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Poemas de GRETCHEN LóPEZ

Zaruk

Si la mar fuera de leche 

Yo me haría pescador 

Pescaría mis dolores 

Con palabritas de amor 

Copla sefardí 

Hay una tierra sonora. 

Soñada. 

Por tiempos 

el mar la devora. 

La seca y la deshoja. 

A los judíos se les ofreció 

una tierra que uye leche y miel. 

Zaruk ahora duerme

bajo un manto de agua de sal. 

Si me llevo esta luz que ilumina las mezquitas, 

si me llevo el aroma de los azahares 

atados a los rizos, 

¿podrá Zaruk un día 

despertar de su sueño? 

¿Salir de las entrañas de la sal? 

Si me llevo conmigo todo lo visto y oído, 

¿podrá algún día Zaruk 

flotar abundante sobre un mar de leche? 

Cuatro millones de pescadores

habitan Zaruk. 

Y todos tienen hambre de peces que no duelan. 

Los jardines, los versos 

En un jardín de Córdoba 

los poetas leen versos. 

Los escucho ensartar las palabras. 

Colgarlas en los huecos de un templo en ruinas. 

Llegué por el olor a romero que destilan sus gargantas. 

Llegué porque Cataluña arde 

mientras un archipiélago olvidado 

cuelga el hambre y la sed 

de los árboles sin hojas. 

Allí los poetas cuelgan también sus versos famélicos 

que huelen a combustible. 

MARTIN LUTHER KING: ANTI-CAPITALISTA Y ANTI-IMPERIALISTA

Por Juan Ángel Gutiérrez Rodríguez / Especial para En Rojo

El estudio del pensamiento del Dr. King, hijo, en su mayoría gira alrededor de su lucha por los derechos civiles (integración de lugares públicos, acceso a la educación y participación en el proceso electoral), su práctica de la no-violencia y su crítica a la guerra de Vietnam. No podemos negar que estas fueron sus preocupaciones principales. Una lectura atenta y concienzuda de sus escritos podemos descubrir una profunda conciencia anticapitalista y antimperialista

En una reflexión del 1950 titulada “Una autobiografía del desarrollo religioso” para una clase en el Seminario Crozer, King señalaba lo siguiente “Yo era muy joven para recordar los inicios de la depresión, pero puedo recordar cómo cuestionaba a mis padres sobre las numerosas personas que hacían fila para el pan cuando tenía cinco años. Yo puedo ver los efectos de esta experiencia temprana de mi niñez en mi actual sentimiento anticapitalista”.

Por esa razón, no debe sorprendernos la historia de la primera cita de King con Coretta Scott, quien luego será su esposa. Cornell West cuenta que en una de sus entrevistas con Coretta, ésta le dijo que lo más que le sorprendió de King en su primera cita era “que estaba sorprendida porque nunca había conocido a un negro socialista”. En su autobiografía el padre de King, conocido como Daddy King, escribió que “políticamente él parecía que se alejaba de las bases del capitalismo y de la democracia occidental de las cuales que yo tenía fuerte sentimientos”. Dos de las personas más cercanas a King son testigos de su fuerte vena anticapitalista. 

En noviembre de 1956 en un sermón señalaba: “Oh, Estados Unidos, cuán a menudo has tomado las necesidades de las masas para dar lujos a las clases… Dios nunca tuvo la intención de que un grupo de personas viviera en la exorbitante riqueza superflua, mientras otros viven en la pobreza abyecta”.

En su escrito “Mi viaje a la No-Violencia” del 1960 señalaba “He aprendido que el inseparable gemelo de la injusticia racial es la injusticia económica. Ví como el sistema de segregación terminó en la explotación del negro al igual que el blanco pobre. A través de estas experiencias crecí profundamente consciente de la variedad de las injusticias en la sociedad”.

Su anticapitalismo se forma desde sus experiencias de vida y su desarrollo intelectual. Podemos afirmar lo que decía Marx en la Ideología Almena “la producción de ideas, concepciones, conciencia está directamente relacionada con la actividad material y la relación material de los hombres, el lenguaje de la vida real. La vida no está determinada por la conciencia, pero la conciencia por la vida”.

Estas reflexiones sobre la pobreza y la explotación llevan a King hacer una de sus más importantes afirmaciones teológicas y eclesiológicas: “El Evangelio en su mejor momento trata con todo el hombre, no sólo con su alma sino también con su cuerpo, no sólo con su bienestar espiritual. Cualquier religión que profese estar preocupada por las almas de los hombres y no esté preocupada por los barrios marginales que los condena, las condiciones económicas que los atrasan y las condiciones sociales que los paralizan es una religión espiritualmente moribunda que espera ser enterrada”.

Esta afirmación de King, está alineada con lo que hoy conocemos como la Teología de la Liberación. Esta hace consciente a la iglesia cristiana, sobre su responsabilidad con la realidad material del ser humano. Esta realidad material, es decir, la pobreza, la explotación, la exclusión, es parte fundamental de la experiencia espiritual del ser humano. Es por esa razón que la Iglesia está llamada a desempeñar un papel fundamental en los procesos de liberación y transformación social.

En el 1964 el mensaje que predicaba con compromiso y vehemencia, atacaba la raíz de la economía y la política estadounidense, lo convertían en la persona más peligrosa de la sociedad estadounidense en aquel tiempo. El asistente del director de inteligencia doméstica del FBI en el 1963, luego del discurso “Yo tengo un sueño”, señaló al Dr. King señaló en su informe declaró lo siguiente “Debemos señalarlo ahora, si no le hemos hecho todavía, como el negro más peligroso en el futuro de la Nación…”.

En su discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz en el 1964 señaló “Al igual que la no violencia denunció la fealdad de la injusticia racial, también debe denunciarse y curarse la infección y la enfermedad de la pobreza -no solo sus síntomas, sino sus consecuencias”. La denuncia en su discurso es fundamental. MLK, en esta afirmación, adopta la undécima tesis de Marx a Feurbach “los que los filósofos han hecho es interpretar al mundo y de lo que se trata es de transformarlo”. No es suficiente denunciar sino luchar por transformar la realidad de pobreza. Esta posición se hará mucha más clara al desarrollar su campaña “Poor´s People Campaing”. 

En su famoso discurso del 4 de abril de 1967, un año antes de su ejecución, en la Iglesia Riverside de la ciudad de Nueva York, “Más Allá de Vietnam”, donde hace público su posición en cuanto a la guerra de Vietnam, vemos que su pronunciamiento no es sólo una crítica a la guerra de Vietnam. Es una denuncia pública, profética, de la política imperialista del gobierno estadounidense, no sólo en el sur este asiático sino en todo el mundo. En este discurso afirma “una verdadera revolución en los valores tendría que problematizar los grandes contrastes entre la pobreza y la riqueza. Con indignación justiciera extenderá su vista a través de los mares y tomará nota de los capitalistas de Occidente que invierten grandes sumas de dinero en Asia, África y América Latina, sólo para extraer ganancias, sin preocuparse por la mejoría social de estos países…”.

 Para King la realidad de la política imperialista en el mundo está ligada al sistema capitalista. El capitalismo es un sistema que lo que hace es producir pobreza y explotación no sólo a los negros y negras en los Estados Unidos sino en todo el mundo. Señalaba sobre el capitalismo “deberíamos denunciar a aquellos que se resisten a perder sus privilegios y placeres que vienen junto a los beneficios adquiridos de sus inversiones, extrayendo su riqueza a través de la explotación”. MLK entendía que los privilegios de la sociedad estadounidense se fundamentan en la explotación de las riquezas de otros países. Posición claramente antimperialista.

El 16 de agosto de 1967 King presenta su último informe a la 11va. Conveción Anual del “Southern Christian Leadership Conference” titulado “¿A Dónde Vamos Ahora?” en el cual señala con mucha precisión el problema del capitalismo en la vida del negro y en la sociedad en general. Afirma que “honestamente debemos enfrentar el hecho de que el movimiento debe dirigirse a la cuestión de la reestructuración de toda la sociedad estadounidense. Aquí hay cuarenta millones de personas pobres, y un día debemos hacernos la pregunta, ¿por qué hay cuarenta millones de personas pobres en Estados Unidos? Y cuando comienzas a hacer esa pregunta, estás planteando una pregunta sobre el sistema económico, sobre una distribución más amplia de la riqueza. Cuando haces esa pregunta, empiezas a cuestionar la economía capitalista…ahora cuando digo cuestionar a toda la sociedad, significa finalmente llegar a ver que el problema del racismo, el problema de la explotación económica y el problema de la guerra están todos unidos. Estos son los males triples que están interrelacionados”.

En una reunión del Comité Consejero Nacional del SCLC, King señaló que “algo está mal con el capitalismo, tal y como está en los Estados Unidos. No estamos interesados en ser integrados en esta estructura de valores… una distribución radical de la riqueza debe suceder”. En otra ocasión afirmó, que “por años he trabajado con la idea de reformar las instituciones existentes de la sociedad, un pequeño cambio aquí y un pequeño cambio allá. Ahora siento diferente. Yo pienso que tenemos que reconstruir la sociedad enteramente”.

El 11 de febrero de 1968 en un sermón en la Iglesia Bautista del Tabernáculo en la ciudad de Atlanta, King reconocía que la lucha por los derechos civiles no era suficiente para la liberación de los negros y negras “¿Qué gana un hombre el tener acceso a una cafetería cuándo no ganan lo suficiente para llevar a su esposa a cenar? ¿Qué gana un hombre tener acceso a los moteles en la autopista y a hoteles en la ciudad y no gana suficiente para tomar unas vacaciones?”.

Una de sus frases más repetidas en el último año de su vida fue “si un hombre no tiene empleo o ingresos, no tiene vida ni libertad ni posibilidad de búsqueda de la felicidad. Simplemente existe”. En su libro La Fuerza de Amar afirmaba “aprendí que la hermana gemela e inseparable de la justicia racial es la injusticia económica. Vi como los sistemas de segregación explotaba tanto a negros como a los blancos desposeídos. Estas experiencias me hicieron tomar conciencia de las diversas injusticias que existen en nuestra sociedad”.

Su análisis crítico del capitalismo, y por consecuencia del imperialismo, hace claro que la pobreza es un problema de clases. 

Su antimperialismo lo llevó afirmar que Estados Unidos era “el máximo agente de violencia hoy en el mundo… gastándose más en instrumentos de muerte y destrucción que en programas sociales vitales para las clases populares del país”. Señaló de igual manera que en “América ya existía el socialismo para los ricos; si el gobierno podía dar subsidios masivos a los ricos agricultores, las grandes corporaciones y a las personas ricas, entonces puede garantizar empleos y un ingreso decente para todos”.

A la misma vez entendía que el problema de la pobreza no era único a los Estados Unidos de Norte América “como un monstruoso pulpo, la pobreza expande sus tentáculos prehistóricos en aldeas y villas por todo el mundo. Dos terceras partes de la gente en el mundo va a la cama con hambre. Tiene malas vivienda. Están mal nutrido. Están pobremente vestidos. Lo he visto en América Latina. Lo he visto en África. Lo he visto en Asia”.

Es clara la posición anticapitalista y antimperialista de King. Está es la posición que la iglesia debe asumir en esta hora de profunda crisis. Debemos rescatar esta visión profética de denuncia de la idolatría a las ganancias, la explotación y el individualismo del sistema que produce cada día miles de sacrificios humanos (a corto y largo plazo). Esa hora a llegado. 

El reverendo Gutiérrez Rodríguez pertenece a la Mesa de Diálogo Martin Luther King, Jr.

Paso firme por la literatura folclórica de origen africano en Puerto Rico: Conversación con Julia Cristina Ortiz Lugo

Por Gabriela Ortiz Díaz/ Especial para En Rojo

Fue en 2014 y en la plaza de la Barandilla en el Viejo San Juan donde se inició como contadora de cuentos. Allí, ante un público variado generacionalmente, se enfrentaría a un entorno natural de narración oral en el que había una ocasión, un momento para el cual la gente se congregaba. Esta experiencia era la que le faltaba. Fue como un sueño hecho realidad, según contó en entrevista con En Rojo. 

Julia Cristina Ortiz Lugo, escritora de literatura folclorica e investigadora en Puerto Rico de la tradición oral de origen africano, llevaba – lleva – desde 1986 estudiando cuentos folclóricos, pero en aquel contexto sanjuanero se estrenó como cuentacuentos y, desde entonces, con este proyecto cultural de acercarle la literatura folclórica de origen africano al pueblo, recorre plazas, universidades y espacios públicos junto a la narradora oral Tere Marichal Lugo.  

Lo que más le ha gustado de esta faceta es presenciar cómo la gente reacciona ante la forma de contar que maneja cada narrador o narradora, quien debe hacer suyo un cuento, transformarlo y contarlo a su manera. 

“Las reacciones de las personas son de sorpresa, de perplejidad. Esta ha sido una experiencia gratificante porque descubres que, cuando las personas se sientan a escuchar esas narraciones las disfrutan y, lejos de aburrirse, se enfrentan a un espectáculo diverso”, dijo. 

En los últimos meses, ha sido parte de un colectivo de mujeres que, con el propósito de reconocer y difundir diferentes muestras de nuestro folclor, festejan y conmemoran narrando cuentos una vez al mes consistentemente el aporte a la cultura que hizo la cidreña Pura Belpré, escritora, recopiladora, narradora y titiritera de cuentos folclóricos puertorriqueños para niños y niñas.

Desde que cursaba la maestría en Estudios Hispánicos en el Recinto Universitario de Mayagüez (RUM), Julia Cristina emprendió el camino hacia la investigación de la literatura folclórica de origen africano. La literatura folclórica es la que tradicionalmente se contaba frente a un público diverso en generaciones para educar o entretener. Sin embargo, por malentendidos o por prejuicios, ya que los discursos de los cuentos son sencillos, siempre se ha asociado este tipo de literatura con la niñez. 

Debido a su cualidad de narrativa oral, elementos característicos de la literatura folclórica son la repetición, los estribillos, el habla coloquial, el canto en falsete. En el caso específico de la literatura folclórica de origen africano, a la que menos atención se le ha prestado en Puerto Rico, un elemento fundamental la caracteriza: los protagonistas de los cuentos son animales. 

Luego de tantos años de investigación, Julia Cristina ha podido constatar que los personajes más importantes de la narrativa oral de origen africano son la araña, el conejo y la tortuga. Otro elemento interesante de estos cuentos es que están cantados en voces que podrían ser lenguas afrocaribeñas. 

Esta investigadora cree que “según nosotros [los puertorriqueños(as)] hemos celebrado otras parcelas de nuestra cultura que se extienden a África o al Caribe afro, esta es otra tradición con la que podemos establecer nexos familiares con nuestros antepasados”. 

No obstante, en el sistema educativo de Puerto Rico el personaje de Juan Bobo ha sido el más difundido como parte de la literatura folclórica. Según Julia Cristina, el desconocimiento de esta parcela de la cultura literaria puertorriqueña se debe a que no hay formación educativa para enfrentarse y disfrutar cuentos folclóricos y a que, lamentablemente, muchos de esos cuentos están en colecciones inaccesibles al público no investigador del tema. 

Para reafirmarse en la idea de que los estudios de cuentos folclóricos se han mantenido al margen de la enseñanza pública en Puerto Rico, dijo durante la entrevista que como profesora del RUM, pudo notar que “el estudiantado estaba preparado para recibir la literatura folclórica de origen africano precisamente porque nunca les habían hablado de eso”. 

Julia Cristina Ortiz Lugo se dedicó a la docencia universitaria por 31 años. Desde esa faceta, también ha contribuido al campo educativo con la redacción de libros de textos de redacción y de comprensión lectora en español. En las postrimerías de sus años como profesora en el RUM, pudo combinar la docencia con su línea de investigación en literatura folclórica, que siempre la trabajó a “contracorriente” de las clases en la universidad, “por el lado”. Fue entonces cuando “se me dio la oportunidad de convertir el folclor en curso. Creé en Mayagüez, en un departamento de Estudios Hispánicos muy tradicional y orientado hacia la Lingüística, un espacio para enseñar un curso de cuentos folclóricos”. 

Desde las trincheras de educadora, escritora, investigadora y cuentacuentos, Ortiz Lugo ha podido lograr que “alguna gente se entere de la literatura folclórica”. Antes que ella fueron los narradores y narradoras orales Ovidio Feliciano, Aurora Texidor y Petra Viña, a quienes les agradece el logro de haber podido “armar la maqueta de lo que era la representación de contar cuentos en Puerto Rico”. Esos inicios como investigadora universitaria condujeron a Julia Cristina hasta el presente, en el que ha publicado varios libros de literatura folclórica, los más recientes, dos cuentos acabados de publicar: La Cenicienta puertorriqueña, y Arana y el buey

Literatura folclórica en el Puerto Rico de hoy 

En la actualidad, a través de la gestión que Julia Cristina hace junto a Tere Marichal en distintos espacios públicos del país, la tradición de la narración oral se está presentando como en sus orígenes: un narrador conduce el cuento a su manera y la historia se va formando colectivamente mediante la intervención del público. 

Según la experiencia de la entrevistada como narradora en las plazas, aún queda mucho por conocer en este apartado de nuestra cultura, sin embargo, es de admirar la aceptación y recepción de la gente que han logrado interesar en la literatura folclórica. A su juicio, ese interés que se despierta es porque “estos cuentos tienen que decirnos mucho a nosotros como puertorriqueños”. En ese sentido, entre los temas que tratan las historias folclóricas figuran “la marginalidad, las injusticias que se cometen, las desigualdades, el hambre, la sobrevivencia, las acciones concertadas que se pueden lograr”. 

“Los cuentos folclóricos estuvieron preservados en las memorias de mujeres y hombres que, no solamente los disfrutaron, sino que nos los traspasaron”. Por eso, Ortiz Lugo considera que son parte de nuestro patrimonio nacional. 

“Si puedo sentir orgullo por la gastronomía y la música puertorriqueña, esto (la literatura folclórica) no es ni más ni menos que eso. El problema es que no tuvo la suerte para que se conociera”. Precisamente, darla a conocer ha sido uno de sus proyectos de vida y su gran aportación a la cultura puertorriqueña. 

La Federación Libre, las Turbas y los Mártires Obreros, 1899-1902

Por Francisco Moscoso/ Especial para En Rojo

Fin del gobierno autonómico

El desmantelamiento del gobierno autonómico de Puerto Rico por parte del gobierno de Estados Unidos lo anunció el general Nelson A. Miles, jefe de la invasión militar que comenzó el 25 de julio, en su Proclama dada en la toma de la ciudad de Ponce, el 28 de julio de 1898. Algunos entonces, y otros todavía, han interpretado que dicha proclama equivale a una promesa de redención social y política hecha por Estados Unidos a Puerto Rico. Parece que esta lectura parcial le ha prestado atención solo a las expresiones de que Estados Unidos le hizo la guerra a España “por la causa de la Libertad, de la Justicia y la Humanidad”; de que liberaban a Puerto Rico de cuatro siglos de opresión colonial española; y de que derramarían sobre los puertorriqueños “las garantías y bendiciones de las instituciones liberales” de su Gobierno. Eso fue (y continua siendo) la retórica de la ideología del conquistador imperialista.

La proclama de Miles, a su vez, hace claro que Estados Unidos destruiría toda resistencia armada (española y cualquier otra); que lo primero que iban a hacer era efectuar “el cambio inmediato” de “las antiguas formas políticas” e instrumentar las del Gobierno de Estados Unidos. Hicieron claro que las libertades que se dieran estaban condicionadas a su compatibilidad con la ocupación militar. Se tolerarían las leyes y costumbres pre-existentes siempre que se ajustaran a la nueva administración militar y al orden y justicia, según entendido por ellos. (Ángel Rivero, Crónica de la Guerra Hispano-Americana en Puerto Rico, 1922; 2da ed., Edil, 1998, p. 232). 

Lo que el pueblo conoció públicamente fue la proclama del 28 de julio. Miles dio instrucciones privadas a los oficiales subalternos, las Órdenes Generales Núm.101 del 29 de julio de 1898, disponiendo que “el efecto inmediato de la ocupación del territorio enemigo es cortar las relaciones políticas anteriores de los habitantes, y es el deber de estos rendir obediencia a la autoridad de los Estados Unidos siendo el poder del ocupante militar absoluto y supremo”. (Brigadier General George W. Davis, Report of the Military Government of Porto Rico on Civil Affairs; Military Government from October 18, 1898 to April 30, 1900; traducción, FM).

Si Estados Unidos vino a ayudar a liberar a Puerto Rico (desde mucho antes los puertorriqueños luchaban por su libertad…) ¿por qué se apropiaron de la nación que ellos mismos reconocieron como extranjera? Lo hicieron por sus intereses económicos e imperiales político-militares. De primera intención para controlar más directamente el proceso de producción de la caña de azúcar y su elaboración industrial, establecer bases navales y ejercer su influencia o dominación política en el Caribe y América Latina en general.

Al “falso derecho” de conquista, en su escrito El plebiscito, el patriota Eugenio María de Hostos replicó afirmando y demandando de Estados Unidos el reconocimiento del Derecho de Gentes: “A la cesión no debió seguir una transferencia de dominio, sino una consulta de la voluntad de Puerto Rico”.

Habiendo el gobierno de Estados Unidos, realmente, secuestrado la soberanía de Puerto Rico el general John Brooke abolió la Diputación Provincial el 29 de noviembre de 1898. Antiguamente esta era la Legislatura que se estableció desde la Constitución liberal española en 1812. En el contexto del gobierno autonómico del 98 se transformó en Consejo de Administración con 8 miembros electos y 7 nominados por el rey de España. En marzo de 1898 su presidente accidental era Manuel Egozcue, un comerciante español emigrado al país y miembro del Partido Incondicional Español. (Diputación Provincial de PR, Memoria, 1897-98). Tras la invasión, la Cámara de Representantes (con 32 miembros electos) quedó inoperante.

El general Guy V. Henry designó cuatro secretarios de despacho, el 6 de febrero de 1899, que permanecieron en sus puestos pocos meses, mientras fueron útiles al régimen militar. Al “primer ministro” Muñoz Rivera no le tocó una silla. Todos, incluso los obreros, en un mar de expectativas confusas, ondearon la bandera americana haciendo distintas lecturas, ideológicas o desinformadas, de su significado.

1ro de Mayo 1899

En 1899 se plasmaron definitivamente los propósitos conquistadores de Estados Unidos. Los viejos partidos se realinearon y se dieron reformulaciones sindicales. A diario se vivían las animosidades partidistas, los choques de personalismos y el entierro de la breve autonomía. En honor a la verdad, es un panorama también abonado por los líderes colonizados de todo el abanico político. Aprovechando estas circunstancias, el gobierno de Estados Unidos y su alta oficialidad militar justificaron su maniobra imperialista afirmando que los puertorriqueños no tenían la capacidad de gobernarse a sí mismos. Por lo tanto, necesitaban de un mejor tutor imperial. Como si en los Estados Unidos no estuvieran plagados de contradicciones políticas, fraudes electorales, casos de corrupción, robos y asesinatos, racismo y conflictos sociales de todo tipo. Es que ese es el enunciado ideológico que han esgrimido todas las potencias imperialistas con sus países conquistados y colonizados.

A la misma vez que casi todos los sectores de injerencia política favorecieron el combo de la anexión y la americanización, el gobierno de Estados Unidos no contemplaba ni la estadidad ni la independencia. Elihu Root, Secretario de Guerra, trazó la política colonial: otorgarle a Puerto Rico medidas de participación política, por cuenta gotas, según “demostraran capacidad”, y hasta donde el gobierno estadounidense lo permitiera. ¿Así no han mandado hasta el presente?

Mientras los trabajadores proseguían en proceso de organización, por distintas partes de la isla se producían huelgas. Al tiempo que la Federación Regional de Trabajadores (FRT) iba ampliando su base laboral y realizando actividades de educación y diseminación de literatura obrera, en su seno bullían gérmenes de división. Por otro lado, los antiguos autonomistas “puros” (como también se identificaron), dirigidos por José Celso Barbosa, Manuel F. Rossy, y otros, cambiaron de colores fundando el Partido Republicano y abogando por la estadidad, el 28 de marzo de 1899. Al mismo se sumaron algunos luchadores por la independencia bajo España, que favorecían la anexión a Estados Unidos, como Roberto H. Todd. Estaban al acecho de la parcela de poder que autorizaran los americanos en el nuevo escenario electoral que se delineaba. La palabra “republicano”, que lógicamente significaría partidario de la república independiente, en el entuerto colonial puertorriqueño y con este partido, se asocia con prosélitos de la incorporación de Puerto Rico como estado de Estados Unidos. Irónicamente, es la negación de la república propia.

Desde “El Porvenir Social”, según ha documentado el científico social Ricardo Campos, se informó acerca de la lucha obrera por la jornada de 8 horas y la represión brutal policíaca en Chicago, entre el 1 y 4 de mayo de 1886. Con el auge obrero alcanzado en Puerto Rico se logró realizar una gran manifestación en San Juan de conmemoración del Día Internacional de los Trabajadores y presentar reivindicaciones laborales al mandatario estadounidense, el 1° de mayo de 1899. (Campos, “La celebración del primero de mayo en Puerto Rico, Revista Avance, 1973). Ante la magnitud de la movilización, con actos en otros pueblos, y consciente de que en diversas partes de Estados Unidos se iba implementando la jornada de 8 horas, al día siguiente el general Henry decretó las Órdenes Generales Núm. 54, estableciendo el día laboral oficial de 8 horas (Gaceta de Puerto Rico, Núm. 104, 2 mayo 1899).

Antes de finalizar el turno de gobierno de Henry se produjo una huelga en los muelles contra la empresa Latimer y Fernández que tenía el contrato de carga y descarga de barcos. Es pertinente notar que en la coyuntura de transición de mando imperial las huelgas como ésta, o la de la fábrica de tabacos La Ultramarina, la de los tipógrafos de San Juan, etc. no eran contra empresas americanas, que aun no estaban establecidas, sino contra hacendados y empresarios españoles o puertorriqueños. Entre 1897 y 1902 se contabilizaron unas 35 factorías centrales azucareras, algunas con miles de trabajadores. La central Coloso (Aguada) empleaba 1,500 obreros, y la Mercedita (Yabucoa),1,550. Habían 249 haciendas azucareras por todo el país. Es otro hecho a tener en cuenta en la explicación de la americanización del movimiento obrero (Coll y Toste, Reseña del estado social, económico e industrial de Puerto Rico, 1899; José Ferreras Pagán, Biografía de las riquezas de Puerto Rico, 1902). 

Henry llamó a Santiago Iglesias a la Fortaleza y lo culpó de instigar la huelga que también afectaba cargar los transportes militares. Al enterarse que la compañía obligaba a los trabajadores a laborar 10 horas o más, en violación de su decreto del 2 de mayo, y pagándoles en moneda devaluada, dio otra orden para que se observara las 8 horas y se pagara a razón de “25 centavos oro por hora”. (Luchas emancipadoras, pp. 130-31).

Paralelamente, durante el 1899 el gobierno de Estados Unidos iba haciendo un acopio detallado de información, con fotografías y mapas, de absolutamente todo en Puerto Rico. Ello incluye el Informe estadístico sobre el estado de la isla al tomar posesión los americanos, por el Dr. Cayetano Coll yToste; informes del régimen militar, preparados por el general Davis; un censo poblacional, por el teniente coronel J. P. Sanger; y el extenso Report on the Industrial and Commercial Condition of Puerto Rico, del comisionado Henry K. Carroll (amigo personal del presidente William McKinley)., entre otros. Fue algo así como “escanear” la isla entera, para saber cómo utilizarla en lo que les interesara. Testimonios de Iglesias,”el viejo albañil” Etanislao Sherman y otros artesanos complementaron “el estado espantoso de dolor y miseria” que Carroll veía. 

El 9 de mayo el general George W. Davis asumió la gobernación por un año. La crisis económica, también provocada por las nuevas políticas fiscales y arancelarias, se agravó con el paso del huracán San Ciriaco, el 8 de agosto de 1899; se estimaron unos 3,000 muertos el día del evento. Hubo que atender las grandes necesidades de recuperación. Igualmente, con la agudización de la miseria generalizada y el desempleo pre-existentes, asomó el horizonte de nuevos empleos públicos y de la dependencia económica. Comenzaba directamente el reino de su majestad el dólar, desparramando en diversas direcciones en la colonia que se reformulaba.

Federación Libre, Republicanos y Federales 

El Partido Liberal de mayoría en las elecciones autonómicas había quedado en el limbo político. El Partido Republicano procuró desplazarlo y creyó ganar respaldo adulando a los gobernantes militares y fomentando la americanización: proyectando ser más americanos que nadie, por un lado. Y, al mismo tiempo que maniobraron para revertir conquistas laborales, intentaron adherir a su partido al movimiento obrero, por el otro.

George Davis nombró al comerciante republicano Luis Sánchez Morales como alcalde de San Juan. Este líder estadista persuadió al general a decretar las Órdenes Generales Número 61, del 16 de mayo de 1899, haciendo inoperante la ley de 8 horas al dejar a las partes patronal y trabajadora “pactar” las horas y salarios. La jornada de 8 horas no se oficializó para Estados Unidos, y por extensión a Puerto Rico, hasta aprobarse el Fair Labor Standards Act de 1938. El Dr. Francisco del Valle Atiles, médico prestigioso y autor de El campesino puertorriqueño (1887), otrora autonomista y entonces Sub-Secretario del Interior republicano, fijó el salario de los trabajdores de obras públicas en unos míseros 5 centavos por hora en “moneda provincial” devaluada. Uno se pregunta cómo, después de estas muestras de cariño a los obreros los líderes estadistas se agenciaron el apoyo de un sector de ellos. Pues, lo hicieron aprovechando las diversas instancias de conciencia social y necesidades de los trabajadores, con discursos demagógicos, y soborno.

“Fue entonces”, narra Iglesias, “que se inauguraron los ataques contra todos los que no eran republicanos o americanos”. Una comisión compuesta por Federico Degetau, abogado de familia bancaria, propuso a la Federación Regional favorecer al Partido Republicano. De primera intención la pretensión fue resistida. Pero los pioneros estadistas lograron causar una ruptura en el movimiento obrero. El propio presidente Rosendo Rivera García, y otros de la FRT, fueron seducidos por “puestos y dinero”. Rivera García, “convirtió la Secretaria del Comité Central y los que tenían señalado salario por los obreros en servidores del partido patronal político”. (Luchas emancipadoras, pp. 118-121). La división interna se completó cuando Rivera García y sus allegados se rehusaron rendir cuentas y en la asamblea desordenada preparada por ellos en el Teatro Municipal, el 18 de junio de 1899, que acabó con la intromisión de la policía mandada por el alcalde Sánchez Morales y los «combinados».

Ese mismo día, reunidos en la sede de “El Porvenir Social”, Romero Rosa, Sandalio Sánchez, Pascasio Pérez, Iglesias y otros representantes de los gremios de carpinteros, albañiles, pintores, herreros, tabaqueros y de otros oficios propusieron organizar la Federación Libre de Trabajadores (FLT); a la que se admitían trabajadores de todas las filiaciones. Y, así mismo fundar por separado el Partido Obrero Socialista (POS), con una dirección colectiva de Igesias, Rafael Alonso, Pedro Guiñal, Miguel Betancourt, y otros. El partido obrero, escribió Iglesias, “se declaró francamente en favor del programa internacional de Carlos Marx”, aunque (según Iglesias) sin conocerlo bien. La FLT y el POS quedaron formalmente constituidos en asamblea en San Juan, el 20 a 22 de octubre del 1899. En su declaración de principios, a base de contactos preliminares y la información recibida, desde su punto de partida la FLT expresó afinidad con los postulados de la American Federation of Labor (AFL). 

Simultáneamente, El POS entró en contacto con el Socialist Labor Party (SLP) con sede en NuevaYork, presidido por Daniel De León, oriundo de Curazao y quien hablaba español. En carta a Santiago Iglesias el líder del SLP daba por sentado (sin cuestionamiento) que “ya que Puerto Rico es territorio de la Unión”, invitaba a los socialistas puertorriqueños a afiliarse como componente del partido de la nueva metrópolis. Para el liderato en Puerto Rico no era incompatible la relación entre partidos socialistas afines y se afiliaron al SLP. Parece que no se puso en discusión esta versión de “internacionalismo obrero” en donde los socialistas de la colonia se colocaban bajo el ala de los del imperio. En vez de subordinar un partido a otro, ¿por qué no se relacionaron como iguales y respetando la soberanía obrera de cada país?

 Así pues, al mismo tiempo, esta organización sindical y partido obrero trasitaban un camino contradictorio de favorecer la anexión a Estados Unidos (de lo que creían eran sus instituciones civiles y legislación laboral favorables), colocarse como apéndice de un partido socialista metropolitano, denunciar y combatir la explotación capitalista, y abogar por la abolición de la sociedad de clases.

El día primero de octubre, reacomodándose a las circunstancias, los antes autonomistas “liberales” y defensores acérrimos del “pabellón de España”, Muñoz Rivera, Herminio Díaz Navarro, Juan Hernández López, Santiago R. Palmer, José de Diego, el joven Antonio R. Barceló, y muchos otros, fundaron en San Juan el Partido Federal (PF). También se declararon partidarios de la estadidad y como parte de su programa, “hacer de Puerto Rico un emporio de riqueza y de cultura, sobre la cual flote para siempre el pabellón de los Estados Unidos”. En cuanto a los trabajadores, expusieron que el PF “se preocupa del bienestar de las clases obreras y campesinas”. A esa palabrería vacía se añadió lo que era su preocupación principal, de coadyuvar “a todo propósito de armonía entre las resistencias del capital; y las exigencias del trabajo”. (Pagán, Historia de los partidos, Tomo I, pp. 43, 49-52). De otra manera cómo contribuirían a desarrollar el emporio de riquezas, ¿para quiénes? 

Republicanos y Federales se enfrascaron en la contienda para elegir funcionarios municipales convocada por el general Davis. Solo eran electores elegibles varones mayores de 21 años, que supieran leer y escribir o pagaran contribuciones. Cerca de 85% de la población era analfabeta. Todavía no había Universidad. Las mujeres, que iban ocupando nuevos espacios de empleos, apenas comenzaban a reclamar el derecho al voto. En las “elecciones de los cien días”, que se extendieron desde julio de 1899 a enero de 1900 (interrumpidas por el Huracán San Ciriaco) el Partido Federal obtuvo 28,880 votos y el Republicano, 22,769, en una población de un millón de habitantes. Sin embargo, los republicanos triunfaron en las ciudades grandes de entonces (San Juan, Ponce, Mayagüez, Aguadilla, San Germán); “mayorías” y “minorías” dentro de lo permitido. La mayoría, realmente, la constituyen los diversos componentes de la clase trabajadora asalariada.

Turbas y mártires obreros

Los estadistas también recurrieron a tácticas de terrorismo contra los adversarios como las que se asociarían más adelante con los nazis en Alemania y los fascistas en Italia. El sociólogo Mariano Negrón Portillo brinda un excelente análisis de este escenario de violencia en el libro Las turbas republicanas, 1900-1904 (Ediciones:Huracán, 1990). Como partido electoral colonial, el Partido Republicano embistió contra sus contrincantes del Partido Federal. Y, como partido patronal reaccionario, el “del Dr. Barbosa y sus amigos” en palabras de Iglesias, desató su furia contra la FLT que rechazaba subordinarse al mismo y los desafiaba (a todos) en el terreno laboral.

Curiosamente, el gobierno de Estados Unidos escogió el 1° de mayo de 1900 para sustituir el régimen militar (cumplido su propósito autoritario) por el régimen civil de dominación colonial ordenado por su Ley Foraker. ¿Coincidencia con el feriado trabajador? Bajo este esquema, la administración gubernamental continuó en manos estadounidenses (ahora civiles), con una Cámara de Delegados, de 35 electos por los varones permitidos a votar. Cualquier legislación estaba sujeta a la aprobación del Consejo Ejecutivo (6 americanos y 5 puertorriqueños nombrados por el Presidente de EEUU) y del gobernador americano, siendo el primero Charles H. Allen. Antes, Allen trabajaba con su padre en Otis Allen and Son, empresa maderera, y fue Sub-Secretario de la Marina. Simultáneamente, se trazaba otro surco de americanización a través del Departamento de Educación, con Mr. Martin Brumbaugh empuñando el timón, pretendiendo imponer el inglés a la trágala a “Porto Rico” y estampando feriados americanos en el calendario.

Ese mismo 1° de mayo de 1900, el gobierno de Estados Unidos impuso un canje de moneda en que cada peso español valdría solo 60 centavos de dólar: una devaluación de 40%. La medida instigada provocó una crisis en todos los ámbitos de la economía y, naturalmente, significó un atropello adicional a los salarios ya bajos. El propio Iglesias reflexionó más tarde que este fue un vehículo financiero clave que abrió el camino avasallador de los grandes intereses industriales estadounidenses.

Bajo el liderato de la FLT se declaró una huelga general el 1° de agosto de 1900, por la jornada de 8 horas y alza de salarios. Miles de trabajdores pararon labores por todo el país. Hubo diversos enfrentamientos violentos. En Maunabo los braceros de la Central Columbia (capital francés) tomaron el cuartel y desarmaron a los policías, entregando luego las armas al alcalde. La Policía Insular fue movilizada y se arrestaron a decenas de obreros. Jacinto Burgos y otros líderes acusados de “motín grave” recibieron condenas de 6 meses a dos años y medio de cárcel (Luchas emancipadoras, pp. 173-176). El periódico de los estadistas, El País, despotricaba con ferocidad a diario contra los obreros rebeldes y sin recursos y que intentaban organizarse. La FLT replicó con un Manifiesto de denuncias contra la “incivilizadora explotación”. Recabaron la solidaridad y ayuda financiera de los partidos y sindicatos obreros en Nueva York, quienes respondieron positivamente. 

Atacado y amenazado de muerte, Santiago Iglesias emigró junto a Eduardo Conde a NuevaYork el 26 septiembre de 1900. Allí trabajó en un taller de carpinteros unionados y publicó noticias sobre la situación obrera en periódicos socialistas como The Worker y otros. En las reuniones de su unión conoció al anarquista alemán emigrado Johan Josep Most – ”un hombre monumental, física y mentalmente” – autor de Science of Revolutionary Warfare. Meses después, en febrero de 1901, Iglesias conoció a Samuel Gompers, presidente de la American Federation of Labor. Esta organización sindical practicaba una política de lucha por mejores salarios y condiciones de trabajo dentro de la legalidad y sin abogar por el derrocamiento del capitalismo. En septiembre se formalizó la afiliación de la FLT al AFL. Dicho propósito, por intercesión de Gompers, contó con el visto/bueno de los presidentes McKinley (asesinado el 14 de septiembre) y su sucesor Theodore Roosevelt. Iglesias fue nombrado su organizador a sueldo en Puerto Rico recibiendo compensaciones entre $758 y hasta $5,482, de 1901 a 1929. (Carlos Sanabria, Puerto Rican Labor History, 1898-1934; Lexington Books, 2018).

Sin embargo, el escenario de la lucha reformista sindical no fue uno color de rosas. Tan pronto desembarcó en San Juan el 9 de noviembre de 1901, Iglesias fue arrestado. Algunos jueces y fiscales del régimen español, aun ocupando puestos, acusaron a Iglesias, Conde y otros seis líderes obreros de “conspiración para subir el precio del trabajo”. La Corte de Distrito condenó a Iglesias a 3 años y 4 meses de cárcel, a los otros a 4 meses y 20 días, y ordenó cerrar la FLT. Sin embargo, el gobernador William Hunt (asumió el mando el 15 septiembre) fue ordenado por Roosevelt a interceder, la vieja legislación fue combatida, y la Corte Suprema anuló el fallo y los puso en libertad.(William G. Whittaker, “The Santiago Iglesias Case, 1901-1902”, The Americas, Vol. 24, 1968, pp. 378-393). Era abril de 1902.

Este fue el contexto en que, cercano el 1° de mayo de 1902 el Comité de Defensa del Partido Republicano – las turbas terroristas dirigidas por José Mauleón y protegidas por el inquisidor Egozcue – arreciaron sus ataques contra todos sus “enemigos”: el Partido Federal y Muñoz Rivera, el periódico San Juan News, la FLT y el partido obrero. A finales de mayo, Iglesias publicó una larga y detallada denuncia: “Mártires de la Federación Libre”. He aquí algunos ejemplos de los ataques: Cesáreo Cruz, obrero pintor, apaleado; Severo Sirino, carpintero, apuñalado; Eugenio Sánchez, atacado a palos; José Ferrer y Ferrer, tabaquero, agredido y apaleado; Ramón Romero Rosa, tipógrafo, apaleado junto a sus dos hijas menores; Hilario Otero, tonelero, estropeado, entre decenas de otros. Algunos fueron atacados a tiros. Muchos quedaron en mal estado y encima de esto metían presos a las víctimas (sobre 60 obreros). Esposas e hijas fueron injuriadas y las casas de trabajadores fueron asaltadas. (La Democracia, 30 mayo 1902, p. 1). A pesar de todas las adversidades, los hijos e hijas del bohío proletario protestaron y continuaron la lucha obrera con ahinco.

Es necesario conocer más a fondo las realidades de la lucha obrera en los inicios de la dominación de Estados Unidos. La turbas continuaron actuando ferozmente hasta 1904. Entonces se asomaba el escenario de nuevas luchas contra el gran capital del Norte. A su vez, se delineaban los caminos difíciles y contradictorios de la lucha sindical de vía reformista y de la versión iglesista del socialismo. Mujeres y hombres de las clases trabajadoras, especialmente, deben conocer bien esa historia y derivar lecciones para el presente de lucha democrática y transformación social.

Francisco Moscoso, historiador; fmoscoso48@gmail.com.


Reflexiones del Viejo San Juan de 1955-1969

Por María Cristina/En Rojo

(Nota: este escrito surge por un pedido de mi ahijado-nieto, Diego Alejandro, que como proyecto independiente de su clase de Historia me pide reflexionar sobre mi niñez en un lugar y tiempo específico para luego mirarlo desde mi presente)

Antes que nada, debo aclarar que mi niñez (desde los 5 años) los pasé residiendo, educándome, entreteniéndome y socializando en el Viejo San Juan. Por lo tanto, mis reflexiones son muy específicas a este lugar que a través de los años ha cambiado radicalmente. Vivir con mi madre, Aída Pagán (oriunda de Ponce e integrante de nuestra guagua aérea en el ir y venir de Puerto Rico a los Estados Unidos) en un pequeño apartamento (sala-comedor, cocina, cuarto dormitorio grande y patio trasero) en un edificio de alquiler controlado (a precios de la Depresión económica de 1929), poder caminar tres cuadras al colegio donde estudié de 3er grado hasta 4to año (Colegio Santo Tomás de Aquino y ahora —no sabemos hasta cuándo— el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe), que mi madre pudiera costear la matrícula (incluyendo libros, uniformes y cuotas) con su salario de camarera (“maid”) en el Hotel Condado/Vanderbilt y ella poder usar transporte público para ir y venir son realidades que ya no existen.

Imagen del Viejo San Juan

En el edificio de apartamentos en que vivíamos había una comunidad que siempre estaba pendiente de cambios y necesidades para poder ayudar y, por supuesto, chismear. Nunca estuve completamente sola aunque cuando regresaba de la escuela mi madre todavía estaba en su trabajo. Allí estaban las vecinas para asegurarse que tuviera una merienda y ayudar por si necesitaba algo. También se aseguraban de que no fuera a salir sin permiso o que algún extraño entrara al patio interior del edificio.

En esa época no había supermercados sino tienditas: unas vendían leche, jugos y huevos; carnicería y pollería; otras chucherías (5 y 10); otra telas, hilos, botones y cosas de costura; otra school supply, librerías, discografía, etc. Las dos grandes tiendas de ropa eran Padín y New York Dept. Stores. El gran entretenimiento eran las fiestas que se celebraban en la Plaza de Armas, actividades en el colegio y en las siete iglesias católicas y, por supuesto, el cine. El Viejo San Juan en ese momento contaba con tres cines: Royal, Roxy y el deluxe: Rialto (la planificadora urbana Rose Marie Bernier escribió una hermosa tesis sobre todas las “salas” de cine de San Juan desde la 1era presentación en Puerto Rico de este innovador invento). Fue en el Rialto que vi una hermosa película que me hizo amar la poesía Romántica inglesa: Splendor in the Grass (1961, protagonizada por Natalie Wood y Warren Beatty), título y luego lectura dentro de la trama del poema “Ode: Intimations of Immortality from Recollections of Early Childhood” de William Wordsworth. Todavía me conmueve cuando la vuelvo a ver.

La 1era parada de la guagua era la Plaza Colón donde se podía tomar autobuses a cualquier sitio del área metropolitana. También se podía caminar a Puerta de Tierra donde había hermosos almendros frente al Capitolio y, al otro lado, bajar a la playa aunque no necesariamente a meternos en el mar que era (y sigue siendo) muy bravo en ese sector. También podíamos tomar la guagua e ir al enorme Parque Muñoz Rivera y a la playa del Escambrón. Dentro del casco subir y bajar las empinadas aceras era la rutina, pero los terrenos de El Morro no estaban abiertos como ahora. Allí ubicaba el Fuerte Brooke donde la población civil no tenía acceso, solamente verlo de lejos. Además se veía el enorme campo de golf reservado para un grupo muy selecto.

Los cambios al Viejo San Juan fueron muy acelerados (por lo menos así los sentí). Ante todo, en la vivienda accesible ya que comenzaron a vender edificios, sacar a las familias para “renovar” los apartamentos y alquilarlos o venderlos a precios que ningún inquilino anterior hubiera podido pagar. Esa población fue moviéndose de edificio en edificio hasta verse obligada a mudarse a La Perla (equivalente en ese momento a un arrabal con gran deterioro y peligrosidad), Puerta de Tierra (muy desmejorado en ese entonces) o caseríos que ofrecía el gobierno de bajo costo pero fuera del área conocida y sin vínculos a la comunidad del VSJ. Esto tuvo su impacto en la escuela donde muchos de los estudiantes tuvieron que cambiarse por ahora vivir fuera del VSJ y los nuevos llegaban hasta de lugares tan lejanos como Bayamón. Poco a poco los pequeños comercios fueron cerrando cuando se estableció el 1er supermercado (Capitol) y las pequeñas farmacias, donde la farmacéutica era la persona a consultar para malestares, alergias, resfriados y hasta infecciones, fueron desapareciendo con la farmacia vendetodo. Y, por supuesto, la llegada de los cruceros cambió el tipo de negocios que existía para convertirse en espacios idénticos de “souvenir shops”.

Aún con todos estos cambios, el Viejo San Juan sigue siendo el espacio urbano que más satisfacción me brinda. Al tener que respetar su arquitectura, la ciudad se ha embellecido con las restauraciones, aunque esto signifique otro grupo poblacional. Irónicamente ahora áreas como La Perla son un gran atractivo por su vivienda no costosa y la permanencia de una comunidad de muchos años. Se han creado espacios de encuentros para un buen café, cocina criolla, internacional y turística (la menos deseada por su artificialidad y altos precios); las plazas se han hermoseado para poder meditar o conversar bajo la sombra de árboles centenarios; la actividad cultural (clases de arte, yoga, etc, exhibiciones, ferias de libros, danza, teatro, etc, festivales de todo tipo), especialmente las exposiciones en múltiples y hermosos espacios, es inagotable. Casi no tendría que salir del VSJ para enriquecerme culturalmente. Y aunque los tres cines que mencioné anteriormente ya no existen, el cine sí ha vuelto al VSJ con el Cinema Bar que tiene una programación muy variada de jueves a domingo seleccionada por el productor, director de cine y del Festival de Cine Internacional de San Juan, José Artemio Torres. 

Echo de menos esa comunidad de clase trabajadora y pobre en que me crie, pero entiendo que todo evoluciona y que nos adaptamos, para bien o no tan bien, a los cambios que mejoran nuestra calidad de vida y nuestro enriquecimiento intelectual, cultural y emocional.