Todos los sistemas espirituales advierten sobre la mayor enfermedad del ser humano: el ego. Un ego que nos conduce a todo tipo de atrocidades, desde la mentira vil, la calumnia, y la manipulación.
Si esa enfermedad se limitara a nuestros pequeños intereses, el literario por ejemplo, las consecuencias no serían preocupantes, pues basta y sobra con dejar que los textos hablen para que un argumento se caiga o sostenga, empero, cuando se trata de gobiernos y países las consecuencias son fatales.
Es lo que acontece con Venezuela. Una pequeña y atractiva mujer ha decidido que ella debe regir los destinos de su país, Venezuela, y tiene más de 20 años inventando argumentos que abarcan, según Times, desde “instalaciones atómicas iraníes”, “campos de entrenamiento de Hezbolá en la Isla Margarita”, hasta la existencia de una banda de narcotraficantes dirigida por Maduro, que se llama “El Tren de Aragua”.
Según Times, todas estas acusaciones han sido negadas por los servicios de inteligencia norteamericanos, los cuales tienen muy presente los desastres de Irak, donde USA se dejó arrastrar por las acusaciones de Ahmed Chalabi y el Congreso Nacional Iraqui, acción que le costó a USA la muerte de 4,492 soldados y a Irak un millón de civiles; las acusaciones contra Gadaffi, que dejaron ese país en ruinas, y Bahía de Cochinos, donde Kennedy recibió inesperadas humillaciones.
Lo peor de las acusaciones contra Maduro, son las consecuencias para los inmigrantes venezolanos, 238 de los cuales han sido deportados a la cárcel del Salvador sin tener ningún antecedente penal, pero esa estigmatización no parece importarle a Corina y su inmenso ego, ahora reforzado por un Premio Nóbel de la Paz, aunque lo único que ha hecho durante dos décadas es promover la guerra contra Venezuela.
Por suerte, esta vez, la gran prensa norteamericana: El Times, NY Times, Wall Stret Journal, la BBC y otros medios importantes, están alertando a USA para que no se embarque en una guerra donde quienes pagarán las consecuencias serán soldados norteamericanos.
Times afirma que Venezuela “es un país donde el pueblo esta armado y los militares están firmemente opuestos a una intervención extranjera.” Como siempre he dicho no se trata de Maduro, se trata de una nación soberana que además es dueña de la reserva más grande del mundo de petróleo y ha venido padeciendo una guerra económica que ha intentado desestabilizar su economía por todos los medios.
Esto no parece entenderlo un mitómano de La Florida que ha construido su fama en un pasado de lucha inexistente contra una “dictadura “castrista” ajena a su padres, quienes llegaron a Florida en 1952, y su nacionalidad norteamericana.
Ante la incertidumbre que supone el cierre del Gobierno de Estados Unidos (Gobierno Federal), unas 40 organizaciones no gubernamentales urgieron al Gobierno de Puerto Rico a que emita una declaración de emergencia por la detención de los desembolsos del Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP, siglas en inglés), y el Women, Infant and Children Nutrition Program (WIC).
La directora ejecutiva de Ayuda Legal Puerto Rico (ALPR), licenciada Adriana Godreau Aubert, indicó en entrevista que las organizaciones firmantes de la declaración trabajan en distintos temas que abarcan acompañamiento legal a adultos mayores, a la niñez y ante violencia de género. Todas tienen en común que trabajan con poblaciones históricamente empobrecidas, lo que significa que son familias dependientes del PAN. Godreau Aubert confirmó que La Fortaleza ni siquiera emitió un acuse de recibo de la carta enviada por las organizaciones.
Ayuda Legal Puerto Rico, agencia que no trabaja directamente con el tema alimentario, dijo saber que “en Puerto Rico existe hambre, existe pobreza y que toda amenaza a asistencia pública nutricional es una amenaza contra la gente pobre”. El cierre del gobierno tiene como consecuencia amenazar el desembolso de los fondos del PAN en Puerto Rico. Observó que el tema ha generado muchos mitos y estereotipos dado a que la gente cree que los beneficiarios del PAN reciben grandes sumas. Los beneficios del PAN están entre los $140, $150, y los que más, $300 dólares. “Sabemos que para muchas familias eso no es suficiente y mucho menos para una compra que dure un mes”.
Según los datos, en Puerto Rico, los beneficiarios son 1, 234,825 personas. La mayoría son adultos mayores, 434,311; le siguen 260,347 menores de edad; 69,680 adultos con diversidad funcional; 9,096 jefas de familia; 2,833 personas sin hogar y 252,833 beneficiarios que tienen un empleo formal.
La licenciada Godreau Aubert denunció que el Gobierno de Puerto Rico se negó a participar de la acción judicial tomada por 25 jurisdicciones de Estados Unidos para retar la decisión de la administración de Trump y exigir que se hicieran disponibles fondos de emergencia para garantizar la continuidad del programa que sirve a 42 millones de personas en los Estados Unidos y a más de 1.2 millones en Puerto Rico. El tribunal le dio la razón a los estados, por lo que se ordenó al Gobierno de Trump a desembolsar el fondo de emergencia, del que Puerto Rico recibió $150 millones.
Contrastó que en el caso de EE. UU. un número importante de jurisdicciones identificó fuentes de fondos para combatir el riesgo de hambruna, mientras llaman al apoyo a bancos de alimentos y cocinas comunitarias.
En el caso de Puerto Rico, las organizaciones denunciaron que el presupuesto general destina una partida multimillonaria para un fondo de emergencia, pero la falta de transparencia lleva a oficiales del gobierno a afirmar que ese fondo tiene $125, $27 o $50 millones. Mientras la gobernadora sostiene que solo hay dinero para cubrir pagos hasta el 10 de noviembre, el director de la Oficina de Gerencia y Presupuesto (OGP) asegura que existe un plan de emergencias establecido que permite cubrir los pagos hasta final del mes. No existe una respuesta concreta para las familias participantes, lo que calificaron de inaceptable.
La directora ejecutiva de ALPR defendió que el programa de alimentos “no es una dádiva, es un derecho fundamental. Creemos que el Estado tiene que proveer una red de protección social. Si el Estado no puede proveer servicios esenciales, salud, vivienda, y tampoco puede proveer alimentos, entonces tenemos un Estado que no sirve en función y la voluntad de pueblo”.
En tanto, en los acontecimientos más recientes en la disputa del dinero de SNAP, este viernes 7, la jueza Ketanji Brown Jackson, del Tribunal Supremo, ordenó la suspensión inmediata de los pagos completos del SNAP, como había dispuesto el Tribunal Federal. La decisión respondió a una apelación de emergencia de parte de la administración de Trump. Tras el fallo del tribunal, el presidente ordenó a los estados que ya habían desembolsado el dinero a devolverlo. La postura de la administración Trump es que hasta que no se resuelva el tranque por el presupuesto no habrá desembolso de dinero ni para SNAP y ni para otros programas, incluido el pago a empleados federales.
La Junta Directiva, el Colectivo de CLARIDAD y el Comité Organizador del Festival expresan su pesar ante la partida física de la compañera Gloria Berríos quien fuera por casi tres décadas fiel y dedicada colaboradora del Festival de Apoyo a CLARIDAD. Su paso por los Festivales fue siempre fundamental garantizando el éxito, entre otras, de la zona reservada para los Kioskos dedicados a la venta de la mejor gastronomía de nuestro país. Su compromiso trascendía la tarea de coordinar tan delicada y decisiva área para el Festival. Era una constante su contagiosa energía, sonrisa y alegría. Su identificación y compromiso total con los valores y la misión que definen a CLARIDAD, marcaban la diferencia en cada una de sus gestiones.
Desde aquí, afirmamos lo mucho que la extrañaremos mientras celebramos su vida.
Abrazamos solidariamente a su esposo Ricardo Juan quien fuera su eterna dupla en los Festivales y a su amada hija Carmen Gloria, quienes la cuidaron hasta su último suspiro.
Declaramos que nuestra querida Gloria descansará en paz.
En lo que va de este siglo veintiuno, Puerto Rico ha establecido un nuevo récord electoral para los gobiernos del anquilosado bipartidismo PNP-PPD.
Desde el año 2000 hacia acá, ninguno de los electos al cargo de Gobernador o Gobernadora ha sido reelecto a un segundo término y tal parece que ese será el resultado también de la actual gobernadora Jenniffer González Colón quien, salvo que ocurra un milagro o un golpe de suerte de esos que pasan de mil en ciento en la política, debe estar hoy presagiando el virtual fin de su fugaz gobierno que fue, desde antes de su comienzo, la «crónica de un fracaso anunciado».
Antes que ella, se quedaron sin respaldo suficiente para revalidar Sila Calderón Serra, Aníbal Acevedo Vilá, Luis Fortuño Burset, Alejandro García Padilla y Pedro Pierluisi Urrutia. Sila Calderón renunció a la reelección antes de sufrir una derrota que parecía segura. Los demás fueron aplastados por los votantes, uno tras otro, en su segundo intento a la gobernación. Hacemos excepción del caso singular de Ricardo Rosselló Nevares, quien venció a García Padilla en las elecciones del 2016, sólo para ser obligado a renunciar al cargo en 2019, bajo la brutal presión de más de un millón de puertorriqueños y puertorriqueñas de todas las tendencias políticas que tomaron las calles de Puerto Rico en protesta contra su gobierno que convirtió la burla y el desprecio a los demás en política pública. A Rosselló, hijo le sucedió en el cargo la entonces Secretaria de Estado, Wanda Vázquez Garced, quien bajo cuerda- y en medio de una feroz pandemia- mostró su ambición y sus verdaderos colores y terminó manchada y destruida por la corrupción antes de que concluyera su mandato de tan solo 18 meses .
Su sucesor Pedro Pierluisi tampoco pasó la prueba del pueblo. Cayó frente a Jenniffer González en una primaria interna que dividió en dos al Partido Nuevo Progresista ( PNP), demostrándole a Pierluisi un masivo repudio por parte de los mismos que cuatro años antes lo habían elevado al cargo. Jenniffer González ganó la gobernación en noviembre de 2024 con su partido dividido, y hoy esa brecha sigue abriéndose irremediablemente. A solo un año de su mandato, González dirige un gobierno que se hunde bajo el peso de una opinión pública y un electorado que se sienten cada vez más burlados y frustrados por la gobernanza errática, inefectiva y corrupta de este gobierno, así como de los sucesivos gobiernos anteriores del bipartidismo PNP-PPD de las últimas dos décadas y media.
¿Qué ha pasado en Puerto Rico y en sus gobiernos durante los 25 años transcurridos de este siglo veintiuno? Ha pasado que la relación de subordinación colonial de Puerto Rico a Estados Unidos ha caído en una crisis profunda, de la misma manera que han hecho crisis la gobernanza, las finanzas y las instituciones públicas en nuestro país.
En la sede del poder colonial en Washington se tiene claro que las decisiones sobre Puerto Rico están subordinadas a los intereses y prioridades del capital y los gobiernos de Estados Unidos.
Contrario a lo ocurrido en los primeros 60 años desde la invasión militar del 1898, en este momento Puerto Rico ha perdido importancia estratégica e interés para Estados Unidos. El imperio estadounidense de hoy no es el mismo del siglo veinte, ni emplea las mismas tácticas ni técnicas ni amenazas – ni se rige tampoco por las mismas reglas- para ejercer su dominio en el mundo.
Mientras acá, en los gobiernos del bipartidismo PNP-PPD se multiplicaban los esquemas de corrupción con dinero público, el clientelismo político crecía en las agencias y corporaciones públicas, se sustituyó la planificación y el desarrollo económico por una creciente dependencia de fondos y ayudas del gobierno de Estados Unidos, y el endeudamiento del gobierno de Puerto Rico aumentó a niveles impagables, los respectivos gobiernos de Estados Unidos se hicieron de la vista larga y en actitud displicente, incumplieron con su deber de fiducia con las finanzas de uno de sus territorios. Mientras, las firmas de bonos y corretaje de Estados Unidos hacían de las suyas con los bonos de Puerto Rico, y ya sonaba la alarma de la degradación de la tasa crediticia de Puerto Rico por parte de las casas acreditadoras.
No fue hasta 2016 que todo en Puerto Rico se desplomó y el resto es historia. Al final del camino, prevaleció la más descarada impunidad de todos y todas los causantes de la debacle de Puerto Rico, principalmente de los bonistas buitres americanos, que siguieron comprando deuda aún sabiendo que Puerto Rico no podría pagarla.
En ese escenario se aprobó la Ley PROMESA del Congreso, se nombró la Junta de Control Fiscal y se condujo el proceso de reestructuración de la deuda de Puerto Rico en el Tribunal de Título III de PROMESA. También eso trajo un nuevo cambio en las reglas del juego de la relación colonial y ahora son PROMESA y la Junta de Control Fiscal quienes prevalecen sobre el gobierno de Puerto Rico, con sus políticas de privatización y austeridad que empobrecen y limitan las oportunidades de nuestro pueblo.
Derrumbados los esquemas ideológicos tradicionales del bipartidismo PNP-PPD, el ELA culminado o la Estadidad federada- ambos rechazados de plano en Estados Unidos- dichos gobiernos se han dedicado a administrar mal una colonia que cada vez es menos productiva, importante y relevante dentro del esquema estratégico de la metrópolis colonial.
Los más recientes gobiernos del bipartidismo en Puerto Rico- todos del PNP- se cuentan entre los más inefectivos e inoperantes en la historia colonial de 127 años entre Puerto Rico y Estados Unidos. En la pasada contienda electoral de 2024, por primera vez tomó auge una alternativa distinta a las del bipartidismo PNP-PPD. La Alianza (entre el Partido Independentista Puertorriqueño y el Movimiento Victoria Ciudadana) logró quebrar el monopolio informativo de los medios corporativos y levantar una gran base de seguidores y votantes frustrados con el estado de cosas en nuestro país. Sus propuestas sensatas, realizables y novedosas intentaron promover una nueva forma de gobernanza- creativa y vigorosa- dentro del recortado marco de la colonia. La Alianza hizo un esfuerzo extraordinario, y sus resultados fueron sobresalientes. Su candidato a la gobernación quedó en segundo lugar en 12 municipios de Puerto Rico, muy notablemente en los cinco precintos de su Capital, San Juan. La campaña de La Alianza demostró el camino para crear, planificar, y desarrollar iniciativas económicas y sociales de impacto masivo y positivo en áreas esenciales como la educación, la salud, la vivienda y la seguridad pública, entre otros.
Lamentablemente para Puerto Rico, ese esfuerzo fue derrotado por la más feroz campaña de miedo y mentiras que se ha utilizado en elecciones generales en Puerto Rico en los últimos años. El resultado está a la vista. Prevaleció la candidata de las promesas huecas, de las mentiras, del discurso fácil, de soluciones que dependen principalmente de fondos del gobierno federal que ahora han fallado en materializarse. Nuestro pueblo, sobre todo sus sectores más alertas, deben aprender y responder a esta gran lección para actuar y en un futuro cercano derrotar al bipartidismo corrupto, fallido y dependiente de la metrópolis colonial que ha hundido a Puerto Rico.
Una cosa es ganar una elección.Otra muy distinta es querer y saber gobernar para todo un país, especialmente para quienes más necesitan y dependen de una buena gobernanza. Que en 2028 no se nos olvide.
Se le atribuye a George Orwell una frase que dice que en tiempos de engaño, decir la verdad es un acto revolucionario. Pues hoy estoy aquí para comenzar una revolución. Y tengo el privilegio de no tener que ser políticamente correcta, algo que me ha metido en muchos problemas, pero que me permite dormir muy bien, cada noche.
Estoy aquí ante ustedes como la bisnieta de un trabajador de la caña del pueblo de Guánica, Puerto Rico, donde los Estados Unidos invadieron la nación puertorriqueña por segunda vez.
Ahora bien, la verdad a veces duele. Pero eso no significa que no admire los principios sobre los cuales se fundó este país, los Estados Unidos. Los admiro tanto, que los quiero para mi país, Puerto Rico. Fui dotada por mi creador de ciertos derechos inalienables, entre ellos la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.
Y hoy, mientras estamos aquí honrando a Don Pedro Albizu Campos —y fíjense que digo «Don Pedro Albizu Campos», porque en Puerto Rico el título de “Don” se le da a quienes se lo merecen. No to’ el mundo es Don.
Por un lado de mi familia había pobreza extrema —sin zapatos, sin comida, sin futuro. Y también soy bisnieta, por el otro lado, de un dueño de hacienda cafetalera de Lares, Puerto Rico. Se pueden imaginar las discusiones entre mis padres. Uno del pueblo que protagonizó una pequeña revolución —pequeña en tiempo, pero no en espíritu— Lares, Puerto Rico. Cuando peleaban en la mesa, uno le decía al otro: “Tú, que vienes del pueblo que ni una revolución pudo lograr.” Y mi madre le respondía: “Y tú, del pueblo que ni siquiera pudo defender la patria.” Eran discusiones duras, con preguntas profundas.
Quiero hablarles de cuatro cosas sobre Don Pedro Albizu Campos. La primera, que ya Baba mencionó un poco, es su capacidad de entenderse a sí mismo como parte de un entorno mayor, su capacidad de entender, como decía Fannie Lou Hamer, que “nadie es libre hasta que todos seamos libres.” Por eso él estaba tan en sintonía con el movimiento revolucionario irlandés, y con otros movimientos revolucionarios en América Latina.
Si la pandemia del COVID nos enseñó algo, es que lo que tú haces me afecta, y lo que yo hago te afecta a ti. Así que si un niño es arrancado de los brazos de su madre en una frontera que quizás nunca veamos, es como si me arrancaran a mi propia hija, Marina, de los brazos. Si alguien entra a una escuela porque quienes deberían proteger la vida de nuestros hijos prefieren el dinero de la NRA y no aprueban leyes sensatas de control de armas, ese niño pudo haber sido el mío.
El huracán María no le preguntó a nadie por quién votó antes de arrancarnos todo. Y hoy, por la incompetencia y negligencia de un gobierno que consideró nuestras vidas prescindibles, más de 3,000 puertorriqueños no despertaron. Murieron por abandono, simplemente porque somos sujetos coloniales.
Y todavía hay gente en Puerto Rico que mañana dirá: “Ay Dios mío, ¿qué hace Yulín allá? Esa comunista. ¿Por qué están diciendo que Pedro Albizu Campos debe tener un retrato en el Club de Harvard, aunque sea independiente de la universidad?” Pero esas son las mismas personas que veneran a George Washington y a Nelson Mandela. Las mismas que dicen que estuvo bien que las 13 colonias se levantaran contra su conquistador. Qué hipocresía, ¿verdad?
Pero eso es lo que hace el colonialismo: te confunde. Te hace admirar lo que no eres. Yo lo llamo —y solo los puertorriqueños lo van a entender— el complejo del coquí que quiere ser sapo. Es una ofensa estructural diseñada para crear una crisis de identidad, para intentar despojarnos de la identidad que don Pedro Albizu Campos encarnó en todo lo que hizo.
No puedo entender cómo una nación que nació rompiendo las cadenas del colonialismo todavía mantiene sujetos coloniales.
Una de las grandes lecciones de don Pedro es que, al ver su dignidad, su resistencia y su defensa de la justicia, podemos vernos reflejados.
Quizás muchos no lo sepan, pero soy una persona profundamente religiosa. No pasa un día sin que rece al menos una parte del rosario, y le digo a Dios: “Tú que eres todopoderoso, termínalo tú, que yo tengo mucho que hacer.”
Reproducidas de la pagina de FB.
Para don Pedro, la lucha por la libertad y la justicia no era solo una lucha política, era un imperativo moral. Ese mismo imperativo moral que muchos sintieron aquí, en Nueva York, cuando vino el huracán. Los primeros en llegar a ayudarnos, siete días después de María… perdón, voy a corregirme a mí misma, nueve días después de que María devastó la isla, fueron enviados por insistencia de Melissa Mark-Viverito y el entonces alcalde Bill de Blasio, estas personas se quedaron con nosotros en San Juan por seis meses. Nadie llenó papeles; nadie pidió permiso. Escucharon, vieron y actuaron. Así era don Pedro: actuaba.
A quienes van delante de su tiempo se les llama disidentes. Pero al hacerlo, los etiquetamos como que se oponen a una norma. Eso hace que la norma suene como si fuera lo correcto. Ellos no están simplemente en desacuerdo; responden a un poder superior: a las leyes de su conciencia. Nos muestran que, para avanzar, cada uno de nosotros debe responder a su propia conciencia. Hay personas en este país que dicen que actúan según su conciencia; pero existen conciencias que unen y otras que dividen; algunas construyen, otras destruyen. Algunas impulsan agendas inclusivas y otras no. Don Pedro Albizu Campos nunca tuvo miedo de hablar.
Les cuento una historia de cuando tenía seis o siete años. Mido 4 pies 11 pulgadas y media—, y esa media pulgada es importante. Mi abuela medía 4 pies 11. Cuando tenía seis o siete años me molestaban en el recreo. Alberto Ferreras, que produjo la serie Habla en HBO durante más de 20 años, tendrá que escuchar esto otra vez. Un día mi abuela llegó a buscarme y yo tenía un labio un poquito cortado y un poquito de sangre en la nariz. Mi abuela me dijo “¿qué paja?” Cuando tu abuela pregunta “¿qué pajó?”, ya estás en problemas. Le dije que me empujaron en el recreo porque soy chiquita. Ella preguntó: “¿Empezaste tú la pelea?” Le dije que no. “¿La terminaste?” Entonces se me empezó a temblar el labio, ustedes saben ese gesto que haces cuando quieres llora, pero no quieres que tu abuela te dé una paliza. Ella me dijo: te voy a decir lo que vas a hacer la próxima vez. Eran los finales de los 60. No profeso la violencia, solo relato lo que ella me dijo. ¿Recuerdan esas loncheras de metal con el termo grueso que se rompía? Pues me dijo: “La próxima vez que te empujen, usa tu lonchera y golpéalo lo más fuerte que puedas, corre lo más rápido que puedas y grita lo más fuerte que puedas. Porque si se te alcanza te va a dar una tunda.” Él era mucho más grande.
Volvió a suceder e hice lo que ella me dijo. La llamaron a la escuela. Yo estaba sentada afuera con una gran sonrisa. Ella preguntó: “¿Empezaste la pelea?” Le dije: “No, pero la terminé.” Entramos y la maestra comenzó a reprenderme. Todos preguntaban qué había pasado; siempre fui una buena estudiante, tan calmada. Mi abuela se levantó, con sus 4 pies 11, y dijo: “Es curioso que cuando la empujaron nadie hizo nada; pero ahora que ella se defiende, resulta que es la mala. ¿Cuál es el castigo?” No sé cuántos días de castigo, pero mi abuela me dijo: “Recoge tus cosas, te invito voy a comprar un helado, porque tienes derecho a defenderte”. Y mientras íbamos en el carro me dijo algo aún más profundo: “Tienes derecho a defenderte, pero también tienes la responsabilidad de defender a los demás.”
Así que ven: él fue a Harvard, obtuvo una educación de privilegio, pero sabía que tenía responsabilidad con los demás, con su patria, con su nación. Yo no soy una súbdita colonial. Soy una nacional puertorriqueña con ciudadanía estadounidense. Eso es distinto a ser americana. No lo digo para faltar el respeto; lo digo para ponerlo en contexto. Sé que no todos los puertorriqueños sienten igual, y debemos respetar el derecho de cada quien a escoger el futuro que quiera para Puerto Rico, mediante un proceso de libre determinación en el que don Pedro creyó fervientemente, y hacerlo también con respeto por las visiones ajenas.
¿Cuál es mi visión? Ustedes ya pueden imaginarla. Pero voy a hacer algo que nunca he hecho en público: el derecho a ser libre es un derecho inalienable. La libertad y la independencia no tienen que ser reconocidas para existir. Es derecho del pueblo puertorriqueño ser libre y decidir su futuro. Si ese futuro es convertirse en un estado de los Estados Unidos, bajo condiciones verdaderas y justas, que así sea. Si lo que yo favorezco es la independencia con un acuerdo o pacto con los Estados Unidos, que así sea. Y si es independencia total, que así sea.
Don Pedro nos enseñó —y sigue enseñando—, gracias a su valentía y sabiduría, que esto es justo y necesario. Érica dijo “Viva Puerto Rico Libre.” Al principio les dije que algunos puertorriqueños veneran a don Pedro y otros lo odian; Luis, admiro que puedas poner su vida en perspectiva esta noche. Luis y yo en otros temas estaríamos en extremos distintos; pero en reconocer el legado de un hombre sobre el que, 160 y pico años después de su nacimiento seguimos hablando y 61 años después de su muerte seguimos recordando, esa es la medida de su grandeza.
No soy abogada, pero haré el favor de recordarles que esto no es lo mismo que Harvard University; el Harvard Club de Nueva York es una entidad separada. Las grandes instituciones deben ser espacios de pensamiento crítico. El discurso civil debe estar en la mesa, y eso no significa que tenga que estar de acuerdo con todo. No estoy de acuerdo con el uso de la fuerza para obtener la independencia de Puerto Rico; esa es una gran diferencia entre Don Pedro y yo. Pero no puedo condenarlo sin condenar a otros hombres y mujeres, como Blanca Canales o Lolita Lebrón, quien dijo: “No vine aquí a matar, vine aquí a morir.” Esa frase marca una diferencia. “No vine aquí a matar, vine aquí a morir.”
A veces miramos a figuras como don Pedro desde un punto de vista romántico, como si trascendieran su tiempo. Debemos entender que su lucha fue contra el racismo estructural y el colonialismo. Permítanme dos minutos más. Lo que voy a decir lo digo con profundo pesar y tristeza. Una de las cosas que intenta hacer el colonialismo es despojarte de tus símbolos. Nos enseñaron que el toro grande es el toro americano; que el huevo grande blanco es el huevo americano. Y les pido disculpas si me emociono un poco; esto me golpea profundo. Nos enseñaron también que la cucaracha grande era la cucaracha puertorriqueña y que la pequeña era la americana. El Agente Naranja se probó en Puerto Rico. A mujeres se las esterilizó masivamente en los años 40 y 50, con memorandos que decían que había “demasiados puertorriqueños negros sin educación” y que eso debía detenerse. Eso no quiere decir que toda interacción entre puertorriqueños y estadounidenses haya sido mala. Hay 6 millones de puertorriqueños viviendo en Estados Unidos y 3.2 millones en Puerto Rico. No podemos negar que en ciertos momentos hubo auge económico. Pero eso no borra que la píldora anticonceptiva se experimentó en Puerto Rico en dosis 20 veces más fuertes de lo que se usó después, y las mujeres de mi generación aún sienten las secuelas de esas pruebas.
Hay un dicho: el camino al infierno está lleno de buenas intenciones. Cuando hablamos de libertad no lo hacemos por un sentimiento antiestadounidense; lo hacemos porque, como pueblo puertorriqueño, merecemos lo mismo. Ayer regresé en avión desde Puerto Rico. Mi madre tiene Alzheimer; a veces está presente y a veces no. Me preguntó a dónde iba. Le dije que a Nueva York, y ella preguntó qué iba a hacer. Le dije que iba a la develación del retrato de Don Pedro Albizu Campos. Se iluminó. Me contó que mi abuelo la golpeaba al menos una vez al año —“por lo menos una vez al año,” afirmó ella— y que cada 23 de septiembre, en El Grito de Lares, ella se saltaba la escuela para ir a escuchar a Don Pedro. Le encantaba caminar por la calle principal para verlo estrechar manos y besar a la gente. Le pregunté: “¿Por qué ibas a escucharlo?” Y ella alzó el puño y dijo: “Porque él encarnaba la dignidad de la nación puertorriqueña.”
Lamento decir a los distinguidos miembros del Harvard Club de Nueva York —que, repito, es una entidad separada de Harvard University— y a Gustavo, que ese retrato no es solo de don Pedro Albizu Campos. En ese retrato está toda la dignidad del pueblo puertorriqueño, sin importar la ideología que profese. Ese retrato significa resistencia, perseverancia, fe. Nos recuerda que somos una sola nación puertorriqueña dividida por un océano. Nos hace entender que mientras nos tengan peleando entre nosotros, ellos están más fuertes y nosotros más débiles.
Una vez dije a un caballero: “Esto no es política, señor Presidente. Esto es salvar vidas.” Ese retrato no es solo sobre don Pedro; es sobre las esperanzas, las penas, las luchas y el camino hacia adelante de una nación entera que, aunque ha sido colonizada dos veces, ha resistido y perseverado. Haré una pequeña prueba antes de mis últimas palabras: “Yo soy boricua.” No importa dónde estemos, dilo y te reconocerán. Es importante que entendamos esto, “pa que tú lo sepas” —como decimos en la isla— es decir, “para que lo sepas,” pero también es algo que se dice con fuerza. Soy puertorriqueña, y lo digo en serio.
Nuestras vidas no son prescindibles. No teníamos que morir como morimos después del huracán María. Los que tenían la responsabilidad de ayudar —porque cuando pones botas sobre el terreno tienes una responsabilidad— no lo hicieron; fueron incapaces, no quisieron o no pudieron. Ese retrato también significa que lo que Puerto Rico sea de ahora en adelante depende de nosotros. Debemos desarrollar nuestra economía, promover la soberanía alimentaria y fomentar un modelo de trabajo que nos permita sostenernos. No podemos seguir mirando siempre al norte en busca de soluciones. Con gran poder viene gran responsabilidad —Spider-Man— y con la liberación y la libertad también viene una gran responsabilidad. Por eso llevo este pin de La Borinqueña, la superheroína puertorriqueña, creada por Edgardo Miranda, que está aquí hoy.
Menos quejas, menos conversación y más acción. Comprendamos que depende de nosotros. Eleanor Roosevelt decía: “Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento.” Ese retrato dice: no consentimos.
Mi madre me pidió que hoy dijera algo en su nombre, y por primera vez repetiré sus palabras en público.
Quiero agradecer a Amaka y a todos en el Harvard New York Club —que, como dijimos, no es lo mismo que Harvard University—. Les hablo como la bisnieta de un trabajador de la caña y como hija de una mujer de Lares, Puerto Rico, y como una mujer de 62 años —aunque quizás no lo parezca. ¡Qué bien me veo, verdad? En las palabras de un viejo himno afroamericano, espero que llegue el día en que mi madre y yo podamos decir no solo “¡Viva Puerto Rico Libre!,” sino también: “Free at last, free at last, thank God Almighty, we are free at last.”
Muchas bendiciones y muchas gracias.
Palabras pronunciadas en el Club de Alumnos de Harvard Nueva York,3 de noviembre de 2025.