Inicio Blog Página 375

Las cocinas de ellas

 

 

Esta semana murió a sus noventa y tantos, mi tía-abuela Tití quien, junto a Camelia, son mis referentes e inspiraciones en la cocina. Abuela me enseñó a cocinar en leña y Tití, una matrona regordeta y de brazos enormes, movía los calderos con las mismas preparaciones e iguales y hasta mejores resultados, pero sobre la estufa; siempre de gas. Siendo de la diáspora, tuvo que adaptar la cocina criolla ancestral a sus circunstancias.

Durante un tiempo vivió aquí con nosotros y con ella, que era más expresiva que Camelia, entendí que en esta familia de mujeres la cocina es un idioma. Es mucho más que un acto cotidiano. Eran ocho hembras de entre diez hijos de la despiadada bisabuela Justa (o Justina, según la personalidad que asumiera ese día). De las ocho, tres eran excelentes cocineras; cada una en su campo. La menor, Faustina, también es un referente importante en mi cocina. De ella transferí mi afición por coleccionar equipos y explorar con platos de otras latitudes. Un día llegaba con un apple pie; otro, con lo mein. O encendía su smoker para asar sausages que había hecho con su máquina de embutidos. La cuarta, Yaya, no cocinaba. Pero siempre que llegaba de visita desde California, venía cargando con una variedad de frutas gringas: manzanas, albaricoques, cherries, peras… y no podía faltar la posta de salami hebreo. Con su acento chicano me explicaba todo lo que podía prepararse con cada una de esas frutas. Rosario odiaba la cocina. Pero los sábados eran siempre días de espagueti y  su casa siempre  olía a lubina frita porque Ramón, su marido era experto pescador de lago. No obstante, con ella aprendí a coser; así, con ese. Velia, por su parte hacía lo que podía dentro de su precaria situación económica. Vivía con Irmita, su única hija quien fue una tierna y eterna niña y su nieta de la que no recuerdo el nombre, pero sí que era la sombra tras la cortinita que separaba su cuarto de la sala; que heredé todas sus mumus cuando murió a los dieciocho. Era hidrocefálica; un saquito de huesos cargando una enorme cabeza de ojos que decían lo que su boca no podía: nunca hablo ni se movió de aquella cama.  “Mama”, fue la única palabra que articuló en su corta y agónica vida; y expiró. Pero a pesar de su pobreza, Velia e Irmita siempre nos ofrecían galletas export soda y un néctar de melocotón en un cacharro o una tacita de margarina con olor a sofrito; caliente como el techo de su casa de la prera, o el plástico con el que tapizaban los muebles, del que se  me pegaban los muslitos, sancochados y húmedos. No era una gran cocinera, pero poseía la creatividad de quienes “se las resuelven con lo que hay”, como la vez que nos ofrendaron una docena de pasteles de masa de pepitas de pana. Les diría también que de Velia se rumoraba que era, más bien, diestra para mover “otros calderos”; pero ese es un cuento como para finales de octubre. De lo que sí estoy clara es que de ellas aprendí que cuando alguien cruza el umbral de tu puerta, una da lo mejor que tiene.

Moncha, la religiosa, le puso la sazón criolla a nuestra impuesta dieta judía.  Devota adventista como era, le buscaba la sabrosa vuelta, a los rigores levíticos que nos impuso Elena White a sus fieles.  Cuando la vistábamos solíamos bajar al amanecer, en una caravana de tías abuelas con sus respectivos hijos, nietos y alguno que otro cola’o. Entonces, desde su fogón en Mayagüez, comenzaban a salir enjambres de platos igualmente deliciosos, pero con las necesarias bendiciones kosher.  Además, su hija por los mismos regímenes, era una vegana de respeto y me enseñó a hacer panes de granos, mantequillas de almendras, barritas de dátiles.

Cuando todas se juntaban en casa de abuela, sus charlas se escuchaban hasta acá en mi casa y era una homilía de calderos subiendo y bajando del fogón durante dos o tres días, hasta que se agotaban todos los guineos, se molían todos los cocos, se mataban todos los pollos crecidos, se acababa la paila de sangre para las morcillas. Siempre a regañadientes y en un tono de cura malhumorado, se daban y nos daban instrucciones a los nietos que entrábamos y salíamos de aquel enorme espacio de madera que era un templo. Sin embargo, entendíamos esa forma tan seca de expresarse. Y es que con ellas aprendí que en esta familia de mujeres duras, encurtidas por el trabajo y el dolor, cocinar es el único acto de ternura que nos permitimos. Esa dureza, también la adopté. No todo es peaches and cream. No en balde la cocina y yo estamos tan ligadas.

Una vez, cuando le pedí leyera un cuento mío para el que casi tuve que sacarme una maestría en física, el célebre Pancho Velázquez me dijo: “niña, ¿por qué te complicas la vida? Escribe de tus abuelas y tus tías y sus cocinas; como todas las escritoras latinoamericanas”. Por mucho tiempo me negué ese cliché. Pero estoy empezando a sospechar que, llegado el momento, este acto se convierte en una pulsión: en un compromiso ineludible.

  1.     Los códigos de los sorullitos de Maíz, como me enseñó Tití.

Si el fogón de Camelia era su templo, la cocina  en el  interior era su purgatorio. Salvo en contadas excepciones, incluidos los maravillosos cueritos de pescuezo de pollo rellenos de corned beef, de aquella cajita de fósforos, intento de cocina, lo que salía era, en más de un sentido, intragable.  Conato de comida de aspecto mustio, desabrida, fría, con cierto vaho a Clorox. Era tal el contraste entre ambos espacios culinarios, que podría jurar, secretamente, que lo hacía adrede; como una pequeña venganza clandestina contra su compañero de décadas.  De hecho, con frecuencia me advertía por lo bajo: “no te comas eso, que es pa’ tu abuelo”.  Sin embargo, además de los pescuezos, eran un llamado a la reunión del clan, las ditas alcochonadas con Bounty y repletas de frituras que emergían de la cocina interior.  Estas vieron con nosotros a Rafaél José ganar el OTI, a Deborah el Miss Universe, un par de nocauts de Gómez, muchos juegos de pelota, la caída de Walenda, el juicio de Maravilla… Ditas que borboteando bacalaítos, alcapurrias y sorullos, circulaban en un papacaliente por la pequeña sala, ofreciendo su contenido mientras los ojos permanecían estáticos frente al televisor. De los sorullos, yo solía comerme solo la corteza crujiente, porque ese engrudo interior que me recordaba al funche o a la harina de maíz que mami se preparaba de desayuno, me causaba cierta desilusión: como un regalo mediocre, pero bien envuelto.  Esto, hasta que Tití llego a casa y entre tantos otros, me pasó los códigos secretos de los sorullitos.  Se trata de una masa bien sazonada (mis sorullos son salados) y bastante seca.   Para esto, es necesario cocinar la harina al fuego hasta que despegue totalmente de las paredes de la olla.  Ese también es el código para otras preparaciones que requieren centros huecos, como la choux de los eclairs y de los churros.  Mi reciente descubrimiento de la magistral polenta italiana, me llevaron a idear esta receta que les dejo en honor a Tití y a Camelia y a las tías que se pasaban la dita de sorullitos para mojar en chocolate, alguna noche de verano en el balcón de abuela mientras ventilaban los cuentos de Justa a boca de jarro, una y otra vez, en su inagotable lamento sazonado pero seco, como la masa con la que se confeccionan.

Sorullos al camarón y su musse pa dipiar. (12 sorullitos, aprox.)

Ingredientes:

1  taza de harina de maíz
1 3/4 tazas de caldo de camarones preparado con:
5 camarones frescos y enteros
2 1/2 tazas de agua
2 hojas de laurel
1/4  de cebolla
1/2  zanahoria
2 dientes de ajo
1 tallo de apio (celery)
Pimienta al gusto
3 a 4 granos de pimienta gorda (malagueta/ allspice)
2 cucharadas de aceite de oliva
1/4 taza de crema de montar (heavy cream)
1 cucharada de cilantro fresco, picado, mas sus tallos aparte .
Un limón
Sal y pimienta al gusto

Preparación:

En una olla profunda, ponga el aceite de oliva y las cabezas, colas y cascarones de los camarones.  A sus cuerpos, quítele la vena y  reserve la carne.

Pasados 4 o 5 minutos de cocción, añada la cebolla, apio y zanahoria. Cuando transparente un poco la cebolla, añada la pimienta, sal, pimienta gorda (reserve una pepita), los tallos de cilantro y el laurel y vierta el agua.  Deje hervir unos 15 a 20 minutos.

Mientras tanto, prepare la musse. Primero, cocine vuelta y vuelta los camarones reservados sobre un sartén con unas gotas de aceite de oliva hasta que cambien de color. Corte en porciones pequeñas y procese con la crema, un toquecito de la raspadura de una semilla de pimienta gorda, el cilantro picado y una pizquita de ralladura de limón, así como unas cuantas gotitas de su jugo.  Salpimente a gusto. Adorne y reserve en nevera.

Retire el caldo del fuego. Procese en licuadora todo el contenido muy bien y filtre varias veces hasta conseguir un caldo limpio de impurezas.

Regrese dos tazas del caldo limpio a la olla y ponga al fuego hasta que hierva. Añada la harina de maíz en pequeñas cantidades, asegurándose que toda se incorpore y humedezca. Si nota que está todavía muy seca, añada chorritos del caldo restante o agua. Continúe cocinando y moviendo la preparación hasta que la masa se despegue de las paredes de la olla.

Ponga aceite a calentar en una sartén a fuego alto.  Luego lleve a fuego medio y fría los sorullos dándole antes la forma y longitud deseada. (A mi me salen 12) No se asuste si le quedan un poco mas oscuros; esto se debe al color del caldo. Cuando estén todos los sorullitos fritos, sirva junto al musse para untar o dipiar.

Nota para que coma titi Moncha.

Para quienes no consumen marisco, el caldo bien puede sustituirse por cualquier otro.  De igual forma, la musse puede prepararse con pollo, setas, alcachofas, berenjena.  Y en el caso de los veganos, la crema puede sustituirse por tahini, tofú e incluso anacardos o cualquier otra semilla, procesados con un poco de agua. Pero de esas travesuras culinarias, supongo que saben mejor los veganos.

 

Libroteca: notas preliminares a las memorias de Albert E. Lee (1963) y Alejandro Tapia y Rivera (1927)

 

La revisión del pasado puertorriqueño y sus representaciones es constante. El presente, esa situación precaria en la que el estar y el dejar de estar en un lugar del tiempo y el espacio se encuentran, hace necesaria la relectura de los rastros de los pasados. El proceso puede estar lleno de gratas e ingratas sorpresas. Las respuestas que el historiador encuentra en las fuentes en un momento determinado suelen girar en direcciones inesperadas en otras. Se trata de un fenómeno que me parece pertinente comprender. Del mismo modo que se acepta que la historia debe ser reescrita una y otra vez, cada texto requiere numerosas relecturas. Intentaré hacer ese ejercicio con dos fuentes de la memoria.

Un libro

An Island Grows. Memoirs of Albert E. Lee, 1873-1942 publicado en 1963[1], es un ejemplo de ese fenómeno. Este libro llegó a mis manos en fecha no determinada. Acostumbro a firmar cada volumen que entra en mi colección, anotar donde lo obtuve y el año del suceso. En este caso no lo hice. Mi ejemplar había pertenecido a una biblioteca rural adscrita al Departamento de Instrucción Pública y nunca había sido tomado en préstamo. Un libro huérfano de lectores decomisado por las autoridades escolares, como tantos otros, comenzó a circular a ciegas hasta que, en algún momento, el azar lo llevó a mis manos en Mayagüez

El impreso abre con una breve introducción de Waldemar Fernando Lee Tapia (1906-1965)[2], hijo del autor, e incluye como apéndice 2, una cronología titulada “History of Puerto Rico at a glance”[3] firmada por Margarita Ashford Lee (1906-1979), esposa de Waldemar e hija del Dr. Bailey Kelly Ashford (1873-1934). La selección de datos de Ashford Lee y su representación del pasado colectivo es por demás interesante y merecería un comentario historiográfico que pospondré para otra ocasión. La cronología aludida comienza con el descubrimiento en 1493 y cierra en el 1960. Para ese año destaca la fundación del Partido Acción Cristiana (PAC) cuyo cuestionamiento al populismo en el poder es por demás conocido, y la victoria de Luis Muñoz Marín (1898-1980) en las elecciones, episodios que marcan los frágiles y evasivos límites entre una época y otra que las voces detrás del texto no estaban en condición de imaginar.

La red de asesores con que contó la autora de la cronología incluye a los historiadores José A. Gautier Dapena (1907-1982), Labor Gómez Acevedo, Rafael W. Ramírez de Arellano (1884-1957) y María Teresa Martínez Villafañe, reconocidos investigadores de los temas del siglo 19 y la evolución del liberalismo puertorriqueño. Earl Parker Hanson (1898-1978), uno de los cerebros del “desarrollismo dependiente” de la era del populismo y autor de Transformation: the Story of Modern Puerto Rico (1955) colaboró en el proceso de edición, “limiting the content of my father’s memories”[4].  La afirmación dice al lector que una parte de las memorias permaneció inédita. Recuerdo una edición de aquel volumen que habita entre mis libros en cuya portada destacaba Muñoz Marín sonriente, con la mano derecha mesando su cabeza sonriente acompañado de la frase “We are only realistic…”[5]. La artista Irene (Esser) Delano (1919-1982), esposa de Jack Delano (1914-1997) diseñó sobriamente la publicación auspiciada por la empresa Albert E. Lee and Sons, Inc. e impresa por MacCrellish & Quigley Company en Trenton, New Jersey una cuidadosa editorial propiedad de James W. West fallecido en 1959 a los 83 años.[6]

En qué medida aquellos intelectuales influyeron en la selección y organización de estas memorias en el texto que tengo a la mano es difícil de precisar. Pero la presencia de sus nombres, todas figuras destacadas y respetables de la cultura institucional puertorriqueña, debía ser interpretada por el lector como una “garantía” de confiabilidad difícil de ignorar. Las memorias de Lee Basanta contienen la huella indeleble de todos aquellos que colaboraron en su configuración definitiva por lo que pueden ser apropiadas como la expresión de todos aquellos que participaron en su confección asó como el reflejo de un momento histórico y n sector de clase en particular.

El papel de los editores de memorias en la representación del pasado de los autobiógrafos es un asunto que merecería una reflexión profunda a la luz de este y otros modelos. Cualquier edición del tipo de la sugerida por el prologuista implica que la depuración del texto requirió una serie de supresiones y acomodos que, al mirar el producto final son imposibles de establecer. Ello solo sería posible revisitando los manuscritos.  Lo que me parece innegable es que una memoria editada, esta o cualquier otra, es una pieza distinta de la memoria en bruto de la cual emana. El papel del mediador en la articulación de la textualidad puede ser crucial.

Qué dejo fuera del tintero, por ejemplo, Aurelio Tió (1907-1992) cuando tejió el contenido de Un poco de historia colonial, notas en torno al final del siglo 19 de José Marcial Quiñones (1827-1893) para los lectores de 1978[7]. O bien que excluyó René Jiménez Malaret (1903-1991), al acomodar el Epistolario histórico de Félix Tió Malaret (1855-1932)[8], un documento de cardinal importancia para penetrar la historia del autonomismo de fines del siglo 19, a la altura de 1939 cuando la editó y anotó. Las razones para la inclusión o la exclusión es otro asunto complejo. La (re)construcción de la memoria de un actor ausente, siempre estará a expensas de los imperativos del presente desde el cual se le (re)construye y las de aquel que las ensambla.  La edición de una memoria es el resultado de una interpretación que nunca es inocente.

 

Un personaje

Albert (Edward) Lee (Basanta) (1873-1942)[9]  nació en Ponce en la casa de sus abuelos en el 14 de la calle Comercio. Su padre provenía del San Tomás danés y había crecido en Boca Chica, Ponce. Su madre era puertorriqueña de ascendencia inglesa. Formó parte de la comunidad de extranjeros con capital y cultura que vivían en Ponce en interacción con las familias criollas de la localidad, un grupo compacto y solidario “very friendly and close to each other”[10] .

 

En 1886 se trasladó a San Juan. Un 11 de agosto, recuerda, tomó un vapor costero que lo condujo a la capital junto con su padre y su hermano Arthur.[11]Aquellas ciudades, la capital alterna y la capital formal, fueron cruciales en la maduración de una cultura moderna en el país y en la personalidad del autor. La marca cultural de los 13 años como el momento de ingreso a la adultez habla de una cultura en la cual la adolescencia era inexistente. Se salía de la niñez a la madurez sin atenuantes. Lee Basanta lo reconoce cuando afirma: “I was a boy (…) completely innocent of the ways of the world.”[12]

Lee Basanta era un tipo peculiar de “mestizo”. Provenía de una familia de fuerte ascendencia sajona criollizada y bien conectada con las elites puertorriqueñas. El dato es de interés si se aspira a una interpretación cultural abierta del pasado puertorriqueño. Dos refinadas miradas críticas a la hispanidad convergían en él. Primero, la que caracterizaba a la clase criolla liberal decimonónica, un sector educado siempre ansioso por ser reconocidos como iguales por los peninsulares. Segundo, la que se alimentaba de la tradición inglesa, uno de los grandes adversarios de la hispanidad tras siglos de competencia política y económica desde el siglo 16. Este “mestizaje alterno”, obviado por los estudiosos del hibridismo cultural con que se ha descrito a la cultura puertorriqueña, es otro tema de investigación que espera por ser visitado críticamente. Las intersecciones etnoculturales del pasado que asumimos como colectivo no son tan simples como lo sugiere la fórmula canónica.

La relación de la familia de Lee Basanta con la clase criolla tenía un ingrediente cargado de cotidianidad que iba más allá de las vinculaciones capital y de una concepción particular sobre España. Su esposa, Catalina Concepción de las Mercedes (1874-1932), era una de las hijas de Alejandro Tapia y Rivera (1827-1882), intelectual, historiógrafo, dramaturgo, activista liberal y abolicionista del siglo 19. Un dato respecto a aquel matrimonio llama mi atención. El hecho de que el hijo mayor de ambos fuera bautizado con su nombre en castellano, Alberto Eduardo Lee Tapia (1895-1912), dice mucho respecto a su integración cultural al entorno criollo y sus afinidades emocionales con el país. El caso no es único. Paul G. Miller (1875-1952), Comisionado de Instrucción de Puerto Rico y autor en 1922 de un libro de historia de Puerto Rico por lo general calificado como parte del “proyecto americanizador” pos-invasión de 1898, reconocía identificaba a su hijo Virgil como “the first child born to United States citizens in San German”[13].

Discursividades: Lee Basanta y Tapia y Rivera

An Island Grows … posee una narrativa cargada de nostalgia y emocionalidad. En su conjunto, así lo sugerí en varios seminarios graduados de historiografía sobre Puerto Rico, su discursividad puede ser interpretada  como un homenaje y una continuación de Mis memorias, o Puerto Rico, como lo encontré y como lo dejo (1882/1927) la obra de su suegro.[14] Un comentario del prefacio de Waldemar al referirse a su padre indica: “he seems to pursue the same trend of thought in recording events as did his father-in-law”.[15] La pasión por registrar el acontecer era común pero como historiador cultural, debo decir que ambos estaban más allá de la mera cronología. Tanto Tapia y Rivera como Lee Basanta poseían la voluntad de constituirse en depositarios, portavoces y traductores del alma o psique del tiempo que les correspondió vivir.

 

La lectura que Waldemar había hecho de las memorias de su abuelo y de su padre le había dejado una impresión respecto al entorno en el cual habían sido formuladas una y otra. Tapia y Rivera, alegaba, había reflexionado en medio una época de “utter frustation” y desencanto con la situación que se vivía bajo el dominio de la vieja España. No lo pongo en duda. Tapia y Rivera lamentó mucho las limitaciones que le impuso el autoritarismo español a su persona y su país. Lee Basanta, por el contrario, había tenido la fortuna de ser testigo de “a transition from frustration to centuries of progress attained in a short spam of his life”[16]. El nuevo siglo había significado la aceleración del progreso.  Aquella afirmación debía servir de guía a los lectores potenciales de An Island Grows… Al apropiar ambas memorias, el 1898 se constituía en la retórica de Waldemar en una suerte de frontera que separaba dos tractos opuestos: uno caracterizado por el inmovilismo y el retraso, y otro dominado por el movimiento y el progreso. De los 19 capítulos 14 son dedicados al siglo 19 español, como quien intenta completar los que tapia y Rivera no vio o vivió, y 5 al siglo 20 estadounidense.

La celebración del presente estadounidense en el texto de Lee Basanta es, sin embargo, cautelosa.  El confiado e inocente relato del progreso que se había impuesto en las representaciones de Puerto Rico con una fuerza extraordinario carecía de densidad sociológica. Siempre recuerdo un interesante texto escolar, Cuentos de Puerto Rico de Juan B. Huyke publicado en 1926, prologado de manera celebratoria por Francisco Rodríguez López, un educador de Guayanilla e Inspector de Escuelas del Distrito Guayanilla-Peñuelas. El maestro puertorriqueño celebraba el 1898 como una “consigna de Dios” y una garantía de progreso cimentada en la legitimidad de la “doble personalidad de puertorriqueños y americanos” que había crecido en el país.[17] La combinación de los valores civilizatorios latinos y sajones conduciría a la creación de una nueva entidad nacional en otro curioso “mestizaje alterno”.

No pongo en duda que el 1898 había significado una “aceleración del progreso” según se entendía ese concepto desde el universo de los negocios y el capital. Pero Lee Basanta no se llamaba a engaño y reconocía que la del veinte había sido una “década terrible” (dreadful decade) en la cual se transitó del optimismo (great hope) a la tragedia (world wide disaster)[18], proceso que minó la confianza de los paisanos en el orden instituido.  Las memorias cierran precisamente en la embocadura de esa otra “década inquieta” de la historia de Puerto Rico: la de 1930 marcada por la Gran Depresión y el colapso de las ideologías articuladas a principios del siglo 20 para responder al empantanamiento colonial.

Entre Mis memorias… de Tapia y Rivera y An Island Grows…existe un complejo entretejido simbólico. La historia de Mis memorias… de Tapia y Rivera es por demás curiosa. En 1926, con toda probabilidad animado por el centenario del nacimiento de su padre Alejandro Tapia y Díaz presentó el borrador documento al Ateneo Puertorriqueño para que lo conservara en sus archivos. Tapia y Díaz esperaba que la publicación de la obra de su padre fuese el resultado de un proyecto institucional, “que Puerto Rico fuera el encargado del proyecto”[19].  Después de todo, Tapia y Rivera iba camino a convertirse en una figura central del canon en proceso de formación que maduraría alrededor de la reflexión treintista. Reconocido el desinterés institucional decidió hacerse cargo del asunto.

El texto fue difundido por La Democracia en 1927, el legendario periódico de los autonomistas y unionistas, con el apoyo de Antonio R. Barceló (1868-1938), un discípulo de Luis Muñoz Rivera (1859-1916). Barceló, una figura en general poco estudiada, encabezaba la Alianza Puertorriqueña y transitaba del autonomismo al independentismo donde terminó en 1932. En 1928, Alejandro Tapia y Díaz las publicó en Nueva York con un “Proemio” de Cayetano Coll y Toste (1850-1930), historiador oficial de Puerto Rico.[20]  La invención de Mis memorias y su transformación en un signo de la voluntad liberal puertorriqueña y un código identitario colectivo no carece de relevancia a la hora de comentar An Island Grows…

El “Proemio”[21] de Coll y Toste confirma la devaluación del pasado hispano en términos análogos a los de Waldemar. Amparándose en una cita de Aristóteles firma que “que la vida colonial de las Antillas españolas era algo por el estilo”: los colonos como los siervos perdían “la mitad de su alma” en ausencia de libertad[22].  A pesar de ello la nostalgia por aquel siglo lo obsede. El recuerdo de la lavandera de su casa, una “prietuzca achocolatada”, “criolla de pura raza mandinga”, otro “mestizaje alterno” y contradictorio en términos raciales, le obsede. Aquella mujer y madre de 24 hijos era celebrada por su alegría y fidelidad a su abuela y ama la Niña Juana quien la reconoció libre testamentariamente, y por el café con leche queso del país que preparaba para todos cada mañana[23]. La edulcoración de la esclavitud en el “Proemio” de Coll y Toste, poco tenía que ver con la referencia a Aristóteles que le antecedía, no es un dato excepcional. He documentado actitudes similares en otras figuras del cambio del siglo que celebraban la modernización sajona, pero añoraban el pasado señorial hispano[24].  pero reflejaba la contradictoria apropiación del pasado hispano desde el presente estadounidense que marcó a aquella generación y que será uno de los rasgos distintivos de la intelectualidad puertorriqueña colaboracionista con el régimen.

Invitación a la lectura

El interés de un segmento de la elites sociales y culturales del país, presente en la materialización de la construcción y difusión de las memorias de Tapia y Rivera y en las de Lee Basanta, no deja de llamar la atención. El estudioso cultural se enfrenta con la textualidad de dos testigos privilegiados del tiempo histórico que les correspondió vivir cuya reflexión no se limitaba a celebrar la modernidad, y, por lo contrario, fueron capaces de reconocer las fisuras del proyecto de aquel proyecto. A documentar esas fisuras me dedicaré en otro momento.

Notas

[1] Albert E. Lee (1963) An Island Grows. Memoirs of Albert E. Lee, 1873-1942. (San Juan: Albert E. Lee and Son Inc.)
[2] Ibid, iii.
[3] Ibid, 143-158.
[4] Ibid, iii.
[5] Earl Parker Hanson (1955) Transformation: The Story of Modern Puerto Rico (New York: Simon and Schuster)
[6] “James W. West” (Obituary) Sayli News (New York), Sat., Dec. 191959: 52.  URL: https://www.newspapers.com/article/daily-news-obituary-for-james-w-west-a/40518195/
[7] José Marcial Quiñones (1978) Un poco de historia colonial (incluye de 1850-1890) (San Juan: Academia Puertorriqueña de la Historia/Instituto de Cultura Puertorriqueña)
[8] Félix Tió y Malaret (1999) Epistolario histórico (San Juan: Sociedad Histórica de Puerto Rico)
[9] Find a Grave, “Albert Edward Lee Basanta”  https://www.findagrave.com/memorial/101375874/albert-edward-lee_basanta
[10] Lee, Op. Cit., 3.
[11] Ibid, 34.
[12] Ibid, 34.
[13] Sobre Paul G. Miller véase Mario R. Cancel Sepúlveda (2011) “Continuidades y discontinuidades: de Salvador Brau a Paul G Miller” en Porto Rico: Hecho en Estados Unidos (Cabo Rojo: Editora Educación Emergente): 76. Ver “Death ends Dr. Paul G. Miller’s brilliant career as educator, administrator at 77,” Winneconne News, May 30, 1952: s.p. en Paul G. Miller, Winnecomme Cemetery. URL: http://www.winneconnewi.gov/historical/cemetery/images/miller-paul.htm
[14] Alejandro Tapia y Rivera (1966) Mis memorias, o Puerto Rico, como lo encontré y como lo dejo (San Juan: Coquí)
[15] Lee, iii.
[16] Alejandro Tapia y Díaz (1986) “Dos palabras” en Alejandro Tapia y Rivera, Mis memorias (Hato Rey: Cultural Puertorriqueña): 5.
[17] Francisco Rodríguez López, “Prólogo” (1926) en Juan B. Huyke. Cuentos de Puerto Rico. Chicago / Nueva York: Rand McNally: 5-10.
[18] Lee, 133.
[19] Alejandro Tapia y Díaz (1986) “Dos palabras” en Alejandro Tapia y Rivera, Mis memorias (Hato Rey: Cultural Puertorriqueña): 5.
[20] Lee, 6.
[21] Cayetano Coll y Toste (1986) “Proemio” en Ibid, 9-11.
[22] Ibid, 9.
[24] Refiero a cualquier interesado a Mario R. Cancel (1997) “Teosofía y modernización: el caso de Olivia Paoli de Braschi” en Historia y género: vidas y relatos de mujeres en el caribe (San Juan: Asociación Puertorriqueña de Historiadores / Posdata): 49, 56-57.

Lo decolonial contraataca: testimonio

 

 

 

Especial para En Rojo

Hace unos años, en Boston, participé en un gran congreso académico. Se alquilaron dos hoteles para el evento y decenas de presentaciones se hicieron de manera simultánea. Los pasillos del hotel me hacían pensar en que estaba en un aeropuerto con la gente corriendo de terminal en terminal.

Cuando fui a hacer mi presentación me encontré en una sala con otras dos personas, una de Ecuador y otra de España. No había moderador ni nadie más presente. Mis compañeros de mesa incluso se tomaron fotos (selfies) como prueba de que habían estado en la conferencia. Yo no lo hice porque no tenía a quién mostrárselo. Durante un tiempo, los tres nos sentamos en sillas frente a una audiencia imaginaria y comenzamos a hablar, hasta que finalmente decidimos hacer nuestro deber: turnarnos para ir a la mesa a hacer nuestras presentaciones, teniendo a los otros dos presentes en el público.

Personalmente, el mejor momento de esa conferencia fue cuando me encontré con unos colegas de la Universidad de Puerto Rico con los que salí a tomar unas cervezas y comer algo. Pasamos un buen rato. Esa conferencia tuvo lugar en mayo de 2019 y fue la primera a la que asistí sobre el tema de mi tesis doctoral, en la que trabajé durante dos años sin saber que la pandemia me encerraría en casa meses después.

Hace poco más de dos semanas, me sucedió casi lo opuesto. Participé en una conferencia en Lisboa sobre un tema que comencé a estudiar durante la escritura de mi tesis, pero que no tuve el tiempo necesario (ni el marco disciplinario adecuado) para profundizar. Mi sorpresa fue que, a diferencia de la experiencia que mencioné anteriormente, esta vez al final de la conferencia, tres personas se acercaron a pedirme que les enviara mi presentación. Lo más curioso para mí es que lo que presenté no fue en gran medida una investigación con trabajo de campo en curso que presentara datos frescos. Nada de eso.

Lo que quise hacer fue una forma de homenaje y rescate de su legado para un grupo de investigadores militantes que comenzaron su camino en la década de 1960 y que en los últimos años han vuelto a despertar interés no solo en América Latina sino también en Europa. Una de las personas que vino a hablar conmigo al final me dijo que no estaba acostumbrada a escuchar a alguien hablar sobre teóricos brasileños y su producción intelectual para hablar sobre algo que concierne no solo a América Latina, sino también a la aplicación de algunos principios que pueden ser universalizables a esta parte de Europa, en un proceso inverso a lo que comúnmente ocurre. No sé si esto me volverá a suceder, pero solo por esto, por sentir que estoy hablando con alguien que apreció lo que intenté transmitir, ya valió la pena estar en Lisboa en esos días.

 

El autor es  analista político y profesor de Estudios Hispánicos y portugués. Residió casi una década en Puerto Rico estudiando y militando. Actualmente trabaja en España.

 

 

 

 

 

Mejor cine de 2023

En Rojo

Resumir el mejor cine de 2023 ha sido mucho más difícil que en años anteriores tanto por la cantidad y calidad de las producciones como por la producción tan variada entre estrenos en las salas de cine (especiales y regulares), en las plataformas de streaming y las producciones fuera del circuito USA, que han podido tener mejor distribución por su internacionalización a través precisamente de las múltiples plataformas existentes. El tener la oportunidad de ver en streaming filmes que no pude llegar a tiempo para ver en pantalla grande, ha sido una bendición para esta cinéfila que pudiera pasar casi todo su tiempo en el cine, no importa el tamaño de la pantalla. Así que hago “clusters” de filmes bajo encabezados que más o menos los agrupa en su gran variedad temática.

Fallen

COMEDIAS QUE A VECES DAN GANAS DE LLORAR: Cassandro (Roger Ross Williams) con el maravilloso Gael García Bernal que puede transformar cualquier papel que escoja interpretar; Are You There, God? (Kelly Fremon Craig) con todos los elementos de lo que hubiera podido ser una guerra entre creencias religiosas y la difícil tarea de crecer; Love at First Sight (Vanessa Caswill) de dos jóvenes que nos enamoran en muy poco tiempo para lanzarnos a mundos reales e imaginarios; Asteroid City (Wes Anderson) con un imaginario muy parecido a la realidad; Barbie (Greta Gerwig) cuya peligrosidad no permite que se vea la seriedad de sus planteamientos; You Hurt My Feelings (Nicole Holofcener) sobre la fragilidad de los sentimientos; American Fiction (Cord Jefferson) con su mirada crítica al mundo fantasioso de escritores; Wonka (Paul King) cuando hacer chocolate se convierte en una amenaza a los dueños de la economía existente; Fallen Leaves (Aki Kaurismäki) una historia de amor tan básica que nos enamoramos de esas hojas que caen.

ACCION DISFRUTABLE: Equalizer 3 (Antoine Fuqua) con un Denzel Washington bajo la sombra de Macbeth que intenta encontrar armonía alejado de las grandes ciudades de sus relatos anteriores; Mission Impossible :Dead Reckoning, Part 1 (Christopher McQuarrie) con una coreografía impecable que nos deja en suspenso para la 2nda parte; The Killer (David Fincher) con el paso lento que hace de los asesinatos misiones cumplidas; Reptile (Grant Singer) con la intensidad de un Benicio del Toro que nadie lo detiene en busca de la verdad; John Wick: Chapter 4 (Chad Stahelski) con un Keanu Reeves que tampoco nada ni nadie lo detiene para cumplir la misión impuesta y mantenerse vivo a pesar de todas las amenazas existentes; Ferrari (Michael Mann) con el ritmo y cadencia que revela lo íntimo a través de la rapidez y violencia del mundo externo; The Covenant (Guy Ritchie) con un Jake Gyllenhaal y Dar Salim que recrean, en términos personales, la última fase de la guerra de EEUU en Afganistán.

DRAMAS DE LA VIDA DIARIA: Past Lives (Celine Song) con tiempos que pasan, se entrecruzan y sentimientos que se apagan o florecen según el momento presente; The Eternal Daughter (Joanna Hogg) con una Tilda Swinton que exterioriza los recuerdos y resentimientos al crear una madre e hija que conversan; Anatomy of a Fall (Justine Triet) con un suceso que afecta a todxs pero cuya verdad puede ser múltiple; A Thousand and One (A.V. Rockwell) de una mujer como madre gestora para abrirle camino a un niño sin hogar; May December (Todd Haynes) con una Julianne Moore que defiende sus acciones y sentimientos al crear una normalidad de un escándalo; Leave the World Behind (Sam Esmail) y el efecto de un cambio global en las comunicaciones que los aísla de la verdad; Passages (Ira Sachs) se adentra en las relaciones íntimas de una pareja de hombres para revelar los engaños, manipulaciones y mentiras que corrompe cualquier sentimiento entre ellos; Master Gardener (Paul Schrader) con un Joel Edgerton exquisito como el jardinero principal de la naturaleza y la complicada vida de la dueña,

Fingerbails

Sigourney Weaver; Fingernails (Christos Nikou) con dos actorxs maravillosxs, Jessie Buckley y Riz Ahmed, intentando probar si existe el amor y hasta qué límites puede llegar.

BIOPICS: Nyad (Elizabeth Chai Vasarhelyi y Jimmy Chin) cubre una crucial etapa en la vida de Diana Nyad (Annette Bening)—su intento de nadar desde Cuba a Florida—con el grupo de apoyo dirigido por su asistente y amiga fiel, Bonnie Stoll (Jodie Foster); Maestro (Bradley Cooper) escoge enfocar en los años de la relación de Leonard Bernstein y su compañera Felicia Montealegre; Boys in the Boat (George Clooney) recrea la formación del equipo de remos de la Universidad de Washington y luego su participación en los Juegos Olímpicos de 1936; Sociedad de la nieve (J. A. Bayona) narra la supervivencia de las 16 personas del accidente aéreo de 1972 (el filme arrasó con los Goya);

Freud last session

Freud’s Last Session (Matt Brown) sobre un posible encuentro entre Sigmund Freud (Anthony Hopkins) casi en sus últimos años y el escritor y filósofo, C.S. Lewis (Mathew Goode) en la medianía donde discuten teología, sentimientos reprimidos y los recuerdos de una guerra pasada y otra a punto de estallar (C.S. Lewis es el protagonista del filme Shadowlands de 1993, protagonizado por Hopkins).

PROPUESTAS FASCINANTES: Poor Things (Yorgos Lanthimos) una atrevida propuesta de un científico que salva a una mujer de la muerte implantando el cerebro de su niño por nacer para que vuelva a crecer e inventarse en su propio ser; Oppenheimer (Christopher Nolan) para entender las motivaciones de este físico de pensar continuamente de cómo avanzar la ciencia sin necesariamente preguntarse cómo otros lo usarían para la destrucción del mundo con unas actuaciones ejemplares de Cillian Murphy y Robert Downey; Origin (Ava DuVernay) con su propuesta de buscar el origen del odio y discrimen hacia el otro o lo diferente en las castas creadas por sociedades religiosas o fascistas.

DOCUMENTALES ESPECIALES: The Greatest Night in Pop (Bao Nguyen) sobre el “making” de la grabación musical “We Are the World” de 1985 para recaudar dinero y atraer la atención de los gobiernos de la terrible hambruna en Africa con un narrador espléndido: Lionel Richie y un conglomerado de estrellas musicales tan diversas como Bob Dylan, Diana Ross, Bruce Springsteen, Michael Jackson, Dionne Warwick, Willie Nelson, Ray Charles, Harry Belafonte, Stevie Wonder y tantos otros + (ojalá algo así se pudiera hacer para reconstruir a Gaza); American Symphony (Mathew Heineman) sobre la preparación del concierto de Jon Batiste en Carnegie Hall y la precaria salud de su compañera de vida; Silver Dollar Road (Raoul Peck), capta la historia individual y colectiva de tantas familias del Sur estadounidense que han perdido las tierras que sus antepasados le legaron; La memoria infinita (Maite Alberdi), ganadora del Goya en la categoría de Cine Iberoamericano (la misma que La pecera) como una vivencia del deterioro memorial del periodista y documentalista Augusto Góngora (1952-2023) y su compañera y cuidadora, la actora teatral, Paulina Urrutia.

La pelota Doble A es otra cosa

 

Camuy defiende su campeonato y 44 equipos quieren lo que tiene

Especial para CLARIDAD

El torneo de la pelota Doble A en Puerto Rico es otra cosa.

Y de paso, cualquier definición que usted le quiere dar a otra cosa, pero haciendo la salvedad que debe ser positiva, pues defínalo como quiera.

Y es que pudiera decirse que la Doble A es como un bálsamo para los miles y miles de fanáticos del béisbol federativo en la Isla, que además son en su mayoría seguidores de la pelota de Grandes Ligas, que de paso también está a la vuelta de la esquina. 

Este domingo 18 de febrero dará inicio el campeonato número 85 de la llamada pelota domiguera, una que hace vibrar todas y cada una de las fibras de los fanáticos del béisbol pueblerino, que es como se conoce además éste torneo.

Ocho décadas y un lustro se dice fácil, pero no lo es. Y sino, pregúntele a los seguidores del equipo de Camuy que se coronaron el año pasado monarcas nacionales, luego de 66 temporadas tratando de llegar a dicho sitial. Un campeón no revalida en la Doble A desde que los Bravos de Cidra lo hicieron en el 2012 y 2013. Pura y dura competencia. 

De hecho, este domingo Camuy y su gran fanaticada vivirán en el estadio Juan ‘Cheo’ López, una experiencia sin precedente: los Arenososos recibirán como campeones defensores la visita de los Tigres de Hatillo para el inicio del campeonato del 2024, en partido que iniciará a las 3:00 p.m. 

Dennis Pérez es dirigente-jugador de los campeones y Osvaldo Pérez dirige a los Tigres.

Como si fuera poco para los camuyanos, un hijo de ese pueblo, exdirigente y apoderado de los Arenosos, el profesor Luis Rivera Toledo, hará el lance de la primera bola como homenaje, ya que es a su persona que la Federación de Béisbol de Puerto Rico (FBPR), le dedica la temporada.

Rivera Toledo es hoy día miembro del Comité Olímpico de Puerto Rico y es un expresidente de la Federación de Atletismo.

El juego del domingo, será el único partido en calendario. Entonces, para el viernes 23 de febrero, los restantes 43 equipos de la liga iniciarán su temporada regular, que constará de 20 partidos en total.

Una vez termine la temporada regular, los primeros cuatro equipos de cada una de las ocho secciones, pasarán a jugar la postemporada. Los Toritos de Cayey, que dirige el exgrandesligas, Juan ‘Igor’ González, son los actuales subcampeones del torneo.

Son 45 equipos. 45 municipios activos en esta temporada, una que le dará vida y color a cada uno de esos pueblos, y además brindará a la fanaticada en general, un detalle recreativo y de esparcimiento social y cultural, que no hay dinero que lo pueda pagar. 

El impacto de jugadores en ese total de franquicias es de 1,200 peloteros.

Este año repiten los mismos 45 equipos de la pasada temporada, divididos en las secciones Norte, Central, Sureste, Este, Sur, Suroeste, Noroeste y Metro. También, el nuevo torneo presentará un cambio en su calendario con fines de semana de tres juegos, para concluir la fase regular en dos meses y medio. 

Decir pelota Doble A en cada uno de esos pueblos es sinónimo de fiesta, de carnaval de fin de semana, de artesanos, de frituras y bebidas variadas en las cantinas de los estadios locales, de apuestas de caballeros, de pasar la gorra o el sombrero para darle un dinero extra el héroe peloteril de la tarde. De vestirse y calzar bien, como si se fuera a pasear por las plazas de recreo de antes, y como no, de fiesta y rumba, de plena y de salsa, en y afuera de los estadios. 

Y la Federación de Béisbol que preside el doctor José Quiles, junto a su grupo administrativo y al cuerpo de apoderados, no han escatimado en nada para que la actual temporada sea tan exitosa como las pasadas, desde por ejemplo, la del 2020, cuando la pandemia del Covid-19 obligó a cambiar ‘las reglas del juego’ para todos.

De hecho, detalles nuevos se verán en el venidero torneo ya que se aprobraron varios cambios o enmiendas al reglamento.

Para comenzar, habrá un tope salarial de mano dura. De esos que no dará espacio para que el jugador quiera ‘pillar’ a sus respectivos apoderados, pero que le tendrá la mirilla puesta también a los administradores de las franquicias, por si fallan en cumplir con el pago estipulado en el contrato.

Así los jugadores elites ganarán $500.00 por semana como su pago en el torneo. Pero, también habrá un pago mínimo semanal para los jugadores, que será de $150.00.

Y el presidente Quiles ha sido directo con este asunto. Un jugador que exija una cantidad de dinero mayor será razón determinante y suficiente para que el pelotero sea suspendido por un período de dos años. Asu vez, al apoderado que incumpla con el pago de los jugadores será citado a una vista administrativa y tendrá 10 días para pagar, sino cumple, el jugador afectado podrá firmar contrato con otro equipo.

Otro cambio es que se implementará un control de dopaje, el cual fue aprobado de forma unánime por los apoderados. También se aprobó que sobre el reclamo por residencia de peloteros con experiencia profesional no requiere el haber jugado Doble A Juvenil en el mismo pueblo donde reside y que los co-apoderados estarán a prueba por un período de un año.  Por vez primera en una década, un jugador, en este caso Rafael Sánchez Melo, debutó como representante de los jugadores del béisbol masculino ante la Junta de Directores de la FBPR con voz y voto.  

Para el actual torneo, un total de 80 jugadores fueron seleccionados en el sorteo de nuevo ingreso, un grupo de ellos, con experiencia en el béisbol profesional.

Los lanzadores Jason García, Eddy Reynoso y Héctor Santiago fueron los primeros jugadores con experiencia profesional seleccionados en el sorteo. García fue escogido por los Criollos de Caguas, Reynoso por el Melao Melao de Vega Baja y Santiago por los Titanes de Florida.

Además, el ‘infielder’ y Jugador Más Valioso de la temporada 2022-23 de la Liga de Béisbol Profesional Roberto Clemente, Edwin Díaz, llegó a las filas de los Próceres de Barranquitas. En Juego de Estrellas del 2024 se celebrará en el estadio Roberto Clemente en Carolina  

Esta selección se hizo a través de un sorteo de los equipos, pero se excluyó los municipios sedes del partido de los pasados cinco años.  Y todavía hay más. La liga tendrá activa una aplicación móvil (sistema IOS y Android, según se indicó), que permitirá al fanático conocer calendario de juegos, resultados, estadísticas, noticias en general del torneo y la tabla de posiciones, entre otros detalles. 

Habrá partidos interseccionales, cosa de encender las rivalidades competitivas de varios equipos y municipios, por lo que se adelanta éste paso, a lo que sucede de ordinario en el Carnaval de Campeones del torneo en la postemporada. Para establecer la agenda de juegos interseccionales, se utilizó como guía la tabla de posiciones de la temporada 2023, segun se dio a conocer.
Quiles también dejó claro en conferencia de prensa que la Doble A busca agilizar el juego, es decir acortarlo en su duración. 

Así que el nuevo torneo presentará un cambio en su calendario con fines de semana de tres juegos, para concluir la fase regular en dos meses y medio.

Por lo tanto, algunas reglas serán implementadas en ese sentido. Los árbitros manejarán un reloj y los lanzadores tendrán un máximo de 20 segundos para hacer un envío al plato. De igual forma, los bateadores tendrán igual tiempo para acomodarse en el cuadrado de bateo. Sino cumple el lanzador, se le apuntará un bola en el conteo en su contra, de no hacerlo el bateador, tendrá un strike en su conteo.

Lo que se busca es que los juegos no se excedan de como mínimo tres horas.

Como ven, se acerca un torneo histórico, que denota evolución en el béisbol federativo de alto nivel. Por eso vale decir, que la pelota Doble A es otra cosa. Respalde a los suyos.