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El boom de Monsanto y las semilleras estalla en el sur de Puerto Rico

Las aspas de los molinos de viento giran sobre cultivos de soya y maíz modificados genéticamente, platanales y fincas aplastadas por la fiebre del cemento. Aparece el mar Caribe, áreas verdes a la izquierda, y a la derecha una salida que conduce a un territorio ocupado: las semilleras multinacionales como Monsanto controlan el 31% de las tierras con mayor potencial para la agricultura en el municipio de Juana Díaz. Es el epicentro transgénico de Puerto Rico.

De norte a sur, de este a oeste, las semilleras ya dominan alrededor de 10,000 cuerdas públicas y privadas. Eso equivale al área destinada en 2016 a la siembra de plátano, que el Departamento de Agricultura identifica como el cultivo vegetal de principal importancia económica en el País.

Nadie sabía del boom silencioso de las corporaciones de agroquímicos y transgénicos en las mejores fincas de la Isla, hasta que el Centro de Periodismo Investigativo (CPI) inventarió las propiedades tras visitas de campo y consultas a documentos públicos, y luego analizó el área con información geográfica digital suministrada por la Junta de Planificación. Con el avance de las semilleras en Puerto Rico, la Isla se convirtió entre 2006 y 2015 en la localidad con más permisos para hacer experimentos con transgénicos en todo Estados Unidos y sus territorios.

En Juana Díaz aparecen camiones militares color khaki tras las rejas del Fuerte Allen de la Reserva del Ejército de Estados Unidos, y al doblar a la derecha, en el barrio Capitanejo, caminan empleados de las semilleras vestidos con trajes protectores blancos de pies a cabeza. Son clara señal de los trabajos intensivos con sustancias químicas en el paisaje repetitivo de soya y maíz. La colonia estadounidense es el paraíso de corporaciones que dominan la industria global de las semillas transgénicas y los agroquímicos: Monsanto, Bayer CropScience, DuPont Pioneer, Syngenta, Dow AgroSciences, AgReliant Genetics e Illinois Crop Improvement.

Este sector industrial recibió más de $526 millones en subsidios y exenciones contributivas entre 2006 y 2015, según un análisis de esos beneficios que consta en documentos gubernamentales. Fueron los años en que Puerto Rico se sumía en el impago de su deuda de $69 mil millones, lo que provocó que el Congreso de Estados Unidos le impusiera una Junta de Control Fiscal.

En esa misma década, las multinacionales acapararon el 14% del área de las fincas públicas de la Autoridad de Tierras con mayor potencial para producir comida, en el corredor agrícola de Guayama a Juana Díaz. Así lo indican los cálculos con sistemas de información geográfica que hizo David Carrasquillo, presidente de la Sociedad Puertorriqueña de Planificación, a petición del CPI. Puerto Rico solo produce el 15% de sus alimentos, según el Departamento de Agricultura. Las multinacionales no usan esas tierras para producir comida, sino para experimentar. Envían las semillas fuera del país para continuar el proceso de investigación y desarrollo, y luego las venden en el mercado global. Las semilleras no sólo alquilan, sino que han comprado alrededor del 50% del área de todas las fincas que controlan. Monsanto ya es dueña de unas 1,762 cuerdas, mientras que la alianza Dow AgroSciences y Mycogen Seeds posee 1,748.

A la izquierda de la carretera #1, antes de llegar al río Bucaná, se levanta una cerca de tela metálica coronada de alambres de púas. No exhibe un letrero con el logo de Monsanto, a la que pertenece, según el Registro de la Propiedad. Entre los huecos de la verja se ve una tierra sin hierba, camiones que vierten una sustancia química sobre el terreno, y un cobertizo blanco a lo lejos. Con 1,061 cuerdas, equivalente a 600 campos de fútbol, esta es la finca más grande de todo el inventario de las semilleras. Al norte, en el barrio Sabana Llana, comienza otra propiedad de 509 cuerdas de la misma multinacional con sede en el estado de Misuri. Al este, se extienden campos de experimentación alquilados por las semilleras Illinois Crop Improvement, una asociación que trabaja por los intereses de la agricultura del estado de Illinois, y la suiza Syngenta Seeds.

En medio de toda la actividad de experimentación está enclavada Arús, una comunidad de apenas siete calles, una barbería, una capilla católica, un templo evangélico, una escuela y un bar.

José Ramón Campos, que lleva 51 años viviendo en Arús, se levanta a las 5 a.m. para caminar en el parque de pelota y mantenerse en forma. “Pero ahora es lo contrario. Hay una pestilencia”, dice Campos, preocupado por su salud. “Yo me he tenido que meter allí, para llamarles la atención”, indica señalando al otro lado de la calle, donde Monsanto tiene su campo de experimentación. “Tiran químicos durante el día y la noche. Nos da mucho ardor en los ojos”, añade Leonor Campos, su esposa. “Siempre uno está con dolores de cabeza y dolores de garganta”.

Las ventanas y las puertas de las casas están cerradas. No sólo para protegerse de las sustancias químicas, sino para evitar el polvorín que levantan los camiones y el viento, porque la tierra está descubierta por causa del herbicida. La tierra se pega a las ventanas, las cortinas, las mesas. De entre un grupo de 10 vecinos reunidos para discutir cómo la semillera los afecta, Héctor Luis Negrón Cintrón da un paso al frente, ayudándose con el bastón. “Me da problemas respiratorios. Tengo que estar rascándome todo el cuerpo”. Antonio Avilés Pacheco, quien vive hace diez años en Arús, asegura tajantemente que los vecinos han desarrollado un olfato detector de pesticidas y herbicidas. “Es notable cuando utilizan los productos químicos. Al respirar podemos percibir que están en el ambiente”.

Tomás Torres era un “listero”, el que se encargaba de pasar lista de los obreros que trabajaban en estas tierras que pertenecían a la Sucesión J. Serrallés, y que antes producían caña, mangó y vegetales. Sabe que los agroquímicos no son nada nuevo; los usaban sus antiguos patronos. La diferencia es la cantidad y quién manda ahora: “Monsanto es el rey de la agricultura de Juana Díaz”, aseguró. Antonio Avilés Pacheco añade: “Debe ser el rey del veneno. Porque eso es lo que trae Monsanto”. Señala al árbol donde se reúnen los vecinos. “Nosotros estamos ahí sentados, pero nos instruimos. ¿Por qué nosotros tenemos que ser los conejillos de indias? ¡Somos conejillos de indias! Eso es un laboratorio, eso no es agricultura”.

Félix Morales Torres, otro vecino de Arús, solía cruzar por una servidumbre de paso de lo que ahora es la finca de Monsanto para ir a la playa de Boca Chica. “A mí me gusta pescar. Pero ya no se puede entrar por ahí porque cerraron los portones. No tenemos acceso a la playa. Antes pescábamos camarones, tirábamos anzuelo, chinchorro”.

Los vecinos sostienen que hasta ahora nadie había llegado a Arús para que sus voces contra las semilleras fueran escuchadas ¿Qué quiere la comunidad? “A ver si alguien interviene y controla eso, o que Monsanto se vaya de aquí”, concluyó Campos.

Entre la capilla católica y el templo evangélico de Arús, la calle conduce a Manzanilla, una comunidad de casas humildes que colinda al sur con la playa, y al norte con la finca de Monsanto. El pastor de la Iglesia Misionera del vecindario dijo que un empleado de la compañía fue a atender las preocupaciones de los vecinos mostrándoles un vídeo corporativo. “Nos dijeron que los productos químicos que están usando son para matar un gusano; nos dijeron que no nos afectan, aunque los que los echan usan trajes blancos de protección”, añadió el pastor. “Yo digo que nos compraron un poquito. Podaron unos árboles de la carretera, hicieron una fiesta de Reyes y les trajeron juguetes a los niños. Donaron parte de la comida para una limpieza en la comunidad. Donaron pollo con papas”.

Los terrenos de las semilleras se extienden principalmente a lo largo de 117 kilómetros, unas 73 millas, en casi toda la costa sur de Puerto Rico. Incluyen 143 cuerdas de la Estación Experimental Agrícola de Isabela y Aguadilla, en el noroeste del país, que Monsanto alquiló y está en proceso de entregar para enfocar los trabajos en Juana Díaz. Hay 18 cuerdas adicionales de la alemana BASF, y 218 de la tejana RiceTec, que no trabaja con semillas modificadas genéticamente sino con híbridas. También cuentan unas 900 cuerdas de un agricultor en Santa Isabel que siembra frutas y verduras, y donde la semillera 3rd Millenium Genetics cultiva soya y maíz. Esta última es muy diferente a las demás corporaciones, pues desarrolla cultivos híbridos para el consumo del ganado local.

Hay más tierras en manos de las multinacionales que pagan a otros dueños de fincas para que siembren en su terrenos los cultivos experimentales. “Son negocios y el agricultor tiene que ganar dinero”, explicó Ramón González, expresidente de la Asociación de Agricultores. Posee terrenos en el municipio de Salinas, los primeros que se ven al bajar por la autopista #52, colindantes con instalaciones de Syngenta y DuPont Pioneer. González no quiso precisar cuánta tierra destina a los transgénicos ni a qué semillera da servicios. “Le siembro a varias de ellas”’, sostuvo.

Las fincas del sur. ¿Por qué aquí? ¿Qué tienen de especial? Están en el área de menor precipitación de Puerto Rico, mientras se sirven de agua de canales de riego: las semilleras pueden regar sus cultivos de forma científica, sin que las plantaciones estén expuestas a demasiada lluvia que atrae hongos. La zona está identificada como tierra para la agricultura “de importancia estatal” y con una categoría del 1 al 4 de uso agrícola, la máxima calificación en términos de capacidades químicas y físicas para la producción de alimentos y fibras, según el Servicio de Conservación de Recursos Naturales, agencia federal dedicada a la protección de los suelos. Se trata de propiedades con fertilidad natural y llanas, por lo que se pueden mecanizar, y el trabajo es mucho más fácil en comparación con la faena en la jalda. A eso se añade que se encuentran en la ruta de las dos ciudades más importantes, Ponce y San Juan, con acceso fácil por la autopista #52.

“Esto es lo que yo necesito”, exclama el empresario Duamed Colón. Pone una rodilla en el suelo, parece tomar algo y enseña el puño como si hubiese agarrado tierra. Pero no está en las fincas del sur, sino en un hotel de la capital, donde se llevó a cabo una cumbre de innovación empresarial auspiciada por el Fideicomiso de las Ciencias, Tecnología e Investigación, que busca expandir la base industrial del País. De entre todos los participantes de la cumbre, Colón es el único que intenta innovar desde la agricultura autóctona. El Fideicomiso becó a este biólogo con estudios graduados en ciencias agrícolas en el Recinto Universitario de Mayagüez, para que empleara el cultivo de tejido, una modalidad de biotecnología agrícola, en el desarrollo de plátanos vigorosos que no estén contaminados con el gusano barrenador.

Este nemátodo, una de las principales plagas del plátano, agujerea la planta desde las raíces hasta el centro, causando que los agricultores apliquen pesticidas para intentar salvar la cosecha, lo que encarece costos, aumenta el tiempo de trabajo y añade al medio ambiente un componente tóxico. Colón intenta desarrollar una marca de plaguicidas biológicos que no causen un impacto a la naturaleza, y experimenta con plantas cobertoras que acompañan los alrededores de los plátanos, para mantener a raya las llamadas malezas, prescindir de herbicidas y evitar la erosión. Pero el científico, empresario y agricultor necesita resolver el escollo principal para el crecimiento de su empresa: conseguir 100 cuerdas de buena tierra a un precio módico. Al terminar su presentación durante la cumbre, auspiciada en parte por Monsanto, Colón puso dos mapas de los municipios sureños de Juana Díaz y Santa Isabel sobre un mostrador del hotel. Señaló las fincas de la Autoridad de Tierras, agencia que ofrece a los agricultores alquiler de terrenos públicos a precios económicos. Pero la Autoridad de Tierras aún no ha respondido su solicitud de arrendamiento desde hace casi tres años, porque alegadamente sus predios ya están ocupados. De las 6,591 cuerdas controladas por las multinacionales de transgénicos entre Guayama y Juana Díaz, el 44% las alquilan a la agencia gubernamental.

“Se está quedando afuera un proyecto como el de nosotros”, denunció Colón. “No te estoy hablando del romanticismo de la agricultura. Estoy hablando de una empresa real de biotecnología agrícola que ya contrató a un doctor para pagarle el sueldo que merece un profesional de su nivel, y un asistente de laboratorio”.

Sólo Monsanto arrienda 791 cuerdas a la Autoridad de Tierras en el barrio Río Cañas Abajo, en Juana Díaz. Eso es lo que dice el contrato registrado en la Oficina del Contralor, pero en realidad Monsanto está ocupando 842 cuerdas, según los inventarios de arrendamiento oficiales. Eso quiere decir que el Gobierno le deja gratis la diferencia de 51 cuerdas. Esa es la mitad de la tierra que necesita el empresario Duamed Colón para desarrollar su proyecto empresarial y científico. En medio de las fincas gubernamentales en el barrio Río Cañas, Monsanto compró tres propiedades adicionales equivalentes a 76 cuerdas, donde construyó sus instalaciones privadas con $800,000 de fondos públicos que le dio como “incentivo” la Compañía de Fomento Industrial, que promueve a Puerto Rico como un destino para las inversiones.

“Todo el argumento de que las semilleras extranjeras crean empleos es relativo. Agro Tropical quiere crecer, crear empleos y producir comida, pero estamos limitados por el acceso a la tierra”, añadió Duamed Colón.

En cambio Monsanto, Syngenta Seeds, Dow AgroSciences junto con Mycogen Seeds, DuPont Pioneer y su matriz DuPont, Bayer Crop Science y AgReliant Genetics controlan cada una más de los 500 acres (515 cuerdas) permitidos por la Ley de Tierras y la Constitución de Puerto Rico. La cuerda es el sistema para medir área que heredaron los puertorriqueños del coloniaje español, y equivale a 3,930 metros cuadrados. Es prácticamente lo mismo que un acre, el sistema de medición heredado como colonia estadounidense.

¿Por qué el límite de 500 acres? La disposición fue ideada por el gobierno militar de Estados Unidos tras la invasión de 1898 a Puerto Rico, para evitar el latifundio, como se le conoce a las explotaciones agrarias de grandes dimensiones por parte de las corporaciones. Esta medida se convirtió en el corazón de la reforma agraria luego de la Gran Depresión, en medio de huelgas contra las grandes corporaciones cañeras, que ocupaban parte de las mejoras tierras que podían utilizarse para producir comida. Con la Segunda Guerra Mundial de fondo, submarinos de Hitler hundían barcazas que traían alimentos a Puerto Rico, y en la Isla había hambre. Fundado con el lema de “Pan, tierra y libertad”, el Partido Popular Democrático (PPD) creó el Estado Libre Asociado de Puerto Rico sobre los cimientos de esa reforma agraria. Su artífice, Luis Muñoz Marín, promovía las expropiaciones de las propiedades mayores a los 500 acres, para que pasaran a la Autoridad de Tierras, creando las llamadas fincas de beneficio proporcional, que nunca rindieron frutos por haber nacido en medio de un romanticismo de la tierra ajeno a la ciencia y la técnica, como explica Rubén Nazario en su libro El paisaje y el poder: la tierra en el tiempo de Luis Muñoz Marín.

En la pasada década, las administraciones PPD y del Partido Nuevo Progresista (PNP) parecen haberse rendido ante las multinacionales que sobrepasan el límite constitucional. El exsecretario de Justicia Guillermo Somoza Colombani indicó, en una opinión legal del 20 de junio de 2012, que las semilleras podían dominar más de 500 acres porque no se dedican a la agricultura, sino a una actividad científica y empresarial llamada investigación y desarrollo. Puerto Rico regresa así a la época en que las grandes corporaciones cañeras podían dominar las mejores tierras. “Lo que tenía que hacer el Secretario de Justicia era mirar la intención de la ley con los ojos del presente”, analizó el abogado Carlos Ramos, profesor de Derecho Constitucional, cuando supo del avance de las multinacionales en las mejores tierras de Puerto Rico. “Con las semilleras estamos viendo que ya empezó el latifundio del Siglo XXI. Esta es una nueva versión de lo que ha sido la historia de América Latina y de Puerto Rico durante el siglo pasado. Estas corporaciones poco a poco van a estar interfiriendo en el uso de la tierra, se van a manifestar como un poder político que influye en la legislatura, y eso precisamente es lo que quería prevenir la Constitución”.

Será otra cosa: Se buscan carpinteros

Por Ana Pérez Leroux/Especial para En Rojo

Zona Metropolitana de San Juan, año 1956, llega un estudiante.

En Nueva Inglaterra hay un dicho que hace falta un carpintero de verdad para levantar un granero, pero que cualquier idiota te lo desbarata.

Los humanos tenemos la capacidad, que no siempre ponemos en uso, de usar la imaginación para resolver problemas. Podemos visualizar lo que podría suceder, y plantearnos en el ojo de la mente, simulaciones virtuales de realidades alternativas que nos permiten predecir el futuro, o más importante aún, cambiarlo. No hay más poderosa clarividencia que la claridad de un pensamiento lúcido.

La Escuela de Medicina Tropical de la UPR era uno de los dos mejores lugares del mundo para ser estudiante de salud pública cuando llegó Amiro en 1956. Había querido dedicarse a las matemáticas o a la ciencia, pero en los años oscuros de la dictadura dominicana, a la universidad se iba a ser médico, ingeniero o abogado. También se podría ser agrimensor, maestro o enfermero, pero eran carreras de malos estudiantes, o para mujeres. Le entusiasmó la naturaleza deductiva del proceso de diagnóstico, y pensó que encontraría más oportunidad de hacer ciencia allí que en el juzgado o en una construcción. Así que después de terminar medicina se fue a San Juan a hacer una maestría en medicina tropical, con la misma maleta vieja que usaba para cambiarse de pensión en sus años de estudiante en Santo Domingo. Más tarde, en los interrogatorios, sus torturadores le preguntaban que de qué se trataba de esconder cuando se mudaba de pensión cada mes. Les dijo la verdad, pero los esbirros no tenían suficiente imaginación para creerle. Cuando le alquilaban un cuarto, las dueñas de pensión siempre le prometían que le cocinarían comida aparte, sin nada de carne, para satisfacer sus requisitos de vegetariano. A los pocos días, comenzaban a echarle caldo y manteca al arroz y a los frijoles, y tenía él que salir a seguir buscando una pensión donde le sirvieran comida comestible.

La Escuela de Medicina Tropical era mucho más que un bello edificio, era un hervidero de ideas. Y en el centro del torbellino estaba ese gigante de la medicina social, hoy olvidado, el Dr. John B. Grant. La División Internacional de Salud de la Fundación Rockefeller lo había transferido a San Juan en el 1954 con el mandato de “asistir con un estudio de métodos de coordinación de recursos de salud”. Impredecible, brillante, impaciente, la verdad era que la fundación no sabía qué hacer con él.

Grant había sido siempre uno de esos que hace impresión: alto, delgado, tan miope que tenía que nadar con lentes, era un hombre enérgico, profundamente educado, “capaz de mezclarse con gente de situaciones muy diversas”, es decir, tanto en el campo como en la ciudad. Hijo de misioneros canadienses en la China finisecular, creció feliz, suelto entre las calles de Ningpo y los libros que devoraba con atención. Estudió primero en el Acadia College de Nova Escocia, luego medicina en la Universidad de Michigan, y Salud Pública en John Hopkins. Los de la Rockefeller lo reclutaron en seguida. Su primer trabajo de campo fue en un proyecto de control de bilarcia, entonces parada obligatoria de todo especialista en salud pública. La bilarcia es ese parásito feo que antes cundía los ríos tropicales, y que puede penetrar por los pies. Era uno de esos monstruos sin rostro de mi infancia temprana: hoy se pueden espiar en el internet. Abuela me regañaba, niña, no juegues descalza, que te vas a coger un parásito…

Grant pasó 19 años en China, donde concibió sus principales ideas: que a los médicos hay que educarlos no en el hospital sino en el campo y la calle; que el curar debe ir de la mano con el prevenir; y que la enfermedad debe enfocarse dentro del contexto de la sociedad. Nos es difícil entender cuanto esfuerzo dedicó Grant a promover estas ideas, que hoy parecen obvias. En aquella época, ninguna de las escuelas de medicina de Norteamérica estaba dispuesta a hacerle caso. Pero China era otro universo, y se tomaron pasos para fundar una nueva escuela de medicina en Pekin, en la cual, siguiendo sus ideas, se darían cátedras de epidemiología, estadística, administración en salud, fisiología, higiene, bioquímica y nutrición.

Este gran proyecto de forjar un nuevo prototipo de facultad de salud fue interrumpido por la invasión japonesa a China. De ahí fue a la India, donde descubrió que el legado postcolonial resultaba el principal impedimento para la modernización de la educación y el manejo de la salud.

Al llegar a San Juan, lo que quería era ver cambios reales, evaluaciones científicas, traslado de las ideas en acciones, y de las acciones en resultados. Fue a la vez un maestro temido y adorado. Dicen que cuando venía un estudiante con una pregunta, Grant solía escuchar sin levantar los ojos de su lectura. Le indicaba entonces al estudiante el lugar preciso de su estante donde estaba un libro relevante, y le decía: “Tómalo y vuelve en dos días para que podamos hablar de tu pregunta.” Fue en 1956 cuando redactó un proyecto visionario proponiendo completa integración de la educación en medicina y en salud pública. Ahí queda articulada su profunda tesis de que la enfermedad no es sólo una expresión de los patógenos sino también una expresión del estado de la sociedad.

Amiro regresó a Santo Domingo con la maleta llena de libros, y la cabeza repleta de ideas. La prisión política le interrumpió los planes. Guillermo Arbonna, otro seguidor de Grant, escribió cartas airadas pidiendo que las organizaciones internacionales de salud presionaran al gobierno dominicano a nombre de esta última víctima de la dictadura. Amiro nunca supo si fueron las diligencias de estos amigos en el extranjero, las velas y promesas de mi abuela a la Virgen de las Mercedes, o la simple suerte ciega lo que le salvó la vida a él, entre tantos compañeros caídos. Lo que sí sabía, al salir de la cárcel, era que nuestra media isla era donde iba a poner en práctica las visiones de Grant. Se pasó veinte años evaluando, inventándose medios para predecir los picos de las oleadas de polio que asediaban el país. Educó médicos y, de paso, ayudó a transformar dos facultades de medicina. Acumuló datos, ideas, propuestas. Y cuando le vino la oportunidad, dirigió una serie de acciones de salud basadas en voluntarios de barrio. A pesar de la tenaz oposición del establecimiento médico y del estrecho presupuesto, estas acciones voluntarias tuvieron un tremendo impacto, incluyendo la eliminación completa de la polio. Puro discípulo de su maestro, tal vez la más ingeniosa de sus iniciativas fue la de instalar una fuente de agua en cada aldea de campo y enseñarle a la gente a manejar el agua limpia.

Cuatro años más tarde, la primera orden del gobierno de turno siguiente fue el de desmantelar el equipo de voluntarios de salud.

Pero los carpinteros no solo serruchan y martillan; también siembran futuros carpinteros. En años como este, es importante recordar eso.

En Memoria: Iris Martínez “Le sirvo a Dios y a mi Patria”

Amada por su pueblo, al que ha dedicado su vida como actriz y militante independentista, Iris Martínez no cambiaría casi nada de su vida,excepto tal vez algunos períodos de tiempo muerto. Un tiempo muerto cuando el dinero para hacer teatro escasea demasiado. Esta es una profesión que hay que practicar siempre”, dice Iris, con su voz suave, que puede tornarse todavía en voz de trueno. Esta apasionada del teatro, nació en la Isla Nena pero cuando tenía diez años la familia se mudó a Santurce para que ella asistiera a la Escuela Superior Central.

Desde ahí su vida es un encuentro cada vez más cercano con un mundo extraordinario poblado de personajes de ficción y de la vida real, como Pedro Albizu Campos y Juan Mari Brás.

La entrevista que presentamos hoy en homenaje a Iris Martínez es parte de una anterior que le hice a la amiga y a la actriz para Agenda de Hoy, en Radio Universidad de Puerto Rico.

¿Cómo fue ese cambio de Vieques a Santurce que para esa época era el centro de todo?

Pues verás, cuando me dijeron que venía para acá, yo le dije a mi mamá que yo no quería venir, que me quedaría en Vieques. Ella me contestó que las niñas de diez años no se quedaban sin su familia, por lo que si todos venían, yo también tenía que venir. Entonces le hice prometer tres cosas que en estos días he recordado mucho.

Le hice prometer que me llevaría todos los días a la playa, lo que significaba que a las 5:00 de la mañana (porque en esa época no había ningún peligro), ella me llevaba a la playa, luego me llevaba a la iglesia y en la tarde me llevaba a la Legislatura, todo el mundo se quedaba bobo.

¿Más que bañarte en la playa tú lo que querías era ver el mar, en Vieques tu veías el mar por todas partes?

Sí, ver el mar nada más. Y pasear un poco por el mar, meter los pies e irme nuevamente.

¿Y tu mamá, te dijo que sí, y lo hacía?

Mi madre era una mujer muy extraña,en el sentido de que siendo una mujer de Vieques y una mujer que no salía nada más que a la iglesia y a cosas naturales de una mujer de su situación económica y de sus estudios, era una mujer inteligente y muy estudiosa,le gustaba leer mucho, por lo que a veces entendía cosas que a uno le eran difíciles de entender. Por ejemplo era bien católica, bien religiosa, pero entendía perfectamente el socialismo y los líderes socialistas del mundo.

¿Cuál fue tu primera experiencia de trabajo teatral?

Yo empecé recitando, diciendo poemas a la virgen en la iglesia y entonces pasé a certámenes, gané varios. A mí me llamaba mucho la atención tanto la política como la iglesia, y el teatro yo lo veía como algo que se hacía en la escuela pero no lo veía como una posibilidad futura. Cuando estudiaba en la universidad que ya me interesaba ser importante en el sentido de trabajo y luchas, pensé que la mejor forma era ser actriz porque como me gustaba tanto así podía servirle a Dios y a mi Patria a través del teatro.

Luego pasaste a la Universidad de Puerto Rico, ¿quiénes fueron tus maestros en la Universidad?

En la Universidad tuve maestros excelentes,la doctora Margot Arce de Vázquez, el doctor Cesáreo Rosa Nieves, Francisco Matos Paoli, el poeta y pues en el teatro, Leopoldo (Poldín) Santiago Lavandero y Ludwig Schajowicz. Poldín era puertorriqueño y Schajowicz era europeo-alemán.

¿Como te uniste a la militancia independentista?

Pues siempre lo fui, desde muy niña, ya te digo que desde los ocho años pensaba que la solución de Puerto Rico estaba en la independencia y cuando crecí pues quise cooperar y empecé a cooperar en mítines. A los 19 años ya estaba en la tribuna del Partido Independentista Puertorriqueño, ayudé a organizar el partido y tuve grandes amigos en ese sector como Juan Mari Brás.

¿Y con Juan estuviste en la universidad, en la huelga universitaria del 48?

Estudiamos juntos y trabajamos juntos, exacto, éramos presidente yo de mi clase y él de la suya y participamos en esa huelga. Fui expulsada pero por cuatro años.

¿Y qué hiciste durante ese tiempo?

No pude seguir estudiando porque había que admitir ante la administración universitaria que uno se había equivocado durante la huelga, y yo encontraba que no me había equivocado nada. Estaba tan segura. Una de las cosas que me enseñaron en mi casa mi hermano mayor y mi mamá fue que uno nunca debe decir “si yo hubiera sabido”, sino que uno tiene que estar seguro de lo que va a hacer para entonces no lamentarse. Aunque seas joven, uno debe estar seguro de lo que quiere y de lo que desea.

Es decir que en el ‘48 tuviste la fuerza de tomar esa decisión.

Fue muy doloroso porque yo había solicitado estudios graduados en Estados Unidos, porque Ernesto Ramos Antonini me había conocido a través de Nimia Vicéns y del doctor Cesáreo Rosa Nieves. Nimia Vicéns era otra poetisa excelentísima, y ellos deseaban para mí lo mejor como es natural y en esa época aunque participé en la huelga, Ramos Antonini me había conseguido una beca para estudiar fuera. O sea, que me quedé sin esos estudios. Bueno, estudios tenías…

Sí y he seguido estudiando porque la actriz tiene que estudiar siempre.

¿Y conociste a don Pedro Albizu Campos?

Sí, a través de Yeyita Cervoni, que era la madrina de todos los artistas, en una ocasión le hablé de mi deseo de conocerlo y ella me hizo una cita con él cuando él vivía en el Hotel Normandie.

¿Y como fue ese encuentro?

Fue extraordinario. Fui a verlo con dos compañeros y cuando uno dijo su apellido, Albizu comenzó a preguntarle por todo el mundo, él hacía tantos años que se había ido de Puerto Rico. Y al otro, a quien había conocido en Barrio Obrero en una biblioteca también lo recordó. De él aprendí lo importante que es recordar, porque ellos se emocionaron, ellos no podían creer que Albizu recordara tanta gente y que los recordara a ellos.

Entonces yo utilicé eso de aprenderme los nombres de cada uno de mis estudiantes cuando fui a Nueva York. Y en las películas que fui asistente de producción me aprendía los nombres de cada persona, de don Modesto y de don Hermenegildo. Me lo decían una vez y yo lo grababa en mi memoria, entonces se emocionaban ellos cuando yo los llamaba por su nombre completo y le preguntaba por su esposa (si ella había estado con él en la filmación) se sentían importantes.

¿Y qué recuerdas además de don Pedro?

Bueno de don Pedro yo recuerdo tantas cosas, entre ellas, la dedicación, el amor a Puerto Rico pero en serio. Yo recuerdo que una vez Albizu dijo “de la política no se habla, la política se hace” y eso es cierto hay que hacer las cosas.

¿Cuál fue la primera obra teatral en la que trabajaste?

Como experiencia que yo recuerde, la primera obra teatral como actriz y directora fue en la Escuela del Aire, porque se trabajaban muchos programas con libretos de teatro pero en radio. Después trabajé con Diplo (Ramón del Rivero) en La Farándula Bohemia, donde declamaba y hacía “pasada”… que significa que muchachas jóvenes “pasan” frente a Diplo, él se enamoraba de ellas y le decía tonterías pero muy bonito y con muy buen gusto.

Ay pero qué gracioso eso de las “pasadas”, ¿pasada era que tú pasabas?

Yo pasaba, ellos me decían algo y yo le contestaba, pero era muy bonito porque no era yo sola eran otras distintas muchachas, jóvenes todas.

¿También recitabas?

Siempre recité y cogí mucha confianza y aprendí mucho. Diplo era un hombre con una amplia cultura, él estudió deportes, pero se desarrolló como un hombre muy culto oyendo música, leyendo mucho era una persona extraordinaria, y él me conoció a mí durante la huelga universitaria, porque antes yo estaba trabajando nada más que en radio; luego trabajé en teatro con otros grupos como Tinglado Puertorriqueño que dirigía Francisco Arriví.

Me constaste una anécdota de cuando estabas sentada con un grupo de estudiantes…

Nosotras nos sentábamos en unas banquetas que había en la UPR para hablar de teatro, de planes y entonces ese día estábamos muy contentos porque ya se acababa el semestre y habíamos tenido muy buenas notas. Estaban Victoria Espinosa, Nilda González, Nilda Martínez, José Luis (Chavito) Marrero y tantos otros, y entonces yo les dije “Mira les voy a decir a ustedes que me voy a ir con una compañía, pienso que me van a contratar y uno de ustedes se va a ir conmigo”, y entre todos escogí a Chavito. Entonces les dije “es la primera compañía que pase por aquí”. (Refiriéndose a Puerto Rico) Al tiempo pasó una compañía que no era española, era una compañía cubana que iba por todos los países, pero da la casualidad que no necesitaban a nadie así que no nos fuimos. Al otro día todos los estudiantes se rieron de nosotros y yo les dije “pero viene otra compañía” y en esa próxima compañía que fue la Compañía Lope de Vega viajamos Chavito y yo, nos contrataron.

¡Qué interesante! Una compañía española de visita en Puerto Rico.

Sí, dirigida por José Tamayo y en la que trabajaban actores importantes. Pero lo gracioso fue que a todos los estudiantes que estaban ese día conmigo los llevé a conocer a Tamayo, porque yo tenía relación con Manuel Méndez Ballester, quien era uno de los productores de la compañía en ese momento. Así que yo sencillamente les presenté a los compañeros y entre todas nos escogieron a mí y a Chavito.

¿Qué otras obras de teatro recuerdas en las que trabajaste?

Trabajé en Al final de la calle de Gerald Paul Marín, hice Mariana Pineda de Federico García Lorca, de Lola Rodríguez de Tió hice su vida, La casa de los siete balcones de Alejandro Casona, que fue la primera obra que hice con el Instituto de Cultura Puertorriqueña cuando se hizo el Primer Festival de Teatro Internacional (1964). Fui la primera mujer que hizo teatro en un bar que fue en el Viejo San Juan.

¿Cómo se hacía teatro en un bar?

Poníamos escenografía y todo en el centro del bar y trabajaron conmigo algunos de los mejores actores de Puerto Rico, como Jacobo Morales y Walter Mercado que es muy buen actor. Entonces en televisión fui jefa de producción de Mi querida Silvia de Venevisión. Hice cine educacional con libretos de Emilio Díaz Valcárcel, hice la Casa de un amigo, con dirección de Amílcar Tirado.

¿Eso fue en cine de Educación de la Comunidad?

Sí, Un milagro en la montaña de René Marqués, de quien fui asistente de producción, y La Botija de Emilio Díaz Valcárcel, con quien trabajé como asistente de dirección.

He hecho teatro en Estados Unidos en Nueva York con Miriam Colón y con Pedrito Santaliz. Hice Cadencia en el Teatro Pobre de América de Santaliz y con el Teatro Rodante Puertorriqueño de Colón hice Flag Inside de Jaime Carrero y Al final de la calle de Gerald Paul Marín. Acá al regreso en el ‘75 hice Heroica de Buenos Aires de Osvaldo Dragún. También actué en Los cocorocos de Manuel Méndez Ballester con la que nos ganamos un premio.

¿Iris, de los dramaturgos que eran amigos tuyos como René Marqués, Méndez Ballester y Gerald Paul Marín, cuál de ellos era tu favorito para interpretar la obra?

Siempre he disfrutado mucho haciendo distintos trabajos, yo no tengo un dramaturgo que me guste, me gustan muchos, me gusta mucho Luis Rafael Sánchez. Produje La farsa del amor compradito con otras actrices, porque aunque me gusta trabajar mucho como actriz me gusta darle oportunidad a mis compañeras porque no hay tanto trabajo. Aquí se escogen obras con muy pocos personajes por lo caro que es hacer teatro, no hay dinero para poner 25 personas en un escenario. Y en ocasiones la gente por mucho tiempo no puede trabajar, entonces en una ocasión había trabajo y me dirigió Dean Zayas en Isabel viendo llover en Macondo de Gabriel García Marqués, la hice en Nueva York primero y después acá en distintas universidades y en el teatro.

¿Pero hiciste también Los soles truncosde René Marqués?

La primera persona que hizo Los soles truncos fue Madeline Williamsen, hizo una maravilla de actuación, es una obra extraordinaria. Yo la hice en el 1977 y después en el ‘91 y en el ‘98, la hice en Bayamón y en el Teatro Tapia con otra dirección (la dirigieron Dean Zayas y Victoria Espinosa).

¿Pero siempre interpretaste el mismo personaje, el de Emilia?

Sí, pero el director siempre pone algo que ve distinto.

¿Cuál de estas obras te ha marcado más?

Bueno, esa me emocionó mucho porque a René le gustó mucho mi trabajo, pero de una manera tal que la fue a ver muchas veces y encontraba que yo había hecho el trabajo que él quería se hiciera con ese personaje. Y sinceramente no siempre es fácil, después hice El apartamento (Marqués, 1965). Esa es una obra de mis favoritas, El apartamento, me encanta es bien adelantada a su época. Muy adelantada y muy difícil.Parecería sencilla porque están estos dos seres y están pasando una cinta mientras hablan y discuten, ¿por qué es difícil? Bueno porque es sencillamente muy difícil decir números seguir con una conversación y actuación.

Fíjate que interesante que digas una obra dramática, que no es dramática sino que es anti dramática yo diría, se te queda en la cabeza esa obra, yo la recuerdo siempre, cerrar los ojos y verte a ti y a Ramón Enrique Saldaña interpretando esa obra.

La hice con Saldaña, la primera vez la hizo María Judith Franco con Saldaña también. Entonces recuerdo ese pasar, leer los números mientras hablan de cosas de la vida. Eso no es fácil, no se te puede olvidar número, porque tienes que decir el tal como va porque a veces es el pie para que el otro hable, no es decir cualquier número, no puedes cambiar el número.

A mi me impresionó mucho, es una obra que no se ha hecho mucho.

No, no se ha hecho, de hecho que yo sepa esas dos veces. Una de las cosas hermosas de esa época era la amistad que había entre nosotros, el grupo de la Escuela del Aire, salíamos por la tarde íbamos a Cataño en la lancha y siempre estábamos inventando y cuando había alguna actividad como fuera, la gente no tenía carro, yo no sé que es esto cuando veo tanto carro, pero íbamos en guagua a todo.

¿Iris, cómo son los diferentes públicos en tu vida artística, como reacciona el público en un bar a diferencia del público de teatro en el Tapia o el que se interpreta en la plaza de un pueblo?

La gente que te está viendo por ejemplo en un bar va a ver la obra, fueron en la época que yo lo hice muchos intelectuales,iba Tomás Blanco, Alexander Schnider, muchos músicos, muchos profesores universitarios, o sea que no iban a embromar y yo lo hice en un sitio que era un restaurante, las personas que iban a tomar algo o a comer tenían que pedirlo mucho antes, porque no se permitía ningún ruido mientras estuviera la obra.

¿Cómo diferencias tu actuación en un teatro como el Tapia donde tienes que proyectar mucho la voz a tu actuación frente a una cámara?

En el cine hay que cortar mucho los gestos, no se pueden hacer gestos fuertes porque se tienen que usar los ojos, la emoción, la palabra. Un gesto fuerte puede quedar como una caricatura. Ya ves las actrices buenas que pasan a la historia son como Katherine Hepburn, profunda, Betty Davis era muy dramática pero no era buena actriz. Trabajaste en las películas Clara Lair y Julia de Burgos de la cineasta Ivonne Belén

¿Cómo es la diferencia de la dirección por ejemplo de Amílcar Tirado a Ivonne Belén que es una mujer joven?

En ambas trabajé. Yo no conocía a Ivonne Belén cuando fui a trabajar con ella, fue Edwin Reyes quien me vino a decir que ella necesitaba hablar conmigo para trabajar y yo me preocupé mucho ¿por qué ella me llama a mí y ahora, si ella está trabajando con Yeyita desde el año pasado? y es que hizo la película por etapas porque no tenía dinero, tenía que hacer un pedazo y después hacía otro cuando podía, y así la hizo en tres etapas o sea cuando yo la hice, ya Yeyita y Felisa Rincón de Gautier habían terminado sus partes que eran de narración.Entonces se hacían las partes mías y las otras dramáticas. En Clara Lair fue eso y después en Julia de Burgos lo mismo, ella fue a Cuba, trabajó con Benicio del Toro en Estados Unidos y después más tarde fue que hizo la parte dramática.

A mí me gusta más la de Clara Lair, me parece más compacta, más profunda, a pesar de que en la de Julia hay buenísima gente declamando y recitando su poesía. Clara Lair me parece más íntima, me gusta tu actuación también. Yo conocí a Clara Lair también, el profesor y poeta Cesáreo Rosa Nieves quiso que yo conociera a Clara Lair para que escribiera un ensayo sobre ella para darme nota, entonces fui donde ella y ella fue bien amable conmigo, la vi una o dos veces, y ella me dijo que quería seguir viéndome y hablábamos de todo, de política, de literatura, de viajes que yo nunca había hecho.

Me has dicho que cuando caminas por el Viejo San Juan la gente te habla, te toca,¿cómo sientes el cariño de la gente?

Yo creo que los artistas más queridos son los de Puerto Rico, que tal como me quieren a mí quieren a todas las personas, a nosotros los que no nos quieren tanto son los productores, o sea los que ponen el dinero, porque no conozco ningún actor rico trabajando y han trabajado toda la vida se han dedicado a trabajar, pero a ninguno han vuelto rico y en ocasiones hemos tenido que recoger dinero para enterrarlos, y eso es muy doloroso. Yo no sé si es que los quiero mucho pero los actores puertorriqueños son extraordinarios y te estoy hablando de todas las épocas. Porque ahora mismo los que se están graduando de la universidad son excelentes. Sí, ese es el amor que te tiene tu público. Sí pero estoy segura que es a mí y a todas y todos.

Bueno pero yo creo que es porque has tenido una vida tan noble. ¿Tu trabajaste mucho con la APATE (sindicato de actores)?

Sí estuve en su directiva todo el tiempo. David Ortiz fue presidente en determinado momento y trabajó muy bien. Y primero fue José Antonio Torres Martinó, hubo unos años que pintaba, pero muy poco porque todo el tiempo lo dedicaba a ese grupo y a otros grupos, fuimos miembros del MOU (Movimiento Obrero Unido). Yo me acuerdo que por ejemplo cuando había un lro. de mayo siempre iba la gente que sentía el sindicalismo de verdad.

¿Iris si pudieras mirar hacia atrás hay algún momento en especial que tu recuerdas con mucho cariño?

Bueno yo creo que la carrera de teatro, tal vez en Puerto Rico por lo que sea, porque la gente es encantadora y la gente le coge mucho cariño a uno y también antes se hacía muy buen teatro se trabajaba para hacer buen teatro y lo mismo en la televisión.

El teatro no se puede hacer sin pasión ni amor ese es un ingrediente importante, amar el teatro.

¿Y de tu lucha como militante independentista?

Si militante y además sindicalmente y en trabajo… Con Yoyo Boing que ya era un actor y trabajó en teatro hicimos Marianela juntos, él hacía el galán y lo hicimos gratis y lo llevamos a sitios pobres marginados, y también lo hicimos en el patio de la casa de Fernández. Con María Judith Franco y Ester Mari hicimos teatro en contra del servicio militar obligatorio que en ese momento era un problema grave en Puerto Rico.Entonces todos estudiamos la ley con un abogado y sencillamente la violamos y no nos castigaron.

Así, la vida de Iris Martínez, actriz y maestra, independentista y sindicalista, ha sido un suave vaivén de activismo a favor de pasiones siempre a beneficio del PuertoRico y del teatro a los a los que ha dedicado su vida buena.

Publicado en En Rojo en marzo de 2013.

Clásico Mundial de Béisbol: Violaron sus reglas para favorecer a Israel

En el Clásico Mundial de Béisbol los requisitos de elegibilidad se han violentado de forma burda, especialmente para favorecer a Israel.

Y conste, que no me refiero a los cambios de reglas que han jamaqueado los cimientos del Béisbol, como establecer límites de participación a los lanzadores o abrir de la undécima entrada en adelante, con corredores en segunda y primera. Además, terminan los juegos abiertos por nocaut (mercy rule), cuando un equipo tiene quince carreras de ventaja en la quinta entrada o diez en la séptima.

Israel sorprende con mayoría inelegible

Uno de los cuatro equipos que estaban invictos en el Clásico, al momento de preparar este escrito, era Israel, proyectado para llegar último por un grupo de estudiosos del juego, en trabajo comisionado por una de las principales casas de apuestas de Las Vegas, que los ubicó en proporción de 300-1. Los otros invictos eran Japón (4-0), Dominicana (3-0) y Puerto Rico (3-0).

Pero Israel no había sido el único generador de sorpresas, pues desde temprano se produjeron varios resultados inesperados y en general, partidos muchísimo más reñidos de lo esperado.

Como Israel nunca ha sido una plaza de béisbol para que pudiera presentar un equipo competitivo, le permitieron utilizar jugadores sin vínculo de tipo alguno con el país, pero que alegaron compartir su religión, lo que es una abierta violación a lo reglamentado.

Las Grandes Ligas son dueños del Clásico

Es importante recordar que, aunque el Clásico necesita el aval de la Federación Internacional de Béisbol es organizado y producido por los dueños de los equipos de las Grandes Ligas, en conjunto con la Asociación de Peloteros de las Mayores.

Las Grandes Ligas no están dispuestas a interrumpir su torneo o permitir la salida de las principales figuras para que participen en los Juegos Olímpicos en representación de sus respectivos países. Sin embargo, y tomando como modelo la Copa del Mundo de Fútbol, inventaron este Clásico.

Además del dineral que el evento les produce, los magnates de las Mayores lo ven como un vehículo para internacionalizar su deporte, que hasta hace muy poco era jugado casi exclusivamente en América del Norte (Estados Unidos y Canadá), los países que hablamos español y bañados por el Mar Caribe y en sectores del lejano oriente, al principio limitado a Japón.

Torneos previos para ampliar la base

En el Clásico participan 16 países, cuatro de los cuales salieron de torneos clasificatorios celebrados el pasado año. Uno de ellos fue precisamente Israel, que se impuso a Brasil, Gran Bretaña y Pakistán, que entró a sustituir a Tailandia, pero que resultó inferior. A los cariocas los vencieron 1-0 en el partido que decidió la clasificación.

Los otros equipos que entraron por esa vía fueron México, Colombia y Australia. Los mexicanos se impusieron a Nicaragua, Alemania y la República Checa. Colombia hizo lo propio con España y Francia y en el final venció de forma dramática a Panamá 2-1. Australia, por su parte, dispuso de Nueva Zelanda, Filipinas y África del Sur.

Obviamente, esos torneos cumplieron con el objetivo de regar el béisbol por todos los confines del planeta. En esos torneos clasificatorios comenzó el descarado proceso de violación de los requisitos de elegibilidad de los participantes.

Israel tiene al menos 21 “chivos”

El reglamento dice específicamente que para poder participar en el Clásico, los interesados tienen que llenar al menos uno de los siguientes requisitos:

– Ser ciudadano del país que interesa representar.

– Si el pelotero nació en otro país, pero reúne los requisitos para obtener el pasaporte y/o la ciudadanía del que busca representar, aunque NO se lo hayan otorgado.

– Si posee residencia permanente legal de la nación o territorio que lo inscribe.

– Si al menos uno de sus padres es ciudadano del país por el que interesa jugar, aunque el pelotero no lo sea.

– Si al menos uno de sus padres nació en el país o territorio, que lo inscribe para participar.

O sea, que los nietos NO son elegibles, como tampoco lo son los que comparten la misma religión, toallazo tirado exclusivamente a Israel. De hecho, solo uno de sus peloteros nació en Israel y apenas otros seis tienen al menos uno de sus padres, que sí lo hizo. Por lo tanto, los restantes 21 son “chivos” inelegibles, pues no cumplen con ninguno de los requisitos establecidos en el reglamento.

Por el contrario, aunque la mayor parte de los 23 que no nacieron en Italia, pero que lo representan, tienen padres y/o abuelos que sí lo hicieron. Diecisiete de ellos nacieron en Estados Unidos, cuatro en Venezuela, uno en Dominicana y uno en Canadá.

De los 22 no nacidos en Holanda, pero que lo representan, hay veinte que lo hicieron en Curacao (16) y Aruba (cuatro), por lo que cuentan con la ciudadanía del imperio. Los restantes son un dominicano y un estadounidense.

Hay casos y hay caso. Por ejemplo, nadie puede negarle a Adrián González o a Sergio Romo que representen a México, aunque hayan nacido en Estados Unidos. Otros diez de sus compañeros de equipo tienen características similares.

Colombia y Puerto Rico tienen ocho que no nacieron en sus territorios nacionales. Seis de los que juegan por Colombia nacieron en Venezuela, uno en Dominicana y el otro en Estados Unidos. Precisamente en ese país vieron la luz los ocho que forman parte de nuestra diáspora.

De la enorme comunidad dominicana nacida y/o residente en Estados Unidos son el lanzador Dellín Betances y el antesalista Manny Machado. Todos los restantes nacieron en Quisqueya.

Llamó la atención que el lanzador Bruce Chen, nacido en Panamá, salió de su retiro para jugar por China, de donde son sus antepasados. Otros dos de sus compañeros de equipo, son hijos de chinos, nacidos en Estados Unidos.

Canadá presentó a dos nacidos en Estados Unidos, país que tiene a uno que lo hizo en Arabia Saudita, donde estaba asignado su padre militar.

Por el contrario, Cuba, Venezuela, Australia, Japón, Taipei y Korea del Sur, solo participaron con peloteros nacidos en sus territorios nacionales.

Agradecimiento a Humberto Charneco por su incansable labor en pro del béisbol y los peloteros puertorriqueños.

La emigración en Puerto Rico

La migración es el movimiento de un lugar a otro. Éste puede ser de personas, de animales y de plantas inclusive. Cuando hablamos de inmigración de seres humanos nos referimos al movimiento de personas desde afuera hacia dentro: por ejemplo: de otro país, hacia el nuestro. Se conoce como emigración, el movimiento de personas, desde su propio lugar o país hacia otro.

En Puerto Rico han ocurridos diferentes movimientos poblacionales emigratorios desde principio del Siglo XX. Después del gran huracán San Ciriaco de 1899, la agricultura quedó devastada incluyendo la caña de azúcar y como consecuencia había un gran desempleo en el agro. Reclutadores de obreros procedentes de Hawaii, vinieron a Puerto Rico en diferentes ocasiones y se llevaron alrededor de 5,000 obreros para trabajar en la caña. La vida de estos obreros no era fácil. Las compañías tenían un sistema discriminatorio de pagos y de viviendas. También las compañías propagaron la información falsa de que los puertorriqueños habían llevado muchas enfermedades a Hawaii.

Hoy día la comunidad puertorriqueña en Hawaii, consta de más de 30,000 personas. Éstos puertorriqueños mantienen sus gustos de comida, incluyendo lo “pasteles,” su música y gran parte de su cultura. Anualmente un nutrido grupo de puertorriqueños radicados en Hawái visita la isla en búsqueda de sus raíces.

Durante la primera década del Siglo XX, algunos puertorriqueños emigraron a Cuba y República Dominicana. Otros se fueron a Ecuador, reclutados para trabajar en la construcción de un ferrocarril.

La emigración puertorriqueña se intensificó hacia Estados Unidos continentales, aunque sólo emigraron 2,000 personas en la primera década. Este movimiento emigratorio continuó durante todo el Siglo XX. Entre los años 1940 al 1950 emigraron un total de 151,000 personas. Con el cambio económico que sufrió la Isla hacia la industrialización durante la década de 1950 a 1960, la emigración aumentó a 470,000 personas. Estas se dirigieron principalmente hacia las ciudades de Nueva York, Filadelfia, Hartford, Chicago, Tampa y Boston.

Durante las últimas décadas del Siglo XX, la emigración puertorriqueña hacia Estados Unidos disminuyó.

En los primeros 15 años del Siglo XXI, emigraron hacia Estados Unidos una gran cantidad de puertorriqueños, principalmente hacia el estado de la Florida. Esta emigración aumentó vertiginosamente a partir del 2006, cuando comenzó la gran recesión económica que dura hasta nuestros días.

Las razones principales que argumentan los puertorriqueños para emigrar son: el alto costo de vida, demasiados y elevados impuestos, los empleos, incluyendo los profesionales que no son bien remunerados, alto índice de desempleo y el deterioro social. Además, la Florida está relativamente cerca y pueden regresar de visita a Puerto Rico para ver sus familiares.

Algunas de las características demográficas de estos emigrantes son: la mayor parte son jóvenes, emigran con toda la familia, incluyendo sus niños, muchos de ellos estaban empleados en Puerto Rico pero se van buscando un mejor salario y una mejor calidad de vida. La mayoría de ellos se graduó de escuela superior y alrededor de una cuarta parte son profesionales.

El autor es profesor retirado de historia

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