En lo que pareció una obra de teatro musical de trece minutos, Benito Antonio Martínez Ocasio, nombre de pila de Bad Bunny, presentó un acto de denuncia política y resistencia cultural en homenaje a Puerto Rico. Frente a cerca de 128.2 millones de espectadores que sintonizaban en vivo, el pasado 8 de febrero, el evento deportivo y cultural de más relevancia en Estados Unidos, Bad Bunny protagonizó el famoso evento artístico de medio tiempo de la final del Super Bowl en el Estadio Levi en Santa Clara, California.
El artista puertorriqueño de música urbana Bad Bunny presentó un provocador homenaje a Puerto Rico con guiños a los latinos en Estados Unidos, y extendido a toda la América, desde Tierra del Fuego hasta el Estrecho de Bering. El espectáculo reivindicó a América como continente donde desfilaron todas las banderas de igual a igual. Estados Unidos figuró como uno de los países que integra este universo americano que es diverso: negro, mulato, indígena y multilingüe.
La selección de Bad Bunny para el espectáculo de medio tiempo fue interpretada por algunos como una declaración política, pues surge en el contexto de una fractura cultural estadounidense que incluye redadas migratorias masivas en ciudades como Minneapolis, Los Ángeles y Chicago. También incluye la Nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, conocida irónicamente como “Doctrina Donroe” (haciendo referencia a la Doctrina Monroe y Donald Trump) que reafirma la decisión de ampliar su presencia militar y control en la región, y la oficialización del inglés por decreto.
En 2025, Estados Unidos deportó alrededor de 650,00 migrantes, mientras que alrededor de 2 millones regresaron a sus países (una especie de autodeportación), y tan reciente como el pasado mayo se designó el inglés como idioma oficial del país.
Dentro de ese contexto, el espectáculo del Conejo Malo se convirtió en una ficha de poder dentro de la guerra cultural que vive Estados Unidos y lo proyectó como figura antagónica ante Donald Trump y sus seguidores. Mientras, para los detractores del presidente Trump, el músico puertorriqueño se convirtió en una figura simpática que no necesariamente conocían o entendían, pero querían apoyar.
Con un perfil combativo por las causas sociales, el músico entendió su papel como puertorriqueño, y lo que su figura representa como símbolo de la resistencia ante la policía migratoria de Estados Unidos, conocido por ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas).
Una semana antes, al recoger dos de sus premios Grammy, Bad Bunny había dicho “ICE fuera” (ICE Out), a lo que también añadió “no somos salvajes, no somos animales, no somos extranjeros. Somos humanos y somos americanos”. En su espectáculo de medio tiempo, Bad Bunny aclaró contundentemente a lo que se refería con “somos americanos”.
El artista más escuchado del mundo en la plataforma Spotify por 4 de los últimos 6 años (2020, 2021, 2022, 2025), logra conectar con un público con un público global desde su proyecto artístico basado en la realidad de Puerto Rico. Para las profesoras Vanessa Díaz y Petra R. Rivera-Rideau, estudiosas del fenómeno de Bad Bunny y creadoras de un currículo para cursos universitarios sobre este artista, el éxito de Bad Bunny se debe principalmente a su defensa incondicional de Puerto Rico y a la conexión estrecha que mantiene con la isla caribeña.
El espectáculo estuvo cargado de mensajes a diferentes niveles que mostraron la historia, la cultura y la cotidianidad de Puerto Rico y que también pueden ser compartidas en otras áreas de la región: el cañaveral, los vendedores ambulantes de coco frío y piraguas (hielo raspado con sabor a frutas), los señores jugando dominó, los boxeadores. Exhibió la puertorriqueñidad con sus principales contradicciones: el pasado de esclavitud, el presente de apagones, infraestructura deficiente, desplazamiento, mala gobernanza, migración y diáspora, y la cotidianidad de la familia, la fiesta y el “perreo”.
El espectáculo fue una denuncia política sobre la relación colonial entre Puerto Rico y Estados Unidos. Nada fue al azar. La puesta en escena estaba llena de simbolismos. El tono azul cielo de la bandera de Puerto Rico es en referencia a la bandera original antes de la ocupación estadounidense. Los colores de la indumentaria de Lady Gaga, una de las artistas invitadas, también simbolizaban esta bandera revolucionaria, el traje azul cielo, los accesorios blancos y la flor de maga roja, flor nacional y emblema de la identidad puertorriqueña. Para las académicas Díaz y Rivera-Rideau, “ver a Bad Bunny aferrado a su bandera con azul clarito en el escenario del Super Bowl fue un poderoso gesto anticolonial”.
Esta presentación provocó una reacción visceral del presidente que oficializó el inglés como único idioma de Estados Unidos diciendo que fue “una afrenta a la grandeza de Estados Unidos” y “una bofetada a ese país”. Además, dijo que “nadie entendía una palabra de lo que decía”, refiriéndose al uso casi exclusivo en español en la plataforma del Super Bowl. En este caso, no se trata únicamente del idioma, pues hay ciertas latinidades que, aunque lo hablen, desprecian las experiencias afrolatinas y caribeñas.
Sin más armas que su música, Bad Bunny envió un poderoso mensaje de resistencia cultural, de unidad latinoamericana y continental, y de afirmación nacional para Puerto Rico y para cada uno de los países del continente, especialmente aquellos que, como Guyana, Haití, Jamaica y las Antillas, pocas veces se ven representados en espacios masivos y de manera celebratoria.
El Conejo Malo bailó en la casa del trompo “con todo su corillo que son un montón”.




Esta serie tiene como protagonista a la fascinante actora Keri Russell (serie “The Americans” 2013-2018 y filme Waitress 2007) como la embajadora estadounidense de turno al Reino Unido, labor que tiende a complicarse porque su marido, Hal Wyler (el también fascinante Rufus Sewell), ha sido un destacado diplomático y ahora es tan solo el “acompañante”. Esto significa que, aunque Hal tiene + experiencia y + contactos en agencias y gobiernos diversos, se supone que no tome iniciativas ni intente guiar a Kate al camino que él escogería. Otro factor que dificulta que Kate pueda ejercer su puesto como ella escoja es que, aunque una vez lo fue, el matrimonio no es muy sólido. Cuenta con unos asesores excelentes que tienen sus propios conflictos personales: Eldra Park (Ali Ahn), enlace con la CIA y Stuart Heyford (Ato Essandoh) organizador de la embajada. Tener que lidiar con el 1er ministro del Reino Unido, Nicol Trowbridge (Roy Kinnear), con todos sus prejuicios contra las mujeres en el poder es otro desafío diplomático.
Este mes comienza su temporada 4 y al igual que la excelente serie “Longmire” (2012-2017), la historia gira entre las tensiones de un teniente dentro de las reservaciones originarias—en este caso Navajo—que tiene que lidiar con crímenes, secuestros, robos y agresiones que involucran tanto los residentes como los “blancos” que invaden los territorios ya sea porque sus leyes predominan sobre lo local o porque utilizan el espacio para su propia ganancia. Joe Leaphorn (Zahn McClarnon) es el oficial que tiene a su cargo dos nuevos reclutas, diputado Jim Chee (Kiowa Gordon) y sargenta Bernadette Manuelito (Jessica Matten), que tienen su propia visión moderna de cómo lidiar con la comunidad y los agentes del gobierno federal que tienen la impresión de que necesitan ser supervisados. Joe también tiene sus propios problemas personales con su esposa, Emma (Deanna Allison), que no siempre está de acuerdo con sus decisiones y una gran pérdida familiar. Es excelente cómo logran “normalizar” la vida en los territorios dando el sentido de que este mundo, al parecer escondido y limitado, es igual de válido del que siempre aparece como central y único. Escuchamos sus lenguajes y sus historias de ancestros mientras se resuelven los casos que surgen.
Esta serie también ha sido renovada y si se es seguidora de “Downton Abbey”, de inmediato verá un estilo muy parecido de contar ya que es el mismo escritor: Julian Fellowes. Esta vez las historias se trasladan al Nueva York de 1880 con también conflictos de clase, rencillas y roces internos y externos y choques entre las familias que se consideran fundacionales por “venir” de dinero apropiado o heredado por sus antepasados y los nuevos ricos que son el motor económico de este fin de siglo y principios del siglo XX. Como es Nueva York y no parte de los estados sureños, la integración y el perenne racismo se da de manera + sosegada, aunque siempre presente. Este ambiente que se presenta me recuerda a la extraordinaria novela de E.L. Doctorow, Ragtime (1975), por su versatilidad en recorrer todo el panorama histórico del momento. En esta serie, los conflictos parecen ser + serios (no lo son) porque la familia ya establecida van Rhijn-Brook y la familia Russell con status por tener dinero en abundancia y la posibilidad de triplicarlo, viven frente por frente. Mientras la única preocupación de los hombres parece ser hacer dinero (o malgastarlo como el caso de Oscar van Rhijn), las mujeres, especialmente Bertha Russell, pasan todo el tiempo compitiendo por dar las fiestas + ostentosas, exhibir todo el lujo posible para dejar su rastro en la sociedad del momento. Toda esta rivalidad se da en un ambiente de hipocresía que hace + daño que bien. Pero el personaje central es Marian Brook, quien es un personaje sacado de las novelas de Jane Austen ya que su presencia, en casa de las tías van Rhijn, se debe al haber quedado sin dinero alguno a la muerte de su padre. Su única salida parece ser casarse “bien”.