha puesto información contradictoria, pero hay buenas razones para dudar que las tres primeras opciones estarían disponibles, suponiendo que el proyecto de Aguirre sea aprobado por la Comisión de Energía”.

En tanto grupos ambientalistas en Puerto Rico también han expresado su oposición al proyecto. “La propuesta de AEE del AOGP nos atará al combustible fósil para los próximos 50 a 60 años cuando el resto del mundo ya se está moviéndo hacia la energía renovable. También en un momento donde estamos en una crisis económica no tiene sentido que el país invierta más de un billón de dólares o que destruya sus recursos naturales”, manifestó David Ortíz, director de la ONG, El Puente: Enlace Latino de Acción Climática.

La Coalición de Organizaciones en contra de la Incineración, es otra de las organizaciones que rechaza el proyecto. “El puerto de Aguirre no se puede llevar a cabo, sería catastrófico para la zona marítima de la bahía de Jobos”, dijo la portavoz Myrna Conty.

Del impasse de 1909 al mameyazo de 2017

En las colonias la historia es circular. Como los elementos esenciales no cambian, los eventos que éstos provocan se repiten. Se alteran nombres y fechas, los que a veces nos dan la sensación de un cambio, pero éste nunca llega.

En 1909 Puerto Rico iniciaba su segunda década bajo el régimen colonial estadounidense. La alegría que había provocado en algunos la aprobación de la primera ley orgánica, el Acta Foraker, –que sustituía el gobierno militar por uno civil– se había desvanecido. El tal gobierno lo presidía un gobernador nombrado desde Washington que estaba al mando de un Consejo Ejecutivo también nombrado desde la capital metropolitana. El único rinconcito de poder que aquella legislación imperial les dejó a los puertorriqueños fue una Cámara de Delegados de elección popular con poderes muy limitados, claramente supeditados a los del Consejo Ejecutivo.

Pero entre esos poderes limitados había uno que, utilizado con cierta creatividad, podía convertirse en una pequeña arma de presión: el presupuesto. La Cámara debía aprobar el presupuesto que se le sometiera el Consejo Ejecutivo.

En 1909 comenzaba una nueva legislatura dominada por el Partido Unión a la que llegaban algunos jóvenes, como Luis Lloréns Torres, y curtidos veteranos ya hartos de colonialismo como Rosendo Matienzo Cintrón. Aireando sus frustraciones por el limitado poder que el nuevo régimen les dejaba a los puertorriqueños, la Cámara decidió utilizar el presupuesto como arma. Procedieron a alterar el que les fue sometido y, entre otras cosas, les redujeron el salario a los ejecutivos del Gobierno y a los jueces federales. El gobernador Regis H. Post, como era de esperar, rechazó ese presupuesto y se lo devolvió a la Cámara estipulándole las enmiendas que debía hacer. Ésta, entonces, se negó a actuar, declarándose en receso, produciéndose lo que algunos historiadores llaman “el impasse de 1909” y otros la “huelga legislativa de 1909”.

Como era de esperarse, aquella confrontación tuvo un desenlace típicamente colonial ya que condujo a la reducción del ya limitadísimo poder que tenían los puertorriqueños. El gobernador Post apeló ante su jefe, el presidente William Taft, quien de inmediato envió un proyecto de ley al Congreso para enmendar el Acta Foraker. Lo aprobado se conoce como Ley Olmstead que, entre otras cosas, dispone que cuando la Cámara de Delegados no apruebe un presupuesto para el próximo año regirá el anterior, lo que efectivamente despojaba al cuerpo electo de su pequeño resquicio de poder. Luego de aprobarse la enmienda, el gobernador Post fue un poco más allá y sencillamente elaboró y ejecutó un nuevo presupuesto diseñado a su gusto. La Cámara procedió a impugnar ese nuevo presupuesto en el tribunal de Puerto Rico, pero el caso fue removido a la Corte Federal que falló a favor del Gobernador.

¿Qué ha cambiado en Puerto Rico 1909 y 2017? El lapso de tiempo es enorme, 108 años, pero si comparamos lo ocurrido hace más de un siglo con lo que finalmente se concretó el pasado 30 de junio de 2017, resulta evidente que pocas cosas han cambiado en nuestro país. En esa fecha la Junta de Control Fiscal federal, tras cierto impasse con la Legislatura, decretó cuál será el prepuesto del año 2017-18 que comienza el 1ro de julio.

Como la Ley Olmstead de 1909, la Junta fue producto de un acto unilateral del Congreso de Estados Unidos, un cuerpo en el que, como entonces, ningún puertorriqueño vota. El propósito de la ley que creó la Junta fue, igual que aquella de hace 108 años, establecer un control metropolitano directo sobre el gasto público en Puerto Rico con mínima intervención de los isleños. Ambas leyes, de forma unilateral, cambiaron estatutos anteriores que supuestamente reconocieron ciertos poderes a los puertorriqueños. La de 1909 le quitó a la legislatura puertorriqueña el poder efectivo de aprobar presupuestos a menos que ésta se limitara a aprobar lo que el Ejecutivo peticionaba. La de 2017 dispone que cuando existan diferencias entre el Gobierno o la Legislatura y la Junta, ésta última decretará el presupuesto que le plazca “que se entenderá aprobado por el Gobernador y la Legislatura”. Las pequeñas diferencias entre una y otra ley son puramente semánticas.

En 1909 el cuerpo legislativo se sintió vulnerado –no tanto por la ley, ante la que se sabían impotentes, sino por lo que hizo el gobernador Post después– y decidieron “retarlo” en los tribunales. La disputa terminó adjudicándola el tribunal de los pares de Post, el federal. En 2017 la impugnación que el mismo cuerpo, ahora llamado Asamblea Legislativa, amagó con hacer contra las acciones de la Junta (y que sabemos no hará) la decidiría otra vez el tribunal federal y el resultado sería idéntico al de 1909.

En 1909, cuando el presidente Taft envió su proyecto de ley al Congreso para acabar con la huelga de los legisladores, dijo que los puertorriqueños habían sido ingratos, que habían “olvidado la generosidad de Estados Unidos”. Añadió que no podía esperarse que un pueblo tan poco educado tuviera la capacidad de autogobernarse. Por eso era necesario que ellos ejercieran la “tutela y el encausamiento” sobre nosotros. Se lamentó de que su país hubiera actuado con “demasiada rapidez” al reconocer ciertos derechos y por eso recomendaba reducirlos.

El “razonamiento” brutalmente colonial que un energúmeno como Taft utilizó en 1909 fue el mismo que vertieron muchos miembros del Congreso de Estados Unidos cuando debatieron la ley que, por puro cinismo, bautizaron con el acrónimo PROMESA. Igual que Taft dijeron que habíamos hecho mal uso de los poderes que ellos generosamente nos habían concedido.

Otra secuela del incidente de 1909 fue que todo lo relacionado con Puerto Rico pasó a ser responsabilidad del Departamento de Guerra, para recordarnos que éramos parte de un botín militar y no pretendiéramos dejar de serlo. Tal vez ahora mismo, tras la escaramuza de la Legislatura puertorriqueña con la Junta federal, el nuevo presidente Trump, que resulta ser más energúmeno que Taft, está pensando en alguna medida similar.

(Los datos resumidos en este artículo sobre lo ocurrido en 1909 fueron tomados de José Trías Monge, Historia Constitucional de PR, Vol II, Capítulo XV.)