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Sobre “‘¿Por qué ahora la palabra…?’: la crítica romántica de la modernidad en la literatura puertorriqueña del siglo XX” de Rafael Bernabe.

Zahira Mabel Cruz / Especial para En Rojo

Del libro Escrituras en contrapunto, publicado por la Editorial de la Universidad de Puerto Rico en 2016, comentamos someramente el ensayo de Rafael Bernabe que da título a esta nota. Y comenzamos in media res

Aunque reconoce la existencia de los múltiples temas y enfoques utilizados para abordar la literatura puertorriqueña, Rafael Bernabe decide en este ensayo acercarse a ella desde una óptica diferente; no con la intención de desdeñar los acercamientos o lecturas anteriores o tradicionales, de los que, valga recordar, él también ha sido partícipe, sino con la intención de ampliar su propia lectura. De esta forma propone otra perspectiva: relacionar nuestra literatura con la crítica romántica de la modernidad según la ha definido Michael Löwy y Robert Syre. 


Hablar de la crítica romántica de la modernidad es hablar de añoranza pero también de capitalismo. Y de acuerdo a Bernabe, la literatura puertorriqueña del siglo XX refleja las consecuencias que el modelo político, económico y cultural de la modernidad ha tenido en nuestra cultura puertorriqueña.

Hablar de la crítica romántica de la modernidad es hablar de añoranza pero también de capitalismo. Y de acuerdo a Bernabe, la literatura puertorriqueña del siglo XX refleja las consecuencias que el modelo político, económico y cultural de la modernidad ha tenido en nuestra cultura puertorriqueña. Para el desarrollo de su planteamiento Bernabe trae al caso un ensayo de Juan Flores titulado Insularismo e ideología burguesa (1979). De este ensayo destaca la postura de Flores ante Insularismo de Antonio S. Pedreira, particularmente la crítica a la concepción eurocéntrica de la cultura y la “identidad puertorriqueña”, de donde se desprende la subestimación del componente indígena de la identidad nacional”. 

A raíz de esto, Bernabe destacará la valoración de Flores referente al modelo social indígena en contraposición al modelo europeo importado por los conquistadores y colonizadores españoles y, reflexionará en torno a lo que significó el cambio de un modelo social/cultural indígena, entiéndase un modelo de vida comunal, orgánico, sin propiedad privada y sin dinero, a un modelo europeo de “sociedad organizada a través de la producción de mercancías y de la propiedad privada”. De esta forma Bernabe comenzará su cuestionamiento crítico sobre el desarrollo social y cultural del Puerto Rico moderno. 

Sustentado en los planteamientos de Flores, nuestro autor reforzará el desarrollo de su crítica aludiendo al ensayo titulado “Puerto Rico: An Essay in the Definition of a National Culture” (1966), del antropólogo Sidney Mintz. En dicho ensayo Mintz resume un texto de 1942 del lingüista Edward Sapir donde se lleva a cabo una comparación similar a la de Flores en torno a los modos de vida indígena y los modos de vida de la modernidad capitalista estadounidense. De esta comparación o más bien de este contraste realizado por Sapir, se concluye que “salir de ese mundo (indígena) a la civilización, deja en quien realiza el viaje “un incómodo sentido de pérdida” (p.7). 

En otras palabras, el producto del capitalismo, lo resultante del mecanismo capitalista, favorecido y tenido por la hegemonía estadounidense como un sistema propulsor del progreso y en aras de él, favorecedor de una cultura y vida más ricas, en realidad es un sistema que deshumaniza o va en detrimento de la “cultura genuina”, concepto que utiliza Sapir para referirse a la experiencia de vida indígena o con cualquier otro modelo de vida diferenciado del capitalismo. 

Bernabe pone a dialogar los ensayos de Pedreira, Mintz (Sapir) y Flores para de esta forma dar cuenta sobre el lugar de la cultura puertorriqueña en la modernidad. Y de esto resulta que Sapir, Flores y Pedreira coinciden en favorecer ““una más profunda y más satisfactoria cultura”” (p.9) indistintamente la evoque el pasado indígena o cualquier otro aspecto del pasado, considerando que Pedreira no tomó mucho en cuenta el componente indígena de nuestra identidad nacional como bien señala Flores. 

Bernabe deja muy claro que en estos ensayos citados se lleva a cabo una crítica al progreso capitalista, o en palabras de Pedreira, una crítica al “avance de la civilización que muy bien puede desintegrar la cultura” (p.8). Teniendo esto claro, la parte más atractiva de este ensayo, luego de que Bernabe hace un recorrido por toda esa literatura puertorriqueña del siglo XX que denuncia las consecuencias del capitalismo para nuestra cultura y sociedad, y que además refleja una añoranza por aquella perdida época precapitalista (René Marqués, Nilita Vientós Gastón, Pedro Albizu Campos, Luis Muños Marín, Ana Lydia Vega, etc.), trae a su propuesta de lectura un enfoque más amplio a considerar, y es el enfoque marxista que en un momento dado propusieron César Andreu Iglesias, Mariátegui y nuestro Nemesio Canales. 

Se trata del enfoque que deja en exposición la crítica romántica de la modernidad en los términos de Michael Löwy y Robert Syre. La crítica romántica de la modernidad no debe consistir en idealizar ese deseo de volver al tiempo pasado y quedarse estancado en posturas retrógradas y reaccionarias de esta índole, pues, proponer esto como una “solución” daría paso entre otras cosas al fascismo, como bien señala Bernabe. El asunto va más bien por el establecimiento de una crítica en nombre del pasado, de esta forma la crítica del romanticismo será legítima hasta que la burguesía desaparezca. En esto consiste la crítica romántica a la civilización burguesa que favorecen Löwy y Syre. El problema no es el progreso sino permitir que la riqueza sea únicamente monetaria. Esto Canales lo supo ver y Bernabe lo enfatiza al parafrasear su propuesta: “En fin, Canales propuso una recuperación de todo lo que fuese admirable del pasado precapitalista en una igualitaria sociedad postcapitalista, que no renunciaría a los logros de la civilización industrial, si no que los pondría al alcance de la colectividad”(p.27). 

La cantante y el bufón la farsa de las escuelas compraditas

María de las Mercedes Ojeda

Pues ahora resulta que si usted tiene un poco de fama, que usted es una “personalidad” de la radio o la comedia televisiva, usted puede ser entonces  un inversionista de la educación o puede opinar de cualquier cosa.

Todos sabemos algo de la fama. Algo así como “crea fama y acuéstate a dormir”. Sin embargo, alguna gente vive y saca provecho de la fama de una manera que, si existiera la vergüenza, nos daría. Vergüenza.

Es el caso del comediante Albert Rodríguez, hace algunos años recurso de las comedias televisadas de Sunshine Logroño y Deddie Romero, la “personalidad” antes conocida como La Salserita. Ambos, han hecho carrera de la necesidad de afecto, reconocimiento y de la estima de sus radioyentes y espectadores. .

Lo que va a ser más difícil es recibir el reconocimiento por tener un buen desempeño en sus actividades laborales ¿en pro de la educación? Es difícil, sobre todo, recibir elogios como educador (o inversionista) cuando se usa el propio programa radial para burlarse de padres, maestro y estudiantes que se niegan a aceptar la privatización de sus escuelas. ¿Qué importa la fama cuando se pregunta por talento o preocupación social?

Romero y Rodríguez han recibido en 4 años unos cuatro millones de dólares en fondos del Departamento de Educación. Pretenden privatizar la escuela Luis Muñoz Rivera de Arecibo y la Rafael Colón Salgado de Bayamón.

No importa si las comunidades se encuentran en contra de tales privatizaciones, esta empresa ¡sin fines de lucro! insiste en el negocio. National Talent Academy tiene como interés la cultura y el arte. Pero no se crea que las escuelas serán especializadas en cultura y arte. Es que este negocio irradia, se expande, mueve sus tentáculos. La secretaria de la academia es Leticia Vallejo, la hermana de Pompi Vallejo, el productor de los Premios tu Música,  que hace unas semanas trajo a la Primera Dama Beatriz Rosselló a entregar un premio a Daddy Yankee. Sí, DY, nuestro reguetonero republicano. Ahí está como vicepresidente Denisse Pérez, la flamante Secretaria de Prensa del Gobernador. Sí, la funcionaria de Fortaleza es ejecutiva de una empresa sin fines de lucro que se ha lucrado de asignaciones del gobierno. Estos son los padrinos que empujan la privatización de tres escuelas para que estén en manos de ellos, con su cantante y su comediante.


El secreto. Tantas imágenes e información parecen transparencia. Lo sabemos todo. Pero no es así. El poder se vuelve más difuso y difícil de ubicar materialmente. Mientras consumimos los espectáculos que nos ofrecen, las decisiones importantes se toman en algún lugar que no es en Fortaleza, en sigilo y secreto.


La falsedad sin réplica. El espectáculo no permite contestación. Está aquí instalado en nuestras narices sin derecho a réplica. Estamos comprometidos al evento espectacular. Una y otra vez. Sin descanso. Sin posibilidad de articular una respuesta.


El presente perpetuo. Se fueron en volandas las coordenadas temporales. No hay memoria. En agenda está eliminar el pensamiento histórico. Capturar el deseo presente, producir hasta la saciedad el segundo de glamour  de la farándula y la moda: un presente eterno.

Y es que como en el mundo contemporáneo todo es espectáculo (gracias, Guy Debord), la administración del país y sus departamentos y las instituciones públicas funcionan como si fueran un show que necesita los mismos productores de Manny Manuel o Daddy Yankee. Por eso tampoco sorprende que éste último haya participado en campañas con Bush (cualquiera de los dos es malo) o en las elecciones acá en el territorio, llamándonos a votar o a callarnos la boca y a recibir premios que otorgan sus propios amigos amigos del medio. Es decir, los políticos y sus bufones bien pagados. El citado Debord argumentaba en su libro que la historia de la vida social se puede entender como “la declinación de ser en tener, y de tener en simplemente parecer”. De modo que no tenemos gobierno (gobierna la JCF y el Congreso) pero ahí está Ricky, que parece que gobierna. Tenemos una gerente en el Departamento de Educación que viene a ejecutar la institución pública. Y tenemos cantantes y comediantes como inversionistas de la educación, sin tener, ninguno de ellos preparación alguna en educación o pedagogía, cosa que se supone que tengan para que el aparente gobierno les ofrezca escuelas a 12 dólares para hacerse ricos sin fines de lucro.

Nada de esto debe sorprendernos. Lo más sensato sería indignarse y organizarse para cambiar las cosas. Pero, ¿qué puede esperarse si hasta nombran un comediante para dirigir el departamento de noticias de la estación radial de la Universidad de Puerto Rico? El Sr. Joel Rivera, otro comediante, no tiene formación académica en periodismo. Es más conocido por su personaje “Chiquitota”. Y de alguna manera, el rector de la UPR, Luis Ferrao, lo nombró a ese cargo tan importante. No, no es una broma. Es una dolorosa realidad.  El comediante tendrá como subalternos profesionales serios y con gran experiencia en ese campo. ¿Será que nombrarán a algún experto para que lo asesore? Al menos así se proponían resolver aquello de la transportación marítima. ¿Recuerdan? Ah, qué triste espectáculo. 

Uno se ríe y alguna gente hace memes. Pero, ¿no les parece esto muy peligroso? Mejor preguntarnos con Guy Debord, qué máquina produce esto que lo vuelve todo espectáculo. Hay al menos tres mecanismos.

 El secreto. Tantas imágenes e información parecen transparencia. Lo sabemos todo. Pero no es así. El poder se vuelve más difuso y difícil de ubicar materialmente. Mientras consumimos los espectáculos que nos ofrecen, las decisiones importantes se toman en algún lugar que no es en Fortaleza, en sigilo y secreto.

La falsedad sin réplica. El espectáculo no permite contestación. Está aquí instalado en nuestras narices sin derecho a réplica.  Estamos comprometidos al evento espectacular. Una y otra vez. Sin descanso. Sin posibilidad de articular una respuesta.

El presente perpetuo. Se fueron en volandas las coordenadas temporales. No hay memoria. En agenda está eliminar el pensamiento histórico. Capturar el deseo presente, producir hasta la saciedad el segundo de glamour  de la farándula y la moda: un presente eterno.

Quizás sea un buen momento para estar pendientes del pasado y del futuro. No con la nostalgia y la falsa esperanza. Sino con ganas de no repetir lo que nos ha fallado y poner en marcha una mejor forma de construir un proyecto de progreso. Mientras tanto, que no ceje el empeño en defender la escuela, la universidad, el país, de todos esos artistas. Artistas del enriquecimiento a costa de hacernos más pobres.

María de las Mercedes Ojeda es estudiante de educación y teatro. El título de su nota hace referencia a “La farsa del amor compradito” de Luis Rafael Sánchez

KING, VIETNAM Y PUERTO RICO

Rev. Juan Ángel Gutiérrez Rodríguez

El pasado 4 de abril se recuerdan 52 años de la denuncia pública del Dr. King a la guerra de Vietnam en la histórica Iglesia Riverside de la ciudad de Nueva York. Para muchas personas este discurso es su sentencia de muerte. Fue ejecutado un año después en Memphis, Tennessee. Sin embargo, ya King desde el 1962, había hecho declaraciones en contra del militarismo y la guerra de Vietnam.

 Desconocemos el papel que jugó Puerto Rico en la crítica de King a la guerra de Vietnam. Es en el 1962 en su visita al Seminario Evangélico de Puerto Rico donde hace su primera crítica pública a la guerra. Debemos recordar que para ese tiempo la participación militar estadounidense en Vietnam es fundamentalmente de asesores militares y no es hasta el 1964 que se aumenta la participación militar directa en Vietnam.

 Sobre esta visita nos dice el Lcdo. William Fred Santiago, en su libro “Venceremos. Recobro de Martin Luther King, Jr.; “No fue en Chicago. No fue en Riverside Church, NY. No fue frente a las Naciones Unidas. Fue en la capilla del Seminario Evangélico de Puerto Rico donde Martin Luther King denunció públicamente y rompió el silencio evangélico sobre la guerra de Vietnam. Todos los que estuvimos allí ese día recordamos la denuncia firme de King con relación a la guerra de Vietnam y también recordamos aquel debate entre un querido profesor del Seminario Evangélico de Puerto Rico y la firme y decidida denuncia de King a los EUA como un exportador de la violencia y la matanza de inocentes en la guerra de Vietnam…. Todavía en esa época gran parte del pueblo americano apoyaba esa guerra que King calificó como “injusta y cruel”. Después de lo dicho en Puerto Rico, su crítica sobre la guerra de Vietnam fue “in crescendo”.


Fue en la capilla del Seminario Evangélico de Puerto Rico donde Martin Luther King denunció públicamente y rompió el silencio evangélico sobre la guerra de Vietnam. Todos los que estuvimos allí ese día recordamos la denuncia firme de King con relación a la guerra de Vietnam y también recordamos aquel debate entre un querido profesor del Seminario Evangélico de Puerto Rico y la firme y decidida denuncia de King a los EUA como un exportador de la violencia y la matanza de inocentes en la guerra de Vietnam…

 El Dr. Luis Rivera Pagán, en su escrito “Martin Luther King, Jr. Una Memoria entre Praga y San Juan” nos cuenta de dicho suceso “esa plática fue una de las primeras ocasiones en que King comenzó a tejer una crítica honda y radical a las acciones militares norteamericanas en Vietnam, cuando todavía la mayor parte del pueblo estadounidense las apoyaba. Para la mayoría de quienes estuvimos presentes esa mañana en la capilla del Seminario Evangélico las palabras de King fueron una sorpresa. Esperábamos que hablase sobre la lucha de los derechos civiles de los afroamericanos, de las hondas desigualdades socioeconómicas al interior de su nación y de la desobediencia civil como estrategia de resistencia y lucha. El tema eje, sin embargo, fue otro: Vietnam. Esbozó unos argumentos críticos que madurarían posteriormente en su famoso discurso del 4 de abril de 1967 en la Iglesia Riverside de Nueva York”.

 Recuerda Pagán que “cuestionado y disputado fuertemente en la sesión de preguntas y respuestas, King respondió con mucho ánimo, revelando, al menos para el oyente alerta, que en el agudo conflicto vietnamita, sus simpatías se inclinaban a la lucha de ese pueblo por su reunificación nacional y liberación de todo dominio imperial foráneo”.

 El querido profesor al que se refiere Fred Santiago es el Profesor Ángel M. Mergal. Señala Rivera Pagán en su libro “Senderos Teológicos. El pensamiento evangélico puertorriqueño” que “tras analizar la situación de los derechos civiles en los Estados Unidos y en respuesta a una pregunta del público, King criticó la intervención bélica de su nación en Vietnam. Ni corto ni perezoso, Mergal reaccionó con vigor, esgrimiendo la tesis de que al ser os comunistas unos bandidos (lawless), la guerra contra ellos era justa. No podían, en su opinión, confrontarse con medios de desobediencia civil que presuponen la existencia de una sociedad de legalidad y derecho, como la norteamericana. King, quien resultó ser un buen debatiente, con serenidad y convicción insistió en la coherencia de la no violencia para resolver conflictos nacionales e internacionales, a la vez que evadió caer en la trampa de la ideología anti comunista propia de la mentalidad de la guerra fría. El disgusto de Mergal al abandonar la capilla del Seminario era notorio”.

No es de sorprender la denuncia de King a la guerra. Desde muy temprano en su ministerio profético había esbozado su teoría de los tres males de la sociedad estadounidense: el racismo, la pobreza y el militarismo. Seis meses luego de su visita a Puerto Rico, el 8 de septiembre de 1962, King habla ante el Distrito 65 “Retail Wholesale and Department Store Union” en la cuidad de Monticello, New York, expone “los tres principales males sociales que están viviendo en nuestro mundo hoy”. Señala que estos son “el mal de la guerra, el mal de la injusticia económica y el mal de la injusticia racial”. En esa ocasión afirma lo siguiente sobre la guerra “la guerra apila nuestra nación con una deuda nacional más alta que montañas de oro. La guerra llena nuestra nación de huérfanos y viudas. La guerra envía hombres a sus hogares sicológicamente trastornados y físicamente incapacitados… La guerra es maldad, y debe existir personas en nuestra nación y en nuestro mundo, que serán parte de una minoría creativa y que desarrollarán una insatisfacción sobre todo lo que tiene que ver con la cuestión de la guerra”.

 Este hecho señala que su fuerte denuncia a la guerra de Vietnam en Puerto Rico es al menos 18 meses antes de su famoso discurso “Yo tengo un sueño” del 28 de agosto del 1963, 2 años antes de la escalada militar del ejército estadounidense del 1964 producto del ataque al destructor naval USS Maddox por el ejército de Vietnam del Norte y 5 años antes de su mensaje de denuncia pública en la Iglesia Riverside.

 Puerto Rico fue la plataforma inicial que uso King para su crítica directa a la Guerra de Vietnam.

Gutiérrez Rodríguez pertenece a la Mesa de Diálogo Martin Luther King Jr.

El pogrom como deporte de las clases pudientes

Juan Forn

Miren esos cuatro ataúdes abandonados sin enterrar en las puertas del cementerio de la Chacarita. Miren los balazos que llueven desde lo alto de las paredes del cementerio y la desbandada de la multitud que venía marchando desde la Boca a enterrar a esos cuatro obreros muertos por la policía y los rompehuelgas dos días antes. Miren la iglesia quemada por algunos de los que huyen, miren a otros asaltar una armería para tener con qué defenderse en el accidentado retorno a sus casas, miren la orden que dan a los niños: “Rompan a pedradas todos los faroles de la calle, que van a venir por nosotros”. Enero de 1919 en Buenos Aires, acaba de empezar la Semana Trágica. Conserven en su memoria ese “van a venir por nosotros” y sigamos.

La Semana Trágica fue una toma pacífica de los talleres Vasena que desembocó en cuatro muertos, una huelga general convocada para llorar a esos muertos, que al poder le pareció que era la mecha de la revolución social y actuó en consecuencia: a sangre y fuego. Aquello que supuestamente más temían de aquella supuesta revolución. ¿Quién pensaba que se venía la maroma? Procedamos por descarte. Es el día siguiente al que policía y rompehuelgas entraron a bala en los talleres Vasena: en el Congreso, hasta el diputado Pinedo reconoce que algo hay que ceder a los reclamos obreros (por supuesto, su argumento es: que algo cambie para que nada cambie). 

En Casa de Gobierno, Yrigoyen convoca a los dueños de los talleres tomados (los Vasena, que van acompañados del embajador inglés) y logra que acepten a regañadientes las “desmedidas” exigencias de sus empleados (reducción de la jornada laboral de once a ocho horas y un franco semanal). En las calles hay veinte mil efectivos del ejército, además de las fuerzas de policía y bomberos. Tantos soldaditos ha traído el gobierno a la ciudad, que los notables de vacaciones en sus mansiones de Mar del Plata se aterran cuando la guarnición naval del puerto es convocada a Buenos Aires: “¿Y a nosotros quién va a defendernos si la revolución llega hasta acá?”. 

Pero es más importante lo que sucede a continuación, el rumor que corre como pólvora por los barrios residenciales de Buenos Aires: no se puede confiar en el ejército, no se puede confiar en la policía, sus efectivos pertenecen a la misma clase social que aquellos a quienes deben atacar.

Ups, dije atacar. Supuestamente había que defender nomás. Pero no se puede confiar la defensa en alguien que está más cerca del otro que de uno. A esta altura ya es 11 de enero, y el ministro del interior (comisario general, para la época) Luis Dellepiane, hombre de confianza de Yrigoyen, asegura que la ciudad está pacificada. El Congreso también, a su lábil manera. La Federación Obrera ha aceptado levantar la huelga. Pero en el Centro Naval, en una reunión convocada de urgencia, presidida por el contraalmirante Domecq García, a la que asisten representantes del obispado, del Jockey Club, del Círculo de Armas, el Club del Progreso, las Damas Patricias, el Yacht Club y el Círculo Militar, se decide conformar la autodenominada Guardia Cívica, que entrega armas a voluntarios “confiables”, señoritos bien que habrán de garantizar que los sectores acomodados de la ciudad estén defendidos día y noche de los vándalos. Repito: la ciudad estaba pacificada, pero en el Centro Naval daban armas a civiles para defender a los suyos. Uno de ellos grita: “¡Y si los agitadores no vienen por nosotros, vayamos por ellos!”. “¡Sí!”, contestan otros. Y lo que empezó como una supuesta defensa muta en ataque.

También la búsqueda de agitadores muta lombrosianamente en cuestión de minutos. Primero se trata de salir a buscar a cualquier inmigrante: catalán, italiano, eslavo, son todos bolcheviques. Pero enseguida se simplifica la cuestión: se sale a cazar judíos, lisa y llanamente. El pogrom como deporte de las clases pudientes. Coto de caza: de Once a Villa Crespo, zona liberada. En los cuatro días siguientes habrá más de setecientos muertos en las calles (algunos dicen mil trescientos). El nacionalista Juan Carulla, insospechable del menor filosemitismo, escribe en sus memorias: “Oí decir que los liguistas estaban incendiando el barrio judío y dirigí mis pasos hacia esas calles. Al llegar por Viamonte, vi en medio de la calle piras ardientes de libros y sillas y mesas. El ruido de muebles y cajones arrojados a la calle se mezclaba con los aullidos de viejos barbudos y mujeres desgreñadas, arrastrados de los pelos por mozalbetes”. El irrepetible Soiza Reilly, maestro de la crónica callejera, agrega: “Se los obligaba a golpes a cantar el Himno Nacional, y a quienes no lo sabían se les orinaba en la boca”. Poco después escribirá que nunca se practicaron tantos abortos en el Once y Villa Crespo como en los tres meses siguientes a la Semana Trágica, por las innumerables víctimas que hubo de violación. El embajador de Francia, en un despacho privado a su gobierno, comenta que un civil se ha ufanado delante de él de haber matado en un solo día cuarenta judíos. El embajador norteamericano contacta al comisario Romariz para chequear si es cierta la cifra de 1300 muertes; el comisario contesta que es una exageración pero que igual es imposible de precisar, porque los muertos eran incinerados a medida que llegaban a los lugares de concentración, sin controlar su número.

Nadie sabe hasta el día de hoy cuántas víctimas hubo realmente en la Semana Trágica. El 15 de enero el Poder Ejecutivo dio orden de empezar a liberar los innumerables detenidos que abarrotaban las comisarías: a más de la mitad se les aplicó la Ley de Residencia y fueron expulsados del país. Ese mismo día tienen lugar dos reuniones en Buenos Aires. En una de ellas, a instancias del Episcopado y bajo el lema “Por la paz social”, se convoca a una gran colecta nacional para “un plan de obras, ateneos, servicios sociales e institutos de enseñanza para la clase obrera” (léase para que la clase obrera aprenda a entender su lugar en la sociedad: por ejemplo, se crea la Casa de la Empleada, que proporcionará mucamas durante años a las clases altas). La otra reunión es en el Centro Naval, con las mismas fuerzas vivas que se habían reunido cuatro días antes, quienes evalúan tan positivamente “el heroico comportamiento” de las guardias cívicas de Domecq García, que deciden constituir formalmente la Liga Patriótica como institución y le ofrecen la presidencia. 

Domecq García declina el honor; él es marino. Será, en cambio, almirante, y después ministro de guerra de MT De Alvear, y después apoyará a Justo en el golpe que interrumpió la segunda presidencia de Yrigoyen, y cuando Uriburu triunfe en la interna de ese golpe y se quede con la presidencia de la Nación, el almirante se retirará de la vida pública, mascará bilis con Perón hasta quedar afásico y morirá en enero de 1951, sin tener “la satisfacción” de ver muerta a Evita. El almirante Domecq García era mi bisabuelo. He contado la historia en mi libro María Domecq. En mi familia se recitan las proezas, los servicios a la Patria del almirante, sus novelescas aventuras (¡huérfano en la Guerra del Paraguay! ¡ahijado de Roca! ¡condecorado por el Emperador después de la Guerra Ruso-Japonesa! ¡a él le debe la Marina sus primeros submarinos! ¡dejó un hijo en Japón! ¡Puccini se basó en él para el Pinkerton de Madame Butterfly!), pero de la Semana Trágica no se habla. Yo me desayuné de la historia vergonzosamente tarde, cuando con treintilargos entré a trabajar en este diario donde Osvaldo Bayer, cada 7 de enero, escribía sobre la matanza. Así supe cómo era recordado el almirante en la versión de la historia argentina a la que yo le creo más. 

Sé que no soy el único argentino en ignorar esos pliegues de su historia familiar que pertenecen a la historia nacional. Quizás allí radique una de las taras de nuestro país: que escondamos las vergüenzas nacionales tal como se silencia una vergüenza familiar. Quizás en todos los países hacen lo mismo, y seguirá siendo así hasta que la hagiografía sea destronada del canon escolar y deje lugar a una historia veraz de las infamias nacionales. Sospecho que hay más chances de amar al propio país si nos enseñan desde chicos las vilezas a las que fue sometido. Se aprende de las desgracias, es casi la única manera de aprender, pero a cien años de la Semana Trágica no se sabe todavía cuántos murieron ni importa quién los mató.

Tomado de Página 12. 6 Enero 2019

Esta impía substancia de granito

Sofia I. Cardona / Especial para En Rojo

Un año antes de morir de cáncer, en 1892, Alice James escribía en su diario acerca de «esta impía substancia de granito que llevo en mi pecho».”  –Susan Sontag, 

La enfermedad y sus metáforas

Para hablar de esto he pensado en muchas cosas y no puedo decirlas todas claramente. Tal vez por eso me ha dado tanto trabajo decidirme a escribir. He tratado varias veces, y cada vez empiezo distinto y en otro punto de la historia. También está la opción de no escribir nada, para olvidar, para que dentro de poco todo quede atrás, disuelto, inexistente. Aún así mi silencio no evitaría las rebeliones del cuerpo y, sobre todo, las discrepancias entre lo que imagino – siempre futuro, siempre lejana posibilidad– y lo que pudiera verdaderamente sucederme.

“Malignancy”

“Malignancy” es una palabra que no suele encontrarse en los resultados de laboratorio. El corazón se me encoge en el pecho y la joven tramita los papeles mientras hiperventilo, perpleja y suspendida frente al mostrador. No sé qué cara he puesto pero hay silencio en la sala. Salgo a la calle y todo se me resbala de las manos. Siento que hay más luz esa mañana. Hago una llamada, detenida en la acera, y recojo los papeles que se me han caído al suelo. Una mujer pasa presurosa, me ofrece galletitas a peso y yo no le respondo porque no puedo hablar. Sigo detenida en la acera abrazada a mis papeles. Espero y me doy cuenta de que esto es real. Ella me mira apenada mientras se aleja, como si ella y yo habitáramos la misma casa.

Mi cuerpo y el veneno

Ese día pensaba en mi pecho, mi pecho de leche, el pecho izquierdo, hundido y necesitado de alimentos, pecho hinchado, doliente, entonces rebosante de leche y mi bebé que sonreía, mi bebé que lo abandonaba después de mirar arriba las ramas de los árboles, lo dejaba y me sonreía con su boquita llena de leche. Ese pecho, ahora pequeño y blando, contiene la semilla de una muerte y de una posible muerte que combato. La semilla no tiene la culpa. Su función es crecer y propagarse, su fuerza de vida es camino de la muerte, pero no lo sabe. No sabe ni siente ni piensa lo que daña, y crece, crece sin parar.

Pronto beberé veneno, me digo, pronto entrará en mí una fuente de muerte, muerte para esa semilla, pero también para mis vivas células. Esa muerte que me dará vida. Es raro.

Puede que torbellino sea la mejor palabra para describir el estado de esos días. Todo lo demás se achica y se pierde en el fondo, y entro en un juego del que apenas conozco las reglas. Mi cuerpo no es mi cuerpo en estos días. Se que no ha sido su intención, que es el destino. Mi cuerpo también es inocente. Se también que a él le gustaría estar sano para mí. 

Pobrecito tumor

Pienso en el tumor y me compadezco de él. Quiere vivir, pero no sabe cómo. No está organizado, va contra las reglas, ocupa espacio en mi cuerpo, se nutre de mí y me ataca, su fuente de vida. No cumple función alguna en mi organismo, porque no está articulado en ningún sistema vital. El tumor no entiende o entiende demasiado: es invasivo, agresivo, triple negativo, pobremente diferenciado. Me fascinan los términos del diagnóstico. Me distraigo con estas cosas. 

Lo descubrí una tarde, echada en la butaca mientras descansaba. Esto es diferente, esto puede ser algo más serio, me dije. Me hice los exámenes de rigor, me aseguraron que estaba bien, desconfié de los análisis y las máquinas, nos esforzamos mejor y poco tiempo después lo encontrábamos como si fuera un nuevo planeta en la galaxia. (Y aquí añado para mis queridas lectoras: sean cuidadosas y obstinadas, anímense a preguntar e insistir, no teman que las tilden de maniáticas e hipocondriacas.)


Pronto beberé veneno, me digo, pronto entrará en mí una fuente de muerte, muerte para esa semilla, pero también para mis vivas células. Esa muerte que me dará vida. Es raro.

Estuve semanas sintiéndome caminar al borde de un abismo. El borde es ancho y seguro; creía de verdad que era ancho y seguro, que me llevaría sana y salva al otro lado. El otro lado es el de vuelta a mi antiguo ser, puede que maltratado, mutilado, herido, pero de vuelta al mundo, a otras prioridades.

En ocasiones no sé si me sugestiono o verdaderamente el cuerpo se ha vuelto vulnerable. A veces pensaba que estaba tan saludable que el cáncer seguiría creciendo fortalecido, invadiendo el espacio en el que se encontraba, entusiasmado por la vida que sentía alrededor, feliz por estar a mi lado: mi siniestro compañero.

Un mundo paralelo

Los días se viven a otra velocidad, con otras texturas, la vista puesta en el objetivo, como en una cacería. No puedo expresar con claridad lo que está pasando. Solo me consta que son días en los que vivo de forma diferente. Me esfuerzo por sentirme bien, por cuidar el cuerpo como si fuera de otra persona, por proteger a esa criatura nueva que ahora soy yo. 

Salgo de casa y me detengo en la calle. No hay nadie alrededor, puedo detenerme sin llamar la atención y trato de escuchar el mundo. Esta mañana formo parte del cosmos, me digo, y me da gracia la frase y el tono eufórico con el que lo susurro: formo parte de un mundo que aún no he conocido y ningún tiempo será suficiente. Estoy más dispersa que nunca, viviendo una realidad paralela, la de los sobrevivientes, pendientes de las instrucciones y advertencias, moviéndome cautelosamente entre mucha gente vulnerable y agobiada. Sólo a nosotras nos consta la amenaza, pero todos estamos convocados a la danza.