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Aún no ganamos

se puede verificar que este libro que nació de una tesis de doctorado permite a quien lo lea observar cómo la relación del autor del libro con el objeto estudiado se establece de dos formas: César Pérez estudia el evento que fue la huelga de 2010 como académico, en el proceso de escritura de una tesis de doctorado, y por fin se identifica con el sujeto colectivo que es el actor protagonista en las distintas huelgas.

Ruy Costa

Las palabras finales de César –‘Aún no ganamos y la huelga no ha terminado’– me parecen las palabras justas para comenzar mi comentario y presentación de Rebelión – No-Derecho y Poder Estudiantil, la huelga de 2010 en la Universidad de Puerto Rico.

Justas porque este sujeto colectivo del ‘no ganamos’ incluye al autor de este libro, César Pérez Lizasuain, que se identifica con el sujeto colectivo que es el estudiantado que hizo la huelga de 2010, la del 2011 y la del 2017. De esta forma, y para quien no conozca al autor, se puede verificar que este libro que nació de una tesis de doctorado permite a quien lo lea observar cómo la relación del autor del libro con el objeto estudiado se establece de dos formas: César Pérez estudia el evento que fue la huelga de 2010 como académico, en el proceso de escritura de una tesis de doctorado, y por fin se identifica con el sujeto colectivo que es el actor protagonista en las distintas huelgas. 

Para este proceso de identificación que se da entre César y el sujeto colectivo protagonista de la huelga de 2010 será importante señalar que César fue docente sin plaza en la Universidad de Puerto Rico durante varios años, que en 2017, como lo dice en el prefacio ‘en contraste con la huelga de 2010, me tocó ver y participar del evento como profesor universitario’, y que además de esto, César es ciudadano, asalariado, miembro de la clase trabajadora de un país en que la precariedad es junto con el desempleo el futuro expectable para la gran mayoría de los que ahora estudian y trabajan en este país. 

El proceso de construcción del estudiantado en movimiento estudiantil, del estudiantado como agregado de individuos atomizados que ocupan un lugar en la estructura que es la universidad, y que como dice en una entrevista un ex-miembro de la Junta de Síndicos – ‘aquí los maestros vienen a enseñar, los estudiantes a aprender y los administradores a administrar y si hacen cualquier cosa distinta a eso is not okay’ (125), y que se convirtió en un sujeto colectivo conocido como el movimiento estudiantil, y el modo de organización de esta comunidad creada a través de un proceso largo y complejo en el cual la huelga refleja parte de este proceso de subjetivación, digo, este proceso de construcción de una identidad colectiva es lo que faltó hasta ahora en gran medida en los empleados (docentes y no docentes) de la Universidad de Puerto Rico y lo que está faltando hace mucho tiempo en el país, de acuerdo con lo que César dice a propósito del 15 de octubre de 2009:

‘El 0-15 marcaba así un declive, al menos, en la lucha de los gremios sindicales, e instauraba un nuevo ciclo (2009-2011) en el que la resistencia no solamente en el contexto universitario, sino a nivel nacional, no se enfocó en los dos grupos tradicionales que servían de vanguardia a la protesta social en Puerto Rico: por un lado, las y los trabajadores organizados en sindicatos y, por otro, el independentismo.’ (66). 

Como añade un de los entrevistados, miembro de la UJS en el RUM: ‘La verdad, en el momento en que le tocaba al movimiento obrero, ese sector se quedó callado’. 

Ya empecé la presentación del libro pero me permito interrumpirla para ahora hacer una introducción a la presentación: conocí a mi amigo César, y en este contexto pudiera llamarlo también compañero o camarada de lucha, durante la última huelga universitaria en 2017. Esta huelga que ambos vivimos como docentes sin plaza en la UPR, creó las condiciones para que un grupo de docentes se constituyera en comités de acción autoconvocados en distintos recintos de la UPR, y esto es uno de los aspectos novedosos de esta última huelga, en comparación con la huelga de 2010, y fue a través de uno de estos grupos, PARES, que conocí a César. 

El paro que empezó en los últimos días de marzo de 2017 y del cual surgirá la huelga aprobada el 5 de abril en la asamblea de estudiantes, comienza por la noche del día 27 de marzo, luego de una reunión de claustro convocada de emergencia y que sirvió por lo menos para demostrar, a quienes tenían todavía alguna duda, la inutilidad de realizar reuniones de claustro cuando estas son burocráticas, verticales, anti-democráticas (al excluir todos los docentes sin plaza y sin carga académica completa de cualquier posibilidad de la participar en las decisiones del claustro). Los comités de acción autoconvocados están para la reuniones de claustro como los comités de acción estudiantil están para la representación institucional de los estudiantes, docentes y empleados en la estructura de la Universidad. Lo que falta es que estos comités de acción autoconvocados no surjan cuando hay una huelga de estudiantes y se disuelvan o desaparezcan cuando la huelga termina. Lo que falta es todo el trabajo político de construcción de una identidad colectiva descrito en el libro de César y que articula la experiencia de la huelga de 2005, de CUCA, a las huelgas de 2010 y de 2011 y de 2017. Porque estas huelgas no surgieron de la nada y tampoco se desvanecieron en el aire. Lo que falta es que los trabajadores de la UPR pasen por un proceso idéntico de construcción de una identidad colectiva de forma análoga a la que resultó en el surgimiento del movimiento estudiantil y por ahora falta crear los mecanismos para que estos grupos autoconvocados puedan conducir a una lucha por la hegemonía. Como veremos a continuación, los comités de acción y, durante la huelga, las bases por portón y el Pleno son estructuras creadas con el propósito de que una comunidad estudiantil en la huelga pueda organizar, deliberar, vivir, bajo principios de la democracia participativa y de una forma horizontal una vez que se verifican los límites de los espacios institucionales definidos por la ley universitaria. Si las reuniones de departamento, de facultad, de claustro, si el senado no son estructuras en que la democracia participativa se pueda ejercer, entonces habrá que crear otras estructuras que lo posibiliten.

La huelga de 2017 tiene características singulares que la distinguen de la huelga de 2010, descrita en este libro: además de los comités autoconvocados, cambió en gran medida el perfil de los rostros más visibles: de los porta voces al mismo consejo de estudiantes, fueron mujeres muchas de las personas más destacadas del movimiento estudiantil; también, y como me dijo una amiga y antigua participante de la huelga de 2010, Teresa Córdova Rodríguez, ahora el antagonista no era solamente la Junta de Síndicos y el gobierno de Ricardo Rosselló, era también la Junta de Control Fiscal que de forma similar a las Troikas que llegaron a Grecia y a Portugal, llegaban para imponer un programa de políticas neoliberales en un contexto de una crisis financiera del Estado. Por eso, en las demandas de la huelga, además de cero recortes y de cero aumento de matrícula, se exigía una auditoría sobre la deuda de Puerto Rico. 

Hay sin embargo una continuidad entre los procesos de huelga que van desde 2005 hasta 2017, y eso lo reconoce César al inicio de su libro, que es el desarrollo de la doctrina neoliberal en las políticas públicas de Puerto Rico y a partir de la cual se pretende cambiar por completo la Universidad de Puerto Rico. Por esa razón, César utiliza inicia su reflexión utilizando el término subsunción real que proviene del sexto capítulo inédito del Libro 1 del Capital de Karl Marx, y que en las palabras de Antonio Negri que el mismo César cita se lee:

‘… Negri (en La Fábrica de Porcelana) sugiere que la subsunción real ‘significa que todos los aspectos que la sociedad presenta de modo más o menos distinto se resumen en un solo proceso de producción. Todas las formas son subordinadas a la construcción de la ganancia, no existen más fases o espacios intermedios de la sociedad en los cuales las formas de producción independientes puedan subsistir autónomamente.’ 

Si, como dice Boaventura Sousa Santos, ‘el desarrollo de la educación universitaria en los países centrales, durante los 30 o 40 años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, se apoyó por un lado en las conquistas de la lucha social por el derecho a la educación, manifiestas en la democratización del acceso a la universidad, y, por otro lado, en los imperativos de la economía que exigía una mayor calificación de la mano de obra en los sectores clave de la industria. La situación se alteró significativamente a partir de mediados de la década de 70 con la crisis económica que se instaló. A partir de entonces se generó una contradicción entre la reducción de la inversión pública en la educación superior y la intensificación de la competencia entre empresas, presente en la búsqueda de innovación tecnológica, y, por lo tanto, en el conocimiento técnico-científico que la hacía posible, y en la necesidad de formación de una mano de obra altamente calificada’. 

Como lo sintetiza César, a través de esta lógica neoliberal aplicada a la universidad pública:

“… desde el estado neoliberal se fomenta que la universidad estatal vaya asumiendo lógicas propias de lo privado. La descapitalización, el aumento en el costo de matrícula, la privatización de servicios dentro de la propia universidad (comunicaciones, seguridad, tecnología, patentes, entre otros), la imposición de que se busquen fuentes de financiación en los mercados (préstamos, participación en los mercados de bonos, etc.) y la precarización del trabajo docente tienen el efecto de una privatización de facto del aparato universitario, mientras que jurídicamente conserva su estructura pública. (30-31)

Ante este ataque conducido por los poderes económicos que determinan la lógica neoliberal de las políticas públicas, y siendo el Estado un instrumento de poder de esta clase (se lo puede decir? Burguesa), César encuentra en autores como Alain Badiou y Enrique Dussel la teoría del evento del primer y el concepto de estado-de-rebelión de segundo como teorías que le permiten pensar las revueltas organizadas por el movimiento estudiantil como forma de revuelta en contra esta lógica neoliberal. 

En el análisis que César hace de la Ley 7 de 2009 del gobierno de Luis Fortuño que declaró un ‘’estado de emergencia fiscal’’ y de la reacción del movimiento estudiantil que conduzco a la huelga de 2010 se adecua a la distinción que Enrique Dussel presenta entre estado de rebelión y estado de excepción:

“…el ‘estado de rebelión … es algo más que un ‘estado de excepción. El segundo es correlativo al orden jurídico establecido (potestas), y lo decreta una función del poder constituido (al menos un poder legitimado carismáticamente); el primero, en cambio, es la acción misma originaria de la voluntad consensual de la comunidad política (potentia).” (38)

 Así, si el estado de emergencia fiscal en 2009 (a lo que se sumará en 2016/17) la crisis financiera y la Junta de Control Fiscal, pretendió ser la forma de conseguir el contexto de legitimación del programa neoliberal en toda su extensión, el estado de rebelión es la respuesta por parte de la revuelta estudiantil. Como dice César, esta respuesta no es solamente negativa, o en sus palabras ‘’el evento rebelde transciende la negatividad propia de la protesta y se desenvuelve en un terreno positivo en el que se produce subjetividad.’’ (39). Como se puede ver el terreno positivo? 

En la página 42 dice César: a través, del “…uso de los medios sociales de comunicación en red, expresiones artísticas o cultural jamming, asambleas para la toma de decisiones, nuevas formas organizativas para la participación, nuevos esquemas de mando-obediencia, la renuncia y puesta en marcha de un nuevo entendido sobre la representación, el acto de desobediencia civil, enfrentamientos pacíficos y no pacíficos con las autoridades estatales, entre otros) que producen significados, tanto de ruptura respecto a la hegemonía neoliberal como de creación de un nuevo campo subjetivo mediante la afirmación de una nueva verdad política más allá del Estado-parlamentario y del Estado de Derecho. 

A través de todos estos mecanismos, se puede constatar que es posible inventar normas, formas de organización y de participación y de deliberación, que no están reguladas por la forma jurídica moderna. A estas formas de ordenación social no jurídica, César, de acuerdo con Carbonnier designa como el no-derecho y va a ser a través de este concepto como César analiza la contradicción entre la forma de actuar del Estado, de la Junta de Síndicos, del Tribunal Supremo, hasta del Colegio de Abogados en dado momento de la huelga, y la forma de actuar del movimiento estudiantil.

Los cambios en la composición del Tribunal Supremo en 2010 son, para César, la expresión de la validación jurídica del estado de excepción económico en Puerto Rico. La aprobación en el 24 de febrero de 2010, en la Junta de Síndicos de la UPR de la Certificación 98 que limitaba el acceso de las exenciones y ayudas económicas a estudiantes universitarios fue la causa inmediata de la huelga que comenzó en abril y que se extendió hasta junio de 2010 ocupando diez de los once recintos universitarios.

Sobre el proceso de negociación entre la Junta de Síndicos y el Comité Negociador Nacional, dice uno de los entrevistados por César lo siguiente:

“… la Junta de Síndicos estaba en un cuarto y los estudiantes estaban en otro y el árbitro (un ex juez) iba de cuarto a cuarto y se llegó a un acuerdo así…” (74)

Finalmente, los acuerdos recogidos en el documento titulado Entendidos entre la administración universitaria y el Comité Negociador Nacional fueron certificados por la Junta de Síndicos con fecha del 16 de junio de 2010 y por una asamblea nacional de estudiantes el día 21 de junio de 2010.

Como dice otro de los entrevistados quien fuera parte del Comité Negociador Nacional “… una de las razones de la huelga fue que los que estábamos en el Consejo fracasamos en nuestra labor de poder parar esas acciones de la administración: fracasamos por completo. Fracasamos porque no teníamos el poder para hacerlo…’’ (80)

El poder estudiantil es analizado de la siguiente forma: (1) de carácter cíclico y diverso, (2) en la huelga de 2010 (y en la huelga de 2017 de otra forma – por ejemplo, en abril de 2017, durante el proceso de la huelga docentes entraron en un de los comités de base y de esa forma pudimos participar en los plenos llevados a cabo durante la huelga) se abrió la puerta para una participación amplia y diversa de actores no tradicionales en las luchas estudiantiles, (3) hubo una promoción de la participación amplia, diversa y directa de todas y todos estudiantes interesados en hacerlo, (4) la identidad flexible, no fija, del movimiento estudiantil que obligó a adoptar posturas y formas organizativas no tradicionales. (5) Finalmente, y vuelvo a citar el texto “el movimiento estudiantil se concibe como la propia Universidad (…). No se produjo pues, dentro de este discurso una línea que deslindara al estudiantado, como sujeto participante de unos derechos y obligaciones, de la Universidad como institucionalidad separada que se encuentra obligada a cumplir determinadas obligaciones contractuales. El protagonista se concibió como centro vivo de la propia universidad, contrario a lo que pensaba la administración universitaria.” (83)

En oposición a esta última idea, se puede oponer lo que en la página 129 es la ideología plasmada por el juez asociado Rafael Martínez Torres en el caso Universidad de Puerto Rico v. Gabriel Laborde:

“Cada estudiante firma un acuerdo con la UPR en la que la segunda se compromete a enseñar y el primero a cumplir con sus deberes académicos.”

Es en una lógica de contrato de prestación de servicios, y en una lógica individualista y liberal, en donde no existe el estudiantado como entidad colectiva sino cada estudiante singularmente, que se articula este texto, por oposición a una lógica colectiva en el cual el estudiantado, a pesar de diverso, de plural en sus características no pierde aquello que los une como un sujeto colectivo. 

En la lógica de construcción de este proceso de resistencia se analizan las estrategias para contactar con las audiencias, sea los otros estudiantes sea el resto de la ciudadanía. Entre estas estrategias se encuentra por ejemplo la Carta al País hecha pública el 21 de abril de 2010, la Declaración desde la Universidad tomada publicada el 1 de mayo de 2010 y la Radio Huelga, una estación de radio por internet creada en medio de la Huelga de 2010 para comunicar sobre lo que acontecía diariamente en la revuelta estudiantil. 

En cuanto a la estructura organizativa que conduzco a los Comités de Acción Estudiantil se dice que estos fueron creados por lo menos dos años antes del inicio de la Huelga de 2010 y que se remite a la huelga de 2005 y a las manifestaciones de solidaridad con la huelga en 2008 por la Federación de Maestros de Puerto Rico.

Los CAE se solidificaron como espacios informales por oposición a la estructura formal del Consejo General de Estudiantes y al déficit democrático de la UPR. Ya en el contexto de la Huelga el Pleno era el foro de participación amplia en donde se llevaban cuestiones centrales y en donde se tomaban decisiones. A propósito de la relación entre los Comités de Portones y el Pleno se dice que “… La superioridad del Pleno se daba en la medida en que la participación en la toma de decisiones era plenaria, amplia, participativa y deliberativa. Pero no tenía jurisdicción directa sobre las decisiones locales en los CAE, que se transformaron en los Comités de Portones a partir de la ocupación de los campos universitarios”. El Comité de Seguridad y el Comité en Contra de la Homofobia y Discrimen son otros de los comités descritos. En la huelga de 2017, existía también el Centro de Comunicación Estudiantil y el Comité Central de Comidas y que junto con el desarrollo del huerto dan cada vez más la apariencia de una ciudad, de una ciudad-Estado, de una Comuna. 

En el capítulo 3, se analiza como tanto el CAFI en 2006 que recomienda “un aumento de matrícula y la consiguiente reforma universitaria acomodada a las variantes impuestas por el mercado” (105) durante el gobierno de Aníbal Acevedo Vilá como el CAGFES creado en 2010 por Luis Fortuño siguen un modelo similar de lo que debe de ser la universidad. Eso se puede ver también en la composición del CAGFES que era compuesto por ‘’altos miembros de la industria farmacéutica; por representantes de la empresa privada como fue el Sistema Universitario Ana G. Méndez; por la presidenta en aquel momento de la Junta de Síndicos, Ygrí Rivera y por afiliados al PNP’’ (110)

Además de la utilización del Tribunal Supremo como instrumento para implementar la agenda neoliberal, también la represión de la protesta se está dando a través de una progresiva militarización de la policía, por tácticas de detención y encierro en vehículos en movimiento, o más recientemente por otras leyes.

Concluidas las huelgas estudiantiles de 2010 y 2011, nos dice César, “inició un nuevo intervalo de despolitización de la protesta social’’ que terminó con la huelga con la huelga estudiantil de 2017 y con las manifestaciones del 1 de mayo de 2017 y de 2018. 

Para empezar a cerrar esta presentación quisiera distinguir distintos niveles del análisis: por un lado, como el movimiento estudiantil evoluciona en relación con la audiencia, con la percepción por la ciudadanía en general en una lucha por la hegemonía –y la formación por ejemplo del Comité de Seguridad o la definición de una regla como de no fumar frente a los portones y de definir áreas específicas para hacerlo son medidas tomadas en ese sentido así como las Cartas abiertas o la Radio Huelga– cuando del otro lado tiene no solamente todo el aparato del Estado y de los principales medios de comunicación privados que transmiten un discurso generalmente contrario al movimiento de estudiantes. Por otro, el movimiento estudiantil evoluciona dentro del mismo recinto –por ejemplo la creación de un Comité de Acción de Mujeres y del Pleno de Mujeres son parte de ese trabajo interno del movimiento estudiantil de autorreflexión. Existe también otra evolución que se relaciona con las formas de represión y con la ocupación de la universidad por la policía obligó igualmente a inventar nuevas formas de lucha. 

Finalmente, en el capítulo 3.5.1. titulado Zapatistas en la UPR: el mandar-obedeciendo del poder estudiantil, César analiza la Declaración de la Universidad Tomada, redactada por el Comité de Acción Estudiantil de la Facultad de Humanidades de la UPRRP y su similitud y inspiración en la Cuarta Declaración de la Selva Lacandona. Cito, por última vez a César que comparando ambos documentos dice: 

“A partir de este comunicado (…) y con el característico estilo poético y la carga filosófica de los comunicados zapatistas, se intenta traducir lo siguiente: (1) el rechazo a la situación imperante en la UPR, análogo al ¡Basta! de la Primera Declaración de la Selva Lacandona; (2) la consolidación de la auto-identificación como el protagonista del conflicto en contraposición al poder antagónico contra el que luchan: ‘hemos cambiado la historia, la hemos hecho nuestra’; (3) los objetivos y metas del movimiento estudiantil: ‘Diálogo, negociación, conocimiento, educación, libertad, transparencia, democracia y participación. Éstas fueron nuestras banderas en la madrugada del 21 de abril de 2010; éstas son hoy nuestras exigencias”; (4) la identificación de uno de los agentes antagonistas, la ‘mala administración’, haciendo uso de la referencia zapatista al ‘mal gobierno’; y (5) el criterio de validación mediante la producción de una esfera ética.” (150)

Quisiera terminar agradeciendo mucho a César la invitación a presentar este su libro, que agradezco a todos aquellos y aquellas que luchan por un mundo más justo y que en los años que aquí he vivido los días en que la universidad fue ocupada por el movimiento estudiantil fueron los días en que sentí el olor de la democracia y de la libertad. 

Nota de duelo y solidaridad por el compañero Juan Carlos Vélez Santana

Foto reproducida de FB.

 

La partida del plano terrenal del querido compañero Juan Carlos Vélez Santana ha ocasionado una gran tristeza, por la prematura pérdida de un comprometido ser humano, con la Patria y la defensa de los derechos humanos y civiles del Pueblo puertorriqueño; especialmente los de las personas vulneradas por la desigualdad, la pobreza y cualquier tipo de discrimen. Como abogado penalista puso sus servicios a disposición de los sectores marginados, misión que desempeñó fielmente como litigante y a través del proyecto Inocencia, de la Facultad de Derecho de la Universidad Interamericana. Contribuyó con su labor incansable a demostrar la no culpabilidad de personas sentenciadas injustamente, al mismo tiempo que como profesor ayudaba a formar nuevas abogadas y abogados con sus miras enfocadas en la justicia más que en la ambición económica.

Bien dice el refrán popular que quien lo hereda no lo hurta, su madre, la admirada Reverenda Eunice Santana Melecio y su militante padre, Wilfredo Vélez, criaron a Juan Carlos y a su hermano Wilfredo (Tito) como boricuas de corazón cuyas acciones estuvieran dirigidas a la defensa de la nación puertorriqueña y de los derechos el Pueblo. Juan Carlos, como abogado, profesor de Derecho y gran ser humano cumplió a cabalidad con esas enseñanzas.

La Junta Directiva y el Colectivo de trabajo de CLARIDAD abrazan solidariamente a Eunice, Wilfredo, Tito y demás familiares, así como a sus amistades, estudiantes y colegas. Por sus ejecutorias y trayectoria de vida, Juan Carlos siempre será recordado y emulado.

 

Decenas de comunicadores cambian la narrativa migrante

Fotos suministradas por Kilómetro O.

CLARIDAD

 Venían de todas partes con una misma causa: desafiar la forma en que se cuentan y circulan historias relacionadas con las poblaciones migrantes. Venía gente de la diáspora mexicana radicada en California, de lugares íntimamente vinculados con poblaciones mixtecas, de Honduras, Oaxaca, Idaho, Ecuador y hasta Arecibo. Durante cuatro días, durmieron en Adjuntas para conocer mejor cómo contar sus experiencias y las de sus comunidades.

Roxana Bendezú y Mari Mari Narváez –de Raíces Migrantes y de Kilómetro Cero, respectivamente– reunieron a decenas de profesionales, activistas y comunicadores de todo el continente para darle nueva forma a las narrativas que dominan los temas relacionados con poblaciones migrantes. Con talleres divididos por disciplinas y excursiones, el grupo estuvo expuesto a una variedad de debates relevantes.

“Esta guía para periodistas responde al contexto de la actual y creciente criminalización de personas migrantes en Estados Unidos y Puerto Rico. Las personas inmigrantes que llegan a este país, particularmente aquellas que se racializan como negras o marrones, han sido criminalizadas y se han convertido en el foco de detención, deportación y expulsión… Cómo hablamos sobre migración y fronteras repercute directamente en cómo respondemos a la violencia de Estado”, leía, como ejemplo, un folleto de Kilómetro Cero sobre la propaganda policíaca (copaganda).

La copaganda supone propaganda dirigida a justificar la violencia por parte de la Policía. Moldea la noción del crimen y las preocupaciones de “seguridad”, normalmente reflejada en la cobertura saturada de homicidios, balaceras o temas que armen una narrativa. Mari Narváez dio de ejemplo dos portadas de Primera Hora que, dentro de un plazo de tres días, exaltaron la “labor policíaca”.

Distintas cenas, descansos y meriendas intercalaban las discusiones, que también trataron asuntos del periodismo comunitario como una forma de empoderar a las personas para que cuenten sus historias. Para eso –con la ayuda de recursos como Luis Trelles, Firuzeh Shokook Valle y Mariana Surillo–, la capacitación fomentó la creación de pitches (presentación corta y breve) de historias. Cada una se desarrollaría bajo una disciplina a lo largo del taller.

La elaboración de cada historia consideraba preguntas fundamentales como «¿para qué quiero contar esta historia?, ¿quién es mi audiencia?, ¿desde dónde pretendo insertarme?», así como las raíces estructurales y sistémicas que daban paso a la migración como fenómeno social. De modo que cada historia se elaboraba dentro de su propio marco, como el proyecto radial de Jorge Ríos, quien prepara actualmente un programa para poblaciones mixtecas en Oxnard.

“La meta es no ver a los inmigrantes como un problema sino como agentes de resistencia”, explicaba Bendezú durante la discusión del pitch.

Las sesiones por disciplina consistían en tres talleres: uno de escritura, uno de audio y otro de vídeo. Por dos de los cuatro días, el grupo se dividía según sus intereses. En el taller de Shokooh Valle, donde participó el autor de esta nota, los participantes leyeron cuatro textos que variaban de reportajes duros a crónicas elaboradas. Mientras leían, un pavorreal gorjeaba para desdicha del silencio, casi queriendo interrumpir con su plumaje azul cielo y sus ojos muy regios.

Las discusiones subsiguientes abarcaban la lógica detrás del lenguaje, la construcción de narrativas con el empleo de las palabras, el alcance que puede tener un texto de acuerdo con su manejo de estos factores y otros temas vinculados con la escritura como medio. Shokooh Valle, quien trabajó por 15 años en Primera Hora, también destacó la influencia y las limitaciones que muchos enfrentan desde sus medios, donde resulta más difícil contar estas contra narrativas.

En cada taller especializado, las personas debían profundizar en las historias que habían presentado en sus pitches. Asimismo, la capacitación integró sesiones para hablar de la preparación de entrevistas y la ética y seguridad para con las fuentes. Estos debates presentaban la diversidad de fuentes disponibles para crear las historias y la importancia de reconocer aquellas en posiciones vulnerables.

El grupo visitó, el sábado, a Casa Pueblo en una suerte de tren del Municipio de Adjuntas que ofrece viajes alrededor del pueblo. El clima, favorable, repartía una luz que alumbraba desde las copas de los árboles hasta el fondo de los ríos, y todos hablaban de alguna forma sobre su relación con el campo.

Cada día propiciaba las redes de apoyo con dos comidas y una cena que permitía a los participantes compartir contactos y desinhibirse un poco. Las evaluaciones finales reflexionaron sobre cómo materializar las historias dentro de plazos tentativos de 30, 60 y 90 días. Algunos proyectos consideraban integrar elementos multimediáticos e incluir códigos QR para ampliar las historias, que venían de todas partes y salían para difundir un mentís común.

 

 

 

Tríptico: Rafael Tufiño según Pablo Tufiño

 

Especial para En Rojo

Parte I: El apartamento

Al extremo de la mesa, Pablo toma una taza de café, y la luz entra desde el balcón a sus espaldas. Por un instante, el espacio se llena de oscuridad con el contraste, y la mirada recae afuera, al fondo, sobre la cúpula de la Basílica del Viejo San Juan; el andamiaje de la restauración, el color del paso del tiempo y la mampostería. Hay una similitud entre ellos, el conservar, el edificar sobre lo que quisimos. Los templos se mantienen.

Los ojos vuelven a ajustarse y caen, con la luz, sobre la taza de café. Pablo tiene el cabello oscuro, una sonrisa amplia y frecuente, y la piel cobriza como su padre, Rafael Tufiño, el pintor del pueblo, el Tefo. “Papi tenía una obsesión con el dibujo,” nos dice “Él llegaba, sacaba los Prismacolors, se sentaba y dibujaba. O sea, se lo disfrutaba, pero era disciplinado. Hizo mucho lo que él tenía en su entorno: su niño, el cuarto, los juguetes, la mujer, los desnudos, el gato. “

Ese gato negro, sutil y silencioso, era el Fefo; una extraña coincidencia en la casi que compartían el mismo apodo, pero el Fefo venía de Nueva York; era el gato de Rose, con quien contrajo nupcias en la década de los sesenta.

El apartamento de Pablo es un espacio vivido. Hay una cerámica en la mesa, un arbolito con pequeñas figuras tejidas colgando de sus ramas secas, una talla de los tres reyes magos en una balda de la pared. Al lado de ellos, en la pared posterior al balcón, recibe la luz de un medio día nublado “El Bautismo” (1983). Captura un momento en el tiempo. San Cristobal “que era un gigante” nos dice Pablo, se posiciona en la esquina derecha superior de la xilografía, donde estaría el fortín si miraras desde el balcón del segundo piso de la 415 Norzagaray. Pablo me muestra una foto; su papá con un gorro tejido en patrones de lana, sentado, mirando al mar con los pies trepados en la barandal del balcón. “Ese fue el apartamento favorito de papi. Llegaba hasta el otro lado, hasta la calle Sol. Ahí vivió con el Fefo y todo eso.”

En la parte inferior del grabado hay una pictografía (es decir, el intercambiar las palabras por imágenes para dar un mensaje) que plasma seguido: -Un gato (Fefo) -una rosa (Rose) -un perfil (Tufiño) -un patrón de adoquines (calle) -un sol (Sol) -un mapa de Puerto Rico; era la dirección de su hogar. “El hizo eso en muchas de sus piezas. Él les llamaba anagramas.” comenta Pablo. Al lado de este, la fecha 26 de mayo del 1964, la cita de las mañanitas “El día en que tu naciste nacieron todas las flores.” Y el nombre -Salvatore, fruto de su relación con Rose, que era italiano-americana. “Papi se quejaba de que nunca lo dejaron escoger el nombre de sus hijos. Bueno, que yo me iba a llamar Juan Sebastián y después el hermano mío protestó, y me pusieron Pablo.” dice riendo. Con el tiempo, su matrimonio terminó, y Rose mantuvo a su acompañante de tantos años, su gato. El Fefo nace y muere en Nueva York.

En la pared contigua está “La Botella” (2005), la serigrafia elaborada a base del óleo de 1963 que hoy se encuentra en la colección del Museo de Arte de Ponce.  “Esa barra, en los sesenta, era como su oficina.” dice Pablo “Ahí venían los músicos de todas partes, estaba de moda el jazz. Esta es como la cuna del Jazz en Puerto Rico, donde venía toda esa gente a improvisar. Mira, esta pianista que está aquí,” Pablo apunta al plano del fondo, en la esquina, envuelta en luz tenue azul, “se llama Gladys Johnson. Cuando él entraba, ella siempre le tocaba Easy to love, una canción de Cole Porter, que también la canta Ella Fitzgerald.”

Las notas de las teclas se envuelven en la veladura del humo:

“I’m sure you hate to hear
that I adore you, dear
But grant me just the same

I’m not entirely to blame
For you’d be
So easy to love”

Y el mundo deja de parecer gris por un instante.

Sobre la loza criolla en la sala, Los muebles de pajilla se usan a diario, varios tiestos con pequeñas plantas y, a su lado, sobre una pequeña pila de libros hay tres obras de su madre Ada Lydia Soto Valentín (conocida en la plástica como Sotoada) en las que las imágenes de santos se elaboran en técnica de collage sobre tablas. Su perro pasa por el arco de la sala y se acuesta en el medio del recibidor.

Allí, frente a la puerta de la entrada, se encuentra “El Caldero” (1965). La atmósfera se envuelve en azul. Hay una cualidad tonal serena y melancólica, como si cargaras en la mente las ultimas notas de la canción que escuchabas antes de irte de un lugar. “Es un bodegón, y los bodegones de papi siempre son autorretratos. Siempre tienen el quinqué, el santo, y esto aquí:” nos señala el papel que se encuentra entre las piezas, “que es como un menú del restaurante El Caldero, – eso es un invento suyo. No hay ningún restaurante El Caldero, era su casa. Era el relajo de que vengan a comer al restaurante El Caldero.” El patrón geométrico en la policromía metálica del santo, el corte abanicado y amplio tras el rostro, apuntan a la mano de santero Zoilo Cajigas. Y parece que Tufiño le colgó en su bracito una escuadra triangular de dibujo. Podemos verlo como un exvoto, una ofrenda votiva como la que solía colgarse en los santos de palo como pago de una promesa o el resguardo de un talento, o quizás, como un lugar donde no perderlo.

Mientras miramos la obra, Pablo nos dice “La historia de este cuadro es bien bonita. Papi le había regalado esto a López del Campo (el insigne escultor puertorriqueño) y López lo tuvo en su casa por décadas. Jorge (hijo de López del Campo con el que comparto el nombre) y yo empezamos a tener muchas cosas en común. Él era un poquito mayor que yo; pero imagínate, alguien que tiene los mismos intereses que uno: los dos estábamos preocupados por las obras de nuestros padres, por el arte. Y él me decía -yo tengo una obra de tu papá que quiero que veas-. Entonces, Jorge falleció, y su mamá me dijo -yo quiero que tengan la pintura de nuevo-. Y volvió a nosotros. Es del sesenta y cinco. Oye, ¿Cómo estás de tiempo? ¿Bajamos?”

Parte II: Las calles

“Mira, las estructuras, por lo general, están bien cuidadas.” Dice Pablo Tufiño mientras vamos subiendo por la calle Cristo del Viejo San Juan, esquivado los turistas que van bajando. “Se ve muy bonito. Papi decía que parecía una serigrafía, porque estaba todo limpiecito. Pero el impacto a la comunidad, los locales, ha sido grande. Aquí han sacado mucha gente con los Airbnb. La comunidad se ve cada vez más reducida, y a veces los lugares de encuentro son mínimos.”

Tomamos la esquina hacia la calle San Sebastián, y vemos a través de la entrada de Nono’s la gran lámpara al fondo de la obra: aquí era La Botella. El espacio nos confronta reducido, la mesa de la barra se ha movido hacia el frente, los manteles rojos han desaparecido. Al arco le han removido la cal para revelar los adoquines. Tufiño debe de haberla pintado desde la esquina, donde no impedía el flujo de las personas, y hay pocos locales allí, y la música sale por las bocinas.

Hay cierto misterio que envuelve la calle San Sebastián, un lugar donde el tiempo revuelve, como una espiral, sobre sí mismo.  Paramos, – a una chica le hacen una sesión de fotos en medio de la calle y la acera para las redes sociales. Logramos pasar y el espacio se despeja. Llegamos frente al callejón del Mercado, que conecta al Museo San Juan por su parte trasera. “¿Tú sabes dónde era la DivEdCo?”, me pregunta. “¿Dónde?”, Pablo apunta hacia el fondo, “El Museo San Juan era la DivEdCo.”

La División de Educación de la Comunidad (DivEdCo), fundada en 1949, fue una de las instituciones encargadas de instruir al pueblo, que era, en su mayoría, iliterato. Por ello, comenzaron a utilizar la fuerza de la imagen, carteles y folletos en los que se comunicaba no solo con letras, sino con imágenes. “Allí hacían los carteles, los libros para la comunidad y las películas. En el centro (del edificio) era el soundstage. Había un área en la que estaban los artistas sentados, bajo techo. Había otra área de los escritores: René Marquéz, Valcarcel, y había otra donde se filmaban las películas. Era la parte del centro, pero con un techo. Lo que no tomaban afuera lo hacían allí. El mural de La Plena papi lo pintó ahí, completito, dos años estuvo en eso.” Rafael Tufiño lideró el taller de gráfica del 1951 al 1963, creando un sinnúmero de carteles que hoy conforman la base de tradición gráfica puertorriqueña. “Papi fue uno de los primeros en darse cuenta de que la gente se estaba llevando los carteles para su casa porque les llamaban las imágenes. Entonces, empezó a hacer las letras más chiquitas y a pegarlas a los bordes, porque a la gente no le gustaban las letras. Y el hacía un montón de bocetos para los carteles. ¿para los de Ignacio? chacho… Algunos le decían que no tenía que esforzarse tanto en ellos, que eso no era para un museo, que eso era para la gente. Y él les decía que precisamente porque era para el pueblo es que tenía que hacer lo mejor que pudiera.” dice Pablo.

Alrededor de 1974, el artista Carlos Osorio, quien estaba en Nueva York liderando su taller, exhorta a una joven estilista, Ana Soto, a “ir a la División de Educación para que conociera a estos artistas. Entonces, ella viene a Puerto Rico y conoce a papi en la División. Él ya ni trabajaba allí, pero por cosas de la vida estaba jangueando allí. Y allí empezó todo, gracias a Carlos Osorio. Ella monta un Beauty Parlor en la calle San José, y ahí es que él venía a enamorarla. Entonces, el cogía y dejaba cosas olvidadas a propósito. Dejaba la libreta, llena de dibujos, para buscarlos después.”

Pablo me enseña una foto, que va tomando el leve tinte sepia de las fotografías impresas y guardadas, de ese año. En el que esta Ana, su mamá y, Tufiño, que usa un pañuelo rojo en el cuello, la barba larga y desarreglada. Él había hecho un dibujo en su libreta: un mapa, pequeño, de las calles del Viejo San Juan, coloreando dos bloques, donde vivía cada uno de ellos. “En verdad,” dice Pablo “se equivocó por un bloquecito, pero se entiende.”

Pasamos frente al 152 de la calle San Sebastián. Hay un carrito de golf estacionado al lado de la acera y un hombre, tumbado sobre ambos asientos, toma una cerveza. “El Tefo vivió mucho tiempo ahí.” Nos dice. Le pregunto su nombre “Pabón, de la Perla.” “¿Tú lo conociste?” le pregunto. “Claro, si yo le limpiaba los zapatos. A veces era duro y no quería.” “¿Y a Manuel Hernández Acevedo?” “Claro, uno (cuando salían de la División) cortaba para acá (subiendo la calle, y otro para allá (bajando). Hernández vivía después de la escuela, la abuela vendía limbers.” “Eso era en la 272,” dice Pablo “En ese edificio vivía Tony Maldonado y Manuel Hernández. Y la primera serigrafía de las fiestas de la calle San Sebastián, que lo hizo Tony, es la calle desde allí.”

Miramos por los cristales de la 152, y las escaleras, con cortes angulados y lozas como un tablero de ajedrez, son las de “San Sebastián 152” (1972). Súbitamente, la calle se vacía, y solo ocasionalmente te tropiezas con un adoquín. Atrechamos por el callejón la Tanca hacia la Norzagaray. El pasillo está lleno, diferentes canciones emanan de cada establecimiento, las mesas están llenas, la gente se arrincona en pequeños grupos. “Mira a Luis Alonso ahí.” Lo saludamos de pasada, tenía los ojos largos, un bastón y una cerveza. Cruzamos la calle del Boulevard y los autos casi no nos dan paso.

Nos paramos al otro lado de la 306 Norzagaray. El edificio se erige como un cubo amarillo frente al mar. “Donde ellos tuvieron su segundo apartamento fue ahí. Este edificio se ve bien ahora, pero antes se estaba cayendo en cantos. A papi le encantaba esto aquí. Ahí hizo “La iglesia San José bombardeada” (1979), “Pablito” (1983) lo hizo aquí, las de la Perla él las hizo aquí también. Luego ya él empieza a usar fotografías y a cuadricular los espacios, pero ya en los noventa. O sea, lo que hacía treinta años antes espontáneamente después tuvo que refugiarse en la técnica. La luz le molestaba, andaba con sombrero, tenía unos fondos de botella brutales.”

Parte III: Ana

Subimos al sexto piso por el ascensor. Ana Soto había bajado a recibirnos en la entrada del edificio mientras comía un yogurt.  “Oye, ma’,” le dice Pablo “¿Qué fue lo que te dijo Carlos Osorio allá cuando tu estabas en Nueva York?” “Yo no me acuerdo” dice Ana. “Lo de que vinieras a la DivEdCo.” “Ah, sí, que fuera a la División, eso de la DivEdCo yo no lo entiendo, a conocer a los artistas de allí y a Tufiño. Así nos conocimos.” Abre la puerta del ascensor.

Sotoada es de baja estatura, su pelo blanco, corto, con tonos de gris, y sus ojos son grandes y atentos. Luego de separarse del Tefo, se fue del Viejo San Juan y no volvió, hasta el 2021. “Tenía que tenerla cerca,” nos dice Pablo “a ella se le han olvidado un poco las cosas, pero como todo aquí esta como hace treinta años, se acuerda de todo.”

“Nos tenemos que ir rápido, ma’.” Le dice Pablo mientras entramos en el apartamento.

“Te puedes sentar aquí,” me dice Ana, “aquí los ves todos.” El espacio es pequeño, con el vigor de un taller de producción en plena marcha: las tijeras, los retazos de tela, los pinceles, marcadores, el adhesivo, los lápices de color. Sobre la pared, cuatro lienzos se mueven dentro del surrealismo, lo naif, la espontaneidad del recuerdo y la imaginación. Ella trabaja puramente desde la inspiración y la memoria, y sus mujeres y niños se vuelven ingrávidos dentro de gradientes azules. “Estas son las tablitas que he estado trabajando estos días.” Las tablitas, negras en su base, las utiliza para componer imágenes de santos en técnica de collage con tela, pintura y lápices de colores. “A mí me crio una costurera, mi tía. Entonces, yo estaba debajo de la máquina de coser cortando tiritas mientras ella cosía. Y Después tuve el Beauty Parlor.” La destreza en el corte le permite crear imágenes, substrayéndolas a capas de color para luego componerlas, conectarlas, como si amarrara en ello la esencia de las cosas.

Pablo toma una fotografía que estaba sobre la mesa de trabajo. Es una foto de él vestido de payaso. “Esa la pintó Tufiño. Yo le tire a Pablito esa foto con un traje que le regalaron. Ven por acá.” “Ma’, yo vengo orita. Jorge se tiene que ir pronto.” Le dice Pablo. Pasamos a su cuarto, donde hay algunos santos tallados sobre el estante. Sobre su cama, hay un lienzo de gran formato, una mujer acostada en la cama vista desde arriba, con una paloma blanca que se posa a su lado. Los colores rozados, rojos, azules se mueven despreocupados de líneas correctas, de medidas o proporciones. Quizás es ella misma, en otro tiempo, en otro lugar.

Bajamos por el ascensor y salimos a la calle. Es el de la calle Sol, y hay un terreno tapado completamente por planchas de zinc, “Ahí tengo una hija,” dice Pablo, “una gatita. Ella está ahí desde María, y todos los días vengo a darle una bolsita de comida.” Aquí no hay personas. Caminamos lento por la calle, como si la trazáramos con nuestros pasos.

“Después que papi y mami se separaron, estuve en San Sebastián de los dieciséis a los dieciocho, y después en la universidad vine a ser roommate de papi. Y fue bien chévere porque, muchacho, él y yo nos complementábamos. Nos llevábamos super bien. Papi era escorpio, yo soy tauro, y nos llevábamos súper. Además, yo lo cogí bien maduro. Fue buen papá. Bueno, yo me sentaba a estudiar y él se iba a janguear. Yo le decía: no te excedas. Imagínate, eran como las diez de la noche y él se iba a dar una vuelta.”

“Imagínate, aquí, en el Viejo San Juan, si tu eres pintor, y tu taller es -en tu casa; tu estas todo el día encerrado. Va a llegar el momento en que quieres ver gente y hablar y compartir. Tu puedes hacer eso en un café, o en una barra. Pero en las barras él producía; él se llevaba la libretita, hacía dibujos de la barra, me escribía postales, en los sesenta hacía bocetos de carteles.” Bajamos por la calle Cruz y llegamos al 107. Al “Templo de Chaulin” como lo llamaba el Tefo. El apartamento donde pasó la mayor parte de su vida. “El apartamento era de un cuarto piso. Y papi, de 85 años, subía. Y en diciembre del 2007 yo lo vi que se cogió un descanso en el segundo piso. Y yo dije: oye, eso está medio raro, pero está entrando en edad. Venían las fiestas, mami estaba por acá por cosas de la vida. Yo le tenía que echar unas gotas en los ojos, y le pedí a mami que por favor fuera a cuidarlo, cosa que nunca hacia porque él era bien independiente, pero accedió. Ella se quedó con él desde el nueve de enero, y no volvió a salir más de la casa. Tuve que buscar un lugar en un primer piso porque ya no podía subir. Le alquile el primer piso a Arana, que tenía un edificio aquí, y monte un hospital allí: enfermera, camilla, todo.”

“Allí llegó medio mundo a visitar a papi. Uno de los que apareció fue Domingo García, y yo decía, yo no sé si dejarlo entrar. Papi le había dejado de hablar a Domingo, pero papi lo quería mucho, y Domingo lo quería mucho a papi,” Domingo García, incluso, un día fue a visitar a Tufiño a su apartamento en medio de la ruptura de uno de sus matrimonios. La que había sido su esposa le había pedido llevarse algunos de sus cuadros, y este había accedido. Por casualidad, Domingo se topó con ella según salía del edificio. Bajo su brazo estaba “Goyita” (1953). Y Domingo le dijo “Ese cuadro no puede salir de Puerto Rico.” Un breve instante que cambió la historia de la plástica puertorriqueña.

“pero en un momento se pelearon. Y también, para ser justos, Domingo tenía una personalidad fuerte, pero papi era hipersensible, y veía cosas donde no había nada. Yo decía: lo dejo entrar o no lo dejo entrar. Lo deje entrar y fue una cosa bien bonita. Estaban bien felices.”

“Dejé mi vida en Nueva York, metí mi apartamento en un closet y llegué acá. Pero perdí dos semanas.” Rafael Tufino falleció el 13 de marzo del 2008. En ese instante, llegamos al final de la calle San José. Hoy es La Factoría. En la pared del salón aún se lee “Hijos de Borinquén”; el nombre de la que al final de su vida fue su barra favorita. Cuando él llegaba, se sentaba siempre en la segunda silla de la barra. Antes tenía su nombre escrito; pero hoy, hoy está vacía.

 

 

 

 

 

 

 

Casa Protegida Julia de Burgos llega a Plaza Las Américas

En el marco de la Semana de la Mujer Trabajadora estaremos compartiendo con la comunidad en un espacio de orientación, actividades y encuentro.
Te esperamos del 2 al 8 de marzo.

Mantente pendiente a nuestras redes sociales para conocer los detalles de las actividades, la venta de artículos solidarios y todo lo que estaremos realizando durante la semana.

Gracias por acompañarnos y ser parte de esta misión.

Imperialismo, sionismo y la guerra de nunca acabar

 

Con los ataques aéreos y bombardeos indiscriminados sobre Irán, y el masivo ataque en que fueron asesinados su jefe supremo, el Ayatolla Alí Khamenei y su familia, Estados Unidos e Israel han lanzado su más reciente aventura bélica, una guerra conjunta no provocada ni declarada oficialmente, pero igualmente devastadora, que se ha extendido como un fuego por toda la región del Medio Oriente, especialmente en los estados árabes cercanos al Golfo Pérsico: Bahrain, Kuwait, Iraq, Oman, Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos (UAE, por sus siglas en inglés). En este momento, la situación en la región es altamente volátil y peligrosa, con la posibilidad inminente de que el conflicto se siga extendiendo. El cierre del Estrecho de Hormuz, principal vía de comercio marítimo en la región, y los ataques con misiles teledirigidos hacia Tel Aviv en Israel y contra bases militares de Estados Unidos en las naciones del Golfo, son dos de las principales acciones de represalia empleadas por Irán en este conflicto que, en apenas 6 días, ya ha costado cerca de un millar de vidas, entre ellas las de 150 niñas estudiantes de escuela elemental en Irán.

Por su parte, Israel y Estados Unidos, continúan el bombardeo inmisericorde sobre la capital, Teherán, esperando un doblez de rodillas que les permita una salida airosa. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha reiterado su intención de continuar la guerra contra Irán, aunque no ha podido precisar exactamente el motivo ni cuál es el objetivo final de la campaña. Es una guerra abierta, con fecha de comienzo pero sin fecha de expiración, sin objetivos claros ni expresos, pero sí con un potencial destructivo enorme, y lo que es peor, la más insensible muestra del desprecio y la arrogancia con la que el imperio estadounidense y su socio sionista tratan vidas humanas, cuando no se trata de las de ellos ni las de los suyos.

Por otro lado, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, sí parece tener sus objetivos muy claros. Decapitar el gobierno de Irán, su principal y más poderoso enemigo en la región, y desestabilizar a sus rivales más próximos y prósperos, los estados árabes del Golfo -que juntos representan una fuerza formidable y capaz de frenar al insaciable apetito de poder y dominio de los sionistas sobre la región del Medio Oriente – son motivaciones suficientes para las acciones de un estado forajido como Israel. De paso, Netanyahu quiere  fortalecer su disminuido capital político de cara a una nueva elección en la que, si triunfa, podría librarse del juicio por cargos de corrupción que lo ha perseguido durante mucho tiempo. La propaganda sionista aparenta haber anestesiado también la conciencia colectiva del pueblo de Israel que, en un sondeo de opinión sobre el conflicto se encontró que cerca del 70% de los encuestados apoyan los bombardeos contra Irán.

Pero si el gobierno genocida de Israel y Benjamin Netanyahu aparentan ser los principales beneficiarios de la continuación de las hostilidades en el Medio Oriente y, si como dicen los principales expertos en geopolítica de dicha región, Estados Unidos no dice tener un objetivo claro ni una salida coherente de su rol en esta guerra, ¿qué persiguen, entonces, el gobierno de Estados Unidos y Donald Trump con esta aventura bélica, cuya repercusión final es una incógnita aún?

Trump y su aparato de guerra  apuestan a que la magnitud, alcance y destrucción de los bombardeos aéreos dobleguen a las fuerzas iraníes hasta obligarlas a rendirse sin necesidad de una invasión de fuerzas terrestres. Con eso convencieron al Senado de Estados Unidos,  el cual, a pesar de que un  59 por ciento de la opinión pública estadounidense se opone a los bombardeos de su gobierno contra Irán, determinó, en votación de 53 a 47 que en este momento no ejercerá su poder constitucional de ser el que autorice o no esta guerra no provocada e inconsulta. Esta vez, el Senado dio la espalda a su prerrogativa, confiando en la «victoria» rápida que lleve a la instalación de un gobierno «amistoso» a Estados Unidos en Irán.

Esa apuesta no parece muy segura, a la luz de la experiencia histórica de las intervenciones y guerras de Estados Unidos en el Medio Oriente.

Desde 1948, cuando los gobiernos de Gran Bretaña y Estados Unidos conspiraron y acordaron garantizar por la fuerza la existencia del estado de Israel en tierras de Palestina, se desató el conflicto que hoy, 77 años más tarde, desemboca en esta guerra con Irán que amenaza expandirse a toda la región.

La victoria de Israel en 1948 representó la «nakba» o catástrofe de la población palestina, con el desplazamiento de más de 700 mil personas que perdieron sus vidas, sus hogares y sus tierras  y se convirtieron en refugiados. De ahí en adelante no ha habido tregua. La histórica opresión de la población de Palestina ha devenido en el más brutal y despiadado genocidio de su gente, en pleno siglo 21, por un Israel ladrón y forajido, respaldado por el mollero político y el poderío militar del imperio estadounidense. El establecimiento de la «cabeza de playa» sionista en el mismo corazón del Medio Oriente, y el respaldo incondicional que Estados Unidos le ha dado desde entonces, ha sido el caldo de cultivo de todos los conflictos y guerras en la región, a partir de la segunda mitad del siglo veinte.

Las guerras del Golfo, Iraq y Afganistán, y las intervenciones militares en Siria, Libia, El Líbano y otras áreas, así como el surgimiento de los llamados grupos terroristas, las campañas de descrédito contra el Islam y el ambiente de suspicacia y exclusión hacia el Medio Oriente han sido el resultado de las políticas imperiales y del desenfreno e impunidad con que ha operado Israel durante más de siete décadas.

En Irán pasó lo mismo. El golpe de estado del 1953 de Estados Unidos y Gran Bretaña contra el gobierno democrático y progresista de Mohammed Mossadegh, y la imposición del Sha Reza Pahlavi y su maquinaria de terror contra el pueblo iraní, abrieron el camino a la Revolución Islámica de los Ayatollas Khomeini y Khamenei, y a los nefastos acontecimientos que han desembocado en la guerra actual.

Aprender de la historia es la obligación de los pueblos que quieran sacudirse de sus lastres y caminar hacia adelante. El imperialismo y el sionismo son dos lastres que la humanidad tiene que superar para que cesen las guerras de nunca acabar, y se abra una oportunidad al logro de una paz duradera y sostenible, a través del diálogo y el entendimiento.

 

 

 

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