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Liber, libro, librería, libertad

 

En Rojo

 

0.En Puerto Rico hay una librería por cada 22 mil habitantes. ¿Parece poco? En Italia hay una por cada 15 mil. El 60% son independientes. Aquí ese por ciento debe ser mayor. Son números estimados. Si queremos números precisos, tenemos que ponernos a trabajar. ¿Cuántas librerías hay en Puerto Rico? ¿Son las librerías los únicos puntos de venta? ¿Podemos fomentar la lectura? ¿Cuántos clubes de lectura hay? ¿Qué se lee? ¿Por qué? Tendríamos que empezar por lo más básico: ¿qué es un libro?

  1. El libro es el objeto tecnológico más importante que haya creado la humanidad. Alguno dirá que es la rueda, pero me atrevo a decir que si bien es ésta una gran cosa, con un libro se viaja más lejos y más cómodamente.

Sé que cuando hablamos de tecnología pensamos en una máquina pequeña que hace proezas: un celular, una laptop, un microchip detrás de la oreja, un cohete para comenzar la terraformación de Marte. En realidad, la palabra tecnología – del griego téchnē y logos–  significa la combinación de  técnica, arte, oficio  con  discurso, conocimiento.

La tecnología es un proceso. Se trata de transformar algo existente para crear algo con otra función. Se refiere al conocimiento ordenado para diseñar y crear bienes y servicios. Entonces, un libro.

La palabra libro proviene del latín liber, que significa parte interior de la corteza de los árboles. Imaginen el oficio, la tarea hermosa de derramar un discurso, algún conocimiento, en la corteza de un árbol.  Quedaba entonces ese objeto orgánico que convertía el aire de las palabras en grafía. Se creó algo como el habla pero en otro medio y con otra función.

  1. Amo los libros. Desde que tengo memoria. Sin embargo, la idea del libro como concepto para componerlos, me viene de una referencia que me diera el poeta Joserramón Melendes hace muchos años: Mallarmé. El poeta francés le escribió una carta a Verlaine en la que afirmaba que un libro debía ser simplemente un libro arquitectónico y premeditado, y no un conjunto de inspiraciones azarosas, aunque fueran maravillosas. Una unidad. El objeto que acoge esas palabras en un proceso alquímico puro -según el bardo francés- amerita diseño, oficio, arte.

Hay otros modos de definir y de reflexionar sobre el libro, pero me quedo con esta. Y así, me he dedicado a forjar objetos tecnológicos que resisten el paso del tiempo y se transforman para dejarse contener en otros formatos lejanos a la corteza de los árboles. Sin embargo, si hablamos de preferencias, a mí me gustan los libros que puedo sostener en las manos, olerlos, pasar las páginas y sostenerlas ligeramente en su lugar con el índice.

  1. Como habitante de una isla por desgracia cautiva en el Caribe, le adscribo a esos objetos tecnológicos un papel fundamental. Son vehículos esenciales para la educación y la transmisión del conocimiento. Esa es ya la gran cosa. Sin embargo, en países subordinados a una metrópoli, los libros pueden reflejar las tradiciones, valores y creencias de una sociedad que sean dignas de preservar.

Además, el proceso del libro y el ecosistema cultural que crea estimula la imaginación y la creatividad, forjando relaciones entre escritores, artistas y pensadores a explorar nuevas ideas y perspectivas.

Por otro lado, en países donde los procesos democráticos y los diálogos están obstaculizados por el propio sistema colonial y los intereses del capital, los libros pueden facilitar la discusión, el pensamiento crítico y el debate en la sociedad. No es raro que escritoras y escritores estén trabajando en comunidades empoderando a las voces marginadas y fomentando el cambio social.

¿No son acaso los libros testigos de la historia de un país, documentando eventos, movimientos y cambios que han moldeado su desarrollo? ¿No han visto las citas en la última producción de Bad Bunny? ¿No es eso un meloso modo de derramar la importancia de los libros en otros medios? ¿Deberíamos tomar más fotos de los libros? ¡Claro que sí!

  1. Las librerías y editoriales independientes desempeñan un papel crucial en el ecosistema literario y cultural. Esas pequeñas editoriales potencian una amplia gama de voces y perspectivas, publicando obras que no encontrarían espacio en las grandes editoriales. Sobre todo, se brindan oportunidades a escritoras y escritores noveles y menos conocidos, creando relevos en forma y estilo.

Así mismo, las librerías independientes son centros culturales que organizan eventos, lecturas y talleres, fortaleciendo la comunidad local. En las librerías se ofrecen una selección más cuidada y especializada de libros, lo que permite a los lectores descubrir obras únicas de acuerdo a sus intereses. Por eso extrañamos tanto la Librería La Esquina en Río Piedras y le tenemos tanto amor a El Candil en Ponce o a Librería Laberinto en el Viejo San Juan, ambas con espacios de encuentro y editoriales independientes que permiten esto que decimos. Igual en Aguadilla, La Casita, por dar unos pocos ejemplos, se promueven la diversidad literaria, resistiendo la tendencia hacia la homogeneización del mercado editorial. Hablar con Tamara Yantín, Javier, Tito Rentas, Aileen, José, Luis Negrón, Leah, es abrirse a un conocimiento profundo de los libros, brindando recomendaciones personalizadas y creando una experiencia más enriquecedora para los lectores.

  1. ¿Está desapareciendo el objeto libro? Sin duda, lo que antes llamábamos internet de manera genérica a cambiado las cosas. Hace algunos años se presagiaba el fin del libro. Me negué a creer tal cosa porque, enamorado al fin, me juré guardar esos libros amados. Lo cierto es que toman otros formatos y los tradicionales, por llamarlos de alguna forma, no han desaparecido. De alguna manera se ha fortalecido su intercambio. Por ejemplo, las redes sociales han transformado significativamente la promoción de libros al permitir a autores y editoriales llegar a audiencias globales sin los costos asociados a los métodos tradicionales de mercadeo. Además, se ha facilitado la comunicación entre autores y lectores, permitiendo a los escritores interactuar directamente con su público, recibir retroalimentación y construir una comunidad.
  2. Ciertamente, las plataformas visuales como Instagram y TikTok han popularizado el bookstagram y el booktok, donde los lectores comparten reseñas y recomendaciones, aumentando la visibilidad de ciertos títulos.  No puede negarse que las redes sociales han democratizado -una idea que podemos debatir en otro momento- la promoción de libros. Las librerías y las editoriales tienen ese complemento que las fortalece.

Pero, finalmente, repito algunas preguntas para el diálogo: ¿Son las librerías los únicos puntos de venta? ¿Las librerías son algo más que un punto de venta?¿Podemos fomentar la lectura de manera divertida y creativa? ¿Cuántos clubes de lectura hay? ¿Cuántas tertulias? ¿Dónde? ¿Qué se lee? ¿Por qué? Tendríamos que empezar por lo más básico: juntarnos.

 

Lo que propuso Hostos en el 98

 

Orlando José Hernández

Especial para En Rojo

Después de más de treinta y cinco años de exilio, regresaba a su patria, el 27 de septiembre de 1898, Eugenio María de Hostos. Unas semanas antes, el 2 de agosto, había fundado en Nueva York la Liga de Patriotas Puertorriqueños como un instrumento de lucha política y desarrollo educativo. La Sección Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano, dominada por anexionistas, se disolvería esa misma noche, en el mismo lugar (el Chimney Corner Hall), en los momentos más decisivos de la gestión que había asumido como suya: lograr una Revolución de Independencia. Su liderato, con Julio J. Henna y Roberto H. Todd a la cabeza, confió en que los Estados Unidos trataría a Puerto Rico de una manera justa y democrática.

Hostos, en cambio, informado por su amigo cubano José Ignacio Rodríguez, funcionario de la alta diplomacia del gobierno estadounidense, estaba prevenido de que los Estados Unidos tenía planes de anexar a nuestro país con carácter permanente desde antes de la invasión del 25 de julio de 1898. Los invasores usaban como justificación el llamado derecho de conquista, que Hostos impugnó en la prensa de ese país, no solo como antidemocrático e ilegítimo, sino también contrario a los principios republicanos. Es verdaderamente una ironía que fueran Estados Unidos y Francia, dos potencias imperiales que practicaron la anexión por vía de la conquista en múltiples ocasiones, las naciones que en el 1928 formularon el Tratado de Bryan-Kellogg, que prohibía el derecho de conquista.

En Puerto Rico, Hostos concluyó muy pronto que la sociedad estaba enferma, física y mentalmente, a causa de los estragos del colonialismo. Propuso la creación de institutos municipales en todos los pueblos de la Isla, con escuelas diurnas mixtas, para niños y niñas, una escuela nocturna para obreros, un periódico comunitario y un programa de conferencias públicas. Estuvo en la Isla apenas 15 meses (más de uno de ellos, atendiendo los trabajos de la Comisión Puertorriqueña en Washington), fundó los institutos de Juana Díaz y de Mayagüez, como los mecanismos operativos de la Liga, escribió decenas de artículos, y levantó un movimiento de participación ciudadana no-partidista, que, por medio de la educación y la autogestión, pudiera dar al traste con las terribles condiciones en las que vivía la inmensa mayoría de nuestro pueblo.

La labor de Hostos durante esos quince meses fue intensa y realmente visionaria. Sus propuestas e iniciativas promovían una modernidad inclusiva y lo que hoy llamamos una economía solidaria. La Liga de Patriotas Puertorriqueños fue pionera como organización no gubernamental (ong). El ilustre mayagüezano fue un precursor de la sociedad civil, con sus conferencias públicas de educación popular y sus propuestas de desarrollo social y político por vía de la autogestión y el activismo cívico. Se trataba —según Hostos— de hacer la política al revés del colonialismo. Criticó abiertamente la usurpación antidemocrática de la soberanía del pueblo puertorriqueño por parte de los Estados Unidos e hizo una intensa campaña en la prensa en pro de un plebiscito o, en su lugar, una asamblea nacional, para que se expresara la voluntad del pueblo puertorriqueño.

Con la inspiración que les ofrecía Hostos, la redacción completa del Correo de Puerto Rico, un excelente periódico dirigido por el intelectual dominicano exiliado Eugenio Deschamps, y algunos de sus amigos, se abocaron a crear una escuela nocturna en las oficinas del rotativo en Ponce. El 23 de enero de 1899, el periódico anunciaba la creación de una escuela nocturna. Con el título de “Para el Pueblo”, el editorial leía en parte: Estamos en una era de renacimiento, y precisa que la ciudadanía se ponga en aptitud de comprender la gran obra del progreso: unos comunicando su luz y otros recibiéndola. Era una propuesta de educación popular. Hostos había realizado tareas similares en Santo Domingo cuando fundó la Escuela Nocturna de Trabajadores, en el 1888, y recién iniciaba otra en Juana Díaz.

Por esos meses, en algunos sectores políticos se discutía poner un impuesto al voto de un dólar (equivalente a $38 hoy en día). La medida limitaría significativamente la participación de las clases trabajadoras. Hostos combatió la medida en su artículo “El impuesto del voto”, en el que señalaba que ese impuesto representaría un vejamen para nuestras libertades más grandes […] no es posible que existan en el cielo de la patria, como en pasados tiempos, nubes de privilegio y exclusivismos que le cubran como sombras de oprobio y de vergüenza. (El Tiempo, 28 de septiembre de 1899, p. 2) Con la Ley Foraker, el Congreso de los E.U. se encargaría de restringir el voto. Se impuso un requisito de elegibilidad alternativo: o ser propietario, o saber leer y escribir, en un universo ya reducido a la mitad por la exclusión del voto femenino.

El tema de la justicia y la represión es otro al que Hostos dedicó esfuerzos. Entre agosto de 1898 y principios de 1899 fueron encarcelados más de 100 puertorriqueños por ser los supuestos incendiarios de propiedades de españoles y de colaboradores del régimen. A la mayoría de estos no se le formuló cargos y muy pocos tuvieron juicio. Bajo la ley marcial, que imperaba entonces, no existía el recurso de habeas corpus. Hostos escribió una carta al presidente McKinley en la que le informaba de la situación, le pedía el indulto de todos los encarcelados y que aplicaran las garantías civiles de la Constitución de los E.U. En mi libro, Documentos de la Liga de Patriotas fundada por Hostos, discuto este tema en detalle, que el historiador Fernando Picó trató en La guerra después de la guerra, sin detectar que en muchos de los casos fue un ajuste de cuentas y persecución contra el independentismo.

Algunos meses después Hostos censuró el segundo encarcelamiento del patriota Evaristo Izcoa Rivera, fundador y director del periódico El Combate, por haber violado la Ley federal de correos. Había violado una ley completamente desconocida en el Puerto Rico de 1899.

A don Eugenio le preocupaba profundamente el bienestar del pueblo y propuso políticas económicas que pudieran crear riqueza compartida. Una de estas fue la distribución de las tierras baldías o solariegas, siguiendo el modelo estadounidense del Homestead Act, o Ley de Asentamientos Rurales, que promovió Lincoln y legisló el Congreso en el 1862 en los Estados Unidos.i Esa medida hubiera tenido un impacto significativo en Puerto Rico para romper con la estructura estratificada que regía en el campo, donde vivía entonces la inmensa mayoría de nuestra población. Propuso, además, la creación de cooperativas de producción y la modernización de la economía mediante el desarrollo del sector agrícola sobre bases científicas, junto a la actualización de la infraestructura del país.

El Huracán San Ciriaco, que azotó Puerto Rico el 8 de agosto de 1899, ocasionó más de 3,000 muertes y tuvo un efecto devastador en la economía de la Isla. Con la pérdida de las cosechas, el bloqueo comercial de la guerra y la devaluación de la moneda, la economía había entrado en recesión. Hostos propuso un empréstito o préstamo por la cantidad de $21 millones, para reactivar la economía, cifra equivalente hoy a $754 millones.ii Se trataba, sin duda, de una cantidad considerable de dinero, con el que se atenderían obras de envergadura, de forma descentralizada, asignando $3 millones a cada departamento (distrito).

Ante el descalabro económico que se vivía, Hostos organizó una asamblea de pueblo en la ciudad de Mayagüez a la que asistieron más de 300 personas de esa ciudad. Se nombró un comité que estudió las consecuencias económicas del flagelo y se sometió a aprobación una propuesta que habría tenido gran impacto en toda la Isla. En la reunión extraordinaria del Concejo Municipal de 18 de agosto de 1899, se discutió la propuesta, que se aprobó unánimemente, con el visto bueno del alcalde, Diego García St. Laurent. El plan incluía la creación de un banco agrícola y comercial en cada uno de los siete departamentos y un programa de asistencia a agricultores, la creación de escuelas agrícolas, el desarrollo de infraestructura, incluso un programa de rearbolación, que ahora llamamos reforestación. En su propuesta Hostos mencionaba como uno de los beneficiarios de esta medida a la clase obrera.

Hostos le escribió una carta al General Davis, gobernador militar de la Isla, en la que explicaba la propuesta.iii No sabemos si tuvo respuesta. El ilustre mayagüezano había propuesto una medida de activación económica similar a la que el economista británico John Maynard Keynes propondría para combatir la Gran Depresión, y que Franklin Delano Roosevelt finalmente pondría en práctica durante su segundo término. Solo que Hostos la había propuesto 30 años antes. En 1883, había inaugurado la cátedra de Economía Política en el Instituto Superior de Santo Domingo. Y aun antes, su amistad con el presidente peruano Manuel Pardo y Lavalle, que databa de su visita al Perú de 1871, le permitió profundizar sus conocimientos sobre cuestiones económicas. Pardo había estudiado economía en Barcelona y fue el primer presidente civil de ese país.

Las medidas de inclusión y las propuestas de desarrollo económico que propulsó Hostos cayeron en los oídos sordos de los políticos. Aunque pocas tuvieron éxito, sus luchas son una importante referencia para las nuestras.

El 11 de agosto de 1926, la periodista Ángela Negrón Muñoz, importante feminista, pronunció un discurso frente al Monumento a Hostos en el campus de la Universidad de Puerto Rico, en el que explicó por qué había trabajado, como vicepresidenta, en la Asociación Conmemorativa Eugenio María Hostos. Aducía Negrón Muñoz que en la concepción jurídica de Hostos no se establecía diferencia en derechos y deberes entre los géneros, de forma que en las Lecciones de derecho constitucional se le extendía el sufragio a la mujer. La defensa del derecho para todos los seres por igual, sus ideales de libertad y justicia eran ideas de Hostos que las mujeres feministas valoraban, decía Negrón Muñoz en su discurso.

En el 1969, cuando se propuso la creación de un colegio universitario en la ciudad de Nueva York para ofrecer educación a los puertorriqueños, el nombre que escogieron fue el de Eugenio María de Hostos. Hace algunos años, en 1989, cuando CASA PUEBLO lanzó al mercado una nueva marca de café cultivado en Adjuntas, lo llamaron Madre Isla, el nombre que utilizaba Hostos para referirse a Puerto Rico.

No es accidental que el Departamento de Educación oculte la importante gestión de Hostos. El pensamiento de Hostos es una bandera de lucha contra las lacras coloniales en nuestro país, contra la corrupción de los gobiernos de turno, a favor de la igualdad de la mujer, por una educación de calidad y para lograr un desarrollo económico autogestionario.

Notas

iEl Homestead Act fue muy exitoso para poblar y desarrollar el Oeste de los E.U., pero tuvo nefastas consecuencias para los pueblos originarios, con el resultado de que cientos de miles de indígenas fueron desplazados de sus tierras y muchos otros murieron en los conflictos y guerras que ocasionó. El libro de Roxanne Dumbar-Ortiz así lo documenta: An Indigenous People´s History of the United States, Beacon Press, Boston, 2014. Ver también de Jorge Álvarez, “Homestead Act: la ley promulgada por Lincoln”: https://www.labrujulaverde.com/2017/02/homestead-act-la-ley-promulgada-por-lincoln-que-daba-tierras-a-los-inmigrantes-para-colonizar-el-oeste-americano; y de Robert V. Hine y John Mack Faragher, The American West. A New Interpretive History, Yale University Press, 2000.

iiLos veintiún millones de dólares de esa época equivaldrían hoy a $754, 001, 204.82. El cálculo se hizo por el CPI Inflation Calculator: https://www.officialdata.org/us/inflation/1800.
iiiTomo IV, Cartas, de sus Obras completas, 1939, pp. 221-223.

 

“Like a Complete Unknown” y la leyenda de Bob Dylan

 

 

En Rojo

No soy crítico del cine y menos de la música. Tampoco soy “dylanogista”, pero sí he seguido casualmente las canciones (y también los documentales y otras versiones fílmicas de su arte y vida) del cantautor Bob Dylan. Eso es más o menos la época – 1961-1965 – cubierta por la película actual Like a Complete Unknown, hasta su premio Nobel por literatura en 2016. Además, he estado — muy de paso – en Hibbing, Minnesota, donde creció Robert Zimmerman, conocido por los últimos 65 años como Dylan.

Durante los años 1956, 57, 58 visitábamos a mi tía abuela, quien era ministra metodista en el pueblito de Deer River, de alrededor de 900 habitantes, dentro de la región Mesabi de minas abiertas de hierro, y para llegar tuvimos que pasar por la pequeña ciudad de Hibbing, el centro comercial de la región. En mi memoria, Deer River fue un poco salvaje: mineros blancos, gomas y aros de sus autos y guaguas (con rifles y escopetas de cazar y cañas de pescar visibles en mayoría de ellos) incrustados por el fango rojo del hierro. También hubo una presencia originaria, una minoría en resistencia con su propias viviendas, costumbres y artefactos culturales.

Para un niño de 8, 9, 10 años, Deer River tenía energía y vida, mientras la calle principal de Hibbing parecía demasiado conocida, seca, vacía de diferencias, doméstica, como la ciudad en Wisconsin donde trabajaban mis papás. Fue en estos años, según la biografía apócrifa de Dylan, que el joven Zimmerman comenzó a aprender a tocar la guitarra, formar grupos de “rock”, admirar Elvis y Little Richard y estudiar leyendas de música folk y blues como Woody Guthrie, Lead Belly y Muddy Waters. En septiembre de 1959, Dylan llegó a la Universidad de Minnesota, no tanto para estudiar sino para tocar, cantar y escribir canciones en la manera de sus mentores para públicos locales en el sector estudiantil Dinkytown de Minneapolis.

Puede ser que Bob estaba en Hibbing cuando yo pasé en el Buick de ’53 con mi familia. Poco importa, porque en enero de 1961 él visitó a Woody Guthrie, sufriendo de la enfermedad incurable de Huntington en el hospital de Greystone Park, Nueva Jersey, y entró en el caótico ambiente cultural “beat” y “pos-beat” de Greenwich Village. Es allí que comienza Like a Complete Unknown como ‘bio fílm’ – tan apócrifo como su propia vida – de los cuatro años y medio que forjaron la presencia icónica — guardada en capas de verdad y ficción, enigmática, en transformación y no entendible pero siempre completamente él — del más destacado cantautor (en inglés) de los siglos 20 y 21.

No hay nada accidental o fortuito en el proceso. Autodidacta o no, él sabía de música y cómo tocarla. Por ejemplo, bajo seudónimos ha tocado como “back-up” con muchos grupos a través de su carrera. Like a Complete Unknown da vistazos de esto cuando toca piano casualmente con la misma fluidez que tiene con su guitarra o dirige cambios en el estudio. Pretendía timidez, naiveté, ser necio o aprendiz, pero a sus 20 años tenía una educación musical – aunque no formal – sólida enraizada dentro de tradiciones populares americanas.

De la misma manera, la poesía de su – penetrante, densa, comprimida y compleja – letra sobre pasa la intensidad y el ritmo de los poetas “beat” y refleja, además de su conocimiento de la letra de Guthrie, Waters, Hank Williams, Lead Belly y muchos otros, y la poesía de T.S. Eliot, Ezra Pound y Dylan Thomas, entre otros.

Su voz, como su música y letra, tiene ritmo, movimiento y textura, pero hace falta melodía. En vez de miel, ofrece gravilla o “papel de lija” (Joyce Carol Oates). En resumen, como precursor de artistas de rap y hip-hop, Dylan no canta tanto como habla, grita, gruñe su letra, romántica o cáustica, de forma única y genial en una voz siempre cortante con el tañido algo torcido de la cuerda de acero de una guitarra.

Como muchos otros, empecé a escuchar a Dylan en los primeros años de los 1960, sin saberlo, en versiones de canciones como “Blowin’ in the Wind”, “The Times They are a-Changing” y “Mr. Tambourine Man” por grupos como Peter, Paul and Mary y The Byrds y cantantes como Joan Baez. Era la letra y música escrita por Dylan que comenzó a transformar la noción de música “folk” y de protesta antes de que saliera un disco (su segundo, “Freewheelin’ Bob Dylan”, 1963) de él cantando sus propias canciones como “Girl from the North Country” and “A Hard Rain a-Gona Fall”.

Esta es la progresión de Like a Complete Unknown como película: Dylan como invisible, entonces visible y luego sobre visible con las expectativas de demasiadas personas pendientes de su cada movimiento. Así surge su necesidad de rompimiento, cambio de dirección y re-invención de héroe a antihéroe.

Pero cada paso en ese camino es calculado y consolida la constelación de quien es Bob Dylan. Y siempre existe el trabajo, porque la productividad Dylan como cantautor es asombroso. Todo comenzó con las canciones inmemorables de 1961 – 1965, pero el Dylan real y más importante crece continuamente durante los próximos casi 60 años que no se tratan en Like a Complete Unknown (depende de cómo se cuente, pero hasta cien o más álbumes).

La película actual se basa en el libro Dylan Goes Electric! (2015) de Elijah Wald. La dirige James Mangold (con éxitos notables pero tal vez más al punto aquí como director de Walk the Line (2005), el celebrado ‘bió film’ de Johnny Cash, quien también figura en la trama de Like a Complete Unknown). Es una versión-ficción de los hechos históricos, que funcionan como letreros, mientras mucha de la acción en la carretera es relleno imaginado o inventado. La cercanía de Dylan y Peter Seeger antes de los festivales de New Port en 1963, 64, 65 ayuda mucho a la trama, pero no ocupa tanto espacio en otros recuentos. El nombre de la novia de Dylan cambia en la película a Sylvie Russo (tal vez Suze Rotolo no dio permiso para utilizar su nombre). The Byrds experimentaban electrónicamente con la música de Dylan tan temprano como 1964, el año antes del choque entre “folk” y “rock” y el uso de guitarras eléctricas en New Port en julio de 1965, entre otros datos.

Sin embargo, esta mezcla de hechos e imaginarios hace una muy buena película, tal vez la mejor que vi – no siendo crítico de cine – el año pasado. Las actuaciones de sus cuatro personajes son impecables. El excepcional Timothée Chalamet actúa Dylan de forma precisa, informada y comprometida. El experimentado Edward Norton se transforma en el activista-cantautor-leyendario Pete Seeger. Elle Fanning brilla en su amor y sufrimiento como Sylvie Russo, la novia de Dylan. Mónica Barbaro da presencia vital como Joan Baez, la otra cantautora estrella de “folk” de la época de 1961 – 1965 y la otra, a veces, amante de Bob Dylan.

Es difícil encontrar falta con la manera en que actúan y cantan. Elle Fanning no canta, pero Chalamet, Barbaro y Norton muestran talentos de tocar y cantar tan notables que en ningún momento requieren la intervención ni respaldo de las voces originales. En ese sentido el director Mangold, como hizo en Walk the Line, ha creado un hito en cine musical, y la película, como la vida de Dylan, es la música.

Capturar las complejidades del enigmático Dylan es el trabajo más arduo de la película. Chalamet, aun con ayuda prostética, no logra recrear la totalidad del cuerpo delgado, felino y medio torcido en sus movimientos ni del juego de cara y ojos que proyecta tanto la inocencia como la profundidad del joven Dylan. No obstante, es el mejor acercamiento que han hecho en los muchos intentos. Solamente Cate Blanchett en I’m Not There (2007) logra llegar tan cerca a como lo hace Chalamet al captar algo táctil y sensible de Dylan.

Precisar el punto o raison d’être de Like a Complete Unknown es más resbaladizo: ¿el descubrimiento de Dylan?, ¿el cambio de la naturaleza de la música “folk”?, “¿ver dos romances fracasadas y lo difícil de Dylan comprometerse en relaciones personales?, ¿mostrar la pedantería y rigidez de la supuestamente “natural y libre” música “folk”?

Primero, pienso que es una película creada principalmente para los que no conocen bien la música o el mito de Bob Dylan y que probablemente no son productos culturales de los años 1960. Segundo, aunque es difícil desenredarlas, la película es más sobre la música que la personalidad de Dylan. La música (y letra) de Dylan siempre fue parte “blues”, parte “beat”, parte “country”, parte “folk”, parte “rock” y nunca solamente una(s) u otra(s). Con todas las invenciones, distracciones y máscaras personales, siempre ha sido cien por ciento Dylan con la confianza de creer no solamente en sí mismo sino en su letra y música y sus raíces; confianza suficiente para salir de Hibbing a los 18 años y entrar en el ambiente musical y cultural de Greenwich Village a los 20 años. Para julio de 1965 es la voz más importante de la música norteamericana, y allí comienza su verdadera carrera de vida de escribir y tocar sin tener que pagar más cuotas ni deudas a nadie, ni siquiera a Woody Guthrie.

El primero de enero saqué la tocaCD del closet y busqué los viejos discos (sé que mi IPhone tiene todo esto, pero . . .) y pasé la tarde escuchando y cambiándolos. Mi educación y gustos musicales son limitados: además de ejemplos de “jazz”, cinco cantautores siempre han captado mi atención y afición auditiva: Bob Dylan, Bob Marley, Silvio Rodríguez, Víctor Jara y Paul Simon. Por eso regresé a ver A Complete Unknown el pasado cinco de enero.

 

En Ítaca

 

 

Acaso Ítaca sea el desierto
al que he llegado
con esta edad,
estos libros,
muebles y objetos.

No pocas veces
me he preguntado
a dónde terminará
cada cosa,
si estarán en buenas manos.
Cuál libro en cuál mano,
cuál echado con prisa
en el cajón reservado
para el vertedero.

Un corazón
en que el latido salta
con fervor y breve aviso.
El ritmo de una respiración
que cesa cuando duermo.
El cansancio en las rodillas.
El peso. Ah, el terrible peso,
el grado cero acumulado
sobre quien siente
el abandono del ángel,
del mundo.

Entre los dedos sopeso
un pequeño juguete.
Pronto mi estatura
comienza a encoger.
Del desamparo seré la noticia.
Romperán la puerta,
guiados por el olor de días.
Tras el levantamiento,
manos con prisa
procederán a desalojar
el apartamento
para el próximo inquilino.

Al lado del cuerpo
un pequeño juguete
reproduce la escena
en la pintura de Miguel Ángel,
donde un dios y un hombre
rozan, apenas, los índices.

Allí, donde nada sobra.
Allí, en Ítaca.
Donde nada queda.

 

Guaynabo, 6 de enero de 2025

 

Segunda parte de mis experiencias favoritas con el cine del 2024

 

Especial para En Rojo

 Las próximas seis películas concluyen la primera parte de mi lista de las mejores del 2024, publicada el 2 de enero en En Rojo. Como especifiqué en la introducción de la primera parte del artículo, estas son tan solo las experiencias más intensas que tuve durante el año y sobre las cuales no escribí. Se me siguen quedando fuera experiencias que valoré, como Wicked (dir. Jon M. Chu; EE.UU., Japón y Canadá, entre otros, 2024), a la cual fui arrastrando los pies y, al final, por poco me levanto a aplaudir como si hubiese estado en el teatro. Con todo el dolor de dejar el musical afuera (inclusive, con lo boquiabierto que quedé con Cynthia Erivo y Ariana Grande), las siguientes experiencias me abrieron puertas a nuevos viajes que nunca pensé que tendría o que disfrutaría tanto.

Después de haber escrito sobre Challengers (dir. Luca Guadagnino, Italia y EE.UU., 2024), no puedo creer que el 2024 me trajo otra joya de Guadagnino en Queer (Italia y EE.UU., 2024). Entiendo las críticas que ha tenido, desde su construcción sumamente estereotipada de los mexicanos y del México de la década de los 40, y la fantasía problemática de los expats, esa gente blanca viviendo fuera de su país primermundista y que mantienen su privilegio colonizador. En este caso, el expat es William Lee (Daniel Craig), un escritor estadounidense que escapa a México por su adicción a la heroína. Lee explora esa “fantasía del Sur” mientras busca aventuras sexuales y una droga que le abrirá sus capacidades telepáticas. Guadagnino retrata esta fantasía con la poesía romántica de su Call Me by Your Name (Brazil, Francia e Italia, entre otros; 2018) y de la mano de su director de fotografía, Sayombhu Mukdeeprom. La soledad del protagonista en un mundo que no entiende, que se siente más claramente al final (y no he dado spoilers), fue un golpe para mí.

Sing Sing (dir. Greg Kwedar, EE.UU., 2024) fue otra experiencia de soledad y aislamiento, pero que resalta el poder liberador del teatro. La película se enfoca en Rehabilitation Through the Arts, un programa establecido en la prisión de máxima seguridad de Sing Sing en Nueva York. Coleman Domingo encarna el rol de John “Divine G” Whitfield, uno de los miembros fundadores del grupo, con la fuerza emocional que usualmente asocio con su trabajo. Sin embargo, el poder de Sing Sing está en cómo la mayoría de los actores son convictos reales de la prisión. Clarence “Divine Eye” Maclin, que cumplió una condena en Sing Sing por robo en el 2012, actúa una versión más joven de sí mismo y de cómo este se desenvolvió en la organización. En cada rostro, leemos un mundo de experiencias difíciles que han llevado a cada uno a la prisión. Sin embargo, como espectador, son refrescantes el disfrute y la dedicación con la cual todos trabajan para montar el musical más loco y divertido jamás visto. Es imposible no salir de Sing Sing sin una sonrisa inspirada por hombres que sufren por la pérdida de su libertad.

Tanto como en Sing Sing, donde el director se enfoca en comunidades marginadas, en Anora (dir. Sean Baker, EE.UU., 2024), que ganó el Palme d’Or en el festival de cine de Cannes del 2024, el director nos trae otra historia con personajes que sobreviven en los márgenes. Así como en Tangerine (EE.UU., 2015) Sean Baker cuenta la historia de una prostituta trans que busca a su novio para pedirle cuentas por su infidelidad y en The Florida Project (EE.UU., 2017) captura las travesuras y tristezas de unos niños que viven con sus familias en los moteles justo a las afueras de Walt Disney World, Anora sigue a una prostituta (Mikey Madison) que se enamora de un joven cliente ruso multimillonario (Mark Eydelshteyn). Baker es uno de mis directores estadounidenses favoritos y en Anora dirige su propia versión de una de mis películas favoritas de Federico Fellini, Le notti di Cabiria (Italia y Francia, 1957). Los finales en ambas películas nos recuerdan la crueldad de un mundo contradictorio donde todavía se encuentra una chispa de esperanza tanto en un abrazo de Anora como en la sonrisa llorosa de Cabiria (Giulietta Masina).

No propongo que esta preferencia sea compartida por todos mis lectores, pero MaXXXine (dir. Ti West; EE.UU., Reino Unido y Nueva Zelandia, 2024) fue una de las películas que más disfruté este año. MaXXXine concluye una trilogía de terror que me he gozado y cuyo segundo volumen, Pearl (dir. Ti West, EE.UU. y Nueva Zelandia, 2022), que reseñé para Claridad el 21 de septiembre de 2022, es una pequeña joya de terror. También podría ser que amo MaXXXine porque es una película sobre el cine y cuyas referencias van desde el Hollywood y la industria del cine porno de los 80 hasta clásicos del cine como Body Double (dir. Brian De Palma, EE.UU., 1984) y Chinatown (dir. Roman Polanski, EE.UU., 1974). Pero estoy totalmente convencido de que la actuación de Mia Goth en el personaje protagónico me obliga a seguir regresando a una de las trilogías que más revisité en el 2024.

Una sorpresa difícil durante este año fue el desgarre emocional de The Zone of Interest (dir. Jonathan Glazer; Reino Unido, Polonia y EE.UU.; 2024), que ganó el Oscar por mejor película extranjera en el 2024. Es interesante que en el cine, un medio primordialmente visual, The Zone of Interest es aterradora precisamente por lo que permanece fuera de nuestro campo de visión. La película se lleva a cabo en la casa de Rudolf Höss (Christian Friedel), el comandante Nazi a cargo del campo de concentración de Auschwitz. Este vive con su familia en una casa justo al lado de la prisión. Cuando pensaba que no podría ver otra película con una visión innovadora sobre el holocausto, la burbuja hogareña en la que vive Hedwig (Sandra Hüller), la esposa de Höss, junto a sus hijos, nos provee una toma escalofriante de la banalidad maldita de la Alemania del Tercer Reich. El director no nos lleva al campo de concentración, sino al otro lado de la pared. Los colores fríos con los que Lukasz Zal, el director de cinematografía retrata el hogar de los Höss y la impactante edición de sonido a manos de Tarn Willers y Johnnie Burn, cuyo trabajo también fue reconocido con un Oscar, demuestran que la cotidianeidad es tan perturbadora como la violencia que coexiste junto a esta.

Quiero terminar en una nota cómica con una de las películas que más me hizo reír en el 2024, Saturday Night (dir. Jason Reitman, EE.UU., 2024). He sido fanático del programa, Saturday Night Live (SNL), por momentos. Mi afición por su estilo de comedia comenzó a mis 12 o 13 años durante la temporada de Eddie Murphy. Me quedaba a dormir los sábados con mi hermano en casa de nuestro mejor amigo y veíamos SNL con el gozo de que hacíamos algo malo. Después de años, lo volví a ver con regularidad durante la segunda mitad de los 90 para la temporada de Will Ferrell. Finalmente, terminé casado con una fanática de la comedia que me ha enseñado inclusive a apreciar los momentos malos del programa. Saturday Night, que capta los 90 minutos previos al primer episodio del programa, sigue el caos enérgico y altamente entretenido de los preparativos para llevar el show al aire el 11 de octubre de 1975. La película demuestra que si lo que ocurre frente a las cámaras es interesante, lo que pasa detrás es delirante. He visto Saturday Night tres veces en el 2024 y siempre le encuentro una pequeña chulería visual o algún momento que se me escapó cuando me estaba riendo.