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Ante la nueva colonización, la rebelión de todos

Creo que es un hecho estipulable por todas que los Estados Unidos no tienen en este momento interés en atender el tema del estatus de Puerto Rico.No lo han tenido nunca. En ciertas coyunturas, era razonable pensar que sí existíanmotivos para que se plantearan la conveniencia de abandonar una relación avejentada de la que ya habían sacado suficiente provecho. Pensábamos (esperábamos) que tras la desmilitarización que logramos con la ardua y prolongada campaña de desobediencia civil en Vieques, mutiliada la utilidad geopolítica que motivó la invasión del 1898, se abriría la puerta para una estrategia descolonizadora que se nutriera de la aversión estadounidense a la mera idea de la estadidad y de la inviabilidad económica de la colonia.

En ese escenario, movidos al menos por un sentido de autopreservación, era plausible que el Partido Popular, (o ciertos elementos en su interior) aprovechara esa puerta entreabierta para adoptar institucionalmente la vía anticolonial, y ésto habría podido dar paso a coincidencias estratégicas entre distintos sectores. En ese mismo marco, el movimiento estadista sería confrontado con la realidad, idealmente enunciada por los mismos estadounidenses, de que la anexión de una nación caribeña y latinoamericana no es compatible con la federación de estados cimentada en el melting pot y el et pluribus unum.La estadidad sería absolutamente descartada. El camino estaría libre para un proyecto de soberanía.

Pero la falta de agilidad política allá, junto al pesado inmovilismo de acá, jugaron a favor de la persistencia de la colonia.Pasó el tiempo y la conjunción de otros factores nos trajo a un nuevo terreno.

La voracidad estadounidense, en línea con las nuevas formas de dominio económico–sembrado en las posibilidades infinitas que ofrece la tecnología y la “globalización”– no ha desaparecido.Ha mutado.Y con ella, la agenda colonialista.

La repartición de la isla que tuvo lugar tras la invasión (entre iglesias protestantes, latifundios ausentistas) ahora se presenta a través de la privatización, que provee una vía distinta para propósitos similares: transculturación y apropiación.Por ejemplo, la llamada “reforma educativa” no sólo legaliza las charter schools: su componente más fuerte es la imposición de educación biligue y la importación de modelos educativos estadounidenses, notorios por su fracaso en las comunidades marginadas de ese país, como los currículon que enfatizan la enseñanza técnica (que pronto se hace obsoleta) y desprecian las artes del lenguaje.

Esa agenda recolonizadora cubre cada espacio de nuestra vida como pueblo. Las reestructuraciones de deuda pública (impulsadas por la Junta que venía a enderezar las financias) son una trampa a gran escala, que permite que los fondos buitres recuperen más del doble de su inversión a costa del recorte de pensiones. Los incentivos de la Ley 20 y Ley 22 han servido al país en bandeja de plata a los millonarios estadounidenses y a los proyectos de desplazamiento poblacional. La privatización de la generación de energía le entrega al capital el eje de la actividad económica. Todavía nos amenaza, detenida temporeramente por el paso del huracán, la segunda parte de la reforma laboral exigida por la Junta. La corrupción y la torpeza de unos cuantos sigue aumentando el desprestigio de las instituciones políticas –tanto partidistas como gubernamentales. El exilio, con el aumento exponencial tras María, se ha normalizado como opción, sobre todo entre los más jóvenes. Por todas partes va cuajando el plan de hacer el país inhabitable para nosotros.

Paradójicamente, este cuadro devastador va preparando el terreno para la polarización indispensable para una transformación del país.El Partido Nuevo Progresista, entretenido en sus escaramuzas internas, no ha logrado darle forma a una propuesta ideológica sensata.Quizás ni le interesa. Los dos “proyectos de estadidad” de la Comisionada Residente no han pasado de ser gestos inútiles.Recordemos cómo, por no atreverse a desobedecer a la administración Trump, echaron a perder la consulta de estatus del 2017, incluyendo la colonia entre las opciones.Su torpeza (genuina o estudiada), al resultar en un estancamiento en el tema del estatus, los coloca en extrema proximidad al Partido Popular, que tras los golpes de Sánchez Valle, PROMESA y la Junta, no ha encontrado otra cosa que hacer sino esperar sentaditos a que pase la tormenta. Hasta los libreasociacionistas se han amarrado a la defensa de la ciudadanía americana y a la colaboración con el Partido Democráta, bajo cuyo mandato se aprobó PROMESA.Ambos –el PNP por estar en el poder, el PPD por ser padre y madre del ELA– han sido acorralados por la Junta, ese Minotauro del laberinto colonial.

Ya va siendo hora de que los dos comprendan la gravedad de este encierro. Hasta los relativos privilegios de los que han gozado como capataces de la plantación colonial se van deshaciendo ante sus ojos, con la ayuda interpretativa de la Jueza Taylor Swain y sus sentencias al amparo de PROMESA. Esa intención de hacer este país inhabitable para los puertorriqueños, no sólo es mala para los independentistas. Es mala para todos. El país que están desmantelando es el país de todos nosotros.El independentismo tuvo la razón cuando advirtió de los peligros de la Junta; la tenemos ahora cuando señalamos que llegó el momento de que los que están en el poder se muevan a la confrontación y la desobediencia. Está en manos de los que tienen el poder retomar la capacidad de confrontar, allí donde la dejó el “don’t push it” de Rosselló cuando Vieques.En momentos donde las grandes transformaciones políticas a través del mundo han tomado tantas formas, pensar que la Junta es invencible, que la colonia será eterna, es vivir de espaldas a la realidad. La rebelión es posible.Es más que posible, obligada. Esa es la gran oportunidad de concertación en estos tiempos.

Eugenio Ballou, Lector de vanguardia

1. La ANTOLOGÍA DEL OLVIDO de Eugenio Ballou des-oculta parte de la obra titánica y microscópica del Instituto Filológico Dadá, fundado virtualmente por él y varios colaboradores (entre quienes me cuento) hace poco más de una década, y cuyos procedimientos de lectura se habían desarrollado hasta ahora en el estricto clandestinaje. En 2007, una frase de Osip Mandelstam había espoleado la malicia de los fundadores del Instituto: “Uno escucha a menudo que tal cosa es buena pero pertenece al pasado, pero el pasado aún no ha nacido, no ha existido en verdad todavía.” En su ensayo clásico sobre las jitanjáforas, Alfonso Reyes advertía: “Muchas peligrosas novedades se descubren en los viejos libros.” Tristan Tzara aportaba un lema inmejorablemente lúcido: “Me gusta la obra antigua por su novedad.” La noción de la mirada retroactiva que expone Nietzsche en La gaya ciencia nos recordaba que “es posible que el pasado siga, esencialmente, sin descubrir”. Giorgio Agamben acabó de cimentar la convicción del naciente Instituto Filológico Dadá de que la vanguardia, cuyos esfuerzos por lo regular se vinculan casi de modo exclusivo con el fervor del presente y el futuro, así como con un rechazo visceral de lo pretérito, fue en gran medida todo lo contrario: un intento por establecer una relación vital con aquellos elementos del pasado que pasaron injustamente inadvertidos. Para Agamben, las vanguardias literarias de la primera mitad del siglo XX fueron sobre todo una forma soterrada pero contundente de filología, un esfuerzo radical por restablecer una relación vital y productiva con el pasado. ¿Qué habría sido de la poesía del último siglo, nos preguntamos, sin el descubrimiento y la recuperación surrealista de las obras capitales de Rimbaud y Lautréamont? Históricamente se ha esperado que la filología garantice la autenticidad y continuidad de la tradición cultural, pero quienes más activamente contribuyeron a dicha continuidad no servil durante el siglo XX y XXI han sido los artistas de vanguardia, que son primero que nada lectores. Eugenio Ballou ha sido durante una década nuestro mejor lector de vanguardia.

2. El carácter conceptual del Instituto Filológico Dadá no aminora la contundencia de los artefactos concretos que ha producido. Eugenio Ballou y la editorial Fragmento Imán fueron sustanciando en la primera década del siglo XXI una práctica editorial entre cuyos logros destaca la rigurosa antología de Francisco Matos Paoli, titulada PO/ÉTICA, y editada por Susana Matos Freire en 2010. Dicho volumen descubría a un nuevo Matos Paoli, cuya prolífica escritura dificultaba una mirada de conjunto que nos condujera al corazón de su poética. Bajo el cuidado de Ballou y otros colaboradores de Fragmento Imán Editores, la escritura de Matos Paoli emergía como una de las aventuras vitales de la literatura puertorriqueña contemporánea, no como mero monumento de un pasado ya cumplido. Se posibilitaba una mirada fresca, una recepción no predeterminada en exceso por una tradición política y cultural saturada de dogmatismo. Ese logro pertenece a la recordada Susana Matos Freire, pero también a su visionario editor, Eugenio Ballou.

3. En 2013, la naciente editorial Folium publicó LITORAL: RESEÑA DE UNA VIDA INÚTIL, de Luis Palés Matos. Dicha publicación constituyó un paso importante en el fomento de lo que he llamado “lectura de vanguardia”: aparecía como novedad editorial una novela escrita más de medio siglo antes, que nunca había sido publicada de manera autónoma, y que resultaba prácticamente desconocida. Junto con la publicación en 2008 de FIEL FUGADA, mi edición antológica de la poesía de Palés, la aparición de LITORAL le proponía al lector actual una manera innovadora y no-traumática de acercarse a textos clásicos parcial o totalmente olvidados hasta entonces. La práctica filológica que supuso la elaboración de ambos libros, así como el riguroso trabajo editorial que produjo su divulgación, fortalecieron nuestra convicción de la necesidad de promover procedimientos vanguardistas de lectura que se atrevan a arrancar de su contexto textos olvidados que arrojan nueva luz sobre el presente.

4. En el 2014, Eugenio Ballou y Lena Burgos-Lafuente dieron otra muestra de los procedimientos de lectura de vanguardia con la edición de la correspondencia entre la gran poeta puertorriqueña Julia de Burgos y su hermana, titulada CARTAS A CONSUELO. Se trató de la mayor contribución editorial en el año del centenario de la gran poeta puertorriqueña. Tanto LITORAL como las CARTAS A CONSUELO son una intervención mayor en el horizonte filológico puertorriqueño, haciendo accesibles dos relatos autobiográficos que obligan a considerar la producción de dos de nuestros mayores poetas desde ópticas insospechadas. La posibilidad, por ejemplo, de conocer de cerca las precarias prácticas materiales que subyacen las producciones poéticas de Burgos y Palés exigen una renovación en las maneras que concebimos la posición de cada uno de ellos en el canon literario insular, así como de lo que aportan a la comprensión del momento presente.

5. También del 2014 es la antología de traducciones de epigramas griegos antiguos titulada LA ESCUELA PAGANA, concebida por mí, bajo el cuidado editorial de Eugenio Ballou y Folium. Dicho ejercicio de helenismo conjetural o adivinatorio buscaba acercar al lector puertorriqueño a una serie de textos poéticos cuya antigüedad y extrañeza no disminuye su interés. Al trabajar en dicho libro, apostábamos al discernimiento cuidadoso de lo actual en lo pretérito. Evocando a T. S. Eliot, habría que decir que “La tradición no puede heredarse: sólo habrá de conquistarla quien la procure mediante trabajo esforzado. Implica, en primer lugar, un sentido histórico. Dicho sentido histórico conlleva una percepción no sólo del carácter pretérito del pasado, sino sobre todo de su actualidad.”

6. En el 2016, Eugenio Ballou reeditaba el célebre poemario HOMENAJE AL OMBLIGO, publicado por Ángela María Dávila y José María Lima en 1966. En este caso, el acierto de la lectura de vanguardia de Eugenio Ballou consistió en percatarse de que HOMENAJE AL OMBLIGO es uno de nuestros libros más radicalmente contemporáneos, tanto en 1966 como en 2016. En tiempos de renovada crisis del capitalismo tardío, tanto Lima como Dávila posibilitan el diálogo entre los imperativos éticos y estéticos de un artista, sobre la noción de compromiso en literatura, negándose tajantemente a producir una poesía dogmática o panfletaria, resistiéndose a convertir el gesto literario en uno puramente instrumental o en una mercancía perecedera. Decía Walter Benjamin en sus Tesis sobre la Historia: “En toda época ha de intentarse arrancar la tradición al respectivo conformismo que está a punto de subyugarla. El don de encender en el pasado la chispa de la esperanza sólo es inherente al historiador que está penetrado de lo siguiente: tampoco los muertos estarán seguros ante el enemigo cuando éste venza. Y este enemigo no ha cesado de vencer.” Para nuestra fortuna, al ser reeditado cincuenta años después de su primera aparición, HOMENAJE AL OMBLIGO quedaba rehabilitado para una nueva lectura, reactivado por la urgencia de nuestro contexto. Se trata de un libro mucho más vivo que la mayoría de las novedades que puedan encontrarse en nuestras escasas librerías.

7. El trasfondo de la aparición de esta enorme y rica ANTOLOGÍA DEL OLVIDO, publicada por Eugenio Ballou y Folium este mismo año, supuso una larga práctica editorial ajustada a los preceptos del Instituto Filológico Dadá, cuya inexistencia no empequeñece su valiosa aportación. Que los viejos libros escondan peligrosas novedades, y que el gusto por la obra antigua radique en su novedad, queda elocuentemente demostrado en las cuatrocientas páginas la ANTOLOGÍA DEL OLVIDO, donde Ballou airea sus procedimientos de lectura de vanguardia, llevando a cabo una serie de fabulosos montajes textuales en los que reluce, con especial brillo, una genealogía conjetural de varias de nuestras contradicciones fundantes. El propio Ballou nos dice en sus “Palabras preliminares” que se propuso “dirigir la mirada principalmente hacia aquello que la historia había pasado por alto, a lo pequeño, lo raro, lo marginal, lo perecedero; y con esos materiales, construir una imagen múltiple del periodo estudiado. […] El reto del arte combinatorio del montaje –añade Ballou– es impartirle al Archivo un dinamismo lúdico que lo libere del peso muerto en que lo han hundido la tradición y el olvido. Su principal meta es lograr construir, con materiales heterogéneos y mayormente desconocidos, nuevas formas de hablarle al presente.” Es imposible enunciar de forma más clara lo que he llamado una lectura de vanguardia, como la entendió Walter Benjamin: arrebatarle la tradición al conformismo que siempre busca subyugarla, encender la chispa de la esperanza en lo pretérito, y constatar su sorpresiva actualidad. Las nueve secciones que constituyen el libro de Ballou son producto, no de un lector-anticuario que sujeta su mirada a las clasificaciones consagradas por el hábito o el cansancio, sino de un lector de vanguardia, cuya mirada desviada invita a excursiones inéditas por territorios que dábamos por archiconocidos. La ANTOLOGÍA DEL OLVIDO, la mayor obra visible de un conjetural Instituto Filológico Dadá cuya existencia radica en las convicciones y procedimientos de lectura vanguardista de Eugenio Ballou y otros conjurados, ensambla varias series alucinantes de personajes, voces y tonos, así como temas, géneros y formas. El meditado montaje de estos perfiles, relatos, anécdotas, crónicas, caricaturas, anuncios, imágenes, diatribas, opiniones, descripciones, versos, recetas y pequeños tratados configura una vivísima enciclopedia de los muertos.

8. El libro de Eugenio Ballou constituye una detallada radiografía de un pasado –Puerto Rico entre 1900 y 1959– que atraviesa portentosamente nuestro presente. Obviando el caudal de riqueza material e imaginativa que suponen muchos de los textos ensamblados en este libro, la Antología del olvido reúne piezas imprescindibles para la elaboración de una genealogía necesaria de nuestra precariedad material y espiritual, de nuestras derrotas, cuya recuperación y lectura las vuelve capaces de aportarnos más de una iluminación. Decía Hannah Arendt que aún en los tiempos más oscuros debemos defender nuestra aspiración a un poco de claridad, y la ANTOLOGÍA DEL OLVIDO de Eugenio Ballou logra justo eso: aportarnos herramientas que encienden la chispa de la esperanza en objetos pretéritos y descartados, develando su insospechada actualidad. Eso es lo que hace un lector de vanguardia.

Democratizar la democracia

Actualmente, es urgente reafirmar nuestro compromiso con la Democracia. Ella solo puede existir cuando hay conciencia de ciudadanía. No puede haber democracia sin ciudadanos. Eso supone una sociedad abierta, que permita la conciencia de la dignidad de todos y el respeto a los derechos civiles y sociales, principalmente de las personas más frágiles que no los tienen reconocidos. Desde 1948, la Organización de la Naciones Unidas (ONU) afirma  que alimentación, salud, educación, habitación y seguridad son derechos de todos los seres humanos. En su Declaración, la ONU contempló solo derechos individuales. Con el tiempo, fueran incorporados también derechos colectivos de comunidades tradicionales y grupos organizados. Movimientos sociales han intentado transformar los derechos declarados por la ley en conquistas reales. Las luchas por igualdad entre hombre y mujer, por el fin de las discriminaciones raciales y la afirmación de las libertades civiles, ampliaron los derechos sociales de todos/as. Los movimientos sociales también exigieron el reconocimiento de los derechos de niños, ancianos, minorías étnicas y sexuales. En las luchas ecológicas, la Democracia es también el derecho de la Tierra, del Agua y de la Vida. Ya en 2000, movimientos internacionales ligados a la ONU han firmado la “Carta de la Tierra”. En diciembre, el encuentro internacional de la Ágora de los habitantes de la Tierra reunirá personas de todo el mundo. Eso movimiento se propone a hablar en nombre de la humanidad contra una mercantilización de las relaciones sociales y de la naturaleza.

En las luchas por los derechos, muchos grupos reivindican “acciones afirmativas”, es decir, propuestas que garanticen los derechos sociales y la superación de las desigualdades, de las discriminaciones y de los prejuicios. Esas luchas exigen articulación de la sociedad civil. En eso, las Escuelas y Universidades tienen una importante colaboración a dar. Debemos defender la diversidad de culturas y el derecho de los diferentes grupos a expresarla en sus formas propias, sin jerarquía o dominación de una cultura sobre otra. En América Latina, los pueblos indígenas han propuesto a la sociedad el paradigma del Bien Vivir, tanto individual, como colectivo. Garantizar el Bien Vivir colectivo es objetivo del Estado y criterio de las relaciones sociales y políticas. En el sur de México, los indios proponen que las autoridades manden obedeciendo. En los evangelios, Jesús ya proponía que las personas que ejercen el poder lo hagan para servir y para garantizar que todos puedan vivir dignamente. Esta es la verdadera revolución.

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.

Se unen a Jornada Dignidad Boricua

El colectivo de docentes del Recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico (RUM), PROTESTAMOS (Profesorxs Transformándonos en Solidaridad Tornada en Acción) anunció que se unirá a la Jornada Dignidad Boricua, que se llevará a cabo desde este lunes 12 de noviembre y culminará el domingo 18 de noviembre con una Asamblea de Pueblo.

La Jornada Dignidad, fue convocada por el grupo Dignidad y otras organizaciones entre sindicales, políticas, comunitarias, con el fin de exigir la necesidad de la descolonización de Puerto Rico y la salida de la Junta de Supervisión Fiscal del país. La Jornada comenzaría este lunes con la partida de una caminata integrada por trabajadores, estudiantes, jubilados y otros activistas desde el monumento de Eugenio María de Hostos, en Mayagüez, la cual se espera culmine en San Juan, el próximo domingo 18 para la celebración de una asamblea de pueblo en el Estadio Hiram Bithorn. El lunes 19 de noviembre se estará llevando a cabo otra concentración frente a la UPR, Río Piedras.

“Desde su fundación en 2017, PROTESTAmos ha venido insistiendo y demostrando, junto a decenas de organizaciones afines, que las medidas impulsadas por la dictatorial Junta de Supervisión Fiscal no hacen más que empobrecer aún más a las grandes mayorías de Puerto Rico, mientras se enriquecen las arcas de quienes ya tienen de sobra. Dichas medidas desmantelan la educación pública de las y los puertorriqueños, tanto a nivel escolar como universitario, y atentan dramáticamente contra el resto de los servicios básicos de cualquier democracia que se precie: la salud, el retiro, la vivienda, la manutención,” afirmó el profesor Héctor Huyke Souffront, catedrático de la UPR-Recinto de Mayagüez.

Otra de las integrantes del grupo de las y los profesores, la profesora Beatriz Llenín Figueroa, sostuvo que: “Tras la aprobación de la ley federal PROMESA, nos vendieron el cuento de que la Junta de Supervisión Fiscal venía a ‘arreglar el desastre’ que teníamos aquí. Nada más lejos de la verdad, pues han logrado todo lo contrario. Ha quedado ampliamente demostrado que a lo único que vinieron fue a asegurar arreglos jugosísimos para quienes emitieron bonos, incluso a sabiendas que Puerto Rico no podría pagar, y a solventar una deuda ilegítima e ilegal que se han negado a auditar.” “Del mismo modo,” añadió Llenín Figueroa, “es evidente que la mayor parte de la casta local de políticos en ambos partidos mayoritarios, para cuidarse las espaldas, ha estado al servicio de la Junta, obedeciendo la mayoría de sus exigencias sin siquiera ofrecer espacio para el debate público responsable e informado”.

PROTESTAmos exhortó a todo el pueblo de Puerto Rico –independientemente de ideologías político-partidistas o sectores de interés– a tirarse a la calle masivamente, participando en la Jornada por la Dignidad Boricua en cualquiera de sus elementos.

Los fantasmas del verano Reseña de Verano, verano de Myrna Casas

Caminar en la noche por las calles de un Nueva York lluvioso es algo sumamente romántico. Dentro de cada callejón sumido en la oscuridad y acompañado por la tenue vibración de los trenes subterráneos, siento que algún fantasma se podría asomar y preguntarme en algún lenguaje de ultratumba: ¿Quieres escuchar mi historia? Estos no son fantasmas como los reconoceríamos en el cine de horror, sino ecos del pasado que rehúsan morir. El espectador no siente miedo por la aparición, sino angustia por la experiencia que nunca podrá revivir. Estos son los fantasmas que a algunos de nosotros nos paralizan la existencia y los cuales muchos nos negamos a exorcizar. Precisamente en la noche nuyorkina y mojada del viernes, 2 de noviembre, vi el más reciente montaje de la obra de Myrna Casas, Verano, verano, por Teatro IATI (Instituto Arte Teatral Internacional).

Es impactante salir de la oscuridad de las calles de Manhattan para adentrar en un espacio escénico que resalta su conexión al mar. La pared del fondo del espacio está pintada de azul turquesa y lleva la curva de la ola detenida antes de estrellarse en la orilla. En el centro del espacio, se encuentra una plataforma a manera de muelle. Alrededor del pequeño muelle, el piso está cubierto de tul blanco que no sólo evoca la espuma de la orilla, sino también lo inmaterial de lo que presenciaremos en la obra. Finalmente, es importante resaltar una puerta que flota sobre el tul y que apunta hacia las profundidades marítimas a las que nos adentrará la obra. La fantástica escenografía de Elizabeth Mak nos demuestra que la playa es un lugar tan poblado de fantasmas como la urbe bajo la lluvia.

La obra se enfoca en la terrible pérdida de una familia. El padre, Juan Pablo (Mateo Lamuño), constantemente conversa con su hija, Celeste (Tatiana Ronderos). La niña, que tiene alrededor de ocho años, siempre camina sobre el mar de tul mientras su padre conversa con ella desde el muelle. Esta separación demuestra que Juan Pablo dialoga desde nuestra realidad mientras Celeste se comunica desde otro plano. Adriana (Andrea Velasco), la esposa de Juan Pablo y madre de Celeste, trata de conectar con su esposo, pero éste es literalmente un muerto en vida ya que está perdido entre los fantasmas del pasado. La tragedia de la familia gira en torno a la muerte de Celeste y la de su hermanito, ambos ahogados en el mar. Pero para Adriana, la experiencia es aún más terrible porque también perdió a su compañero entre las aguas iluminadas de un verano pasado. En su desesperación, ella acude a Don Pablo (Juan Luis Acevedo), el padre de Juan Pablo, para buscar algún tipo de apoyo. Pero el poderoso patriarca, que contempla a Adriana con sus ojos conmovidos por la tragedia, sólo le ofrece dinero para poder sobrellevar los gastos de la vida diaria. La historia nos lleva a presenciar los momentos más difíciles de una familia, hechos más nefastos por el recuerdo de una felicidad que ya no podrán recobrar.

Cada uno de estos actores hace maravillas con sus personajes. La obra empieza con Don Pablo anunciándonos su temor al mar, especialmente cuando éste se torna color plomo. Juan Luis Acevedo le da a su personaje la fuerza de un patriarca, sin sacrificar la tristeza que sus ojos expresan cada vez que mira a Adriana. Andrea Velasco también logra expresar la desesperación de una persona a la que el mar le ha llevado toda su familia. Como espectador, no podía evitar sentirme incómodo cada vez que Adriana salía a escena ya que su sufrimiento es el golpe emocional más duro de la obra. El Juan Pablo de Mateo Lamuño tiene la mirada triste y perdida de aquél que ya no es parte de nuestra realidad. Finalmente, la Celeste de Tatiana Ronderos es la niña que, desde más allá de la muerte, busca el amor de su padre. Esto lo sentimos en la canción para niños que escuchamos a través de toda la obra, “Naranja dulce, limón partido.” Esta pieza se torna en una súplica de amor de una hija hacia su padre, pero que también devela su actitud juguetona e inocente. Sin embargo, Celeste no siempre representa un recuerdo feliz, sino que a veces toma la forma más oscura de una memoria amarga que puede indicar la infidelidad y quizás hasta una relación incestuosa. Es muy difícil para un adulto actuar de un niño, pero Ronderos logra la hazaña sin problemas.

La visión de Jorge Merced, el director de la pieza, torna la obra de Casas en una historia de fantasmas. Junto al excelente uso de iluminación a manos de Miguel Valderrama, Merced logra sumergir al espectador en una dimensión onírica donde podemos observar de manera torcida y alucinante las desgracias de una familia. A pesar de que la escritura de Casas peca de ser muy poética y su lenguaje algo pesado para los actores, el director logra que esto añada a la fantasmagoría de este mundo. Inclusive, la obra conecta con la realidad presente de una isla que perdió miles de vidas después del embate huracanado que entró por el mar. Esos espíritus continuarán minando nuestra felicidad por mucho tiempo.

Si tienen algún viaje pautado a Nueva York no se pierdan este montaje excepcional que estará en escena hasta el 18 de noviembre en el Teatro IATI, localizado en el 64 East de la Calle 4 en el Lower East Side de Manhattan.