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Periodismo Político

JUAN MARI BRAS

Por Juan Mari Brás

El capitalismo se sostiene elevando la mentira, el engaño y la confusión como práctica universal. Es una ideología enmascarada. Cuando pierde sus disfraces, no le queda más alternativa que imponerse con toda la furia de la fuerza bruta. Eso es el fascismo, o sea el capitalismo en estado de desesperación.

Uno de los recursos más usados por los capitalistas en el forcejeo ideológico por mantener encubiertas su naturaleza brutal, inhumana y discriminatoria es el doble juego, herencia ancestral del fariseísmo.

Ningún concepto ha sido tan abusado por el doble juego capitalista como la democracia. Siendo los negadores de la democracia, el cinismo capitalista ha llevado a identificarse con ella como si fuera sus custodios.

Pero su democracia se funda en un truco demasiado manido, que es la despolitización de las masas. De ahí surge esa insólita teoría que convierte la política en tabú dondequiera que ellos (los capitalitas) no ejercen control.

Por eso plantean que no haya política estudiantil en las escuelas. Los burócratas de Instrucción Pública cuelan continuamente su política capitalista  y colonialista en currículos, textos y planes de cursos. Pero a los alumnos se les niega el derecho a la discusión política inteligente. 

Lo mismo hacen respecto al movimiento obrero. Mientras sus lacayos incondicionales controlen una unión o un sindicato, les parece muy bien que infiltren su política entreguista en la retórica y la práctica. Pero ponen el grito en el cielo tan pronto perciben la influencia ideológica del proletario en el movimiento sindical. ¿Habráse visto planteamiento más absurdo? Según el mismo, Hipólito Marcano puede ser dirigente sindical al mismo tiempo en que es senador, miembro del cuerpo directivo del Partido Popular —uno de los partidos de los capitalistas— gran gurú de la masonería colonial y otras cuántas etcéteras. Pero que Pedro Grant sea dirigente sindical siendo miembro del Comité Central del Partido Socialista —el partido de la clase obrera— es suficiente para que se tornen histéricos y arremetan contra su liderato con las más sucias manipulaciones. 

Exactamente igual ocurre en el periodismo. ¿Hay alguien tan ingenuo en este país que a estas alturas ponga en duda la naturaleza esencialmente política de todos los periódicos?

El “San Juan Star” es órgano del gran capital yanqui. Pretende estar por encima de la política “local”, como le llaman los invasores a la que se da en el plays. Su imparcialidad es la de los amos ante sus esclavos. Mientras no les afecten sus intereses, mantienen su ecuanimidad paternalista. Pero, Dios libre que alguien pretenda ejercer un periodismo comprometido contra lo que ellos representan. Porque entonces lo tachan de infiltración política en “el sagrado sacerdocio del periodismo”. Por eso Andrew Viglucci, director del “Star”, sostiene que CLARIDAD no hace periodismo. Nos llama político que fungimos de periodistas. ¡Como si todo el periodismo no fuera político! ¡Como si no fueran él y sus adláteres los únicos intrusos en el periodismo puertorriqueño!

Los diarios que se publican en español, por su parte, no solamente son todos capitalistas y colonialistas, sino que también toman partido entre los partidos coloniales. ¿Quién tiene dudas de que “El Nuevo Día” responde al PNP y que “El Mundo” y “El Vocero” se alinean con el Partido Popular?.

A principios de siglo, cuando el capitalismo era todavía primitivo en Puerto Rico, había periódicos diarios de los dos partidos de la burguesía criolla. “La Democracia” fundada y dirigida por Muñoz Rivera, era el órgano del Partido Unionistas y “El País”, que dirigió el doctor Barbosa, o fue del Partido Republicano.

A medida que fue desarrollándose la estructura de poder imperialista y fundiéndose los intereses de la burguesía criolla con los de los capitalistas yanquis mediante su transformación en burguesía intermediaria e importadora, el periodismo burgués tomó nuevos visos. Poco a poco se fueron desarrollando las grandes empresas periodísticas, cuyo principal exponente es “El Mundo”, que combina periódico con radio y televisión.

Nunca antes había tenido la clase obrera un periódico diario. Si no tenía ni siquiera un partido, que es lo básico, no podía esperarse que acumulara la conciencia y la fuerza necesarias para publicar su propio periódico diario. El proceso de formación del Partido  Socialista —que ha tomado quince años— ha conllevado simultáneamente el de la formación del diario de los trabajadores.

La clase obrera, en los planes capitalistas, no cobra conciencia de su existencia, sus intereses y su fuerza, de la noche a la mañana. Aquí en Puerto Rico, agravada su enajenación por el colonialismo, la clase trabajadora ha estado permeada por todas las confusiones que emana la ideología burguesa.

El desarrollo de CLARIDAD no ha estado exento de esa influencia de la ideología burguesa. Hubo períodos en la historia de nuestro periódico en que prevaleció el criterio farisaico de que había que encubrir la ideología proletaria del semanario. César Andreu Iglesias y Samuel Aponte —por ejemplo— sostuvieron la tesis de que había que aguar a CLARIDAD para que pudiera despegar. Cuando no lograron imponer sus ideas conciliadoras, se fueron de CLARIDAD. Ensayaron las mismas al fundar “La Hora” y tuvieron que irse también. Fueron a parar con sus vacilaciones a la prensa burguesa. El resultado es dramático: mientras ellos se replegaron a hacerle periodismo a la burguesía ala gusto y antojo de ésta, CLARIDAD siguió su curso ascendente. Amplió su contenido y circulación, profundizando al mismo tiempo su calidad ideológica. Pasó de semanario a bisemanario y de bisemanario diario, sentando un precedente de gran importancia en el periodismo puertorriqueño.

Así va a seguir siendo CLARIDAD: objetivo pero no imparcial, como lo ha indicado certeramente el director, compañero Raúl González Cruz.

No habrá en las páginas del diario de los trabajadores asomo alguno de mentira, engaño o doble juego. Nuestra ideología —la más avanzada alcanzada por la humanidad— se filtrará con toda nitidez en el contenido del periódico. Informaremos  y analizaremos objetivamente por qué a la clase trabajadora no le interesa confundirse a  sí misma. La verdad objetiva, su escudriñamiento  y análisis, es instrumento esencial en el propósito del proletario de transformar la realidad. Por eso es que seremos objetivos.

No seremos imparciales porque estamos totalmente parcializados del lado de los trabajadores, contra los capitalistas; del lado de la independencia contra la colonia, del lado del socialismo contra el capitalismo. No haya lugar a equívocos. 

Con objetividad y parcialidad, llenaremos el cometido que nos corresponde como vocero de las más altas aspiraciones del pueblo puertorriqueño. Ayudaremos, así, a motorizar el masivo despertar de los trabajadores boricuas, que conduzca a la destrucción del sistema capitalista-colonial y la construcción de la nueva sociedad: independiente, socialista y verdaderamente democrática. Para eso, y para nada más, es todo este esfuerzo que representa CLARIDAD diario. 

Las predicciones de Juanma

JUAN MARI BRAS

Por Juan Mari Brás

El amigo Juan Manuel García Passalacqua ha vertido una nueva predicción “politológica”. Es muy precisa, como las anteriores: el 23 de septiembre de 2010, el Congreso de Estados Unidos “dispondrá del territorio” en el caso de Puerto Rico.

Hagamos un poco de historia. No acertó su predicción de que, el 12 de octubre de 1992, cuando se cumplió el medio milenio de la llegada de Colón al nuevo mundo (en el lenguaje de los europeos), se bajaría la bandera de Estados Unidos en el capitolio de Puerta de Tierra y se proclamaría la república asociada de Puerto Rico. No ocurrió nada al respecto. Un humorista de la época, quien sigue siéndolo, cada vez con mayor éxito, manifestó su preocupación, poco antes de la fecha fijada por Juanma para su presagio, que ya era evidente que no iba a ocurrir, que el politólogo criollo tuviera que suicidarse frente al capitolio cuando llegara esa fecha y no ocurriera su predicción, varias veces anunciada por él con tanta seguridad. Le comenté públicamente, desde uno de mis rincones periódicos en CLARIDAD, que no se preocupara porque cuando fallara el presagio de Juanma, él culparía a la historia del fallo, liberándose de toda culpa.

Luego, durante años, García Passalacqua se ha pasado presagiando la muerte del estado libre asociado para dar paso a la anexión (estadidad) o la soberanía plena (la independencia). Poco a poco ha ido variando el presagio, para adaptarlo a los tiempos, según su argumento. De esa manera ha engatusado de tal suerte a algunos independentistas que éstos consideran a Juanma el orientador mayor del independentismo, al sostener que a Estados Unidos ya no le interesa la dominación colonial de nuestra patria. Lo último que dijo, en esa dirección, fue vísperas de la discusión del caso colonial de Puerto Rico en el Comité de Descolonización de este junio de 2008, cuando le recomendó al asistente de su programa radial, quien iría a cubrir el evento a la ONU, que antes de entrar al edificio de la ONU, fueron al tercer piso del edificio del frente, en la embajada americana, para que se enterara allí que Estados Unidos le iba a dar su aprobación a la resolución que se aprobaría con su anuencia ese mismo día en la ONU. Juanma ni siquiera se había enterado de que hace ya varios años Estados Unidos mudó su embajada de frente a la ONU para otro lugar en Manhattan, y que el antiguo edificio fue implosionado y hace meses se está construyendo uno nuevo, que todavía no se ha terminado ni está en uso. Lo importante de este dato es que indica que García Passalacqua ni siquiera pasa por la Primera Avenida, entre las calles 42 y 49, donde radica la ONU, desde los tiempos en que trabajaba para la administración de Carter, que tuvo entre sus funciones ir allí a cabildear en contra de los proyectos independentistas que se presentaban año por año. No hubo tal allanamiento de Estados Unidos.

Cuando fallaron sus predicciones y cabildeos contra el ELA, se ha ido acomodando en una nueva versión para su empeño de eliminar la independencia: que Estados Unidos disponga del territorio, entre integración y soberanía. Lo importante para Juanma es que todo nuestro destino se ponga, en primera instancia, en manos de Estados Unidos, como si fuéramos una propiedad suya. En su formación como abogado y burócrata de la política internacional norteamericana, tal interpretación es la verdad revelada, como las tablas de la ley. Que todo se acomode al deseo de Wáshington es imperativo, según su versión. Para él —su formación no da para más— el presente del poder yanqui sobre nuestro pueblo es la eternidad. Tanto en Harvard como en Yale le enseñaron que no hay solución posible a nuestra definición política sin la previa aprobación de lo llamaban “el gobierno permanente” de Estados Unidos; es decir, la alta burocracia de carrera, que no cambia con los cambios de administración. Como hace tiempo que no toma cursos de educación continuada, no se ha enterado que eso ya no es así; que Estados Unidos ya no está en el siglo de su hegemonía sobre el mundo, sino en lo que sus propios analistas llaman “el siglo post-americano”.

El declive relativo del poderío norteamericano en el mundo se ha acelerado. En nuestro caso, esto obliga a Wáshington, quienquiera que sea el nuevo presidente a partir del 2009, a reorientar algunos aspectos de su política exterior. Los burócratas del viejo “gobierno permanente” que son las fuentes de Juanma, ya no son los que trazan política para las nuevas promociones. 

Ya no podrán evitar emplazar el caso colonial de Puerto Rico dentro de las nuevas realidades del Caribe y América Latina. Los países que constituyen hoy la línea del frente de esta importante región caribeña y latinoamericana, están bien claros en que Puerto Rico es una nación caribeña y latinoamericana que tiene pleno derecho a la libre determinación y la independencia.

Nosotros, los independentistas puertorriqueños que no nos dejamos embaucar con viejos esquemas analíticos que conducen a la sumisión y el vasallaje, sabemos que nuestra patria tiene mayor valor que antes, tanto para las ambiciones del imperio en declive como para las aspiraciones del patriotismo nacional. Lo tenemos por la ubicación geoestratégica de la nación puertorriqueña, como por su valor económico en función del inmenso recurso que representan los talentos, conocimientos y gran creatividad del pueblo boricua, como por la inmensa ganancia que le estamos generando al capital transnacional, de origen norteamericano y hoy suelto por el mundo entero, además de los recursos naturales con los que contamos para un verdadero desarrollo sustentable —como son el agua y el sol— todo lo cual converge el propósito de levantar a sus mas altos niveles el poder colectivo de nuestro pueblo para alcanzar la plenitud de sus derechos.

Por eso, y muchas razones más que no caben en tan poco espacio, anticipo que tampoco saldrá la tercera predicción del decano de nuestros politólogos Juan García Passalacqua. Ésta consiste en que, nada menos que el 23 de septiembre del año 2010 (para seguir engatusando a independentistas ingenuos en la celebración del Grito de Lares), el Congreso de Estados Unidos va a disponer del territorio, o integración a Estados Unidos en espera de eventual estadidad o pueblo asociado en camino a la independencia. La idea es que por miedo a la independencia, el pueblo opte por la integración, o sea el territorio incorporado, que significa aplazar por cien años más la definición del status.

Apunta esto, amigo Juanma. Los independentistas puertorriqueños, que somos la fila de alante de nuestro pueblo, no vamos a permitir que sea el Congreso norteamericano el que decida nuestro futuro. Eso lo decidiremos nosotros. Y en esa decisión cabrás tu también, porque el hecho que hayas fallado tanto no te hace menos boricua que cada uno de nosotros. Y todos juntos, aunque pueda parecer ilusorio ahora a tardos ojos (al decir hostosiano), lograremos por fin la descolonización y nuestra verdadera integración, que es a los pueblos de los que somos parte integrante, no por fiat electoral pasajero, sino por imperativo de la historia, la geografía, la economía y el espíritu común, que es la América Nuestra, la que definieron con tanta brillantez José Martí y nuestros patricios pioneros, Ramón Emeterio Betances, Segundo Ruiz Belvis y Eugenio María de Hostos. 

Nulidad del Tratado de París ( cápsulas de un discurso Albizuista V y última)

JUAN MARI BRAS

Por Juan Mari BrásClaridad,

Luego de haber discutido ante el público presente su interpretación sobre el alcance que tuvo la Carta Autonómica de 1897 con relación a Puerto Rico, en la que aseguró que al extenderse por la Corona Española dicha Carta tal acto tuvo el efecto de convertir a nuestro país en nación soberana bajo el único vínculo de su lealtad a la dinastía de los Borbones, Albizu elabora los fundamentos de su teoría sobre la nulidad del Tratado de París. Dice sobre el particular:

“Ahora bien, señores, el reconocimiento de personalidad, ya sea en el derecho civil privado, o ya sea el derecho público internacional; si cualquiera de vosotros tiene un hijo que ha llegado a los dieciocho años de edad, pero que no ha llegado a la mayoría de edad, van a la corte de distrito de Mayagüez, su abogado presenta un expediente de emancipación y el juez dictará la emancipación del menor. Al otro día, después de decretada la emancipación, el padre y la madre se arrepienten y quieren volver con otro expediente para anular la emancipación del hijo, no pueden porque una vez reconocido el derecho de personalidad, es irrevocable. Porque si pudiera ser revocable, no podría existir ninguna relación jurídica de hombres. Es decir, que si yo quisiera hacer con cualquiera un contrato sobre la venta de una finca, si éste pudiera ser revocado, sin considerar el derecho adquirido por el contrato de venta, yo no contrataría nunca. Eso es claro. Y por eso es que el reconocimiento de personalidad en el derecho privado es completamente firme y terminante, porque es la base de la relación jurídica en una sociedad. En el derecho internacional es lo mismo. El reconocimiento de personalidad es irrevocable. Y una vez que se concede, no hay poderes para retractarse. Y así, España no tenía derecho a ceder a Puerto Rico, ni Estados Unidos tenía derecho a adquirir a Puerto Rico en virtud de una cesión. Ningún tratado entre España y ningún poder será obligatorio para Puerto Rico sin el expreso consentimiento del parlamento de Puerto Rico.”

“Si los yanquis creían que tenía derecho a recibir a Puerto Rico como botín de guerra, ¿porqué no sometieron el Tratado de París al Parlamento de Puerto Rico? Era que temían que el parlamento no fuera a aceptar la cesión de Puerto Rico.”

“Pero es más todavía, señores. A la pobre España se le ha dicho que ella cedió a Puerto Rico sin defenderlo. Quisiera que aquí, en justicia a la historia, se sepa toda la verdad. Cuando estalló, los Estados Unidos decían que iban a la guerra con fines humanitarios (como a todas partes; yo no he oído nunca a los yanquis que iban a una parte sino con fines humanitarios). España, al verse declarada la guerra, con gran sensatez, le ofreció a Estados Unidos un armisticio en lo que discutían los términos de paz. “Que cese el derramamiento de sangre;  no sacrifiquéis vuestras vidas, ni sacrifiquemos las nuestras, y no pongamos en peligro la vida de cubanos y puertorriqueños’ y Estados Unidos dijo que sí, pero que ellos habían hecho un sacrificio muy grande con declarar esa guerra, y habían gastado tanto dinero ya, que era necesario una compensación, y que pedían en compensación por su declaración de guerra, la cesión de Puerto Rico como condición del armisticio. No había desembarcado un solo yanqui todavía en Puerto Rico. Entonces las negociaciones se conducían por mediación del embajador de Francia, rotas ya las relaciones diplomáticas, Monsieur Jules Calhous, fue quien comunicó al ministerio de relaciones exteriores de España la pretensión de Estados Unidos. Ellos habían ido con fines humanitarios, pero querían que le pagaran. Y había que pagarles, ¿con qué?, con la personalidad de Puerto Rico, y con sus intereses. Y España dijo que no, y le dijo al embajador francés que resolviera con ellos. Y ellos dijeron que o cedían a Puerto Rico, o seguía la guerra. Y España entonces siguió la guerra.”

“Los yanquis desembarcaron en Puerto Rico, y entonces, como veían que para los fines de la cesión de Puerto Rico era casi ridículo pedir que se cediera un país que no habían ocupado, metieron en Puerto Rico quince mil  hombres de todas las armas. Los españoles adoptaron la táctica  de reconcentrarse en San Juan, y se fueron replegando para evitar derramamiento de sangre, y en diciembre de 1898 España volvió a proponer un armisticio, estando las tropas españolas en contacto con las de Estados Unidos en Coamo. Le propusieron un armisticio, y entonces Estados Unidos volvió a decir que para cesar las hostilidades, España tenía que ceder a Puerto Rico; y España, viendo desaparecer su escuadra, roto ya su crédito internacional, desaparecido su ejército en Cuba, no le quedó más remedio que acceder a las pretensiones del enemigo perverso. Y entonces cesó la guerra. Vino el Tratado de París, y de acuerdo con el protocolo diplomático, había una cuestión planteada en virtud de un armisticio…”

“En el Tratado de París hay una cesión pura y simple de Puerto Rico a Estados Unidos; y ese tratado es nulo porque España no podía contratar con referencia a Puerto Rico después de la autonomía sin el expreso consentimiento de Puerto Rico, y eso nunca fue sometido al parlamento de Puerto Rico para su aprobación. Derrumbaron el gobierno autonómico que existía en Puerto Rico, e implantaron el régimen militar que tienen. La ciudadanía tiene la misma validez que tienen todos los actos de los yanquis derivados del Tratado de París. Es lo mismo que si los chinos decretaran que los puertorriqueños son chinos porque el dragón imperial así lo manda.”

Esta teoría sobre la nulidad del Tratado de París por falta de consentimiento por parte de Puerto Rico, fue cónsona con el planteamiento hecho por Hostos cuando regresó a Puerto Rico como presidente de la Liga de Patriotas en 1898. El propio Albizu la expandió en sendos alegatos jurídicos redactados por él en casos de los años treinta. La hizo suya también el Doctor Juan Augusto Perea, ilustre historiador y jurisconsulto mayagüezano quien presidió el primer Congreso Pro Independencia en 1943 y es y sigue siendo la base jurídica de todos los que negamos validez alguna al régimen de dominación norteamericana en Puerto Rico.

FIN

Una tregua en los ghettos ideológicos

JUAN MARI BRAS

Por Juan Mari Brás

No vamos a pretender que los partidos políticos existentes en el país se disuelvan. Están pasando todos por una crisis muy seria. Su consuelo es que no es solamente en Puerto Rico. Se trata de un fenómeno casi universal. Es uno de los signos más evidentes del cambio de época al que nos hemos referido antes. Pero en Puerto Rico los mayores cambios sociales y políticos nos llegan con gran retraso.

Los partidos políticos, sin importar el régimen que sea, son un rezago del sistema capitalista-imperial, que comenzó su auge en el Siglo XVIII y está llegando a su inescapable final en los albores del XXI. Ni los partidos ni el sistema capitalista que los propicia van a desaparecer de la noche a la mañana. El cambio de época ya comenzó y su avance es irreversible. Pero no podemos determinar, por nuestras particulares preferencias, adonde nos llevará el cambio. Claro está, los resultados variarán en cada región, y dentro de éstas, en cada nación, por las condiciones específicas del lugar.

Dentro de ese panorama —para cuya observación no hay que ser ni profeta, ni siquiera filósofo—, los puertorriqueños podemos encauzar nuestro proceso propio. Debemos incorporarnos a la obvia situación regional y mundial. Si actuamos lo más consensualmente posible, y evitamos la exacerbación de las contradicciones ideológicas que nos han separado en tribus políticas antagónicas, puede encontrarse una serie de asuntos urgentes que sólo podrían solucionarse mediante el mayor consenso posible.

Los pequeños grupos, intra partidos y fuera de los partidos, no tienen absolutamente ningún poder de regateo parra impulsar metas victoriosas. Lo más que alcanzan es cancelar los objetivos del adversario coyuntural. Y eso sólo equivale a un pataleo. Mientras tanto, el país se aleja más y más de las impetuosas corrientes internacionales en cuya inserción es que podemos encontrar soluciones prácticas a nuestros mayores problemas. Esto es así para sindicatos, organizaciones profesionales, grupos internos en los partidos que aspiran a tomar control de éstos, así como agrupaciones políticas no partidistas que pululan por la periferia del acontecer cotidiano.

Lo primero que debemos tener claro es cuáles son los problemas más urgentes a los que hay que buscarle solución inmediata.

Estos son fácilmente detectables.

En primer lugar, deben redefinirse nuestras relaciones coloniales con Estados Unidos con miras a rescatar para nosotros el ejercicio de los poderes soberanos que sólo a nosotros, como pueblo, nos pertenece. La idiotez de postular que hay que atacar los problemas sociales y económicos más urgentes, echando a un lado “el problema del status”, es el fundamento básico de las visiones despistadas que ofuscan a políticos y politólogos, con muy raras excepciones. Puede que la insistencia en atender con prioridad este, nuestro gran problema nacional, impida que alcancemos programas comunes por unanimidad. La tribalización ideológica en que han caído los partidos y facciones diversos ha convertido a estas tribus. Busquemos, por tanto, una tregua en las hostilidades entre ghettos y no, al menos por el momento, la ruptura definitiva de éstos, que sería mucho aspirar en las actuales circunstancias. Basta que logremos consenso entre las fuerzas mayoritarias del pueblo, que son suficientes para marchar hacia la solución del status, y de los otros problemas mayores.

Tampoco debemos aspirar a ponernos de acuerdo, por consenso, respecto a la fórmula final que redefina nuestras relaciones con Estados Unidos. Basta con ponernos de acuerdo respecto al procedimiento a seguir para impulsar la solución realista de este vital problema. Ahí podemos coincidir independentistas y estadolibristas de todo el espectro, y algunos estadoistas también.

El segundo problema —quizás primero en la urgencia de enfrentarlo, si no fuera por la incapacidad de encararlo con éxito dentro de las limitaciones del régimen colonial que ahoga siempre las iniciativas remediales verdaderas en el país— es el avanzado estado de deterioro social que sufre el pueblo, por razón de la guerra continua entre las gangas que se disputan el dominio del narco-tráfico tanto en el país como en el trasiego con Estados Unidos. La calidad de vida de los puertorriqueños de todas las clases sociales se ha menguado y seguirá enfermándose crecientemente si no ajustamos la migración y el tráfico de mercaderías entre Puerto Rico y el resto del mundo de acuerdo a nuestras propias necesidades y conveniencias. 

Por ejemplo, de no resolverse primero el control de nuestras costas por nosotros mismos y la abolición aquí de las leyes de cabotaje de Estados Unidos, el resultado final de las gestiones para establecer un gran puerto de Las Américas en Ponce y sus alrededores —formidable iniciativa del extinto alcalde Churumba Cordero que todos respaldamos— será convertir el anhelado mega-puerto en un mega punto para el trasiego de drogas a nivel de Sur América y Estados Unidos. Nótese que Estados Unidos es el primer consumidor de estupefacientes en el mundo.

Si el puerto de Las Américas que se planea en Ponce no está acompañado de la abolición de las leyes de cabotaje en Puerto Rico, éste no tendrá capacidad competitiva en cuanto al comercio normal con los ya existentes o en proceso de instalarse en República Dominicana y otros lugares caribeños. La razón es sencilla. Mientras operen aquí las leyes de cabotaje que Estados Unidos tiene vigentes, éstas obligan a que el tráfico marítimo entre puertos estadounidenses entre sí deberán hacerse en barcos de matrícula y tripulación de ese país. Esas leyes que se nos imponen consideran los puertos en Puerto Rico como si fueran de Estados Unidos. Los fletes que cobran esos barcos son los más altos del mundo entero. La razón de ser de los llamados megapuertos es precisamente que los grandes barcos que transportan mercancía desde Europa, África y el Este de América del Sur hacia Estados Unidos puedan dejar su mercancía en los megapuertos y de aquí se re-embarcan tanto hacia el Este de Norteamérica como hacia Oeste, por la vía del Canal de Panamá. Si este tramo resulta mucho más caro desde Puerto Rico, por la vigencia aquí de las leyes de cabotaje de Estados Unidos, que desde otros lugares caribeños donde no están limitados por esas leyes norteamericanas será obvio que los exportadores de mercadería hacia Estados Unidos preferirían aquellos grandes puertos caribeños donde no rijan las leyes de cabotaje norteamericanas ni el control de costas por el llamado “homeland Security” legislado por Wáshington tras los ataques a las torres gemelas neoyorquinas en el año 2001.

Nuestro megapuerto ponceño se convertiría entonces en un formidable atractivo para el trasiego mayor de drogas y toda su parafernalia hacia su principal mercado que es  el norteamericano. Eso es así porque una vez logran entrar a Puerto Rico, a todos los  efectos legales ya hicieron aduana en Estados Unidos por virtud de la vigencia del Homeland Security Act aquí. Y les será mucho más fácil entrar a los diferentes puertos norteamericanos. Ellos, los que trafican en drogas al por mayor, sí pueden pagar los fletes extraordinarios que determinan las leyes de cabotaje para regir en Puerto Rico.

Hay que tener presente que toda la gran ola de violencia y asesinatos que se desarrolla en nuestro país hoy es producto, directo o indirecto, del tráfico de drogas y la inescapable cubierta mediática que los actos violentos de los traficantes en sus guerras por control de los minipuntos obtiene en la radio, la televisión y la prensa escrita aquí. Es precisamente ese entrelazamiento entre la violencia generada por los traficantes de droga y la tremenda publicidad que esos actos conllevan el que establece el patrón de resolver violentamente todos los conflictos, incluso en las relaciones personales entre hombre y mujer o entre parejas del mismo sexo. La violencia doméstica se ha estado nutriendo de la que generan los que trafican sustancias controladas, la cual opera como motor de la nefasta sub-cultura de la violencia delictiva, tan generalizada en el Puerto Rico de hoy que podríamos considerar el problema mayor del país por los efectos devastadores que tiene en la vida individual y colectiva de los puertorriqueños.

El tercer problema, también relacionado con el primero, es la incapacidad estructural de Puerto Rico para encauzar su desarrollo económico dentro de la creciente regionalización y globalización del comercio, las finanzas y la economía en general que define la tendencia universal al respecto. Sobre esto se ha escrito bastante en CLARIDAD y me consta que se seguirá cubriendo adecuadamente este tema. Recomiendo específicamente los escritos del compañero Francisco A. Catalá Oliveras, cuyos análisis económicos son de particular brillantez por ser certeros y estar redactados en idioma sencillo y comprensible por todos y todas los(a)s que no somos expertos en economía.

Hace ya décadas, el compañero José Enrique Ayoroa Santaliz, un adalidad de la prédica y acción para la conciliación entre todos los independentistas, llamaba la atención en un discurso suyo que “nuestro adversario ha logrado convencernos de que unos y otros independentistas de todo el abanico ideológico somos incapaces de laborar juntos hacia la consecución de objetivos específicos en los que, sin embargo, todos estamos contestes.”

“Nuestro adversario ha triunfado hasta hoy, convenciéndonos de ese fatalismo.”

“Nos ha aparcelado, en su beneficio, en tribus idológicas.”

Las tribus ideológicas que nos aparcelaban, al decir del querido compañero Quique, se han convertido en ghettos. Es más difícil hoy, que hace un par de décadas, reconciliar a esos ghettos patrióticos. Pero hoy es más urgente hacerlo, si es que nos interesa salvar a nuestra patria del deterioro social, económico y político en que estamos. ¡Manos a la obra, compatriotas! Todavía nos queda una patria por salvar.

Psiquiatría, Política y Terror

JUAN MARI BRAS

Por Juan Mari Brás

Ahora que se cumplen treinta y dos años del asesinato político de Santiago Mari Pesquera —un mártir de la independencia y socialismo— ha surgido un contundente análisis documentado que, entre otras conclusiones de envergadura universal, corrobora con fuerza la prueba que hemos ido entregando al Departamento de Justicia de Puerto Rico para descubrir la conspiración que condujo al asesinato de mi hijo en marzo de 1976.

El análisis y las conclusiones las escribió una brillante y puntillosa investigadora, Naomí Klein, del London School of Economics, bajo el título “la Doctrina del Shock; el auge del capitalismo del desastre” El libro llegó a mis manos por regalo de un amigo y compañero de muchso años compartidos en luchas y esperanzas, con motivo de mi reciente octogésimo cumpleaños.

Lo que sigue no es una reseña del ibro, la cuál amerita que se realice con la mayor particularidad. Sólo voy a referirme a parte de su contenido, como corroboración irrefutable de la hipótesis investigativa que obra en poder de la Secretaría de Justicia del ELA. Serán los encargados de la investigación del caso en esta etapa, incluyendo, por su trascendencia, al Secretario del Departamento y al gobernador de Puerto Rico, quienes, junto al Center for Constitutional Rights de Nueva York, que fue la institución que representó a la familia de Chagui en los primeros esfuerzos por conseguir la revelación del contenido de los papeles del FBI sobre el asunto, deberán tomar las las determinaciones correspondientes para obligar a las agencias del Estados Unidos, y en especial, el FBI, la CIA y la Inteligencia de la Marina de Guerra de esa nación, a descubrir toda la urdimbre de sus manejos del caso, que obra en sus archivos.

Y se sabía, por abundantes escritos sobre el personaje Dr. Ewen Cameron, psiquiatra, y sus experimentos para reducir a tábula rasa el cerebro de determinados tipos de seres humanos y poder re-programarlos para que actuén según las instrucciones que le den sus manipuladores. La relación entre la CIA y el doctor Cameron fue descubierta a finales de los años setenta mediante acciones bajo el “Freedom of Information Act” de Estados Unidos.

La autora de este libro, Naomi Klein, realiza una investigación exhaustiva que conduce sin lugar a dudas a sus conclusiones sobre aspectos fundamentales de la hipótesis en que monta su libro. Estos son: )1) la amplia utilización experimental del shock como instrumento de manipulación del cerebro humano, llevándolo a cancelar prácticamente toda memoria para poder comenzar el uso de ese cerebro, y por tanto de esa persona, para los fines represivos que tenga quien sirve a determinados intereses; 2) la relación sucesiva, del shock individual propuesto por Cameron y la teoría del profesor Friedman, de la Universidad de Chicago, en actividades de la inteligencia norteamericana para imponer en los países que interesaran sus objetivos estratégicos. Friedman fue el padre de lo que se conoce como el neoliberalismo. Este consiste en plantear que para que pueda operar en toda su pureza el liberalismo del padre de la economía política del capitalismo Adam Smith, hay que eliminar por completo la función reguladora del estado en las relaciones entre capital y trabajo. De ahí vienen todas las propuestas de privatizaciones de cuanto servicio público haya en cada sociedad, incluyendo la producción, la salud pública, las construcciones de viviendas de carácter social. También se plantea la eliminación de la función del estado como regulador de permisos, concesiones, protección de costas, etc.

Para poner en función esa combinación del shock, inventado por Cameron con el neoliberalismo del profesor Friedman, escogieron unos escenarios experimentales, que fueron los países del cono sur de Sur América. Empezaron por Chile, donde tomaba auge el gobierno de la Unidad Popular presidido por el Dr. Salvador Allende, que había empezado por nacionalizar las minas de cobre, que son los mayores depósitos de ese metal en todo el mundo de entonces.

Por eso reclutaron al General Augusto Pinochet, un mercenario de las fuerzas armadas chilenas, que no vaciló en traicionar a su superior, el presidente que lo había designado, y convertirse en su asesino para tomar el poder, en un operativo orquestado por la CIA, que le permitió cumplir su vocación de ladrón en 17 años de tiranía. 

Aplicaron en toda su crudeza y brutalidad la técnica del shock individual en centenares de personas en uno de los procesos represivos más escandalosamente infames en la historia hemisférica. Simultáneamente, pusieron en práctica la teoría económica del shock ideada por Friedman. Para hacerlo, se valieron de sendos grupos de los discípulos del profesor del neoliberalismo, en lo que se conoció como los “Chicago boys”, que eran economistas monitoreados por Friedman.

La misma combinación de shock individual y colectivo la aplicaron en Argentina y Uruguay, para llevar al poder a sucesivas bandas de militares que pusieron en práctica, monitoreados por Estados Unidos, el salvaje terrorismo de estado que caracterizó los años de dictadura y tiranía de esos dos países.

En los años del decenio de los setenta, incluyendo los de la presidencia de Carter, se mantuvo en toda su ilegalidad la combinación represiva y política del shock con el neoliberalismo. Por eso Carter pactó con Romero Barceló su impunidad ante los crímenes de Maravilla.

Si se juntan los hallazgos historiográficos de la profesora Klein con los documentados y pruebas que le hemos entregado al Secretario de Justicia en distintas épocas, y en particular el último documento que le suministramos hace menos de un año, se verá por cualquier investigador razonable que aquí se trató de una aplicación del shock para reprogramar a un enajenado y convertirlo en gatillero del crímen de Santiago Mari Pesquera, por el que eventualmente se le declararía culpable de asesinato en segundo grado, con el único propósito de cerrar el caso y dejar impune la participación, en la conspiración y realización del crímen, a los originadores del acto, quienes actuaban directamente bajo la dirección de agencias represivas norteamericanas. No es casualidad que ese asesinato ocurre cuando el Partido Socialista Puertorriqueño había empezado a prender en la conciencia de sectores muy amplios del pueblo puertorriqueño, hasta el punto de que en su segundo congreso, celebrado en el Coliseo Roberto Clemente, estuvo presente una multitud de más de diez mil personas. Debe advertirse que uno de los hallazgos que plantea la profesora Klein en su libro es que parte de la estrategia del shock diseñada por Estados Unidos en los años setenta, frente al hecho de que Salvador Allende ganó el poder mediante unas elecciones democráticas, según las definiciones del término por el gobierno norteamericano, consiste en atacar el shock preventivamente, antes de que una causa como el socialismo pueda triunfar electoralmente, para evitar la repetición del caso de Chile. Por eso decidieron asesinar a mi hijo mayor en el momento en que apenas comenzaba nuestra campaña en que se me designó candidato a gobernador tras el exitoso congreso del Coliseo Roberto Clemente.

Todo lo anterior me hace recordar que, cuando los compatriotas Nacionalistas denunciaron las prácticas de aplicación de rayos envenenados contra Don Pedro Albizu Campos en su celda de la cárcel La Princesa, muchos de nosotros —los pipiolos de entonces— pensábamos que eso era una exageración de los amigos Nacionalistas. Así se lo argumentaba yo al querido compañero y amigo Carlos Carrera Benítez, cuando nos reuníamos en tertulias familiares en Wáshington, donde ambos residíamos a la sazón. Nunca olvidaré que Carlos me advertía entonces que esa denuncia no debía ser una exageración, porque el gobierno yanqui siempre ha perseguido al independentismo puertorriqueño, y especialmente a su máximo exponente, que era Don Pedro, sin ninguna clase de limitación de índole moral en sus métodos represivos. La historia le dió la razón a los Nacionalistas. Ya es un hecho comprobado que esa aplicación mediante radiación al cuerpo de Albizu prisionero en La Princesa, se dió de manera experimental para el uso de la aplicación de laser desde la Base de Isla Grande, Puerta de Tierra, hasta la celda en el segundo piso de la cárcel, en el viejo San Juan, donde tenían recluído a Albizu y un pequeño grupo de Nacionalistas que lo acompañaban.

No caigan los patriotas de ahora, del grupo que sean o de ninguno de ellos, en el mismo equívoco en que caimos tantos en los años cincuenta respecto a la denuncia Nacionalista sobre la aplicación de rayos laser a Don Pedro.

Mi dolor por la muerte del hijo mayor es uno muy personal, y no hay nada que pueda eliminarlo, ni ahora ni en el infinito o la eternidad de la muerte. Pero debe advertir que ese crímen reviste una trascendencia política que todo nuestro pueblo debe comprender a cabalidad, porque está estrechamente relacionado con la estrategia colonialista del imperio yanqui, que nos mantiene aún, a estas alturas del siglo XXI, siendo la principal colonia del imperio más poderoso de la época.