Un representante de Unión Independiente Auténtica conversó con CLARIDAD
En Rojo
La compañía Andújar Construction, dedicada a la construcción y renta de maquinarias, equipos pesados y bombas bypass, provocó la salida del tubo de 54 pulgadas de diámetro ubicado entre la represa de Carraízo y la planta Sergio Cuevas, en Trujillo Alto, de acuerdo con el tesorero de la Unión Independiente Auténtica (UIA), Héctor Motta Ríos.
La empresa, radicada en San Lorenzo, fue contratada por la gerencia de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) para realizar un trabajo de mantenimiento que, por falta de conocimiento, desembocó en las averías reportadas en las pasadas semanas. A juicio de Motta Ríos, el asunto pudo haberse prevenido si se hubieran desplegado las brigadas de la propia corporación pública.
“El problema es que hubo una compañía privada que no conocía que estaba ese tubo de 54 pulgadas debajo (de la zona de trabajo). Nosotros siempre hemos dicho que tienen que llevar las brigadas nuestras, que estaban disponibles ese día; pero la gerencia decidió hacer esa subcontratación. Y ahí es que se rompe el tubo”, expresó el tesorero de la unión.
No obstante, Motta Ríos no culpa al presidente de la AAA, el ingeniero Luis González Delgado, puesto que las contrataciones de esta índole son expedidas por los directores regionales. En el caso de la falta de servicio reportada recientemente, el representante de la UIA entendió que le correspondía al director de la Región Operacional Metro.
“Ya ese tubo (Sergio Cuevas) no está dando problemas. Lo que pasó fue que, una vez corregido el problema, se quedaron varios sectores sin agua. Como esto es una red, cuando se abrió el sistema de distribución, no llegó el agua porque algunas válvulas quedaron cerradas. No estamos hablando de un sabotaje. Es una cuestión de mal manejo”, aseguró.
Del mismo modo, Motta Ríos descartó que esta avería se debiera a una pugna político-partidista dentro de la agencia pública. Sin embargo, reparó en que la AAA cambió el director regional de la zona Metro a días de la falla, una determinación que pudo haber impulsado la contratación de una empresa sin el conocimiento, en este caso Andújar Construction. “Esa fue prácticamente su primera semana”, destacó Motta respecto al desempeño de Luis González Traverso, director operacional de la región Metro.
“Estas válvulas, para abrirlas, tienen que darle cierta cantidad de vueltas, y si tú no tienes ese conocimiento, pues no va a pasar el agua. Es lo que nosotros creemos que sucedió. Tiene que haber unas válvulas que quedaron cerradas por la recuperación del sistema”, elaboró el tesorero.
Sobre el nombramiento del ingeniero y excandidato a la gobernación por el Partido Nuevo Progresista (PNP), Carlos Pesquera, para estabilizar el sistema, Motta Ríos comentó que se trata de una evaluación completa del caso, de la que saldrá un informe detallado. En esos trámites, Pesquera ha visitado plantas de la AAA y tiene agendado conversar con la UIA para recopilar el insumo de los trabajadores.
“Eso es para septiembre. Hasta que no venga, no espero nada. Estas cosas suceden a menudo. Luego de eso, hubo una rotura en Bayamón que no tuvo nada que ver con lo de Sergio Cuevas. Allá, en Bayamón, eso se trabaja en la planta Enrique Ortega, que le dicen, y se ha tratado de mezclar ambos eventos. Pero son eventos separados. Esto sucede semanalmente. El caso de Sergio Cuevas es, como dije, por una compañía privada que rompió un tubo”, agregó el experto del sistema.
Motta Ríos recalcó que para futuras ocasiones es importante que las brigadas de la corporación pública, que son las que conocen el sistema de acueductos, deben encargarse del mantenimiento y los trabajos de reparación necesarios. La subcontratación, arguyó el servidor público, solo afecta esos esfuerzos.
En lo que va de este siglo veintiuno, Puerto Rico ha establecido un nuevo récord electoral para los gobiernos del anquilosado bipartidismo PNP-PPD.
Desde el año 2000 hacia acá, ninguno de los electos al cargo de Gobernador o Gobernadora ha sido reelecto a un segundo término y tal parece que ese será el resultado también de la actual gobernadora Jenniffer González Colón quien, salvo que ocurra un milagro o un golpe de suerte de esos que pasan de mil en ciento en la política, debe estar hoy presagiando el virtual fin de su fugaz gobierno que fue, desde antes de su comienzo, la «crónica de un fracaso anunciado».
Antes que ella, se quedaron sin respaldo suficiente para revalidar Sila Calderón Serra, Aníbal Acevedo Vilá, Luis Fortuño Burset, Alejandro García Padilla y Pedro Pierluisi Urrutia. Sila Calderón renunció a la reelección antes de sufrir una derrota que parecía segura. Los demás fueron aplastados por los votantes, uno tras otro, en su segundo intento a la gobernación. Hacemos excepción del caso singular de Ricardo Rosselló Nevares, quien venció a García Padilla en las elecciones del 2016, sólo para ser obligado a renunciar al cargo en 2019, bajo la brutal presión de más de un millón de puertorriqueños y puertorriqueñas de todas las tendencias políticas que tomaron las calles de Puerto Rico en protesta contra su gobierno que convirtió la burla y el desprecio a los demás en política pública. A Rosselló, hijo le sucedió en el cargo la entonces Secretaria de Estado, Wanda Vázquez Garced, quien bajo cuerda- y en medio de una feroz pandemia- mostró su ambición y sus verdaderos colores y terminó manchada y destruida por la corrupción antes de que concluyera su mandato de tan solo 18 meses .
Su sucesor Pedro Pierluisi tampoco pasó la prueba del pueblo. Cayó frente a Jenniffer González en una primaria interna que dividió en dos al Partido Nuevo Progresista ( PNP), demostrándole a Pierluisi un masivo repudio por parte de los mismos que cuatro años antes lo habían elevado al cargo. Jenniffer González ganó la gobernación en noviembre de 2024 con su partido dividido, y hoy esa brecha sigue abriéndose irremediablemente. A solo un año de su mandato, González dirige un gobierno que se hunde bajo el peso de una opinión pública y un electorado que se sienten cada vez más burlados y frustrados por la gobernanza errática, inefectiva y corrupta de este gobierno, así como de los sucesivos gobiernos anteriores del bipartidismo PNP-PPD de las últimas dos décadas y media.
¿Qué ha pasado en Puerto Rico y en sus gobiernos durante los 25 años transcurridos de este siglo veintiuno? Ha pasado que la relación de subordinación colonial de Puerto Rico a Estados Unidos ha caído en una crisis profunda, de la misma manera que han hecho crisis la gobernanza, las finanzas y las instituciones públicas en nuestro país.
En la sede del poder colonial en Washington se tiene claro que las decisiones sobre Puerto Rico están subordinadas a los intereses y prioridades del capital y los gobiernos de Estados Unidos.
Contrario a lo ocurrido en los primeros 60 años desde la invasión militar del 1898, en este momento Puerto Rico ha perdido importancia estratégica e interés para Estados Unidos. El imperio estadounidense de hoy no es el mismo del siglo veinte, ni emplea las mismas tácticas ni técnicas ni amenazas – ni se rige tampoco por las mismas reglas- para ejercer su dominio en el mundo.
Mientras acá, en los gobiernos del bipartidismo PNP-PPD se multiplicaban los esquemas de corrupción con dinero público, el clientelismo político crecía en las agencias y corporaciones públicas, se sustituyó la planificación y el desarrollo económico por una creciente dependencia de fondos y ayudas del gobierno de Estados Unidos, y el endeudamiento del gobierno de Puerto Rico aumentó a niveles impagables, los respectivos gobiernos de Estados Unidos se hicieron de la vista larga y en actitud displicente, incumplieron con su deber de fiducia con las finanzas de uno de sus territorios. Mientras, las firmas de bonos y corretaje de Estados Unidos hacían de las suyas con los bonos de Puerto Rico, y ya sonaba la alarma de la degradación de la tasa crediticia de Puerto Rico por parte de las casas acreditadoras.
No fue hasta 2016 que todo en Puerto Rico se desplomó y el resto es historia. Al final del camino, prevaleció la más descarada impunidad de todos y todas los causantes de la debacle de Puerto Rico, principalmente de los bonistas buitres americanos, que siguieron comprando deuda aún sabiendo que Puerto Rico no podría pagarla.
En ese escenario se aprobó la Ley PROMESA del Congreso, se nombró la Junta de Control Fiscal y se condujo el proceso de reestructuración de la deuda de Puerto Rico en el Tribunal de Título III de PROMESA. También eso trajo un nuevo cambio en las reglas del juego de la relación colonial y ahora son PROMESA y la Junta de Control Fiscal quienes prevalecen sobre el gobierno de Puerto Rico, con sus políticas de privatización y austeridad que empobrecen y limitan las oportunidades de nuestro pueblo.
Derrumbados los esquemas ideológicos tradicionales del bipartidismo PNP-PPD, el ELA culminado o la Estadidad federada- ambos rechazados de plano en Estados Unidos- dichos gobiernos se han dedicado a administrar mal una colonia que cada vez es menos productiva, importante y relevante dentro del esquema estratégico de la metrópolis colonial.
Los más recientes gobiernos del bipartidismo en Puerto Rico- todos del PNP- se cuentan entre los más inefectivos e inoperantes en la historia colonial de 127 años entre Puerto Rico y Estados Unidos. En la pasada contienda electoral de 2024, por primera vez tomó auge una alternativa distinta a las del bipartidismo PNP-PPD. La Alianza (entre el Partido Independentista Puertorriqueño y el Movimiento Victoria Ciudadana) logró quebrar el monopolio informativo de los medios corporativos y levantar una gran base de seguidores y votantes frustrados con el estado de cosas en nuestro país. Sus propuestas sensatas, realizables y novedosas intentaron promover una nueva forma de gobernanza- creativa y vigorosa- dentro del recortado marco de la colonia. La Alianza hizo un esfuerzo extraordinario, y sus resultados fueron sobresalientes. Su candidato a la gobernación quedó en segundo lugar en 12 municipios de Puerto Rico, muy notablemente en los cinco precintos de su Capital, San Juan. La campaña de La Alianza demostró el camino para crear, planificar, y desarrollar iniciativas económicas y sociales de impacto masivo y positivo en áreas esenciales como la educación, la salud, la vivienda y la seguridad pública, entre otros.
Lamentablemente para Puerto Rico, ese esfuerzo fue derrotado por la más feroz campaña de miedo y mentiras que se ha utilizado en elecciones generales en Puerto Rico en los últimos años. El resultado está a la vista. Prevaleció la candidata de las promesas huecas, de las mentiras, del discurso fácil, de soluciones que dependen principalmente de fondos del gobierno federal que ahora han fallado en materializarse. Nuestro pueblo, sobre todo sus sectores más alertas, deben aprender y responder a esta gran lección para actuar y en un futuro cercano derrotar al bipartidismo corrupto, fallido y dependiente de la metrópolis colonial que ha hundido a Puerto Rico.
Una cosa es ganar una elección.Otra muy distinta es querer y saber gobernar para todo un país, especialmente para quienes más necesitan y dependen de una buena gobernanza. Que en 2028 no se nos olvide.
Se le atribuye a George Orwell una frase que dice que en tiempos de engaño, decir la verdad es un acto revolucionario. Pues hoy estoy aquí para comenzar una revolución. Y tengo el privilegio de no tener que ser políticamente correcta, algo que me ha metido en muchos problemas, pero que me permite dormir muy bien, cada noche.
Estoy aquí ante ustedes como la bisnieta de un trabajador de la caña del pueblo de Guánica, Puerto Rico, donde los Estados Unidos invadieron la nación puertorriqueña por segunda vez.
Ahora bien, la verdad a veces duele. Pero eso no significa que no admire los principios sobre los cuales se fundó este país, los Estados Unidos. Los admiro tanto, que los quiero para mi país, Puerto Rico. Fui dotada por mi creador de ciertos derechos inalienables, entre ellos la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.
Y hoy, mientras estamos aquí honrando a Don Pedro Albizu Campos —y fíjense que digo «Don Pedro Albizu Campos», porque en Puerto Rico el título de “Don” se le da a quienes se lo merecen. No to’ el mundo es Don.
Por un lado de mi familia había pobreza extrema —sin zapatos, sin comida, sin futuro. Y también soy bisnieta, por el otro lado, de un dueño de hacienda cafetalera de Lares, Puerto Rico. Se pueden imaginar las discusiones entre mis padres. Uno del pueblo que protagonizó una pequeña revolución —pequeña en tiempo, pero no en espíritu— Lares, Puerto Rico. Cuando peleaban en la mesa, uno le decía al otro: “Tú, que vienes del pueblo que ni una revolución pudo lograr.” Y mi madre le respondía: “Y tú, del pueblo que ni siquiera pudo defender la patria.” Eran discusiones duras, con preguntas profundas.
Quiero hablarles de cuatro cosas sobre Don Pedro Albizu Campos. La primera, que ya Baba mencionó un poco, es su capacidad de entenderse a sí mismo como parte de un entorno mayor, su capacidad de entender, como decía Fannie Lou Hamer, que “nadie es libre hasta que todos seamos libres.” Por eso él estaba tan en sintonía con el movimiento revolucionario irlandés, y con otros movimientos revolucionarios en América Latina.
Si la pandemia del COVID nos enseñó algo, es que lo que tú haces me afecta, y lo que yo hago te afecta a ti. Así que si un niño es arrancado de los brazos de su madre en una frontera que quizás nunca veamos, es como si me arrancaran a mi propia hija, Marina, de los brazos. Si alguien entra a una escuela porque quienes deberían proteger la vida de nuestros hijos prefieren el dinero de la NRA y no aprueban leyes sensatas de control de armas, ese niño pudo haber sido el mío.
El huracán María no le preguntó a nadie por quién votó antes de arrancarnos todo. Y hoy, por la incompetencia y negligencia de un gobierno que consideró nuestras vidas prescindibles, más de 3,000 puertorriqueños no despertaron. Murieron por abandono, simplemente porque somos sujetos coloniales.
Y todavía hay gente en Puerto Rico que mañana dirá: “Ay Dios mío, ¿qué hace Yulín allá? Esa comunista. ¿Por qué están diciendo que Pedro Albizu Campos debe tener un retrato en el Club de Harvard, aunque sea independiente de la universidad?” Pero esas son las mismas personas que veneran a George Washington y a Nelson Mandela. Las mismas que dicen que estuvo bien que las 13 colonias se levantaran contra su conquistador. Qué hipocresía, ¿verdad?
Pero eso es lo que hace el colonialismo: te confunde. Te hace admirar lo que no eres. Yo lo llamo —y solo los puertorriqueños lo van a entender— el complejo del coquí que quiere ser sapo. Es una ofensa estructural diseñada para crear una crisis de identidad, para intentar despojarnos de la identidad que don Pedro Albizu Campos encarnó en todo lo que hizo.
No puedo entender cómo una nación que nació rompiendo las cadenas del colonialismo todavía mantiene sujetos coloniales.
Una de las grandes lecciones de don Pedro es que, al ver su dignidad, su resistencia y su defensa de la justicia, podemos vernos reflejados.
Quizás muchos no lo sepan, pero soy una persona profundamente religiosa. No pasa un día sin que rece al menos una parte del rosario, y le digo a Dios: “Tú que eres todopoderoso, termínalo tú, que yo tengo mucho que hacer.”
Reproducidas de la pagina de FB.
Para don Pedro, la lucha por la libertad y la justicia no era solo una lucha política, era un imperativo moral. Ese mismo imperativo moral que muchos sintieron aquí, en Nueva York, cuando vino el huracán. Los primeros en llegar a ayudarnos, siete días después de María… perdón, voy a corregirme a mí misma, nueve días después de que María devastó la isla, fueron enviados por insistencia de Melissa Mark-Viverito y el entonces alcalde Bill de Blasio, estas personas se quedaron con nosotros en San Juan por seis meses. Nadie llenó papeles; nadie pidió permiso. Escucharon, vieron y actuaron. Así era don Pedro: actuaba.
A quienes van delante de su tiempo se les llama disidentes. Pero al hacerlo, los etiquetamos como que se oponen a una norma. Eso hace que la norma suene como si fuera lo correcto. Ellos no están simplemente en desacuerdo; responden a un poder superior: a las leyes de su conciencia. Nos muestran que, para avanzar, cada uno de nosotros debe responder a su propia conciencia. Hay personas en este país que dicen que actúan según su conciencia; pero existen conciencias que unen y otras que dividen; algunas construyen, otras destruyen. Algunas impulsan agendas inclusivas y otras no. Don Pedro Albizu Campos nunca tuvo miedo de hablar.
Les cuento una historia de cuando tenía seis o siete años. Mido 4 pies 11 pulgadas y media—, y esa media pulgada es importante. Mi abuela medía 4 pies 11. Cuando tenía seis o siete años me molestaban en el recreo. Alberto Ferreras, que produjo la serie Habla en HBO durante más de 20 años, tendrá que escuchar esto otra vez. Un día mi abuela llegó a buscarme y yo tenía un labio un poquito cortado y un poquito de sangre en la nariz. Mi abuela me dijo “¿qué paja?” Cuando tu abuela pregunta “¿qué pajó?”, ya estás en problemas. Le dije que me empujaron en el recreo porque soy chiquita. Ella preguntó: “¿Empezaste tú la pelea?” Le dije que no. “¿La terminaste?” Entonces se me empezó a temblar el labio, ustedes saben ese gesto que haces cuando quieres llora, pero no quieres que tu abuela te dé una paliza. Ella me dijo: te voy a decir lo que vas a hacer la próxima vez. Eran los finales de los 60. No profeso la violencia, solo relato lo que ella me dijo. ¿Recuerdan esas loncheras de metal con el termo grueso que se rompía? Pues me dijo: “La próxima vez que te empujen, usa tu lonchera y golpéalo lo más fuerte que puedas, corre lo más rápido que puedas y grita lo más fuerte que puedas. Porque si se te alcanza te va a dar una tunda.” Él era mucho más grande.
Volvió a suceder e hice lo que ella me dijo. La llamaron a la escuela. Yo estaba sentada afuera con una gran sonrisa. Ella preguntó: “¿Empezaste la pelea?” Le dije: “No, pero la terminé.” Entramos y la maestra comenzó a reprenderme. Todos preguntaban qué había pasado; siempre fui una buena estudiante, tan calmada. Mi abuela se levantó, con sus 4 pies 11, y dijo: “Es curioso que cuando la empujaron nadie hizo nada; pero ahora que ella se defiende, resulta que es la mala. ¿Cuál es el castigo?” No sé cuántos días de castigo, pero mi abuela me dijo: “Recoge tus cosas, te invito voy a comprar un helado, porque tienes derecho a defenderte”. Y mientras íbamos en el carro me dijo algo aún más profundo: “Tienes derecho a defenderte, pero también tienes la responsabilidad de defender a los demás.”
Así que ven: él fue a Harvard, obtuvo una educación de privilegio, pero sabía que tenía responsabilidad con los demás, con su patria, con su nación. Yo no soy una súbdita colonial. Soy una nacional puertorriqueña con ciudadanía estadounidense. Eso es distinto a ser americana. No lo digo para faltar el respeto; lo digo para ponerlo en contexto. Sé que no todos los puertorriqueños sienten igual, y debemos respetar el derecho de cada quien a escoger el futuro que quiera para Puerto Rico, mediante un proceso de libre determinación en el que don Pedro creyó fervientemente, y hacerlo también con respeto por las visiones ajenas.
¿Cuál es mi visión? Ustedes ya pueden imaginarla. Pero voy a hacer algo que nunca he hecho en público: el derecho a ser libre es un derecho inalienable. La libertad y la independencia no tienen que ser reconocidas para existir. Es derecho del pueblo puertorriqueño ser libre y decidir su futuro. Si ese futuro es convertirse en un estado de los Estados Unidos, bajo condiciones verdaderas y justas, que así sea. Si lo que yo favorezco es la independencia con un acuerdo o pacto con los Estados Unidos, que así sea. Y si es independencia total, que así sea.
Don Pedro nos enseñó —y sigue enseñando—, gracias a su valentía y sabiduría, que esto es justo y necesario. Érica dijo “Viva Puerto Rico Libre.” Al principio les dije que algunos puertorriqueños veneran a don Pedro y otros lo odian; Luis, admiro que puedas poner su vida en perspectiva esta noche. Luis y yo en otros temas estaríamos en extremos distintos; pero en reconocer el legado de un hombre sobre el que, 160 y pico años después de su nacimiento seguimos hablando y 61 años después de su muerte seguimos recordando, esa es la medida de su grandeza.
No soy abogada, pero haré el favor de recordarles que esto no es lo mismo que Harvard University; el Harvard Club de Nueva York es una entidad separada. Las grandes instituciones deben ser espacios de pensamiento crítico. El discurso civil debe estar en la mesa, y eso no significa que tenga que estar de acuerdo con todo. No estoy de acuerdo con el uso de la fuerza para obtener la independencia de Puerto Rico; esa es una gran diferencia entre Don Pedro y yo. Pero no puedo condenarlo sin condenar a otros hombres y mujeres, como Blanca Canales o Lolita Lebrón, quien dijo: “No vine aquí a matar, vine aquí a morir.” Esa frase marca una diferencia. “No vine aquí a matar, vine aquí a morir.”
A veces miramos a figuras como don Pedro desde un punto de vista romántico, como si trascendieran su tiempo. Debemos entender que su lucha fue contra el racismo estructural y el colonialismo. Permítanme dos minutos más. Lo que voy a decir lo digo con profundo pesar y tristeza. Una de las cosas que intenta hacer el colonialismo es despojarte de tus símbolos. Nos enseñaron que el toro grande es el toro americano; que el huevo grande blanco es el huevo americano. Y les pido disculpas si me emociono un poco; esto me golpea profundo. Nos enseñaron también que la cucaracha grande era la cucaracha puertorriqueña y que la pequeña era la americana. El Agente Naranja se probó en Puerto Rico. A mujeres se las esterilizó masivamente en los años 40 y 50, con memorandos que decían que había “demasiados puertorriqueños negros sin educación” y que eso debía detenerse. Eso no quiere decir que toda interacción entre puertorriqueños y estadounidenses haya sido mala. Hay 6 millones de puertorriqueños viviendo en Estados Unidos y 3.2 millones en Puerto Rico. No podemos negar que en ciertos momentos hubo auge económico. Pero eso no borra que la píldora anticonceptiva se experimentó en Puerto Rico en dosis 20 veces más fuertes de lo que se usó después, y las mujeres de mi generación aún sienten las secuelas de esas pruebas.
Hay un dicho: el camino al infierno está lleno de buenas intenciones. Cuando hablamos de libertad no lo hacemos por un sentimiento antiestadounidense; lo hacemos porque, como pueblo puertorriqueño, merecemos lo mismo. Ayer regresé en avión desde Puerto Rico. Mi madre tiene Alzheimer; a veces está presente y a veces no. Me preguntó a dónde iba. Le dije que a Nueva York, y ella preguntó qué iba a hacer. Le dije que iba a la develación del retrato de Don Pedro Albizu Campos. Se iluminó. Me contó que mi abuelo la golpeaba al menos una vez al año —“por lo menos una vez al año,” afirmó ella— y que cada 23 de septiembre, en El Grito de Lares, ella se saltaba la escuela para ir a escuchar a Don Pedro. Le encantaba caminar por la calle principal para verlo estrechar manos y besar a la gente. Le pregunté: “¿Por qué ibas a escucharlo?” Y ella alzó el puño y dijo: “Porque él encarnaba la dignidad de la nación puertorriqueña.”
Lamento decir a los distinguidos miembros del Harvard Club de Nueva York —que, repito, es una entidad separada de Harvard University— y a Gustavo, que ese retrato no es solo de don Pedro Albizu Campos. En ese retrato está toda la dignidad del pueblo puertorriqueño, sin importar la ideología que profese. Ese retrato significa resistencia, perseverancia, fe. Nos recuerda que somos una sola nación puertorriqueña dividida por un océano. Nos hace entender que mientras nos tengan peleando entre nosotros, ellos están más fuertes y nosotros más débiles.
Una vez dije a un caballero: “Esto no es política, señor Presidente. Esto es salvar vidas.” Ese retrato no es solo sobre don Pedro; es sobre las esperanzas, las penas, las luchas y el camino hacia adelante de una nación entera que, aunque ha sido colonizada dos veces, ha resistido y perseverado. Haré una pequeña prueba antes de mis últimas palabras: “Yo soy boricua.” No importa dónde estemos, dilo y te reconocerán. Es importante que entendamos esto, “pa que tú lo sepas” —como decimos en la isla— es decir, “para que lo sepas,” pero también es algo que se dice con fuerza. Soy puertorriqueña, y lo digo en serio.
Nuestras vidas no son prescindibles. No teníamos que morir como morimos después del huracán María. Los que tenían la responsabilidad de ayudar —porque cuando pones botas sobre el terreno tienes una responsabilidad— no lo hicieron; fueron incapaces, no quisieron o no pudieron. Ese retrato también significa que lo que Puerto Rico sea de ahora en adelante depende de nosotros. Debemos desarrollar nuestra economía, promover la soberanía alimentaria y fomentar un modelo de trabajo que nos permita sostenernos. No podemos seguir mirando siempre al norte en busca de soluciones. Con gran poder viene gran responsabilidad —Spider-Man— y con la liberación y la libertad también viene una gran responsabilidad. Por eso llevo este pin de La Borinqueña, la superheroína puertorriqueña, creada por Edgardo Miranda, que está aquí hoy.
Menos quejas, menos conversación y más acción. Comprendamos que depende de nosotros. Eleanor Roosevelt decía: “Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento.” Ese retrato dice: no consentimos.
Mi madre me pidió que hoy dijera algo en su nombre, y por primera vez repetiré sus palabras en público.
Quiero agradecer a Amaka y a todos en el Harvard New York Club —que, como dijimos, no es lo mismo que Harvard University—. Les hablo como la bisnieta de un trabajador de la caña y como hija de una mujer de Lares, Puerto Rico, y como una mujer de 62 años —aunque quizás no lo parezca. ¡Qué bien me veo, verdad? En las palabras de un viejo himno afroamericano, espero que llegue el día en que mi madre y yo podamos decir no solo “¡Viva Puerto Rico Libre!,” sino también: “Free at last, free at last, thank God Almighty, we are free at last.”
Muchas bendiciones y muchas gracias.
Palabras pronunciadas en el Club de Alumnos de Harvard Nueva York,3 de noviembre de 2025.
Edmidio Marín Pagán tiene hoy 90 años. Fue el combatiente más joven en la Revolución Nacionalista en Jayuya, hace 75 años. No tiene reservas en decir a los jóvenes de hoy, “que no se crean el chiste de que ellos son muy jóvenes, como les dicen en algunas escuelas. Cuando yo cogí una pistola en las manos tenía 15 y aprendí a defender mi patria”.
Marín Pagán compartió con CLARIDAD algunos recuerdos de su participación y la de otros compañeros en el alzamiento armado que fue la Revolución Nacionalista de 1950 en Jayuya. Fue la segunda ocasión en nuestra historia en la que se proclamó la República de Puerto Rico. Jovial, con muchas anécdotas para contar, comienza por señalar su fecha de nacimiento: el 17 de enero de 1935.
Cuenta que luego de la Revolución fue enjuiciado en la Corte Federal de Estados Unidos en Puerto Rico. En la declaración de culpabilidad siempre había un indeciso en el jurado. Se volvía a deliberar y de nuevo había un indeciso. Entonces los federales detuvieron el juicio y los devolvieron a La Princesa. A los 16 días los volvieron a llevar a la corte. En esta ocasión, el abogado de los Nacionalistas, el licenciado José Hernández Valle, les dijo que el indeciso dudaba por Edmidio, de quien por ser menor de edad, pensaba que no lo podían enjuiciar. En esa otra ocasión el jurado declaró a todos culpables. “Ni yo, ni mi familia sabía lo que estaba pasando, por qué en esta ocasión era culpable”.
Don Edmidio, Elio Torresola, los hermanos Carlos y Fidel Irizarry, Blanca Canales, Miguel Rivera y Ramón Robles fueron juzgados en el Tribunal Federal por la quema de la oficina de correos del pueblo.
Años después de haber salido de prisión, en una ocasión que tuvo que ir al Registro Demográfico, encontró que habían alterado su fecha de nacimiento al 24 de febrero de 1934. El cambio puso a su hermana, Digna América Marín Pagán, a nacer cuatro meses antes que él, el 27 de octubre de 1933.
Tras el veredicto fue enviado a un supuesto reformatorio en Reno, Oklahoma. “No era fácil estar allí. Tuve varios trabajos. El primero fue haciendo escobas de paja. Hubo unos problemas y entonces me mandaron para la cocina. Ahí el revolú fue peor. Alguien se zafó y dijo algo de Puerto Rico que no me gustó. La verdad era que yo era muy impulsivo y, pues, lo enganché en el puño. Entonces ahí me dieron un sillazo y me dañaron en el rostro con una caída”.
Por ese altercado lo mandaron a lo que se conoce como “El hoyo”. Cuenta que estaba todo el día desnudo. A las seis de la tarde le tiraban una colchoneta. A las seis de la mañana se la quitaban. La comida era solo pan y agua. En una ocasión, cuando ya llevaba casi un mes, un doctor italiano daba un recorrido por la cárcel y ordenó que lo sacaran del hoyo. Aunque de primera intención los guardias se resistieron, ante la insistencia del galeno lo sacaron y este lo llevó ante el alcaide, desnudo tal como estaba. Antes le preguntó que si se atrevía a ir así, a lo que él contesto que sí. Ya en la oficina del alcaide, el médico les recriminó si creían que mantener a una persona en esas condiciones era justicia. ¿El resultado? El médico se hizo responsable de don Edmidio y lo mantuvo en el hospital por los 30 días que era el tiempo de castigo en el hoyo.
Don Edmidio no puede dejar de conmoverse al recordar que el médico lo mantuvo en un programa de visitas por un año, en ánimo de protegerle.
“Coabey era nuestro nido”
El héroe nacionalista describe lo que representa, tanto para él como para sus amigos de infancia y compañeros combatientes, el lugar de donde proceden. “En Coabey hay un charco, el Charco de la Suerte. Ahí los muchachos del barrio íbamos casi todas las noches con medio saco de chinas o las cañas que le robábamos a José Reyes”, contó entre risas sobre las maldades que hacían.
Don Edmidio llegó hasta el octavo grado. Comenzó el noveno, pero no lo terminó. Su primer acto de resistencia fue en la escuela primaria de Coabey. Se negó a saludar a la bandera de Estados Unidos. Le dijo a la maestra Aurea Rullán que esa no era su bandera y que si ella quería, al otro día él le llevaba una bandera de Puerto Rico. Ese día lo botaron de la escuela con una carta de regaño. Al día siguiente su padre lo acompañó a la escuela con una bandera de Puerto Rico y le dijo a la maestra que la bandera norteamericana yanqui no era ni la de su hijo ni la de él. Que si Edmidio no saludaba la bandera de Puerto Rico, entonces que sí lo mandara a la casa.
Sobre cómo se integró a la acción del 30 de octubre cuenta que ese compartir entre los jóvenes de Coabey fue un factor decisivo. Entre sus amigos tenía unos cuantos mayores que él, que habían regresado de la Segunda Guerra Mundial: los hermanos Irizarry, su primo Heriberto Marín y Griselio Torresola. Edmidio, su primo Heriberto y Griselio eran compañeros de ir al río y estuvieron juntos en el Club Cuatro H.
El 30 de octubre de 1950
De esa madrugada del 30 de octubre, contó: “De Coabey, cuando salimos, éramos 18 muchachos. El resto los cogimos en el camino. El comandante de nosotros era Carlos Irizarry, un capitán del ejército”.
Sobre su actuación en los hechos nos narra: “Yo junto a Miguel Ángel Román quemamos el correo y el cuartel de la Policía con una molotov. Yo tiré dos molotov. Cuando tiré la segunda y volteo hacia el cuartel, oigo una risita de un niño, y era un nene que lo habían abandonado en la casa. Me subí al segundo piso a tirar la bomba. Entro y agarro al niño, que estaba boca arriba riéndose, y cuando voy bajando, sube Elio Torresola. Me pregunta qué es lo que tienes en las manos. Entonces lo ve y se sorprende. Cuando salimos a la calle viene el papá. La casa era al lado del cuartel, de una barbería, un almacén de Domingo el Colorao. Luego, una escalera y las dos casas. El señor dice que él estaba trabajando. Su esposa fue quien salió corriendo. Yo no sé, pero no tenía tiempo para averiguar”.
Mientras el joven Edmidio quemaba el correo y el cuartel, su hermana Digna, estudiante de la escuela superior, bajaba la bandera de Estados Unidos del asta en la escuela junto a otro joven de apellido Rodríguez.
Marín y Miguel Pagán recibieron la orden de actuar de parte de Torresola, quien asumió el mando una vez Carlos Irizarry cae herido. En su relato, Don Edmidio expresó sus dudas de que Irizarry hubiese muerto por la herida recibida por parte del policía Camacho. Cuenta que el guardia Camacho le dispara a Carlos y que este le replica y lo mata. Se ha comentado que una enfermera en el hospital de Utuado, a donde fue llevado por Blanca Canales y Mario Irizarry, su primo, aseguró que la herida que tenía Carlos no era para morir, que lo terminaron de matar en el hospital.
La retirada
Cuando ya el fuego había consumido parte del pueblo, Torresola dio la orden de retirada. Allí ya no había más que hacer. El objetivo era salir para Utuado. Don Edmidio cuenta que estaban cayendo unos aguaceros terribles y que el camino era monte arriba. La lluvia provocó que se perdieran intentando llegar a Utuado. Salieron a un lugar conocido como Los 72 Muros, en dirección a Ciales. Ahí, una persona masón dueño de una hacienda les salvó la vida. La persona les previno de no seguir hacia Utuado porque los estaban esperando. Los montó en su Jeep. Era de madrugada y los llevó a su casa, en donde les dieron desayuno y les previno de que regresaran por Ciales y no por Utuado. “O sea, ya estábamos en territorio de Ciales a Jayuya”.
Don Edmidio y Elio Torresola (hijo).Foto Christian Rosado Medina
Para ese momento quedaban juntos él, Torresola y Pagán. Muy entusiasta, sigue contado cómo fue ese recorrido. Por el sector Mameyes de Jayuya se sale a Utuado. Por ahí bajaron y se perdieron otra vez. Salieron a la parte baja de los Tres Picachos, “el sector La Peña. Ya estamos en terreno nuestro. Allí conseguimos entrar a la casa de Toñito Cruz. Llegamos para el almuerzo”. Entonces se preguntaron: “¿Cómo vamos a entrar al barrio cuando en el batey nos está esperando toda la Guardia Nacional?”, y habían tirado morteros a los campos. Ya era el tres de noviembre. Elio Torresola visitó por unos momentos su casa, en donde estaban sus hijos, acompañado de Edmidio y Miguel Pagán. Luego salió a casa de Blanca Canales, en donde fue arrestado. El joven Edmidio fue a casa de sus padres, en donde también fue arrestado. No se sabe qué pasó con Pagán.
De la “Correccional” a Oso Blanco
Tras el arresto y el juicio en el Tribunal Federal, estuvo cinco años en la “Correccional” en Oklahoma. Luego fue trasladado directamente a Oso Blanco, en donde estuvo siete años. Se enteró en ese traslado de que su sentencia era de 200 años. Aún no sabe cómo fue que hubo una revisión de sentencia y le bajaron a una de 13 a 25 años. Después de 11 años y seis meses, salió de prisión el 21 de abril de 1961, por indulto del entonces gobernador, Roberto Sánchez Vilella.
“Yo no me puedo quejar ni un momento de mi familia. Tenía unas hermanas que eran independentistas. Uno de los esposos, el de Iris, era independentista también, Miguel Abreu. Mi hermana Ada Silvia, Awilda, tenemos un hogar que aunque no vayan por el mismo camino están ahí”. Eran ocho hermanos: seis hembras, él y otro hermano varón.
Al salir de prisión estuvo un tiempo en Chicago, hacia el 1975. Cada vez que conseguía un empleo lo despedían después de que agentes federales visitaban el lugar. Pero eso fue hace tiempo, sonríe: “El próximo año mi esposa Ibis Fernández y yo cumplimos 60 años de matrimonio”. Tienen dos hijos, Armando y Guadalupe.
A 75 años de los acontecimientos, don Edmidio no puede evitar emocionarse al recordar la gesta y a sus compañeros. Lo entristece la falta de reconocimiento. “Todo eso se mezcla, se llora. No puedo dormir tranquilo y arrancarme esas criaturas que no están conmigo, que se les ha privado de unos privilegios que se merecen. Aunque sea respeto, por dignidad. Más que nada, un agradecimiento por ese día”.
Este pasado 30 de octubre fue la primera vez que el héroe nacionalista recibió un reconocimiento. La celebración fue en la Casa Museo Blanca Canales, en Jayuya, por el Comité 30 de Octubre. Entre los presentes estuvieron su hijo Armando, sus hermanas Ada Sylvia y Awilda y su sobrina Ada Wilda Caraballo.
Al dar las gracias, don Edmidio expresó su deseo de hablar con los maestros: “A que cuando abran un libro para enseñar no expliquen los textos al revés, textos que son de mentira. A esa semilla que está creciendo ¿por qué no le dicen la verdad de nuestra historia? Vamos a aprender nuestra verdadera historia, vamos a vivirla. Somos una isla que la mayor parte ha sido diseñada para lujo del invasor, y eso quienes lo pueden evitar son nuestros maestros y juventud. Hay que educar como puertorriqueños. Respetamos la historia de cualquier otro país, nosotros convivimos con esas personas también, pero tenemos, es un deber, defender lo nuestro”.