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De la lectura

Y al igual que en un sueño no es posible

darle alcance a aquel que va huyendo:

justamente ni huir el uno puede

ni el otro, tampoco, darle alcance,

así ni con sus pies le alcanzó Aquiles

ni tampoco logró Héctor zafarse.

(La Ilíada: XXII, 199-202)

Hace unas cuantas semanas, como tantas otras veces, conversaba con mis estudiantes en Río Piedras sobre la célebre frase de Italo Calvino según la cual “clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”. La transparencia de la frase es engañosa: ¿cuál es el acepción de ese “tener”? ¿Denota una posesión, lo que supondría que clásico es el libro que no revela del todo lo que contiene o guarda como cosa cumplida? ¿O ese “tiene” remite más bien a la forma de un deber, lo que equivaldría a afirmar que clásico es el libro que nunca cumple cabalmente con su cometido? La distinción no es ociosa: ella apunta a nociones antagónicas de lo literario, de la educación y de la cultura. Afirmar que un libro encierra un sentido único y discernible equivale a proclamar la autoridad de quien asegura comprenderlo; decir que un libro jamás otorga la totalidad de sus dones es salvar siquiera la posibilidad de que éste le depare a cada cual su dosis de sorpresa. Esta posibilidad remite al ámbito de la libertad, con la carga de inciertos deberes que ella implica; aquélla, al orden del dogma, para el cual la letra transparenta un carácter apodíctico que sólo unos pocos iniciados logran percibir.

Quien se gloría de comprender la clave que supuestamente encierra determinado libro no vindica sino su orgulloso privilegio de casta. Otra es la actitud de quien se acerca a un libro con la intención de procurar que la riqueza insospechada del mismo permee su docta ignorancia. Docta ignorancia porque jamás nos acercamos a un libro con las manos vacías. Para leer es preciso haber leído, aunque se trate del encuentro con nuestro primer libro. La lectura comienza en el momento que intuimos el contraste entre vocales y consonantes, que comenzamos a transitar por las rutas y los atrechos de ese laberinto en constante fase de expansión y remodelación que es una lengua. Nacemos a la lectura (y a la escritura) cuando la tiranía de una ley cuya existencia precede a la nuestra nos dicta que tal enigma se llama mamá, y tal otro papá. Quien dice mamá por vez primera identifica la piedra filosofal de un orden conjetural al que sólo se accede poco a poco, como un cuerpo que se adentra en la espesura del mar, sintiendo la fuerza sin par de su atracción, resistencia y rechazo. Si la lengua fuera un ámbito regido por leyes unívocas, cualquiera de sus eslabones debería llevarnos, por la ley rigurosa de su inmanencia, a la totalidad de la cadena significativa, como sucedía con aquellos lenguajes utópicos que Borges evocara en su magnífico ensayo “El idioma analítico de John Wilkins.” Sin embargo, quien dice mamá primero ha dicho ma y seguramente dirá mami, anunciando tan sólo un par de posibles desvíos en una ruta cambiante.

“Como un camino en otoño: no bien se lo ha limpiado, se vuelve a cubrir de hojas secas”: así reza uno de los aforismos con el que Kafka acuñara una imagen eficaz de nuestra forma de estar en el lenguaje. Todo lenguaje es más o menos arbitrario, por lo que rebasa a cada paso las leyes de causalidad con que procuramos defendernos de la abundancia desbordante de lo real. El lenguaje es hipótesis, esto es, respuesta provisional a una interrogación que nunca se cancela del todo. Conocer un lenguaje no implica poseerlo, como el limpio vidrio de un vaso contiene la inmóvil frescura del agua, sino adivinar en sus giros sorpresivos la riqueza sin igual de lo inacabado, que constantemente procura una renovación de nuestra pobre percepción de lo que nos rodea. Quien llama pan al pan y vino al vino olvida que ese pan y ese vino son sólo momentos transitorios de una ecuación cuya clausura nos elude o rechaza. Quien afirma que goza del privilegio de poseer la clave recóndita de un libro proclama con ello la enormidad de su renuncia, del rechazo autocomplaciente de todo aquello que dicho libro ha reservado para otros.

Entre las palabras y renglones de un libro se abre paso un llamado indescifrable al que sin embargo podemos, y debemos, responder. El mito del artista que pacientemente elabora una obra secreta encuentra su envés en la figura del solitario personaje que, arrancado por un rato a los vaivenes y acarreos cotidianos, se sumerge en las aguas maternales de la lectura. Porque qué es leer sino saberse, por un periodo breve o alargado, rodeado de uno mismo, circunstancia que la lectura apasionada se encarga de transformar en encuentro multitudinario. “Pues yo he sido ya” –como dijera antaño Empédocles de Agrigento– “muchacho y muchacha, y un arbusto y un pájaro y un pez escamoso en el mar.” Leer es someterse voluntaria y gozosamente a los avatares de la matamorfosis incesante: al leer, yo es otro.

La mitología griega soñó los personajes de Tántalo, Sísifo y Midas, empeñados en la agónica tarea de atrapar un objeto que siempre se les hurtaba. Hambriento y sediento, Tántalo se hallaba en medio de un estanque cuyas aguas desaparecían cada vez que éste se disponía a beberlas. Sobre el desdichado personaje en el estanque había unos arbustos frutales cuyas ramas apartaba el viento cada vez que aquél intentaba gozar del sabor de sus frutos. Sísifo corrió análoga suerte: había sido condenado a hacer rodar hasta la cima de una colina una enorme roca que siempre bajaba rodando tan pronto como alcanzaba la cumbre. A Midas, por su parte, se le había otorgado el estorboso don de que todo lo que tocara se transformara en oro. Su riqueza fue también su desgracia, viéndose privado de llevar a la boca nada que no tuviera la contundencia áurea del metal. Tántalo, Sísifo y Midas son emblemas del lector excesivamente confiado en su capacidad o ambición de deducir el sentido exacto de lo que lee; Tántalo, Sísifo y Midas son emblemas –al mismo tiempo– del lector que incesantemente constata su incapacidad para deducir, de forma unívoca y definitiva, el sentido exacto de lo que lee. En el hiato entre esas dos afirmaciones, que aparentan ser mutuamente excluyentes, se explaya la labor inacabable del lector, que al fin y al cabo es un releer, una segunda mirada, una insistencia tenaz o obsecada que sin embargo no garantiza que se llegará, de una vez y por todas, a la meta.

En un libro ciertamente inagotable, Jorge Luis Borges señalaba que eso que llamamos literatura se renueva constantemente porque ni siquiera un solo libro permanece idéntico a sí mismo más allá del momento y del lugar en los que se lo lee. El libro, un libro cualquiera, no es una realidad abstracta ni aislada, desconectada de lo que lo rodea, sino fundamentalmente un comercio con el lector y su contexto. Para Borges, “el libro es una relación, es un eje de innumerables relaciones.” Cada libro es, nos guste o no, lo sepamos o no, el encuentro entre una serie de signos espaciados sobre una superficie y una manera singular, particular, de leer. Dicha experiencia es dialogable, compartible, conversable, pero no unívoca o definitiva. Nunca leemos el mismo libro.

El objeto de la lectura debería ser librar el acto de leer de la tiranía del objeto.

Será otra cosa: 12 sugerencias para todos los días: listita a propósito de la pregunta ¿qué y cómo hacer en el Puerto Rico actual?1

Beatriz Llenín Figueroa  /Especial para En Rojo

Me encanta hacer listitas. En los recipientes de tela que cargo a todas partes siempre aparecen listitas arrugadas cuya memoria se me desvanece. Los pedazos de papel que uso, como regla general, resultan demasiado pequeños para aquello que está por hacerse. Entonces aparecen las flechitas señalando hacia los márgenes, o hacia la parte de atrás, o hacia otro papel grapado junto al original. Eso convierte mis listitas en mapas indescifrables. En ese momento, deseo con intensidad que los mapas de los colonizadores hubiesen sido así de incomprensibles. A veces, entenderlo todo no asegura ser mejor persona.

La mejor parte de hacer una listita, sin lugar a dudas, es tacharla. Aquí comparto una con ustedes –hecha en la computadora para asegurar que el papel fuera suficiente–, cuyos elementos he ido recuperando de uno u otro retazo que respondió a quién sabe qué coyuntura de tiempos efímeros. Ojalá podamos vivir juntas el placer de tacharla, aunque reconozco que no todos sus ítems pueden eliminarse, al menos no de un tirón o en una sola ocasión. La recurrencia –tan vejada en este país por el corrupto bipartidismo electorero– podría ser nuestra aliada. La listita ofrece algunas respuestas a la pregunta ubicua por estos tiempos, la que encuentro formulada en los mostradores de los negocios, los pupitres de los salones y los muebles de las casas: ¿qué y cómo hacer en el Puerto Rico actual? No reclamo autoría individual de ninguna de las ideas a continuación, sino solo el esfuerzo por juntarlas.2

1. Dejar de creerles el cuento a los poderosos. Darles la espalda. Decirles, a toda hora, en todo momento y en todas partes, que NO. Quienes desahucian nuestros destinos mientras enriquecen los suyos no son personas “honorables”, “respetables”, ni dignas de una oportunidad. Las han tenido y las tienen todas. Son criminales.

2. Sentirse cómodas con incomodar. Si usted no puede –o no quiere– incomodar, tranquila, nada le va a pasar. Sencillamente, siéntase cómoda con que las demás incomodemos. No dirija su justa ira, frustración y queja a aquellas que estamos intentando cambiar las condiciones que producen su ira, su frustración y su queja. Nosotras no somos las culpables. Diríjase a los culpables.

3. Todos los días recuerde en voz alta para que todas escuchen que los culpables no tienen impunidad ante tanto y tan atroz maltrato. Sabemos que ese ajusticiamiento no necesariamente –aunque de una en cien, sí– proviene del Derecho; a la vista está porque PROMESA es una ley. Cada uno de los gestos nuestros que incomodan puede ser una forma de ajusticiamiento. Piénselo así. Propóngase que, por debajo de sus lujosos gabanes, los culpables tiemblen, suden, palidezcan. Recordémosles que tienen cuerpo, que no están exentos de la realidad material, que no pueden vivir como si no compartieran la misma atmósfera con otras humanas y otras especies.

4. No pida que “hagamos algo” y, al mismo tiempo, que nos “calmemos”. Organice sus deseos utilizando la consistencia como criterio. Las pisoteadas –que somos mayoría– nos pasamos los días enteros, las semanas, los meses, los años, en calma ante un aparato de poder a todas luces intolerable. Basta de aguantar en calma. Eso se le requiere asiduamente a las mujeres para que el mundo no se entere nunca de cuánto nos asesinan. Pero, la calma es solo de quienes tienen la vida asegurada.

5. No obstante, recuerde que, cuando sea necesario, se requerirá una composición de la rabia, del mismo modo que no hay escritora, pintora, teatrera, escultora, arquitecta que no haga su trabajo sin editar, con el objetivo de lograr mayor belleza o efectividad.

6. No olvidemos. Documentemos. Hagamos listas de los crímenes. Llevémoslas a todas partes y ofrezcámoslas a toda persona posible. Esas listas pueden ser como esta, en lenguaje verbal, o en cualquier otro lenguaje: visual, auditivo, táctil…

a. Por ejemplo, hemos estado siempre, pero dramáticamente más desde PROMESA, la JCF y María para acá, cruentamente explotadas y abandonadas tanto por el raquítico estado como por el rapaz capital y su brazo imperial en el norte, todos –indica claramente la historia– criaturas machunas tanto en su diseño como en su ejecución. Por eso, le recuerdo a todo el mundo que yo no soy una “fellow American” y que los Estados Unidos del norte no son América.

b. La empresa privada no salva a nadie. Solo se salva a sí misma. Piense en cada una de las instancias cotidianas en que usted entra en contacto con la empresa privada –compañías de comunicaciones, seguros, transportación, alimentación, educación– y dígame cuánto mejor es el servicio en comparación con las deficientes (y restantes) corporaciones del estado. Piense en el saqueo en curso tras la devastación apocalíptica que ha vivido Puerto Rico. Para la empresa privada, todo –y especialmente el dolor– es una propuesta de negocio, una forma más del lucrao. El país lo tenemos que seguir haciendo nosotras, para nosotras.

7. Haga política, lo que quiere decir, aporte y construya un modo de vivir en conjunto, con el resto de la humanidad, pero, sobre todo, con las demás formas de vida. Recuerde que nada es nuestro. Contemple un pájaro, una perra o un árbol y recuérdelo, intensamente, en sus capilares. Oblíguese a no pensar siempre en función de un yo, humano.

8. Siempre confíe que otro lenguaje, otro modo de vivir, otro modo de pensar, otro país, no son solo posibles, sino que están gestándose, continuamente, aunque no salga en las noticias ni en las redes sociales. Tenga la modestia de recordar que su experiencia de lucha por otro país no es la experiencia del país y que lo que usted ve en el feed de una red social no es lo mismo que ver el país.

9. Solo si cumple con el #8, podrá estar abierta a encontrar esos otros países en su experiencia, en esquinas improbables, en personas inesperadas, en la gestión constante y valiente de tantos esfuerzos hoy, después de María, aún más generalizados.

10. Cuando encuentre las esquinas del #9, procure aportar para conectarlas entre sí. Ofrézcase para ayudar desde sus talentos, sus destrezas, sus conocimientos, y hágalo. No flote ideas de genio y siga su camino a la espera de que una secretaria, asistente personal o esposa las ejecute.

11. Si por una vez siente que no sale bien algo del #10, por las razones que sea, no salte a concluir que nada se hace bien en Puerto Rico. ¿Cuántas veces pasamos con ficha los crímenes o errores sistemáticos del poder? Ofrezca margen de error a quienes trabajan con todo a la contra y sin la más mínima equidad de condiciones. Pero, manténgase alerta a la cualidad, naturaleza y frecuencia de los errores. Si ya no son errores, sino complicidades con el poder, haga lo antes señalado para estos casos.

12. No se canse de desbancar la macharranería en todas partes, incluidas las izquierdas que aún en 2018 sangran de machos. Invéntese las masculinidades –y las feminidades– que no existen. Esté siempre deviniendo. Cambie. Y mañana, cambie más.

Topografía: Presidente Profético

Através del tiempo, la Humanidad ha caminado de la oscuridad hacia la luz. Se ha elevado sobre sí misma hasta alcanzar sitiales de gloria cada vez más altos que la ennoblecen permitiéndole enorgullecerse de sí misma. De ahí que su gran conquista haya sido la creación de la aristocracia. Por favor, no se confunda aquí aristocracia con plutocracia como quieren hacer los detractores que siempre abundan. Plutocracia ocurre cuando los ricos o adinerados mandan directa o indirectamente en el gobierno. Aristocracia, como nos enseñara el Gran Platón, es el gobierno de los mejores, los seres cuyas virtudes, sabiduría y ética son incuestionablemente superiores al de la vulgar plebe. Pues bien. El Gobernador, de linaje noble, siguiendo su sabio instinto y el de sus consejeros, nombró la Junta que dirige el destino de la Universidad. Y esta Junta, en aras de lo mejor, ha seleccionado al mejor entre los mejores candidatos a la presidencia. Así que vamos por el mejor de los caminos. No le quepa la menor e insidiosa duda a nadie. (Siempre abunda ese Nadie que duda).

(Dato sencillo y crucial: el Presidente, aunque no proviene de linaje noble, le sirve fielmente a la aristocracia, lo que aumenta su crédito y méritos en el gran mercado de los méritos y los créditos.)

La otra gran conquista de la Humanidad enaltecida es el uso retórico del lenguaje, que incluye, desde luego, las figuras que le son propias, particularmente la paradoja, la hipérbole, la metáfora y el símil, entre otros.

Ha proclamado el Ingeniero-Conductor, ducho en las artes oscuras y luminosas de la retórica y la mecánica de locomoción: “Mientras el tren se va moviendo, tengo que cambiar el motor a la locomotora. Ese es el reto.” Bella lógica paradójica.

Incrédulos, cobren conciencia del desafío. Imaginen los ágiles y peligrosos movimientos de acrobacia que deberá realizar el Conductor para simultáneamente conducir la máquina y estirarse como dibujo animado para suavemente quitar el motor y colocar en su lugar otro mejor: el modelo de fondos externos para una locomotora más pequeña, cara y eficiente. Para tales maniobras hay que tener cuerpo de goma y grandes y múltiples ojos de mosca para ver todos los ángulos al mismo tiempo.

También el Presidente, en su excelencia, se rebasa a sí mismo hasta convertirse en un ente colectivo. Y, además, humilde. Es un “nosotros” cuya cantidad desconocemos pero sabemos que es de lo mejor y necesario. Nos dice: “Esto ha sido heroico, no de mi parte, de la Junta de Gobierno que resolvió traernos aquí. Ellos pensaron en lo que hacía falta.”

Pero el Conductor-Mecánico, aunque humilde, sabe de linajes. Sabe dónde está sentado. Nos dice con emoción: “Pensar que estoy sentado en el escritorio de Jaime Benítez… yo no lo puedo creer…” (Nota fantástica: el escritorio de Benítez todavía rinde servicios a la UPR.)

Pero su humildad no se riñe con la exacta conciencia de su misión mesiánica en la historia. No es falso el modesto. Nos dice, a través del símil, (ah, el buen uso de la retórica): “Era como profético . . . que en este momento Puerto Rico iba a necesitar una persona que había tenido las experiencias que yo tuve.” No duden, ver para creer: vean el vídeo.

El Evangelio, las Tablas (de sumar y restar) de la Ley del Profético Presidente es el libro que, aunque de su autoría, sabemos que está inspirado por los dioses del Éxito y la Metáfora: Creating Global Business Leaders: Business Education at the Intersection of Innovation, Technology, and Globalization. Eso. Nada más hace falta. Nada de disciplinas que no sean costo-efectivas. Solo un predestinado podría identificar esa exacta intersección en el mapa de carreteras de la Historia para crear líderes en ese triángulo maravilloso de la innovación, la tecnología y la globalización. La locomotora de la UPR, con nuevo motor y abarrotada de líderes globales, le dará la vuelta al globo globalizado. Después, tal vez Marte o el Sol.

Como Ingeniero necesario del momento histórico él también se sabe la Voz de todos. Hay perfecta comunicación entre el conductor del tren y el pueblo. Nos dice: “Yo vengo aquí a representarlos a todos, para darle voz y hacer lo mejor posible por que sea una voz [de] unidad . . . aquí no van a haber héroes . . . Yo soy ingeniero civil y me enseñaron a construir puentes”. (Ojo aquí: para hacer ahorros, él también está listo para dirigir la Autoridad de Carreteras y el Tren Urbano.)

La humildad del Constructor de Puentes es tal que a sabiendas de que sin duda alguna Él es el Héroe del Momento en que se cumple el símil de lo Profético niega que haya héroes. ¡Claro, porque solo hay uno y es Él!

Al Buscador de Fondos Externos le precede su Fama: dirigió los esfuerzos de otros (sabedores de que el mérito le pertenece al Héroe) para conseguir nada menos que “más de 15 millones en dos instituciones en las que laboró”. Y eso es lo que falta aquí, no filósofos ni poetas ni científicos sociales siempre buscadores de la quinta pata al gato pero nunca de fondos externos.

El Conductor-Mecánico de locomotoras en movimiento maneja con destreza la hipérbole porque el lenguaje ordinario no es suficiente para expresar su devoción a la Causa. (Así también ocurre en la poesía mística.) Ha declarado el Presidente Profético y así Profetizado: “Voy a trabajar 25 horas, ocho días . . .” Aquellos que –dejándose llevar por el cinismo propio de la mentalidad del derrotado, del “lúser”– se burlen de esta expresión no entienden su significado de entrega total, más allá de la lógica del lenguaje. Sí, el Buscador de Fondos Externos trabajará y trabajará más allá de las medidas del tiempo laboral porque su espíritu es tan grande que excede los límites de la normalidad. Por eso es que su salario resulta poco. Ante la Gran Tarea, la compensación es una bagatela. Pero la nobleza del Profético es tal que agradecerá toda injusta crítica. Nos dice: “Los detractores me hacen mejor presidente”. Qué maravilla de ejemplo.

Puertorriqueños todos, en la isla o en cualquier parte de este ancho globo bendecido por la globalización: cuando termine un día de trabajo, deténganse a pensar, y en recogimiento espiritual incluyan en sus oraciones a este sencillo héroe del momento “como profético” que se habrá ganado con su inigualable ingenio la porción diaria correspondiente a su salario, o sea, más o menos, 657 dólares con 53 centavos. Al término de cada mes cada puertorriqueño deberá dar gracias porque el Presidente, Buscador de Fondos Externos habrá recibido, y con justicia, 20 mil dólares. Puertorriqueños todos: cuando, en el verano de 2019, estemos preparándonos para los huracanes, no perdamos la oportunidad para agradecer esta victoria que es una bendición: el Ingeniero Presidente habrá ganado, con justicia, sus 240 mil dólares. Y, mejor aún, seguirá conduciendo el tren mientras le cambia el motor a la locomotora en movimiento y busca fondos externos. Ya llegó el que tenía que llegar. Alabado sea.

Otoño en Naciones Unidas

En la coyuntura actual de las múltiples afrentas de Estados Unidos para imponer sus intereses geopolíticos y económicos en el mundo y los organismos internacionales, han tenido continuidad los reclamos de descolonización de Puerto Rico en Naciones Unidas la cuales van más allá de las importantes vistas sobre Puerto Rico celebradas anualmente en junio por el Comité de Descolonización.

Al escribir estas palabras la Lcda. Wilma Reverón, copresidenta del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) estaba próxima a viajar a Nueva York para intervenir en la reunión Ministerial del Buró de Coordinación de los No Alineados celebrada en Nueva York en el marco del septuagésimo tercer período de sesiones de la Asamblea General (2018 -2019).

Con el fin de poner al día sobre la situación actual en Puerto Rico, incluyendo sobre la crisis de la deuda, la Junta de Control Fiscal y la realidad colonial del país, representantes del MINH, incluyendo Digna Sánchez, miembro del Comité Ejecutivo del MINH, también han hecho acto de presencia en algunas de las reuniones mensuales del Buró de Coordinación de los No Alineados celebradas en la sede de Naciones Unidas en Nueva York.

En las sesiones de la Cuarta Comisión de la Asamblea General también Puerto Rico está presente. Durante la semana del 8 al 12 de octubre una delegación del Comité de Puerto Rico en Naciones Unidas hará acto de presencia en el debate general de esa comisión para reunirse con representantes de diversos países. Se espera que co patrocinadores de la resolución sobre Puerto Rico del Comité de Descolonización y otros le den resonancia al caso de Puerto Rico en el debate general de ese organismo afirmando el derecho de Puerto Rico a la libre determinación e independencia de conformidad con la resolución 1514(XV) de la Asamblea General. En el pasado también han hecho lo propio los países presidentes de los No Alineados y de la Comunidad de Estados del Latinoamérica y el Caribe (CELAC).

De las seis comisiones de trabajo de la Asamblea General la Cuarta Comisión atiende temas de descolonización y política especial como de información y el uso del espacio extraterrestre para fines pacíficos. En ambos casos, la reunión Ministerial de los No Alineados donde el MINH es observador invitado, y la Cuarta Comisión, la presencia en Naciones Unidas ofrece la oportunidad de afirmar nuestros reclamos ante la dominación, opresión y explotación foránea a que estamos sujetos en violación de nuestros derechos humanos.

El mes de septiembre a octubre reviste una gran intensidad en Naciones Unidas por la celebración del debate general de la Asamblea General que durante este período de sesiones será del 25 de septiembre al 5 de octubre. En el mismo Jefes de Estado y Gobierno de los Estados miembros de la ONU, Primeros Ministros, Presidentes o Ministros del Exterior, se pronuncian sobre sus posiciones relativo a numerosos temas incluyendo los conflictos y problemas ante la comunidad internacional.

Por otro lado, el 24 de septiembre la Asamblea General, presidida en el período actual por la ecuatoriana María Fernanda Espinosa Garcés, celebraría una actividad a nivel de Jefes de Estado y gobierno en honor al centenario de la legendaria figura del continente africano Nelson Mandela. No hay duda, que nuestro Oscar López Rivera es merecedor de iguales honores los cuales son impedidos por la continuidad de nuestra condición colonial que él ha combatido toda la vida y por la cual cumplió décadas de prisión.

El trabajo sobre la condición colonial de Puerto Rico en las Naciones Unidas es a contra-pelo. Imponemos nuestra presencia en los organismos mundiales y a pesar de no tener representación oficial, afirmamos nuestra identidad, nuestra lucha y nuestra existencia como pueblo- a mucho orgullo.

Puerto Rico ante las Organizaciones No gubernamentales en ONU

Recientemente, Puerto Rico tuvo resonancia en la Sexagésima séptima Conferencia Anual de Organizaciones No Gubernamentales con estatus consultivo ante el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas. En la misma el Instituto para la Comunicación, Cooperación y Desarrollo Multicultural (IFMCCADI, por sus siglas en inglés) con estatus consultivo ante el ECOSOC y dirigida por el puertorriqueño Ismael Betancourt, celebró un taller que incluyó un panel sobre Puerto Rico y la transformación necesaria del país luego de los estragos del huracán María.

Además, el Instituto presentó una exhibición fotográfica titulada “Como la deuda y el Huracán María crearon una crisis humanitaria en Puerto Rico”. La exhibición fue vista por cientos de participantes de numerosos países del mundo que viajaron a Nueva York para asistir a la Conferencia Anual de Organizaciones No Gubernamentales con estatus consultivo ante el ECOSOC. La conferencia fue auspiciada por el Consejo Económico y Social y el Departamento de Información Pública de la ONU.

The Wife: ¿quién escribe?

(director Björn Runge; guionista Jane Anderson; autora Meg Wolitzer; cinematógrafo Ulf Brantås; elenco Glenn Close, Jonathan Pryce, Christian Slater, Max Irons, Annie Starke, Harry Lloyd, Elizabeth McGovern, Alix Wilton Regan, Karin Franz Körlof)

En la década de 1950, si una mujer lograba —por tener inteligencia y familia de dinero o influencia— entrar a una de las universidades élites de mujeres en los Estados Unidos (Smith, Vassar, Wellesley, Radcliffe, Barnard, Mount Holyoke, Bryn Mawr) su propósito era estar mejor preparada para ser la esposa de alguien importante en la alta jerarquía social. Graduarse, tener una profesión y vivir de su trabajo no era una alternativa aceptable. Lo vimos anteriormente en Mona Lisa Smile (Mike Newell 2003), misma época en Wellesley, y ahora The Wife visita el pasado de Joan como estudiante enamorada del arte de escribir y, de paso, de su profesor de literatura y redacción creativa. Pero el presente es 1992, Joan y Joe han estado juntos por más de 40 años y procreado dos hijos muy adultos pero fragmentados en sus sentimientos hacia sus padres, y Joe es reconocido como uno de los escritores de ficción más destacados en Estados Unidos y traducido a una variedad de idiomas. La historia comienza con el sueño de todo escritor (lo expresen así o no): ganar el Premio Nobel de literatura (aún con todos los escándalos recientes de sus administradores). El filme recreará todo el proceso desde la llamada de madrugada, la celebración local entre editores, amigos y familiares, el viaje a Estocolmo en 1era clase, la recepción de su llegada, estadía en hotel, atenciones de todo tipo, fiestas pequeñas y grandiosas, ensayo de la ceremonia y la otorgación formal de manos del Rey Carl Gustav.

Sin duda, la mirada es de Joan, la aparente esposa perfecta, siempre al lado de su marido, saludando con su mejor sonrisa, dando bienvenidas, limando asperezas, organizando citas, entrevistas, presentaciones de libros, viajes. Y aunque su voz es fuerte y asertiva casi no hay lugar para ella expresarse ya que el centro de atención es siempre el gran escritor. Donde su voz siempre se impone es en los choques entre padre e hijo (David) donde trata a los dos como niños en competencia por el afecto y la aprobación de sus mayores o iguales. Sentimos la tensión del enfrentamiento pero también sabemos que es la acumulación de todos los tropiezos desde la infancia, a través de la adolescencia y ahora una adultez truncada.

Con flashbacks a la época en que Joe y Joan se conocieron en el exclusivo Smith College, donde ella no pudo seguir sus estudios y él su cátedra al comenzar su romance, ya se revelan las personalidades de la pareja que no distan mucho 40 años después. Todo esto sale a flote cuando Nathaniel Bone, empecinado en escribir la biografía del famoso escritor, decide acompañarlos a Suecia e intenta a través de entrevistas aparentemente muy amigables corroborar la información obtenida de otras fuentes. El resultado es la revelación de verdades escondidas o negadas y la invasión de la privacidad de dos seres que se aman enormemente.

¿Y que más decir de las actuaciones de estos grandes actores? A Jonathan Pryce lo conocemos desde hace mucho tiempo por actuaciones que nos han volado la cabeza y por lo arriesgado de ser parte de proyectos experimentales como Brazil (1985), The Adventures of Baron Munchausen (1988) y The Man Who Killed Don Quixote (2018), todas de Terry Gilliam, o hollywoodenses con etiqueta de “cuidado” como Jumpin’ Jack Flash (1986) de Penny Marshall con Whoopy Goldberg como protagonista. Pero considero su actuación interpretando a Lytton Strachey en Carrington (1995) de Christopher Hampton como excepcional. Y ahora The Wife.

Glenn Close puede haber quedado inscrita en los álbumes de películas de culto (“cult movies”) por su actuación comola gran femme fatale en Fatal Attraction (1987) pero también en los años de 1980 fue distinguida con nominaciones al Oscar y otros premios por The World According to Garp (1982), The Big Chill (1983), The Natural (1984), Dangerous Liaisons (1988) y Reversal of Fortune de 1990. Sus papeles en dos excelentes series de TV la llevó a otro público (“The Shield” y “Damages”) y en 2011 surgió con su imponente actuación en Albert Nobbs. Y ahora The Wife: imponente, íntima, expresiva, intensa.