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Mano a mano

 

Especial para En Rojo

La humedad asalta mi cuerpo. Su olor es todopoderoso. Lo reconozco, vengo de un lugar que se cuece en lluvias, filtraciones, goteras, hongo, musgo, moho. El sentimiento milenario sobrecoge. Caverna, humedad, olor, oscuridad, frío. Traspasar la puerta es entrar a un tiempo antes del tiempo. Olvido, por momentos, la intervención humana: la excavación, los escalones, los reflectores, la entrada, el museo que antecede el recorrido, el espeleólogo que nos guía, los otros cuatro turistas. No se pueden hacer fotos. No se puede tocar nada. Estupendo; solo caminar, atravesar, mirar, oler, pensar, imaginar. El desafío es hacer turismo intentando no ser turista. ¿Será posible? Difícil olvidar la recién firma inconstitucional de la Ley 82 del 2026 (PS310) que permitiría la imposición del megaproyecto turístico de lujo Esencia en Cabo Rojo a contrapelo de la destrucción del hábitat, la fauna, la flora, los acuíferos, los bosquejos y vida de los caborrojeños.¿Será posible maravillarse en este útero planetario de la cornisa cantábrica, habitado hace al menos 150,000 años, sin dejar huellas? Hemos venido desde lejos para ver la entrañas de ese reborde montañoso que ha sobrevivido al animal humano. No es telón de fondo, como solemos pensar. Es, en sí mismo, protagonista de la vida planetaria; rocas, agua, elevación, sedimento, formaciones geológicas, ecosistemas de la oscuridad y tiempo, mucho tiempo. Hay que caminar en tinieblas sorteando los charcos de agua, para evitar resbalar. Hay que escurrirse por sus paredes sin agarrarse. Hay que contemplar las estalagmatas, columnas formadas por la unión de estalagmitas y estalactitas, renunciando a palpar su cérea materialidad. Aguanta la mano, no puedes tocar, me repito una y otra vez. Un gran desafío. No es tan fácil controlar a la niña que soy ante esta inmensidad.

La cueva de El Castillo, ubicada en Puente Viesgo, tiene un desarrollo lineal de 300 metros, escucho al guía. Descubierta en 1903 por el arqueólogo Hermilio Alcalde del Río supone una de las muestras más impresionantes de la vida en el paleolítico. Se piensa que la habitaron neandertales, hace 41,000 años, y que posteriormente llegaron los hommo sapiens, continúa. Incluso, -y entonces modula la voz para dar énfasis-, hay evidencia científica de la convivencia entre ambas especies hace 30,000 años. Al eco de la voz entusiasmada del guía, atravesamos las entrañas terrestres imaginando las condiciones de vida de esas especies prehistóricas, incluyendo la nuestra. Sobrevivencia: el frío, el hambre, el sueño, el miedo, el apareamiento, la vida misma con su sangre y sudor. También en ese cuento ancestral que labra mi mente insisto hacerle un espacio a la esperanza, a la alegría y al juego, es decir, al arte.

Eufórica, mis ojos van repasando los cientos de pinturas rupestres que atesora esta cueva. Magníficos ciervos, bisontes, cabras perfectamente delineados en ocre o negro aparecen en las paredes. Fíjense en las rayas de este ciervo, señala el guía, el rayado implica aún mayor maestría. Conmueve la destreza ancestral. Emociona ser testigo de la necesidad de expresión datada, con carbono 14 y uranio, entre al  menos 3,500 y 41,000 años. Incluso, se sospecha que las pintadas más antiguas fueron realizadas por neandertales. ¡Por neandertales! Esos primos de cráneo diferente, mayor masa muscular y cuerpos robustos, se nos asemejan demasiado. Tan solo compartimos un 99.8% de su ADN. ¡Tan solo! Me pregunto por la innovación técnica, la mayor adaptabilidad al clima y la creación de redes sociales más numerosas, situación cognitiva de los sapiens que hace décadas se señalaban como razones de la exitosa adaptabilidad de nuestra especie sobre los neandertales.

Seguimos la ruta y aparecen los discos rojos pintados en las paredes rocosas: una serie de puntos granates dispuestos en línea horizontal. Pienso en el carácter simbólico de las figuras, en la plasmación del pensamiento abstracto. !El lenguaje! Ante estos bellos puntos rojos, evidencia material de pensamiento complejo, de abstracción, del pensamiento simbólico de ambas especies, se hace difícil acallar los reclamos de Rita Laura Segato: “Me considero ex humana. Tengo un desprecio profundo por la especie en que me tocó nacer” (“Destellos en la oscuridad”, conversación con Ana Caopardo, abril 2025). Una y otra vez la he escuchado renegar de la especie homo sapiens -con razón, con mucha razón-, al abordar la frontera de humanidad que ha quebrado el genocidio palestino, elaborado y ejecutado frente nosotros, los del planeta completo, sin que ley, carta de derechos humanos, razón, ni humanidad lo detenga.

Continuamos camino por la oscura galería. Al fin las vemos: las rojizas manos en negativo. Unas pequeñas y delicadas siluetas se revelan por el efecto del pigmento soplado sobre la extremidad logrando el contorno de las manos. Por su tamaño se sospecha que son de mujeres.

Dicen que la imaginación corre hacia el futuro, pero igual se arrejunta con la memoria en el pasado e inventa escenas, cuentos de camino, en fin, historia.  Las manos pretenden hablarme. Escucho su lenguaje sordo. Las reconozco. Imagino mi linaje intentando dejar marcas, explorando la durabilidad del pigmento sobre la piedra. ¿Habrán pensado en otra forma de vida futura? ¿Soñarían con una cotidianidad más llevadera? ¿Apostarían por una convivencia más solidaria? Al menos, ¿soñarían con una lectora del futuro? Me aguanto las manos, las mías, también pequeñas para mi tamaño, quisieran encontrarse con alguna de estas setenta y ocho manos en negativo. Quisiera palpar la sororidad ancestral. Decirles que su experimento funcionó. Que han permanecido. Que estoy aquí hoy, leyendo su pintada. Agradeciéndoles su escritura.

 

Huracanes en Puerto Rico: un riesgo en latencia

Marcos A. Quiñones Otero, PPL

Junio marca el inicio oficial de la temporada de huracanes en el Atlántico. Como ocurre cada año, los meteorólogos, las agencias gubernamentales y los profesionales del manejo de emergencias comienzan a monitorear las condiciones atmosféricas y a compartir pronósticos sobre la actividad ciclónica esperada. Sin embargo, más allá de los números, las probabilidades y las estadísticas, existe una realidad que nunca debemos olvidar: no importa cuán activa o tranquila se proyecte una temporada, basta un solo evento para cambiar la historia de un país.

Puerto Rico conoce muy bien esa realidad. Nuestra memoria colectiva está marcada por fenómenos atmosféricos que han transformado comunidades, economías y paisajes. Hemos enfrentado huracanes devastadores, inundaciones repentinas, derrumbes, tormentas severas, sequías prolongadas y fuegos forestales. Cada uno de estos eventos ha dejado pérdidas, pero también enseñanzas. Nos han obligado a reflexionar sobre nuestra vulnerabilidad, nuestra capacidad de respuesta y la importancia de construir comunidades más resilientes.

De esas experiencias surgieron conversaciones necesarias sobre la importancia de fortalecer nuestras comunidades, diversificar las fuentes de energía, proteger la infraestructura crítica, promover la autosuficiencia y desarrollar planes de emergencia familiares y comunitarios. Durante años hemos hablado de resiliencia, mitigación, adaptación y preparación. Sin embargo, hoy debemos hacernos una pregunta incómoda pero necesaria: ¿hemos convertido esas lecciones en acciones concretas?

La preparación no comienza cuando se emite una vigilancia o una advertencia. Tampoco cuando las góndolas de los supermercados quedan vacías o cuando las filas en las gasolineras se extienden por horas. La preparación comienza mucho antes, durante los meses y años de calma. Comienza cuando una familia desarrolla y practica su plan de emergencia, cuando una comunidad identifica a sus residentes más vulnerables y organiza redes de apoyo, cuando los municipios fortalecen sus capacidades de respuesta y cuando los negocios evalúan sus riesgos para garantizar la continuidad de sus operaciones.

Vale la pena reflexionar sobre cuánto hemos avanzado desde las lecciones que nos dejaron los desastres del pasado. ¿Contamos con planes de emergencia actualizados? ¿Conocemos los riesgos específicos de nuestras comunidades? ¿Hemos reducido las vulnerabilidades de nuestros hogares y vecindarios? También debemos preguntarnos si la preparación ha sido equitativa para todos los sectores del país y si la ciudadanía ha tenido una participación real en las decisiones relacionadas con la gestión de riesgos y desastres.

La realidad es que el riesgo no desaparece porque el cielo esté despejado. El riesgo permanece latente. Está presente en una quebrada que puede desbordarse, en una ladera susceptible a derrumbes, en una infraestructura envejecida o en una comunidad que aún no ha fortalecido su capacidad de preparación.

Es importante comprender que los huracanes, las inundaciones, los terremotos y otros fenómenos son amenazas naturales. Los desastres, en cambio, no son naturales. Ocurren cuando una amenaza encuentra condiciones de exposición y vulnerabilidad acumuladas durante años. Una tormenta no se convierte automáticamente en un desastre. Se convierte en desastre cuando impacta comunidades sin preparación, infraestructura frágil, sistemas vulnerables y poblaciones con capacidades limitadas para responder y recuperarse.

Por esa razón, hablar de resiliencia va mucho más allá de recuperarse después de una emergencia. La resiliencia implica la capacidad de anticipar, resistir, adaptarse y transformarse frente a los riesgos. Una comunidad resiliente no es aquella que simplemente sobrevive a un huracán. Es aquella que ha identificado sus vulnerabilidades, ha fortalecido sus capacidades y ha desarrollado mecanismos para proteger a sus residentes antes, durante y después de un evento.

Sin embargo, la resiliencia también debe ser justa y equitativa. No todas las comunidades enfrentan los mismos riesgos ni cuentan con los mismos recursos para prepararse. Existen sectores donde la pobreza, el aislamiento, el deterioro de la infraestructura o el acceso limitado a servicios esenciales aumentan significativamente la vulnerabilidad. Por ello, la preparación, la respuesta y la recuperación ante desastres deben garantizar que nadie quede rezagado. La gestión de riesgos no puede limitarse a proteger infraestructura. Debe proteger personas.

La construcción de resiliencia también requiere fiscalización y participación ciudadana. No basta con reaccionar cuando ocurre una emergencia. Es necesario evaluar críticamente las políticas públicas, los proyectos de desarrollo y las decisiones que afectan nuestro territorio. En momentos en que se discuten cambios al sistema de planificación y permisos, así como propuestas y proyectos con posibles impactos sobre nuestros recursos naturales y comunidades, resulta indispensable preguntarnos si estas decisiones contribuyen a reducir riesgos o si, por el contrario, aumentan las vulnerabilidades existentes. La planificación no debe verse como un obstáculo para el desarrollo, sino como una herramienta para garantizar que el desarrollo ocurra de forma segura, justa y sostenible.

Por eso, la planificación y el manejo de desastres deben caminar de la mano. Una planificación estratégica, participativa y basada en la reducción de riesgos permite identificar amenazas, orientar el desarrollo hacia lugares más seguros, proteger recursos críticos y fortalecer la capacidad de las comunidades para enfrentar futuros eventos. Una comunidad preparada no surge por casualidad. Es el resultado de decisiones conscientes, inversiones responsables y una visión de futuro que coloca la seguridad y el bienestar colectivo en el centro del desarrollo.

Los desastres nos ponen a prueba, pero también revelan las consecuencias de nuestras decisiones colectivas. Muchas veces hasta construimos el riesgo. Cada proyecto mal ubicado, cada riesgo ignorado, cada ecosistema degradado y cada vulnerabilidad desatendida aumentan el costo humano, social y económico de la próxima emergencia. En un país expuesto constantemente a amenazas naturales, prepararnos no consiste únicamente en responder cuando ocurre una crisis. Significa asumir la responsabilidad de fiscalizar, planificar y actuar con visión de futuro. Significa construir comunidades más seguras, más justas y más resilientes antes de que llegue la próxima tormenta. El costo de la inacción siempre termina siendo mayor que el costo de la prevención.

El autor es geógrafo, planificador y consultor en manejo de desastres

 

Leer y acompañar al lector

 

 

Tere Marichal

 

Hace unos días escuché una frase que me preocupó: “vengo a hablarles de lo importante que es integrar la creatividad a la hora de animar a los niños a leer para que no se aburran cuando leen”.

En primer lugar la lectura no es algo “ aburrido”. El o la que piense eso no sabe nada de la mediación lectora y de la relación libro-lector. Seguramente no es una “lectora” ni mediadora de lectura verdadera.

No podemos seguir fomentando la lectura como si fuera un espectáculo o una actividad que se realiza con el fin de divertirnos. La intimidad de la relación entre un lector adulto y el libro no es alcanzar una diversión diseñada por un adulto. No sé por qué tanta insistencia en la diversión y el distorsionado uso de la creatividad relacionada con la lectura y los niños. Recuerdo, en mi infancia, estar extasiada con un libro y cómo mi imaginación- en silencio y quietud- se concentraba en el libro y lo que este me ofrecía. Nuestro rol como mediadores de lectura tiene que tener como centro de la compañía que realizamos, el libro.  Mientras menos se escuche nuestra voz de adultos, mejor. Las preguntas son para que el niño o adulto lector se manifieste e investigue a partir de su experiencia.

Pongo como ejemplo una actividad de apreciación de libros en uno de los centros del sistema carcelario de Puerto Rico. Cada confinado recibía un libro excelente y durante 20 minutos desarrollaba una relación con éste. No había otro “entretenimiento”. Estaba solamente el libro. Por favor no me vengan con la cantaleta de que esta es otra generación que necesita “estímulos”. Si el libro fue bien escrito y pensado para un grupo de una edad, no va a necesitar nada más.

Durante 25 años el cuento fue la base para crear y desarrollar temas de trabajo en el programa Maria Chuzema.  Partíamos del cuento para dialogar sobre todas las materias y si, hacíamos manualidades ambientalistas. El cuento era la excusa para integrar conceptos de reutilizar, reducir, reciclar, repensar, reinventar, responsabilizar. Sí, fuimos vanguardistas. 25 años luchando para fomentar la lectura y la protección del ambiente, además de muchos otros temas como Los derechos de la niña y el niño.

El mediador de lectura utiliza el libro- ante todo- como la herramienta más efectiva para la promoción lectora. La palabra ABURRIDO fue creada por gente que no es lectora, porque ante una buena lectura es imposible aburrirse. Es gente que comercializa con libros y todo tipo de objetos que se crean en torno a éste: peluches, lápices, pegatinas…que por desgracia se convierten en el anzuelo para pescar compradores de libros en una sociedad que promueve el consumo a toda costa.  Y gente acostumbrada a la manipulación mediática que justifica la venta de cualquier chucheria que se le antoje al niño.

 

Muchas editoriales enfatizan en estos productos para poder competir con las multinacionales que llenan el mercado infantil con todo tipo de chucherias para atraer a sus compradores. A pesar de esta parafernalia seductora esto no asegura desarrollar ni reforzar una sociedad de lectores. Seria interesante analizarlo.

Seamos honestos: la sociedad capitalista ejerce un control inmenso, agresivo y déspota en todo lo relacionado a nuestros niños y los libros no escapan a este control. En una sociedad que NO ES LECTORA- como la nuestra- si el libro viene acompañado de un muñeco el adulto tutor siente que al menos está comprando “algo mas” porque ¿como va a pagar 20.00 por un libro? Al menos el nene recibe un “regalo”.

Las multinacionales que desarrollaron la idea de crear productos a partir de la producción de un libro – película, camisetas, tazas, cartucheras- fomentaban el consumo y nos acostumbran a pensar que es necesario crear productos a partir del libro como si estuviéramos promocionando la lectura. El daño que se creó a partir de la visión de esta multinacional con relación a la promoción y animación de la lectura es muy significativo y deberíamos detenernos a analizar con justicia y honestidad nuestra visión ante este marketing descomunal y agresivo hacia la infancia.

Doy mi parecer porque en este mundo ancho y ajeno -y capitalista- tenemos que aprender a diferir y a entender que cada vez que alguien sugiere que la lectura es aburrida estamos tirando por el piso décadas de luchas, investigaciones, logros y propósito. La comprensión lectora, el desarrollo de lazos afectivos y sociales, ampliar nuestros horizontes y vocabulario son algunos de los propósitos que nos animan a acompañar a un lector y nuestra mejor herramienta es el libro. Un buen libro.

 

Grinor Rojo de la Rosa: por una crítica literaria liberadora en América Latina

 

 

Especial para En Rojo

 

Grinor Rojo de la Rosa es un intelectual chileno que sufrió la dictadura de Pinochet y el exilio político. Es uno de los críticos más sobresalientes de América Latina, considerado el más prominente investigador y exégeta de la obra de Gabriela Mistral, Lucila Godoy Alcayaga, además de ser una de las figuras centrales de las polémicas y debates sobre la identidad, la nación y la globalización que todavía siguen vigentes con nuevas miradas que visibilizan a los sectores anteriormente excluidos de las gestas nacionales  En sus textos sobresalen varios temas  recurrentes, como ha dicho Jorge Fornet, Director del Centro de Investigaciones Literarias de Casa de las Américas  y de su revista. Estos son la educación en Chile en circunstancias provocadas por el neoliberalismo, la relevancia del estudio de las humanidades, la función de los intelectuales, disminuida por los expertos. Por igual,  sobresale su interés en teorizar sobre la práctica de la crítica literaria como lo muestra en sus textos Diez tesis sobre la crítica, Clásicos latinoamericanos: para una relectura del canon.(Siglos XIX y XX) y Desde las más altas cumbres. Teoría crítica latinoamericana moderna (1876-2006)..

Fundador del Centro de Estudios Culturales de la Universidad de Chile, ha llevado a cabo una intensa labor docente  impartiendo cursos por muchos años en distintos lugares de América Latina, Estados Unidos y España.  Fue profesor visitante de la Universidad de Mar del Plata en Argentina, la Universidad  Federal de Mina Gerais en Brasil, la Universidad Nacional de Costa Rica, la Universidad de Salamanca en España, la Universidad de Viena en Austria; la Universidad de California, la Universidad de Columbia, la Universidad de Ohio en Estados Unidos, además de chilenas como la  Universidad Católica de Chile y la Universidad de Santiago de Chile (USACH). Este prolífico autor comprometido con la causa de los derechos humanos, especialmente el de la educación pública, tiene una obra diversa en la que estudia la literatura latinoamericana, particularmente el canon literario y analiza a Bolívar, Rodó, Andrés Bello, Sarmiento,  Pablo Neruda, Gabriel García Márquez, entre otros. También ha estudiado la producción teatral, la novelística  y la poética.

En uno de sus libros, Poscolonialidad y nación, escrito junto a Alicia Salomone, investigadora de la Universidad de Chile y quien fuera Directora de los cursos de Posgrado del mismo centro educativo,  y Claudia Zapata, estudiosa del pensamiento de la intelectualidad indígena, algo poco conocido en Puerto Rico, (tal vez sí por los teóricos decoloniales), discutió como ambos términos eran interpretados en la academia. Señala en su palabras preliminares que el texto contenía “una respuesta a la embestida de que viene siendo objeto el concepto de nación ante la globalización neoliberal, en el ámbito público y entre los intelectuales poscoloniales. Hubiese sido bueno que este texto, publicado por la prestigiosa editorial LOM, circulase en Puerto Rico a comienzos del siglo XXI.

Desde el sur de América Latina las teorizaciones son diferentes debido a su diversidad geográfica  y la presencia de miles de indígenas en países como Paraguay, Brasil, Ecuador, Bolivia, Chile  y Perú que igualmente pueblan partes de Centroamérica y América del Norte.  Desde las islas caribeñas y mulatas, contemplamos la nación tal vez mayormente desde ser el centro de transacciones económicas y militares que no existen en Latinoamérica. Nuestras fronteras son también más porosas a pesar de que nos circundan  las  aguas del Mar Caribe.

Tuve el honor de escuchar hace muchos años la hermosa conferencia de don Grinor Rojo de la Rosa sobre Pablo Neruda y Walter Benjamin en la que exploró la intersección entre poesía y capitalismo. De la misma forma tuve el placer de que me preguntara cómo yo entrelazaba el pensamiento de distintos teóricos que había citado en mi ponencia en el Congreso de Americanistas celebrado por la Universidad de Chile, titulada “Una ausencia en los estudios poscoloniales y subalternos: Puerto Rico y la cultura del Commonwealth en el Caribe Hispano”.  Le contesté, entre otras teorizaciones, que la comprensión teórica partía del lugar de enunciación y de la circulación de los libros en cada país. Creo que quedó complacido.

En un libro publicado en el 2025, editado por Álvarez, Errazuriz, Oliva y Vega, titulado Por una tradición crítica latinoamericana. Diálogos en torno a Grinor Rojo, el mexicano Víctor Barrera Enderle advierte que Rojo  trabaja en un marco multidisciplinario conectando la crítica  al espacio público y al vínculo de la cultura con la ciudadanía. Don Grinor Rojo de la Rosa ha sabido conjugar la crítica literaria, su amor por la educación y las humanidades sin dejar de entrelazar su defensa de los derechos humanos. Ha brindado conferencias magistrales en las que ha defendido la educación pública y la democracia radical.  ¡Ojalá podamos contar con él en algún congreso o simposio!!

 

 

La magia actoral de Kenneth Branagh

 

En Rojo

 

Desde que vi Henry V (nominado en 1990 para el Oscar por Mejor Director y Actor y ganador por Mejor Vestuario, dirigido y protagonizado por un Kenneth Branagh de 29 años) quedé fascinada por la fuerza e intensidad de este joven actor y director totalmente nuevo para mí. En 1991 vi Dead Again, un filme de investigación de un crimen narrado en dos tiempos que parecen complementarse. Branagh llevó a la pantalla otras tragedias (Hamlet 1996) y comedias (Much Ado About Nothing 1993) de Shakespeare y en 2011 interpretó al célebre actor shakespeariano, Lawrence Olivier en la excelente comedia, My Week with Marilyn por la que recibió múltiples nominaciones por su papel de reparto. En All Is True (2018) interpretó a un cansado y retirado William Shakespeare en su regreso a su familia. Ha dirigido y protagonizado tres filmes basados en las historias de Agatha Christie y su excéntrico inspector, Hercule Poirot: Murder on the Orient Express (2017), Death on the Nile (2022), A Haunting in Venice (2023). Además, protagonizó la excelente serie “Wallander” (2008-2016 interrumpidamente). Este año es parte del grupo de The Devil Wears Prada 2 en un papel que describí como “Y hablando de pareja, tener a un actor de la altura de Kenneth Branagh interpretar el marido presente de Miranda, es una clase de actuación insuperable.” En 2021 estrenó Belfast, basado en sus memorias de la niñez que recibió 7 nominaciones y el Oscar por Mejor Guion Original. Para este 2026 tiene anunciado como actor el filme dirigido por Reed Van Dyk, Atonement, que no tiene conexión con el hermoso y doloroso filme de 2007, dirigido por Joe Wright y basado en la novela de Ian McEwan. Para que tengan una muestra del talento de Branagh (a quien pude ver en 2024 en el modernísimo teatro, The Shed, interpretando a un inolvidable King Lear), incluyo trozos de mis reseñas en Rescate del pasado en dos secciones comenzando con sus filmes como director: Dead Again y Mary Shelley’s Frankenstein. En la 2nda parte, incluyo una muestra de sus filmes ‘solamente’ como actor: Othello, All Is True, My Week with Marilyn.

Dead Again 1991

Dead Again sitúa su historia en dos épocas: los años de la posguerra y la ciudad de Los Angeles a finales de 1980. Este es un filme de suspenso, con una excelente ambientación y una fotografía maravillosa que capta la sugerencia, el silencio, la intimidad nunca expresada. Es una historia de misterio que evoca lo mejor de Hitchcock con labor detectivesca de Costa-Gavras. Es la mejor película de suspenso y misterio desde Chinatown de Roman Polanski. Narra una historia en blanco y negro de un amor apasionado que desemboca en una tragedia. Kenneth Branagh interpreta dos personajes:  Roman Strauss, el apasionado compositor alemán de los años 1940 y el investigador privado norteamericano, Mike Church del presente. Su acento en ambas instancias es impecable. La 2nda historia, a colores, es sobre un caso que el detective se ha comprometido a esclarecer: una mujer amnésica (Emma Thompson) reclama bajo hipnosis ser la esposa del compositor Strauss. Las dos historias se entrelazan con escenas retrospectivas y con una teoría formulada por un hipnotizador que se gana la vida comprando y vendiendo antigüedades y por un ex psiquiatra, papel interpretado por Robin Williams con mucho control. Según estos peritos, dos personas pueden reencarnar en otros cuerpos, pero siguen atados a la memoria de su 1era existencia y pueden repetir sus errores o aprender de sus experiencias.

 

Branagh mantiene el suspenso del filme de principio a fin: no hay un solo momento donde pierde el ritmo. Y además de esta trama tan ingeniosa, Dead Again es una historia de amor, tan elocuente e íntima que solo respira ternura. No necesita de escenas ‘realistas’ para expresar el amor y pasión de esta pareja: Branagh escoge la sugerencia, el diálogo y la mirada.

Mary Shelley’s Frankenstein (1994)

Aquellos críticos que hace algunos años celebraron a Kenneth Branagh como el joven genio que protagonizó y dirigió una versión fílmica de Henry V que pudiera ser igual o mejor que la de Sir Lawrence Olivier, ahora condenan al protagonista y director de Mary Shelley’s Frankenstein por ser un egocentrista que no capta la esencia de esta obra a expensas de hacer sobresalir su propio personaje. ¿En qué quedamos? Comentemos primero sobre la autora y su obra literaria que de pronto tiene tantos expertos y defensores.

Mary Goodwin Wollstonecraft, mejor conocida como Mary Shelley, fue una mujer que logró destacarse después de la segunda mitad del siglo XX, 150 años después de haber escrito una de las mejores novelas góticas de la literatura en inglés: Frankenstein. Hija de pensadores de vanguardia, William Goodwin (Enquiry Concerning Political Justice) y Mary Wollstonecraft (Vindication of the Rights of Women) y compañera del poeta romántico Percy Bysse Shelley desde los diecisiete años, su vocación y su talento como escritora no pudieron manifestarse ni alcanzar la fama de su círculo de amistades. Cuenta la leyenda y la historia que una noche se reunieron Shelley, Lord Byron, Mary y otros poetas y decidieron que cada uno escribiera una historia de espectros (“a ghost story”). Mary crea en su cuento a un ser humano tan cerebral que necesita desarrollar su lado “femenino” creando una criatura que completase su existencia. Sin duda Mary ganó la “competencia”, pues nadie pudo imaginar algo tan “atroz”.  Solo Mary sentía de forma muy personal el dolor de haberse criado sin una madre (como tantas otras mujeres de su época, muere poco después del parto), la cercanía del suicidio de la 1era esposa de Shelley, la muerte de tantos bebés que nunca lograron ser personas y la soledad de vivir en el exilio y de crear una nueva familia.

 

Al igual que en sus anteriores adaptaciones de una obra literaria al cine, Kenneth Branagh nos da su versión como lo hizo con Henry V y Much Ado About Nothing. En todas Branagh es el protagonista, pero siempre se rodea de personajes. A través del diálogo, de los gestos, del movimiento físico de los personajes y de la cámara, Branagh consigue sorprender e hipnotizar a la audiencia. Hizo de Henry V, un joven impetuoso que regresó con un reino conquistado, pero con un corazón destrozado al ver a dónde la valentía de sus soldados los había conducido. En Much Ado, hizo que el príncipe, el personaje de más alto rango, estuviera representado por un actor negro (Denzel Washington), y le dio la oportunidad a Michael Keaton de mover a un personaje marginal al centro de la producción. Ahora en Frankestein, Branagh nos humaniza a Victor Frankestein y le da nobleza de espíritu a la criatura, excelentemente interpretada por Robert De Niro.

Los escenarios en este filme son espacios que intentan recrear no solo una época, sino un ambiente donde se representa la desolación y el egoísmo de los personajes. De esta manera, el público capta uno de los rasgos principales del movimiento romántico. La entrega de Víctor a la experimentación científica al ver cómo la ciencia establecida se volvía otra institución da esperanza de cambio, su deseo de salvar vidas e ir más allá de darle vida a quienes la muerte tan injustamente se las arrebató, es parte del trasfondo emocional que el filme dramatiza con tanta elocuencia. Branagh expresa su visión crítica de la realidad cuando presenta su propia casa casi despoblada en Suiza, contrastada con las calles abarrotadas de gente pobre, estudiantes transitorios y los señores dueños de las riquezas en Alemania. El laboratorio de Víctor, así como la sala y la escalera de su casa, parecen pinturas surrealistas donde el pasado, presente y futuro se mezclan.

Víctor creará una criatura con el cerebro de un científico brillante y con el cuerpo de un asesino ahorcado. El resultado será un hombre que comenzará a definirse a partir de su concepción y que llevará la cicatriz de ser híbrido, de ser físicamente repulsivo y de sentirse abandonado y desprovisto. Víctor dará a luz a un hombre que se les escapa de sus brazos. Después de este increíble esfuerzo, Víctor será vencido por el agotamiento y abandonará a su criatura, casi condenándola a su propia muerte. Pero esta criatura híbrida será más fuerte que todos y vencerá los deseos de su creador, los prejuicios de los ignorantes y el rechazo de otros seres humanos. La huella que dejará esta batalla por sobrevivir llevará a la criatura a vengarse de su creador, privándolo del afecto y el calor humano que siempre se le negó.

Mary Shelley’s Frankenstein es un hermoso filme cuyo horror reside en cómo la falta de amor puede destruir a una persona y en cómo la indiferencia y el racionalismo científico son los peores enemigos del ser humano.