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La QuNa: espacio híbrido para todo arte

La QuNa– con su Qu de Quintín y su Na de Nasheli– se fundó para reunir la actividad artística en el área de Caguas. Foto Adrián Rodríguez Alicea

 

En Rojo

 A pocas cuadras del terminal de transporte público de Caguas, por la avenida El Troche, un edificio blanco esconde arte entre tazas de café y jugos de variados frutos. Adentro, luce paredes con repisas llenas de libros de autores puertorriqueños, losetas terrazo al estilo urbano y muebles de madera. En cierta esquina, un taburete aparece– debajo de otra repisa que sostiene hojas marchitas, papayas y pepas de aguacate agujereadas

– con dos carambolas y un plato de pétalos.

Quintín Rivera Toro, uno de los curadores y dueños del espacio, cuenta que muchos de los muebles fueron tallados y fabricados por él mismo. Los lijó y serró en un plazo de cinco semanas, hace seis meses, cuando decidió abrir este café-atelier-galería junto a Nasheli Ortiz González, profesora de moda y pareja del cagüeño.

La QuNa– con su Qu de Quintín y su Na de Nasheli– se fundó para reunir la actividad artística en el área de Caguas. Abierto de martes a sábado, funge como foro para presentar documentales, obras y, más recientemente, una residencia artística. Experimentados en preparar este tipo de obra, ambos consideran proveer una “telaraña para lo que se necesita para que ocurra una residencia”.

“Hemos montado una programación  de ensueño. Nos hemos tirado de boca. Todo se hace a través de la puertorriqueñidad de alguna manera. Y si no, de lo caribeño, de lo que se relaciona a Puerto Rico y a lo caribeño. En este caso (de la residencia), Marina es puertorriqueña y hace trabajo con, para y por lo isleño, lo colonial. Su compañera, Isil, también”, comentó Rivera Toro sobre las colaboraciones artísticas de La QuNa y el proyecto de la residencia.

Ambos coincidieron en la importancia de que existan espacios físicos, ocupables, a los que artesanos y artistas de todos los perfiles puedan acudir y compartir sus obras. Sin “suficientes espacios seguros, interesados o preparados” que sirvan de taller o exhibición, los profesionales en Bellas Artes y Diseño de Moda apuestan a que La QuNa se convierta en un modelo de “microcolaboraciones” artísticas.

“Lo estamos haciendo sin presupuesto. Eso cambiará en su momento porque estamos organizándonos para solicitar becas desde una identidad corporativa. Si lo pudiéramos hacer sin la necesidad de que fuera un negocio, lo haríamos. Si recibiéramos fondos para producir cultura, para producir un espejo de la puertorriqueñidad, de lo que somos hoy día, lo haríamos gustosamente”, agregó Rivera Toro.

En ese sentido, Ortiz González argumentó que el Estado debe descentralizar las artes y los fondos para desarrollarlas más. A pesar de eso, reconoció que existen proyectos en municipios como Manatí o Adjuntas que fomentan las artes. Pero sin una inversión en la producción cultural, sostuvo, mucho arte puede quedar olvidado.

“Solo hay pocos espacios en los que la gente se puede homogeneizar, donde pueda tener el mismo acceso a los mismos recursos. Así es en las artes, como en la universidad o en los deportes. Lugares donde, de repente, una persona en otra clase social puede dar un salto cuántico con relación a otra. El asunto es tan sencillo como asignar fondos del gobierno”, aseguró Rivera Toro.

Ortiz González destacó, por otro lado, que la oportunidad de una residencia artística– estrenada con la obra conjunta de Marina Barsy Janer e Isil Sol Vil– permite que los artistas puedan adaptar su obra al espacio en que se presentará, alejándose de posibles “colonizaciones” conceptuales. Para la exdirectora ejecutiva del Taller Puertorriqueño, en Filadelfia, La QuNa es una forma de cultivar las conversaciones “tan apropiadas y acertadas” que se están dando dentro de la escena artística de Puerto Rico.

“Ver cómo se crea desde tanta necesidad es hermoso. Desde afuera, desde la diáspora, era una cosa verlo, pero llegar aquí y ver cuán fuerte es hacerlo por ser colonia, cuestionar por qué es tan difícil hacerlo o es difícil producir arte. Pero la calidad y cantidad de arte que se está produciendo en Puerto Rico es de una excelencia internacional”, afirmó a En Rojo.

A juicio de Rivera Toro, todas las disciplinas– desde la pintura, la escultura, el cine, la escritura y otras más– tienen cabida en el café-atelier-galería, siempre desde lo más cercano a la “pureza” y sin censuras. Además de Pluriversos de Poesía Radical, de Barsy Janer y Sol Vil, La QuNa ha recibido figuras como Regina José Galindo, poeta guatemalteca.

“Llovían sus poemas desde el techo de la galería. Estaban como colgados, impresos pequeñitos”, describió Rivera Toro. Los excolaboradores de Urbe Apié resaltaron, por igual, la colectiva de arte que acogió, en diciembre, a 46 artistas de Fajardo, Manatí, Honduras,Venezuela y otros lugares más que compartieron 47 piezas.

“Ahora mismo, tenemos una colaboración con la editorial La Criba, Mi editora favorita Eunice Castro (Camacho). También trabajamos con El Club del Turro, que es una tabacalera puertorriqueña, de Río Grande. Tenemos carteras, zapatos y textiles, todos diseños hechos en Puerto Rico”, indicó Ortiz González.

La primera residencia artística

 Con ocho días de residencia, un performance el pasado 10 de enero y una exposición de Pluriversos de poesía radical por el resto del mes, Barsy Janer y Sol Vil orlando toda La QuNa con diversas plantas endémicas de Puerto Rico, de manera que el taburete y la repisa con hojas representa un diálogo con el entorno natural del archipiélago.

Del mismo modo, otro salón del espacio muestra una alfombra de sargazo, cuadrada y simétrica. En las paredes, imágenes de otras demostraciones ilustran la obra de esta pareja puertorriqueña-española. Como imagen principal, ambos artistas presentaron su performance, que integraba hojas y frutos de guamá, escombros y una raíz viva del árbol nativo.

La apuesta de Pluriversos– y de otras piezas de Barsy y Sol– es rescatar saberes a través de una conversación entre imágenes naturales que se desplacen del antropocentrismo. Para la pareja, la apertura que brinda La QuNa fue clave para acatar la idea de Pluriversos, donde el entorno debe influir tanto como el espectador y el artista de una obra.

De cara al futuro, Ortiz González y Rivera Toro proponen ampliar las colaboraciones artísticas de La QuNa, así como fomentar que las comunidades formen parte de las iniciativas y esfuerzos del edificio blanco que esconde arte entre tazas de café y jugos de variados frutos.

 

La violación masiva y embarazos forzados como arma genocida

 

Especial para En Rojo

¿Cómo puede ser la violación masiva durante la guerra con el propósito de forzar embarazos un tipo de genocidio?

 

Estamos en tiempos de guerra y ocupación militar.

La violación de mujeres como arma de guerra a través de la historia está ampliamente documentada. Se ha usado con varios propósitos; como tortura, como método de forzar la obediencia del enemigo, como venganza, como premio para los soldados (“botín“), para fomentar la hermandad entre soldados, etc. (Actualmente se está documentando; por ejemplo, La violencia sexual como crimen internacional en el conflicto ruso-ucraniano, 2014-2022 de Diego Alberto Zapata Gonzales y Stephani Violeta Paliza Obando.)

Pero la filósofa Claudia Card, en su libro, Confronting Evils: Terrorism, Torture, Genocide (2010), argumenta que no solamente la violación se ha usado como arma de guerra, sino que, además, el semen se ha utilizado como arma biológica de guerra. Por ejemplo, se argumenta que como parte de la violación durante la guerra se tenía la intención de infectar a las mujeres con HIV (pueden leer, por ejemplo, Rape and HIV/AIDS as weapons of war: Human rights and health issues in post-conflict societies de Obijiofor Aginam). En ese caso, el semen se estaría utilizando como método de transmisión de una enfermedad (potencialmente) letal y se entiende su uso como arma biológica.

Pero Card argumenta que el semen se puede usar como un arma biológica aunque no transmita enfermedades, y, aun más, que se puede utilizar con propósitos genocidas.

¿Qué es genocidio? es una pregunta filosófica.

La Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio de 1948 define genocidio —genos (griego) de raza o tribu, y cide (latín) de matar— como “destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso”. En esa definición tiene sentido infectar a personas con una enfermedad letal. También tiene sentido la técnica de introducir instrumentos en el útero con el propósito de que las mujeres no puedan tener hijos (pueden leer, por ejemplo, un artículo de agosto del 2025, “Nos aseguramos que no puedan tener hijos” La violencia sexual como genocidio en Etiopia de Silvia Laboreo Longás).

Pero Card propone una paradoja: El semen saludable se utiliza como arma biológica a través de la violación masiva para forzar embarazos con propósitos genocidas. Por ejemplo, Card cita, como parte de un plan de genocidio, una política de guerra de “violación genocida” en la cual los soldados serbios violaban a las prisioneras musulmanas hasta que quedaban embarazadas, las mantenían en prisión hasta que el aborto ya no era seguro, y luego las liberaban (Rape Warfare: The Hidden Genocide in Bosnia-Herzegovina and Croatia de Beverly Allen).

¿Cómo se puede destruir un grupo re-produciendo más personas?

Muy brevemente, Card argumenta que el genocidio no es solamente la exterminación de un número o grupo de personas, sino que genocidio es un tipo de destrucción de ‘vitalidad social’, que ella define como las relaciones, contemporáneas e intergeneracionales, que crean contextos e identidades que le dan forma y significado a nuestras vidas: “[genocide] substantially destroys ties that bind individuals into a people, including the kinds of ties (economical, political, religious, etc.) that tend to outlive individual members and give meaning and shape to a group. The intended termination of a genocidal plan is the destruction of a people as a people, as its foundations are ruined, with a concomitant destruction of social vitality in the lives of survivors.” (2010, 277). Card añade: “The intentional production of social death in a people or community is the central evil of genocide. Social death distinguishes the evil of genocide, morally, from the evils of other mass murders” (2010, 237).

¿Cómo se pierda la vitalidad social con violaciones masivas con el propósito de embarazos forzados con semen del enemigo?

Card argumenta que el propósito no es, necesariamente, que la cultura sienta que los bebés son del enemigo. Más bien, la tortura prolongada de violaciones rutinarias, combinada con el forzar embarazos con el semen del enemigo, tiene la expectativa de deshumanizar a las mujeres y adolescentes que lo sobre-vivieron. El torturar y violarlas durante meses y meses, y forzar sus embarazos, destruye su vitalidad social. Las que sobreviven el horror se convierten en “cadáveres gestantes” o “envases biológicos vivientes”.

En las palabras de Card:

“Even after birthing, a survivor might not experience herself or be perceived by others as a potential wife, mother, or any other recognized kind of family member….Unless she is unusually creative and resilient, as well as lucky in finding support from others, she may find it overwhelmingly difficult to recover social vitality….In this case, the child and its biological mother are potentially constant reminders of shame, humiliation, impotence, and defeat. The production of new life is an instrument of social death….The production of a generation of children of rape who grow up alongside children who were old enough to have witnessed war rape and to know what it means is a profound assault on the community….Whether rapists thought they were producing little [enemy children] is irrelevant. What counts is the attack on the social meaning of the lives of the women and girls they tortured and on the social vitality of their communities.” (2010, 285-6)

Sería interesante ponderar: ¿Se podría utilizar La convención sobre armas biológicas como respuesta a la violación genocida?

Jenniffer González y la difamación como arma política

Jennifer González Foto por: alina Luciano/CLARIDAD

 

Francisco “El Jimagua Cartagena Méndez

En tiempos de crisis social y polarización, la difamación política se ha convertido en un arma peligrosa que erosiona la confianza pública y distorsiona el debate democrático. Cuando se lanzan acusaciones sin pruebas, sin fundamento y sin responsabilidad, no solo se ataca a una persona: se hiere la credibilidad de las instituciones y se alimenta un clima de desinformación que afecta a todo el país.

La discusión pública en Puerto Rico se ha visto contaminada por la gobernadora de Puerto Rico Jenniffer González y el  presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz tras acusaciones políticas sin evidencia. En repetidas ocasiones, se recurre a la crisis que atraviesan países como Venezuela o Cuba para insinuar vínculos o donativos inexistentes, sin presentar prueba alguna que lo sustente. Lo más preocupante es que sectores de la prensa permiten que estas expresiones se repitan sin cuestionamientos, sin exigir documentación, sin ejercer el mínimo rigor periodístico que la democracia exige.

Cuando se lanzan señalamientos tan serios sin fundamento, no se fiscaliza: se difama. Y esa estrategia no solo degrada el debate público, sino que divide al país, erosiona la confianza ciudadana y fragmenta los pilares democráticos que deberían sostener cualquier contienda política.

La política deja de ser un espacio de ideas y propuestas cuando se transforma en un campo de batalla donde la mentira se usa como estrategia. La difamación no es transparencia; no es democracia. Es una forma de violencia simbólica que manipula emociones, destruye reputaciones y desvía la atención de los problemas reales que afectan a la ciudadanía, y este no es el Puerto Rico que nos merecemos.

Merecemos aspirar a un país de avanzada, guiado por ideas y por un compromiso real con la protección del medio ambiente y nuestros recursos naturales. Merecemos un país que garantice viviendas accesibles para su gente y que reconstruya un Sistema de Educación profundamente herido por años de corrupción, tanto bajo administraciones del Partido Nuevo Progresista como del Partido Popular Democrático. Sin embargo, cuando el debate público se contamina con difamaciones provenientes de la gobernación, lo único que se produce es mayor inestabilidad social. Se profundizan las divisiones entre puertorriqueños y se perpetúan mentiras institucionales que llevan décadas utilizándose para demonizar al independentismo y desviar la atención de la pésima gobernanza del gobierno actual.

Es como si pensar por cuenta propia fuera un pecado, pues a ciertos sectores del PNP no les conviene un pueblo educado, crítico y libre de mente, un pueblo que ya no se trague narrativas fabricadas ni repita mentiras institucionalizadas. Por eso insisten en promover discursos de miedo y desprestigio contra Juan Dalmau y contra el independentismo en general: porque un país desinformado es más fácil de manipular.

Mientras la ciudadanía permanezca confundida o dividida, el gobierno de Jenniffer González puede seguir impulsando un Código Electoral hecho a su medida, diseñado para beneficiar únicamente a quienes ya están en el poder. Y así, entre sombras y artimañas, se perpetúa un sistema que les permite mantenerse arriba, aun cuando el país exige cambios profundos.

 

El autor  es escritor, activista de derechos humanos

 

4 de abril de 1968

 

Luis G. Collazo

Fue este día que el líder de los Derechos Civiles y Humanos, Martin Luther King, fue asesinado en la ciudad de Memphis, Tennessee a manos de un franco tirador. Muchos pensamos que el autor intelectual del mismo fue el sector hegemónico de la elite  prepotente de ese momento histórico., enemigo acérrimo del pastor bautista. Su sentencia de muerte resulta, a mi juicio, de su denuncia radical de la participación de los E.U. de N.A. en la guerra de Vietnam.

Retomar los valores e ideales que guiaron el ministerio profético de este pastor y profeta es hoy un imperativo ético fundamental. La perversidad con que hoy se ejerce el poder, en los diferentes contextos históricos, amerita la urgencia de asumir una opción de denuncia contundente de las agendas que frustran la esperanza, la justicia y la paz.

En su carta, escrita mientras estaba en la cárcel de Birmingham, estado de Alabama, fechada el 16 de abril de 1963, les respondía a líderes religiosos de la ciudad la carta que estos le enviaron recriminando su gesta profética, “Pero lo fundamental es que, si estoy en Birmingham, es porque aquí está la injusticia. Al igual que los profetas del siglo VIII a.C. dejaron su tierra y llevaron la palabra de Dios mucho más allá de los confines de sus pueblos de origen, y al igual que San Pablo dejó su ciudad de Tarso y llevó la palabra de Cristo hasta los confines del mundo greco-romano, yo también estoy impelido a llevar la palabra de la libertad más allá de mi ciudad.”

Es evidente que la gesta de King constituyó una ruptura entre un discurso auténticamente evangélico y una agenda religiosa – eclesiástica subordinada al poder político predominantemente racista, belicista y opresivo. Su mensaje implicó la denuncia de una religiosidad y una cultura eclesiástica prostituida por una cultura dominada por un síndrome de codicia, lucro y ansias de poder.

Nos desafía el mensaje de M. L. King a retomar el camino de la resistencia y la denuncia radical que nos ejemplificó Jesús de Nazaret. No el Jesús de la catedral y del populismo asfixiante de estos tiempos, sino el que nació en un pesebre y alteró el orden en el templo. Su confrontación a los líderes religiosos de Birmingham es la que hoy merecen muchos líderes religiosos que han corrompido el mensaje de Jesús a cambio de algunas monedas.

Si hemos retrocedido desde aquel año 1968, en lo que respecta a defender los valores y referencias del mensaje radical de Jesús, entonces hoy nos urge una mirada crítica y severa a la disfuncionalidad histórica que vivimos. El vacío de una conciencia histórica fundada en la empatía, la justicia y la solidaridad global exige de la militancia auténticamente evangélica que Martin Luther King ejemplificó. Recordemos la afirmación evangélica: “Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciara a uno y amara al otro”.

Optar por una agenda multi- estratégica es fundamental para confrontar las de los “estrategas del mal”. Sus aliados, muchos de ellos líderes de movimientos religiosos, carecen de una espiritualidad legitima. La “Roma Imperial” que hoy está encarnada en la prepotencia imperial, la sed de riqueza desenfrenada y el afán de poder; merece ser denunciada y rechazada enérgicamente por la auténtica comunidad de seguidores de Jesús de Nazaret.

El autor es pastor bautista.

Detrás de la expresión musical: Springsteen: Deliver Me from Nowhere, Song, Sung Blue y Rescates del pasado

 

María Cristina

En Rojo

Desde que vi varias veces a A Complete Unknown (James Mangold, 2024) y supe que Jeremy Allen White interpretaría a Bruce Springsteen, estuve esperando su estreno en Puerto Rico. Nunca llegó, pero gracias a PrimeVideo la pude ver en mi pantalla reducida que nunca puede transmitir la grandeza de la sala de cine. Tuve + suerte con Song, Sung Blue que sí pude ver en una de las pequeñas salas de Fine Arts Popular con casa llena. Y como pasé las noches tratando de escapar del ruido infernal de petardos, dinamita y tiros (y protegiendo lo + posible a mi perra, Yazmi), me tiré las cuatro secuencias de Jason Bourne que disfruté como la 1era vez. Incluyo algunos como “Rescates del pasado”.

 

Springsteen: Deliver Me from Nowhere

Director y guionista: Scott Cooper; autor: Warren Zanes; cinematógrafo: Masanobu Takayanagi; elenco: Jeremy Allen White, Jeremy Strong, Stephen Graham, Gaby Hoffmann, Odessa Young, Paul Walter Hauser.

Bruce Springsteen ha sido una de esas voces y personalidades que no le temen a expresar sus opiniones sociales, políticas y, en el caso de este filme, familiares. Al igual que A Complete Unknown, este biopic enfoca en una etapa de la vida de Springsteen, pero contrario a Bob Dylan y su temprano ascenso, aquí el periodo escogido es de la depresión que sufrió a largo plazo después de alcanzar fama tanto con sus canciones, arreglos de su banda, giras con presencia masiva de fans y éxitos tanto de sencillos como de álbumes. Aquí acompañamos e intentamos entender al Springsteen que quiere buscar otros caminos para expresarse y que está dispuesto a echar a un lado todo lo que le ha dado fama para presentar otro estilo, otro texto, otra manera de expresar ese lado oscuro que no ha podido definir todavía. Este será el álbum “Nebraska” de 1982.

La audiencia/espectador/a lo verá 1ero en el River Tour en su mejor momento, disfrutando de la fama y atención del público masivo, el acercamiento de otros músicos y cantantes, la posibilidad de comprar/alquilar auto, cabaña, casa, estudios de grabación sin preocupaciones económicas. Bruce cuenta también con un manejador que es ante todo su amigo, Jon Landau (Jeremy Strong), que puede percibir sus altas y bajas durante este periodo. Nos adentramos en su conflicto mental al estar atraído a Faye Romano (Odessa Young) y su hija y sentirse nuevamente parte de una familia, pero a la misma vez no poder lidiar con los recuerdos de violencia doméstica de su propio hogar. Todo esto se integra a su proceso creativo de las nuevas canciones. Sabemos lo serio que esta depresión es cuando encuentra inspiración en los cuentos de Flannery O’Connor y el filme Badlands (Terrence Malick 1973), que despliegan una violencia sinsentido. Todas las actuaciones sobresalen en el poco o mucho tiempo que estén en escena, pero Jeremy Allen White (“The Bear”) y Jeremy Strong (“Succession”) nos hipnotizan. Y por supuesto, escuchar a Springsteen es el regalo mayor.

 

Song, Sung Blue

Director y guionista:Craig Brewer; autor: Greg Kohs; cinematógrafa: Amy Vincent; elenco: Hugh Jackman, Kate Hudson, Ella Anderson, Hudson Henseley, King Princess, Michael Imperioli, Fisher Stevens, Jim Belushi, Mustapha Shakir.

El arte de la imitación de voces y estilos de artistas populares es un negocio muy lucrativo en los EU. Quizá estemos + familiarizados con los miles de concursantes para parecerse y sonar como Elvis Presley ya que estos aparecen en casi cualquier lugar, pequeño pueblo o gran centro de entretenimiento como Las Vegas. Pero cualquier ‘famoso’ puede tener su ‘doble’ en las múltiples ferias que se celebran a través del año en estos lugares. Lo que enfatizo es que esto no es un ‘hobby’ sino un empleo a tiempo completo que puede generar un buen ingreso. Este es el caso de los protagonistas de Song, Sung, Blue, Mike/Lightning (Hugh Jackman) y Claire/Thunder (Kate Hudson) que crean un montaje con las composiciones de Neil Diamond que imitan a la perfección y se desplazan por el estado de Wisconsin. Ambos son admiradores y seguidores de Diamond y cada interpretación es casi una conversación con su autor.

Fuera del escenario, Mike y Claire intentan crear una normalidad para sus familias que ahora se juntan: lxs adolescentes Rachel y Dana de Claire y Angelina de Mike. El otro grupo lo forman sus socios en estos montajes: Mark Shurilla (antes imitador de Buddy Holly y ahora parte del acompañamiento musical), Dr. Dave Watson (que intenta mantenerlos ‘sanos’ durante los tours), Tom D’Amato (su promotor) y Sex Machine (colega y amigo fiel). Porque nos vamos de gira con Mike y Claire y los conocemos como excelentes intérpretes de Diamond y porque compartimos espacios de familia con ellos, no hay separación entre el escenario público y el espacio que han creado para ellxs con su nueva familia. Compartimos su alegría al ser reconocidos dentro de ese círculo de intérpretes y los acompañamos en las crisis familiares sin en ningún momento caer en sentimentalismo. Las actuaciones de Jackman y Hudson son excelentes y lxs jóvenes Ella Anderson, Hudson Henseley, King Princess se entrelazan perfectamente con el mundo de adultxs del que pronto serán parte.

Rescate del pasado

The Bourne Identity

(Doug Liman, 2002); The Bourne Supremacy (Paul Greengrass, 2004); The Bourne Ultimatum (Greengrass 2007); Jason Bourne (Greengrass, 2016)

Incluyo cuatro de los cinco filmes basados en el personaje creado por Robert Ludlum porque son estos los que protagoniza Matt Damon como Jason Bourne y son los que desarrollan las historias de su enfrentamiento con “el lado oscuro” de la C.I.A. que en este caso son los proyectos ‘Treadstone’ y luego ‘Blackbriar’. Lo que se creyó que iba a ser solo un filme de acción, resultó en las secuelas más exitosas de la década, a tal punto que el público esperó nueve años para el último capítulo de la historia que fue otro gran éxito, aunque la crítica no quiso ponerlo al nivel de los anteriores. En 2019 USA desarrolló una serie para cable, “Treadstone”, que, para mí, resultó desorganizada y poco entendible al tratar de unir historias disímiles en tiempo y geografías. Sin duda, Damon ha desarrollado su personaje desde el primer Bourne como un súper agente especial que cumple órdenes ciegamente, tiene todas las destrezas necesarias para sobrevivir en cualquier circunstancia, la inteligencia para casi de inmediato evaluar una situación sospechosa y cambiar estrategias para derrotar lo que percibe como peligroso. Pero lo que Damon desarrolla a través de sus nuevas experiencias, sus flashes de memoria, contacto con extraños que no son una amenaza es la capacidad de sentir, despertar emociones que le parecen ajenas o tan lejanas que ya no las recuerda. A través de los cuatro filmes tendrá opositores formidables por el poder que ostentan ya que todos son agentes de la Agencia o políticos activos en el gobierno: Conklin (Chris Cooper), W. Abbott (Brian Cox), N. Vosen (David Strathaim), R. Dewey (Tommy Lee Jones) y dos mujeres poderosas que logran acercarse a Bourne con agendas muy diferentes: Pamela Landy (Joan Allen) y Heather Lee (Alicia Vikander). También aparecen muy fugaces mujeres que despiertan las emociones olvidadas: Marie (la maravillosa Franka Potente) y Nicky Parsons (Julia Stiles) quien es la constante en todos los filmes. Y para maravillarnos aún más, la trama nos pasea por el mundo: Italia, Suiza, Grecia, París, Praga, Goa, Nápoles, Múnich, Berlín, Moscú, Turín, Londres, Madrid, Tánger, Atenas, Las Vegas y Nueva York. Ni los Mission Impossibles pueden competir con esta geografía.