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¿Un bitcoin, una criptomoneda, qué es?

John Locke, en su Ensayo sobre el entendimiento humano, decía que todo en el lenguaje es material menos lo más importante, que es inmaterial: el significado. Algo similar ocurre el dinero: su materialidad nos impide ver que el dinero no tiene sentido sin el significado que le otorgamos convencionalmente. Así ha sido. Así es.

El dinero es una representación simbólica de las horas que hemos trabajado. La tarjeta de crédito  es la metáfora de la metáfora. La compra, relación de intercambio, se consuma con un pedazo de plástico que simboliza el dinero que simboliza tus horas de trabajo. ¿Y un bitcoin, una criptomoneda, qué es? Lo que una cierta comunidad acepte de manera convencional. Teóricamente, las semillas del aguacate podrían utilizarse como moneda. Y eso valdrían los dólares o los euros (una semilla de aguacate) si se acercara por fin ese meteorito que acabaría con todos los problemas mundiales: nada. Porque a nadie en ese trance le interesaría su valor, su sentido. Bueno, al menos los aguacates se pueden sembrar.

Parecen especulaciones. Pero bien pensado, toda la economía es especulativa.  Lo que no es especulativo es que los millonarios están aquí. Están aquí gracias a las leyes forjadas por la misma gente que acumuló la deuda impagable: la clase política nacional. Por eso John Paulson quiere mudarse aquí y lo dice descaradamente: se puede evadir el pago de contribuciones de manera legal. Si eres rico. Tampoco es especulación que una comunidad de cripta-utópicos, liderados por un perverso y madurado niño actor (Brock Pierce) se reúne aquí en la isla para crear su paraíso. Brock y una cuadrilla de inversionistas, algunos de ellos con las mismas buenas intenciones que tendría satanás en un Cadillac convertible cruzando la Cordillera Central, pasan sus días buscando propiedades. En el oeste, en Mayagüez, en Rincón, donde podrían tener sus propios muelles y puertos muy sexy. En Patillas, donde pueden comprar un pequeño aeropuerto regional al precio de un apartamento en Santurce. En Dorado, donde viven artistas que han puesto el nombre de Puerto Rico en alto o el de Topeka, Kansas, porque al final es lo mismo para ellos. El mismo Brock se ha comprado el viejo Museo del Niño (vaya paradoja) un museo en el Viejo San Juan y hasta a dado recitales de ¿poesía? en algún paraje chic-a-pop cerca del Departamento de Estado.

La economía está tan a tono con estos especuladores que por ahí anda el niño actor reinsertado en la sociedad que estuvo a punto de escupirlo (por acusaciones de pedofilia) anunciando que el gobierno le permitirá la creación y fundación del primer banco de criptomonedas del paraíso tropical-fiscal.

No sería extraño porque Ricardo Rosselló o Luis Fortuño, o Eduardo Bhatia, (o los que siempre viven del dinero público para enriquecerse privadamente) desde el gobierno insular, que es una metáfora fosilizada de lo que es un territorio colonial, sería capaz de crear un Banco con las fichas y el dinero de una caja de Monopolio si pudiera especular con eso. Y si se encuentra con una clase que le otorgue de manera convencional significado a esos papeles de colores harían dinero, tomarían préstamos y lo pagaría “el pueblo”, esa otra fantasmagoría.

No importa si son dólares o criptomonedas, el modo en el que están dadas las relaciones de intercambio en la isla están orientadas a beneficiar a los ricos en desmedro de todo el resto de la población. La corrupción es total y hasta el creador de los fondos buitres lo sabe y se quiere mudar para acá. Acabaron con la agricultura y toda posibilidad  de autosustento. Acabaron con la idea de “lo nacional” esa luminosa abstracción que hoy está vacía. Y ahora empobrecen al país para obligar a los que puedan a largarse en busca de salvación mientras llegan olas de riquitillos con ideas de empresarios echapalantistas. Propongo los aguacatcoin, el trueque y la revolución.

No hacer fila para Hamilton ¿Es una PROMESA?

0. El miércoles 8 de noviembre de 2017 el actor y escritor, Lin Manuel Miranda, visitó la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras. Se anunció que Miranda presentaría su obra más exitosa, Hamilton, en el teatro de la institución. Eso a principios del 2019. Del 8 al 27 de enero.

La noticia que se discutió en la prensa y en las redes sociales fue, sin embargo, que algunos estudiantes de la UPR realizaron una protesta e interrumpieron brevemente la presentación al público del artista. 24 horas después comentaristas radiales, de TV, blogueros, el presidente de la UPR, así como gatilleros de los medios pagados por los partidos, utilizaron el episodio como muestra de la irracionalidad y crueldad de los estudiantes en general y de todos los que protestan.

¿Por qué protestaron esos estudiantes? Parece ser que el malestar se refiere a la participación de Lin Manuel Miranda como vocero de los proponentes de ley PROMESA. Planteaban algunos que es irónico, apoyar una ley que empobrece al país y lo entrega a los buitres para luego venir, en medio de un desastre humanitario, a llevar a cabo esfuerzos de ayuda y solidaridad.

¿Qué tipo de ayuda? La organización sin fines de lucro de su padre, Hispanic Federation, repartió miles de dólares a cerca de 25 organizaciones que tienen proyectos de revitalización del país. Se otorgaron entre 25,000 a 100,000 dólares. El esfuerzo, dijo el actor y dramaturgo, es parte de ese plan de expresarle al mundo que “Puerto Rico se levanta”.

Eso suena muy bien. Sin embargo, para algunos se trata de un esfuerzo paradójico porque antes de que María destrozara al país, el actor apoyaba la imposición en la isla de una Junta de Control Fiscal que de manera unilateral y sin ningún ejercicio democrático para seleccionar sus miembros, prioriza el pago de una deuda que ha sido socializada. Es decir, nuestra clase política se endeuda y el pueblo tiene que pagarla.

1. Ahora bien, ¿Lin Manuel Miranda hace política pública? ¿Tiene voz y voto en el Congreso? No. Habría que recordar que los congresistas Serrano y Velázquez apoyaron PROMESA. Parecería que el actor actuó por deferencia a esos políticos boricuas.

¿Se equivocó Lin Manuel al prestar su visibilidad de estrella de Broadway a la campaña a favor de PROMESA? ¿A cambiado su postura? En esa misma actividad en la que ocurrió la protesta, afirmó que dadas las circunstancias actuales abogaría por la eliminación de la deuda. ¿Fue sincero? No tengo por qué dudarlo. ¿A vuelto a repetir desde entonces que en las circunstancias actuales abogaría por la eliminación de la deuda? No.

Para aquella fecha, 8 de noviembre de 2017, Lin-Manuel adelantó que el 19 de noviembre participaría del Unity March for Puerto Rico (Evelyn Mejil, CEO), que se llevaría a cabo en Washington DC. Ese evento tenía el propósito de reclamar enmiendas a leyes que no respondieran a los mejores intereses de la isla, especialmente en el momento tan difícil que enfrentaba entonces, y actualmente. Un año y una semana después nadie recuerda cuáles fueron las enmiendas. Si alguna.

¿Qué otra cosa pasó el 8 de noviembre de 2017? Que Jaresko y Zamot testificaron en un comité del Congreso como lo que son, procónsules en la colonia. ¿Qué pasó entonces y ahora? Que Pierluisi es cada vez más rico. Y que Emiliano Trigo, mano derecha de AGP en cuanto PROMESA se refiere y que además era asesor de Pierluisi en asuntos federales, se echa un billetal al bolsillo como abogado de la Junta.

2. Y un año después se hace noticia la fila en la Universidad de Puerto Rico para comprar taquillas para asistir al teatro. ¡Es el estreno en Puerto Rico de Hamilton!

Hamilton es un éxito taquillero. Pero esperen un momento. Miranda no es nuevo en esto de los musicales. Hace diez años su musical, In the Heights, fue nominado para trece Premios Tony. Ganó cuatro, incluyendo Mejor Musical. ¿Y Hamilton? Bien. Hace dos años recibió dieciséis nominaciones al Tony. Un récord. Ganó once. También se llevó el Pulitzer, entre otros premios. Casi nada. Entonces, si entiendes bien la cosa, si no te gusta Hamilton eres un idiota, ¿no? Bueno, no necesariamente.

Se trata de una obra con una inversión millonaria. Como parte de esas inversiones hay publicidad, relaciones públicas. Los medios más prestigiosos coinciden de manera unánime en la genialidad de la obra. Algunas voces se han atrevido a disentir. Por ejemplo, en julio de 2016 la revista Current Affairs publicó un artículo sobre el musical de Lin-Manuel. Hago una traducción y paráfrasis de algunos de los planteamientos del autor del texto, Alex Nichols (https://www.currentaffairs.org/you-should-be-terrified-that-people-who-like-hamilton-run-our-country). Este plantea que a juzgar por las críticas, la mayor parte del atractivo de Hamilton radica en la diversidad forzada de su elenco y el concepto novedoso de un “musical de hip-hop”. Los que escriben sobre Hamilton a menudo se centran principalmente en su uso “innovador” del rap y su elección “audaz” de utilizar actores negros, asiáticos y latinos para representar a los Padres Fundadores. Nichols cruza la raya de lo políticamente correcto: “De hecho, Hamilton es más el wet dream de un departamento corporativo de recursos humanos que un trabajo biográfico”.

3. En el musical, Hamilton se presenta como un joven impulsivo con grandes metas que llega a ser el primer Secretario del Tesoro de los Estados Unidos. Huérfano, trabajador, demuestra cómo con el esfuerzo individual puedes triunfar. El personaje tiene un gran sentido de la justicia y el honor. Un poco difícil de tragar lo del sentido de la justicia y el honor en un esclavista. Pero dejemos a Nichols explicarse para que no se piense que se trata de una postura mía basada en wikipedia. Para Nichols, en el artículo de marras, la aberración histórica más obvia es la descripción de Washington y Jefferson como hombres negros. Brutal paradoja. Audaz, lo llama el articulista,  porque ambos poseían esclavos negros, y solían violar y en algunos casos preñar a las esclavas.  Dice Nichols: “Cambiar las razas permite que estos hombres parezcan mucho más comprensivos de lo que serían de otra manera.” El creador de Hamilton, Lin-Manuel Miranda, dice que hizo esto intencionalmente para hacer que el elenco se pareciera a los Estados Unidos de hoy (¡!), y que tener actores negros desempeñando esos papeles “le permite a usted dejar todo el bagaje cultural que tenga sobre los padres fundadores en el puerta “. (“Bagaje cultural“ es una forma extraña de describir ”sentir incomodidad ante los agradables retratos de los propietarios de esclavos“). Así, la diversidad superficial de Hamilton permite que su audiencia casi completamente blanca se sienta bien al verla: no hay culpa por ver hombres blancos ya muertos alumbrados por una luz positiva. Ahora, The New York Times puede deleitarse con la incongruencia de un relato de “un Thomas Jefferson que presume del Morris Day de Time, canta como Cab Calloway y se presenta como un rapero de Dirty South”, porque, a fin de cuentas, el actual Thomas Jefferson violó esclavos”.

4. ¿Estará clara, luego de mi larga cita del artículo de Alex Nichols, la ironía en el asunto? Bueno, si podemos llamar a esto ironía. Sí, porque Ironía, procede del sustantivo griego ειρονεια, eironeia, que significa “disimulo, ignorancia fingida”. Pero en Hamilton no hay ignorancia. Ni siquiera fingida. ¿Disimulo? Un poco, ¿no? Lin-Manuel Miranda se separa de la realidad histórica. ¿La esconde? No, la presenta transformada, con clara intención de que esa realidad histórica no le incomode a los asistentes del musical que son, en su gran mayoría, privilegiados. Esto no es una percepción de Nichols y mucho menos mía. Son señalamientos del propio Miranda que llama a la realidad histórica “bagaje cultural”.

Como dice mi amigo músico, Bayrex El Pianolero: “Llevar a Hamilton a Puerto Rico después de María es como si los gringos le cayeran a Hiroshima o a Nagasaki con un musical celebrando la vida de Harry S. Truman para recaudar fondos para los afectados por la radiacion”. Está bien. Ustedes son inteligentes, inquisitivos, curiosos, y me dirán que las analogías no prueban nada y que no se pueden comparar chinas con botellas. O musicales con bombas atómicas. Concedo. Sin embargo, la imagen de Bayrex busca, mediante la hipérbole, la exageración, atender a la revisión histórica del texto de Miranda y a la chulería de asistir a este divertimento en medio de una crisis que no se veía desde San Ciriaco.

Otro pana, el poeta Rubén Ramos Colón, llega a niveles casi místicos con su genial sarcasmo en un comenario en las redes sociales: “Gracias señor por este día que nos regalas en el que (podemos) contemplar tu creación y a los ricos que se bajan de sus guaguas de lujo para caminar sudaus por la Universidad que siempre están pidiendo que cierren, a fin de estacionar sus enojadas caras por horas en fila en la esperanza de conseguir boleto, con descuento de envejeciente, para su encomienda de ver Hamilton, el musical sobre el pobre americano huérfano que estudió con becas en Nueva York y que tuvo parte en la ratificación de la Constitución que nunca han leído y a la que ni ellos ni los líderes que apoyan se adhieren, pero cuya bandera llevan como marcapaso sobre su torpe y descerebrado corazón”. ¿Muy fuerte? No sé, quizás a ellos les parece más fuerte el lavado liberal de la propuesta teatral histórica.

5. ¿Malas intenciones del escritor? Por supuesto que no. Esta es la celebridad que compuso una canción a semanas del huracán para recabar fondos de ayuda para la isla. Pocos meses antes había trabajado con Rene Calle 13 y otros raperos una canción para The Hamilton Mixtape: The Inmigrants, cuyas ganancias fueron a manos de un grupo de apoyo los inmigrantes. Eso entre otros trabajos artísticos para diferentes causas.También se creó la Fundación Flamboyán, con apoyo de la banca de la burguesía insular y una cadena de pollo frito que abogará por la financiación pública y privada de las artes. ¡Hey!, además impulsará la industria cafetalera en un esfuerzo de un quinquenio junto a  The Hispanic Federation, Starbucks, Nespresso y Rockefeller Foundation. Estoy seguro de que Miranda no se reúne en un cuarto oscuro a planificar el modo de hacer más ricos a los ricos. Creo que tiene la firme buena conciencia de que estas iniciativas ayudan a desarrollar al país. Creo que decir proponer reescribir la historia norteamericana dejando atrás el lastre de su período de acumulación primitiva sustentada sobre la esclavitud no es malicia. Es su creencia en el sueño americano. Y cada cual sueña lo que quiera.

6. Al final, sobre Hamilton y las filas, ¿qué podemos decir? Ay, mire, si usted quiere ver a Hamilton hágalo sin piedad. Nadie lo va a quemar en una pira. Pero, por favor, deje de estar proclamándose un mártir porque lo atacan por las redes sociales al comprarse una taquilla. No jodan. No tienen que escribir una justificación. Cada cual se entretiene como quiera. Si usted quiere divertirse con las canciones divertidas de un esclavista escritas por un defensor de la ley PROMESA que quiere invertir en las industrias nativas como cualquier inversionista de desastres, be my guest. ¿Usted camina y masca chicle a la vez? Great! ¿Solo masca chicle? Awesome! Permitan a los demás divertirse con las largas filas, los altos costos, la neutralidad farandulera, mientras se roban el país en nuestras caras. El otro día Barea encestó más de 20 en 23 minutos. Ayer encestó 14. Nada, también me enajeno de vez en cuando, pero no ando cantándome víctima de no sé que tribunal de izquierda que no existe más que en sus malas conciencias. La mayoría de la izquierda jodona está allí, haciendo fila con ustedes. ¿Podremos perdonar a Lin Manuel? ¿A los noveleros? Nadie los ha puesto en juicio. Lo que se pone en juicio son los modos de narrar la historia, cancelar la crítica, o la dictadura que nos hace miserables (la ley PROMESA). Ojalá Lin-Manuel disfrute de su éxito monumental y continúe ayudando como cree y puede a sus compañeros artistas y a la gente en Puerto Rico. Ojalá que los que no son celebridades continúen desde el anonimato luchando por una sociedad más justa en la que reescribir la historia suponga darle voz a los que nunca la han tenido.

Breves de noviembre: Can You Ever Forgive Me? y Bohemian Rhapsody?

Comento dos filmes para audiencias muy diferentes: Can You Ever Forgive Me? sobre una escritora no tan conocida, Lee Israel, ya en un descenso que apela al público interesado en los detalles escandalosos del círculo literario de Nueva York (el que describe tan bien Michelle Dean en su reciente libro Sharp: The Women Who Made an Art of Having an Opinion) y Bohemian Rhapsody que incluye excelente música, centrado en los años cruciales de Freddie Mercury y el grupo Queen y lo que significó esa década de los 1970 y mediados de 1980 en esa generación.

Can You Ever Forgive Me?

(directora Merielle Heller; guionistas Nicole Holofcener y Jeff Whitty; cinematógrafo Brandon Trost; elenco Melissa McCarthy, Richard E. Grant, Donny Wells, Anna Deavere Smith, Jane Curtin, Ben Falcone, Stephen Spinella)

Can You Ever Forgive Me?/¿Me podrás perdonar alguna vez?, basado en parte en las memorias de la escritora estadounidense Lee Israel, recoge los tres años que al no poder escribir un nuevo libro decidió robar, alterar o falsificar cartas imitando el estilo de escribir de escritores conocidos y cotizados como Dorothy Parker, Ernest Hemingway y Noel Coward. Cuando conocemos a Lee Israel en 1990 acaba de perder el trabajo como corregidora de pruebas que aunque casi no paga, al menos es algo. La vemos ingerir alcohol continuamente, estar atrasada en el alquiler del apartamento que apenas limpia y que comparte con su gata de doce años. En su bar preferido conoce a otro personaje, similar a ella por tampoco tener dinero, beber constantemente y contar o inventar episodios exitosos en su vida. No son total extraños ya que habían coincidido en alguna de las famosas fiestas literarias que eran la orden del día en Nueva York. Fuera uno escritor o no, si lo invitaban o se enteraba de un junte literario, se podía asegurar bastante bebida y comida gratis. Pero Lee Israel, contrario a Jack Hock, tendía a enemistarse con todos por expresar públicamente sus opiniones, la mayor parte del tiempo en comentarios ofensivos.

El filme enfoca en cómo Lee Israel se convierte en falsificadora de cartas, algo que ocurrió con tanta facilidad ya que los libreros y agentes estaban dispuestos a pagar barato por las cartas escritas por famosos, y luego revender a coleccionistas por precios altísimos. En parte Lee se enorgullece de sus falsificaciones porque prueba que es una buena escritora ya que inventa siguiendo el estilo de otros. El título del filme y de su autobiografía, Can You Ever Forgive Me? es precisamente una frase hecha al estilo de Dorothy Parker. Las actuaciones son de primera y Melissa McCarthy—mejor conocida por agresivas y exitosas comedias como The Heat, Tammy, Spy, y el sitcom “Mike & Molly” y, por supuesto, su excelente imitación de Sean Spicer, el 1er secretario de prensa de Trump, en “Saturday Night, Live!”—aquí se aparta de los roles fáciles para interpretar admirablemente a una mujer compleja que vive una vida conflictiva sin ver luz al final del túnel.

Bohemian Rhapsody

(directores Bryan Singer y Dexter Fletcher; guionistas Anthony McCarten y Peter Morgan; cinematógrafo Newton Thomas Sigel; elenco Rami Lmalek, Lucy Boynton, Gwiym Lee, Ben Hardy, Joseph Mazzello, Tom Hollander, Pronter-Allen Leech, Aaron McCusker, Mike Myers)

El filme relata una etapa en la vida de Farrokh Bulsara, mejor conocido como Freddie Mercury, compositor, arreglista y cantante principal del grupo británico QUEEN, desde 1970 hasta el “Live Aid Concert del 13 de julio de 1985 en el estadio Wembley con una audiencia de 72,000 personas. El haber escogido el mejor momento del grupo en vez de tratar de cubrir desde nacimiento a muerte, como muchos biopics estadounidenses (Ray Charles, James Brown, Johnny Cash, Nina Simone, Billie Holiday) le da la oportunidad al filme de presentar el momento de fusión entre Freddie, el recién llegado desconocido, y Brian May, Roger Taylor y John Deacon.

Aunque la imagen pública es la que predomina con sus conciertos, grabaciones y ensayos, Bohemian Rhapsody también incluye información de la familia Bulsara original de Zanzíbar, los empleos que tuvo, el junte, acuerdos y desacuerdos con los miembros del grupo, los roces y peleas con sus representantes de turno y, especialmente cómo esta fama los cambia a través de ese viaje de grabaciones y conciertos al parecer imparable. La vida más íntima de Freddie Mercury es lo que algunos críticos encuentran que el filme trató de sanear para hacerla aceptable a un público general. Así que la figura principal en su vida es Mary Austin, con quien convivió en los primeros años de Queen y quien fue su amiga íntima a través de la vida, hasta ser su heredera principal. De sus múltiples parejas gay, su alcoholismo, uso de drogas y anfitrión de fiestas tipo bacanal se hace referencia, se enseñan escenas breves para siempre enfocar en la persona de Freddie con su seguridad, altanería, soberbia y actitud desafiante que, todos los que le conocieron aseguran, él era todo lo contrario.

Como con toda biografía donde familiares, amigos o conocidos están involucrados van a ocurrir roces que pueden resultar negativos para la versión final del guión. En el caso de Bohemian Rhapsody, los miembros de Queen tenían el derecho de aprobar la versión final y por eso hubo 2 directores: Bryan Singer logró montar 2/3 partes del filme antes de tener desacuerdos y dejar el proyecto; Dexter Fletcher entonces lo termina. En lo que todos coinciden —críticos, el círculo de amigos del cantante, seguidores y espectadores— es en la maravillosa interpretación que hace Rami Malek de Freddie Mercury. Para los que quieran ver la participación de Queen en el concierto Live Aid en vivo pueden accederlo en YouTube y cuando vean el final de Bohemian Rhapsody no notarán diferencia.

Da bandazos la política energética

«Es detrimental” la no-aprobación del proyecto de ley para la creación de política pública energética en Puerto Rico (Proyecto del Senado 1121) por la Cámara de Representantes.” Así lo expresó el presidente de la Unión de Trabajadores de la Industria Eléctrica y Riego (UTIER), Ángel Figueroa Jaramillo, sobre expresiones hechas por Víctor Parés, presidente de la Comisión Cameral de Desarrollo Económico, Planificación, Telecomunicaciones, Energía y Alianzas Público-Privadas.

Según el presidente de la Comisión Cameral –dijo Figueroa Jaramillo– al no aprobarse el proyecto podría detener la venta de activos de la Autoridad de Energía Eléctrica [AEE] pero no la creación de alianzas público privadas [APP]. Esto bajo la Ley de Alivio Energético y la Ley de las Alianzas Público Privadas.

El peligro de eso es que –de llegar a un acuerdo con una APP sin una política energética aprobada– se va a hacer lo que las partes en el acuerdo dispongan sin la obligación de seguir la política, explicó Figueroa Jaramillo en entrevista para CLARIDAD.

La ley 120 establece que para vender los activos y cualquier concesión de la AEE –para privatizar la AEE– debe haber una política energética y un marco regulatorio, lo que fue aprobado por el senado el pasado 6 de noviembre pero no por la Cámara de Representantes, cuya fecha límite para aprobar proyectos fue el pasado jueves, 8 de noviembre.

El proyecto determina “los parámetros que guiarán a un sistema energético resiliente, confiable y robusto, con tarifas justas y razonables para todas las clases de consumidores, viabilizar que el usuario del servicio de energía produzca y participe en la generación de energía, facilitar la interconexión de la generación distribuida y microredes, y desagregar y transformar el sistema eléctrico en uno abierto”.

El proceso debe llevarse a cabo de forma específica y siguiendo unos parámetros como, por ejemplo, que las plantas se construyan de cierta forma y que en determinado período de tiempo el servicio opere totalmente con energía renovable.

“El Senado hizo su política energética y su marco regulatorio el cuál nosotros en principio no estamos de acuerdo porque establece la continuidad del proceso de privatización. Sin embargo, como Sindicato logramos incorporar una enmienda que en caso de cualquier transacción, sea por compra, venta o traspaso, se garantice y se reconozca el convenio de los trabajadores”, expuso Figueroa Jaramillo.

Pero “todas esas instrucciones quedan huecas sin la política energética aprobada”, añadió.

Figueroa Jaramillo, cuestionó que si el acuerdo (una vez creada la APP) va en contra de la política energética que se apruebe en el futuro ¿qué hacemos? ¿cancelamos el acuerdo? ¿cuánto cuesta cancelarlo? O ¿lo aceptamos tal y cómo está? “Son muchas las interrogantes que conllevan no haber aprobado una política energética estemos de acuerdo con ella o no”, manifestó.

A partir de enero –mes en que comienza la próxima sesión ordinaria– la Cámara comenzaría a considerar el proyecto.

Por otra parte, la creación de una APP antes de esa fecha “es una preocupación” pues al no haberse aprobado el proyecto tampoco estaría obligada a reconocer el convenio, según dijo Parés. Aunque Figueroa Jaramillo expresó tener sus reservas sobre la posible creación de una APP de aquí a enero, nada garantiza que el proyecto se apruebe en la próxima sesión ordinaria.

El argumento de la Cámara es que no se puede aprobar el proyecto porque es muy técnico y conlleva evaluarlo, lo que es cierto, pero “¿cuántas veces la Cámara y el Senado aprueban proyectos que ni han leído. ¡Cuántos proyectos se aprobaron en estos días que los legisladores ni leyeron!”, cuestionó.

Además, “eso llama la atención en este proyecto ¿por qué este en particular quieren estudiarlo y lo están aguantando?”

Partiendo de las expresiones hechas por Parés, Figueroa Jaramillo interpretó: “Te está diciendo, vamos a hacer una APP rápido, antes de que se apruebe la ley porque si se aprueba, el que compre o haga la APP tiene que acoger el convenio”.

“…Segundo, vamos a hacer una APP rápido porque conllevaría que tiene que cumplir con la política energética [de hacerse la APP luego de aprobado el Plan AEE] y cabe la posibilidad que no exista gente interesada porque [la política energética] es muy restrictiva, hay que hacer mucha inversión y cumplir con unos parámetros y eso no hace atractiva la inversión”, añadió.

De crearse una APP antes de ser aprobado el proyecto, el nuevo patrono no estaría obligado a reconocer el convenio y, por ende, el retiro de los empleados. Al ser un derecho adquirido mediante el convenio, si el patrono nuevo no acepta pagar o aportar al retiro, en efecto, se destruye.

La garantía sobre el retiro y otros derechos adquiridos evita la fuga de trabajadores, pero, al no ser el caso, muchos están optando por acogerse a la jubilación e irse a buscar otro trabajo en EEUU que les pague el doble o el triple, explicó Figueroa Jaramillo.

“Lo que nosotros estamos diciendo es, reconoce el convenio y los derechos para que ese trabajador tenga la certidumbre con el patrono nuevo si es que se da la transacción a la APP o por venta de activos”, sostuvo el líder sindical.

En Puerto Rico los reactores nucleares tienen historia

Todo indica que los intereses de la industria de energía nuclear han puesto sus ojos en Puerto Rico. La reunión del alcalde de San Sebastián, Javier Jiménez, este 30 de octubre con representantes de empresas de Estados Unidos (EEUU), no fue la única actividad en la cual éstos participaron. Ese mismo día en el Recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico (RUM) se presentó el panel; Small Modular Reactor: A Feasible Option for Puerto Rico, auspiciado por un grupo identificado como The Nuclear Alternative Proyect # Nuclear 4 Puerto Rico”.

En el foro –según se reseñó en la página Abayarde Rojo.org participaron las empresas con las cuales se reunió el alcalde de San Sebastián, a excepción de la Westinghouse. La propaganda del foro (traducción nuestra) invitaba a conectarse directamente con expertos acerca de la opción de un pequeño reactor nuclear para cambiar la infraestructura eléctrica en Puerto Rico.

Es obvio que ante la ya aprobada legislación para la privatización de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), además de los intereses de las industrias de combustibles fósiles, la industria de la energía nuclear parece que también cabildea para tener su parte. Este señalamiento, o mejor dicho, interés, no viene por los pelos, una búsqueda en la Internet sobre la situación de la industria de la energía nuclear en Estados Unidos revela que esta industria en ese país está a punto del colapso. Según una investigación del Departamento de Ingeniería y Políticas Públicas de las universidades Carnegie Mellon, Harvard y California en San Diego, publicado el 2 de julio por la Academia Nacional de Ciencia EEUU, la industria se encuentra al borde del colapso debido a que la mayoría de los reactores están al final de su vida útil.

Las conclusiones del estudio (reseñado a su vez por varios medios internacionales como Hispan TV y Sputnik Mundo) estuvieron basadas en el análisis de 99 reactores nucleares controlados por 30 empresas de 30 estados de EE UU. En el 2017 –dice el estudio– se cerraron 34 reactores tras terminar su vida útil, y solo se estaban construyendo dos nuevos.

Las dos reseñas citan que durante las últimas tres décadas, el 20 % de la energía que genera Estados Unidos ha venido de grandes reactores nucleares. Sin embargo, el estudio advierte el que estos reactores tienen dificultades para ser competitivos por los bajos precios del gas natural, y algunos ya han cerrado. Además, debido a su gran costo y complejidad, parece poco probable que se construyan plantas grandes en las próximas décadas.

“Estamos dormidos al volante en una autopista muy, muy peligrosa (…) De verdad, necesitamos abrir los ojos y estudiar la situación”, alerta Ahmad Abdulá, uno de los autores del informe.

Los otros investigadores advierten además de que el auge de la industria de esquisto estadounidense —muy contaminante— podría llevar a que un número nada desdeñable de centrales nucleares eche el cierre en los próximos años. Explican que el País está en una encrucijada: o abandona por completo la energía nuclear o adopta la próxima generación de reactores modulares pequeños, más eficientes y de coste notablemente inferior.

Un ejemplo del colapso que adelanta el citado estudio lo es el hecho de que en marzo del 2017, una de las empresas que estuvo presente en la isla, la Westinghouse Electric (filial de la japonesa Toshiba), se declaró en quiebra debido a la devaluación del negocio nuclear por el incremento en los costos de construcción de las centrales atómicas. La quiebra dejó en el aire la construcción de nueve centrales en EEUU y cuatro en el Reino Unido.

Mientras aquí en Puerto Rico basta recordar la experiencia del experimento de la planta de reactor nuclear conocido como BONUS (siglas en inglés de Boiling Nuclear Superheater), en Rincón. El reactor nuclear fue un experimento impuesto por el Departamento de Energía Atómica (hoy solo el Departamento de Energía) en coordinación en aquel entonces con la Autoridad de Acueductos y Alcantarillado (AAA) y la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) quien es la dueña de los terrenos. La construcción de la planta inició en el 1960, se completó y comenzó a funcionar en abril de 1964, según información publicada por el DE de EEUU.

El fallido experimento representó desde sus inicios problemas en la construcción, con la instrumentación y el sistema de control, por lo que debido a los problemas mecánicos con el reactor y el costo de implementación permanente de arreglos, se tomó la decisión de terminar el proyecto en 1968. La planta de Rincón es una de dos plantas nucleares del mismo experimento cerrada en EEUU. Aunque se eliminó el combustible, el reactor se encuentra todavía enterrado en una caja de hormigón en la planta. Al presente esta instalación es un museo y figura en el listado de lugares de monumentos históricos de EEUU.

No obstante una vez cerrada la planta, la AEE comenzó a considerar una planta nuclear más convencional y en mayo de 1970 ordenó a la empresa Westinghouse, la construcción de un reactor de agua presurizada de dos ciclos de 583 MW para instalarla en el islote de Arecibo, pero debido a su elevado costo de funcionamiento y aspectos de seguridad el reactor nunca se pudo instalar y en el 1978 la AEE abandonó el proyecto. Se estima que se gastaron entre $17 a $ 25 millones a precio de la década de los ‘60 del siglo pasado, parte del dinero lo puso la AE de EEUU.

Sobre el museo de la planta nuclear en Rincón, según la Ley de Energía Atómica de 1954, al presente el DE de EEUU es quien posee el título y es responsable de la radioactividad y materiales que permanecen en la planta, mientras mediante un acuerdo la AEE como propietaria de los terrenos y el edificio se ocupa de las mejoras y mantenimiento.

A la luz de las recientes visitas de representantes de la industria nuclear un conocedor de la AEE comentó a CLARIDAD que la idea de la producción de energía nuclear todavía aletea por algunas mentes de la corporación.