Inicio Blog Página 20

Nuestra crisis energética se recrudece

LUMA es quien está a cargo de la transmisión y distribución  de la energía y la Autoridad de Energía Eléctrica está a cargo de la generación. Foto por Alina Luciano

 

 

Si a alguien le queda duda del franco deterioro de nuestro sistema eléctrico, solo sepa que bajo las compañías LUMA Energy y Genera PR, este funciona peor que hace tres años, según las métricas que se utilizan en Estados Unidos ( SAIDI Y SAIFI) para medir la estabilidad, confiabilidad y eficiencia del servicio eléctrico de las diferentes  compañías que lo suplen.

Un análisis publicado en un medio de prensa durante esta semana muestra los datos que confirman el deterioro. Durante los últimos 3 años, las interrupciones del servicio eléctrico en Puerto Rico ( apagones) aumentaron en un 30%. Durante el año 2025 nada más, los consumidores en nuestro país experimentaron un 30 por ciento más de tiempo sin servicio eléctrico que tres años atrás, lo que significó 1,580 minutos ( 26 horas) sin luz para un cliente promedio de LUMA Energy. Esto lo informa la propia compañía al Negociado de Energía de Puerto Rico (NEPR), lo que sitúa a Puerto Rico entre las jurisdicciones de Estados Unidos con peor servicio eléctrico.

Aunque grave, no es solo el servicio directo a los clientes, el único- ni siquiera el principal- problema que confrontan estas compañías y todo el engranaje que conforma el sistema energético de Puerto Rico.

Las señales del caos, la desorganización, las luchas de poder, y los conflictos entre los distintos sectores del sistema energético se han hecho transparentes para la ciudadanía. Todos saben que ya hace rato que quedaron atrás las excusas por los efectos de huracanes y terremotos. Y que el jueguito de estarse echando culpas unos a otros es solo una distracción para ocultar la desidia, la incompetencia, el desinterés y la falta de visión y compromiso de todas las partes involucradas para encaminar soluciones reales y sostenibles a la crisis energética en Puerto Rico, que se ha convertido en un obstáculo demoledor de cualquier posibilidad de desarrollo económico y social para Puerto Rico, actualmente y en el futuro.

En esta noria sin fin, cada parte arrima su sardina a la brasa, y en ese traqueteo, Puerto Rico se quedará sin sardina y sin brasa. La situación está más incierta y volátil que nunca. La demanda judicial con la  que el gobierno de Jenniffer González alega pretender cancelar el contrato de LUMA Energy se ha chocado  de frente con un paredón: el junte opositor de la Junta de Control Fiscal(JCF) con los bonistas buitres de la AEE y la demandada LUMA Energy, para lograr que sea en un Tribunal Federal donde se dilucide el pleito, y no en el Tribunal de Puerto Rico. Cada uno tiene su sardina lista para la brasa: Jenniffer González y demás políticos hacen cálculos electorales hacia el 2028 y por eso quieren el pleito aquí. Los bonistas buitres de Estados Unidos quieren cobrarle la deuda con intereses a la AEE y por eso prefieren litigar allá. La JCF quiere proteger a su criatura LUMA Energy y preservar a PROMESA y su influencia aquí y allá. Además, intervenir en el pleito es la excusa perfecta para extender su estadía y control en Puerto Rico, y así poder mantener facturando a su comitiva de abogados, asesores y contratistas que los hacen lucir importantes,  y encima, se los paga el pueblo de Puerto Rico.

Mientras tanto, nuestra gente sigue de apagón en apagón, cada cual mal resolviendo como puede, y escuchando de las autoridades  solo más de las mismas «soluciones» recicladas que no han funcionado antes, ni tampoco lo harán ahora.

Al propuesto gasoducto de San Juan a Palo Seco, que anunció GeneraPR como una «gran medida» para suplir las plantas de gas natural, le auguramos la misma férrea oposición civil y científica que la de los dos anteriores proyectos de tubería gasífera por debajo de la tierra y aguas de Puerto Rico que otros gobiernos propusieron antes: el gasoducto del Norte y el del Sur.

Ambos «gasoductos»  cayeron bajo el peso de la prueba demostrada de su peligrosidad para la seguridad de la población y su efecto contaminante en suelo y aguas, y por eso fueron masivamente rechazados por nuestro pueblo. Por otro lado, la negociación para traer una barcaza gasífera de emergencia de la compañía Gothams Energy a la Bahía de San Juan, parece estar detenida y bajo revisión de la JCF.

Todo este cuadro de medias verdades, ofuscación y  desinformación extrema es intencional, y provocado por intereses políticos y económicos en conflicto, que quieren confundir, oscurecer y entorpecer nuestra principal opción de salida real de la crisis energética.

Esa significaría que, como pueblo, demos un vuelco masivo hacia la energía sostenible, principalmente del sol que tenemos en abundancia, cuya tecnología es limpia, avanzada, funcional e independiente de combustibles fósiles, contaminantes e importados que Puerto Rico no posee.

Nuestro pueblo parece estar comprendiendo que ese es el camino correcto. En 2025 nada más se instalaron en Puerto Rico 46,214 sistemas solares, un promedio de 3,851 mensuales. Al 31 de diciembre de 2025,  191, 929 clientes contaban con sistemas propios de generación solar en Puerto Rico. Esto, antes de que se anunciara que la administración de Donald Trump Trump – un propulsor obsesionado con la energía contaminante del carbón, el petróleo y el gas natural- suspendió el programa de incentivos del Departamento de Energía de Estados Unidos para promover la instalación de sistemas solares entre nuestra población más vulnerable.

En dirección de la energía renovable del sol, en techos residenciales, edificios comerciales y públicos y microredes comunitarias, está nuestra esperanza de alcanzar la independencia energética, mediante la creación de un sistema eléctrico sostenible, confiable, resiliente y limpio que, con un uso responsable y buen mantenimiento, servirá para todos y todas, y nos durará para siempre.

 

 

 

El secuestro de las elecciones y la ira de un pueblo acostumbrado a ser vencedor

José E. Muratti Toro

Especial para En Rojo

Donald Trump acaba de plantear que las elecciones deben ser administradas por el gobierno federal. Argumenta que en el 2020 perdió estados que «muchas personas» aseguran que ganó y por lo tanto, perdió la presidencia a Joe Biden.

¿Cuál es su verdadera intención?

En los Estados Unidos los electores no votan directamente por el presidente y el vicepresidente. Su sistema electoral combina elecciones directas para el Congreso con un mecanismo indirecto, llamado Colegio Electoral, para la elección del presidente.

La Cámara de Representantes y el Senado se eligen por voto popular directo. Los miembros de la Cámara se eligen cada dos años en distritos predeterminados, mientras que los senadores se eligen cada seis años por estado, conforme a la Decimoséptima Enmienda de la Constitución.

El gobierno federal no interviene en la administración de las elecciones. Cada estado administra su propio proceso, incluyendo variaciones en la conformación de los distritos electorales, cuyos representantes ocupan la Cámara de Representantes o el «Congreso», así llamado distintamente del Senado, y el registro de votantes y otras opciones como el voto por correo o anticipado.

Siendo la elección presidencial indirecta, al votar los ciudadanos eligen una lista de electores comprometidos con los candidatos de cada partido. Cada estado y el Distrito de Columbia cuentan con un número de electores equivalente a su representación total en el Congreso, que suma un total de 538 votos electorales. El candidato que obtiene 270 votos electorales o más, gana la presidencia.

La mayoría de los estados utiliza el sistema de «el ganador se lo lleva todo» (winner-take-all), a excepción de Maine y Nebraska, que reparten algunos votos según los resultados por distrito congresional.

En caso de que ningún candidato logre la mayoría en el Colegio Electoral, la Cámara de Representantes elige al presidente y el Senado al vicepresidente, bajo sus respectivas reglas internas.

Al decir que las elecciones deben ser administradas por el gobierno federal, Trump propone poner las elecciones en manos de su propio gobierno controlado por su propio partido, o sea, por él, personalmente.

Esta «estrategia», que comienza a tomar forma con la incautación por el FBI de las listas electorales del condado de Fulton, en Atlanta (supervisados por la Directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard), el pasado viernes, tiene dos propósitos:

Primero – cancelar el desafío de su propio partido en Georgia cuyo secretario de estado, Brad Raffensperger, se negó a «encontrar» 11,780 votos que le hubiesen concedido la victoria en el estado, lo cual le valió un residenciamiento; y

Segundo – «legitimar» la idea de que no se puede confiar en que los estados van a defender los votos por la presidencia en los colegios electorales y van a producir votos fraudulentos.

Curiosamente, o no tanto, precisamente esta estrategia se utilizó en enero de 2021 cuando siete estados controlados por estados Republicanos, sometieron resultados fraudulentos de colegios electorales que concedían falsamente la victoria a Trump.

Dichos resultados fueron rechazados por los tribunales y muchos de los oficiales que juramentaron las listas electorales falsas fueron acusados por fraude. Setentisiete oficiales de siete estados (Arizona, Georgia, Michigan, Nevada, Nuevo Mexico, Pensilvania y Wisconsin) y otros operativos de Trump como Rudy Giuliani, Mark Meadows y Sidney Powell, fueron indultados por Trump en noviembre de 2025, por endosar las listas electorales fraudulentas.

Todas las encuestas y elecciones especiales para sustituir congresistas o elegir jueces y otros oficiales estatales apuntan a una victoria Demócrata el próximo noviembre. A diferencia de noviembre del 2020, Trump se propone impedir una derrota de su Partido.

Ya se ha dicho públicamente, y él lo ha comentado, si los Demócratas ganan la Cámara procederán a residenciarlo, por tercera vez, y Trump no está seguro de que el Senado, que funge de juez en un juicio por residenciamiento, lo absolvería.

Un triunfo Demócrata en noviembre representaría el fin de la presidencia de Donald Trump, ya sea por destitución, o por una derrota aún mayor en 2028.

Así que ha comenzado varias estrategias simultáneas:

1) Provocar una confrontación con la sociedad civil en un estado Demócrata, en este caso Minnesota, para enviar tropas federales y declarar un estado de sitio en los estados Demócratas que protesten para, a su vez, amedrentar los votantes en noviembre;

2) Comenzar una guerra en Irán, y posiblemente una invasión a Cuba, para provocar un fervor patriótico, sobre todo cuando ocurran bajas de soldados estadounidenses, que «obliguen» a los votantes a cerrar filas a favor del presidente;

3) Provocar que el estado de sitio resultado de confrontaciones con guardias nacionales y milicias de estados Demócratas, le permitan argumentar que el país enfrenta una guerra civil y cancelar las elecciones en noviembre, como alabó que hiciese Zelenskii en Ucrania.

Simultáneamente, continuará impulsando que los medios de comunicación tradicionales, ABC, CBS, NBC y CNN caigan aún más en manos de billonarios que lo apoyan para que la cobertura mediática le sea favorable, amén de los aproximadamente diez a doce que son incondicionales suyos. Ejemplo: el Washington Post, propiedad de Jeff Bezos, patrocinador del documental «Melania», está despidiendo parte de la plana mayor editorial para sustituirla por Inteligencia Artificial.

A medida que continúen publicándose referencias a las fechorías que protagonizó junto a Jeffrey Epstein, incluso su base, que será vapuleada por una inflación aún mayor que la del 2025, continuará erosionando su respaldo y ni las tácticas represivas de ICE, ni la guerra en el Medio Oriente, ni el intento de controlar las elecciones en los estados, impedirán una crisis económica, civil e institucional que desembocará en una guerra civil pacífica de resistencia multitudinaria, o una guerra civil violenta en que morirán muchas más Renée Good y Alex Pretti.

Una masa multiracial, junto a blancos, pobres e indignados, porque el «sueño americano» les ha sido negado para enriquecer aún más a los Musks, Bezos y Zuckerbergs, y a la familia Trump-Kushner, desafiarán la barbarie que Trump desate desde adentro.

Puede que Melania no diga «que coman bizcocho», pero al «would be king» le espera la ira de un pueblo acostumbrado a ser vencedor y no vencido.

 

Hielo

 

Especial para En Rojo

Tengo unos amigos latinoamericanos muy jóvenes, indocumentados en España. Hace unos años, una tarde, cocinamos para ellos.

Dos hermanos que llegaron juntos al país, dejando atrás hijos y sobrinos, trayendo consigo un talento intacto en las manos.

Una chica trans que llegó sola, huyendo de la persecución que la amenazaba en su pueblo.

Un fotógrafo triste que, al quedar huérfano de madre, se echó a andar y terminó llegando a Madrid.

Y nosotros: dos turistas puertorriqueños pasando otro verano allí, un italiano -ciudadano europeo- y un español.
Celebrábamos el reencuentro.

Pusieron su música en mi computadora: Merengue, bachata, salsa, pop.

«Sobreviviré» – Mónica Naranjo
«Born This Way» – Lady Gaga
«Nuestra canción» – Elvis Crespo
«Qué hay de malo» – Jerry Rivera
«Corazón sin cara» – Prince Royce
«El Doctorado» – Tony Dize

Bailamos con ellos en el pequeño patio interior, contagiados de su alegría.
Recordaban cómo pasaban los días escuchando esas canciones en casa; adolescentes entonces, en su país, buscándoselas para sobrevivir.

Ayudando a la madre a barrer el piso de tierra, cambiando pañales, haciendo mandados, cosiendo en la fábrica, sacudiendo el colchón de un cuarto para seis.
Tomando el autobús de media tarde para volver a casa ya muy entrada la noche, o tirados en la cama, recuperándose de una golpiza y soñando despiertos con el día en que todo pudiera ser diferente.

Hubo lágrimas disimuladas mientras sonaba la canción de Elvis Crespo.
La herida de la despedida seguía abierta.
Sangraba con el mínimo roce del recuerdo, con todo lo que había quedado atrás.

Qué distintos eran los míos, mis recuerdos; qué diferentes las condiciones de mi estancia allí.

Enredados entre vueltas y tropiezos que nos sacaban de compás, las risas rellenaban los huecos de la torpeza.
Manos tomadas, abrazos que nos devolvían el ritmo.
Gestos como de un acuerdo silencioso, de complicidad que aliviaba y alentaba a seguir.

La policía tocó a la puerta.

El baile se detuvo, aunque la música siguió sonando, convertida ya en música de fondo.
Mis amigos corrieron, dispersándose para esconderse.

El español me detuvo, sujetándome por los hombros:
— Tranquila. Sin una orden, no entran. Abre la puerta.

Un joven uniformado saludó y asomó discretamente la cabeza.
—Han alertado por una fiesta.

En el patio, sentados, el puertorriqueño, el italiano, y el español fumaban.

La computadora, encendida sobre la mesa, aún transmitía música.

Me aclaré la voz, enseñé el pasaporte y señalé al patio:

—No hay fiesta, solo es la sobremesa. Estamos viendo videos por YouTube.

—Sí, sí, vale. No pasa nada. Ya hemos visto. Ha sido un vecino que siempre llama por todo.

Me devolvieron el documento, dieron las buenas tardes y se fueron.
Esperé con la puerta abierta hasta que tomaron el ascensor.
Me di la vuelta.

Respiré.

Nuestros amigos seguían escondidos, callados, esperando.

Como siempre.

Los fui a buscar. A ellas primero. Se habían metido las dos al baño del segundo piso.

De regreso, ya todos en el patio, se rieron a carcajadas, recordando las caras de susto, la mala elección de escondites, los traspiés al subir a toda prisa las escaleras.

Reímos con ellos.
Son muy graciosos mis amigos.
Y muy trabajadores.
Los quiero.

Pero esa noche ya no volvió a ser igual.

Tras la risa, apareció la inquietud, la preocupación, el miedo.
La música se calló.

Aquel instante cayó como advertencia: no hay que hacer ruido.

Hoy, viendo las noticias, pienso en ellos.
En ese día corriendo, asustados, por aquel apartamento de Madrid.
Riendo después.

Pienso en lo impensable de esa risa hoy, a este lado del Atlántico.

Acá: puertas forzadas, gritos, jalones.

Rodillas, caras, cuerpos contra el piso.

Manos atrás.

Basta pasar por el lugar equivocado.
El vecino que mira y señala.
El vecino que graba y acusa.
El vecino que insulta y que llama.

Y le llama ley.
Le llama orden.
Le llama seguridad.

Se normaliza.
Se justifica.
Se aplaude.

Y a mí me da asco.

En España, mientras tanto, desde hace unos días se habla de regularizar.
De conceder estatus legal a cientos de miles de personas que llevan años viviendo y trabajando allí sin permiso formal, aunque el Estado haya tardado demasiado en reconocerlo.

Esto les daría acceso a atención sanitaria y servicios básicos con mayor seguridad jurídica. A ellos y a sus familias.

No es generosidad.
Es inteligencia política.
Es justicia mínima.

Regularizar no es regalar nada.

Es reconocer, de una vez, que la economía ya depende de ellos: que cuidan ancianos y niños, cocinan, cosen, limpian, levantan ciudades, dignifican su sociedad.

No borra el racismo.
Pero deja de convertir la vida cotidiana en una emboscada.
Podría significar que el Estado deje de cazarlos.

Porque nadie cruza océanos y fronteras para vivir perseguido,como si migrar fuese un crimen y no un derecho.

En Estados Unidos, un Estado que proclama libertad persigue a quienes solo intentan sobrevivir.

La diferencia con España no es solo legal: es temporal.

Regularizar abre un futuro.

Las redadas suspenden el tiempo.

Obligan a vivir en un presente de amenaza constante.

No administran solo fronteras: administran el tiempo de la vida.

Deciden quién puede vivir con continuidad

-hacer planes, firmar un contrato, enfermar, envejecer-

y quién debe organizar su existencia en función de la huida.

Aquella noche en Madrid,

me quedó claro lo menos evidente.

El privilegio es no tener que interrumpir la vida.

Nosotros podíamos permitirnos bailar.

Ellos bailaban para persistir.

Nosotros nos quedábamos en el patio.

Ellos corrían.

No porque hubieran hecho algo,

sino porque su sola presencia

era una infracción latente.

No fue una excepción.

Así se administran los cuerpos, el movimiento, y el tiempo -siempre en suspenso-
de los sin papeles.

Que no se ofusquen

quienes aplauden al Estado cuando llama orden a las redadas,
ley a la persecución, y seguridad a la negación de derechos.

En el país del Hielo,

ahora mismo nadie es libre.

 

 

Conflicto Palestina -Israel antes de 1948: Contexto histórico y fuentes para consulta (2)

 

 

Annette Lavastida Fajardo

Cronología de eventos clave (antes de 1948):

  • 1917 (2 Nov) – Declaración Balfour: el gobierno británico apoya la creación de un “hogar nacional judío” en Palestina, desoyendo a la mayoría árabe.
  • 1920 – Conferencia de San Remo: Las potencias vencedoras de WWI otorgan a Gran Bretaña el Mandato sobre Palestina (efectivo desde 1922). Administración colonial británica inicia, incorporando el compromiso pro-sionista en el mandato.
  • 1920-1935 – Gran Bretaña facilita inmigración judía masiva (aliyás). Crecen las tensiones y primeros disturbios violentos (Jaffa 1921; Hebrón y Jerusalén 1929). Los palestinos organizan políticamente (Primer Congreso Nacional Árabe en 1919; formación de partidos y sindicatos en 1920-30s).
  • 1936-1939 – Revuelta Árabe Palestina contra el dominio británico y la colonización sionista. Gran Bretaña despliega miles de tropas, reprime severamente la rebelión (más de 5.000 árabes muertos) y colabora con milicias judías (Haganá) para sofocarla.
  • 1937 – Informe Peel recomienda la partición de Palestina en dos estados y la transferencia (reubicación) de población árabe fuera del área judía propuesta. La Agencia Judía (liderazgo sionista) ve la partición parcial como base para expandirse luego, mientras los árabes rechazan entregar territorio.
  • 1940-1945 –Segunda Guerra Mundial. Sionistas establecen fuerzas paramilitares: Haganá/Palmach (oficialmente defensivas, pero preparan ofensiva), Irgún y Lehi (clandestinas, realizan atentados contra británicos y árabes). En plena guerra (1941-45), dirigentes sionistas elaboran planes para un futuro estado; diarios privados revelan discusiones sobre expulsar árabes una vez la oportunidad se presente.
  • 1945-1947 – Creciente violencia en Palestina: el grupo terrorista, Irgún, bombardea el Hotel King David (julio 1946, 91 muertos, en su mayoría funcionarios británicos). Gran Bretaña, desgastada, anuncia su retiro. La ONU (UNSCOP) propone la Resolución 181 (Partición) el 29 Nov 1947: plan de dos estados y Jerusalén internacional. Sionistas lo aceptan (aunque los radicales lo rechazan) y los árabes lo rechazan unánimemente.
  • Dic 1947 – mayo 1948 – Guerra civil en Palestina. Los grupos judíos terroristas lanzan la ofensiva Plan Dalet (marzo-abril 48) para controlar territorio más allá del plan de la ONU, limpiando étnicamente aldeas árabes estratégicas. Éxodo masivo palestino: ~300.000 refugiados huyen antes de mayo (y otros ~400.000 durante la guerra regular posterior).
  • 14 mayo 1948 – Proclamación del Estado de Israel (Ben-Gurión). 15 mayo – Fin oficial del Mandato Británico; estalla la llamada “guerra árabe-israelí” (Nakba) de 1948 con la invasión de ejércitos árabes. Para fin de 1948, Israel vence y controla 78% de Palestina; unos 750.000 palestinos están desplazados en el exilio. La ocupación entra en una nueva fase (problema de refugiados, cuestión de Palestina pendiente en la ONU).

Fuentes: Archivos desclasificados: Reino Unido, EE.UU. e Israel:

La documentación histórica desclasificada en años recientes ha arrojado luz sobre las decisiones y planes durante el Mandato y la guerra de 1948, a menudo confirmando lo que ya señalaban los historiadores críticos. A continuación, se analizan ejemplos de archivos británicos, estadounidenses e israelíes:

  • Archivos británicos: Gran Bretaña mantuvo abundantes reportes confidenciales sobre la situación en Palestina. Documentos desclasificados del National Archives británico muestran que Londres era plenamente consciente de las consecuencias de sus políticas. Por ejemplo, informes secretos de 1946-1948 advertían que la partición conduciría “inevitablemente a la guerra” y muy probablemente a la derrota militar de los árabes palestinos. Los oficiales británicos informaban a sus superiores que “milicias” judías estaban ocupando cada vez más tierras árabes incluso antes de la retirada británica. También señalaban el clima de violencia: en vísperas de 1948 grupos terroristas sionistas aumentaron sus ataques tanto contra fuerzas británicas como contra comunidades árabes, buscando acelerar la retirada británica y ampliar el territorio bajo control judío. Un despacho de inteligencia de octubre de 1946 (dos años antes de la Nakba) ya advertía que la opinión pública judía no aceptaría ningún plan de partición “a menos que la porción judía fuese tan grande que lo hiciera totalmente inaceptable para los árabes”. Esto revelaba la estrategia sionista de presionar por más territorio del inicialmente ofertado. Igualmente el gobierno británico conocía el desesperado estado de la población palestina al inicio de 1948: sus propios informes describen que los árabes, desmoralizados y mal dirigidos, huían en masa de las zonas mixtas, y reconocían que “su única esperanza” de recuperar posiciones residía en la intervención de ejércitos árabes vecinos. Estos archivos británicos, liberados décadas después, confirman que la limpieza étnica de Palestina en 1948 no fue un suceso inesperado, sino algo anticipado por observadores contemporáneos (aunque los británicos, más preocupados por repartirse automóviles oficiales en Jerusalén según un memorando humorísticamente anecdótico, optaron por no intervenir).
  • Archivos estadounidenses: Aunque Estados Unidos tuvo un rol más limitado durante el Mandato, sus agencias seguían de cerca la situación. Un informe de la CIA desclasificado (28 de noviembre de 1947) titulado “Consecuencias de la partición de Palestina” pronosticó con acierto que estallarían hostilidades armadas entre judíos y árabes si la ONU aprobaba la partición. El análisis de la CIA evaluaba las fuerzas en pugna: los árabes estarían en desventaja organizativa y carecerían de coordinación, mientras los sionistas movilizarían unos 200.000 combatientes bien entrenados (incluyendo voluntarios extranjeros), con capacidad inicial de superioridad militar. Sin embargo, advertía que a largo plazo, sin refuerzos externos, el esfuerzo de guerra judío sería difícil de sostener ante una guerra de desgaste árabe. Reveladoramente, la CIA notó que “los sionistas, por su parte, están decididos a tener un Estado en Palestina o, en caso extremo, en toda Palestina e incluso Transjordania”, independientemente de lo que la ONU recomendara. Es decir, Washington sabía que los líderes sionistas contemplaban expandir el Estado judío más allá de las fronteras del plan de partición siempre que tuvieran la fuerza para lograrlo. Además, documentos del Departamento de Estado (también desclasificados) muestran divisiones internas en la política de EE.UU.: diplomáticos “arabistas” advirtieron del riesgo de apoyar un estado judío sin acuerdo árabe, mientras el presidente Truman finalmente reconoció apresuradamente a Israel en mayo de 1948, influido por consideraciones políticas domésticas. En resumen, los archivos de EE.UU. confirman que la administración estadounidense estaba informada de que la partición impondría una guerra y sacudiría la estabilidad regional (por ejemplo, poniendo en riesgo el acceso occidental al petróleo), pero priorizó la resolución de la cuestión judía post-Holocausto y la contención de la influencia soviética en Oriente Medio.
  • Archivos israelíes: Israel ha sido más renuente a desclasificar material sensible de 1948, dado que esos documentos fundacionales pueden contradecir la narrativa oficial. Aun así, esfuerzos de historiadores y organizaciones han sacado a la luz archivos clave. Desde los años 1980, académicos conocidos como los “nuevos historiadores” israelíes (Benny Morris, Ilan Pappé, Avi Shlaim, etc.) accedieron a expedientes militares y gubernamentales liberados tras 30 años de secreto. Sus investigaciones documentaron, por ejemplo, directivas de la Haganá/ejército israelí para vaciar y destruir aldeas árabes durante la guerra, confirmando que muchas expulsiones no fueron casuales sino parte de un plan semi-oficial de limpieza territorial. En años más recientes, instituciones como Akevot (Centro para la Investigación del Conflicto Israelí-Palestino), junto al diario Haaretz, han recopilado testimonios y archivos personales de 1948, desenterrando evidencia de masacres hasta entonces desconocidas y del conocimiento que tenía la dirigencia israelí de esas atrocidades en tiempo real. Por ejemplo, se publicaron actas de reuniones del gabinete israelí de 1948 que “no dejan lugar a dudas: los líderes de Israel sabían en tiempo real de los eventos bañados en sangre que acompañaron la conquista de las aldeas árabes”. Un hallazgo notable fue la intervención de Shmuel Mikunis, miembro comunista del Consejo de Estado Provisional, quien logró el 14 de noviembre de 1948 introducir en actas parlamentarias una pregunta censurada a Ben-Gurión denunciando que milicianos del Irgún “aniquilaron con una ametralladora a 35 árabes que se habían rendido con bandera blanca” y tomaron civiles como rehenes, en la región de Merón. Este testimonio, ocultado por décadas, confirma masacres que habían quedado fuera del registro oficial. También se conoció que al final de la guerra el Gabinete israelí discutió internamente qué hacer con la población árabe remanente; finalmente adoptaron una política de impedir el retorno de refugiados, consolidando la limpieza étnica (como reconocen hoy incluso historiadores moderados). No obstante, muchos documentos siguen clasificados o han sido re-clasificados retroactivamente por las autoridades israelíes. Un reportaje reveló que una unidad especial del Ministerio de Defensa (MALMAB) ha retirado de archivos públicos evidencia de crímenes de guerra de 1948, en un esfuerzo deliberado por controlar la narrativa histórica. Se calcula que millones de páginas de la época fundacional permanecen bajo secreto en archivos del Estado. Esta opacidad ha sido denunciada por investigadores israelíes, pero a pesar de ello, las nuevas revelaciones que sí han visto la luz corroboran los relatos palestinos de expulsiones masivas y masacres, desmontando “la fábula sionista” de que la población árabe se fue voluntariamente o que solo se libró una guerra defensiva contra invasores externos.

En síntesis, los archivos gubernamentales desclasificados –británicos, estadounidenses e israelíes– confirman la naturaleza colonial y violenta del proceso que culminó en 1948. Gran Bretaña concibió el Mandato como un proyecto de ingeniería geopolítica en favor del sionismo, EE.UU. anticipó el choque inevitable entre ambos pueblos, e Israel ocultó (y en parte aún oculta) las huellas documentales de la limpieza étnica sobre la cual se erigió. Estas fuentes primarias, aunque requieren ser leídas críticamente, proporcionan un sustento factual invaluable a la memoria histórica palestina y al análisis objetivo del conflicto.

 

Problemas del esfuerzo trumpista por cambiar el mundo

 

Especial para CLARIDAD

Cuestión crucial ahora es la preparación militar de Cuba y Venezuela por si Estados Unidos desata una guerra. El estado cubano ha reiterado que jamás claudicará, mientras el régimen de Trump intenta rendir a Cuba por hambre y penuria, en el entendido de que el estrangulamiento por el bloqueo naval de petróleo hará colapsar al estado cubano. Además de confirmar el calificativo de fascista y genocida que acertadamente dio el dirigente cubano Miguel Díaz-Canel al gobierno de Trump, el bloqueo naval yanqui delata una conducta errática. Después de las dramáticas amenazas que suele hacer Trump, a menudo las tensiones se disipan.

Dada la superioridad tecnológica de las fuerzas armadas imperialistas, que el 3 de enero desactivaron los sistemas electrónicos de comunicación y operación militar de Venezuela antes de invadir, los cubanos y los venezolanos deben ponderar combinar sus tecnologías digitales y electrónicas con recursos originales y tecnologías y comunicaciones fuera del campo digital, por así decir convencionales, populares o guerrilleras.

También contra Irán los yanquis han provocado una tensión altísima con su amenaza de guerra. Al momento de escribir, sin embargo, había negociaciones, por cierto facilitadas por Rusia. La ofensiva ‘histórica’ de Washington quisiera terminar los estados desafiantes y desterrar del hemisferio americano toda presencia de la corriente de multipolaridad y descolonización económica que BRICS representa, y especialmente de China y Rusia. Pretende hacerlo con golpes selectivos. Hasta ahora evita una guerra convencional y despliegue de tropas, y usa comandos y ‘operaciones especiales’ con tecnologías avanzadas. Proclama grandes objetivos, pero sólo aplica tácticas.

Contrarrevolución colonialista

 Destruir el estado cubano sería, en la ideología trumpista, un premio mayor, por su simbolismo hemisférico y mundial. Derrocar al iraní sería un golpe al islam anticolonial, además de conllevar un rico botín petrolero y geopolítico. Son abundantes las dificultades, desde luego, para realizar estos deseos.

Tendencias comercial y políticamente soberanistas progresan en gobiernos de África, Asia, Medio Oriente y Europa. El reducto más seguro de Estados Unidos, si no el único, es Latinoamérica y el Caribe. Trump persigue revertir en tres años los progresos antimperialistas del mundo –como el ascenso del Sur global, que China emblematiza– pero la falta de estrategia efectiva produce desorden en la casta gobernante, que desciende al ridículo y la inconsistencia.

Es entendible que Washington procure acceso al petróleo venezolano para garantizar sus abastos y, porque si desata una guerra contra Irán para adueñarse de su petróleo, Teherán podrá cerrar el flujo petrolero y crear una escasez internacional. El aumento desorbitado del precio del crudo agravaría, entre otras cosas, la crisis económico-política en Estados Unidos y otros países occidentales. Los Republicanos podrían perder la Cámara el próximo noviembre.

¿Por qué entonces usurpar el petróleo de Irán, si ya tienes el petróleo de Venezuela? Es enorme la dificultad de derrocar al estado iraní, a no ser con una hipotética guerra hiper-destructiva, que se desbordaría al Oriente Medio, amenazaría la existencia del estado de Israel y podría hacerse mundial. ¿Por qué entonces no aceptar que no puede derrocarse? Explicación plausible es la desesperación por frenar a BRICS, del cual Irán es miembro importante.

La obstinación contra Cuba es espectáculo global de crueldad, un intento de lenta tortura a una antilla que trata de desarrollarse, ya empobrecida por siglos de colonialismo y esclavitud y por el bloqueo yanqui desde los 1960. Cuba como quiera recibe solidaridad. La saña de Washington obedece a lo que Cuba simboliza: voluntad soberanista, revolucionaria y antimperialista que se admira a escala global. Durante décadas Washington ha tratado en vano de destruir el estado cubano, que guarda estrecha unidad con el pueblo. Acaso podría si lanza una brutal e interminable guerra, la simple idea de la cual aumenta el repudio a Trump en Estados Unidos; una guerra que confirmaría la superioridad moral, y quizá también militar, de los cubanos. ¿Por qué entonces desplegar ese espectáculo de tan escaso rating en popularidad? Lo explica el carácter errático del trumpismo, su oscilación entre producir una estrategia de sobrevivencia del sistema imperialista, y lanzar tácticas espectaculares carentes de estrategia.

El comercio, fuerza del Sur global (y de BRICS), es a la vez su debilidad, por su falta de estructuras políticas y militares. China y Rusia, estados que poseen armamento nuclear, se refrenan de intervenir militarmente en el hemisferio americano por el peligro de una conflagración nuclear, dada la irresponsabilidad estadounidense. Ellos mismos están amenazados, respectivamente, en el Mar de China –con el pretexto de Taiwán– y por la Unión Europea y Ucrania.

Estados Unidos posee tecnologías militares para hacer casi cualquier cosa para destruir casi cualquier gobierno del mundo, especialmente en América Latina. Pero en Cuba y otros países los grupos sociales que podrían suplantar al estado nacional siempre fueron débiles, a menudo una farsa; apéndices del colonialismo. Después del proceso revolucionario desaparecieron. Washington puede, por supuesto, recurrir a la guerra para tratar de imponer un régimen, pero habrá que ver si su guerrerismo se haría estrategia –una política de largo plazo– a ser aplicada por los gobiernos sucesivos después de 2028. El imperialismo siempre necesitó de la guerra. Difícilmente puede conseguir sus objetivos sólo con golpes tácticos. Estar todo el tiempo amenazando con violencia aquí y allá y propinando golpes arteros y criminales resulta incompatible con el mercado internacional, pues impide el intercambio y desarrollo de los países. Difícilmente puede sostenerse política, militar y económicamente, como conducta permanente.

Negociaciones venezolanas

 En Venezuela el plan trumpista se impuso porque el gobierno negoció y colaboró. Sin embargo hay que ver cómo se desenvuelve la tensa situación. Poco antes de su secuestro Nicolás Maduro estaba en proceso de acordar con China un proyecto para facilitar petróleo a los países latinoamericanos y cooperación para que construyan infraestructuras, todo ello en divisas que no serían el dólar. La posibilidad de que el dólar deje de ser divisa en los intercambios petroleros puede ser preámbulo de su destronamiento definitivo. Que además disminuyan los abastos estadounidenses de petróleo y el control yanqui en Latinoamérica provocó máxima alarma en Washington.

El gobierno bolivariano que representa Delcy Rodríguez hizo concesiones importantes al privatizar parcialmente la producción y comercio del petróleo y dar participación decisiva a las corporaciones norteamericanas. Perseguiría ganar tiempo para prepararse para potenciales enfrentamientos, políticos o militares. Ninguno de los dos bandos puede descartar la guerra, aunque parezca poco probable. Si la hubiese, y aun sin que la haya, Estados Unidos podría tratar de ocupar la zona de producción petrolera de Venezuela. Las concesiones venezolanas dan prioridad al ‘diálogo’, mientras es obvio que han sido hechas bajo violenta amenaza. Delcy parece evitar a toda costa un enfrentamiento militar.

La reciente solicitud de Delcy Rodríguez al Tribunal Supremo venezolano para que confirme que el estado tiene derecho a comerciar su petróleo con los demás países –algo muy elemental–sugiere la intención política yanqui de controlar el comercio venezolano. En los medios de prensa el gobierno estadounidense se presenta como si tuviese pleno control de Venezuela, mientras Caracas insiste en que controla su política y las corporaciones norteamericanas son un vehículo de la economía venezolana. Ambas partes suponen que usan la otra. La versión yanqui de que controla el estado venezolano es poco convincente; Trump dice que está ‘permitiendo’ que siga el comercio petrolero entre Venezuela y China; Rusia sigue comprando crudo venezolano.

Quizá el estado bolivariano trace un límite, por ejemplo el básico derecho a su propia libertad de comercio exterior, o acaso gane terreno mediante la ambigüedad. Éste y otros gobiernos deben haber aprendido a adelantar sus estrategias en la práctica, calladamente evitando contradecir en público al Hombre Naranja, dejándolo que haga su show. Un hecho imponente es que en Venezuela no hay otra fuerza, aparte del gobierno, con la cual las empresas estadounidenses puedan hacer negocios petroleros. Washington podría tratar de cambiar el régimen, sería demasiado costoso, pues una guerra podría ser interminable, además de absurdo, pues ya tiene acceso al petróleo.

CNN informó que la CIA estaba instalando una estación en Caracas. Por lo que aparece en la prensa, el gobierno de Delcy Rodríguez no lo ha negado. Se infiere que la información es cierta y el gobierno no se opone. No hay que suponer omnipotentes o absolutas las capacidades de la CIA, o las tecnologías sofisticadas imperialistas, pero dicha estación podría colaborar con la derecha, auspiciar nuevamente guarimbas (movilizaciones terroristas disimuladas como ‘protestas del pueblo exigiendo democracia’), y montar un sistema militar paralelo al venezolano. Podrá conspirar, cuando menos, contra Colombia, Brasil y México, y coordinar esfuerzos con el Comando Sur del ejército norteamericano que ha hecho sede en Argentina. La presencia de la CIA –anunciada públicamente si la misma CIA ‘liqueó’ la noticia de CNN–representaría estabilidad permanente para las inversiones de las empresas estadounidenses.

El gobierno del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV), representado por Delcy Rodríguez, propuso enmiendas a la ley de hidrocarburos que disminuirán las regalías, o sea los dineros que recibe el estado venezolano del negocio petrolero, y dan a las compañías privadas la mayoría de la participación. Reconocen la propiedad estatal del petróleo en el subsuelo, pero las corporaciones estadounidenses controlarían en su mayoría la contabilidad y el comercio, además de la extracción y producción. Negociaciones internacionales, es decir, con las empresas inversoras, decidirían las controversias, más que los foros del estado venezolano.

El gobierno y la prensa leal insisten en la ‘dignidad nacional’, aunque Delcy Rodríguez describe la contradicción monumental entre su país y el imperialismo como ‘diferencias’. Celebra que ha conversado ‘francamente’ con los yanquis. Las vehementes condenas de Rusia, China y otros países al bloqueo naval contra Cuba contrastan con la virtual ausencia de pronunciamientos de Venezuela, cuyo petróleo, especialmente importante para Cuba, es vedado por Washington, que lo restrega en la cara a los herederos de Hugo Chávez.

Carrera de obstáculos

A primera vista luce convincente el reclamo –del Partido Comunista de Venezuela y otros– de que estas concesiones representan un viraje neocolonial, pues entregan conquistas básicos del chavismo. Un comentarista sostiene que desde 2016 el gobierno de Maduro mal administró la estatal Petróleos de Venezuela. Inversiones venezolanas, algunas de gente del liderato del PSUV, tuvieron peso importante en la compañía pero sus ganancias apenas fueron reinvertidas para ampliar la producción, de manera que ésta disminuyó considerablemente así como el comercio petrolero, lo cual contribuyó a la crisis económica. El gobierno de Maduro aplicó represión a trabajadores de la petrolera y a mucha gente que se activaba en las oposiciones de derecha a izquierda, que crecían por el deterioro socioeconómico.

Nótese la dicotomía que comúnmente aparece entre un estado inspirado por ideas socialistas que impulsa el desarrollo nacional descolonizador y para ello debe colaborar con el capital y el mercado, y los grupos populares que movilizan los trabajadores contra ese estado, exigiendo justicia social y radicalización del gobierno hacia la izquierda. No se integran entre sí estas dos izquierdas. Si lo hicieran fortalecerían estratégicamente la calidad intelectual y organizativa del núcleo socialista del estado y el proyecto nacional. Se oponen amargamente, peleando una contra la otra, mientras el imperialismo observa interesado. El estado supone inútil tratar de que los otros cambien su razonamiento, y éstos insisten en protestar contra el estado, como si así afirmaran su identidad. Bajo acoso imperialista, el estado reprime a los otros, y éstos denuncian la represión del estado y su confusión con el capital, cosas ciertas. A menudo escasean las virtudes de la prudencia y de apreciar lo general versus lo particular, y la contradicción principal versus la secundaria.

El estado bolivariano ha hecho contribuciones políticas importantes con economía comunalizada, poder popular local y nacional, y articulación de los intereses populares a la lucha anticolonial. Pero para adoptar la ley petrolera el gobierno de Delcy Rodríguez replicó una práctica de gobiernos capitalistas, de imponer leyes y decisiones rápidamente desde arriba en vez de auspiciar discusiones extensas entre el pueblo. Razonaría que había urgencia y que a la larga, con una consolidación socioeconómica, el poder popular se fortalecerá.

Después del 3 de enero el gobierno se sabría sin preparación militar suficiente para enfrentar las fuerzas yanquis, pero no debe concluirse que simplemente se atemorizó. Trasladó el conflicto al plano político, estratégico y del mercado, sacándolo de la lógica militar, la reacción confrontacional y el trauma por el secuestro del presidente. Además necesitaría tiempo para organizarse para la negociación con Estados Unidos.

En el show de Trump, el presidente Maduro era ‘el malo’. Quizá éste hubiera apelado a la movilización popular para enfrentar la intervención estadounidense e insistir en su plan de desarrollo y cooperación con países de la región y China mediante el petróleo. No perseguimos eximir a Maduro ni a nadie de la posibilidad de equivocarse o de decisiones que a posteriori se juzguen desacertadas, pero véase que: 1) Desde 2016 Estados Unidos (y aliados suyos como Inglaterra) intensificó bárbaramente su acoso a Venezuela mediante el estrangulamiento comercial, sabotajes económicos, y azuzando movilizaciones callejeras violentas. Después atribuyó a Maduro el deterioro económico y la violencia, en una incesante campaña mediática mundial según la cual el presidente sería ilegítimo, dictador y corrupto. Crecieron la pobreza y el desempleo –ya grandes en un país pobre como son los caribeños y latinoamericanos–; la emigración subió a siete millones en un par de años. Sin embargo, Maduro adelantó proyectos de democracia popular y desarrollo económico local, y buscó formas descolonizadoras de acumulación para el desarrollo nacional junto a las tendencias soberanistas del mercado mundial.

2) Problema de fondo ha sido la ausencia de capital. Es por definición un problema esencial de las naciones pobres.

Argumentos chavistas

 Luce que la nueva ley petrolera era un hecho consumado en los días previos a aprobarse el 29 de enero. Había empezado a ingresar al estado dinero del comercio petrolero de compañías norteamericanas, que el gobierno destina a más obra social en beneficio del pueblo trabajador. En ánimo conciliatorio y de unidad nacional –coincidente con exigencias estadounidenses– el gobierno bolivariano excarceló cientos de presos. También, miles de venezolanos que habían migrado están regresando, una vez Trump terminó el bloqueo aéreo. Washington devolvió a Venezuela cuantiosos valores confiscados en el exterior como parte del bloqueo.

El gobierno venezolano señala que aunque con la nueva ley de hidrocarburos tenga menos regalías y participación, recibirá grandes dineros que servirán al proyecto social bolivariano. De aquí las simpatías en la población hacia el plan norteamericano, a pesar de su lado gangsteril. El argumento ‘práctico’ de Trump parece cierto: a Venezuela llegará mucho más dinero, a corto plazo, del que llegaría con el plan con China para el comercio cooperativo con países latinoamericanos. Está sobre el tapete, sin embargo, la libertad de comercio venezolana. En el hemisferio los grandes financiamientos y capitales para mejoramiento progresivo de operaciones petroleras los provee abundante y rápidamente el capital norteamericano. Su ingerencia en Venezuela ahora incluye, al menos en teoría, controlar la producción y el comercio.

Son demasiado rudimentarias teorías coloquiales que se oyen, de que Delcy y la dirección del PSUV ‘se vendieron’. Hay que detenerse en el razonamiento que algunos suponen neocolonial del gobierno. Su prioridad es sacar a Venezuela de la precariedad económica que produjo siete millones de migrantes en pocos años, y de su aislamiento comercial internacional. Las limitaciones materiales hicieron vulnerable al estado, a pesar de la labor dedicada del liderato bolivariano. Si Venezuela acumulara capital nacional, razona el gobierno, haciéndose un centro mundial de producción y distribución de petróleo, podrá amasar poder político, fortalecerse y perfeccionarse, y adelantar el proyecto soberanista. Usaría la inversión extranjera para fortalecer su propia ruta. Lo facilitaría la razonable probabilidad de que después de 2028 Washington desista de la brutalidad confrontacional trumpista.

Procede fortalecer la economía venezolana –concluiría el gobierno–, aislar las facciones que buscan guerra civil, y avanzar en los logros bolivarianos de poder popular, cooperativismo, productividad, salud, educación, sustentabilidad alimentaria y democracia social y participativa. Cierto que la CIA tiene una estación en Caracas y la Marina estadounidense acecha, pero las conspiraciones y tramas secretas serán inútiles si la nación despega económicamente y un consenso político masivo consolida el estado y su estrategia. No hay que dejarse intimidar si hay crecimiento y desarrollo, irónicamente en colaboración con capital estadounidense. El rol dirigente del estado nacional permitirá convertir el crecimiento en desarrollo. El capital extranjero podría incluso contribuir a planes como los que Maduro perseguía, de cooperación entre países latinoamericanos y antillanos mediante acceso a energía petrolera. Las corporaciones tienden a las oportunidades rentables del mercado, incluso colaborando con empresas y gobiernos ‘adversarios’. Difícilmente fundarán sus decisiones en dogmas ideológicos y violentos como los de Trump, añadiría el razonamiento.

Véase que en enero de 2026 esencialmente el gobierno de Trump terminó –sin admitirlo así–el bloqueo petrolero que él mismo había impuesto contra Venezuela en 2019. Las corporaciones estadounidenses volvieron a tener acceso al petróleo, algo que los venezolanos siempre dijeron que querían, por obvias razones comerciales. El secuestro de Maduro y Cilia Flores con el pretexto del narcotráfico fue un espectáculo ruín, indudablemente para golpear y desmoralizar la izquierda. Maduro expresa el lenguaje revolucionario y la tradición de verticalidad antimperialista latinoamericana –por ejemplo admirando al guerrillero independentista de Puerto Rico, Filiberto Ojeda Ríos–. Lo secuestraron precisamente porque insiste en el socialismo y es dirigente y organizador popular. Aunque su secuestro pueda disminuir por ahora la retórica revolucionaria –que fastidia a los yanquis– el proceso bolivariano continúa. Por cierto, la fiscalía norteamericana pidió que se aplace la vista en el tribunal contra Maduro y Cilia Flores. Dijo que la evidencia es insuficiente.

Deterioro social de Occidente

 ¿Cómo produjo el imperialismo occidental un espécimen como el nostálgico presidente-rey y su indisimulado derechismo virulento, que los yanquis usualmente disimulan? Demagogo consumado, Trump ascendió electoralmente en Estados Unidos representando protestas que la izquierda socialista, ahora dispersa y débil, representaba en el pasado, por ejemplo contra un establishment corrupto e insensible, las deudas, la desinformación del sistema mediático, la guerra permanente, la desindustrialización y las inversiones en el exterior en vez del país.

Con la ‘economía de servicios’ en los países occidentales, en décadas recientes se redujo la clase obrera productiva. El socialismo y el marxismo fueron marginados. Se celebraron teorías de una sociedad ‘pos-trabajo’, mientras buena parte de la actividad industrial y agrícola se trasladaba al Sur global, gracias a la expansión de los monopolios. Como resultado de la enorme productividad que hubo entre los años 40 y 70 del siglo pasado, Occidente goza de una circulación y acumulación de dinero nunca antes vistas, bajo hegemonía de las finanzas y el comercio, en que descansa la ‘sociedad de consumo’.

Desapareció el socialismo científico como fuerza política pública o de masas en los países donde había nacido o avanzado extraordinariamente, y en Estados Unidos y sus zonas de mayor influencia. Partidos comunistas y revolucionarios se desmantelaron o autodisolvieron. Ambientes académicos, intelectuales y mediáticos suponen que el comunismo, la revolución y el antimperialismo fueron una moda que pasó, y se saturan de cultura competitiva de mercado. Narrativas contrarrevolucionarias se revistieron de teoría izquierdosa, especialmente entre intelectuales con salarios altos. Junto a las privatizaciones, la sociedad civil creció al extremo de dejar chiquita la sociedad política (el estado, los partidos, la política). La revolución digital, microelectrónica y de internet, terreno de una relativización intelectual, moral e informativa con gran potencial para mejorar la sociedad, se dirigió principalmente a la actividad financiera, comercial, monopólica y militar. A menudo promueve ideologías de narcisismo, indiferencia social y banalidad; una ‘sociedad del espectáculo’ y de entretenimiento.

Ahora la abundancia occidental está amenazada por la reducción productiva que sus países principales se auto-infligieron, y por los cambios históricos del mercado global. Disminuyen el valor del dólar y su uso en el comercio petrolero en Oriente Medio y otras regiones. Aumenta el uso del yuan, el rublo, el rupí y otras divisas particulares de los países. No puede el imperialismo eliminar el surgimiento comercial y político del Sur global, ni la transformación cultural que conlleva, pero apuesta a debilitarlo y restarle velocidad y moméntum. Las normas y leyes de diplomacia, cooperación e intercambio que los países emergentes tratan de respetar es lo que el régimen de Trump patea y desbarata, exponiendo descarnadamente las relaciones de fuerza y poder.

Traducir»